| NUESTRA PARROQUIA |
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Fiestas PatronalesLas celebraremos el sábado 14, comenzando con una procesión por las calles con la imagen de la Virgen y rezando el Rosario. Saldremos a las 18 hs desde el templo. 19.30 hs. MisaVolver al Indice |
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Unción de los enfermosLUNES 16 Misa a las 11 hs. Invitamos a los mayores de 75 años o menores enfermos, a recibir el sacramento de la unción que fortalece nuestro espíritu y nos hace crecer en la esperanza aceptando mejor la enfermedad. Volver al Indice |
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| NUESTRA DIOCESIS |
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Pastoral de monaguillosSabemos que esta experiencia, cuando es bien vivida, deja una profunda huella en la fe, por eso vemos oportuno prestarle especial atención a esta actividad, que se da en nuestras comunidades. Además ofrecemos: Un material formativo para iniciar un grupo. Hacerles llegar vía mail el Boletín mensual. Dar apoyo a aquellos agentes pastorales que estén trabajando con monaguillos o quieran iniciar un grupo. Consultas: Pastoral de Monaguillos - Seminario Metropolitano - José Cubas 3543 (1419) - Tel. 4501-0017 / 2048 monaguillos@... ------------------------------------------------------------------------- Sucesos del encuentro anual de monaguillos 2006El sábado 23 de septiembre se realizó en el Seminario Metropolitano de Villa Devoto el Segundo Encuentro Anual de Monaguillos, bajo el lema Jesús dice: “Donde estés, Yo estaré”. En el encuentro participaron 150 chicos, 22 parroquias y 2 colegios. Las parroquias son: Niño Jesús, María Madre del Redentor, Santa Teresita del Niño Jesús, Espíritu Santo, Capellanía del Hospital General de Agudos “Ignacio Pirovano”, Natividad de Maria, Madre de Dios, Sagrada Familia, Nuestra Señora de Lourdes (B), Santísimo Redentor, Ntra. Sra. de Balvanera, San José del Talar, San Judas Tadeo y San Saturnino, San Carlos, Sacratísimo Corazón de Jesús, Santa Elena, Ntra. Sra. del Carmen (C), Jesús Salvador, Centro Misionero San Francisco de Asís (F), Ntra. Sra. de Loreto, Ntra. Sra. de Caacupé (B) y Santa Margarita María Alacoque. Los Colegios San José e Inmaculada Concepción (Hijas de la Inmaculada Concepción). Al principio de la jornada y luego de presentarnos, se realizaron diversos juegos deportivos y recreativos. Además, hicimos otra actividad también muy divertida: recorrimos los momentos de la misa por todo el Seminario. Esto permitió que estemos todos juntos y que aprendamos más cosas sobre liturgia. Luego hubo una celebración de la Palabra, un ratito de adoración y la bendición con la Eucaristía. Al mediodía compartimos los infaltables panchos con gaseosa. Por la tarde fue la hora del torneo de fútbol; el equipo campeón fue el de la parroquia Santísimo Redentor. Finalizamos con una oración y con el compromiso de reencontrarnos el año que viene. Las fotos estarán muy pronto en: www.sembue.org.arVolver al Indice |
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Equipo de Pastoral JuventudNoche de Oración por los nuevos Sacerdotes "Vivan en la acción de gracias". Unidos como Iglesia, el Sábado 14 de Octubre a las 21 hs en la Parroquia Nuestra Señora de Aranzazu (Constitucion 968, San Fernando), te invitamos a rezar con y por los diáconos de la Diócesis que el viernes 27 de Octubre serán ordenados: Alejandro Rossignolo Eduardo Mangiarotti Diego Aquino Volver al Indice |
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| ARGENTINA |
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El Papa bendice el Rosario por la Argentina Buenos Aires, 9 Oct. 06 (AICA) El Papa Benedicto XVI impartió la Bendición Apostólica a los organizadores y participantes del IV Rosario por la Argentina, que se rezará el miércoles 25 de octubre en la Plaza Pizzurno de la ciudad de Buenos Aires (Rodríguez Peña al 900, frente al Ministerio de Educación), con el lema "Tu oración es la esperanza y la fuerza del cambio". La iniciativa se realiza todos los años desde 2003, con el objetivo de confiar la Patria a la eficacia del Rosario para que, fortalecida en sus raíces cristianas, vuelva a encontrar un camino de auténtica grandeza. Informes: (011) 4552-6376; prensa@...; www.rosarioporargentina.com.ar. Volver al Indice |
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Recuerdos de la peregrinación a Luján en una página web Buenos Aires, 6 Oct. 06 (AICA) El sitio en Internet www.cienciayfe.com.ar reproduce un sinnúmero de fotos de los grupos juveniles de las parroquias Madre Admirable y Nuestra Señora del Socorro, y también de la Universidad Católica Argentina, que participaron de la trigésima segunda peregrinación juvenil a pie a Luján. Volver al Indice |
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| SANTA SEDE |
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Nace una red mundial de televisiones católicasAnuncia el padre Federico Lombardi CIUDAD DEL VATICANO, martes, 26 septiembre 2006 (ZENIT.org).- El padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, aseguró este martes, durante la presentación del Primer Congreso Mundial de Televisiones Católicas, que esta iniciativa busca crear una red de colaboración entre estas realidades. «Organizamos un congreso mundial de televisiones católicas sin ambiciones centralistas directivas», dijo al presentar este encuentro que se celebrará en Madrid del 10 al 12 de octubre. El objetivo es crear comunión, hacer Iglesia y coordinarse, recalcó. Según informó, la iniciativa quiere promover «también en el mundo de la comunicación una bella experiencia de Iglesia, es decir, de unión universal en la variedad y en la diversidad». Esta idea de respeto a las culturas y diversidades también fue subrayada por Leticia Soberón Mainero, oficial del Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales, cuando recordó que un gran tema del congreso será la «identidad católica en televisión, en la diversidad de carismas y culturas». Soberón, que coordina la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL), reveló que se pide a las casi 300 televisiones católicas de las 2000 existentes en el mundo participantes en el congreso de Madrid que traigan «un programa de televisión bien hecho para darlo gratuitamente». Anunció la creación de un «banco de programas» gratuito para intercambiar precisamente producciones televisivas católicas de todo el mundo. Soberón subrayó al mismo tiempo que las televisiones más pobres también tienen material que ofrecer y recordó que uno de los objetivos del congreso es propiciar el intercambio de material entre televisiones más grandes y las más pequeñas y pobres. Más información en www.congresomundialtv.com ZS06092605 Volver al Indice |
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| DOCUMENTACIÓN |
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Benedicto XVI presenta al apóstol Bartolomé Durante la audiencia general del miércoles CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 4 octubre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles dedicada a presentar la figura del apóstol Bartolomé. * * *
Queridos hermanos y hermanas:
En la serie de los apóstoles llamados por Jesús durante su vida terrena, hoy llama nuestra atención el apóstol Bartolomé. En las antiguas listas de los doce siempre aparece antes de Mateo, mientras que cambia el nombre de quien le precede: en algunos casos es Felipe (Cf. Mateo 10,3; Marcos 3,18; Lucas 6,14) o Tomás (Cf. Hechos 1,13). Su nombre es evidentemente patronímico, pues hace referencia explícita al nombre del padre. Se trata de un nombre de características probablemente arameas, «bar Talmay», que significa «hijo de Talmay». No tenemos noticias importantes de Bartolomé. De hecho, su nombre aparece siempre y sólo dentro de las listas de los doce que antes he citado y, por tanto, no es el protagonista de ninguna narración. Tradicionalmente, sin embargo, es identificado con Natanael: un nombre que significa «Dios ha dado». Este Natanael era originario de Caná (Cf Juan 21,2) y, por tanto, es posible que haya sido testigo de algún gran «signo» realizado por Jesús en aquel lugar (Cf Juan 2,1-11). La identificación de los dos personajes se debe probablemente al hecho de que Natanael, en la escena de la vocación narrada por el Evangelio de Juan, es colocado junto a Felipe, es decir, en el puesto que tiene Bartolomé en las listas de los apóstoles referidas por los demás Evangelios. A este Natanael, Felipe le había dicho que había encontrado a «ese del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas: Jesús el hijo de José, el de Nazaret» (Juan 1, 45). Como sabemos, Natanel le planteó un prejuicio de mucho peso: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» (Juan 1,46a). Esta expresión es importante para nosotros. Nos permite ver que, según las expectativas judías, el Mesías no podía proceder de un pueblo tan oscuro, como era el caso de Nazaret (Cf. también Juan 7,42). Al mismo tiempo, sin embargo, muestra la libertad de Dios, que sorprende nuestras expectativas, manifestándose precisamente allí donde no nos lo esperamos. Por otra parte, sabemos que, en realidad, Jesús no era exclusivamente «de Nazaret», sino que había nacido en Belén (Cf. Mateo 2,1; Lucas 2,4). La objeción de Natanael, por tanto, no tenía valor, pues se fundamentaba, como sucede con frecuencia, en una información incompleta. El caso de Natanael nos sugiere otra reflexión: en nuestra relación con Jesús, no tenemos que contentarnos sólo con las palabras. Felipe, en su respuesta, presenta a Natanael una invitación significativa: «Ven y lo verás» (Juan 1,46b). Nuestro conocimiento de Jesús tiene necesidad sobre todo de una experiencia viva: el testimonio de otra persona es ciertamente importante, pues normalmente toda nuestra vida cristiana comienza con el anuncio que nos llega por obra de uno o de varios testigos. Pero nosotros mismos tenemos que quedar involucrados personalmente en una relación íntima y profunda con Jesús. De manera semejante, los samaritanos, después de haber escuchado el testimonio de la compatriota con la que Jesús se había encontrado en el pozo de Jacob, quisieron hablar directamente con Él y, después de ese coloquio, dijeron a la mujer: «Ya no creemos por tus palabras; pues nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo» (Juan 4, 42). Volviendo a la escena de la vocación, el evangelista nos dice que, cuando Jesús ve que Natanael se acerca, exclama: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño» (Juan 1,47). Se trata de un elogio que recuerda al texto de un Salmo: «Dichoso el hombre […] en cuyo espíritu no hay fraude» (Salmo 32,2), pero que suscita la curiosidad de Natanael, quien replica sorprendido: «¿De qué me conoces?» (Juan 1,48a). La respuesta de Jesús no se entiende en un primer momento. Le dice: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi» (Juan 1,48b). Hoy es difícil darse cuenta con precisión del sentido de estas últimas palabras. Según dicen los especialistas, es posible que, dado que a veces se menciona a la higuera como el árbol bajo el que se sentaban los doctores de la ley para leer la Biblia y enseñarla, está aludiendo a este tipo de ocupación desempeñada por Natanael en el momento de su llamada. De todos modos, lo que más cuenta en la narración de Juan es la confesión de fe que al final profesa Natanael de manera límpida: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel» (Juan 1, 49). Si bien no alcanza la intensidad de la confesión de Tomás con la que concluye el Evangelio de Juan: «¡Señor mío y Dios mío!» (Juan 20,28), la confesión de Natanael tiene la función de abrir el terreno al cuarto Evangelio. En ésta se ofrece un primer e importante paso en el camino de adhesión a Cristo. Las palabras de Natanael presentan un doble y complementario aspecto de la identidad de Jesús: es reconocido tanto por su relación especial con Dios Padre, del que es Hijo unigénito, como por su relación con el pueblo de Israel, de quien es llamado rey, atribución propia del Mesías esperado. Nunca tenemos que perder de vista ninguno de estos dos elementos, pues si proclamamos sólo la dimensión celestial de Jesús corremos el riesgo de hacer de Él un ser etéreo y evanescente, mientras que si sólo reconocemos su papel concreto en la historia, corremos el riesgo de descuidar su dimensión divina, que constituye su calificación propia. No tenemos noticias precisas sobre la posterior actividad apostólica de Bartolomé-Natanael. Según una información referida por el historiador Eusebio en el siglo IV, un cierto Panteno habría encontrado en la India los signos de la presencia de Bartolomé (Cf. «Historia Eclesiástica», V, 10,3). En la tradición posterior, a partir de la Edad Media, se impuso la narración de su muerte por despellejamiento, que se hizo después sumamente popular. Basta pensar en la famosísima escena del Juicio Universal de la Capilla Sixtina, en la que Miguel Ángel presentó a san Bartolomé teniendo en la mano izquierda su propia piel, en la que el artista dejó su autorretrato. Sus reliquias son veneradas aquí, en Roma, en la Iglesia que se le ha dedicado en la Isla del Tíber, adonde habrían sido traídas por el emperador alemán Otón III en el año 983. Concluyendo, podemos decir que la figura de san Bartolomé, a pesar de la falta de noticias, nos dice que la adhesión a Jesús puede ser vivida y testimoniada incluso sin realizar obras sensacionales. El extraordinario es Jesús, a quien cada uno de nosotros estamos llamados a consagrar nuestra vida y nuestra muerte. [Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:] Queridos hermanos y hermanas: En la catequesis de hoy nos fijamos en el apóstol Bartolomé, tradicionalmente identificado con Natanael. En el relato de su vocación, Felipe le anuncia que ha visto al Mesías; Natanael responde que no podía venir de un lugar corno Nazaret, corno se pensaba entonces. Con ello se resalta la libertad de Dios, que viene a nuestro encuentro precisamente allí donde los hombres no se lo imaginan. A continuación, Felipe invita a Natanael a conocer personalmente a Jesús: «iVen y verás!», le dice. Nos enseña así que, en la vida cristiana es necesario que cada uno llegue a tener una relación personal e íntima con Cristo. Después, en su diálogo con Jesús, Natanael concluirá con una confesión de fe: «Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel». Esta afirmación ilumina un doble aspecto de la identidad de Jesús: su dimensión divina en cuanto Hijo de Dios Padre, y su dimensión humana e histórica corno Rey de Israel, en cuanto Mesías esperado. No tenemos noticias precisas de la ulterior actividad apostólica de Bartolomé-Natanael, pero su figura permanece ante nosotros como testimonio de una profunda adhesión a Jesús, aún sin realizar obras extraordinarias. Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española, en especial al grupo de la Junta de Castilla y León y a los diversos grupos parroquiales de España; saludo también a los peregrinos de México y de otros Países Latinoamericanos. Os animo, siguiendo al apóstol Bartolomé, a consagraros por entero a Cristo, especialmente en la sencillez de vuestra vida cotidiana. ¡Que Dios os bendiga! [© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]Volver al Indice |
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Benedicto XVI presenta al apóstol Tomás En la audiencia general del miércoles CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 27 septiembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles dedicada a presentar la figura del apóstol Tomás.
* * * Queridos hermanos y hermanas:
Prosiguiendo nuestros encuentros con los doce Apóstoles elegidos directamente por Jesús, hoy dedicamos nuestra atención a Tomás. Siempre presente en las cuatro listas del Nuevo Testamento, es presentado en los tres primeros evangelios junto a Mateo (cf. Mt 10, 3; Mc 3, 18; Lc 6, 15), mientras que en los Hechos de los Apóstoles aparece junto a Felipe (cf. Hch 1, 13). Su nombre deriva de una raíz hebrea, «ta'am», que significa «mellizo». De hecho, el evangelio de san Juan lo llama a veces con el apodo de «Dídimo» (cf. Jn 11, 16; 20, 24; 21, 2), que en griego quiere decir precisamente «mellizo». No se conoce el motivo de este apelativo. El cuarto evangelio, sobre todo, nos ofrece algunos rasgos significativos de su personalidad. El primero es la exhortación que hizo a los demás apóstoles cuando Jesús, en un momento crítico de su vida, decidió ir a Betania para resucitar a Lázaro, acercándose así de manera peligrosa a Jerusalén (cf. Mc 10, 32). En esa ocasión Tomás dijo a sus condiscípulos: «Vayamos también nosotros a morir con él» (Jn 11, 16). Esta determinación para seguir al Maestro es verdaderamente ejemplar y nos da una lección valiosa: revela la total disponibilidad a seguir a Jesús hasta identificar su propia suerte con la de él y querer compartir con él la prueba suprema de la muerte. En efecto, lo más importante es no alejarse nunca de Jesús. Por otra parte, cuando los evangelios utilizan el verbo «seguir», quieren dar a entender que adonde se dirige él tiene que ir también su discípulo. De este modo, la vida cristiana se define como una vida con Jesucristo, una vida que hay que pasar juntamente con él. San Pablo escribe algo parecido cuando tranquiliza a los cristianos de Corinto con estas palabras: «En vida y muerte estáis unidos en mi corazón» (2 Co 7, 3). Obviamente, la relación que existe entre el Apóstol y sus cristianos es la misma que tiene que existir entre los cristianos y Jesús: morir juntos, vivir juntos, estar en su corazón como él está en el nuestro. Una segunda intervención de Tomás se registra en la última Cena. En aquella ocasión, Jesús, prediciendo su muerte inminente, anuncia que irá a preparar un lugar para los discípulos a fin de que también ellos estén donde él se encuentre; y especifica: «Y adonde yo voy sabéis el camino» (Jn 14, 4). Entonces Tomás interviene diciendo: «Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» (Jn 14, 5). En realidad, al decir esto se sitúa en un nivel de comprensión más bien bajo; pero esas palabras ofrecen a Jesús la ocasión para pronunciar la célebre definición: «Yo soy el camino, la verdad y la vida» (Jn 14, 6). Por tanto, es en primer lugar a Tomás a quien se hace esta revelación, pero vale para todos nosotros y para todos los tiempos. Cada vez que escuchamos o leemos estas palabras, podemos ponernos con el pensamiento junto a Tomás e imaginar que el Señor también habla con nosotros como habló con él. Al mismo tiempo, su pregunta también nos da el derecho, por decirlo así, de pedir aclaraciones a Jesús. Con frecuencia no lo comprendemos. Debemos tener el valor de decirle: no te entiendo, Señor, escúchame, ayúdame a comprender. De este modo, con esta sinceridad, que es el modo auténtico de orar, de hablar con Jesús, manifestamos nuestra escasa capacidad para comprender, pero al mismo tiempo asumimos la actitud de confianza de quien espera luz y fuerza de quien puede darlas. Luego, es muy conocida, incluso es proverbial, la escena de la incredulidad de Tomás, que tuvo lugar ocho días después de la Pascua. En un primer momento, no había creído que Jesús se había aparecido en su ausencia, y había dicho: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré» (Jn 20, 25). En el fondo, estas palabras ponen de manifiesto la convicción de que a Jesús ya no se le debe reconocer por el rostro, sino más bien por las llagas. Tomás considera que los signos distintivos de la identidad de Jesús son ahora sobre todo las llagas, en las que se revela hasta qué punto nos ha amado. En esto el apóstol no se equivoca. Como sabemos, ocho días después, Jesús vuelve a aparecerse a sus discípulos y en esta ocasión Tomás está presente. Y Jesús lo interpela: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente» (Jn 20, 27). Tomás reacciona con la profesión de fe más espléndida del Nuevo Testamento: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20, 28). A este respecto, san Agustín comenta: Tomás «veía y tocaba al hombre, pero confesaba su fe en Dios, a quien ni veía ni tocaba. Pero lo que veía y tocaba lo llevaba a creer en lo que hasta entonces había dudado» (In Iohann. 121, 5). El evangelista prosigue con una última frase de Jesús dirigida a Tomás: «Porque me has visto has creído. Bienaventurados los que crean sin haber visto» (Jn 20, 29). Esta frase puede ponerse también en presente: «Bienaventurados los que no ven y creen». En todo caso, Jesús enuncia aquí un principio fundamental para los cristianos que vendrán después de Tomás, es decir, para todos nosotros. Es interesante observar cómo otro Tomás, el gran teólogo medieval de Aquino, une esta bienaventuranza con otra referida por san Lucas que parece opuesta: «Bienaventurados los ojos que ven lo que veis» (Lc 10, 23). Pero el Aquinate comenta: «Tiene mucho más mérito quien cree sin ver que quien cree viendo» (In Johann. XX, lectio VI, § 2566). En efecto, la carta a los Hebreos, recordando toda la serie de los antiguos patriarcas bíblicos, que creyeron en Dios sin ver el cumplimiento de sus promesas, define la fe como «garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven» (Hb 11, 1). El caso del apóstol Tomás es importante para nosotros al menos por tres motivos: primero, porque nos conforta en nuestras inseguridades; en segundo lugar, porque nos demuestra que toda duda puede tener un final luminoso más allá de toda incertidumbre; y, por último, porque las palabras que le dirigió Jesús nos recuerdan el auténtico sentido de la fe madura y nos alientan a continuar, a pesar de las dificultades, por el camino de fidelidad a él. El cuarto evangelio nos ha conservado una última referencia a Tomás, al presentarlo como testigo del Resucitado en el momento sucesivo de la pesca milagrosa en el lago de Tiberíades (cf. Jn 21, 2). En esa ocasión, es mencionado incluso inmediatamente después de Simón Pedro: signo evidente de la notable importancia de que gozaba en el ámbito de las primeras comunidades cristianas. De hecho, en su nombre fueron escritos después los Hechos y el Evangelio de Tomás, ambos apócrifos, pero en cualquier caso importantes para el estudio de los orígenes cristianos. Recordemos, por último, que según una antigua tradición Tomás evangelizó primero Siria y Persia (así lo dice ya Orígenes, según refiere Eusebio de Cesarea, Hist. eccl. 3, 1), y luego se dirigió hasta el oeste de la India (cf. Hechos de Tomás 1-2 y 17 ss), desde donde después el cristianismo llegó también al sur de la India. Con esta perspectiva misionera terminamos nuestra reflexión, deseando que el ejemplo de Tomás confirme cada vez más nuestra fe en Jesucristo, nuestro Señor y nuestro Dios. ________________________________________ Saludos Saludo a los peregrinos de España y Latinoamérica, especialmente a los sacerdotes del Pontificio Colegio Mexicano, a los grupos parroquiales de España y Argentina, así como a los miembros del Movimiento de Schönstatt. Que Dios os ayude a aprender la gran lección de fe del apóstol Tomás, que tocando al Señor resucitado «veía y tocaba al hombre, pero confesaba su fe en Dios, a quien no veía ni tocaba». (A los fieles polacos) “Señor mío y Dios mío”: con estas palabras santo Tomás dio testimonio de la resurrección de Cristo. Acojamos con agradecimiento esta confesión. Que confirme nuestra fe, fortalezca nuestra esperanza y encienda nuestro amor. A todos os bendigo cordialmente. (A varias peregrinaciones diocesanas de Hungría) Saludo cordialmente a los peregrinos húngaros aquí presentes, especialmente a los que han venido de Budapest, Kunmadaras y Mátészalka. Que vuestra peregrinación a las basílicas de Roma refuerce vuestra fe y se convierta en fuente de crecimiento espiritual. Que Dios os bendiga. (En italiano) Se celebra hoy la Jornada mundial del turismo, fenómeno social importante en el mundo contemporáneo. Ojalá que el turismo promueva cada vez más el diálogo y el respeto recíproco de las culturas, transformándose así en una puerta abierta a la paz y a la convivencia armoniosa. Como de costumbre, mi pensamiento va por último a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. Que el ejemplo de caridad de san Vicente de Paúl, cuya memoria se celebra hoy, os impulse a vosotros, queridos jóvenes, a realizar los proyectos de vuestro futuro en un gozoso y desinteresado servicio al prójimo. A vosotros, queridos enfermos, os ayude a afrontar el sufrimiento como vocación particular de amor; y a vosotros, queridos recién casados, os impulse a construir una familia siempre abierta al don de la vida y a los pobres. [© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana] Volver al Indice |
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Columna del Obispo - Octubre de 2006La familia, principal sustento de la sociedad Queridos amigos, en diversas oportunidades les manifesté que la lectura y reflexión de la Doctrina Social de la Iglesia puede ayudarnos al discernimiento frente a los complejos acontecimientos que caracterizan nuestro tiempo. Es por tal motivo que deseo abordar nuevamente un tema desarrollado allí. Con frecuencia asistimos a comprometidos debates que intentan identificar las causas de tantos signos de violencia en nuestra sociedad. Es evidente que estaríamos simplificando el problema si aseguráramos que hay un motivo único. No obstante, sí es posible reflexionar sobre alguno de ellos. Para entender qué nos pasa como sociedad, debemos pensar qué nos pasa como familia. Una vez más, los invito a meditar juntos sobre una realidad concreta que venimos padeciendo desde hace unos años. ¿Cuántas familias tienen la oportunidad de compartir la mesa diariamente? Ese momento tan particular ha sido reemplazado, en muchos hogares, por la televisión, por el comedor comunitario o, en otros casos, porque cada miembro de la familia almuerza o cena solo según sus horarios y compromisos. Este simple hecho, cotidiano y doméstico, es una de las consecuencias más significativas y alarmantes del modo en que se vive en la actualidad. La familia fue tradicionalmente, y debe seguir siéndolo, el ámbito en donde uno comienza a desarrollarse como ser social, allí descubrimos la necesidad de compartir, de cooperar, de respetar. Es allí, donde comenzamos a entender la existencia de un "nosotros", superando individualismos y egoísmos. Este espacio de comunión tiene un único sustento posible: el amor. Gracias a él, cada persona es "reconocida, aceptada y respetada". Una sociedad a medida de la familia es la mejor garantía contra toda tendencia de tipo individualista o colectivista, porque en ella la persona es siempre el centro de la atención en cuanto fin y nunca como medio. (cf CDSI 213) En este contexto las relaciones entre sus miembros no están subordinadas a un contrato, tal como ocurre en otras instituciones. Las obligaciones que cada uno asume emanan de un compromiso muy profundo, fruto de una verdadera comunión "fundada sobre un pacto conyugal y estructurada por las relaciones que derivan de la generación o adopción de los hijos". (cf CDSI 212) Así como el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios, la familia tiene su fuente y origen en la Trinidad, prototipo de toda comunidad. Dios no es un ser solitario e incomunicado, nosotros tampoco estamos llamados a serlo. La familia es integrante de una sociedad, y aparece como una estructura imprescindible. Una comunidad formada por familias que han desarrollado lazos de amor, es una comunidad sólida, atenta a las necesidades del prójimo, dispuesta a convertirse en voz de quienes han sido relegados. Que María, modelo de madre, proteja a nuestras familias para que sean capaces de construir una sociedad más justa y solidaria. + Jorge Casaretto Obispo de San Isidro Volver al Indice |
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