PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
Av. Libertador 13.900 - 1640 Martínez - Tel. y Fax 4508-8501 // 8502
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Noticias desde la Parroquia de Fátima
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Miércoles 7 de junio de 2006 - Año IX - N° 322
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INDICE
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NUESTRA PARROQUIA
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DOCUMENTACIÓN
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Matrimonios + Matrimonios
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Benedicto XVI: Pedro, la roca sobre la que Cristo fundó la Iglesia
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NUESTRA DIÓCESIS
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Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Misionera Mundial
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EDICOM
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PARA COMPARTIR
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ARGENTINA
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Madre Teresa
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Ventana abierta para observar la catequesis
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Servicios de Noticias
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NUESTRA PARROQUIA
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Matrimonios + Matrimonios Invita a participar a todos los matrimonios en un taller para trabajar sobre:
“Herramientas para la resolución de conflictos en la pareja y en la familia”
Dirigido por la Lic. Martha M. de Martín
Viernes 9 de Junio de 20.15 a 23 hs aprox. en los Salones Parroquiales Alvear 1056 Martínez.
Dicho taller es gratuito, a quienes deseen participar agradeceremos que se anoten con anticipación dejando sus datos en la secretaría parroquial al TE. 4508-8501
Habrá servicio de bar Volver al Indice
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NUESTRA DIÓCESIS
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EDICOM El EDICOM - Equipo Diocesano de Comunicación - conjuntamente con la oficina de prensa informa que a partir del mes de junio de 2006 cambia su horario de secretaría. Será el siguiente: Todos los días, de lunes a viernes, por la mañana, de 8,30 a 13,00 horas. Cordialmente
Eny Ottini secretaria Volver a Indice
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ARGENTINA
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Ventana abierta para observar la catequesis El Observatorio Catequístico del ISCA sigue con la renovación de su espacio. En estos días podemos consultar un texto del equipo acerca de La Catequesis Familiar como reiniciación cristiana: Un camino de lo "social" a lo "comunitario". También se encuentra abierto el nuevo Foro del Observatorio donde podemos responder a la pregunta: ¿Cuál es la búsqueda de los padres cuando inician un proceso de catequesis familiar? Volver al Indice
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DOCUMENTACIÓN
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Benedicto XVI: Pedro, la roca sobre la que Cristo fundó la Iglesia Intervención en la audiencia general del miércoles
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 7 junio 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI pronunciada durante la audiencia general de este miércoles dedicada a comentar el tema « Pedro, la roca sobre la que Cristo fundó la Iglesia». * * * Queridos hermanos y hermanas: Reanudamos las catequesis semanales que hemos comenzado en esta primavera. En la última de hace quince días había hablado de Pedro como el primer apóstol; hoy queremos volver una vez más sobre esta grande e importante figura de la Iglesia. El evangelista Juan, al narrar el primer encuentro de Jesús con Simón, hermano de Andrés, constata un dato singular: «Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas", que quiere decir, "Piedra"» (Juan 1, 42). Jesús no acostumbraba a cambiar el nombre de sus discípulos. A excepción del apelativo de «hijos del trueno», dirigido en una circunstancia precisa a los hijos de Zebedeo (Cf. Marcos 3, 17), y que después no utilizará, nunca atribuyó un nuevo nombre a uno de sus discípulos. Lo hizo sin embargo con Simón, llamándole Cefas, nombre que después fue traducido en griego como «Petros», en latín «Petrus». Y fue traducido precisamente porque no sólo era un nombre; era un «mandato» que Petrus recibía de ese modo del Señor. El nuevo nombre «Petrus» volverá en varias ocasiones en los Evangelios y acabará sustituyendo a su nombre original, Simón.
Este dato alcanza particular importancia si se tiene en cuenta que, en el Antiguo Testamento, el cambio de nombre anunciaba en general la entrega de una misión (Cf. Génesis 17,5; 32,28 siguientes, etc.). De hecho, la voluntad de Cristo de atribuir a Pedro un especial relieve dentro del colegio apostólico se manifiesta con numerosos indicios: en Cafarnaúm el Maestro se aloja en la casa de Pedro (Marcos 1, 29); cuando la muchedumbre se agolpa en la orilla del lago de Genesaret, entre las dos barcas amarradas, Jesús escoge la de Simón (Lucas 5, 3); cuando en circunstancias particulares Jesús sólo se queda en compañía de tres discípulos, Pedro siempre es recordado como el primero del grupo: así sucede en la resurrección de la hija de Jairo (Cf. Marcos 5, 37; Lucas 8,51), en la Transfiguración (Cf. Marcos 9, 2; Mateo 17, 1; Lucas 9, 28), y por último durante la agonía en el Huerto de Getsemaní (Cf. Marcos 14, 33; Mateo 16, 37). A Pedro se dirigen los recaudadores del impuesto para el Templo y el Maestro paga por él y por Pedro y nada más que por él (Cf. Mateo 17, 24-27); fue el primero a quien lavó los pies en la última Cena (Cf. Juan 13, 6) y sólo reza por él para que no desfallezca en la fe y pueda confirmar después en ella a los demás discípulos (Cf. Lucas 22, 30-31).
Por otra parte, el mismo Pedro es consciente de esta posición particular que tiene: es él quién habla a menudo, en nombre de los demás, pidiendo explicaciones ante una parábola difícil (Mateo 15, 15), o para preguntar el sentido exacto de un precepto (Cf. Mateo 18, 21) o la promesa formal de una recompensa (Mateo 19, 27). En particular, es él quien supera el empacho de ciertas situaciones interviniendo en nombre de todos. De este modo, cuando Jesús, dolido por la incomprensión de la muchedumbre tras el discurso sobre el «pan de vida», pregunta: «También vosotros queréis marcharos? », la respuesta de Pedro es perentoria: «Señor, ¿donde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna» (Mateo 16, 15-15). Jesús pronuncia entonces la declaración solemne que define, de una vez por todas, el papel de Pedro en la Iglesia: «Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos» (Mateo 16, 18-19). Las tres metáforas a las que recurre Jesús son en sí muy claras: Pedro será el cimiento de roca sobre el que basará el edificio de la Iglesia; tendrá las llaves del Reino de los cielos para abrir y cerrar a quien le parezca justo; por último, podrá atar o desatar, es decir, podrá establecer o prohibir lo que considere necesario para la vida de la Iglesia, que es y seguirá siendo de Cristo. Es siempre la Iglesia de Cristo y no de Pedro. Describe con imágenes plásticas lo que la reflexión sucesiva calificará con el término «primado de jurisdicción».
Esta posición preeminente que Jesús quiso entregar a Pedro se constata también después de la resurrección: Jesús encarga a las mujeres que lleven el anuncio a Pedro, distinguiéndole entre los demás apóstoles (Cf. Marcos 16, 7); acude corriendo a él y a Juan la Magdalena para informar que la piedra ha sido removida de la entrada del sepulcro (Cf. Juan 20, 2) y Juan le cederá el paso cuando los dos lleguen ante la tumba vacía (Cf. Juan 20,4-6); Pedro será después, entre los apóstoles, el primer testigo de la aparición del Resucitado (Cf. Lucas 24, 34; 1 Corintios 15, 5). Este papel, subrayado con decisión (Cf. Juan 20, 3-10), marca la continuidad entre su preeminencia en el grupo de los apóstoles y la preeminencia que seguirá teniendo en la comunidad nacida con los acontecimientos pascuales, como atestigua el libro de los Hechos de los Apóstoles (Cf. 1,15-26; 2,14-40; 3,12-26; 4,8-12; 5,1-11.29; 8,14-17; 10; etcétera). Su comportamiento es considerado tan decisivo que es objeto de observaciones y también de críticas (Cf. Hechos 11,1-18; Gálatas 2, 11-14). En el así llamado Concilio de Jerusalén, Pedro desempeña una función directiva (Cf. Hechos 15 y Gálatas 2, 1-10), y precisamente por el hecho de ser el testigo de la fe auténtica, el mismo Pablo reconocerá en él un papel de «primero» (Cf. 1 Corintios 15,5; Gálatas 1, 18; 2,7 siguientes; etcétera). Además, el hecho de que varios de los textos claves referidos a Pedro puedan ser enmarcados en el contexto de la Última Cena, en la que Cristo confiere a Pedro el ministerio de confirmar a los hermanos (Cf. Lucas 22,31 siguientes), muestra cómo la Iglesia, que nace del memorial pascual celebrado en la Eucaristía, tiene en el ministerio confiado a Pedro uno de sus elementos constitutivos.
Este contexto del Primado de Pedro en la Última Cena, en el momento de la institución de la Eucaristía, Pascua del Señor, indica también el sentido último de este Primado: para todos los tiempos: Pedro tiene que ser el custodio de la comunión con Cristo; tiene que guiar en la comunión con Cristo de modo que la red no se rompa, sino que sostenga la gran comunión universal. Sólo juntos podemos estar con Cristo, que es el Señor de todos. La responsabilidad de Pedro consiste en garantizar así la comunión con Cristo con la caridad de Cristo, guiando a la realización de esta caridad en la vida de todos los días. Recemos para que el primado de Pedro, confiado a pobres seres humanos, sea siempre ejercido en este sentido original deseado por el Señor y para que lo puedan reconocer cada vez más en su significado verdadero los hermanos que todavía no están en comunión con nosotros.
[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. Estas fueron sus palabras en lengua española.]
Queridos hermanos y hermanas: San Juan evangelista, al narrar el primer encuentro de Jesús con Simón, hermano de Andrés, «se le quedó mirando y le dijo: "Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que significa Pedro)"». Este cambio de nombre significa la nueva misión que se le confiaría después dentro del Colegio apostólico.
En el Evangelio hemos escuchado cómo Jesús, al preguntar a sus discípulos, Pedro responde en su nombre: «Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo». Ante esta confesión de fe, Jesús define el papel de Pedro: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia... Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Estas tres metáforas, «piedra», «llaves», «atar y desatar», son muy claras y pueden considerarse la expresión de lo que después se llamaría el «primado de jurisdicción». Esto refleja el papel preeminente que Pedro tuvo en la primera comunidad cristiana, como se narra en los Hechos de los Apóstoles.
Me es grato saludar cordialmente a los visitantes de lengua española, en especial a las Hermanas de María Auxiliadora y a los miembros de Regnum Christi. Saludo también a los diversos grupos diocesanos, parroquiales y asociaciones de España, así como a los peregrinos de Argentina, Costa Rica, El Salvador, Perú y de otros Países latinoamericanos. ¡Muchas gracias!
[A continuación, el Santo Padre dirigió este saludo en catalán:]
Saludo l’equip del programa religiós Signes dels Temps de Televisió de Catalunya amb motiu del seu vintè aniversari. Us animo a continuar el vostre servei a l’Església, que ajuda a l’evangelització a través dels mitjans de comunicació social.
[Saludo al equipo del programa religioso «Signos de los Tiempos» de Televisión de Cataluña con motivo de su vigésimo aniversario. Os animo a continuar vuestro servicio a la Iglesia, que ayuda a la evangelización a través de los medios de comunicación social.] Volver al Indice
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Mensaje de Benedicto XVI para la Jornada Misionera Mundial «La caridad, alma de la misión»
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 2 junio 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que ha escrito Benedicto XVI con motivo de la octogésima Jornada Misionera Mundial 2006, que lleva por tema «La caridad, alma de la misión», que este año se celebra el 22 de octubre. * * * ¡Queridos hermanos y hermanas!
1. La Jornada Misionera Mundial, que celebraremos, si Dios quiere, el domingo 22 de octubre ofrece la oportunidad de reflexionar este año sobre el tema «La caridad, alma de la misión». La misión, si no está orientada por la caridad, es decir, si no surge de un profundo acto de amor divino, corre el riesgo de reducirse a mera actividad filantrópica y social. El amor que Dios tiene por cada persona constituye, de hecho, el corazón de la experiencia y del anuncio del Evangelio, y cuantos lo acogen se convierten a su vez en testigos. El amor de Dios que da vida al mundo es el amor que se nos ha entregado en Jesús, Palabra de salvación, imagen perfecta de la misericordia del Padre celestial. El mensaje salvífico podría sintetizarse, por tanto, en las palabras del Evangelista Juan: «En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él» (1 Juan 4, 9). El mandato de difundir el anuncio de este amor fue confiado por Jesús a los apóstoles después de su resurrección y los apóstoles, trasformados interiormente el día de Pentecostés por la potencia del Espíritu Santo, comenzaron a dar testimonio del Señor muerto y resucitado. Desde entonces, la Iglesia sigue esta misma misión, que constituye para todos los creyentes un compromiso irrenunciable y permanente.
2. Toda comunidad cristiana está llamada, por tanto, a dar a conocer que Dios es Amor. En este misterio fundamental de nuestra fe quise detenerme a reflexionar en la encíclica «Deus caritas est». Dios penetra con su amor toda la creación y la historia humana. El hombre, en su origen, salió de las manos del Creador como fruto de una iniciativa de amor. El pecado ofuscó después en él la impronta divina. Engañados por el maligno, los primeros padres Adán y Eva abandonaron la relación de confianza con su Señor, cediendo a la tentación del maligno, que introdujo en ellos la sospecha de que Él era un rival y quería limitarles su libertad. De este modo, se prefirieron a sí mismos en lugar del amor gratuito divino, persuadidos de que de esta manera estaban reafirmando su libre albedrío. Como consecuencia acabaron perdiendo la felicidad original y experimentaron la amargura de la tristeza del pecado y de la muerte. Dios, sin embargo, no les abandonó y les prometió a ellos y a su descendencia la salvación, preanunciando el envío de su Hijo unigénito, Jesús, que revelaría, en la plenitud de los tiempos, su amor de Padre, un amor capaz de rescatar a toda criatura humana de la esclavitud del mal y de la muerte. En Cristo, por tanto, se ha comunicado la vida inmortal, la misma vida de la Trinidad. Gracias a Cristo, buen Pastor, que no abandona a la oveja perdida, se da la posibilidad a los hombres de todos los tiempos de entrar en la comunión con Dios, Padre misericordioso, dispuesto a volver a acoger en su casa al hijo pródigo. Signo sorprendente de este amor es la Cruz. En su muerte en la cruz, Cristo --como he escrito en la encíclica «Deus caritas est»-- «se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical […]. Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar» (n. 12).
3. En la vigilia de su pasión, Jesús dejó como testamento a los discípulos, reunidos en el Cenáculo para celebrar la Pascual, el «mandamiento nuevo del amor– "mandatum novum"»: «Lo que os mando es que os améis los unos a los otros» (Juan 15, 17). El amor fraterno que el Señor pide a sus «amigos» tiene su manantial en el amor paterno de Dios. Observa el apóstol Juan: «todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios» (1 Juan 4, 7). Por tanto, para amar según Dios es necesario vivir en Él y de Él: es Dios la primera «casa» del hombre y sólo quien habita en Él arde con un fuego de caridad divina capaz de «incendiar» al mundo. ¿No es esta la misión de la Iglesia en todos los tiempos? Entonces no es difícil comprender que la autentica solicitud misionera, compromiso primario de la comunidad eclesial, está unida a la fidelidad al amor divino, y esto vale para cada cristiano, para cada comunidad local, para las Iglesias particulares y para todo el Pueblo de Dios. Precisamente, de la conciencia de esta misión común recobra fuerzas la generosa disponibilidad de los discípulos de Cristo para realizar obras de promoción humana y espiritual que testimonian, como escribía el querido Juan Pablo II en la Encíclica «Redemptoris missio», «el alma de toda la actividad misionera»: «el amor, que es y sigue siendo la fuerza de la misión, y es también el único criterio según el cual todo debe hacerse y no hacerse, cambiarse y no cambiarse. Es el principio que debe dirigir toda acción y el fin al que debe tender. Actuando con caridad o inspirados por la caridad, nada es disconforme y todo es bueno» (número 60). Ser misioneros significa amar a Dios con todo nuestro ser, hasta dar, si es necesario, incluso la vida por El. ¡Cuántos sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, también en nuestros días, han ofrecido el supremo testimonio de amor con el martirio! Ser misioneros es atender, como el buen Samaritano, las necesidades de todos, especialmente de los más pobres y necesitados, porque quien ama con el corazón de Cristo no busca el propio interés, sino únicamente la gloria del Padre y el bien del prójimo. Este es el secreto de la fecundidad apostólica de la acción misionera, que supera las fronteras y las culturas, llega a los pueblos y se difunde hasta los confines extremos del mundo.
4. Queridos hermanos y hermanas, que la Jornada Misionera Mundial sea una oportunidad para comprender cada vez mejor que el testimonio del amor, alma de la misión, concierne a todos. Servir al Evangelio no debe considerarse como una aventura en solitario, sino como un compromiso compartido de toda comunidad. Junto a los que están en primera línea en las fronteras de la evangelización --y pienso con reconocimiento en los misioneros y las misioneras-- muchos otros, niños, jóvenes y adultos, contribuyen con la oración y su cooperación en diversos modos a la difusión del Reino de Dios en la tierra. El deseo es que esta participación crezca cada vez más gracias a la contribución de todos. Aprovecho esta oportunidad para manifestar mi gratitud a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y a las Pontificias Obras Misioneras (PP.OO.MM.), que con entrega coordinan los esfuerzos desplegados en todas las partes del mundo en apoyo a la acción de cuantos se encuentran en primera fila en las fronteras de la misión. Que la Virgen María, que con su presencia en la Cruz y su oración en el Cenáculo colaboró activamente en los inicios de la misión eclesial, apoye su acción y ayude a los creyentes en Cristo a ser cada vez más capaces de auténtico amor, para que en un mundo espiritualmente sediento se conviertan en manantial de agua viva. Presento mi auspicio de corazón, mientras envío a todos mi Bendición.
Vaticano, 29 de abril de 2006 BENEDICTUS PP. XVI [Traducción del original italiano realizada por Zenit
[© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana] ZS06060208 Volver al Indice
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PARA COMPARTIR
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Madre Teresa - En una ocasión, por la tarde, un hombre vino a nuestra casa para contarnos el caso de una familia hindú de ocho hijos. No habían comido desde hacía ya varios días. Nos pedía que hiciéramos algo por ellos. De modo que tomé algo de arroz y me fui a verlos. Vi cómo brillaban los ojos de los niños a causa del hambre. La madre tomó el arroz de mis manos, lo dividió en dos partes y salió. Cuando regresó le pregunté qué había hecho con una de las dos raciones de arroz. Me respondió: "Ellos también tienen hambre". Sabía que los vecinos de la puerta de al lado, los musulmanes, tenían hambre. Quedé más sorprendida de su preocupación por los demás que por la acción en sí misma. En general, cuando sufrimos y cuando nos encontramos en una grave necesidad no pensamos en los demás. Por el contrario, esta mujer maravillosa, débil, pues no había comido desde hacía varios días, había tenido el valor de amar y de dar a los demás, tenía el valor de compartir. Frecuentemente me preguntan cuándo terminará el hambre en el mundo. Y yo respondo: "Cuando tú y yo aprendamos a compartir". Cuanto más tenemos, menos damos. Cuanto menos tenemos, más podemos dar.
La mayor enfermedad hoy día no es la lepra ni la tuberculosis ni el sida, sino mas bien el sentirse no querido, no cuidado y abandonado por todos. El mayor mal es la falta de amor y caridad, la terrible indiferencia hacia nuestro vecino que vive al lado de la calle, asaltado por la explotación, corrupción, pobreza y enfermedad.
Madre Teresa de Calcuta MC
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Servicios de Noticias
ZENIT http://www.zenit.org/spanish/ Volver al índice ------------------------------------------------------------------------------------------------------ AICA http://www.aica.org Volver al índice ------------------------------------------------------------------------------------------------------ CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) http://www.celam.org/ Volver al índice ------------------------------------------------------------------------------------------------------ EDICOM (Equipo Diocesano de Comunicación – Diócesis de San Isidro) comunicacion@... Volver al índice ------------------------------------------------------------------------------------------------------ MAGISTERIO ECLESIAL http://ar.groups.yahoo.com/group/magisterioeclesial/ Volver al índice ------------------------------------------------------------------------------------------------------ BOLETÍN DIOCESANO DIÓCESIS DE SAN ISIDRO boletin@... Volver al índice ------------------------------------------------------------------------------------------------------ SOI - Servicio de Observación sobre Internet - RIIAL http://www.observatoriodigital.net/losboletines.htm Volver al Indice ------------------------------------------------------------------------------------------------------ Un abrazo, y nuestras oraciones. Selección y compaginación de noticias: Ricardo Pereira (pqfatima@...) ------------------------------------------------------------------------------------------------------ Para terminar con su suscripción, envíe un mensaje en blanco, con el "Asunto" también en blanco, a noticiasparroquiafatima-unsubscribe@eGroups.com Volver al índice |
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Mié, 7 de Jun, 2006 5:47 pm
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