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PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Diócesis de San Isidro
Av. Libertador 13.900 - 1640 Martínez - Tel. y Fax 4508-8501 // 8502
E-mail: pqfatima@... // secretaria@...
Página Web: www.fatima.org.ar

Noticias desde la Parroquia de Fátima

4 de diciembre de 2006 - Año IX - 345

Índice de Noticias

NUESTRA PARROQUIA

Horarios de Noche Buena y Navidad

NUESTRA DIOCESIS

Ciclo de Conciertos de Música Sacra en la Catedral de San Isidro

SANTA SEDE

Comunicado de la oficina de prensa de la Santa Sede

DOCUMENTACIÓN

Carta pastoral de Adviento 2006

Servicios de Noticias

NUESTRA PARROQUIA

Horarios de Noche Buena y Navidad        
Celebración penitencial
Jueves 21 a las 20 hs.

Domingo 24
Misas 10 y 12 (corresponde al IV Domingo de Adviento)
Misa de Nochebuena a las 20 hs.

Lunes 25 NAVIDAD           
Misas 10, 12 y 20 hs. 
Indice

 

NUESTRA DIÓCESIS

Ciclo de Conciertos de Música Sacra en la Catedral de San Isidro
XVIII temporada / octavo concierto
Músicas para María y Jesús
Periferia Vocal
Dirección: Pablo Piccinni

Domingo 10 de diciembre a las 17:00 hs
Parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos *

(Salta y Ricardo Gutiérrez, frente a la plaza de Olivos, Provincia de Buenos Aires)
Entrada libre

* ATENCIÓN: Por obras de restauración y puesta en valor de la Catedral de San Isidro, el ciclo tendrá lugar durante esta temporada en la Parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos

El domingo 10 de diciembre a las 17:00 hs se realizará el octavo y último concierto de la XVIII temporada del Ciclo de Conciertos de Música Sacra en la Catedral de San Isidro. El concierto denominado "Músicas para María y Jesús" estará a cargo de Periferia Vocal, dirigido por Pablo Piccinni. Durante el mismo se escucharán obras de Monteverdi, Duruflé, Pärt, Lauridsen y Górecki. Debido a las obras de restauración y puesta en valor de la Catedral de San Isidro, el concierto tendrá lugar en la Parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos (Salta 2600, esquina Ricardo Gutiérrez, Olivos).
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SANTA SEDE

Comunicado de la oficina de prensa de la Santa Sede      
CIUDAD
DEL VATICANO, 2 DIC 2006 (VIS).-La Oficina de Prensa de la Santa Sede hizo público hoy el siguiente comunicado:  
  "La Santa Sede siente el deber de dar a conocer su postura con respecto a la ordenación episcopal del sacerdote John Wang Renlei, que tuvo lugar el jueves, 30 de noviembre en Xuzhou, provincia de Jiangsu (China continental).           
1) El Santo Padre ha recibido la noticia con profundo dolor porque esa ordenación episcopal se ha conferido sin el mandato pontificio, es decir, sin respetar la disciplina de la Iglesia Católica sobre la ordenación de los obispos (cfr. canon 377, párrafo 1 del C.I.C).        
2) La de Xuzhou es la última -en orden cronológico- de las ordenaciones episcopales ilegítimas, que atribulan a la  Iglesia católica en China desde hace algunas décadas, creando divisiones en las comunidades diocesanas y atormentando la conciencia de muchos eclesiásticos y fieles. Esta serie de actos extremadamente graves, que ofenden los sentimientos religiosos de todos y cada uno de los católicos en China y en el resto del mundo, es fruto y consecuencia de una visión de la Iglesia que no corresponde a la doctrina católica y subvierte principios fundamentales de su estructura jerárquica. De  hecho, como precisa el Concilio Vaticano II, "uno es constituido miembro del cuerpo episcopal en virtud de la consagración sacramental y por la comunión jerárquica con la Cabeza y miembros del Colegio" (Lumen gentium, n. 22, primer párrafo).       
3) La Santa Sede, que se ha enterado en el último momento de la ordenación episcopal programada en la diócesis de Xuzhou, no ha dejado de dar los pasos posibles en el breve tiempo disponible para que no se llegase a un acto que habría producido un nuevo desgarro en  la comunión eclesial. Efectivamente, una ordenación episcopal ilegítima es un acto objetivamente tan grave que el derecho canónico establece severas sanciones para aquellos que la confieren y la reciben, siempre que el acto se cumpla en condiciones de verdadera libertad (canon 1382 del C.I.C).           
4) Consuela constatar que, a pesar de las dificultades pasadas y presentes, casi todos los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos en China, conscientes de ser miembros vivos de la Iglesia universal, han mantenido una comunión profunda de fe y de vida con el sucesor de Pedro y con todas las comunidades católicas esparcidas por  el mundo entero.         
5) La Santa Sede conoce el drama espiritual y el sufrimiento de aquellos eclesiásticos -obispos consagrantes y ordenandos-, obligados a tomar parte activa en ordenaciones episcopales ilegítimas, contraviniendo así a la tradición católica que en su interior desearían seguir fielmente. Participa, además, en la inquietud interior de aquellos católicos -sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos-, que se ven obligados a acoger a un pastor, que saben que no está en plena comunión jerárquica ni con la Cabeza del Colegio episcopal ni con los demás obispos esparcidos por todo el mundo.
6) Por cuanto respecta a las ordenaciones episcopales, la Santa Sede no puede aceptar encontrarse ante hechos ya consumados. Por lo tanto, deplora la forma de proceder en la ordenación del sacerdote Wang Renlei, que ha tenido lugar en Xuzhou, y espera que  en el futuro no se repitan incidentes de ese género".
OP/ORDENACION EPISCOPAL ILEGITIMA/CHINA                 VIS 061204 (530)      
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DOCUMENTACIÓN

Carta pastoral de Adviento 2006
Permanecer en Jesús. Inicio del año Jubilar diocesano

Queridos Amigos:
La proximidad de la Navidad nos encuentra este año en el comienzo de una celebración particular: los 50 años de la Diócesis de San Isidro. Son unas "bodas de oro" del Señor con su pueblo que peregrina en la diócesis. Sin duda una ocasión para festejar.

Como todo festejo y acontecimiento relevante, requiere de los correspondientes preparativos, y nosotros comenzamos a hacerlo con el tiempo de Adviento, que es, por excelencia el tiempo litúrgico de preparación; una especial ocasión para abrir el corazón al Señor que llega.
Sin duda, Jesús viene a nosotros de una manera particular en este jubileo diocesano, así como ha venido a lo largo de estos cincuenta años y seguirá viniendo a nosotros en el futuro, hasta que vuelva definitivamente glorioso. Esa es nuestra fe y de eso habla esta carta: de la fidelidad de Dios y de su permanencia en nosotros y entre nosotros.

Jesús ha permanecido con nosotros: gratitud por el pasado

Cuando un cristiano mira el pasado, su historia personal o comunitaria, surgen dos actitudes: el pedido de perdón y la acción de gracias. Mirando estos 50 años de Iglesia diocesana, pedimos perdón al Señor por nuestros pecados, numerosos y muchas veces graves. El jubileo puede ser una buena ocasión para reconciliarnos con nosotros mismos, con los hermanos y con Dios. Seguros del perdón de Dios, confiemos en su misericordia.
Creo que con la vida diocesana sucede lo mismo que con la vida personal. Al mirar hacia atrás en el tiempo, vemos nuestros errores y pecados, pero mucho más, la misericordia de Dios.
En la historia de nuestra diócesis no podemos sino reconocer la presencia constante y fiel del Señor. ¿Dónde reconocemos esa presencia?

El Señor estuvo presente en la celebración de cada Eucaristía. Así como el maná alimentó al pueblo de Israel durante 40 años en el camino hacia la tierra prometida (Cf. Ex 16,35), la Eucaristía nos alimentó durante los 50 años de vida de nuestra Iglesia diocesana.
El Misterio Pascual siguió siendo el fundamento más sólido de nuestras vidas. El renovado sacrificio de la cruz celebrado en el altar nos hizo resucitar constantemente a la vida nueva de los Hijos de Dios.
La presencia eucarística se fue multiplicando en los sagrarios a medida que crecían en número las parroquias, capillas y colegios de la Iglesia. Esta presencia nos fortaleció en nuestras luchas y dificultades personales y comunitarias, fue nuestro silencioso refugio en el dolor y el lugar por excelencia para crecer en la oración y en el amor recíproco.
Desde hace algunos años, por medio de la Adoración Permanente el Santísimo Sacramento expuesto, ha ido recorriendo gran parte de la diócesis y pudimos ir comprendiendo la misteriosa y continua presencia del Señor, que nos invita a la entrega generosa.
Gracias, Jesús, por interceder por nosotros y por hacerte pan que nos acompaña, alimenta y fortalece. Gracias también por todas las personas que hicieron posible que tu Eucaristía llegara a nosotros: los sacerdotes que las presiden y las personas que ejercen tantos y tan diversos ministerios litúrgicos en nuestras comunidades, los y las catequistas que nos prepararon para la primera comunión. Gracias porque hoy nos seguís acompañando y alimentando con tu Pan de Vida.

El Señor ha permanecido en Su Palabra, y a través de Ella, muchas personas han conocido la Buena Noticia del Señor resucitado. Esa Palabra ha sido anunciada por sacerdotes, religiosas/os, catequistas, misioneros/as en los barrios, las escuelas, las capillas… en los lugares más densamente poblados, y en las islas.
Gracias Señor, porque tu Palabra nos ha sido anunciada y en ella te hemos conocido, gracias por la generosidad de todas las personas que nos la han trasmitido, con su predicación y con su ejemplo. Gracias porque en ella seguimos encontrando luz y respuestas en la complejidad de nuestro peregrinar por esta tierra.

El Señor ha permanecido con nosotros, en este Pueblo de Dios que formamos, en cada uno de las hermanas y los hermanos que han compartido ese peregrinar diocesano.
Te agradecemos Señor ser Iglesia, ser tu familia, y tu rebaño. Te agradecemos por el don del bautismo que nos configuró con vos y nos permitió formar parte del pueblo de Dios. Te agradecemos por cada uno de los hermanos y las hermanas que nos regalaste en estos 50 años. Te damos gracias por hacernos tan distintos, por confiarnos diferentes dones y carismas.
Te agradecemos por nuestro primer obispo, Mons. Antonio María Aguirre, por la generosidad de su ministerio y por su fe inquebrantable. Su episcopado nació con la creación de la diócesis y la diócesis creció con él. Te agradecemos también por quien desde el principio fuera su fiel colaborador y luego su obispo auxiliar, Mons. Justo Laguna.
Gracias por todos los laicos y laicas que han sido "sal de la tierra y luz del mundo" (Cf. Mt 5, 13-14), por las familias que son pequeñas iglesias, por sus ancianos, adultos, jóvenes y niños. Con el Concilio Vaticano II, a poco de comenzar nuestra historia diocesana, hemos vivido un tiempo pleno de desafíos para tantos hombres y mujeres que redescubrieron su vocación y misión en la iglesia. Gracias porque a través de ellos el mensaje de Jesús llegó a muchísimas personas y realidades. Este inmenso pueblo creyente es el rostro más visible y palpable de la Iglesia. De una manera especial los pobres y los enfermos han sido para nosotros la presencia de Jesús que nos ayudó a crecer y a entregarnos. ¡Cuánto han contribuido a la construcción de nuestra diócesis!
Te agradecemos también contar con algunos laicos y laicas que prolongaron su vocación al servicio de la Iglesia argentina. Ellos fueron profetas y testigos, y nos ayudaron a crecer en comunión.
Gracias por todos los consagrados y consagradas que compartieron sus vidas y sus carismas con nosotros a lo largo de este camino. Te agradecemos por la vida y testimonio de los religiosos y religiosas contemplativos de la diócesis, ellos han sido y son el corazón orante de nuestra Iglesia.
Gracias por los religiosos y religiosas de vida activa: sus carismas florecen y nos enriquecen con los dones que Dios ha regalado a sus fundadores. Ellos y ellas son muchas veces, la presencia de la Iglesia, en realidades difíciles y sufrientes de todo tipo.
Gracias por las vírgenes consagradas y los laicos y laicas consagrados, ellos son testigos de tu amor en la vida cotidiana.
Gracias, Señor por el ministerio de todos y de cada uno de los sacerdotes y diáconos que han pasado por nuestra diócesis, compartiendo con nosotros todo su ministerio o alguna parte de él. Gracias a ellos, tu Palabra y tus sacramentos han podido llegar a muchísimas personas, que los han recibido a lo largo de estos 50 años en todo el territorio diocesano. Gracias por el amor y la generosidad de cada uno de ellos. Entre nosotros sacerdotes, hubo también muchas situaciones de crisis y dificultades, por eso se ve quizás de un modo más fuerte que en el resto del pueblo de Dios, lo que dice Pablo: "Llevamos este tesoro en recipientes de barro…" (2Cor 4,7).
A la vez ha habido grandes regalos que Dios nos ha hecho en relación con la vocación sacerdotal, de los cuales señalo solo tres: el primer don es que entre los sacerdotes de nuestra diócesis han sido ordenados varios obispos, que han ejercido y ejercen su ministerio en distintos lugares del país. El segundo don es nuestro seminario, preocupación primordial de Mons. Aguirre, en el que ahora además podemos recibir seminaristas de otras diócesis; y la tercera gracia es el hecho de poder enviar sacerdotes como misioneros al interior del país y a Cuba. ¡Gracias Señor por que el amor que nosotros recibimos puede multiplicarse en tantos lugares!
El último agradecimiento es por la vida de tantos hermanos que han llegado al cielo. Estoy convencido que en la eternidad, junto a Dios, nos encontraremos a tantos laicos/as, consagrados/as diáconos y sacerdotes que peregrinaron en esta vida por nuestra diócesis. ¡Cuánta gracia nos llega de su intercesión! En esta cadena de intercesores, en la única y eterna mediación de Cristo, primera está la Santísima Virgen, que ha sido siempre tan querida en nuestro pueblo. Una prueba de ello son los innumerables templos colocados bajo alguna de sus advocaciones. Ella nos ha acompañado muy especialmente con su mediación maternal.
Siguen nuestro santo patrono San Isidro y su esposa, Santa María de la Cabeza. Que su ejemplo de amor familiar y de trabajo, sigan inspirando a todos los que caminan en la diócesis. Luego, una multitud de santos y santas desconocidos en los altares pero ¡tan conocidos para nosotros! Son esas personas colmadas de amor, que nuestra fe nos dice que, ahora que han concluido su peregrinación, esperan junto al Señor nuestra llegada.
Me detengo aquí para no alargarme y cansarlos, pero ¡Hay tantas cosas para agradecer! ¡Démosle gracias al Señor por su Amor y pidámosle que no abandone la obra de Sus Manos! (Cf. Salmo 138,8).

Jesús está con nosotros: pasión por el presente

Jesús es el "Emmanuel" (Cf. Mt 1,23), el Dios-con-nosotros anunciado al profeta. La presencia y cercanía de Dios es el gran anhelo del corazón humano, y en un sentido más explícito, lo es para un creyente. Jesús vino a colmar esta expectativa, al hacerse hombre ha unido definitivamente su destino con el nuestro. Él nos aseguro su presencia "todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20)
En un tiempo de la historia de tanta inseguridad y de tan pocas certezas, esta es nuestra fe, nuestra confianza y nuestra seguridad: Dios está con nosotros y sostiene nuestro peregrinar. Esta no es solo nuestra confianza, sino nuestra paz y nuestra alegría.
Jesús está recorriendo con nosotros el Camino Diocesano, se está manifestando fuertemente en las Asambleas Parroquiales, verdaderas muestras del espíritu de discernimiento y búsqueda de la Voluntad de Dios, de nuestras comunidades.
El año jubilar nos pone frente a un tiempo pleno de desafíos, pero por lo mismo, una etapa apasionante de la historia. En nuestra diócesis hay mucho por hacer, muchas realidades a las que no ha llegado el Evangelio, en las que falta la justicia y la dignidad: allí somos enviados. También donde hay tristeza, dolor y enfermedad, tenemos que llegar con el "gesto y la palabra oportuna", como dice la liturgia.
Creo que los problemas y las dificultades no deben acobardarnos: la humilde confianza de la fe, nos guía. Dios, sencillamente nos pide disponibilidad para poder actuar a través nuestro, y nos confía la siempre difícil tarea de la unidad, para que el mundo crea.

Jesús permanecerá siempre con nosotros: esperanza hacia el futuro
No sabemos casi nada del futuro, salvo esto: Dios será fiel y cumplirá sus promesas. Estará con nosotros en cada prueba, en cada desafío y en cada alegría. Por eso miramos el futuro con paz y esperanza: nosotros no sabemos, pero Dios sabe y queremos "navegar mar adentro", guiados por su mano.
Estos 50 años señalan la culminación de un ciclo, pero sería muy bueno que lo viviéramos como un nuevo comienzo y un relanzamiento de la misión en nuestra diócesis.
Es lo que hemos profundizado en los tres aspectos de la misión en el Camino Diocesano: contemplación, comunión y anuncio. Sería interesante que este año nos propusiéramos fortalecer estas tres dimensiones. Que pudiéramos crecer en la oración personal y comunitaria y que la contemplación nos ayudara a profundizar y a tener un espíritu de mayor discernimiento respecto de todas las personas y tareas que nos son confiadas.
Sería importante ganar en comunión, madurando nuestras relaciones recíprocas, limando asperezas en nuestras comunidades, reconciliándonos con quienes estamos distanciados. Sobre esta base de oración y amor recíproco, el anuncio tendrá otra fuerza y otra repercusión.
Seguramente cada comunidad sabrá dar forma concreta a estas propuestas, para que podamos celebrar en comunión y con la originalidad propia de cada grupo de personas, esta fiesta de la fidelidad de Dios en nuestra historia. Es lo que ya se está concretando en las Asambleas Parroquiales que son un modo prioritario de cada comunidad de unirse a este Jubileo.
Abrimos el Año Jubilar Diocesano para celebrar a partir del 1er. Domingo de Adviento, los 50 años de nuestra Diócesis. Nos confiamos a la protección de la Santísima Virgen, siempre fiel a los designios de Dios a través del tiempo y de las dificultades. Que Ella, junto con San Isidro y Santa María de la Cabeza, intercedan por nosotros,

Con mi afecto y bendición, deseándoles una muy feliz Navidad,

Jorge Casaretto
Obispo de San Isidro

Carta Pastoral de Adviento 2006
GUÍA DE TRABAJO
Tal como hicimos en otras cartas pastorales, nos vamos a ayudar con una guía de trabajo en nuestra reflexión personal y comunitaria.

¿Qué es una Guía de Trabajo?
Es una serie de preguntas que nos ayudarán a interiorizar los contenidos de la CARTA PASTORAL. No se trata de encontrar la "respuesta correcta", sino de preguntarnos acerca de lo que estamos reflexionando, para ver qué repercusión tienen estas realidades en la vida de cada uno de nosotros. Sería bueno que escribamos las respuestas, ya que el ejercicio de escribir nos ayuda a concentrarnos y a ponernos en contacto con nuestro interior. Si queremos, después podemos compartir lo que hemos reflexionado, con nuestra familia o comunidad.

Aquí van las preguntas:

  1. La Navidad coincide con el fin del año y se nos plantea como un momento adecuado para revisar el año vivido ¿Por qué cosas quisiera pedirle perdón al Señor, al terminar este año? ¿Cuáles quisiera agradecerle?
  2. Hemos hablado también de nuestro pedido de perdón y agradecimiento como Iglesia diocesana, en estos 50 años de vida. Recorro mi vida personal: ¿Hay algo por lo cual quisiera pedir perdón al Señor o a algún hermano/a y todavía no lo hice?
    Hago una lista de todas las personas, acontecimientos y oportunidades por las que quiero agradecerle a Dios a lo largo de mi historia. Rezo por todas las personas que voy recordando, especialmente por las personas que con su palabra o con su vida me hablaron de Jesús y me trasmitieron la fe.

     3 ¿Qué es lo que más me preocupa o me duele en este momento de mi vida?

¿Experimento la presencia de Jesús en mi vida? ¿De qué modo? ¿Creo que me acompaña, que es "el Dios-con-nosotros"? ¿Por qué?
¿Estoy hoy comprometido en alguna actividad eclesial? ¿Cuál? ¿Percibo la presencia de Jesús en medio nuestro? ¿de qué modo?
En un momento de oración le entrego al Señor mis preocupaciones personales y familiares. Especialmente pido por mi relación con la comunidad en la que estoy y me dispongo interiormente a abrirme a la presencia de Jesús en la Iglesia. 

  1. ¿Cuál es mi deseo más profundo para el año que comienza? ¿Miro con esperanza el futuro? ¿Por qué?

Frente al pesebre, en espera del nacimiento de Jesús, (si así lo deseo), pongo mi vida en manos del Padre y le confío mi futuro, el de mi familia y el de la Iglesia. Invoco la protección maternal de María para la Iglesia diocesana, especialmente para los más pobres, los enfermos y los que sufren más entre nosotros.

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Servicios de Noticias

ZENIT
http://www.zenit.org/spanish/
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AICA
http://www.aica.org.ar
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CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano)           
http://www.celam.org/
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EDICOM (Equipo Diocesano de Comunicación – Diócesis de San Isidro)           
comunicacion@...

MAGISTERIO ECLESIAL
http://ar.groups.yahoo.com/group/magisterioeclesial/              
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BOLETÍN DIOCESANO DIÓCESIS DE SAN ISIDRO 
boletin@...
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SOI - Servicio de Observación sobre Internet – RIIAL              
http://www.observatoriodigital.net/losboletines.htm



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Un abrazo, y nuestras oraciones.    
Selección y compaginación de noticias: Ricardo Pereira (pqfatima@...)          
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