PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
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Noticias desde la Parroquia Fátima
Lunes 14 de abril de 2003 - Año V - N° 188
INDICE
I.- NUESTRA PARROQUIA
II.- NUESTRA DIÓCESIS
2. HACIA LA ASAMBLEA DIOCESANA 2004
III.- ARGENTINA
3. "ELECCIONES: OCASIÓN PARA CRECER COMO CIUDADANO"
4. VI ENCUENTRO DE EMPRESARIOS CRISTIANOS
IV.- DOCUMENTACIÓN
5. JUAN PABLO II: HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS A DIOS POR SUS MARAVILLAS
6. CONCLUSIONES GENERALES DEL CONGRESO CONTINENTAL SOBRE IGLESIA E INFORMÁTICA
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ZENIT
I.- NUESTRA PARROQUIA
1. HORARIOS DE SEMANA SANTA
Consultá los horarios de Semana Santa en http://www.fatima.org.ar/cartelera.htm
II.- NUESTRA DIÓCESIS
2. HACIA LA ASAMBLEA DIOCESANA 2004
San Isidro, 4 de abril 2003 (EDICOM) El sábado 29 de marzo se realizó en el Colegio Segundo Fernández, una jornada de Encuentro Diocesano, en donde asistieron las comunidades parroquiales e instituciones y movimientos de toda la diócesis, acompañados por sus sacerdotes y con la presencia participativa del Obispo, Mons. Casaretto.
Este Encuentro tuvo como objetivo:
Hacer memoria del camino diocesano, para juntos tomar conciencia de la vida espiritual y pastoral de la diócesis
Escuchar las palabras del Obispo, a fin de animar a seguir con renovado espíritu, el camino diocesano.
Escuchar aportes y sugerencias de los agentes diocesanos de pastoral, para afianzar, corregir y mejorar el camino diocesano y la misma Asamblea Diocesana.
En un marco de comunión los grupos trabajaron para aportar opiniones y
sugerencias que luego serán tomadas en cuenta en función de futuras acciones pastorales y sobre todo como preparación para la Asamblea Diocesana que se llevará a cabo en el año 2004.
El Sr. Obispo inició el Encuentro con una charla y finalizó contestando preguntas surgidas en los grupos de trabajo.
El Encuentro tuvo como cierre el rezo de una oración por la paz.
III..- ARGENTINA
3. "ELECCIONES: OCASIÓN PARA CRECER COMO CIUDADANO"
Los Obispos en la 134º Reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina, el 13 de marzo del mes pasado, se referían de esta forma a la obligación que va a presentarse en este mes para los argentinos: las votaciones.
"Las elecciones: ocasión para crecer como ciudadano
Por débil que sea nuestra democracia, por inútiles que a algunos pudieran parecerles estas elecciones, conviene sin embargo que éstas se realicen de la mejor manera posible. Si bien no se puede depositar una confianza excesiva en ellas, pueden ser un instrumento para seguir cultivando la esperanza de que somos capaces de construir una Argentina más allá de la magia y del desánimo.
Los candidatos deben fundar sus aspiraciones en la probidad moral demostrada a lo largo de sus propias vidas, en el valor de sus proyectos, en el compromiso por el bien común, y no en suscitar emociones engañosas.
Quienes acudamos a las urnas del 27 de abril hemos de aspirar a ser ciudadanos responsables de cumplir los propios deberes antes de reclamar los propios derechos. Respetuosos del vecino, capaces de realizar bien el propio trabajo, contribuyentes honestos de tributos y servicios, exigentes de la buena administración de los mismos, incapaces de doblegarnos ante las dádivas partidarias, incrédulos ante las varias promesas de los políticos, críticos de nosotros mismos y de las autoridades que elijamos.
Debemos ser ciudadanos que nos rebelemos ante la mentalidad mágica que ha paralizado por decenios al pueblo argentino, y nos resistamos a caer bajo la tentación del desánimo".
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA
4. VI ENCUENTRO DE EMPRESARIOS CRISTIANOS
BUENOS AIRES, 14 abril 2003 (ZENIT.org-AICA).- La Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), anunció la realización del VI Encuentro de Empresarios Cristianos, los días 8 y 9 de mayo, en el auditorio San Agustín, de la Universidad Católica Argentina.
El lema será «Hacia una verdadera Nación», y estará dedicado a reflexionar sobre la necesidad de reconstruir las instituciones. Entre los oradores que participarán del encuentro estarán Rosendo Fraga, Ana María Mustapic, María Angélica Gelli, Carlos Floria, Natalio Botana, Roberto Cortés Conde, Carlos Tramutola, Manuel Mora y Araujo, Guillermo Jaim Etcheverry y el presbítero Rafael Braun.
Los organizadores destacaron también la participación especial de Alfonso Osorio y García, vicepresidente del gobierno de Adolfo Suárez en España y Medalla de Oro al Mérito Europeo por su contribución a la transición política española. De él subrayan «su capacidad para analizar y comparar, desde una visión internacional, dos situaciones de compleja transición política e institucional, como lo fue la española en su momento y la Argentina en la actualidad»:
El análisis propuesto por ACDE se orientará sobre tres grandes ejes. El primero es el estructural o institucional, que apuntará a reflexionar sobre las bases de gobernabilidad actual y la participación genuina de la sociedad a través de sus representantes y el sistema político que hoy lo explicita.
El segundo es el económico y social, dado que es la base necesaria de reconstrucción de las posibilidades de desarrollo y del tejido social deteriorado, y el tercero, el de la participación personal, desde la perspectiva de los deberes del ciudadano y de la reflexión individual del sentido de pertenencia a un proyecto de comunidad y Nación orientado al bien común.
Para ACDE, Argentina está transitando «un camino de riesgosa fragilidad institucional y social; día a día aparecen nuevas situaciones y hechos que aumentan la falta de credibilidad en las instituciones de la República y en sus representantes».
Frente a ello, la entidad planteó como objetivo general del VI Encuentro “aportar reflexiones que ayuden a reconstruir la Nación sobre bases sólidas, procurando alejarse de las cuestiones meramente coyunturales”.
Más información en el teléfono (011) 4331-0251, o por correo electrónico: alejandra@... (Alejandra Provitina).
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IV.- DOCUMENTACIÓN
5. JUAN PABLO II: HIMNO DE ACCIÓN DE GRACIAS A DIOS POR SUS MARAVILLAS
Comenta el Salmo 134 en la audiencia general del miércoles
CIUDAD DEL VATICANO, 9 abril 2003 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención que Juan Pablo II pronunció durante la audiencia general de este miércoles dedicada a comentar el Salmo 134 (1-12), himno a Dios que hace maravillas.
Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.
Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.
Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.
Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta los vientos de sus silos.
El hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
--en medio de ti, Egipto--
contra el Faraón y sus ministros.
Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos,
a Hog, rey de Basán,
a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.
1. La Liturgia de los Laudes, que estamos siguiendo en su desarrollo a través de nuestras catequesis, nos propone la primera parte del Salmo 134, que acaba de resonar en el canto del coro. El texto presenta una serie de alusiones a otros pasajes bíblicos y la atmósfera que lo envuelve parece ser la de Pascua. De hecho, la tradición judía ha unido nuestro Salmo al sucesivo, el 135, considerando el conjunto como «el gran Hallel», es decir, la alabanza solemne y festiva que se eleva al Señor con motivo de la Pascua.
El Salmo destaca con fuerza el Éxodo, con la mención de las «plagas» de Egipto y con la evocación de la entrada en la tierra prometida. Pero sigamos ahora las etapas sucesivas que el Salmo 134 muestra en el desarrollo de los primeros 12 versículos: es una reflexión que queremos transformar en oración.
2. En la apertura nos encontramos con la característica invitación a la alabanza, elemento típico de los himnos dirigidos al Señor en el Salterio. El llamamiento a cantar el «aleluya» está dirigido a los «siervos del Señor» (Cf. v. 1), que en el original hebreo son presentados como los «erguidos» en el espacio sagrado del templo (Cf. v. 2), es decir, en la actitud ritual de la oración (Cf. Salmo 133, 1-2).
Quedan involucrados en la alabanza ante todo los ministros de culto, sacerdotes y levitas, que viven y trabajan «en los atrios de la casa de nuestro Dios» (Cf. Salmo 134, 2). Sin embargo, a estos «siervos del Señor» se les asocian idealmente todos los fieles. De hecho, inmediatamente después se menciona la elección de todo Israel para ser aliado y testigo del amor del Señor: «Porque él se escogió a Jacob, a Israel en posesión suya» (versículo 4). En esta perspectiva, se celebran dos cualidades fundamentales de Dios: es «bueno» y es «amable» (versículo 3). El lazo que existe entre nosotros y el Señor está marcado por el amor, la intimidad, la adhesión gozosa.
3. Tras la invitación a la alabanza, el Salmista continúa con una solemne profesión de fe, comenzada por la típica expresión: «Yo sé», es decir, yo reconozco, yo creo (Cf. versículo 5). Un solista, en nombre de todo el pueblo reunido en asamblea litúrgica, proclama dos artículos de fe. Ante todo, se exalta la acción de Dios en todo el universo: Él es por excelencia el Señor del cosmos: «El Señor todo lo que quiere lo hace: en el cielo y en la tierra» (versículo 6). Domina incluso a los mares y océanos que son el emblema del caos, de las energías negativas, del límite y de la nada.
El Señor forma las nubes, los relámpagos, la lluvia, los vientos recurriendo a sus «silos» (Cf. versículo 7). El antiguo hombre de Oriente Próximo imaginaba, de hecho, que los agentes climáticos estaban custodiados en unas reservas, como cofres celestes de los que Dios se servía para diseminarlos por la tierra.
4. La otra parte de la profesión de fe afecta a la historia de la salvación. El Dios creador es reconocido ahora como el Señor redentor, evocando los acontecimientos fundamentales de la liberación de Israel de la esclavitud egipcia. El Salmista cita, ante todo, la «plaga» de los primogénitos (Cf. Éxodo12, 29-30), que resume todos los «signos y prodigios» realizados por el Dios liberador durante la epopeya del Éxodo (Cf. Salmo 134, 8-9). Inmediatamente después se recuerdan las clamorosas victorias que permitieron a Israel superar las dificultades y los obstáculos que encontró en su camino (Cf. versículos 10-11). Por último, se perfila en el horizonte la tierra prometida, que Israel recibe «en herencia» del Señor (Cf. versículo 12).
Pues bien, todos estos signos de alianza que serán más ampliamente profesados en el Salmo sucesivo, el 135, atestiguan la verdad fundamental, proclamada en el primer mandamiento del Decálogo. Dios es único y es una persona que actúa y habla, ama y salva: «Grande es el Señor, nuestro Dios más que todos los dioses» (versículo 5; Cf. Éxodo 20, 2-3; Salmo 94, 3).
5. En la estela de esta profesión de fe, también nosotros elevamos nuestra alabanza a Dios. El Papa san Clemente I, en su «Carta a los Corintios» nos dirige esta invitación: «Dirijamos la mirada hacia el Padre y Creador de todo el universo. Aferrémonos a los dones y beneficios de la paz, magníficos y sublimes. ¡Comtemplémoslo con el pensamiento y miremos con los ojos del alma su gran voluntad! Consideremos cómo es ecuánime con toda criatura. Los cielos que se mueven según el orden que les ha dado le obedecen en la armonía. El día y la noche cumplen el curso que les ha establecido y no se entorpecen mutuamente. El sol y la luna y los coros de las estrellas, según su dirección, giran en armonía, sin desviación para las órbitas que se les han asignado. La tierra, fecunda por su voluntad, produce alimentación abundante para los hombres, para las fieras y para todos los animales que viven de ella, sin ofrecer resistencia, y sin cambiar su propio ordenamiento» (19, 2-20,4: «Los Padres Apostólicos» --«I Padri Apostolici»--, Roma 1984, pp. 62-63).
Clemente I concluye observando: «El Creador y Señor del universo dispuso que todas estas cosas fueran benéficas en la paz y en la concordia para todo y particularmente para nosotros que recurrimos a su piedad por medio de nuestro Señor Jesucristo. A Él la gloria y majestad por los siglos de los siglos. Amén» (20,11-12: ibídem, p. 63).
[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos con estas palabras en castellano]
Queridos hermanos y hermanas:
El Salmo 134, al mismo tiempo que pone de relieve la epopeya del Éxodo del pueblo de Israel, las plagas, las clamorosas victorias que le han permitido superar las dificultades del camino y los acontecimientos fundamentales de la liberación de la esclavitud de Egipto, evoca también su entrada en la tierra prometida. Tanto los sacerdotes como todos los fieles, llamados a ser testigos del amor del Señor, están invitados a cantar a Dios que es «bueno» y «amable». Su alianza con nosotros está marcada por el amor, la intimidad y la adhesión gozosa. Esta invitación a la alabanza prosigue con una solemne profesión de fe: Dios, el Señor del cosmos, es reconocido como redentor.
Doy mi cordial bienvenida a todos los peregrinos de España y de América Latina, particularmente a los grupos parroquiales venidos de Zaragoza. ¡Elevemos nuestra alabanza a Dios siguiendo las pautas de la profesión de fe que proclama el Salmo que hoy hemos cantado!
6. CONCLUSIONES GENERALES DEL CONGRESO CONTINENTAL SOBRE IGLESIA E INFORMÁTICA
MONTERREY, 6 abril 2003 (ZENIT.org).- Publicamos las «Conclusiones» que fueron expuestas ante la asamblea plenaria del Congreso Continental sobre Iglesia e Informática que se celebró del 2 al 5 de abril en la ciudad mexicana de Monterrey con el lema «Hacia una red humana de respuestas y ayudas» con la participación de representantes de unos 30 países.
El acto de clausura había sido precedido por la misa presidida por el presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, el arzobispo John Patrick Foley.
CONCLUSIONES
Las conclusiones de este primer Congreso Continental Iglesia e informática se estructurarán en dos momentos. Un primer apartado en el que les presentaré, a modo de introducción, algunas conclusiones en el orden de los principios del, pudiéramos denominar, «contexto» del Congreso que se ha desarrollado en las conferencias plenarias, en la propuesta de experiencias y en la recepción que las ideas que han marcado y focalizado los temarios presentes durante estos días de comunicación y de comunión. En un segundo momento ofreceré, de forma sistemática, las conclusiones de los grupos, como «texto» del Congreso.
Hay dos apuntes previos que quisiera compartir con todos ustedes. El primero está tomado del filósofo Michael Polanyi cuando afirma que «el conocimiento tácito es más fundamental que el conocimiento explícito: podemos conocer más de lo que podemos decir, y nada podemos decir sin apoyarnos en nuestra consciencia de las cosas que, posiblemente, no seamos capaces de decir».
Y la segunda idea, en esta labor de coordinar las conclusiones, está tomada de la literatura, en este caso de la obra «El hablador» de Mario Vargas Llosa (ésta ha sido nuestra tarea, con la inestimable colaboración de monseñor Juan Luis Ysern, el P. Roberto Viola, S. J., y el profesor Gerardo Pastor Ramos). Un extranjero visita a los machigüengas dispersos, un hombre que está tan enamorado de la gente «que anda» y de sus historias, y de su vida, que se convierte en el hablador. Pasa mucho tiempo en la carretera, ahora la carretera de las ideas y de las experiencias del Congreso, llevando noticias de un lugar a otro, «recordando a cada miembro de la tribu que están vivos, que a pesar de las grandes distancias que los separan, aún forman una comunidad, comparten una tradición y unas creencias: antepasados, alegrías, desgracias».
CONCLUSIONES DE CONTEXTO
Este primer Congreso Continental Iglesia e Informática, bajo el subtítulo, «Hacia una red humana de respuestas y ayudas», celebrado en la ciudad mexicana de Monterrey, durante los días 2 al 5 de abril de 2003, organizado por el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales y el CELAM, con la colaboración de la Conferencia Episcopal de México y del arzobispado de Monterrey, ha evolucionado desde el sentido de la pregunta, desde el sentido de la cuestión hacia la cuestión del sentido. Ésta ha sido nuestra primera respuesta al mensaje pontificio que nos envió el cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado de Su Santidad Juan Pablo II, invitándonos a la búsqueda de «respuestas válidas que se han de integrar en las de la Iglesia, en su papel indeclinable de dar sentido al acontecer cotidiano y a la marcha de la humanidad y de la historia», y que nos acerca los ecos de lo que nos pide Juan Pablo II en la Tertio Millennio Ineunte: «Hacer de la Iglesia la casa y la escuela de comunión: éste es el gran desafío que tenemos ante nosotros en el milenio que comienza, si queremos ser fieles al designio de Dios y responder también a las profundas esperanzas del mundo» (TMI, 43).
Vivimos en la revolución de la información, también no muy certeramente denominada del saber, que es de forma principal la revolución en la gestión y en los efectos de la información. Los cambios comunicacionales contemporáneos se han impuesto como ejes principales en la estructura mundial, desplazando a otros factores clásicos en la configuración de la sociedad. La revolución del conocimiento nos plantea la pregunta por el valor de la información al servicio de la humanidad. (El Concilio Vaticano II nos recuerda que debemos «escuchar atentamente, comprender e interpretar con ayuda del Espíritu Santo los diversos lenguajes de nuestro tiempo y saber juzgarlos a la luz de la Palabra de Dios, para que la verdad revelada pueda ser entendida cada vez con mayor profundidad, mejor comprendida y presentada de forma más adecuada» (G.S. 44).
La investigación sobre la comunicación y sus medios siempre se ha definido en estrecha vinculación con el contexto de la historia y con el grado de desarrollo del propio sistema comunicativo. La epistemología que conviene al campo de la comunicación es la epistemología de la complejidad. La respuesta a este fenómeno cultural y social es la interciencia, como ha quedado reflejado en la interdisciplinariedad de los enfoques de las propuestas que se han oído en este Congreso. Y, sobre todo, la gestión de la complejidad deviene, en nuestro caso y para nosotros, como propuesta del sentido.
Vivimos un proceso acelerado de cambio cultural: una rápida evolución de las tecnologías digitales de la información y de la comunicación y el incremento de la presencia social y política de estas tecnologías, y de sus contenidos simbólicos, ante el debilitamiento de las instituciones clásicas que regían los procesos de socialización. Están naciendo las nuevas formas de relacionarse con los demás y con uno mismo, y se transforma la organización espacial y temporal de la vida social, creando nuevos modos de acción y de interacción, de ejercer el poder, disociados al hecho de compartir, y de responsabilidad en pos del bien común. Nuestro tiempo es de la razón cambiante y de la velocidad vital. Los cambios antropológicos a los que estamos asistiendo se manifiestan como cambios culturales. No hablamos de una persona nueva en su esencia y en su naturaleza, sino nueva en su manera de vivir, de mirar, de pensar, de relacionarse con Dios y con los demás, de trabajar, de producir, de consumir su tiempo de ocio.
El surgimiento de esta nueva cultura, que algunos autores han denominado cultura digital o cultura Internet, puede identificarse por el concurso de cuatro procesos simultáneos: integración-digital o combinación de formas artísticas y tecnología; interactividad, o capacidad del usuario para crear nuevas redes de asociación y de relación; inmersión o capacidad para entrar en la simulación de un nuevo entorno; y narratividad, o estrategias estéticas que derivan de los conceptos anteriores y que dan como resultado nuevas formas expresivas y nuevas presentaciones.
Nuestra respuesta es una propuesta holística destinada a salvar la integridad del hombre y su capacidad simbólica. Nuestra vocación y misión es la de integrar, en el panorama descrito anteriormente, al hombre, a todo el hombre y a todos los hombres, en la ya definida cultura digital. Una integración en el ámbito del sentido que nace de aceptar agradecidamente como dones de Dios los medios de comunicación, clásicos y modernos.
Nuestra preocupación primera es la dignidad de la persona humana en una cultura digital que para ser auténticamente cultura debe estar al servicio del ser humano, y de lo que representan sus proyectos, la conciencia sobre sí mismo y sobre sus relaciones con los demás, y con la transformación de la naturaleza. Nuestra preocupación por la sociedad del conocimiento es nuestra preocupación por la verdad del hombre.
El análisis de esta nueva cultura se hace desde dos vertientes: la privada, que profundiza en el ámbito psíquico individual, es decir, en la mentalidad, conciencia, sentimientos y deseos de las personas; y colectiva, que escruta los parámetros sociales de la hipermodernidad pública. En el plano psíquico nos encontramos con el sujeto/individuo desconectado simbólica y cognitivamente de los compromisos sociales, de las responsabilidades colectivas. En el plano colectivo, el individuo está urgido por la satisfacción inmediata de sus deseos consumistas, por la necesidad continua de experimentar todo lo estimulante y transitorio. Ni busca, ni quiere dar sentido a su vida, sólo compartir con los demás el riesgo de existir, la ineludible circunstancia de tener que transitar por la vida social sin destino. Es un hombre del proceso en permanente proceso. A este hombre, y a esta cultura que marca una gradación axiológica del ser humano, presentamos una ética integral de la responsabilidad y de la participación, personalista y comunitaria, que nos ayude a superar las falsas dicotomías entre la dimensión privada y pública de las personas, en orden a la construcción de un genuino espacio público, de una opinión pública. Una ética acompañada por una propuesta estética que se traduce en una particular preocupación por la belleza en los nuevos lenguajes y en las nuevas formas de narración y discurso. La estética será nuestra principal aliada en la propuesta ética de la comunicación y de la información. La estética es hoy, ante un mundo amenazado, una nueva forma de esperanza.
La recuperación del sentido, por tanto, es la recuperación de la totalidad del hombre, de todo el hombre y de todos los hombres, en la universalidad de la propuesta, que lo es de una inteligencia en conexión; la aquí denominada conectividad. Es la propuesta de la construcción del sujeto como una red de significaciones generadoras de un nuevo modelo cultural. («La Iglesia que no cesa de contemplar el conjunto del misterio de Cristo, sabe con toda la certeza de la fe que la Redención llevada a cabo por medio de la Cruz, ha vuelto a dar definitivamente al hombre la dignidad y el sentido de su existencia en el mundo, sentido que había perdido en gran medida a causa del pecado. Por esta razón la Redención se ha cumplido en el misterio pascual que a través de la cruz y la muerte conduce a la resurrección» R.H. 10). (La informática es una nueva ocasión, un tiempo de gracia, para profundizar y desarrollar la comunión en la vida de la Iglesia y en su diálogo con el hombre de hoy).
Nuestra vocación y nuestra misión son constructoras creativas de una siempre nueva red de sentido. El cristiano como «agente de sentido» y nuestras iniciativas como «agencias de sentido» son parte ineludible de nuestra respuesta a la «brecha antropológica» que subyace en las manifestaciones reduccionistas del hombre, de su naturaleza política, social, económica y cultural, presentes en la nueva cultura que se está generando y que está sosteniendo la «brecha digital». Podemos, por tanto, referirnos a una «brecha antropológica» ineludiblemente ligada a la «brecha digital». Un problema que siempre ha existido desde la creación de la tecnología como escritura. Hoy hablamos de analfabetismo tecnológico. No es nuevo este hecho, así nos lo han recordado. Pero lo que sí es nueva es la información que de él tenemos, de sus cambios y mutaciones y de sus implicaciones en la vida cotidiana de las personas. Nuestra respuesta a la «brecha digital» pasa por la solidaria educación en el uso y consumo de las nuevas tecnologías, con la oportuna creación de centros de formación y capacitación. En este sentido se ha dicho en el Congreso por parte de un acreditado representante de la UNESCO que la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL) es «un ejemplo de primer orden; un modelo absoluto que está en la vanguardia de la aplicación de las nuevas tecnologías para el desarrollo y constituye un modelo único de ayuda al crecimiento, tanto material como espiritual, de aquellas comunidades que están interconectadas en dicha red». La RIIAL sigue siendo uno de las más válidas respuestas a las brechas antropológica y digital en nuestro continente.
Proponemos, también, el cambio del lenguaje tecnológico de las convenciones al lenguaje tecnológico de las convicciones articuladas sobre la «esencia de lo humano». Teniendo muy presente que «el fundamento último y el primer modelo de la comunicación entre los hombres lo encontramos en Dios que se ha hecho Hombre y Hermano» (Cfr. CP 10.)
Evangelizar al hombre significa evangelizar la cultura, proponer modelos de sociedad inspirados en la Revelación, criterios y juicios de valor acordes con la dignidad humana. Internet se ha convertido en un escaparate cultural, o en una especie de metacultura universal en la que todas las culturas pueden expresarse. El Evangelio está y debe seguir estando en el corazón de la comunicación y de sus medios. La Iglesia tiene el deber de presentarse ante la nueva cultura digital como la gran alternativa para el futuro del hombre y el punto de referencia de una renovación de la sociedad, desde la fidelidad al Evangelio y a la fe transmitida y custodiada por la Iglesia. El encuentro personal con Cristo, «perfecto comunicador», será el criterio constituyente para una programación pastoral que conducirá a las personas del ciberespacio hacia una auténtica comunidad. La comunicación no es sólo un apéndice o apartado en nuestras programaciones pastorales; es el principal elemento configurador de la cultura con la que ineludiblemente tiene que dialogar la fe. Porque una fe que «no se traduce en una cultura es una fe que no ha sido plenamente acogida, totalmente pensada y fielmente vivida».
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AICA
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CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano)
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Un abrazo, y nuestras oraciones.
Selección y compaginación de noticias: Ricardo Pereira ( pqfatima@... )
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