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Noticias Parroquia Fátima 26-05-03   Lista de mensajes  
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PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Av. Libertador 13.900 - 1640 Martínez

Tel. y Fax 4508-8501 // 8502

E-mail: pqfatima@...

Página Web: www.fatima.org.ar

Noticias desde la Parroquia Fátima

Lunes 26 de mayo de 2003 - Año V - N° 194

 

INDICE

 

I.- NUESTRA PARROQUIA

1. 18º AMANECER

 

II.- NUESTRA DIOCESIS

2. "DIALOGANDO CON EL OBISPO"

III..- ARGENTINA

3. HOMILÍA DEL CARDENAL JORGE MARIO BERGOGLIO SJ
4. ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA

IV.- MUNDO

5. GLOSARIO ON-LINE DE TÉRMINOS RELIGIOSOS PARA PERIODISTAS

V.- DOCUMENTACIÓN

6. JUAN PABLO II: CANTO DE ORACIÓN POR LA PAZ DEFINITIVA

 

Servicios de Noticias

ZENIT

AICA

CELAM

I.- NUESTRA PARROQUIA

1. 18º AMANECER

Invitamos a todos a participar del próximo Encuentro de Amanecer a realizarse los días viernes 6 al domingo 8 de junio próximo en la Casa de Ejercicios Espirituales, Monseñor Aguirre, en Victoria.

Pueden participar todas las personas mayores de 16 años que deseen crecer en su vida espiritual, ver más claro el camino a seguir y encontrarse con Dios, con uno mismo y con el prójimo.

Los esperamos.

Para mayor información o para inscribirse llamar a: Carlos y Patricia Caviglia:  4792-3954/15-5015-9337 o por este mismo medio a: talentos@... o Fernando Figini: 4733-3772 o  fernandofigini@...

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II.- NUESTRA DIÓCESIS

2. "DIALOGANDO CON EL OBISPO"

AGASAJO EN EL DÍA DEL PERIODISTA

VIERNES 6 DE JUNIO, 19 HS. - COLEGIO MARIN –

PANEL : "EL PERIODISTA, CONTRUCTOR DE LO PÚBLICO Y LO SOCIAL"

Washington Uranga – Luisa Valmaggia – Luis Garibotti – Mons. Jorge Casaretto

Moderador: Jerónimo Biderman

El Equipo Diocesano de Comunicación (EDICOM), en el marco del día del periodista, vuelve a ofrecer, especialmente para el periodismo local, lo que se ha dado en llamar "Dialogando con el Obispo".

En esta oportunidad ha organizado un panel cuyo tema a abordar se titula:

"El periodista, constructor de lo público y lo social".

Acompañarán este panel conocidos y prestigiosos periodistas del ámbito nacional e internacional.

Contará con la participación del Obispo de San Isidro, Mons. Jorge Casaretto.

Esta invitación queda abierta a todos aquellos que puedan interesarse en el tema.

DIA: VIERNES 6 DE JUNIO DE 2003
HORARIO: 19 HS.
LUGAR: COLEGIO MARIN – SALON ESPAÑA
DIRECCIÓN: AV. DEL LIBERTADOR 17.115 SAN ISIDRO
Para más información, comunicarse con:
EDICOM- Equipo Diocesano de comunicación –
Ituzaingo 90 San Isidro – Telefax 4512-3851
E-mail comunicacion@...
Lunes y miércoles de 8,30 a 17 hs. y viernes de 8,30 a 12 hs.

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III..- ARGENTINA

3. HOMILÍA DEL CARDENAL JORGE MARIO BERGOGLIO SJ
Arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina, en el solemne Tedéum celebrado en la catedral metropolitana el 25 de mayo de 2003

"Y entonces, un doctor de la ley se levantó y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida Eterna?" Jesús le preguntó a su vez: "¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?" Él le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo".

"Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida". Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: "¿Y quién es mi prójimo?". Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: "Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: "Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver" ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?" "El que tuvo compasión de él", le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: "Ve, y procede tú de la misma manera". (Lc. 10, 25-37)

El tiempo pascual es un llamado a renacer de lo alto. Al mismo tiempo es un desafío a hacer un profundo replanteo, a resignificar toda nuestra vida –como personas y como Nación– desde el gozo de Cristo resucitado para permitir que brote, en la fragilidad misma de nuestra carne, la esperanza de vivir como una verdadera comunidad. Desde este misterio de alegría íntima y compartida, sentimos resurgir un sol de Mayo al que los argentinos, como siempre, deseamos ver como un recuerdo que es destello de resurrección. Es el esperanzado llamado de Jesucristo a que resurja nuestra vocación de ciudadanos constructores de un nuevo vínculo social. Llamado nuevo, que está escrito, sin embargo, desde siempre como ley fundamental de nuestro ser: que la sociedad se encamine a la prosecución del Bien Común y, a partir de esta finalidad, reconstruya una y otra vez su orden político y social.

La parábola del Buen Samaritano es un icono iluminador, capaz de poner de manifiesto la opción de fondo que debemos tomar para reconstruir esta Patria que nos duele. Ante tanto dolor, ante tanta herida, la única salida es ser como el Buen Samaritano. Toda otra opción termina o bien del lado de los salteadores o bien del lado de los que pasan de largo, sin compadecerse del dolor del herido del camino. Y "la patria no ha de ser para nosotros –como decía un poeta nuestro– sino un dolor que se lleva en el costado". La parábola del Buen Samaritano nos muestra con qué iniciativas se puede rehacer una comunidad a partir de hombres y mujeres que sienten y obran como verdaderos socios (en el sentido antiguo de conciudadanos). Hombres y mujeres que hacen propia y acompañan la fragilidad de los demás, que no dejan que se erija una sociedad de exclusión, sino que se aproximan –se hacen prójimos– y levantan y rehabilitan al caído, para que el Bien sea Común. Al mismo tiempo la Parábola nos advierte sobre ciertas actitudes que sólo se miran a sí mismas y no se hacen cargo de las exigencias ineludibles de la realidad humana.

Desde el comienzo de la vida de la Iglesia, y especialmente por los Padres capadocios, el buen samaritano fue identificado con el mismo Cristo. Él es el que se hace nuestro prójimo, el que levanta de los márgenes de la vida al ser humano, el que lo pone sobre sus hombros, se hace cargo de su dolor y abandono y lo rehabilita. El relato del buen Samaritano, digámoslo claramente, no desliza una enseñanza de ideales abstractos, ni se circunscribe a la funcionalidad de una moraleja ético-social. Sino que es la Palabra viva del Dios que se abaja y se aproxima hasta tocar nuestra fragilidad más cotidiana. Esa Palabra nos revela una característica esencial del hombre, tantas veces olvidada: que hemos sido hechos para la plenitud de ser; por tanto no podemos vivir indiferentes ante el dolor, no podemos dejar que nadie quede "a un costado de la vida", marginado de su dignidad. Esto nos debe indignar. Esto debe hacernos bajar de nuestra serenidad para "alterarnos" por el dolor humano, el de nuestro prójimo, el de nuestro vecino, el de nuestro socio en esta comunidad de argentinos. En esa entrega encontraremos nuestra vocación existencial, nos haremos dignos de este suelo, que nunca tuvo vocación de marginar a nadie.

El relato se nos presenta con la linealidad de una narración sencilla, pero tiene toda la dinámica de esa lucha interna que se da en la elaboración de nuestra identidad, en toda existencia "lanzada al camino" de hacer patria. Me explico: puestos en camino nos chocamos, indefectiblemente, con el hombre herido. Hoy y cada vez más ese herido es mayoría. En la humanidad y en nuestra patria. La inclusión o la exclusión del herido al costado del camino define todos los proyectos económicos, políticos, sociales y religiosos. Todos enfrentamos cada día la opción de ser buenos samaritanos o indiferentes viajantes que pasan de largo. Y si extendemos la mirada a la totalidad de nuestra historia y a lo ancho y largo de la Patria, todos somos o hemos sido como estos personajes: todos tenemos algo de herido, algo de salteador, algo de los que pasan de largo y algo del Buen Samaritano. Es notable cómo las diferencias de los personajes del relato quedan totalmente transformadas al confrontarse con la dolorosa manifestación del caído, del humillado. Ya no hay distinción entre habitante de Judea y habitante de Samaria, no hay sacerdote ni comerciante; simplemente están dos tipos de hombre: los que se hacen cargo del dolor y los que pasan de largo, los que se inclinan reconociéndose en el caído, y los que distraen su mirada y aceleran el paso. En efecto, nuestras múltiples máscaras, nuestras etiquetas y disfraces se caen: es la hora de la verdad, ¿nos inclinaremos para tocar nuestras heridas? ¿Nos inclinaremos a cargarnos al hombro unos a otros? Este es el desafío de la hora presente, al que no hemos de tenerle miedo. En los momentos de crisis la opción se vuelve acuciante: podríamos decir que en este momento, todo el que no es salteador o todo el que no pasa de largo, o bien está herido o está poniendo sobre sus hombros a algún herido.

La historia del buen Samaritano se repite: se torna cada vez más visible que nuestra desidia social y política está logrando hacer de esta tierra un camino desolado, en el que las disputas internas y los saqueos de oportunidades nos van dejando a todos marginados, tirados a un costado del camino. En su parábola, el Señor no plantea vías alternativas, ¿qué hubiera sido de aquel malherido o del que lo ayudó, si la ira o la sed de venganza hubieran ganado espacio en sus corazones? Jesucristo confía en lo mejor del espíritu humano y con la Parábola lo alienta a que se adhiera al amor de Dios, reintegre al dolido y construya una sociedad digna de tal nombre.

La Parábola comienza con los salteadores. El punto de partida que elige el Señor es un asalto ya consumado. Pero no hace que nos detengamos a lamentar el hecho, no dirige nuestra mirada hacia los salteadores. Los conocemos. Hemos visto avanzar en nuestra Patria las densas sombras del abandono, de la violencia utilizada para mezquinos intereses de poder y división, también existe la ambición de la función pública buscada como botín. La pregunta ante los salteadores podría ser: ¿Haremos nosotros de nuestra vida nacional un relato que se queda en esta parte de la parábola? ¿Dejaremos tirado al herido para correr cada uno a guarecerse de la violencia o a perseguir a los ladrones? ¿Será siempre el herido la justificación de nuestras divisiones irreconciliables, de nuestras indiferencias crueles, de nuestros enfrentamientos internos? La poética profecía del Martin Fierro debe prevenirnos: nuestros eternos y estériles odios e individualismos abren las puertas a los que nos devoran de afuera. El pueblo de nuestra Nación demuestra, una y otra vez, la clara voluntad de responder a su vocación de ser buenos samaritanos unos con otros: ha confiado nuevamente en nuestro sistema democrático a pesar de sus debilidades y carencias, y vemos cómo se redoblan los esfuerzos solidarios para volver a tejer una sociedad que se fractura. Nuestro pueblo responde con silencio de Cruz a las propuestas disolutorias y soporta hasta el límite la violencia descontrolada de quienes están presos del caos delincuencial.

La Parábola nos hace poner la mirada, redobladamente, en los que pasan de largo. Esta peligrosa indiferencia de pasar de largo, inocente o no, producto del desprecio o de una triste distracción, hace de los personajes del sacerdote y del levita un no menos triste reflejo de esa distancia cercenadora, que muchos se ven tentados a poner frente a la realidad y a la voluntad de ser Nación. Hay muchas maneras de pasar de largo que se complementan: una ensimismarse, desentenderse de los demás, ser indiferente, otra: un solo mirar hacia afuera. Respecto a esta última manera de pasar de largo, en algunos es acendrado el vivir con la mirada puesta hacia fuera de nuestra realidad, anhelando siempre las características de otras sociedades, no para integrarlas a nuestros elementos culturales, sino para reemplazarlos. Como si un proyecto de país impostado intentara forzar su lugar empujando al otro; en ese sentido podemos leer hoy experiencias históricas de rechazo al esfuerzo de ganar espacios y recursos, de crecer con identidad, prefiriendo el ventajismo del contrabando, la especulación meramente financiera y la expoliación de nuestra naturaleza y –peor aún– de nuestro pueblo. Aún intelectualmente, persiste la incapacidad de aceptar características y procesos propios, como lo han hecho tantos pueblos, insistiendo en un menosprecio de la propia identidad. Sería ingenuo no ver algo más que ideologías o refinamientos cosmopolitas detrás de estas tendencias; más bien afloran intereses de poder que se benefician de la permanente conflictividad en el seno de nuestro pueblo.

Inclinación similar se ve en quienes, aparentemente por ideas contrarias, se entregan al juego mezquino de las descalificaciones, los enfrentamientos hasta lo violento, o a la ya conocida esterilidad de muchas intelectualidades para las que "nada es salvable si no es como lo pienso yo". Lo que debe ser un normal ejercicio de debate o autocrítica, que sabe dejar a buen recaudo el ideario y las metas comunes, aquí parece ser manipulado hacia el permanente estado de cuestionamiento y confrontación de los principios más fundamentales. ¿Es incapacidad de ceder en beneficio de un proyecto mínimo común o la irrefrenable compulsión de quienes sólo se alían para satisfacer su ambición de poder? Tácitamente los "salteadores del camino" han conseguido como aliados a los que "pasan por el camino mirando a otro lado". Se cierra el círculo entre los que usan y engañan a nuestra sociedad para esquilmarla, y los que supuestamente mantienen la pureza en su función crítica, pero viven de este sistema y de nuestros recursos para disfrutarlos afuera o mantienen la posibilidad del caos para ganar su propio terreno. No debemos llamarnos a engaño, la impunidad del delito, del uso de las instituciones de la comunidad para el provecho personal o corporativo y otros males que no logramos desterrar, tienen como contracara la permanente desinformación y descalificación de todo, la constante siembra de sospecha que hace cundir la desconfianza y la perplejidad. El engaño del "todo está mal" es respondido con un "nadie puede arreglarlo". Y, de esta manera, se nutre el desencanto y la desesperanza. Hundir a un pueblo en el desaliento es el cierre de un círculo perverso perfecto: la dictadura invisible de los verdaderos intereses, esos intereses ocultos que se adueñaron de los recursos y de nuestra capacidad de opinar y pensar. Todos, desde nuestras responsabilidades, debemos ponernos la patria al hombro, porque los tiempos se acortan. La posible disolución la advertimos en otras oportunidades, en esta misma fecha patria. Sin embargo muchos seguían su camino de ambición y superficialidad, sin mirar a los que caían al costado: esto sigue amenazándonos.

Miremos finalmente al herido. Los ciudadanos nos sentimos como él, malheridos y tirados al costado del camino. Nos sentimos también desamparados de nuestras instituciones desarmadas y desprovistas, ayunos de la capacidad y la formación que el amor a la patria exigen.

Todos los días hemos de comenzar una nueva etapa, un nuevo punto de partida. No tenemos que esperar todo de los que nos gobiernan: esto sería infantil, sino más bien hemos de ser parte activa en la rehabilitación y el auxilio del país herido. Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia religiosa, filial y fraterna para sentirnos beneficiados con el don de la Patria, con el don de nuestro pueblo, de ser otros buenos samaritanos que carguen sobre sí el dolor de los fracasos, en vez de acentuar odios y resentimientos. Como el viajero ocasional de nuestra historia, sólo falta el deseo gratuito, puro y simple de querer ser Nación, de ser constantes e incansables en la labor de incluir, de integrar, de levantar al caído. Aunque se automarginen los violentos, los que sólo se ambicionan a sí mismos, los difusores de la confusión y la mentira. Y que otros sigan pensando en lo político para sus juegos de poder, nosotros pongámonos al servicio de lo mejor posible para todos. Comenzar de abajo y de a uno, pugnar por lo más concreto y local, hasta el último rincón de la patria, con el mismo cuidado que el viajero de Samaria tuvo por cada llaga del herido. No confiemos en los repetidos discursos y en los supuestos informes acerca de la realidad. Hagámonos cargo de la realidad que nos corresponde sin miedo al dolor o a la impotencia, porque allí está el Resucitado. Donde había una piedra y un sepulcro, estaba la vida esperando. Donde había una tierra desolada nuestros padres aborígenes y luego los demás que poblaron nuestra Patria, hicieron brotar trabajo y heroísmo, organización y protección social.

Las dificultades que aparecen enormes son la oportunidad para crecer, y no la excusa para la tristeza inerte que favorece el sometimiento. Renunciemos a la mezquindad y el resentimiento de los internismos estériles, de los enfrentamientos sin fin. Dejemos de ocultar el dolor de las pérdidas y hagámonos cargo de nuestros crímenes, desidias y mentiras, porque sólo la reconciliación reparadora nos resucitará, y nos hará perder el miedo a nosotros mismos. No se trata de predicar un eticismo reivindicador, sino de encarar las cosas desde una perspectiva ética, que siempre está enraizada en la realidad. El samaritano del camino se fue sin esperar reconocimientos ni gratitudes. La entrega al servicio era la satisfacción frente a su Dios y su vida, y por eso, un deber. El pueblo de esta Nación anhela ver este ejemplo en quienes hacen pública su imagen: hace falta grandeza de alma, porque sólo la grandeza de alma despierta vida y convoca.

No tenemos derecho a la indiferencia y al desinterés o a mirar hacia otro lado. No podemos "pasar de largo" como lo hicieron los de la parábola. Tenemos responsabilidad sobre el herido que es la Nación y su pueblo. Se inicia hoy una nueva etapa en nuestra Patria signada muy profundamente por la fragilidad: fragilidad de nuestros hermanos más pobres y excluidos, fragilidad de nuestras instituciones, fragilidad de nuestros vínculos sociales…¡Cuidemos la fragilidad de nuestro Pueblo herido! Cada uno con su vino, con su aceite y su cabalgadura. Cuidemos la fragilidad de nuestra Patria. Cada uno pagando de su bolsillo lo que haga falta para que nuestra tierra sea verdadera Posada para todos, sin exclusión de ninguno. Cuidemos la fragilidad de cada hombre, de cada mujer, de cada niño y de cada anciano, con esa actitud solidaria y atenta, actitud de projimidad del Buen Samaritano.

Que nuestra Madre, María Santísima de Luján, que se ha quedado con nosotros y nos acompaña por el camino de nuestra historia como signo de consuelo y de esperanza, escuche nuestra plegaria de caminantes, nos conforte y nos anime a seguir el ejemplo de Cristo, el que carga sobre sus hombros nuestra fragilidad.


Buenos Aires, 25 de mayo de 2003.

Card. Jorge Mario Bergoglio S.J., arzobispo de Buenos Aires

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4. ASAMBLEA PLENARIA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA

Buenos Aires, MAY 22 (AICA): El próximo lunes 26 de mayo, a las 15.30, en la casa de ejercicios espirituales María Auxiliadora, de San Miguel, dará comienzo la 85ª asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, con la presidencia del titular de dicho organismo eclesial, monseñor Eduardo Vicente Mirán, arzobispo de Rosario.

A las 19,30 tendrá lugar la misa inaugural que presidirá monseñor Mirás con quien concelebrarán todos los obispos participantes y monseñor Janusz Bolopnek, arzobispo titular de Madauro y Delegado especial de la Santa Sede para la ceremonia de asunción del nuevo presidente de la Argentina.

El nuevo responsable de la sala de periodistas, presbítero Jorge Oesterheld, anunció que a esta misa está invitada la prensa. Asimismo, informó que ha sido especialmente invitado el señor Luis Landriscina, quien compartirá la cena y mantendrá una ulterior tertulia con los obispos.

Temario de la asamblea

El tema central de la 85ª asamblea plenaria será el discernimiento colegial para la actualización de las Líneas Pastorales de la Nueva Evangelizacíón, con coherencia con las conclusiones de la IVª  Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Santo Domingo), el Sínodo de América (Iglesia en América) y la Exhortación Apostólica del Santo Padre Juan Pablo II “Al comenzar el tercer milenio”.

Un texto base, cuya elaboración se inició en 1999 y fue enriquecido con las respuestas recibidas a la “Consulta a las Iglesias particulares y comunidades cristianas”, se halla en manos de todos los obispos desde los primeros días del presente mes de mayo.

Además del tema central, los obispos realizarán: el habitual intercambio pastoral de ideas, inquietudes e iniciativas; analizarán la posibilidad de establecer textos para las catequesis de iniciación cristiana; estudiarán tres temas de Liturgia a la luz de la tercera edición típica del nuevo Misal Romano; recibirán la presentación del Enchiridion (manual) para los Bienes Culturales de la Iglesia; examinarán un informe del obispo castrense y procederán a evaluar la comunicación institucional a través de la página en Internet de la conferencia episcopal www.cea.org.ar

El sábado 31 de mayo concluirán las sesiones con una conferencia de prensa ofrecida a las 12,30 por la comisión ejecutiva de la CEA en el lugar donde se desarrollan las deliberaciones.

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IV.- MUNDO

5. GLOSARIO ON-LINE DE TÉRMINOS RELIGIOSOS PARA PERIODISTAS

Iniciativas del episcopado chileno y de los obispos del sur de España

SANTIAGO, 22 mayo 2003 (ZENIT.org).- Los periodistas y comunicadores cuentan con una nueva herramienta de consulta rápida en el Glosario de términos religiosos y eclesiásticos que ha elaborado la Oficina de Comunicaciones y Prensa de la Conferencia Episcopal de Chile .

El documento para fines periodísticos contiene alfabéticamente numerosos términos con la aclaración de su significado y su uso correcto en la redacción.

Así, un «cardenal» es un título, no un cargo, según el glosario. Además, se «crea», no se nombra ni se designa. Términos como «anáfora», «binación» o «ecumenismo» pueden encontrarse con igual rapidez en la lista de definiciones.

Los sacramentos también están recogidos y definidos en el glosario, que explica las expresiones adecuadas para definir sus elementos y partes, con especial atención a la Misa.

El documento permite comprender la forma adoptada en los escritos del Santo Padre cuando define, por ejemplo, qué es una «carta apostólica». Igualmente explica diferentes organismos y su composición, como es el caso de las «Conferencias Episcopales» o del «CELAM» --Consejo Episcopal Latinoamericano-- .

Qué es la «Iglesia» y cómo se emplea este nombre, el «magisterio», los tiempos litúrgicos y festividades católicas son otros aspectos que completan esta guía de términos religiosos y eclesiásticos.

En un anexo final, el Glosario ofrece una lista de páginas web católicas para obtener más información y profundizar sobre temas de interés.

Además, si existen dudas adicionales, el director de Comunicaciones y Prensa de la Conferencia Episcopal de Chile --Jaime Coiro C.-- está a disposición del usuario en prensa@... .

Más información en http://www.iglesiachile.org/prensa/glosario.htm.

Los Delegados de Medios de Comunicación de las diócesis del Sur de España (http://www.odisur.com) también han comenzado a preparar un prontuario de términos para periodistas que abordan la temática religiosa, informa la agencia Veritas.

Miguel Ángel Núñez, director del Servicio para la Información y los Medios de Comunicación Social de los Obispos del Sur de España (ODISUR), ha puesto de relieve cómo con «este elenco de términos se responde por parte de los delegados de medios a una inquietud de servicio para el mundo de la comunicación».

Se trata de confeccionar un pequeño libro de mano para que se puedan seguir e interpretar los acontecimientos de la vida eclesial.

El vocabulario básico que ha preparado el Delegado de Medios de Jaén, Antonio Pozo, está dividido en cuatro bloques: documentos, estructura y organización de la Iglesia, liturgia y un anexo.

El bloque dedicado a la liturgia, a su vez se divide en cinco partes: año litúrgico, lugares sagrados, ornamentos y ajuar sagrado, sacramentos, signos y gestos. En él se podrán encontrar palabras como: abstinencia, capa pluvial, celibato, consistorio, exhortación, homilía, ofertorio, pectoral, pontifical o visita «ad limina», entre más de doscientas propuestas.
ZS03052211

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 V.- DOCUMENTACIÓN

6. JUAN PABLO II: CANTO DE ORACIÓN POR LA PAZ DEFINITIVA
Audiencia general del miércoles dedicada al Salmo 143

CIUDAD DEL VATICANO, 21 mayo 2003 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación la intervención de Juan Pablo II en la audiencia general de este miércoles dedicada a comentar el Salmo 143, canto de oración por la paz.

Bendito el Señor, mi Roca,
que adiestra mis manos para el combate,
mis dedos para la pelea;

Mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y refugio,
que me somete los pueblos.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?
¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa.

Señor, inclina tu cielo y desciende;
toca los montes, y echarán humo;
fulmina el rayo y dispérsalos;
dispara tus saetas y desbarátalos.

Extiende la mano desde arriba:
defiéndeme, líbrame de las aguas caudalosas,
de la mano de los extranjeros,
cuya boca dice falsedades,
cuya diestra jura en falso.

Dios mío, te cantaré un cántico nuevo,
tocaré para ti el arpa de diez cuerdas:
para ti que das la victoria a los reyes,
y salvas a David, tu siervo.

 

1. Acabamos de escuchar la primera parte del Salmo 143. Tiene las características de un himno real, entretejido por otros textos bíblicos, que dan vida a una nueva oración (Cf. Salmo 8, 5; 17,8-15; 32, 2-3; 38, 6-7). Quien habla en primera persona es el mismo Rey David, que reconoce el origen divino de sus éxitos.

El Señor es representado con imágenes marciales, según el antiguo uso simbólico: aparece, de hecho, como instructor militar (Cf. Salmo 143, 1), fortaleza inexpugnable, escudo protector, triunfador (Cf. v. 2). De este modo, se quiere exaltar la personalidad de Dios, que se compromete contra el mal en la historia: no es una potencia obscura o una especie de hado, ni un soberano impasible e indiferente ante las vicisitudes humanas. Las citas y el tono de esta celebración divina están influenciadas por el himno de David conservado en el Salmo 17, y en el capítulo 22 del Segundo Libro de Samuel.

2. Ante la potencia divina, el rey judío reconoce su fragilidad y debilidad, propias de todas las criaturas humanas. Para expresar esta sensación, el rey orante recurre a dos frases presentes en los Salmos 8 y 38, y las entrecruza dándoles una nueva y más intensa eficacia: «Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él? ¿Qué los hijos de Adán para que pienses en ellos? El hombre es igual que un soplo; sus días, una sombra que pasa» (versículos 3-4). Emerge aquí la firme convicción de que somos frágiles, como el soplo del viento, si el Creador no nos conserva en vida, Él --como dice Job-- «tiene en su mano el alma de todo ser viviente y el soplo de toda carne de hombre» (12, 10).

Sólo con la ayuda divina podemos superar los peligros y las dificultades que salpican todos los días de nuestra vida. Sólo si contamos con la ayuda del Cielo podemos comprometernos, como el antiguo rey de Israel, a caminar hacia la libertad de toda opresión.

3. La intervención divina es presentada con las tradicionales imágenes cósmicas e históricas con el objetivo de ilustrar el señorío divino sobre el universo y sobre las vicisitudes humanas. Entonces aparecen los montes que echan humo en imprevistas erupciones volcánicas (Cf. Salmo 143,5). Aparecen los rayos como saetas lanzadas por el Señor y dispuestas a aniquilar el mal (Cf. versículo 6). Aparecen, por último, las «aguas caudalosas» que, en el lenguaje bíblico, son símbolo del caos, del mal y de la nada, en una palabra, de las fuerzas negativas en la historia (Cf. versículo 7). A estas imágenes cósmicas se asocian otras de carácter histórico: son «los enemigos» (Cf. versículo 6), los «extranjeros» (Cf. versículo 7), los mentirosos, los que juran en falso, es decir, los idólatras (Cf. versículo 8).

Es una manera muy concreta y oriental de representar la malicia, las perversiones, la opresión y las injusticia: realidades tremendas de las que nos libera el Señor, mientras nos adentramos en el mundo.

4. El Salmo 143, que nos propone la Liturgia de los Laudes, concluye con un breve himno de acción de gracias (Cf. versículos 9-10). Surge de una certeza: Dios no nos abandonará en la lucha contra el mal. Por este motivo, el orante entona una melodía acompañándola con su arpa de diez cuerdas, convencido de que el Señor da la victoria a su consagrado, y salva a David, su siervo (Cf. versículos 9-10).

La palabra «consagrado» en hebreo es «mesías»: nos encontramos, por tanto, ante un Salmo real que se transforma, en el uso litúrgico del antiguo Israel, en un canto mesiánico. Nosotros los cristianos lo repetimos poniendo la mirada en Cristo, que nos libera de todo mal y nos sostiene en la batalla. Ésta, de hecho, no se combate «contra la carne y la sangre, sino contra los principados, contra las potestades, contra los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus del mal que están en las alturas» (Efesios 6, 12).

5. Concluyamos con una consideración que nos sugiere San Juan Cassiano, monje del siglo IV-V, que vivió en Galia. En su obra, «La Encarnación del Señor», basándose en el versículo 5 de nuestro Salmo, «Señor, inclina tu cielo y desciende», ve en estas palabras la espera de la entrada de Cristo en el mundo.

Y sigue así: «El salmista suplicaba que [...] el Señor se manifestara en la carne, apareciera visiblemente en el mundo, entrara visiblemente en la historia (Cf. 1 Timoteo 3, 16) y que finalmente los santos pudieran ver, con los ojos del cuerpo, todo lo que había sido previsto espiritualmente por ellos» («La Encarnación del Señor» --«L’Incarnazione del Signore»--, V,13, Roma 1991, páginas 208-209). Precisamente esto es lo que testimonia todo bautizado en la alegría de la fe.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa hizo esta síntesis en castellano.]


Queridos hermanos y hermanas:

Hemos escuchado la primera parte del Salmo, que tiene las características de un himno real. Con el antiguo uso de imágenes bélicas, se nos presenta a Dios que lucha contra el mal en la historia. Frente a la potencia divina el rey hebreo se siente frágil y débil, como lo son todas las criaturas humanas. Por tanto, sólo con la ayuda divina podemos superar los peligros y dificultades de cada día y comprometernos a caminar hacia la liberación de cualquier opresión.

El Salmo termina con una acción de gracias por la certeza de que Dios no nos abandonará en la lucha contra el mal. Los cristianos repetimos esta oración teniendo la mirada fija en Cristo, que nos libra todo mal y nos sostiene en la batalla contra los poderes perversos y ocultos.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en especial a los peregrinos de Riobamba, Ecuador, con su Obispo, monseñor Víctor Corral Mantilla; saludo igualmente a los diversos peregrinos de España y de otros países latinoamericanos. Os exhorto a todos a renovar vuestra confianza plena en el Señor.

Muchas gracias.
ZS03052104

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Servicios de Noticias

ZENIT

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CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano)

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Un abrazo, y nuestras oraciones.

Selección y compaginación de noticias: Ricardo Pereira ( pqfatima@... )

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