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Noticias Parroquia Fatima 11-04-06 - 316   Lista de mensajes  
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PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Av. Libertador 13.900 - 1640 Martínez - Tel. y Fax 4508-8501 // 8502
Página Web: www.fatima.org.ar

Noticias desde la Parroquia de Fátima
Martes 11 de abril de 2006 - Año IX - N° 316
INDICE
NUESTRA PARROQUIA
Exhiben “Karol. Un hombre convertido en Papa”
Horarios Semana Santa y Pascua
DOCUMENTACIÓN
NUESTRA DIÓCESIS
Benedicto XVI: «El servicio a la comunión»
Escuela Diocesana de Comunicación
COMUNICACIÓN E INFORMÁTICA
ARGENTINA
Cardenal Bergoglio: Los medios ¿nos acercan o nos alejan?
Transmisiones televisivas de Semana Santa
ENTREVISTA
Semana Santa con intérpretes para sordos
El «Evangelio de Judas»

Así comenzó a celebrarse la Semana Santa
Servicios de Noticias

NUESTRA PARROQUIA

Horarios semana Santa y Pascua
DOMINGO DE RAMOS
En todas las misas de este fin de semana se bendecirán los ramos.
Sábado 8 de abril: 19.30 hs.
Domingo 9 de abril: 10, 12, 18.30 y 20 hs.
Recordamos que la bendición de los ramos se realiza al comienzo de la misa.

MIÉRCOLES SANTO 12 de abril
20 a 22 hs. Celebración Penitencial
(Habrá varios sacerdotes atendiendo confesiones)

JUEVES SANTO 13 de abril
9.30 hs. Misa Crismal, con el Obispo y con todo el clero de la diócesis, en la Catedral.
20 hs. Misa de la Cena del Señor.
21.30 a 24 hs. Vigilia frente al Santísimo Sacramento.

VIERNES SANTO 14 de abril
18. hs. Vía Crucis (comienza en Alvear y la Estación Martínez)
19 hs. Celebración Litúrgica de la Cruz

SÁBADO SANTO 15 de abril
20 hs. Vigilia Pacual
(Las velas las proveerá la Parroquia)

DOMINGO DE PASCUA 16 de abril
¡Celebremos juntos la alegría de la Resurrección!
Misas: 10, 12, 18.30 y 20 hs.

CONFESIONES
Miércoles Santo: 20 hs. Celebración Penitencial.
Jueves Santo: de 17 a 19.30 hs.
Viernes Santo: de 10 a 12 y de 17 a 18.30 hs.
Sábado Santo: de 10 a 12 y de 17 a 19 hs.
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NUESTRA DIÓCESIS

Escuela Diocesana de Comunicación
Estimados amigos:
Quienes conformamos la Escuela Diocesana de Comunicación (ESDICOM), queremos invitarlos a participar del primer curso del año:
 
Curso- Taller de Diseño Gráfico
Se desarrollarán contenidos teóricos y prácticos de COREL
- Sábado 6, 13, 20 y 27 de Mayo, de 9:30 a 12:30 horas, en el Colegio Marín, Av. Libertador 17.115, San Isidro.
- Costo: $20.-
- Se entregarán certificados de asistencia.

Esperamos contar con la presencia de ustedes,

Lic. Mariana Barreiro
Coordinadora de ESDICOM
comunicacion@...
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ARGENTINA

Transmisiones televisivas de Semana Santa 
Buenos Aires, 7 Abr. 06 (AICA) Canal 7 transmitirá en vivo las principales celebraciones de Semana Santa. Empezando por la misa del Domingo de Ramos, a las 9.30, que predicará el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, en la parroquia San Ildefonso. También el vía crucis, el viernes santo de 19 a 21, que encabezará el papa Benedicto XVI en Roma. El Domingo de Pascua, de 9.30 a 12, ofrecerá una emisión especial desde Plaza San Pedro, donde el Pontífice presidirá la misa, dará su mensaje pascual e impartirá su bendición Urbi et orbi.
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Semana Santa con intérpretes para sordos 
Buenos Aires, 7 Abr. 06 (AICA) La catedral de Buenos Aires contará con intérpretes para sordos durante las diversas celebraciones de Semana Santa. El Domingo de Ramos habrá misa con bendición de ramos, a partir de las 12. El sábado 15, a las 22, comenzará la solemne Vigilia Pascual, que culminará con la misa presidida por el cardenal Jorge Mario Bergoglio. Para mayor información: sordoscatolicos@...; www.sordoscatolicos.org.
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Exhiben “Karol. Un hombre convertido en Papa”
Buenos Aires, 4 Abr. 06 (AICA) El sábado 15 de abril, a las 20 y a las 22, el canal Fox ofrecerá los dos capítulos de la miniserie “Karol. Un hombre convertido en Papa”, que relata la vida de Karol Wojtyla hasta convertirse en Juan Pablo II. La producción, dirigida por el italiano Giacomo Battiato, se repetirá el domingo 16 de abril, a las 16 y a las 18, por la misma señal de cable. Benedicto XVI la vio y dijo “con sapiente maestría se representan los momentos centrales de mi venerado predecesor”.
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DOCUMENTACIÓN

Benedicto XVI: «El servicio a la comunión»
Intervención en la audiencia general

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 5 abril 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la catequesis que pronunció Benedicto XVI este miércoles durante la audiencia general sobre «El servicio a la comunión».
* * *
Queridos hermanos y hermanas:
En la nueva serie de catequesis, comenzada hace unas semanas, queremos considerar los orígenes de la Iglesia para comprender el designio originario de Jesús y de este modo comprender lo esencial de la Iglesia, que permanece con el pasar del tiempo. Queremos comprender también el porqué de nuestro ser en la Iglesia y cómo tenemos que comprometernos a vivirlo al inicio de un nuevo milenio cristiano.

Al reflexionar sobre la Iglesia naciente, podemos descubrir dos aspectos: un primer aspecto es subrayado vigorosamente por san Ireneo de Lyón, mártir y gran teólogo de finales del siglo II, el primero que nos dejó una teología en cierto sentido sistemática. San Ireneo escribe: «Donde está la Iglesia, allí está también el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda gracia; pues el Espíritu es verdad» («Adversus haereses», III, 24, 1: PG 7,966). Por tanto, existe una relación íntima entre el Espíritu Santo y la Iglesia. El Espíritu Santo edifica la Iglesia y le da la verdad, infunde --como dice san Pablo-- en los corazones de los creyentes el amor (Cf. Romanos 5, 5).

Pero, además, hay un segundo aspecto. Esta relación íntima con el Espíritu no anula nuestra humanidad con toda su debilidad y, de este modo, la comunidad de los discípulos experimenta desde los inicios no sólo la alegría del Espíritu Santo, la gracia de la verdad y del amor, sino también la prueba, constituida sobre todo por los contrastes entre las verdades de fe, con las consiguientes laceraciones de la comunión. Así como la comunión del amor existe desde el inicio y existirá hasta el final (Cf. 1 Juan 1,1ss), del mismo modo por desgracia desde el inicio irrumpe también la división. No tenemos que sorprendernos por el hecho de que hoy también exista: «Salieron de entre nosotros --dice la Primera Carta de Juan--; pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros. Pero sucedió así para poner de manifiesto que no todos son de los nuestros» (2, 19). Por tanto, siempre existe el peligro, en las vicisitudes del mundo y también en las debilidades de la Iglesia, de perder la fe, y así, de perder también el amor y la fraternidad. Por tanto, es un deber preciso de quien cree en la Iglesia del amor y quiere vivir en ella reconocer también este peligro y aceptar que no es posible la comunión con quien se ha alejado de la doctrina de la salvación (Cf. 2 Juan 9-11).

Que la Iglesia naciente fuera claramente consciente de estas tensiones posibles en la experiencia de la comunión lo muestra muy bien la Primera Carta de Juan: no hay otra voz en el Nuevo Testamento que se alce con tanta fuerza para subrayar la realidad del deber del amor fraterno entre los cristianos; pero esa misma voz se dirige con drástica severidad a los adversarios, que han sido miembros de la comunidad y que ya no lo son. La Iglesia del amor es también la Iglesia de la verdad, entendida ante todo como fidelidad al Evangelio confiado por el Señor Jesús a los suyos. La fraternidad cristiana nace por el hecho de ser hijos del mismo Padre por el Espíritu de verdad: «En efecto, todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios» (Romanos 8, 14). Pero la familia de los hijos de Dios, para vivir en la unidad y en la paz, necesita de alguien que la custodie en la verdad y la guíe con sabio y autorizado discernimiento: esto es lo que está llamado a hacer el ministerio de los Apóstoles. Y aquí llegamos a un punto importante. La Iglesia es totalmente del Espíritu, pero tiene una estructura, la sucesión apostólica, que tiene la responsabilidad de garantizar la permanencia de la Iglesia en la verdad donada por Cristo, de la que también procede la capacidad del amor. El primer sumario de los Hechos de los Apóstoles expresa con gran eficacia la convergencia de estos valores en la vida de la Iglesia naciente: «Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión (koinonìa), a la fracción del pan y a las oraciones» (Hechos 2, 42). La comunión nace de la fe suscitada por la predicación apostólica, se alimenta de la fracción del pan y la oración, y se expresa en la caridad fraterna y en el servicio. Nos encontramos ante la descripción de la comunión de la Iglesia naciente en la riqueza de sus dinamismos internos y de sus expresiones visibles: el don de la comunión está custodiado y es promovido en particular por el ministerio apostólico, que a su vez es don para toda la comunidad.

Los apóstoles y sus sucesores son por tanto los custodios y los testigos autorizados del depósito de la verdad entregado a la Iglesia, y son también los ministros de la caridad: dos aspectos que van juntos. Tienen que pensar siempre en el carácter inseparable de este doble servicio, que en realidad es el mismo: verdad y caridad, reveladas y donadas por el Señor Jesús. En este sentido, realizan ante todo un servicio de amor: la caridad que tienen que vivir y promover no puede separarse de la verdad que custodian y transmiten. ¡La verdad y el amor son dos caras del mismo don: que procede de Dios y que gracias al ministerio apostólico es custodiado en la Iglesia y nos llega hasta nuestro presente! ¡A través del servicio de los apóstoles y sus sucesores también nos alcanza el amor de Dios Trinidad para comunicarnos la verdad que nos hace libres (Cf. Juan 8, 32)! Todo esto que vemos en la Iglesia naciente nos lleva a rezar por los sucesores de los apóstoles, por todos los obispos y por los sucesores de Pedro para que sean realmente custodios de la verdad y al mismo tiempo de la caridad, para que sean realmente apóstoles de Cristo, para que su luz, la luz de la verdad y de la caridad no se apague nunca en la Iglesia y en el mundo.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. Estas fueron sus palabras en castellano:]

Queridos hermanos y hermanas:
El Espíritu, que infunde el amor de Dios en nuestros corazones, es fuente de comunión de los discípulos entre sí y con Dios. «Donde está la Iglesia, está el Espíritu de Dios», «y donde está el Espíritu de Dios, está la Iglesia» , dice san Ireneo, aunque no falten debilidades humanas ni tensiones que ponen a prueba la comunión.

Una comunión nacida de la fe, suscitada por la predicación apostólica, alimentada con la Eucaristía y la oración, y expresada en el servicio y la caridad fraterna. Por tanto, los Apóstoles y sus sucesores son, testigos y custodios autorizados del depósito de la verdad entregado a la Iglesia y, a la vez, ministros de la caridad revelada y donada por el Señor. Es un servicio de amor y caridad, inseparable de la verdad que custodian y transmiten. La verdad y el amor son, pues, dos caras del mismo don de Dios y que, por el ministerio apostólico se custodia en la Iglesia y llega hasta nosotros.

Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española, en especial al Obispo de Santander, Monseñor José Vilaplana y acompañantes, venidos con motivo del Año Santo Lebaniego. Saludo también a los profesores y alumnos de distintos colegios e institutos españoles, así como a los demás peregrinos de España y Latinoamérica. Os invito a practicar la caridad con los más necesitados y a fomentar la comunión en la Iglesia. ¡Muchas gracias!

El próximo día 7 de abril se celebran los 500 años del nacimiento de san Francisco Javier, el gran misionero jesuita que predicó el Evangelio por tierras de Asia, abriendo muchas puertas a Cristo. Me uno a dicha celebración agradeciendo al Señor este gran don a su Iglesia. He enviado al Cardenal Antonio María Rouco para presidir los actos en el Santuario de Javier, en Navarra, España. Me uno a él y a todos los peregrinos que acudirán a tan insigne lugar misionero.

Al contemplar la figura de san Francisco Javier, nos sentimos llamados a rezar por quienes dedican su vida a la misión evangelizadora, proclamando la belleza del mensaje salvador de Jesús.

Al mismo tiempo, os invito a rezar para que, por intercesión de este Santo, todos intensifiquen sus esfuerzos por consolidar los horizontes de paz que parecen abrirse en el País Vasco y en toda España, y a superar los obstáculos que puedan presentarse a lo largo de este camino.

[© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
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COMUNICACIÓN E INFORMÁTICA

Cardenal Bergoglio: Los medios ¿nos acercan o nos alejan?
Disertación en la cena mensual de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA)

BUENOS AIRES, viernes, 7 abril 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la disertación que pronunció este jueves el cardenal Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, durante la cena mensual de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA).
* * *
Les agradezco la gentil invitación para compartir este momento con Ustedes, personas que trabajan en la comunicación y que, desde un primer momento, están respondiendo a una vocación que se ha ido arraigando en el corazón de cada uno. Ser comunicador no es meramente una función. Va más allá. Se enraiza en ese ámbito de la interioridad donde se gesta el proyecto de vida y se despliega a lo largo del camino de la existencia. Todo hombre y mujer es comunicador pero Ustedes lo son, además, por especial dedicación. Por ello escogí hablar hoy sobre la comunicación tanto en su dimensión humana como también más precisamente en lo que toca a la profesión de Ustedes.

1. La comunicación humana
El fenómeno de la comunicación humana, que en nuestro tiempo ha adquirido una relevancia excepcional, se apoya sobre sorprendentes adelantos tecnológicos pero no es reducible a sólo algo técnico; se trata de un acontecimiento profundamente humano. Los comunicadores cuentan hoy con poderosos medios que les permiten llegar tanto muy lejos en el espacio como también muy profundo en el corazón de los hombres y las mujeres de nuestros pueblos.

Como Ustedes saben bien, no podemos cosificar el gesto comunicador y asemejar al que comunica con el que tira papelitos o reparte volantes en la calle. Comunicar es mucho más que distribuir noticias. Comunicar es la acción de poner algo en común; la comunicación humana entraña establecer vínculos entre las personas. La comunicación social comienza en personas concretas y se dirige a otras personas también concretas y, al establecer relaciones entre ellas, va formando el tejido social sobre el que se construye la vida de la comunidad.

No es suficiente decir que la comunicación es humana cuando se establece entre seres humanos. Fácilmente podemos observar que hay un tipo de comunicación que hace al hombre más plenamente hombre y otras formas que van limitando su capacidad de actuar, sentir y pensar con libertad, con alegría, con creatividad. La comunicación es más humana cuanto más ayuda a los hombres a ser más plenamente humanos.

Y, porque a la Iglesia nada humano le es ajeno, ella observa la comunicación como un fenómeno de extraordinaria importancia; desde el principio de la aparición de los grandes medios ha querido hacer oír su voz sobre estos temas y también ha querido escuchar atentamente la voz de quienes por su experiencia, conocimientos y oficio conocen el mundo de la comunicación. Con humildad la Iglesia quiere ofrecer sus conocimientos y su experiencia a los comunicadores y con sinceridad quiere escucharlos. Creemos que tenemos mucha riqueza para aportarnos mutuamente.

Todos los que estamos aquí sabemos que en este ámbito de la comunicación social se van gestando transformaciones culturales donde las sociedades construyen gran parte de su futuro. De ahí que toda la atención que pongamos en la calidad de la comunicación es poca. No se trata sólo de eficacia, de rating o cantidad de ejemplares vendidos. Es mucho más lo que está en juego. En este mundo que llamamos «de la comunicación» se siembra para un futuro venturoso de comunión o un futuro trágico de desencuentros y rupturas.

2. La verdad
La calidad de la comunicación a la que tanta atención tenemos que prestar está directamente relacionada con un tema insoslayable para todo comunicador: el tema de la verdad. Se trata de una cuestión que merece consideraciones desde diversos puntos de vista: la filosofía, la teología, la filosofía de las ciencias, las ciencias humanas y muchas otras se ocupan de ella. Según los enfoques nos aventuraremos por reflexiones más o menos complejas, pero esa complejidad del tema no nos dispensa de la actitud que se espera siempre de un comunicador: la búsqueda de la verdad. El amor por la verdad.

Los periodistas se presentan siempre ante la sociedad como «buscadores de la verdad». Quien ama y busca la verdad no permite que se la convierta en mercancía y no deja que se la tergiverse o se la oculte. Además, quien realmente se interesa por la verdad está siempre atento a las reacciones de quienes reciben la información, procura el diálogo, el punto de vista diferente. El que busca la verdad es humilde; sabe que es difícil hallarla y sabe también que es más difícil encontrarla cuando uno la busca en soledad. La verdad se encuentra con otros. La verdad se anuncia con otros. Así como falsificar la verdad nos aísla, nos separa, nos enfrenta; buscarla nos une, nos acerca, nos aproxima; y encontrarla nos llena de alegría y nos hermana.

La comunicación, planteada como un espacio comunitario de búsqueda de la verdad, genera bienestar en la comunidad y evita las agresiones. Se mueve entre los conflictos y las situaciones más difíciles sin agregar dramatismo e incomprensiones, con una actitud de respeto por las personas y las instituciones.

3. El bien
Por ser una actividad humana la comunicación tiene otra dimensión: la persona que realmente quiere entrar en comunicación con otra puede hacerlo impulsado por distintas motivaciones. Aquí entramos en el universo de las actitudes. Las hay integradoras, constructivas... y también las hay de signo contrario. Cuando lo que se busca es la verdad entonces también necesariamente se buscará el bien. La verdad y el bien se potencian entre sí. Cuando realmente se busca la verdad se lo hace para el bien. No se busca la verdad para dividir, enfrentar, agredir, descalificar, desintegrar. Sin duda la publicación de algunas verdades puede generar reacciones y conflictos no menores, pero el buen comunicador no actúa para generar ese conflicto o esa reacción, sino para ser fiel a su vocación y a su conciencia. Impulsado por la verdad y el bien encontrará con idoneidad profesional las palabras y los gestos que permitan decir lo que hay que decir de la manera más cuidadosa y eficaz. El comunicador de la verdad parcial, que opta por la parte a costilla del todo, no construye. No es necesario apartarse de la verdad para destacar lo bueno que hay en las personas. Hasta en las situaciones más conflictivas y dolorosas hay un bien para rescatar. La verdad es bondadosa y nos impulsa hacia el bien. El periodista que busca la verdad busca también lo que es bueno. Es tal la unión que existe entre verdad y bien que podemos afirmar que una verdad no bondadosa es, en el fondo, una bondad no verdadera.

4. La belleza
También es bueno recordar en nuestros días que la verdad y el bien van siempre acompañados de la belleza. Pocas cosas hay más conmovedoramente humanas que la necesidad de belleza que tienen todos los corazones. La comunicación es más humana cuanto más bella. Es cierto que según las culturas se diversifica lo que se considera bello en las distintas comunidades humanas. Pero siguiendo las formas de cada cultura es universal la necesidad y el placer de la belleza. Algo grave e inhumano ocurre si en una comunidad se pierde el gusto por lo que es bello. Una señal de alarma aparece en el horizonte cuando la vulgaridad, la vanidad, lo chabacano, no son vistos como tales sino que pretenden reemplazar a la belleza. Se da entonces ese proceso de banalización de lo humano que termina siendo esencialmente degradante.

El comunicador es sensible a la belleza, la intuye y no confunde lo que es bello con lo que está de moda, o sólo es algo «bonito» o simplemente «prolijo». Porque es humana, a veces la belleza es trágica, sorprendente, conmovedora; en algunas oportunidades nos empuja a pensar en lo que no queremos o nos muestra el error en el que estamos. Los artistas saben bien que la belleza no sólo es consoladora sino que puede también ser inquietante. Los grandes genios han sabido presentar con belleza las realidades más trágicas y dolorosas de la condición humana.

El gran desafío del comunicador que día a día sale a buscar la verdad para luego contarla a otros, es recordar para sí y concretar en su trabajo la realidad de que la verdad, el bien y la belleza son inseparables.

5. Los medios ¿nos acercan o nos alejan?
Resulta casi un lugar común decir que los medios de comunicación han achicado el mundo, nos han acercado unos a otros. De ahí que sea tan fascinante y poderosa la acción y la influencia de los medios en la sociedad y en la cultura.

Ustedes lo saben muy bien. Esta proximidad puede ayudar a crecer o a desorientar. Los medios pueden recrear las cosas, informándonos sobre la realidad para ayudarnos en el discernimiento de nuestras opciones y decisiones, o pueden crear por el contrario simulaciones virtuales, ilusiones, fantasías y ficciones que también nos mueven a opciones de vida.

Me gusta categorizar este poder que tienen los Medios con el concepto de projimidad. Su fuerza radica en la capacidad de acercarse y de influir en la vida de las personas con un mismo lenguaje globalizado y simultáneo. La categoría de projimidad entraña una tensión bipolar: acercarse - alejarse y -a su vez en su interioridad- también está tensionada por el modo: acercarse bien y acercarse mal. Hay que considerarla en todas sus posibilidades combinadas.

La palabra «prójimo» evoca en el cristiano el recuerdo de la parábola del buen samaritano que todos conocemos. Hoy los medios nos hacen «prójimos» de verdaderas multitudes que están al costado del camino como el hombre de la parábola, apaleados y robados, ante los cuales pasan los periodistas. Los muestran, les dan mensajes, los hacen hablar. Entra en juego aquí la projimidad, el modo de aproximarse. El modo de hacerlo determinará el respeto por la dignidad humana y la capacidad constructiva o destructiva de los medios.

Si aplicamos aquí lo que decíamos sobre el bien, la verdad y la belleza podemos fácilmente descubrir que así como a nivel ético aproximarse bien es aproximarse para ayudar y no para lastimar, a nivel de la verdad aproximarse bien implica transmitir información veraz, y a nivel estético aproximarse bien es comunicar la integridad de una realidad, de manera armónica y con claridad. Aproximarse mal, en cambio, es aproximarse con una estética desintegradora, o con el sofisma, o desde una inteligencia sin talento o con un eticismo sin bondad, lo cual escamotea aspectos del problema, o los manipula creando esa desarmonía que oscurece la realidad, la afea y la denigra.

Cuando las imágenes y las informaciones tienen como único objetivo inducir al consumo o manipular a la gente para aprovecharse de ella, estamos destruyendo la projimidad, alejándonos unos de otros. Esta sensación se tiene muchas veces ante el bombardeo de imágenes seductoras y de noticias desesperanzadoras que nos dejan conmocionados e impotentes para hacer algo positivo. Nos ponen en el lugar de espectadores, no de prójimos. El dolor y la injusticia presentados con una estética desintegradora instala en la sociedad la desesperanza de poder descubrir la verdad y de poder hacer el bien en común.

Cuando la noticia sólo nos hace exclamar «¡qué barbaridad!» e inmediatamente dar vuelta la página o cambiar de canal, entonces hemos destruido la projimidad, hemos ensanchado aún más el espacio que nos separa.

Todos los que estamos aquí lo sabemos: hay incluso una manera digna de mostrar el dolor que rescata los valores y las reservas espirituales de un pueblo, que ayuda a superar el mal a fuerza de bien y anima a trabajar hermanados en la voluntad de superación, en la solidaridad, en esa projimidad que nos engrandece abiertos a la verdad y al bien. Se puede mostrar la pobreza y el sufrimiento con belleza y verdad, pues la belleza del amor es alegre sin frivolidad. Pensemos en la belleza de la Madre Teresa de Calcuta cuya luminosidad no proviene de ningún maquillaje ni de ningún efecto especial sino de ese resplandor que tiene la caridad cuando se desgasta cuidando a los más necesitados, ungiéndolos con ese aceite perfumado de su ternura. Cuando pensamos en ella nuestro corazón se llena de una belleza que no proviene de los rasgos físicos o de la estatura de esta mujer sino del resplandor hermoso de la caridad con los pobres y desheredados que la acompaña.

O vayamos a Auschwitz. San Maximiliano María Kolbe, prisionero 16.670, propuesto por Juan Pablo II, por el uso que hizo de los medios de comunicación, como patrono de los periodistas, supo aproximarse a sus compañeros del campo de concentración. Y allí donde estaban los carceleros y verdugos despojando y golpeando, él se hizo prójimo ofreciendo su vida en lugar de un condenado a muerte. Su vida nos señala la dimensión martirial que, necesariamente, tiene toda projimidad.

No es necesario limitarnos a estas personas excepcionales. Hay una hermosura distinta en el trabajador que vuelve a su casa sucio y desarreglado pero con la alegría de haber ganado el pan de sus hijos. Hay una belleza extraordinaria en la comunión de la familia junto a la mesa y el pan compartido con generosidad aunque la mesa sea muy pobre. Hay hermosura en la esposa desarreglada y casi anciana que permanece cuidando a su esposo enfermo más allá de sus fuerzas y de su propia salud. Aunque haya pasado la primavera del noviazgo de la juventud, que tanto exaltan los medios, hay una hermosura extraordinaria en la fidelidad de las parejas que se aman en el otoño de la vida, esos viejitos que caminan tomados de la mano. Hay hermosura, más allá de la apariencia o de la estética de moda en cada hombre y en cada mujer que viven con amor su vocación personal, en el servicio desinteresado por la comunidad, por la patria; en el trabajo generoso por la felicidad de la familia... comprometidos en el arduo trabajo anónimo y desinteresado de restaurar la amistad social... Hay belleza en la creación, en la infinita ternura y misericordia de Dios, en la ofrenda de la vida en el servicio por amor. Descubrir, mostrar y resaltar esta belleza es poner los cimientos de una cultura de la solidaridad y de la amistad social. Es acercarnos. Es hacernos prójimos.

Refundar hoy los vínculos sociales y la amistad social implica, para el comunicador, rescatar del rescoldo de la reserva cultural y espiritual de nuestro pueblo, rescatar y comunicar la memoria y la belleza de nuestros héroes, de nuestros próceres y de nuestros santos. Esta reserva es el espacio de la cultura, de las artes, espacio fecundo donde la comunidad contempla y narra su historia de familia, donde se reafirma el sentido de pertenencia a partir de los valores encarnados y acuñados en la memoria colectiva. Estos espacios comunitarios de ocio fecundo, cuasi sagrado, son ocupados hoy muchas veces con entretenimientos que no siempre engendran verdadera alegría y gozo. La comunicación meramente puntual, carente de historia, no tiene sentido del tiempo y, consiguientemente, no es creadora de esperanza.

Ustedes son comunicadores. A Ustedes se les plantea este desafío de la projimidad: hacerse prójimo para que –a través de esa comunicación de cercanía- se implante la verdad, la bondad, la belleza, que trascienden la coyuntura y la espectacularidad y que, mansamente, siembran humanidad en los corazones.

Buenos Aires, 6 de abril de 2006.

Card. Jorge Mario Bergoglio s.j.
ZS06040801
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ENTREVISTA

El «Evangelio de Judas»
Entrevista al padre Thomas Williams, decano de Teología

ROMA, jueves, 6 abril 2006 (ZENIT.org).- «National Geographic» ha anunciado su intención de publicar una traducción en varios idiomas de un antiguo texto llamado «El Evangelio de Judas» a finales de este mes.

El manuscrito de 31 páginas, escrito en copto, hallado en Ginebra en 1983, no aparece hasta ahora traducido en las lenguas modernas.

Zenit ha pedido al padre Thomas D. Williams L.C., decano de la Facultad de Teología de la Universidad Regina «Apostolorum de Roma», que comente la importancia de este descubrimiento.

--¿Qué es el Evangelio de Judas?

--Padre Williams: Aunque el manuscrito todavía debe ser autentificado, probablemente es un texto del IV o V siglo, una copia de un documento anterior, redactado por la secta gnóstica de los Cainitas.

El documento presenta a Judas Iscariote de manera positiva y le describe obedeciendo a la orden divina de entregar a Jesús a las autoridades para la salvación del mundo.

Puede ser una copia del «Evangelio de Judas» citado por san Ireneo de Lyón en su obra «Contra las herejías», escrita en torno al año 180.

--Si es auténtico, ¿supone algún desafío a la fe de la Iglesia católica? ¿Sacudirá los cimientos del cristianismo, como sugieren algunas notas de prensa?

--Padre Williams: Ciertamente no. Los evangelios gnósticos, hay muchos más, no son documentos cristianos en sí, ya que proceden de una secta sincretista que incorporó elementos de diferentes religiones, incluyendo el cristianismo.

Desde el momento de su aparición, la comunidad cristiana rechazó estos documentos por su incompatibilidad con la fe cristiana.

El «Evangelio de Judas» sería un documento de este tipo, que tendría gran valor histórico, ya que contribuye a nuestro conocimiento del movimiento gnóstico, pero no supone ningún desafío para el cristianismo.

--¿Es verdad que la Iglesia ha tratado de encubrir este texto y otros documentos apócrifos?

--Padre Williams: Estos son inventos hechos circular por Dan Brown, el autor de «El Código Da Vinci» y otros autores que apoyan la teoría de la conspiración.

Usted puede ir a cualquier librería católica y obtener una copia de los evangelios gnósticos. Los cristianos no creen que sean verdaderos pero no hay ningún intento de esconderlos.

--Pero, ¿no cree que un documento así pone en tela de juicio las fuentes cristianas, en particular los cuatro evangelios canónicos?

--Padre Williams: Recuerde que el gnosticismo surgió a mediados del siglo II, y el «Evangelio de Judas», si es auténtico, probablemente se remonta a finales del siglo II.

Sería como si yo me pusiera a escribir ahora un texto sobre la Guerra Civil de los Estados Unidos y los presentara como una fuente histórica primaria de esa Guerra. El texto podría no haber sido escrito por un testigo presencial, como en cambio lo son al menos dos de los evangelios canónicos.

--¿Por qué estaban tan interesados en Judas los militantes en el movimiento gnóstico?

--Padre Williams: Una de las mayores diferencias entre las creencias gnósticas y el cristianismo se refiere a los orígenes del mal en el universo.

Los cristianos creen que un Dios bueno creó un mundo bueno, y que por el abuso del libre albedrío, el pecado y la corrupción entraron en el mundo y produjeron desorden y sufrimiento.

Los gnósticos atribuyen a Dios el mal en el mundo y afirman que creó el mundo de un modo desordenado. Por esto, son partidarios de la rehabilitación de figuras del Antiguo Testamento como Caín, que mató a su hermano Abel, y Esaú, el hermano mayor de Jacob, que vendió sus derechos de primogenitura por un plato de lentejas.

Judas entra perfectamente en la visión gnóstica que muestra que Dios quiere el mal del mundo.

--Pero ¿no cree que la traición de Judas fue un elemento necesario del plan de Dios, como sugiere el texto, para que Cristo diera su vida por los hombres?

--Padre Williams: Siendo ominisciente, Dios conoce perfectamente nuestras elecciones tiene en cuenta incluso nuestras decisiones equivocadas en su plan providencial para el mundo.

En su último libro «Memoria e identidad», Juan Pablo II reflexionaba elocuentemente sobre cómo Dios sigue obteniendo bien incluso del peor mal que el hombre pueda producir.

Esto no significa, sin embargo, que Dios desee que hagamos el mal, o que buscaba que Judas traicionara a Jesús. Si no hubiera sido Judas, hubiera sido otro cualquiera. Las autoridades habían decidido que Jesús debía morir y era ya sólo cuestión de tiempo.

--¿Cuál es la posición de la Iglesia respecto a Judas? ¿Es posible «rehabilitarlo»?

--Padre Williams: Si bien la Iglesia católica cuenta con un proceso de canonización por el que declara que algunas personas están en el cielo, como los santos, no prevé un proceso de este tipo para declarar que una persona está condenada.

Históricamente, muchos pensaron que Judas está probablemente en el infierno, debido al severo juicio de Jesús: «Hubiera sido mejor para ese hombre no haber nacido», se puede leer en el Evangelio de Mateo (26, 24). Pero incluso estas palabras no son una evidencia concluyente respecto a su suerte.

En su libro de 1994, «Cruzando el umbral de la esperanza», Juan Pablo II escribió que estas palabras de Jesús «no aluden a la certeza de la condena eterna».

--Pero si hay alguien que merece el infierno, ¿no sería Judas?

--Padre Williams: Seguramente mucha gente merece el infierno, pero debemos recordar que la gracia de Dios es infinitamente más grande que nuestra debilidad.

Pedro y Judas cometieron faltas parecidas: Pedro negó a Jesús tres veces, y Judas lo entregó. Y ahora Pedro es recordado como un santo y Judas simplemente como el traidor.

La principal diferencia entre los dos no es la naturaleza o gravedad de su pecado sino más bien la voluntad de aceptar la gracia de Dios. Pedro lloró sus pecados, volvió con Jesús, y fue perdonado. El Evangelio describe a Judas ahorcándose desesperado.

--¿Por qué está despertando tanto interés el «Evangelio de Judas»?

--Padre Williams: Estas teorías sobre Judas no son ciertamente nuevas. Baste recordar la ópera rock de 1973, «Jesucristo Superstar», en la que Judas canta «Realmente no he venido aquí por mi propia voluntad», o la novela de Taylor Caldwell, de 1977, «Yo, Judas».

El enorme éxito económico de «El Código da Vinci» ha abierto sin duda la caja de Pandora y ha dado incentivos monetarios a teorías de este tipo.

Michael Baigent, autor de «Sangre Santa, Santo Grial», ahora ha escrito el libro «The Jesus Papers» (Los documentos de Jesús) en el que recicla la vieja historia de que Jesús sobrevivió a la crucifixión.

Y un nuevo estudio «científico» recién publicado afirma que las condiciones meteorológicas podrían haber hecho que Jesús caminara sobre un pedazo de hielo flotante en el Mar de Galilea, cuando el Evangelio dice que caminaba sobre el agua.

Básicamente, para quienes rechazan tajantemente la posibilidad de los milagros, cualquier teoría, por extraña que pueda ser, es mejor que las afirmaciones cristianas.
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Así comenzó a celebrarse la Semana Santa
Entrevista a Zenit del padre Juan Javier Flores Arcas, osb,

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 6 abril 2006 (ZENIT.org).- ¿Desde cuándo se celebra la Semana Santa? A ésta y otras preguntas responde en esta entrevista el benedictino Juan Javier Flores Arcas, presidente del Instituto Pontificio Litúrgico de Roma.

--La Semana Santa como tal, ¿se celebra desde los inicios del cristianismo?

--P. Flores: El núcleo original más antiguo de la Semana Santa es la Vigilia Pascual de la que tenemos rastros ya en el siglo II de la era cristiana. Fue siempre una noche de vigilia en recuerdo y espera de la resurrección de Jesucristo.

A ello se añadió muy pronto la recepción de los sacramentos de la iniciación cristiana: bautismo, confirmación y eucaristía, por lo que se convirtió a su vez en la gran noche sacramental de la Iglesia.

Posteriormente la Vigilia Pascual se desarrolló extendiéndose en el tiempo y se transformó en el triduo de la pasión, muerte y resurrección del Señor del que ya habla San Agustín como una celebración muy generalizada.

Este triduo añadió a la Vigilia ya existente otros momentos importantes de la celebración, en concreto, la memoria de la Muerte del Señor el Viernes Santo y el Jueves Santo. Este último contemplaba nada menos que tres celebraciones eucarísticas muy diversas.

Según las diversas fuentes de distintas liturgias se celebraba una misa para reconciliar a los pecadores, una misa crismal y la misa que recuerda la institución de la Eucaristía en la tarde.

En la liturgia actual, el Triduo Pascual empieza en la tarde del Jueves Santo con la Misa de la Cena del Señor y se une al primer día del triduo que es, en sí, el Viernes Santo de la Pasión del Señor. El segundo día es el Sábado Santo de la sepultura del Señor, un día de silencio, ayuno y espera. No hay Eucaristía este día en señal de espera.

La Iglesia se detiene ante el Sepulcro del Señor crucificado y espera su Resurrección. Con la Vigilia Pascual, en la noche del Sábado Santo, comienza el tercer día del triduo pascual: el Domingo de la Resurrección del Señor.

--¿Por qué se dice que la noche de Pascua es el día más importante del año?

--P. Flores: El domingo de Resurrección es el día más importante del año litúrgico. Su centro es precisamente la Vigilia Pascual, en la noche del Sábado Santo al domingo de Resurrección, pero pertenece íntegramente al domingo.

Es la celebración más importante del año, centro de todo el ciclo litúrgico. Es la gran noche sacramental de la Iglesia.

Lo fue durante siglos y gracias a la reforma litúrgica promovida por el concilio Vaticano II lo ha vuelto a ser. Los cristianos renuevan sus promesas bautismales mientras contemplan cómo nuevos cristianos se incorporan a sus filas. Constituye el origen de toda celebración litúrgica y en ella culminan todas.

Por ello, la importancia que se dio durante los últimos siglos al Jueves Santo ha sido transferida ahora a la Vigilia Pascual con la reciente renovación de los libros litúrgicos, lo que se traduce también en el modo de celebrar.

--La misa crismal, ¿debe tener lugar en el Jueves Santo o puede variar?

--P. Flores: La misa crismal es antiquísima en toda la Iglesia. En ella, el obispo consagra los tres oleos que se necesitan para la administración de los sacramentos: el santo crisma, el óleo de los catecúmenos y el óleo de los enfermos. Las fuentes litúrgicas nos hablan de su importancia y antigüedad.

En Roma adquiría una especial importancia y estaba llena de simbología. Hoy cada obispo en su iglesia catedral bendice y consagra los tres tipos de óleos en el Jueves Santo por la mañana --lugar y momento tradicionales en la liturgia romana ya desde el siglo V-VI-- o bien en algún otro día cercano, según conveniencia pastoral.

En la liturgia que sigue al Concilio Vaticano II se añadió en esta misa crismal un rito significativo: la renovación de las promesas sacerdotales. Sin embargo, es muy importante que el centro de la celebración sea precisamente la consagración de los tres óleos que sirven para la administración de los sacramentos y no la renovación da las promesas sacerdotales.

--¿Cómo surge la adoración de la cruz en el Viernes Santo?

--P. Flores: La adoración de la Cruz era un rito peculiar de la Iglesia de Jerusalén, puesto que contaba entre sus reliquias más preciosas la cruz en la que Cristo fue crucificado. El Viernes Santo tenía lugar una ceremonia muy popular y sentida: la adoración de la Cruz. Los relatos del siglo IV con conmovedores. San Cirilo de Jerusalén nos los narra con profusión de detalles.

En un cierto momento, este rito pasa a Roma que, por su parte, celebraba la Pasión del Señor con la lectura de la Pasión, según San Juan y las conocidas oraciones solemnes del Viernes Santo.

A ello se añade entonces la adoración de la Cruz, que se ha mantenido hasta hoy, pero no es el rito más importante del Viernes Santo. La acción litúrgica sigue centrada en la Liturgia de la Palabra, cuyo momento culminante es la lectura de la Pasión del Señor, relato, memorial y actualización de la redención con el que adquiere la celebración toda su fuerza.
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