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PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA Av. Libertador 13.900 - 1640 MartínezTel. y Fax 4508-8501 // 8502 E-mail: pqfatima@... Página Web: www.fatima.org.ar | |
| Boletín Parroquial en PDF – Números Anteriores |
Lecturas del día |
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Noticias desde la Parroquia Fátima
Lunes 8 de marzo de 2004 - Año VII - N° 230 | |
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NUESTRA PARROQUIA |
SANTA SEDE |
| HORARIOS DE MISAS RECEMOS JUNTOS |
UNIAPAC: EMPRESARIOS CRISTIANOS QUE QUIEREN HUMANIZAR LA GLOBALIZACION |
| NUESTRA DIÓCESIS |
DOCUMENTACIÓN |
| CARTA PASTORAL DE CUARESMA - PASCUA 2004 |
MENSAJE DE JUAN PABLO II A EMPRESARIOS CRISTIANOS |
| ARGENTNA |
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| ENCUENTRO DE COMUNICADORES Y RADIODIFUSORES LA COLECTA MAS POR MENOS RECAUDO MAS DE 3 MILLONES JUAN PABLO II NOMBRA NUEVO OBISPO PARA AÑATUYA |
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| Servicios de Noticias ZENIT AICA CELAM EDICOM Boletín Diocesano Diócesis de San Isidro Magisterio Eclesial |
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NUESTRA
PARROQUIA |
HORARIOS DE MISAS A partir del próximo fin de semana, 13 y 14 de marzo, las misas volverán a los horarios habituales de invierno. Sábados a las 19.30 hs. Domingos a las 10, 12, 18.30 y 20 hs. RECEMOS JUNTOS · Por la Iglesia, para que como Abraham, nos fiemos de las personas de Dios y vivamos nuestra fe como respuesta fiel a su llamada. · Por el Papa, los Obispos y Sacerdotes, para que el Señor les conceda la gracia de ayudar a todos los hombres a crecer juntos, en justicia, libertad y amor. · Por todos los gobernantes, para que luchen a favor de la justicia y la paz como elementos de transformación del mundo. · Por todos los que sufren, para que descubran que Cristo transformará sus penas en consuelo y experimenten nuestra caridad y solidaridad. · Por las familias desunidas, para que en esta Cuaresma busquen caminos de reconciliación. · Por todos nosotros, para que nos comprometamos a trabajar por la transformación de nuestras vidas y de nuestra sociedad. Volver al índice |
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| NUESTRA DIÓCESIS |
CARTA PASTORAL DE CUARESMA - PASCUA 2004 Tenemos una Misión Queridos Amigos: La cuaresma que comienza nos encuentra con una importante perspectiva: la Asamblea Diocesana. Es un acontecimiento muy significativo para nuestra Iglesia y hace tiempo que nos venimos preparando para vivirlo de la mejor manera. A todo el proceso de preparación a la Asamblea, lo hemos llamado “Camino Diocesano”. Hemos recorrido este hermoso y colorido camino durante tres años, en los que nos reunimos en las comunidades para: Þ celebrar la vida y darle gracias a Dios por su permanencia con nosotros, Þ descubrir lo que más deseamos y queremos para nuestra Iglesia y nuestro pueblo, Þ ver nuestra realidad, tratando de descubrir en ella los “signos” a través de los cuales Dios nos habla. Ahora iniciamos el último tramo del camino. Esta carta quiere ser la preparación inmediata a este evento, como esos últimos preparativos que hacemos cuando vamos a tener una gran fiesta en casa. El tema que nos convoca es LA MISIÓN. Tarde o temprano todos descubrimos que tenemos una misión en la vida. Ese descubrimiento es algo importante y nos llena de alegría, porque nos hace saber para qué estamos en el mundo, cuál es el sentido de nuestra existencia. Lo mismo se da en la Iglesia: como comunidad, Dios nos da una misión, que es una continuación de la misión de Jesús y que llevamos adelante gracias al Espíritu Santo. La misión, tal como venimos trabajando en las comunidades, la consideramos en tres momentos o pasos. 1. Contemplación 2. Comunión 3. Anuncio 1. Contemplación ¿Qué tenemos que contemplar los cristianos para conocer nuestra misión? Precisamente el rostro de Jesús, que se nos ofrece para que lo conozcamos en la creación, en la Palabra de Dios, en la Iglesia, en los sacramentos, en la oración, en el rostro de cada hermano/a con los que el Señor ha querido identificarse. Lo reconocemos también en los acontecimientos de nuestra vida: en el trabajo, en el descanso, en el dolor, en la alegría, en los momentos de encuentro y amistad y en los días de soledad. El misterio de Jesús está presente siempre en nosotros, como Él lo prometió, hasta el fin del mundo (ver Mt 28,20). En el comienzo del milenio, el Papa nos decía que la herencia más importante del año santo de 2000 era la contemplación del rostro de Cristo, “en su múltiple presencia en la Iglesia y en el mundo, y confesado como sentido de la historia y luz de nuestro camino". En la pascua de 2001 decía: “Como en el Viernes y en el Sábado Santo contemplamos el rostro doloroso de Cristo, ahora dirigimos nuestra mirada llena de fe, de amor y de gratitud al rostro del Resucitado. La Iglesia, en estos días, fija su mirada en ese rostro, siguiendo el ejemplo de san Pedro, que confiesa a Cristo su amor (ver Jn 21, 15-17), y de san Pablo, deslumbrado por Jesús resucitado en el camino de Damasco (ver Hch 9, 3-5). En esa misma oportunidad, comentaba así el relato de los discípulos de Emaús: “Aunque sea con dificultad, el camino de Emaús lleva del sentido de desolación y extravío a la plenitud de la fe pascual. Al recorrer este itinerario, también a nosotros se nos une el misterioso Compañero de viaje. Durante el trayecto, Jesús se nos acerca, se une a nosotros en el punto donde nos encontramos y nos plantea las preguntas esenciales que devuelven al corazón la esperanza. Tiene muchas cosas que explicar a propósito de su destino y del nuestro. Sobre todo revela que toda existencia humana debe pasar por su cruz para entrar en la gloria. Pero Cristo hace algo más: parte para nosotros el pan de la comunión, ofreciendo la Mesa eucarística en la que las Escrituras cobran su pleno sentido y revelan los rasgos únicos y esplendorosos del rostro del Redentor. Después de reconocer y contemplar el rostro de Cristo resucitado, también nosotros, como los dos discípulos, somos invitados a correr hasta el lugar donde se encuentran nuestros hermanos, para llevar a todos el gran anuncio: "Hemos visto al Señor" (Jn 20, 25). "En su resurrección hemos resucitado todos" (Prefacio pascual II): he aquí la buena nueva que los discípulos de Cristo no se cansan de llevar al mundo, ante todo mediante el testimonio de su propia vida. ¡Qué importante es descubrir que Jesús está con nosotros y nos acompaña! Qué importante es, también, aprender a contemplarlo, a conocerlo y a ser sus amigos, a descubrirlo como aquel misterioso compañero de viaje, del que nos habla el Papa. Cuando el rostro de Jesús se nos hace familiar, aprendemos a reconocerlo en las diversas circunstancias de la vida y nos alimentamos, sobre todo de la alegría de su resurrección, de saber que en Él y por Él, el mal, el pecado y la muerte han sido vencidos. Esta es una noticia importantísima, en especial para todos los que están sufriendo o no le encuentran sentido a la vida. Por eso decimos que el primer paso de la misión es esta familiaridad con el Señor en la contemplación de su misterio, que nos hace salir alegres a anunciarlo. 2. Comunión Conocer a Jesús y encontrarnos con Él, modifica la tónica de todos nuestros encuentros. A partir de Jesús, cambia nuestra relación con Dios, con nosotros mismos, con nuestros hermanos. En la carta pastoral de adviento de 2003, retomando una de las ideas más importantes de “Navega mar adentro”, vimos de qué manera la crisis afectaba nuestros vínculos, nuestra relación con Dios y con nuestros hermanos. Esos vínculos, nos recordaba el texto, tienen que ser sanados, recreados, desde una nueva experiencia del amor incondicional que Dios nos tiene. Y ese mismo amor nos impulsa a la evangelización. Este amor está definido en la Palabra de Dios como COMUNIÓN, lo cual significa “compartir la vida y el ser” y nos coloca en la línea de la unidad, de la cual Jesús nos dice que es indispensable “para que el mundo crea” (Jn 17,21). Las divisiones, la intolerancia, la exclusión social, hacen más urgente esta tarea que tenemos los discípulos de Jesús de vivir en la unidad. · La Iglesia llamada a ser “casa y escuela de comunión” El Papa nos habla de la Iglesia como “casa y escuela de comunión”. Esa es su más clara vocación. Muchos pueden decir, mirando solo las estructuras de la Iglesia, que sus defectos no reflejan esa vocación. Y es verdad, la Iglesia como cada uno de nosotros que somos sus miembros, necesita constantemente de purificación. Por eso esta concepción de Iglesia-Comunión, que es en la que Juan Pablo II fundamentó todos sus últimos documentos es la que responde más claramente a las aspiraciones del mundo actual. ¿Qué Iglesia puede ser una respuesta a los hombres de hoy?: una Iglesia en comunión. Después del Concilio Vaticano, el Espíritu Santo fué conduciendo a la Iglesia por este camino. Iglesia-comunión quiere decir esto: Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Ese Dios que es Comunión, decide salvarnos en familia, juntos, y establece la Iglesia, como comunidad que haga visible la unidad de amor que Dios es en Sí mismo y que ha pensado para los hombres. Dios lo que quiere es hacer una Iglesia que refleje la Trinidad. Todos nosotros obramos de acuerdo con lo que somos y Dios hace lo mismo: Dios es Amor y Unidad y en su plan salvador, piensa en una Iglesia que tiene por vocación e identidad el amor y la unidad. Una Iglesia que refleje a la Trinidad es fundamentalmente servidora. Porque ¿qué hizo el Hijo de Dios cuándo se encarnó? Nos vino a servir. Dios se hace servidor y nos muestra un camino de servicio. Cuando tomamos el capítulo 21 de Juan leemos que Jesús resucitado se encuentra con Pedro... ¡pensemos lo que habrá sido ese encuentro! Pedro todavía con el llanto por haber traicionado al Señor y Jesús que lo vuelve a enfrentar con su realidad. Todo lo que le pregunta a Pedro es si lo quiere. No le pregunta: ¿te vas a animar a conducir una Iglesia sobre la tierra?, ¿te vas a animar a ir hasta los confines del mundo?, ¿te vas a animar a conducir este grupo de doce hombres ignorantes, que son los apóstoles, que me traicionaron, me abandonaron, me negaron? No le dice todo esto, le dice: ¿me quieres? La condición para que Pedro conduzca esa Iglesia es que ame a Jesucristo, y si lo ama, podrá hacer absolutamente todo lo que Dios quiere. Una Iglesia así es la que tenemos que construir entre todos, una Iglesia donde el laico, el sacerdote, el consagrado, el obispo cumpliendo papeles diferentes, nos sirvamos mutuamente y prestemos el servicio de construir el mundo según el Evangelio. · El desafío de construir la comunión Nuestra misión fundamental como Iglesia es construir la comunión entre nosotros y luego llevarla al mundo. Juan Pablo II en un documento que escribió sobre los laicos, dice que la misión de los laicos en el mundo, es llevar a todos, la comunión que viven en la Iglesia, ser generadores de comunión, allí donde estén, de modo tal que el mundo experimente la riqueza del amor. En medio de la crisis que hemos vivido estos últimos años en la Argentina, muchas veces hemos reflexionado sobre nuestras falencias en la evangelización. ¡Qué bueno sería que esta crisis nos lleve también a reconocer nuestros errores y pecados, a sentirnos responsables y a saber pedir perdón también nosotros y desde esa humildad, construir una Iglesia servidora de la sociedad! Nuestra principal respuesta a la crisis es nuestra vida cristianamente asumida. Vida personal y eclesial que pueda dar un testimonio creíble de comunión y de amor. 3. Anuncio Juan Pablo ll (y anteriormente Pablo Vl), empezaron a hablar de la civilización del amor, y nos dicen que estamos asistiendo a una nueva primavera del cristianismo. Entonces uno se pregunta: con toda esta descripción de la crisis, con la exclusión social, ¿de qué primavera me están hablando? El mismo Papa interpreta esta “primavera” como la convergencia en los valores del Evangelio que se está dando desde distintos grupos de pensamiento, incluso desde corrientes no cristianas. No solamente nos estamos defendiendo de la crisis, sino que estamos sembrando semillas de algo tan antiguo como el Evangelio, pero que para esta sociedad es absolutamente novedoso. Dado que esta es una cultura que se ha cerrado a Dios, la mejor noticia que le podemos entregar, es el mismo Evangelio. Se trata de anunciarles a las personas que no lo saben, o que lo han olvidado, que Dios existe y que Jesucristo muerto y resucitado está realmente vivo entre nosotros: esta es la gran noticia. El primer anuncio de la Resurrección del Señor es el centro de la predicación cristiana, el “corazón” del Evangelio. Desde los comienzos de la Iglesia este primer anuncio tiene los siguientes contenidos: a. Jesús de Nazareth es el Hijo de Dios que padeció, murió en la cruz, fue sepultado y resucitó al tercer día. b. Este acontecimiento ha sido anunciado por los Apóstoles desde la misma Resurrección del Señor (ver 1 Cor. 15,3). c. Dios ha hecho esto por nosotros, para nuestra salvación. La muerte y la resurrección de Jesús nos invitan a la conversión, y al seguimiento del Señor. Decíamos que la comunión tenemos que recrearla hacia adentro, en la Iglesia y hacia afuera. Vivir la comunión entre nosotros y crear la comunión con todos los hombres. Creo que lo mismo sucede con el anuncio: tenemos que volver a anunciar-nos el Evangelio entre nosotros, en la Iglesia y anunciarlo a quienes no lo conocen o lo han olvidado. Reflexionemos un poco sobre estos dos momentos del anuncio: 1. Volver a anunciar el Evangelio en el interior de nuestras comunidades La evangelización es una tarea nunca acabada, porque nuestra vida cristiana es recibir el Evangelio, tratar de vivirlo y anunciarlo. El Evangelio es nuestro alimento y nuestra vida; así como nosotros tratamos de procurarnos el alimento de cada día, así tenemos que buscar recibir el alimento del Evangelio y ofrecerlo a los hermanos. Por eso leemos cada día la Palabra de Dios, rezamos y celebramos nuestra fe. Pienso que estos tiempos de crisis requieren además que fortalezcamos nuestras comunidades y nuestras instituciones y las “rejuvenezcamos” desde el Evangelio. ¿Qué quiero decir con esto? Deberíamos abrirnos más al Espíritu para renovar todas aquellas dimensiones no esenciales de la vida de nuestras comunidades, que puedan ser un obstáculo a la credibilidad de la Iglesia. Tenemos que purificar, fortalecer y recrear la vida de nuestras instituciones y comunidades, haciéndolas más contemplativas, fraternas y comprometidas. 2. Anunciar el Evangelio a todos Después de la resurrección de Jesús, el libro de los hechos de los Apóstoles nos narra de qué manera los discípulos “iban por todas partes anunciando la Buena Nueva de la Palabra” (Hech 8,4). “Iban por todas partes”: nadie está excluido del anuncio, ¡es Buena Noticia para todos! Hay dos afirmaciones de los Papas (Pablo VI y Juan Pablo II) que creo que nos iluminan en este sentido: · Pablo VI, en un documento maravilloso, recuerda que la evangelización es “la dicha y la vocación de la Iglesia, su identidad más profunda” (n°14). Si algo es la dicha y la vocación de una persona o de una comunidad, eso no sólo es su deber, sino que es fundamentalmente algo que le da vida y felicidad. Estas palabras de Pablo VI, en un momento también crítico de la Iglesia, hicieron que muchos redescubrieran la alegría de ser discípulos y del anuncio del Evangelio. Creo que nosotros también necesitamos redescubrir esta alegría. · Juan Pablo II nos recuerda en su carta sobre la misión, que el anuncio no sólo está dirigido a los que no conocen el evangelio sino también a aquellos sectores “descristianizados” (cf n°32.36), es decir a aquellas personas o culturas que fueron cristianas, pero que ya no lo son. Creo que en nuestro país tenemos un fuerte desafío en este sentido. En muchas de nuestras instituciones sociales quedan “recuerdos” del Evangelio, pero no podríamos decir que el Evangelio está vivo y actuante. Allí hay que volver a anunciarlo y a hacerlo presente. Por ejemplo: alimentando evangélicamente la vocación ciudadana de los laicos, despertando su participación en la política, en la economía, etc. Conclusión: El verdadero misionero es el santo El documento que Juan Pablo II escribió sobre la misión, concluye con esta idea: “La llamada a la misión deriva de por sí de la llamada a la santidad. Cada misionero, lo es auténticamente si se esfuerza en el camino de la santidad (...) El renovado impulso hacia la misión ad gentes exige misioneros santos. No basta renovar los métodos pastorales, ni organizar y coordinar mejor las fuerzas eclesiales, ni explorar con mayor agudeza los fundamentos bíblicos y teológicos de la fe: es necesario suscitar un nuevo « anhelo de santidad » entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana (...) Viviendo las Bienaventuranzas el misionero experimenta y demuestra concretamente que el Reino de Dios ya ha venido y que él lo ha acogido. La característica de toda vida misionera auténtica es la alegría interior, que viene de la fe. En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas, que tiende al pesimismo, el anunciador de la « Buena Nueva » ha de ser un hombre que ha encontrado en Cristo la verdadera esperanza.” Quisiera concluir esta carta con la misma reflexión de Juan Pablo II: el renovado impulso misionero con el que queremos terminar nuestra Asamblea Diocesana, debe ser un encuentro personal y comunitario, con nuestra vocación de ser santos. Ser santos: esa es nuestra misión. No santos de yeso, sino hombres y mujeres que viven el amor que Jesús trajo al mundo. ¡Esa es nuestra misión! Y es maravillosa. Si logramos vivir así, las personas sabrán que verdaderamente ha resucitado el Señor. Que María, que anunció el Evangelio viviendo una vida santa, nos enseñe a ser misioneros desde el servicio y el amor. Que todos tengamos una FELIZ PASCUA de RESURRECCIÓN!!!! +Jorge Casaretto Obispo de San Isidro Carta Pastoral de Cuaresma - Pascua 2004 GUIA DE TRABAJO: Tal como hicimos en otras cartas pastorales, nos vamos a ayudar con una guía de trabajo en nuestra reflexión personal y comunitaria. ¿Qué es una Guía de Trabajo? Es una serie de preguntas que nos ayudarán a interiorizar los contenidos de la CARTA PASTORAL. No se trata de encontrar la "respuesta correcta", sino de preguntarnos acerca de lo que estamos reflexionando, para ver qué repercusión tienen estas realidades en la vida de cada uno de nosotros. Sería bueno que escribamos las respuestas, ya que el ejercicio de escribir nos ayuda a concentrarnos y a ponernos en contacto con nuestro interior. Si queremos, después podemos compartir lo que hemos reflexionado, con nuestra familia o comunidad. Aquí van las preguntas: 1. ¿Cómo estoy comenzando esta cuaresma? ¿entusiasmado, triste, con deseos de cambiar? ¿cómo me gustaría prepararme este año para la Pascua? 2. ¿Sabía que se va a realizar en la diócesis la “Asamblea Diocesana”? ¿tengo alguna idea de lo que esto significa? ¿he participado en la preparación de la misma en mi comunidad? Si no estoy informado/a esta es una buena oportunidad para hacerlo, preguntando en mi parroquia o capilla. 3. ¿He pensado o sentido alguna vez, que tenía una misión en la vida? ¿Cuándo? 4. ¿Me cuesta “reconocer” al Señor presente en mi vida, como les pasó a los discípulos de Emaús? ¿En qué situaciones? 5. ¿En qué personas o momentos de mi vida he contemplado el rostro del Jesús crucificado? ¿En qué personas o momentos lo he visto resucitado? 6. ¿Qué es para mí vivir la comunión? ¿alguna vez me sentí en profunda comunión con alguien? ¿cuándo? ¿Se puede vivir la comunión en la Iglesia? ¿de qué manera? 7. ¿Tengo alguna experiencia de “anuncio” del Evangelio? ¿cuál? ¿qué es lo que ha dejado en mi vida? 8. ¿A qué persona o grupo pienso que debería contarle la Buena Noticia? ¿y como comunidad, a quién deberíamos anunciar el Evangelio? 9. ¿Estoy de acuerdo con esta frase de Juan Pablo II: “El verdadero misionero es el santo”? ¿por qué? 10. ¿Podrá renovar nuestras comunidades esta Asamblea Diocesana? ¿por qué? ¿qué es lo que yo/nosotros deberíamos cambiar? 11. Hago una oración al Espíritu Santo para nos ayude a descubrir y realizar nuestra misión. Volver al índice |
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| ARGENTINA |
ENCUENTRO DE COMUNICADORES Y RADIODIFUSORES Rosario, MAR 5 (AICA): Los días 19, 20 y 21 de marzo se llevará a cabo en el Colegio De La Salle, Mendoza 444, de Rosario, un Encuentro de Comunicadores y Profesionales de la Radiodifusión Católica. Organiza la Asociación de Radiodifusores Católicos Argentinos (ARCA) y tendrá como objetivo “dar un paso más en el desarrollo institucional de la comunicación católica”. Informes: (0341) 4352963 y (03402) 427593, o bien por correo electrónico: arca@... , asuncion@... y fmrosario@... . Volver al índice LA COLECTA MAS POR MENOS RECAUDO MAS DE 3 MILLONES Buenos Aires, MAR 5 (AICA): La Colecta Nacional Más por Menos recaudó en su edición de 2003, más de 3.134.000 pesos, una cifra que “no es plenamente satisfactoria”, según el obispo de San Carlos de Bariloche y presidente de la Comisión Episcopal de Ayuda a las Regiones Más Necesitadas, monseñor Fernando Maletti, pero que sirvió para ayudar a las 23 diócesis más necesitadas, o sea, 5 jurisdicciones más que en 2002. Se reciben donaciones durante todo el año en la sede de la Conferencia Episcopal Argentina, Suipacha 1034, Buenos Aires. Informes: (011) 4394-2065. Correo electrónico: colectamaspormenos@... . Volver al índice JUAN PABLO II NOMBRA NUEVO OBISPO PARA AÑATUYA CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 4 marzo 2004 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha nombrado obispo de Añatuya, al padre Adolfo Armando Uriona, de 48 años, religioso de la Pequeña Obra de la Divina Providencia (Obra de Don Orione), según informó este jueves la Sala de Prensa de la Santa Sede. La diócesis de Añatuya, en la provincia de Santiago del Estero, estaba vacante desde el 8 de noviembre de 2002, cuando el obispo diocesano, monseñor Antonio Baseotto, fue trasladado al obispado castrense, recuerda la agencia católica de noticias argentina AICA. Con el nombramiento del padre Uriona, la Pequeña Obra de la Divina Providencia, a dos meses de la canonización de su fundador el beato Luis Orione, tendrá en la Argentina su segundo obispo. El otro es monseñor Miguel Mykycej, obispo de la eparquía ucrania. El padre Armando Adolfo Uriona nació en Mar del Plata el 27 de mayo de 1955. Muy joven entró en la Pequeña Obra de la Divina Providencia y desde 1973 hasta 1976 cursó los estudios de Filosofía en el Seminario de La Plata. A partir de 1977 hasta 1980 frecuentó los estudios de Teología en el Seminario Metropolitano de Buenos Aires (Villa Devoto). Emitió la primera profesión en la Pequeña Obra de la Divina Providencia el 10 de marzo de 1974 y la profesión solemne (votos perpetuos) el 8 de marzo de 1979. El padre Uriona fue ordenado sacerdote el 28 de junio de 1980 en Mar del Plata. Obtuvo la licenciatura en Teología, con especialización en Eclesiología, en 1985. Desde su ordenación ocupó sucesivamente los siguientes destinos: de 1981 a 1984, vicario parroquial en Nuestra Señora de la Guardia, de Victoria, provincia de Buenos Aires; durante dos períodos (de 1985 a 1986 y de 1988 a 1997) vicedirector del Instituto Filosófico-Teológico Villa Tupasy, de San Miguel, provincia de Buenos Aires; en los años 1987 y 1988 director del Instituto Don Orione de Victoria. En 1997 fue elegido Provincial de la Pequeña Obra de la Divina Providencia en la Argentina, cargo que ocupó hasta el año 2003. La diócesis de Añatuya, creada por Juan XXIII el 10 de abril de 1961, ocupa la mitad de la provincia de Santiago del Estero al este del río Salado, abarcando una superficie de 68.000 kilómetros cuadrados con una población de unos 140.000 habitantes, de los cuales el 90% se profesa católico, informa AICA Según la Guía Eclesiástica Argentina (edición 2001) la diócesis cuenta con 23 parroquias, 234 iglesias y capillas no parroquiales, 33 sacerdotes (20 diocesanos y 13 religiosos), 11 hermanos (religiosos no sacerdotes), y 139 religiosas. Hay unos 15 seminaristas, y 25 centros educativos de niveles primario, medio y de capacitación laboral. El padre Uriona será el tercer obispo de Añatuya. El primero fue monseñor Jorge Gottau, redentorista, que inició su ministerio pastoral en octubre de 1961 y renunció por edad en diciembre de 1992; el segundo fue monseñor Baseotto, también redentorista, quien rigió pastoralmente la grey de Añatuya desde diciembre de 1992 hasta su traslado al obispado castrense en noviembre de 2002. ZS04030421 Volver al índice |
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| SANTA SEDE |
UNIAPAC: EMPRESARIOS CRISTIANOS QUE QUIEREN HUMANIZAR LA GLOBALIZACION ROMA, viernes, 5 marzo 2004 (ZENIT.org).- Unos ochenta empresarios cristianos, acompañados por expertos y profesores universitarios, afrontan entre el viernes y el sábado en Roma su «responsabilidad social» en tiempos de globalización. Han sido convocados por el Consejo Pontificio de la Justicia y por la Unión Internacional de Empresarios Cristianos (UNIAPAC). El presidente de UNIAPAC, Etienne Wibaux, quien es también presidente de «Subrenat Expansion», explica que el objetivo de que se plantean es el de analizar su responsabilidad personal para «humanizar la globalización». Los vicepresidentes son José Alfonso Lozano Irazábal (México), Bruno Pinto-Basto Bobone (Portugal), y su secretario general es Benoit Bonamy (Francia). UNIAPAC, según explican sus responsables a Zenit, «quiere tratar, en el espíritu del Evangelio, de poner en la práctica y dar contenido a la doctrina social cristiana promoviendo los principios de la dignidad, la justicia, el destino universal de los bienes, la solidaridad, la subsidiariedad, y la responsabilidad». Esta Unión reúne a asociaciones de cristianos empresarios así como ha personas individuales del mundo de los negocios de todo el mundo que «desean comprometerse en armonizar en los negocios resultados empresarios con el bien común». En esta reunión celebrada en Roma, revelaba Wibaux a los micrófonos de Radio Vaticano, «hemos tratado de dejar a un lado los grandes interrogantes generales sobre la globalización para reflexionar directamente a cada empresario, a cada dirigente, sobre su responsabilidad social en el contexto de la globalización». «Nos preguntamos qué puede hacer, en cuanto empresario, a través de su propia empresa --aclara--. Es un cambio de perspectiva». Para ello, la reunión afronta cinco argumentos, que han sido ilustrados por su presidente en estos términos. --«El primero: ¿cuál es el objetivo social y ético de los beneficios de la empresa? Es decir, ¿qué hacemos, qué hace la empresa con sus beneficios?». --«El segundo tema afecta a la corrupción en los negocios y en la política: ¿que podemos hacer, nosotros, jefes de empresa, para combatir la corrupción?». --«Tercero: la responsabilidad social del dirigente en la lucha contra la pobreza. ¿Que hacemos concretamente? ¿Qué podemos hacer para combatir la pobreza en el planeta?». --«Cuarta cuestión: la promoción de los dependientes en cuanto personas, a pesar de la presión de los negocios a la que estamos sometidos. Nos preguntamos precisamente qué podemos hacer para promover la dignidad del hombre y su desarrollo, en un contexto de competencia». --«Quinto interrogante: ¿cuál es el impacto cultural del marketing y de la política comunicativa de las empresas? Nos damos cuenta de que a través de nuestra actividad, nuestras publicaciones y la publicidad pueden influenciar la manera de vivir y los comportamientos de las personas». UNIAPAC se fundó en 1931al agrupar a varias federaciones europeas de empresarios que ya desde finales del siglo XIX habían tenido un papel importante para la doctrina social de la Iglesia, como Léon Harmel, dirigente de una empresa familiar textil en el norte de Francia, que influenció a León XIII en su encíclica «Rerum Novarum». Al cobrar peso, desde 1956, UNIAPAC cuenta con una secretaría general con oficina en Bruselas. UNIAPAC goza de reconocimiento por instituciones internacionales como el Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, con sede en Roma); el Consejo de Europa (con sede en Estrasburgo); la Organización Internacional del Trabajo (con sede en Ginebra), la Comunidad Europea, la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (Ginebra) o la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, con sede en París). La Santa Sede sigue con interés la vida de UNIAPAC y desde 1957 ha nombrado a sacerdotes como guías espirituales. En 1962 UNIAPAC se convirtió una asociación ecuménica. ZS04030506 Volver al índice |
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| DOCUMENTACIÓN |
MENSAJE DE JUAN PABLO II A EMPRESARIOS CRISTIANOS Dirigida a la conferencia sobre "The Business Executive: Social Responsibility and Globalization"´ CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 5 marzo 2004 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que Juan Pablo II ha dirigido a los participantes en la conferencia internacional «El empresario, responsabilidad social y globalización» organizada por el Consejo Pontificio de la Justicia y por la Unión Internacional de Empresarios Cristianos (UNIAPAC) entre este viernes y sábado. * * * A mi venerado hermano cardenal Renato Raffaele Martino, presidente del Consejo Pontificio de la Justicia y la Paz He tenido la alegría de ser informado de la conferencia «El empresario, responsabilidad social y globalización» que se reúne en estos días bajo los auspicios del Consejo Pontificio de la Justicia y de la Unión Internacional de Empresarios Cristianos (UNIAPAC). Le pido por favor que haga llegar a todos los presentes mis cordiales saludos y mis mejores deseos. Confío en que la Conferencia sea fuente de inspiración y de renovado compromiso para los líderes empresarios cristianos en sus esfuerzos por testimoniar los valores del Reino de Cristo en el mundo del comercio. Su trabajo se arraiga, de hecho, en ese dominio y administración que Dios ha confiado al hombre sobre la tierra (Cf. Génesis 1, 28) y encuentra una expresión particular en la promoción de iniciativas económicas creativas que tienen un enorme potencial benéfico para los demás y para elevar su nivel de vida material. «Ya que ninguna actividad humana, ni siquiera en el orden temporal, puede sustraerse al imperio de Dios» («Lumen Gentium», 36), los cristianos con responsabilidades en el mundo de los negocios tienen el desafío de armonizar la legítima búsqueda del beneficio con una más profunda preocupación por promover la solidaridad y la eliminación del azote de la pobreza, que sigue afligiendo a tantos miembros de la familia humana. La conferencia actual tiene lugar en momentos en los que el sector financiero y económico está tomando paulatinamente conciencia de la necesidad de profundos comportamientos éticos que aseguren que la actividad empresarial sea sensible a sus dimensiones fundamentales humanas y sociales. Dado que la búsqueda del beneficio no es el único objetivo de esta actividad, el Evangelio desafía a respetar tanto la dignidad y la creatividad de su empleados y clientes como las exigencias del bien común. A nivel personal, están llamados a desarrollar importantes virtudes como «la diligencia, la laboriosidad, la prudencia en asumir los riesgos razonables, la fiabilidad y la lealtad en las relaciones interpersonales, la resolución de ánimo en la ejecución de decisiones difíciles y dolorosas» («Centesimus Annus», 32). En un mundo tentado por el consumismo y el materialismo, los ejecutivos cristianos están llamados a afirmar la prioridad del «ser» sobre el «tener». Entre las importantes cuestiones éticas que afronta en estos momentos el mundo de los negocios, se encuentran las ligadas al impacto del marketing global y de la publicidad en las culturas y valores de los diferentes pueblos y países. Una sana globalización, llevada a cabo en el respeto de los valores de las diferentes naciones y grupos étnicos, puede contribuir significativamente a la unidad de la familia humana y puede permitir formas de cooperación que no son sólo económicas sino también sociales y culturales. La globalización tiene que convertirse en algo más que en un sinónimo de la absoluta relativización de los valores y de la homogeneización de los estilos de vida y culturas. Para que esto suceda, los líderes, incluidos los de la esfera comercial, tienen el desafío de testimoniar el poder liberador y transformador de la verdad cristiana, que nos inspira a poner nuestros talentos, nuestras capacidades intelectuales, nuestras posibilidades persuasivas, nuestra experiencia y nuestras habilidades al servicio de Dios, de nuestro prójimo, y del bien común de la familia humana. Con estos sentimientos, les manifiesto mis oraciones por el éxito de las deliberaciones de la conferencia e invoco para todos las bendiciones divinas de sabiduría, alegría y paz. Vaticano, 3 de marzo de 2004 IOANNES PAULUS II [Traducción del original italiano realizada por Zenit] ZS04030503 Volver al índice |
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