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PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Diócesis de San Isidro

Av. Libertador 13.900 - 1640 Martínez - Tel. y Fax 4508-8501 // 8502

E-mail: pqfatima@... // secretaria@...

Página Web: www.fatima.org.ar

Noticias desde la Parroquia de Fátima

17 de noviembre de 2008 - Año XI - N° 398

Índice de Noticias

NUESTRA DIOCESIS

La droga entró en tu casa?

PROGRAMA NAR ANON, entidad sin fines de lucro

“Grupos de autoayuda para familiares y amigos de adictos a las drogas”

INVITA A LA REUNION ABIERTA PUBLICA Y GRATUITA

22 DE NOVIEMBRE DE 19 A 21 hrs.

 

PARROQUIA SAN AGUSTIN

Av Las Heras 2560- Av Las Heras y Agüero-Salón Subsuelo Parroquial

Barrio Recoleta

www.naranon.org.ar ,0800 9993539

011-4953 3539-email:naranonarg@...

grupos libres y gratuitos

LOS ESPERAMOS, gracias por ayudarnos a Difundir la Reunion!

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Retiro de Navidad para jóvenes

ORGANIZA: Casa de Ejercicios Espirituales Monseñor Aguirre  

 

Fecha: Viernes 19 de diciembre 19.30 hs hasta el domingo 21 al mediodía

Lugar: Casa de Ejercicios Espirituales Mons. Aguirre (Santa Rosa 2341, Victoria)

Predican: P. Pancho Peña y Hnas. Misioneras Diocesanas

Informes e inscripción: en Mñor. Aguirre, tel: 4512-4365/ 4580-0450, mail: casaejercicios@...

Por cualquier otra información, la oficina de pastoral juventud está abierta todos los días de 17 a 20 hs, y los teléfonos son 4747-0277/ 4512-3851, dirección: Ituzaingo 90

nueva direccion de mail:
eqjuventud@...
página
WEB: www.depastoraljuventud.org

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Seminario Catequístico Teológico

Santa Teresa del Niño Jesús

Inscripciones 2009

Formación en la fe para adultos

Nuevo plan de estudio.

Duración: 3 años

Título: catequista de niños, adolescentes y adultos (se admiten alumnos oyentes)

Se cursa: los miércoles de 18.00 a 22.20 hs

2008: las inscripciones comienzan el 19 de noviembre hasta el 17 de diciembre

2009: se retoman las actividades y las inscripciones el 18 de febrero

Las clases comienzan el 4 de marzo

Informes e inscripción: Rodríguez Peña 765 - Martínez

Miércoles de 18.00 a 21.30 hs.

4 512-2143

seminariodecanatomartinez@... 

Están abiertas también las inscripciones para el proseminario de teología.

Para más detalles www.seminariostateresa.com.ar

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ARGENTINA

El Episcopado presentará documento sobre el Bicentenario

Buenos Aires, 13 Nov. 08 (AICA)

Los obispos que participan de la 96ª Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, que hasta el sábado sesiona en la casa de ejercicios espirituales El Cenáculo – La Montonera, de Pilar, presentará mañana en rueda de prensa, a las 11.45, el texto del documento “Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad”.

El director de la Oficina de Prensa del Episcopado, presbítero Jorge Oesterheld, anticipó a AICA que se tratará de un texto “importante” sobre orientaciones para los argentinos se encaminen a la celebración de la fecha patria y que tendrá “al menos 12 carillas” de extensión.

Asimismo, precisó que tras presentar "aportes para una nueva Nación", refiere a la celebración del próximo bicentenario invitando a celebrarlo con un nuevo proyecto de país, un amplio acuerdo sobre políticas públicas y con liderazgos caracterizados por la actitud de servicio. Finalmente se señalan "las nuevas angustias que desafían" y se proponen las "metas a alcanzar a la luz del bicentenario".

El documento será presentado por el obispo de San Isidro y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, monseñor Jorge Casaretto; el obispo de San Martín y presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura, monseñor Guillermo Rodríguez-Melgarejo; y el obispo auxiliar de Buenos Aires y secretario general del Episcopado, monseñor Enrique Eguía Seguí.

A lo largo de las sesiones, en la que hubo elecciones estatutarias, los obispos también intercambiaron opiniones sobre la animación para la Misión Continental y el plan de formación para los diáconos permanentes en el país. Además, escucharon informes de las comisiones episcopales de Catequesis y Liturgia, y el Consejo de Asuntos Económicos.

Presidentes de comisiones

El plenario electivo votó ayer a la totalidad de los presidentes de las comisiones episcopales.

Tras la elección de la Comisión Ejecutiva que presidirá el cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, durante el trienio 2008-2011, los prelados votaron lo siguiente:

Comisión Episcopal de Fe y Cultura: monseñor Guillermo Rodríguez Melgarejo, obispo de San Martín.

Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica: monseñor Luis Eichhorn, obispo de Morón

Comisión Episcopal de Ministerios: monseñor Carlos Franzini, obispo de Rafaela.

Comisión Episcopal de Vida Consagrada: monseñor Virginio Bressanelli, dehoniano, Comodoro Rivadavia.

Comisión Episcopal de Liturgia: monseñor Mario A. Cargnello, arzobispo de Salta.

Comisión Episcopal de Pastoral Social: monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro.

Comisión Episcopal de Educación Católica: monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata.

Comisión Episcopal de Apostolado Laico y Pastoral Familiar: monseñor Rubén Martínez, obispo de Posadas.

Comisión Episcopal de Comunicación Social: monseñor Agustín Radrizzani, arzobispo de Mercedes-Luján.

Consejo de Asuntos Económicos: monseñor Joaquín Sucunza, obispo auxiliar de Buenos Aires.

Comisión Episcopal de Misiones: monseñor José Vicente Conejero Gallego, obispo de Formosa.

Comisión Episcopal de Ecumenismo, Relaciones con el Judaísmo y otras Religiones: monseñor Carlos Humberto Malfa, obispo de Chascomús.

Comisión Episcopal de Pastoral Aborigen: monseñor Fernando Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche.

Comisión Episcopal de Iglesias Orientales: monseñor Abdo Arbach

Comisión Episcopal de Ayuda a las Regiones Más Necesitadas: monseñor Adolfo Uriona, obispo de Añatuya.

Comisión Episcopal de Migraciones y Turismo: monseñor Rubén Frassia, obispo de Avellaneda-Lanús.

Comisión Episcopal de Pastoral Universitaria: monseñor Roberto Rodríguez, obispo de La Rioja.

Comisión Episcopal de Caritas Argentina: monseñor Fernando María Bargalló, obispo de Merlo-Moreno.

Comisión Episcopal de Pastoral de la Salud: monseñor Luis Stöckler, obispo de Quilmes.

Comisión Episcopal de Pastoral Penitenciaria: monseñor Héctor S. Cardelli, obispo de San Nicolás de los Arroyos.

Asesor Nacional de Justicia y Paz: monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro.

Delegado para la Pastoral de Santuarios: monseñor Luis Urbanc, obispo de Catamarca.

Delegado para la Causa de los Santos: monseñor Santiago Olivera, obispo de Cruz del Eje.

Delegado para los Congresos Eucarísticos: monseñor Domingo Castagna, arzobispo emérito de Corrientes.+

AICA - Toda la información puede ser reproducida parcial o totalmente, citando la fuente

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Ser misioneros también es colaborar por el bien común

Pilar (Buenos Aires), 14 Nov. 08 (AICA) 

Los obispos Guillermo Rodríguez-Melgarejo, Jorge Casaretto y Enrique Eguía Seguí

Este mediodía se llevó a cabo la anunciada conferencia de prensa para presentar el documento “Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad (2010-2016)”, que los obispos argentinos realizaron en el marco de la 96ª Asamblea Plenaria.

Participaron del encuentro con los periodistas monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social; monseñor Guillermo Rodríguez-Melgarejo, obispo de San Martín y presidente de la Comisión Episcopal de Fe y Cultura,  y monseñor Enrique Eguía Seguí, obispo auxiliar de Buenos Aires y flamante secretario general del Episcopado.

Monseñor Casaretto reiteró que la Argentina necesita “un proyecto de país”, pero aclaró que en la tarea de construir un país si excluídos “estamos involucrados todos”.

Tras marcar distintos aspectos del documento, indicó que “no es un programa de la Iglesia sino pautas que ofrecemos al país. Son líneas, metas, que deberían estar incluídas en un proyecto de país”. Y precisó: “Buscan ser un despertador y un instrumento de trabajo”.

Puntualizó además que el documento constituye “una invitación a todos, sin abrir juicio contra nadie. No nos interesa juzgar lo que pasa sino invitar a una nueva etapa, superando las del pasado”.

Por su parte monseñor Rodríguez-Melgarejo, al ser consultado sobre los proyectos de despenalización del aborto que se están tratando en el Congreso, aseguró que “el derecho a la vida es un derecho humano fundamental, por eso la Iglesia no se va a cansar de pedir por él y, con el debido respeto, exigirlo”.

Por último, monseñor Eguía Seguí explicó que ser misioneros “también es colaborar por el bien común y la comunión de todos”, como se propone desde este documento.+

AICA - Toda la información puede ser reproducida parcial o totalmente, citando la fuente

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El gran objetivo: erradicar la pobreza y la exclusión

Pilar (Buenos Aires), 14 Nov. 08 (AICA): “Con vistas al Bicentenario 2010-2016, creemos que existe la capacidad para proyectar, como prioridad nacional, la erradicación de la pobreza y el desarrollo integral de todos. Anhelamos poder celebrar un Bicentenario con justicia e inclusión social. Estar a la altura de este desafío histórico, depende de cada uno de los argentinos”. Así lo expresa el documento presentado hoy en el marco de la 96ª Asamblea Plenaria que desde el pasado lunes hasta mañana se desarrolla en El Cenáculo, en La Montonera, (Pilar, provincia de Buenos Aires) y que lleva por título: “Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad (2010-2016)”.

El trabajo fue presentado al mediodía en una conferencia de prensa de la que participaron los obispos Jorge Casaretto (San Isidro), Guillermo Rodríguez-Melgarejo (San Martín) y Enrique Eguía Seguí (auxiliar de Buenos Aires).

Tras retomar una afirmación expresada en un documento anterior: “La gran deuda de los argentinos es la deuda social”, los obispos afirman: “No se trata solamente de un problema económico o estadístico. Es, primariamente, un problema moral que nos afecta en nuestra dignidad más esencial y requiere que nos decidamos a un mayor compromiso ciudadano. Pero sólo habrá logros estables por el camino del diálogo y del consenso a favor del bien común, si tenemos particularmente en cuenta a nuestros hermanos más pobres y excluidos”.

Hacia el Bicentenario

En este contexto ofrecen sus aportes “como hombres de fe y pastores de la Iglesia.

En primer lugar se refieren a la celebración del Bicentenario: “Estamos agradecidos por nuestro país y por las personas que lo forjaron, y recordamos la presencia de la Iglesia en aquellos momentos fundacionales”, sin embargo, advierten que “cuando se celebró el primer Centenario de estos grandes acontecimientos, nuestra Nación aparecía en el concierto de los pueblos como una tierra promisoria y acogedora” hoy, “en vísperas de la celebración del Bicentenario, la realidad y el ánimo no son iguales”.

Subrayan también la posibilidad de “crecer sanamente como Nación si reafirmamos nuestra identidad común”, sostienen que estamos “ante una oportunidad única” y advierten: “Podemos aprovecharla, privilegiando la construcción del bien común, o malgastarla con nuestros intereses egoístas y posturas intransigentes que nos fragmentan y dividen”.

En cuanto a la necesidad de “hablar de un proyecto de país”, los obispos califican de “indispensable procurar consensos fundamentales que se conviertan en referencias constantes para la vida de la Nación, y puedan subsistir más allá de los cambios de gobierno”.

“Necesitamos aceptar que toda democracia padece momentos de conflictividad -dice el documento-. En esas situaciones complejas, alimentar la confrontación puede parecer el camino más fácil. Pero el modo más sabio y oportuno de prevenirlas y abordarlas es procurar consensos a través del diálogo”.

Y añade que en este tiempo, “donde la crisis de la economía global implica el riesgo de un nuevo crecimiento de la inequidad, que nos exige tomar conciencia sobre la ‘dimensión social y política del problema de la pobreza’. En este sentido, la promoción de políticas públicas es una nueva forma de opción por nuestros hermanos más pobres y excluidos”.

Al insistir nuevamente sobre la necesidad del diálogo, aclaran que “nunca llegaremos a la capacidad de dialogar sin una sincera reconciliación” y que “se requiere renovar una confianza mutua que no excluya la verdad y la justicia.

Las heridas abiertas en nuestra historia, de las cuales también nos sentimos responsables, pueden cicatrizar si evitamos las parcialidades. Porque mientras haya desconfianzas, éstas impedirán crecer y avanzar, aunque las propuestas que se hagan sean técnicamente buenas. Todos debemos ser co-responsables de la construcción del bien común”.

También se refiere a un nuevo “estilo de liderazgo” que implica la concepción del “poder como servicio”. En ese sentido afirma: “No habrá cambios profundos si no renace, en todos los ambientes y sectores, una intensa mística del servicio, que ayude a despertar nuevas vocaciones de compromiso social y político. El verdadero liderazgo supera la omnipotencia del poder y no se conforma con la mera gestión de las urgencias”.

Y enumera “algunos valores propios de los auténticos líderes: la integridad moral, la amplitud de miras, el compromiso concreto por el bien de todos, la capacidad de escucha, el interés por proyectar más allá de lo inmediato, el respeto de la ley, el discernimiento atento de los nuevos signos de los tiempos y, sobre todo, la coherencia de vida”. Asimismo declara como “uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo” el de “recuperar el valor de toda sana militancia”.

Nuevas angustias que nos desafían

A continuación, el documento menciona las “nuevas angustias que nos desafían”, entre las que destaca la presencia de “sobrantes y desechables” como “formas inéditas de pobreza y exclusión”, que son “esclavitudes modernas que desafían de un modo nuevo a la creatividad, la participación y la organización del compromiso cristiano y ciudadano”. Por ello reafirmar que su “criterio de priorización será siempre la persona humana, que ha recibido de Dios mismo una incomparable e inalienable dignidad”.

En relación con la economía, reconocen “una recuperación en la reducción de los niveles de pobreza e indigencia después de la crisis de 2001-2002. Pero también es verdad que no se ha logrado reducir sustancialmente el grado de la inequidad social. Junto a una mejora en los índices de desempleo, el flagelo del trabajo informal sigue siendo un escollo agobiante para la real promoción de millones de argentinos”.

También “es grave la situación de la educación en nuestra patria”, les “preocupa la subsistencia del gravísimo problema del endeudamiento del Estado” que lleva a que los pagos de la deuda externa condicionen “gravemente los esfuerzos que debieran realizarse para saldar la deuda social”.

Asimismo, lamentan que no se haya podido “erradicar un histórico clima de corrupción” y califican de “preocupante la situación de los adolescentes y jóvenes que no estudian ni trabajan, a los que la pobreza les dificulta el desarrollo integral de sus capacidades, quedando a merced de propuestas fáciles o escapistas. Es escandaloso el creciente consumo de drogas que hace estragos cada vez a más temprana edad. En todo el país se ha multiplicado la oferta del juego. La población se ve afectada por la violencia y la inseguridad que se manifiestan de variadas maneras”.

Metas prioritarias para la construcción del bien común

A continuación, los pastores proponen “algunas metas que estimamos prioritarias para la construcción del bien común”:

“Recuperar el respeto por la familia y por la vida en todas sus formas”; “avanzar en la reconciliación entre sectores y en la capacidad de diálogo”; “alentar el paso de habitantes a ciudadanos responsables”; “fortalecer las instituciones republicanas, el Estado y las organizaciones de la sociedad”; “mejorar el sistema político y la calidad de la democracia”; “afianzar la educación y el trabajo como claves del desarrollo y de la justa distribución de los bienes”; “implementar políticas agroindustriales para un desarrollo integral”; “promover el federalismo” y “profundizar la integración en la Región”.

En cuanto a la propuesta de “mejorar el sistema político y la calidad de la democracia” el documento asegura: “Es imperioso dar pasos para concretar la indispensable y tan reclamada reforma política. También para afianzar la orgánica vitalidad de los diversos partidos y para formar nuevos dirigentes, reconociendo que las estructuras nuevas no producirán cambios significativos y estables sin dirigentes renovados, forjados en el aprecio y el ejercicio constante de los valores sociales. Sobre todo, es imprescindible lograr que toda la ciudadanía pueda tener una mayor participación en la solución de los problemas, para que así se supere el recurso al reclamo esporádico y agresivo y se puedan encauzar propuestas más creativas y permanentes. De este modo construiremos una democracia no sólo formal, sino real y participativa”.+

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DOCUMENTACION

Benedicto XVI: la parusía, fuente de certeza y de valor para el cristiano

Intervención en la audiencia general
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 12 noviembre 2008 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el texto íntegro de la catequesis pronunciada este miércoles por el Papa Benedicto XVI con ocasión de la Audiencia General, celebrada esta mañana en la Plaza de San Pedro.

* * *

Queridos hermanos y hermanas.

el tema de la resurrección, sobre el que nos detuvimos la semana pasada, abre una nueva perspectiva, la de la espera de la vuelta del Señor, y por ello nos lleva a reflexionar sobre la relación entre el tiempo presente, tiempo de la Iglesia y del Reino de Cristo, y el futuro (éschaton) que nos espera, cuando Cristo entregará el Reino al Padre (cfr 1 Cor 15,24). Todo discurso cristiano sobre las realidades últimas, llamado escatología, parte siempre del acontecimiento de la resurrección: en este acontecimiento las realidades últimas ya han empezado y, en un cierto sentido, ya están presentes.

Probablemente en el año 52 san Pablo escribió la primera de sus cartas, la primera Carta a los Tesalonicenses, donde habla de esta vuelta de Jesús, llamada parusía, adviento, nueva y definitiva y manifiesta presencia (cfr 4,13-18). A los Tesalonicenses, que tienen sus dudas y problemas, el Apóstol escribe así: "si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús" (4,14). Y continua: "los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires" (4,16-17). Pablo describe la parusía de Cristo con acentos muy vivos y con imágenes simbólicas, pero que transmiten un mensaje sencillo y profundo: al final estaremos siempre con el Señor. Este es, más allá de las imágenes, el mensaje esencial: nuestro futuro es "estar con el Señor"; en cuanto creyentes, en nuestra vida nosotros ya estamos con el Señor; nuestro futuro, la vida eterna, ya ha comenzado.

En la segunda Carta a los Tesalonicenses, Pablo cambia la perspectiva; habla de acontecimientos negativos, que deberán preceder al final y conclusivo. No hay que dejarse engañar -dice- como si el día del Señor fuese verdaderamente inminente, según un cálculo cronológico: "Por lo que respecta a la Venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestros ánimos, ni os alarméis por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor. Que nadie os engañe de ninguna manera" (2,1-3). La continuación de este texto anuncia que antes de la llegada del Señor estará la apostasía y se revelará el no mejor identificado "hombre inicuo", el "hijo de la perdición" (2,3), que la tradición llamará después el Anticristo. Pero la intención de esta Carta de san Pablo es sobre todo práctica; escribe: "cuando estábamos entre vosotros os mandábamos esto: si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado de que hay entre vosotros algunos que viven desordenadamente, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A esos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan" (3, 10-12). En otras palabras, la espera de la parusía de Jesús no dispensa del trabajo en este mundo, sino al contrario, crea responsabilidades ante el Juez divino sobre nuestro actuar en este mundo. Precisamente así crece nuestra responsabilidad de trabajar en y para este mundo. Veremos lo mismo el próximo domingo en el Evangelio de los talentos, donde el Señor nos dice que ha confiado talentos a todos y el Juez nos pedirá cuentas de ellos diciendo: ¿Habéis traído fruto? Por tanto la espera de su venida implica responsabilidad hacia este mundo.

La misma cosa y el mismo nexo entre parusía - vuelta del Juez-Salvador - y nuestro compromiso en la vida aparece en otro contexto y con aspectos nuevos en la Carta a los Filipenses. Pablo está en la cárcel y espera la sentencia, que puede ser de condena a muerte. En esta situación piensa en su futuro estar con el Señor, pero piensa también en la comunidad de Filipos, que necesita a su padre, Pablo, y escribe: "para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el vivir en la carne significa para mí trabajo fecundo, no sé qué escoger... Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas por otra parte, quedarme en la carne es más necesario para vosotros. Y, persuadido de esto, sé que me quedaré y permaneceré con todos vosotros para progreso y gozo de vuestra fe, a fin de que tengáis por mi causa un nuevo motivo de orgullo en Cristo Jesús, cuando yo vuelva a estar entre vosotros" (1, 21-26).

Pablo no tiene miedo a la muerte, al contrario: esta indica de hecho el completo ser con Cristo. Pero Pablo participa también de los sentimientos de Cristo, el cual no ha vivido para sí mismo, sino para nosotros. Vivir para los demás se convierte en el programa de su vida y por ello muestra su perfecta disponibilidad a la voluntad de Dios, a lo que Dios decida. Está disponible sobre todo, también en el futuro, a vivir en la tierra para los demás, a vivir por Cristo, a vivir por su presencia viva y así para la renovación del mundo. Vemos que este ser suyo con Cristo crea a gran libertad interior: libertad ante la amenaza de la muerte, pero libertad también ante todas las tareas y los sufrimientos de la vida. Estaba sencillamente disponible para Dios y realmente libre.

Y pasamos ahora, tras haber examinado los diversos aspectos de la espera de la parusía de Cristo, a preguntarnos: ¿cuáles son las actitudes fundamentales del cristiano hacia las realidades últimas: la muerte, el fin del mundo? La primera actitud es la certeza de que Jesús ha resucitado, está con el Padre, y por eso está con nosotros, para siempre. Y nadie es más fuerte que Cristo, porque Él está con el Padre, está con nosotros. Por eso estamos seguros, liberados del miedo. Este era un efecto esencial de la predicación cristiana. El miedo a los espíritus, a los dioses, estaba difundido en todo el mundo antiguo. Y también hoy los misioneros, junto con tantos elementos buenos de las religiones naturales, encuentran el miedo a los espíritus, a los poderes nefastos que nos amenazan. Cristo vive, ha vencido a la muerte y ha vencido a todos estos poderes. Con esta certeza, con esta libertad, con esta alegría vivimos. Este es el primer aspecto de nuestro vivir hacia el futuro.

En segundo lugar, la certeza de que Cristo está conmigo. Y de que en Cristo el mundo futuro ya ha comenzado, esto da también certeza de la esperanza. El futuro no es una oscuridad en la que nadie se orienta. No es así. Sin Cristo, también hoy para el mundo el futuro está oscuro, hay miedo al futuro, mucho miedo al futuro. El cristiano sabe que la luz de Cristo es más fuerte y por eso vive en una esperanza que no es vaga, en una esperanza que da certeza y valor para afrontar el futuro.

Finalmente, la tercera actitud. El Juez que vuelve -es juez y salvador a la vez- nos ha dejado la tarea de vivir en este mundo según su modo de vivir. Nos ha entregado sus talentos. Por eso nuestra tercera actitud es: responsabilidad hacia el mundo, hacia los hermanos ante Cristo, y al mismo tiempo también certeza de su misericordia. Ambas cosas son importantes. No vivimos como si el bien y el mal fueran iguales, porque Dios solo puede ser misericordioso. Esto sería un engaño. En realidad, vivimos en una gran responsabilidad. Tenemos los talentos, tenemos que trabajar para que este mundo se abra a Cristo, sea renovado. Pero incluso trabajando y sabiendo en nuestra responsabilidad que Dios es el juez verdadero, estamos seguros también de que este juez es bueno, conocemos su rostro, el rostro de Cristo resucitado, de Cristo crucificado por nosotros. Por eso podemos estar seguros de su bondad y seguir adelante con gran valor.

Un dato ulterior de la enseñanza paulina sobre la escatología es el de la universalidad de la llamada a la fe, que reúne a judíos y gentiles, es decir, a los paganos, como signo y anticipación de la realidad futura, por lo que podemos decir que estamos sentados ya en el cielo con Jesucristo, pero para mostrar a los siglos futuros la riqueza de la gracia (cfr Ef 2,6s): el después se convierte en un antes para hacer evidente el estado de realización incipiente en que vivimos. Esto hace tolerables los sufrimientos del momento presente, que no son comparables a la gloria futura (cfr Rm 8,18). Se camina en la fe y no en la visión, y aunque fuese preferible exiliarse del cuerpo y habitar con el Señor, lo que cuenta en definitiva, morando en el cuerpo o saliendo de él, es ser agradable a Dios (cfr 2 Cor 5,7-9).

Finalmente, un último punto que quizás parece un poco difícil para nosotros. San Pablo en la conclusión de su segunda Carta a los Corintios repite y pone en boca también a los Corintios una oración nacida en las primeras comunidades cristianas del área de Palestina: Maranà, thà! que literalmente significa "Señor nuestro, ¡ven!" (16,22). Era la oración de la primera comunidad cristiana, y también el último libro del Nuevo testamento, el Apocalipsis, se cierra con esta oración: "¡Señor, ven!". ¿Podemos rezar también nosotros así? Me parece que para nosotros hoy, en nuestra vida, en nuestro mundo, es difícil rezar sinceramente para que perezca este mundo, para que venga la nueva Jerusalén, para que venga el juicio último y el juez, Cristo. Creo que si no nos atrevemos a rezar sinceramente así por muchos motivos, sin embargo de una forma justa y correcta podemos también decir con los primeros cristianos: "¡Ven, Señor Jesús!". Ciertamente, no queremos que venga ahora el fin del mundo. Pero, por otra parte, queremos que termine este mundo injusto. También nosotros queremos que el mundo sea profundamente cambiado, que comience la civilización del amor, que llegue un mundo de justicia y de paz, sin violencia, sin hambre. Queremos todo esto: ¿y cómo podría suceder sin la presencia de Cristo? Sin la presencia de Cristo nunca llegará realmente un mundo justo y renovado. Y aunque de otra manera, totalmente y en profundidad, podemos y debemos decir también nosotros, con gran urgencia y en las circunstancias de nuestro tiempo: ¡Ven, Señor! Ven a tu mundo, en la forma que tu sabes. Ven donde hay injusticia y violencia. Ven a los campos de refugiados, en Darfur y en Kivu del norte, en tantos lugares del mundo. Ven donde domina la droga. Ven también entre esos ricos que te han olvidado, que viven solo para sí mismos. Ven donde eres desconocido. Ven a tu mundo y renueva el mundo de hoy. Ven también a nuestros corazones, ven y renueva nuestra vida, ven a nuestro corazón para que nosotros mismos podamos ser luz de Dios, presencia suya. En este sentido rezamos con san Pablo: ¿Maranà, thà! "¡Ven, Señor Jesús"!, y rezamos para que Cristo esté realmente presente hoy en nuestro mundo y lo renueve.

[Al final de la audiencia, el papa saludó a los peregrinos en varios idiomas

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