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PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
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Noticias desde la Parroquia de Fátima Martes 23 de noviembre de 2004 - Año VII - N° 265 | |
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| INDICE | ||
| ARGENTINA |
DOCUMENTACION | |
| 1. Falleció el Cardenal Juan Carlos Aramburu |
5. Carta pastoral de Adviento 2004 | |
| 2. Nuevo canal de TV abierta de la UCSE |
6. Juan Pablo II: Dios abate los muros entre los hombres | |
| 3. Recital a beneficio del Pequeño Cottolengo |
COMUNICACION E INFORMATICA | |
| 4. Cáritas |
7. Finaliza Segundo Cibercongreso en Barcelona | |
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| ARGENTINA |
1. Falleció el Cardenal Juan Carlos Aramburu Buenos Aires, NOV 18 (AICA): Falleció hoy a la edad de 92 años el cardenal Juan Carlos Aramburu, arzobispo emérito de Buenos Aires. El deceso se produjo a las 17.30, como consecuencia de un paro cardio-respiratorio, en su residencia privada del barrio porteño de Belgrano. El purpurado porteño se aprestaba a salir para el santuario de San Cayetano, en el barrio de Liniers, donde dos veces a la semana confesaba a los feligreses. El cardenal Aramburu estaba junto a su secretario privado y familiar desde 1970, presbítero Miguel Angel Irigoyen, quien le administró la unción de los enfermos. Los detalles del sepelio y las exequias recién se confirmarán mañana, según informó el arzobispado de Buenos Aires. El cardenal de los récords El pasado 28 de octubre cumplió 70 años de sacerdote, siendo entonces el séptimo purpurado más longevo del mundo. El cardenal Aramburu nació en Reducción, provincia de Córdoba, el 11 de febrero de 1912 y su infancia transcurrió entre su pueblo natal cordobés, España y Buenos Aires, ciudad donde realizó sus primeros estudios en el Colegio De La Salle. A los 11 años ingresó en el Seminario de Córdoba y años más tarde fue enviado al Colegio Pío Latinoamericano de Roma, donde fue ordenado sacerdote el 28 de octubre de 1934. Obtuvo los doctorados en Filosofía y Derecho Canónico en la Universidad Gregoriana. De regreso al país fue designado vicario cooperador de la parroquia de Villa del Rosario, provincia de Córdoba, y en la ciudad de Córdoba fue profesor de Derecho Canónico en el seminario de Nuestra Señora de Loreto y luego vicerrector del mismo. El 7 de octubre 1946 fue nombrado por el papa Pío XII obispo titular de Platea y auxiliar del entonces obispo de Tucumán, monseñor Agustín Barrere. Recibió su consagración episcopal el 15 de diciembre de 1946 en la catedral de Córdoba de manos de monseñor Fermín Emilio Laffite, arzobispo de Córdoba, y fueron obispos co-consagrantes monseñor Leopoldo Buteler, obispo de Río Cuarto y monseñor Ramón José Castellano, obispo titular de Flaviade y auxiliar de Córdoba. En la celebración estuvo también presente monseñor Barrere. Al quedar vacante el obispado de Tucumán, por fallecimiento de su titular, el cardenal Aramburu quedó al frente de la diócesis como vicario capitular hasta el 28 de agosto de 1953 en que fue nombrado Obispo de Tucumán, sede de la que tomó posesión el 1º de noviembre de 1953. Su labor pastoral se manifestó en la erección de diez parroquias y en la construcción de capillas en el interior de la diócesis tucumana encarando la construcción de la Casa de Ejercicios Espirituales de Tucumán. En las parroquias tucumanas llegó a confirmar a más de 1.000 personas por día, y según sus cálculos, el total llega a unas 150.000. Para el cardenal Aramburu, la confirmación “es un sacramento que imprime carácter y sus efectos no mueren ni desaparecen”, según expresó a AICA en ocasión de una entrevista que se le realizó con motivo de sus Bodas de Oro Episcopales, en 1996. Al elevar el Sumo Pontífice la diócesis tucumana a la jerarquía de arquidiócesis, el 13 de marzo 1957, el prelado fue promovido a arzobispo de Tucumán siendo su primer arzobispo y cuarto diocesano. El sumo pontífice le concedió el Palio Arzobispal, que le fue impuesto solemnemente en la Catedral de Tucumán el 9 de julio de 1957. El purpurado cordobés representó al Episcopado Argentino ante el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y en el año 1959 integró la comisión del Episcopado Latinoamericano que celebró, por encargo de la Santa Sede, una conferencia en Washington. Participó en todas las sesiones del Concilio Vaticano II, hecho de la Iglesia al que calificó “como el más trascendente de su vida”. En 1967 fue designado vicepresidente de la Comisión Permanente del Episcopado Argentino, y el 14 de junio de ese año, tras 21 de ministerio en Tucumán, Pablo VI lo nombró coadjutor con derecho de sucesión del cardenal Antonio Caggiano, arzobispo de Buenos Aires, y fue transferido de la sede residencial de Tucumán a la sede titular de Torres de Bizacena. Ya en septiembre de 1966 el cardenal Caggiano le había manifestado al Sumo Pontífice que le concediera un coadjutor con derecho de sucesión en la persona del entonces monseñor Juan Carlos Aramburu y que lo dispensara del gobierno pastoral, petición a la que Pablo VI accedió parcialmente. El 6 de agosto de 1967 el cardenal Aramburu se hizo cargo del gobierno pastoral pleno de la arquidiócesis luego de la ceremonia de toma de posesión, que tuvo lugar en la catedral de Buenos Aires, según la bula papal por la cual se lo autorizaba a “tomar posesión canónica de su oficio, observando las prescripciones del Derecho”. El 22 de abril de 1975 fue promovido a arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, tras la aceptación papal de la renuncia del cardenal Antonio Cagginano, y recibió el palio de manos de Pablo VI el 25 de mayo de 1976. Fue el noveno arzobispo y vigésimo cuarto diocesano de la Arquidiócesis de Buenos Aires. En el consistorio convocado por el papa Pablo VI, el 24 de mayo de 1976, el entonces arzobispo de Buenos Aires, fue creado cardenal del título de San Juan Bautista de los Florentinos, siendo el quinto purpurado argentino nombrado por la Santa Sede. El cardenal Aramburu, integró las Sagradas Congregaciones para las Iglesias Orientales, para la Educación Católica, y para el Culto; la Prefectura de Asuntos Económicos y el Consejo de Cardenales para el estudio de los problemas organizativos y económicos en la Santa Sede. En la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) se desempeñó como presidente entre 1982 y 1985 y miembro de la comisión episcopal para la Universidad Católica Argentina. El 11 de febrero de 1987 presentó su renuncia al arzobispado de Buenos Aires por haber alcanzado la edad que indica la norma canónica, pero Juan Pablo II se la aceptó tres años más tarde, el 11 de julio de 1990, luego de 23 años de gobierno pastoral al frente de la arquidiócesis El segundo obispo más joven El cardenal Juan Carlos Aramburu fue el primero en llegar a las bodas de oro episcopales en la historia de la Iglesia vernácula y el segundo obispo más joven de la Argentina: nacido el 11de febrero de 1912, es consagrado a los 34 años y 10 meses de edad. El más joven fue monseñor Francisco Alberti, obispo titular de Siunia y auxiliar de monseñor Mariano Antonio Espinosa y luego primer obispo de La Plata, quien fue consagrado obispo el 9 de abril de 1899, a los 34 años y 12 días de edad. En sus largos años como obispo, el cardenal Aramburu, confirió la ordenación episcopal a 10 obispos: Juan Carlos Ferro, Juan Rodolfo Laise, Mario J. Serra, Guillermo Leaden, Arnoldo Canale, José Manuel Lorenzo, Domingo Salvador Castagna, Carmelo Juan Giaquinta, Eduardo Vicente Mirás y Luis Héctor Villalba; y fue co-consagrante de otros siete: Francisco Juan Venera, Agustín Adolfo Herrera. Leonardo Gallardo Heredia, Jorge Gottau, Juan Luis Tomé, Adolfo Roque Esteban Arana, Leonardo Sandri, Mario Aurelio Poli y Alberto Bózzoli. Fundador de AICA El cardenal Aramburu era hasta hoy el único obispo que permanecía con vida de aquellos que integraron la asamblea plenaria de diciembre de 1955, en Santa Rosa de Calamuchita, en la que fue fundada la agencia AICA.+ Volver al Indice | |
| 2. Nuevo canal de TV abierta de la UCSE Santiago del Estero, NOV 19 (AICA): El obispo de Santiago del Estero, monseñor Juan Carlos Maccarone, quien se encontraba de visita pastoral en el interior de la diócesis, envió un mensaje grabado en el cual afirmó que la reciente puesta al aire del Canal Estudio 3, la señal de televisión abierta de la Universidad Católica de Santiago del Estero (UCSE), es un "hecho cultural significativo. Por primera vez en la historia de las universidades privadas, concretamente en una universidad católica; este hecho es también inédito e importante para nuestra Iglesia”. Volver al Indice | ||
| 3. Recital a beneficio del Pequeño Cottolengo Buenos Aires, NOV 22 (AICA): A total beneficio de los residentes del Pequeño Cottolengo Don Orione, el domingo 5 de diciembre, desde las 16, Víctor Heredia e Ignacio Copani ofrecerán en dicho lugar, avenida Lacaze 3963, Claypole, un recital donde presentarán sus nuevos trabajos “Fénix” y “Hablemos en serio”, y los éxitos de siempre. Entradas en venta en Carlos Pellegrini 1441, Buenos Aires (Oficina de Comunicación, 4328-2698) y en el Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole. Volver al Indice | ||
| 4. Cáritas El portal de Cáritas Argentina www.caritas.org.ar, se renueva con las experiencias que diariamente se realizan en las comunidades, parroquias, capillas y diócesis de todo el país. A través de él podemos compartir el trabajo que se lleva adelante en busca de respuestas integrales a las problemáticas de la pobreza desde los valores de la dignidad, la justicia y la solidaridad, promoviendo la conciencia social en pos del Bien Común. Entre las novedades del Portal encontrarán: Cáritas Río Gallegos talleres de animación y fortalecimiento del trabajo diocesano http://www.caritas.org.ar/htm/noticias01.htm#riogallegos Por la no violencia contra la mujer: una problemática íntima con consecuencias públicas. http://www.caritas.org.ar/htm/noticias01.htm#noviolencia Reflexión del Presidente de Cáritas Mons. Jorge Casaretto “Dejar de mirarnos aisladamente, para alcanzar un proyecto colectivo” http://www.caritas.org.ar/htm/espiritualidad01.htm#noviembre Volver al Indice | ||
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| DOCUMENTACIÓN |
5. Carta pastoral de Adviento 2004 Responder a grandes desafíos con la fuerza del Espíritu Queridos amigos: El Adviento nos invita a mirar nuestras vidas frente al renovado nacimiento del Señor en la historia. El año va acabando y el panorama es de grandes contrastes. Seguramente estos contrastes también se dan en nuestras vidas personales y familiares, sin embargo en esta carta me quiero referir sobre todo a los contrastes colectivos. Vivimos una época, (como les he dicho en otras oportunidades) que continuamente nos desafía: desafía nuestra creatividad, nuestros esquemas, nuestras costumbres y modo de ver la vida… Es un tiempo difícil y apasionante, frente al cual tenemos que estar bien parados para que tanto desafío no nos haga naufragar. Hace tiempo que quiero escribirles sobre la misión evangelizadora de la Iglesia de cara al tiempo que vivimos. Esperé la realización de nuestra Asamblea Diocesana y ahora continuando con nuestro camino diocesano, les enviaré una serie de reflexiones (esta carta pastoral, la de cuaresma y tal vez alguna más), aportando algunos pensamientos que puedan ayudarnos a vivir más evangélicamente este tiempo tan desafiante. La idea es comenzar describiendo las características de este momento histórico, sus luces y sus sombras, y a partir de allí tratar de descubrir los retos más urgentes que se nos presentan. He rezado mucho y lo sigo haciendo, para pedir un poco más de luz. Todo esto que les escribo, como siempre, pretende favorecer el diálogo de cada uno de ustedes con Dios y entre ustedes: en sus familias, comunidades, lugares de estudio o trabajo, etc. A partir de este intercambio, estos conceptos quedarán enriquecidos y aplicados a las situaciones concretas, para que no permanezcan solamente en una reflexión espiritual, sino que nos hagan crecer en nuestra vida cristiana. 1. Signos de vida en la cultura actual Hay ciertos acontecimientos, ciertas circunstancias o eventos que caracterizan una época. El Concilio Vaticano II, habla de "Signos de los tiempos", como aquellas esperanzas y temores que definen una etapa de la historia, y que la Iglesia debe saber interpretar a la luz del Evangelio, para cumplir su misión "de forma que, acomodándose a cada generación, pueda responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida presente y de la vida futura y sobre la mutua relación de ambas. Es necesario por ello conocer y comprender el mundo en que vivimos, sus esperanzas, sus aspiraciones y el sesgo dramático que con frecuencia le caracteriza" (GS n° 4). Efectivamente, la Iglesia en el mundo contemporáneo, trata de comprender la realidad que nos toca vivir. Ella misma se cuestiona su ser y sobre todo su quehacer en medio de las circunstancias que preocupan al hombre de hoy, que son las que a ella le interesan. En nuestra época, en nuestra cultura, hay muchos signos de vida. El Espíritu Santo sigue sembrando en los corazones "semillas del Verbo" (como decían los Santos Padres, que son los santos y escritores de la primera etapa de la Iglesia). Hay muchos elementos de verdad, de justicia, de bondad, que con su sola existencia anuncian al Dios de la vida. Veamos algunos: Jamás ha habido tantas posibilidades en la aplicación de la ciencia y hay una conciencia creciente de protagonizar un tiempo más complejo que requiere nuevos conocimientos. En relación con lo anterior, es importante tener en cuenta que durante el siglo XX, se ha dado un fenómeno que la humanidad no había conocido antes: la aceleración del progreso. Los cambios, la transformación de la cultura y de las costumbres, parecen ser el rasgo más distintivo de este tiempo. Impresiona la velocidad con la que cada invención fue evolucionando, con que lo nuevo se fue haciendo viejo y fue desechado y reemplazado y a veces con el tiempo, nuevamente reivindicado y restablecido. Al hablar de las novedades tecnológicas actuales, el avance en las telecomunicaciones y en la informática nos ha cambiado la vida. Se han abierto nuevas posibilidades de todo tipo. Se da entre nosotros una "conciencia planetaria": las comunicaciones antes mencionadas, en particular internet, nos han hecho tomar conciencia de la interconexión profunda de los seres humanos. Lo que pasa en Europa repercute aquí, en África, etc. Hay una marcada sensibilidad en la búsqueda de la justicia y en el respeto de los derechos humanos. Las distintas convenciones y acuerdos internacionales sobre derechos (del trabajador, de los niños, de los refugiados, de los presos, etc.), han logrado concretos avances en el bienestar de las personas. Se ha acentuado la preocupación ecológica y el cuidado del planeta. Estamos tomando conciencia de la necesidad de cuidar esta "casa común", para asegurar la supervivencia y el bienestar de las próximas generaciones. Si hay un rasgo que caracteriza a este tiempo, es la necesidad y la aspiración a la solidaridad. Necesidad, porque frente a las grandes angustias materiales de un enorme número de personas, se plantea el compromiso ético de compartir bienes y talentos, dones materiales y espirituales. Aspiración, porque en el ejercicio de la solidaridad, se descubre la belleza del compartir, y de qué manera la comunión de bienes beneficia tanto a quien da como a quien recibe. Creo que por esto, podríamos catalogar a este tiempo como el tiempo social, en el sentido de "tiempo de la solidaridad", o más precisamente, el tiempo de ser solidarios. La crisis que vivimos nos da la oportunidad única de descubrir la solidaridad como una dimensión esencial de la vida, un valor que al practicarlo nos humaniza. El respeto por la libertad y la conciencia es un signo positivo y muy fuerte de este tiempo. Hoy se privilegia el tema de la dignidad de la persona y de su interioridad, manifestada fundamentalmente en el valor de la conciencia personal y en la necesidad de sentirse y expresarse libremente. Aunque me detendré más ampliamente en el orden religioso, la búsqueda de sentido de la vida en general, adquiere hoy gran importancia. El lenguaje y la formulación de criterios religiosos también ha cambiado; aún con dificultades vamos encontrando una expresión más humilde y dialogal. El encuentro de oración ecuménica en Asís, en 1986, nos mostró a los máximos dirigentes de diversas confesiones, orando por la paz. El Concilio Vaticano II, significó un hito en la historia, no sólo del catolicismo, sino de todo el cristianismo, ya que inauguró un período nuevo, de diálogo ecuménico e interreligioso. Al mismo tiempo, la Iglesia católica tuvo profundas transformaciones internas. Podríamos sintetizarlas diciendo que se avanzó hacia un esquema de Iglesia-comunión, Iglesia-Pueblo de Dios, donde prima lo común sobre las diferencias. El debate entre creyentes y no-creyentes, se desarrolla en términos mucho más tolerantes que en el pasado. Podemos decir que se ha extendido el indiferentismo religioso, pero también que el ateísmo racionalista y estructural que dominaba muchos círculos intelectuales de mitad del siglo XX, se expresa de un modo existencial y humanista, más posmoderno y por eso mismo menos confrontativo con la actitud religiosa. Hay muchos, muchísimos más signos de vida, sería bueno que en un momento de oración, sigamos con esta lista, pero aplicándola a nuestra vida. En general, estos signos son indicios de la presencia y de la acción del Espíritu de Dios en la historia, que trabaja a través de las personas que se prestan a secundarlo en todo lo que sea bien y verdad. ¿Qué hemos de hacer con estos signos de vida, con estas "señales del Espíritu"?: reconocerlas, agradecerlas, acompañarlas y hacerlas fructificar en lo que de nosotros dependa. 2. Signos de muerte en la cultura actual Junto con los signos de vida de nuestra cultura, que se revelan como verdaderos anticipos de la resurrección, hay elementos que nos hablan de una "cultura de la muerte", o "signos de muerte" de la cultura. Estos signos constituyen la contracara o la contrafigura de lo que hemos visto en la primera parte de la carta. Si los signos de vida nos señalan la presencia del Espíritu, estos signos de muerte nos están mostrando aquellos ámbitos de la existencia en los que las personas no estamos dejando que el Espíritu de Dios llegue y actúe. Incluso muchos de ellos no podrían explicarse sin la directa intervención del demonio. El avance de la ciencia en muchas de sus expresiones se está volviendo contra el hombre. Los armamentos nucleares, químicos, etc., amenazan con aniquilar a etnias enteras o a toda la humanidad. Los descubrimientos de la genética no sólo han servido para progresar en la investigación de las enfermedades, sino también para la manipulación de los embriones, dando lugar a situaciones aberrantes: embriones congelados, descartados, alquiler de vientres, hijos de padres desconocidos, etc. El progreso de la ciencia y de la técnica se revela como nunca antes, como un arma de doble filo. En relación con lo anterior, los MCS y su influencia en nuestras vidas, se presentan muchas veces dañinos, invasivos, peligrosos. Bástenos pensar en los modelos de vida que se nos ofrecen por estos medios masivos y su influencia sobre chicos y grandes. Las computadoras y el acceso a internet desde casa, desde la escuela, desde un bar, han desplazado en muchas ocasiones a la comunicación interpersonal y familiar. ¿Qué nos llega por internet? ¿A qué podemos acceder? Así como es una valiosa herramienta educativa y de información puede ofrecer pornografía, y contactos no-constructivos. Pienso aquí sobre todo en los niños y jóvenes y sus largas horas de "chateo" ¿con quién/es conversan virtualmente? También hay quien vende y entrega droga a domicilio por la web… La droga es el azote de estos tiempos. Mientras la ciencia médica avanza en la curación de las enfermedades, miles de personas contraen adicciones, de las cuales es muy difícil salir. En este orden están también las enfermedades de transmisión sexual. Detrás de estos cuadros hay vidas arruinadas, familias rotas por desgracias evitables… Presenciamos una escalada del sexo-placer, en todas las expresiones culturales, sociales, en los MCS. Esta presentación distorsiona el sentido auténtico del sexo como expresión de la persona, trayendo innumerables problemas. Los jóvenes y las familias se ven afectados por una concepción distorsionada de la vida, según la cual se hace difícil percibir los verdaderos valores que hacen duradera la convivencia: la verdad, la fidelidad, la capacidad de renunciar a sí mismo, etc. La pérdida de conciencia del mal y del pecado afecta todo el orden moral, pero particularmente en los ataques a la vida y en la difusión del aborto. Las guerras son cada vez más destructivas. Las secuelas son peores a las del pasado. Hay países que llevan décadas de enfrentamientos y generaciones enteras que no conocen la paz. El fenómeno de los emigrantes y refugiados es mundial. A esta realidad terrible, se ha sumado la nefasta concepción de la "guerra preventiva". El terrorismo ha cambiado la fisonomía política de los países e influye poderosamente en las culturas. El hambre en el mundo: nuestra tierra generosa brinda alimentos suficientes para todos los que la habitamos. Cientos de miles mueren cada día por desnutrición, y la brecha entre ricos y pobres crece en el mundo y en nuestro país. Mirar las estadísticas de la ONU o de la FAO nos hace tomar conciencia de esta realidad. La violencia en sus diversas expresiones. Las injusticias e inequidades que generan violencia: sociales, económicas, culturales, raciales, de género, etc. La delincuencia y la inseguridad que padecemos en la Argentina y en muchos países del mundo, en especial en los países pobres. Junto con el renacimiento espiritual y con una tolerancia a lo diverso bastante difundida en nuestro tiempo, resurgen los fanatismos religiosos más virulentos y las "guerras santas": en nombre de Dios se cometen espantosos crímenes. El secularismo y el ateismo práctico, ponen a Dios al margen de nuestras vidas. El Dios personal y remunerador es reemplazado en muchas expresiones pseudo-religiosas por la conciencia individual y un vago sentimiento de comunión con el cosmos. A este panorama, los argentinos podríamos añadir las luces y las sombras de nuestra propia crisis, en la que no me detengo porque ya hemos hablado en otras cartas, y además porque cada uno de nosotros la conoce bien, al sufrirla en carne propia. Aquí también la enumeración podría continuar, pero el sentido de la misma no es deprimirnos y ver lo mal que estamos, sino tomar conciencia de la honda necesidad que tenemos de ser redimidos por el Señor y de ejercitar nuestro discernimiento cristiano. 3. En busca de una comprensión más plena Acabamos de describir hechos y situaciones, son como el diagnóstico de la situación. Si hiciéramos la comparación como una persona que va al médico, éste le diría que todos estos son "síntomas", que le hablan a él de la presencia de determinadas "enfermedades". Nuestras "enfermedades" como cuerpo social, en este tiempo llamado pos-modernidad, para muchos analistas serían las siguientes: a. Materialismo: el maravilloso avance de la ciencia y de la técnica, nos ha hecho tomar cada vez mayor posesión del mundo y de las situaciones que antes excedían nuestras fuerzas. Fascinados por el poder de lo que se puede lograr gracias al dinero, la cultura ha facilitado la vuelta hacia lo exterior, hacia lo que se ve, se maneja o compra. Eso es lo que vale y sirve. Según esta concepción, lo que reluce es oro, y las personas son importantes por su exterior: dinero, posesiones, juventud, salud, etc. De allí proviene un apetito insaciable de tener y una enfermedad llamada "consumismo", que muchos aprovechan para ubicar sus productos en el mercado. b. Individualismo: La cultura en la que estamos inmersos, nos dice que cada uno tiene que construir su propia felicidad de manera individual, aún a expensas de la de los otros. Hay una especie de epidemia de individualismo, del "sálvese quien pueda", que tanto mal nos ha hecho a los argentinos. Toda la vida, gira alrededor de uno mismo: cómo me siento, cómo estoy, qué me pasa. Todas estas preguntas están muy bien, si me sirven para estar en contacto conmigo mismo/a y a partir de allí relacionarme con los demás, aceptando también las necesidades y requerimientos de los otros. Pero nos está pasando que nos encerramos en nosotros mismos, y en la era de las comunicaciones, las personas que viven en una misma casa no se comunican porque cada uno está "en la suya". Muchos creen en Dios, únicamente si esta vivencia es gratificante. Vivimos en una especie de obsesión por nosotros mismos que nos hace sentir terror a la enfermedad y a la edad. Estamos enfermos de individualismo. Se trata de la construcción de sí, de toma de posesión del propio cuerpo y de la propia vida: el hombre/la mujer, enamorado/a de sí mismo/a, se siente con armas como para luchar incluso con las leyes inexorables del tiempo y de la enfermedad, sin aceptar que somos mortales y limitados. Cada cual siente que puede armar su entorno y su destino personal (hablamos siempre de ideales culturales, y de las sociedades del primer mundo, ya que nuestros pobres, excluidos de todo, también lo están de la mínimas posibilidades). c. Relativismo: no es difícil suponer que semejante distorsión de la realidad, conduzca a no poder darse cuenta de cuáles son los verdaderos valores que estructuran una vida feliz y una convivencia saludable. Todo será evaluado en función del propio placer y en términos económicos. Las cosas son buenas y sirven en la medida en que producen placer personal y/o dan dinero, como medio de procurar ese placer. La paradoja es que este ideal de vida y sus valores adjuntos, no han generado sociedades ni personas exitosas ni felices, sino individuos aislados, ansiosos, deprimidos, frágiles y desestabilizados, a los que les falta el marco de los valores, de la familia y la comunidad que antes daba referencia a las personas. Pero estas "enfermedades" no es lo único que encontramos en nuestro cuerpo social. Al principio de la carta, hablamos de los signos de vida, que son síntomas de núcleos sanos, que hay que promover para bien de todo el organismo social. Aunque revisten variantes, dos muy importantes son: 1) La búsqueda de sentido: La pregunta por el sentido es inherente al ser humano. No se puede vivir mucho tiempo sin preguntarse el "¿para qué?" de nuestra presencia en esta tierra. Una interrogación a fondo acerca del sentido de tener y de vivir para sí mismo, llega en algún momento de la vida, tarde o temprano. La respuesta que se dé a ese interrogante, señala el rumbo de nuestra historia personal. Ya hemos hablado de esta búsqueda al tratar los signos de vida, por eso no me detengo aquí. Se trata de un síntoma de salud que ya es salud en sí mismo. 2) Las ansias de trascendencia y espiritualidad: Hay una fuerte intuición de trascendencia en nuestra cultura. La gran búsqueda de espiritualidad que vivimos nos está diciendo que, aunque el nuestro es un tiempo fuertemente cargado de individualismo, racionalismo y de relativismo moral, las personas siguen buscando en lo religioso las respuestas a los interrogantes más profundos. Quizás justamente porque venimos de unos años de mucho materialismo, la gente comienza a intentar otras búsquedas que tienen más que ver con lo espiritual. Muchos se inclinan por formulaciones no-dogmáticas e intentan integrar lo espiritual a todos los ámbitos de sus vidas. Las religiones también están buscando caminos nuevos para dar respuesta a las nuevas inquietudes espirituales de sus creyentes. 4. El bien, el mal y el necesario discernimiento Todo lo que vemos y vivimos, nos está indicando la presencia del bien y del mal en nuestras vidas. No se trata de ideas en el aire, sino de una realidad, como la del trigo y la cizaña, que describe Jesús en el evangelio (Mt 13,24-30). El bien y el mal están presentes en la historia personal y comunitaria, están también en nuestro corazón. Esto es importante que lo percibamos, que tomemos conciencia de nuestra libertad y posibilidad de elegir. Si en un contexto de vida se difunde la droga, los jóvenes que lo frecuentan tendrán que soportar "el peso", la influencia que ese ambiente ejerce sobre ellos. El mal o el bien tienden a generar contextos de vicio, culturas de muerte, o al revés: de virtudes y de vida. Desde el punto de vista evangélico, en el corazón de cada uno de nosotros y en las mismas realidades, se da una lucha entre el bien y el mal que reactualiza el misterio pascual de Jesús, el drama de la cruz y de la resurrección. Toda esta descripción de los signos de los tiempos nos ayuda a ver que Jesucristo sigue muriendo para derrotar los signos de muerte y hacer resucitar los signos de vida, en nuestros corazones y en nuestros contextos vitales. Constantemente estamos desafiados a optar por el pecado, o por la gracia. A veces los signos son claros y podemos decidir con relativa facilidad, a veces son oscuros o ambivalentes... ¿cómo encontrar entonces el camino verdadero? Necesitamos un espíritu de "discernimiento". Discernir quiere decir separar, cribar, dividir, distinguir una cosa de otra. Es el trabajo que hace el tamiz: retiene unos granos y deja pasar otros, y así los separa. Discernir no es sólo sopesar ideas, sino también captar mociones del Espíritu de Jesús en nuestra vida y en la historia. Se trata de aprender a darse cuenta de los movimientos interiores que suscita el Espíritu de Dios. Como bien podrán darse cuenta ustedes, el discernimiento es algo muy importante y necesario en la vida cristiana, y que debemos practicar cotidianamente, no sólo ante las grandes elecciones de la vida (aunque principalmente ante ellas).Es un hábito y una actitud frente a la realidad, una tarea dinámica que requiere atención, escucha y paciencia. 5. Optar por el bien con la fuerza del Espíritu En este discernimiento no estamos solos, ni contamos solamente con nuestro buen criterio, ni con las solas posibilidades humanas para elegir bien. Desde el bautismo, el Espíritu de Dios actúa y vive en nosotros, está presente en nuestras vidas. Está disponible para que nosotros contemos con Él y lo invoquemos, para transformar juntos la historia. El Espíritu de Dios, es Dios mismo hecho Don y ofreciéndose como coautor de la historia. Si no lo dejamos intervenir, si no invocamos su presencia permanecerá allí, en nosotros, expectante y presente pero silencioso. Si establecemos con Él una relación de amistad, podremos conocerlo, aprender sobre su modo de ser y sobre el designio de libertad y amor que el Señor tiene para nuestro mundo. Podremos, sobre todo, hacerle lugar al Espíritu en nuestras vidas, para dejarnos conducir por Él. Tanta crisis y cuestionamiento que vivimos, nos hace olvidar que nosotros tenemos un camino de felicidad y un mensaje que anunciar, un ideal para proponer, que es capaz de dar felicidad y plenitud a las personas. Si mi bautismo es un recuerdo de estampita olvidada en algún cajón de la casa, evidentemente no puede ser una fuerza renovadora de mi vida ni de la de los otros, pero si yo reconozco en este sacramento, el núcleo más íntimo de mi seguimiento de Jesús, entonces me puedo dejar decir: Recibirán la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos… (Cf. Hech 1,8). Queridos amigos, voy concluyendo, si Dios quiere, vamos a seguir reflexionando sobre este tema y lo retomaremos en la cuaresma. Pidámosle a María que se dejó guiar por el Espíritu, que nos enseñe a conocerlo y a hacerle lugar en nuestras vidas, para que podamos transformar la historia con su fuerza y con su luz. ¡Que Él nos regale su paz! ¡Muy feliz Navidad para cada uno de ustedes y sus seres queridos! + Jorge Casaretto Obispo de San Isidro Carta Pastoral de Adviento 2004: GUÍA DE TRABAJO Tal como hicimos en otras cartas pastorales, nos vamos a ayudar con una guía de trabajo en nuestra reflexión personal y comunitaria. ¿Qué es una Guía de Trabajo? Es una serie de preguntas que nos ayudarán a interiorizar los contenidos de la CARTA PASTORAL. No se trata de encontrar la "respuesta correcta", sino de preguntarnos acerca de lo que estamos reflexionando, para ver qué repercusión tienen estas realidades en la vida de cada uno de nosotros. Sería bueno que escribamos las respuestas, ya que el ejercicio de escribir nos ayuda a concentrarnos y a ponernos en contacto con nuestro interior. Si queremos, después podemos compartir lo que hemos reflexionado, con nuestra familia o comunidad. Aquí van las preguntas: ¿Qué signos de vida hay en mi vida? ¿Qué signos de vida puedo reconocer en mi historia personal? ¿y en la de mi familia? ¿Qué signos de muerte hay en mi vida? ¿Qué signos de muerte puedo reconocer en mi historia personal? ¿y en la de mi familia? ¿He comprendido lo que significa "discernir"? Poner ejemplos de situaciones en las que puse en práctica el discernimiento. ¿Qué es para mí ser feliz? ¿Cuál ha sido el momento más feliz de mi vida? ¿por qué? ¿Alguna vez sentí la presencia del bien y del mal en mi vida o en mi corazón? ¿cuándo? ¿En qué momentos de la vida me resultó difícil optar entre el bien y el mal? ¿Qué significa para mí, en este momento de mi vida "recibir la fuerza del Espíritu Santo"? Hago una oración frente al pesebre, pidiéndole a Jesús nacer junto con Él en esta navidad a una vida nueva. Volver al Indice | |
| 6. Juan Pablo II: Dios abate los muros entre los hombres Comentario al Salmo 66, «Que todos los pueblos te alaben» CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 17 noviembre 2004 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Juan Pablo II en la audiencia general de este miércoles dedicada a comentar el Salmo 66, «Que todos los pueblos te alaben». El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. Que canten de alegría las naciones, porque riges el mundo con justicia, riges los pueblos con rectitud y gobiernas las naciones de la tierra. Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. La tierra ha dado su fruto, nos bendice el Señor, nuestro Dios. Que Dios nos bendiga; que le teman hasta los confines del orbe. 1. «La tierra ha dado su fruto», exclama el Salmo que acabamos de proclamar, el 66, uno de los textos introducidos en la Liturgia de las Vísperas. La frase nos hace pensar en un himno de acción de gracias dirigido al Creador por los dones de la tierra, signo de la bendición divina. Pero este elemento natural está íntimamente ligado al histórico: los frutos de la naturaleza son considerados como una ocasión para pedir repetidamente que Dios bendiga a su pueblo (Cf. versículos 2. 7. 8.), de modo que todas las naciones de la tierra se vuelvan a Israel, tratando de llegar a través de él al Dios salvador. La composición ofrece, por tanto, una perspectiva universal y misionera, tras las huellas de la promesa divina hecha a Abraham «Por ti se bendecirán todos los linajes de la tierra» (Génesis 12, 3; Cf. 18, 18; 28, 14). 2. La bendición divina pedida por Israel se manifiesta concretamente en la fertilidad de los campos y en la fecundidad, es decir, en el don de la vida. Por ello, el Salmo se abre con un versículo (Cf. Salmo 66, 2), que hace referencia a la famosa bendición sacerdotal del Libro de los Números: «El Señor te bendiga y te guarde; ilumine el Señor su rostro sobre ti y te sea propicio; el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz» (Números 6, 24-26). El eco del tema de la bendición resuena al final del Salmo, donde reaparecen los frutos de la tierra (Cf. Salmo 66, 7-8). Ahí aparece este tema universal que confiere a la espiritualidad de todo el himno una sorprendente amplitud de horizontes. Es una apertura que refleja la sensibilidad de un Israel que ya está dispuesto a confrontarse con todos los pueblos de la tierra. La composición del Salmo debe enmarcarse, quizá, tras la experiencia del exilio de Babilonia, cuando el pueblo comenzó a experimentar la Diáspora entre las naciones extranjeras y en nuevas regiones. 3. Gracias a la bendición implorada por Israel, toda la humanidad podrá experimentar «la vida» y «la salvación» del Señor (Cf. versículo 3), es decir, su proyecto salvífico. A todas las culturas y a todas las sociedades se les revela que Dios juzga y gobierna a los pueblos y a las naciones de todas las partes de la tierra, guiando a cada uno hacia horizontes de justicia y paz (Cf. v. 5). Es el gran ideal hacia el que estamos orientados, es el anuncio más apremiante que surge del Salmo 66 y de muchas páginas proféticas (Cf. Isaías 2,1-5; 60,1-22; Jonás 4,1-11; Sofonías 3,9-10; Malaquías 1, 11). Esta será también la proclamación cristiana que delineará san Pablo al recordar que la salvación de todos los pueblos es el centro del «misterio», es decir, del designio salvífico divino: «los gentiles sois coherederos, miembros del mismo Cuerpo y partícipes de la misma Promesa en Cristo Jesús por medio del Evangelio» (Efesios 3, 6). 4. Ahora Israel puede pedir a Dios que todas las naciones participen en su alabanza; será un coro universal: «Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben», se repite en el Salmo (Cf. Salmo 66, 4.6). El auspicio del Salmo precede al acontecimiento descrito por la Carta a los Efesios, cuando parece hacer alusión al muro que en el templo de Jerusalén separaba a los judíos de los paganos: «En Cristo Jesús, vosotros, los que en otro tiempo estabais lejos, habéis llegado a estar cerca por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad... Así pues, ya no sois extraños ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y familiares de Dios» (Efesios 2, 13-14. 19). Hay aquí un mensaje para nosotros: tenemos que abatir los muros de las divisiones, de la hostilidad y del odio, para que la familia de los hijos de Dios se vuelva a encontrar en armonía en la única mesa, para bendecir y alabar al Creador para los dones que él imparte a todos, sin distinción (Cf. Mateo 5, 43-48). 5. La tradición cristiana ha interpretado el Salmo 66 en clave cristológica y mariológica. Para los Padres de la Iglesia, «la tierra que ha dado su fruto» es la virgen María que da a luz a Jesucristo. De este modo, por ejemplo, san Gregorio Magno, en el «Comentario al primer Libro de los Reyes», glosa este versículo, comparándolo a otros muchos pasajes de la Escritura: «María es llamada y con razón "monte rico de frutos", pues de ella ha nacido un óptimo fruto, es decir, un hombre nuevo. Y al ver su belleza, adornada en la gloria de su fecundidad, el profeta exclama: "Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará" (Isaías 11, 1). David, al exultar por el fruto de este monte, dice a Dios: "Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben. La tierra ha dado su fruto". Sí, la tierra ha dado su fruto, porque aquel a quien engendró la Virgen no fue concebido por obra de hombre, sino porque el Espíritu Santo extendió sobre ella su sombra. Por este motivo, el Señor dice al rey y profeta David: "El fruto de tu seno asentaré en tu trono" (Salmo 131, 11). De este modo, Isaías afirma: "el germen del Señor será magnífico" (Isaías 4, 2). De hecho, aquel a quien la Virgen engendró no sólo ha sido un "hombre santo", sino también "Dios poderoso" (Isaías 9, 5)» («Textos marianos del primer milenio» --«Testi mariani del primo millennio»--, III, Roma 1990, p. 625). [Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, uno de los de los colaboradores del San Padre leyó esta síntesis de su intervención:] El salmo que se ha proclamado expresa el reconocimiento al Creador porque ha bendecido a la tierra con sus frutos, y llama a todos los pueblos a unirse en esta acción de gracias. Es un mensaje muy actual, pues implica superar odios y hostilidades para que todos los hombres puedan sentarse en la única mesa y alabar al Creador por tantos dones que nos ha hecho. [A continuación, el Papa se dirigió a los presentes en castellano con estas palabras:] Saludo a los peregrinos de lengua española. En particular a la Orquesta de Músicos especiales, así como a los otros grupos de España y Latinoamérica. Deseo a todos el gozo de saberse en manos Dios. Muchas gracias por vuestra visita. Volver al Indice | ||
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| COMUNICACION E INFORMATICA |
7. Finaliza Segundo Cibercongreso en Barcelona Después de 13 días de debate, este martes 16 de noviembre se puso punto final al Cibercongreso organizado por el Observatorio para la Cibersociedad), en el que participaron 4.184 personas, dialogando en torno a 900 líneas de conversación, a través de 400 ponencias, en un total de 80 horas de diálogo, por medio de las cuales se intentó responder a la pregunta: ¿hacia qué sociedad del conocimiento? Las respuestas fueron muy variadas y abordaron, entre otros, temas como el uso crítico de la tecnología, las nuevas formas de aprendizaje y los nuevos modelos sociales y formas de producción. Las conclusiones del congreso serán puestas a disposición del público en las próximas semanas en http://www.cibersociedad.net/congreso2004 Volver al Indice | |
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