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PARROQUIA
NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
Diócesis de San Isidro
Av. Libertador 13.900 -
1640 Martínez - Tel. y Fax 4508-8501 // 8502
E-mail: pqfatima@... // secretaria@...
Página
Web: www.fatima.org.ar
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Noticias desde la Parroquia de Fátima
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5
de noviembre de 2007 - Año X - N° 371
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Índice de Noticias
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NUESTRA DIOCESIS
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Jubileo Diocesano
PEREGRINACIÓN DIOCESANA A LUJAN 2007
¡Gracias, Madre, por estos 50 años!
Sábado 17 de noviembre
Misa de Acción de Gracias presidida por el Nuncio
Apostólico Mons. Adriano Bernardini.
Nos encontraremos en el Monumento a las Malvinas (rotonda de la ex
ruta 7, al lado del puente sobre el Río Luján), a partir de las 15.00 y
comenzaremos la peregrinación hasta la Basílica a las 16.15 hs.
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ARGENTINA
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Encuentro de Novios (ICEE)
16,17 y 18 Noviembre
“La boda es un
día, el matrimonio es para toda la vida”
¿Qué es el Encuentro de Novios?
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Es una experiencia sumamente positiva para pareja de
novios enamorados que desean amarse toda la vida.
·
Es un proyecto pensado para
parejas (hasta 1 año y medio de casados) que quieren fortalecer
su amor.
·
Es una oportunidad, para dedicarse
mutuamente ese tiempo necesario, que muchas veces en toda pareja
escasea durante el trajín de la semana laboral o se pierde en medio del
estudio.
·
Es
maravilloso tener la posibilidad de alejarse del ruido cotidiano de la
ciudad, tomar otra perspectiva de la vida
y desde allí acercarte a tu pareja. De esta manera, se abren las puertas a un diálogo profundo y
sincero; compartiendo sueños sentimientos, emociones y descubrir
tu realidad afectiva, para planear una
vida juntos.
·
Es la oportunidad de abarcar en
total privacidad temas en pareja acerca, de sus proyectos
y propósitos. Podrán llevarse al final del encuentro reflexiones,
conclusiones, certezas, inquietudes y muchas herramientas para la comunicación, para continuar creciendo
como pareja que está construyendo su Proyecto de Vida compartida.
Está organizado desde el Centro de
Orientación Vocacional (COV)
guiado por dos matrimonios y un sacerdote quienes están dedicados y
comprometidos desde hace tiempo en brindar desde este lugar, un espacio en dónde las parejas de novios,
puedan gracias al diálogo y la reflexión afianzar la relación de noviazgo y/o
de matrimonio para descubrir que el
matrimonio es una vocación.
Próximas fechas:
* 16-17-18 Noviembre *
Informate : covnovios@...
Vicente Y Elena Smiriglia:
vicensmiriglia@...
T.E: 4-251-0084 / 5232
Padre
Vicente Zueco: vicentezueco@...
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MUNDO
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Curso bíblico virtual sobre el
Evangelio de San Mateo
Ofrecido por el Centro
Bíblico Pastoral para América Latina (CEBIPAL)
BOGOTÁ, martes, 30 octubre 2007 (ZENIT.org-El Observador).- Del 5 de
noviembre al 3 de diciembre de 2007 se llevará a cabo, en la sede del Centro
Bíblico Pastoral para América Latina (CEBIPAL) el curso bíblico virtual sobre
el Evangelio de San Mateo, como preparación a las lecturas del Ciclo A del
2008.
Inspirado en el lema de
Aparecida, procedente, justamente, del Evangelio de San Mateo, el Curso tiene
por lema propia el «vayan y hagan discípulos a todos los pueblos» (Mt 28,19 )
El CEBIPAL dependiente
de la estructura del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), invita así a
preparar el año litúrgico de San Mateo (ciclo A) que comenzará el próximo 1
de diciembre, con la realización de un curso bíblico virtual sobre este
Evangelio.
El propósito del curso
virtual es el de refrescar los conocimientos sobre este evangelio, estudiando
sus grandes ejes temáticos y catequéticos, a partir de un cotejo cuidadoso de
los textos.
«Nuestro enfoque
privilegiado será el dado por Aparecida: el discipulado misionero. Con este
curso los predicadores podrán tener una visión de conjunto de los pasajes que
se explicarán durante el año, todos los agentes de pastoral podrán darle un
enfoque bíblico y unificado a sus programas pastorales», han escrito sus
organizadores.
El curso virtual
iniciará el jueves 5 de noviembre con la publicación de la unidad
introductoria, este estudio inicial finalizará el 3 de diciembre viendo las
siguientes materias: «Introducción y marco contextual del Evangelio de San
Mateo»; «Mateo un Evangelio fascinante para nuestro tiempo»; «Discípulos
hasta el final»; «La misión, una consecuencia del discipulado».
Más información en las
siguientes direcciones electrónicas: cebipal@...;
celamservicios@...
Página web: http: www.celam.org/cebipal
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SANTA SEDE
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Ser buen cristiano es ser buen
ciudadano (y pagar impuestos…), aclara el Papa
Al presentar la figura
de san Máximo, obispo de Turín
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 31 octubre 2007 (ZENIT.org).- Para Benedicto XVI la
fe cristiana, no aleja de las tareas temporales; por el contrario, refuerza
el compromiso cívico, que implica, entre otras cosas, el pago de los
impuestos.
Lo explicó este miércoles a los más de 30 mil peregrinos que participaron en
la audiencia general a quienes presentó bajo una tremenda lluvia la figura de
san Máximo, quien fue obispo de Turín entre finales del siglo IV e inicios
del V.
En momentos en los que tenía lugar el derrumbe de la civilización clásica,
explicó el Papa, «Máximo no sólo se dedica a alentar en los fieles al amor
tradicional hacia la patria ciudadana, sino que proclama también el preciso
deber de afrontar los gastos fiscales, por más pesados y desagradables que
parezcan».
«Es evidente que el contexto histórico, cultural y social hoy es
profundamente diferente», reconoció el Papa.
«En todo caso --añadió--, independientemente del cambio de circunstancias,
siguen siendo válidas las obligaciones del creyente ante su ciudad y su
patria. La íntima relación entre el “ciudadano honesto” y el
“buen cristiano” sigue totalmente vigente», afirmó.
Con su enseñanza, el obispo de Roma quiso recalcar la doctrina del Concilio
Vaticano II en la constitución pastoral «Gaudium et
spes» que presenta como «uno de los aspectos más
importantes de la unidad de vida del cristiano» «la coherencia entre la fe y
el comportamiento, entre Evangelio y cultura».
«Se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aquí ciudad
permanente --alertaba el Concilio--, pues buscamos la futura, consideran que
pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta de que la propia fe
les obliga al más perfecto cumplimiento de todas ellas según la vocación
personal de cada uno».
El Papa concluyó expresando el deseo de «cada vez más fieles quieran ejercer
todas sus actividades temporales haciendo una síntesis vital del esfuerzo
humano, familiar, profesional, científico o técnico, con los valores religiosos».
De este modo, aclaró, no sólo «se coopera con la gloria de Dios» sino también
«con el bien de la humanidad».
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Subdirector de «L'Osservatore Romano»:
«El camino en profundidad de Benedicto XVI»
Primer artículo de
comentario de Carlo Di Cicco desde su cargo en el
diario
CIUDAD DEL VATICANO, martes, 30 octubre 2007 (ZENIT.org).-
Ofrecemos a los lectores el artículo de comentario de Carlo Di Cicco
publicado en la edición del 28 de octubre de «L'Osservatore
Romano», primera en la que ha asumido oficialmente su función como
subdirector.
* * *
El camino en profundidad de Benedicto XVI
El hombre en una
dimensión, sin al menos una ventana abierta a la Trascendencia, no convence a
Benedicto XVI. Por su naturaleza el hombre tiene una capacidad de dialogar
con Dios y con una referencia a Dios, también en el respeto de la sociedad
pluralista, las cosas podrían ir mejor. Y esta convicción va proponiendo el
papa a la reflexión común.
Dios constituye el
centro de la acción pastoral y cultural de Benedicto XVI. Intenta hablar ante
todo y sobre todo de Dios como una clave posible de lectura de la realidad. El
diálogo de fe y razón se mueve respecto a dos grandes interlocutores que son
actores de él: Dios mismo y el hombre, antes aún que laicos y creyentes.
El humanismo de
Benedicto XVI es igual a su pasión por Dios. El Dios bíblico, que ha entrado
en la historia con Jesús de Nazaret, es un Dios que salva y un Dios que
dialoga.
Si la razón está
llamada a medirse con este anuncio, la fe está llamada a conformarse con él,
conformarse al amor. Por ello el binomio de fe y razón tan querido al teólogo
Ratzinger, cuando se dirige a los fieles se amplía a un tercer elemento: la oración. El nombre
de Benedicto XVI fue elegido por el papa para llamar en el plano histórico a
los hombres al primado de la paz y en el plano de la fe para devolver a Dios
el primado de la acción: ora et labora.
Caminar en profundidad,
transformarse en discípulos del Evangelio para aprender a orar, es el primer
mandamiento del pontificado. El fino teólogo que actualiza la reflexión
racional sobre la fe, expresa clara su convicción: los nudos históricos que
hacen difícil el diálogo entre creyentes y no creyentes, las angustias que
parecen endurecer en occidente credibilidad y dinamismo de las Iglesias y
confesiones cristianas, se disolverán no tanto transformando a los cristianos
en activistas cuanto en discípulos de la oración. Empeño
político, competencias profesionales, capacidad planificadora para liberar
solidaridad y libertad, que derechos y justicia no se arrinconen; pero se
pide a los cristianos como a cualquier otro habitante en la ciudad del
hombre. En su especificidad los cristianos elevan la oración al Dios
viviente, al Dios de Jesucristo. Y esto especialmente deben
practicar.
Orar, según el papa
Ratzinger, no quiere decir, en cambio, repetir fórmulas a un Dios
«apaga-fuegos». Representa una experiencia de vida que transforma, mejora la
capacidad de amar, permite entrever el camino hacia la felicidad interior. Es
un principio activo para hombres nuevos.
Benedicto XVI lo ha
dicho en circunstancias importantes, como el discurso a los católicos
italianos en el congreso de Verona; lo ha repetido hablando recientemente de
emergencias ambientales, económicas, políticas y sociales. Junto a desarrollo
sostenible, economía social que modera el lucro y rescata el trabajo, lucha
contra la camorra, resistencia a la violencia con el compromiso civil y la
acción no violenta, Benedicto XVI sitúa, sin falta, la oración. No como
añadido que se espera de un sacerdote y más todavía de un papa. La consigna,
primera entre todas las consignas a los católicos italianos y no sólo, no ha
sido agitación activista alguna, sino la oración. «Antes de cualquier
programa nuestro, en efecto, debe estar la adoración, que nos hace
verdaderamente libres y da los criterios de nuestra actuación», afirmó en
Verona.
«La fuerza que en
silencio y sin clamores cambia el mundo y lo transforma en el Reino de Dios
–dijo a la ciudad de Nápoles-- es la fe, y expresión de la fe es la oración. Cuando
la fe se colma de amor por Dios reconocido como padre bueno y justo, la
oración se hace perseverante, insistente, se convierte en un gemido del
espíritu, un grito del alma que penetra el corazón de Dios. De tal modo la
oración se transforma en la mayor fuerza de transformación del mundo. Frente
a realidades sociales y difíciles y complejas, como ciertamente también es la
vuestra, es necesario reforzar la esperanza, que se funda en la fe y se
expresa en una oración incansable».
La oración nos devuelve
a la vida cotidiana como hombres y mujeres convertidos, libres de intereses,
dispuestos a actuar por el bien de los débiles y de los más pobres.
Relatar a Benedicto XVI
saliendo de la leyenda es relatar un recorrido cultural que apunta a lo
esencial. Es encontrarse así en la oración que requiere comenzar a examinarse
uno mismo en lugar de señalar la paja en el ojo ajeno. Es un modo de ver cada
gran cuestión del vivir y del morir no como ocasión de contienda, sino como
momento para reencontrarse entre diferentes para la afirmación del bien
común. Cosa que significa para cada uno dejar fuera de la puerta los
respectivos atrasos y prejuicios.
El Dios al que
Benedicto XVI invita a orar es un Dios liberador, que no está presente a
destellos, sino que se ha introducido en nuestra existencia, garantizándonos
un «despertar a la vida» más allá de la muerte. Ésta, de hecho, no logra
romper el diálogo entre Dios y el hombre que, una vez iniciado, nos libera de
la angustia del límite mortal.
El papa no está
preocupado por una imaginaria hegemonía, sino más bien por el testimonio
cristiano que ahora cuesta percibir. No se testimonia nada de Dios si antes
no se ha vivido al menos algún tiempo con Él. Orar y tener experiencia de
Dios. Es la experiencia la que lleva a un testimonio sin palabras. Benedicto
XVI lo repite desde el momento de su elección relatando en las audiencias
generales la historia de los grandes testigos de la fe, empezando por los
apóstoles. El teorema ratzingeriano se presenta con
toda evidencia y honestidad intelectual. Con sus consecuencias.
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DOCUMENTOS
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Una
fe conforme a la razón
Racionalidad y cristianismo en el discurso de
Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona
MÉXICO, sábado, 27 octubre 2007 (ZENIT.org-El Observador).- Publicamos una
intervención del doctor por la Academia Internacional
de Filosofía en el Principado de Liechtenstein, Rodrigo Guerra López,
director del Proyecto «Centro Karol Wojtyla para la investigación social
avanzada» y miembro de la Academia Pontificia para al Vida, sobre
«Racionalidad y cristianismo en el discurso de Benedicto XVI en la
Universidad de Ratisbona (12 de septiembre de 2006).
* * *
Introducción
Ratisbona es una pequeña ciudad de la región de Bavaria situada en las
orillas del Río Danubio [1]. Actualmente cuenta con 150 mil habitantes y ha
sido morada, a través de su larga historia, de personajes sumamente variados
como San Alberto Magno, Johannes Kepler u Oskar
Schindler.
En los años que transcurren de 1969 a 1977, la recién inaugurada Universidad
de la ciudad, ofreció una oportunidad de trabajo a Joseph Ratzinger para
ampliar su dedicación como investigador y docente. En su autobiografía,
nuestro autor comenta que el motivo principal por el que aceptó una cátedra
de teología dogmática en este lugar, dejando su puesto en la Universidad de
Tubinga, fue porque «quería desarrollar» su «teología en un contexto menos
agitado y no quería estar implicado en continuas polémicas» [2]. Cuando
Ratzinger escribía este último aserto, no se imaginaba, siquiera lejanamente,
que algún día sería elegido Pontífice de la Iglesia católica. Mucho menos
pensaba que Ratisbona, apacible lugar para la vida académica, sería el lugar
en el que nacería una intensa controversia en torno a un pequeño discurso que
él, en su calidad de Papa, dirigiría a un conjunto de profesores el día 12 de
septiembre del año 2006.
Las reacciones y contra-reacciones aparecidas alrededor del discurso
pontificio en Ratisbona fueron innumerables y llenaron los espacios
periodísticos durante varias semanas. No es nuestro propósito abundar en
ellas. De hecho, es fácil advertir que un discurso pontificio sobre una
cuestión esencial para el presente y el futuro del cristianismo en el nuevo
escenario mundial, fue gravemente tergiversado por algunos medios de
comunicación, por algunos analistas y por algunos líderes
político-religiosos.
Pasada la tormenta mediática, lo importante es volver al texto original y
tratar de descubrir cuál es la cuestión de fondo que gravita en las palabras
del Papa. Más allá de los juegos de poder que algunos implementaron: ¿cuál es
la intuición que mueve a Benedicto XVI en esta intervención realizada en el
contexto de una visita pastoral a Alemania? ¿Qué es lo que desea subrayar al hablar
frente a los representantes del mundo de la ciencia y la cultura en el Aula
Magna de la Universidad de Ratisbona?
1.
Un texto antiguo
El Papa Benedicto XVI comenta que ha leído recientemente un texto
antiguo, posiblemente redactado a finales del siglo XIV, y que cuenta el
diálogo sobre cristianismo e Islam mantenido por el emperador bizantino
Manuel II Paleólogo y un persa particularmente culto. El diálogo versa sobre
diversas materias. Pero una idea llama la atención del Pontífice: el
emperador se pronuncia en contra de la difusión de la fe a través de la violencia. La
violencia, según Manuel II Paleólogo, contrasta con la esencia de Dios y del
alma. Y así, llega a sostener textualmente que:
«Dios no se complace con la sangre —dice—; no actuar según la
razón (σὺν λόγω)
es contrario a la naturaleza de Dios. La fe es fruto del alma, no del cuerpo.
Por tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad
de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a
las amenazas. (...) Para convencer a un alma razonable no hay que recurrir al
propio brazo ni a instrumentos contundentes ni a ningún otro medio con el que
se pueda amenazar de muerte a una persona» [3].
Luego de citar este texto, Benedicto XVI a renglón seguido comenta:
«En esta argumentación contra la conversión mediante la violencia, la
afirmación decisiva es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza
de Dios» [4].
¿A qué razón se refiere el Papa? A la razón humana. De hecho, el discurso en Ratisbona
fue leído en alemán. El término usado en particular para señalar la
referencia a la razón fue: «Vernunftgemäß». Cuando
esta palabra se usa como adjetivo significa: «razonable». Cuando se usa como
adverbio quiere decir: «de acuerdo con la razón», «según la razón», «conforme
a la razón».
De esta manera, podemos observar que Benedicto XVI, citando un texto antiguo,
coloca la discusión en un contexto singularísimo, plenamente actual, y al
mismo tiempo, vinculado con lo mejor del pensamiento clásico: ¿es
auténticamente humano actuar conforme a la razón? ¿la
actuación según la razón se opone a la esencia de Dios? La cuestión sobre
Dios ¿es razonable?
2.
La cuestión de la «razón»
¿Por qué el Papa privilegia este enfoque? ¿Por qué se percibe un
acento en los problemas en torno a la «racionalidad»? Desde mi punto de vista
esto responde a una cuestión histórica capital: en la antigüedad cristiana y
en el medioevo, el desafío central que el cristianismo experimentó fue el
reto lanzado en contra del núcleo de la fe: la Trinidad, las cuestiones
centrales de la cristología, etc. Otra manera de afirmar esto mismo es
reconocer que la historia de la Iglesia durante largo tiempo estuvo marcada
por la historia de las herejías. Existían autores y movimientos que rompían
con el depósito de la fe de manera directa: negando la Encarnación, negando
algún rasgo esencial de las relaciones intra-trinitarias,
y tantas otras cosas. Por el contrario, para el cristianismo de nuestro
tiempo el problema fundamental no es en primer lugar la fe, sino cómo se
concibe la razón. ¿Qué quiere decir esto?
Que la fe surge como una realidad inderivable, en
su absoluta originalidad, sólo en el campo de una razón que no se ha visto
reducida, deformada, mutilada. La fe se aprecia en su especificidad
irreductible sólo cuando la razón se deja interpelar por un rostro, por un
afecto que conmueve al corazón y le ofrece como verdad suprema la primacía
total del Amor que lo abraza y lo perdona.
Por ejemplo, una razón instrumental, animada por intereses utilitarios, que
tiende a acoger solamente la dimensión pragmática de la realidad, tiende a
limitar su capacidad de mirar, de manera que nos hace apreciar y gozar sólo
de un aspecto de lo real, de una cierta apariencia de lo real, separada de su
verdadero significado. Cuando así sucede, la razón se torna en el principal
enemigo de la posibilidad de un Misterio que salve [5]. La razón se vuelve
puramente formal y el cristianismo se disuelve en moralismo [6].
3.
Cristianismo: opción por la prioridad de la razón
Por el contrario, cuando la razón está abierta al
estupor ante la totalidad de los factores de lo real, tal y como se puede
constatar en algunos de los mejores momentos del pensamiento griego antiguo
[7], su horizonte en principio se encuentra virtualmente abierto para acoger
la revelación de una racionalidad superior a la humana, que de manera
gratuita se ofrezca ante los hombres. La pretensión cristiana precisamente
consiste en esto: en que la razón humana se encuentra sorprendida con la
novedad de que el «Logos» (palabra, razón) que es desde siempre, se introduce
de manera libre y empírica en la historia para habitar entre nosotros (Cf. Jn 1, 1-14). El encuentro entre el mensaje bíblico y el
pensamiento griego no es, entonces, «una simple casualidad» [8] sino que
Benedicto XVI dirá que «el patrimonio griego, críticamente purificado, forma
parte integrante de la fe cristiana» [9].
Esta es una idea que Joseph Ratzinger, como teólogo, ya había desarrollado
con amplitud antes de ser elegido Papa. Por ejemplo, en una conferencia
pronunciada en La Sorbona a fines de 1999, cuyo provocador título es La
victoria de la inteligencia en el mundo de las religiones, él decía:
«El cristianismo tiene, en esta perspectiva, sus precursores y su preparación
en la racionalidad filosófica, no en las religiones. (…Así,) se remite
a lo divino que puede mostrarse en el análisis racional de la realidad.
(…) Esto significa que la fe cristiana no se fundamenta en la poesía o
en la política (estas dos grandes fuentes de la religión), sino en el
conocimiento. En el cristianismo, la racionalidad se ha convertido en
religión y no ya en su adversario» [10].
Sin embargo, esta convicción tiene importantes resistencias culturales en el
contexto presente gracias al relativismo y el escepticismo que brotan de un modelo de racionalidad que pre-selecciona los factores de la realidad que han de ser
considerados como auténticamente racionales, en lugar de cultivar una
apertura irrestricta ante cualquier dato, ante cualquier fenómeno. Dicho de
otro modo, la cuestión es:
«Si sigue siendo verdad aquella convicción fundamental de la fe cristiana y
de su filosofía: In principio erat Verbum – al principio de todo estaba la fuerza
creadora de la razón. La
fe cristiana es hoy como ayer la opción por la prioridad de la razón y de lo
racional» [11].
¿No es acaso esto una posición gnóstica? ¿No se está enfatizando demasiado a
la razón con merma del lugar que ocupa la fe en la vida del hombre?
La respuesta a estas preguntas es negativa. El gnosticismo afirma un camino
de ascensión gradual a través del conocimiento. El pelagianismo, a su modo,
sostiene lo mismo pero por vía de la voluntad. El resultado de un planteamiento
ascensional de la vida humana es la construcción de una aristocracia
espiritual, de una secta de puros y sabios en la que se restringe el acceso a
los no-coherentes, a los ignorantes, a los que están caídos. Es esencial al
gnosticismo que la razón termine regulando el contenido de la fe. Dicho de otro
modo, el estupor ante la Persona de Jesús, el estupor que realmente conmueve
la vida, se suprime metodológicamente por un conjunto de parámetros formales
que son propuestos como camino de perfección y como mediación adecuada entre
la persona humana y Cristo.
Por el contrario, primero como teólogo y luego como Pontífice de la Iglesia
católica, Joseph Ratzinger, en continuidad con el Evangelio, con los Padres
de la Iglesia y con los santos, ha descubierto que la esencia del
cristianismo consiste en la absoluta gratuidad de la Encarnación y de la
Redención, es decir, en la primacía absoluta del Amor personal de Dios, de su
Misericordia [12]. Por ello, el cristianismo sin negar la relevancia de la
razón advierte que la verdad más grande a la que la razón humana puede
acceder consiste en reconocer al Amor, consiste en que sólo el Amor es digno
de fe… que el Amor ha acontecido dentro de la historia, se ha abajado
al máximo (kénosis) y nos ha amado primero.
Ratzinger dice: «la persona (…) necesita una razón que llegue hasta el
fondo del corazón. Solo cuando el entendimiento permanece abierto a la magna
razón, puede ser realmente inteligente y conocer la verdad.» [13]. Sólo de
esta manera el cristianismo se repropone como propuesta realmente universal y
abierta a todos. Sólo de esta manera el cristianismo se afirma como una
propuesta creíble.
4.
Carácter personalista de la razón y sentido religioso
La primacía del Amor permite que la razón mantenga una apertura y
un realismo fundamentales. Es precisamente cuando la persona cultiva de
manera deliberada una actitud de esta manera, que puede entender que el
cristianismo es una provocación permanente y no algo meramente temporal para
los fines de semana y fiestas de guardar.
Hay una razón metafísica profunda en esto: la razón es apertura constitutiva
a lo dado, a acoger receptivamente la estructura objetiva de la realidad
[14]. Todo ente goza por su inteligibilidad intrínseca de un cierto grado de
auto-datidad (Selbst-gegeben). Sin embargo, no todo ente posee la misma
inteligibilidad. El despliegue analógico de lo real ofrece multitud de grados
y matices. De hecho, existen entes cuya oscuridad quoad
se es enorme debido a que su esencia está fuertemente comprometida con
elementos material-potenciales que dificultan apreciar su dimensión actual
– y por ende, inteligible –. Sin embargo, existen entes
máximamente oferentes, máximamente inteligibles quoad
se y simultáneamente quoad nos. Me refiero a los
entes que no sólo gozan de una cierta participación intensiva del acto de ser
en ellos, sino de aquellos que además gracias a una especial modalidad de
esta participación intensiva, han sido creados como capaces de entregarse de
manera voluntaria en el amor. No hay ser que se ofrezca más como «dato» que
aquel que se ofrece como «don», es decir, que aquel que voluntariamente se
revela. Sólo un «yo» capaz de decir desde la libertad e intimidad de su
corazón «soy tuyo», «me entrego», puede al ofrecerse, realizar a la razón en
su horizonte último, en su dimensión más profunda y constitutiva.
Esta breve consideración nos permite entender el carácter personalista de la
estructura de la razón. La
razón no halla su objeto más adecuado sino en el encuentro con las personas.
Las personas finitas, las personas creadas, sin duda ofrecen una oportunidad
inmensa para la realización de esta vocación. Sin embargo, es en la
posibilidad de revelación de una Persona infinita dónde la razón no sólo
puede quedar plenificada sino radicalmente rebasada
y sorprendida. Precisamente por este hecho, la razón no sólo posee un
carácter personalista sino que su estructura más íntima consiste en el deseo
incontenible de la unión amorosa definitiva del ser humano con una Persona
que no defraude, que siempre permanezca y que se muestre enteramente en su
verdad.
Uno de los pasajes más significativos de esta tensión estructural de la razón
y del corazón humanos hacia el destino se encuentra en el Fedón.
Platón intuye que las incursiones filosóficas de los naturalistas se quedan
en un nivel de penetración puramente fenoménico (primera navegación). Descubre
con gran entusiasmo que el acceso a lo suprasensible es una incursión amorosa
y ardua en algo superior (segunda navegación). Sin embargo, en un cierto
momento, advierte algo que nunca antes había sospechado: que sería muy
deseable que el destino último de la vida se autorevelara
y se mostrara como es:
«Me parece (...) que la verdad segura en estas cosas no se puede alcanzar de
ningún modo en la vida presente, o al menos sólo con grandísimas
dificultades. Pero pienso que es una vileza no estudiar bajo todo punto de
vista las cosas que se han dicho al respecto, o abandonar la investigación
antes de haberlo examinado todo. Porque en estas cosas, una de dos: o se
logra aprender de otros cuál es la verdad, o se la descubre por uno mismo, o
si esto no se consigue, habrá que agarrarse al mejor y más seguro de entre
todos los razonamientos humanos y, sobre este, como sobre una balsa, afrontar
el riesgo de una travesía sobre el mar de la vida; a menos que no se pueda
hacer el viaje de un modo más seguro y con un riesgo menor sobre una nave más
sólida, es decir, teniendo confianza en una revelación divina» [15].
¿Qué nos enseña Platón en este pasaje? Lo mismo que Benedicto XVI en el
discurso de Ratisbona: que el sentido religioso de las personas no es una
realidad heterogénea a la estructura constitutiva de la razón sino que es su
exigencia fundamental [16]. Así es como puede entenderse que «una razón que
sea sorda a lo divino y relegue la religión al ámbito de las subculturas, es
incapaz de entrar en el diálogo de las culturas». Sin embargo, el Papa va más
allá cuando sostiene que es también la propia fe cristiana la que por su
naturaleza exige de un asentimiento racional: «partiendo verdaderamente de la
íntima naturaleza de la fe cristiana y, al mismo tiempo, de la naturaleza del
pensamiento griego ya fusionado con la fe, Manuel II podía decir: No actuar
«con el logos» es contrario a la naturaleza de Dios» [17].
5.
A modo de conclusión: ¿qué hacer con la fe?
Así las cosas, la fe ¿cuándo y cómo ha de interactuar con la
razón? ¿habrá que dejarla para la práctica de vida
privada? ¿habrá que hacer una «epoché»
metodológica sobre de ella? ¿Acaso lo más conveniente será que actuemos y
pensemos como si la novedad del acontecimiento cristiano no existiera en la
historia? ¿Es racional colocar a la fe como un elemento un tanto incómodo, un
tanto extraño, que obstaculiza a la razón al momento que busca ser
«razonable»?
Si la fe hay que suspenderla metodológicamente al momento de pensar con rigor
es porque la propia fe se ha volatilizado, ha perdido su contenido empírico y
su dimensión verificable (esta es la esencia de la herejía docetista). Pero si la fe es certeza de la Amistad a la
que hemos sido confiados de manera histórica y concreta, entonces es
imposible para un creyente en Jesucristo no pensar dejándose provocar por
ella: «si la razón no es una esfera abierta a la fe – que resulta
después sostenida por la fe e impulsada -, si esta no es un lugar que puede
entrar en relación directa con la fe, entonces la fe resulta algo irracional,
queda reducida de modo fideísta, pertenece por
tanto al ámbito de la costumbre y no de la verdad.» [18].
El 28 de enero de 2007, Benedicto XVI retoma explícitamente algunos de los
temas del Discurso en Ratisbona, ahora con ocasión de la celebración de la
fiesta de Tomás de Aquino. Ahí el Papa señala:
«Es urgente, por tanto, redescubrir de una manera nueva la racionalidad
humana abierta a la luz del «Logos» divino y a su perfecta revelación que es
Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre. Cuando la fe cristiana es auténtica no
mortifica la libertad ni la razón humana; entonces, ¿por qué la fe y la razón
deben tenerse miedo, si al encontrarse y al dialogar pueden expresarse de la
mejor manera? La fe supone la razón y la perfecciona, y la razón, iluminada
por la fe, encuentra la fuerza para elevarse al conocimiento de Dios y de las
realidades espirituales. La razón humana no pierde nada al abrirse a los
contenidos de fe, es más, estos exigen su libre y consciente adhesión» [19].
El discurso del Papa en Ratisbona es una invitación para ensanchar la razón,
no para agobiarla. El ensanchamiento no se logra por vía doctrinal sino por
vía del encuentro personal. Para facilitar el itinerario de la razón y de la libertad Dios ha
querido manifestarse a través de situaciones reales, de encuentros, que nos
permitan verificar y vibrar con particular intensidad. Dios se sirve de
rostros concretos gracias a los cuales la vida se devela interesante y bella.
Delante de aquello que más nos atrae, que más nos interesa, se vuelve urgente
implicarse con toda nuestra persona para comprender y abrazar hasta el fondo
lo que tenemos delante. Nunca como en esas situaciones nuestra humanidad urge
una respuesta de significado exhaustivo. Jamás basta una respuesta parcial o superficial.
Precisamente esta estructura antropológica dispone para el encuentro con
Cristo. El conocimiento afectivo del otro en cuanto signo del Misterio
presente es la modalidad vivida de una relación de amistad entre razón y fe.
Que esto no es un proyecto particular sino el método esencial para un
cristianismo conforme a la razón, es la tesis central de las palabras del
Papa y de su valiente anuncio en Ratisbona.
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NOTAS
[ ] La ciudad de Ratisbona es conocida principalmente como Regensburg, su
nombre original en alemán.
[2] RATZINGER, J. Mi vida. Recuerdos (1927-1977), Encuentro, Madrid 2005, p.
142.
[3] KHOURY, Th. Manuel II Paleólogo, Entretiens avec un Musulman. 7e controverse, Sources chrétiennes, n. 115, París 1966, citado en: BENEDICTO
XVI, «Fe, razón y Universidad. Recuerdos y reflexiones», Discurso con los
representantes del mundo de la cultura en la Universidad de Ratisbona, 12 de
septiembre de 2007.
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Lun, 5 de Nov, 2007 7:20 pm
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