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PARROQUIA NUESTRA
SEÑORA DE FÁTIMA
Diócesis de San Isidro Av. Libertador 13.900 - 1640 Martínez - Tel. y Fax 4508-8501 // 8502 E-mail: pqfatima@... // secretaria@... Página Web: www.fatima.org.ar |
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Noticias desde la Parroquia de Fátima |
7 de marzo de 2007 - Año X - N° 349 |
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Índice
de Noticias |
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NUESTRA PARROQUIA |
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Al retomar, prácticamente,
todas las actividades que realizamos durante el año, y que quizás, algunas
interrumpimos por el verano, nos encontramos, una vez mas, con el Tiempo de
Cuaresma, tiempo especialmente dedicado para preparar Queremos que nuestra vida se desarrolle, en general, sin contratiempos o sobresaltos desagradables, llena de alegría y con ausencia de tristezas, pudiendo disfrutar del tiempo, las personas y las cosas sin tener que esforzarnos demasiado para conseguir una paz interior. En lo posible deseamos ejercer un cierto control, sobre la vida y los acontecimientos, y no tener que estar corriendo para subsanar o tapar errores, propios o ajenos. Esperamos gozar del amor de los demás y poder brindar el nuestro, sin recriminaciones. No podemos desconocer que existe, nos rodea y nos atrapa el egoísmo, la comodidad, la pereza, la envidia, el rencor, los celos, la sensualidad, la lujuria, la posesión, el dominio, la despreocupación, el olvido, la mentira, el amor propio, etc, etc., que nos llevan a no ser, y a no hacer, todo de la mejor manera posible, tratando de hacer y transmitir el bien, la bondad, el amor en toda circunstancia, a pesar de los buenos propósitos y esfuerzos que se realicen para conseguirlo. No siempre estamos tan atentos a los demás para captar y realizar lo que esperan de nosotros, lo que necesitan, lo que les hace falta. Muchas veces actuamos equivocadamente y lastimamos, dañamos, ofendemos, a veces sin querer ni darnos cuenta, y otras sabiéndolo. Por eso, el tiempo de Cuaresma viene en ayuda de nuestras debilidades para ayudarnos a tenerlas mas en cuenta, a descubrirlas, y poder cambiarlas. Necesitamos crecer en amor a Dios, para poder crecer en amor a los demás. Necesitamos descubrir todo lo que significa que Dios nos ama de verdad y sin condiciones, para poder seguirlo con mayor tolerancia y misericordia frente a los errores ajenos, necesitamos darnos cuenta de toda la felicidad que el Señor nos ofrece para vivirla siendo mas solidarios, mas atentos, mas humildes, mas desinteresados, mas presindentes de las cosas que nos atrapan, nos esclavizan y nos dañan. Necesitamos ver y sentir todo lo que Jesús hizo y hace por nosotros para abrirnos los ojos a la verdad para tener una mirada mas limpia frente a los demás, sus intenciones, sus proyectos, sus palabras y gestos. Estas semanas de Cuaresma pueden ser de gran ayuda para crecer en estas virtudes, o las que tenemos mas débiles o descuidadas. La lectura de la Palabra de Dios, un rato de oración, frente al Santísimo o en casa, el estar mas atentos a nuestros errores habituales para tratar de disminuirlos, el dejar de lado algunas cosas que nos aturden o dañan, el tratar de poder perdonar un poco mas, o dejar pasar los errores sin estar marcándolos tanto, el tratar de ser mas generosos con nuestro tiempo y con nuestros bienes………..son aspectos que la Cuaresma nos ofrece para encontrar mas paz interior, mas felicidad, y estar mas capacitados para transmitirlas con solo vivir. ¡Que Un abrazo y mis oraciones.
Padre |
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ARGENTINA |
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Preparan el Encuentro Arquidiocesano de
Catequesis EAC 2007:
Buenos Aires, 2 Mar. 07 (AICA) "Amar y servir, herencia de
Jesús", será el lema del Encuentro Arquidiocesano
de Catequesis de Buenos Aires (EAC 2007) que se realizará el sábado 10 de
marzo en el Colegio De La Salle, Riobamba 650. Comenzará a las 8.30 y prevé
una charla central a las 10 sobre "Lucas nos enseña la dinámica del
discipulado", a cargo de Fray Miguel Angel López. Luego se trabajará por vicarías y, a las 15,
habrá talleres de catequesis de niños, adultos, pastorales, teológicos y
ámbitos. Tras el plenario de las 17.30 y una dramatización a cargo de Mónica
Gómez, a las 18.30, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, presidirá la misa de clausura. Informes: eac2007@... o en la
página de Internet: www.catequistabaires.org.ar
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Mons. Fenoy
tomó posesión de la diócesis de San Miguel:
San Miguel (Buenos Aires), 5 Mar. 07 (AICA)
En una ceremonia en la que los fieles
resistieron la lluvia para dar la bienvenida a su nuevo pastor, monseñor
Sergio Alfredo Fenoy tomó posesión de la sede
diocesana de San Miguel. El nuevo Obispo (el quinto diocesano) presidió la
Eucaristía en la catedral de San Miguel el sábado 3 de marzo por la tarde,
acompañado por más de 15 obispos entre los que se encontraban el cardenal
Jorge Bergoglio, primado de la Argentina, y el
Nuncio Apostólico, monseñor Adriano Bernardini.
Concelebró también todo el clero diocesano y religioso. |
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MUNDO |
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Concurso para jóvenes cineastas «Filmar lo inefable» ROMA, jueves, 1 marzo 2007 (ZENIT.org).-
El Centro Superior de Producción Cinematográfica (CSPC), «Filmar lo inefable»,
ha convocado un concurso de jóvenes cineastas para participar en la
realización de su primer largometraje: «Amnistía». Este Centro impulsa la creación de
nuevos lenguajes cinematográficos con técnica digital. En particular, busca
narrar historias desde la dimensión espiritual del ser humano, es decir
«Filmar lo inefable». Para participar en el concurso es
necesario registrarse y enviar los elementos requeridos por los convocantes del concurso antes del 5 de marzo. La página web es http://www.filmarloinefable.org/competition_2007_film_amnistia/announcement/es Los ganadores del premio participarán en
la realización del film «Amnistía», que se realizará en Guadalajara, México
en el año 2007. Entre los premios, se ofrece también una
plaza laboral por un año como profesor del CSPC. Más información en http://www.filmarloinefable.org ZS07030102 |
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Benedicto
XVI presenta a san Clemente Romano, tercer sucesor de Pedro * * * |
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Queridos hermanos y hermanas: Hemos meditado en los meses pasados en
las figuras de cada uno de los apóstoles y en los primeros testigos de la fe
cristiana, mencionados en los escritos del Nuevo Testamento. Ahora,
prestaremos atención a los padres apostólicos, es decir, a la primera y
segunda generación de la Iglesia, después de los apóstoles. De este modo
podemos ver cómo comienza el camino de la Iglesia en la historia. San Clemente, obispo de Roma en los
últimos años del siglo I, es el tercer sucesor de Pedro, después de Lino y Anacleto. El testimonio más importante sobre su vida es
el de san Ireneo, obispo de Lyón hasta el año 202.
Él atestigua que Clemente «había visto a los apóstoles», «se había encontrado
con ellos» y «todavía resonaba en sus tímpanos su predicación, y tenía ante
los ojos su tradición» («Adversus haereses» 3, 3, 3). Testimonios tardíos, entre los siglos
IV y VI, atribuyen a Clemente el título de mártir. La autoridad y el prestigio de este
obispo de Roma eran tales que se le atribuyeron varios escritos, pero su
única obra segura es La intervención de Clemente --estamos
todavía en el siglo I-- era solicitada por los graves problemas por los que
atravesaba la Iglesia de Corinto: los presbíteros de la comunidad, de hecho,
habían sido después por algunos jóvenes contestadores. La penosa situación es
recordada, una vez más, por san Ireneo, que
escribe: «Bajo Clemente, al surgir un gran choque entre los hermanos de
Corinto, la Iglesia de Roma envió a los corintios una carta importantísima
para reconciliarles en la paz, renovar su fe y anunciar la tradición, que
desde hace poco tiempo ella había recibido de los apóstoles» («Adversus haereses» 3,3,3). Podríamos decir que esta carta constituye un primer
ejercicio del Primado romano después de la muerte de san Pedro. La carta de
Clemente retoma temas muy sentidos por san Pablo, que había escrito dos
grandes cartas a los corintios, en particular, la dialéctica teológica,
perennemente actual, entre indicativo
de la salvación e imperativo del
compromiso moral. Ante todo está el alegre anuncio de la gracia que salva. El
Señor nos previene y nos da el perdón, nos da su amor, la gracia de ser
cristianos, hermanos y hermanas suyos. Es un anuncio que llena de alegría
nuestra vida y que da seguridad a nuestro actuar: el Señor nos previene
siempre con su bondad y la bondad es siempre más grande que todos nuestros
pecados. Es necesario, sin embargo, que nos comprometamos de manera coherente
con el don recibido y que respondamos al anuncio de la salvación con un
camino generoso y valiente de conversión. Respecto al modelo de san Pablo, la
novedad está en que Clemente da continuidad a la parte doctrinal y a la parte
práctica, que conformaban todas las cartas de Pablo, con una «gran oración»,
que prácticamente concluye la carta. La oportunidad inmediata de la carta
abre al obispo de Roma la posibilidad de exponer ampliamente la identidad de
la Iglesia y de su misión. Si en Corinto se han dado abusos, observa
Clemente, el motivo hay que buscarlo en la debilitación de la caridad y de
otras virtudes cristianas indispensables. Por este motivo, invita a los
fieles a la humildad y al amor fraterno, dos virtudes que forman parte
verdaderamente del ser en la Iglesia. «Somos una porción santa», exhorta,
«hagamos, por tanto, todo lo que exige la santidad» (30, 1). En particular,
el obispo de Roma recuerda que el mismo Señor «estableció donde y por quien
quiere que los servicios litúrgicos sean realizados para que todo, cumplido
santamente y con su beneplácito, sea aceptable a su voluntad… Porque el
sumo sacerdote tiene sus peculiares funciones asignadas a él; los levitas
tienen encomendados sus propios servicios, mientras que el laico está
sometido a los preceptos del laico» (40,1-5: obsérvese que en esta carta de
finales del siglo I aparece por primera vez en la literatura cristiana
aparece el término «laikós», que significa «miembro
del laos»,
es decir, «del pueblo de Dios»). De este modo, al referirse a la liturgia
del antiguo Israel, Clemente revela su ideal de Iglesia. Ésta es congregada
por el «único Espíritu de gracia infundido sobre nosotros», que sopla en los
diversos miembros del Cuerpo de Cristo, en el que todos, unidos sin ninguna
separación, son «miembros los unos de los otros» (46, 6-7). La neta
distinción entre «laico» y la jerarquía no significa para nada una
contraposición, sino sólo esta relación orgánica de un cuerpo, de un
organismo, con las diferentes funciones. La Iglesia, de hecho, no es un lugar
de confusión y de anarquía, donde cada uno puede hacer lo que quiere en todo
momento: cada quien en este organismo, con una estructura articulada, ejerce
su ministerio según su vocación recibida. Por lo que se refiere a los jefes de las
comunidades, Clemente explicita claramente la doctrina de la sucesión
apostólica. Las normas que la regulan se derivan, en última instancia, del
mismo Dios. El Padre ha enviado a Jesucristo, quien a su vez ha enviado a los
apóstoles. Éstos luego mandaron a los primeros jefes de las comunidades y
establecieron que a ellos les sucedieran otros hombres dignos. Por tanto,
todo procede «ordenadamente de la voluntad de Dios» (42). Con estas palabras,
con estas frases, san Clemente subraya que la Iglesia tiene una estructura
sacramental y no una estructura política. La acción de Dios que sale a
nuestro encuentro en la liturgia precede a nuestras decisiones e ideas. La
Iglesia es sobre todo don de Dios y no una criatura nuestra, y por ello esta
estructura sacramental no garantiza sólo el ordenamiento común, sino también la
precedencia del don de Dios, del que todos tenemos necesidad. Finalmente, la «gran oración», confiere
una apertura cósmica a los argumentos precedentes. Clemente alaba y da
gracias a Dios por su maravillosa providencia de amor, que ha creado el mundo
y que sigue salvándolo y santificándolo. Particular importancia asume la
invocación para los gobernantes. Después de los textos del Nuevo Testamento,
representa la oración más antigua por las instituciones políticas. De este
modo, tras la persecución, los cristianos, aunque sabían que continuarían las
persecuciones, no dejan de rezar por esas mismas autoridades que les habían
condenado injustamente. El motivo es ante todo de carácter cristológico: es necesario rezar por los perseguidores,
como lo hizo Jesús en De este modo, la carta de Clemente
afronta numerosos temas de perenne actualidad. Es aún más significativa, pues
representa desde el silo I la solicitud de la Iglesia de Roma, que preside en
la caridad a todas las demás Iglesias. Con el mismo Espíritu, elevemos
también nosotros las invocaciones de la «gran oración», allí donde el obispo
de Roma asume la voz del mundo entero: «Sí, Señor, haz que resplandezca en
nosotros tu rostro con el bien de la paz; protégenos con tu mano
poderosa… Nosotros te damos gracias, a través del sumo Sacerdote y guía
de nuestras almas, Jesucristo, por medio del cual sea gloria y alabanza a ti,
ahora, y de generación en generación, por los siglos de los siglos. Amén»
(60-61). [Traducción del
original italiano realizada por Zenit. Al final de
la audeincia, el Papa saludó a los peregrinos en
varios idiomas. En inglés, dijo:] Queridos hermanos y hermanas: Después de reflexionar sobre cada
Apóstol, hoy dedicamos este encuentro a los Padres apostólicos, iniciando con
san Clemente, tercer sucesor de Pedro, después de Lino y Anacleto,
al final del primer siglo. Conservamos su «Carta a los Corintios», sobre
problemas surgidos en aquella Comunidad, mostrando así la solicitud de la
Iglesia de Roma que preside en la caridad a todas las demás. Para Clemente,
la Iglesia no ha de ser un lugar de confusión o anarquía, sino que por el
Espíritu forma un cuerpo ordenado: en ella, cada miembro cumple su misión
según su vocación. Al mismo tiempo, expone con claridad la doctrina de la
sucesión apostólica. Al pedir oraciones para las
instituciones políticas, Clemente atestigua cómo, poco después de las
persecuciones, los cristianos no dejan de rezar por las mismas autoridades
que los habían condenado injustamente. Rezando por ellas, no sólo se reconoce
la legitimidad de las instituciones políticas en el orden establecido por
Dios, sino que también manifiesta su preocupación para que las autoridades
ejerzan el poder con paz y mansedumbre, teniendo en cuenta que hay otra
soberanía, la de la verdad, que debe ser atendida por el Estado. Me es grato saludar con afecto a los
visitantes de lengua española. En particular, saludo a los formadores y
seminaristas del Seminario mayor de León, así como a los distintos grupos
parroquiales y asociaciones venidos de España, México y otros países
latinoamericanos. Animo a todos a colaborar para que vuestras comunidades
eclesiales vivan en la unidad y en la caridad. ¡Gracias por vuestra visita! [© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana] ZS07030704 |
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