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Noticias_Parroquia_de_Fatima_14-12-06 - 346   Lista de mensajes  
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PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Diócesis de San Isidro
Av. Libertador 13.900 - 1640 Martínez - Tel. y Fax 4508-8501 // 8502
E-mail: pqfatima@... // secretaria@...
Página Web: www.fatima.org.ar

Noticias desde la Parroquia de Fátima

14 de diciembre de 2006 - Año IX - 346

Índice de Noticias

NUESTRA PARROQUIA

Horarios de Noche Buena y Navidad

NUESTRA DIOCESIS

Jubileo de la Diócesis de San Isidro

Seminario Catequístico Teológico Santa Teresa del Niño Jesús

Grupo Monaguillos San Juan – Santa Rosa

ARGENTINA

Los obispos expresaron desacuerdo con la aprobación de CEDAW

Nuevos obispos para San Miguel y Santo Tomé (Argentina)

COMUNICACIÓN E INFORMÁTICA

«Philosophica», nueva enciclopedia filosófica «on line»

DOCUMENTACIÓN

Benedicto XVI presenta las figuras de Timoteo y Tito

Benedicto XVI hace un balance de su viaje a Turquía

Servicios de Noticias

NUESTRA PARROQUIA

Horarios de Noche Buena y Navidad        
Celebración penitencial
Jueves 21 a las 20 hs.

Domingo 24
Misas 10 y 12 (corresponde al IV Domingo de Adviento)
Misa de Nochebuena a las 20 hs.

Lunes 25 NAVIDAD           
Misas 10, 12 y 20 hs. 
Indice

 

NUESTRA DIÓCESIS

Jubileo de la Diócesis de San Isidro
Lema: "El que permanece en mí y yo en él, da mucho fruto"
APERTURA EN LA CATEDRAL
DOMINGO
3 DE DICIEMBRE DE 2006
HOMILÍA MONSEÑOR JORGE CASARETTO

Hemos pedido a todos los párrocos que en el día de hoy diéramos comienzo, junto con el primer domingo de adviento, a la celebración del Jubileo Diocesano que durará todo el año próximo. Hoy empieza justamente el tiempo de espera de Jesús. Y hoy entonces en toda la diócesis, en las distintas parroquias comenzamos a celebrar dando gracias a Dios por estos cincuenta años de su presencia en medio nuestro.

Algunos sacerdotes han querido acompañarnos en esta Eucaristía, les agradezco mucho su presencia, lo mismo que a algunos fieles de distintas parroquias que han venido representando a otras comunidades.
El lema que va a guiar todo este jubileo, está aquí, aquí arriba, lo acabamos de proclamar en el Evangelio, nos habla de la permanencia de Jesús en nosotros y de nuestra permanencia en Jesucristo. Retomamos, lo hemos dicho en la Carta Pastoral, que está saliendo el día de hoy, estas tres dimensiones que Juan Pablo II invitaba a vivir cuando entrábamos en el Tercer Milenio.
En primer lugar, gratitud por el pasado, y esta gratitud se debe a que Jesús permaneció junto a nosotros en estos cincuenta años. Es importante ver que, esa presencia de Jesús fue una presencia eucarística, fue la presencia de El en su Palabra, su presencia en los pobres, su presencia en el Pueblo de Dios. Es una presencia dinámica porque Jesucristo está vivo, El está resucitado junto al Padre, pero desde el momento que la salvación la realizó encarnándose, al volver junto al Padre resucitado sigue presente en su pueblo con estas distintas presencias que enumerábamos recién. Pero esas presencias son presencias vivas y por lo tanto nuestra permanencia en El es una permanencia que constantemente nos va enriqueciendo. La gratitud es porque de El lo recibimos todo, el está en el centro de la vida de la iglesia y debe estar en el centro de la vida de cada uno de nosotros. La iglesia no puede crecer, no puede recibir riquezas si no es de El, es el único mediador entre Dios y nosotros y de El seguimos recibiendo todo. Por eso, cuando miramos estos cincuenta años, brota de nuestro corazón la gratitud, brota también, mirando nuestra pequeñez, el arrepentimiento, el pedido de perdón, todas estas dimensiones que la humanidad se tiene que plantear frente a la trascendencia de Dios y que es bueno que nosotros nos planteemos para pedir perdón por nuestros pecados. El segundo paso lo daba Juan Pablo II diciendo que, si vivimos con gratitud el pasado vamos a tener que vivir necesariamente con pasión el presente. Y por qué los cristianos vivimos apasionadamente el presente. Justamente porque Jesús está vivo en medio de nosotros. Y la presencia de Jesús despierta en nosotros los mismos sentimientos que, haciendo la comparación, podríamos decir, despierta un enamorado a su enamorada.
La presencia de Jesús es la presencia de todo el amor de Dios. En su Palabra sigue expresando el amor de Dios, en su Eucaristía sigue muriendo y resucitando por nosotros, en los hermanos más pobres nos sigue hablando de su Pasión, y esas presencias, justamente porque Jesús está vivo, despierta un apasionado amor de respuesta en nosotros, si nosotros nos apasionamos por Jesucristo qué podemos brindar al mundo de hoy.
La condición necesaria para poder brindar algo distinto, para ser levadura, para ser sal, para ser luz, para animar a este mundo, esa es la misión de los cristianos, la condición necesaria es permanecer apasionadamente enamorados de este Señor que viene a volcar todo el amor de Dios sobre nuestras vidas. Retomando el pensamiento del Papa, este camino de gratitud por el pasado y de pasión por el presente es el que nos da confianza hacia el futuro. Este Jesús que permaneció en todo este tiempo seguirá permaneciendo, este Jesús nos dice en el Evangelio de hoy, "si realmente ustedes permanecen en mí, pidan lo que necesitan y el Padre se los va a dar", esta confianza se basa justamente en el amor total, infinito de Dios sobre nuestras vidas. Por que Jesús estuvo con nosotros todo este tiempo y estuvo animando nuestra vida, estamos absolutamente seguros que El va a seguir estando con nosotros, que el que comenzó la buena obra la llevará a término.
Me gustaría ilustrar con un ejemplo estos tres pasos que hemos dado, que nos invita a dar el Papa al celebrar estos cincuenta años, que me parece que es un ejemplo significativo para ver cómo esa presencia de Dios es eficaz. Muchas veces miramos lo que nos falta, como iglesia está bien que así sea, pero no reparamos en todo lo que Dios hace crecer a su iglesia. Yo entré al seminario aquí en la diócesis dos años después de haber sido creada la diócesis. Se creó en el año 57 y yo entré al seminario en el año 59. Cuando entré, me acuerdo, por ejemplo, por eso tomo un ejemplo, solamente uno de los aspectos de la vida eclesial, en aquél tiempo la relación que nosotros católicos con los que profesaban otra fe y con los protestantes, con los que tenían otra visión de la vida, era una relación tirante, áspera, desconfiada. Nosotros, Concilio Vaticano II mediante, revalorizamos la Palabra de Dios, contemplamos a Jesucristo en su Palabra, nuestros hermanos protestantes contemplaban, permanecieron viviendo fuertemente el sentido de la Palabra de Dios, y fíjense como esa doble permanencia, la de ellos y la nuestra, fructifica en un diálogo fecundo, en un trabajo por la unidad, en un amarnos mutuamente, en una búsqueda común. Qué fue lo que produjo esa conversión y ese cambio.
Tenemos que decir, la permanencia en la contemplación de Jesús Palabra. Nuestros hermanos separados y nosotros contemplamos a Jesús en la Palabra y cambiamos totalmente nuestro modo de vincularnos y de relacionarnos. Yo no quiero hacer aquí un examen de consciencia de los distintos aspectos de la vida de la iglesia, pero esto que nos dice Jesús hoy "si permanecen en mí y yo permanezco en ustedes darán mucho fruto", este es el lema que hemos elegido para estos cincuenta años y es un lema de una profunda realidad. Nosotros tenemos que estar absolutamente convencidos, la permanencia en Jesucristo es una permanencia dinámica y viva, todo lo recibimos de El, El sigue a nuestro lado, el está dentro nuestro, el está transformando nuestra existencia, y de esa vitalidad transformadora es desde donde nosotros personalmente y como iglesia estamos seguros de poder dar mucho fruto. En esta Eucaristía vamos a poner de manifiesto también uno de los frutos más importantes en la vida de la iglesia diocesana que es la dimensión misionera. Han venido representantes de algunos grupos misioneros de los jóvenes que en el verano salen por distintos lugares del País para llevar la presencia viva de Jesús en sus personas, con su testimonio y su palabra, pero además por la gracia de Dios, la iglesia diocesana tiene una presencia misionera en distintas diócesis de la Argentina y también en el país de Cuba. Hoy vamos a enviar a dos sacerdotes, uno que va a ofrecer su ministerio los próximos años a la diócesis de Santiago del Estero y otro que va a ofrecer su ministerio en Cuba, y al término de esta Misa, con la bendición, vamos a enviarlos, mostrando así hasta qué punto la permanencia de la iglesia diocesana en Jesucristo ya muestra frutos, que son frutos de misión y frutos de evangelización. Por todo esto entonces los invito a dar gracias a Dios y a avanzar en este camino celebrativo durante todo el año próximo, con mucha gratitud por el pasado, con mucho apasionamiento por vivir el Evangelio en el presente y con mucha confianza que el Señor que empezó en nosotros la buena obra la llevará hasta el fin.

Indice

Seminario Catequístico Teológico Santa Teresa del Niño Jesús
Los miércoles de diciembre de 18 a 21.30 hs comenzaron las inscripciones para el cilco 2007 de Formación en la Fe.
Las mismas se reanudarán el 14 de febrero y las clases comenzarán el 7 de marzo.
Informes: Rodríguez Peña 765 - Martínez - 4512-2143
email: seminariodecanatomartinez@...
www.seminariostateresa.com.ar
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Grupo Monaguillos San Juan – Santa Rosa
Una promesa más.
Un montón de compromisos asumidos, y a la vez, el inicio de muchos compromisos que vendrán.
Por eso estás invitado a compartir con nosotros la misa de 11 hs el domingo 17 de diciembre.
Luego festejaremos con un brindis.

Grupo Monaguillos San Juan – Santa Rosa
Parroquia Santa Rosa de Lima (Rivadavia 2350, Munro)
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ARGENTINA

Los obispos expresaron desacuerdo con la aprobación de CEDAW
Buenos Aires, DIC 13 (AICA): La Comisión Permanente del Episcopado expresó su desacuerdo con el “paso innecesario” que dieron los legisladores al aprobar el protocolo facultativo de la Convención para la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) y reiteraron que su aplicación “compromete la soberanía jurídica de la Argentina”. También advirtió que no es sólo una posibilidad, sino una comprobación, que el comité internacional de aplicación “ha hecho realidad recomendaciones a favor de la legalización del aborto” en varios países.

 El texto completo de la declaración, dada a conocer al término de la 145° reunión de la Comisión Permanente del Episcopado, es el siguiente:

 Los Obispos de la Comisión Permanente, reunidos en la última sesión del año, ante el hecho de la reciente ratificación por parte de nuestro país del “Protocolo Facultativo de la Convención para la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer” (CEDAW), queremos hacer público nuestro desacuerdo con el paso innecesario que nuestros legisladores han dado y que compromete la soberanía jurídica de la Argentina.

 Esta
preocupación nos llevó a exponer reiteradamente las razones por las que no era necesario ni conveniente ratificar el mencionado Protocolo. Nuestra voz y nuestros aportes, lejos de afectar la legítima promoción de la mujer, intentan tutelarla y asegurarla. Lamentamos no haber sido escuchados, y que el voto de los legisladores no haya sido precedido de un debate maduro y sereno, exento de presiones ideológicas.

 El propósito laudable de luchar contra toda discriminación que afecte a la dignidad y derechos de la mujer, no puede servir de cobertura para promover cambios negativos en la cultura de nuestro pueblo, en contra de valores fundamentales que son apreciados por la inmensa mayoría de los argentinos. Nos referimos concretamente a la defensa de la vida humana desde la concepción; a la familia fundada en el matrimonio, entendido como unión estable del varón y la mujer; a la maternidad, que expresa una vocación propia e insustituible de la mujer en la sociedad.

 Nuestra
inquietud se basa en la autoridad legal que el Protocolo de la CEDAW otorga a un Comité internacional con capacidad de recibir denuncias y hacer recomendaciones a los países signatarios, en orden a que se introduzcan cambios en sus leyes y costumbres. Este peligro, que el Episcopado Argentino ya había denunciado en varias oportunidades, no es sólo una posibilidad. Hemos comprobado, en efecto, que se han hecho realidad recomendaciones del Comité a diversos países en favor de la legalización del aborto y en contra de la objeción de conciencia de los profesionales de la salud. Ese organismo también ha considerado la maternidad como un estereotipo cultural y ha llegado incluso a recomendar la supresión del “Día de la Madre” y de aquellas políticas de Estado que protejan el embarazo y la maternidad.

 Presentamos
esta reflexión a nuestro pueblo y sus autoridades con la esperanza de que la identidad cultural de la Argentina y la exigencia moral de los valores en juego no se vean comprometidos por las consecuencias que otros países han experimentado.

 En la proximidad de la Navidad, fiesta del nacimiento del Redentor del hombre, invocamos la protección de nuestra Madre, la Virgen de Luján, para que acompañe el camino de nuestra Patria. +
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Nuevos obispos para San Miguel y Santo Tomé (Argentina)      
CIUDAD DE VATICANO, martes, 5, diciembre 2006 (ZENIT.org).- El Santo Padre Benedicto XVI ha designado obispo de San Miguel, en la provincia de Buenos Aires, a monseñor Sergio Alfredo Fenoy, de 47 años, secretario general de la Conferencia Episcopal Argentina y hasta ahora obispo auxiliar de Rosario; y obispo de Santo Tomé, en la provincia de Corrientes, al presbítero Hugo Santiago, de 52 años, perteneciente al clero de la diócesis de Rafaela.    

La noticia fue anunciada este martes por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.         

Según
informa la agencia de noticias católica de Argentina, Aica, monseñor Sergio Alfredo Fenoy nació en Rosario el 19 de mayo de 1959. Cursó sus estudios primarios en la escuela Provincia de Córdoba Nº 526, los secundarios en el Instituto Privado «Constancio Carlos Vigil», de la ciudad de Rosario, y los de Filosofía y Teología en el seminario arquidiocesano San Carlos Borromeo, de la localidad santafesina de Capitán Bermúdez.

Fue ordenado sacerdote el 2 de diciembre de 1983, en el estadio cubierto del Club Atlético Provincial de Rosario.

Obtuvo la Licencia en Derecho Canónico con especialización en Jurisprudencia, por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.  

Ocupó los cargos de vicario parroquial de San Pablo Apóstol, de Villa Constitución (1983), y vicario cooperador de Santa Rosa de Lima (1984) y San Ramón Nonato, entre 1991 y 1995, año en que fue nombrado párroco de María Madre de la Iglesia, las tres en la ciudad de Rosario.    

Otros pasos de la vida pastoral de monseñor Fenoy fueron: 1984: asesor del Consejo Arquidiocesano de Jóvenes de la Acción Católica; integrante de la Comisión Arquidiocesana de Liturgia, Música y Arte Sacro; notario del Tribunal Eclesiástico; 1987, prefecto de Teología y profesor del seminario arquidiocesano; 1991, delegado episcopal del área Liturgia, Música y Arte Sacro; 1992, director espiritual del seminario mayor; administrador parroquial de Nuestra Señora de los Dolores; 1993, viceasesor de la Junta Arquidiocesana de la Acción Católica; 1994, delegado arquidiocesano para el IX Congreso Eucarístico Nacional; delegado episcopal para el área Pastoral de Liturgia; 1996, director del Instituto Superior Particular Incorporado San Carlos Borromeo; 1997, miembro del Consejo Presbiteral; 1998, administrador parroquial de San Ramón Nonato e integrante del Consejo de Ordenes y Ministerios.       

En 1996 fue designado rector del seminario San Carlos Borromeo. También fue asesor arquidiocesano de los Jóvenes de Acción Católica y juez eclesiástico del Tribunal Interdiocesano de Santa Fe de la Vera Cruz.       
El
3 de abril de 1999 el Santo Padre Juan Pablo II lo designó obispo titular de Satafis y auxiliar de Rosario. Recibió la ordenación episcopal el 21 de mayo de 1999 en el Templo Eucarístico del Santísimo Sacramento de Rosario.           

Es secretario general de la Conferencia Episcopal Argentina, delegado de ésta ante el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y presidente del Consejo de Asuntos Jurídicos.   

La diócesis de San Miguel  
Creada por el papa Pablo VI el 11 de julio de 1978, la diócesis de San Miguel comprende, en la provincia de Buenos Aires, los partidos de San Miguel, Malvinas Argentinas y José C. Paz, y parte del partido de Pilar, con una superficie de 206 kilómetros cuadrados.         

Cerca del 90% de los 835.000 habitantes se proclaman católicos. Para la atención espiritual de ellos la diócesis cuenta con 29 parroquias y un total de 121 sacerdotes (48 diocesanos y 73 del clero religioso). Las religiosas son 280; los hermanos religiosos no sacerdotes, 20, y hay 7 diáconos permanentes. La Iglesia cuenta con 64 centros educativos.      

Monseñor Fenoy será el quinto obispo de San Miguel. Sus predecesores fueron: monseñor Horacio Alberto Bózzoli (1978-1983), monseñor José Manuel Lorenzo (1984-1994), monseñor Abelardo Francisco Silva (1994-2000), y monseñor José Luis Mollaghan (2000-2005).           

Monseñor Hugo Santiago   
El nuevo obispo de Santo Tomé nació el 12 de abril de 1954 en la localidad de María Juana, provincia de Santa Fe. Realizó sus estudios primarios en la Escuela Santa María de los Ángeles, de las Hermanas Capuchinas de la Madre Rubato (Capuchinas de Loano), en la ciudad de María Juana. Los secundarios los cursó en el Instituto José Manuel Estrada, de la misma ciudad.  

Recibió la formación filosófica y teológica en el Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora de Loreto, de Córdoba.

El 19 de diciembre de 1985 fue ordenado sacerdote por el obispo de Rafaela, monseñor Héctor Gabino Romero, en una celebración eucarística que tuvo lugar en la parroquia Santa Juana Francisca Fremiot de Chantal, de su ciudad natal.    

Ejerció el ministerio sacerdotal como vicario parroquial en Nuestra Señora del Carmen, de Ceres, y en la catedral de San Rafael, de Rafaela. Más tarde fue párroco simultáneamente de las parroquias San Fidel, de Vila, y de San Ramón Nonato, de la localidad de Ramona, y posteriormente fue designado párroco de Nuestra Señora de Fátima, de Rafaela.      

Entre otros trabajos pastorales, fue director espiritual del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, y coordinador diocesano de la Pastoral Vocacional.  

Enviado
a Roma para completar sus estudios teológicos, obtuvo el Bachillerato y la Licenciatura en Teología Espiritual en el Pontificio Instituto de Espiritualidad "Teresianum", de los Padres Carmelitas Descalzos.

Durante los años 2002, 2004 y 2006 se desempeñó como director del Curso Prolongado de Formación Permanente para los Sacerdotes, organizado por la Comisión Episcopal de Ministerio (CEMIN), de la Conferencia Episcopal Argentina.   

Actualmente es párroco de San Guillermo, en la ciudad de Lehmann, a escasos 20 kilómetros de Rafaela; Vicario Episcopal de la Zona Sur de la diócesis; profesor de Teología en la filial Rafaela de la Universidad Católica de Santiago del Estero; y director de la Escuela Diocesana para el Diaconado Permanente.        
ZS06120514

Indice

COMUNICACIÓN E INFORMÁTICA

«Philosophica», nueva enciclopedia filosófica «on line»
ROMA, martes, 5, diciembre 2006 (ZENIT.org).- Acaba de lazarse al ciberespacio el nuevo portal «Philosophica», «enciclopedia filosófica on line».

Promovido por profesores de la Facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz (Roma, Italia), la iniciativa, según explican sus promotores, «tiene como aspiración llegar a ser un punto de referencia en campo académico dentro del ámbito de habla castellana».

En particular, busca ofrecer «a estudiosos de la Filosofía, y, en general a cualquier persona interesada, una fuente confiable de información sobre el “status quaestionis” de los distintos temas y argumentos que componen esta amplia rama del saber».

«Nuestra intención es que sus voces reúnan las características de las obras enciclopédicas de calidad, es decir: informar del modo más completo, objetivo, claro, exacto y conciso posible sobre un tema concreto, pero sin caer en la erudición», añaden sus iniciadores.

Actualmente, la tarea principal del comité de redacción de la enciclopedia consiste en la búsqueda de autores para el núcleo inicial de voces.

«A la asignación y posterior revisión, edición y gradual publicación de dichas voces dedicaremos la totalidad del 2007», aclaran.

Durante este periodo, «el portal será accesible en la red, aunque su utilidad práctica sea casi nula, pues serán contadas las voces que será posible consultar».

«Nuestro objetivo es poder disponer ya, a inicios del 2008, de un número de voces discreto», anuncian los creadores de «Philosophica».

El proyecto tiene por editores a Francisco Fernández Labastida, profesor asociado de Historia de la Filosofía Contemporánea en la Facultad de Filosofía Universidad Pontificia de la Santa Cruz, y a Juan Andrés Mercado Montes, profesor asociado de Historia de la Filosofía Moderna, de esa misma institución.

Más información en http://www.philosophica.info
ZS06120510
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DOCUMENTACIÓN

Benedicto XVI presenta las figuras de Timoteo y Tito
Intervención en la audiencia general

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 13 diciembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles dedicada a comentar las figuras de dos de los colaboradores más cercanos de san Pablo apóstol: Timoteo y Tito.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:
Después de haber hablado ampliamente del gran apóstol Pablo, hoy tomamos en consideración a dos de sus colaboradores más cercanos: Timoteo y Tito. A ellos están dirigidas tres cartas tradicionalmente atribuidas a Pablo, de las que dos están destinadas a Timoteo y una a Tito.

«Timoteo» es un nombre griego y significa «que honra a Dios». Mientras Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, le menciona seis veces, Pablo en sus cartas le nombra en 17 ocasiones (además aparece una vez en la Carta a los Hebreos). Podemos deducir que para Pablo gozaba de gran consideración, aunque Lucas no nos cuenta todo lo que tiene que ver con él. El apóstol, de hecho, le encargó misiones importantes y vio en él una especie de «alter ego», como se puede ver en el gran elogio que hace de él en la Carta a los Filipenses. «A nadie tengo de tan iguales sentimientos («isópsychon») que se preocupe sinceramente de vuestros intereses» (2,20).

Timoteo había nacido en Listra (a unos 200 kilómetros al noroeste de Tarso) de una madre judía y de un padre pagano (Cf. Hechos 16, 1). El hecho de que la madre hubiera contraído un matrimonio mixto y que no hubiera circuncidado a su hijo hace pensar que Timoteo se crió en una familia que no era estrictamente observante, aunque se dice que conocía las Escrituras desde la infancia (Cf. 2 Timoteo 3, 15). Se nos ha transmitido el nombre de su madre, Eunice, y el de su abuela Loida (Cf. 2 Timoteo 1, 5).

Cuando Pablo pasó por Listra al inicio del segundo viaje misionero, escogió a Timoteo como compañero, pues «los hermanos de Listra e Iconio daban de él un buen testimonio» (Hechos 16, 2), pero «le circuncidó a causa de los judíos que había por aquellos lugares» (Hechos 16, 3). Junto a Pablo y Silas, Timoteo atravesó Asia Menor hasta Tróada, desde donde pasó a Macedonia. Se nos dice que en Filipos, donde Pablo y Silas fueron acusados de alborotar la ciudad y encarcelados por haberse opuesto a que algunos individuos sin escrúpulos se aprovecharan de una joven adivina (Cf. Hechos 16, 16-40), Timoteo quedó libre. Cuando después Pablo se vio obligado a viajar hasta llegar a Atenas, Timoteo le alcanzó en esa ciudad y desde allí fue enviado a la joven Iglesia de Tesalónica para confirmarla en la fe (Cf. 1 Tesalonicenses 3,1-2). Se unió después al apóstol en Corinto, dándole buenas noticias sobre los tesalonicenses y colaborando con él en la evangelización de esa ciudad (Cf. 2 Corintios 1, 19).

Volvemos a encontrar a Timoteo en Éfeso, durante el tercer viaje misionero de Pablo. Desde allí, el apóstol escribió probablemente a Filemón y a los Filipenses, y ambas cartas son redactadas junto a Timoteo (Cf. Filemón 1; Filipenses 1, 1). De Éfeso, Pablo le envió a Macedonia junto a un cierto Erasto (Cf. Hechos 19,22) y después a Corinto, con el encargo de llevar una carta, en la que recomendaba a los corintios que le dieran buena acogida (Cf. 1 Corintios 4,17; 16,10-11).

Aparece otra vez como co-redactor de la Segunda Carta a los Corintios, y cuando desde Corintio Pablo escribe la Carta a los Romanos, transmite los saludos de Timoteo, así como el de los demás (Cf. Romanos 16,21). Desde Corinto, el discípulo volvió a viajar a Tróada, en la orilla asiática del Mar Egeo, para esperar allí al apóstol que se dirigía hacia Jerusalén al concluir su tercer viaje misionero (Cf. Hechos 20, 4).

Desde ese momento, en la biografía de Timoteo, las fuentes antiguas sólo nos ofrecen una mención en la Carta a los Hebreos, donde puede leerse: «Sabed que nuestro hermano Timoteo ha sido liberado. Si viene pronto, iré con él a veros» (13, 23).

Concluyendo, podemos decir que la figura de Timoteo destaca como la de un pastor de gran importancia. Según la posterior «Historia eclesiástica» de Eusebio, Timoteo fue el primer obispo de Éfeso (Cf. 3, 4). Algunas de sus reliquias se encuentran desde 1239 en Italia, en la catedral de Termoli, en Molise, procedentes de Constantinopla.

Por lo que se refiere a la figura de Tito, cuyo nombre es de origen latino, sabemos que era griego de nacimiento, es decir, pagano (Cf. Gálatas 2, 3). Pablo se lo llevó a Jerusalén con motivo del así llamado Concilio apostólico, en el que se aceptó solemnemente la predicación a los paganos del Evangelio sin los condicionamientos de la ley de Moisés.

En la Carta que le dirige, el apóstol le elogia definiéndole «verdadero hijo según la fe común» (Tito 1, 4). Después de que Timoteo se fuera de Corinto, Pablo envió a Tito con la tarea de hacer un llamamiento a la obediencia a esa comunidad rebelde. Tito llevó la paz entre la Iglesia de Corinto y el apóstol escribió estas palabras: «el Dios que consuela a los humillados, nos consoló con la llegada de Tito, y no sólo con su llegada, sino también con el consuelo que le habíais proporcionado, comunicándonos vuestra añoranza, vuestro pesar, vuestro celo por mí hasta el punto de colmarme de alegría… Eso es lo que nos ha consolado. Y mucho más que por este consuelo, nos hemos alegrado por el gozo de Tito, cuyo espíritu fue tranquilizado por todos vosotros». (2 Corintios 7,6-7.13). Pablo volvió a enviar Tito --a quien llama «compañero y colaborador» (2 Corintios 8, 23)-- para organizar la conclusión de las colectas a favor de los cristianos de Jerusalén (Cf. 2 Corintios 8, 6). Ulteriores noticias que se encuentran en las cartas pastorales hablan de él como obispo de Creta (Cf. Tito 1, 5), desde donde, por invitación de Pablo, se unió al apóstol en Nicópolis, en Epiro, (Cf. Tito 3,12). Más tarde fue también a Dalmacia (Cf. 2 Timoteo 4, 10). No tenemos más información sobre los viajes sucesivos de Tito ni sobre su muerte.

En definitiva, si consideramos juntas las dos figuras de Timoteo y de Tito, nos damos cuenta de algunos datos muy significativos. El más importante es que Pablo se sirvió de colaboradores en el desarrollo de sus misiones. Él es, ciertamente, el apóstol por antonomasia, fundador y pastor de muchas Iglesias. De todos modos, queda claro que no lo hacía todo solo, sino que se apoyaba en personas de confianza, que compartían el esfuerzo y las responsabilidades.

Cabe destacar además la disponibilidad de estos colaboradores. Las fuentes con que contamos sobre Timoteo y Tito subrayan su disponibilidad para asumir las diferentes tareas, que con frecuencia consistían en representar a Pablo incluso en circunstancias difíciles. Es decir, nos enseñan a servir al Evangelio con generosidad, sabiendo que esto implica también un servicio a la misma Iglesia.

Acojamos
, por último, la recomendación que el apóstol Pablo hace a Tito en la carta que le dirige: «Es cierta esta afirmación, y quiero que en esto te mantengas firme, para que los que creen en Dios traten de sobresalir en la práctica de las buenas obras. Esto es bueno y provechoso para los hombres» (Tito 3, 8). Con nuestro compromiso concreto, debemos y podemos descubrir la verdad de estas palabras, y realizar en este tiempo de Adviento obras buenas para abrir las puertas del mundo a Cristo, nuestro Salvador.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa saludó en varios idiomas a los peregrinos. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy consideramos las figuras de Timoteo y Tito, dos de los colaboradores más estrechos de san Pablo. Timoteo fue enviado por el Apóstol para algunas misiones importantes, lo cual demuestra la gran consideración en que lo tenía. Al inicio de su segundo viaje misionero, Pablo lo eligió como compañero, recorriendo juntos Asia Menor, Macedonia, y llegando hasta Atenas. Durante el tercer viaje apostólico, encontramos a Timoteo en Éfeso, desde donde fue enviado para cumplir diversos encargos. Aparece también junto al Apóstol en algunas de sus Cartas, así como el saludo final en la Carta a los Romanos. En cuanto a Tito, sabemos que Pablo lo llevó consigo a Jerusalén para participar en el llamado Concilio apostólico. El Apóstol le dirigió también una Carta y le encargó varias misiones, como la pacificación en la comunidad de Corinto o la colecta para los cristianos necesitados de Jerusalén.

La consideración de estas dos figuras nos enseña, en primer lugar, cómo Pablo se sirve de unos colaboradores de confianza para llevar a cabo su misión. Por otra parte, destaca la disponibilidad de los mismos y su prontitud a la hora de asumir diversos encargos, a veces nada fáciles, enseñándonos así a servir con generosidad la gran causa del Evangelio.

Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En especial a la parroquia Santa María Reina de Barcelona, a la Estudiantina de la Universidad Autónoma de Querétaro (México), - ¡muchas gracias por vuestro canto! - así como a los demás peregrinos de España y Latinoamérica. Siguiendo el ejemplo de aquellos primeros colaboradores de los Apóstoles, os animo a anunciar con valentía y entrega en vuestra vida a Cristo, el único Salvador de los hombres.

¡Muchas gracias por vuestra visita!

[© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]
ZS06121302
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Benedicto XVI hace un balance de su viaje a Turquía
Intervención en la audiencia general de este miércoles

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 6, diciembre 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles, dedicada a recordar su viaje apostólico a Turquía, que tuvo lugar del 28 de noviembre al 1 de diciembre.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:          
Como ya es costumbre después de cada viaje apostólico, quisiera, en esta audiencia general, recorrer las diferentes etapas de la peregrinación que hice a Turquía del martes al viernes de la semana pasada.       

Una visita que, como sabéis, no parecía fácil desde varios puntos de vista, pero que Dios ha acompañado desde el inicio y que de este modo ha podido desarrollarse felizmente. Por tanto, así como había pedido que se preparara y acompañara con la oración, ahora os pido que os unáis a mí para dar gracias al Señor por su desarrollo y conclusión.      

Le confío a Él los frutos que espero que puedan surgir de ella, ya sea para las relaciones con nuestros hermanos ortodoxos, ya sea para el diálogo con los musulmanes.           

En primer lugar, siento el deber de renovar mi cordial reconocimiento al presidente de la República, al primer ministro, y a las demás autoridades, que me han acogido con tanta cortesía y han asegurado las condiciones necesarias para que todo se desarrollara de la mejor manera. 

Doy las gracias fraternamente a los obispos de la Iglesia católica en Turquía y a sus colaboradores por todo lo que han hecho.      

Un agradecimiento particular dirijo al patriarca Bartolomé I, que me recibió en su casa, al patriarca armenio Mesrob II, al metropolita siro-ortodoxo Mor Filüksinos y a las demás autoridades religiosas. 

A lo largo del viaje me sentí particularmente apoyado por mis venerados predecesores, los siervos de Dios Pablo VI y Juan Pablo II, quienes realizaron una memorable visita a Turquía, y sobre todo el beato Juan XXIII, que fue representante pontificio en ese noble país de 1935 a 1944, dejando un recuerdo lleno de afecto.

Remontándome a la visión que el Concilio Vaticano II presenta de la Iglesia (Cf. constitución «Lumen gentium» 14-16), podría decir que también los viajes del Papa contribuyen a realizar su misión que se desarrolla en «círculos concéntricos». En el círculo más interno, el Sucesor de Pedro confirma a los fieles católicos en la fe, en el intermedio encuentra a los demás cristianos y en el más exterior se dirige a los no cristianos y a toda la humanidad.            

La
primera jornada de mi visita a Turquía se desarrolló en el ámbito de este tercer «círculo», el más amplio: encontré al primer ministro, al presidente de la República y al presidente para los Asuntos Religiosos, dirigiendo a éste último mi primer discurso; rendí homenaje al Mausoleo del «padre de la Patria Mustafá Kemal Atatürk, y después tuve la posibilidad de hablar al Cuerpo Diplomático en la nunciatura apostólica de Ankara.   

Esta intensa serie de encuentros constituyó una parte importante de la visita sobre todo porque Turquía es un país en su gran mayoría musulmán que se regula por una constitución que afirma la laicidad del Estado. Es, por lo tanto, un país que constituye un emblema del gran reto que hoy se plantea a nivel mundial: por una parte es necesario redescubrir la realidad de Dios y la importancia pública de la fe religiosa y, por otra, garantizar que la expresión de esa fe sea libre, sin degeneraciones fundamentalistas y capaz de repudiar firmemente cualquier forma de violencia.           

Por tanto, tuve la oportunidad propicia de renovar mis sentimientos de estima a los musulmanes y a la civilización islámica. Pude al mismo tiempo insistir en la importancia de que cristianos y musulmanes se comprometan juntos a favor del ser humano, la vida, la paz y la justicia, reafirmando que la distinción entre la esfera civil y la religiosa constituye un valor y que el Estado debe garantizar al ciudadano y a las comunidades religiosas la efectiva libertad de culto.          

En el ámbito del diálogo interreligioso la divina Providencia me permitió cumplir, casi al final de mi viaje, un gesto que en un primer momento no estaba previsto y que se reveló sumamente significativo: la visita a la Mezquita Azul de Estambul. Permaneciendo unos minutos en recogimiento en ese lugar de oración me dirigí al único Señor del cielo y de la tierra, Padre misericordioso de toda la humanidad. ¡Que todos los creyentes puedan reconocerse como criaturas y dar testimonio de auténtica fraternidad!        

La segunda jornada me llevó a Éfeso, y de este modo me encontré rápidamente en el «círculo» más interno del viaje, en contacto directo con la comunidad católica. En Éfeso, de hecho, en una agradable localidad llamada «Colina del ruiseñor», asomada al Mar Egeo, se encuentra el Santuario de la Casa de María. Se trata de una antigua y pequeña capilla surgida en torno a una casita que, según una antiquísima tradición, el apóstol Juan construyó para la Virgen María, después de haber ido con ella a Éfeso. El mismo Jesús les había confiado el uno a la otra y viceversa cuando, antes de morir en la cruz, le dijo a María: «Mujer, ahí tienes a tu hijo», y a Juan: «Ahí tienes a tu madre» (Juan 19,26-27). Las investigaciones arqueológicas han demostrado que ese lugar es desde hace tiempo inmemorable un lugar de culto mariano, amado también por los musulmanes, que se dirigen habitualmente para venerar a quien llaman «Meryem Ana», la Madre María. En el jardín contiguo al Santuario celebré la santa misa para un grupo de fieles venidos de la cercana Izmir y de otras partes de Turquía, así como del extranjero. En la «Casa de María» nos sentimos verdaderamente «en casa», y en aquel clima de paz rezamos por la paz en Tierra Santa y en todo el mundo. Allí quise recordar al padre Andrea Santoro, sacerdote romano, testigo en tierra turca del Evangelio con su sangre.

El «círculo» intermedio, el de las relaciones ecuménicas, ocupó la parte central del viaje, con motivo de la fiesta de san Andrés, el 30 de noviembre. Esta celebración sirvió de contexto ideal para consolidar las relaciones fraternas entre el obispo de Roma, sucesor de Pedro, y el patriarca ecuménico de Constantinopla, Iglesia fundada según la tradición por el apóstol san Andrés, hermano de Simón Pedro. Siguiendo las huellas de Pablo VI, que encontró al patriarca Atenágoras, y de Juan Pablo II, que fue acogido por el sucesor de Atenágoras, Dimitiros I, renové junto a Su Santidad Bartolomé I este gesto de gran valor simbólico para confirmar el compromiso recíproco de proseguir el camino hacia el restablecimiento de la comunión plena entre católicos y ortodoxos. 

Para sancionar este firme propósito firmé junto al patriarca ecuménico una «Declaración conjunta» que constituye una etapa ulterior en este camino.        

Fue sumamente significativo que este acto tuviera lugar al final de la solemne liturgia de la fiesta de san Andrés, a la que asistí y que se concluyó con la doble bendición impartida por el obispo de Roma y por el patriarca de Constantinopla, sucesores respectivamente de los apóstoles Pedro y Andrés. De este modo manifestamos que en el fundamento de todo esfuerzo ecuménico siempre está la oración y la perseverante invocación del Espíritu Santo.           

En este mismo ámbito, en Estambul, tuve la alegría de visitar al patriarca de la Iglesia Armenia apostólica, Su Beatitud Mesrob II, y de encontrar al metropolita siro-ortodoxo. Recuerdo con agrado, en ese contexto, el coloquio que mantuve con el gran rabino de Turquía.  

Mi visita se concluyó, justamente antes del regreso para Roma, regresando al «círculo» más interno, es decir, encontrando a la comunidad católica presente con todos sus componentes en la catedral latina del Espíritu Santo, en Estambul. También asistieron a esa santa misa el patriarca ecuménico, el patriarca armenio, el metropolita siro-ortodoxo y los representantes de las Iglesias protestantes. En definitiva estaban reunidos en oración todos los cristianos, en la diversidad de las tradiciones, ritos e idiomas. Confortados por la Palabra de Cristo, que promete a los creyentes «ríos de agua viva» (Juan 7, 38), y por la imagen de los muchos miembros unidos en un solo cuerpo (Cf. 1 Corintios 12, 12-13), vivimos la experiencia renovada de Pentecostés.

Queridos hermanos y hermanas: he regresado al Vaticano con el espíritu lleno de gratitud a Dios y con sentimientos de sincero afecto y estima por los habitantes de la querida nación turca, por quienes me he sentido acogido y comprendido. La simpatía y la cordialidad que me han rodeado, a pesar de las dificultades inevitables que ha provocado mi visita al desarrollo normal de sus actividades cotidianas, me quedan como un recuerdo intenso que me lleva a orar. Que Dios omnipotente y misericordioso ayude al pueblo turco, a sus gobernantes, y a los representantes de las religiones a construir juntos un futuro de paz para que Turquía pueda ser un «puente» de amistad y de colaboración fraternal entre Occidente y Oriente. Recemos, además, para que por intercesión de María Santísima, el Espíritu Santo haga fecundo este viaje apostólico, y aliente en todo el mundo la misión de la Iglesia, instituida por Cristo para anunciar a todos los pueblos el evangelio de la verdad, de la paz y del amor.           

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]    

Queridos hermanos y hermanas:          
Doy gracias al Señor por mi reciente viaje a Turquía, durante el cual me sostuvieron vuestras oraciones. Allí he insistido en la importancia del compromiso de los cristianos y musulmanes por la causa del hombre, de la vida, de la paz y de la justicia.      

En
el ámbito del diálogo interreligioso, al visitar la Mezquita Azul de Estambul, en silencio me he dirigido al único Señor, Padre misericordioso de toda la humanidad. Los encuentros ecuménicos han servido para consolidar las relaciones fraternas con los ortodoxos. En este sentido, he firmado con el Patriarca Ecuménico Bartolomé I una Declaración Conjunta. Asimismo me he reunido con la comunidad católica en la Casa de María, santuario tan querido también por los musulmanes, que acuden a venerar a la que llaman «Meryem Ana», la Madre María.

He
vuelto lleno de gratitud y afecto por los habitantes de aquella amada nación, así como por todos los musulmanes y la civilización islámica. Que Dios omnipotente y misericordioso ayude al pueblo turco, a sus gobernantes y representantes de las diversas religiones, a construir un futuro de paz, para que Turquía pueda ser un puente de amistad y colaboración fraterna entre Occidente y Oriente.     

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, especialmente a las religiosas de María Inmaculada, a los numerosos fieles de distintas parroquias, cofradías y colegios de España, así como a los de América Latina. Pidamos al Espíritu Santo que haga fecundo este viaje apostólico y aliente la misión de la Iglesia, instituida por Cristo para anunciar a todos los pueblos el Evangelio de la verdad, de la paz y del amor.

[© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana]   
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