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PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
Av. Libertador 13.900 - 1640 Martínez Tel. y Fax 4508-8501 // 8502 E-mail: pqfatima@... Secretaría: secretaria@... Página Web: www.fatima.org.ar | ||
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Lecturas del día | |
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Noticias desde la Parroquia de Fátima Martes 22 de febrero de 2005 - Año VIII - N° 272 | |
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| INDICE | ||
| NUESTRA PARROQUIA |
ARGENTINA | |
| 1. Horarios de Verano |
6. Card. Martino se solidarizó con Mons. Baseotto | |
| 2. Programa Nueva Vida |
7. El padre Bressanelli nuevo obispo de Comodoro Rivadavia | |
| 3. Casa de los Amigos |
MUNDO | |
| NUESTRA DIOCESIS |
8. Formación «on-line» gratuita de acólitos y monaguillos | |
| 4. Seminario Catequístico Teológico |
DOCUMENTACIÓN | |
| 5. Tiempo de Cuaresma |
9. Carta apostólica de Juan Pablo II «El rápido desarrollo» | |
| 10. Carta Pastoral de Cuaresma 2005 | ||
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| NUESTRA PARROQUIA |
1. Horarios de Verano - MISAS DURANTE FEBRERO Sábado 20.00 hs. Domingo 20 y 27 a las 10, 12 y 20 hs. Lunes a Viernes a las 9 hs. SECRETARÍA Ya se encuentra funcionando en sus horarios habituales. Lunes a Viernes de 9.30 a 12.30 y de 16.00 a 19.00 hs. Primeros y Terceros Sábados de 10.30 a 12.30 hs. Volver al Indice | |
| 2. Programa Nueva Vida Cáritas Diocesana Con el objetivo de aclarar lo publicado en la última entrega de las noticias semanales incluimos la siguiente infomración: NUESTRA PARROQUIA COLABORA MENSUALMENTE CON ESTE PROGRAMA NUEVA VIDA es un proyecto dirigido a las personas sin trabajo para que puedan empezar una nueva forma de vida. Un cambio de perspectiva para ver el mundo. Por eso, el fin es ayudar a la gente a cambiar el paradigma: dejar de esperar a que el empleo aparezca, y considerar la posibilidad de generar un emprendimiento propio, como así apoyarlo en todos los aspectos posibles en la búsqueda de alternativas para el mejoramiento de las condiciones de vida en común Sus objetivos particulares son : • Motivar a las personas para que encuentren su propia valoración • Reinsertarlos en una vida activa y ayudarlo a generar su propio proyecto de trabajo. • Apoyo integral en los aspectos, técnicos, económicos, legales y la problemática emocional para todos los participantes. Con la Asistencia de la FUNDACIÓN SALVAT, se organizan dos encuentros denominados Módulos • Módulo I “ Grupo de Encuentro para la Contención y Adaptación Laboral.” Tiene por objeto lograr para las personas una progresiva orientación al nuevo mercado de trabajo y redescubran sus habilidades y capacidades buscando al mismo tiempo, que los participantes recuperen la autoestima y confianza indispensables para que puedan por si mismo encontrar nuevos espacios laborales a través del Empleo o Autoempleo. Pueden participar todas las personas , desempleadas o no ( sin limite de edad, sexo, estudios, formación, experiencias) pues son grupos absolutamente heterogéneos. La duración es de 18 hs. en 9 encuentros de 2 hs. • Módulo II “ Incubación de Ideas de Negocios “ Se dirige a la formación de las personas como Emprendedores, desarrollando una metodología especifica de incubación, validación y planificación de proyectos laborales, que les permita la creación de Microempresas o Emprendimientos Unipersonales. Pueden participar todas las personas que hayan terminado la capacitación en los Grupos de Encuentros para Contención y Adaptación Laboral, la duración es de 20 hs. en 8 encuentros de 2 horas y media. En forma permanente, funciona el Grupo de Apoyo Mutuo, que complementa este proceso. El mismo es asistido por profesionales, todos voluntarios de CARITAS, .Es un espacio donde pueden asistir todos aquellos que estén participando, hayan participado o vayan a participar de los Encuentros, para recibir apoyo técnico( contable, impositivo, legal, comercial etc) .También hay profesionales capacitados para brindar apoyo de tipo emocional para aquellos que lo requieran. Este grupo se reúne en la calle Ituzaingo Nº 90, San Isidro, todos los jueves de 17 a 19 hs.. Todos servicios coordinados por NUEVA VIDA son gratuitos. Los Módulos se realizan en la Casa de Caritas calle Anchorena Nº 469 enfrente a la Catedral. • Para inscripción o mayor información comunicarse con el teléfono : 4575-4267 o al e-mail: nuevavida@... EL Primer Modulo “ ENCUENTRO PARA LA CONTENCIÓN Y ADAPTACIÓN LABORAL” Comienza el próximo 15 de marzo de 2005 Volver al Indice | ||
| 3. Casa de los Amigos Vieytes Nº 942 Martínez Respondiendo a los mails de algunos lectores, reenviamos el cronograma de actividades, siendo los días y horarios los siguientes: Lunes: 10 a 12 hs Taller de pintura a cargo de Ofelia Pesoa de Cordón 16 a 18.30 hs. Documentales Martes: 15 a18.30 hs. Taller de Canto y Opera con Américo Sforza Jueves: 15 a18.30 hs. Juegos de Cartas Viernes: 14.30 a 16 hs Taller Literario con Elena Frenkel 16 a18.30 hs Taller de Teatro Improvisado con Américo Sforza Recordamos que todas las actividades se terminan alrededor de la mesa, saboreando un rico te con exquisiteces que entre todos llevamos.
LOS ESPERAMOS Todas esta actividades son totalmente gratuitas. Volver al Indice | ||
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| NUESTRA DIÓCESIS |
4. Seminario Catequístico Teológico Santa Teresa del Niño Jesús ABIERTA LA INSCRIPCIÓN PARA: PLAN DE FORMACIÓN BÁSICA Y SISTEMÁTICA DE CATEQUESIS Dirigido a todos aquellos que deseen formarse en la fe tengan o no actividad catequística. Duración: 3 años articulado en materias cuatrimestrales Clases: miércoles de 18 a 21.30 hs CURSOS DE PROFUNDIZACIÓN DEL PRIMER CUATRIMESTRE Dirigido a todos aquellos que deseen profundizar la Palabra de Dios y otros temas de actualidad teológica y pastoral Abril 6, 13, 20 y 27 “ El libro del Génesis en el contexto del Pentateuco”. Prof. Carolina Insfran Mayo 4 y 11 “ Crisis espirituales”. Prof. Marcela Mazzini Junio 1, 8, 15, 22 y 29 “ Literatura Sapiencial”. Prof. Carolina Insfran Clases: miércoles de 19.30 a 21.30 hs INFORMES : lunes a viernes de 16 a 20 hs 4 792-7020 INSCRIPCIONES: desde el 16 de febrero todos los miércoles de 18 a 21 hs. en Rodríguez Peña 765 Martínez. | |
| 5. Tiempo de Cuaresma El EDICOM - Equipo Diocesano de Comunicación - por medio de la oficina de prensa informa que el obispo de San Isidro, Mons. Jorge Casaretto, presidirá durante toda la Cuaresma, tiempo de preparación para la Pascua, las Misas de los domingos a las 19 horas, en la Catedral de San Isidro. Eny Ottini Secretaria Ituzaingo 90 San Isidro Tel.: 4512-3851 E mail comunicacion@... Volver al Indice | ||
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| ARGENTINA |
6. Card. Martino se solidarizó con Mons. Baseotto Ciudad del Vaticano, FEB 21 (AICA): El presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, cardenal Renato Martino, se solidarizó hoy con el obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, y lo alentó a seguir defendiendo la vida por nacer, porque los pastores “no podemos callarnos ante las absurdas apologías que pretenden defender lo indefendible”. El purpurado vaticano le expresó en una carta su “comunión eclesial” ante sus “valientes y contundentes palabras” para criticar al Ministro de Salud de la Nación, doctor Ginés González García, quien se manifestó públicamente a favor de despenalizar el aborto. Volver al Indice | |
| 7. El padre Bressanelli nuevo obispo de Comodoro Rivadavia (Argentina) CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 20 febrero 2005 (ZENIT.org).- Juan Pablo II ha nombrado obispo de Comodoro Rivadavia (Argentina) al padre Virginio Domingo Bressanelli, S.C.J.(D), de 62 años, actualmente Superior del Teologado de los padres dehonianos en Buenos Aires, según informó este sábado la Sala de Prensa de la Santa Sede. Al mismo tiempo el Pontífice ha aceptado la renuncia, presentada por razones de edad, del actual obispo de esa diócesis, monseñor Pedro Luis Ronchino S.D.B., quien hasta la toma de posesión del nuevo obispo permanecerá al frente de la diócesis como Administrador Apostólico. El padre Virginio Domingo Bressanelli nació en la ciudad de Beravebú, en el sur de la provincia de Santa Fe, diócesis de Venado Tuerto, el 1 de mayo de 1942, informa la agencia católica argentina AICA. Cursó sus estudios primarios y secundarios en el Seminario Menor que los Padres Dehonianos tienen en Maciel, provincia de Santa Fe.
Recibió la formación filosófica en el Seminario de los Padres Dehonianos en Monza (Italia) y sus estudios de Teología los realizó en la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma, donde en 1967 obtuvo la Licenciatura en Teología Dogmática. El 29 de setiembre de 1964 emitió la profesión perpetua en el Instituto de Sacerdotes del Sagrado Corazón de Jesús (Dehonianos), una congregación fundada en 1878 en Francia por el Venerable León Gustavo Juan Dehon, que se estableció en la Argentina en 1938. Fue ordenado sacerdote en Roma el 17 de diciembre de 1966. En la Argentina obtuvo el título de profesor de Pedagogía en 1971. De 1970 a 1973 fue vicario parroquial en la parroquia del Santo Cristo, ubicada en el barrio porteño Riachuelo, cuando esta parroquia estaba confiada a los padres dehonianos, y de 1973 a 1975 capellán de la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en la calle Caracas de Buenos Aires. De 1975 a 1981 se ocupó de la formación de los aspirantes al sacerdocio de su congregación, y de 1981 a 1983 fue Superior del Teologado de los padres dehonianos. En 1983 fue elegido Superior Provincial, cargo que desempeñó hasta 1989 en que se le encargó la formación permanente de los padres dehonianos. En 1991 fue elegido Superior General de los Padres Dehonianos y en 1997 fue reelegido en dicho cargo, por lo que hasta 2003 residió en Roma. Terminados los dos períodos como Superior General, regresó al país y fue nombrado nuevamente Superior del Teologado de los Dehonianos en Buenos Aires. Volver al IndiceLa diócesis de Comodoro Rivadavia fue creada por Pío XII el 11 de febrero de 1957 y comprende toda la provincia del Chubut con una superficie de 224.626 kilómetros cuadrados y una población de casi 360.000 habitantes, de los cuales se estima que alrededor del 85% son católicos. Según la Guía Eclesiástica Argentina, cuenta con 31 parroquias, unas 90 iglesias y capillas no parroquiales, 50 sacerdotes (28 diocesanos y 22 religiosos), una decena de seminaristas mayores, cerca de 90 religiosas y 12 colegios católicos de enseñanza primaria y secundaria. Es la única diócesis argentina que ocupa todo el territorio de una provincia pero que no tiene su sede en la capital provincial (Rawson) sino en la ciudad más populosa. Otros centros importantes de la diócesis, muy alejados entre sí, son Puerto Madryn sobre el Atlántico, y Esquel sobre la cordillera de los Andes. El primer obispo de Comodoro Rivadavia fue monseñor Carlos Mariano Pérez (1857-1953), lo sucedió monseñor Eugenio Santiago Peyrou (1964-1974); el tercero fue monseñor Argimiro Daniel Moure (1975-1992). El cuarto monseñor Pedro Ronchino. Todos ellos salesianos. | ||
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| MUNDO |
8. Formación «on-line» gratuita de acólitos y monaguillos Una iniciativa desde la diócesis chilena de Melipilla MELIPILLA, viernes, 18 febrero 2005 (ZENIT.org).- Ya están abiertas las inscripciones a la «Escuela de Formación San Tarcisio En Línea» para la formación, en español, de acólitos y monaguillos de todo el mundo. Dicha Escuela depende de la Pastoral Diocesana de Servidores del Altar de la diócesis de Melipilla (Chile), quienes buscan poner su experiencia al servicio de todos los interesados, sin límites geográficos. Se trata de una instancia de formación para los servidores del altar en la cual se profundizan temas que les harán crecer en conocimientos litúrgicos y pastorales, explican los promotores a Zenit. Este año se ha organizado la modalidad «a distancia» a través del correo electrónico y de plataformas en Internet. De aquí su denominación «En Línea». El temario de formación se divide en dos unidades: «Liturgia e Iglesia». Se irá entregando en fichas semanales, entre finales de marzo y finales de noviembre de este año. En el desarrollo del curso se irán realizando algunas evaluaciones. También se prevén intercambios de ideas y foros de debate. Los acólitos son ministros, niños o jóvenes, que asisten al celebrante principal en todas las celebraciones litúrgicas y procesiones. Los monaguillos desempeñan diversas funciones en el altar con el objeto de ayudar al orden y belleza litúrgica, además de incentivar la participación, la devoción y el recogimiento de los fieles. El plazo de inscripción se cierra el próximo 25 de marzo. Para recibir más información, consultar requisitos y rellenar impresos para participar en la Escuela, basta con escribir a pastoralmeli@..., o a acolitos@..., o visitar www.escueladeacolitos.tk . Volver al Indice | |
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| DOCUMENTACIÓN |
9. Carta apostólica de Juan Pablo II «El rápido desarrollo» A los responsables de las comunicaciones sociales CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 21 febrero 2005 (ZENIT.org).- Publicamos la carta apostólica de Juan Pablo II dirigida a los responsables de las comunicaciones sociales con el título «El rápido desarrollo» publicada este lunes por la Santa Sede. JUAN PABLO II CARTA APOSTÓLICA DEL SUMO PONTÍFICE A LOS RESPONSABLES DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES 1. Un signo del progreso que experimenta la sociedad actual consiste, sin duda, en el rápido desarrollo de las tecnologías en el campo de los medios de comunicación. Al contemplar estas novedades en continua evolución resulta aún más actual cuanto se lee en el Decreto del Concilio Ecuménico Vaticano II «Inter mirifica» promulgado por mi predecesor, el siervo de Dios Pablo VI, el 4 de diciembre de 1963: «Entre los maravillosos inventos de la técnica que, sobre todo en nuestros tiempos, ha extraído el ingenio humano, con la ayuda de Dios, de las cosas creadas, la Madre Iglesia acoge y fomenta con peculiar solicitud aquellos que miran principalmente al espíritu humano y han abierto nuevos caminos para comunicar, con extraordinaria facilidad, todo tipo de noticias, ideas y doctrinas»[1]. I. Un camino fecundo trazado por el Decreto «Inter mirifica» 2. Transcurridos más de cuarenta años desde la publicación de aquel documento, se hace oportuna una nueva reflexión sobre los «desafíos» que las comunicaciones sociales plantean a la Iglesia, la cual, como indicó Pablo VI, «se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios»[2]. De hecho, la Iglesia no ha de contemplar tan sólo el uso de estos medios de comunicación para difundir el Evangelio sino, hoy más que nunca, para integrar el mensaje salvífico en la ‘nueva cultura’ que precisamente los mismos medios crean y amplifican. La Iglesia advierte que el uso de las técnicas y de las tecnologías de la comunicación contemporánea es parte integrante de su propia misión en el tercer milenio. Movida por esta conciencia, la comunidad cristiana ha dado pasos significativos en el uso de los medios de comunicación para la información religiosa, para la evangelización y la catequesis, para la formación de los agentes de pastoral en este sector y para la educación de una madura responsabilidad de los usuarios y destinatarios de los mismos instrumentos de la comunicación. 3. Los desafíos para la nueva evangelización, en un mundo rico en potencialidad comunicativa como el nuestro, son múltiples. Al tomar en cuenta esta realidad he querido subrayar, en la Carta encíclica «Redemptoris missio», que el mundo de la comunicación es el primer areópago del tiempo moderno, capaz de unificar a la humanidad transformándola, como suele decirse, en «una aldea global». Los medios de comunicación social han alcanzado importancia hasta el punto de que son para muchos el principal instrumento de guía e inspiración para su comportamiento individual, familiar y social. Se trata de un problema complejo, ya que tal cultura, antes que de «los contenidos», nace del hecho mismo de la existencia de nuevos modos de comunicar, dotados de técnicas y lenguajes inéditos. Vivimos en una época de comunicación global, en que muchos momentos de la existencia humana se articulan a través de procesos mediáticos o por lo menos deben confrontarse con ellos. Me limito a recordar la formación de la personalidad y de la conciencia, la interpretación y la estructuración de lazos afectivos, la articulación de las fases educativas y formativas, la elaboración y la difusión de fenómenos culturales, el desarrollo de la vida social, política y económica. En una visión orgánica y correcta del desarrollo del ser humano, los medios de comunicación pueden y deben promover la justicia y la solidaridad, refiriendo los acontecimientos de modo cuidadoso y verdadero, analizando completamente las situaciones y los problemas, y dando voz a las diversas opiniones. Los criterios supremos de la verdad y la justicia en el ejercicio maduro de la libertad y de la responsabilidad, constituyen el horizonte dentro el cual se sitúa una auténtica deontología en el aprovechamiento de los modernos y potentes medios de comunicación social. II. Discernimiento evangélico y compromiso misionero 4. También el mundo de los medios de comunicación necesita la redención de Cristo. Para analizar, con los ojos de la fe, los procesos y el valor de las comunicaciones sociales resulta de indudable utilidad la profundización de la Sagrada Escritura, la cual se presenta como un «gran código» de comunicación de un mensaje no efímero y ocasional, sino fundamental en razón de su valor salvífico. La historia de la salvación narra y documenta la comunicación de Dios con el hombre, comunicación que utiliza todas las formas y modalidades del comunicar. El ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios para acoger la revelación divina y para entablar un diálogo de amor con Él. A causa del pecado, esta capacidad de diálogo ha sido alterada, sea a escala personal o social, y los hombres han hecho y continúan haciendo la amarga experiencia de la incomprensión y de la lejanía. Sin embargo Dios no los ha abandonado y les ha enviado a su mismo Hijo (cf. Mc 12, 1 11). En el Verbo hecho carne el evento comunicativo asume su máxima dimensión salvífica: de este modo se entrega al hombre, en el Espíritu Santo, la capacidad de recibir la salvación y de anunciarla y testimoniarla a sus hermanos. 5. La comunicación entre Dios y la humanidad ha alcanzado por tanto su perfección en el Verbo hecho carne. El acto de amor a través del cual Dios se revela, unido a la respuesta de fe de la humanidad, genera un diálogo fecundo. Precisamente por esto al hacer nuestra, en cierto modo, la petición de los discípulos «enséñanos a orar» (Lc 11, 1), podemos pedirle al Señor que nos guíe para entender cómo comunicarnos con Dios y con los hombres a través de los maravillosos instrumentos de la comunicación social. Reconducidos al horizonte de tal comunicación última y decisiva, los medios de comunicación social se revelan como una oportunidad providencial para llegar a los hombres en cualquier latitud, superando las barreras de tiempo, de espacio y de lengua, formulando en las más diversas modalidades los contenidos de la fe y ofreciendo a quien busca lugares seguros que permitan entrar en diálogo con el misterio de Dios revelado plenamente en Cristo Jesús. El Verbo encarnado nos ha dejado el ejemplo de cómo comunicarnos con el Padre y con los hombres, sea viviendo momentos de silencio y de recogimiento, sea predicando en todo lugar y con todos los lenguajes posibles. Él explica las Escrituras, se expresa en parábolas, dialoga en la intimidad de las casas, habla en las plazas, en las calles, en las orillas del lago, sobre las cimas de los montes. El encuentro personal con Él no deja indiferente, al contrario, estimula a imitarlo: «Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a plena la luz; y lo que os digo al oído, proclamadlo desde los terrados» (Mt 10, 27). Hay después un momento culminante en el cual la comunicación se hace comunión plena: es el encuentro eucarístico. Reconociendo a Jesús en la «fracción del pan» (cf. Lc 24, 30 31), los creyentes se sienten impulsados a anunciar su muerte y resurrección y a volverse valientes y gozosos testigos de su Reino (cf. Lc 24, 35). 6. Gracias a la Redención, la capacidad comunicativa de los creyentes se ha sanado y renovado. El encuentro con Cristo los transforma en criaturas nuevas, les permite entrar a formar parte de aquel pueblo que Él ha conquistado con su sangre muriendo sobre la Cruz, y los introduce en la vida íntima de la Trinidad, que es comunicación continua y circular de amor perfecto e infinito entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
La comunicación penetra las dimensiones esenciales de la Iglesia, llamada a anunciar a todos el gozoso mensaje de la salvación. Por esto, ella asume las oportunidades ofrecidas por los instrumentos de la comunicación social como caminos ofrecidos providencialmente por Dios en nuestros días para acrecentar la comunión y hacer más incisivo el anuncio[3]. Los medios de comunicación permiten manifestar el carácter universal del Pueblo de Dios, favoreciendo un intercambio más intenso e inmediato entre las Iglesias locales y alimentando el recíproco conocimiento y colaboración. III. Cambio de mentalidad y renovación pastoral 7. En los medios de comunicación la Iglesia encuentra un apoyo excelente para difundir el Evangelio y los valores religiosos, para promover el diálogo y la cooperación ecuménica e interreligiosa, así como para defender aquellos sólidos principios indispensables para la construcción de una sociedad respetuosa de la dignidad de la persona humana y atenta al bien común. Asimismo la Iglesia los emplea con gusto para la propia información y para dilatar los confines de la evangelización, de la catequesis y de la formación, en la conciencia de que su utilización da respuesta al mandato del Señor: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16, 15). Misión ciertamente no fácil en nuestra época, en la cual se ha difundido en muchos la convicción de que el tiempo de las certezas ha pasado irremediablemente: el hombre debería aprender a vivir en un horizonte de total ausencia de sentido, en busca de lo provisorio y de lo fugaz[4]. En este contexto, los instrumentos de comunicación pueden ser usados «para proclamar el Evangelio o para reducirlo al silencio en los corazones de los hombres»[5]. Esto representa un serio reto para los creyentes, sobre todo para los padres, familias y para cuantos son responsables de la formación de la infancia y de la juventud. Es oportuno que, con prudencia y sabiduría pastoral, se fomente en las comunidades eclesiales la dedicación al trabajo en el campo de la comunicación, y así contar con profesionales capaces de un diálogo eficaz con el vasto mundo mediático. 8. Valorizar los medios de comunicación no es sólo tarea de «entendidos» del sector, sino también de toda la comunidad eclesial. Si, como se ha dicho antes, las comunicaciones sociales comprenden todos los ámbitos de la expresión de la fe, es la vida cristiana en conjunto la que debe tener en cuenta la cultura mediática en la que vivimos: desde la liturgia, suprema y fundamental expresión de la comunicación con Dios y con los hermanos, a la catequesis que no puede prescindir del hecho de dirigirse a sujetos influenciados por el lenguaje y la cultura contemporáneos. El fenómeno actual de las comunicaciones sociales impulsa a la Iglesia a una suerte de «conversión» pastoral y cultural para estar en grado de afrontar de manera adecuada el cambio de época que estamos viviendo. De esta exigencia se deben hacer intérpretes, sobre todo, los Pastores: es importante trabajar para que el anuncio del Evangelio se haga de modo incisivo, que estimule la escucha y favorezca la acogida[6]. En sintonía con los Pastores deben obrar todos los organismos de consejo y de coordinación de modo que, en su campo específico, se identifiquen las líneas pastorales más adecuadas para una eficaz acción misionera. Las personas consagradas, según su propio carisma, tienen una especial responsabilidad en este campo de las comunicaciones sociales. Una vez formadas espiritual y profesionalmente, «presten de buen grado sus servicios, según las oportunidades pastorales […] para que se eviten, de una parte, los daños provocados por un uso adulterado de los medios y, de otra, se promueva una mejor calidad de las transmisiones, con mensajes respetuosos de la ley moral y ricos en valores humanos y cristianos.»[7]. 9. Al tener precisamente en cuenta la importancia de los medios de comunicación, hace ya quince años que juzgué insuficiente dejarlos a la iniciativa individual o de grupos pequeños y sugerí que se insertaran con claridad en la programación pastoral[8]. Las nuevas tecnologías, en especial, crean nuevas oportunidades para una comunicación entendida como servicio al gobierno pastoral y a la organización de las diversas tareas de la comunidad cristiana. Piénsese, por ejemplo, en Internet: no sólo proporciona recursos para una mayor información, sino que también habitúa a las personas a una comunicación interactiva[9]. Muchos cristianos ya están usando este nuevo instrumento de modo creativo, explorando las potencialidades para la evangelización, para la educación, para la comunicación interna, para la administración y el gobierno. Junto a Internet se van utilizando nuevos medios y verificando nuevas formas de utilizar los instrumentos tradicionales. Los periódicos, las revistas, las publicaciones varias, la televisión y la radio católicos siguen siendo, todavía hoy, indispensables en el panorama completo de las comunicaciones eclesiales. Los contenidos –que, naturalmente, se deben adaptar a las necesidades de los diversos grupos-, tendrán siempre por objeto hacer a las personas conscientes de la dimensión ética y moral de la información[10]. Del mismo modo, es importante garantizar la formación y la atención pastoral de los profesionales de la comunicación. Con frecuencia estas personas se encuentran ante presiones particulares y dilemas éticos que emergen del trabajo cotidiano; muchos de ellos «están sinceramente deseosos de saber y de practicar lo que es justo en el campo ético y moral» y esperan de la Iglesia orientación y apoyo[11]. IV. Los medios de comunicación, encrucijada de las grandes cuestiones sociales 10. La Iglesia, que en razón del mensaje de salvación confiado por su Señor es maestra de humanidad, siente el deber de ofrecer su propia contribución para una mejor comprensión de las perspectivas y de las responsabilidades ligadas al actual desarrollo de las comunicaciones sociales. Precisamente porque influyen sobre la conciencia de los individuos, conforman la mentalidad y determinan la visión de las cosas, es necesario insistir de manera clara y fuerte que los instrumentos de la comunicación social constituyen un patrimonio que se debe tutelar y promover. Es necesario que las comunicaciones sociales entren en un cuadro de derechos y deberes orgánicamente estructurados, sea desde el punto de vista de la formación y responsabilidad ética, cuanto de la referencia a las leyes y a las competencias institucionales. El positivo desarrollo de los medios de comunicación al servicio del bien común es una responsabilidad de todos y de cada uno[12]. Debido a los fuertes vínculos que los medios de comunicación tienen con la economía, la política y la cultura, es necesario un sistema de gestión que esté en grado de salvaguardar la centralidad y la dignidad de la persona, el primado de la familia, célula fundamental de la sociedad, y la correcta relación entre las diversas instancias. 11. Se imponen algunas decisiones que se pueden sintetizar en tres opciones fundamentales: formación, participación, diálogo. En primer lugar es necesaria una vasta obra formativa para que los medios de comunicación sean conocidos y usados de manera consciente y apropiada. Los nuevos lenguajes introducidos por ellos modifican los procesos de aprendizaje y la cualidad de las relaciones interpersonales, por lo cual, sin una adecuada formación se corre el riesgo de que en vez de estar al servicio de las personas, las instrumentalicen y las condicionen gravemente. Esto vale, de manera especial, para los jóvenes que manifiestan una natural propensión a las innovaciones tecnológicas y que, por eso mismo, tienen una mayor necesidad de ser educados en el uso responsable y crítico de los medios de comunicación. En segundo lugar, quisiera dirigir la atención sobre el acceso a los medios de comunicación y sobre la participación responsable en la gestión de los mismos. Si las comunicaciones sociales son un bien destinado a toda la humanidad, se deben encontrar formas siempre actualizadas para garantizar el pluralismo y para hacer posible una verdadera participación de todos en su gestión, incluso a través de oportunas medidas legislativas. Es necesario hacer crecer la cultura de la corresponsabilidad. Por último, no se debe olvidar las grandes potencialidades que los medios de comunicación tienen para favorecer el diálogo convirtiéndose en vehículos de conocimiento recíproco, de solidaridad y de paz. Dichos medios constituyen un poderoso recurso positivo si se ponen al servicio de la comprensión entre los pueblos y, en cambio, un «arma» destructiva, si se usan para alimentar injusticias y conflictos. De manera profética, mi predecesor el beato Juan XXIII, en la encíclica «Pacem in terris», había ya puesto en guardia a la humanidad sobre tales potenciales riesgos[13]. 12. Suscita un gran interés la reflexión sobre la participación «de la opinión pública en la Iglesia» y «de la Iglesia en la opinión pública». Mi predecesor Pío XII, de feliz memoria, al encontrarse con los editores de los periódicos católicos les decía que algo faltaría en vida de la Iglesia si no existiese la opinión pública. Este mismo concepto ha sido confirmado en otras circunstancias[14], en el código de derecho canónico, bajo determinadas condiciones, se reconoce el derecho a expresar la propia opinión[15]. Si es cierto que las verdades de fe no están abiertas a interpretaciones arbitrarias y el respeto por los derechos de los otros crea límites intrínsecos a las expresiones de las propias valoraciones, no es menos cierto que existe en otros campos, entre los católicos, un amplio espacio para el intercambio de opiniones, en un diálogo respetuoso de la justicia y de la prudencia. Tanto la comunicación en el seno de la comunidad eclesial, como la de Iglesia con el mundo, exigen transparencia y un modo nuevo de afrontar las cuestiones referentes al universo de los medios de comunicación. Tal comunicación debe tender a un diálogo constructivo para promover en la comunidad cristiana una opinión pública rectamente informada y capaz de discernir. La Iglesia, al igual que otras instituciones o grupos, tiene la necesidad y el derecho de dar a conocer las propias actividades pero al mismo tiempo, cuando sea necesario, debe poder garantizar una adecuada reserva, sin que ello perjudique una comunicación puntual y suficiente de los hechos eclesiales. Es éste uno de los campos donde se requiere una mayor colaboración entre fieles laicos y pastores ya que, como subraya oportunamente el Concilio, «de este trato familiar entre los laicos y pastores son de esperar muchos bienes para la Iglesia, porque así se robustece en los seglares el sentido de su propia responsabilidad, se fomenta el entusiasmo y se asocian con mayor facilidad las fuerzas de los fieles a la obra de los pastores. Pues estos últimos, ayudados por la experiencia de los laicos, pueden juzgar con mayor precisión y aptitud tanto los asuntos espirituales como los temporales, de suerte que la Iglesia entera, fortalecida por todos sus miembros, pueda cumplir con mayor eficacia su misión en favor de la vida del mundo»[16]. V. Comunicar con la fuerza del Espíritu Santo 13. El gran reto para los creyentes y para las personas de buena voluntad en nuestro tiempo es el de mantener una comunicación verdadera y libre, que contribuya a consolidar el progreso integral del mundo. A todos se les pide saber cultivar un atento discernimiento y una constante vigilancia, madurando una sana capacidad crítica ante la fuerza persuasiva de los medios de comunicación. También en este campo los creyentes en Cristo saben que pueden contar con la ayuda del Espíritu Santo. Ayuda aún más necesaria si se considera cuan grandes pueden ser las dificultades intrínsecas a la comunicación, tanto a causa de las ideologías, del deseo de ganancias y de poder, de las rivalidades y de los conflictos entre individuos y grupos, como a causa de la fragilidad humana y de los males sociales. Las modernas tecnologías hacen que crezca de manera impresionante la velocidad, la cantidad y el alcance de la comunicación, pero no favorecen del mismo modo el frágil intercambio entre mente y mente, entre corazón y corazón, que debe caracterizar toda comunicación al servicio de la solidaridad y del amor. En la historia de la salvación Cristo se nos ha presentado como «comunicador» del Padre: «Dios ... en estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo» (Heb 1,2). Él, Palabra eterna hecha carne, al comunicarse, manifiesta siempre respeto hacia aquellos que le escuchan, les enseña la comprensión de su situación y de sus necesidades, impulsa a la compasión por sus sufrimientos y a la firme resolución de decirles lo que tienen necesidad de escuchar, sin imposiciones ni compromisos, engaño o manipulación. Jesús enseña que la comunicación es un acto moral «El hombre bueno, del buen tesoro saca cosas buenas; el hombre malo, del tesoro malo saca cosas malas. Os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres darán cuenta en el día del Juicio. Porque por tus palabras serás declarado justo y por tus palabras serás condenado» (Mt 12,35-37). 14. El apóstol Pablo ofrece un claro mensaje también para cuantos están comprometidos en las comunicaciones sociales -políticos, comunicadores profesionales, espectadores-: « Por lo tanto desechando la mentira, hablad con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. […]No salga de vuestra boca palabra dañosa, sino la que sea conveniente para edificar según la necesidad y hacer el bien a los que os escuchan» (Ef 4,25.29). A los operadores de la comunicación y especialmente a los creyentes que trabajan en este importante ámbito de la sociedad, aplico la invitación que desde el inicio de mi ministerio de Pastor de la Iglesia he querido lanzar al mundo entero: «¡No tengáis miedo!». ¡No tengáis miedo de las nuevas tecnologías!, ya que están «entre las cosas maravillosas» –«Inter mirifica»– que Dios ha puesto a nuestra disposición para descubrir, usar, dar a conocer la verdad; también la verdad sobre nuestra dignidad y sobre nuestro destino de hijos suyos, herederos del Reino eterno. ¡No tengáis miedo de la oposición del mundo! Jesús nos ha asegurado «Yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). ¡No tengáis miedo de vuestra debilidad y de vuestra incapacidad! El divino Maestro ha dicho: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). Comunicad el mensaje de esperanza, de gracia y de amor de Cristo, manteniendo siempre viva, en este mundo que pasa, la perspectiva eterna del cielo, perspectiva que ningún medio de comunicación podrá alcanzar directamente: «Lo que ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman. » (1Cor 2,9). A María, que nos ha dado el Verbo de vida y ha conservado en su corazón las palabras que no perecen, encomiendo el camino de la Iglesia en el mundo de hoy. Que la Virgen Santa nos ayude a comunicar, con todos lo medios, la belleza y la alegría de la vida en Cristo nuestro Salvador. Desde el Vaticano, 24 de enero de 2005, memoria de san Francisco de Sales, patrono de los periodistas. IOANNES PAULUS II _____________________________________ [1] N. 1. [2] Exhortación Apostólica «Evangelii nuntiandi» (8 de diciembre de 1975): AAS 68 (1976), 35. [3] Cf. Juan Pablo II, Exhortación apostólica post sinodal «Christifideles laici» (30 de diciembre de 1998), 18 24: AAS (1989), 421 435; cf. Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, Instrucción pastoral «Ætatis novæ» (22 de febrero de 1992), 10: AAS 84 (1992), 454 455.
[4] Cf. Juan Pablo II, Carta encíclica «Fides et ratio» (14 de septiembre de 1998), 91: AAS 91 (1999), 76 77. [5] Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales, Instrucción pastoral «Ætatis novæ» (22 de febrero de 1992), 4: AAS 84 (1992), 450. [6]Cfr Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal, «Pastores gregis», 30: L’Osservatore Romano, 17 octubre 2003, p.6. [7]Juan Pablo II, Exhort. Ap. Post-sinodal, «Vita consecrata» (25 marzo 1996), 99: AAS 88 (1996), 476. [8]Juan Pablo II, Carta enc. «Redemptoris missio» (7 diciembre 1990), 37: AAS 83 (1991), 282-286. [9] Cf. Pont. Consejo para las Comunicaciones Sociales, «La Iglesia e Internet» (22 febrero 2002), 6: Ciudad del Vaticano, 2002, pp.13-15. [10] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Inter mirifica, 15-16; Pont. Comisión para los Comunicaciones Sociales, Inst. pastoral «Communio et progressio» (23 mayo 1971), 107: AAS 63 (1971) 631-632; Pont. Consejo para las Comunicaciones Sociales, inst. pastoral «Ætatis novæ» (22 febrero 1992), 18: AAS 84 (1192), 460. [11]Cf. Ibid., 19: l.c. [12] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2494. [13] Cf. Juan Pablo II, Mensaje para la 37 jornada mundial de las comunicaciones sociales (24 enero 2003): «L’Osservatore Romano», 25 enero 2003, p. 6. [14] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, «Lumen Gentium», 37; Pont. Comisión para las Comunicaciones Sociales, Inst. pastoral «Communio et progressio» (23 mayo 1971), 114-117: AAS (1971), 634-635. [15] Can. 212, § 3: «Tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los Pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestar a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres, la reverencia hacia los Pastores y habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas». [16] Conc. Ecum. Vat. II, «Lumen gentium», 37 [Traducción no oficial distribuida por la Sala de Prensa de la Santa Sede] Volver al Indice | |
| 10. Carta Pastoral de Cuaresma 2005 Renovados por la fuerza del Espíritu Queridos Amigos: Esta carta pastoral va a dar continuidad a la de Adviento. Algunos fieles han mostrado interés por entender cómo actúan en el interior de cada persona, los signos positivos y negativos de nuestra cultura, que describimos en aquella carta. En algunas conversaciones a propósito de este tema, he notado un cierto pesimismo, una sensación de derrota: como si los signos negativos nos hicieran pensar que estamos viviendo uno de los peores momentos de la historia. En algunos, esa sensación se traduce en una falta de esperanza. Creo no ser ingenuo, soy conciente del momento difícil por el que atraviesa la humanidad. Comprendo el desánimo de muchos, por eso en esta carta quiero compartir con ustedes una convicción profunda: Dios sigue actuando en la historia a través nuestro; y si bien los mecanismos del mal son poderosos, nosotros, lejos de estar solos obramos movidos por el Espíritu Santo presente en nuestros corazones. Un gran maestro de la acción del Espíritu es San Pablo. Él no vivió tiempos fáciles. Religiosamente debió enfrentar costumbres estrechas y formas de relacionarse con Dios que estaban vacías de alma. Culturalmente su vida transcurre en el contexto pagano del imperio romano, con sus brujerías, magias, violencia y corrupción de todo tipo. Sin embargo, ninguno de sus escritos muestra desesperanza. En medio de las pruebas y los sufrimientos él vive con la convicción de que nada podrá apartarlo del amor de Cristo Resucitado. Yo los invito a leer esta carta con ese espíritu, con la certeza de que Jesús murió y resucitó para salvarnos, y por lo tanto ya hemos sido redimidos. La Cuaresma y la Semana Santa nos hacen revivir esos misterios que son la fuente de nuestra esperanza. Porque Cristo murió y resucitó por nosotros ni el individualismo, ni el materialismo, ni el relativismo, ni cualquier otra fuerza negativa pueden triunfar. Sin duda que esos contextos culturales intentarán dominarnos y esclavizarnos, pero Jesús al morir y resucitar nos entregó su Espíritu. Ese Espíritu actúa en nosotros desde el bautismo y es el que puede hacernos triunfar sobre el demonio, sobre el pecado y sobre la muerte. Si tenemos en nosotros el Espíritu de Dios, encontraremos en Él la fuente de nuestra esperanza. En esta carta los invito a recorrer la Cuaresma fortaleciendo en nosotros la presencia del Espíritu Santo. • Todo tiene su origen en el corazón del hombre Queridos amigos, todo aquello que pasa en el mundo, y que meditamos en la carta de Adviento, sucede primero en el corazón de cada uno de nosotros. El bien y el mal, lo positivo y lo negativo tienen su origen en nuestro interior, es lo que Jesús nos enseñó: “De dentro, del corazón de los hombres, salen las intenciones malas…” (Mc 7,20ss.). Si tenemos el Espíritu de Dios, por ser hijos de Dios, Él nos cuida y nos instruye interiormente. Si nos dejamos guiar por Él, el mal no tiene ningún poder sobre nuestro corazón. Veamos entonces de qué manera el dinamismo del mal es respondido ya en nuestra vida por la presencia del Espíritu. • El dinamismo del mal Hay un dinamismo del mal que tiende a implantarse en el mundo, en las así llamadas estructuras de pecado y en la vida personal de cada uno de nosotros, en lo que normalmente llamamos hábitos malos o vicios. Tanto en un caso como en el otro, el mal se va plasmando por la reiteración de malas acciones. Si se pierde de vista una escala de valores y se confunde el bien y el mal, con mucha facilidad se instala en los corazones y en las costumbres un “dinamismo” o un accionar que se concreta en actos malos y en tendencias equivocadas. Como vemos, todo esto se origina en nuestro corazón, en la interioridad. La repetición de malas acciones genera malos hábitos. Cuando se llega a esta situación todo se hace más difícil porque lo propio de los vicios es inclinarnos a actuar mal. Por ejemplo: el que tiene el hábito de mentir y este hábito está muy arraigado, miente con mucha facilidad. Juan Pablo II ha hablado de “cuerpo místico” del mal, para referirse a las estructuras de pecado; pero ha elegido como lema para la Jornada mundial de la paz de este año, el texto de la carta a los Romanos: «No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien» (Rom12, 21). Nuestra misión tanto frente a las tentaciones personales como a estas estructuras, no consistirá sólo en defendernos, sino fundamentalmente en responder con toda la fuerza del evangelio, para que el Reino de Dios crezca tanto en nuestros corazones, como en las realidades del mundo.
• El dinamismo del Espíritu Santo y sus dones Como veíamos en la introducción a esta carta, nosotros no estamos solos para enfrentar al mal, tenemos el Espíritu Santo en nuestros corazones. Vamos a desarrollar ahora lo que entendemos que es el modo de proceder del Espíritu Santo, su “dinamismo”. A veces cuando hablamos de estos temas, podemos caer en el error de pensar que esto sirve únicamente para madurar espiritualmente. No es así. Jesús resucitado nos envió su Espíritu para enseñarnos a vivir de otra manera, para que podamos hacer carne en nosotros el evangelio. El dinamismo del que vamos a hablar ahora, no es una especie de “curso de perfeccionamiento para personas virtuosas”, sino lo que nos capacita para vivir como cristianos y esto tiene que ver con nuestro Bautismo y con cada uno de los actos de nuestra vida. Al recibir el Espíritu Santo, recibimos también sus dones. Estos dones son caminos que facilitan nuestra relación con Dios, con los hermanos y con el mundo. Podemos decir que “don del Espíritu” son todos los regalos que nos hace Dios, en cuanto que todo lo que nos da, está ordenado a nuestro crecimiento y a nuestra comunión con Él. En nuestro interior actúa poderosamente el Espíritu de Dios que nos hace recorrer el camino inverso al del pecado. Si el pecado nos lleva de la vida a la muerte, el Espíritu Santo nos lleva de la muerte a la vida. El Espíritu con sus dones nos “hace ver” el mal que hay en nosotros, nos lleva al arrepentimiento y a la confesión de nuestros pecados y nos fortalece para implantar la gracia y el amor de Dios en el mundo: “Si Dios está con nosotros, ¿quién podrá contra nosotros?” (Rom 8, 31) A partir del texto de Isaías 11, en el que se describen las características del Rey-Mesías, los autores espirituales hablaron de los dones del Espíritu Santo: sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor. A estos seis dones se agrega el de piedad. Vamos a describirlos: - El don de sabiduría: nos hace sentir, gustar y comprender un poco más, de manera amorosa y sabrosa, las cosas de Dios. Nos impulsa a buscarlo siempre, aún en medio de nuestro trabajo y de nuestras obligaciones. Este regalo es algo cercano a nosotros, se trata de una sabiduría que podemos encontrar en nuestro interior y se concede a las personas sencillas de corazón Mt 11,25-27. Con él enfrentamos, por ejemplo, al materialismo que intenta hacernos gustar sólo de lo exterior. - El don de inteligencia: nos descubre con mayor claridad las riquezas de la fe, gracias a una luz que nos comunica el Espíritu Santo. Se trata de la “inteligencia espiritual”, que nos da otra lucidez, otro tipo de entendimiento, el que da el poder ver la vida desde Dios. Este don nos ayuda a responder sobre todo al relativismo, que intenta confundirnos en la apreciación de los verdaderos valores. - El don de consejo: nos señala los caminos de la santidad, el querer de Dios en nuestra vida diaria, nos anima a seguir la solución que más concuerda con la gloria de Dios y el bien de los demás. El consejo es el don mediante el cual el Espíritu Santo responde a nuestra inquietud por querer conocer y hacer la voluntad de Dios; nos previene de actuar superficial o precipitadamente. Gracias a este don, también podemos “aconsejar” a los hermanos/as. Vemos a Jesús actuar movido por este don, en muchas circunstancias a lo largo del evangelio. Este don nos capacita para luchar contra el relativismo y contra el individualismo, que nos conducen a actitudes vitales egoístas. - El don de fortaleza: nos alienta continuamente y nos ayuda a superar las dificultades que encontramos en nuestro caminar hacia Dios. Tiene mucha relación con la virtud teologal de la esperanza: movidos por ella, podemos resistir y avanzar en nuestra vida. El don de fortaleza nos vigoriza tanto para rechazar el mal (nos defiende para no caer en la tentación); como para implantar determinadamente el bien, que sería exactamente lo opuesto a lo que propone una cultura de la superficialidad. En la Sagrada Escritura, vemos muchas veces al Espíritu asociado a la fortaleza: Hch 1,8 recibirán la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos… Este don consiste en la fuerza para cumplir lo que Dios quiere de nosotros y resplandece especialmente en los tiempos difíciles. - El don de ciencia: nos lleva a juzgar con rectitud y a mantener nuestro corazón en Dios, viendo las cosas desde Él. Frente al relativismo, este don nos ayuda a descubrir los valores. Es “la ciencia del Áltísimo”, que el Antiguo Testamento asigna a los profetas (Num 24,15-16), o el Nuevo Testamento a Jesús, cuando se nos dice que Él sabía lo que hay en el corazón de las personas (Jn 2,25). - El don de temor de Dios: nos induce a huir de las ocasiones de pecar, a no ceder a la tentación, a evitar todo mal, a temer radicalmente separarnos de Aquel a quien amamos y constituye nuestra razón de ser y de vivir. No tiene nada que ver con el “miedo”, nos hace comprender cuánto nos ama Dios. En la Biblia, el temor de Dios aparece asociado a la sabiduría, Prov 15,33: El temor de Yahveh instruye en la sabiduría. Esta sabiduría consiste en darse cuenta quién es Dios y quiénes somos cada uno de nosotros, y de qué manera él constituye la fuente de nuestra vida. Esto nos llevará a evitar por todos los medios separarnos de Él. - El don de piedad: nos mueve a tratar a Dios con la confianza con la que un hijo trata a su Padre. Es el don que, de alguna manera los engloba a todos, ya que es el que expresa nuestra posibilidad de relacionarnos con Dios. El don de piedad es el mismo Espíritu Santo hecho regalo, don para nosotros: recibirán el don del Espíritu Santo Hch 2,38. Gracias a estos dones reconocemos el mal que hay en nosotros, nos arrepentimos de nuestros pecados y nos disponemos a la conversión personal y a transformar el mundo. El Señor nos envía a realizar esta transformación, pero no nos deja solos: nos da su Espíritu, toda su fuerza y sus dones, para que con mucha humildad, pero también con mucha valentía nos animemos a llevar adelante nuestra misión. • Tiempo de purificación Es tiempo de reflexión, pero sobre todo es tiempo de discernimiento. Tal como hemos dicho, la confusión reinante puede llevarnos a relativizar nuestras verdades o a atrincherarnos.
Por eso es también tiempo de purificación. Debemos disponernos para que el Espíritu nos purifique de todas aquellas impurezas que con el correr de los años se nos han pegado y que le impiden a la Iglesia y a cada uno de nosotros, ser sal, luz y levadura transformadora del mundo actual. De ahí que por ser tiempo de purificación es tiempo de mucha vida interior, de transformación de los corazones. Porque cada vez que la Iglesia estuvo ante alternativas históricas como ésta, de mucha confusión, los santos, es decir los hombres y mujeres del Espíritu han sido quienes le han hecho encontrar el camino que Dios señala.• Testimonio Personal: Mi relación con el Espíritu. He querido terminar esta carta con un testimonio personal. Más de una vez he comentado que la clave de mi vida ha sido Jesucristo. Sobretodo Jesús-Eucaristía. El día de mi primera comunión fue trascendental en mi vida. Tenía nueve años, pero recuerdo como si fuera hoy, que casi inconcientemente sellé un pacto muy fuerte de amistad con Jesús. Le pedía poder permanecer siempre junto a El hasta el último día, poder recibirlo siempre en la Eucaristía. A partir de ese momento siempre tuve clara esa presencia de Jesús, que por un lado me acompañaba y por otro me instaba a que lo testimoniara a otras personas. Desde chico viví esa dimensión apostólica que desembocó después en mi vocación sacerdotal. Pero fue mucho más adelante, siendo sacerdote, que comencé a tomar conciencia del significado del Espíritu Santo. En dos retiros espirituales capté con fuerza que si Jesús estuvo presente en mí fue porque el Espíritu desde el bautismo venía trabajando en mi interior. En un momento se me hizo claro que era imposible para mis fuerzas humanas forjar una amistad tan profunda con Jesús. Eso excedía totalmente mis posibilidades. Solo Dios Espíritu podía infundir esa presencia de Jesús en mi. En algún momento entendí que la “vida espiritual” es vida según el Espíritu. Que si bien era para mí importante, como para todos, dedicar tiempos especiales a la oración, el Espíritu estaba siempre obrando en mi interior. Eso me llevó a dar un sentido distinto a toda mi actividad, tanto interior como exterior. Comprendí que para buscar un mayor protagonismo de Jesús en mí, debía ser más dócil a la acción del Espíritu Santo. Solo El hace posible vivir una vida cristiana. Mi voluntad debía principalmente servirme para buscar al Espíritu y disponerme a seguir sus inspiraciones. Ese debía ser mi “gran trabajo espiritual”: permitirle al Espíritu hacer su obra en mí.
En eso estoy, y por la gracia de Dios, creo que estaré hasta mis últimos días: en intentar una cierta familiaridad con lo que el Espíritu quiera sugerirme. Trato de descubrir lo que el Espíritu Santo quiere, e intento acompañar su acción Por supuesto que este camino, es bien difícil porque siempre la limitación del pecado se interpone. Eso es lo que explica los errores y equivocaciones que cometo. Incluso es la misma acción del Espíritu la que me permite reconocer mis propios pecados. En última instancia verifico en el interior del corazón esa lucha que describíamos antes: el Espíritu que quiere poner luz y el demonio que quiere confundirme. ------------- No quiero alargarme mucho. Tan solo estas cuestiones finales. La primera es insistir en esta convicción que es para mí muy fuerte: el Espíritu tiene que ver con TODAS las circunstancias de mi vida. En las grandes y pequeñas decisiones El está actuando e inspirando lo mejor. Por eso es para mí importante intentar una familiaridad con El, hacerme cada vez más amigo del Espíritu. Sin su acción precediendo mis acciones, yo no podría hacer nada. La segunda apreciación es contarles que en algún momento, no recuerdo cuando, entendí que el gran ejemplo de amistad con el Espíritu Santo, es María Santísima. Si hay alguien que refleja una vida según el Espíritu es María. A Ella le pido siempre que interceda por mí como lo hizo en Pentecostés. Ella rezaba junto a los Apóstoles y el Espíritu vino. A Ella le pido que nos conceda a todos un gran deseo de acercarnos al Espíritu Santo, para conocerlo y dejarnos transformar por El. Y termino diciéndoles que gracias al Espíritu tengo una visión de la vida muy esperanzada, con la ESPERANZA que solo El puede infundir en mi interior. La Cuaresma es un tiempo óptimo para trabajar en la conversión personal y comunitaria, interior y exterior; un tiempo para rezar y reflexionar, para conversar y replantearnos nuestra vocación y nuestra misión. El Señor nos ha confiado algo muy importante y espera mucho de nosotros y también el mundo espera de la Iglesia una palabra de verdad, de paz y de misericordia: ojalá podamos darla! Jorge CasarettoLes deseo una Cuaresma plena del Espíritu Santo y de sus dones, recemos juntos, pidiendo la conversión de nuestros corazones y de todas aquellas realidades eclesiales que hoy no le hablan de Dios al mundo. Que María Santísima nos enseñe a ser dóciles al Espíritu Santo! Les deseo de todo corazón una MUY FELIZ PASCUA DE RESURRECCIÓN! Con mi afecto y bendición, Obispo de San Isidro Carta Pastoral de Cuaresma 2005: GUÍA DE TRABAJO Tal como hicimos en otras cartas pastorales, nos vamos a ayudar con una guía de trabajo en nuestra reflexión personal y comunitaria. ¿Qué es una Guía de Trabajo? Es una serie de preguntas que nos ayudarán a interiorizar los contenidos de la CARTA PASTORAL. No se trata de encontrar la "respuesta correcta", sino de preguntarnos acerca de lo que estamos reflexionando, para ver qué repercusión tienen estas realidades en la vida de cada uno de nosotros. Sería bueno que escribamos las respuestas, ya que el ejercicio de escribir nos ayuda a concentrarnos y a ponernos en contacto con nuestro interior. Si queremos, después podemos compartir lo que hemos reflexionado, con nuestra familia o comunidad. Aquí van las preguntas: 1. ¿Qué es lo que en mi vida personal y familiar me hacen sentir desanimado/a? ¿Cuáles son los acontecimientos sociales que me desaniman? 2. ¿Qué cosas me dan esperanza? Hago una lista. 3. ¿Busco en el evangelio razones para creer y confiar? ¿las encuentro? ¿dónde? 4. ¿Qué pienso del “dinamismo del mal” que se describe en la carta? ¿lo he experimentado alguna vez en mí? ¿cuándo? 5. ¿Cuál es mi pecado dominante (ese que repito siempre y a veces parece más fuerte que yo)? ¿lucho contra ese pecado? ¿cómo? 6. ¿Veo la acción del Espíritu Santo en mi vida y en los acontecimientos sociales e históricos? ¿cuándo, en qué circunstancias? 7. Miro la lista de los dones del Espíritu Santo: ¿hay alguno que no comprendo? ¿cuál quisiera pedir hoy para mí? ¿para mi familia? ¿para nuestro país? 8. Leamos juntos el texto de Is 11, 1-5: Saldrá una rama del tronco de Jesé y un retoño brotará de sus raíces. Volver al IndiceSobre él reposará el espíritu del Señor espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor del Señor -y lo inspirará el temor del Señor-. El no juzgará según las apariencias ni decidirá por lo que oiga decir: juzgará con justicia a los débiles y decidirá con rectitud para los pobres de país; herirá al violento con la vara de su boca y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia ceñirá su cintura y la fidelidad ceñirá sus caderas. ¿Qué dice el texto? ¿Qué me dice en este momento de mi vida? Hago una oración expresándole al Señor mis sentimientos. | ||
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