DOCUMENTACIÓN
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Benedicto XVI: Dios se revela a través de su acción en la historia
Meditación sobre la segunda parte del Salmo 135, «Himno pascual»
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 16 de noviembre de 2005 (ZENIT.org).- Publicamos la catequesis que dirigió Benedicto XVI este miércoles durante la audiencia general dedicada a comentar la segunda parte del Salmo 135 (versículos 10 a 26), «Himno pascual».
El hirió a Egipto en sus primogénitos: porque es eterna su misericordia.
Y sacó a Israel de aquel país: porque es eterna su misericordia.
Con mano poderosa, con brazo extendido: porque es eterna su misericordia.
El dividió en dos partes el mar Rojo: porque es eterna su misericordia.
Y condujo por en medio a Israel: porque es eterna su misericordia.
Arrojó en el mar Rojo al faraón: porque es eterna su misericordia.
Guió por el desierto a su pueblo: porque es eterna su misericordia.
El hirió a reyes famosos: porque es eterna su misericordia.
Dio muerte a reyes poderosos: porque es eterna su misericordia.
A Sijón, rey de los amorreos: porque es eterna su misericordia.
Y a Hog, rey de Basán: porque es eterna su misericordia.
Les dio su tierra en heredad: porque es eterna su misericordia.
En heredad a Israel su siervo: porque es eterna su misericordia.
En nuestra humillación, se acordó de nosotros: porque es eterna su misericordia.
Y nos libró de nuestros opresores: porque es eterna su misericordia.
El da alimento a todo viviente: porque es eterna su misericordia.
Dad gracias al Dios del cielo: porque es eterna su misericordia. 1. Volvemos a reflexionar sobre el himno de alabanza del Salmo 135 que la Liturgia de las Vísperas propone en dos etapas sucesivas, siguiendo la distinción de temas que ofrece la composición. De hecho, la celebración de las obras del Señor se perfila en dos ámbitos: el del espacio y el del tiempo.
En la primera parte (Cf. versículos 1 a 9), que fue objeto de nuestra meditación precedente («De la belleza de la creación a la belleza de Dios»), aparecían las acciones divinas realizadas con la creación: dieron origen a las maravillas del universo. En esa parte del Salmo se proclama la fe en Dios creador, que se revela a través de sus criaturas cósmicas. Ahora, sin embargo, el gozoso canto del salmista, llamado por la tradición judía «el gran Halel», es decir, la alabanza más alta elevada al Señor, nos pone ante un horizonte diferente, el de la historia. La primera parte, por tanto, habla de la creación como reflejo de la belleza de Dios; la segunda habla de la historia y del bien que Dios nos ha hecho en el transcurso del tiempo. Sabemos que la Revelación bíblica proclama repetidamente que la presencia de Dios salvador se manifiesta de manera particular en la historia de la salvación (Cf. Deuteronomio 26, 5-9; Génesis 24, 1-13).
2. Pasan ante los ojos del orante las acciones liberadoras del Señor que tienen su momento central en el éxodo de Egipto, al que está íntimamente unido el difícil viaje por el desierto del Sinaí, que desemboca en la tierra prometida, el don divino que Israel experimenta en todas las páginas de la Biblia.
La famosa travesía del Mar Rojo, dividido «en dos partes», como desgarrado y domado cual monstruo vencido (Cf. Salmo 135,13), da a luz a un pueblo libre, llamado a una misión y a un destino glorioso (Cf. versículos 14-15; Éxodo 15, 1-21), que tendrá su interpretación cristiana en la plena liberación del mal con la gracia bautismal (Cf. 1 Corintios 10,1-4). Se abre después el itinerario del desierto: en él, el Señor es representado como un guerreo que, continuando la obra de liberación comenzada en la travesía del Mar Rojo, defiende a su pueblo golpeando a sus adversarios. Desierto y mar representan, entonces, el paso a través del mal y la opresión para recibir el don de la libertad y de la tierra prometida (Cf. Salmo 135, 16-20).
3. Al final, el Salmo se asoma a ese país que la Biblia exalta con entusiasmo como «tierra buena, tierra de torrentes, de fuentes y hontanares que manan en los valles y en las montañas, tierra de trigo y de cebada, de viñas, higueras y granados, tierra de olivares, de aceite y de miel, tierra donde el pan que comas no te será racionado y donde no carecerás de nada; tierra donde las piedras tienen hierro y de cuyas montañas extraerás el bronce» (Deuteronomio 8, 7-9).
Esta celebración enfática, que va más allá de la realidad de esa tierra, quiere exaltar el don divino, dirigiendo nuestra expectativa hacia el don más elevado de la vida eterna con Dios. Un don que permite al pueblo ser libre, un don que nace --como repite la antífona que salpica cada uno de los versículos-- del «hesed» del Señor, es decir, de su «misericordia» de su fidelidad al compromiso asumido en la alianza con Israel, de su amor que sigue revelándose a través del «recuerdo» (Cf. Salmo 135, 23). En el momento de la «humillación», es decir, durante las sucesivas pruebas y opresiones, Israel siempre descubrirá la mano salvadora del Dios de la libertad y del amor. En el momento del hambre y de la miseria el Señor también intervendrá para ofrecer a toda la humanidad la comida, confirmando su identidad de creador (Cf. versículo 25).
4. En el Salmo 135 se entrecruzan por tanto dos modalidades de la única Revelación divina, la cósmica (Cf. versículos 4-9) y la histórica (Cf. versículos 10-25). Ciertamente el Señor es trascendente como creador y árbitro del ser; pero se acerca también a sus criaturas, entrando en el espacio y en el tiempo. No se queda lejos, en el cielo lejano. Por el contrario, su presencia entre nosotros alcanza su cumbre en la Encarnación de Cristo.
Esto es lo que la interpretación cristiana del Salmo proclama claramente, como los testimonian los padres de la Iglesia que ven la cumbre de la historia de la salvación y el signo supremo del amor misericordioso del Padre en el don del Hijo, como salvador y redentor de la humanidad (Cf. Juan 3, 16).
De este modo, san Cipriano, mártir del siglo III, al comenzar su tratado «Sobre las buenas obras y sobre la limosna», contempla maravillado las obras que Dios ha realizado en Cristo, su Hijo, a favor de su pueblo, prorrumpiendo en un reconocimiento apasionado de su misericordia. «Hermanos queridos, son muchos y grandes los beneficios de Dios, que la bondad generosa y copiosa de Dios Padre y de Cristo ha realizado y realizará por nuestra salvación; de hecho, para preservarnos, para darnos una vida y podernos redimir, el Padre mandó al Hijo; el Hijo, que había sido enviado, quiso ser llamado también Hijo del hombre para convertirnos en hijos de Dios: se humilló para elevar al pueblo que antes estaba postrado por tierra, fue herido para curar nuestras heridas, se convirtió en esclavo para liberarnos a nosotros, que éramos esclavos. Aceptó la muerte para poder ofrecer a los mortales la inmortalidad. Estos son los numerosos y grandes dones de la misericordia divina» (1: «Tratados: Colección de Textos Patrísticos» - «Trattati: Collana di Testi Patristici», CLXXV, Roma 2004, p. 108).
[Dejando a un lado los papeles, el Papa añadió] Con estas palabras, el santo doctor de la Iglesia desarrolla el salmo con una letanía de los beneficios que Dios nos ha hecho, añadiéndola a lo que el salmista todavía no sabía, pero que ya esperaba, el verdadero don que Dios nos ha hecho: el don del Hijo, el don de la Encarnación, en la que Dios se nos ha dado y con la que permanece con nosotros, en la Eucaristía y en su Palabra, cada día hasta el final de la historia. Corremos el peligro de que la memoria del mal, de los males sufridos, con frecuencia sea más fuerte que la memoria del bien. El salmo sirve para despertar en nosotros la memoria del bien, de todo el bien que el Señor nos ha hecho y nos hace, y que podemos ver si nuestro corazón está atento: es verdad, la misericordia de Dios es eterna, está presente día tras día.
[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa dirigió un saludo a los peregrinos en varios idiomas. En castellano, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas: El Salmo de hoy proclama la presencia del Señor en la historia de la salvación. Con las pruebas del desierto, que representan el mal y la opresión, el pueblo de Israel, a través del paso del Mar Rojo, recibe el don de la libertad y de la tierra prometida, descubriendo la mano liberadora del Dios del amor. Se entrelazan así dos modalidades de la única Revelación divina: la cósmica y la histórica. El Señor es trascendente, pero también cercano a sus creaturas.
La relectura cristiana del Salmo indica claramente que la presencia de Dios entre nosotros alcanza su culmen en la Encarnación de Cristo. Así lo testifican los Padres de la Iglesia, que ven el vértice de la historia de la salvación y la señal suprema del amor misericordioso de Dios Padre en el don de su Hijo: Cristo salvador y redentor, que se humilló para levantarnos, se hizo esclavo para conducirnos a la libertad y aceptó morir para ofrecernos la inmortalidad.
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los de la Parroquia Santiago Apóstol del Álamo de Madrid, así como a los de la Arquidiócesis de Guadalajara y de la Comunidad Apostólica de María siempre Virgen de México, a los de Antofagasta de Chile y otros países latinoamericanos. Saludo también a la Asociación de Sordociegos de España. Proclamad que Dios Padre ha enviado a su Hijo para darnos nueva vida y redimirnos. Él nos libera de todo mal con la gracia del bautismo. Volver al Indice
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Autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina (2005-2008) Pilar, NOV 12 (AICA): Al concluir la 90ª asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, ésta es la nómina de las nuevas autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina para el período de noviembre de 2005 a noviembre de 2008.
1. Comisión Ejecutiva Presidente, cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y Primado de la Argentina. Vicepresidente 1º, Mons. Luis Héctor Villalba, arzobispo de Tucumán. Vicepresidente 2º, Mons. Agustín Roberto Radrizzani SDB, obispo de Lomas de Zamora. Secretario general, Mons. Sergio Alfredo Fenoy, obispo auxiliar de Rosario.
2. Comisiones episcopales cuyos presidentes son miembros de la Comisión Permanente Comisión episcopal de Fe y Cultura: presidente, Mons. Guillermo Rodríguez-Melgarejo, obispo de San Martín. Comisión episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica: presidente, Mons. Luis Guillermo Eichhorn, obispo de Morón. Comisión episcopal de Ministerios: presidente, Mons. Carlos María Franzini, obispo de Rafaela. Comisión episcopal de Vida Consagrada: presidente, Mons. Virginio Domingo Bressanelli SCJ(D), obispo de Comodoro Rivadavia. Comisión episcopal de Liturgia: presidente, Mons. Alfonso Rogelio Delgado, arzobispo de San Juan de Cuyo. Comisión episcopal de Pastoral Social: Mons. Alcides Jorge Casaretto, obispo de San Isidro. Comisión episcopal de Educación Católica, Mons. Guillermo José Garlatti, arzobispo de Bahía Blanca. Comisión episcopal de Apostolado Laico y Pastoral Familiar: presidente, Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas. Comisión episcopal de Comunicación Social: presidente, Mons. Mario Luis Bautista Maulión, arzobispo de Paraná. Consejo de Asuntos Económicos: presidente, Mons. José María Arancibia, arzobispo de Mendoza.
3. Otras comisiones y organismos episcopales Consejo de Asuntos Jurídicos: presidente, Mons. José María Arancibia, arzobispo de Mendoza. Comisión episcopal de Misiones: presidente, Mons. José Vicente Conejero Gallego, obispo de Formosa. Comisión episcopal de Ecumenismo, Relaciones con el Judaísmo y con otras Religiones: presidente, Mons. Carlos Humberto Malfa, obispo de Chascomús. Comisión episcopal de Pastoral Aborigen: presidente, Mons. Marcelo Angiolo Melani SDB, obispo de Neuquén. Comisión episcopal de Iglesias Orientales: presidente, Mons. Charbel Georges Merhi M.L., obispo de la Eparquía Maronita. Comisión episcopal de Ayuda a las Regiones más necesitadas: presidente, Mons. Fernando Carlos Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche. Comisión episcopal de Migraciones y Turismo: presidente, Mons. Rubén Oscar Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús. Comisión episcopal de Pastoral Universitaria: presidente, Mons. Roberto Rodríguez, obispo de Villa María. Comisión episcopal de Cáritas Argentina: presidente, Mons. Fernando María Bargalló, obispo de Merlo-Moreno. Comisión episcopal de Pastoral de la Salud: presidente, Mons. Horacio Ernesto Benites Astoul, obispo auxiliar de Buenos Aires. Comisión episcopal de Pastoral Penitenciaria: presidente, Mons. Héctor Sabatino Cardelli, obispo de San Nicolás de los Arroyos. Asesor Nacional de Justicia y Paz: Mons. Alcides Jorge Casaretto, obispo de San Isidro.+ Volver al Indice
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Carta pastoral del Episcopado Argentino sobre la Doctrina Social de la Iglesia: Una luz para reconstruir la Nación A los miembros del Pueblo de Dios y a todos los hombres de buena voluntad.
I. Origen y naturaleza de la Doctrina Social El misterio de Jesucristo 1. El tiempo de Adviento, ya inminente, nos invita una vez más a la reflexión y compromiso. En él contemplaremos el misterio del Hijo de Dios que “por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre”. Su nacimiento y vida entre los hombres es Evangelio, anuncio de salvación que confirma el amor de Dios al hombre y la sublime dignidad con que lo reviste.
La dignidad del Hombre y sus derechos 2. De esta dignidad brotan los derechos fundamentales e inalienables de todo ser humano, que no lo abandonan nunca, desde su concepción hasta su muerte natural. Y esto, no importa su condición: varón o mujer, rico o pobre, sabio o ignorante, inocente o reo, y cualquiera sea su color. Esta dignidad es la clave y el centro del misterio del hombre y de todo lo que lo atañe. Desde ella todo problema humano puede ser iluminado y hallar solución. Esta dignidad nos ilumina también para apreciar la grandeza sublime de la vida terrena y de los esfuerzos con que el hombre procura hacerla más plenamente humana. No por ser peregrino del cielo, el cristiano descuida la construcción de la patria terrena.
La Doctrina Social de la Iglesia 3. De la contemplación del misterio de la encarnación y nacimiento de Jesucristo, surge espontáneamente el anuncio del Evangelio aplicado a la vida social considerada en todos los planos: familiar, cultural, económico, ecológico, político, internacional. Esto es lo que se llama Doctrina Social de la Iglesia. Dimana del Evangelio, pero no es un derivado menor del mismo. Es el Evangelio de Jesucristo aplicado a la vida social del hombre. Es su resonancia temporal. Y así como la Iglesia no puede callar el Evangelio, tampoco puede silenciar su Doctrina Social. Nadie ha de temerle a ella. La Iglesia la anuncia a favor del hombre y de la paz social, para el servicio de todos.
Si bien la Doctrina Social se viene la desarrollando en forma sistemática desde el Papa León XIII, y se la difunde con frecuencia por medio de encíclicas pontificias, su origen remonta al mismo Jesús y a la enseñanza de los Apóstoles. Incluso, hunde sus raíces en las Escrituras antiguas citadas por Jesús, especialmente la Ley de Moisés, los Profetas y los Salmos. Y se fue desarrollando a lo largo de los siglos gracias a la enseñanza de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia y con el concurso del Pueblo de Dios.
El Compendio de la Doctrina Social: hecho eclesial y pastoral 4. La complejidad y aceleración de la vida del hombre, lo mismo que el fenómeno de la globalización, han obligado en los últimos tiempos a un desarrollo continuo de la Doctrina Social de la Iglesia, de modo que ésta hoy constituye un verdadero cuerpo doctrinal. El Papa Juan Pablo II, con su preclara mirada pastoral y en virtud de su autoridad como Pastor de toda la Iglesia, dispuso que el Pontificio Consejo Justicia y Paz redactara el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, cuya versión castellana ha sido publicada recientemente. La riqueza intrínseca del Compendio y la autoridad que dispuso su composición, nos permiten considerarlo como un hecho eclesial y pastoral de magnitud. Y, aunque redactado primeramente para uso de los Pastores, recomendamos su estudio y aplicación a todos los miembros del Pueblo de Dios, en particular a los miembros del clero encargados de exponer la doctrina cristiana, a los catequistas, a los docentes católicos y a los fieles laicos que tienen especiales responsabilidades en la construcción de la sociedad.
Alcance de esta carta y método para su empleo 5. No pretendemos abordar en esta carta todos los capítulos de la Doctrina Social; por ejemplo, la familia, el trabajo humano, la vida económica, la comunidad política, la comunidad internacional, la salvaguarda del medio ambiente. Tampoco intentamos desarrollar sus principios y valores, ni desentrañar todas las implicancias que estos tienen para la vida social argentina. Queremos, simplemente, mostrar la organicidad de los principios y valores que sustentan esta Doctrina, y proponer a la reflexión algunas situaciones y cuestiones. Y ello para estimular a todos a estudiar la Doctrina Social de la Iglesia, analizar con su luz algunos aspectos de la situación del País, y, en conjunción con la propia ciencia y experiencia, aplicarla al momento presente. Y, de este modo, trabajando junto con todos los hombres de buena voluntad, encontrar caminos concretos que contribuyan a la reconstrucción del tejido social, afianzar el sentido de pertenencia a la Nación y acrecentar la conciencia de ser ciudadanos.
II. Cinco Principios Básicos de la Doctrina Social. Proyecciones sobre la realidad social argentina Los Principios 6. Sobre el fundamento insustituible de la dignidad de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, que postula un humanismo integral y solidario, se erigen cinco principios permanentes, a modo de cinco columnas, que sostienen todo el edificio de la Doctrina Social de la Iglesia; a saber: el bien común, el destino universal de los bienes, la subsidiaridad, la participación y la solidaridad. “Estos principios tienen un carácter general y fundamental, ya que se refieren a la realidad social en su conjunto. Deben ser apreciados en su unidad, conexión y articulación” (Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia 161-162; en adelante C).
1° El bien común 7. “De la dignidad, unidad e igualdad de todas las personas, deriva, en primer lugar, el principio del bien común, al que debe referirse todo aspecto de la vida social para encontrar plenitud de sentido” (C 164). Este es el conjunto de valores y condiciones que posibilitan el desarrollo integral del hombre en la sociedad, incluido su desarrollo espiritual. El bien común es por ello el humus de una nación. Desde allí ella germina y se reconstruye. “El bien común no consiste en la simple suma de los bienes particulares de cada uno de los sujetos del cuerpo social.” (ib.). Si así fuese, la existencia de una nación estaría sometida a los avatares de los diferentes sectores. El bien común de una nación es un bien superior, anterior a todos los bienes particulares o sectoriales, que une a todos los ciudadanos en pos de una misma empresa, a beneficio de todos sus integrantes y también de la comunidad internacional. No puede ser parcializado, dividido, ni privatizado. "Siendo de todos y de cada uno, es y permanece común porque es indivisible y porque sólo juntos es posible alcanzarlo, acrecentarlo y custodiarlo, también en vistas al futuro” (ib.). Una sociedad que quiere estar al servicio del ser humano, “es aquella que se propone como meta prioritaria el bien común, en cuanto bien de todos los hombres y de todo el hombre. La persona no puede encontrar la realización sólo en si misma; es decir, prescindir de su ser ‘con’ y ‘para’ los demás” (C 165). La construcción del bien común se verifica en la promoción y defensa de los miembros más débiles y desprotegidos de la comunidad.
Situaciones y Cuestiones 8. ¿Cómo medir nuestra voluntad de reconstruir la Nación desde la perspectiva del bien común? Proponemos a la reflexión sólo dos cuestiones.
Primera, la defensa de los derechos adquiridos y el reclamo de los nuevos. Si al defenderlos o reclamarlos lo hacemos dentro del respeto de los derechos esenciales de los demás, estaremos construyendo la Nación. De lo contrario la estaríamos dañando, porque estaríamos actuando en contra del bien común.
Segunda, el comportamiento con los bienes públicos. Aun cuando “bien público” y “bien común” no son sinónimos, el primero está referido al segundo, porque es obtenido con el aporte de todos y para el servicio de todos. Es de lamentar que, para algunos, “público” adquiera un sentido totalmente contrario. No sería ya lo de todos, para el servicio de todos, adquirido con el aporte de todos, que por todos debe ser custodiado y defendido, sino lo de nadie, puesto allí para apropiarnos de él, dañarlo, destruirlo, o distribuirlo discrecionalmente entre amigos y clientes. Educar en el respeto de los bienes públicos es uno de los grandes desafíos que han de enfrentar la familia, la escuela, la catequesis y los medios de comunicación social. Sin este respeto sería muy arduo convivir armónicamente y muy difícil construir una república.
2° El destino universal de los bienes 9. “Entre las múltiples implicaciones del bien común, adquiere inmediato relieve el principio del destino universal de los bienes: Dios ha destinado la tierra y cuanto ella contiene para uso de todos los hombres y pueblos. En consecuencia, los bienes creados deben llegar a todos en forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad” (C 171). Este principio de la Doctrina Social de la Iglesia, formulado desde antiguo por los Santos Padres, fue relegado con frecuencia al olvido. A veces porque no se lo supo relacionar con otro principio derivado de él: el de la propiedad privada. Otras, por no entender que ésta es una concreción del destino universal de los bienes, y no su negación; es decir, que todos los miembros de la comunidad, y no sólo algunos, tienen derecho a poseer lo necesario. Otras, por no comprender que la propiedad nunca es absoluta, sino que está subordinada siempre al bien común. Otras, finalmente, por no entender que tanto el destino universal de los bienes, como el derecho a apropiarse de los mismos, conllevan el derecho-deber de producirlos; es decir, el derecho-deber del trabajo.
Situaciones y Cuestiones 10. Atentos a este principio clásico de la Doctrina Social, y ante el empobrecimiento de gran parte de la población, precipitado por la crisis institucional del 21 de diciembre de 2001, surgen muchos interrogantes. En primer lugar acerca de cuál es la responsabilidad que les cabe a las autoridades políticas de antes y de durante la crisis. Pero también a los demás sectores de la sociedad, en especial a los empresarios y sindicalistas, en particular a los que se profesan cristianos, por no haber percibido suficientemente el empobrecimiento que se venía produciendo y que se aceleró en forma incontrolable hiriendo gravemente la dignidad de tantos hermanos y hermanas. Si bien reconocemos que es mucho lo que los argentinos, ciudadanos y autoridades, hemos hecho desde entonces para revertir la situación, es mucho todavía lo que resta por hacer. Y por tanto hemos de interrogarnos sobre nuestra voluntad de comprometernos aún más y mejor para superar el empobrecimiento general.
11. Existen muchas situaciones y formas de pobreza debidas a distintas causas: naturales (una catástrofe), estructurales (una ley económica injusta), espirituales o morales (ser avaro, pedigüeño), culturales (incapacidad para cultivar los dones recibidos de Dios y proveer así al propio sustento). Varias de estas formas de pobreza tienen como consecuencia que el hombre no pueda apropiarse de la parte de los bienes que le corresponde para su desarrollo integral. Y, por tanto, si no se las superase, podría multiplicarse aún más el número de los que ya están sumidos en la pobreza, provocando un daño irreparable para ellos y un gran detrimento para todos.
12. Llamamos la atención especialmente sobre dos situaciones graves de pobreza, que a nuestro entender sólo podrán ser superadas si las enfrentamos entre todos con políticas firmes y duraderas, cuyo garante sea el Estado.
Primera, la ausencia de un trabajo digno y estable, que degrada a amplios sectores del pueblo honrado y trabajador y desintegra a la familia. Es ésta una las peores desgracias sufridas por la Argentina, de cuya magnitud no se tiene idea cabal. La historia nos enseña que naciones destruidas en guerras devastadoras han sido capaces de levantarse gracias al trabajo del pueblo. Éste es siempre la principal riqueza de una nación. Si queremos ver resurgir a la nuestra, hemos de esforzarnos por la dignificación del trabajador mediante la creación de fuentes de trabajo genuino y la supresión del trabajo en negro y de la dádiva.
13. Una segunda situación de pobreza, es el difícil acceso a la tierra, la cual es el primer don que Dios da al hombre para proveer a su sustento. En la Argentina, la gran extensión territorial, conjugada con una población relativamente escasa y altamente concentrada en el Gran Buenos Aires y en muchas capitales de Provincia, amenazan constituir una estructura permanente generadora de pobreza. En el equilibrio entre industria y campo estriba uno de los secretos de la riqueza de una nación. Lo demuestra la experiencia de los países del primer mundo, altamente industrializados, que cultivan sus tierras con esmero.
Por ello preguntamos: ¿sería conveniente diseñar una política demográfica que revierta el éxodo hacia el Gran Buenos Aires y a las capitales de Provincia? En el mismo sentido, ¿habría que fortalecer los municipios del interior, especialmente los rurales, y las economías regionales, de modo que el hombre del interior, en especial el joven, pueda florecer en su propio contexto social y cultural? ¿Ayudaría una sabia reforma agraria que aliente a la gente del campo, principalmente a los pequeños y medianos productores, a permanecer en la vida y el trabajo rural? ¿Cómo propiciar la concreción de las leyes que reconocen el derecho de los aborígenes a la tierra productiva y a la propiedad comunitaria? ¿Qué medidas políticas apoyar para defender y preservar el medio ambiente?
14. Hay otras situaciones de pobreza que también merecen especial atención.
Ante todo, la deficiencia de la educación, en todos sus niveles. Sin una adecuada escolaridad y enseñanza, será cada vez más difícil que los pobres participen de los bienes necesarios para su desarrollo.
Igualmente, la precariedad de los servicios de la salud, a los que muchos no tienen acceso. La salud es el primer bien tangible para todo ser humano. De allí, la importancia del cuidado de la integridad física y psíquica. Y la gravedad de carecer del mismo.
Por último, y como coronación de todas las situaciones que engendran pobreza, está la inmensa deuda pública. Es nuestro más vivo deseo que ésta, a pesar de las dificultades, se negocie con éxito y para alivio de nuestro pueblo. Habremos de recordar siempre que la Deuda tiene dos caras, que han de ponernos sobre aviso para evitarlas en el futuro: la injusticia de la economía internacional reinante en este campo, y la irresponsabilidad de quienes contrajeron la Deuda o alentaron a contraerla a espaldas del pueblo.
3° La subsidiaridad 15. Esta palabra enuncia otro principio clave de la Doctrina Social. Significa que “todas las sociedades de orden superior deben ponerse en una actitud de ayuda (“subsidium”) – por tanto, de apoyo, promoción, desarrollo- respecto de las menores. De este modo, los cuerpos sociales intermedios pueden desarrollar adecuadamente las funciones que les competen, sin deber cederlas injustamente a otras agregaciones sociales de nivel superior, de las que terminarían por ser absorbidos y sustituidos y por ver negada, en definitiva, su dignidad propia y su espacio vital” (C. 186). “El principio de subsidiaridad protege a las personas de los abusos de las instancias sociales superiores e insta a éstas últimas a ayudar a los particulares y a los cuerpos intermedios a desarrollar sus tareas. Este principio se impone porque toda persona, familia y cuerpo intermedio tiene algo de original que ofrecer a la comunidad” (C. 187).
Situaciones y Cuestiones 16. El principio de la subsidiaridad es válido no sólo en la economía, sino en todos los órdenes. Por ejemplo en la educación. Así, la escuela pública de gestión privada cumple un papel muy importante en la sociedad, y es de justicia que el Estado aporte para sufragar los gastos de esta educación con los impuestos que pagan los ciudadanos.
Este principio de la subsidiaridad ha sido abandonado muchas veces en la organización de la sociedad, por exceso o por defecto. Por exceso, cuando el Estado acapara para sí todas las iniciativas, libertades y responsabilidades, que son propias de las personas y de las comunidades menores de la sociedad: el estatismo. Por defecto, cuando el Estado no protege al débil frente a los más fuertes, o no brinda su ayuda económica, institucional, legislativa a las entidades sociales más pequeñas cuando es necesario: el liberalismo a ultranza.
17. En la Argentina hemos conocido los dos extremos. Al menos desde los años 30 hubo un estatismo creciente, que nutrió, en el inconsciente colectivo, la falsa imagen de que el Estado sería como un dios, que existe desde siempre, que todo lo puede, a quien todo se le puede exigir, e incluso se lo puede maltratar porque nada malo le podría suceder. También conocimos un voraz liberalismo, que desmanteló al Estado privatizando sus empresas, pero sin la red de protección social que ello habría exigido, y sin el control necesario sobre los nuevos prestadores de los servicios públicos, acrecentando aún más el gasto público que se pretendía reducir. Ambas corrientes colisionaron y produjeron el sismo social conocido. Estamos ahora en la etapa de la reconstrucción, aprendiendo de la dolorosa experiencia.
Por otra parte, está vigente la subcultura de la dádiva. Ésta pervierte el principio de la subsidiaridad, degrada al pobre y lo convierte en un sujeto incapaz de participar de la vida democrática, engendrando un nuevo problema social.
18. También aquí se imponen muchas preguntas. ¿Cómo reconstruir al Estado y hacer que esté al servicio de la sociedad civil? ¿Cómo evitar que devore a las sociedades u organizaciones intermedias? ¿O, por el contrario, que se declare “ausente” y deje a los ciudadanos al arbitrio de los poderosos? ¿Cómo desterrar de la actividad política la práctica de comprar adhesiones mediante la dádiva? ¿Cómo propiciar la relación entre los pueblos, en el respeto de la idiosincrasia y valores de los mismos, y de las necesarias garantías que posibilite entre ellos un intercambio comercial justo y equitativo?
4° La participación 19. “Participación” es otra de las columnas de la Doctrina Social de la Iglesia. Es una “consecuencia característica de la subsidiaridad, que se expresa, esencialmente, en una serie de actividades mediante las cuales el ciudadano, como individuo o asociado a otros, directamente o por medio de los propios representantes, contribuye a la vida cultural, económica, política y social de la comunidad civil a la que pertenece. Es un deber que todos han de cumplir conscientemente, en modo responsable y con vistas al bien común. No puede ser delimitada o restringida a algún contenido particular de la vida social”. “La participación en la vida comunitaria no es solamente una de las mayores aspiraciones del ciudadano, llamado a ejercitar libre y responsablemente el propio papel cívico con y para los demás, sino también uno de los pilares de todos los ordenamientos democráticos, además de una de las mejores garantías de permanencia de la democracia” (C 189, 190).
Situaciones y Cuestiones 20. ¿Cuál es el grado de participación del argentino en la vida social, y, particularmente, en la defensa y el progreso de la sociedad política?
Hay muchos signos positivos. En general, parece satisfactorio el índice de los votantes y aumenta la participación en la sociedad civil: centros vecinales, clubes, ONG de todo tipo, colegios profesionales, etc.
Pero también hay señales negativas. Se exigen derechos, pero no siempre se conocen ni cumplen los deberes. Que el pueblo no interviene en el gobierno sino por sus representantes: es un principio que muchas veces se interpreta mal. Se piensa que los deberes del ciudadano se agotan en el acto eleccionario. Cumplido éste, muchos se despiden de su ciudadanía hasta la próxima elección. No son conscientes que a la salida del cuarto oscuro los aguarda la vida cotidiana con una multitud de otros deberes ciudadanos, de diverso grado, pero todos necesarios para actuar como ciudadano y construir la República: desde no cruzar el semáforo en rojo, no hacer ruidos molestos, cuidar la limpieza de los espacios públicos, realizar bien el trabajo, pagar los servicios e impuestos, exigir cuentas de su recta administración, hacer con responsabilidad la propia opción partidaria, respetar la ajena, entablar un diálogo democrático con ella. Y así, hasta el cumplimiento de deberes más graves, como postularse para un cargo público, y, si fuere el caso, hacer juicio político a la autoridad constituida, etc. Olvidan que el cumplimiento de estos deberes es la respuesta necesaria a la sociedad, la cual defiende y promueve los derechos de los cuales gozan. No sin razón se ha dicho que los argentinos somos 37 millones de habitantes, pero no logramos ser 37 millones de ciudadanos. El habitante usufructúa la Nación y sólo exige derechos. El ciudadano la construye porque, además de exigir sus derechos, cumple sus deberes.
21. Entre las muchas cuestiones que surgen, planteamos las siguientes: ¿Cómo luchar para transformar la pasividad de muchos en una auténtica participación democrática en la sociedad política? ¿Cómo poner en marcha las iniciativas referidas a la reforma política que se acordaron en la Mesa del Diálogo Argentino? ¿Cómo garantizar que las promesas o proyectos electorales se concreten en leyes justas y oportunas? ¿Cómo garantizar jurídicamente el gran aporte de los voluntarios sin perjudicarlos a ellos ni a las instituciones a las cuales sirven con generosidad?
“Jesucristo, autor de nuestra fe y de nuestro compromiso ciudadano”: esta oración que rezamos el año pasado en preparación del Congreso Eucarístico Nacional de Corrientes, y este año para el Congreso de Laicos, continúa interpelándonos a los cristianos.
5° La Solidaridad 22. “La solidaridad confiere particular relieve a la intrínseca sociabilidad de la persona humana, a la igualdad de todos en dignidad y derechos, al camino común de los hombres y de los pueblos hacia una unidad cada vez más convencida. Nunca como hoy ha existido una conciencia tan difundida del vínculo que se manifiesta entre los hombres y los pueblos” (C 192). Estas relaciones de interdependencia, “que son, de hecho, formas de solidaridad, deben transformarse en relaciones que tiendan hacia una verdadera y propia solidaridad ético-social. La solidaridad debe captarse, ante todo, en su valor de principio social ordenador de las instituciones” (C 192,193).
23. En situaciones difíciles los argentinos nos mostramos solidarios. Por ejemplo, cuando sufrimos inundaciones. Las repetidas crisis político-sociales quizás habrían acabado con nosotros si no hubiésemos sido solidarios. Es admirable cómo, en situaciones límites, nacen formas impensadas de solidaridad, especialmente en el pueblo humilde.
No obstante, la solidaridad necesita un crecimiento sustancial en orden a afianzar la conciencia ciudadana y la responsabilidad de todos por todos. La solidaridad expresa la solidez moral de una comunidad cuando, superando el sentimiento superficial, llega a elevarse hasta el rango de virtud social. No se trata, tan sólo, de que crezca la cantidad de donativos para aliviar los males de otros ante acontecimientos dolorosos o catástrofes. Se trata, principalmente, de llegar personal y comunitariamente a “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos” (C 193).
Situaciones y Cuestiones 24. Muchas son las cuestiones que surgen en este renglón. Hay una forma de insolidaridad preocupante: el crecimiento escandaloso de la desigualdad en la distribución de los ingresos. Una sociedad en la que faltase la equidad social correría serio peligro de dejar de ser solidaria.
Otra forma de insolidaridad es el debilitamiento de la cultura del trabajo en muchos que gozan de él. Trabajo mal hecho, a desgano, sin ansias de perfeccionarse. El trabajo es un servicio a la comunidad, que da derecho a comer de él.
Preocupa, también, la reiteración de reclamos no atendidos y de huelgas desproporcionadas, que no reparan en las injustas consecuencias sufridas por los más débiles: niños, ancianos, enfermos, trabajadores.
En una sociedad donde crece la marginación no serían de extrañar manifestaciones violentas por parte de sectores excluidos del mundo del trabajo, que podrían degenerar en peligrosos enfrentamientos sociales.
25. Las situaciones y cuestionamientos esbozados muestran el complejo campo social en el que todos, pero especialmente ustedes, queridos fieles laicos, deben reflexionar los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, para contribuir a hallar soluciones, desde su propia vocación y misión de ciudadanos, junto con los demás integrantes de la sociedad..
III. Cuatro Valores Fundamentales de la Vida Social 26. “La Doctrina social de la Iglesia, además de los principios que deben presidir la edificación de una sociedad digna del hombre, indica también valores fundamentales. La relación entre principios y valores es indudablemente de reciprocidad, en cuanto que los valores expresan el aprecio que se debe atribuir a aquellos determinados aspectos del bien moral que los principios se proponen conseguir. Todos los valores sociales son inherentes a la dignidad de la persona humana, cuyo auténtico desarrollo favorecen. Son esencialmente: la verdad, la libertad, la justicia, el amor” (C 197).
1° La verdad 27. La verdad es un valor fundamental que desde siempre la humanidad busca ansiosa. Tiene una dimensión objetiva que fundamenta la actividad del hombre, posibilita el diálogo, fundamenta la sociedad e ilumina sobre la moralidad de los comportamientos de los ciudadanos y de los grupos sociales: verdad de la naturaleza del hombre, de la vida, de la familia, de la sociedad. Verdad, también, de los hechos acaecidos.
En el cristianismo la Verdad ocupa un lugar central. El Hijo unigénito de Dios, cuyo nacimiento nos preparamos a celebrar, está “lleno de gracia y de verdad” (Jn 1,14). El mismo Jesús se autodefinió como la Verdad: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6). No se trata, por tanto, sólo de una verdad enunciable en el plano especulativo. Se trata de la Verdad sustancial, cuya palabra devuelve la libertad a quienes están esclavizados por el error o por el mal: “Si ustedes permanecen fieles a mi palabra, conocerán la verdad y la verdad los hará libres” (Jn 8,31-32). La Verdad del Evangelio, más que para ser conocida intelectualmente, es para ser realizada, para que “viviendo en la verdad y en el amor, crezcamos plenamente unidos a Cristo” (Ef 4,15).
28. La verdad es, en consecuencia, también un valor fundamental en la Doctrina Social de la Iglesia. Al respecto ella nos dice: “Los hombres tienen una especial obligación de tender hacia la verdad, respetarla y atestiguarla responsablemente. Nuestro tiempo requiere una intensa actividad educativa y un compromiso correspondiente por parte de todos para que la búsqueda de la verdad sea promovida en todos los ámbitos y prevalezca por encima de cualquier intento de relativizar sus exigencias o de ofenderla” (C 198).
Situaciones y Cuestiones 29. Si el cristiano prescindiese de la comprensión de la Verdad que le da la Palabra de Dios, podría caer en múltiples errores, e incluso adoptar actitudes fundamentalistas. Así aconteció en tiempos pasados cuando se difundió la máxima “el error no tiene derechos”, olvidando que los derechos son de las personas, incluso de las que están en el error. El Evangelio manda morir por la verdad, no matar por ella. Por ello el Papa Juan Pablo II, cuando nos exhortó a los cristianos a prepararnos a la celebración del Gran Jubileo del año 2000, mencionó explícitamente el “capítulo doloroso, sobre el que los hijos de la Iglesia deben volver con ánimo abierto al arrepentimiento, constituido por la aquiescencia manifestada, especialmente en algunos siglos, con métodos de intolerancia e incluso de violencia en el servicio de la verdad” (Tertio Millenio Adveniente 35)
Sin embargo, la tentación del fundamentalismo siempre acecha, y no sólo al hombre religioso. La historia civil de los pueblos, incluso europeos, está plagada de ejemplos de intransigencia a muerte entre sectores opuestos. Cuando se esgrimen argumentos religiosos, se lo hace engañosamente para enardecer la intransigencia con la que se pretende suprimir al contrario.
30. La interpretación de la historia argentina está atravesada por cierto maniqueísmo, que ha alimentado el encono entre los argentinos. Lo dijimos en mayo de 1981, en “Iglesia y Comunidad Nacional: “Desgraciadamente, con frecuencia, cada sector ha exaltado los valores que representa y los intereses que defiende, excluyendo los de los otros grupos. Así en nuestra historia se vuelve difícil el diálogo político. Esta división, este desencuentro de los argentinos, este no querer perdonarnos mutuamente, hace difícil el reconocimiento de los errores propios y, por tanto, la reconciliación. No podemos dividir al país, de una manera simplista, entre buenos y malos, justos y corruptos, patriotas y apátridas. No queremos negar que haya un gravísimo problema ético en la raíz de la crítica situación que vive el País, pero nos resistimos a plantearlo en los términos arriba recordados” (31).
A veintidós años de la restauración de la Democracia conviene que los mayores nos preguntemos si trasmitimos a los jóvenes toda la verdad sobre lo acaecido en la década del 70. O si estamos ofreciéndole una visión sesgada de los hechos, que podría fomentar nuevos enconos entre los argentinos. Ello sería así si despreciásemos la gravedad del terror de Estado, los métodos empleados y los consecuentes crímenes de lesa humanidad, que nunca lloraremos suficientemente. Pero podría suceder también lo contrario, que se callasen los crímenes de la guerrilla, o no se los abominase debidamente. Éstos de ningún modo son comparables con el terror de Estado, pero ciertamente aterrorizaron a la población y contribuyeron a enlutar a la Patria. Los jóvenes deben conocer también este capitulo de la verdad histórica. A tal fin, todos, pero en especial ustedes, fieles laicos, que vivieron en aquella época y eran adultos, tienen la obligación de dar su testimonio. Es peligroso para el futuro del País hacer lecturas parciales de la historia. Desde el presente, y sobre la base de la verdad y la justicia, debemos asumir y sanar nuestro pasado.
2° La libertad 31. Según el Evangelio, la libertad es fruto de la verdad: “La verdad los hará libres” (Jn 8,32). David fue liberado de su pecado porque lo reconoció. Lo mismo, la mujer pecadora. Y también el apóstol Simón Pedro. Sólo reconociendo sinceramente la verdad de nuestros pecados, Dios nos perdona y nos libera de las ataduras espirituales con que éstos nos aprisionan.
32. Sobre la libertad la Doctrina Social nos dice: “Es signo eminente de la imagen divina y, como consecuencia, signo de la sublime dignidad de cada persona humana”. “El valor de la libertad, como expresión de la singularidad de cada persona humana, es respetada cuando a cada miembro de la sociedad le es permitido realizar su propia vocación personal. La libertad, por otra parte, debe ejercerse como capacidad de rechazar lo que es moralmente negativo, cualquiera sea la forma en que se presente” (C 199, 200).
Situaciones y Cuestiones 33. No siempre los hijos de la Iglesia mantuvieron la claridad necesaria sobre la doctrina de la libertad religiosa. Hace cuarenta años la declaración conciliar “Dignitatis humanae” (07-12-65), sobre la libertad religiosa, le devolvió todo su esplendor. Libertad de la persona y libertad de la comunidad religiosa. Libertad para la Iglesia católica y libertad para todas las religiones. Libertad para celebrar el culto y libertad para proponer y practicar la doctrina del Evangelio.
34. Puede parecer extraño preguntarse hoy por la libertad religiosa en Occidente y en la Argentina. Pero sobran señales de una presión desmedida de muchos medios y de entes internacionales, que justifica preguntar si la libertad de la Iglesia católica a enseñar y practicar la propia doctrina es siempre respetada. Lo mismo cabe decir de resoluciones y gestos impropios de la autoridad civil cuando invaden un fuero que le es ajeno. Dado que el sujeto del Estado y de la Iglesia es siempre el hombre, el bien común exige que entre ambos exista autonomía y colaboración.
3° La Justicia 35. La justicia es un atributo de Dios. Decimos “Dios es justo”; que “apelamos a la justicia divina”. De Cristo confesamos que “vendrá con gloria a juzgar a vivos y muertos”. Por ello la justicia es también un valor cristiano fundamental. De éste la Doctrina Social dice: “Es un valor que acompaña al ejercicio de la correspondiente virtud moral cardinal. El Magisterio social invoca el respeto de las formas clásicas de la justicia: la conmutativa, la distributiva y la legal. La justicia resulta particularmente importante en el contexto actual, en el que el valor de la persona, de su dignidad y de sus derechos, a pesar de las proclamaciones de propósitos, está seriamente amenazado por la difundida tendencia a recurrir exclusivamente a los criterios de la utilidad y del tener” (C 201, 202).
Situaciones y Cuestiones 36. Existen cuestionamientos sobre la Justicia como institución. En la Argentina es fuerte el reclamo por la reforma de la justicia. Y la Mesa del Diálogo Argentino ha propuesto la necesidad de una profunda y valiente reforma de ella. Pero no existen cuestionamientos sobre la justicia como valor. Sin embargo, la Doctrina Social nos hace ver su límite e insuficiencia para fundar por sí sola una convivencia social sólida: “La plena verdad sobre el hombre, permite superar la visión contractual de la justicia, que es una visión limitada, y abrirla al horizonte de la solidaridad y del amor. Por sí sola, la justicia no basta. Junto al valor de la justicia, la doctrina social coloca el de la solidaridad, en cuanto vía privilegiada de la paz” (C 203).
4° La vía de la caridad 37. “Entre las virtudes en su conjunto y, especialmente entre las virtudes, los valores sociales y la caridad: existe un vínculo profundo que debe ser reconocido cada vez más profundamente”. “Los valores de la verdad, de la justicia y de la libertad, nacen y se desarrollan de la fuente interior de la caridad”. “La caridad presupone y trasciende la justicia. No se pueden regular las relaciones humanas únicamente con la medida de la justicia”. “Ninguna legislación, ningún sistema de reglas o de estipulaciones lograrán persuadir a hombres y pueblos a vivir en la unidad, en la fraternidad y en la paz. Ningún argumento podrá superar el llamado de la caridad” (C 204 - 207). La caridad es la plenitud de la justicia y de toda virtud humana.
Situaciones y cuestiones 38. Los cristianos debemos hacernos aquí un grave cuestionamiento: si tomamos en serio el mandamiento del amor que nos dejó Jesús. Si lo hacemos, descubriremos cada vez con mayor claridad que, después del acto de adoración a Dios, la construcción de la convivencia social, en verdad, libertad y justicia, es la obra máxima del hombre sobre la tierra. Y que Dios Padre providente en nada se complace más que en ver a sus hijos esforzándose por construirla.
Sobre esta base de los principios básicos y de los valores fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia podemos edificar una Nación reconciliada, que logre vivir una verdadera amistad social.
IV. Exhortación al Pueblo de Dios 39. Hace un mes celebramos el III Congreso Nacional de Laicos, a los veinte años del Segundo celebrado en 1984, y en vista del Bicentenario de la Nación, a celebrarse en 2010. La temática abordada fue la vocación y misión del laico en la Iglesia, en la sociedad y en la política. Durante el Congreso, la Doctrina Social de la Iglesia se mostró de máxima actualidad. Y no sólo por sus formulaciones, sino por los desafíos que ésta debe enfrentar cada día y que merecen nuevas respuestas. Si bien como Pastores somos los garantes de esta Doctrina, les corresponde también a ustedes, queridos fieles laicos, participar en su elaboración, conociendo los postulados ya adquiridos, iluminando con ellos la situación social del País, y, a partir de allí, enunciar fórmulas adecuadas que ayuden a los cristianos y a todo hombre de buena voluntad a actuar en bien de la República, respetada la propia opción temporal, sin esperar consignas de los pastores. Por lo mismo, hoy más que nunca “la Doctrina social de la Iglesia debe entrar, como parte integrante, en el camino formativo del laico” (C 549). El Compendio de la Doctrina Social, es un instrumento valioso para conocer esta Doctrina y aportar a ella elementos nuevos. Aconsejamos vivamente su estudio y puesta en práctica.
40. Que María, gloria de Jerusalén, alegría de Israel, orgullo de la humanidad, madre virgen de Jesús de Nazaret, nuestro hermano y nuestro Dios Salvador, implore para nosotros del Padre un amor grande y fuerte por nuestra Nación como el que su Hijo tuvo por su patria hasta llorar por ella.
90ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina Pilar, 11 de noviembre de 2005 Memoria de San Martín de Tours, obispo Volver al Indice
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COMUNICACIÓN E INFORMÁTICA
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Hipervínculos solidarios: Internet para invidentes En muchas ocasiones Internet se ha presentado como «la maravilla de las maravillas», sin embargo, también tiene sus limitaciones, como por ejemplo de acceso para personas con discapacidades visuales o motrices. Afortunadamente existen diversas entidades que trabajan para acercar la Red -en este caso- a los ciegos.
En 1995 se inauguró el proyecto Tiflonet, un servicio para ciegos y personas con visión reducida de habla hispana (http://usuarios.lycos.es/tiflonet/).
En http://www.mundopc.net/actual/tecnologia/inforaplicada/ se encuentra un interesante artículo titulado: «Aplicaciones de la informática. Discapacidad, robótica, domótica».
Otra entidad que trabaja sin ánimo de lucro para dar soporte en el terreno informático a las personas ciegas y con baja visión es la Fundació de Cecs Manuel Caracol (http://www.funcaragol.org/).
Y por supuesto la conocida Organización Nacional de Ciegos de España (ONCE), que pretende mejorar la calidad de vida de los ciegos y deficientes visuales de todo el país (http://www.once.es/). Volver al Indice
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IX Encuentro Continental de la RIIAL Por la calzada de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano Por Elisabet Juanola, Santiago Chile.
Cochabamba, en el corazón de Bolivia, ha sido sede de la RIIAL -Red Informática de la Iglesia en América Latina (http://www.riial.org)- entre el 10 y el 14 de octubre pasados. Un encuentro atravesado por el desafio comunicacional de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano.
Para la RIIAL tienen mucha importancia los encuentros anuales, cita casi obligada para esta familia, oportunidad para verse, evaluar el trabajo realizado y poner en común inquietudes, avances, intuiciones y tantas otras cosas que consolidan una red. Los convocados son principalmente los encargados de informática de las Conferencias Episcopales de América, España e Italia. La RIIAL tiene además proyectos de desarrollo que año a año crecen y evolucionan. Este último encuentro dejó tareas pendientes con respecto a la preparación de la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano en Aparecida, Brasil.
Serán las Conferencias Episcopales las primeras distribuidoras de los documentos y de las fichas de trabajo para la preparación de este encuentro de los pastores latinoamericanos. Los encargados de informática y de comunicación deberán velar por la distribución y posterior recolección de este material. El reto es recoger las voces y hacerlas llegar de vuelta para que la representatividad en la V Conferencia sea de todo el pueblo de Dios, puesto que «Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida» es una invitación para todos aquellos que caminan por la calzada del Evangelio. Podemos conocer las fichas de trabajo en www.celam.info
El cuerpo RIIAL, las comunidades virtuales y la comunión real
Para que la comunicación no sea pura información requiere de procesos. Las pastorales de comunicación a veces sucumben a la información, por eso, es deber de ellas revisarse para que no ocurra. Las comunidades virtuales son una apuesta para compartir la sistematización de procesos. La RIIAL ha convocado a proyectos de vocación distinta pero con inquietudes pastorales que pueden apoyarse en sus procesos. El Servicio de Observación sobre Internet (SOI) es uno de estos proyectos, también lo son las Bases Documentales, Bancos de Datos, Servicios Catequéticos de distinto formato, los medios de comunicación católicos, tanto radiales y televisivos como escritos; proyectos de formación que entre otros, pueden beneficiarse de la comunión permanente a través de la Red.
El proyecto de crear una red de informática que uniera América Latina no ha sido fácil. La sociedad evoluciona a ritmos trepidantes, pero no siempre se recogen los procesos. Aunque los encuentros que han ido alimentando la RIIAL se cuenten en nueve, la historia de la comunicación en la Iglesia Latinoamericana hunde sus raíces en las cuatro Conferencias Generales que anteceden a la que se prepara ahora: Rìo de Janeiro, Medellín, Puebla y Santo Domingo. El esfuerzo constante de quienes iniciaron este camino está teñido de esperanzas, innovación y ha tenido dificultades.
Ser técnico o ingeniero informático a la manera RIIAL significa ser sobre todo un catalizador que genera los procesos para la informatización, que busca soluciones para los que no tienen acceso. El grupo de técnicos de la RIIAL trabaja continuamente en comunidad virtual, soluciona situaciones, se anima mutuamente, comparte conocimientos. Especial vocación de empuje de este grupo tiene hasta hoy el Centro de Formación y Desarrollo Nuestra Señora de Guadalupe, con sede en Santa Fe, Argentina. Ellos son los creadores del Office Eclesial, actualmente en una muy digerible versión 2.0. Este programa es de vital importancia para el servicio de la pastoral en parroquias y diócesis puesto que facilitará de manera informatizada el archivo, la agenda y la contabilidad, entre otras cosas.
La RIIAL se propone seguir innovando -hacia adentro- con proyectos de gran envergadura y consistencia como el Ágora RIIAL, del grupo de Análisis y Prospectivas; y también hacia fuera, invitando a todos aquellos que quieran, a trabajar para tejer más y mejores redes de comunicación.
Documentos de la reunión: http://www.iglesiacbba.org/contenido.php?id_publica=95&seccion=RIIAL Volver al Indice
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Catholic.net ahora en la palma de tu mano Nuevo servicio de descarga de contenidos en formato PDA
• Catholic.net expande su división móvil para generar contenidos descargables en agendas electrónicas tipo Palm. • Más de 26 mil artículos, 252 libros, la Biblia, el Catecismo de la Iglesia, Encíclicas, manuales de oración, devocionarios, conferencias, meditaciones y reflexiones podrán descargarse desde el sitio y compartirse con cualquier usuario que tenga un dispositivo móvil con sistema operativo Palm OS.
Buscando llevar la palabra de Dios a todos los rincones del mundo, Catholic.net expandió su división de servicios móviles para que a partir del día 9 de noviembre, todos sus usuarios puedan descargar, de manera gratuita, todos los contenidos del portal y transportarlos en todo tipo de agenda electrónica que cuente con sistema operativo Palm OS.
Con esta herramienta tecnológica Catholic quiere llevar el Evangelio a todos los rincones del mundo donde no es posible conectar una computadora para que la comunidad católica se forme y disfrute con la Palabra de Dios.
De esta manera Catholic.net atiende el llamado hecho en su momento por el Papa Pablo VI y posteriormente Juan Pablo II: “las comunicaciones sociales plantean a la Iglesia, un gran desafío pues se sentiría culpable ante Dios si no utilizara estos medios tan poderosos. La Iglesia, de hecho, no está llamada solamente a usar los medios de comunicación para difundir el Evangelio sino, sobre todo hoy más que nunca, a integrar el mensaje de salvación en la “nueva cultura” que estos poderosos medios crean y amplifican. La Iglesia advierte que el uso de las técnicas y tecnologías de comunicación contemporáneas forman parte de su propia misión en el tercer milenio” (cf. Rápido desarrollo, 2).
¿Qué ofrece este nuevo servicio? Entre los contenidos que podrán descargar los usuarios se encuentran: • La Biblia • El Catecismo de la Iglesia • El Código de Derecho Canónico • Encíclicas • Documentos eclesiales • Instrucciones pastorales • Manuales de oración • 252 libros electrónicos (e-books) • Más de 26 mil artículos • Reflexiones y meditaciones • Cursos en línea • Manuales de oración • Devocionarios • Entre miles de contenidos más.
Cómo descargar los contenidos a una Agenda (PDA) Para ver los contenidos de Catholic.net en su agenda electrónica, debe contar con un programa lector de libros electrónicos en su Palm. Existen muchos en la red de libre descargar y completamente gratis como: eReader for Palm OS.
Los pasos a seguir para descargar son: 1. Ubicar el artículo que deseamos descargar. 2. Ir al final del artículo y dar clic en el botón que dice “Descargarlo a tu Palm”. 3. Se abrirá una ventana en la que aparecerá el letrero: “Archivo PDB creado satisfactoriamente”. 4. Dar clic en el botón que señala “Descargar archivo”. 5. Guardar en su computadora el archivo .pdb del artículo seleccionado. 6. Hacer doble clic en el archivo que se descargó (automáticamente se abrirá el instalador de su Palm mostrando el archivo que se va a descargar en su Palm). 7. Sincronizar (HotSync) su computadora con su Palm 8. El artículo ya se encontrará en su PDA.
La descarga de contenidos es totalmente gratis, ilimitada y personalizada.
Ventajas y usos El descargar contenidos a dispositivos móviles de bolsillo permite a cualquier usuario mantenerse al corriente de los contenidos que le interesan sin necesidad de estar conectado todo el tiempo; así como aprovechar tiempos muertos para hacer lecturas espirituales. Las ventajas de esta tecnología móvil estriban no sólo en la comodidad, la disponibilidad y la movilidad; sino también en la posibilidad de búsqueda y gestión eficaz de contenidos de gran uso en la labor catequética, evangelizadora, educativa y formativa. Esta tecnología será de gran ayuda para sacerdotes, comunicadores, educadores y catequistas que desean consultar de manera frecuente los principales documentos de la Iglesia para sus cursos, conferencias, talleres y colaboraciones en medios de comunicación. “Las tecnologías móviles para agendas electrónicas, los mensajes cortos para celulares y los podcast son herramientas tecnológicas que empleadas correctamente y de manera integrada sustentadas por el genio de la fe e iluminadas por el Espíritu Santo, pueden facilitar la difusión del Evangelio y hacer más eficaces los vínculos de comunión entre las comunidades eclesiales” comentó Lucrecia Rego de Planas, Directora General de Catholic.net recordando la enseñanza de Juan Pablo II.
Los interesados sólo tienen que visitar http://es.catholic.net/
Acerca de Catholic.net Catholic.net, el primer portal católico de la red, fundado en 1995 por el señor James Mullholland, es un sitio sin fines de lucro al servicio de la Nueva Evangelización. Aunque inició sus operaciones en Estados Unidos, hoy tiene presencia y representaciones en toda Hispanoamérica, España, Francia, Italia, Alemania y Eslovenia. Sus contenidos especializados en temas éticos y religiosos para jóvenes, familia y profesionistas son distribuidos en 6 idiomas a través de 13 secciones y 18 comunidades virtuales. Cuenta cerca de 4 millones de visitas mensuales y 40 millones de accesos mensuales. Más de 750 alianzas con instituciones católicas, medios de comunicación y organismos de la Iglesia certifican la calidad de sus contenidos. Sus listas de correo se distribuyen a 820,000 personas diariamente. 260 especialistas espirituales, doctrinales y familiares apoyan sus 19 consultorios virtuales. Catholic.net ofrece, a la fecha: más de 25 mil artículos que reportan casi 16 millones de páginas vistas al mes; mensajes de texto SMS para usuarios de celulares en Estados Unidos, México y Puerto Rico; servicios de podcasting que permiten la suscripción y descarga de archivos de audio con mensajes y reflexiones evangélicas.
Para mayor información escribir a: jhidalgo@... Volver al Indice
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