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Mas informacion del periodista español Rafa Palacios:
Carta de una médico española a la Ministra de Sanidad
Por Mónica Lalanda:
http://www.elmundo.es/elmundosalud/2009/09/09/profesionsanitaria/1252480602.html
¡ Señora ministra de Sanidad, escúcheme usted!
Señora ministra, le propongo que sea usted la primera española que se vacune contra la gripe A. De hecho, con este despropósito llamado autonomías, si se vacuna usted y toda la cartera de gente que nos gobierna en España, el grupo control sería lo suficientemente grande como para sentirnos todos más seguros.
Verá usted, le agradezco que me haya colocado a la cabeza de los grupos de riesgo y que tenga usted tantísimo interés en que no me coja la gripe. Entiendo que usted me necesita para que el sistema de salud no se colapse; sin embargo, es una gran pena que al igual que usted se preocupa por mi salud y de repente me valore como un bien nacional, no se preocupe por mi situación laboral. La invito a que venga a ver mi contrato o el del resto de los médicos en este país. La gran mayoría trabajamos con contratos que en el resto de la Europa antigua serían una vergüenza.
Señora ministra, yo no me voy a vacunar. El virus no ha acabado de mutar y a partir de la última mutación deberían pasar seis u ocho meses para elaborar susodicha vacuna. Es decir, la vacuna que nos proponen no puede ser efectiva. En cuanto a su seguridad, ya tenemos la experiencia de vacunas para la gripe fabricadas con prisas; se usan adyuvantes peligrosos para poder poner menor cantidad de virus. Francamente, yo prefiero tener mocos tres días que sufrir un Guillain-Barré.
(Consulta Acerca de Guillain Barrè: http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/000684.htm)
Señora ministra, a mí no me gusta ser un conejo de indias.
El Centro de Prevención y Control de Enfermedades de la UE "espera a saber cuáles son los efectos de la vacuna en los adultos sanos para detectar posibles consecuencias adversas". Mire usted, casi que no. Prefiero que se la ponga usted y me lo cuenta.
Señora ministra, se les está marchando el asunto de las manos. Está ya más que claro que este virus, aunque muy contagioso, es muy poco agresivo y más del 95% de los casos cursa de manera leve. Se espera un máximo de 500 fallecimientos frente a los 1500 a 3000 que provoca la gripe tradicional.
Mientras tanto, usted está permitiendo un despilfarro de recursos inaceptable. Muchos hospitales en el país están siendo objeto de cambios arquitectónicos absurdos e innecesarios para prepararse para una hecatombe que ya sabemos no va a ocurrir. Se han gastado ustedes 333 millones de euros en esta pandemia de color y fantasía. La letalidad del virus es del 0.018%, francamente irrisoria.
Señora ministra, déjeme que le recuerde que la gripe A ha matado de momento a 23 personas y que tiene una tasa de incidencia de 40-50 casos por semana y 100.000 habitantes. Sin embargo, el tabaco produce en España 40.000 muertes al año y 6.000 por tabaquismo pasivo. Eso sí que es una pandemia, pero usted prefiere ignorarla. Es un tema menos atractivo y que le crearía multitud de enemigos. De los 2181 muertos en las carreteras españolas en 2008, ni hablamos, que no es de su cartera.
Señora ministra, explíqueme por qué tiene usted el Tamiflú bajo custodia del ejército. La eficacia de los antivirales en esta gripe es dudosa y de cualquier manera lo único que hace es reducir en un ratito la duración de los síntomas y con efectos secundarios no despreciables. Cualquiera diría que guarda usted bajo siete llaves la cura contra el cáncer o la peste bubónica. Ponga el fármaco en las farmacias que es donde debe estar y déjese de fantasías más propias de Hollywood. Alternativamente, haga algo sobre la patente del osetalmivir y permita que lo fabriquen otras compañías farmacéuticas, así no hay agobios de restricciones.
Señora ministra, las previsiones de la Organización Mundial de la Salud ya se han patinado en ocasiones anteriores. Cuando la gripe aviar, predijeron 150 millones de muertos que al final quedaron en 262 fallecimientos. Se han vuelto a equivocar, no importa. Lo importante es parar la locura en la que estamos montados y esa, señora Jiménez, es responsabilidad suya.
Señora ministra, aquí una es una cínica por naturaleza. Demasiada gente se lleva tajada en este asunto. No sólo los fabricantes de las vacunas y los antivirus sino los que hacen las mascarillas, los de la vitamina C, los del bífidus activo, los fabricantes de ventiladores artificiales y pulsioxímetros, los de los pañuelos desechables, los productos de desinfección de manos, hasta los presos con enfermedades incurables que quieren aprovechar para marcharse a casa. Sin embargo, no me negará tampoco que la pantalla de humo les ha venido al pelo a su gobierno ahora que la crisis sigue su marcha, el desempleo tiene niveles históricos, nos suben los impuestos, sube el IRPF y baja el PIB. Una casualidad, supongo.
Señora ministra, una cosilla más. Si tengo que ver muchas más fotos suyas a media página con mirada astuta, trajes sexis y poses de modelo... ¡me va a dar algo!
Mónica Lalanda ha pasado los últimos 16 años en Inglaterra, la mayoría como médico de urgencias en Leeds (West Yorkshire). En la actualidad trabaja en la unidad de urgencias del Hospital General de Segovia, participa en varias publicaciones inglesas y también ilustra libros y revistas con viñetas médicas.
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Iñaki Gabilondo es, en España, el prototipo del periodista oficial, es decir, el que define lo que hay que pensar sobre cada tema. Por eso, que haya hecho esta declaración sobre la gripe A, es toda una sorpresa y una victoria para la información alternativa.
http://www.youtube.com/watch?v=Mj2k9kaTL2A
http://www.youtube.com/watch?v=Mj2k9kaTL2A
CONCLUIMOS: Di "NO" a las vacunas
LOS APUS
RUBÉN IWAKI ORDÓÑEZ
Hace apenas veinte mil años más o menos, el planeta Tierra presentaba tres importantes continentes: Mu al occidente, Atlantis al oriente y al centro el hoy conocido América, el mismo que era angosto y sus extremos se extendían de polo a polo. Estos estaban poblados por los seres humanos que recientemente habían dejado de ser “hombres”, como consecuencia de un desacato a ciertas leyes emanadas del profundo Wiraccocha, esto es en buen romance del centro de
En uno de los más de cien mil millones de sistemas solares que existen en nuestra modestísima y pequeñísima galaxia llamada desde antiguo con el nombre de Vía Láctea, orbita en torno a su sol un mundo llamado “L”, tal como se pronuncia la fonética (no el nombre Ele), sino el sonido de esta letra, la fonética como se le expresa, así de simple. En otro sistema solar distante, pero dentro de nuestra misma galaxia, existe un mundo llamado Poseidón. Así mismo, en otro sistema solar de nuestra misma Vía Láctea, otro mundo gira en torno de su sol, y se llama Apu.
Nos remitimos una vez más al pasado y nos situamos en el planeta Tierra hace un poco más de veinte mil años. Entonces veremos que nuestro mundo estaba poblado por una humanidad dispersa, difuminada. Los seres que habían dejado de ser “hombres”, a causa de su trasgresión aquella, habían dejado escapar y no pudieron retener los dos más sensoriales de sus siete sentidos: La “Telepatía” y la “Premonición”. De manera que al perder los dos más importantes sentidos y haberse quedado con sólo cinco y con alcances limitados únicamente a lo exterior del ser, vivían en desorden, en confusión, al garete. Cada pareja de hombres se convirtió en pareja de varón y mujer, pero exentos de la condición de “hombre”. Gozaban del flamante pensamiento, pero a su vez con las facultades disminuidas por los efectos de la ruptura de la lealtad a los mandamientos del Universo mediante sus leyes de “no servirse de los frutos de
Las tres delegaciones vinieron usando sus naves, últimamente también llamadas Objetos Voladores No Identificados (OVNI) y as+i mismo, hace tres mil años “carros de fuego venidos de las estrellas”. La del mundo “L” descendió en el continente de “Mu”, en lo que hoy día es el océano Pacífico. La de “Poseidón” aterrizó en el continente “Atlantis”, en lo que hoy es el océano Atlántico, y la del mundo “Apu” asentó su nave en el continente que hoy vivimos y llamamos América. Estas tres delegaciones de seres pertenecientes a otro nivel de vibración atómica en su estructura, fueron consideradas por muchas civilizaciones como los dioses que descendieron de los cielos y convivieron con los seres humanos y luego de un tiempo retornaron a los cielos de donde vinieron. Sí pues, tanto así como los Ls, los Poseidons y los Apus, cumplieron con sus misiones, la de enseñar a los seres humanos a vivir en sociedades, en forma colectiva y mancomunada, para cuyo propósito les impartieron normas de comportamiento, principios y leyes a las que deberían someterse para lograr la armonía de una vida en común; incluso les dejaron construyendo sus moradas y sus grandiosos templos, como en el caso de los Apus, los recintos que hoy llamamos Sacsayhuamán, que no es otra cosa que la puerta de entrada a los recintos subterráneos de la “Morada de los Apus”, Estos, en número de veinticinco ancianos escogidos por los mismos apus llegados del firmamento, y adentrados en la sabiduría con la que regirían los destinos de este su continente, que desde entonces se denominó EL CONTINENTE DE LOS APUS.
Una vez retornado los apus estelares a su lugar de origen, como también lo hicieran simultáneamente como habían venido las otras dos delegaciones, los ancianos elegidos de este continente se autodenominaron Apus, recibiendo desde su morada intraterrena, por debajo de la que posteriormente se edificara veinte mil años después la ciudad del Cusco. Desde allí dentro, su morada y su templo a la vez, los ancianos recibían de forma telepática los clamores y despachos que los pobladores del continente les hacían desde su lugar de origen, siendo ayudados en sus acciones mentalizadas, por las cumbres de los altos cerros y las grandes montañas, que sirven de antenas receptoras y conductoras de las vibraciones mentales que producen los seres humanos. Este conocimiento ha venido a perdurar en los tiempos hasta nuestros días, aunque muy manoseado por personas inescrupulosas, se pone de manifiesto en los hechos que forman parte de la cosmogonía y la magia andina, encerrándose en un mutis que no permite por el momento enterarnos de su esencia real. De manera que algunos seres humanos que se consideren con las aptitudes suficientes para entablar un nexo mentalizado con estos seres que aun se encuentran vivos, a través de los “despachos” y su respectivo “Pago a
Después de haberse marchado de vuelta simultáneamente estas tres delegaciones, entre ellas la de los apus estelares, pasaron diez mil años, en cuyo tiempo se desarrollaron fuertemente los principios de unidad y sociedad, pasados los cuales sobrevino en el planeta un cataclismo que cambiaría por completo la faz del mundo, quedando como consecuencia de ello sepultados bajo las aguas de los mares los dos continentes vecinos y quedando (aunque grandemente transformado) el de los Apus. Para esto, previamente vinieron en calidad de socorro una vez más los apus estelares y con alguna antelación, al saber de lo que iba a acontecer con el advenimiento de dicho cataclismo de tierra y de los irreparables daños que iba a provocar en las estructuras del templo-morada subterráneo, construyeron otra. Lo hicieron en un lugar que en la actualidad vino a constituir lo que son las cabeceras de
En la actualidad allí, en los interiores de esta montaña viven los descendientes de los apus terrenos, de aquellos veinticinco escogidos, que hoy se cuentan con algo más de dos mil individuos, que viven totalmente aislados de nosotros que equivocadamente nos llamamos civilizados. Ellos viven en total aislamiento, tratando de no contaminarse con nuestra aberrante y errada sociedad. Ellos están al tanto de nuestra situación y de la del mundo en general. Ellos reciben actualmente nuestras plegarias y los despachos y los pagos. Tal como lo comprendían los incas, nuestros más próximos antepasados, para quienes estos señores también eran sus antepasados y los veneraban como de algún modo ahora lo sabemos.
En consecuencia, los apus son seres humanos con altísimo grado de sabiduría y viven actualmente y desde hace diez mil años atrás, en los interiores de una gigantesca montaña, controlando a su gente de todo su continente, mientras van recibiendo el suministro diario de las fuentes de sabiduría que encuentran en sus guías y maestros del firmamento. Los Apus estelares.
SEPTIEMBRE
El equinoccio de septiembre es un momento mágico de equilibrio entre la luz del verano y la oscuridad del invierno. Sin embargo un mes de septiembre me encontré en el bosque de Cape Breton con el corazón pesaroso. Caminaba entre las sombras, con gran respeto hacia los imponentes árboles. A mi derecha, mi amiga Wendigo, mi leal malamute de Alaska, se movía tranquila. Ya era muy mayor, tendría unos once años. Formó parte de un equipo de perros de trineo en Alaska hasta que la abandonaron. El bosque estaba de color esmeralda, pero septiembre ya empezaba a hacerse presente. Pasamos junto a varios robles cuyas hojas ya se habían teñido del tono rojizo del otoño. Los árboles me hicieron pensar en las hadas, las doncellas mágicas que viven en el bosque y que ayudan a los extraños. Creo que así es como señalaban el camino, como con los faros.
Cruzamos un viejo y desvencijado puente de roídas tablas de madera. El denso bosque bloqueaba los rayos de luz, con lo que en el interior era casi de noche. Wendigo se detuvo asustada. Habíamos perseguido renos y osos pardos juntos. Ella me había salvado la vida cuando un toro americano me atacó y yo la salvé de morir ahogada en un lago helado. Habíamos compartido lo suficiente como para que cada uno conociera el alma del otro. Acudí a ese bosque por ella. A pesar de que no aparentaba la edad que tenía, yo notaba que los años empezaban a hacer mella en ella. Así que la traje aquí para que corriera un buen rato por este lugar tan especial, como una especie de último regalo.
Me arrodillé a su lado: “¿Qué pasa, vieja amiga?”. Wendigo se quedó con la mirada fija en la oscuridad. Era una criatura de los bosques del norte, amable y sociable, aunque muy grande e inteligente. Y, sin embargo, miraba el bosque con miedo. Quizás había visto un oso. Probablemente había sido algo más extraordinario, propio de este bosque mágico. Me quedé junto a ella un minuto. Nos estábamos quedando sin luz. Al final, me levanté y dije. “Está bien, iremos juntos como siempre”. Seguimos adelante y llegamos a una zona más abierta de árboles de madera noble.
El camino se bifurcaba y, al oeste, el Sol se ocultaba tras el mar, iluminándonos con el crepúsculo. Sin embargo nuestro destino estaba cerca, podíamos oírlo: una cascada de treinta metros en un pequeño valle protegido por altísimos robles y arces. Un lugar solitario que poca gente conoce. Wendigo sudaba bajo su grueso manto de pelos y no dudó ni un segundo en acercarse a beber al estanque a los pies de la cascada. Yo me senté en la orilla y observé los efectos de la luz crepuscular en el agua en movimiento, que iluminaba la espuma de modo que parecía un grupo de duendecillos.
Miré a Wendigo e intenté imaginar la vida tras su muerte. Casi no podía hacerlo. Pero ella, siempre tranquila, sació su sed y se sentó a mi lado. Le acaricié el pelo, a pesar de que yo no estaba tan tranquilo. Nos hallábamos en un lugar sagrado, lleno de poder, como el aire que se acumula sobre el mar antes de una tormenta. Y en presencia de esa magia, me vinieron a la mente las palabras de W.B.Yates:
“Elimina del corazón los sueños mortales,
Los vientos despiertan y las hojas se agitan,
Nuestras mejillas palidecen y el pelo flota libre…
El anfitrión se mueve entre el día y la noche.
Y ¿dónde hay esperanza o hechos tan bonitos?”
Wendigo murió a las pocas semanas y yo tuve la sensación de que había cerrado un capítulo de mi vida.
SEPTIEMBRE, momento del equinoccio, el equilibrio entre la luz y la oscuridad. Lleno de magia de cambio, que no siempre es agradable. Su crepúsculo elimina los sueños mortales del corazón. Sin embargo septiembre no es un mes sombrío, sino un momento de transformación. No hay sueño más bonito que el anfitrión moviéndose entre el día y la noche, un símbolo de la continuidad de la vida en el más allá. Así es la espiral de la vida celta: muerte y renacimiento. Este equilibrio es el misterio del equinoccio otoñal. Y, bajo su luz, algún día, Wendigo y yo volveremos a encontrarnos, como todos los auténticos amigos.
Cliff Séruntine
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