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Noticias Parroquia Fatima 10-07-06 - 326   Lista de mensajes  
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  PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Av. Libertador 13.900 - 1640 Martínez - Tel. y Fax 4508-8501 // 8502
Página Web: www.fatima.org.ar

Diócesis de San Isidro
Noticias desde la Parroquia de Fátima
Lunes 10 de julio de 2006 - Año IX - N° 326
INDICE
NUESTRA DIOCESIS
MUNDO
Encuentro - Taller animadores de la I.A.M
Feria Internacional de las Familias concluye tras recibir más de cien mil visitantes
Ciclo de Conciertos de Música Sacra en la Catedral de San Isidro
El Papa invita a los gobernantes y legisladores a apoyar a la familia
Cuasiparroquia en "El Talar" 
Conclusiones del Congreso Teológico-Pastoral sobre la Familia
ARGENTINA
DOCUMENTACIÓN
“Ecos Australes” de la diócesis más austral 
Discurso del Papa en la Vigilia del V Encuentro Mundial de las Familias
Encuentro de responsables de Comunicación Social 
Benedicto XVI presenta a Juan, hijo del Zebedeo


Servicios de Noticias

NUESTRA DIÓCESIS

Encuentro - Taller animadores de la I.A.M
Equipo de Animación Misionera de San Isidro
Diócesis de San Isidro

DOMINGO 16 DE JULIO
15 hs. a 19 hs
PARROQUIA PURÍSIMA CONCEPCIÓN
Irigoyen (Ruta 197) 250
PACHECO

Como todos los años, todos los animadores/as de la Infancia y Adolescencia Misionera comparten este espacio de encuentro para seguir creciendo juntos/as.
En esta ocasión hacen una invitación a todos, tanto a los más nuevos como a los que ya vienen caminando hace tiempo.

Trabajarán sobre
LA ESCUELA CON JESÚS,
FORMACIÓN DEL EQUIPO DIOCESANO DE IAM
ENCUENTRO REGIONAL DE MISIONEROS/AS
OTROS AVISOS
Organiza el EAMSI (Equipo de Animación Misionera de San Isidro)

Informes: P. Alejandro Marina - Tel: 4512-9439
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Ciclo de Conciertos de Música Sacra en la Catedral de San Isidro
XVIII temporada / tercer concierto
Domingo 16 de julio a las 17
Parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos *
(Salta y Ricardo Gutiérrez, frente a la plaza de Olivos)
Entrada libre
* ATENCIÓN: Por obras de restauración y puesta en valor de la Catedral de San Isidro, el ciclo tendrá lugar durante esta temporada en la Parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos


Tal dolor, tal amor
Lamentos sacros del temprano barroco, puestos en música por Carissimi, Charpentier, De Navas, Durón, Mazzocchi, Merula, Saint Colombe y Trabaci.

Ensamble MusicAntigua
(Pontificia Universidad Católica de Chile)

CAMILO BRANDI, clavecín
GINA ALLENDE & HUMBERTO ORELLANA, violas da gamba
GONZALO CUADRA, tenor
SERGIO CANDIA, flautas dulces y dirección

Antiguas y experimentadas damas advertían que del amor al odio y del odio al amor había tan sólo un paso, y muy breve. El presente programa, recurriendo a los argumentos del Barroco Temprano de Italia, España y Francia, advierte que el amor y ahora el dolor no son pasos sucesivos sino que comparten el mismo pie. Al menos en cuanto al amor divino. Si Cupido cargaba en su carcaj las flechas de oro y plomo, nuestro infinito Dios porta consigo, en regalo a los mortales, flechas embebidas en oro y hiel.
Antiguo y Nuevo Testamento, dos hombres, dos mujeres, latín culto para ellos y lengua profana para ellas. David, Jonás, la Magdalena y María se duelen portando la herida del divino amor, que en sus cuerpos ha seguido el natural cauce de lamentos, suspiros y resignaciones que antes servía al amor mundano. En este espejo de dos manos el David de Charpentier llora la muerte de su amadísimo Jonatán, pues por amor de Dios debe cumplir su real destino; el Jonás de Carissimi se llora a sí mismo, pues ha entendido que del amor y mandato de Dios no hay huída, ni dentro de la ballena más profunda; la Magdalena de Mazzocchi, expuesta en cuatro secciones, llora a los pies de la cruz (¿qué otra cosa ha hecho en la pintura y literatura de Occidente este resumen de recursos propiamente "femeninos"?); la clarividente María de Merula arrulla a Jesús infante y en su sorprendente y obsesionado rorro ve lo presente y lo futuro, lo dulce y lo calvario.
El Barroco Temprano, novelero de disonancias, suspiros y requiebros, con el tema del "lamento" como acto central, es el escenario propicio para cada uno de ellos. Y todos dan testimonio de lo mismo, como sentencia resuelta en el tribunal de un corazón adolescente: aman porque se duelen (así Dios permite que lo sepan ellos) y se duelen porque aman (y así, a su vez, permiten que lo podamos saber y oír nosotros).
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Cuasiparroquia en "El Talar" 
San Isidro, (Buenos Aires), 5 Jul. 06 (AICA) 
El obispo de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto erigió en cuasiparroquia la capilla Espíritu Santo, de la localidad de El Talar, y designó para atenderla al presbítero Fernando Astarloa. Esta nueva comunidad se desprende de la parroquia Medalla Milagrosa.
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ARGENTINA

Ecos Australes” de la diócesis más austral 
Río Gallegos, (Santa Cruz), 5 Jul. 06 (AICA) 
La diócesis de Río Gallegos, la más austral y más extensa de la Argentina (265.614 km2), cuenta con un boletín electrónico diocesano “Ecos Australes”, que mensualmente edita la Oficina de Prensa del Obispado y que la hermana Mónica Cordero, su responsable, envía a todos los rumbos a través de Internet. El boletín lleva la palabra del Obispo y noticias de la actividad del resto de la diócesis a los confines del extenso territorio. De alguna manera, es como si el obispo estuviera, mes tras mes, con sus cercanos y lejanos fieles santacruceños y fueguinos. La dirección electrónica de “Ecos Australes” es pastcom@..., y su página web es: www.diocesisriogallegos.com.ar 
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Encuentro de responsables de Comunicación Social 
Pilar, (Buenos Aires), 7 Jul. 06 (AICA) 
Los días 28, 29 y 30 de julio se llevará a cabo en la casa de ejercicios espirituales El Cenáculo – La Montonera, de la localidad bonaerense de Pilar, el 11° Encuentro de Responsables Arquidiocesanos de Comunicación Social, que organiza la Comisión Episcopal de Comunicación Social. El objetivo de las jornadas es hacer propuestas sobre el tema de la comunicación al documento Hacia la V Conferencia y seguir preparando las Líneas Pastorales de la Comunicación. Informes: (011) 4394-8791 o en secretaria@... .
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MUNDO

La Feria Internacional de las Familias concluye tras recibir más de 100.000 visitantes
En los Congresos han participado 9.200 personas

VALENCIA, viernes, 7 julio 2006 (ZENIT.org).- La Feria Internacional de las Familias concluyó este viernes tras haber recibido la visita de más de cien mil personas, según han indicado hoy a la agencia AVAN, órgano informativo de la archidiócesis de Valencia, fuentes de la organización.

En la tarde de este viernes también concluyó el Congreso Internacional sobre la Familia que ha registrado la inscripción de 9.200 participantes en los tres congresos que se han desarrollado dentro de él, el Teológico-Pastoral, el de los hijos y el de los abuelos.

Por lugares de origen, el 54 por ciento de los inscritos en los congresos han provenido de España; el 16 por ciento de otros países de Europa; el 11 por ciento de América Latina; el 10 por ciento de América del Norte; el 5 por ciento de África; el 3 por ciento de Asia; y un 1 por ciento de Oceanía.
ZS06070714
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El Papa invita a los gobernantes y legisladores a apoyar a la familia
VALENCIA, sábado, 8 julio 2006 (ZENIT.org).- La vigilia del V Encuentro Mundial de las Familias se convirtió en un llamamiento de Benedicto XVI a los políticos para que valoren el papel insustituible de la familia y la apoyen con leyes adecuadas.

En un amplio discurso, que el pontífice comenzó a leer poco antes de las 11 de la noche, invitó «a los gobernantes y legisladores a reflexionar sobre el bien evidente que los hogares en paz y en armonía aseguran al hombre, a la familia, centro neurálgico de la sociedad».

Según dijo el Santo Padre, al concluir una velada de fiesta y de fe, en la que familias de todos los continentes ofrecieron su testimonio, «el objeto de las leyes es el bien integral del hombre, la respuesta a sus necesidades y aspiraciones».

«Esto es una ayuda notable a la sociedad, de la cual no se puede privar y para los pueblos es una salvaguarda y una purificación», aseguró.

«Además --según el obispo de Roma--, la familia es una escuela de humanización del hombre, para que crezca hasta hacerse verdaderamente hombre».

«En este sentido, la experiencia de ser amados por los padres lleva a los hijos a tener conciencia de su dignidad de hijos», aseguró.
ZS06070814
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Conclusiones del Congreso Teológico-Pastoral sobre la Familia
«La familia está sometida a una crisis sin precedentes»

VALENCIA, sábado, 7 julio 2006 (ZENIT.org).- «La familia está sometida a una crisis sin precedentes», afirman las conclusiones del Congreso Teológico-Pastoral sobre la transmisión de la fe en la familia, en el marco del V Encuentro mundial de las Familias.

Con la lectura de un documento de ocho páginas de conclusiones, al cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del Pontificio Consejo para la Familia, clausuró ayer este encuentro que ha convocado en Valencia a unas diez mil personas.

«El Congreso ha puesto de manifiesto la existencia en la cultura contemporánea de una situación paradójica respecto a la familia. Se advierte su importancia pero los grandes cambios sociales, los avances tecnológicos, los movimientos migratorios y los profundos cambios culturales llevan a un cambio de civilización lo que requiere hombres formados para afrontar los cambios», afirman las conclusiones provisionales de este Congreso.

«Se observa a la vez que la familia está sometida a una crisis sin precedentes en la historia. Las razones se encuentran sobre todo en los factores culturales e ideológicos. La mentalidad corriente tiende a eliminar los valores. La acción persistente de un laicismo de raíz nihilista y relativista lleva a un modo de vivir individualista», añade el documento conclusivo.

El Congreso ha denunciado con fuerza «esa presión ideológica invitando a tomar conciencia de la importancia de la familia y contribuir a su desarrollo».

Los asistentes expresaron también su «profunda alegría» porque este Congreso ha sido «una manifestación de riqueza, espiritualidad y vida».

El Congreso reconoció que «algunos de los valores que imperan en diversos países, sobre todo en los más desarrollados, están en contradicción con los que facilitan la comprensión cristiana de la familia».

«Se impone --añade el documento-- el principio de autonomía que lleva al consumismo, el relativismo y el subjetivismo, ignorando principios trascendentales. En esa mentalidad se apoya la crítica al matrimonio que trata de sustituirlo con uniones libres».

El Congreso instó «a las familias cristianas a ser conscientes de la importante misión que les incumbe en servicio de la Iglesia y de toda la humanidad».

Una parte de las conclusiones fue dedicada a los problemas actuales y desafíos a la familia en los campos de la legislación civil, la justicia social, la economía, la bioética y la demografía.

En cuanto a la transmisión de la fe, el Congreso afirmó que «la familia ha sido siempre lugar privilegiado, la unidad básica para la transmisión de la fe».

El Congreso señaló la aparición de numerosas nuevas iniciativas para la difusión de la fe: centros especiales de formación familiar, cursos de preparación al matrimonio, centros de espiritualidad matrimonial, retiros especializados, cursos para padres, entre otros. También las diócesis han creado comisiones para la familia. Se advierte la presencia de una preocupación constante por mejorar los contenidos catequéticos relativos a la familia.

Por último el Congreso reconoció el papel fundamental de la educación y de la asignatura de Religión así como la importancia de las asociaciones de padres.
ZS06070806
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DOCUMENTACIÓN

Discurso del Papa en la Vigilia del V Encuentro Mundial de las Familias
En el entorno de la Ciudad de las Artes y las Ciencias

VALENCIA, sábado, 8 julio 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI en la noche de este sábado, durante la vigilia del V Encuentro Mundial de las Familias, que se celebró en el entorno de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
* * *
Amados hermanos y hermanas:
Siento un gran gozo al participar en este encuentro de oración, en el cual se quiere celebrar con gran alegría el don divino de la familia. Me siento muy cercano con la oración a todos los que han vivido recientemente el luto en esta ciudad, y con la esperanza en Cristo resucitado, que da aliento y luz aún en los momentos de mayor desgracia humana.

Unidos por la misma fe en Cristo, nos hemos congregado aquí, desde tantas partes del mundo, como una comunidad que agradece y da testimonio con júbilo de que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios para amar y que sólo se realiza plenamente a sí mismo cuando hace entrega sincera de sí a los demás. La familia es el ámbito privilegiado donde cada persona aprende a dar y recibir amor. Por eso la Iglesia manifiesta constantemente su solicitud pastoral por este espacio fundamental para la persona humana. Así lo enseña en su Magisterio: "Dios, que es amor y creó al hombre por amor, lo ha llamado a amar. Creando al hombre y a la mujer, los ha llamado en el Matrimonio a una íntima comunión de vida y amor entre ellos, «de manera que ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19, 6)" (Catecismo de la Iglesia Católica. Compendio, 337).

Ésta es la verdad que la Iglesia proclama sin cesar al mundo. Mi querido predecesor Juan Pablo II, decía que "El hombre se ha convertido en ‘imagen y semejanza’ de Dios, no sólo a través de la propia humanidad, sino también a través de la comunión de las personas que el varón y la mujer forman desde el principio. Se convierten en imagen de Dios, no tanto en el momento de la soledad, cuanto en el momento de la comunión" (Catequesis, 14-XI-1979). Por eso he confirmado la convocatoria de este V Encuentro Mundial de las Familias en España, y concretamente en Valencia, rica en sus tradiciones y orgullosa de la fe cristiana que se vive y cultiva en tantas familias.

La familia es una institución intermedia entre el individuo y la sociedad, y nada la puede suplir totalmente. Ella misma se apoya sobre todo en una profunda relación interpersonal entre el esposo y la esposa, sostenida por el afecto y comprensión mutua. Para ello recibe la abundante ayuda de Dios en el sacramento del matrimonio, que comporta verdadera vocación a la santidad. Ojalá que los hijos contemplen más los momentos de armonía y afecto de los padres, que no los de discordia o distanciamiento, pues el amor entre el padre y la madre ofrece a los hijos una gran seguridad y les enseña la belleza del amor fiel y duradero.
La familia es un bien necesario para los pueblos, un fundamento indispensable para la sociedad y un gran tesoro de los esposos durante toda su vida. Es un bien insustituible para los hijos, que han de ser fruto del amor, de la donación total y generosa de los padres. Proclamar la verdad integral de la familia, fundada en el matrimonio como Iglesia doméstica y santuario de la vida, es una gran responsabilidad de todos.

El padre y la madre se han dicho un "sí" total ante de Dios, lo cual constituye la base del sacramento que les une; asimismo, para que la relación interna de la familia sea completa, es necesario que digan también un "sí" de aceptación a sus hijos, a los que han engendrado o adoptado y que tienen su propia personalidad y carácter. Así, éstos irán creciendo en un clima de aceptación y amor, y es de desear que al alcanzar una madurez suficiente quieran dar a su vez un "sí" a quienes les han dado la vida.

Los desafíos de la sociedad actual, marcada por la dispersión que se genera sobre todo en el ámbito urbano, hacen necesario garantizar que las familias no estén solas. Un pequeño núcleo familiar puede encontrar obstáculos difíciles de superar si se encuentra aislado del resto de sus parientes y amistades. Por ello, la comunidad eclesial tiene la responsabilidad de ofrecer acompañamiento, estímulo y alimento espiritual que fortalezca la cohesión familiar, sobre todo en las pruebas o momentos críticos. En este sentido, es muy importante la labor de las parroquias, así como de las diversas asociaciones eclesiales, llamadas a colaborar como redes de apoyo y mano cercana de la Iglesia para el crecimiento de la familia en la fe.

Cristo ha revelado cuál es siempre la fuente suprema de la vida para todos y, por tanto, también para la familia: "Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que quien da la vida por sus amigos" (Jn 15,12-13). El amor de Dios mismo se ha derramado sobre nosotros en el bautismo. De ahí que las familias están llamadas a vivir esa calidad de amor, pues el Señor es quien se hace garante de que eso sea posible para nosotros a través del amor humano, sensible, afectuoso y misericordioso como el de Cristo.

Junto con la transmisión de la fe y del amor del Señor, una de las tareas más grandes de la familia es la de formar personas libres y responsables. Por ello los padres han de ir devolviendo a sus hijos la libertad, de la cual durante algún tiempo son tutores. Si éstos ven que sus padres -y en general los adultos que les rodean- viven la vida con alegría y entusiasmo, incluso a pesar de las dificultades, crecerá en ellos más fácilmente ese gozo profundo de vivir que les ayudará a superar con acierto los posibles obstáculos y contrariedades que conlleva la vida humana. Además, cuando la familia no se cierra en sí misma, los hijos van aprendiendo que toda persona es digna de ser amada, y que hay una fraternidad fundamental universal entre todos los seres humanos.

Este V Encuentro Mundial nos invita a reflexionar sobre un tema de particular importancia y que comporta una gran responsabilidad para nosotros: "La transmisión de la fe en la familia". Lo expresa muy bien el Catecismo de la Iglesia Católica: "Como una madre que enseña a sus hijos a hablar y con ello a comprender y comunicar, la Iglesia, nuestra Madre, nos enseña el lenguaje de la fe para introducirnos en la inteligencia y la vida de fe" (n. 171).

Como se simboliza en la liturgia del bautismo, con la entrega del cirio encendido, los padres son asociados al misterio de la nueva vida como hijos de Dios, que se recibe con las aguas bautismales.

Transmitir la fe a los hijos, con la ayuda de otras personas e instituciones como la parroquia, la escuela o las asociaciones católicas, es una responsabilidad que los padres no pueden olvidar, descuidar o delegar totalmente. "La familia cristiana es llamada Iglesia doméstica, porque manifiesta y realiza la naturaleza comunitaria y familiar de la Iglesia en cuanto familia de Dios. Cada miembro, según su propio papel, ejerce el sacerdocio bautismal, contribuyendo a hacer de la familia una comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y cristianas y lugar del primer anuncio de la fe a los hijos" (Catecismo de la Iglesia Católica. Compendio, 350). Y además: "Los padres, partícipes de la paternidad divina, son los primeros responsables de la educación de sus hijos y los primeros anunciadores de la fe. Tienen el deber de amar y de respetar a sus hijos como personas y como hijos de Dios... En especial, tienen la misión de educarlos en la fe cristiana" (ibíd., 460).

El lenguaje de la fe se aprende en los hogares donde esta fe crece y se fortalece a través de la oración y de la práctica cristiana. En la lectura del Deuteronomio hemos escuchado la oración repetida constantemente por el pueblo elegido, la Shema Israel, y que Jesús escucharía y repetiría en su hogar de Nazaret. Él mismo la recordaría durante su vida pública, como nos refiere el evangelio de Marcos (Mc 12,29). Ésta es la fe de la Iglesia que viene del amor de Dios, por medio de vuestras familias. Vivir la integridad de esta fe, en su maravillosa novedad, es un gran regalo. Pero en los momentos en que parece que se oculta el rostro de Dios, creer es difícil y cuesta un gran esfuerzo.

Este encuentro da nuevo aliento para seguir anunciando el Evangelio de la familia, reafirmar su vigencia e identidad basada en el matrimonio abierto al don generoso de la vida, y donde se acompaña a los hijos en su crecimiento corporal y espiritual. De este modo se contrarresta un hedonismo muy difundido, que banaliza las relaciones humanas y las vacía de su genuino valor y belleza. Promover los valores del matrimonio no impide gustar plenamente la felicidad que el hombre y la mujer encuentran en su amor mutuo. La fe y la ética cristiana, pues, no pretenden ahogar el amor, sino hacerlo más sano, fuerte y realmente libre. Para ello, el amor humano necesita ser purificado y madurar para ser plenamente humano y principio de una alegría verdadera y duradera (cf. Discurso en san Juan de Letrán, 5 junio 2006).

Invito, pues, a los gobernantes y legisladores a reflexionar sobre el bien evidente que los hogares en paz y en armonía aseguran al hombre, a la familia, centro neurálgico de la sociedad, como recuerda la Santa Sede en la Carta de los Derechos de la Familia. El objeto de las leyes es el bien integral del hombre, la respuesta a sus necesidades y aspiraciones. Esto es una ayuda notable a la sociedad, de la cual no se puede privar y para los pueblos es una salvaguarda y una purificación. Además, la familia es una escuela de humanización del hombre, para que crezca hasta hacerse verdaderamente hombre. En este sentido, la experiencia de ser amados por los padres lleva a los hijos a tener conciencia de su dignidad de hijos.

La criatura concebida ha de ser educada en la fe, amada y protegida. Los hijos, con el fundamental derecho a nacer y ser educados en la fe, tienen derecho a un hogar que tenga como modelo el de Nazaret y sean preservados de toda clase de insidias y amenazas.
Deseo referirme ahora a los abuelos, tan importantes en las familias. Yo soy el abuelo del mundo, hemos escuchado ahora. Ellos pueden ser -y son tantas veces- los garantes del afecto y la ternura que todo ser humano necesita dar y recibir. Ellos dan a los pequeños la perspectiva del tiempo, son memoria y riqueza de las familias. Ojalá que, bajo ningún concepto, sean excluidos del círculo familiar. Son un tesoro que no podemos arrebatarles a las nuevas generaciones, sobre todo cuando dan testimonio de fe ante la cercanía de la muerte.
Quiero ahora recitar una parte de la oración que habéis rezado pidiendo por el buen fruto de este Encuentro Mundial de las Familias:

Oh, Dios, que en la Sagrada Familia
nos dejaste un modelo perfecto de vida familiar
vivida en la fe y la obediencia a tu voluntad.
Ayúdanos a ser ejemplo de fe y amor a tus mandamientos.
Socórrenos en nuestra misión de transmitir la fe a nuestros hijos.
Abre su corazón para que crezca en ellos
la semilla de la fe que recibieron en el bautismo.
Fortalece la fe de nuestros jóvenes,
para que crezcan en el conocimiento de Jesús.
Aumenta el amor y la fidelidad en todos los matrimonios,
especialmente aquellos que pasan por momentos de sufrimiento o dificultad.
(. . .)
Unidos a José y María,
Te lo pedimos por Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

[Texto original en español
© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana ]
ZS06070813
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Benedicto XVI presenta a Juan, hijo del Zebedeo
Intervención en la audiencia general de este miércoles

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 5 julio 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles dedicada a meditar sobre Juan, hijo del Zebedeo.
* * *
Queridos hermanos y hermanas:
Dedicamos el encuentro de hoy a recordar a otro miembro muy importante del colegio apostólico: Juan, hijo de Zebedeo, y hermano de Santiago. Su nombre, típicamente hebreo, significa «el Señor ha dado su gracia». Estaba arreglando las redes a orillas del lago de Tiberíades, cuando Jesús le llamó junto a su hermano (Cf. Mateo 4, 21; Marcos 1,19). Juan forma siempre parte del grupo restringido que Jesús lleva consigo en determinadas ocasiones. Está junto a Pedro y Santiago cuando Jesús, en Cafarnaúm, entra en casa de Pedro para curar a su suegra (Cf. Marcos 1, 29); con los otros dos sigue al Maestro en la casa del jefe de la sinagoga, Jairo, cuya hija volverá a ser llamada a la vida (Cf. Marcos 5, 37); le sigue cuando sube a la montaña para ser transfigurado (Cf. Marcos 9, 2); está a su lado en el Monte de los Olivos cuando ante el imponente Templo de Jerusalén pronuncia el discurso sobre el fin de la ciudad y del mundo (Cf. Marcos 13, 3); y, por último, está cerca de él cuando en el Huerto de Getsemaní se retira para orar con el Padre, antes de la Pasión (Cf. Marcos 14, 33). Poco antes de Pascua, cuando Jesús escoge a dos discípulos para preparar la sala para la Cena, les confía a él y a Pedro esta tarea (Cf. Lucas 22,8).

Esta posición de relieve en el grupo de los doce hace en cierto sentido comprensible la iniciativa que un día tomó su madre: se acercó a Jesús para pedirle que sus dos hijos, Juan y Santiago, pudieran sentarse uno a su derecha y el otro a su izquierda en el Reino (Cf. Mateo 20, 20-21). Como sabemos, Jesús respondió planteando a su vez un interrogante: preguntó si estaban dispuestos a beber el cáliz que él mismo estaba a punto de beber (Cf. Mateo 20, 22). Con estas palabras quería abrirles los ojos a los dos discípulos, introducirles en el conocimiento del misterio de su persona y esbozarles la futura llamada a ser sus testigos hasta la prueba suprema de la sangre. Poco después, de hecho, Jesús aclaró que no había venido a ser servido sino a servir y a dar la vida en rescate de la multitud (Cf. Mateo 20, 28). En los días sucesivos a la resurrección, encontramos a los «hijos del Zebedeo» pescando junto a Pedro y a otros más en una noche sin resultados. Tras la intervención del Resucitado, vino la pesca milagrosa: «el discípulo a quien Jesús amaba» será el primero en reconocer al «Señor» y a indicárselo a Pedro (Cf. Juan 21, 1-13).

Dentro de la Iglesia de Jerusalén, Juan ocupó un puesto importante en la dirección del primer grupo de cristianos. Pablo, de hecho, le coloca entre quienes llama las «columnas» de esa comunidad (Cf. Gálatas 2, 9). Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, le presenta junto a Pedro mientras van a rezar al Templo (Hechos 3, 1-4.11) o cuando se presentan ante el Sanedrín para testimoniar su fe en Jesucristo (Cf. Hechos 4, 13.19). Junto con Pedro recibe la invitación de la Iglesia de Jerusalén a confirmar a los que acogieron el Evangelio en Samaria, rezando sobre ellos para que recibieran el Espíritu Santo (Cf. Hechos 8, 14-15). En particular, hay que recordar lo que dice, junto a Pedro, ante el Sanedrín, durante el proceso: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hechos 4, 20). Esta franqueza para confesar su propia fe queda como un ejemplo y una advertencia para todos nosotros para que estemos dispuestos a declarar con decisión nuestra inquebrantable adhesión a Cristo, anteponiendo la fe a todo cálculo humano o interés.

Según la tradición, Juan es «el discípulo predilecto», que en el cuarto Evangelio coloca la cabeza sobre el pecho del Maestro durante la Última Cena (Cf. Juan 13, 21), se encuentra a los pies de la Cruz junto a la Madre de Jesús (Cf. Juan 19, 25) y, por último, es testigo tanto de la tumba vacía como de la misma presencia del Resucitado (Cf. Juan 20, 2; 21, 7). Sabemos que esta identificación hoy es discutida por los expertos, pues algunos de ellos ven en él al prototipo del discípulo de Jesús. Dejando que los exegetas aclaren la cuestión, nosotros nos contentamos con sacar una lección importante para nuestra vida: el Señor desea hacer de cada uno de nosotros un discípulo que vive una amistad personal con Él. Para realizar esto no es suficiente seguirle y escucharle exteriormente; es necesario también vivir con Él y como Él. Esto sólo es posible en el contexto de una relación de gran familiaridad, penetrada por el calor de una confianza total. Es lo que sucede entre amigos: por este motivo, Jesús dijo un día: «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos… No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer». (Juan 15, 13. 15).

En los apócrifos «Hechos de Juan» el apóstol, no se le presenta como fundador de Iglesias, ni siquiera como guía de una comunidad constituida, sino como un itinerante continuo, un comunicador de la fe en el encuentro con «almas capaces de esperar y de ser salvadas» (18, 10; 23, 8). Le empuja el deseo paradójico de hacer ver lo invisible. De hecho, la Iglesia oriental le llama simplemente «el Teólogo», es decir, el que es capaz de hablar en términos accesibles de las cosas divinas, revelando un arcano acceso a Dios a través de la adhesión a Jesús.

El culto de Juan apóstol se afirmó a partir de la ciudad de Éfeso, donde según una antigua tradición, habría vivido durante un largo tiempo, muriendo en una edad extraordinariamente avanzada, bajo el emperador Trajano. En Éfeso, el emperador Justiniano, en el siglo VI, construyó en su honor una gran basílica, de la que todavía quedan imponentes ruinas. Precisamente en Oriente gozó y goza de gran veneración. En los iconos bizantinos se le representa como muy anciano, según la tradición murió bajo el emperador Trajano-- y en intensa contemplación, con la actitud de quien invita al silencio.

De hecho, sin un adecuado recogimiento no es posible acercarse al misterio supremo de Dios y a su revelación. Esto explica por qué, hace años, el patriarca ecuménico de Constantinopla, Atenágoras, a quien el Papa Pablo VI abrazó en un memorable encuentro, afirmó: «Juan se encuentra en el origen de nuestra más elevada espiritualidad. Como él, los "silenciosos" conocen ese misterioso intercambio de corazones, invocan la presencia de Juan y su corazón se enciende» (O. Clément, «Dialoghi con Atenagora», Torino 1972, p. 159). Que el Señor nos ayude a ponernos en la escuela de Juan para aprender la gran lección del amor de manera que nos sintamos amados por Cristo «hasta el final» (Juan 13, 1) y gastemos nuestra vida por Él.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy recordamos al apóstol Juan, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago. Su nombre significa «el Señor ha dado su gracia». Formó parte del reducido grupo que Jesús llevaba consigo en determinadas ocasiones. Esto hace comprensible que su madre le pidiese a Jesús que sus dos hijos, pudiesen sentarse uno a la derecha y otro a su izquierda en el Reino.

En la Iglesia de Jerusalén ocupó un puesto relevante. Para Pablo es una de las «columnas» de la comunidad. Ante el Sanedrín afirma: «No podemos dejar de hablar de aquello que hemos visto y oído». Esta confesión de fe es una invitación para todos nosotros a confesar decididamente nuestra firme adhesión a Cristo, anteponiendo la fe a todo interés humano.

Según la tradición, Juan es el «discípulo predilecto». De esto podemos concluir otra importante lección: el Señor desea hacer de cada uno de nosotros un discípulo que viva una amistad personal y una confianza total con Él. Para ello no basta seguirlo y escucharlo exteriormente; es necesario también vivir con Él y como Él.

Saludo a los peregrinos de España y Latinoamérica, especialmente a los miembros de la Escolanía del Temple de la Sagrada Familia de Barcelona, y a los feligreses de las parroquias de Santo Domingo de Guzmán, de Valmojado, España, y Sagrada Familia de Bayamón, Puerto Rico. Que el Señor os ayude a aprender del apóstol Juan la gran lección de amor: sentirnos amados por Cristo "hasta el fin" y gastar nuestra vida por Él.

[© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
ZS06070504
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BOLETÍN DIOCESANO DIÓCESIS DE SAN ISIDRO
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