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PARROQUIA
NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
Av. Libertador 13.900 -
1640 Martínez - Tel. y Fax 4508-8501 // 8502 E-mail: pqfatima@... // secretaria@... Página
Web: www.fatima.org.ar
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Noticias desde la Parroquia de Fátima |
30
de junio de 2008 - Año XI - N° 385 |
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Índice de Noticias |
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NUESTRA PARROQUIA |
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50 años ¿Sabía usted
que....? En 1949 comenzó a nacer una
pequeña comunidad formada por hombres y mujeres y un joven sacerdote,
alrededor de la capilla de las Hermanas de las Siervas de María en lo que hoy
es Libertador (ex Av. Aguirre) y Pacheco. La participación activa de esa
pequeña comunidad en la santa misa y los sacramentos fue requiriendo la
atención pastoral de la catequesis para niños y atención sacramental de los
enfermos. Leemos en copia del Acta Nº1 del 4 de noviembre de 1953 que reunidos un grupo de
vecinos, el Padre Moreno manifestó “que era conocida por todos los
asistentes la necesidad de proveer de un templo al vecindario de la zona
llamada “Bajo Martínez” necesidad que resulta tanto del
acrecentamiento de la población como cuanto de la lejanía de los templos
parroquiales de Martínez, Olivos y San isidro, y la inexistencia de medios de
comunicación directa” En dicha reunión entre los
presentes se designo una comisión de hombres que debería actuar paralelamente
con una de mujeres, llevando adelante la iniciativa. Asesor Pbro. Dr. Fidel H. Moreno,
Presidente Ing. Silvio Gagliardi, Vice Presidente Sr. Alberto Begueri,
Secretario Dr. Alejandro Iturriaga, Pro secretario Dr. Jorge A. Peró Tesorero Sr. Antonio Uribelarrea, Pro Tesorero Sr. Jorge Bagnardi,
Vocales Capitán José Wilson, Dr. Justo Rossi,
Sr. Francisco Mc. Gough. En dicha reunión se decidió que
“sin perjuicio de las donaciones de diferente modalidades con la que se
puede beneficiar, se establezca como fuente de recursos una contribución
pública mediante el sistema de bonos por cuotas partes. En actas subsiguientes del mismo
año se menciona lo siguiente: “El Presidente comunicó a
los asistentes que en entrevistas que ha mantenido con los Sres. Arzobispo de
la Arquidiócesis de Eva Perón (La Plata) y cura párroco de Santa Teresa del
Niño Jesús de Martínez, Pbro. Álvaro Larumbe ha
obtenido su aprobación y beneplácito para la obra de que se trata”. Con referencia a los fondos
necesarios se “Manifestó que lo requerido para el terreno y
construcción del templo el monto de la contribución no podría fijarse en una
suma inferior a un millón de pesos,
para ello se procedió a la rifa de una rural Mercedes Benz. Con el sorteo de
la Lotería de Navidad” Estableciéndose “que los
contribuyentes solamente son benefactores de la obra sin derecho a exigir
contraprestación alguna “ Consta en una reunión realizada en
mayo la participación del cura párroco de Olivos Pbro. Julio Bastos,
“que enterado de la iniciativa de construir un templo en el Bajo
Martínez, ha querido asistir a la reunión que celebra en la fecha la
Comisión, para expresar su adhesión a dicha iniciativa, por cuanto su
realización ha de contribuir a aliviar la situación de la parroquia a su
cargo” Expresó luego que “desde ya,
consideraba beneficioso delegar en el Asesor Eclesiástico de Continuará… Indice
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ARGENTINA |
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ORDENACIÓN EPISCOPAL DE MONSEÑOR SANTIAGO OLIVERA Morón (Buenos Aires), 30 Jun. 08 (AICA) El 18 de agosto, a las 17, en la catedral
Inmaculada Concepción del Buen Viaje, recibirá su ordenación episcopal
monseñor Santiago Olivera, recientemente designado por el papa Benedicto XVI
como obispo de Cruz del Eje, en la provincia de Córdoba El consagrante principal será el obispo emérito
de Morón, monseñor Justo Oscar Laguna, y los co-consagrantes el obispo de
Morón, monseñor Luis Guillermo Eichhorn; y monseñor
Omar Félix Colomé, obispo emérito y administrador
apostólico de Cruz del Eje. Monseñor Olivera tomará posesión el 29 de agosto
de la sede diocesana de Cruz del Eje, en una misa prevista para las 17.30 en
la catedral Nuestra Señora del Valle y presidida por el arzobispo de Córdoba,
monseñor Carlos Ñáñez.+ |
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MUNDO |
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MÚSICA PARA CELEBRAR EL AÑO JUBILAR PAULINO MADRID, viernes,
27 junio 2008 (ZENIT.org).- Coincidiendo con la apertura, este fin de semana,
del año Jubilar Paulino, la Editorial San Pablo va a
inaugurar su renovado portal de música cristiana, que incorpora nuevas
secciones y aplicaciones. El portal (http://www.musica.sanpablo.es)
incluye un reproductor de música mp3, que permite escuchar las canciones
mientras se navega. Además se han creado melodías para tonos de teléfonos
móviles. Por otra parte, se han incluido las letras de canciones religiosas,
tanto antiguas como modernas, que era "una de las utilidades más
demandadas por los amantes de la música cristiana", señaló la editorial
a Ivicom. Para celebrar el
inicio del Año Jubilar Paulino, la editorial, que depende de la Sociedad de
San Pablo, ofrece la posibilidad de descargarse gratuitamente, durante los
días 28 y 29 de junio, cinco canciones sobre San Pablo en formato mp3. Junto a estas
nuevas aplicaciones, se han renovado las secciones sobre los autores de
música cristiana, sección de discos, la agenda y la sección de materiales
relacionados con la música y la actividad catequética y pastoral. Esta es la primera de una serie de
iniciativas que la Editorial San Pablo prepara en este año jubilar que ahora comienza. |
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NOTA DE CLARIFICACIÓN
SOBRE EL LIBRO “JESÚS. APROXIMACIÓN HISTÓRICA” La Comisión episcopal española
sobre la obra del teólogo José Antonio Pagola MADRID, viernes 27 de junio de
2008 (ZENIT.org).- Ofrecemos el texto
completo de la nota hecha pública hoy por la Comisión Episcopal para la
Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, sobre el libro Jesús. Aproximación histórica (Editorial PPC), del teólogo
español José Antonio Pagola. Nota de clarificación
sobre el libro "Jesús. Aproximación histórica", del teólogo español
José Antonio Pagola Presentación 1. En octubre de 2007 se publicó
la primera edición de la obra del Rvdo. Sr. D. José
Antonio Pagola, Jesús. Aproximación
histórica, PPC, Madrid 2007, 544pp. En apenas seis meses conoció
ocho ediciones, con decenas de miles de ejemplares vendidos. A su creciente
difusión ha acompañado una reacción de preocupación entre muchos lectores,
confundidos ante planteamientos y conclusiones no siempre compatibles con la
imagen de Jesús que presentan los evangelios, y que ha sido custodiada y
transmitida con fidelidad por la Iglesia desde la época apostólica hasta
nuestros días. La confusión provocada por tales planteamientos hace necesaria
la presente Nota de clarificación. 2. Con esta Nota no se pretende
juzgar las intenciones subjetivas del Autor y menos aún su trayectoria
sacerdotal. La revisión del libro que el Autor ha aceptado emprender no
excluye la clarificación sobre las razones que la han hecho necesaria. De
este modo respondemos a nuestra obligación de ayudar a los miles de lectores
de la primera versión a hacerse un juicio de la misma conforme con la
doctrina católica. Esta clarificación se centrará en algunas cuestiones de
tipo metodológico y doctrinal. 3. Desde el punto de vista
metodológico, tres son las deficiencias principales de la obra Jesús. Aproximación histórica: a) la ruptura que, de
hecho, se establece entre la fe y la historia; b) la desconfianza respecto a
la historicidad de los evangelios; y, c) la lectura de la historia de Jesús
desde unos presupuestos que acaban tergiversándola. Las deficiencias
doctrinales pueden resumirse en seis: a) presentación reduccionista de Jesús
como un mero profeta; b) negación de su conciencia filial divina; c) negación
del sentido redentor dado por Jesús a su muerte; d) oscurecimiento de la
realidad del pecado y del sentido del perdón; e) negación de la intención de
Jesús de fundar la Iglesia como comunidad jerárquica; y, f) confusión sobre
el carácter histórico, real y trascendente de la resurrección de Jesús. Cuestiones metodológicas a) Ruptura entre fe e
investigación histórica 4. Los escritos del Nuevo
Testamento son, ciertamente, documentos de fe, pero "no [por ello] son
menos atendibles, en el conjunto de sus relatos, como testimonios
históricos". Los autores sagrados no se han limitado a poner por escrito
sus experiencias subjetivas en torno a Jesús, ni tampoco han recreado a la
luz de la Pascua una figura diferente de la que aconteció en la historia. La
verdad del relato evangélico se fundamenta tanto en la asistencia del
Espíritu Santo (inspiración) como en el testimonio histórico directo: Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos (1 Jn 1, 3). Por eso la Iglesia no ha dejado nunca de
confiar en la historicidad de los relatos evangélicos: "La Santa Madre
Iglesia firme y constantemente ha creído y cree que los cuatro referidos
Evangelios, cuya historicidad afirma sin vacilar, comunican fielmente lo que
Jesús Hijo de Dios, viviendo entre los hombres, hizo y enseñó realmente para
la salvación de ellos, hasta el día que fue levantado al cielo". La
historicidad del testimonio evangélico no queda alterada porque se haya
realizado con "aquella crecida inteligencia" nacida de la Pascua,
pues los autores sagrados, aún dejando su propia impronta, "siempre nos
comunicaban la verdad sincera acerca de Jesús". 5. En la obra que nos ocupa: - se asume acríticamente
una ruptura entre la investigación histórica sobre Jesús y la fe en Él, entre
el llamado "Jesús histórico" y el "Cristo de la fe",
dando la impresión de que la fe carece de un fundamento histórico sólido.
Ahora bien, si la fe de la Iglesia no tiene su fundamento en la historia,
entonces el cristianismo deriva en ideología; - parece sugerirse que para
reconstruir la figura histórica de Jesús haya que prescindir de la fe, bien
porque la lectura creyente de la historia sea simplemente una más entre otras
posibles, bien porque se piense que la fe conduce a una deformación de la
historia. 6. Sorprende también comprobar
cómo en esta obra se citan con igual autoridad escritos canónicos y apócrifos
(cf. p. ej. pp. 92-95).
La consecuencia inevitable es la confusión sobre el valor histórico de las
fuentes empleadas, así como la asunción acrítica del prejuicio liberal que
considera la fe y su formulación (el dogma) como una adulteración del
auténtico dato histórico. No podemos olvidar que la fijación del Canon tuvo
como objetivo custodiar el testimonio auténtico sobre Jesús preservándolo de
posteriores interpretaciones adulteradas. La fe apostólica no inventó la
historia de Jesús, sino que la custodió, convirtiéndose en la garantía de su
autenticidad. El criterio para discernir, custodiar y transmitir la
autenticidad de lo atestiguado fue su conformidad con la predicación de los
apóstoles. Por eso, quien prescinde de la fe apostólica se cierra a una
auténtica aproximación histórica a Jesús. b) Desconfianza en la historicidad
de los Evangelios 7. También son frecuentes en el
libro las referencias al carácter no histórico de muchas de las escenas
evangélicas (cf. p.ej.
pp. 39, n.2; 206; 215, n. 12; 336-337; 349, n. 42; 363-364; 368; 377; 379;
429; 432) o a la dificultad para determinar si describen acontecimientos
reales o invenciones de los evangelistas (cf. pp.
372-373). Se podría decir que, para el Autor, la desconfianza frente al dato
de los evangelios es una condición para proceder con rigor en la
investigación histórica. Esta desconfianza es consecuencia de la ruptura que
se establece entre Jesús mismo (su vida y enseñanza) y el testimonio que sus
seguidores dieron de Él (cf. p. 118, n.9). c) Aproximación a la historia
desde presupuestos ideológicos 8. La reconstrucción histórica
realizada por el Autor alterna datos supuestamente históricos con
recreaciones literarias inspiradas en la mentalidad actual, adoptando,
además, el análisis propio de la lucha de clases para describir el entorno
familiar, social, económico, político y religioso. El objetivo de esta
descripción es situar la actividad de Jesús y su predicación del Reino en un
horizonte preferentemente terreno. Así, al uso selectivo de los estudios
utilizados en la redacción del libro le corresponde una utilización
igualmente selectiva de las fuentes. Los relatos evangélicos son adaptaciones
posteriores cuando desmienten la propia tesis; son históricos cuando
concuerdan con ella. Así, por ejemplo, al describir el entorno familiar en el
que Jesús niño creció, el Autor habla de la consideración que merecían los
niños en la época y de la educación común que recibían: "A los ocho
años, los niños varones eran introducidos sin apenas preparación en el mundo
autoritario de los hombres, donde se les enseñaba a afirmar su masculinidad
cultivando el valor, la agresión sexual y la sagacidad» (p. 45). El Autor
viene a decir que en tiempos de Jesús a los niños se les educaba para ejercer
"la agresión sexual", pero no indica las fuentes que le llevan a
tal consideración. La sociedad de la época de Jesús es descrita con
expresiones como las siguientes: desigualdad «entre la gran mayoría de
población campesina y la pequeña élite que vivía en las ciudades» (p. 23),
fuerte presión de los impuestos, la obligación de los campesinos hacia la
élite (cf. p. 24), tributos para costear «los
elevados gastos del funcionamiento del templo y para mantener la aristocracia
sacerdotal de Jerusalén» (p. 25), tribunales que «pocas veces apoyaban a los
campesinos» (p. 29), etc. Sobre ese panorama la predicación del Reino
aparece, desde una perspectiva horizontal, como liberación de la opresión
social: «la actividad de Jesús en medio de las aldeas de Galilea y su mensaje
del "reino de Dios" representaban una fuerte crítica a aquel estado
de cosas» (p 30); el comienzo de la actividad pública de Jesús se justifica
por el deseo que tiene de anunciar a las pobres gentes que «Dios viene ya a
liberar a su pueblo de tanto sufrimiento y opresión» (p. 83); «aldeas enteras
que viven bajo la opresión de las élites urbanas, sufriendo el desprecio y la
humillación» (p. 103); el reino de Dios consiste «en la instauración de una
sociedad liberada de toda aflicción» (p. 175); «lujosos edificios en las
ciudades, miseria en las aldeas; riqueza y ostentación en las élites urbanas,
deudas y hambre entre las gentes del campo; enriquecimiento progresivo de los
grandes terratenientes, pérdida de tierras de los campesinos pobres» (p.
181). Importa advertir que el Autor, al hablar de sufrimiento y opresión, no
se refiere al pecado ni al dominio del Maligno (se indicará después qué
entiende el Autor por Satán [símbolo del mal: cf.
p. 98], o qué son los exorcismos y el perdón de los pecados), sino a la
injusticia y al poder opresor de los poderosos de este mundo, como por ejemplo,
el rey Herodes, cuyo reino está «construido sobre la fuerza y la opresión de
los más débiles» (p. 179). Todo el capítulo séptimo ("Defensor de los
últimos") recoge claramente esta tendencia. 2. Cuestiones doctrinales 9. El objetivo del libro Jesús. Aproximación histórica es aproximarse a la figura
de Jesús desde el punto de vista histórico. El Autor desea responder a la
pregunta «¿Quién fue Jesús?» (p. 5), para «saber
quién está en el origen de mi fe cristiana» (p. 5). a) ¿Quién es Jesús de Nazaret? 10. Para el Autor, el Jesús que
realmente aconteció en la historia, es, ante todo, un profeta. Los capítulos
3º ("Buscador de Dios") y 11º ("Creyente fiel") son muy
esclarecedores. Ciertamente, la obra comienza afirmando que «Jesús es la encarnación
de Dios», el «hombre en el que Dios se ha encarnado» (p. 7). Esas
afirmaciones aparecen también al exponer lo que los seguidores de Jesús, una
vez resucitado, predican sobre Jesús. Pero conviene advertir que para el
Autor todos estos modos de hablar de Jesús pertenecen a los discípulos,
quienes, después de la Pascua, han buscado el nombre para Jesús acudiendo,
unas veces, a la tradición judía, y, otras, a la terminología presente en el
mundo pagano. b) La conciencia filial de Jesús
de Nazaret 11. Tan importante como determinar
la autenticidad histórica del testimonio es determinar si el Jesucristo de la
profesión de fe, realizada bajo la acción del Espíritu Santo, es conforme a
la pretensión del Jesús que vivió en un determinado momento histórico. Si
Jesús no se presentó a sí mismo como Dios y como Hijo de Dios, ni reclamó
para sí la fe que reclamó para el Padre, la posterior confesión de fe de los
apóstoles no fue más que una interpretación exagerada y, en cuanto tal,
deformadora de su maestro, formulada a partir de una Pascua que ya no se sabe
lo que es. La conciencia que Jesús tenía de sí y de su misión es inseparable
de la verdad histórica contenida en la profesión de fe. Sin la verdad
histórica, la profesión de fe se convierte en mito. Pues bien, el Autor
escribe a este respecto: "En ningún momento [Jesús] manifiesta
pretensión alguna de ser Dios... Tampoco se le condena por su pretensión de
ser el 'Mesías' esperado... al parecer, Jesús nunca se pronunció abiertamente
sobre su persona" (p. 379). Esta afirmación contradice el dato histórico
recogido en el testimonio evangélico, custodiado y transmitido por la Iglesia
apostólica. Jesús, en efecto, es Dios, sabe que es Dios y habla continuamente
de ello. 12. Para el Autor, que Jesús sea
Hijo de Dios es una afirmación "de carácter confesional" (p. 303)
que no tiene su origen en el Jesús de la historia. La respuesta a la pregunta
"¿Quién es Jesús?" "solo puede ser personal" (p. 463).
Presentado Jesús principalmente como un profeta, no extraña el silencio sobre
su concepción virginal, la afirmación sobre los "hermanos" de Jesús
en sentido propio y real (cf. p. 43, n.11), la
negación de su conciencia filial y mesiánica, la explicación meramente
natural de los milagros (curaciones y exorcismos), o el vaciamiento de
contenido salvífico del lenguaje sobre la muerte y
la resurrección. c) El valor redentor de la muerte
de Jesús 13. El Autor afirma que el empeño
fundamental de Jesús habría sido "despertar la fe en la cercanía de Dios
luchando contra el sufrimiento" (p. 175). El rasgo principal de Dios
mostrado por Jesús ha sido la compasión. Aunque se habla extensamente de este
rasgo, en el libro la compasión no pasa de ser un sentimiento noble hacia los
más desfavorecidos, pero no es, en sentido estricto, un padecer con ellos y
por ellos, en favor y en lugar de ellos. Y es que, para el Autor, Jesús no dió ni a su vida ni a su muerte un sentido sacrificial y
redentor (cf. pp. 350-351). Si Jesús no ha dado a
su vida y a su muerte un sentido redentor, entonces también la compasión se
vacía de su contenido originario. 14. En esta misma línea, la última
cena se presenta como una solemne cena de despedida, con gestos simbólicos,
cuya finalidad es que sus seguidores le recuerden en el futuro. Con el pan y
con el vino realizó unos gestos proféticos, "compartidos por
todos", convirtiendo "aquella cena de despedida en una gran acción
sacramental, la más importante de su vida, la que mejor resume su servicio al
reino de Dios... Quiere que sigan vinculados a él y que alimenten en él su
esperanza. Que lo recuerden siempre entregado a su servicio" (p. 367). Las palabras Haced esto
en memoria mía (1 Cor 11, 24; Lc 22, 21) "no pertenecen a la tradición más
antigua. Probablemente provienen de la liturgia cristiana posterior, pero sin
duda ese fue el deseo de Jesús" (p. 367, n. 85) 13. La cena es para que
sus seguidores recuerden siempre a Jesús. "Repitiendo aquella cena
podrán alimentarse de su recuerdo y su presencia" (p. 367). d) La redención como liberación
del pecado 15. La concepción reduccionista de
la obra redentora de Jesucristo se descubre también en el silencio sobre la
realidad del pecado. La razón de este silencio está en la contraposición
establecida entre Juan el Bautista y Jesús: la misión del primero "está
pensada y organizada en función del pecado... Por el contrario, la
preocupación primera de Jesús es el sufrimiento de los más desgraciados"
(p. 174). Eso explica que para el Autor, Satán sea un símbolo del mal (p.
98), "la personificación de ese mundo hostil que trabaja contra Dios y
contra el ser humano" (p. 98). Para el Autor, hablar de
"Satán" es una forma mítica de simbolizar toda forma de mal. 16. De ello se deduce también el
modo en que el Autor entiende el perdón. "A estos pecadores que se
sientan a su mesa, Jesús les ofrece el perdón envuelto en acogida amistosa.
No hay ninguna declaración; no les absuelve de sus pecados; sencillamente los
acoge como amigos" (p. 205). La conversión es irrelevante (porque
"el perdón es gratuito") y las "declaraciones" de perdón
de los pecados por parte de Jesús, no se consideran auténticas, porque en
esas fórmulas «Dios aparece como un "juez"» (p. 206), y no es eso
lo que Jesús revela con su "perdón-acogida". Jesús habría
practicado un "perdón-acogida", pero no un "perdón-absolución".
Por más que se hable de acogida, al final el Autor se aproxima más a una
"acogida impuesta", que hace irrelevante la respuesta libre del
hombre. e) Jesús y la Iglesia 17. Según el Autor, Jesús no tuvo
intención de crear un grupo organizado y jerárquico, sino que quiso poner en
marcha un movimiento de hombres y mujeres, salidos del pueblo y unidos a él,
"para que ayuden a los demás a tomar conciencia de la cercanía salvadora
de Dios" (p. 269). Jesús ve a todos sus seguidores como una familia (cf. p. 290). Nadie ejercerá en su grupo un poder
dominante. Tampoco hay diferencias jerárquicas entre varones y mujeres (cf. pp. 291-292). f) La resurrección de Jesús 18. Al presentar la resurrección
de Jesús, el Autor, aunque afirma que es un hecho histórico y real,
interpreta esta historicidad en un sentido que no es conforme con la
enseñanza de la Iglesia, pues la entiende como algo que acontece en el
corazón de los discípulos. Tampoco es conforme con la fe de la Iglesia su
modo de entender la resurrección del cuerpo de Jesús y su explicación de la
continuidad entre el cuerpo crucificado y muerto, y el resucitado (cf. p. 433). Aunque afirma que la resurrección es algo
que le pasa a Jesús, se niega la referencia a su cuerpo real y se explica
como la convicción de los discípulos de que "Dios le ha llenado de
vida", sin que se explique qué quiere decir con eso. 3. Conclusión 19. Teniendo en cuenta cuanto se
lleva dicho, se puede afirmar que el Autor parece sugerir indirectamente que
algunas propuestas fundamentales de la doctrina católica carecen de
fundamento histórico en Jesús. Este modo de proceder es dañino, pues acaba
deslegitimando la enseñanza de la Iglesia al carecer -según el Autor- de
enraizamiento real en Jesús y en la historia. En el libro no se quiere negar
esa enseñanza pero, de hecho, se muestra infundada. 20. En el origen
de las cuestiones señaladas se encuentran dos presupuestos que condicionan
negativamente la obra: la ruptura entre la investigación histórica de Jesús y
la fe en Él, y la interpretación de la Sagrada Escritura al margen de la
Tradición viva de la Iglesia. El Autor parece dar a entender que, para
mostrar la historia se debe dejar de lado la fe, logrando como resultado una
historia que es incompatible con la fe. El problema no está sólo en pensar
que se debe prescindir de la fe para saber históricamente quién fue Jesús
(éste es un prejuicio erróneo mantenido también por numerosos exegetas que se
dicen católicos), sino sobre todo -dado que el libro quiere ser una
"aproximación histórica"- en reconstruir una historia, a partir de
un uso arbitrario de los evangelios, que resulta incompatible con la fe. Si
el "Jesús histórico" que muestra el Autor es incompatible con el
Jesús de la Iglesia, no es porque ésta haya inventado, con el pasar del
tiempo, a un Jesús diferente del que aconteció, sino porque la
"historia" que se propone es una historia falseada, aunque ésa,
ciertamente, no sea su intención. El Autor se sirve en esta obra de
investigaciones que mayoritariamente se encuentran fuera de la Tradición, tanto
por sus presupuestos metodológicos (asumidos acríticamente),
como por sus conclusiones. Los resultados a los que llega son la derivación
lógica de su punto de partida. 21. La rápida difusión de la obra Jesús. Aproximación histórica demuestra que, junto a los
aspectos deficientes señalados, posee otros positivos que hacen agradable su
lectura. En una presentación histórica sobre la figura de Jesús es deseable
que se armonice el rigor científico con el lenguaje sencillo y divulgativo.
Sin embargo, cuando la apariencia de rigor oculta deficiencias metodológicas
y doctrinales, la fluidez literaria causa confusión y siembra dudas. El fin
de esta Nota no es otro que despejar la
confusión y las dudas, y reiterar con el autor de la Carta a los Hebreos: Ayer como hoy, Jesucristo
es el mismo y lo será siempre. No os dejéis seducir por doctrinas varias y
extrañas. Mejor es fortalecer el corazón con la gracia que con alimentos que
nada aprovecharon a los que siguieron ese camino (Hb 13, 8- 9). Nota de la Comisión Episcopal para
la Doctrina de la Fe publicada con la autorización de la Comisión Permanente
de la Conferencia Episcopal Española en su CCIX reunión (Madrid, 18 de junio
de 2008). |
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DOCUMENTACIÓN |
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EL PAPA PRESENTA LA FIGURA DE SAN MÁXIMO, HEROICO MONJE DEL SIGLO VI Intervención con motivo de la
audiencia general CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 25
junio 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la
intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles,
dedicada a presentar la figura de san Máximo, heroico "confesor" y
monje del siglo VI. * * * Queridos hermanos y hermanas: Hoy quisiera presentar la figura
de uno de los grandes padres de la Iglesia de Oriente del período tardío. Se
trata de un monje, san Máximo, al que la tradición cristiana le ha atribuido
el título de "confesor" por la intrépida valentía con la que supo
testimoniar --"confesar"--, incluso con el sufrimiento, la
integridad de su fe en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, salvador
del mundo. Máximo nació en Palestina, la
tierra del Señor, en torno al año 580. Desde que era pequeño se orientó hacia
la vida monástica y al estudio de las Escrituras, en parte a través de las
obras de Orígenes, el gran maestro que ya en el siglo III había estructurado
la tradición exegética alejandrina. De Jerusalén se trasladó a
Constantinopla y de allí, a causa de las invasiones bárbaras, se refugió en
África, donde se distinguió por su gran valentía en la defensa de la
ortodoxia. Máximo no aceptaba el que se redujera la humanidad de Cristo.
Había nacido la teoría, según la cual, Cristo sólo tendrá una voluntad, la
divina. Para defender la unicidad de su persona, muchos negaban el que
tuviera una auténtica voluntad humana. Y, a simple vista, podría parecer algo
bueno el que Cristo tuviera una sola voluntad. Pero san Máximo comprendió
inmediatamente que esto habría acabado con el misterio de la salvación, pues
una humanidad sin voluntad, un hombre sin voluntad, no es un verdadero
hombre, es un hombre amputado. Por tanto, el hombre Jesucristo no habría sido
un verdadero hombre, no habría vivido el drama de ser humano, que consiste
precisamente en la dificultad para conformar nuestra voluntad con la verdad
del ser. De este modo, san Máximo afirma
con gran decisión: la Sagrada Escritura no nos muestra a un hombre amputado,
sin voluntad, sino a un verdadero hombre, completo: Dios, en Jesucristo,
realmente asumió la totalidad del ser humano --obviamente excepto en el
pecado--, por tanto, también una voluntad humana. Dicho así, parecería claro:
Cristo, ¿es o no es hombre? Si es hombre, tiene también voluntad. Pero
entonces surge el problema: de este modo, ¿no se cae en una especie de
dualismo? ¿No se acaba presentando dos personalidades completas: razón, voluntad,
sentimiento? ¿Cómo superar el dualismo, conservar la plenitud del ser humano
y defender la unidad de la persona de Cristo, que no era esquizofrénico? San
Máximo demuestra que el hombre encuentra su unidad, su integración, la
totalidad en sí mismo, pero superándose a sí mismo, saliendo de sí mismo. De
este modo, en Cristo, al salir de sí mismo, el hombre se encuentra a sí mismo
en Dios, en el Hijo de Dios. No hay que amputar al hombre para
explicar la encarnación; basta comprender el dinamismo del ser humano que
sólo se realiza saliendo de sí mismo; sólo en Dios nos encontramos a nosotros
mismos, nuestra totalidad y plenitud. De este modo, se puede ver que el
hombre que se encierra en sí mismo no está completo; por el contrario, el
hombre que se abre, que sale de sí mismo, logra la plenitud y se encuentra a
sí mismo en el Hijo de Dios, encuentra su verdadera humanidad. Para san Máximo esta visión no es
una especulación filosófica; la ve realizada en la vida concreta de Jesús,
sobre todo en el drama de Getsemaní. En este drama
de la agonía de Jesús, en la angustia de la muerte, de la oposición entre la
voluntad humana de no morir y la voluntad divina, que se ofrece a la muerte,
se realiza todo el drama humano, el drama de nuestra redención. San Máximo
nos dice, y sabemos que es verdad: Adán (y Adán somos nosotros) pensaba que
el "no" era la cumbre de la libertad. Sólo quien puede decir
"no" sería realmente libre; para realizar realmente su libertad el
hombre debería decir "no" a Dios; sólo así cree que es él mismo,
que ha llegado al culmen de la libertad. La naturaleza humana de Cristo
también llevaba en sí esta tendencia, pero la superó pues Jesús comprendió
que el "no" no es lo máximo de la libertad humana. Lo máximo de la
libertad es el "sí", la conformidad con la voluntad de Dios. Sólo
en el "sí" el hombre llega a ser realmente él mismo; sólo en la
gran apertura del "sí", en la unificación de su voluntad con la
divina, el hombre llega a estar inmensamente abierto, llega a ser "divino".
Ser como Dios era el deseo de Adán, es decir, ser completamente libre. Pero
no es divino, no es completamente libre el hombre que se encierra en sí
mismo; lo es si sale de sí, en el "sí" llega a ser libre; este es
el drama de Getsemaní: que no se haga mi voluntad,
sino la tuya. Transfiriendo la voluntad humana en la voluntad divina nace el
verdadero hombre, así somos redimidos. En pocas palabras, este era el punto
principal que quería comunicar san Máximo y vemos que está en juego todo el
ser humano; está en juego toda nuestra vida. San Máximo ya tenía problemas en
África cuando defendía esta visión del hombre y de Dios; después fue llamado
a Roma. En el año 649 participó en el Concilio Lateranense, convocado por el
Papa Martín I, en defensa de la voluntad de Cristo, contra el edicto del
emperador, que por el bien de la paz --pro bono pacis-- prohibía discutir sobre esta cuestión.
El papa Martín tuvo que pagar un caro precio por su valentía: si bien estaba
enfermo, fue arrestado y llevado a Constantinopla. Procesado y condenado a
muerte, se le conmutó la pena en el exilio definitivo de Crimea, donde
falleció el 16 de septiembre del año 655, tras dos largos años de
humillaciones y tormentos. Poco tiempo después, en el año
662, le tocó el turno a Máximo, quien también se opuso al emperador al
repetir: "¡Es imposible afirmar en Cristo una sola voluntad!" (Cf. PG 91, cc. 268-269). De este
modo, junto a dos discípulos --ambos se llamaban Anastasio--, Máximo fue
sometido a un extenuante proceso, a pesar de que ya había superado los
ochenta años. El tribunal del emperador le condenó, con la acusación de
herejía, a la cruel mutilación de la lengua y de la mano derecha, los dos
órganos de expresión, la palabra y los escritos, con los que Máximo había
combatido la doctrina errada de la voluntad única de Cristo. Por último, el
santo monje, mutilado, fue exiliado en la Cólquida,
en el Mar Negro, donde murió, agotado por los sufrimientos, a los 82 años, el
13 de agosto del mismo año 662. Hablando de la vida de Máximo,
hemos mencionado su obra literaria en defensa de la ortodoxia. En particular,
nos referimos a la Disputa con Pirro,
antiguo patriarca de Constantinopla: en ella, logró persuadir de sus errores
al adversario. Con mucha honestidad, de hecho, Pirro concluía así la Disputa: "Pido perdón de parte mía y de parte de
quienes me han precedido: por ignorancia hemos llegado a estos pensamientos y
argumentaciones absurdos; y pido que ese encuentre la manera de cancelar
estas absurdidades, salvando la memoria de aquellos que han errado" (PG 91, c. 352). Nos han llegado, además, algunas
decenas de obras importantes, entre las que destaca la Mistagogia, uno de los escritos más significativos
de san Máximo, que recoge su pensamiento teológico con una síntesis bien
estructurada. El pensamiento de Máximo nunca es
sólo teológico, especulativo, replegado en sí mismo, pues siempre tiene como
punto de llegada la realidad concreta del mundo y de la salvación. En el
contexto en que tuvo que sufrir, no podía evadirse en afirmaciones
filosóficas meramente teóricas; tenía que buscar el sentido de la vida,
preguntándose: ¿quién soy? ¿Qué es el mundo? Al hombre, creado a su imagen y
semejanza, Dios le ha confiado la misión de unificar el cosmos. Y como Cristo
ha unificado en sí mismo al ser humano, en el hombre el Creador ha unificado
al cosmos. Nos ha mostrado cómo unificar en la comunión de Cristo el cosmos y
de este modo llegar realmente a un mundo redimido. A esta poderosa visión
salvífica se refiere uno de los teólogos más grandes del siglo XX, Hans Urs von Balthasar, quien --"relanzando" la figura
de Máximo-- define su pensamiento con la incisiva expresión de Kosmische Liturgie, "liturgia
cósmica". En el centro de esta solemne "liturgia" siempre está
Jesucristo, único salvador del mundo. La eficacia de su acción salvadora, que
ha unificado definitivamente el cosmos, está garantizada por el hecho de que
Él, a pesar de ser Dios en todo, también es íntegramente hombre, incluyendo
la "energía" y la voluntad del hombre. La vida y el pensamiento de Máximo
quedan poderosamente iluminados por una inmensa valentía para testimoniar la
realidad íntegra de Cristo, sin reduccionismos ni compromisos. De este modo
presenta lo que es realmente el hombre, cómo debemos vivir para responder a
nuestra vocación. Tenemos que vivir unidos a Cristo para quedar de este modo
unidos a nosotros mismos y al cosmos, dando al mismo cosmos y a la humanidad
su justa forma. El "sí" universal de
Cristo nos muestra claramente cómo dar el valor adecuado a todos los demás
valores. Pensemos en valores hoy justamente defendidos como la tolerancia, la
libertad, el diálogo. Peo una tolerancia que dejara de saber distinguir el
bien del mal sería caótica y autodestructiva. Del mismo modo, una libertad
que no respetase la de los demás y no hallase la medida común de nuestras
libertades sería anárquica y destruiría la autoridad. El diálogo que no sabe
sobre qué dialogar se convierte en una palabrería vacía. Todos estos valores son grandes y
fundamentales, pero pueden ser verdaderos únicamente si tienen un punto de
referencia que les une y les confiere la verdadera autenticidad. Este punto
de referencia es la síntesis entre Dios y el cosmos, es la figura de Cristo
en la que aprendemos la verdad sobre nosotros mismos, así como el lugar de
todos los demás valores, para descubrir su significado auténtico. Jesucristo
es el punto de referencia que ilumina todos los demás valores. Este el el punto de llegada del testimonio de este gran confesor.
De este modo, al final, Cristo nos indica que el cosmos debe ser liturgia,
gloria de Dios y que la adoración es el inicio de la verdadera
transformación, de la verdadera renovación del mundo. Por este motivo, quisiera concluir
con un pasaje fundamental de las obras de san Máximo: "Adoramos a un
solo Hijo, junto con el Padre y el Espíritu Santo, como era antes de los
tiempos, ahora y por todos los tiempos, y por los tiempos después de los
tiempos. ¡Amén!" (PG 91, c.
269). [Al final de la
audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español,
dijo:] Queridos hermanos y hermanas: San Máximo, que mereció el título
de Confesor por la valentía con que dio
testimonio y confesó su fe en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre,
nació en Palestina, en torno al año quinientos ochenta. De allí marchó a Constantinopla
y luego a África, en donde se distinguió por la ortodoxia de su fe, que nunca
aceptó la reducción de la humanidad de Cristo y siempre defendió que Jesús de
Nazaret, el Hijo de Dios encarnado, conserva su voluntad divina, pero posee
también íntegra la voluntad humana. Esta verdad la expuso asimismo en Roma,
participando en el Concilio Lateranense, convocado por el Papa Martín Primero
para defender las dos voluntades de Cristo contra el edicto imperial que
prohibía discutir esta cuestión. Por este motivo, poco tiempo más tarde, fue
juzgado y, tras ser acusado de hereje, le amputaron la lengua y la mano
derecha, ya que había combatido de palabra y con sus escritos la doctrina
errónea de la única voluntad de Cristo. Después, lo mandaron exiliado a Colchide, en donde murió a causa de los terribles
sufrimientos padecidos, el trece de agosto del año seiscientos sesenta y dos.
El ejemplo de san Máximo, que dio testimonio de su fe sin ambages, nos anima
a confesar a Cristo como el único Salvador del mundo y a encontrar en Él el
valor más alto de nuestra vida. Saludo con afecto a los peregrinos
de lengua española, en particular a los grupos venidos de diversos lugares de
España, así como a los fieles procedentes de México, Paraguay y otros países
de Latinoamérica. Que la intercesión de San Máximo el Confesor os ayude a
seguir las huellas de Jesucristo con fe firme. Muchas gracias. [Traducción del original
italiano realizada por Jesús Colina © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana] |
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COMUNICACIÓN E
INFORMÁTICA |
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VIAJES DE SAN PABLO CON TECNOLOGÍA SATELITAL ROMA, viernes 27
de junio de 2008 (ZENIT.org).- Para
celebrar el año Jubilar de san Pablo, la
Biblioteca Electrónica Cristiana (BEC)
ha diseñado los viajes
apostólicos paulinos utilizando los recursos digitales de Google. Los mapas,
diseñados en tecnología satelital, permitirán conocer los lugares geográficos
más importantes de la Cartas Paulinas y el recorrido hecho por el Apostol por la región de Asia Central y su último viaje
cuando es llevado preso a Roma. Los mapas están
disponibles para ser consultados
en línea y descargados. "Utilizando
la tecnología de Google Maps y Google Earth, la BEC
alimentará continuamente los mapas con pasajes biblícos,
estudios históricos sobre las primeras comunidades cristianas y fotografías
actuales de estos importantes lugares", explican los responsables de la
iniciativa. |
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