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PARROQUIA
NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA
Av. Libertador
13.900 - 1640 Martínez - Tel. y Fax 4508-8501 // 8502 E-mail: pqfatima@... // secretaria@... Página Web: www.fatima.org.ar |
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Noticias
desde la Parroquia de Fátima |
11 de marzo de 2009
- Año XII - N° 408 |
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Índice de Noticias |
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NUESTRA
DIOCESIS |
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Seminario
catequístico teológico Santa Teresa del Niño Jesús proseminario de
teología Dirigido a todos
aquellos que hayan egresado de escuelas o seminarios de formación de nuestra
diócesis o fuera de ella. Se cursa los
miércoles de 19.30 a 21.30 hs a cargo del pbro. Oscar Correa Comienza el 18 de
marzo. Informes e
inscripción: Rodríguez Peña 765 Martínez 4 512-2143 |
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ARGENTINA |
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Sostenimiento de la
Iglesia, carta de los obispos a los católicos Buenos Aires, 6 Mar. 09 (AICA) Afiche de la Campaña por el sostenimiento de la Iglesia 2009 Los obispos argentinos reiteraron el llamado a “una
participación más generosa” a cada uno de los católicos, a fin de que
ofrezcan sus “dones personales y materiales, al servicio de la obra
evangelizadora de la Iglesia”. “Mucho hacemos entre todos por el bien de los demás. Y sin
embargo nos urge la responsabilidad compartida de anunciar a Jesús en todas
partes, para que por la fe y el amor crezca su Reino, que es justicia, paz y
gozo en el Espíritu Santo”, recuerdan en la carta con motivo de la
Campaña sobre el Sostenimiento de la Iglesia 2009. Los prelados invitan nuevamente “a pensar en el sostenimiento
de la Iglesia, desde la experiencia del amor de Dios. Es una tarea de
todos”. “En Jesús hemos conocido la vida íntima de Dios, que es comunión
de tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Este es el regalo más
precioso que nos ofrece, a través de la muerte y resurrección del Señor. Así
comparte con nosotros su misma vida divina, que nos hace hijos suyos y
hermanos entre nosotros”, señalan. Tras reconocer que “vivimos hoy en un mundo necesitado de
justicia, concordia, y amistad social; de vida digna y plena para
todos”, responden a la pregunta “qué servicio ofrece” la
Iglesia. “Quizás ya participás o estás cerca de algunas actividades de
la Iglesia. Pero el amor de Cristo nos apremia. Cada fiel cristiano ha de ser
testigo y constructor de comunión, en su familia, barrio, y trabajo; en la
comunidad parroquial, y como ciudadano responsable en esta querida
Nación”, insisten. Por último, los obispos subrayan: “Todos somos la Iglesia. Es
tiempo de compartir lo que somos y tenemos, para que el mundo crea y tenga
vida en abundancia. Muchas y graves formas de pobreza nos afligen, y la
Palabra de Dios nos interpela: ‘Ya conocen la generosidad de nuestro
Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de
enriquecernos con su pobreza’”. “Somos hermanos, seamos familia, hagamos Iglesia”, será
el lema que inspirará las jornadas del sábado 21 y domingo 22 de marzo,
fechas en las que se realizará la 5º Campaña sobre el Sostenimiento de la
Iglesia. La iniciativa puede diferir en la fecha, como ocurre en la
arquidiócesis de Buenos Aires, que está prevista para los días 25 y 26 de
abril. Informes: Balcarce 236, cuarto piso, C1064AAF Buenos Aires, teléfono (011) 4343-1960/4343-2701 o por correo electrónico info@... , y en la página de Internet www.compartir.org.ar .+ |
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SANTA
SEDE |
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El Vaticano publica música
"santa" para Cuaresma en Internet De
la Capilla Musical "Sixtina" y del Pontificio Instituto de Música
Sacra CIUDAD
DEL VATICANO, viernes, 6 marzo 2009 (ZENIT.org).- Con el objetivo de ayudar a
personas de todo el mundo a vivir el espíritu de recogimiento propio de la
Cuaresma, la Santa Sede ha publicado en Internet composiciones sacras propias
de este período litúrgico. En
una sección cuaresmal especial, por una parte es posible escuchar himnos
litúrgicos interpretados por la Capilla Musical "Sixtina", el coro
más antiguo en este género, que desde hace siglos interpreta todas las partes
musicales en las celebraciones litúrgicas del obispo de Roma. La
página ofrece cinco himnos cuaresmales, con la letra y la música, entre los
que se encuentran "Me invocará y le escucharé", o "Señor,
muéstrame tu rostro". Monseñor
Giuseppe Liberto, director de la Capilla Musical "Sixtina", en una
reciente conversación mantenida con Renzo Allegri y publicada por ZENIT,
explicaba que esta música no ha sido compuesta "para un concierto o para
un espectáculo. Esta música nace para la liturgia". Por eso, explica, él
no califica a esta música como "música sacra", sino que prefiere la
expresión "música santa" (CF. ZENIT 1 de marzo y 2 de marzo de
2009). La
página web cuaresmal del Vaticano también ofrece pasajes interpretados por el
Instituto Pontificia de Música Sacra de Roma, institución académica y
científica erigida por la Santa Sede, cuyo preside es monseñor Valentín
Miserachs Grau. Más
información en: http://www.vatican.va/liturgical_year/lent/2009/index_lent2009_sp.html |
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DOCUMENTACION |
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Benedicto
XVI habla sobre san Bonifacio, patrón de los germanos Hoy en la audiencia general CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 10 de
marzo de 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación la intervención del Papa
hoy durante la Audiencia General, ante los miles de peregrinos congregados en
la Plaza de San Pedro para la audiencia general de los miércoles. *** Queridos hermanos y hermanas, hoy nos detenemos en un gran
misionero del siglo VIII, que difundió el cristianismo en Europa central,
precisamente también en mi patria: san Bonifacio, que ha pasado a la historia
como “el apóstol de los Germanos”. Poseemos no pocas noticias de
su vida gracias a la diligencia de sus biógrafos: nació de una familia
anglosajona en Wessex alrededor del 675 y fue bautizado con el nombre de
Winfrido. Entró muy joven en el monasterio, atraído por el ideal monástico.
Poseyendo notables capacidades intelectuales, parecía dirigido a una
tranquila y brillante carrera de estudioso: fue profesor de gramática latina,
escribió algunos tratados, compuso también varias poesías en latín. Ordenado
sacerdote a la edad de cerca de treinta años, se sintió llamado al apostolado
entre los paganos del continente. Gran Bretaña, su tierra, evangelizada hacía
apenas cien años por los Benedictinos guiados por san Agustín, mostraba una
fe tan sólida y una caridad tan ardiente que enviaba misioneros a Europa
central para anunciar allí el Evangelio. En el 716 Winfrido, con algunos
compañeros, se dirgió a Frisia (la actual Holanda), pero se topó con la
oposición del jefe local y el tentativo de evangelización fracasó. Vuelto a
su patria, no perdió los ánimos y dos años después fue a Roma para hablar con
el papa Gregorio II y recibir directrices. El Papa, según el relato de un
biógrafo, lo acogió “con el rostro sonriente y con la mirada llena de
dulzura”, y en los días siguientes mantuvo con él “coloquios
importantes” (Willibaldo, Vita S. Bonifatii, ed. Levison, pp. 13-14) y
finalmente, tras haberle impuesto de nuevo el nombre de Bonifacio, le confió
con cartas oficiales la misión de predicar el Evangelio entre los pueblos de
Alemania. Confortado y sostenido por el apoyo
del Papa, Bonifacio se empeñó en la predicación del Evangelio en aquellas
regiones, luchando contra los cultos paganos y reforzando las bases de la
moralidad humana y cristiana. Con gran sentido del deber escribía en una de
sus cartas: “Estamos firmes en la lucha en el día del Señor, porque han
llegado días de aflicción y miseria... ¡No somos perros mudos, ni
observadores taciturnos, ni mercenarios que huyen ante los lobos! Somos en
cambio pastores diligentes que velan por el rebaño de Cristo, que anuncian a
las personas importantes y a las normales, a los ricos y a los pobres la
voluntad de Dios... en los tiempos oportunos e inoportunos...”
(Epistulae, 3,352.354: MGH). Con su actividad incansable, con sus dotes
organizadores, con su carácter dúctil y amable a pesar de su firmeza,
Bonifacio obtuvo grandes resultados. El papa entonces “declaró que
quería imponerle la dignidad episcopal, para que así pudiese con mayor
determinación corregir y devolver al camino de la verdad a los equivocados,
se sintiera apoyado por la mayor autoridad de la dignidad apostólica y fuese
más aceptado por todos en el oficio de la predicación cuanto más parecía que
por este motivo había sido ordenado por el prelado apostólico” (Otloho,
Vita S. Bonifatii, ed. Levison, lib. I, p. 127). Fue el mismo Sumo Pontífice quien
consagró “Obispo regional” -es decir, para toda Alemania- a
Bonifacio, el cual retomó sus fatigas apostólicas en los territorios
confiados a él y extendió su acción también a la Iglesia de la Galia: con
gran prudencia restauró la disciplina eclesiástica, convocó varios sínodos
para garantizar la autoridad de los sagrados cánones, reforzó la necesaria
comunión con el Romano Pontífice: un punto que le llevaba especialmente en el
corazón. También los sucesores del papa Gregorio II le tuvieron en altísima
consideración: Gregorio III lo nombró arzobispo de todas las tribus
germánicas, le envió el palio y le dio facultad de organizar la jerarquía
eclesiástica en aquellas regiones(cf Epist. 28: S. Bonifatii Epistulae, ed.
Tangl, Berolini 1916); el papa Zacarías le confirmó en su cargo y alabó su
labor (cfr Epist. 51, 57, 58, 60, 68, 77, 80, 86, 87, 89: op. cit.); el papa
Esteban III, apenas elegido, recibió de él una carta en la que le expresaba
su filial obsequio (cfr Epist. 108: op. cit.). El gran obispo, además de este
trabajo de evangelización y de organización de la Iglesia mediante la
fundación de diócesis y la celebración de Sínodos, no dejó de favorecer la
fundación de varios monasterios, masculinos y femeninos, para que fuesen como
un faro para irradiar la fe y la cultura humana y cristiana en el territorio.
De los cenobios benedictinos de su patria había llamado monjes y monjas que
prestaron una ayuda validísima y preciosa en la tarea de anunciar el Evangelio
y de difundir las ciencias humanas y las artes entre las poblaciones. Él de
hecho consideraba que el trabajo por el Evangelio debía ser también trabajo
por una verdadera cultura humana. Sobre todo el monasterio de Fulda -fundado
hacia el 743- fue el corazón y en centro de irradiación de la espiritualidad
y de la cultura religiosa: allí los monjes, en la oración, en el trabajo y en
la penitencia, se esforzaban por tender a la santidad, se formaban en el
estudio de disciplinas sagradas y profanas, se preparaban para el anuncio del
Evangelio, para ser misioneros. Por mérito por tanto de Bonifacio, de sus
monjes y de sus monjas -también las mujeres tuvieron una parte muy importante
en esta obra de evangelización- floreció también esa cultura humana que es
inseparable de la fe y que revela su belleza. El mismo Bonifacio nos ha
dejado significativas obras intelectuales. Ante todo su copioso epistolario,
donde las cartas pastorales se alternan con las cartas oficiales y las de
carácter privado, que revelan hechos sociales y sobre todo su rico
temperamento humano y su profunda fe. Compuso también un tratado de Ars
grammatica, en el que explicaba las declinaciones, los verbos y la sintaxis
del latín, pero que para él era también un instrumento para difundir la fe y
la cultura. Le atribuyen también un Ars metrica, es decir, una introducción a
cómo hacer poesía, y varias composiciones poéticas y finalmente una colección
de 165 sermones. Aunque era ya avanzado en años
-estaba cerca de los 80- se preparó para una nueva misión evangelizadora: con
unos cincuenta monjes volvió a Frisia, donde había empezado su obra. Casi
como presagio de su muerte inminente, aludiendo al viaje de la vida, escribía
a su discípulo y sucesor en la sede de Maguncia, el obispo Lullo: “Deseo
llevar a término el propósito de este viaje, no puedo en modo alguno
renunciar al deseo de partir. Está cerca el día de mi fin y se aproxima el
tiempo de mi muerte; dejado el despojo mortal, subiré al premio eterno. Pero
tú, hijo queridísimo, llama sin pausa al pueblo del laberinto del error,
lleva a cabo la edificación de la ya comenzada basílica de Fulda, y allí
depositarás mi cuerpo envejecido por largos años de vida” (Willibaldo,
Vita S. Bonifatii, ed. cit., p. 46). Mientras estaba comenzando la celebración
de la misa en Dokkum (en la actual Holanda septentrional), el 5 de junio del
754 fue asaltado por una banda de paganos. Él, poniéndose delante con frente
serena, “prohibió a los suyos que combatieran diciendo: 'Cesad, hijos,
de combatir, abandonad la guerra, porque el testimonio de la Escritura nos
advierte que no devolvamos mal por mal, sino bien por mal. Este es el día
deseado hace tiempo, ha llevado el tiempo de nuestro final. ¡Ánimo en el
Señor!'” (Ibid. pp. 49-50). Fueron sus últimas palabras antes de caer
bajo los golpes de sus agresores. Los despojos del obispo mártir fueron
llevados al monasterio de Fulda, donde recibieron digna sepultura. Ya uno de
sus primeros biógrafos se expresó sobre él con esta afirmación: “El
santo obispo Bonifacio puede llamarse padre de todos los habitantes de
Alemania, porque fue el primero en engendrarlos a Cristo con la palabra de su
santa predicación, les confirmó con el ejemplo y finalmente dio la vida por
ellos, caridad mayor que esta no puede darse” (Otloho, Vita S.
Bonifatii, ed. cit., lib. I, p. 158). A distancia de siglos, ¿qué mensaje
podemos recoger de la enseñanza y de la actividad prodigiosa de este gran
misionero y mártir? Una primera evidencia se impone a quien se acerca a
Bonifacio: la centralidad de la palabra de Dios, vivida e interpretada en la
fe de la Iglesia, Palabra que él vivió, predicó, testimonió hasta el don
supremo de sí mismo en el martirio. Estaba tan apasionado de la Palabra de
Dios que sentía la urgencia y el deber de llevarla a los demás, incluso con
riesgo personal suyo. Sobre ella apoyaba la fe en cuya difusión se había
empeñado solemnemente en el momento de su consagración episcopal: “Yo
profeso íntegramente la pureza de la santa fe católica y con la ayuda de Dios
quiero permanecer en la unidad de esta fe, en la que sin duda alguna está
toda la salvación de los cristianos” (Epist. 12, in S. Bonifatii
Epistolae, ed. cit., p. 29). La segunda evidencia, muy importante, que emerge
de la vida de Bonifacio es su fiel comunión con la Sede Apostólica, que era
un punto firme y central en su trabajo misionero, él siempre conservó tal
comunión como regla de su misión y la dejó casi como su testamento. En una
carta al papa Zacarías afirmaba: “Yo no dejo nunca de invitar y de
someter a la obediencia de la Sede Apostólica a aquellos que quieren
permanecer en la fe católica y en la unidad de la Iglesia romana y a todos
aquellos que en esta misión Dios me da como oyentes y discípulos”
(Epist. 50: in ibid. p. 81). Fruto de este empeño fue el firme espíritu de
cohesión en torno al Sucesor de Pedro que Bonifacio transmitió a las Iglesias
en su territorio de misión, uniendo con Roma a Inglaterra, Alemania, Francia
y contribuyendo de modo tan determinante a poner las raíces cristianas de
Europa que habrían producido frutos fecundos en los siglos sucesivos. Para
una tercera característica Bonifacio se encomienda a nuestra atención: él
promovió el encuentro entre la cultura romano-cristiana y la cultura
germánica. Sabía de hecho que humanizar y evangelizar la cultura era parte
integrante de su misión de obispo. Transmitiendo el antiguo patrimonio de
valores cristianos, él implantó en las poblaciones germánicas un nuevo estilo
de vida más humano, gracias al cual se respetaban mejor los derechos
inalienables de la persona. Como auténtico hijo de san Benito, supo unir
oración y trabajo (manual e intelectual), pluma y arado. El valiente testimonio de Bonifacio
es una invitación para todos nosotros a acoger en nuestra vida la Palabra de
Dios como punto de referencia esencial, a amar apasionadamente la Iglesia, a
sentirnos corresponsables de su futuro, a buscar la unidad en torno al
Sucesor de Pedro. Al mismo tiempo, él nos recuerda que el cristianismo,
favoreciendo la difusión de la cultura, promueve el progreso del hombre. Está
en nosotros, entonces, estar a la altura de un patrimonio tan prestigioso y
hacerlo fructificar para bien de las generaciones que vendrán. Me impresiona siempre este celo suyo
ardiente por el Evangelio: a los cuarenta años sale de una vida monástica
bella y fructífera, de una vida de monje y de profesor, para anunciar el
Evangelio a los sencillos, a los bárbaros; a los ochenta años, una vez más,
va a una zona donde prevé su martirio. Comparando esta fe suya ardiente, este
celo por el Evangelio, a nuestra fe tan a menudo tibia y burocratizada, vemos
qué hemos de hacer y cómo renovar nuestra fe, para dar como don a nuestro
tiempo la perla preciosa del Evangelio. [Tras los saludos, el Papa hizo el
siguiente llamamiento] He sabido con profundo dolor las
noticias del asesinato de dos jóvenes soldados británicos y de un agente de
la policía de Irlanda del Norte. Mientras aseguro mi cercanía espiritual a
las familias de las víctimas y a los heridos, expreso mi más firme condena
por tales execrables actos de terrorismo que, además de profanar la vida
humana, ponen en serio peligro el proceso político en curso en Irlanda del
Norte y corren el riesgo de apagar las muchas esperanzas suscitadas por éste
en la región y en el mundo entero. Rezo al Señor para que nadie se deje
nuevamente vencer por la horrenda tentación de la violencia, sino que cada
uno multiplique los esfuerzos para seguir construyendo, a través de la
paciencia del diálogo, una sociedad pacífica, justa y reconciliada. [Traducción del original italiano
por Inma Álvarez] |
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Un abrazo, y nuestras oraciones. Selección de noticias: Silvia de
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