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Noticias desde la Parroquia de Fátima

4 de junio de 2008 - Año XI - 382

Índice de Noticias

ARGENTINA

Cáritas: “Dirigir la mirada a los millones que viven situación de pobreza”

Misa por Día del Periodista

SANTA SEDE

La Santa Sede y Argentina buscan "un diálogo sincero"

Carta del Papa a la cumbre de la FAO sobre seguridad alimentaria mundial

DOCUMENTACIÓN

Benedicto XVI: San Gregorio, Papa Magno, "siervo de los siervos de Dios"

 

Servicios de Noticias

ARGENTINA

Cáritas: “Dirigir la mirada a los millones que viven situación de pobreza”

Buenos Aires, 4 Jun. 08 (AICA)

El presidente de Cáritas Argentina, monseñor Fernando María Bargalló, obispo de Merlo-Moreno, llamó a responder con generosidad a la colecta anual de esa organización caritativa de la Iglesia, prevista para este fin de semana, y convocó a “salir un poquito del drama del conflicto del campo, para dirigir la mirada a los millones de argentinos que viven situaciones de pobreza y marginalidad”.

     “Nadie puede dejar de reconocer la desigualdad, y una situación de marginalidad y exclusión social que es escandalosa”, advirtió el prelado en declaraciones a la agencia AICA.

 
   Tras exhortar a los argentinos a que “el individualismo no anestesie la sensibilidad”, consideró, citando un documento del Concilio Vaticano II, que en la Argentina de hoy “no se explica que el lujo pulule con la miseria”.

     En tanto, el director nacional de Cáritas, Gabriel Castelli, aclaró que el objetivo de la colecta  -cuyo lema es “La desigualdad nos duele. Recuperemos la capacidad de compartir”-  no es “un número o duplicar el monto de la anterior, sino promover la solidaridad y la reflexión”.

     “El desafío es salir del contexto parroquial, para dar a conocer la acción de Cáritas, tanto solidaria como en procura de la promoción humana, para poder crecer en igualdad y protagonismo”, acotó monseñor Bargalló.

     El prelado opinó que la colecta “no puede molestar a nadie, porque se hace ininterrumpidamente desde hace más de 40 años” y reiteró que Cáritas no está a favor de “ningún sector particular, pero si lo estuviera sería del lado de los muchos millones de argentinos que padecen exclusión”.

     Monseñor Bargalló exhortó a “abrir el corazón y conmoverse con la desigualdad, para sentir la necesidad de recuperar la solidaridad con los que menos tienen”.

     “Hay que mantener viva la conciencia de que la brecha social existe, a fin de convertir la solidaridad emotiva en virtud social y compromiso cotidiano. Es decir, tener una mirada atenta hacia aquellos que, de a ratos, hemos dejado de ver y esperan no una limosna, sino nuestra solidaridad”, conclusión.+

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Misa por Día del Periodista

Buenos Aires, 4 Jun. 08 (AICA)

El viernes 6 de junio, a las 11.45, en la basílica de Nuestra Señora del Socorro, Juncal y Suipacha, se celebrará una misa por el Día del Periodista, que organiza el Club Gente de Prensa, que este año cumple 45 años de existencia. La celebración eucarística será concelebrada por el director de la Oficina de Prensa del arzobispado de Buenos Aires y párroco del Socorro, presbítero Gustavo Boquin; el director de la Oficina de Prensa de la Conferencia Episcopal, presbítero Jorge Oesterheld, y el director de Relaciones Internacionales de Radio Vaticana para América latina y de la Misión Jesuita Multimedia, padre Guillermo Ortiz. Informes: clubgentedeprensa@...

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SANTA SEDE

La Santa Sede y Argentina buscan "un diálogo sincero"

Encuentro en Roma entre el cardenal Bertone y la presidenta Cristina Kirchner

CIUDAD DEL VATICANO, martes 3 de junio de 2008 (ZENIT.org).- La Santa Sede y Argentina han manifestado la búsqueda de "un diálogo sincero" en el encuentro que han mantenido en Roma el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado, y la presidenta de esa República, Cristina Fernández de Kirchner.

La reunió se celebró en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), con motivo de la Reunión de Alto Nivel sobre Seguridad Alimentaria en la que participan numerosos jefes de Estado.

Un comunicado emitido posteriormente por la Santa Sede explica que en "el cordial coloquio se han analizado temas bilaterales de interés común, manifestando la disponibilidad recíproca para afrontarlos a través de un diálogo sincero y en un clima de franca colaboración, a la luz del papel secular que la Iglesia católica ha llevado a cabo en el país y de la aportación que sigue dando en favor del bienestar espiritual y material del pueblo argentino".

"Ha habido también un intercambio de opiniones sobre cuestiones de actualidad regional e internacional, con particular atención al tema de la alimentación, objeto del encuentro promovido por la FAO".

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Carta del Papa a la cumbre de la FAO sobre seguridad alimentaria mundial

"Da de comer al que está muriéndose de hambre, si no le das de comer, le habrás matado"

CIUDAD DEL VATICANO, martes 3 de junio de 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje de Benedicto XVI que leyó este martes el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado y jefe de la delegación de la Santa Sede, ante la Conferencia de unos 50 jefes de Estado y de otros representantes nacionales sobre "La seguridad alimentaria mundial: los retos del cambio climático y la bioenergía", que se celebra del 3 al 5 de junio en la sede del Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en Roma.

Señor presidente de la República italiana,

ilustres jefes de Estado y de Gobierno,

señor director general de la FAO,

señor secretario general de la ONU,

señoras y señores:

Con alegría os presento mi deferente y cordial saludo a todos los que, de diferentes maneras, representáis a los diferentes componentes de la familia humana, reunidos en Roma para concordar soluciones idóneas y afrontar el problema del hambre y de la malnutrición.

He pedido al cardenal Tarcisio Bertone, mi secretario de Estado, que os transmita la particular atención con la que sigo vuestro trabajo y que os asegure que doy una gran importancia a la ardua tarea que os espera. A vosotros se dirige la mirada de millones hombres y mujeres, mientras nuevas insidias amenazan su supervivencia y situaciones preocupantes ponen en peligro la seguridad de sus países. De hecho, la creciente globalización de los mercados no siempre favorece la disponibilidad de alimentos y los sistema productivos con frecuencia están condicionados por límites estructurales, así como por políticas proteccionistas y fenómenos especulativos que dejan a poblaciones enteras al margen de los procesos de desarrollo. A la luz de esta situación, es necesario confirmar con fuerza que el hambre y la malnutrición son inaceptables en un mundo que, en realidad, dispone de niveles de producción, de recursos y de conocimientos suficientes para acabar con estos dramas y con sus consecuencias. El gran desafío de hoy consiste en "globalizar no sólo los intereses económicos y comerciales, sino también las expectativas de solidaridad, en el respeto y en la valoración de la contribución de cada miembro de la sociedad" (Discurso a la fundación Centesimus Annus pro Pontifice, 31 de mayo de 2008).

Hago llegar a la FAO y a su director general mi aprecio y gratitud por haber llamado nuevamente la atención de la comunidad internacional sobre lo que obstaculiza la lucha contra el hambre y por haberla invitado a una acción que, para que sea eficaz, tiene que ser unitaria y coordinada.

Con este espíritu, deseo renovar a las personalidades que participan en esta cumbre el auspicio que formulé durante mi reciente visita a la sede de la ONU: es urgente superar la "paradoja de un consenso multilateral que sigue padeciendo una crisis a causa de su subordinación a las decisiones de unos pocos" (Discurso a la asamblea general de la ONU, 18 de abril de 2008). Además, me permito invitaros a colaborar de manera cada vez más transparente con las organizaciones de la sociedad civil comprometidas en superar la creciente brecha entre riqueza y pobreza. Os exhorto a continuar en esas reformas estructurales que, a nivel nacional, son indispensables para afrontar con éxito los problemas del subdesarrollo, de los que el hambre y la malnutrición son una consecuencia directa. ¡Sé que todo esto es arduo y complejo!

Ahora bien, ¿cómo es posible permanecer insensibles a los llamamientos de quienes, en diferentes continentes, no logran alimentarse suficientemente para vivir? Pobreza y malnutrición no son una mera fatalidad, provocada por situaciones ambientales adversas y por calamidades naturales desastrosas. Por otra parte, las consideraciones de carácter exclusivamente técnico o económico no deben prevalecer sobre los deberes de justicia hacia los que padecen hambre. El derecho a la alimentación "responde principalmente a una motivación ética: 'dar de comer a los hambrientos' (cf. Mt 25,35), que apremia a compartir los bienes materiales como muestra del amor que todos necesitamos [...] Este derecho primario a la alimentación está intrínsecamente vinculado con la tutela y defensa de la vida humana, roca firme e inviolable donde se apoya todo el edificio de los derechos humanos (Discurso al nuevo embajador de Guatemala, 31 de mayo de 2008).

Cada persona tiene derecho a la vida; por eso, es necesario promover de manera eficaz la aplicación de este derecho y ayudar a las poblaciones que sufren por la falta de alimentos a llegar a ser poco a poco capaces de satisfacer las propias exigencias de una alimentación suficiente y sana.

En este momento particular, en el que está amenazada la seguridad alimentaria a causa del encarecimiento de los productos agrícolas, deben elaborarse nuevas estrategias de lucha contra la pobreza y de promoción del desarrollo rural. Esto debe suceder también a través de procesos de reformas estructurales, que permitan afrontar los desafíos de la misma seguridad y de los cambios climáticos; además, es necesario aumentar la disponibilidad de comida, valorando las capacidades de los pequeños agricultores y garantizando su acceso al mercado. Ahora bien, el aumento global de la producción agrícola sólo podrá ser eficaz si va acompañado por la distribución eficaz de esta producción y si se destina primariamente a satisfacer las necesidades esenciales. Se trata de un camino que no es ciertamente fácil, pero que permitiría, entre otras cosas, redescubrir el valor de la familia rural: ésta no se limita a preservar la transmisión, de los padres a los hijos, de los sistemas de cultivo, de conservación y de distribución de los alimentos, sino que es sobre todo un modelo de vida, de educación, de cultura y de religiosidad. Además, desde el punto de vista económico, asegura una atención eficaz y amorosa a los más débiles y, en virtud del principio de subsidiariedad, puede asumir un papel directo en la cadena de distribución y comercialización de los productos agrícolas destinados a la alimentación, reduciendo los costes de intermediación y favoreciendo la producción a pequeña escala.

Señoras y señores:

Las dificultades actuales muestran cómo las modernas tecnologías, por sí mismas, no son suficientes para superar la carencia alimentaria, así como tampoco lo son las estadísticas o el envío de ayuda en casos de emergencia. Todo esto tiene ciertamente una gran importancia, sin embargo debe ser completado y orientado por una acción política que, inspirada en los principios de la ley natural que están inscritos en el corazón de los hombres, proteja la dignidad de la persona. De este modo, también se respeta el orden de la creación y se tiene "como criterio de orientación el bien de todos" (mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, 1 de enero de 2008, n. 7).

Sólo la tutela de la persona, pues, permite combatir la causa principal del hambre, es decir, esa cerrazón del ser humano hacia sus semejantes que disuelve la solidaridad, justifica los modelos de vida consumista y disgrega el tejido social, preservando e incluso llegando a aumentar el surco de injustos desequilibrios, dejando a un lado las exigencias más profundas del bien. (Cf. Deus Caritas Est, 28).

Por tanto, si se hiciera valer el respeto de la dignidad humana en la mesa de las negociaciones, de las decisiones y de su aplicación, podrían superarse obstáculos que de otro modo son insuperables y se eliminaría, o al menos disminuiría, el desinterés por el bien de los demás. De este modo, sería posible adoptar medidas valientes, que no se rindan ante el hambre y la malnutrición, como si se tratara simplemente de fenómenos endémicos y sin solución. La defensa de la dignidad humana en la acción internacional, también de emergencia, ayudaría además a limitar lo superfluo en la perspectiva de las necesidades de los demás y a administrar de modo justo los frutos de la creación, poniéndolos a disposición de todas las generaciones".

A la luz de estos principios deseo que las delegaciones presentes en esta reunión asuman nuevos compromisos y se propongan llevarlos a cabo con gran determinación. ¡La Iglesia católica, por su parte, desea unirse a este esfuerzo! Con espíritu de colaboración, basándose en la antigua sabiduría, inspirada por el Evangelio, propone un llamamiento firme y sentido, que sigue siendo de gran actualidad para quienes participan en la cumbre: "Da de comer al que está muriéndose de hambre, si no le das de comer, le habrás matado" (Decretum Gratiani, c. 21, d. LXXXVI). Os aseguro que, en este camino, podéis contar con la contribución de la Santa Sede. Ésta, si bien se diferencia de los Estados, se une a ellos en los objetivos más nobles para sellar un compromiso que, por su misma naturaleza, involucra a toda la comunidad internacional: alentar a todo pueblo a compartir las necesidades de los demás pueblos, poniendo en común los bienes de la tierra que el Creador ha destinado a toda la familia humana.

Con estos sentimientos, formulo mis mejores deseos de éxito para la conferencia e invoco la bendición del Altísimo sobre vosotros y sobre cuantos están comprometidos con el auténtico progreso de la persona y de la sociedad.

Vaticano, 2 de junio de 2008

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]

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DOCUMENTACIÓN

Benedicto XVI: San Gregorio, Papa Magno, "siervo de los siervos de Dios"

Segunda catequesis dedicada al romano pontífice del año 590 al 604

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 4 junio 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general de este miércoles dedicada -en su ciclo de catequesis sobre los Padres de la Iglesia-- a profundizar en las enseñanzas de san Gregorio Magno, cuya vida empezó a trazar la semana pasada.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

Vuelvo hoy, en nuestro encuentro de los miércoles, a la extraordinaria figura del Papa Gregorio Magno para recoger más luces de su rica enseñanza. A pesar de los múltiples compromisos vinculados a su misión como obispo de Roma, nos dejó numerosas obras de las que la Iglesia, en los siglos sucesivos, se ha nutrido abundantemente. Además de su conspicuo epistolario -el Registro al que aludía en la catequesis pasada contiene más de 800 cartas--, nos dejó sobre todo escritos de carácter exegético, entre los que se distinguen el Comentario moral a Job -conocido bajo el título latino de Moralia in Iob--, las Homilías sobre Ezequiel, las Homilías sobre los Evangelios. Asimismo existe una importante obra de carácter hagiográfico, los Diálogos, escrita por Gregorio para la edificación de reina longobarda Teodolinda. La obra principal y más conocida es sin duda la Regla pastoral que el Papa redactó al comienzo de su pontificado con finalidad claramente programática.

Haciendo un rápido repaso a estas obras observemos, ante todo, que en sus escritos Gregorio jamás se muestra preocupado por trazar una doctrina "suya", una originalidad propia. Más bien intenta hacerse eco de la enseñanza tradicional de la Iglesia, quiere sencillamente ser la boca de Cristo y de su Iglesia en el camino que se debe recorrer para llegar a Dios. Al respecto son ejemplares sus comentarios exegéticos. Fue un apasionado lector de la Biblia, a la que se acercó con pretensiones no meramente especulativas: de la Sagrada Escritura, pensaba él, el cristiano debe sacar no tanto conocimientos teóricos, sino más bien el alimento cotidiano para su alma, para su vida de hombre en este mundo. En las Homilías sobre Ezequiel, por ejemplo, insiste fuertemente en esta función del texto sagrado: aproximarse a la Escritura simplemente para satisfacer el propio deseo de conocimiento significa ceder a la tentación del orgullo y exponerse así al riesgo de resbalar en la herejía. La humildad intelectual es la regla primaria para quien intenta penetrar en las realidades sobrenaturales partiendo del Libro Sagrado. La humildad, obviamente, no excluye el estudio serio; pero para lograr que éste resulte verdaderamente provechoso, consintiendo entrar realmente en la profundidad del texto, la humildad es indispensable. Sólo con esta actitud interior se escucha realmente y se percibe por fin la voz de Dios. Por otro lado, cuando se trata de la Palabra de Dios, comprender no es nada si la compresión no conduce a la acción. En estas homilías sobre Ezequiel se encuentra también esa bella expresión según la cual "el predicador debe mojar su pluma en la sangre de su corazón; podrá así llegar también al oído del prójimo". Al leer estas homilías suyas se ve que realmente Gregorio escribió con la sangre de su corazón y por ello nos sigue hablando a nosotros.

Gregorio desarrolla también este tema en el Comentario moral a Job. Siguiendo la tradición patrística, examina el texto sacro en las tres dimensiones de su sentido: la dimensión literal, la dimensión alegórica y la moral, que son dimensiones del único sentido de la Sagrada Escritura. Sin embargo Gregorio atribuye una clara preponderancia al sentido moral. En esta perspectiva propone su pensamiento a través de algunos binomios significativos --saber-hacer, hablar-vivir, conocer-actuar- en los que evoca los dos aspectos de la vida humana que deberían ser complementarios, pero que con frecuencia acaban por ser antitéticos. El ideal moral --comenta-- consiste siempre en llevar a cabo una armoniosa integración entre palabra y acción, pensamiento y compromiso, oración y dedicación a los deberes del propio estado: éste es el camino para realizar la síntesis gracias a la cual lo divino desciende en el hombre y el hombre se eleva hasta la identificación con Dios. El gran Papa traza así para el auténtico creyente un proyecto de vida completo; por esto el Comentario moral a Job constituirá en el curso de la Edad Media una especie de Summa de la moral cristiana.

Son de notable relevancia y belleza también sus Homilías sobre los Evangelios. La primera de ellas la pronunció en la basílica de San Pedro durante el tiempo de Adviento del año 590, por lo tanto, pocos meces después de su elección al pontificado; la última fue pronunciada en la basílica de San Lorenzo el segundo domingo después de Pentecostés del año 593. El Papa predicaba al pueblo en las iglesias donde se celebraban la "estaciones" --especiales ceremonias de oración en los tiempos fuertes del año litúrgico-- o las fiestas de los mártires titulares. El principio inspirador que une las diversas intervenciones se sintetiza en la palabra "praedicator": no sólo el ministro de Dios, sino también todo cristiano tiene la tarea de hacerse "predicador" de cuanto ha experimentado en su interior, a ejemplo de Cristo que se hizo hombre para llevar a todos el anuncio de la salvación. El horizonte de este compromiso es el escatológico: la esperanza del cumplimiento en Cristo de todas las cosas es un pensamiento constante del gran pontífice y acaba por convertirse en motivo inspirador de todo su pensamiento y actividad. De aquí brotan sus incesantes llamamientos a la vigilancia y al empeño en las buenas obras.

Tal vez el texto más orgánico de Gregorio Magno es la Regla pastoral, escrita en los primeros de pontificado. En ella Gregorio se propone trazar la figura del obispo ideal, maestro y guía de su rebaño. A tal fin ilustra la gravedad del oficio de pastor de la Iglesia y los deberes que ello comporta: por lo tanto, aquellos que no han sido llamados a tal tarea, que no lo busquen con superficialidad; aquellos en cambio que lo hayan asumido sin la debida reflexión, que sientan nacer en el alma una necesaria turbación. Retomando un tema predilecto, afirma que el obispo es ante todo el "predicador" por excelencia; como tal debe ser sobre todo ejemplo para los demás, de forma que su comportamiento pueda constituir un punto de referencia para todos. Una acción pastoral eficaz requiere además que él conozca los destinatarios y adapte sus intervenciones a la situación de cada uno: Gregorio se detiene en ilustrar las diversas categorías de fieles con anotaciones agudas y puntuales que pueden justificar la valoración de quien ha visto en esta obra también un tratado de psicología. De aquí se entiende que él conocía realmente a su rebaño y hablaba de todo con la gente de su tiempo y de su ciudad.

El gran pontífice, con todo, insiste en el deber de que el pastor debe reconocer cada día la propia miseria, de manera que el orgullo no haga vano, a los ojos del Juez Supremo, el bien realizado. Por ello el capítulo final de la Regla está dedicado a la humildad: "Cuando se tiene complacencia en haber alcanzado muchas virtudes, es bueno reflexionar sobre las propias insuficiencias y humillarse: en lugar de considerar el bien realizado, hay que considerar el que se ha descuidado". Todas estas indicaciones preciosas demuestran el altísimo concepto que san Gregorio tiene del cuidado de las almas, por él definido "ars artium", el arte de las artes. La Regla tuvo un éxito tan grande que, cosa más bien rara, pronto se tradujo en griego y en anglosajón. 

Significativa es igualmente otra obra, los Diálogos, en los que al amigo y diácono Pedro, convencido de que las costumbres estaban tan corrompidas que no permitían que hubiera santos como en tiempos pasados, Gregorio demuestra lo contrario: la santidad siempre es posible, aún en tiempos difíciles. Lo prueba narrando la vida de personas contemporáneas o desaparecidas recientemente a las que bien se podría calificar de santas, aunque no estuvieran canonizadas. La narración se acompaña de reflexiones teológicas y místicas que hacen del libro un texto hagiográfico singular, capaz de fascinar a generaciones enteras de lectores. El material acude a las tradiciones vivas del pueblo y tiene el objetivo de edificar y formar, atrayendo la atención de quien lee sobre una serie de cuestiones como el sentido del milagro, la interpretación de la Escritura, la inmortalidad del alma, la existencia del infierno, la representación del más allá, temas todos que requerían oportunas aclaraciones. El libro II se dedica por entero a la figura de Benito de Nursia y es el único testimonio antiguo de la vida del santo monje, cuya belleza espiritual aparece en el texto con toda evidencia.

En la línea teológica que Gregorio desarrolla a través de sus obras, pasado, presente y futuro se relativizan. Lo que para él cuenta, más que nada, es todo el arco de la historia salvífica, que sigue desenvolviéndose entre los oscuros meandros del tiempo. En esta perspectiva es significativo que él introduzca el anuncio de la conversión de los Anglos en medio del Comentario moral a Job: a sus ojos el evento constituía un adelanto del Reino de Dios del que trata la Escritura; por lo tanto con buena razón podía mencionarse en el comentario a un libro sacro. En su opinión, los guías de las comunidades cristianas deben empeñarse en releer los acontecimientos a la luz de la Palabra de Dios: en este sentido el gran pontífice siente el deber de orientar a pastores y fieles en el itinerario espiritual de una lectio divina iluminada y concreta, situada en el contexto de la propia vida. 

Antes de concluir, es necesario hablar de las relaciones que el Papa Gregorio cultivó con los patriarcas de Antioquía, de Alejandría y de la propia Constantinopla. Se preocupó siempre de reconocer y respetar los derechos, guardándose de toda interferencia que limitara la legítima autonomía de aquellos. Si bien san Gregorio, en el contexto de la situación histórica, se opuso al título de "ecuménico" por parte del Patriarca de Constantinopla, no lo hizo por limitar o negar esta legítima autoridad, sino porque estaba preocupado por la unidad fraterna de la Iglesia universal. Lo hizo sobre todo por su profunda convicción de que la humildad debía ser la virtud fundamental de todo obispo, más aún de un Patriarca. Gregorio había seguido siendo un sencillo monje en su corazón y por ello era decididamente contrario a los grandes títulos. Quería ser --es expresión suya-- servus servorum Dei. Esta palabra que acuñó no era en sus labios una piadosa fórmula, sino la verdadera manifestación de su modo de vivir y de actuar. Estaba íntimamente impresionado por la humildad de Dios, que en Cristo se hizo nuestro siervo, nos lavó y nos lava los pies sucios. Por lo tanto estaba convencido de que, sobre todo un obispo, debería imitar esta humildad de Dios y así seguir a Cristo. Su deseo verdaderamente fue el de vivir como monje en permanente coloquio con la Palabra de Dios, pero por amor a Dios supo hacerse servidor de todos en un tiempo lleno de tribulaciones y de sufrimientos, supo hacerse "siervo de los siervos". Precisamente porque lo fue, es grande y nos muestra también a nosotros la medida de su verdadera grandeza.

[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

El Papa san Gregorio Magno nos ha dejado numerosos escritos, con el propósito de transmitir la enseñanza de la Iglesia. Apasionado lector de la Escritura, invita a encontrar en ella el alimento cotidiano para el alma. Pero, advierte que el estudio de la Palabra de Dios, hecho con seriedad y humildad, sólo sirve si lleva a la acción. Para Gregorio, el ideal moral se encuentra en la integración armoniosa entre palabra y acción, pensamiento y compromiso, oración y dedicación a los propios deberes. En su obra más famosa, la "Regla Pastoral", san Gregorio traza la figura del Obispo ideal. El Pastor debe ser humilde, conocer a los fieles y adaptarse a su situación para que su acción pastoral sea eficaz. Con razón llamaba al cuidado de las almas "el arte de las artes". Según él, la comunidad cristiana debe ver todos los sucesos a la luz de la Palabra de Dios, siguiendo para ello el itinerario espiritual de la lectio divina. Con el Papa Gregorio, la Sede de Roma adquirió un gran prestigio en el mundo, y el título de "siervo de los siervos de Dios", que él había elegido, fue usado desde entonces por sus sucesores.

Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En particular, al grupo de peregrinos de la República Dominicana, acompañados por el Arzobispo de Santiago de los Caballeros, Monseñor Ramón de la Rosa, y al grupo de sacerdotes de Madrid. Saludo también a los peregrinos y grupos parroquiales venidos de Chile, Ecuador, España, México y de otros países latinoamericanos. Que el ejemplo de San Gregorio os ayude a meditar la Sagrada Escritura para encontrar en ella el alimento espiritual para vuestra vida cristiana. Que Dios os bendiga.

[Traducción del original italiano por Marta Lago.

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]

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