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PARROQUIA
NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
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Noticias
desde la Parroquia de Fátima |
24 de noviembre de
2008 - Año XI - N° 399 |
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Índice de Noticias |
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NUESTRA
DIOCESIS |
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Carta Pastoral de Adviento 2008 Aprender a escuchar con Jesús "¿Qué comentaban por el camino?" "Ese mismo día, dos de los discípulos
iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de
Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido. Mientras
conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con
ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: « ¿Qué
comentaban por el camino?». Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y
uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: « ¡Tú eres el único forastero en
Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!». «¿Qué cosa?», les preguntó.
Ellos respondieron: «Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta
poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo
nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a
muerte y lo crucificaron. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron
estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos
han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y, al no
hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido
unos ángeles, asegurándoles que él está vivo. Algunos de los nuestros fueron
al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a él no lo
vieron». (Lc 24, 13-24) Queridos amigos: Ustedes se preguntarán por qué comenzamos
una carta de "Adviento", con un texto de "Pascua". Lo que
sucede es que este Adviento es especial para nuestra diócesis, porque con él
damos comienzo a la preparación para nuestra Asamblea Diocesana, que tendrá
lugar el 13 de Junio de 2009, en la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de
Cristo. A todo este período que va desde el Adviento de 2008, hasta nuestro
encuentro en Junio de 2009, lo llamamos "Tiempo de Asamblea". Lo más importante es preparar nuestro
corazón para esta Fiesta Diocesana. Dicha preparación la haremos dejándonos
conducir por el texto de los discípulos de Emaús, que iremos meditando por
partes, según los aspectos de Jesús que el evangelio nos va presentando.
Durante el Adviento y la Navidad, contemplamos a Jesús que escucha a estos
dos peregrinos. Posiblemente la Biblia, nos parezca un
libro lleno de palabras, y no nos hayamos detenido a pensar la cantidad de
personas que aparecen allí en actitud de escucha hacia Dios y a los hermanos.
En esta carta vamos a meditar un poco sobre estas personas y sus actitudes y
las consecuencias de una profunda disposición para escuchar, en orden a
nuestro seguimiento de Jesús hoy. "Escuchar" en la Sagrada
Escritura Escuchar en la Biblia, es mucho más que oír
palabras o sonidos: cuando Dios escucha, significa que Él ha concedido algo.
Cuando un hombre escucha, significa que saca las consecuencias de lo que ha
oído (Lc 6,47). En la Sagrada Escritura, Dios es el primero
en escuchar al hombre. Las personas, lo que esencialmente pedimos en la
oración, es que Dios nos escuche, es decir, que atienda y realice nuestro
ruego. Dios oye a todos, pero especialmente al
pobre, a la viuda y al huérfano, a los humildes, a los cautivos (Santiago
5,4). Escucha a los justos, a los que hacen su voluntad (1Pedro 3,12). El
Padre siempre escucha a su Hijo Jesús (Jn 11,41s), por eso se nos insiste en
que hagamos nuestra oración en Él y a través de su mediación. La Biblia es esencialmente Palabra de Dios
al hombre, ese es el motivo por el cual, el hombre debe escuchar a Dios. ¡Escuchen!,
grita el profeta con la autoridad de Dios (Jeremías 7,2). ¡Escuchen!, repite
el sabio en nombre de su experiencia y de su conocimiento de la ley
(Proverbios 1,8). "¡Escucha, Israel!", Así empieza
una de las oraciones principales del judío piadoso, y con ella intenta
interiorizar la voluntad de Dios (Deuteronomio 6,4). "¡Escuchen!",
repite a su vez Jesús mismo, al comenzar su predicación (Mc 4,3). De todo lo dicho, se deduce que para la
Sagrada Escritura, escuchar, es una actitud religiosa que implica acoger la
Palabra de Dios no sólo prestando atención, sino abriendo el corazón (Hechos
16,14), poniéndola en práctica (Mt 7,24ss). Escuchar es obedecer, es la
obediencia de la fe, de la que nos habla en el Nuevo Testamento, la carta a
los Romanos (Rom 1,5; 10,14ss). Pero muchas veces el hombre no quiere
escuchar (Dt 18,16.19), y en eso está su drama. Es sordo a las llamadas de
Dios; su oído y su corazón están cerrados, esta actitud aparece tanto en el
Antiguo Testamento (Jer 6,10; 9,25); como en el Nuevo (Hechos 7, 51). Es el pecado con que se encuentra Jesús:.
"El que es de Dios oye las palabras de Dios; por eso ustedes no las
oyen, porque no son de Dios» (Jn 8,47). Sólo Dios puede abrir el oído de sus
discípulos para que aprendamos a escuchar (Is 50,5). La Biblia nos dice que en los tiempos del
mesías oirán los sordos, y los milagros de Jesús significan que finalmente el
pueblo "sordo" comprende la Palabra de Dios y le obedece. Es lo que
la voz del cielo proclama a los discípulos: "Éste es mi Hijo muy amado,
¡escúchenlo!" (Mt 17,5). En el texto de Emaús que encabeza estas
líneas, lo primero que hace Jesús es escuchar. No escucha para enterarse (¡si
sabría Él lo sucedido!), escucha porque sabe que los discípulos necesitan
aliviar su corazón triste y confundido. Jesús pregunta "¿De qué venían
conversando? y hace silencio, escucha todo, desde el principio. Imaginemos esa escucha y esa mirada llena
de amor: Jesús escucha gestos, palabras, sentimientos, emociones... Está
dispuesto a recibir la pena y el reclamo, la decepción. Son cosas difíciles
de oír, en especial cuando uno mismo parece ser el responsable de esos sentimientos
negativos, y además se ama a las personas que los padecen. Pero Jesús
pregunta, escucha, atiende, recibe y sólo cuando ha escuchado a fondo,
comienza a hablar. Los que escuchan en el tiempo de Adviento La gran figura que escucha y espera en este
tiempo de Adviento, es María. Habituada a guardar fielmente las palabras de
Dios en su corazón (Lc 2,19.51), fue alabada por Jesús cuando éste reveló el
sentido profundo de su maternidad: "Bienaventurados los que escuchan la
palabra de Dios y la guardan" (Lc 11,28). María escucha, pero lo hace activamente;
cree, pero pregunta al Ángel "¿Cómo puede ser esto?" (Lc 1,35).
Escucha y habla, acepta y recibe el misterio en su cuerpo y en su corazón.
Así, la encarnación del Hijo de Dios, que celebramos en Navidad es posible,
por María, que escuchó a Dios. Junto a la escucha creyente de María, el
evangelio de Lucas, nos trae justo antes de ésta, la historia de otra
anunciación, la del mismo Gabriel a Zacarías, el padre de Juan el Bautista
(Lucas 1, 5-25). Zacarías escucha a medias, o escucha pero tiene dificultades
para creer ¿Cómo puede ser que él y su mujer Isabel, que son ancianos y que
ni siquiera de jóvenes han podido tener hijos, tengan uno ahora y que encima
sea profeta? ¡Qué comprensible y familiar nos resulta la duda de Zacarías!
Finalmente Zacarías cree y así como la duda lo había dejado mudo, la fe y la
escucha, lo capacitan para alabar a Dios. Ese hijo de Zacarías e Isabel, Juan el
Bautista, es el gran profeta del Adviento. Vive en el desierto a la escucha
de Dios y en la espera del mesías. El desierto en la Biblia es más que un
lugar geográfico, es una actitud espiritual: en el desierto el silencio y la
ausencia de cosas, permiten escuchar y estar atento. La escucha atenta del Bautista, lo capacitan
para reconocer al Señor cuando lo ve "¡Este es el Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo!" (Jn1, 29) Amigos, ¡Qué buen momento es el Adviento
para ejercitarnos en la escucha! Pidamos con el profeta Samuel: "¡Habla,
Señor, que tu servidor escucha!" (1Sam 3,10). Escuchar a Dios hoy La Palabra de Dios, no es algo del pasado,
ya que Dios sigue hablando hoy. Tal como venimos reflexionando, nos habla en
la Sagrada Escritura, pero también nos habla a través de la realidad. ¿Dónde?
Aquí y ahora, en nuestra vida. Dios habla, pero nosotros tenemos
dificultades para escuchar. Empezando por lo más inmediato: somos seres
encarnados, pero muchas veces no cuidamos nuestro cuerpo, no ordenamos
nuestros tiempos, vemos mucha televisión y a veces nos entretenemos con
programas procaces, abusamos del alcohol y ni hablar del consumo de drogas y
otras adicciones peligrosas. Otras veces, tampoco escuchamos las
necesidades de nuestra alma: no tomamos tiempo para los afectos o para la
reflexión; no hacemos silencio y nos llenamos de ruidos, no guardamos ese
espacio tan necesario para la oración. Como no nos escuchamos a nosotros/as
mismos/as, nos resulta muy difícil escuchar a la realidad y a los hermanos. Nos cuesta escuchar lo que pasa en nuestra
ciudad, en el país y en el mundo, aunque nos aturdamos de noticieros, porque
nos falta muchas veces la actitud reflexiva que nos lleve más allá de la
noticia y porque no nos involucramos en los cambios necesarios para
transformar la realidad. Tampoco escuchamos al medio ambiente y a sus
necesidades: contaminamos, no cuidamos el agua, ni los espacios comunes, etc. ¿Qué decir del prójimo? Tenemos grandes
dificultades para escucharnos unos a otros. A las parejas muchas veces les
falta tiempo para compartir, comunicarse en medio del cansancio y del apuro
es muy difícil. En la carta sobre adicciones vimos qué
difícil, pero qué necesario es comunicarse con los chicos y los jóvenes,
tener esa paciencia, para preguntar, como Jesús, con humildad y queriendo
saber "¿De qué venían conversando?". Cuando los jóvenes intuyen que
de verdad nos interesamos por ellos, seguramente van a responder, entonces
debemos tener el valor de escuchar, porque tal vez no nos guste lo que vamos
a oír. Aquí quisiera incluir a los niños, que les
toca un tiempo difícil para transitar la infancia. No solemos prestar
atención a sus pequeños relatos, a sus actitudes, a sus enfermedades crónicas
o a su "portarse mal". Muchas veces son un grito sin palabras que
nos dice a los adultos "aquí estoy" "préstenme atención,
necesito más tiempo, más afecto"... ¡Qué gran error! Porque la
comunicación en la familia se construye desde la más temprana edad. A menudo, el cansancio de la vida nos lleva
a no querer escuchar más problemas, entonces aunque estemos presentes,
tenemos dificultades para escuchar a los vecinos, a los compañeros de
trabajo, a los familiares, a los miembros de nuestra comunidad educativa o parroquial.
Sentimos cansancio o pereza para preguntar (y estar dispuestos a escuchar)
"¿De qué venían conversando?". Acá, también tenemos que hacer un examen de
conciencia como comunidad eclesial, y preguntarnos como Iglesia si tratamos
de escuchar la realidad, la cultura, el reclamo de justicia de los pueblos.
Aunque el Concilio Vaticano II nos habló de esta escucha a las realidades
temporales, muchas veces no la practicamos. Por falta de humildad, por
ignorancia, tal vez por miedo a sentirnos interrogados por los "signos
de los tiempos". Así leemos en el Documento de Aparecida:
"la conversión personal despierta la capacidad de someterlo todo al
servicio de la instauración del Reino de vida. Obispos, presbíteros, diáconos
permanentes, consagrados y consagradas, laicos y laicas. Estamos llamados a
asumir una actitud permanente conversión pastoral. Que implica escuchar con
atención y discernir "lo que el Espíritu está diciendo a las
Iglesias" a través de los signos de los tiempos en los que Dios se
manifiesta" (DA 366) Por eso como Iglesia Diocesana en
este Tiempo de Asamblea que empezamos queremos tomar como modelo a Jesús
Resucitado y escuchar las necesidades y angustias, las alegrías y esperanzas
de los hombres y mujeres de hoy. Bueno, amigos, les propongo que en este
Adviento nos dispongamos con mayor firmeza en esta actitud de escucha. Que
María nos acompañe en este tiempo litúrgico y en nuestra preparación a la
Asamblea, que nos enseñe su actitud de profunda escucha a lo que va a
suceder: el Nacimiento de Jesús en nuestra vida. Que Ella nos prepare para
recibir a Dios esta Navidad, Una fraterna bendición, Jorge Casaretto,
Obispo de San Isidro Carta Pastoral de Adviento 2008 GUÍA DE TRABAJO Tal como hicimos en otras cartas
pastorales, nos vamos a ayudar con una guía de trabajo en nuestra reflexión
personal y comunitaria. Este año la vamos a enfocar especialmente a nuestra
preparación para la Asamblea Diocesana. 1 Recorro mi vida, desde niño/a.
¿Cuáles son las personas por las que me he sentido verdaderamente
escuchado/a? ¿Cómo eran esas personas? ¿Qué actitudes las llevaban a escuchar
atentamente? 2 ¿Sé escucharme y ordenar mis
tiempos, mis deseos, mis afectos? ¿Cómo me doy cuenta? 3.
¿Soy atento/a? ¿Puedo decir cuáles son en este momento
las preocupaciones y las alegrías principales de las personas que viven
conmigo? ¿y de la persona que trabaja o estudia a mi lado? 4.
Preparando la Asamblea Diocesana, podemos preguntarnos:
¿Qué estamos necesitando qué Jesús escuche
de nuestras comunidades, de nuestra realidad? ¿Qué venimos "conversando por el
camino" sobre la realidad de nuestro barrio, país, Iglesia? De lo que venimos conversando en nuestras
comunidades: ¿Cómo lo relacionamos con lo que nos propusimos en la
última Asamblea Parroquial sobre todo en: Espiritualidad - Familia
- Jóvenes- Acción Social, que fueron los cuatro desafíos pastorales que
más surgieron de las 55 Asambleas Parroquiales realizadas en la diócesis? 5.
Este Adviento, busco un momento para hacer oración frente
al pesebre. Me quedo en silencio y trato de escuchar lo que Jesús quiere
decirme este año con su Nacimiento. |
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Gran Peña Solidaria 29 de Noviembre 20hs. A cargo del grupo misionero de la Parroquia Santa Teresita de Virreyes
(Sobremonte 2485, Virreyes) ________________________________________ Gran Peña San
Ignacio 29 de noviembre 20.30 hs. A cargo de Jóvenes de Folklore de la Parroquia San Ignacio (Yerbal 630, Boulogne) ________________________________________ MISA DE ENVIO PARA MISIONEROS Paso octubre, mes de las misiones y
ya muchos estaran preparando o soñando al menos la misión de verano, otros
tal vez aún no tengan lugar de misión... o esta verano no puedan ir, pero
recuerden que TODOS SOMOS MISIONEROS... Queremos saludarlos a todos y contarles
que el próximo 30 de noviembre realizaremos la Misa
de Envio, a la cual estan todos invitados... y son todos esperados... Nos juntamos en la Parroquia San
Juan Bosco (en Avda. Marquez 3031 - por la
esquina) A las 18hs!!! Queremos soñar juntos la manera de
crecer en Espíritu Misionero, repensando la misión... LOS ESPERAMOS A TODOS!!! Equipo de Animación Misionera. ________________________________________ Primera
Bicicleteada Mariana 6 de Diciembre Las comunidades de La Paz y La
Unidad estamos organizando esta bicicleteada abierta a los jóvenes y a los
que tienen corazón joven. En el camino vamos a realizar cinco
paradas en diferentes parroquias de la Diócesis con el fin de rezar y mostrar
nuestra diversidad eclesial. Salida Parroquia Ntra. Sra. de la
Paz. (Av. Maipú 3487, Olivos) LLegada: Frat. Sta. Ma. del
Encuentro, Tigre. Informes e inscripción: Parroquia
Ntra. Sra de la Unidad: p_launidad@... ________________________________________ Todos los eventos se encuentran
ampliados en nuestra pagina web YA ESTAN LAS FOTOS DE LA ADORACION
JOVEN!! Por cualquier otra información, la
oficina de pastoral juventud está abierta todos los días de 17 a 20 hs, y los
teléfonos son 4747-0277/ 4512-3851, dirección: Ituzaingo 90 |
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MUNDO |
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Tabaré Vázquez presentó los argumentos del
veto Montevideo (Uruguay), 21 Nov. 08 (AICA) Tabaré Vazquez, presidente de Uruguay El presidente del Uruguay, doctor Tabaré
Vázquez, envió a la Asamblea General del Parlamento de ese país una carta en
la que presenta los argumentos por los que tomó la decisión de vetar el
artículo de la Ley de Salud Reproductiva que establecía la despenalización
del aborto. El mensaje está fechado el 14 de
noviembre en Montevideo y afirma que la legislación "no puede
desconocer la realidad de la existencia de vida humana en su etapa de
gestación, tal como de manera evidente lo revela la ciencia". Advierte además que "el verdadero
grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más
necesitados. Por eso se debe proteger más a los más débiles. Porque el
criterio no es ya el valor del sujeto en función de los afectos que suscita en
los demás, o de la utilidad que presta, sino el valor que resulta de su mera
existencia". Texto completo El texto completo del veto de Tabaré
Vázquez es el siguiente: "Señor Presidente de la Asamblea
General: El Poder Ejecutivo se dirige a ese Cuerpo en ejercicio de las
facultades que le confiere el artículo 137 y siguientes de la Constitución de
la República a los efectos de observar los Capítulos II, III y IV, artículos
7 a 20, del proyecto de ley por el que se establecen normas relacionadas con
la salud sexual y reproductiva sancionado por el Poder Legislativo. "Se observan en forma total por
razones de constitucionalidad y conveniencia las citadas disposiciones por
los fundamentos que se exponen a continuación. Hay consenso en que el aborto
es un mal social que hay que evitar. Sin embargo, en los países en que se ha
liberalizado el aborto, éstos han aumentado. En los Estados Unidos, en los
primeros diez años, se triplicó, y la cifra se mantiene: la costumbre se
instaló. Lo mismo sucedió en España. "La legislación no puede
desconocer la realidad de la existencia de vida humana en su etapa de
gestación, tal como de manera evidente lo revela la ciencia. La biología ha
evolucionado mucho. Descubrimientos revolucionarios, como la fecundación in
vitro y el ADN con la secuenciación del genoma humano, dejan en evidencia que
desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva, un nuevo
ser. Tanto es así que en los modernos sistemas jurídicos -incluido el
nuestro- el ADN se ha transformado en la 'prueba reina' para determinar
la identidad de las personas, independientemente de su edad, incluso en
hipótesis de devastación, o sea cuando prácticamente ya no queda nada del ser
humano, aun luego de mucho tiempo. "El verdadero grado de
civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados.
Por eso se debe proteger más a los más débiles. Porque el criterio no es ya
el valor del sujeto en función de los afectos que suscita en los demás, o de
la utilidad que presta, sino el valor que resulta de su mera existencia. "Esta ley afecta el orden
constitucional (artículos 7, 8, 36, 40, 41, 42, 44, 72 y 332) y compromisos
asumidos por nuestro país en tratados internacionales, entre otros el Pacto
de San José de Costa Rica, aprobado por la Ley Nº 15.737 del 8 de marzo de
1985 y la Convención Sobre los Derechos del Niño aprobada por la Ley Nº
16.137 del 28 de setiembre de 1990. En efecto, disposiciones como el artículo
42 de nuestra Carta, que obliga expresamente a proteger a la maternidad, y el
Pacto de San José de Costa Rica -convertido además en ley interna como
manera de reafirmar su adhesión a la protección y vigencia de los derechos
humanos- contiene disposiciones expresas, como su artículo 2º y su
artículo 4º, que obligan a nuestro país a proteger la vida del ser humano
desde su concepción. "Además, le otorgan el estatus
de persona. Si bien una ley puede ser derogada por otra ley, no sucede lo
mismo con los tratados internacionales, que no pueden ser derogados por una
ley interna posterior. Si Uruguay quiere seguir una línea jurídico-política
diferente a la que establece la Convención Americana de Derechos Humanos,
debería denunciar la mencionada Convención (Art. 78 de la referida
Convención). "Por otra parte, al regular la
objeción de conciencia de manera deficiente, el proyecto aprobado genera una
fuente de discriminación injusta hacia aquellos médicos que entienden que su
conciencia les impide realizar abortos, y tampoco permite ejercer la libertad
de conciencia de quien cambia de opinión y decide no realizarlos más. "Nuestra Constitución sólo
reconoce desigualdades ante la ley cuando se fundan en los talentos y
virtudes de las personas. Aquí, además, no se respeta la libertad de
pensamiento de un ámbito por demás profundo e íntimo. Este texto también
afecta la libertad de empresa y de asociación, cuando impone a instituciones
médicas con estatutos aprobados según nuestra legislación, y que vienen
funcionando desde hace más de cien años en algún caso, a realizar abortos,
contrariando expresamente sus principios fundacionales. "El proyecto, además, califica
erróneamente y de manera forzada, contra el sentido común, el aborto como
acto médico, desconociendo declaraciones internacionales como las de Helsinki
y Tokio, que han sido asumidas en el ámbito del Mercosur, que vienen siendo
objeto de internalización expresa en nuestro país desde 1996 y que son
reflejo de los principios de la medicina hipocrática que caracterizan al
médico por actuar a favor de la vida y de la integridad física. "De acuerdo a la idiosincrasia
de nuestro pueblo, es más adecuado buscar una solución basada en la
solidaridad que permita promocionar a la mujer y a su criatura, otorgándole
la libertad de poder optar por otras vías y, de esta forma, salvar a los dos.
Es menester atacar las verdaderas causas del aborto en nuestro país y que
surgen de nuestra realidad socio-económica. "Existe un gran número de
mujeres, particularmente de los sectores más carenciados, que soportan la
carga del hogar solas. Para ello, hay que rodear a la mujer desamparada de la
indispensable protección solidaria, en vez de facilitarle el aborto. El Poder
Ejecutivo saluda a ese Cuerpo con su mayor consideración "Dr. Tabaré
Vázquez Presidente de la República".+ |
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SANTA
SEDE |
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El Papa profundiza en la misión de los
laicos Discurso a la asamblea plenaria del
Consejo Pontificio CIUDAD DEL VATICANO, lunes 17 de
noviembre de 2008 (ZENIT.org).-
Publicamos a continuación el discurso pronunciado por Benedicto XVI al
recibir el pasado sábado en audiencia a los participantes en la XXIII
asamblea plenaria del Consejo Pontificio para los Laicos, con el tema
"Veinte años de la Christifideles
laici: memoria, desarrollo, nuevos desafíos y tareas". 
* * * Señores cardenales venerados hermanos en el episcopado
y en el sacerdocio, queridos hermanos y hermanas Estoy contento de encontraros hoy, a
vosotros Miembros y Consultores del Consejo Pontificio para los Laicos,
reunidos en asamblea plenaria. Saludo al cardenal Stanislaw Rylko y a
monseñor Josef Clemens, presidente y secretario del dicasterio, y junto a ellos
a los demás prelados presentes. Doy una especial bienvenida a los fieles
laicos procedentes de las diferentes experiencias apostólicas y los diversos
contextos sociales y culturales. El tema elegido para vuestra Asamblea -
"Veinte años de la Christifideles
laici: memoria, desarrollo, nuevos desafíos y tareas" - nos
introduce directamente en el servicio que vuestro dicasterio está llamado a
ofrecer a la Iglesia para el bien de los fieles laicos en todo el mundo. 
La exhortación apostólica Christifideles
laici, considerada como la magna charta del laicado católico
en nuestro tiempo, es el fruto maduro de las reflexiones y el intercambio de
experiencias y propuestas de la VII Asamblea general ordinaria del Sínodo de
los Obispos, que tuvo lugar en el mes de octubre de 1987 sobre el tema "Vocación
y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo". Se trata de una
revisión orgánica de las enseñanzas del Concilio Vaticano II acerca de los
laicos - su dignidad de bautizados, la vocación a la santidad, la pertenencia
a la comunión eclesial, la participación en la edificación de las comunidades
cristianas y en la misión de la Iglesia, el testimonio en todos los ambientes
sociales y la tarea al servicio de la persona para su crecimiento integral y
para el bien común de la sociedad-, temas presentes sobre todo en las
constituciones Lumen gentium y Gaudium et spes, como también en
el decreto Apostolicam actuositatem. A la vez que retoma las enseñanzas
del Concilio, la Christifideles laici orienta el discernimiento, la
profundización y la orientación del compromiso laical en la Iglesia, frente a
los cambios sociales de estos años. Se ha desarrollado en muchas Iglesias
particulares la participación de los laicos gracias a los consejos pastorales,
diocesanos y parroquiales, que se ha revelado muy positiva en cuanto es
animada por un auténtico sensus Ecclesiae. La viva conciencia de la
dimensión carismática de la Iglesia ha llevado a apreciar y valorar tanto los
carismas más sencillos que la Providencia de Dios dispensa a las personas,
como a aquellos que aportan gran fecundidad espiritual, educativa y
misionera. No por casualidad, el Documento reconoce y anima la "nueva
época asociativa de los fieles laicos", signo de la "riqueza y la
versatilidad de los recursos que el Espíritu alimenta en el tejido
eclesial" (n. 29), indicando los "criterios de eclesialidad"
que son necesarios, por una parte, para el discernimiento de los pastores, y
por otra, para el crecimiento de la vida de las asociaciones de fieles, de
los movimientos eclesiales y de las nuevas comunidades. A propósito de esto
quiero agradecer al Consejo Pontificio para los Laicos, de forma muy
especial, por el trabajo llevado a cabo durante las pasadas décadas al
acoger, acompañar, discernir, reconocer y animar a estas realidades
eclesiales, favoreciendo la profundización en su identidad católica,
ayudándoles a insertarse más plenamente en la gran tradición y en el tejido
vivo de la Iglesia, y secundando su desarrollo misionero. Hablar del laicado católico
significa referirse a innumerables personas bautizadas, comprometidas en
múltiples y variadas situaciones para crecer como discípulos y testigos del
Señor y redescubrir y experimentar la belleza de la verdad y la alegría de
ser cristianos. La actual condición cultural y social hace aún más urgente
esta acción apostólica para compartir a manos llenas el tesoro de gracia y de
santidad, de caridad, doctrina, cultura y obras, de la que está compuesta el
flujo de la tradición católica. Las nuevas generaciones no sólo son
destinatarias preferenciales de este transmitir y compartir, sino también
sujetos que esperan en su propio corazón propuestas de verdad y de felicidad
para poder dar testimonio cristiano de ellas, como ya sucede de modo admirable.
He sido, yo mismo, nuevamente testigo en Sydney, en la reciente Jornada
Mundial de la Juventud. Y por ello animo al Consejo Pontificio para los
Laicos a continuar con la obra de esta peregrinación global providencial de
los jóvenes en nombre de Cristo, y a trabajar en la promoción, en todas
partes, de una auténtica educación y pastoral juvenil. Conozco también vuestro empeño en
cuestiones de especial relevancia, como la de la dignidad y participación de
las mujeres en la vida de la Iglesia y de la sociedad. He tenido ya ocasión
de apreciar el Congreso promovido por vosotros a los veinte años de la
promulgación de la Carta Apostólica Mulieris dignitatem, sobre el tema
"Mujer y hombre, el humanum en su integridad". El hombre y
la mujer, iguales en dignidad, están llamados a enriquecerse mutuamente en
comunión y colaboración, no sólo en el matrimonio y en la familia, sino
también en la sociedad en todas sus dimensiones. A las mujeres cristianas se
les pide conciencia y valor para afrontar tareas exigentes, para las cuales
sin embargo no les falta el apoyo de una fuerte propensión a la santidad, una
especial agudeza en el discernimiento de las corrientes culturales de nuestro
tiempo, y la particular pasión en el cuidado de lo humano que le
caracterizan. Nunca se dirá suficiente sobre cuánto la Iglesia reconoce,
aprecia y valora la participación de las mujeres en su misión al servicio de
la difusión del Evangelio. 
Permitidme, queridos amigos, una
última reflexión sobre la índole secular característica de los fieles laicos.
El mundo, en el entramado de la vida familiar, laboral, social, es el lugar
teológico, el ámbito y medio de realización de su vocación y misión (cfr Christifideles
laici, 15-17). Cada ambiente, circunstancia, y actividad en el que se
espera que pueda resplandecer la unidad entre la fe y la vida está confiado a
la responsabilidad de los fieles laicos, movidos por el deseo de comunicar el
don del encuentro con Cristo y la certeza de la dignidad de la persona
humana. ¡A éstos les corresponde hacerse cargo del testimonio de la caridad,
especialmente con los más pobres, los que sufren y los necesitados, así como
asumir todo compromiso cristiano orientado a construir condiciones de una paz
y justicia cada vez mayores en la convivencia humana, de forma que se abran
nuevas fronteras al Evangelio! Pido, por tanto, al Consejo Pontificio para
los Laicos que siga con diligente atención pastoral la formación, el
testimonio, y la colaboración de los fieles laicos en las situaciones más
diversas en las que están en juego la auténtica calidad humana de la vida en
la sociedad. Particularmente, confirmo la necesidad y la urgencia de la
formación evangélica y del acompañamiento pastoral de una nueva generación de
católicos comprometidos en la política, que sean coherentes con la fe
profesada, que tengan rigor moral, capacidad de juicio cultural, competencia
profesional y pasión de servicio hacia el bien común. El trabajo en la gran viña del Señor
tiene necesidad de christifideles laici que, como la Santísima Virgen
María, digan y vivan el "fiat" al diseño de Dios en sus
vidas. Con esta perspectiva, os agradezco por la preciosa aportación a tan
noble causa y de corazón os imparto a vosotros y a vuetsros seres queridos la
Bendición Apostólica. |
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Líder protestante ve positivamente la
catequesis del Papa sobre la justificación Declaraciones del jefe de la Iglesia
Evangélica Luterana en Italia Holger Milkau ROMA, jueves 20 de noviembre de 2008
(ZENIT.org).- La catequesis que ofreció este miércoles Benedicto XVI sobre la
justificación, en la que analizó la teología de Martín Lutero, ha suscitado
comentarios positivos por parte de hijos de la Reforma que él fundó. El decano de la Iglesia Evangélica
Luterana en Italia, Holger Milkau, ha confesado: "siempre es un gusto
escuchar al Papa hablar de Lutero, sobre todo si afronta argumentos que se
comparten". El pontífice dedicó la audiencia
general a la doctrina sobre la justificación, tema central en la enseñanza de
san Pablo. "Cristo nos hace justos",
dijo el Papa. "Ser justo quiere simplemente decir estar con Cristo y en
Cristo. Esto basta. No hacen falta otras observancias". Milkau aprueba este enunciado del
pontífice, aplaudiendo también la interpretación que hizo de uno de los
puntos centrales de la doctrina de Martí Lutero (1483-1546): la doctrina de
la "justificación por la fe". Lutero, interpretando la carta a los
Romanos, se convenció de que el cristiano se salvaría "sólo por la
fe" y no por las "obras" que realiza. Benedicto XVI explicó que "la
expresión 'sola fe' de Lutero es verdadera, si no se opone a la fe y a la
caridad, al amor". Según el decano luterano, "para
los protestantes no hay problema a la hora de afirmar que el ágape es
realización en la comunión con Cristo". Ahora bien, siguiendo sus propias
fuentes teológicas, Milkau propone con una visión protestante ampliar
"esta reflexión también al problema de la iglesia. Las palabras del Papa
podrían también significar que para estar en Cristo no hace falta pertenecer
a la misma iglesia, pues el ágape es el elemento esencial de la comunión con
Cristo". Y sigue diciendo: "la
justificación por la e y no por las obras ha sido acogida y aceptada ya como
base del credo cristiano. El Papa, sin embargo, ha expresado un 'si', y no
podía ser de otro modo. Este 'si' lo ve en el peligro del libertinaje que
niega Pablo y, con él, también Lutero. La fe tiene que tener una
consecuencia, que, según los luteranos, se expresa en el compromiso por la
libertad del prójimo, compromiso a veces difícil y lleno de
sufrimiento". "Desde nuestro punto de vista
--dice Milkau--, no es por tanto suficiente definir por decreto lo que es
bueno y condenar lo que no lo es. Por el contrario, hay que incentivar la
capacidad de juicio para ser cada vez más autónomos y responsables, pero al
mismo tiempo conscientes de ser falibles también en el amor. 'Sola fide' no
significa no fiarse de los propios poderes, sino esperar todo de Dios". El 31 de octubre de 1999 se firmó la
Declaración conjunta sobre la Doctrina de la Justificación entre la Iglesia
católica y la Federación Luterana Mundial, que superaba desde el punto de
vista doctrina una de las causas fundamentales que provocó la separación de
Lutero. |
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DOCUMENTACION |
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Benedicto XVI explica cómo entendía san
Pablo la justificación Hoy durante la audiencia general CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 19 de
noviembre de 2008 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el texto íntegro de
la catequesis pronunciada este miércoles por el Papa Benedicto XVI durante la
audiencia general en la Plaza de San Pedro. * * * Queridos hermanos y hermanas: En el camino que estamos recorriendo
bajo la guía de san Pablo, queremos ahora detenernos en un tema que está en
el centro de las controversias del siglo de la Reforma: la cuestión de la
justificación. ¿Cómo llega a ser un hombre justo a los ojos de Dios? Cuando
Pablo encontró al resucitado en el camino de Damasco era un hombre realizado:
irreprensible en cuanto a la justicia derivada de la Ley (cfr Fil 3,6),
superaba a muchos de sus coetáneos en la observancia de las prescripciones mosaicas
y era celoso en conservar las tradiciones de sus padres (cfr Gal 1,14). La
iluminación de Damasco le cambió radicalmente la existencia: comenzó a
considerar todos sus méritos, logros de una carrera religiosa integrísima,
como "basura" frente a la sublimidad del conocimiento de
Jesucristo (cfr Fil 3,8). La Carta a los Filipenses nos ofrece un testimonio
conmovedor del paso de Pablo de una justicia fundada en la Ley y conseguida
con la observancia de las obras prescritas, a una justicia basada en la fe en
Cristo: había comprendido que cuanto hasta ahora le había parecido una
ganancia, en realidad frente a Dios era una pérdida, y había decidido por
ello apostar toda su existencia en Jesucristo (cfr Fil 3,7). El tesoro
escondido en el campo y la perla preciosa en cuya posesión invierte todo lo
demás ya no eran las obras de la Ley, sino Jesucristo, su Señor. La relación entre Pablo y el
Resucitado llegó a ser tan profunda que le impulsó a afirmar que Cristo no
era solamente su vida, sino su vivir, hasta el punto de que para poder
alcanzarlo incluso la muerte era una ganancia (cfr Fil 1,21). No es que
despreciase la vida, sino que había comprendido que para él el vivir ya no
tenía otro objetivo, y por tanto ya no tenía otro deseo que alcanzar a
Cristo, como en una competición atlética, para estar siempre con Él: el
Resucitado se había convertido en el principio y el fin de su existencia, el
motivo y la meta de su carrera. Sólo la preocupación por el crecimiento en la
fe de aquellos a los que había evangelizado y la solicitud por todas las
Iglesias que había fundado (cfr 2 Cor 11,28) le inducían a desacelerar la
carrera hacia su único Señor, para esperar a los discípulos, para que
pudieran correr a la meta con él. Si en la anterior observancia de la Ley no
tenía nada que reprocharse desde el punto de vista de la integridad moral,
una vez alcanzado por Cristo prefería no juzgarse a sí mismo (cfr 1 Cor
4,3-4), sino que se limitaba a correr para conquistar a Aquél por el que
había sido conquistado (cfr Fil 3,12). A causa de esta experiencia personal
de la relación con Jesús, Pablo coloca en el centro de su Evangelio una
irreducible oposición entre dos recorridos alternativos hacia la justicia:
uno construido sobre las obras de la Ley, el otro fundado sobre la gracia de
la fe en Cristo. La alternativa entre la justicia por las obras de la Ley y
la justicia por la fe en Cristo se convierte así en uno de los temas
dominantes que atraviesan sus cartas: "Nosotros somos judíos de
nacimiento y no gentiles pecadores; a pesar de todo, conscientes de que el
hombre no se justifica por las obras de la Ley sino por la fe en Jesucristo,
también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la
justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la Ley, pues por las
obras de la ley nadie será justificado" (Gal 2,15-16). Y a los
cristianos de Roma les reafirma que "todos pecaron y están privados de
la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de
la redención realizada en Cristo Jesús" (Rm 3,23-24). Y añade:
"Pensamos que el hombre es justificado por la fe, independientemente de
las obras de la Ley" (Ibid 28). Lutero tradujo este pasaje como
"justificado sólo por la fe". Volveré sobre esto al final de la
catequesis. Antes debemos aclarar qué es esta "Ley" de la que
hemos sido liberados y qué son esas "obras de la Ley" que no
justifican. La opinión --que se repetirá en la historia--, según la cual se
trataba de la ley moral, y que la libertad cristiana consistía, por tanto, en
la liberación de la ética, existía ya en la comunidad de Corinto. Así, en
Corinto circulaba la palabra "panta mou estin" (todo me es
lícito). Es obvio que esta interpretación es errónea: la libertad cristiana
no es libertinaje, la liberación de la que habla san Pablo no es liberarse de
hacer el bien. ¿Pero qué significa por tanto la Ley
de la que hemos sido liberados y que no salva? Para san Pablo, como para
todos sus contemporáneos, la palabra Ley significaba la Torá en su totalidad,
es decir, los cinco libros de Moisés. La Torá implicaba, en la interpretación
farisaica, la que había estudiado y hecho suya Pablo, un conjunto de
comportamientos que iban desde el núcleo ético hasta las observancias
rituales y cultuales que determinaban sustancialmente la identidad del hombre
justo. Particularmente la circuncisión, la observancia acerca del alimento
puro y generalmente la pureza ritual, las reglas sobre la observancia del
sábado, etc. Comportamientos que aparecen a menudo en los debates entre Jesús
y sus contemporáneos. Todas estas observancias que expresan una identidad
social, cultural y religiosa, habían llegado a ser singularmente importantes
en el tiempo de la cultura helenística, empezando desde el siglo III a.C.
Esta cultura, que se había convertido en la cultura universal de entonces,
era una cultura aparentemente racional, una cultura politeísta aparentemente
tolerante, que ejercía una fuerte presión de uniformidad cultural y amenazaba
así la identidad de Israel, que estaba políticamente obligado a entrar en
esta identidad común de la cultura helenística con la consiguiente pérdida de
su propia identidad, perdiendo así también la preciosa heredad de la fe de
sus Padres, la fe en el único Dios y en las promesas de Dios. Contra esta presión cultural, que
amenazaba no sólo a la identidad israelita, sino también a la fe en el único
Dios y en sus promesas, era necesario crear un muro de distinción, un escudo
de defensa que protegiera la preciosa heredad de la fe; este muro consistía
precisamente en las observancias y prescripciones judías. Pablo, que había
aprendido estas observancias precisamente en su función defensiva del don de
Dios, de la heredad de la fe en un único Dios, veía amenazada esta identidad
por la libertad de los cristianos: por esto les perseguía. En el momento de su
encuentro con el Resucitado entendió que con la resurrección de Cristo la
situación había cambiado radicalmente. Con Cristo, el Dios de Israel, el
único Dios verdadero, se convertía en el Dios de todos los pueblos. El muro
--así lo dice Carta a los Efesios-- entre Israel y los paganos ya no era
necesario: es Cristo quien nos protege contra el politeísmo y todas sus
desviaciones; es Cristo quien nos une con y en el único Dios; es Cristo quien
garantiza nuestra verdadera identidad en la diversidad de las culturas, y es
él el que nos hace justos. Ser justo quiere decir sencillamente estar con
Cristo y en Cristo. Y esto basta. Ya no son necesarias otras observancias.
Por eso la expresión "sola fide" de Lutero es cierta si no se opone
la fe a la caridad, al amor. La fe es mirar a Cristo, encomendarse a Cristo,
unirse a Cristo, conformarse a Cristo, a su vida. Y la forma, la vida de
Cristo es el amor; por tanto creer es conformarse con Cristo y entrar en su
amor. Por eso san Pablo en la Carta a los Gálatas, en la que sobre todo ha
desarrollado su doctrina sobre la justificación, habla de la fe que obra por
medio de la caridad (cfr Gal 5,14). Pablo sabe que en el doble amor a
Dios y al prójimo está presente y cumplida toda la Ley. Así en la comunión
con Cristo, en la fe que crea la caridad, toda la Ley se realiza. Somos
justos cuando entramos en comunión con Cristo, que es amor. Veremos lo mismo
en el Evangelio del próximo domingo, solemnidad de Cristo Rey. Es el
Evangelio del juez cuyo único criterio es el amor. Lo que pide es sólo esto:
¿Tú me has visitado cuando estaba enfermo? ¿Cuando estaba en la cárcel? ¿Me
has dado de comer cuando tenía hambre, o me has vestido cuando estaba
desnudo? Y así la justicia se decide en la caridad. Así, al término de este
Evangelio, podemos decir: sólo amor, sólo caridad. Pero no hay contradicción
entre este Evangelio y san Pablo. Es la misma visión, según la cual, la
comunión con Cristo, la fe en Cristo crea la caridad. Y la caridad es la
realización de la comunión con Cristo. Así, si estamos unidos a Él somos
justos, y no hay otra forma. Al final, podemos sólo rezar al
Señor para que nos ayude a creer. Creer realmente; creer se convierte así en
vida, unidad con Cristo, transformación de nuestra vida. Y así, transformados
por su amor, por el amor a Dios y al prójimo, podemos ser realmente justos a
los ojos de Dios. |
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