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PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Diócesis de San Isidro

Av. Libertador 13.900 - 1640 Martínez - Tel. y Fax 4508-8501 // 8502

E-mail: pqfatima@... // secretaria@...

Página Web: www.fatima.org.ar

Noticias desde la Parroquia de Fátima

19 de noviembre de 2007 - Año X - 373

Índice de Noticias

NUESTRA DIOCESIS

JUBILEO DIOCESANO 1957 - 2007

ARGENTINA

Vicario de Justicia en el Tribunal Eclesiástico

SANTA SEDE

También en Roma celebraron la beatificación de Ceferino

DOCUMENTOS

Benedicto XVI presenta las enseñanzas de san Jerónimo

 

 

Servicios de Noticias

NUESTRA DIOCESIS

Jubileo diócesis de San Isidro

Peregrinación - Celebración de la Eucaristía en la Basílica de Luján

Sábado 17 de Noviembre

Con una gran participación de fieles, unos cien micros con más de 4.000 personas, se llevó a cabo, el sábado 17 de noviembre, la Peregrinación de la diócesis de San Isidro, hacia Luján bajo el Lema ¡Gracias, Madre, por estos 50 años!

Desde el monumento a las Malvinas, los fieles peregrinaron hasta la Basílica, luego de haber compartido el  momento de la alegre animación musical. Con pancartas identificatorias de cada decanato y pañuelos de diferentes colores fueron llegando y siendo recibidos por los celebrantes y el equipo de animación litúrgica hasta el interior del templo, en donde fueron acomodándose para participar de esta fiesta eucarística en agradeciemiento por los 50 años de la diócesis.

Al comenzar la celebración, el obispo de San Isidro, Monseñor Jorge Casaretto, agradeció diciendo las siguientes palabras:

"Queridos amigos, venimos al Santuario de Luján a agradecer estos cincuenta años de vida de la diócesis. Hemos pedido al señor Nuncio Apostólico, Monseñor Adriano Bernardini, que presida esta Eucaristía, uniéndonos así a nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto.

Nos acompañan, Monseñor Bianchi Di Cárcano, Monseñor Carlos Franzini, Monseñor Fernando Bargalló, siempre tan unidos a nuestra iglesia diocesana.

Les agradezco muchísimo a todos los sacerdotes, a todas las comunidades, religiosos, religiosas, a todos los laicos que nos hayamos unidos en esta peregrinación de acción de gracias y para ponernos en manos de Dios por medio de María Santísima, para seguir recibiendo muchas Gracias y muchas bendiciones en la vida de nuestra diócesis. Los invito a celebrar esta Eucaristía con mucha devoción y mucha participación. Agradezco muchisimo a todos los que han trabajado en la organización de esta jornada.

Continuando, la Homilía estuvo a cargo del Nuncio Apostólico, Adriano Bernardini.

Al concluir la celebración, se llevó hasta la imagen de la Virgen de Luján, ubicada en el altar, una corona realizada con todos los colores de los distintos decanatos de la diócesis como ofrenda y agradecimiento por todos estos años.

Ofrecemos aquí la homilía completa del Nuncio Apostólico.

Jubileo Diócesis de San Isidro - 1957 - 2007
Peregrinación a Luján - ¡Gracias Madre, por estos 50 años!"
Sábado 17 de Noviembre - Basílica de Ntra. Sra. de Luján -
Misa presidida por el Nuncio Apostólico Mons. Adriano Bernardini
Homilía Mons. Bernardini

Evangelio según San Juan - Las Bodas de Caná Jn.2, 1 -12

Es una verdadera alegría que hoy me encuentre entre ustedes para celebrar los cincuenta años de su diócesis, la querida diócesis de San Isidro, en esta magnífica Basílica de Nuestra Señora de Luján, bajo la mirada materna de la Virgen.

No puedo menos que saludar y agradecer a su obispo la invitación que me ha hecho para presidir esta solemne liturgia. Todo esto para significar también la presencia del Santo Padre, a través de la persona de su representante en esta estupenda y afortunada tierra argentina. Saludo con placer a todos los sacerdotes presentes del clero secular y regular, portadores insustituibles del mensaje evangélico durante estos cincuenta años, no obstante las dificultades siempre crecientes. Queridos sacerdotes la tarea más pesada de la evangelización es obra de ustedes, nosotros no podríamos hacer nada sin vuestra ayuda. Continúen no obstante las tantas dificultades.
Saludo a los jóvenes seminaristas, esperanza del futuro de la diócesis y a todos ustedes aquí presentes que constituyen la iglesia de San Isidro.
Saludo también a los obispos que se han unido al obispo de San Isidro para celebrar en comunión con él estos cincuenta años.

Ahora permítanme una reflexione sobre el Evangelio que acabamos de escuchar.
"Mientras tanto falto el vino" y la madre de Jesús le dice "no tienen más vino". Cuando la madre de Jesús entra en escena en puntas de pie, sin ser molesta y mucho menos entrometida, se dio cuenta inmediatamente de lo que faltaba. Pero sabemos bien del comportamiento de la Virgen. María no reclama nada, no pretende nada para sí, no denuncia un olvido de los esposos, está preocupada de los otros, por los otros. Los mismos interesados no habían advertido nada y no se habían dado cuenta de la precariedad de la situación, pero ella vio una grieta en la organización de la fiesta. María se anticipa al pedido, interviene aún antes de que alguno advierta el malestar. Miren bien esta manera de hacer de la Virgen. Es la Virgen de las atenciones. Se trata del amor de una madre que se convierte en servicio y como madre de las atenciones ofrece un servicio de contemplación, mira las necesidades de los otros y después de esta mirada intervine. Como madre de la compasión, un servicio de ternura, es decir, con capacidad de dejarse implicar en las situaciones de los demás, atenciones y compasiones. Tercer punto, como madre del coraje, un servicio de la fe, es decir, con capacidad de exponerse, de ponerse en peligro y comprometerse.
Vemos en detalle estos tres puntos. Madre de la atención. Se trata en primer lugar de una cuestión de mirada. La Virgen ve más allá del propio plato. La suya es una mirada circular, completa, a través de la cual abraza el conjunto sin descuidar ningún particular. Vive plenamente la hora adelantando la mirada en dirección al futuro, el suyo es un reloj preciso porque corre hacia delante. María es puntual, porque se anticipa. Sabe que la única manera de no traicionar el pasado y de no faltar a la cita con el presente es la de asegurar el porvenir, construir el futuro. La fidelidad no es solamente cuestión de memoria sino de fantasía y María muestra esta fantasía. No es suficiente ver sino que es necesario prever, sobretodo cuando nosotros estamos enfrente de los demás, no es suficiente responder, es necesario prevenir la respuesta. En una palabra la Virgen de la atención en Caná nos demuestra que realiza plenamente, el amor de María que logra intuir, que tiene una mirada intuitiva, capaz de explorar la profundidad, una mirada que de intuitiva se vuelve contemplativa, mira la realidad de las cosas en una visión desde lo alto, de Dios.
Madre de la atención y madre de la compasión. En una madre, su mirada no basta, después de la mirada se necesita el corazón, en realidad se ve bien con el corazón. Los estudiosos nos dicen que el cerebro es el que ve, los ojos son sólo los instrumentos. Esto puede ser cierto, con la condición de que el cerebro no se quede en su lugar, sino que descienda al corazón. En tal caso, es el corazón la sede de la vista. También el sacerdote de la Parábola del Buen samaritano ve al malaventurado. Cuando lo vio, dio un rodeo, pasó por otra parte. También el levita lo vio y pasó por otra parte. En conclusión los dos no se dejaron tocar por el caso de aquel tirado al costado del camino. Han mantenido las distancias, no han arriesgado el comprometerse con el accidente. En cambio, un samaritano que estaba de viaje, pasando a su lado lo vio y tuvo compasión, mira y tiene compasión. Es el corazón que entra a dar la última palabra. La mirada de la Virgen en Caná es una mirada partícipe. María no se quedó tranquilamente aparte, no demora los propios actos, abandona la cómoda posición que le ha sido asignada, sabe que la parte justa es la parte del otro, la del próximo. El camino que conduce Dios pasa obligatoriamente a través del próximo. Se encuentra a Dios si sólo se acepta encontrase con el próximo. El mandamiento del amor es único, no son dos mandamientos. No puedo decir de amar a Dios si no amo al próximo. María con su comportamiento ha acortado las distancias, se ha colocado en el lugar de los otros. La Madre de las atenciones se ha convertido en la mujer de la participación y con participación profunda.
Por último, compartir, para María, no significa experimentar en forma genérica la compasión sino estar íntimamente de acuerdo con el sufrimiento del otro. Por lo que la humillación, la necesidad del otro, se convierten en mí humillación, mí necesidad. En una palabra, se hace la verdadera Madre de la compasión.
Atención, compasión y Madre del coraje, es la conclusión de esta trayectoria. María ve, María se identifica. O sea, rechaza el quedarse en su propio lugar. Pero todavía esto no basta, hay una tercera actitud de María, por lo que si no en Caná no se hubiera producido nada nuevo. La Madre intervine ante el hijo. Es este el punto central y decisivo. María sale al descubierto, se arriesga. En realidad la fe nunca es un simple elemento de resignación, adaptación, soportación pasiva si no un principio de reacción con el principio del amor. Entonces el creyente se convierte en uno que se mueve y cuando se pone en movimiento, el verdadero creyente, que tiene fe, las cosas no pueden de ninguna manera permanecer como son. Queridos hermanos, pidamos a María que siga siempre a nuestro lado. Y si, alguna vez, nos olvidamos de invitarla expresamente, roguémosle que no la olvidemos jamás. Tenemos necesidad de saber que se implica en nuestras vicisitudes, se abaja a nuestras situaciones, vive alrededor de nosotros, Jesús vive dentro de nosotros, ella está al lado de nosotros. La belleza de nuestra fe es, si verdaderamente estuviéramos convencidos de esta fe, tal vez, la sonrisa llegaría más frecuentemente en nosotros, en nuestra cara. En realidad nuestra vida no es siempre una fiesta de bodas, hay alegrías provisorias, fe que se están apagando, penas que parecen no terminar nunca. Basta un signo de su parte para estar seguros de que ella está, que ha entrado en nuestro sufrimiento, amarguras, dudas, miedos y miserias. Por lo tanto demos a María nuestras gracias sinceras porque sea cual fuere el aire que se respire en nuestra casa, ella está presente. Ni siquiera tenemos necesidad de saber dónde se ha ubicado, dónde podemos encontrarla, porque María sabe donde tiene que estar, su lugar de madre es el lugar de los hijos. Queridos hermanos, celebremos con María estos cincuenta años de la diócesis y con ella continuemos en nuestro camino de fe, un camino a veces difícil, mas lleno de alegría si nosotros tenemos fe. Así sea.

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ARGENTINA

Vicario de Justicia en el Tribunal Eclesiástico

Buenos Aires, 14 Nov. 07 (AICA) El arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio SJ, y Moderador del Tribunal Interdiocesano de Buenos Aires (Tribunal A), designó nuevo Vicario de Justicia (Juez) de este tribunal eclesiástico al presbítero doctor Alejandro Wilfredo Bunge, de 55 años, hasta ahora vicepresidente 2º y vicario de justicia adjunto del Tribunal Eclesiástico Nacional de segunda instancia.

     El presbítero Bunge, que ejercerá el oficio por el término de tres años a partir del 1º de noviembre, reemplaza a monseñor doctor Jorge Rodé, quien se desempeñó en este cargo por más de seis años, y ahora permanecerá en el tribunal como Vicario de Justicia adjunto.

     El presbítero Alejandro Bunge nació en la ciudad de Buenos Aires el 21 de noviembre de 1951. Fue ordenado sacerdote en la catedral de San Isidro el 23 de diciembre de 1978, y actualmente reside en la ciudad de San Isidro.

     Egresado como bachiller del Colegio Champagnat en 1969, ingresó en la Universidad de Buenos Aires donde llegó al 4º año de la carrera de Ingeniero Electromecánico; en 1979 recibió el título de bachiller en Teología en la Pontificia Universidad Católica Argentina “Santa María de los Buenos Aires” (UCA) y en 1984 la licenciatura en la misma disciplina en la UCA.

     Desde 1995 es doctor en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Santo Tomás de Aquino, de Roma.

     Actualmente es profesor estable ordinario de la Facultad de Derecho Canónico “Santo Toribio de Mogrovejo” de la UCA, capellán de las Hermanitas de los Pobres y del Hogar Marín para Ancianos, de San Isidro.

     Es autor de libros sobre cuestiones jurídicas e institucionales eclesiásticas, y de numerosos artículos en diversas publicaciones sobre temas del Derecho eclesiástico.+

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SANTA SEDE

También en Roma celebraron la beatificación de Ceferino

Roma (Italia), 14 Nov. 07 (AICA) Las celebraciones por la beatificación de Ceferino Namuncurá no fueron exclusivas de Chimpay sino que en otros países, donde el carisma salesiano está presente, se llevaron a cabo actividades y festejos en honor del nuevo beato.

     Según difundió la Agencia de Noticias Salesianas (ANS), particularmente significativa fue la celebración de la comunidad argentina de Roma que se reunió en la Plaza de San Pedro para rezar el Ángelus con el Papa.

     Por la tarde, los argentinos se reunieron en la basílica del Sagrado Corazón de dicha ciudad donde, junto con los fieles argentinos de la diócesis de Ascoli Piceno, participaron de la Eucaristía presidida por el cardenal argentino Jorge María Mejía, archivista emérito del Archivo Secreto Vaticano, concelebrada por alrededor de 50 sacerdotes, salesianos docentes de la Universidad Pontificia Salesiana (UPS) y otros sacerdotes argentinos radicados en Roma.

     Entre los 200 feligreses que participaron de la celebración -realizada casi en simultáneo con la de Chimpay-, estaban presentes Gloria Custer, esposa del embajador argentino ante la Santa Sede, Carlos Luis Custer; y Hugo Javier Gobbi, ministro encargado de negocios “ad interim” de la Argentina.

     El cardenal Mejía recordó en la homilía que su madre acostumbraba peregrinar a Fortín Mercedes para venerar la tumba del beato, junto a sus amigas salesianas cooperadoras, “por lo tanto el beato Ceferino pertenece a los recuerdos de mi infancia, contribuyendo así a mi formación cristiana y también, estoy seguro, a mi vocación sacerdotal”.

     Al comentar el pasaje evangélico de San Lucas subrayó “¡El Señor es Dios de vivos, no de muertos! De esta misma manera Ceferino está vivo hoy entre nosotros. Y por ello nos indica un camino; es como si nos dijera: síganme los espero, serán como yo hijos de la resurrección, en el sentido más profundo posible de ser hijos de Dios. Los Santos de hecho realizan de forma plena y total el don de la adopción divina, que hemos recibido todos en el bautismo. Contemplémoslos y venerémoslos como testigos de la resurrección. En la del Señor Jesús, en la que ellos creyeron y la nuestra también”.

     Al término de la celebración, los miembros de las dos comunidades argentinas visitaron las habitaciones de Don Bosco del “Sacro Cuore” y una muestra, preparada por don Juan Picca, docente de la UPS, consistente en 12 paneles fotográficos y 4 carteleras con objetos auténticos relacionados con la vida de Ceferino.+

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DOCUMENTACIÓN

Benedicto XVI presenta las enseñanzas de san Jerónimo

Intervención durante la audiencia general

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 14 noviembre 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención que pronunció Benedicto XVI este miércoles, en la que concluyó la presentación de la figura de san Jerónimo (347-419/420),, que había comenzado el miércoles precedente (Cf. Zenit, 7 de noviembre de 2007).

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

Continuamos hoy presentando la figura de san Jerónimo. Como dijimos el miércoles pasado, dedicó su vida al estudio de la Biblia, hasta el punto de que fue reconocido por mi predecesor, el Papa Benedicto XVI, como «eminente doctor en la interpretación de las Sagradas Escrituras». Jerónimo subrayaba la alegría y la importancia de familiarizarse con los textos bíblicos: «¿No te parece que estás --ya aquí, en la tierra-- en el reino de los cielos, cuando se vive entre estos textos, cuando se medita en ellos, cuando no se busca otra cosa?» (Epístola 53, 10). En realidad, dialogar con Dios, con su Palabra, es en un cierto sentido presencia del Cielo, es decir, presencia de Dios. Acercarse a los textos bíblicos, sobre todo al Nuevo Testamento, es esencial para el creyente, pues «ignorar la Escritura es ignorar a Cristo». Es suya esta famosa frase, citada por el Concilio Vaticano II en la constitución «Dei Verbum» (n. 25).

«Enamorado» verdaderamente de la Palabra de Dios, se preguntaba: «¿Cómo es posible vivir sin la ciencia de las Escrituras, a través de las cuales se aprende a conocer al mismo Cristo, que es la vida de los creyentes?» (Epístola 30, 7). La Biblia, instrumento «con el que cada día Dios habla a los fieles» (Epístola 133, 13), se convierte de este modo en estímulo y manantial de la vida cristiana para todas las situaciones y para toda persona.

Leer la Escritura es conversar con Dios: «Si rezas --escribe a una joven noble de Roma--hablas con el Esposo; si lees, es Él quien te habla» (Epístola 22, 25). El estudio y la meditación de la Escritura hacen sabio y sereno al hombre (Cf. «In Eph.», prólogo). Ciertamente para penetrar de una manera cada vez más profunda en la Palabra de Dios se necesita una aplicación constante y progresiva. Por este motivo, Jerónimo recomendaba al sacerdote Nepociano: «Lee con mucha frecuencia las divinas Escrituras; es más, que el Libro no se caiga nunca de tus manos. Aprende en él lo que tienes que enseñar» (Epístola 52, 7). A la matrona romana, Leta, le daba estos consejos para la educación cristiana de su hija: «Asegúrate de que estudie todos los días algún pasaje de la Escritura… Que acompañe la oración con la lectura, y la lectura con la oración… Que ame los Libros divinos en vez de las joyas y los vestidos de seda» (Epístola 107,9.12). Con la meditación y la ciencia de las Escrituras se «mantiene el equilibrio del alma» («Ad Eph.», pról.). Sólo un profundo espíritu de oración y la ayuda del Espíritu Santo pueden introducirnos en la comprensión de la Biblia: «Al interpretar la Sagrada Escritura siempre tenemos necesidad de la ayuda del Espíritu Santo» («In Mich.», 1,1,10,15).

Un amor apasionado por las Escrituras caracterizó por tanto toda la vida de Jerónimo, un amor que siempre trató de suscitar en los fieles. Recomendaba a una de sus hijas espirituales: «Ama la Sagrada Escritura y la sabiduría te amará; ámala tiernamente, y te custodiará; hónrala y recibirás sus caricias. Que sea para ti como tus collares y tus pendientes» (Epístola 130, 20). Y añadía: «Ama la ciencia de la Escritura, y no amarás los vicios de la carne» (Epístola 125,11).

Para Jerónimo, un criterio metodológico fundamental en la interpretación de las Escrituras era la sintonía con el magisterio de la Iglesia. Por nosotros mismos nunca podemos leer la Escritura. Encontramos demasiadas puertas cerradas y caemos en errores. La Biblia fue escrita por el Pueblo de Dios y para el Pueblo de Dios, bajo la inspiración del Espíritu Santo. Sólo en esta comunión con el Pueblo de Dios podemos entrar realmente con el «nosotros» en el núcleo de la verdad que Dios mismo nos quiere comunicar. Para él una auténtica interpretación de la Biblia tenía que estar siempre en armonía con la fe de la Iglesia católica. No se trata de una exigencia impuesta a este libro desde el exterior; el Libro es precisamente la voz del Pueblo de Dios que peregrina y sólo en la fe de este Pueblo podemos estar, por así decir, en el tono adecuado para comprender la Sagrada Escritura. Por este motivo, Jerónimo alentaba: «Permanece firmemente unido a la doctrina de la tradición que te ha sido enseñada para que puedas exhortar según la sana doctrina y refutar a quienes la contradicen» (Epístola 52,7). En particular, dado que Jesucristo fundó su Iglesia sobre Pedro, todo cristiano, concluía, debe estar en comunión «con la Cátedra de san Pedro. Yo sé que sobre esta piedra está edificada la Iglesia» (Epístola 15, 2). Por tanto, con claridad, declaraba: «Estoy con quien esté unido a la Cátedra de san Pedro» (Epístola 16).

Jerónimo no descuida el aspecto ético. Con frecuencia reafirma el deber de acordar la vida con la Palabra divina. Una coherencia indispensable para todo cristiano y particularmente para el predicador, a fin de que sus acciones no contradigan sus discursos.

Así exhorta al sacerdote Nepociano: «Que tus acciones no desmientan tus palabras, para que no suceda que, cuando prediques en la Iglesia, alguien en su intimidad comente: “¿Por qué entonces tú no actúas así?”. Curioso maestro el que, con el estómago lleno, se poner a pronunciar discursos sobre el ayuno; incluso un ladrón puede criticar la avaricia; pero en el sacerdote de Cristo la mente y la palabra deben estar de acuerdo» (Epístola 52,7).

En otra carta, Jerónimo confirma: «Aunque tenga una espléndida doctrina, es vergonzosa la persona que se siente condenada por la propia conciencia» (Epístola 127,4). Hablando de la coherencia, observa: el Evangelio debe traducirse en actitudes de auténtica caridad, pues en todo ser humano está presente la Persona misma de Cristo. Dirigiéndose, por ejemplo, al presbítero Paulino, que después llegó a ser obispo de Nola y santo, Jerónimo le da este consejo: «El verdadero templo de Cristo es el alma del fiel: adorna este santuario, embellécelo, deposita en él tus ofrendas y recibe a Cristo. ¿Qué sentido tiene decorar las paredes con piedras preciosas si Cristo muere de hambre en la persona de un pobre?» (Epístola 58,7).

Jerónimo concretiza: es necesario «vestir a Cristo en los pobres, visitarle en los que sufren, darle de comer en los hambrientos, cobijarle en los que no tienen un techo» (Epístola 130, 14). El amor por Cristo, alimentado con el estudio y la meditación, nos permite superar toda dificultad: «Si nosotros amamos a Jesucristo y buscamos siempre la unión con Él, nos parecerá fácil lo que es difícil» (Epístola 22,40).

Jerónimo, definido por Próspero de Aquitania, «modelo de conducta y maestro del género humano» («Carmen de ingratis», 57), nos ha dejado también una enseñanza rica y variada sobre el ascetismo cristiano. Recuerda que un valiente compromiso por la perfección requiere una constante vigilancia, frecuentes mortificaciones, aunque con moderación y prudencia, un asiduo trabajo intelectual o manual para evitar el ocio (Cf, Epístolas 125, 11 y 130, 15), y sobre todo la obediencia a Dios: «No hay nada que le agrade tanto a Dios como la obediencia…, que es la más excelsa de las virtudes» («Hom. de oboedientia»: CCL 78,552). Del camino ascético pueden formar también parte las peregrinaciones. En particular, Jerónimo las impulsó a Tierra Santa, donde los peregrinos eran acogidos y hospedados en edificios surgidos junto al monasterio de Belén, gracias a la generosidad de la mujer noble Paula, hija espiritual de Jerónimo (Cf. Epístola 108,14).

No hay que olvidar, por último, la contribución ofrecida por Jerónimo a la pedagogía cristiana (Cf. Epístolas 107 y 128). Se propone formar «un alma que tiene que convertirse en templo del Señor» (Epístola 107,4), una «gema preciosísima» a los ojos de Dios (Epístola 107, 13). Con profunda intuición aconseja preservarla del mal y de las ocasiones de pecado, evitar las amistades equívocas o que disipan (Cf. Epístola 107,4 y 8-9; Cf. también Epístola 128, 3-4). Exhorta sobre todo a los padres a crear un ambiente de serenidad y de alegría alrededor de los hijos, para que les estimulen en el estudio y en el trabajo, y les ayuden con la alabanza y la emulación (Cf. Epístolas 107,4 y 128,1) a superar las dificultades, favoreciendo en ellos las buenas costumbres y preservándoles de las malas porque --dice citando una frase de Publilio Siro que había escuchado en la escuela-- «a duras penas lograrás corregirte de las cosas a las que te vas acostumbrando tranquilamente» (Epístola 107, 8).

Los padres son los principales educadores de los hijos, los maestros de vida. Con mucha claridad Jerónimo, dirigiéndose a la madre de una muchacha y luego al padre, advierte, como expresando una exigencia fundamental de toda criatura humana que se asoma a la existencia: «Que ella encuentre en ti a su maestra y que su inexperta adolescencia se oriente hacia ti maravillada. Que nunca vea en ti ni en su padre actitudes que la lleven al pecado. Recordad que podéis educarla más con el ejemplo que con la palabra» (Epístola 107, 9).

Entre las principales intuiciones de Jerónimo como pedagogo hay que subrayar la importancia atribuida a una sana e integral educación desde la primera infancia, la peculiar responsabilidad atribuida a los padres, la urgencia de una formación moral religiosa, la exigencia del estudio para lograr una formación humana más completa.

Además, hay un aspecto bastante descuidado en los tiempos antiguos, pero que era considerado vital por nuestro autor: la promoción de la mujer, a quien reconoce el derecho a una formación completa: humana, académica, religiosa, profesional.

Y precisamente hoy vemos cómo la educación de la personalidad en su integridad, la educación en la responsabilidad ante Dios y ante los hombres, es la auténtica condición de todo progreso, de toda paz, de toda reconciliación y de toda exclusión de la violencia. Educación ante Dios y ante el hombre: la Sagrada Escritura nos ofrece la guía de la educación y, por tanto, del auténtico humanismo.

No podemos concluir estas rápidas observaciones sobre este gran padre de la Iglesia sin mencionar la eficaz contribución que ofreció a la salvaguarda de elementos positivos y válidos de las antiguas culturas judía, griega y romana en la naciente civilización cristiana. Jerónimo reconoció y asimiló los valores artísticos, la riqueza de los sentimientos y la armonía de las imágenes presentes en los clásicos, que educan el corazón y la fantasía en los nobles sentimientos.

Sobre todo, puso en el centro de su vida y de su actividad la Palabra de Dios, que indica al hombre las sendas de la vida, y le revela los secretos de la santidad. Por todo esto precisamente en nuestros días podemos sentirnos profundamente agradecidos con san Jerónimo.

[Traducción del original italiano realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]



Queridos hermanos y hermanas:
Continuamos la catequesis sobre san Jerónimo, quien por su apasionado amor al estudio de la Biblia fue declarado «doctor eminente en la interpretación de la Escritura». Un criterio metodológico fundamental para su interpretación es, según él, la sintonía con el Magisterio de la Iglesia. Por ello dice: «Yo estoy con quien esté unido a la Cátedra de san Pedro». Leer la Biblia es conversar con Dios. Su meditación frecuente hace al hombre sabio y sereno.

Desde el aspecto ético, afirma que la coherencia de la vida con la Palabra es indispensable para todo cristiano y particularmente para el predicador, a fin de que sus acciones no contradigan sus palabras. Fue modelo de conducta y maestro de ascetismo, recordando que la perfección requiere constante vigilancia, frecuentes mortificaciones, asiduo trabajo intelectual o manual para evitar el ocio, y sobre todo obediencia a Dios. Las peregrinaciones, especialmente a Tierra Santa, pueden entrar a formar parte del camino ascético.

Jerónimo hizo una gran aportación a la pedagogía cristiana. Destacó la importante responsabilidad de los padres como primeros y principales educadores de sus hijos. Consideró también vital la promoción de la mujer y contribuyó eficazmente a la salvaguardia de los elementos positivos de la cultura judía, griega y romana en la naciente civilización cristiana.

Saludo a los peregrinos españoles, especialmente a los del Arciprestazgo de Abegondo, de Santiago de Compostela, a los de la Parroquia de Serantes, de Ferrol y a los miembros de la Hermandad de Santa Marta, de Madrid. También a los estudiantes chilenos de Santiago, a los venezolanos de Maracaibo, a los mexicanos y de otros países latinoamericanos. Agradeciendo al Señor la vida de san Jerónimo, seguid sus enseñanzas y poned la Palabra de Dios en el centro de vuestra vida y actividades. Ella os guía a la santidad. ¡Gracias!

[© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana]

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