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PARROQUIA
NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
Av. Libertador
13.900 - 1640 Martínez - Tel. y Fax 4508-8501 // 8502 E-mail: pqfatima@... // secretaria@... Página Web: www.fatima.org.ar |
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Noticias
desde la Parroquia de Fátima |
3 de noviembre de
2008 - Año XI - N° 396 |
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Índice de Noticias |
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NUESTRA DIOCESIS |
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PEREGRINACIÓN AL
SANTUARIO DE LOURDES EN SANTOS LUGARES SABADO 22 DE NOVIEMBRE Bajo el lema "María de Lourdes
ayúdanos como comunidad a tener un mismo corazón y un mismo proyecto",
la comunidad de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes de la localidad de
Beccar, diócesis de San Isidro, peregrinará al Santuario de la Virgen de
Lourdes, en Santos Lugares, a 150 años de las apariciones reconocidas por la
iglesia. Esta peregrinación se llevará a cabo el
sábado 22 de noviembre a las 14 horas, saliendo desde la Parroquia, Posadas
312 – Beccar – Teléfono 4575-4230. Hora de reunión, en la parroquia, a las
13.30 horas Costo del pasaje $7 – Pagar en
secretaría – |
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ARGENTINA |
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Cáritas Argentina - Comisión Nacional
necesita un depósito, preferentemente con vivienda, que permita coordinar la
logística de materiales y bienes donados para hacer llegar la ayuda a las
comunidades más pobres de todo el país. Días atrás, nos notificaron acerca de la
venta del espacio con el que contábamos, por este motivo, nos vemos obligados
a comenzar una nueva búsqueda que permita relocalizar estas donaciones. Contacto Sofía Terek Área Ayuda Inmediata - Cáritas Argentina Tel: (011) 4342-8650/7931/7936 Int:
130 |
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DOCUMENTACION |
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BENEDICTO
XVI: "EL ESCÁNDALO DE LA CRUZ, SABIDURÍA DEL CRISTIANO" Hoy durante la
Audiencia General CIUDAD DEL
VATICANO, miércoles 29 de octubre de 2008 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el texto íntegro de
la catequesis pronunciada hoy por el Papa Benedicto XVI durante la Audiencia
General en la Plaza de San Pedro. * * * Queridos hermanos y
hermanas: en la experiencia
personal de san Pablo hay un dato incontrovertible: mientras al principio
había sido un perseguidor y había utilizado la violencia contra los
cristianos, desde el momento de su conversión en el Camino de Damasco, se
había pasado a la parte de Cristo crucificado, haciendo de Él la razón de su
vida y el motivo de su predicación. La suya fue una existencia enteramente
consumida por las almas (cfr 2 Cor 12,15), para nada tranquila y
resguardada de insidias y dificultades. En el encuentro con Jesús se había
aclarado el significado central de la Cruz: había comprendido que Jesús había
muerto y resucitado por todos y por él mismo. Ambas cosas eran
importantes; la universalidad: Jesús había muerto realmente por todos, y la
subjetividad: Él ha muerto también por mí. En la Cruz, por tanto, se había
manifestado el amor gratuito y misericordioso de Dios. Este amor Pablo lo
experimentó ante todo en sí mismo (cfr Gal 2,20) y de pecador se
convirtió en creyente, de perseguidor en apóstol. Día tras día, en su nueva
vida, experimentaba que la salvación era "gracia", que todo descendía
del amor de Cristo y no de sus méritos, que por otro lado no existían. El
"evangelio de la gracia" se convirtió así en la única forma de
entender la Cruz, el criterio no sólo de su nueva existencia, sino también la
respuesta a sus interlocutores. Entre estos estaban, ante todo, los judíos
que ponían su esperanza en las obras y esperaban de estas la salvación;
estaban también los griegos, que oponían su sabiduría humana a la cruz;
finalmente, había ciertos grupos heréticos, que se habían formado su propia
idea del cristianismo según su propio modelo de vida. Para san Pablo la
Cruz tiene un primado fundamental en la historia de la humanidad; representa
el punto principal de su teología, porque decir Cruz quiere decir salvación
como gracia dada a toda criatura. El tema de la cruz de Cristo se
convierte en un elemento esencial y primario de la predicación del Apóstol:
el ejemplo más claro tiene que ver con la comunidad de Corinto. Frente a una
Iglesia donde estaban presentes de forma preocupante desórdenes y escándalos,
donde la comunión estaba amenazada por partidos y divisiones internas que
comprometían la unidad del Cuerpo de Cristo, Pablo se presenta no con
sublimidad de palabras o de sabiduría, sino con el anuncio de Cristo, de
Cristo crucificado. Su fuerza no es el lenguaje persuasivo sino,
paradójicamente, la debilidad y el temblor de quien se confía solo al
"poder de Dios" (cfr1 Cor 2,1-4). La Cruz, por todo lo que
representa y también por el mensaje teológico que contiene, es escándalo y
necedad. Lo afirma el Apóstol con una fuerza impresionante, que es mejor
escuchar de sus mismas palabras: "La predicación de la cruz es una
necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan -para nosotros-
es fuerza de Dios... quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de
la predicación. Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan
sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los
judíos, necedad para los gentiles" (1 Cor 1,18-23). Las primeras
comunidades cristianas, a las cuales Pablo se dirige, saben muy bien que
Jesús ahora está resucitado y vivo; el Apóstol quiere recordar no solo a los
Corintios y a los Gálatas, sino a todos nosotros que el Resucitado es siempre
Aquel que ha sido crucificado. El "escándalo" y la
"necedad" de la Cruz están precisamente en el hecho que ahí donde
parece haber solo fracaso, dolor, derrota, precisamente allí está todo el
poder del Amor ilimitado de Dios, porque la Cruz es expresión de amor y el
amor es el verdadero poder que se revela precisamente en esta aparente
debilidad. Para los judíos la Cruz es skandalon, es decir, trampa o
piedra de tropiezo: parece obstaculizar la fe del pío israelita, que no
consigue encontrar nada parecido en las Sagradas Escrituras. Pablo, con no
poco valor, parece decir aquí que la apuesta es altísima: para los judíos, la
Cruz contradice la esencia misma de Dios, que se ha manifestado con signos
prodigiosos. Por tanto, aceptar la Cruz de Cristo significa realizar una
profunda conversión en el modo de relacionarse con Dios. Si para los judíos
el motivo de rechazo de la Cruz se encuentra en la Revelación, es decir, en
la fidelidad al Dios de sus padres, para los griegos, es decir, los paganos,
el criterio de juicio para oponerse a la Cruz es la razón. Para estos
últimos, de hecho, la Cruz es moría, necedad, literalmente te insipidez,
alimento sin sal; por tanto, más que un error, es un insulto al buen
sentido. Pablo mismo en más
de una ocasión tuvo la amarga experiencia del rechazo del anuncio cristiano
juzgado "insípido", irrelevante, ni siquiera digno de ser tomado en
consideración en el plano de la lógica racional. Para quien, como los
griegos, buscaba la perfección en el espíritu, en el pensamiento puro, ya era
inaceptable que Dios se hiciera hombre, sumergiéndose en todos los límites
del espacio y del tiempo. ¡Por tanto era decididamente inconcebible creer que
un Dios pudiera acabar en una Cruz! Y vemos como esta lógica griega es
también la lógica común de nuestro tiempo. El concepto de apátheia, indiferencia,
como ausencia de pasiones en Dios, ¿cómo habría podido comprender a un Dios
hecho hombre y derrotado, que incluso luego habría recuperado su cuerpo para
vivir como resucitado? "Te escucharemos sobre esto en otra ocasión"
(Hch 17,32) le dijeron despreciativamente los Atenienses a Pablo,
cuando oyeron hablar de la resurrección de los muertos. Creían que la
perfección era liberarse del cuerpo, concebido como prisión; ¿cómo no
considerar una aberración recuperar el cuerpo? En la cultura antigua no
parecía haber espacio para el mensaje del Dios encarnado. Todo el
acontecimiento "Jesús de Nazaret" parecía estar marcado por la más
total insipidez y ciertamente la Cruz era el punto más emblemático. ¿Pero por qué san
Pablo precisamente de esto, de la palabra de la Cruz, ha hecho el punto
fundamental de su predicación? La respuesta no es difícil: la Cruz revela
"el poder de Dios" (cfr1 Cor 1,24), que es diferente del
poder humano; revela de hecho su amor: "Porque la necedad divina es más
divina es más sabida que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina,
más fuerte que la fuerza de los hombres" (ivi v. 25). A siglos de
distancia de Pablo, vemos que ha vencido la Cruz y no la sabiduría que se
opone a Cruz. El Crucificado es sabiduría, porque manifiesta de verdad quien
es Dios, es decir poder de amor que llega hasta la Cruz para salvar al
hombre. Dios se sirve de modos e instrumentos que a nosotros nos parecen a
primera vista sólo debilidad. El Crucificado desvela, por una parte, la
debilidad del hombre, y por otra, el verdadero poder de Dios, es decir, la
gratuidad del amor: precisamente esta gratuidad total del amor es la
verdadera sabiduría. De esto san Pablo ha hecho experiencia hasta en su
carne, y nos da testimonio de ello en varios pasajes de su recorrido
espiritual, que se han convertido en puntos de referencia precisos para todo
discípulo de Jesús: "Él me dijo: Mi gracia te basta, que mi fuerza se
muestra perfecta en la flaqueza" (2 Cor 12,9); y aún: "ha
escogido Dios lo débil del mundo, para confundir lo fuerte" (1 Cor
1,28). El Apóstol se identifica hasta tal punto con Cristo que él también,
aunque en medio de tantas pruebas, vive en la fe del Hijo de Dios que le amó
y se entregó por los pecados suyos y de todos (cfr Gal 1,4; 2,20).
Este dato autobiográfico del Apóstol es paradigmático para todos nosotros. San Pablo ofreció
una admirable síntesis se la teología de la Cruz en la segunda Carta a los
Corintios (5,14-21), donde todo está contenido en dos afirmaciones
fundamentales: por una parte Cristo, a quien Dios ha tratado como pecado a
favor nuestro (v. 21), ha muerto por todos (v. 14); por otra, Dios nos
ha reconciliado consigo, no imputándonos a nosotros nuestras culpas
(vv. 18-20). Por este "ministerio de la reconciliación" toda
esclavitud ha sido rescatada (cfr 1 Cor 6,20; 7,23). Aquí aparece cómo
todo esto es relevante para nuestra vida. También nosotros debemos entrar en
este "ministerio de la reconciliación", que supone siempre la
renuncia a la propia superioridad y la elección de la necedad del amor. San
Pablo ha renunciado a su propia vida dándose totalmente a sí mismo para el
ministerio de la reconciliación, de la Cruz que es salvación para todos
nosotros. Y esto debemos saber hacer también nosotros: podemos encontrar
nuestra fuerza precisamente en la humildad del amor y nuestra sabiduría en la
debilidad de renunciar para entrar así en la fuerza de Dios. Debemos formar
nuestra vida sobre esta verdadera sabiduría: no vivir para nosotros mismos,
sino vivir en la fe en ese Dios del que todos podemos decir: "Me ha
amado y se ha dado a sí mismo por mí". [Al final de la
audiencia, Benedicto XVI saludó a los peregrinos en varios idiomas. En
español, dijo:] Queridos hermanos y
hermanas: La experiencia de
Pablo camino de Damasco cambió totalmente su existencia que quedó marcada por
el significado central de la Cruz: entendió que Cristo había muerto y
resucitado por él y por todos. La Cruz tiene un lugar principal en la
historia de la humanidad y es objeto continuo de la teología paulina. La Cruz
es "escándalo y necedad" (1 Co 1,18-23): donde parece reinar
sólo el dolor y la debilidad, es donde está todo el poder del Amor infinito
de Dios. La Cruz es el "centro del centro" del misterio cristiano.
Ciertamente la encarnación y la resurrección son misterios centrales del
cristianismo; pero San Pablo ve en la Cruz la manifestación más elocuente del
Amor de Dios por nosotros. Para el Apóstol,
Cristo crucificado es sabiduría, porque manifiesta en verdad quién es Dios, y
nos muestra el amor que salva al hombre de manera gratuita. Esta total
gratuidad es la verdadera sabiduría. En la segunda carta a los Corintios
(5,14-21), Pablo expresa en dos afirmaciones su experiencia del Crucificado.
En primer lugar, Dios ha tratado como pecado a Cristo que ha muerto por
todos, ha expiado nuestro pecado. En segundo lugar, Dios nos ha reconciliado
consigo, sin imputarnos nuestras culpas. Los creyentes podemos decir con San
Pablo: "¡Dios me libre de gloriarme si no es en la Cruz de Cristo, en la
cual el mundo está crucificado para mí, y yo para el mundo!" (Ga
6, 14). Saludo a los
peregrinos de lengua española, especialmente a los grupos provenientes de
España, México, Argentina y otros países de Latinoamérica. Que Dios, en este
Año Paulino, os ayude a profundizar en el misterio de Cristo, muerto y
resucitado por todos. Muchas gracias. [Traducción del
italiano por Inma Álvarez © Libreria Editrice
Vaticana] |
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