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PARROQUIA NUESTRA
SEÑORA DE FÁTIMA
Diócesis
de San Isidro |
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Noticias desde la Parroquia de Fátima |
27 de noviembre de 2006 - Año IX - N° 344 |
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Índice
de Noticias |
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NUESTRA PARROQUIA |
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Cambio de Horarios de Misas |
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Mantenimiento y arreglos Necesitamos ayudarlo a
rejuvenecer,
para que pueda seguir
sirviendo de la mejor manera.
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La tarea es grande pero no
imposible. Podremos hacerlo de a poco, en la medida de nuestras
posibilidades….y por supuesto…¡con la
generosidad de todos! |
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NUESTRA DIÓCESIS |
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María del
Rosario de San Nicolás
vuelve a Victoria en su 10º año La comunidad de Nuestra Señora de La Guardia de la
Obra de don Orione, en Victoria,
nuevamente, por décimo año recibe desde el
2 de diciembre hasta el 15 de este mes a |
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A lo largo de estas dos semanas rezaremos por las diferentes
organizaciones y necesidades de nuestra patria. El Acto Central será el día 8 de diciembre en INFORMES: |
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Año Jubilar Diocesano El próximo 3 de diciembre se abre nuestro Año Jubilar Diocesano al
cumplirse 50 años de la erección de la Diócesis. Les acercamos un
material que esperamos les sea útil, para celebrarlo. |
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ORACION DEL JUBILEO DIOCESANO Señor Jesucristo, al celebrar los 50 años de la diócesis de San Isidro
reconocemos tu presencia en nuestra historia. Queremos darte gracias porque has permanecido en nosotros: en la transmisión de la fe y la celebración de la Pascua, en el encuentro fraterno y en
la oración de nuestras comunidades, en la solidaridad y el
servicio a nuestros hermanos, en el anuncio de tu Buena Nueva. Queremos permanecer en Ti, amándote con pasión y encontrando en ese mismo amor la fuente inspiradora de todos nuestros compromisos misioneros. Queremos dar mucho fruto sembrando con confianza tu Palabra mientras caminamos hacia el encuentro definitivo contigo en la Vida eterna. A María, Madre de Dios y Madre nuestra, a nuestro patrono San Isidro, labrador de esta Viña que es tu Pueblo, confiamos nuestra oración. Amén. |
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Encuentro de Oración "María con nosotros" Las parroquias del decanato de San Isidro,
invitan a todas las familias a participar de este momento de oración. 18,00 hs. Recepción de imágenes. 18,30 hs. Rosario iluminado. 20,00 hs. Misa presidida por el Obispo Mons.
Jorge Casaretto. Lugar: PARROQUIA SANTO CRISTO - Liniers al 800. Barrio Las Casitas |
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DOCUMENTACIÓN |
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Benedicto
XVI presenta la visión de san Pablo
sobre «La vida en la Iglesia» CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 22
noviembre 2006 (ZENIT.org).-
Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este
miércoles dedicada presentar la visión de san Pablo apóstol sobre «La vida en
la Iglesia». |
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Queridos hermanos y hermanas:
¡La historia nos demuestra que se llega
normalmente a Jesús pasando a través de la Iglesia! En cierto sentido, es lo
que también le sucedió --como decíamos-- a Pablo, quien encontró a la Iglesia
antes de encontrar a Jesús. Ahora bien, en su caso, este contacto fue
contraproducente: no provocó la adhesión, sino más bien una repulsión
violenta. Para Pablo, la adhesión a la Iglesia fue
propiciada por una intervención directa de Cristo, quien al revelarse en el
camino de Damasco, se identificó con la Iglesia y le dio a entender que
perseguir a la Iglesia era perseguirle a Él, el Señor. De hecho, el
Resucitado le dijo a Pablo, el perseguidor de la Iglesia: «Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues?» (Hechos 9, 4). Persiguiendo a la Iglesia, perseguía a Cristo.
Entonces, Pablo se convirtió, al mismo tiempo, a Cristo y a En primer lugar estuvo presente cuando
fundó literalmente muchas Iglesias en varias ciudades a las que llegó como
evangelizador. Cuando habla de «la preocupación por todas las Iglesias» (2
Corintios 11, 28), piensa en las diferentes comunidades cristianas suscitadas
en Galacia, Jonia, Macedonia, y en Acaya. Algunas de esas Iglesias también le dieron
preocupaciones y disgustos, como sucedió por ejemplo con las Iglesias de Galacia, que se pasó «a otro evangelio» (Gálatas 1,6), a lo que se opuso con firme determinación.
No se sentía unido a las comunidades que fundó de manera fría o burocrática,
sino intensa y apasionadamente. Por ejemplo, define a los filipenses
«hermanos míos queridos y añorados, mi gozo y mi corona» (4,1). Otras veces
compara las diferentes comunidades con una carta de recomendación única:
«Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída
por todos los hombres» (2 Corintios 3, 2). Otras veces les de muestra no sólo
un verdadero sentimiento de paternidad sino también de maternidad, como
cuando se dirige a sus destinatarios llamándoles «hijos míos, por quienes
sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros» (Gálatas 4,19; Cf. anche l Corintios 4,14-15; 1
Tesalonicenses 2,7-8). En sus cartas, Pablo nos ilustra también
su doctrina sobre la Iglesia en cuanto tal. Es muy conocida su original
definición de la Iglesia como «cuerpo de Cristo», que no encontramos en otros
autores cristianos del siglo I (Cf. 1 Corintios 12,27; Efesios 4,12; 5,30;
Colosenses 1,24). La raíz más profunda de esta sorprendente definición de la
Iglesia la encontramos en el Sacramento del cuerpo de Cristo. Dice san Pablo:
« Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos
participamos de un solo pan» (1 Corintios 10, 17). En Con todo esto, Pablo nos da a entender
que no sólo se da una pertenencia de la Iglesia a Cristo, sino también una
cierta forma de equiparación e identificación de la Iglesia con el mismo
Cristo. De esto, por tanto, se deriva la grandeza y la nobleza de la Iglesia,
es decir, de todos nosotros que formamos parte de ella: del hecho de ser
miembros de Cristo, una especie de extensión de su presencia personal en el
mundo. Y de aquí se deriva, naturalmente,
nuestro deber de vivir realmente en conformidad con Cristo. De aquí se
derivan también las exhortaciones de Pablo a propósito de los diferentes
carismas que alientan y estructuran la comunidad cristiana. Todos se remontan
a un manantial único, que es el Espíritu del Padre y del Hijo, sabiendo que
en la Iglesia no hay nadie que carezca de ellos, pues, como escribe el apóstol,
«a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común»
(1 Corintios 12, 7). Ahora bien, lo importante es que todos los carismas
cooperen juntos en la edificación de la comunidad y no se conviertan, por el
contrario, en motivo de laceración. En este sentido, Pablo se pregunta
retóricamente: «¿Esta dividido Cristo?» (1 Corintios
1, 13). Sabe bien y nos enseña que es necesario «conservar la unidad del
Espíritu con el vínculo de Obviamente, subrayar la exigencia de la
unidad no significa decir que hay que uniformar o achatar la vida eclesial
según una manera única de actuar. En otro pasaje, Pablo invita a «no
extinguir el Espíritu» (1 Tesalonicenses 5,19), es decir, a dejar
generosamente espacio al dinamismo imprevisible de las manifestaciones
carismáticas del Espíritu, que es una fuente de energía y de vitalidad
siempre nueva. Pero si hay un criterio particularmente importante para Pablo
éste es la mutua edificación: «que todo sea para edificación» (1 Corintios
14, 26). Todo debe ayudar a construir ordenadamente el tejido eclesial, no
sólo sin estancamientos, sino también sin fugas ni desgarramientos. Una carta
de Pablo que llega a presentar a la Iglesia como esposa de Cristo (Cf.
Efesios 5, 21-33). Retoma así una antigua metáfora profética, que hacía del
pueblo de Israel la esposa del Dios de la alianza (Cf. Oseas
2,4.21; Isaías 54,5-8): expresa así hasta qué punto son íntimas las
relaciones entre Cristo y su Iglesia, ya sea porque es objeto del más tierno
amor por parte de su Señor, ya sea porque el amor tiene que ser mutuo y que
nosotros, en cuanto miembros de la Iglesia, tenemos que demostrarle una
fidelidad apasionada. En conclusión, por tanto, está en juego
una relación de comunión: la relación por llamarla de algún modo «vertical»
entre Jesucristo y todos nosotros, pero también la «horizontal» entre todos
los que se distinguen en el mundo por el hecho de de «invocar el nombre de
Jesucristo, Señor nuestro» (1 Corintios 1, 2). Esta es nuestra definición:
formamos parte de los que invocan el nombre del Señor Jesucristo. Se entiende
así hasta qué punto hay que desear la realización de lo que el mismo Pablo
anhela al escribir a los Corintios: «Por el contrario, si todos profetizan y
entra un infiel o un no iniciado, será convencido por todos, juzgado por
todos. Los secretos de su corazón quedarán al descubierto y, postrado rostro
en tierra, adorará a Dios confesando que Dios está verdaderamente entre
vosotros» (1 Corintios 14, 24-25). Así deberían ser nuestros encuentros
litúrgicos. Un no cristiano que entra en una asamblea nuestra al final
debería poder decir: «Verdaderamente Dios está con vosotros». Pidamos al
Señor que vivamos así, en comunión con Cristo y en comunión entre nosotros. [Traducción del
original italiano realizada por Zenit. Al final de
la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español
dijo:] Queridos hermanos y hermanas: Pablo conoció inicialmente a Cristo por
el testimonio de la comunidad creyente, como sucede también hoy normalmente.
Su encuentro personal con Él en el camino de Damasco le transformó después de
persecutor en miembro ferviente y defensor de la Iglesia. Para el Apóstol, la Iglesia no sólo
pertenece a Cristo, sino que en cierto modo se identifica con Él. En efecto,
los miembros de la Iglesia son también como los miembros de Cristo mismo, que
extienden su presencia personal en el mundo y reciben los diversos carismas,
que han de contribuir a la edificación de una comunidad eclesial y a formar
un sólo Cuerpo, un sólo Espíritu, según la vocación a la que han sido
llamados (cf. Ef 4, 3-4). Pablo utiliza también la
metáfora de la Iglesia como esposa de Cristo, indicando así la íntima
relación de comunión y amor entre ambos. De este modo, la experiencia y la
doctrina de Pablo es una constante invitación a toda la Iglesia para que sea
el ámbito donde se viva intensamente la relación con Cristo y el cauce
propicio para que todos lleguen a Él. Saludo a los peregrinos de lengua
española, en particular a las Religiosas de la Compañía de Santa Teresa, a
las Siervas del Hogar de la Madre, a los Antiguos Alumnos del Colegio Mayor
San Pablo y a los demás grupos venidos de España, México y otros Países de
Latinoamérica. Invito a todos a amar a la Iglesia y a vivir gozo en su seno
la plena comunión. Muchas gracias por vuestra presencia. [© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana] ZS06112201 |
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ZENIT |
MAGISTERIO ECLESIAL |
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Un abrazo, y nuestras
oraciones. |
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