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El Yavirac (Quito)
Extraido, con autorizacion de su autor y los editores, del libro Leyendas del
Ecuador, de Edgar Allan Garcia. Ilustraciones de Marco Chamorro. Quito,
Alfaguara, 2000. Coleccion Alfaguara Juvenil, Serie Azul.
Por si no lo sabes, el Panecillo se llama asi porque a los primeros espanioles
les parecio que aquel cerro tan redondo y armonioso, que se levantaba en el
corazon de Quito, era igual que un pan, un panecillo de miga blanca y apretada,
de esos que los panaderos de Sevilla o Andalucia horneaban para luego inundar
las calles con su olor irresistible.
Muertos de nostalgia, los espanioles bautizaron el pequenio cerro como El
Panecillo, en una tierra en que no se conocia el pan que ellos anioraban, —pues
aun no habia trigo— sino que rebosaba de humeantes llapingachos, tortillas de
quinua, humitas de sal y de dulce, yuca asada, bizcochos de maquenio, empanadas
de morocho, chiguiles de maiz, tortas de choclo, tamales rellenos con mote y
chicharron de llamingo tierno, todos chisporroteando en la viscosa mapahuira y
baniados luego en un jugoso aji que mmmm, no, ¡no!, pareme la mano, no tiene
sentido continuar con tantas y tantas delicias que como te imaginaras,
enloquecieron de gusto a los recien llegados, aunque ellos —como ya te dije—
seguian extraniando esos panecillos calientes, acompaniados de vino tinto, que
anios mas tarde el gran Velasquez se encargaria de pintar en un lienzo donde un
ninio parte, desde hace siglos, un sabroso pedazo de pan.
Debes saber tambien que antes de que llegaran los espanioles, este sitio era
conocido como el Yavirac, y ahi, sobre su cima, los indios anteriores a los
incas, y mas tarde los incas que invadieron estas tierras, festejaban el Inti
Raymi, la gran fiesta del Sol. Asi, el 21 de junio de cada anio, los indios de
distintas regiones se reunian en el Yavirac para cantar y bailar y beber y
alabar, en una ronda de alegria, al altisimo senior del cielo que moria cada
tarde y renacia cada maniana, al generoso Inti de la vida y el calor, al padre
de la siembra y de la cosecha que anio tras anio daba a luz Pacha Mama, la Madre
Tierra.
Pues bien, cuenta la leyenda que Atahualpa (en realidad se llamaba Atabalipa)
habia mandado construir en la cima del Yavirac un templo de oro puro. Debes
saber que a los incas les gustaba mucho el oro por una sola razon: este era el
metal que mas se parecia a los rayos de luz que brotaban del Sol. Para los
espanioles en cambio, aquel metal significaba conquista, gloria, fortuna,
tierras, nobleza, poder sin limites. Por eso, luego de que los espanioles
mataron al Inca Atahualpa (que en ese entonces tenia 33 anios), marcharon a toda
prisa hacia Quito con ansias de repartirse el Templo de Oro que estaba en la
cima del Yavirac.
Imaginate, por un momento, imaginate los rostros de decepcion que tenian los
espanioles que sudorosos y cansados subieron a la cima del Yavirac y se
encontraron con que no habia ni una sola pepita de oro sobre la tierra seca: el
Templo del Sol habia desaparecido como por arte de magia. Pero lo que no sabian
—ni supieron nunca— era que dentro del Yavirac, en el corazon del cerro,
entrando por caminos secretos llenos de aranias ponzoniosas y alacranes
gigantescos y desfiladeros llenos de trampas mortales, se encuentra el Templo
del Sol, cuidado por cientos de doncellas hermosas que no envejecen nunca y por
una anciana sabia que —segun he escuchado— es la mismisima madre de Atahualpa.
Te cuento otro secreto: si alguna vez logras encontrar la entrada, y luego de
salvarte de los peligros que te esperan, llegas por fin a la morada de la
anciana, tienes que pensar muy bien en lo que dices y haces. Si la anciana te
pregunta —mirandote fijamente a los ojos— que buscas en esos recintos sagrados,
tienes que decir que eres pobre, que has ido a dar ahi por accidente, que solo
buscas la salida y que juras nunca revelar la entrada secreta a aquel templo. La
anciana entonces se levantara de su trono de oro macizo; te hara escoger entre
una enorme piedra de oro, mas un puniado de perlas, rubies y esmeraldas que
estan sobre una mesa, y una tortilla de maiz, una mazorca de choclo tierno y un
pocillo con mote jugoso que estan sobre otra mesa. Piensalo bien, pues si
escoges la primera mesa, es probable que al salir te encuentres con que en vez
de riquezas solo llevas un pedazo de ladrillo y unas cuantas piedras comunes en
las manos. Y es probable tambien que, si escoges los
alimentos que se encuentran sobe la segunda mesa, la tortilla se convierta de
pronto en un enorme pedazo de oro solido, el choclo tierno en numerosas pepitas
de plata y el pocillo con mote en gran cantidad de perlas brillantes. Escoge
bien, porque es probable que suceda tambien al reves, y que una vez afuera ya no
haya forma de volver atras.
Yo no te contare nunca, asi insistas, por que tengo un cerro de dinero que se me
sale por los bolsillos ni por que vivo en esa mansion de estilo antiguo que se
levanta a un lado de la cima del hermoso Yavirac; solo te dire que gracias a que
la vida ha sido tan generosa conmigo, desde hace anios suelo ayudar a manos
llenas a aquellos que mas lo necesitan. Ah, y como se que te estaras imaginando
que todo lo que ahora tengo se lo debo a la anciana del Templo del Sol, dejame
decirte algo, y que te quede muy, pero muy claro, de ahora en adelante: es
probable que si y es probable que no. ¿Entendido? Y ahora, por favor, dejame
para que pueda comer una comida que antes no me gustaba pero que ahora me
encanta: mi tortilla de maiz, mote y choclos tiernos... a menos, claro esta, que
tambien tengas hambre y quieras saborear un poco de estas delicias conmigo.
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[Las partes que no eran texto en este mensaje fueron eliminadas]
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Vie, 21 de Ene, 2005 1:25 pm
silvia zonshain <pasilvi@...>
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