PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
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Noticias desde la Parroquia Fátima
Lunes 27 de mayo de 2002 - Año IV - N° 148
INDICE
I.- NUESTRA PARROQUIA
II.- ARGENTINA
3. Colecta anual de Cáritas Argentina
4. Obispo argentino pide no confundir Cáritas con una ONG
5. Tedéum celebrado en la catedral metropolitana el 25 de mayo de 2002.
III.- SANTA SEDE
6. La visita de Juan Pablo II a Bulgaria
7. El Papa alojado en un hotel por primera vez
IV.- DOCUMENTACIÓN
8. Carta pastoral :"esperar en tiempos de desesperanza"
I.- NUESTRA PARROQUIA
1. CAMPAÑA COMPARTIR 2002
“La Solidaridad no se detiene no entra en Crisis”
Frente a las dificultades económicas que sufre nuestro país nuestra parroquia no es ajena a las mismas, y dado que los ingresos han disminuido necesitamos de la comprensión y generosidad de todos para mantener todos los servicios de la parroquia y volver a ayudar de manera urgente a las parroquias más necesitadas de nuestra Diócesis a las que no asistimos desde Julio de 2001. Es por eso que se necesita un aumento en las colectas y en las Contribuciones Familiares Mensuales.
Para inscribirse en las contribución mensual, o para aumentarla puede pasar por secretaría en la semana o en la sacristía los fines de semana para llenar el cupón correspondiente.
Este sistema nos permite confeccionar un presupuesto más real que con sólo las colectas (ya que estas fluctúan de domingo a domingo en su monto). Esta contribución puede ser a través del Cobrador a domicilio o mediante débito en su Tarjeta de Crédito, facilitando esto último su cobro.
Agradecemos su tiempo de reflexión sobre este tema y su generosidad al colaborar.
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2. SU PAPEL NOS SIRVE
Hemos conseguido una empresa que se va a hacer cargo de retirar de nuestra parroquia todos los papeles usados (revistas, diarios, guías telefónicas, etc.) que podamos conseguir.
El dinero obtenido será utilizado para comprar alimentos para nuestros hermanos necesitados.
Esperamos su colaboración, en lo posible traerlos atados, en las misas de fin de semana, en la secretaría parroquial de lunes a viernes de 9.30 a 12.30 o de 16 a 20 por Alvear 1056.
No contamos con ningún móvil para retirarlos de sus domicilios.
Muchas gracias.
II.- ARGENTINA
3. COLECTA ANUAL DE CÁRITAS ARGENTINA
9 de junio
Tu gesto de amor multiplica la esperanza
Con el compromiso de todos podemos construir
una sociedad más justa y solidaria
La Colecta es un espacio privilegiado para vivificar la realización del bien común en nuestra comunidad, sembrando la ESPERANZA de una realidad transformada por el amor.Como Cáritas, nos acercamos a la sociedad para invitar a nuestros hermanos a la comunión en el gesto de dar, de ofrecerse uno mismo al otro.
La Colecta es también.....
Un hecho concreto de solidaridad.
La posibilidad de transformar la dura realidad que nos rodea mediante el gesto de compartir.
Un mensaje de esperanza ya que pone de manifiesto que hay otros caminos por recorrer.
La vivencia concreta de la realización del bien común en nuestra comunidad.
El signo que como Cáritas realizamos en todo el país como expresión de comunión.
Con el aporte de quienes se suman a la Colecta Anual, Cáritas hace posible programas y proyectos sostenibles en el tiempo, cuya permanencia y continuidad, ofrecen la posibilidad de una verdadera transformación en la vida de las personas y en las comunidades donde se implementan.
Programas de asistencia inmediata
Asistencia en emergencia socioeconómica
Asistencia en emergencias naturales
Programas de promoción humana y desarrollo
Infancia y adolescencia
Educación
Alternativas de Trabajo
Salud
¿Por qué en este 2002 “Tu gesto de amor multiplica la esperanza”?
Porque esta expresión define qué tipo de solidaridad es necesaria en nuestra sociedad: aquella de vincularnos unos con otros desde la entrega generosa.
Se trata de una propuesta concreta acerca de cuál es el camino que podemos seguir: el de la comunidad que se fortalece y sostiene en el compartir.
Manifiesta no sólo el espíritu de la Colecta sino que también afirma, con contundencia, cuál es el cambio que como sociedad tenemos que realizar.
La Colecta como suma de gestos de amor pone en evidencia que somos muchos los que creemos que es posible el cambio desde el compromiso personal con la realidad.
Esta es una gran razón para seguir teniendo esperanza. Cuanto mayor sea el gesto de amor más va a ser la esperanza que va a engendrar. Esperanza que es fundamental renovar y fortalecer en estos tiempos tan difíciles.
¿Qué significa la Colecta Anual de Cáritas en la Argentina de hoy?
La situación actual del país ha puesto en evidencia cuán fragmentada se ha vuelto nuestra sociedad. Hoy coexisten infinidad de grupos con intereses particulares que no logran aglutinarse en torno a proyectos comunes. El gran desafío pareciera ser trascender los intereses particulares en la búsqueda del bien común para la construcción de una sociedad sin excluidos.
En este sentido la Colecta Anual de Cáritas busca ser una propuesta frente a la crisis del bien común ya que nos invita a comprometernos y a asumir ideales como la justicia, la paz, la solidaridad.
Podemos pensar a la Colecta como un verdadero signo de este nuevo tiempo: desde lo que cada uno es, y puede aportar, podemos unirnos en un proyecto común.
¿Cómo colaborar?.
En la parroquia más cercana
Cáritas invita a todos a sumarse a este signo como una manera de expresar nuestro compromiso con la situación actual, especialmente con aquellos hermanos más necesitados.
4. OBISPO ARGENTINO PIDE NO CONFUNDIR CÁRITAS CON UNA ONG
BUENOS AIRES, 22 May. 02 (ACI).- Mons. Juan Carlos Maccarone, Obispo de Santiago del Estero, advirtió que no se puede confundir a Cáritas con una organización no gubernamental (ONG), porque “Cáritas es la caridad de la Iglesia. Es el organismo de la caridad de la Iglesia argentina, diocesana y parroquial”.
Mons. Maccarone explicó que el Organismo de la Iglesia "no es una institución pegada a otra, es la vocación de servicio de la Iglesia por la caridad. Para lo cual, llama a todas aquellas personas que vocacionalmente se descubren como llamados a este ejercicio".
"Por eso, –continuó– no es una institución que nace de abajo, sino que viene de arriba, de la soberanía de Jesús, El es quien organiza la caridad de la Iglesia. Y si hoy estamos acá es para que el ejercicio de nuestra caridad sea reflejo de la caridad del Hijo, que se entregó por nosotros, de una manera única, demostrando una solidaridad que debe ser el modelo de nuestra solidaridad".
Más adelante, el Prelado resaltó la acción de las ONGs y señaló que “son muy buenas y crecieron mucho dando espacio a la ciudadanía, para que actúe y saque muchas cosas adelante, supliendo en gran medida al Estado que es el responsable directo. Todo esto ocurre en este momento en que muchos vínculos sociales se han disuelto y que las instituciones políticas y estatales no han tenido la prestancia necesaria”.
Asimismo, el Obispo resaltó que “Cáritas es el ejercicio de la caridad de la Iglesia de manera organizada, que hace que nuestra pertenencia esté configurada por la misma noción de Iglesia. Es un ejercicio de la caridad de Cristo a través del humilde servicio que nosotros podamos hacer”.
Finalmente, Mons. Maccarone afirmó que "es cierto que tenemos que aprender todas las técnicas y los nuevos servicios para atender mejor a los hermanos", pero sin olvidar que "ante todo somos la expresión de la caridad de Cristo".
5. TEDÉUM CELEBRADO EN LA CATEDRAL METROPOLITANA EL 25 DE MAYO DE 2002.
Homilía pronunciada por el cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, en el solemne Tedéum celebrado en la catedral metropolitana el 25 de mayo de 2002.
«Jesús entró en Jericó y atravesaba la ciudad. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, era jefe de los publicanos. El quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura. Entonces se adelantó y subió a un sicómoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí. Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa». Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador». Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más». Y Jesús le dijo: Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido».
(Del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Lucas 19,1-10)
Quizás como pocas veces en nuestra historia, esta sociedad malherida aguarda una nueva llegada del Señor. Aguarda la entrada sanadora y reconciliante de Aquél que es Camino, Verdad y Vida. Tenemos razones para esperar. No olvidamos que su paso y su presencia salvífica han sido una constante en nuestra historia. Descubrimos la maravillosa huella de su obra creadora en una naturaleza de riqueza incomparable. La generosidad divina también se ha reflejado en el testimonio de vida de entrega y sacrificio de nuestros padres y próceres, del mismo modo que en millones de rostros humildes y creyentes, hermanos nuestros, protagonistas anónimos del trabajo y las luchas heroicas, encarnación de la silenciosa epopeya del Espíritu que funda pueblos.
Sin embargo, vivimos muy lejos de la gratitud que merecería tanto don recibido. ¿Qué impide ver esta llegada del Señor? ¿Qué torna imposible el «gustar y ver qué bueno es el Señor» (Sal. 34,9) ante tanta prodigalidad en la tierra y en los hombres? ¿Qué traba las posibilidades de aprovechar en nuestra Nación, el encuentro pleno entre el Señor, sus dones, y nosotros? Como en la Jerusalén de entonces, cuando Jesús atravesaba la ciudad y aquel hombre llamado Zaqueo no lograba verlo entre tanta muchedumbre, algo nos impide ver y sentir su presencia. En la escena evangélica se nos da la clave en términos de altura y de abajamiento. De altura, porque Zaqueo se deja ganar el corazón por el deseo de ver a Jesús y, como era pequeño de estatura, se adelanta y trepa a un sicómoro. Ningún talento, ninguna riqueza puede reemplazar una chatura moral o -en todo caso, si el problema no es moral- no hay salida para una mirada baja, sin esperanza, resignada a sus límites, carente de creatividad.
En esta tierra bendita, nuestras culpas parecen haber achatado nuestras miradas. Un triste pacto interior se ha fraguado en el corazón de muchos de los destinados a defender nuestros intereses, con consecuencias estremecedoras: la culpa de sus trampas acucia con su herida y, en vez de pedir la cura, persisten y se refugian en la acumulación de poder, en el reforzamiento de los hilos de una telaraña que impide ver la realidad cada vez más dolorosa. Así el sufrimiento ajeno y la destrucción que provocan tales juegos de los adictos al poder y a las riquezas, resultan para ellos mismos apenas piezas de un tablero, números, estadísticas y variables de una oficina de planeamiento. A medida que tal destrucción crece, se buscan argumentos para justificar y demandar más sacrificios escudándose en la repetida frase «no queda otra salida», pretexto que sirve para narcotizar sus conciencias. Tal chatura espiritual y ética no sobreviviría sin el refuerzo de aquellos que padecen otra vieja enfermedad del corazón: la incapacidad de sentir culpa. Los ambiciosos escaladores, que tras sus diplomas internacionales y su lenguaje técnico, por lo demás tan fácilmente intercambiable, disfrazan sus saberes precarios y su casi inexistente humanidad.
Como a Zaqueo puede hacérsenos consciente nuestra dificultad para vivir con altura espiritual: sentir el peso del tiempo malgastado, de las oportunidades perdidas, y surgirnos dentro un rechazo a esa impotencia de llevar adelante nuestro destino, encerrados en nuestras propias contradicciones. Ciertamente, es habitual que, frente a la impotencia y los límites, nos inclinemos a la fácil respuesta de delegar en otros toda la representatividad e interés por nosotros mismos. Como si el bien común fuera una ciencia ajena, como si la política -a su vez- no fuera una alta y delicada forma de ejercer la justicia y la caridad. Cortedad de miras para ver el paso de Dios entre nosotros, para sentirnos gratificados y dignos de tantos dones, y no tener escrúpulos en hacerlos valer sin renunciar a nuestra histórica vocación de apertura no invasiva a otros pueblos hermanos.
Como nosotros también Zaqueo sufría esa cortedad de miras. Sin embargo sucede el milagro: el personaje evangélico se eleva sobre su mediocridad y encuentra la altura donde subirse. Porque del dolor y de los límites propios es de donde mejor se aprende a crecer y de nuestros mismos males es desde donde nos surge una honda pregunta: ¿Hemos vivido suficiente dolor para decidirnos a romper viejos esquemas, renunciar a actitudes necias tan arraigadas y dar rienda suelta a nuestras verdaderas potencialidades? ¿No estamos ante la oportunidad histórica de revisar antiguos y arraigados males que nunca terminamos de plantear, y trabajar juntos? ¿Hace falta que más sangre corra al río, para que nuestro orgullo herido y fracasado reconozca su derrota?
Zaqueo no optó por la resignación frente a sus dificultades, no cedió su oportunidad a la impotencia, se adelantó, buscó la altura desde donde ver mejor, y se dejó mirar por el Señor. Sí, dejarse mirar por el Señor, dejarse impactar por el dolor propio y el de los demás; dejar que el fracaso y la pobreza nos quiten los prejuicios, los ideologismos, las modas que insensibilizan, y que -de ese modo- podamos sentir el llamado: «Zaqueo baja pronto». Esta es la segunda clave de este pasaje evangélico: Zaqueo responde a un Jesús que lo llama a abajarse. Bajarse de sus autosuficiencias, bajarse del personaje inventado por su riqueza, bajarse de la trampa montada sobre sus pobres complejos. En efecto, ninguna altura espiritual ningún proyecto de grandes esperanzas, puede hacerse real si no se construye y se sostiene desde abajo: desde el abajamiento de los propios intereses, desde el abajamiento al trabajo paciente y cotidiano que aniquila toda soberbia.
Hoy como nunca, cuando el peligro de la disolución nacional está a nuestras puertas, no podemos permitir que nos arrastre la inercia, que nos esterilicen nuestras impotencias o que nos amedrenten las amenazas. Tratemos de ubicarnos allí donde mejor podamos enfrentar la mirada de Dios en nuestras conciencias, hermanarnos cara a cara reconociendo nuestros límites y nuestras posibilidades. No retornemos a la soberbia de la división centenaria entre los intereses centralistas, que viven de la especulación monetaria y financiera, como antes del puerto, y la necesidad imperiosa del estímulo y promoción de un interior condenado ahora a la «curiosidad turística». Que tampoco nos empuje la soberbia del internismo faccioso, el más cruel de los deportes nacionales, en el cual, en vez de enriquecernos con la confrontación de las diferencias, la regla de oro consiste en destruir implacablemente hasta lo mejor de las propuestas y logros de los oponentes. Que no nos corten caminos las calculadoras intransigencias (en nombre de coherencias que no son tales). Que no sigamos revolcándonos en el triste espectáculo de quienes ya no saben cómo mentir y contradecirse para mantener sus privilegios, su rapacidad y sus cuotas de ganancia mal habidas, mientras perdemos nuestras oportunidades históricas, y nos encerramos en un callejón sin salida. Como Zaqueo hay que animarse a sentir el llamado a bajar: bajar al trabajo paciente y constante, sin pretensiones posesivas sino con la urgencia de la solidaridad.
Hemos vivido mucho de ficciones, creyendo estar en los primeros mundos, nos atrajo «el becerro de oro» de la estabilidad consumista y viajera de algunos, a costa del empobrecimiento de millones. Cuando oscuras complicidades de dentro y fuera, se convierten en coartadas de actitudes irresponsables que no vacilan en llevar las cosas al límite sin reparar en daños: negocios sospechosos, lavados que eluden obligaciones, compromisos sectoriales y partidarios que impiden una acción soberana, operativos de desinformación que confunden, desestabilizan y presionan hacia el caos; cuando sucede esto de poco nos sirve la tentación ilusoria de exigir chivos expiatorios en aras del supuesto surgimiento de una clase mejor, pura y mágica... Sería subirse a otra ilusión. Debemos reconocer con dolor que, entre los propios y los opuestos hay muchos Zaqueos, con distintos títulos y funciones; Zaqueos que intercambian papeles en un escenario de avaricia casi autoritaria, a veces con disfraces legítimos.
Lo mejor es dejar que el Zaqueo que hay dentro de cada uno de nosotros se deje mirar por el Señor, y acepte la invitación a bajar. Este llamado del Evangelio es memoria y camino de esperanza. Aquel que busca y se deja alcanzar por lo sublime da lugar a una alegría nueva, a una posibilidad de redención. Y Zaqueo se redime, accede alegre a la invitación del único que nos puede reconciliar, Dios mismo. Accede a sentarse a la mesa de todos, a la de la amistad social. Nadie le pidió a aquel publicano que fuera lo que no podía ser, sino que simplemente se bajara del árbol. Se le pide que se avenga a la ley de ser uno más, de ser hermano y compatriota, que cumpla la ley.
Esto hay que lograr: hacer cumplir la ley, que nuestro sistema funcione, que el banquete al que se nos convoca en el Evangelio sea ese lugar de encuentro y convivencia, de trabajo y celebración que queremos, y no «un café al paso» para los intereses «golondrina» del mundo; esos que llegan, extraen y parten. La ley es la condición infranqueable de la justicia, de la solidaridad y de la política, y ella nos cuida, al bajar del árbol, de no caer en la tentación de la violencia, del caos, del revanchismo. Asumamos el dolor de tanta sangre vertida inútilmente en nuestra historia. Abramos los ojos a tiempo: una sorda guerra se está librando en nuestras calles, la peor de todas, la de los enemigos que conviven y no se ven entre sí, pues sus intereses se entrecruzan manejados por sórdidas organizaciones delincuenciales y sólo Dios sabe qué más, aprovechando el desamparo social, la decadencia de la autoridad, el vacío legal y la impunidad.
No es el momento de tener miedo y vergüenza de nosotros mismos, todos somos un poco Zaqueo, y todos tenemos enormes talentos y valores. Miramos con nostalgia las riquezas naturales, la brillantez de tantos compatriotas dispersos, la silenciosa e increíble resistencia de un pueblo humilde que defiende sus reservas y se niega a ceder su fe y sus convicciones, que lucha contra el desgaste. Ahora o nunca, busquemos la refundación de nuestro vínculo social, como tantas veces lo reclamamos con toda la sociedad y, como este publicano arrepentido y feliz, demos rienda suelta a nuestra grandeza: la grandeza de dar y darnos. La gran exigencia es la renuncia a querer tener toda la razón; a mantener las privilegios; a la vida y la renta fácil,... a seguir siendo necios, enanos en el espíritu. Como en el llamado evangélico, en numerosas oportunidades nos hemos dejado visitar por Dios. Allí lo grande y sublime ha surgido de nosotros. Hay en toda la sociedad un anhelo ya propuesto, insoslayable, de participar y controlar su propia representación, como aquel día que hoy rememoramos en que la comuna se constituyó en Cabildo.
Además del subirse para ver a Jesús y abajarse luego para seguir su invitación hay una tercera clave en el texto evangélico: el dar, el darse reparando el mal cometido. Zaqueo se anima a devolver lo mal habido y a compartir. Como el Zaqueo convertido, este pueblo siente el deseo de «dar la mitad» y «devolver el cuádruplo». Quiere rescatar del fondo de su alma el trabajo y la solidaridad generosa, la lucha igualitaria y la conquista social, la creatividad y la celebración, Sabemos bien que este pueblo podrá aceptar humillaciones, pero no la mentira de ser juzgado culpable por no reconocer la exclusión de veinte millones de hermanos con hambre y con la dignidad pisoteada. Si Zaqueo, antes de dejarse mirar por Jesús, ideaba la forma de que sus deudores se hundieran cada vez más, no podía entonces reclamar supuestas obligaciones éticas ni castigos ejemplares. Una vez convertido debe reconocer su estafa usurera, y devolver lo que robó. Contemplemos el final de la historia: Un Zaqueo avenido a la ley, viviendo sin complejos ni disfraces junto a sus hermanos, viviendo sentado junto al Señor, deja fluir confiado y perseverante sus iniciativas, capaz de escuchar y dialogar, y sobre todo de ceder y compartir con alegría de ser.
La historia nos dice que muchos pueblos se levantaron de sus ruinas y abandonaron sus ruindades como Zaqueo. Hay que dar lugar al tiempo y a la constancia organizativa y creadora, apelar menos al reclamo, estéril, a las ilusiones y promesas, y dedicarnos a la acción firme y perseverante. Por este camino florece la esperanza, esa esperanza que no defrauda porque es regalo de Dios al corazón de nuestro pueblo. Hoy, más que nunca, nos convoca la esperanza. Ella nos inspira y da fuerzas para levantarnos y dejarnos mirar por Dios, abajarnos en la humildad del servicio, y dar dándonos a nosotros mismos. Por momentos soñamos una convocatoria, la esperamos mágica y encantadoramente. El camino es más sencillo: sólo debemos volver al Evangelio, dejarnos mirar como Zaqueo, escuchar el llamado a la tarea común, no disfrazar nuestros límites sino aceptar la alegría de compartir, antes que la inquietud del acaparar. Y entonces sí que escucharemos, dirigida a nuestra Patria, la palabra del Señor: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido» (Lc 19: 10)
Buenos Aires, 25 de mayo de 2002.
Card. Jorge Mario Bergoglio, sj., arzobispo de Buenos Aires.
III.- SANTA SEDE
6. LA VISITA DE JUAN PABLO II A BULGARIA
Ciudad del Vaticano, MAY 24 (AICA): Luego de un vuelo de tres horas, Juan Pablo II llegó a Sofía, capital de Bulgaria, poco después de las 18 de ayer, hora local y se desplazó a la plaza de San Alexander Nevsky donde tuvo lugar la ceremonia de bienvenida. Asistieron al acto el presidente de la república búlgara, Georgi Parvanov, el patriarca ortodoxo Maxim, los obispos católicos del país, el cuerpo diplomático y otras autoridades religiosas y civiles.
El Papa dijo a las personas congregadas en la plaza: "Doy gracias a Dios Todopoderoso por haberme concedido cumplir el deseo que desde hace tiempo tenía en el corazón". Después recordó que todos los años recibe en el Vaticano a una delegación de Bulgaria con motivo de la festividad de los Santos Cirilo y Metodio, los hermanos que evangelizaron esta parte del mundo. "Hoy es el obispo de Roma quien los visita", dijo.
El Papa se refirió al beato Juan XXIII que fue delegado apostólico en Bulgaria durante diez años y afirmó: "En su recuerdo, saludo a todos con afecto y a todos digo que en ninguna circunstancia he dejado de amar al pueblo búlgaro". A continuación saludó a las autoridades religiosas y civiles, a los obispos católicos y cristianos de otras comunidades eclesiales, a la comunidad judía y a los fieles del Islam guiados por el gran muftí. Tuvo palabras especiales para Su Santidad el patriarca Maxim y para todos los fieles ortodoxos en Bulgaria. "Deseo ardientemente -dijo- que mi visita sirva para reforzar nuestro conocimiento recíproco para que, con la ayuda de Dios y en el día y el modo que El quiera, se pueda llegar a vivir 'en perfecta unión de deseo y propósitos'".
Recordando los siglos de "copiosos frutos de testimonio cristiano", Juan Pablo II subrayó que "incluso durante el largo y rígido invierno del sistema totalitario, que marcó con el sufrimiento al país, junto a tantos otros en Europa, nunca faltó la fidelidad al Evangelio y numerosos hijos de este pueblo han vivido heroicamente la adhesión a Cristo, llegando en no pocos casos al sacrificio de la propia vida. Que su sacrificio no sea en vano, sino que sirva como ejemplo y haga fecundo el compromiso ecuménico para la plena unidad de los cristianos".
"Es necesario curar las heridas y proyectar con optimismo el futuro. Al mismo tiempo es necesario proceder con sabiduría, promoviendo los valores que fundamentan la verdadera grandeza de una nación: la honradez moral e intelectual, la defensa de la familia, la acogida del necesitado, el respeto por la vida humana desde su concepción hasta su fin natural. Expreso mi esperanza de que el esfuerzo de renovación social emprendido con valor por Bulgaria encuentre la acogida inteligente y el apoyo generoso de la Unión Europea".
El Papa concluyó recordando que "el cristianismo está en las raíces mismas de la historia y la cultura de este país. La Iglesia Católica, con el compromiso diario de sus hijos y la disponibilidad de sus estructuras, quiere contribuir en la conservación y el desarrollo del patrimonio de valores espirituales y culturales de los que éste país está orgulloso".
Al final de la ceremonia se depositó una corona de flores, en nombre del Papa, en la tumba del soldado desconocido. El vehículo papal circuló después por la plaza de San Alexander Nevsky y se dirigió a la nunciatura apostólica donde el beato Juan XXIII fue nuncio de 1924 a 1934.
Con el Patriarca Ortodoxo
En su discurso ante Su Santidad el Patriarca Ortodoxo de Bulgaria, Maxim y los quince miembros del Santo Sínodo, Juan Pablo II recordó que el 24 de mayo -fiesta de los santos Cirilio y Metodio- era un día muy significativo para él porque desde el inicio de su pontificado las delegaciones búlgaras acudían en esa fecha al Vaticano y sus visitas eran un "apreciado motivo de encuentro no sólo con la nación búlgara sino también con la Iglesia ortodoxa de Bulgaria en la persona de los obispos que la representaba".
"Vengo entre ustedes -afirmó- con sentimientos de estima por la misión que la Iglesia ortodoxa está llevando a cabo en Bulgaria y quiero dar testimonio de respeto y aprecio por su compromiso en favor de este pueblo". Tras elogiar la perseverancia de la Iglesia ortodoxa búlgara en el anuncio del Evangelio durante siglos, a pesar de los avatares históricos, "complejos y a veces hostiles", Juan Pablo II subrayó que su visita, la primera de un obispo de Roma a ese país, era un motivo de alegría porque "es señal -dijo- de un crecimiento progresivo en la comunión eclesial. Sin embargo esto no debe distraernos de la constatación de que Cristo ha fundado la Iglesia una y única, pero hoy nos presentamos al mundo divididos como si Cristo mismo estuviera dividido". El Papa afirmó que esa división era un "escándalo" para el mundo y que perjudicaba la "predicación del Evangelio".
"Nos consuela, a pesar de todo, un dato -afirmó el Santo Padre-: el alejamiento de católicos y ortodoxos nunca ha adormecido en ellos el deseo de restablecer la plena comunión eclesial. Hoy podemos dar gracias a Dios porque los vínculos existentes entre nosotros se han reforzado". Y recordó que el Concilio Vaticano subrayaba que "las Iglesias Ortodoxas 'tienen verdaderos sacramentos, y sobre todo, en virtud de la sucesión apostólica, el sacerdocio y la Eucaristía'", reconociendo además "que 'una cierta diversidad de ritos y costumbres no se opone a la unidad de la Iglesia'".+
Estadísticas
Bulgaria, que cuenta con 8 millones de habitantes, tiene fronteras con Rumania, Turquía, Grecia, Macedonia y Serbia y 354 kilómetros de costa en el Mar Negro. Sofía, la capital, tiene 1.100.000 habitantes. Los principales idiomas son búlgaro, armenio, griego, macedonio, rumano y turco; sus tres grupos étnicos principales son: búlgaros (87 por ciento), turcos (9,4 por ciento) y gitanos (3,7 por ciento). El 86 por ciento de la población es ortodoxa, el 13 por ciento musulmana y los católicos, tanto de rito latino como bizantino son el 1 por ciento.
Los católicos búlgaros son 80.000 divididos en tres circunscripciones eclesiásticas y 54 parroquias, bajo la atención pastoral de 5 obispos, 51 sacerdotes y 88 religiosos. Hay 68 catequistas y 214 agentes pastorales. El nuncio apostólico en Bulgaria es el arzobispo Antonio Mennini. Hay dos diócesis de rito latino: Nicopoli y Sofía y Plovdiv. Nicopoli, cuyo obispo es Petko Jordanov Christov, O.F.M. Conv., tiene 30.000 católicos. Los seminaristas son 7 y en 2001 hubo 108 bautismos. El obispo de la diócesis de Sofia y Plovdiv, que cuenta con 35.000 católicos en 16 parroquias es Gheorghi Ivanov Jovcev. Los seminaristas son 4 y en 2001 hubo 276 bautismos.
Hay también 15.000 católicos en las 20 parroquias del exarcado apostólico para los búlgaros de rito bizantino-eslavo. El exarca apostólico es el obispo Christo Proykov. Los seminaristas son 3 y el año pasado hubo 60 bautismos.
Los ortodoxos en Bulgaria son 8 millones: hay 2.000 eclesiásticos y más de 120 monasterios. Su Santidad, el patriarca Maxim Marin Naidenov Minkov, fue elegido en 1971 y es el jefe de la Iglesia Ortodoxa en Bulgaria.+
7. EL PAPA ALOJADO EN UN HOTEL POR PRIMERA VEZ
VATICANO, 22 May. 02 (ACI).- Por primera vez en sus 96 viajes fuera de Italia en sus 23 años de pontificado, el Papa Juan Pablo II se ha alojado en un hotel.
Se trata del Hotel Irshad de tres estrellas, en Bakú, que goza de un estatuto diplomático durante su permanencia.
El Pontífice se aloja habitualmente en la residencia del obispo local, en la Nunciatura Apostólica o, en alguna ocasión, en un seminario o monasterio. Pero en Azerbaiyán no hay obispo.
Los católicos en este país de mayoría musulmana son solo 120, la cifra más reducida en un país visitado por el Romano Pontífice.
Azerbaiyán ocupa una superficie de 86.000 kilómetros cuadrados y cuenta con una población de 7.558.000 habitantes, de los cuales 1.700.000 viven en la capital, Bakú.
La lengua oficial es el azerí, aunque también se habla ruso. Los musulmanes chiítas constituyen el 62 por ciento de la población, los sunnitas el 26 por ciento y los ortodoxos el 12 por ciento restante.
Azerbaiyán es la octava ex-república soviética visitada por el Papa tras Lituania, Estonia, Letonia, Georgia, Ucrania, Kazakistán y Armenia; y es el vigesimocuarto país musulmán al que se desplaza el Pontífice; aunque el primero con mayoría chiíta.
IV.- DOCUMENTACIÓN
8. CARTA PASTORAL :"ESPERAR EN TIEMPOS DE DESESPERANZA"
Carta Pastoral de Pentecostés 2002 - 20/05/2002
Carta Pastoral de Pentecostés 2002:
“Esperar en tiempos de desesperanza”
"Aunque la fuerza de las tinieblas parezca prevalecer, el creyente sabe que el mal y la muerte no tienen la última palabra" (Juan Pablo II. 12/9/2001)
Queridos Amigos:
Como todos seguramente saben, a partir del mes de enero estoy trabajando en el así llamado “Diálogo Argentino”. En alguna oportunidad futura, les escribiré sobre esta experiencia apasionante, pero justamente mi presencia allí y el hecho de haberme sumergido tan de lleno en las dificultades de nuestra realidad, me ha llevado a escribirles una vez más sobre la virtud de la esperanza.
Gracias a Dios, cuanto más entro en los problemas humanos, más me convenzo que nada tiene solución real si prescindimos de Él. En estos días se me ha hecho más patente la necesidad que tenemos de ser salvados por Dios. Por supuesto que esto no significa menosprecio de las fuerzas humanas, muy por el contrario: nuestras inteligencias y voluntades son poderosas, pero para que ese poder sea bien usado, necesitamos ser iluminados y fortalecidos por la gracia.
La Palabra de Dios nos recuerda que la esperanza es como un ancla que ya tenemos en el cielo (Hebreos 6,19). Les dejo estos pensamientos con el vivo deseo que, buscando los bienes celestiales, podamos entender mejor lo que nos está pasando en esta (a pesar de todo, bendita) tierra argentina.
1. Nuestra esperanza en medio de las pruebas
¿Cómo se coloca un cristiano frente al dolor, frente a los problemas y dificultades, especialmente cuando estos son graves? Si de verdad apoyamos nuestra vida en Jesús, nuestra reacción de fe, tiene que ser una poderosa confianza en Él, en su poder y en su amor. En sus posibilidades, no en las nuestras.
Me explico: fíjense que hablo de "reacción de fe", porque nuestra primera reacción humana frente a un dolor o un problema grave, es normal que sea el abatimiento o la desesperación. Pongamos un ejemplo que están viviendo muchos jefes y jefas de familia por estos días: el desempleo. ¿Qué siente una persona que ha perdido el trabajo, especialmente cuando ese trabajo es la fuente de subsistencia de su familia? Lamentablemente, muchos de ustedes conocen esa sensación: sorpresa, dolor, angustia... y todos los estados por los que se va pasando a medida que transcurre el tiempo. Esto es lo normal y esperable, pero ¿qué es lo que cambia cuando esta situación o cualquier otro dolor es vivido por una persona de fe? Aquí viene lo que llamo "reaccionar desde la fe": frente a esta situación la fe no me niega lo que estoy viendo, pero me ayuda a ver más allá. Desde ese punto de vista más profundo que Dios me regala, comprendo el sentido y la fuerza de las palabras de Pablo: "¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? (...) Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrán separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Nuestro Señor" Rom 8,35. 38-39
Creo que este pasaje se lee muy distinto, cuando estamos pasando un momento de prueba, de dolor. Cuando la angustia oprime el corazón, es normal que los que tenemos fe nos preguntemos: ¿será verdad que NADA puede separarnos del amor de Cristo? ¿ni siquiera este momento tan duro que estoy viviendo?
La evidencia humana podría llevarnos a pensar que Dios está en cualquier lugar, menos aquí junto a mí o a nosotros, en el dolor que nos aqueja. Pero la fe me dice que Jesús está especialmente junto al que sufre, que está conmigo particularmente cuando estoy sufriendo. Él está conmigo en mi dolor y si quiero, está dispuesto a ayudarme a llevar mi cruz.
La fe se manifiesta entonces como confianza incondicional. Pablo una vez más nos asiste con su experiencia de fe en la prueba: "Por eso soporto esta prueba. Pero no me avergüenzo, porque sé en quien he puesto mi confianza, y estoy convencido que Él es capaz de conservar hasta aquel Día el bien que me ha encomendado" 2 Tim 1,12.
De la misma manera que cuando alguien nos cuestiona la confianza que hemos depositado en un amigo, así, las dificultades de la vida cuestionan nuestra entrega a Dios. La persona de fe reacciona como un buen amigo, y ante el cuestionamiento respondemos: "¡yo sé a quien le dí mi confianza, no me va a defraudar!".
Ilumina también nuestro tema la expresión de Pablo "estoy convencido que Él es capaz...". Esta no es una frase dicha desde la fuerza de voluntad, ni desde la ingenuidad. Es una certeza del corazón, una certeza honda, aunque el sentimiento de momento no acompañe esa certeza. En los momentos de dificultad nos parecemos a ese caminante que dice "ahora no veo el horizonte, pero lo he visto, se que está, y que avanzo hacia allí".
Como vemos, poner la esperanza en Dios es un gran desafío y una decisión interior. Para poder tomar con lucidez esta decisión, tal vez nos ayude profundizar en el sentido de la esperanza cristiana. Ya hemos hablado en otras oportunidades de este tema, pero necesitamos hacerlo una vez más para esclarecernos interiormente e iluminar nuestro camino desde las promesas de Dios.
2. ¿Qué es la esperanza cristiana?
El Catecismo de la Iglesia Católica se expresa con estas palabras al hablar de la esperanza:
"La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo." (n°1817)
Expliquemos un poco esto que puede resultarnos difícil: cuando hablamos de "virtudes teologales", nos referimos a la fe, la esperanza y el amor, que están en nuestro corazón como dones de Dios, desde nuestro bautismo. El Espíritu Santo las coloca en nosotros como "semillas", está en nuestra decisión el hacerlas crecer o no.
Fíjense que el texto dice que por la esperanza "aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra..." Aspirar quiere decir: desear y ponerse en camino. Para nosotros es muy importante pensar y meditar en este tema de las aspiraciones, porque este año en toda la diócesis hemos decidido meditar sobre nuestros deseos y aspiraciones a la luz de la Palabra de Dios.
Gracias a la esperanza, entonces, deseamos y nos ponemos en camino hacia el cielo. Toda esperanza tiene este horizonte último: la vida eterna, el cielo. Porque en todas nuestras esperas, grandes y chicas, en definitiva lo que buscamos es la felicidad, y el cielo es precisamente la felicidad sin fin junto a Dios.
La última parte de este texto del Catecismo nos dice cuál es el fundamento de nuestra esperanza, de nuestra aspiración a la felicidad: "poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo". Aquí está la clave: esperamos la felicidad no porque somos optimistas o ingenuos, no porque pensamos "que todo va a mejorar" , sino porque ponemos la confianza en lo que Jesús nos prometió y lo hacemos no por nuestra sola fuerza de voluntad, sino por la gracia de Dios. En otras palabras: confiamos en lo que Dios puede, no en lo que nosotros podemos. En sus posibilidades, no en las nuestras. Confiamos en Dios, no porque lo vemos claro, sino porque Dios es Dios y Él lo ha prometido.
Sigue diciendo el Catecismo : "La virtud de la esperanza responde al anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón de todo hombre; asume las esperanzas que inspiran las actividades de los hombres; las purifica para ordenarlas al Reino de los cielos; protege del desaliento; sostiene en todo desfallecimiento; dilata el corazón en la espera de la bienaventuranza eterna. El impulso de la esperanza preserva del egoísmo y conduce a la dicha de la caridad." ( n°1818)
Este texto nos asegura además que la esperanza, no sólo nos hace confiar en alcanzar algún día la vida eterna, sino que ilumina todas y cada una de nuestras esperas humanas, esas metas que acompañan nuestro peregrinar en este mundo. Dice también el texto que esta esperanza nos protege del desaliento, nos sostiene en las dificultades y ensancha nuestro corazón: es una verdadera guía, una luz interior en medio de la oscuridad de las dificultades.
Todavía el Catecismo da un paso más que es muy importante: la auténtica esperanza "purifica" nuestras esperas humanas. ¿Qué significa esto? Si para algo sirven las dificultades y los momentos difíciles, es para comprobar si realmente amamos a Dios y si Él es realmente el centro de nuestra vida. Así es: muchas veces cuando viene un tiempo de prueba, una crisis, o un dolor, en esas circunstancias descubrimos que nos desesperamos, o que nos aferramos a muchas cosas, o que no recurrimos a Dios en primer lugar.
Creo que hacer este descubrimiento, que en el primer momento es doloroso, constituye una gracia, porque sólo entonces conocemos nuestra verdad y tenemos la gran oportunidad de vivir una real conversión.
Queridos amigos, creo que esta es una de las gracias más importantes que trae consigo este tiempo de crisis en nuestro país: la oportunidad de volver a Dios "con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas", la oportunidad de hacer de Él y de verdad, el centro de nuestras vidas, de construir nuestra vida personal y social, sobre la roca de la fe en Jesús. Entonces nuestra esperanza surgirá de la verdad de nuestra conversión, del encuentro con Dios en lo profundo de nuestro corazón y de nuestras vidas. Esta gracia sólo puede darse con la intervención del Espíritu Santo, cuya venida esperamos una vez más en esta fiesta de Pentecostés. Pidamos mucho al Señor que envíe su Espíritu Santo, capaz de renovar la faz de nuestra tierra argentina, que ilumine a nuestros gobernantes, que inspire en todos nuestros dirigentes gestos de generosidad en orden al bien común, que aliente nuestra solidaridad y nuestro deseo de compartir con los que menos tienen.
Ojalá podamos ir a fondo en esta crisis y sacar de este tiempo tan difícil, frutos de conversión, viviendo una solidaria esperanza a favor de quienes hoy más nos necesitan. Que María la Virgen de la Esperanza alegre y solidaria, que esperó el Espíritu Santo junto a los discípulos en Pentecostés, nos acompañe en este tiempo, e interceda por nuestra Patria, es mi deseo para cada familia y comunidad.
+ Mons. Jorge Casaretto
Obispo de San Isidro
Carta Pastoral de Pentecostés 2002
GUIA DE TRABAJO:
Tal como hicimos en otras cartas pastorales, nos vamos a ayudar con una guía de trabajo en nuestra reflexión personal y comunitaria. ¿Qué es una Guía de Trabajo?
Es una serie de preguntas que nos ayudarán a interiorizar los contenidos de la CARTA PASTORAL. No se trata de encontrar la “respuesta correcta”, sino de preguntarnos acerca de lo que estamos reflexionando, para ver qué repercusión tienen estas realidades en la vida de cada uno de nosotros. Sería bueno que escribamos las respuestas, ya que el ejercicio de escribir nos ayuda a concentrarnos y a ponernos en contacto con nuestro interior. Si queremos, después podemos compartir lo que hemos reflexionado, con nuestra familia o comunidad.
Aquí van las preguntas:
1. ¿Cómo estoy viviendo la actual crisis argentina? ¿En qué aspectos de mi vida personal y familiar me afecta especialmente? ¿Pienso en los que tienen menos que yo, en los que están más afectados? ¿De qué manera los ayudo y les expreso mi solidaridad concreta?
2. La crisis, ¿puede ser la oportunidad de hacer cambios positivos en lo personal, en lo familiar y como argentinos? ¿Cuáles serían esos cambios?
3. Según lo que dice el n°1 de la carta, ¿Puedo “reaccionar desde la fe”? ¿Me ayuda la fe en estos momentos? ¿En qué cosas concretas de mi vida puedo darme cuenta?
4. ¿Qué significa para mí “tener esperanza” en este momento de mi vida? ¿Qué es lo que me hace perder la esperanza? ¿Qué es lo que me ayuda a recuperarla? ¿Qué es para mí creer en las posibilidades de Dios y no en las mías, como dice el n°2 de la carta?
5. Meditemos estas palabras de la Sagrada Escritura: "¿Quién podrá separarnos del amor de Cristo? ¿Las tribulaciones, las angustias, la persecución, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? (...) Porque tengo la certeza de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los principados, ni lo presente ni lo futuro, ni los poderes espirituales, ni lo alto ni lo profundo, ni ninguna otra criatura podrán separarnos jamás del amor de Dios, manifestado en Cristo Jesús, Nuestro Señor" Rom 8,35. 38-39
¿Cómo viví los momentos más difíciles de mi vida? ¿Pude confiar de verdad en Dios en esos momentos? ¿Creo que Dios es capaz de sostenerme en la prueba? ¿Siento que HOY hay algo que me separa del amor del Señor?
6. ¿Qué quisiera pedirle al Espíritu Santo en esta Fiesta de Pentecostés? Hago una oración por nuestro país, en la que le expreso a Dios los deseos más profundos de mi corazón.
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