| ARGENTINA |
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Gauchos y trabajadores regresaron la cruz a Luján Luján (Buenos Aires), 25 Set. 06 (AICA) Los trabajadores del Astillero Río Santiago y más de 6.000 jinetes que participaron de la 62ª Peregrinación Gaucha a Luján, escoltaron la cruz (que en junio de 2000 se había desprendido de una de las torres de la basílica) durante el recorrido que culminaría con la entrega del símbolo religioso al obispo de Mercedes-Luján, monseñor Rubén Héctor Di Monte, para ser luego exhibido en el museo del santuario. El popular desfile contó este año con la participación de unas 200 agrupaciones tradicionalistas. Ayer por la mañana, el obispo presidió la misa y se realizó un acto en el que estuvieron presentes Miguel Angel Prince, intendente de Luján, y Mario Secco, su par de Ensenada. A continuación se llevaron a cabo desfiles y bailes típicos que se prolongaron a lo largo de toda la tarde, seguidos por miles de espectadores. Volver al Indice |
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Segundo Encuentro Anual de Monaguillos Buenos Aires, 22 Set. 06 (AICA) “Jesús dice: ‘Donde estés, Yo estaré”, será el lema del Segundo Encuentro Anual de Monaguillos que se llevará a cabo mañana en el Seminario Metropolitano, José Cubas 3543, del barrio porteño de Villa Devoto. Organiza la Pastoral de Monaguillos de la arquidiócesis de Buenos Aires. Informes: (011) 4501-0017/2048 o monaguillos@... Volver al Indice |
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| MUNDO |
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Entrevista a Piotr Adamczy, protagonista de Juan Pablo II en la películaMÉXICO, miércoles, 20 septiembre 2006 (ZENIT.org-El Observador).- El actor polaco Piotr Adamczy es el protagonista de la segunda parte de la película sobre Juan Pablo II, que se estrena en México durante la presente semana. Por la buena acogida que tuvo la primera parte, cuyo final es el inicio del pontificado de Juan Pablo II, se espera que esta segunda parte, que comprende todo el pontificado del «Papa peregrino» sea acogida con mayor interés por el público. Durante la presentación a los medios y a las autoridades eclesiásticas mexicanas del filme, Zenit-El Observador tuvo oportunidad de conversar con el actor que encarna a Juan Pablo II. --¿Cómo se preparó emocionalmente para encarnar el papel de Juan Pablo II? --Piotr Adamczy: A diferencia de la primera parte, está versión fue un reto más, porque tuve muy presente, en papel que tenía que interpretar, que ya no era sólo actor, ahora se trataba de representar al escritor, al líder, al guionista, al poeta, al dramaturgo, a un hombre de gran corazón. Sin embargo, sin los preparativos técnicos hubiese sido mucho más difícil, porque ¿cómo es posible prepararse para interpretar a un hombre como él? Para interpretar al Santo Padre un elemento decisivo fue la emoción de la fe y las creencias. --¿Cómo conoció a Juan Pablo II? --Piotr Adamczy: Tuve la oportunidad de ver a Su Santidad Juan Pablo II en tres ocasiones. La primera vez fue cuando Su Santidad viajó a Polonia; yo tenía 7 años de edad. Recuerdo cómo millones de personas salieron a la calle para darle la bienvenida al Santo Padre. Yo en aquel momento pesaba demasiado para que mi mamá pudiera cargarme. Cuando el Papa se acercó en el «papamóvil» entonces salí corriendo a la calle. Quizá fue la impresión de mi imaginación infantil, pero tuve la impresión de que el Santo Padre me vio y me dio su bendición. Mi segundo encuentro con el Papa fue cuando leí sus poesías, en el Vaticano. Y la tercera vez fue unos días antes de empezar a tomar las primeras fotos para rodar la primera parte de la película, y darle a conocer que se haría una película sobre su vida. --¿Qué dijo Juan Pablo II al saber que haría una película sobre su vida? --Piotr Adamczy: No olvidaré nunca su ironía, ni el gesto que hizo tocándose su cabeza: fue un gesto de modestia. Después tuve la esperanza de que el Santo Padre se encontraría con una sorpresa al ver la película. Puedo decir que para mí, como actor, éste ha sido el trabajo más importante: representar a un hombre como el Papa. --¿Qué influencia ha tenido sobre usted el Papa? --Piotr Adamczy: Me enteré de la existencia del Papa cuando fue nombrado como representante de la Iglesia católica, siendo niño aún. Escuche las palabras que el Papa dijo estando en Polonia, «Que descienda tú espíritu sobre la faz de la tierra». Ya en aquel momento yo presentía que esas palabras iban a cambiar el rumbo del mundo, aunque no se refería directamente a la caída de la Unión Soviética. Si este tipo de convicción surgió en la cabeza de un niño, estoy convencido de que surgió en la cabeza de todos los polacos. Se puede decir que soy de la generación del Papa polaco porque toda mi vida he crecido bajo su pontificado. Para mí el Papa ha sido el hombre que ha cambiado la historia, un Papa que se atrevió a cambiar la historia de su propio país, y después la historia misma. --¿Cómo surgió la idea de una segunda parte de la vida de Juan Pablo II? --Piotr Adamczy: Al hablar de la película hay que tener en cuenta las dos partes, es una película que en su totalidad dura seis horas y que abarca toda la vida del Santo Padre. Giacomo Battiato escribió el guión, así su obra despertó el interés de muchísimas personas. Se tuvo la oportunidad de hacer tomas en los lugares pertenecientes al Vaticano, sin embargo, el apoyo más importante que tuve, fue el apoyo espiritual de la gente que estaba alrededor del rodaje. Pude hablar con ellos, y sentía apoyo en todo momento. Sabía al igual que ellos que iba a surgir una película importante, y de gran trascendencia. --¿Qué espera de está segunda parte? --Piotr Adamczy: Todas las películas concernientes a la vida del Santo Padre van a ser indudablemente comparadas. La primera parte de la película, que narra la juventud del Papa, fue grababa antes de la muerte del Santo Padre. Todos esperábamos que el Papa asistiera a la presentación, pero estaba enfermo y no pudo hacerlo. Las sucesivas películas, de otros directores surgieron después, cuando yo ya sabía que iba a trabajar en la producción de la segunda película. Por supuesto que he visto otras películas del Papa, y creo que esta muy bien que surjan tantas películas dedicadas a la vida de su Santidad, porque estoy convencido de que es nuestra obligación seguir hablando de su historia y volver a repetirla. ZS06092011 Volver al Indice |
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| SANTA SEDE |
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El Papa con musulmanes: Un encuentro que vale más que mil palabrasUn escritor iraquí presente considera que se abre una nueva etapa CASTEL GANDOLFO, lunes, 25 septiembre 2006 (ZENIT.org).- Al invitar este lunes a Castel Gandolfo a diplomáticos de veintiún países de mayoría islámica y a representantes musulmanes de Italia, Benedicto XVI era consciente de que hay gestos que dicen más que muchas palabras. Antes de que llegara el Papa, sus huéspedes en la residencia pontificia veraniega conversaron con el cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, y con los miembros de ese dicasterio de la Santa Sede, en particular con monseñor Khaled Akasheh, jefe de la Oficina para el Islam. Además, se unió a estas conversaciones monseñor Pietro Parolin, subsecretario de la Sección de la Secretaría de Estado para las Relaciones con los Estados. Los 21 países representados por los diplomáticos eran: Kuwait, Jordania, Pakistán, Qatar, Costa de Marfil, Indonesia, Turquía, Bosnia-Herzegovina, el Líbano, Yemen, Egipto, Irak, Senegal, Argelia, Marruecos, Albania, Siria, Túnez, Libia, Irán y Azerbaiyán. En la audiencia, estaba presente también el representante de la Liga de los Estados Árabes, Salid Khalid, pues la Santa Sede tiene el estatuto de observador en esta institución. Quince musulmanes participaron en representación de los miembros de la Consulta Islámica en Italia, entre quienes se encontraba el embajador italiano Mario Scialoja, y el escritor iraquí residente en este país, Younis Tawfik. En la audiencia también saludó al Papa el imam de la mezquita de Roma, Ali Salem Mohammed Salem y el secretario general del Centro Islámico Cultural de Italia, Abdellah Redouane. El discurso del Papa, en el que reafirmó que el diálogo entre musulmanes y cristianos «es una necesidad vital, de la que depende en gran parte nuestro futuro», fue acogido por un aplauso. El cardenal Poupard presentó al Santo Padre a cada uno de sus huéspedes musulmanes, entre los que había cuatro mujeres, y el Papa conversó con cada uno de ellos. El encuentro duró poco más de media hora y no faltó la foto de grupo. Tras la audiencia, Younis Tawfik, confesó que el discurso del Papa fue «emocionante e impactante, pues no quiso retomar o recalcar la polémica de los días pasados, sino pronunciar un discurso totalmente nuevo, como si quisiera dar un giro, pasar la página, dando la impresión de continuar el camino de la Iglesia por el diálogo». «Confirmó su estima por el islam, por los musulmanes, dándonos una lección de gran tolerancia, sobre todo cuando pasó a saludarnos uno a uno. Se detuvo el tiempo suficiente para preguntarle a cada uno quién era y para darle las gracias por haber venido a la audiencia», ha explicado el escritor iraquí a los micrófonos de «Radio Vaticano». Para Tawfik el discurso del Papa es muy importante en este momento en que «muchas personas sólo buscan sus intereses, entre otras cosas, fomentando el odio y el enfrentamiento». «Por el contrario, el discurso del Santo Padre ha querido evitar este enfrentamiento, ha querido invitar a todos a reflexionar sobre la importancia de la paz y los valores de la humanidad», concluyó el escritor. ZS06092506 Volver al Indice |
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| DOCUMENTACIÓN |
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El Papa hace un balance de su viaje a BavieraIntervención en la audiencia general de este miércoles CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 20 septiembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención del Papa Benedicto XVI durante la audiencia general de este miércoles dedicada a hacer un balance de su viaje apostólico a Baviera (Alemania), que realizó del 9 al 14 de septiembre. * * * Queridos hermanos y hermanas: Hoy quisiera volver a recordar los diferentes momentos del viaje pastoral que el Señor me permitió realizar la semana pasada a Baviera. Al compartir con vosotros las emociones y los sentimientos experimentados al volver a ver esos lugares tan queridos, ante todo siento la necesidad de dar las gracias a Dios por haber hecho posible esta segunda visita a Alemania y, por primera vez, a Baviera, mi tierra de origen. Doy sinceramente gracias también a todos los que han trabajado con entrega y paciencia --pastores, sacerdotes, agentes pastorales, autoridades públicas, organizadores, fuerzas de seguridad y voluntarios-- para que cada uno de los acontecimientos se desarrollara de la mejor manera posible. Como dije a la llegada al aeropuerto de Munich, el sábado 9 de septiembre, el objetivo de mi viaje consistía, recordando a todos los que han contribuido a formar mi personalidad, en reafirmar y confirmar, como sucesor del apóstol Pedro, los lazos cercanos que unen a la Sede de Roma con la Iglesia en Alemania. Por tanto, el viaje no fue un simple «regreso» al pasado, sino también una oportunidad providencial para mirar con esperanza al futuro. «Quien cree nunca está sólo»: el lema de la visita quería ser una invitación a reflexionar sobre la pertenencia de todo bautizado a la única Iglesia de Cristo, dentro de la cual uno nunca está solo, sino en constante comunión con Dios y con todos los hermanos. La primera etapa fue la ciudad de Munich, conocida como «la metrópolis con corazón» («Weltstadt mit Herz»). En su centro histórico se encuentra la «Marienplatz», la plaza de María, en la que surge la «Mariensäule», la Columna de la Virgen, en cuya cumbre está la estatua de María, en bronce dorado. Quise comenzar mi estancia con el homenaje a la patrona de Baviera, pues para mí tiene un valor sumamente significativo: en esa plaza y ante esa imagen mariana, hace unos treinta años fui acogido como arzobispo y comencé mi misión episcopal con una oración a María; allí regresé al final de mi mandato, antes de salir para Roma. Esta vez quise ponerme una vez más a los pies de la «Mariensäule» para implorar la intercesión y la bendición de la Madre de Dios, no sólo para la ciudad de Munich y para Baviera, sino para toda la Iglesia y para el mundo entero. Al día siguiente, domingo, celebré la Eucaristía en la explanada de la «Neue Messe» (Nueva Feria) de Munich, entre los fieles reunidos en gran número de diferentes partes: dejándome guiar por el pasaje evangélico del día, recordé a todos que especialmente hoy día se padece una «sordera» ante Dios. Nosotros, los cristianos, tenemos la tarea de proclamar y testimoniar a todos, en un mundo secularizado, el mensaje de esperanza que nos ofrece la fe: en Jesús crucificado, Dios, Padre misericordioso, nos llama a ser sus hijos y a superar toda forma de odio y de violencia para contribuir con el definitivo triunfo del amor. «Haznos fuertes en la fe»: fue el lema de la cita de de la tarde del domingo con los niños de primera comunión y con sus jóvenes familias, con los catequistas y con los demás agentes pastorales y personas que colaboran en la evangelización de la diócesis de Munich. Juntos celebramos las Vísperas en la histórica catedral, conocida como «Catedral de Nuestra Señora», donde se encuentran custodiadas las reliquias de san Benno, patrono de la ciudad, en la que fui ordenado obispo en 1977. A los pequeños y a los adultos les recordé que Dios no está lejos de nosotros, en algún lugar inalcanzable del universo; por el contrario, en Jesús, Él se acercó para establecer con cada uno una relación de amistad. Cada comunidad cristiana y en particular la parroquia, gracias al compromiso constante de cada uno de sus miembros, está llamada a convertirse en una gran familia, capaz de avanzar unida en el sendero de la verdadera vida. La jornada del lunes, 11 de septiembre, estuvo dedicada en buena parte a la visita a Altötting, en la diócesis de Passau. Esta pequeña ciudad es conocida como el «corazón de Baviera» («Herz Bayerns»), y allí se custodia a la «Virgen negra», venerada en la «Gnadenkapelle» (Capilla de las Gracias), meta de numerosas peregrinaciones provenientes de Alemania y de las naciones de Europa central. En las cercanías se encuentra el convento capuchino de Santa Ana, donde vivió san Konrad Birndorfer, canonizado por mi venerado predecesor, el Papa Pío XI, en el año 1934. Con los numerosos fieles presentes en la santa misa, celebrada en la plaza contigua al santuario, reflexionamos juntos sobre el papel de María en la obra de la salvación para aprender de ella la bondad servicial, la humildad y la generosa aceptación de la voluntad divina. María nos conduce a Jesús: esta verdad se hizo todavía más visible, al final del divino Sacrificio, con la procesión en la que con la estatua de la Virgen nos dirigimos a la capilla de la Adoración eucarística («Anbetungskapelle»), inaugurada en esta ocasión. La jornada se clausuró con las solemnes Vísperas marianas en la Basílica de Santa Ana de Altötting, con la presencia de los religiosos de Baviera, junto a los miembros de la Obra para las Vocaciones. Al día siguiente, martes, en Ratisbona, diócesis erigida por san Bonifacio en 739 y que tiene por patrono al obispo san Wolfgang, tuvieron lugar tres citas importantes. En la mañana, la santa misa en el Islinger Feld, en la que, retomando el tema de la visita pastoral, «Quien cree nunca está solo», reflexionamos sobre el contenido del Símbolo de la fe. Dios, que es Padre, quiere reunir a través de Cristo a toda la humanidad en una sola familia, la Iglesia. Por este motivo, quien cree nunca está solo; quien cree no tiene que tener miedo de acabar en un callejón sin salida. Luego, en la tarde, estuve en la catedral de Ratisbona, conocida también por su coro de voces blancas, los «Domspatzen» (pajarillos de la catedral), que se enorgullece por sus mil años de actividad y que, durante treinta años, fue dirigido por mi hermano Georg. Allí tuvo lugar la celebración ecuménica de la Vísperas, en la que participaron numerosos representantes de diferentes iglesias y comunidades eclesiales en Baviera y los miembros de la comisión ecuménica de la Conferencia Episcopal Alemana. Fue una ocasión providencial para rezar juntos para que se apresure la plena unidad entre todos los discípulos de Cristo y para confirmar el deber de proclamar nuestra fe en Jesucristo sin atenuantes, sino de manera total y clara, y sobre todo nuestro comportamiento de amor sincero. Para mí fue una experiencia particularmente bella en ese día pronunciar una conferencia ante un gran auditorio de profesores y de estudiantes en la Universidad de Ratisbona, en la que durante muchos años fui profesor. Con alegría pude encontrarme una vez más con el mundo universitario que, durante un largo período de mi vida, fue mi patria espiritual. Había elegido como tema la cuestión de la relación entre fe y razón. Para introducir al auditorio en el carácter dramático y actual del argumento, cité unas palabras de un diálogo cristiano-islámico del siglo XIV, en el que el interlocutor cristiano, el emperador bizantino Manuel II Paleólogo, de forma incomprensiblemente brusca para nosotros, presentaba al interlocutor islámico el problema de la relación entre religión y violencia. Por desgracia esta cita ha podido dar pie a un malentendido. Para el lector atento a mi texto queda claro que no quería en ningún momento hacer mías las palabras negativas pronunciadas por el emperador medieval en este diálogo y que su contenido polémico no expresa mi convicción personal. Mi intención era muy diferente: basándome en lo que Manuel II afirma después de forma muy positiva, con palabras muy hermosas, acerca de la racionalidad en la transmisión de la fe, quería explicar que la religión no va unida a la violencia, sino a la razón. El tema de mi conferencia --respondiendo a la misión de la Universidad-- fue por lo tanto la relación entre fe y razón: quería invitar al diálogo de la fe cristiana con el mundo moderno y al diálogo de todas las culturas y religiones. Espero que en diferentes ocasiones de mi visita, como por ejemplo en Munich, donde subrayé la importancia de respetar lo que otros consideran sagrado, haya dejado claro mi respeto profundo por las grandes religiones y en particular por los musulmanes, que «adoran a un único Dios» y junto a los cuales estamos comprometidos en «la defensa y promoción de la justicia social, los valores morales, la paz y la libertad» («Nostra Aetate», 3). Por lo tanto, confío en que, tras las reacciones del primer momento, mis palabras en la Universidad de Ratisbona representen un impulso y un aliento a un diálogo positivo, incluso autocrítico, tanto entre las religiones, como entre la razón moderna y la fe de los cristianos En la mañana del día siguiente, 13 de septiembre, en la «Alte Kapelle» («Antigua capilla») de Ratisbona, en la que se custodia la imagen milagrosa de María, pintada según la tradición local por el evangelista Lucas, presidí una breve liturgia con motivo de la bendición del nuevo órgano. Sirviéndome de la estructura de este instrumento musical, formado por muchos tubos de diferentes dimensiones, pero todos bien armonizados entre sí, recordé a los presentes la necesidad de que los diferentes ministerios, dones y carismas en la comunidad eclesial contribuyan todos, bajo la guía del Espíritu Santo, a la formación de una armonía única en la alabanza del Señor y en el amor por los hermanos. La última etapa, el jueves 14 de septiembre, fue la ciudad de Freising. Me siento particularmente ligado a la misma, pues allí fui ordenado sacerdote precisamente en su catedral, dedicada a María Santísima y a san Corbiniano, el evangelizador de Baviera. Y precisamente en la catedral se celebró el último acto programado, el encuentro con los sacerdotes y diáconos permanentes. Al revivir las emociones de mi ordenación sacerdotal, recordé a los presentes el deber de colaborar con el Señor para suscitar nuevas vocaciones que se pongan al servicio de la «mies», que hoy también es «mucha», y les exhorté a cultivar la vida interior como prioridad pastoral para no perder el contacto con Cristo, fuente de alegría en el cansancio cotidiano del ministerio. En la ceremonia de despedida, al dar las gracias una vez más a cuantos habían colaborado en la realización de la visita, confirmé nuevamente su finalidad principal: volver a proponer a mis compatriotas las eternas verdades del Evangelio y confirmar a los creyentes en la adhesión a Cristo, Hijo de Dios encarnado, muerto y resucitado por nosotros. Que María, Madre de la Iglesia, nos ayude a abrir el corazón y la mente a Quien es «el Camino, la Verdad, y la Vida» (Juan 14, 16). He rezado por esto y por esto os invito a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, a seguir rezando, y os doy gracias por el afecto con el que me acompañáis en mi ministerio pastoral cotidiano. Gracias a todos. [Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:] Queridos hermanos y hermanas: Deseo compartir hoy algunos aspectos de mi reciente viaje a Baviera, mi país natal, para dar gracias a Dios por lo que en ella me ha concedido y para infundir esperanza en el porvenir, según el lema: "Quien cree nunca está solo". Después de Munich, donde fui Arzobispo, he implorado la bendición de la Virgen María en su Santuario de Altötting. En Regensburg he encontrado a los estudiantes y profesores de la universidad, reflexionando sobre la relación entre la fe y la razón. Lamentablemente, en este contexto se ha producido un malentendido, al explicar que la religión no va unida a la violencia, sino a la razón. Mi verdadero pensamiento se desprende claramente también de otros pasajes, como cuando en Munich, con gran respeto por las grandes religiones del mundo, también por los musulmanes - que "adoran a un único Dios" -, he subrayado la importancia de respetar lo sagrado y la importancia del diálogo interreligioso y la colaboración común en favor del bien común, la justicia social y los valores morales. Finalmente, he encontrado a los sacerdotes y diáconos en la catedral de Freising, donde también yo fui ordenado presbítero. Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a las Carmelitas Misioneras que celebran su Capítulo General: que el Espíritu inspire en ellas el mejor modo de vivir su propio carisma. También a los grupos de las diócesis de Teruel-Albarracín y Huesca, acompañados de sus respectivos Obispos, así como a los Cadetes de la Armada Nacional de la Marina colombiana. Que la fe en el Dios de Jesucristo dé renovado vigor y esperanza a vuestras vidas. [© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana] ZS06092002 Volver al Indice |
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Discurso del Papa a exponentes islámicos y a embajadores de países de mayoría islámicaCASTEL GANDOLFO, lunes, 25 septiembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos el discurso que dirigió Benedicto XVI este lunes al recibir en la residencia pontificia de Castel Gandolfo a los exponentes de las comunidades musulmanas en Italia y a los embajadores de los países de mayoría islámica acreditados ante la Santa Sede. En el encuentro participó el cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. * * * Señor cardinal, señoras y señores embajadores, queridos amigos musulmanes: Con mucho gusto os doy la bienvenida en este encuentro que he deseado con el objetivo de consolidar los lazos de amistad y de solidaridad entre la Santa Sede y a las comunidades musulmanas del mundo. Doy las gracias al señor cardenal Paul Popuard, presidente del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso, por las palabras que me acaba de dirigir, así como a todos vosotros por haber respondido a mi invitación. Las circunstancias que han suscitado nuestro encuentro son bien conocidas. Ya he tenido la oportunidad de hablar de ello en la semana pasada. En este contexto particular, quisiera hoy volver a expresar toda la estima y el profundo respeto que siento por los creyentes musulmanes, recordando las afirmaciones del Concilio Vaticano II que para la Iglesia católica constituyen la «Charta Magna» del diálogo islámico-cristiano: «La Iglesia mira también con aprecio a los musulmanes que adoran al único Dios, viviente y subsistente, misericordioso y todo poderoso, Creador del cielo y de la tierra, que habló a los hombres, a cuyos ocultos designios procuran someterse con toda el alma como se sometió a Dios Abraham, a quien la fe islámica mira con complacencia» (Declaración «Nostra Aetate», n.3). Situándome con decisión en esta perspectiva, desde el inicio de mi pontificado he tenido la ocasión de manifestar mi deseo de seguir estableciendo puentes de amistad con los seguidores de todas las religiones, manifestando particularmente mi aprecio por el crecimiento del diálogo entre musulmanes y cristianos (Cf. Discurso a los representantes de las iglesias y comunidades cristianas y de otras religiones no cristianas, 25 de abril de 2005). Como subrayé en Colonia, el año pasado, «el diálogo interreligioso e intercultural entre cristianos y musulmanes no puede reducirse a una opción temporánea. En efecto, es una necesidad vital, de la cual depende en gran parte nuestro futuro» (Discurso a los representantes de algunas comunidades musulmanas, 20 de agosto de 2005). En un mundo caracterizado por el relativismo y que con demasiada frecuencia excluye la trascendencia de la universalidad de la razón necesitamos imperativamente un auténtico diálogo entre las religiones y entre las culturas capaz de ayudarnos a superar juntos todas las tensiones, con un espíritu de colaboración fecunda. Continuando la obra emprendida por mi predecesor, el Papa Juan Pablo II, deseo por tanto vivamente que las relaciones de confianza, que se han desarrollado entre cristianos y musulmanes desde hace numerosos años, no sólo continúen, sino que se desarrollen en un espíritu de diálogo sincero y respetuoso, fundado en un conocimiento recíproco cada vez más verdadero que, con alegría, reconoce los valores religiosos que tenemos en común y que, con lealtad, respeta las diferencias. El diálogo interreligioso e intercultural es una necesidad para construir juntos el mundo de paz y de fraternidad ardientemente deseado por todos los hombres de buena voluntad. En este sentido, nuestros contemporáneos esperan de nosotros un testimonio elocuente para mostrar a todos el valor de la dimensión religiosa de la existencia. Fieles a las enseñanzas de sus propias tradiciones religiosas, cristianos y musulmanes tienen que aprender a trabajar juntos, como ya sucede con diversas experiencias comunes, para evitar toda forma de intolerancia y oponerse a toda manifestación de violencia; y nosotros, autoridades religiosas y responsables políticos tenemos, que guiarles y alentarles en esta dirección. En efecto, «si en el transcurso de los siglos surgieron no pocas desavenencias y enemistades entre cristianos y musulmanes, el Sagrado Concilio exhorta a todos a que, olvidando lo pasado, procuren y promuevan unidos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres» (Declaración «Nostra Aetate», n.3). Por tanto, las lecciones del pasado tienen que ayudarnos a buscar caminos de reconciliación para vivir en el respeto de la identidad y de la libertad de cada quien, de cara a una colaboración fecunda al servicio de toda la humanidad. Como declaraba el Papa Juan Pablo II en su memorable discurso a los jóvenes en Casablanca (Marruecos), «el respeto y el diálogo exigen la reciprocidad en todos los campos, sobre todo en lo que afecta a las libertades fundamentales y más en particular a la libertad religiosa. Favorecen la paz y el entendimiento entre los pueblos» (n. 5). Queridos amigos: estoy profundamente convencido de que, en la situación que hoy atraviesa el mundo, es un imperativo el que cristianos y musulmanes se comprometan juntos para afrontar los nuevos desafíos que se plantean a la humanidad, en particular, los que afectan a la defensa y a la promoción de la dignidad del ser humano, así como a los derechos que de ella se derivan. Cuando aumentan las amenazas contra el hombre y la paz, cristianos y musulmanes manifiestan su obediencia al Creador, que quiere que todos vivan con la dignidad que les ha otorgado, reconociendo el carácter central de la persona y trabajando con perseverancia para que su vida siempre sea respetada. Queridos amigos: deseo de todo corazón que Dios misericordioso guíe nuestros pasos por los caminos de una comprensión recíproca cada vez más verdadera. En el momento en el que los musulmanes comienzan el itinerario espiritual de Ramadán, les hago llegar mis mejores deseos, esperando que el Todopoderoso les conceda una vida serena y tranquila. ¡Que el Dios de la paz os llene con la abundancia de sus bendiciones, al igual que a las comunidades que vosotros representáis! [Traducción del original francés distribuida por la Santa Sede © Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana] ZS06092503 Volver al Indice |
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