PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
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Noticias desde la Parroquia de Fátima
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14 de noviembre de 2006 - Año IX - N° 342 |
INDICE
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NUESTRA PARROQUIA
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ARGENTINA
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Cambio de Horarios de Misas
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92 Asamblea Plenaria de la CEA
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NUESTRA DIÓCESIS
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El Papa nombró dos nuevos obispos
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Teléfono de la Esperanza
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MUNDO
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Equipo Diocesano de Ecumenismo
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Encuesta sobre informática al servicio de la evangelización
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Edicom
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DOCUMENTACIÓN
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Benedicto XVI: Jesucristo, centro de la vida de san Pablo
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Servicios de Noticias
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NUESTRA PARROQUIA
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Cambio de Horarios de Misas El SABADO 2 de diciembre, es la última misa de 19.30 hs. ya que pasa a las 20 hs. hasta el segundo domingo de marzo El DOMINGO 3 de diciembre, es la última misa de 18.30 hs. que se suspende hasta el segundo domingo de marzo. Volver al Indice
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NUESTRA DIOCESIS
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Teléfono de la Esperanza 4743 - 0050 LAS 24 HORAS CUMPLE 9 AÑOS DE SERVICIO DIOCESANO 1997 - 17 de noviembre - 2006
El Teléfono de la Esperanza cumple 9 años de servicio diocesano. Por resta razón celebrarán una Misa el día viernes 17 de noviembre a las 19,30 horas, en la Parroquia San Pedro y San Pablo, Entre Ríos 1791, Olivos. Posteriormente el P. Contepomi y dos voluntarios darán una charla informativa sobre el sentido pastoral del servicio. El Teléfono de la Esperanza es un servicio que tiene una línea abierta para escuchar las necesidades de todos aquellos que por diferentes motivos necesitan ayuda. Desde el otro lado de esta línea telefónica y con un oído atento y corazón abierto tratarán de dar una mano, escuchando y conectando a las personas con centros especializados, con las parroquias o instituciones asistenciales que necesiten.
ESPERANZA PARA TODOS 4743-0050 Volver al Indice
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Equipo Diocesano de Ecumenismo ENCUENTRO Y RETIRO ECUMÉNICO
"Para que todos sean uno. Como tu, Padre, en mí, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tu me has enviado" (Jn.17,21)
ENCUENTRO ECUMÉNICO 21 DE NOVIEMBRE - 19,50 HS. -
El martes 21 de noviembre a las 19,50 horas, se realizará el Encuentro Ecuménico mensual de Oración. Tendrá lugar en la Iglesia Presbiteriana San Andrés, Acassuso 1131, Olivos. Participarán además de la iglesia anfitriona, las iglesias: Evangélica del Río de La Plata, Bautista de La Lucila, La Anglicana de San Miguel y todos Los Ángeles y la Católica Apostólica Romana.
RETIRO ECUMÉNICO 25 DE NOVIEMBRE DE 9 A 16 HS.
Tendrá lugar el 25 de noviembre de 9 a 16 hs. en la Iglesia Unida, Av. Santa Fé 839, Acassuso. Estará predicado por los pastores miembros del grupo ecuménico.
La comida es a la canasta. El costo de la inscripción es de $10.
Inscripción: lunes a jueves de: 14 a 16 horas. Teresa Ochoa 4743-1862 16.30 a 18.30 horas. Norberto Larrosa 4743-1060 Volver al Indice
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Edicom Queridos amigos: Queremos compartir con cada uno de ustedes el cierre de las actividades realizadas, durante el año 2006, en la Escuela Diocesana de Comunicación (ESDICOM) . Por tal motivo, los invitamos a acercarse el sábado 25 de noviembre a las 10:00 hs. a la Casa Pastoral, Ituzaingó 90, San Isidro. Daremos gracias por las experiencias vividas a lo largo del año, entregaremos los certificados a los alumnos que durante 2006 han participado de los cursos de: Comunicación, Diseño Gráfico, Radio y Pastoral de la Comunicación, y pondremos en manos de Jesús nuestros proyectos. ¡Los esperamos! Afectuosamente,
Pbro. Carlos Pimentel Asesor del EDICOM Lic. Mariana Barreiro Coordinadora de ESDICOM Volver al Indice
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ARGENTINA
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92 Asamblea Plenaria de la CEA Piden que la ley educativa no excluya la referencia a Dios Pilar (Buenos Aires), NOV 11 (AICA): La 92ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina culminó seis días de deliberaciones en la casa de ejercicios El Cenáculo – La Montonera, de Pilar, con la difusión de una carta “al pueblo de Dios, a los legisladores y autoridades, y a todos los hombres de buena voluntad”, donde solicitan que la futura ley de educación nacional sea “para todos los argentinos” y posibilite “a cada educando de conocer, amar y creer en Dios, Creador y Padre de todos”.
También recordaron que “corresponde al Estado, sobre la base del principio de justicia distributiva, financiar de manera equitativa tanto la educación de gestión estatal como la de gestión privada”, y advirtieron que “la necesidad real de superar un sistema educativo fragmentado no debe justificar una intervención excesiva del Estado Nacional sobre las autonomías provinciales”.
Texto de la declaración 1. Los obispos argentinos reunidos en la Asamblea Plenaria queremos recordar algunos criterios con la intención de contribuir a que la nueva Ley de Educación Nacional, de próxima sanción, sea un instrumento eficaz para la formación de las futuras generaciones de argentinos y, por tanto, para el bien común de la Patria.
2. La educación es un bien público y es también un bien personal y social. Todos, sin exclusión alguna, tienen derecho a una educación de calidad. El Estado, por su parte, para sostener y respaldar la libertad de enseñanza garantizada por la Constitución Nacional, mantiene y preserva un único sistema de educación pública con dos subsistemas: el de gestión estatal y el de gestión privada.
3. El rol principal y subsidiario del Estado debe conjugarse con el derecho natural e inalienable de los padres a elegir para sus hijos una educación que responda a sus propias convicciones y creencias, sin discriminación alguna. Resulta irrenunciable sostener el principio de libertad de conciencia como un derecho de las familias, de los educadores y de los educandos.
4. Una concepción integral de la educación incluye necesariamente la dimensión trascendente del hombre. Nuestros niños y jóvenes merecen una Ley de educación que contemple en plenitud las aspiraciones de la persona, que no sólo se expresa en su dimensión social, laboral y científica, sino que busca las alturas de un horizonte cultural, espiritual y religioso. En este sentido, aspiramos a que una ley de educación para todos los argentinos dé la posibilidad a cada educando de conocer, amar y creer en Dios, Creador y Padre de todos.
5. El sentir común de la sociedad es que la escuela en Argentina esté al servicio de un desarrollo pleno del hombre como persona en sus dimensiones física, intelectual y afectiva, sociocultural, espiritual y religiosa, sin descuidar el aspecto laboral y comunitario. La educación constituye el fundamento indispensable de una sociedad más justa y solidaria que se sustenta en los valores de paz, libertad, igualdad, solidaridad y búsqueda del bien común.
6. La educación es para todos, y todos tienen derecho a iguales oportunidades. Corresponde al Estado, sobre la base del principio de justicia distributiva, financiar de manera equitativa tanto la educación de gestión estatal como la de gestión privada. Por otra parte, la necesidad real de superar un sistema educativo fragmentado no debe justificar una intervención excesiva del Estado Nacional sobre las autonomías provinciales.
7. Ante la inminencia del tratamiento de la Ley de Educación en el Congreso de la Nación, rogamos a todo el pueblo de Dios, a los hombres de buena voluntad, especialmente a los padres de familia y a los educadores, que se comprometan a sostener los principios que hemos recordado y a los cuales han adherido más de trescientas cincuenta mil personas, muchas de ellas pertenecientes a distintos credos y otras instituciones. Consideramos que los mismos son fundamentales para que la nueva Ley sea el instrumento adecuado en orden a construir una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común.
8. A las autoridades que intervienen en la elaboración y sanción de la ley les solicitamos que asuman estos principios y los incluyan en el contenido de la misma.
9. Pedimos a todas nuestras comunidades que recen insistentemente para que Dios, el Señor de la historia, ilumine a quienes tienen la grave responsabilidad de sancionar esta Ley, y encomendamos de un modo especial estas intenciones a Nuestra Señora de Luján, Patrona de la Patria.+ Volver al Indice
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El Papa nombró dos nuevos obispos Buenos Aires, NOV 14 (AICA): El Santo Padre Benedicto XVI designó hoy a dos nuevos obispos en el país. Se trata de monseñor Pedro María Laxague, de 54 años, actualmente vicario general de la arquidiócesis de Bahía Blanca, a quien el Papa nombró obispo titular de Castra Saveriana y auxiliar de de Bahía Blanca; y de monseñor Luis Urbanc, de 48 años, actualmente rector del Seminario de Tucumán, a quien Benedicto XVI designó obispo coadjutor de Catamarca.
La información se conoció esta mañana en forma simultánea en Roma y en Buenos Aires. En esta capital lo hizo el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, a través de la agencia AICA.
Monseñor Pedro María Laxague El electo obispo auxiliar de Bahía Blanca, sexto de diecinueve hermanos, nació en Coronel Pringles, provincia de Buenos Aires, el 4 de septiembre de 1952, de padres de nacionalidad francesa.
Fue bautizado al día siguiente de su nacimiento, el 5 de septiembre de 1952, en la parroquia Santa Rosa de Lima, de Coronel Pringles.
Hizo sus estudios primarios y secundarios en el colegio salesiano San Pedro, de Fortín Mercedes. Obtuvo el título de Bachiller en el colegio Don Bosco, de Bahía Blanca y el de Ingeniero Civil en la Universidad Nacional del Sud, de Bahía Blanca.
Después de una corta estadía de seis meses en el Monasterio Benedictino “Notre Dame de Fontgombault”, Francia, inició sus estudios eclesiásticos en la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino (“Angélicum”) de Roma, donde obtuvo el título de Bachiller en Filosofía y en Teología, y en 1991 el de Licenciado en Derecho Canónico.
El 16 de agosto de 1988 el arzobispo de Bahía Blanca, monseñor Jorge Mayer, lo ordenó diácono, y el 15 de julio de 1989 el mismo arzobispo lo ordenó sacerdote en la parroquia Santa Rosa de Lima, de Coronel Pringles.
El 24 de septiembre de 1991, al tomar posesión el nuevo arzobispo de Bahía Blanca, monseñor Rómulo García, lo nombró Canciller de la arquidiócesis, presidente de la Comisión Judicial Arquidiocesana y Juez Instructor, cargos que sigue ocupando, además de ser miembro por derecho del Consejo Presbiteral, del Colegio de Consultores, del Consejo Arquidiocesano de Asuntos Económicos, Delegado episcopal para la Pastoral Familiar, Asesor arquidiocesano del Movimiento Familiar Cristiano (MFC) y de los Encuentros Conyugales, Asesor de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), y Asesor de la Comisión arquidiocesana de Pastoral Universitaria.
Recientemente fue nombrado Delegado Episcopal de la Zona Centro. También es Asesor de la Comisión Arquidiocesana de Pastoral Social e integrante del Consejo Promotor del Plan Estratégico de Bahía Blanca.
Es miembro de la Junta Nacional de Pastoral Familiar, en representación de la Arquidiócesis de Bahía Blanca.
Se desempeñó como Administrador Parroquial, al frente de las parroquias de Rivera y Villa Maza, de Coronel Dorrego y Nuestra Señora de Lourdes, de Bahía Blanca. Lo hizo también temporariamente en Médanos, Villa Iris y San Luis Gonzaga, de Bahía Blanca. Desde 2003 atiende pastoralmente la comunidad de la capilla Nuestra Señora de Fátima, de Aldea Romana.
También actuó en el Comité de Bioética del Hospital Regional Italiano de Bahía Blanca.
Desde el 2 de septiembre de 2004 es vicario general de la arquidiócesis de Bahía Blanca.
En el año 2000 el papa Juan Pablo II lo distinguió con el título pontificio de Prelado de Honor de Su Santidad.
Dos hermanos obispos Es hermano del obispo de Viedma, monseñor Esteban María Laxague, salesiano de 49 años, circunstancia que se repite por segunda vez en el episcopado argentino. El caso anterior fue el de monseñor Alfonso María Buteler, primer arzobispo de Mendoza (1940-1973), y su hermano monseñor Leopoldo Buteler, primer obispo de Río Cuarto (1934-1961).
Monseñor Luis Urbanc El electo obispo coadjutor de Catamarca, monseñor Luis Urbanc, nació en Buenos Aires el 25 de julio de 1958 en una familia de inmigrantes de Eslovenia. Cuando sólo tenía un año de edad, los padres de trasladaron a la ciudad de Trancas (Tucumán), donde comenzó su escuela primaria en la Escuela Nacional Nº 8.
A los 10 años ingresó en el Seminario Menor San José, de Tucumán, donde recibió el título de bachiller humanista. En 1976 pasó al Seminario Mayor Nuestra Señora de las Mercedes y San José, donde recibió toda su formación filosófica y teológica y recibió el título de Bachiller en Filosofía y Teología.
El 30 de mayo de 1982 fue ordenado sacerdote.
Entre 1982 y 1984 fue Vicario Parroquial en las parroquias Nuestra Señora del Carmen, El Santo Cristo y San Roque, de Tucumán.
En 1984 fue enviado a Roma para perfeccionar sus estudios. Allí obtuvo la licenciatura en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico.
De regreso a Tucumán, en 1987 comenzó a ejercer como profesor en el Seminario Mayor, actividad que aún mantiene.
Sin dejar nunca la enseñanza, fue párroco de San Pío X entre los años 1989 y 1992, y de Nuestra Señora de Fátima de 1993 a 1995.
En 1996 fue designado rector del Seminario Mayor Interdiocesano de Tucumán.
Fue también Asesor arquidiocesano de la Acción Católica Argentina por varios trienios de jóvenes, adultos y universitarios; Asesor de grupos del Movimiento Familiar Cristiano, del que actualmente es Asesor Arquidiocesano; capellán del Hospital Centro de Salud (1983-1984); Capellán de la Sala Cuna (1988-1989); Miembro del Consejo Presbiteral (1994-2006); Decano por el decanato III (1993-1995); Miembro del Colegio de Consultores (1993-2006); iembro del Consejo Arquidiocesano de Pastoral (2002-2004); y Secretario Canciller del Arzobispado (1993-2001).
El 7 de octubre de 2000 el papa Juan Pablo II lo distinguió con el título pontificio de Prelado de Honor de Su Santidad.+ Volver al Indice
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MUNDO
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Encuesta sobre informática al servicio de la evangelización Lanzada por la RIIAL en preparación de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 8 noviembre 2006 (ZENIT.org).- La informática es un instrumento válido para la evangelización. Con esta convicción, la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL) acaba de lanzar una encuesta que busca comprender los niveles y la tecnología informáticos entre los católicos del continente.
En el marco de la preparación de la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano que se celebrará en Aparecida, Brasil, en mayo de 2007, la RIIAL considera que «resulta de gran importancia conocer el parecer de la comunidad eclesial sobre diversos temas, entre los cuales se encuentra también la informática al servicio de la Evangelización».
La encuesta se encuentra en el siguiente enlace: http://www.riial.org/aplicativos/phpsurveyor/index.php?sid=24&token=0309026055 ZS06110811 Volver al Indice
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DOCUMENTACIÓN
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Benedicto XVI: Jesucristo, centro de la vida de san Pablo Intervención durante la audiencia general del miércoles
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 8 noviembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles en la que continuó adentrándose en la personalidad del apóstol Pablo. En esta ocasión analizó «La centralidad de Jesucristo». * * * Queridos hermanos:
En la catequesis precedente, hace quince días, traté de trazar las líneas esenciales de la biografía del apóstol Pablo. Hemos visto cómo el encuentro con Cristo en la carretera de Damasco revolucionó literalmente su vida. Cristo se convirtió en su razón de ser y en el motivo profundo de todo su trabajo apostólico. En sus cartas, después del nombre de Dios, que aparece más de quinientas veces, el nombre mencionado con más frecuencia es el de Cristo (380 veces). Por tanto, es importante que nos demos cuenta de cómo Jesucristo puede influir en la vida de una persona y, por tanto, también en nuestra misma vida. En realidad, Jesucristo es el ápice de la historia de la salvación y por tanto el verdadero punto discriminante en el diálogo con las demás religiones.
Al ver el ejemplo de Pablo, podremos formular así el interrogante de fondo: ¿cómo tiene lugar el encuentro de un ser humano con Cristo? ¿En qué consiste la relación que se deriva del mismo? La respuesta que ofrece Pablo puede ser comprendida en dos momentos.
En primer lugar, Pablo nos ayuda a comprender el valor fundamental e insustituible de la fe. En la Carta a los Romanos escribe: «Pensamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la ley» (3, 28). Y en la Carta a los Gálatas: «el hombre no se justifica por las obras de la ley sino sólo por la fe en Jesucristo, por eso nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley nadie será justificado» (2,16). «Ser justificados» significa ser hechos justos, es decir, ser acogidos por la justicia misericordiosa de Dios, y entrar en comunión con Él, y por tanto poder establecer una relación mucho más auténtica con todos nuestros hermanos: y esto en virtud de un perdón total de nuestros pecados. Pues bien, Pablo dice con toda claridad que esta condición de vida no depende de nuestras posibles buenas obras, sino de la pura gracia de Dios: «Somos justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús» (Romanos 3, 24).
Con estas palabras, san Pablo expresa el contenido fundamental de su conversión, la nueva dirección que tomó su vida como resultado de su encuentro con Cristo resucitado. Pablo, antes de la conversión, no era un hombre alejado de Dios ni de su Ley. Por el contrario, era un observante, con una observancia que rayaba en el fanatismo. Sin embargo, a la luz del encuentro con Cristo comprendió que con ello sólo se había buscado hacerse a sí mismo, su propia justicia, y que con toda esa justicia sólo había vivido para sí mismo. Comprendió que su vida necesitaba absolutamente una nueva orientación. Y esta nueva orientación la expresa así: «la vida, que vivo al presente en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gálatas 2, 20).
Pablo, por tanto, ya no vive para sí mismo, para su propia justicia. Vive de Cristo y con Cristo: dándose a sí mismo; ya no se busca ni se hace a sí mismo. Esta es la nueva justicia, la nueva orientación que nos ha dado el Señor, que nos da la fe. ¡Ante la cruz de Cristo, expresión máxima se su entrega, ya no hay nadie que pueda gloriarse de sí, de su propia justicia! En otra ocasión, Pablo, haciendo eco a Jeremías, aclara su pensamiento: «El que se gloríe, gloríese en el Señor» (1 Corintios 1, 31; Jeremías 9,22s); o también: «En cuanto a mí ¡Dios me libre gloriarme si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por la cual el mundo es para mí un crucificado y yo un crucificado para el mundo!» (Gálatas 6,14).
Al reflexionar sobre lo que quiere decir no justificarse por las obras sino por la fe, hemos llegado al segundo elemento que define la identidad cristiana descrita por san Pablo en su propia vida. Identidad cristiana que se compone precisamente de dos elementos: no buscarse a sí mismo, sino revestirse de Cristo y entregarse con Cristo, y de este modo participar personalmente en la vida del mismo Cristo hasta sumergirse en Él y compartir tanto su muerte como su vida.
Pablo lo escribe en la Carta a los Romanos: «Fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte… Fuimos con él sepultados… somos una misma cosa con él… Así también vosotros, consideraos como muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús» (Romanos 6, 3.4.5.11). Precisamente esta última expresión es sintomática: para Pablo, de hecho, no es suficiente decir que los cristianos son bautizados, creyentes; para él es igualmente importante decir que ellos «están en Cristo Jesús» (Cf. también Romanos 8,1.2.39; 12,5; 16,3.7.10; 1 Corintios 1, 2.3, etcétera).
En otras ocasiones invierte los términos y escribe que «Cristo está en nosotros/vosotros» (Romanos 8,10; 2 Corintios 13,5) o «en mí» (Gálatas 2,20). Esta compenetración mutua entre Cristo y el cristiano, característica de la enseñanza de Pablo, completa su reflexión sobre la fe. La fe, de hecho, si bien nos une íntimamente a Cristo, subraya la distinción entre nosotros y Él. Pero, según Pablo, la vida del cristiano tiene también un elemento que podríamos llamar «místico», pues comporta ensimismarnos en Cristo y Cristo en nosotros. En este sentido, el apóstol llega a calificar nuestros sufrimientos como los «sufrimientos de Cristo en nosotros» (2 Corintios 1, 5), de manera que «llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús, a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo» (2 Corintios 4,10).
Todo esto tenemos que aplicarlo a nuestra vida cotidiana siguiendo el ejemplo de Pablo que vivió siempre con este gran horizonte espiritual. Por una parte, la fe debe mantenernos en una actitud constante de humildad ante Dios, es más, de adoración y de alabanza en relación con Él. De hecho, lo que somos como cristianos sólo se lo debemos a Él y a su gracia. Dado que nada ni nadie puede tomar su lugar, es necesario por tanto que a nada ni a nadie rindamos el homenaje que le rendimos a Él. Ningún ídolo tiene que contaminar nuestro universo espiritual, de lo contrario en vez de gozar de la libertad alcanzada volveremos a caer en una forma de esclavitud humillante. Por otra parte, nuestra radical pertenencia a Cristo y el hecho de que «estamos en Él» tiene que infundirnos una actitud de total confianza y de inmensa alegría.
En definitiva, tenemos que exclamar con san Pablo: «Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros?» (Romanos 8, 31). Y la respuesta es que nada ni nadie «podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 8,39). Nuestra vida cristiana, por tanto, se basa en la roca más estable y segura que puede imaginarse. De ella sacamos toda nuestra energía, como escribe precisamente el apóstol: «Todo lo puedo en Aquel que me conforta» (Fi1ipenses 4,13).
Afrontemos por tanto nuestra existencia, con sus alegrías y dolores, apoyados por estos grandes sentimientos que Pablo nos ofrece. Haciendo esta experiencia, podemos comprender que es verdad lo que el mismo apóstol escribe: «yo sé bien en quién tengo puesta mi fe, y estoy convencido de que es poderoso para guardar mi depósito hasta aquel día», es decir, hasta el día definitivo (2 Timoteo 1,12) de nuestro encuentro con Cristo, juez, salvador del mundo y nuestro.
[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. Estas fueron sus palabras en español:]
Queridos hermanos y hermanas: Después de haberse encontrado con Cristo en el camino de Damasco, Él fue para Pablo el centro de toda su vida y de su actividad apostólica. El Apóstol se percató de la importancia insustituible de la fe, es decir, que nadie puede alcanzar la salvación por los propios medios, sino sólo por la gracia de Dios que nos llega mediante la redención de Jesucristo. Éste es nuestro punto de apoyo vital, que no pretende reivindicar nada a Dios, sino esperar todo de Él. Otro aspecto importante de la fe es que, para el cristiano, no basta ser creyente o bautizado, sino que comporta estar "en Cristo Jesús". Se trata de una mutua compenetración con Él, que lleva a vivir en la propia carne su vida, su muerte y resurrección. Esta experiencia esencial nos invita a ser humildes ante Dios, a alabarlo por la gracia insondable que nos ha dado, a la vez que nos infunde inmensa alegría y confianza, pues, como dice el Apóstol, "todo lo puedo en aquél que me conforta" (Flp 4, 13).
Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a las Siervas de María Ministras de los Enfermos, al grupo de la Fundación Casa Museu, de Mallorca, España, y a la "Scuola Italiana" de Chile, así como a los demás participantes de España, México y otros países latinoamericanos.
Muchas gracias por vuestra atención.
[© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana] ZS06110804 Volver al Indice
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Mar, 14 de Nov, 2006 9:57 pm
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