NUESTRA PARROQUIA
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Adoración Permanente al Santísimo Sacramento desde el 13 de septiembre hasta el 13 de octubre De lunes a viernes de 9.30 a 20 hs. Volver al Indice
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Pastoral Matrimonial “NO ES BUENO QUE EL HOMBRE ESTÉ SOLO”
Un recorrido antropológico por el ciclo vital del matrimonio Seminario para matrimonios y novios a cargo del Dr. Carlos María Díaz Usandivaras Terapeuta Familiar
1 – 8 – 22 y 29 de Septiembre de 19 a 22 horas 1 – Qué es el Matrimonio 2 – Cómo se sueña y proyecta 3 – Cómo se forma 4 – Cómo se constituye 5 – Cómo se mantiene y conserva 6 – Cómo se restaura 7 – Cómo se repara 8 – Cómo se termina Informes e inscripción: en la secretaría parroquial 4508-8501 secretaria@... o en la cartelera de nuestra página web www.fatima.org.ar Volver al Indice
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Horario de Secretaría Hasta fin de año la secretaría de la parroquia no atenderá los días miércoles por la tarde. El horario entonces será: De Lunes a Viernes de 9.30 a 12.30 hs Lunes, Martes, Jueves y Viernes de 16 a 19 hs Y los primeros y terceros sábados de cada mes de 10 a 12 hs. Volver al Indice
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NUESTRA DIÓCESIS
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VIº Encuentro Diocesano de Monaguillos - San Isidro "Como hizo Tarsicio, anunciemos a Cristo" Bajo el lema "Como hizo Tarsicio, anunciemos a Cristo" se llevó a cabo el VIº Encuentro Diocesano de Monaguillos de San Isidro el domingo 13 de agosto. Alrededor de 80 monaguillos compartieron desde la mañana, en la escuela Madre Teresa de Virreyes, un día de juegos, canciones, actividades y reflexión. Luego, con la presencia de Mons. Miguel Ángel D'Annibale, se realizó la misa en la parroquia Nuestra Señora de Itatí. Participaron los grupos de Espíritu Santo (Talar), Santa Rosa de Lima (Munro), Nuestra Señora de la Guardia (Victoria), San Pablo (Virreyes) y Nuestra Señora de Itatí (Virreyes) Se aprovechó la coincidencia de la fecha para festejar el Día del Niño y también para recordar a San Tarsicio, patrono de la Eucaristía y referente de los monaguillos. Para comunicarse con los coordinadores. José 15-5760-2420 (Nuestra Señora de Itatí) Gustavo/Hilda 4736-8086 (Espíritu Santo) Pablo 4744-5899 (Nuestra Señora de la Guardia) Fernando 4761-1646 (Santa Rosa de Lima) Volver
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Centro Pablo VI Pastoral Social Diócesis de San Isidro
El Obispo de San Isidro, Mons. Jorge Casaretto presenta el libro "Enseñanza Social de la Iglesia"
La tarea social de los cristianos
El Obispo de San Isidro, Monseñor Jorge Casaretto presentará el libro Enseñanza Social de la Iglesia, editado por el Centro Pablo VI, el viernes 25 de agosto, a las 19, en el Instituto Divino Maestro, situado en 25 de Mayo 337, San Isidro.
Se trata del primer tomo de una sucesión de textos que apoyarán el trabajo de los alumnos de la primera diplomatura en Doctrina Social de la Iglesia que lleva a cabo la Vicaría de la Pastoral Social diocesana.
El Centro Pablo VI es un ámbito de investigación, formación y capacitación para todos los miembros de la Pastoral Social de la Diócesis de San Isidro. Sus objetivos de formación incluyen a todos los ciudadanos. Esta primera entrega editorial se titula, "El ser humano y sus derechos: herramientas para la reflexión y el trabajo grupal". Es un texto de formación cristiana, enfocado hacia la práctica concreta, que pueden aprovechar todos los que mantienen interés en las problemáticas sociales.
En sus 160 páginas contiene seis capítulos temáticos que abarcan cuestiones como el trabajo, la educación, la propiedad y la situación de la mujer, entre otros, y tres capítulos dedicados al trabajo grupal y a las dinámicas grupales y comunitarias. La introducción está precedida por un reportaje a Monseñor Casaretto – que además de ser titular del obispado sanisidrense preside la Comisión Episcopal de Pastoral Social, de jurisdicción nacional.
Están invitados: - todos aquellos a quienes les interese el tema - prensa local. Ituzaingo 90 San Isidro - pablosexto@... TELEFAX 005411- 4575-4218 Volver al Indice
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Retiro de los jóvenes con el Obispo "Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él" (I Jn. 4,16) viernes 1º de setiembre a las 19,30 hs, hasta el domingo 3 a las 17 hs.
Como todos los años se realiza en septiembre el Retiro de los jóvenes con el obispo. Momento de encuentro y reflexión con Mons. Casaretto y los jóvenes de la diócesis.
El lugar es en la Casa de Retiros Monseñor Antonio María Aguirre, Santa Rosa 2341, Victoria.
Desde el viernes 1º de setiembre a las 19,30 hs, hasta el domingo 3 a las 17 hs.
Cerrando con la misa presidida por Mons. Casaretto. Estará acompañado por un equipo formado por jóvenes que ya han participado en otras oportunidades y un sacerdote.
Informes e inscripción: 4512-3851 4747-0277 de lunes a viernes de 17 a 20 hs o por mail a juventud@... Volver al Indice
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Seminario Catequístico Teológico SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS CURSO DE PROFUNDIZACIÓN BÍBLICA “JESÚS Y LAS PARÁBOLAS” Prof. Daniel Torino Los encuentros serán los jueves 5, 12, 19 y 26 de Octubre de 19.30 a 21.30 hs Informes e inscripción: Rodríguez Peña 765 Martínez los días miércoles de 18.00 a 21.30 hs. 4512-2143 seminariodecanatomartinez@... Volver al Indice
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ARGENTINA
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Curso sobre las causas de canonización Buenos Aires, 17 Ago. 06 (AICA) "Causas de canonización. Aspectos jurídicos y pastorales", es el título del encuentro que se llevará a cabo los días 28 y 29 de agosto, en el auditorio San Agustín, de la Universidad Católica Argentina (UCA), Alicia Moreau de Justo 1300, Buenos Aires. La presentación estará a cargo de monseñor Domingo Salvador Castagna, arzobispo de Corrientes, y la disertación corresponderá al padre Marcelo E. Méndez, O.F.M. Informes e inscripción: Facultad de Derecho Canónico, lunes a jueves de 15 a 21 y viernes de 15 a 19. Teléfono: (011) 4349-0451, 4338-0730; fax: 4349-0433; correo electrónico: canonico@... Volver al Indice
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El ISCA cumplió cuatro años en Internet
(Comunicándonos Nro 52 - ISCA) El 15 de agosto de 2002, "Fiesta de la Asunción", aparece en Internet el sitio del Instituto Superior de Catequesis Argentino (ISCA) dependiente de la Conferencia Episcopal Argentina ( www.isca.org.ar).
Dando así vida a la propuesta de formación de formadores de catequistas a través de Internet y sumándonos a la iniciativa que asume la Iglesia Católica en la evangelización mediante este medio.
Un grupo de catequistas entusiastas y con experiencia en la formación de catequistas a través de métodos convencionales pensó que no se podía desaprovechar el alcance que provoca el uso de Internet y motivados a trabajar por Cristo, se lanzaron en la construcción en un proyecto que luego de madurarse se implemento de modo piloto como espacio experimental. Actualmente continúa su crecimiento con una variada oferta de cursos y talleres, tratando de abarcar una amplia gama de temáticas que ayuden a los catequistas a formase para su misión.
“Hacer cercano lo distante” fue el lema que nos impulso en el inicio y que hoy después de nuestros primeros cuatro años seguimos intentado dar vida. Gracias por el apoyo que nos brindan.
P. José Luis Quijano Volver al Indice
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DOCUMENTACIÓN
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Benedicto XVI presenta al vidente del Apocalipsis Intervención en la audiencia general
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 23 agosto 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia de este miércoles dedicada por tercera vez al apóstol Juan, a quien en esta ocasión presentó como «El vidente de Patmos», autor del Apocalipsis. La meditación forma parte de las reflexiones que viene ofreciendo sobre los apóstoles y la Iglesia.
En audiencias precedentes ha presentado las figuras de Pedro, Andrés, Santiago el Menor, y Santiago el Mayor. * * * Queridos hermanos y hermanas: En la última catequesis habíamos meditado en la figura del apóstol Juan. En primer lugar, habíamos tratado de ver lo que se puede saber de su vida. Después, en una segunda catequesis, habíamos meditado en el contenido central de su Evangelio, de sus Cartas: la caridad, el amor. Y hoy volvemos a ocuparnos de la figura de Juan, esta vez para centrarnos en el vidente del Apocalipsis. Ante todo, hay que destacar una observación: mientras no aparece nunca su nombre en el Cuarto Evangelio o en las Cartas atribuidas al apóstol, el Apocalipsis hace referencia al nombre de Juan en cuatro ocasiones (Cf. 1,1.4.9; 22,8). Por una parte, es evidente que el autor no tenía ningún motivo para acallar su nombre y, por otra, sabía que sus primeros lectores podían identificarle con precisión. Sabemos, además, que ya en el siglo III los estudiosos discutían sobre la verdadera identidad del Juan del Apocalipsis.
Por este motivo, podremos llamarle también «el vidente de Patmos», pues su figura está ligada al nombre de esta isla del Mar Egeo, donde, según su mismo testimonio autobiográfico, se encontraba deportado «por causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús» (Apocalipsis 1, 9). Precisamente, en Patmos, caído «en éxtasis el día del Señor» (1,10), Juan tuvo visiones grandiosas y escuchó mensajes extraordinarios, que tendrán no poca influencia en la historia de la Iglesia y en toda la cultura cristiana. Por ejemplo, del título de su libro, «Apocalipsis» («Revelación») proceden en nuestro lenguaje las palabras «apocalipsis» y «apocalíptico», que evocan, aunque de manera impropia, la idea de una catástrofe que está por llegar.
El libro tiene que comprenderse en el contexto de la dramática experiencia de las siete Iglesias de Asia (Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea), que a finales del siglo I tuvieron que afrontar grandes dificultades --persecuciones y tensiones incluso internas-- en su testimonio de Cristo. Juan se dirige a ellas mostrando profunda sensibilidad pastoral por los cristianos perseguidos, a quienes exhorta a permanecer firmes en la fe y a no identificarse con el mundo pagano, tan fuerte. Su objetivo consiste, en definitiva, en desvelar, a partir de la muerte y resurrección de Cristo, el sentido de la historia humana. La primera y fundamental visión de Juan, de hecho, afecta a la figura del Cordero que, a pesar de estar degollado, permanece en pie (Cf. Apocalipsis 5, 6), en medio del trono en el que se sienta el mismo Dios. De este modo, Juan quiere dejarnos ante todo dos mensajes: el primero es que Jesús, aunque fue asesinado con un acto de violencia, en vez de quedar desplomado en el suelo, paradójicamente se mantiene firme sobre sus pies, pues con la resurrección ha vencido definitivamente a la muerte; el segundo es que el mismo Jesús, precisamente porque murió y resucitó, participa ya plenamente del poder real y salvífico del Padre. Esta es la visión fundamental. Jesús, el Hijo de Dios, en esta tierra es un Cordero indefenso, herido, muerto. Y, sin embargo, está en pie, firme, ante el trono de Dios y participa del poder divino. Tiene en sus manos la historia del mundo. De este modo, el vidente nos quiere decir: ¡tened confianza en Jesús, no tengáis miedo de los poderes opuestos, de la persecución! ¡El Cordero herido y muerto vence! ¡Seguid al Cordero Jesús, confiad en Jesús, emprended su camino! Aunque en este mundo sólo parezca un Cordero débil, ¡Él es el vencedor!
Una de las principales visiones del Apocalipsis tiene por objeto este Cordero en el momento en el que abre un libro, que antes estaba sellado con siete sellos, que nadie era capaz de soltar. Se presenta incluso a Juan llorando, pues no encontraba a nadie capaz de abrir el libro y de leerlo (Cf. Apocalipsis 5, 4). La historia se presenta como indescifrable, incomprensible. Nadie puede leerla. Quizá este llanto de Juan ante el misterio de la historia tan oscuro expresa el desconcierto de las Iglesias asiáticas por el silencio de Dios ante las persecuciones a las que estaban expuestas en ese momento. Es un desconcierto en el que bien puede reflejarse nuestra sorpresa ante las graves dificultades, incomprensiones y hostilidades que también hoy sufre la Iglesia en varias partes del mundo. Son sufrimientos que ciertamente la Iglesia no se merece, como tampoco Jesús se mereció el suplicio. Ahora bien, revelan tanto la maldad del hombre, cuando se deja llevar por las asechanzas del mal, como el gobierno superior de los acontecimientos por parte de Dios. Pues bien, sólo el Cordero inmolado es capaz de abrir el libro sellado y de revelar su contenido, de dar sentido a esta historia que aparentemente parece con frecuencia tan absurda. Él sólo puede sacar indicaciones y enseñanzas para la vida de los cristianos, a quienes su victoria sobre la muerte trae el anuncio y la garantía de la victoria que ellos también, sin duda, alcanzarán. Todo el lenguaje que utiliza Juan, cargado de imágenes fuertes, tiende a ofrecer este consuelo.
En el centro de las visiones que presenta el Apocalipsis se encuentran la imagen sumamente significativa de la Mujer, que da a luz un Hijo varón, y la visión complementaria del Dragón, que ha caído de los cielos, pero que todavía es muy poderoso. Esta Mujer representa a María, la Madre del Redentor, pero representa al mismo tiempo a toda la Iglesia, el Pueblo de Dios de todos los tiempos, la Iglesia que en todos los tiempos, con gran dolor, da a luz a Cristo de nuevo. Y siempre está amenazada por el poder del Dragón. Parece indefensa, débil. Pero. Mientras está amenazada, perseguida por el Dragón, también está protegida por el consuelo de Dios. Y esta Mujer, al final, vence. No vence el Dragón. ¡Esta es la gran profecía de este libro, que nos da confianza! La Mujer que sufre en la historia, la Iglesia que es perseguida, al final se presenta como la Esposa espléndida, imagen de la nueva Jerusalén, en la que ya no hay lágrimas ni llanto, imagen del mundo transformado, del nuevo mundo cuya luz es el mismo Dios, cuya lámpara es el Cordero.
Por este motivo, el Apocalipsis de Juan, si bien está lleno de continuas referencias a sufrimientos, tribulaciones y llanto --la cara oscura de la historia--, al mismo tiempo presenta frecuentes cantos de alabanza, que representan por así decir la cara luminosa de la historia. Por ejemplo, habla de una muchedumbre inmensa que canta casi a gritos: «¡Aleluya! Porque ha establecido su reinado el Señor, nuestro Dios Todopoderoso. Alegrémonos y regocijémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero, y su Esposa se ha engalanado» (Apocalipsis 19, 6-7). Nos encontramos ante la típica paradoja cristiana, según la cual, el sufrimiento nuca es percibido como la última palabra, sino que es visto como un momento de paso hacia la felicidad y, es más, éste ya está impregnado misteriosamente de la alegría que brota de la esperanza.
Por este motivo, Juan, el vidente de Patmos, puede concluir su libro con una última aspiración, en la que palpita una ardiente esperanza. Invoca la definitiva venida del Señor: «¡Ven, Señor Jesús!» (Apocalipsis 22, 20). Es una de las oraciones centrales de la cristiandad naciente, traducida también por san Pablo en arameo: «Marana tha». Y esta oración, «¡Ven, Señor nuestro!» (1 Corintios 16, 22) tiene varias dimensiones. Ante todo implica, claro está, la espera de la victoria definitiva del Señor, de la nueva Jerusalén, del Señor que viene y transforma el mundo. Pero, al mismo tiempo, es también una oración eucarística: «¡Ven, Jesús, ahora!». Y Jesús viene, anticipa su llegada definitiva. De este modo, con alegría, digamos al mismo tiempo: «¡Ven ahora y ven de manera definitiva!». Esta oración tiene también un tercer significado: «¡Ya has venido, Señor! Estamos seguros de tu presencia entre nosotros. Para nosotros es una experiencia gozosa. Pero, ¡ven de manera definitiva!». De este modo, con san Pablo, con el vidente de Patmos, con la cristiandad naciente, rezamos también nosotros: «¡Ven, Jesús! ¡Ven y transforma el mundo! Ven ya, hoy, y que la paz venza!». Amén.
[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas: Juan, autor del libro del Apocalipsis, se dirige a las siete Iglesias de Asía exhortándolas a permanecer firmes en la fe, ante las grandes dificultades que tuvieron que afrontar por su testimonio de Jesús. El Vidente de Patmos recibe una revelación, en la que se desvela el sentido de la historia humana a partir de la muerte y resurrección de Cristo, para infundir esperanza. Con sus imágenes fuertes y difíciles: como la del Cordero degollado que está de pie delante del trono de Dios, el libro sellado con siete sellos que sólo puede abrir el Cordero, o la visión de la Mujer que vence al dragón que la persigue, se abre el camino de una esperanza segura que culmina con la visión de la Jerusalén celeste, en donde "no habrá más muerte, ni luto, ni llanto ni dolor, porque el primer mundo ha pasado" (Ap 21, 4). Por eso, Juan, termina el libro invocando con palpitante expectación la venida definitiva del Señor: "Ven, Señor Jesús". En ella se puede entrever la impaciencia por encontrar definitivamente al Señor, a quien los cristianos han consagrado toda su vida.
Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española, en especial a las Religiosas Siervas de María Ministras de los Enfermos, a los fieles de distintas parroquias y asociaciones de España, así como a los demás peregrinos de Latinoamérica. Que vuestra peregrinación a las tumbas de los Apóstoles Pedro y Pablo os confirme en la fe y en la caridad, y os ayude a superar con esperanza las dificultades y contrariedades sufridas por dar testimonio de Cristo. ¡Que Dios os bendiga!
[© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana] ZS06082303 Volver al Indice
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Benedicto XVI: La Asunción, «signo luminoso» en un mundo que vive como si Dios no existiera Intervención en la audiencia general de este miércoles
CASTEL GANDOLFO, miércoles, 16 de agosto 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención que pronunció Benedicto XVI este miércoles durante la tradicional audiencia general celebrada en la residencia pontificia de Castel Gandolfo, dedicada a meditar sobre la solemnidad de la Asunción de la Virgen María, celebrada este 15 de agosto. * * * Queridos hermanos y hermanas:
Nuestra acostumbrada cita semanal del miércoles tiene lugar hoy en el clima de la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Quisiera, por tanto, invitaros a dirigir la mirada una vez más a nuestra Madre celestial, que la liturgia nos presentó triunfante con Cristo en el Cielo. Esta fiesta ha sido siempre muy querida por el pueblo cristiano, desde los primeros siglos del cristianismo. Como ya se sabe, celebra la glorificación incluso corporal de esa criatura a la que Dios escogió como su Madre y que Jesús en la Cruz entregó como Madre a toda la humanidad.
La Asunción evoca un misterio que nos afecta a cada uno de nosotros pues, como afirma el Concilio Vaticano II, María «antecede con su luz al Pueblo de Dios peregrinante como signo de esperanza y de consuelo» («Lumen gentium», 68). Estamos tan sumergidos en las vicisitudes de todos los días que a veces olvidamos esta consoladora realidad espiritual, que constituye una importante verdad de fe.
¿Cómo es posible hacer que este signo luminoso de esperanza sea percibido cada vez más por la sociedad actual? Hoy hay quien vive como si nunca debiera morir o como si todo acabara con la muerte; algunos se comportan considerando que el hombre es el único artífice de su destino, como si Dios no existiera, llegando a negar, en ocasiones, que haya espacio para Él en nuestro mundo. Los grandes éxitos de la técnica y de la ciencia, que han mejorado notablemente las condiciones de vida de la humanidad, no ofrecen soluciones a las preguntas más profundas del espíritu humano. Sólo la apertura al misterio de Dios, que es Amor, puede saciar la sed de verdad y de felicidad de nuestro corazón, sólo la perspectiva de la eternidad puede dar auténtico valor a los acontecimientos históricos y sobre todo al misterio de la fragilidad humana, del sufrimiento y de la muerte.
Al contemplar a María en la gloria celestial, comprendemos también que la tierra no es nuestra patria definitiva y que, si vivimos constantemente orientados hacia los bienes eternos, un día compartiremos su misma gloria. Por este motivo, a pesar de las miles dificultades cotidianas, no tenemos que perder la serenidad ni la paz. El signo luminoso de la Asunción al cielo resplandece todavía más cuando parece que en el horizonte se agolpan sombras tristes de dolor y de violencia. Estamos seguros: desde lo alto, María sigue nuestros pasos con dulce trepidación, nos da serenidad en la hora de la oscuridad y de la tempestad, nos da seguridad con su mano maternal. Apoyados en esta convicción, continuamos con confianza nuestro camino de compromiso cristiano allá donde nos lleva la Providencia.
[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. Estas fueron sus palabras en español.]
Queridos hermanos y hermanas: Recordando la festividad de ayer, la Asunción de la Virgen María, la contemplamos triunfante con Cristo en el Cielo. Esta celebración evoca un misterio que afecta a cada uno de nosotros, como enseña el Concilio Vaticano II, María «brilla ante el Pueblo de Dios en marcha, como señal de esperanza y de consuelo» (LG, 68). Sólo la apertura a la eternidad y al misterio de Dios, que es Amor, puede colmar la sed de verdad y felicidad de nuestro corazón. María, que sigue nuestros pasos, nos ayuda con su mano materna, especialmente en las dificultades diarias y las situaciones de dolor o violencia. Así podemos seguir confiados en nuestro camino cristiano.
Gracias por vuestra atención.
[Al despedirse de los peregrinos, hablando de nuevo en italiano, añadió:]
Quisiera concluir este encuentro con un recuerdo particular por el hermano Roger Schutz, fundador de Taizé, asesinado el 16 de agosto del año pasado durante la oración de la noche. Su testimonio cristiano de fe y de diálogo ecuménico ha sido una enseñanza preciosa para generaciones enteras de jóvenes. Pidamos al Señor que el sacrificio de su vida contribuya a consolidar el compromiso de paz y de solidaridad de cuantos están preocupados por el futuro de la humanidad.
[© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana] ZS06081602 Volver al Indice
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Una cuestión de vida o muerte A los hermanos que creen en Dios y a todos los hombres de buena voluntad:
Como pastores de la Iglesia, les escribimos con la preocupación y la esperanza del amor que les debemos.
Hace pocos días una señora se presentó a un sacerdote con una hija discapacitada y con profunda alegría le dijo: “Gracias, padre, hace unos años usted me ayudó a ver claro. Yo estuve a punto de abortar ante la evidencia de las malformaciones de mi hija cuando estaba en mi vientre. Usted me ayudó a no hacerlo. Hoy esta hija es la que da sentido a mi vida. Aún con su discapacidad es la alegría de nuestra familia”.
Nuestra experiencia eclesial puede mostrar miles de situaciones como ésta. ¿Cuál fue el móvil de ese sacerdote al ayudar a esa mujer? ¿Cuál es nuestro móvil al dirigirnos a las autoridades, a nuestros representantes y a todo el pueblo tratando de apostar por la vida e impedir la legalización del aborto? Créannos: sólo nos mueve el profundo amor de Dios por todos nosotros. Sólo nos mueve el deseo de valorar cada una de las vidas que se engendran y que ya son un ser constituido en el vientre de la madre.
Todos apreciamos lo que hizo la Madre Teresa por cada uno de esos seres débiles, olvidados de la sociedad, excluidos, moribundos en las calles. Esa mujer, de quien nadie puede dudar que sólo era impulsada por el amor, puso tanto empeño en ocuparse de los moribundos como en impedir que las madres cayeran en el gravísimo error de abortar a sus hijos.
Muchas veces se nos quiere hacer aparecer como retrógrados o fundamentalistas ante el tema del aborto. Se acepta y valora el trabajo de la Iglesia en favor de los pobres, pero se nos descalifica cuando defendemos el derecho a la vida. ¿Qué nos pasa como sociedad? Toda la tradición judeocristiana basada en los mandamientos de la Ley de Dios por miles de años consideró que el aborto es un crimen. ¿Qué luces ha recibido esta nueva cultura, qué revelaciones se nos han manifestado para descubrir que lo que siempre fue un mal tan grande hoy ya no lo es? También en otros tiempos hubo abortos, pero siempre se consideró que era un mal a desterrar. Las culturas cambian, pero los fundamentos esenciales de las personas permanecen. La Ley de Dios y el sentido común nos han enseñado que la vida es un gran bien que debemos preservar desde el momento que comienza.
Seguramente muchos de ustedes han visto la película en la que se ha filmado un aborto (El grito silencioso). La técnica nos permite apreciar que no hay ninguna diferencia entre destrozar el cráneo de esa pequeña criatura ya gestada o cometer el homicidio de un niño que camina por la calle.
En nuestros días se ha reavivado la polémica sobre la despenalización del aborto con motivo de situaciones muy dolorosas que afectan la vida de una joven discapacitada y de un ser inocente por nacer. Lo trágico de esta situación no puede hacernos olvidar que podemos asesinar a un inocente.
Esta polémica no es una discusión más entre tantas. Es una cuestión de fondo. Nunca, como en este caso, puede decirse que es una cuestión de vida o muerte. Tan es así, que involucra a todos los ciudadanos de cualquier credo o condición social. ¿Cuál será la opción de los argentinos? Cada uno en su conciencia debe discernir si quiere una sociedad que respete la vida de todos los seres engendrados. Los que creemos en Dios debemos darle ante todo a Él la propia respuesta. A los que no creen, los invitamos a que consideren qué les dice el sentido común frente a un ser ya engendrado que es verdadero sujeto de derechos humanos. A todos les pedimos, es más, les rogamos asumir este tema con la seriedad que se merece.
Los cristianos, como nos enseña San Pablo, no entristezcamos a Dios: no sembremos la cultura de la muerte en nuestra sociedad. Por el contrario, sembremos la esperanza y la alegría que provienen del amor de Dios por sus criaturas. Así nos lo enseñó Jesús, quien pidió al Padre que no se pierda ninguno de los hermanos.
María, que en Belén alumbró al Hijo de Dios, nos ayude a optar siempre por la vida.
Buenos Aires, miércoles 23 de agosto de 2006 144ª reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina Volver al Indice
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