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Noticias_Parroquia_de_Fatima_15-12-08-401   Lista de mensajes  
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PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA

Diócesis de San Isidro

Av. Libertador 13.900 - 1640 Martínez - Tel. y Fax 4508-8501 // 8502

E-mail: pqfatima@... // secretaria@...

Página Web: www.fatima.org.ar

Noticias desde la Parroquia de Fátima

15 de diciembre de 2008 - Año XI - N° 401

Índice de Noticias

NUESTRA DIOCESIS

Cierre del Banco de Medicamentos Parroquia. N. Sra. del Carmen

Estimados/as: les comunicamos que nuestro Banco de Medicamentos dejará de atender DEFINITIVAMENTE a fin de este mes de diciembre.

Les agradeceremos difundan esta información a quienes consideren oportuno.

Muchas gracias.

Lic. Sebastián Kunica

Equipo de Trabajo Social
Parroquia "Ntra. Sra. del Carmen"
H. Yrigoyen 2112, San Fernando (1646)
011-4575-3095
pquidelcarmen@...

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Equipo Diocesano de Liturgia

Centro Diocesano de Formación Litúrgica

Desde hace ocho años el Equipo Diocesano de Liturgia ofrece un plan de formación litúrgica.

Tiene una duración de 2 años, de abril a noviembre y se cursa 2 horas por semana.

Se recorren los principales temas de la teoría y práctica litúrgicas.

El Centro Diocesano de Formación Litúrgica funciona en la Casa Pastoral, Ituzaingó 90, San Isidro

Está abierta la inscripción para el ciclo 2008 :

Los días miércoles de 17 a 20 hs hasta el día 17 de diciembre de 2008 y a partir del 11 de febrero de 2009  hasta el 25 de marzo de 2009

Informes: 4512-3851

liturgia@...

equipoliturgicodiocesanosanisidro@...

Talleres 2009

Cuaresma : 9 de febrero

Semana Santa : 9 de marzo

Pascua: 10 de marzo

En el horario de 20 a 22 hs en la Casa Pastoral, Ituzaingó 90. San Isidro.

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Instituto Divino Maestro –  1948 -2.009

Hermanas de la compañía del Divino Maestro

Actividades del Instituto

El Instituto de Formación para laicos y laicas "DIVINO MAESTRO", pertenece a la congregación  religiosa Compañía del Divino Maestro. La congregación es de origen argentino y tiene como misión la formación integral de laicos y laicas,  impulsándolos/as a una presencia activa y transformante de la realidad temporal y a una participación corresponsable en la vida de la iglesia. 

La propuesta  que ofrecen

El seguimiento de Jesucristo nos pide hoy, más que nunca, una profunda atención a las grandes cuestiones y a los grandes retos que nuestro mundo tiene planteados. Igualmente nos invita a realizar esa mirada atenta desde una inmersión en las fuentes de la espiritualidad.

Nos es necesario profundizar en el aprendizaje del itinerario de Jesús y tomarnos un tiempo, encontrar un espacio para repensar aquello que el Señor nos va suscitando para ayudar a que el Reino vaya abriéndose camino en este mundo nuestro cargado de interrogantes y de posibilidades.

Como Instituto del Divino Maestro ofrecemos un ESPACIO y un TIEMPO para detenernos y realizar una mirada orante y reflexiva hacia nuestro mundo y nuestra realidad; ayudándonos de los instrumentos que nos ofrecen el pensamiento social y teológico actual. Y todo ello vivido desde una experiencia de comunidad y amistad en el Señor.

Dicha experiencia se concreta en distintos espacios que puede transitar quien se acerque a la casa:

•           el arte

•           la teología

•           la Biblia

•           la espiritualidad

 En el Instituto funcionan tres escuelas: la Escuela Superior de Bellas Artes Regina Pacis, la Escuela de Teología para Laicos (donde se forman laicos/as de la diócesis y los candidatos al diaconado permanente) y la Escuela de Formación Bíblica.   A partir de este año, 2008, se abrió un nuevo Espacio de Espiritualidad dedicado especialmente a la formación en este área específica.  

Escuela Superior de Bellas Artes Regina Pacis:

Cursos regulares del Profesorado Superior (con especialidades en Escultura, Pintura o Grabado) y de las Tecnicaturas (con las mencionadas especialidades) de LUNES  VIERNES de 13 a 22hs. 

•Cursos de Extensión Cultural: abiertos a toda la comunidad y respondiendo a las distintas realidades etarias (niños, adolescentes, jóvenes y adultos): de LUNES a VIERNES  de 17 a 22 hs y SABADOS DE 9 A 13HS.

Escuela de Teología para Laicos y Laicas:

•Curso regular de tres años: MARTES de 19 a 21hs. Talleres de Profundización  MARTES de 19 a 21hs.

•Talleres y Seminarios abiertos e introductorios: VIERNES  de 19 a 21hs .

Escuela de Formación Bíblica:

•Curso regular de cuatro años: MIERCOLES de 19 a 21hs.

•Talleres de Profundización: MIÉRCOLES de 19 A 21 hs.

•Talleres y Seminarios abiertos e introductorios: VIERNES  de 19 a 21 hs.

 Espacio de Espiritualidad:

 Se ha hecho popular hace unos años la expresión de que no estamos en una época de cambios, sino en un cambio de época. Ante tal transformación, descubrimos la urgencia de volver a abrevar en lo profundo del pozo de nuestra espiritualidad. Abrevar allí, desde donde todo ha brotado.

 Como la experiencia de Dios no se da fuera de la realidad, evadiéndose en una burbuja espiritual mediante técnicas sólo disponibles para iniciados, creemos que los cristianos y las cristianas de este tiempo estamos llamados y llamadas a ahondar nuestra experiencia mística en el cotidiano de nuestras vidas. Por eso propiciamos caminos que nos ayuden a:

 - acoger una espiritualidad que integre y unifique el crecimiento interior y relacional de la persona, en un proceso de transformación beneficioso para ella y para los demás.

 - gestar una espiritualidad que afecte todo el ser, deseos y acciones de cada persona; en lo que tiene, siente, vive y hace de positivo, y en lo que tiene, siente, vive y hace de negativo para reconocerlo, asumirlo e integrarlo positivamente.

 - construir y celebrar una espiritualidad que ayude a humanizar la vida personal y colectiva, porque lo más determinante es la presencia activa del amor al prójimo, sobre todo al prójimo herido y necesitado.

 Proponemos distintos trayectos que forman parte de un itinerario  que intenta recoger de modo integral las diversas dimensiones de este camino de espiritualidad:

•Talleres: cada taller tendrá una duración aproximada de 8 (ocho) encuentros.

•Encuentros: espacios teórico-prácticos de iniciación a la espiritualidad o prácticas orantes.

•Grupos de Oración: pequeños grupos que realizan un itinerario de oración, siguiendo distintas modalidades y acompañados por algún miembro del equipo de espiritualidad.

•Retiros: a lo largo del año, distintos espacios y jornadas para rezar, reflexionar y parar  un poco lo convulsionado de nuestra vida, y así ir tomándole el pulso…

•Talleres de Formación: JUEVES de 17 a 21hs.

•Grupos de Reflexión: cada 15 días los lunes de 17 a 19hs.

Informes e inscripción:

25 de Mayo 337 – San Isidro – Tel. 4575-4222

institutodivinomaestro@...

www.institutodivinomaestro.blogspot.com

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SANTA SEDE

Cambios a la misa para darle mejor sentido al saludo de la paz

Ciudad del Vaticano, 2 Dic. 08 (AICA)

Pronto habrá modificaciones litúrgicas en la misa. Según anunció a L’ Osservatore Romano el cardenal nigeriano Francis Arinze, prefecto de la Congregación del Culto Divino.

Benedicto XVI evalúa anticipar el gesto de la paz para que no haya confusiones al aproximarse la comunión, el momento culminante de la misa.

El Pontífice quiere “una colocación distinta de la señal de la paz” para “crear un clima de más recogimiento alrededor de la comunión”, explicó Arinze, al anticipar que el saludo de la paz será adelantado.

Ya no será al final del rito, cuando los fieles se preparan para recibir la Eucaristía, sino hacia la mitad de la celebración, durante el ofertorio. Los asistentes se darán la mano o el beso de la paz en el momento en el que se llevan al altar el pan y el vino.

Benedicto XVI había adelantado este propósito a principios del 2007, cuando en su exhortación apostólica postsinodal sobre la Eucaristía, al tocar el tema del rito de la paz, escribió “Durante el Sínodo de Obispos se ha visto la conveniencia de moderar este gesto, que puede adquirir expresiones exageradas, provocando cierta confusión en la asamblea precisamente antes de la comunión”.

Y agregó: “Sería bueno recordar que el alto valor del gesto no queda mermado por la sobriedad necesaria para mantener un clima adecuado a la celebración, limitando por ejemplo el intercambio de la paz a los más cercanos”.

En la entrevista con ‘L’ Osservatore Romano’, el cardenal Arinze señaló que “hoy a menudo no se comprende plenamente el significado del gesto de la paz”, que fue introducido después de la reforma litúrgica posconciliar.

“Muchos piensan que se trata de una ocasión para darles la mano a los amigos. Es un modo para decirle a quien está cerca de nosotros que la paz de Cristo, presente realmente en el altar, está también con todos los hombres”, dijo el purpurado.

El cardenal Arinze explicó que el Pontífice decidirá sobre este cambio tras hacer consultas con los obispos.+

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DOCUMENTACION

Benedicto XVI: “El mal no es intrínseco al hombre, Cristo ha triunfado sobre él”

Intervención en la Audiencia General

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 3 de diciembre de 2008 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el texto íntegro de la catequesis pronunciada este miércoles por el Papa Benedicto XVI durante la audiencia general que ha tenido lugar en el Aula Pablo VI.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy nos detendremos en las relaciones entre Adán y Cristo, delineadas por san Pablo en la conocida página de la Carta a los Romanos (5,12-21), en la que le entrega a la Iglesia las líneas esenciales de la doctrina sobre el pecado original. En verdad, ya en la primera Carta a los Corintios, tratando de la fe en la resurrección, Pablo había introducido la relación entre el primer padre y Cristo: "Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo... Fue hecho el primer hombre, Adán, alma viviente; el último Adán, espíritu que da vida" (1 Cor 15,22.45). Con Romanos 5,12-21 la confrontación entre Cristo y Adán se hace más articulada e iluminadora: Pablo recorre la historia de la salvación desde Adán a la Ley y de ésta a Cristo. En el centro de la escena se encuentran tanto Adán, con las consecuencias del pecado sobre la humanidad, como Jesús y la gracia que, mediante él, ha sido derramada abundantemente sobre la humanidad. La repetición del "cuanto más" respecto a Cristo subraya cómo el don recibido en Él sobrepasa totalmente al pecado de Adán y a las consecuencias de éste en la humanidad, tanto que Pablo puede llegar a la conclusión: "Pero donde abundó el pecado sobreabundó la gracia" (Rm 5,20). Por tanto, la confrontación que Pablo traza entre Adán y Cristo ilumina la inferioridad del primer hombre respecto a la superioridad del segundo.

Por otro lado, para poner en evidencia el inconmensurable don de la gracia, en Cristo, Pablo insiste en el pecado de Adán: se diría que si no hubiera sido para demostrar la centralidad de la gracia, él no se habría entretenido en hablar del pecado que "a causa de un solo hombre entró en el mundo y, con el pecado, la muerte" (Rm 5,12). Si en la fe de la Iglesia ha madurado la conciencia del dogma del pecado original, es porque éste está ligado inseparablemente con otro dogma, el de la salvación y la libertad en Cristo. Como consecuencia, nunca deberíamos hablar sobre el pecado de Adán y de la humanidad separándolo del contexto de la salvación, es decir, sin comprenderlo en el horizonte de la justificación en Cristo.

Pero como hombres de hoy, debemos preguntarnos: ¿qué es el pecado original? ¿Qué enseñan Pablo y la Iglesia? ¿Es sostenible hoy aún esta doctrina? Muchos piensan que, a la luz de la historia de la evolución, no habría ya lugar para la doctrina de un primer pecado, que después se difundiría en toda la historia de la humanidad. Y, en consecuencia, también la cuestión de la Redención y del Redentor perdería su fundamento. Por tanto: ¿existe el pecado original o no? Para poder responder debemos distinguir dos aspectos de la doctrina sobre el pecado original. Existe un aspecto empírico, es decir, una realidad concreta, visible, diría yo, tangible para todos. Es un aspecto misterioso, que afecta al fundamento ontológico de este hecho. El dato empírico es que existe una contradicción en nuestro ser. Por una parte el hombre sabe que debe hacer el bien e íntimamente también lo quiere realizar. Pero, al mismo tiempo, siente también otro impulso a hacer lo contrario, a seguir el camino del egoísmo, de la violencia, a hacer sólo lo que le apetece aun sabiendo que así actúa contra el bien, contra Dios y contra el prójimo. San Pablo en su Carta a los Romanos ha expresado esta contradicción en nuestro ser con estas palabras: "querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo, puesto que no hago el bien que quiero, sino que obro el mal que no quiero" (7, 18-19). Esta contradicción interior de nuestro ser no es una teoría. Cada uno de nosotros la experimenta todos los días. Y sobre todo vemos siempre en torno a nosotros la superioridad de esta segunda voluntad. Basta pensar en las noticias diarias sobre injusticias, violencia, mentira, lujuria. Cada día lo vemos: es un hecho.

Como consecuencia de este poder del mal en nuestras almas, se ha desarrollado en la historia un río sucio, que envenena la geografía de la historia humana. El gran pensador francés Blaise Pascal habló de una "segunda naturaleza", que se superpone a nuestra naturaleza original, buena. Esta "segunda naturaleza" presenta el mal como normal para el hombre. Así también la típica expresión: "es humano" tiene un doble significado. "Es humano" puede querer decir: este hombre es bueno, realmente actúa como debería actuar un hombre. Pero "es humano" puede también querer decir lo contrario: el mal es normal, es humano. El mal parece haberse convertido en una segunda naturaleza. Esta contradicción del ser humano, de nuestra historia, debe provocar, y provoca también hoy, el deseo de redención. En realidad, el deseo de que el mundo cambie y la promesa de que se creará un mundo de justicia, de paz y de bien, está presente en todas partes: en la política, por ejemplo, todos hablan de la necesidad de cambiar el mundo, de crear un mundo más justo. Y precisamente esto es expresión del deseo de que haya una liberación de la contradicción que experimentamos en nosotros mismos.

Por tanto el hecho del poder del mal en el corazón humano y en la historia humana es innegable. La cuestión es: ¿cómo se explica este mal? En la historia del pensamiento, prescindiendo de la fe cristiana, existe un modelo principal de explicación, con variaciones diversas. Este modelo dice: el ser mismo es contradictorio, lleva en sí tanto el bien como el mal. En la antigüedad esta idea implicaba la opinión de que existían dos principios igualmente originarios: un principio bueno y un principio malo. Este dualismo sería insuperable: los dos principios están al mismo nivel, y por ello existirá siempre, desde el origen del ser, esta contradicción. La contradicción de nuestro ser, por tanto, reflejaría solo la contrariedad de los dos principios divinos, por así decirlo. En la versión evolucionista, atea, del mundo, vuelve de nuevo una visión semejante. Aunque, en esta concepción, la visión del ser es monista, se supone que el ser como tal desde el principio lleva en sí el bien y el mal. El ser mismo no es simplemente bueno, sino abierto al bien y al mal. El mal es tan originario como el bien. Y la historia humana repetiría solamente el modelo ya presente en toda la evolución precedente. Lo que los cristianos llaman pecado original sería en realidad sólo el carácter mixto del ser, una mezcla de bien y mal que, según esta teoría, pertenecería a la misma materia del ser. Es una visión en el fondo desesperada: si es así, el mal es invencible. Al final solo cuenta el propio interés. Y todo progreso habría que pagarlo necesariamente con un río de mal, y quien quisiera servir al progreso debería aceptar pagar este precio. La política, en el fondo, se basa sobre estas premisas: y vemos los efectos de ellas. Este pensamiento moderno, al final, sólo puede traer tristeza y cinismo.

Y así preguntamos de nuevo: ¿qué dice la fe, atestiguada por san Pablo? Como primer punto, ésta confirma el hecho de la competición entre ambas naturalezas, el hecho de este mal cuya sombra pesa sobre toda la creación. Hemos escuchado el capítulo 7 de la Carta a los Romanos, pero podríamos añadir el capítulo 8. El mal existe, sencillamente. Como explicación, en contraste con los dualismos y los monismos que hemos considerado brevemente y encontrado desoladores, la fe nos dice: existen dos misterios de luz y un misterio de noche, que, sin embargo, está rodeado de los misterios de la luz. El primer misterio de la luz es éste: la fe nos dice que no hay dos principios, uno bueno y uno malo, sino que hay un solo principio, el Dios creador, y este principio es bueno, sólo bueno, sin sombra de mal. Y por ello también el ser no es una mezcla de bien y de mal; el ser como tal es bueno y por ello es bueno existir, es bueno vivir. Éste es el alegre anuncio de la fe: sólo hay una fuente buena, el Creador. Y por esto vivir es un bien, es algo bueno ser un hombre, una mujer, es buena la vida. Después sigue un misterio de oscuridad, de noche. El mal no viene de la fuente del mismo ser, no es igualmente originario. El mal viene de una libertad creada, de una libertad abusada.

¿Cómo ha sido posible, cómo ha sucedido? Esto permanece oscuro. El mal no es lógico. Sólo Dios y el bien son lógicos, son luz. El mal permanece misterioso. Se le representa con grandes imágenes, como hace el capítulo 3 del Génesis, con aquella visión de los dos árboles, de la serpiente, del hombre pecador. Una gran imagen que nos hace adivinar, pero que no puede explicar lo que es en sí mismo ilógico. Podemos adivinar, no explicar; ni siquiera podemos narrarlo como un hecho junto a otro, porque es una realidad más profunda. Queda como un misterio oscuro, de noche. Pero se le añade inmediatamente un misterio de luz. El mal viene de una fuente subordinada. Dios con su luz es más fuerte. Y por eso, el mal puede ser superado. Por eso la criatura, el hombre, es curable. Las visiones dualistas, también el monismo del evolucionismo, no pueden decir que el hombre sea curable; pero si el mal procede solo de una fuente subordinada, es cierto que el hombre puede curarse. Y el libro de la Sabiduría dice: "las criaturas del mundo son saludables" (1, 14). Y finalmente, el último punto, el hombre no sólo se puede curar, está curado de hecho. Dios ha introducido la curación. Ha entrado personalmente en la historia. A la permanente fuente del mal ha opuesto una fuente de puro bien. Cristo crucificado y resucitado, nuevo Adán, opone al río sucio del mal un río de luz. Y este río está presente en la historia: vemos a los santos, los grandes santos pero también los santos humildes, los simples fieles. Vemos que el río de luz que procede de Cristo está presente, es fuerte.

Hermanos y hermanas, es tiempo de Adviento. En el lenguaje de la Iglesia la palabra Adviento tiene dos significados: presencia y espera. Presencia: la luz está presente, Cristo es el nuevo Adán, está con nosotros y en medio de nosotros. Ya brilla la luz y debemos abrir los ojos del corazón para verla y para introducirnos en el río de la luz. Sobre todo, estar agradecidos al hecho de que Dios mismo ha entrado en la historia como nueva fuente de bien. Pero Adviento quiere decir también espera. La noche oscura del mal es aún fuerte. Y por ello rezamos en Adviento con el antiguo pueblo de Dios: "Rorate caeli desuper". Y oramos con insistencia: ven Jesús; ven, da fuerza a la luz y al bien; ven donde domina la mentira, la ignorancia de Dios, la violencia, la injusticia; ven, Señor Jesús, da fuerza al bien en el mundo y ayudanos a ser portadores de tu luz, operadores de la paz, testigos de la verdad. ¡Ven Señor Jesús!

[Al final de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

En la carta a los Romanos, San Pablo, poniendo en relación las figuras de Adán y Cristo, traza las líneas esenciales de la doctrina sobre el pecado original. El pecado de Adán ha de ser contemplado siempre en el contexto de la verdad sobre la salvación y la justificación realizada en Cristo. Como escribe el Apóstol: "donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia" (Rm 5,12). Sólo Cristo, como nuevo Adán, ha liberado a la humanidad del pecado y de la muerte, mediante el don de la gracia de la justificación. El bautismo no sólo libra del pecado original sino que pone al hombre en una nueva relación con Dios haciéndolo hijo suyo. El bautizado es introducido en una vida totalmente nueva, sostenida por el don del Espíritu Santo. La gracia recibida coloca a los creyentes en la nueva condición de hacerse cargo de los gemidos de la humanidad y de toda la creación para orientarlos hacia el cumplimiento de aquella esperanza en la que hemos sido salvados. La esperanza de los creyentes en Cristo no defrauda, porque se apoya en el amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por medio del Espíritu Santo que se nos ha dado (cf. Rm 5,5).

Saludo cordialmente a los fieles de lengua española aquí presentes. En particular, a los peregrinos y grupos venidos de Chile, España, México, Panamá, Venezuela y de otros países latinoamericanos. Siguiendo la enseñanza de san Pablo, os animo a que reconociendo con gozo vuestra dignidad de hijos de Dios, viváis con fidelidad vuestros compromisos bautismales. Que Dios os bendiga

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Benedicto XVI y las enseñanzas sobre los sacramentos en san Pablo

Intervención en la audiencia general de este miércoles

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 11 de diciembre de 2008 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación el texto de la catequesis pronunciada por Benedicto XVI este miércoles con ocasión de la audiencia general que tuvo lugar en el Aula Pablo VI.

El Santo Padre improvisó su intervención y, por este motivo, el texto completo de la misma ha sido publicado este jueves por la Oficina de Información de la Santa Sede.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

Siguiendo a san Pablo hemos visto en la catequesis del miércoles pasado dos cosas. La primera es que nuestra historia humana desde el principio está contaminada por el abuso de la libertad creada, que pretende emanciparse de la Voluntad divina. Y así no se encuentra la verdadera libertad, sino que se opone a la verdad y falsifica, en consecuencia, nuestras realidades humanas. Falsifica sobre todo las relaciones fundamentales: la relación con Dios, la relación entre hombre y mujer, y la relación entre el hombre y la tierra. Hemos dicho que esta contaminación de nuestra historia se difunde en todo su tejido, y que este defecto heredado ha ido aumentando y es ahora visible en todas partes. Esto es lo primero. Lo segundo es esto: por san Pablo hemos aprendido que existe un nuevo comienzo en la historia y de la historia en Jesucristo, aquel que es hombre y Dios. Con Jesús, que viene de Dios, comienza una nueva historia formada por su sí al Padre, y por ello ya no fundada en la soberbia de una emancipación falsa, sino en el amor y la verdad.

Pero ahora se plantea la cuestión: ¿cómo podemos entrar nosotros en este nuevo comienzo, en esta nueva historia? ¿Cómo llega a mí esta historia? Con la primera historia contaminada estamos unidos inevitablemente por nuestra descendencia biológica, al pertenecer todos al único cuerpo de la humanidad. Pero la comunión con Jesús, el nuevo nacimiento para entrar a formar parte de la nueva humanidad, ¿cómo se realiza? ¿Cómo llega Jesús a mi vida, a mi ser? La respuesta fundamental de san Pablo, de todo el nuevo Testamento, es: llega por obra del Espíritu Santo. Si la primera historia se pone en marcha, por así decirlo, con la biología, la segunda lo hace en el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo Resucitado. Este Espíritu ha creado en Pentecostés el inicio de una nueva humanidad, de la nueva comunidad, la Iglesia, el Cuerpo de Cristo.

Pero tenemos que ser aún más concretos: este Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo, ¿cómo puede llegar a ser mi Espíritu? La respuesta es que esto sucede de tres formas, íntimamente conectadas unas con otras. La primera es ésta: el Espíritu de Cristo llama a las puertas de mi corazón, me toca interiormente. Pero ya que la nueva humanidad debe ser un verdadero cuerpo, ya que el Espíritu debe reunirnos y crear verdaderamente una comunidad, ya que lo característico del nuevo comienzo es la superación de las divisiones y la creación de la agregación de los dispersados, este Espíritu de Cristo se sirve de dos elementos de agregación visibles: de la Palabra y de los Sacramentos, particularmente del Bautismo y de la Eucaristía. En la Carta a los Romanos, dice san Pablo: "Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo" (10, 9), entrarás así en la nueva historia de vida y no de muerte. Después san Pablo continua: "Pero ¿cómo invocarán a aquél en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquél a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y ¿cómo predicarán si no son enviados?" (Rm 10, 14-15). En un versículo posterior dice de nuevo: "La fe viene de la predicación" (Rm 10,17). La fe no es producto de nuestro pensamiento, de nuestra reflexión, es algo nuevo que no podemos inventar, sino sólo recibir como un don, como una novedad producida por Dios. Y la fe no viene de la lectura, sino de la escucha. No es una cosa solamente interior, sino una relación con Alguien. Supone un encuentro con el anuncio, supone la existencia del otro que anuncia y crea comunión.

Y finalmente el anuncio: aquel que anuncia no habla por sí mismo, sino como enviado. Está dentro de una estructura de misión que comienza con Jesús enviado por el padre, pasa a los apóstoles --la palabra "apóstol" significa "enviado"-- y continua en el ministerio, en las misiones transmitidas por los apóstoles. El nuevo tejido de la historia aparece en esta estructura de las misiones, en la que sentimos, en último término, hablar a Dios mismo, su palabra personal, el Hijo que habla con nosotros, llega hasta nosotros. La Palabra se ha hecho carne, Jesús, para crear realmente una nueva humanidad. Por ello la palabra del anuncio se convierte en sacramento del bautismo, que es renacimiento por el agua y el Espíritu, como dirá san Juan. En el sexto capítulo de la Carta a los Romanos san Pablo habla de un modo muy profundo del Bautismo. Hemos escuchado el texto. Pero quizás sea útil repetirlo: "¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva" (6,3-4).

En esta catequesis, naturalmente, no puedo entrar en una interpretación detallada de este texto difícil. Quisiera destacar brevemente sólo tres cosas. La primera: "hemos sido bautizados" es un pasivo. Nadie puede bautizarse a sí mismo, tiene necesidad del otro. Nadie puede hacerse cristiano por sí mismo. Ser cristiano es un proceso pasivo. Sólo podemos hacernos cristianos por medio de otro. Y este "otro" que nos hace cristianos, que nos da el don de la fe, es en primera instancia la comunidad de los creyentes, la Iglesia. Recibimos la fe, el Bautismo, de la Iglesia. Sin dejarnos formar por esta comunidad no podemos ser cristianos. Un cristianismo autónomo, autoproducido, es una contradicción en sí mismo. En primera instancia, este "otro" es la comunidad de creyentes, la Iglesia, pero en segunda instancia, tampoco esta comunidad actúa por sí misma, según sus propias ideas o deseos. También la comunidad vive en el mismo sentido pasivo: sólo Cristo puede constituir la Iglesia. Cristo es el verdadero dador de los sacramentos. Éste es el primer punto: nadie se bautiza a sí mismo, nadie se hace a sí mismo cristiano. Nos convertimos en cristianos.

La segunda es esta: el Bautismo es algo más que un lavatorio. Es muerte y resurrección. Pablo mismo, hablando en la Carta a los Gálatas del cambio en su vida a través del encuentro con Cristo resucitado, la describe así: he muerto. Empieza en ese momento realmente una nueva vida. Ser cristiano es más que una operación estética, que añadiría algo bonito a una existencia ya más o menos completa. Es un nuevo comienzo, es renacimiento: muerte y resurrección. Obviamente, en la resurrección vuelve a emerger lo que era bueno en la existencia anterior.

El tercer elemento es este: la materia forma parte del sacramento. El cristianismo no es una realidad puramente espiritual. Implica al cuerpo. Implica al cosmos. Se extiende hacia la nueva tierra y los nuevos cielos. Volvamos a la última palabra del texto de san Pablo: así --dice-- podemos "vivir una nueva vida". Elemento de un examen de conciencia para todos nosotros: vivir una nueva vida. Esto por el Bautismo.

Vamos ahora al Sacramento de la Eucaristía. Ya he mostrado en otras catequesis con qué profundo respeto san Pablo transmitía verbalmente la tradición sobre la Eucaristía recibida de los mismos testigos de la última noche. Trasmite estas palabras como un precioso tesoro confiado a si fidelidad. Y así escuchamos en estas palabras realmente a los testigos de la última noche. Escuchamos las palabras del Apóstol: "Por que yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: 'Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío'. Asimismo también la copa después de cenar diciendo: 'Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío'" (1 Cor 11,23-25). Es un texto inagotable. También aquí, en esta catequesis, sólo haré dos breves observaciones. Pablo transmite las palabras del Señor sobre el cáliz así: este cáliz es "la nueva alianza en mi sangre". En estas palabras se esconde una referencia a dos textos fundamentales del Antiguo Testamento. La primera referencia es a la promesa de una nueva alianza en el Libro del profeta Jeremías. Jesús dice a los discípulos y nos dice a nosotros: ahora, en esta hora, conmigo y con mi muerte se realiza la nueva alianza; con mi sangre comienza en el mundo esta nueva historia de la humanidad. Pero está presente, en estas palabras, también una referencia al momento de la alianza en el Sinaí, donde Moisés había dicho: "Esta es la sangre de la Alianza que el Señor ha hecho con vosotros, según todas estas palabras" (Ex 24,8). Allí se trataba de sangre de animales. La sangre de los animales podía ser sólo expresión de un deseo, la esperanza del nuevo sacrificio, del verdadero culto. Con el don del cáliz el Señor nos da el verdadero sacrificio. El único verdadero sacrifico es el amor del Hijo. Con el don de este amor, amor eterno, el mundo entra en la nueva alianza. Celebrar la Eucaristía significa que Cristo se nos da a sí mismo, su amor, para conformarnos a sí mismo y para crear así el mundo nuevo.

El segundo aspecto importante de la doctrina sobre la Eucaristía aparece en la misma primera Carta a los Corintios, donde san Pablo dice: "La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aún siendo muchos, un solo, pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan" (10, 16-17). En estas palabras aparece igualmente el carácter personal y el carácter social del Sacramento de la Eucaristía. Cristo se une personalmente a cada uno de nosotros, pero el mismo Cristo nos une también con el hombre y con la mujer que están a mi lado. Y el pan es para mí y también para el otro. Así Cristo nos une a todos consigo y nos une entre nosotros, uno con otro. Recibimos en la comunión a Cristo. Pero Cristo se une igualmente en mi prójimo: Cristo y el prójimo son inseparables en la Eucaristía. Y así todos somos un solo pan, un solo cuerpo. Una Eucaristía sin solidaridad con los demás es un abuso de la Eucaristía. Y aquí estamos en la raíz y al mismo tiempo en el centro de la doctrina de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, del Cristo resucitado.

Vemos también todo el realismo de esta doctrina. Cristo nos da su cuerpo en la Eucaristía, se da a sí mismo en su cuerpo y así nos hace cuerpo suyo, nos une a su cuerpo resucitado. Si el hombre come pan normal, este pan en el proceso de la digestión se convierte en parte de su cuerpo, transformado en sustancia de vida humana. Pero en la Santa Comunión se realiza el proceso inverso. Cristo, el Señor, nos asimila a sí, nos introduce en su Cuerpo glorioso y así todos juntos nos convertimos en su Cuerpo. Quien lee solo el capítulo 12 de la primera Carta a los Corintios y el capítulo 12 de la Carta a los Romanos podría pensar que la palabra sobre el Cuerpo de Cristo como organismo de los carismas sea solo una especie de parábola sociológico-teológica. Realmente en la politología romana esta palabra del cuerpo con los diversos miembros que forman una unidad se utilizaba por el mismo Estado, para decir que el Estado es un organismo en el que cada uno tiene su función, la multiplicidad y diversidad de las funciones forman un curpo y cada uno tiene su sitio. Leyendo solo el capítulo 12 de la primera Carta a los Corintios podría pensarse que Pablo se limitaba a transferir esto a la Iglesia, que aquí solo se trataba de una sociología de la Iglesia. Pero teniendo presente este capítulo décimo vemos que el realismo de la Iglesia es bien distinto, mucho más profundo y verdadero que el de un Estado-organismo. Porque realmente Cristo nos da su cuerpo y nos hace su cuerpo. Nos unimos realmente con el cuerpo resucitado de Cristo, así nos unimos uno a otro. La Iglesia no es sólo una corporación como el Estado, es un cuerpo. No es simplemente una organización sino un verdadero organismo.

Finalmente, sólo dirigiré una brevísima palabra sobre el Sacramento del matrimonio. En la Carta a los Corintios se encuentran solo algunos apuntes, mientras que en la Carta a los Efesios ha realmente desarrollado una profunda teología del Matrimonio. Pablo define aquí el Matrimonio como "gran misterio". Lo dice "en referencia a Cristo y a su Iglesia" (5, 32). Se pone de relieve en este pasaje una reciprocidad que se configura en un dimensión vertical. La sumisión mutua debe adoptar el lenguaje del amor, que tiene su modelo en el amor de Cristo hacia su Iglesia. Esta relación Cristo-Iglesia convierte en primario el aspecto teologal del amor matrimonial, exalta la relación afectiva entre los esposos. Un auténtico matrimonio será bien vivido si en el crecimiento constante humano y afectivo hay un esfuerzo por permanecer ligado a la eficacia de la Palabra y al significado del Bautismo. Cristo ha santificado a la Iglesia, purificándola por medio del baño del agua, acompañado por al Palabra. La participación en el cuerpo y la sangre del Señor no hace otra cosa que cimentar, además de hacer visible, una unión indisoluble por la gracia.

Y finalmente escuchamos la palabra de san Pablo a los Filipenses: "El Señor está cerca" (Fl 4,5). Me parece que hemos comprendido que, mediante la Palabra y los Sacramentos, en toda nuestra vida el Señor está cerca. Pidámosle que podamos ser tocados cada vez más en lo íntimo de nuestro ser por esta cercanía suya, para que nazca la alegría - esa alegría que nace cuando Jesús está realmente cerca.

[Al final de la audiencia el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

Para San Pablo, la predicación de la Palabra de Cristo es eficaz, provoca la fe y convierte a los creyentes en miembros de un único cuerpo. Los sacramentos son una actuación diferenciada de este dinamismo fundamental. Así, por el Bautismo, el creyente participa de la muerte y resurrección de Cristo y, por tanto, lleva en sí el germen de una vida nueva, recibe la gracia que lo libera del pecado, se reviste de Cristo y se hace hijo de Dios por adopción. Después, por el sacramento de la Confirmación, los bautizados se configuran más plenamente con Cristo como nuevas criaturas puestas bajo la ley del Espíritu. Además, están llamados a vivir el mismo sentido de comunión con Cristo y, a través de Él, con su cuerpo, que es la Iglesia, en el sacramento de la Eucaristía, al participar como hermanos de un único Pan. Desde esta misma perspectiva de la comunión, el Apóstol explica también el sacramento del matrimonio, que no ha de entenderse sólo como un remedio de la concupiscencia, sino como la expresión de la mutua pertenencia de los esposos, iluminada por el misterio del gran amor entre Cristo y su Iglesia.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de la Parroquia de San Benito, de Gondomar, Pontevedra, y a los demás grupos venidos de España, México y otros países latinoamericanos. Que la doctrina del Apóstol Pablo renueve en vosotros la gracia recibida en los sacramentos y os ayude a tomar conciencia de vuestra condición de discípulos de Cristo y miembros vivos de la Iglesia. Muchas gracias.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]

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