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noticiasparroquiafatima · Noticias desde la Parroquia Fátima
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Noticias Parroquia Fatima 16-05-06 320   Lista de mensajes  
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PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Av. Libertador 13.900 - 1640 Martínez - Tel. y Fax 4508-8501 // 8502
Página Web: www.fatima.org.ar

Noticias desde la Parroquia de Fátima

Martes 16 de mayo de 2006 - Año IX - N° 320
INDICE
NUESTRA PARROQUIA
SANTA SEDE
Jesús, ¿qué quieres de mí?
La Virgen de Fátima visita la casa del Papa
NUESTRA DIÓCESIS
DOCUMENTACIÓN
Teatro de la Cova
Benedicto XVI: A través de la sucesión apostólica, Cristo llega a nosotros
ARGENTINA
Mensaje del Santo Padre para la XL Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales
Card. Bergoglio presenta libro sobre el destino de América Latina





Servicios de Noticias

NUESTRA PARROQUIA

Jesús, ¿qué quieres de mí?
Invitamos a los miembros de la comunidad a participar en el Retiro Espiritual que predicará el Padre GUILLERMO PIÑERO JOLLY
desde el viernes 2 de junio a las 18:30 hs., hasta el domingo 4 de junio por la tarde, en la Casa de Retiros Espirituales Monseñor Aguirre, en Victoria, Bs.As..

Para información e inscripción, comunicarse con la Secretaría Parroquial – teléfono 4508-8501/02

Organiza AMANECER.
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NUESTRA DIÓCESIS

Teatro de la Cova
Presenta

2do. CICLO AÑO 2006
LA CLÁSICA MÚSICA EN LA COVA
MARCELO ARCE

Jueves 18 de Mayo - 20.30 hs.
Puccini: Madama Butterfly

(subtitulada, con Mirella Freni y Plácido Domingo
-- dir: Herbert von Karajan)

Jueves 15 de Junio:
Rodrigo: Concierto de Aranjuez y filmación exclusiva sobre su vida y obra

Jueves 20 de Julio:
Bach: Toccata y fuga (en el órgano de Santo Tomás de Leipzig) –
Concerti Brandenburgueses – Tres célebres Coros con orquesta

Jueves 17 de Agosto:
Wagner: Muerte de Amor de Isolda y Música Orquestal de otras óperas
(Tannhäuser, Los Maestros Cantores, La Valkiria, Ocaso de los Dioses, Parsifal )

Jueves 21 de Septiembre:
Gala Ballet Romántico: Giselle, Coppélia, Cascanueces, El Corsario, Las Sílfides,
El Espectro de la Rosa, La Muerte del Cisne, Danzas Polovtsianas de "Príncipe Igor", etc.

Jueves 19 de Octubre:
Sinfonía del Nuevo Mundo: Negro Spirituals en Concierto
(con Jessye Norman, Kathleen Battle, Coros y Filarmónica de Nueva York)
Sinfonía N° 9 de Dvorak (Filarmónica de Viena – dir: Herbert von Karajan)

Abonos $ 85,- -- Entrada $ 18,-
Reservas e informes 4792-2960 Av. Libertador 13.900 Martínez

teatrolacova@...
www.teatrolacova.com.ar
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ARGENTINA

Card. Bergoglio presenta libro sobre el destino de América Latina
BUENOS AIRES, 15 May. 06 (ACI).- Hoy lunes 15 de mayo, el Arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, Cardenal Jorge Mario Bergoglio, presentará el libro "La América Latina del Siglo XXI", escrito por el pensador uruguayo Alberto Methol Ferré y el periodista italiano Alver Metalli en una producción de Editorial Edhasa.

“El mundo cambió radicalmente en las últimas dos décadas. El siglo XX se cerró con el colapso del comunismo, el XXI se abrió bajo el signo de una guerra contra el terrorismo que prefigura escenarios inéditos. Y estos nuevos escenarios, de muy diversas maneras, afectan a América Latina”, dice la publicación en su presentación.

Sus autores anticipan que las reflexiones de la obra son el resultado de años de encuentros, discusiones y observaciones de la realidad, pero también del ejercicio de “responsabilidades en organismos de importancia continental, y de una profesión desempeñada en contacto permanente con distintas realidades nacionales”.

La editorial considera que la obra de Methol Ferré y Metalli es de “lectura obligatoria para aquellos que creen que el destino latinoamericano no está condenado por las desventuras de las últimas décadas, sino por las acciones concretas con que labremos un porvenir mejor”.
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SANTA SEDE

La Virgen de Fátima visita la casa del Papa
Benedicto XVI la presenta como signo de esperanza para la humanidad

CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 14 mayo 2006 (ZENIT.org).- Benedicto XVI presentó este domingo el mensaje de esperanza para la humanidad dejado por la Virgen de Fátima, cuya imagen ha visitado Roma con motivo de los 25 años del atentado contra Juan Pablo II.

«Al final, mi Corazón inmaculado triunfará», dijo el Papa al rezar el «Regina Caeli», recordando las palabras pronunciadas por la «Blanca Señora» a los pastorcillos portugueses en 1917.

El 13 de mayo de 1981, «el siervo de Dios, Juan Pablo II, sintió que se había salvado milagrosamente de la muerte por la intervención de una "mano maternal", como él mismo dijo, y todo su pontificado quedó marcado por lo que la Virgen había preanunciado en Fátima», explicó su sucesor.

El mensaje que confió la Virgen a Francisco, Jacinta y Lucía, siguió evocando ante miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano, «en continuidad con el de Lourdes, era un intenso llamamiento a la oración y a la conversión».

Según el pontífice, se trata de un anuncio «verdaderamente profético, sobre todo si se considera que el siglo XX fue flagelado por inauditas destrucciones, causadas por guerras y por regímenes totalitarios, así como por amplias persecuciones contra la Iglesia».

«Si bien no han faltado preocupaciones y sufrimientos, si bien todavía hay motivos de aprensión ante el futuro de la humanidad, consuela lo que prometió la «Blanca Señora» a los pastorcillos: "Al final, mi Corazón inmaculado triunfará"», reconoció.

La imagen de la Virgen de Fátima llegó al Vaticano este viernes y fue acogida por la comunidad contemplativa de religiosas benedictinas del monasterio «Mater Ecclesiae».

A las 17.00 de ese día fue llevada en procesión a la capilla privada del Papa, quien pudo rezar ante ella durante la noche y en la mañana del sábado siguiente.

La imagen fue llevada en procesión después a la Iglesia de San Esteban de los Abisinios, que se encuentra en el Vaticano, y más tarde al Aula Pablo VI con motivo del encuentro promovido por la Obra Romana de las Peregrinaciones en la segunda Jornada del Peregrino.

En la tarde, la estatua fue transportada en helicóptero hasta el Castillo de San Ángel, donde fue acogida por unos veinte mil peregrinos, que encabezados por el cardenal Ivan Dias, arzobispo de Bombay, la llevaron en procesión por la Vía de la Conciliación hasta la plaza de San Pedro.

La procesión se detuvo en el punto exacto en el que Karol Wojtyla cayó al recibir el impacto de las balas del terrorista turco Mehmet Alí Agca. En el suelo, en ese mismo lugar, se ha colocado con motivo del aniversario una lápida de recuerdo en la que están grabados el escudo de Juan Pablo II y la fecha del atentado en números romanos.

A continuación el cardenal Camillo Ruini, obispo vicario del Papa para la diócesis de Roma, presidió la eucaristía en la Basílica de San Pedro.

En la homilía, recordó el poema «Stanislaw», escrito por Karol Wojtyla poco antes de ser elegido Papa: «Si la palabra no ha convertido, será la sangre la que convierta».

Al final de la celebración eucarística, Benedicto XVI se unió a los presentes con un mensaje, leído por el cardenal Ruini, en el que deseó que «el mensaje de Fátima sea cada vez más acogido, comprendido y vivido en toda comunidad».
ZS06051405
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DOCUMENTACIÓN

Benedicto XVI: A través de la sucesión apostólica, Cristo llega a nosotros
Intervención en la audiencia general de este miércoles

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 10 mayo 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles dedicada a explicar en qué consiste «La sucesión apostólica».
* * *
Queridos hermanos y hermanas:

En las últimas dos audiencias hemos meditado en lo que es la Tradición de la Iglesia y hemos visto que es la presencia permanente de la palabra y de la vida de Jesús en su pueblo. Pero la palabra, para estar presente, tiene necesidad de una persona, de un testigo. De este modo nace esta reciprocidad: por una parte, la palabra tiene necesidad de la persona, pero, por otra parte, la persona, el testigo, está ligado a la palabra que le ha sido confiada y que él no ha inventado. Esta reciprocidad entre contenido --palabra de Dios, vida del Señor-- y persona que lo transmite es una característica de la estructura de la Iglesia, y hoy queremos meditar sobre este aspecto personal de la Iglesia.

El Señor lo había comenzado, como habíamos visto, al convocar a los doce, que representaban al futuro Pueblo de Dios. En la fidelidad al mandato recibido por el Señor, en un primer momento, los doce, tras su Ascensión, completan su número con la elección de Matías en lugar de Judas (Cf. Hechos 1,15-26), y luego asocian progresivamente a otros a las funciones que les han sido confiadas para que continúen su ministerio. El Resucitado mismo llama a Pablo (Cf. Gálatas 1, 1), pero Pablo, a pesar de que había sido llamado por el Señor como apóstol, confronta su Evangelio con el Evangelio de los doce (Cf. ibídem 1,18), se preocupa por transmitir lo que ha recibido (Cf. 1 Corintios 11, 23; 15, 3-4) y en la distribución de las tareas misioneras es asociado a los apóstoles, junto a otros, por ejemplo, Bernabé (Cf. Gálatas 2, 9). Así como al inicio de la condición del apóstol se encuentra una llamada y un envío del Resucitado, del mismo modo la sucesiva llamada e invitación a otros tendrá lugar, con la fuerza del Espíritu, por obra de quien ya ha sido constituido en el ministerio apostólico. Este es el camino por el que continuará este ministerio que, después, comenzando por la segunda generación, se llamará ministerio episcopal, «episcopé».

Quizá es útil explicar brevemente lo que quiere decir obispo. Es la forma italiana [el adejetivo «episcopale», nota del traductor] de la palabra griega «epíscopos». Esta palabra hace referencia a uno que tiene una visión de lo alto, uno que mira con el corazón. De este modo, el mismo san Pedro, en su primera Carta, llama al Señor Jesús «pastor y guardián de vuestras almas» (2, 25). Y, según este modelo del Señor, que es el primer obispo, guardián y pastor de las almas, los sucesores de los apóstoles han sido llamados después «obispos» «epíscopoi». Se les confía la función del «episcopé». Esta función precisa del obispo se desarrollará progresivamente con respecto a los inicios hasta asumir la forma, ya claramente testimoniada por Ignacio de Antioquia, en los inicios del siglo II (Cf. «Ad Magnesios», 6,1: PG 5,668), de la triple función de obispo, presbítero y diácono. Es un desarrollo guiado por el Espíritu de Dios, que asiste a la Iglesia en el discernimiento de las formas auténticas de la sucesión apostólica, definidas cada vez mejor entre una pluralidad de experiencias y de formas carismáticas y ministeriales, presentes en la comunidad de los orígenes.

De este modo, la sucesión en la función episcopal se presenta como continuidad del ministerio apostólico, garantía de la perseverancia en la Tradición apostólica, palabra y vida, que nos han sido confiadas por el Señor. El lazo entre el Colegio de los obispos y la comunidad originaria de los apóstoles se entiende, ante todo, en la línea de la continuidad histórica. Como hemos visto, a los doce se les asocia en primer lugar Matías, y después, Pablo, y luego Bernabé, y más tarde otros, hasta la formación, en la segunda y tercera generación, del ministerio del obispo. Por tanto, la continuidad se expresa en esta cadena histórica. Y en la continuidad de la sucesión se encuentra la garantía de perseverancia en la comunidad eclesial, en el Colegio apostólico, reunido a su alrededor por Cristo. Pero esta continuidad, que vemos antes en la continuidad histórica de los ministros, debe entenderse también en sentido espiritual, pues la sucesión apostólica en el ministerio es considerada como lugar privilegiado de la acción y de la transmisión del Espíritu Santo. Un eco claro de estas convicciones puede constatarse, por ejemplo, en este texto de Ireneo de Lyón (segunda mitad del siglo II): «la Tradición de los Apóstoles ha sido manifestada al universo mundo en toda la Iglesia, y podemos enumerar a aquellos que en la Iglesia han sido constituidos obispos y sucesores de los Apóstoles hasta nosotros […] [Los apóstoles] querían que aquellos a quienes dejaban como sucesores fuesen en todo "perfectos e irreprochables" (1 Tim 3,2; Tt 1,6-7), para encomendarles el magisterio en lugar suyo: si obraban correctamente se seguiría grande utilidad, pero, si hubiesen caído, la mayor calamidad» («Adversus haereses», III, 3,1: PG 7,848).

Ireneo, después, al presentar esta red de la sucesión apostólica como máxima garantía de la perseverancia en la palabra del Señor, se concentra en esa Iglesia, entre «las más antiguas y de todos conocidas, la Iglesia fundada y constituida en Roma por los dos gloriosísimos apóstoles Pedro y Pablo», subrayando la Tradición de la fe anunciada, que en ella llega hasta nosotros a través de los apóstoles mediante las sucesiones de los obispos. De este modo, para Ireneo y para la Iglesia universal, la sucesión episcopal de la Iglesia de Roma se convierte en el signo, el criterio y la garantía de la transmisión sin interrupción de la fe apostólica: «Es necesario que cualquier Iglesia esté en armonía con esta Iglesia, cuya fundación es la más garantizada -me refiero a todos los fieles de cualquier lugar-, porque en ella todos los que se encuentran en todas partes han conservado la Tradición apostólica» («Adversus haereses», III, 3, 2: PG 7,848). La sucesión apostólica, verificada en virtud de la comunión con la de la Iglesia de Roma, es por tanto el criterio de permanencia de cada una de las Iglesias en la Tradición de la fe común apostólica, que a través de este canal ha podido llegar hasta nosotros desde los orígenes: «Por este orden y sucesión ha llegado hasta nosotros la Tradición que inició de los apóstoles. Y esto muestra plenamente que la única y misma fe vivificadora que viene de los apóstoles ha sido conservada y transmitida en la Iglesia hasta hoy» (ibídem, III, 3, 3: PG 7,851).

Según estos testimonios de la Iglesia antigua, la apostolicidad de la comunión eclesial consiste en la fidelidad a la enseñanza y a la práctica de los apóstoles, a través de los cuales se garantiza la unión histórica y espiritual de la Iglesia con Cristo. La sucesión apostólica del ministerio episcopal es el camino que garantiza la fiel transmisión del testimonio apostólico. Lo que representan los apóstoles en la relación entre el Señor Jesús y la Iglesia de los orígenes, lo representa análogamente la sucesión ministerial en la relación entre la Iglesia de los orígenes y la Iglesia actual. No es una mera concatenación material; es más bien el instrumento histórico del que se sirve el Espíritu para hacer presente al Señor Jesús, cabeza de su pueblo, a través de quienes son ordenados por el ministerio por medio de la imposición de las manos y de la oración de los obispos. Entonces, a través de la sucesión apostólica, Cristo llega a nosotros: en la palabra de los apóstoles y de sus sucesores Él nos habla; mediante sus manos Él actúa en los sacramentos; en su mirada, su mirada nos envuelve y nos hace sentirnos amados, acogidos en el corazón de Dios. Y también hoy, al igual que al inicio, Cristo mismo es el verdadero pastor y guardián de nuestras almas, a quien nosotros seguimos con gran confianza, gratitud y alegría.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. Estas fueron sus palabras en castellano:]

Queridos hermanos y hermanas:
Por voluntad de Jesús y en torno a Él, la Iglesia comenzó su camino en la historia. Confiada inicialmente al grupo de los Doce, éstos asociaron a su ministerio a otros, que recibieron el Espíritu y fueron constituidos sucesores de los Apóstoles para continuar la misión de Cristo a través de los tiempos. Esta sucesión, avalada por la unión en la fe y la caridad con la Iglesia y el Obispo de Roma, es principio de la íntima comunión del Colegio apostólico y garantía de la permanencia de la fe apostólica en cada comunidad, llegando hasta nuestros días, como vínculo histórico y espiritual de la Iglesia con Cristo.

Los obispos, sucesores de los Apóstoles, son el instrumento histórico del que se sirve el Espíritu Santo para hacer presente entre nosotros al Señor Jesús, Cabeza de su pueblo. A través de ellos lo escuchamos, recibimos su gracia y nos sentimos amados y acogidos en el corazón de Dios.

Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española, en particular a los seminaristas de Valladolid, al Círculo Sabadellés con su Obispo diocesano, así como a los siguientes grupos: Organización Colegial de Enfermería, Guardiamarinas, y peregrinos de Guadalajara, México. Invito a todos a orar por vuestros pastores, con gratitud a Dios por el don precioso de su ministerio en la Iglesia.

¡Muchas gracias!

[© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
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Mensaje del Santo Padre para la XL Jornada Mundial para las Comunicaciones Sociales - 2006
Se celebra el domingo de la Ascensión del Señor desde 1967
28 de Mayo
"Los medios: red de comunicación, comunión y cooperación"

Queridos hermanos y hermanas:

1. Al cumplirse el cuadragésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, me alegra recordar su Decreto sobre los Medios de Comunicación Social, Inter Mirifica, que señaló especialmente el poder de los medios para ejercer una influencia en toda la sociedad humana. La necesidad de herramientas que ayuden al bien de la humanidad me ha impulsado a reflexionar, en mi primer mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, sobre la idea de los medios como una red que facilita la comunicación, la comunión y la cooperación.

San Pablo, en su carta a los Efesios, describe vívidamente nuestra vocación humana como la de "participantes de la naturaleza divina" (Dei verbum, 2): por Cristo tenemos acceso al Padre en el Espíritu; ya no somos extranjeros y extraños, sino ciudadanos con los santos y los miembros de la familia de Dios, transformándonos en un templo santo, una morada para Dios (cf. Ef 2, 18-22). Este sublime retrato de una vida de comunión pone en movimiento todos los aspectos de nuestra vida como cristianos. La invitación a acoger con autenticidad la autocomunicación de Dios en Cristo significa en realidad una llamada a reconocer su fuerza dinámica dentro de nosotros, que desde ahí desea propagarse a los demás y extenderse a todo el mundo, para que su amor sea realmente la medida prevalente en el mundo (cf. Homilía para la Jornada Mundial de la Juventud, Colonia, 21 de agosto 2005).

2. Los avances tecnológicos en los medios han conquistado en cierta medida tiempo y espacio, haciendo la comunicación entre las personas tanto instantánea como directa, aun cuando están separadas por enormes distancias. Este desarrollo presenta un potencial enorme para servir al bien común y "constituye un patrimonio a salvaguardar y promover" (El Rápido Desarrollo, 10). Sin embargo, como todos sabemos, nuestro mundo está lejos de ser perfecto. Diariamente se nos recuerda que la inmediatez de la comunicación no necesariamente se traduce en la construcción de la cooperación y la comunión en la sociedad.

Iluminar las conciencias de los individuos y ayudar a formar su pensamiento nunca es una tarea neutral. La comunicación auténtica demanda valor y decisión radicales. Requiere la determinación de aquellos que trabajan en los medios para no debilitarse bajo el peso de tanta información ni para conformarse con verdades parciales o provisionales. Por el contrario, requiere tanto la búsqueda como la transmisión de lo que es el sentido y el fundamento último de la existencia humana, personal y social (cf. Fides et Ratio, 5). De esta forma, los medios pueden contribuir constructivamente a la propagación de todo lo que es bueno y verdadero.

3. El llamado a los medios de comunicación de hoy a ser responsables, a ser protagonistas de la verdad y promotores de la paz que ella conlleva, supone numerosos desafíos. Aunque los diversos instrumentos de comunicación social facilitan el intercambio de información, ideas y entendimiento mutuo entre grupos, también están teñidos de ambigüedad. Paralelamente a que facilitan "una gran mesa redonda" para el diálogo, algunas tendencias dentro de los medios engendran una forma de monocultura que oscurece el genio creador, reduce la sutileza del pensamiento complejo y desestima la especificidad de prácticas culturales y la particularidad de la creencia religiosa. Estas son distorsiones que ocurren cuando la industria de los medios se reduce al servicio de sí misma o funciona solamente guiada por el lucro, perdiendo el sentido de responsabilidad hacia el bien común.

Así pues, deben fomentarse siempre el reporte preciso de los eventos, la explicación completa de los hechos de interés público y la presentación justa de diversos puntos de vista. La necesidad de sostener y apoyar la vida matrimonial y familiar es de particular importancia, precisamente porque se relaciona con el fundamento de cada cultura y sociedad (cf. Apostolicam Actuositatem, 11).

En colaboración con los padres, las industrias de la comunicación social y el entretenimiento pueden ayudar en la difícil pero altamente satisfactoria vocación de educar a la niñez, con la presentación de modelos edificantes de vida y amor humanos (cf. Inter Mirifica, 11). Es muy descorazonador y destructivo para todos nosotros cuando lo opuesto ocurre. ¿No lloran nuestros corazones, muy especialmente, cuando los jóvenes son sujetos de expresiones degradantes o falsas de amor que ridiculizan la dignidad otorgada por Dios de cada persona humana y socavan los intereses de la familia?

4. Para motivar tanto una presencia constructiva como una percepción positiva de los medios en la sociedad, deseo reiterar la importancia de los tres pasos identificados por mi venerado predecesor el Papa Juan Pablo II, necesarios para el servicio que deben prestar al bien común: formación, participación y diálogo (cf. El Rápido Desarrollo, 11).

La formación en el uso responsable y crítico de los medios ayuda a las personas a utilizarlos de manera inteligente y apropiada. El profundo impacto que los medios electrónicos en particular ejercen al generar un nuevo vocabulario e imágenes, que introducen tan fácilmente en la sociedad, no habría de ser sobrevalorado. Precisamente porque los medios contemporáneos configuran la cultura popular, ellos mismos deben sobreponerse a toda tentación de manipular, especialmente a los jóvenes, y por el contrario deben impulsarse en el deseo de formar y servir. De este modo, ellos protegen en vez de erosionar el tejido de la sociedad civil, tan valioso para la persona humana.

La participación en los medios surge de su naturaleza: son un bien destinado a toda persona. Como servicio público, la comunicación social requiere de un espíritu de cooperación y co-responsabilidad con escrupulosa atención en el uso de los recursos públicos y en el desempeño de los cargos públicos (cf. Ética en las Comunicaciones Sociales, 20), incluyendo el recurso a marcos normativos y a otras medidas o estructuras diseñadas para lograr este objetivo.

Finalmente, los medios de comunicación deben aprovechar y ejercer las grandes oportunidades que les brindan la promoción del diálogo, el intercambio de conocimientos, la expresión de solidaridad y los vínculos de paz. De esta manera ellos se transforman en recursos incisivos y apreciados para la construcción de la civilización del amor que toda persona anhela.

Estoy seguro de que unos serios esfuerzos para promover estos tres pasos, ayudarán a los medios a desarrollarse sólidamente como una red de comunicación, comunión y cooperación, ayudando a los hombres, mujeres y niños, a prestar más atención a la dignidad de la persona humana, a ser más responsables y abiertos a los otros, especialmente a los miembros más necesitados y débiles de la sociedad (cf. Redemptor Hominis, 15; Ética en las Comunicaciones Sociales, 4).

Para concluir, retomo las alentadoras palabras de San Pablo: Cristo es nuestra paz. En él somos uno (cf. Ef 2, 14). ¡Rompamos juntos los muros divisorios de la hostilidad y construyamos la comunión de amor según los designios que el Creador nos dio a conocer por medio de su Hijo!

Desde el Vaticano, 24 de enero 2006, Fiesta de San Francisco de Sales.

Benedicto XVI
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Mar, 16 de May, 2006 9:38 pm

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