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Noticias desde la Parroquia
Fátima
Domingo 15 de Abril de 2001 -
Año III - N° 99
I.- ARGENTINA
1. Cardenal argentino lava los pies a enfermos
de SIDA
2. Continúan a paso firme construcción
de santuario mariano
II.- SANTA SEDE
3. Viacrucis en el Coliseo: el Papa deja los papeles
e improvisa su meditación
4. Ortodoxos, protestantes y católicos juntos
en la primera pascua del milenio
5. Juan Pablo II confiesa a peregrinos el viernes
santo
6. El Papa: la eucaristía, escándalo
de amor que nos sobrepasa
7. Juan Pablo II a los jóvenes: «¡hasta
que volvamos a vernos en Toronto!»
8. 350.000 jóvenes no canadienses reservan
plaza para Toronto 2002
9. El Papa y presidente De La Rúa comparten
emotivo Avemaría
10. Reservas morales de Argentina aseguran esperanza
para el futuro, dice el Papa
Fuentes de la información:
Agencia Zenit
Agencia A.C.I.
Noticias eclesiales
on-line
Agencia AICA
I.- ARGENTINA
1. CARDENAL ARGENTINO LAVA LOS PIES A ENFERMOS DE SIDA
BUENOS AIRES, 13 abril 2001 (ZENIT.org).- El cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, lavó este Jueves Santo los pies de 12 enfermos de sida internados en el Hospital General de Infecciosos Francisco Muñiz, imitando el gesto de Jesucristo en la Ultima Cena.
El purpurado porteño celebró en el nosocomio la misa de la «Cena del Señor» junto a pacientes, enfermeras, médicos, voluntarios y familiares. Tras la homilía, repitió la ceremonia de lavado de pies de doce infectados por el virus del HIV y les expresó su cercanía y acompañamiento.
Después, tras la liturgia eucarística, llevó la
comunión a los internados que no pudieron participar de la misa
e impartió la unción de los enfermos.
ZS01041301
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2. CONTINÚAN A PASO FIRME CONSTRUCCIÓN DE SANTUARIO MARIANO
BUENOS AIRES, 6 Abr. 01 (ACI).- Desde que comenzó hace 13 años, la construcción del Santuario dedicado a la Virgen del Rosario de San Nicolás –advocación mariana que surgió en 1983– sigue dando pasos firmes, esta vez con la colocación de las láminas de cobre que cubrirán el exterior de la cúpula, y que completarían el 70 por ciento de la totalidad del templo.
Pese a que la obra se solventa únicamente con la contribución personal de los fieles –y no con el aporte del Estado o de empresas–, los avances continúan desde hace más de una década y se proyectan a ser terminados en otros 13 años.
La advocación mariana surgió a partir de que –según las creencias populares– una imagen de la Virgen con un rosario en la mano comenzó a aparecérsele el 25 de setiembre de 1983 a una humilde vecina de San Nicolás, Gladys Motta. Además de mensajes religiosos, la Virgen le transmitió su deseo de que en las afueras de esa ciudad bonaerense, en un terreno llamado El Campito, se levantara un santuario en su honor.
La difusión de las apariciones, que siguieron adjudicándosele a la Virgen en los años siguientes, suscitaron un gran fervor. Así, cada 25 de mes y, particularmente, los 25 de setiembre, multitudes empezaron a congregarse en El Campito. Luego, las autoridades religiosas dispusieron la construcción del santuario.
La obra fue inicialmente proyectada por un grupo de arquitectos nicoleños encabezados por Mario Magni. Con un estilo moderno, con raíces renacentistas, el santuario tiene 80 metros de longitud por 22 de ancho en la parte más fina y 50 en la más gruesa, donde se levanta la cúpula que, considerando desde el suelo hasta la linterna y la cruz que la corona, alcanza una altura de 62 metros. El templo –que va siendo habilitado parcialmente– tiene una capacidad de 5 mil fieles.
En cuanto a la colocación de las láminas de cobre en la cúpula, son adosadas a un entablonado de madera timbó. Entre medio se colocan materiales para la aislación hidráulica y térmica. Con el tiempo, el cobre se va cubriendo de una pátina que le cambia el tono dorado por uno verdoso como suele verse en las cúpulas antiguas.
La edificación está integrada a El Campito, que empezó a forestarse para convertirse en un lugar de oración. También habrá un paseo junto a las lindantes barrancas del río Paraná, que hará la municipalidad. Las tareas de terminación fueron diseñadas por los arquitectos Demetrio Siderakis y Carlos Pons.
El rector del santuario, Padre Carlos Pérez, explicó al diario Clarín que la recolección de los fondos es ardua, pero destacó la generosidad de los fieles, muchos de ellos de escasos recursos.
"Podíamos haber gestionado aportes del Estado, pero no quisimos",
afirmó el sacerdote y agregó que en cuanto a las empresas,
se hicieron algunos pedidos pero que no hubo eco favorable. Con todo, subrayó
su satisfacción porque el templo es la suma del esfuerzo y la oración
de los fieles. "Lo que queremos es que ellos asuman como propia la obra",
añadió.
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II.- SANTA SEDE
3. VIACRUCIS EN EL COLISEO: EL PAPA DEJA LOS
PAPELES E IMPROVISA SU MEDITACIÓN
Un acontecimiento seguido por canales de televisión de todo
el mundo
CIUDAD DEL VATICANO, 13 abril 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II presidió el Víacrucis del Viernes Santo, como todos los años, en el imponente marco del Coliseo, un acontecimiento seguido por los canales de televisión de todo el mundo.
Al final, antes de dar su bendición a los miles de peregrinos presentes, que llevaban velas para iluminar la noche romana, Juan Pablo II sorprendió dejando a un lado los papeles y ofreciendo una meditación espontánea sobre el testimonio que deben dar los cristianos de la cruz de Cristo a inicios de milenio.
«Salve Cruz», comenzó diciendo en latín y añadió en italiano: «La Iglesia de Cristo confiesa esta realidad divina y humana. Lo ha confesado así durante dos mil años. Y hoy, por primera vez en este milenio, lo confesamos ante todo el mundo, aquí en Roma, con este Viacrucis, en torno al Coliseo romano».
«En el tercer milenio queremos confesar que por su cruz el Hijo de Dios, aceptando esta humillación destinada a esclavos, la llevó a la glorificación, a la adoración», añadió el Santo Padre.
«Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu cruz redimiste al mundo», añadió otra vez en latín y concluyó: «Que esta verdad, confesada hoy en la Basílica de San Pedro y en el Coliseo romano, sea la luz y fuerza en este tiempo que hemos inaugurado desde hace algunos meses. ¡Salve, Cruz del Coliseo romano! ¡Salve, en el umbral del tercer milenio! ¡Salve, a través de todos los años, de los siglos de este nuevo tiempo que se abre ante nosotros!».
Él camino de la cruz discurrió por el interior del Coliseo --el famoso anfiteatro Flavio, que recuerda los sufrimientos de los primeros cristianos--, continuó por delante del Arco de Trajano y concluyó en la colina del Palatino.
El cardenal vicario de la diócesis de Roma, Camillo Ruini, llevó la Cruz en las dos primeras estaciones. Después el símbolo de los cristianos fue portado por un matrimonio romano y sus tres hijos; por una mujer de Ruanda, otra de Tailandia, otra de la República Dominicana y, al final, por frailes franciscanos.
Guiaron la meditación del Papa y de estos millones de peregrinos (tanto los presentes en Roma como los televidentes) las meditaciones escritas por John Henry Newman (1801-1890), anglicano convertido al catolicismo y una de las figuras más importantes para la Iglesia católica de Inglaterra en el siglo XIX.
En meditación absorta, Juan Pablo II siguió el Viacrucis desde el monte Palatino el camino de la cruz de rodillas. Al final, en el último tramo, a partir de la decimotercera estación tomó la cruz.
Ofrecemos a continuación las palabras que el pontífice
había preparado para esta ocasión y que sin embargo dejó
a un lado para ofrecer una meditación improvisada frente al misterio
de la Cruz.
* * *
1. «Cristo se ha hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz» (Fil 2,8).
Acabamos de concluir el Víacrucis que, como cada año, nos reúne en la tarde del Viernes Santo en este lugar evocador de profundos recuerdos cristianos. Hemos recorrido las huellas del Inocente injustamente condenado, teniendo fija la mirada sobre su rostro adorable: rostro ofendido por la maldad humana, pero iluminado por el amor y del perdón.
¡Es verdaderamente sobrecogedor el acontecimiento dramático de Jesús de Nazaret! Para restablecer la plenitud de vida en el hombre, el Hijo de Dios se ha anonadado del modo más humillante. De la muerte, libremente elegida por Él, mana sin embargo la vida. Dice la Escritura: «oblatus est quia ipse voluit». El suyo es un extraordinario testimonio de amor, fruto de una obediencia sin igual, que va hasta la extrema donación de sí mismo.
2. «Obediente hasta la muerte y muerte de cruz» .
¿Cómo apartar la mirada de Jesús, que muere en la Cruz? Su cara afligida suscita desconcierto. El profeta afirma: «no tenía apariencia ni belleza para atraer nuestras miradas, ni aspecto que pudiésemos estimar. Despreciado y repudiado por los hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias, como uno ante quien se oculta el rostro» (Isaías 53, 2-3).
En aquel rostro se condensan las sombras de todos los sufrimientos, las injusticias, las violencias padecidas por los seres humanos de cada época de la historia. Pero ahora, delante de la Cruz, nuestras penas de cada día, y hasta la muerte, aparecen revestidas de la majestad de Cristo abandonado y moribundo.
El rostro del Mesías, sangrante y crucificado, revela que Dios se ha dejado implicar, por amor, en los hechos que atormentan a la humanidad. El nuestro ya no es un dolor solitario, porque Él ha pagado por nosotros con su sangre derramada hasta la última gota. Ha entrando en nuestro sufrimiento y ha roto la barrera de nuestro llanto desesperado.
En su muerte adquiere sentido y valor la vida del hombre y hasta su misma muerte. Desde la Cruz, Cristo hace un llamamiento a la libertad personal de los hombres y las mujeres de todos los tiempos y llama cada uno a seguirlo en el camino del total abandono en las manos de Dios. Nos hace redescubrir hasta la misteriosa fecundidad del dolor.
3. «Resplandezca sobre nosotros, Señor, la luz de tu
rostro» (Sal 4,7).
Mientras se concluye nuestra asamblea, seguimos meditando sobre el
misterio de este Rostro que innumerables artistas, a lo largo de los siglos,
han representado empeñando toda su maestría.
¡Ay, si los hombres se dejaran enternecer por sus rasgos inconfundibles! En aquel Rostro santo pueden encontrar adecuada respuesta los muchos interrogantes y dudas que agitan el corazón humano. De la contemplación del Rostro cariñoso del Hijo de Dios hecho hombre es posible sacar la fuerza para superar las horas de la oscuridad y el llanto. Desde el Calvario una paz divina inunda el universo en espera de la gloria de la Pascua.
Virgen María, que has quedado intrépida bajo la Cruz y has recogido en el regazo el cuerpo exánime de Jesús, ayúdanos a entender que nuestro sufrimiento es participación preciosa en la Pasión de tu divino Hijo, que por nuestro amor «se ha hecho obediente hasta la muerte y muerte de cruz». Conduce nuestros pasos por la senda de sus huellas indelebles, que nos conducirán al asombro y a la alegría de su resurrección.
N. B.: Traducción distribuida por la Sala de Prensa de la Santa Sede.
ZS01041307
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4. ORTODOXOS, PROTESTANTES Y CATÓLICOS JUNTOS EN LA PRIMERA PASCUA DEL MILENIO
Juan Pablo II decide adoptar gestos particulares en la misa del domingo
CIUDAD DEL VATICANO, 13 abril 2001 (ZENIT.org).- La primera Pascua del milenio es celebrada por una coincidencia al mismo tiempo por los cristianos de oriente y occidente, católicos, ortodoxos y protestantes. Juan Pablo II ha querido subrayar este hecho introduciendo en la eucaristía pascual que celebrará el domingo por la mañana elementos de la tradición litúrgica bizantina.
Para subrayar el anuncio de la Resurrección del Señor que proclaman los cristianos de oriente y occidente, en la misa se revivirá la antigua costumbre medieval de la Iglesia de Roma de cantar ante el Papa los «stichi» de la liturgia pascual bizantina, ha informado en un comunicado de prensa el obispo Piero Marini, maestro de las Celebraciones Litúrgicas Pontificias.
La última vez que cristianos de oriente y occidente celebraron juntos la Pascua fue en 1990. La diferencia de fechas en la celebración surgió con motivo de la reforma del calendario litúrgico realizada por el Papa Gregorio XIII en 1582. Los cristianos de oriente, en su mayoría ortodoxos, sin embargo, siguen calculando la fecha de la Pascua según el antiguo calendario Juliano, establecido por Julio César, en el año 46 antes de Cristo.
Los «stichi» son versículos del salmo 67 (68), intercalados por otros versos poéticos que cantan la resurrección de Jesús y la alegría cristiana. Su redacción actual se remonta al siglo VI-VII, pero en ellos se pueden constatar motivos teológicos de las homilías de los padres de la Iglesia de oriente, como Juan Crisóstomo, Basilio Magno, Gregorio Nacianceno, e incluso textos aún más primitivos, como homilías pascuales del siglo II.
«Entre todos los cristianos hay un creciente deseo por llegar a la celebración común de la Pascua en una misma fecha --explica monseñor Marini en su comunicado ilustrativo de la misa del domingo--. El Concilio Vaticano II, en el Apéndice a la Constitución litúrgica "Sacrosanctum Concilium" había expresado este deseo. En un diálogo ecuménico celebrado en Aleppo, en Siria, en el mes de marzo de 1997, se han presentado algunas hipótesis en este sentido».
Los versos de los salmos y poéticos serán proclamados ante el Santo Padre después de la proclamación del Evangelio. El coro interpretará una melodía rusa con la que Grigori Fjòdorovic Ljvovski (1830-1894) armonizó estos pasajes.
«De este modo --explica monseñor Marini-- el canto de Oriente y de Occidente, la secuencia pascual de la liturgia romana y el himno pascual de la liturgia bizantina proclamarán juntos la fe en la resurrección del Señor».
Se trata de un gesto simbólico que obedece a uno de las grandes
inquietudes actuales del Papa manifestada en la carta apostólica
con la que concluyó el Jubileo: «En esta perspectiva de renovado
camino postjubilar, miro con gran esperanza a las Iglesias de Oriente,
deseando que se recupere plenamente ese intercambio de dones que ha enriquecido
la Iglesia del primer milenio. El recuerdo del tiempo en que la Iglesia
respiraba con "dos pulmones" ha de impulsar a los cristianos de oriente
y occidente a caminar juntos, en la unidad de la fe y en el respeto de
las legítimas diferencias, acogiéndose y apoyándose
mutuamente como miembros del único Cuerpo de Cristo» («Novo
millennio ineunte», n. 48).
ZS01041308
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5. JUAN PABLO II CONFIESA A PEREGRINOS EL VIERNES SANTO
Un gesto con el que subraya todos los años la importancia del sacramento
CIUDAD DEL VATICANO, 13 abril 2001 (ZENIT.org).- Como ya es tradición, Juan Pablo II confesó en el mediodía de este viernes santo a 12 personas en la basílica de San Pedro del Vaticano, horas antes de dirigir el solemne Viacrucis en el Coliseo de Roma.
Poco después del mediodía, el Santo Padre descendió al templo más grande de la cristiandad. Al verle, los peregrinos rompieron en un poco litúrgico aplauso. A continuación, entró en un confesionario como un sacerdote más. Los peregrinos que hicieron fila para confesarse provenían de varias partes del mundo. Hablaban italiano, inglés, español, portugués y polaco.
Se trata de una costumbre que el Papa Wojtyla comenzó ya en 1979 y que no sólo le recuerda sus años de párroco, capellán de jóvenes y obispo, sino que busca subrayar la importancia vital del sacramento de la reconciliación en la vida de la Iglesia
En la carta que ha escrito a todos los sacerdotes del mundo con motivo del Jueves Santo de este año, el obispo de Roma considera que uno de los frutos más importantes del Jubileo ha sido el ver cómo muchas personas han regresado al sacramento de la confesión .
«Sería ingenuo pensar que la intensificación de
la práctica del Sacramento del perdón durante el Año
Jubilar, por sí sola, demuestre un cambio de tendencia ya consolidada
--añade--. No obstante, se ha tratado de una señal alentadora.
Esto nos lleva a reconocer que las exigencias profundas del corazón
humano, a las que responde el designio salvífico de Dios, no desaparecen
por crisis temporales. Hace falta recibir este indicio jubilar como una
señal de lo alto, que sea motivo de una renovada audacia en proponer
de nuevo el sentido y la práctica de este Sacramento».
ZS01041306
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6. EL PAPA: LA EUCARISTÍA, ESCÁNDALO DE AMOR QUE NOS SOBREPASA
Homilía en la misa en la Cena del Señor del Jueves Santo
CIUDAD DEL VATICANO, 12 abril 2001 (ZENIT.org).- La Eucaristía, «signo perenne del amor de Dios, amor que sostiene nuestro camino», se convirtió en el tema central de la homilía que pronunció este Jueves Santo Juan Pablo II en el misa en la Cena del Señor.
«Es un amor que supera la capacidad del corazón del hombre. Al detenernos esta noche a adorar el Santísimo Sacramento y al meditar en el misterio de la Última Cena, nos sentimos sumergidos en el océano de amor que mana del corazón de Dios».
Esta experiencia, concluyó, «no puede dejar de generar amor fraterno, ya sea en cada creyente, ya sea en toda la comunidad eclesial».
Ofrecemos a continuación el texto íntegro de la homilía del Santo Padre.
* * *
1. «In supremae nocte Cenae / recumbens cum fratribus... - La noche de la última Cena, / sentado en la mesa con los hermanos…,/ con sus propias manos/ se dio a sí mismo en comida a los doce».
Con estas palabras, el sugerente himno del «Pange lingua» presenta la Última Cena, en la que Jesús nos dejó el admirable sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. Las lecturas que acaban de proclamar, ilustran su sentido profundo. Componen casi un tríptico: presentan la institución de la Eucaristía, su prefiguración en el Cordero pascual, su traducción existencial en el amor y en el servicio fraterno.
Los cristianos, «profecía del mundo nuevo»
Ha sido el apóstol Pablo, en la primera Carta a los Corintios,
quien nos ha recordado lo que hizo Jesús «en la noche en que
iba a ser entregado». A la narración del hecho histórico,
Pablo añadió su proprio comentario: «cada vez que coméis
este pan y bebéis esta copa, anunciáis la muerte del Señor,
hasta que venga» (1 Corintios 11, 26). El mensaje del apóstol
es claro: la comunidad que celebra la Cena del Señor actualiza la
Pascua. La Eucaristía no es la simple memoria de un rito pasado,
sino la viva representación del gesto supremo del Salvador. Esta
experiencia tiene que llevar a la comunidad cristiana a convertirse en
profecía del mundo nuevo, inaugurado por la Pascua. Al contemplar
en la tarde de hoy el misterio de amor que nos vuelve a proponer la Última
Cena, también nosotros tenemos que permanecer en conmovida y silenciosa
adoración.
El «escándalo» de la Eucaristía
2. «Verbum caro, / panem verum verbo carnem efficit... El Verbo
encarnado / con su palabra transforma / el pan en su carne…».
¡Es el prodigio que nosotros, los sacerdotes, tocamos todos los días con nuestras manos en la santa Misa! La Iglesia sigue repitiendo las palabras de Jesús y sabe que está comprometida a hacerlo hasta el fin del mundo. En virtud de esas palabras se realiza un admirable cambio: permanecen las especies eucarísticas, pero el pan y el vino se convierten, según la feliz expresión del Concilio de Trento «verdadera, real y substancialmente» en el Cuerpo y la Sangre del Señor.
La mente se siente perdida ante un misterio tan sublime. Tantos interrogantes se asoman al corazón del creyente que, sin embargo, encuentra paz en la palabra de Cristo. «Et si sensus deficit / ad firmandum cor sincerum sola fides sufficit – Si los sentidos desfallecen / la fe es suficiente para un corazón sincero». Apoyados por esta fe, por esta luz que ilumina nuestros pasos también en la noche de la duda y de la dificultad, podemos proclamar: «Tantum ergo Sacramentum / veneremur cernui – A un Sacramento tan grande / venerémoslo postrados».
Nuevo Cordero
3. La institución de la Eucaristía se remonta así al rito pascual de la primera Alianza, que se nos describe en la página del Éxodo acaba de proclamarse: en ella se habla del cordero «sin defecto, macho, de un año» (Éxodo 12, 5) cuyo sacrificio liberaría al pueblo del exterminio: «La sangre será vuestra señal en las casas donde moráis. Cuando yo vea la sangre pasaré de largo ante vosotros, y no habrá entre vosotros plaga exterminadora» (12, 13).
El himno de santo Tomás comenta: «Et antiquum documentum / novo cedat ritui – abra paso la antigua Ley / al Sacrificio nuevo». Por ello, justamente, los textos bíblicos de la Liturgia de esta tarde orientan nuestra mirada hacia el nuevo Cordero, que con la sangre derramada libremente en la cruz ha establecido una nueva y definitiva Alianza. La Eucaristía es presencia sacramental de la carne inmolada y de la sangre derramada del nuevo Cordero. En ella se ofrecen a toda la humanidad la salvación y el amor. ¿Cómo es posible no quedar fascinados por este Misterio? Hagamos nuestras las palabras de santo Tomás de Aquino: «Praestet fides supplementum sensuum defectui – Que supla la fe a los defectos de los sentidos». ¡Sí, la fe nos lleva al estupor y a la adoración!
El lavatorio de los pies
4. Al llegar a este punto, nuestra mirada se dirige al tercer elemento
del tríptico que compone la liturgia de hoy. Se lo debemos a la
narración del evangelista Juan, quien nos presenta la imagen desconcertante
del lavatorio de los pies. Con este gesto, Jesús recuerda a sus
discípulos de todos los tiempos que la Eucaristía exige que
sea testimoniada en el servicio de amor a los hermanos. Hemos escuchado
las palabras del Maestro divino: «Pues si yo, el Señor y el
Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros
los pies unos a otros» (Juan 13, 14). Es un nuevo estilo de vida
que deriva del gesto de Jesús: «Os he dado ejemplo, para que
también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros»
(Juan 13, 15).
El lavatorio de los pies se presenta como un acto paradigmático, que tiene su clave de lectura y su explicación plena en la muerte en cruz y en la resurrección de Cristo. En este acto de servicio humilde, la fe de la Iglesia ve el fin natural de toda celebración eucarística. La auténtica participación en la Misa no puede dejar de generar amor fraterno, ya sea en cada creyente, ya sea en toda la comunidad eclesial.
5. «Los amó hasta el extremo» (Juan 13, 1). La Eucaristía constituye el signo perenne del amor de Dios, amor que sostiene nuestro camino hacia la plena comunión con el Padre, a través del Hijo, en el Espíritu. Es un amor que supera la capacidad del corazón del hombre. Al detenernos esta noche a adorar el Santísimo Sacramento y al meditar en el misterio de la Última Cena, nos sentimos sumergidos en el océano de amor que mana del corazón de Dios. Hagamos nuestro con espíritu agradecido el himno de acción de gracias del pueblo de los redimidos: «Genitori Genitoque / laus et iubilatio... – ¡Al Padre y al Hijo / alabanza y júbilo / salud, potencia, benedición/ y al que procede de los dos / que se dé igual gloria y honor!».
Amén.
N.B.: Traducción realizada por Zenit.
ZS01041210
7. JUAN PABLO II A LOS JÓVENES: «¡HASTA QUE VOLVAMOS A VERNOS EN TORONTO!»
En el domingo de Ramos entrega la Cruz de los jóvenes a los canadienses
CIUDAD DEL VATICANO, 8 abril 2001 (ZENIT.org).- Juan Pablo II celebró el Domingo de Ramos rodeado de miles de jóvenes y antes de despedirse, prometió: «¡Hasta que volvamos a vernos en Toronto!».
Cuando el pontífice pronunció estas palabras a mediodía, al final de la misa con la que dio inicio a la Semana Santa, la plaza de San Pedro estaba ya totalmente llena por unas 60 mil personas. Buena parte de los peregrinos presentes eran jóvenes católicos, que en este día celebraban a nivel diocesano la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).
La eucaristía se convirtió también en el momento en el que chicos y chicas italianos entregaron la Cruz de la JMJ a algunos coetáneos canadienses que vinieron a Roma para tomar el relevo. El próximo encuentro de los jóvenes del mundo con Juan Pablo II se celebrará en Toronto del 18 al 28 de julio de 2002.
En la Ciudad Eterna se reunieron el año pasado, en agosto, más de dos millones de jóvenes. En la alejada e inmensa Canadá los organizadores esperaban hasta hace unos días unos 500 mil peregrinos con mochila. Ahora comienzan a subir sus previsiones, pues ya se han inscrito unos 350 mil sin contar a los mismos canadienses. La Cruz de los jóvenes recorrerá en los próximos meses los estupendos paisajes canadienses como preparación para ese encuentro que se enmarca en la nueva evangelización promovida por el Papa y la Iglesia canadiense.
El pontífice quiere estar allí y así lo confesó esta mañana con claridad al saludar a los canadienses presentes. Entre ellos, se encontraban representantes de las comunidades indígenas del norte del país, vestidas con sus trajes tradicionales. Antes de recibir la cruz, algunos de ellos representaron el saludo que acompaña el inicio del período del año de luz en aquellas tierras. El Papa y los peregrinos escucharon así la imitación de dos pájaros de las praderas del norte, reali zada por una joven pareja indígena, con la que saludan el final del largo período de nieves.
Los peregrinos escuchaban el sugerente mensaje con los ramos de olivo en la mano, tras haber recordado durante la misa la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, así como aquellos conmovedores gritos de la muchedumbre de Jerusalén que gritaba «Crucifícale».
Los ramos habían sido bendecidos por el pontífice al inicio de una procesión por la plaza de San Pedro en la que los protagonistas fueron los jóvenes. El Papa les siguió después desde un jeep blanco. Luego, la misa se convirtió en una auténtica conmemoración de la pasión de Cristo. El momento más intenso se alcanzó cuando tres voces gregorianas recordaron los últimos momentos de Jesús, tal y como son narrados en el Evangelio.
Juan Pablo II escuchó con intensidad la narración y, en la homilía, volvió a invitar con energía a los jóvenes a seguir el camino de Jesús, único «camino para alcanzar la palma del triunfo en el día de la resurrección».
«Jesús --recordó el Santo Padre-- no vivió su propia existencia terrena como búsqueda del poder, como frenesí hacia el éxito o la carrera, como voluntad de dominio sobre los demás. Al contrario, renunció a los privilegios de su igualdad con Dios, asumió la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Obedeció al proyecto del Padre hasta la muerte en la cruz. Y así dejó a sus discípulos y a la Iglesia una enseñanza preciosa: "Si el grano de trigo caído en tierra no muere, permanece solo; si por el contrario muere, produce mucho fruto"».
El Papa no quiso despedirse sin pronunciar unas palabras en inglés dirigidas particularmente a los canadienses presentes: «Os aliento a preparar bien la próxima cita de la Jornada Mundial de la Juventud que tiene por tema "Vosotros sois la sal de la tierra… vosotros sois la luz del mundo» (Mateo 5, 13-14)"».
«Queridos jóvenes, preparaos para dar la bienvenida a la juventud del mundo a vuestro precioso país renovando vuestra fidelidad a Cristo Señor», concluyó. «¡Hasta que volvamos a vernos en Toronto!».
ZS01040810
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8. 350.000 JÓVENES NO CANADIENSES RESERVAN PLAZA PARA TORONTO 2002
Incluso judíos y musulmanes han ofrecido su colaboración
ROMA, 8 abril 2001 (ZENIT.org).- Cuando falta todavía más de un año para la celebración de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) en Toronto, 350.000 jóvenes de todos los continentes ya han hecho su reservación, según ha revelado hoy en Roma el director general de su organización, el sacerdote canadiense Thomas Rosica.
Para facilitar las reservaciones de participación en el encuentro, que tendrá lugar del 18 al 28 de julio de 2002 y en el que participará el Papa, se ha convertido en un instrumento eficaz la página web creada con este motivo, http://www.wyd2002.org.
El padre Rosica, basilio [de la Orden de San Basilio] de 42 años, no cabe en sí de la satisfacción. Había vuelto de Roma a Toronto, el pasado mes de agosto, con una idea clave: lanzar una auténtica pastoral juvenil nacional que nunca antes se había intentado en un país grande, extensísimo, que es una encrucijada de culturas y etnias, en el que la división entre anglófonos y francófonos no es sólo linguística.
Tenía un temor también: ¿no habría muchos jóvenes que se desanimarían a ir un lugar tan lejano y con un costo tan grande? Pocas semanas después el padre Rosica empezó a pellizcarse para comprobar que no estaba soñando, empezaron a llegar solicitudes: «Ya hemos recibido 350.000 peticiones de todo el mundo, excluido Canadá, sólo para el alojamiento. Ya 32 de las 72 diócesis del país se han declarado dispuestas, preparadas, felices de acoger a los jóvenes peregrinos. Y Canadá es muy grande, desde la Columbia Británica, en el Pacífico, hasta el Ontario, hay dos horas de vuelo... Pero el acontecimiento más importante es quizá otro».
La historia empieza en octubre pasado con motivo de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Canadiense (CCCB).
«Teníamos el deseo --recuerda-- de que la JMJ de 2002 fuera la ocasión para que por fin surgiera una verdadera pastoral juvenil nacional. Tras la JMJ, naturalmente. Pues bien lo que yo pensaba que fuera el postre de la jornada es en realidad el aperitivo».
«En febrero --sigue el padre Rosica-- se celebró el primer Foro nacional para responsables diocesanos de la pastoral diocesana. Asistieron 71 diócesis de un total de 72 pero porque un responsable se puso enfermo. Un total de 147 delegados de todo el país, anglófonos y francófonos. Pero esto no era todo».
«Vinieron los representantes de las eparquías ucraniana y eslovaca e incluso los maronitas». Pero no es todo. «Como digo que nuestro país es muy rico y variado. Nos buscan las comunidades judía, musulmana, y también los hindúes y los budistas. Nos están pidiendo si pueden ayudarnos de algún modo».
«Ahora --concluye el padre Rosica-- estamos preguntándonos
cómo podemos responder a tanta generosidad. Porque una cosa es clara,
la JMJ es una jornada católica. Pero ser católicos significa
también ser hospitalarios», afirma el padre Rosica.
ZS01040803
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9. EL PAPA Y PRESIDENTE DE LA RÚA COMPARTEN EMOTIVO AVEMARÍA
VATICANO, 6 Abr. 01 (ACI).- Con un emotivo Avemaría, rezado a solicitud de Fernando de la Rúa, concluyó el encuentro entre el Presidente argentino y el Papa Juan Pablo II, que confirmó a la nación sudamericana como una de las grandes aliadas de la vida y la familia en el mundo.
El Presidente De la Rúa comenzó su discurso destacando a Juan Pablo II como adalid de la paz, y subrayó "su decidida acción para evitar un enfrentamiento entre los pueblos hermanos de Argentina y Chile". Luego habló de la familia, "verdadera escuela del más rico humanismo" que "fue y será la forjadora de hombres y mujeres que, en la Argentina del segundo centenario, sean capaces de transmitir a las generaciones futuras la cultura del trabajo, la generosa acogida para con los más débiles, la amistad desinteresada y noble, virtudes que caracterizan a nuestro pueblo".
De la Rúa señaló que "la Argentina debe vencer la exclusión, la miseria, la deserción escolar, el flagelo de la droga y todas las formas de violencia que surgen en la sociedad a raíz de esos males". En esa lucha, el Gobierno se siente acompañado "por los obispos, sacerdotes, religiosas y laicos".
En el final de su discurso, de la Rúa dejó en claro que "los argentinos defendemos la vida, la dignidad del ser humano, en cada momento de su existencia. Nuestra voz se une vehementemente a la de Vuestra Santidad cuando intercede por los más desprotegidos, los niños por nacer, los enfermos y ancianos amenazados por leyes de eutanasia".
El Mandatario pidió entonces a Juan Pablo II rezar un Avemaría, tras el cual el Papa encomendó las súplicas a Nuestra Señora de Luján.
Defensa de la vida
El día anterior, el Presidente de la Rúa abrió las dos jornadas del Solemne Acto Académico convocado en ocasión del 450° aniversario de la Pontificia Universidad Gregoriana, ligada con la Argentina no sólo por allí se formaron numerosos obispos argentinos –incluyendo al actual Presidente del Episcopado, Mons. Estanislao Karlic–, sino también porque a su reconstrucción contribuyeron significativamente los católicos argentinos.
"Hoy en día en muchos lugares del mundo, incluso en los países desarrollados, encontramos un menosprecio por los derechos individuales fundamentales cuando se legitima el aborto, la manipulación genética, la eutanasia y la xenofobia", dijo el Presidente durante el discurso pronunciado en el aula magna de la Gregoriana.
Durante su ponencia, el Presidente reafirmó la tradicional posición argentina en relación al derecho a la vida desde la concepción, destacando así la continuidad en la política argentina respecto de este vital tema.
Más información
Presidente argentino visitará al Papa Juan Pablo II
http://www.aciprensa.com/notic2001/abril/notic1219.htm
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10. RESERVAS MORALES DE ARGENTINA ASEGURAN ESPERANZA PARA EL FUTURO, DICE EL PAPA
VATICANO, 6 Abr. 01 (ACI).- El Papa Juan Pablo II destacó la profunda identidad católica de Argentina al dar la bienvenida al presidente Fernando de la Rúa, quien llegó con su esposa y su séquito en su primera visita al Vaticano como jefe de Estado.
"Su país tiene hondas raíces católicas, por lo cual ha mirado siempre a la Iglesia y a este Sede Apostólica como un punto de referencia para su propia identidad e historia", dijo el Pontífice.
El Papa subrayó también que "la Iglesia católica, por encima de contingencias políticas y coyunturales, desea promover el bien integral de los ciudadanos, a pesar de los condicionamientos internacionales y de circunstancias internas complejas". "El desempleo lleva a personas, familias o grupos sociales a pensar en la emigración para buscar mejores horizontes de vida", afirmó.
Equidad social
"Ante esta situación, su gobierno es consciente de que urgen medidas orientadas a crear un clima de equidad social, favoreciendo una mayor justicia distributiva y una mejor participación en los grandes recursos con los que cuenta el país. Sólo así se podrá lograr una situación de paz en la justicia, basada en el esfuerzo común y en una economía que esté al servicio del hombre".
El Santo Padre manifestó el deseo de que la voz de los obispos, al reafirmar los principios de la doctrina social de la Iglesia, halle eco en los responsables de la administración pública, para evitar comportamientos "que pudieran favorecer la corrupción, la pobreza y todas las demás formas de violencia social que derivan de la ausencia de solidaridad. Las grandes reservas morales del pueblo argentino garantizan, con fundada esperanza, el futuro".
Reservas morales
El Papa señaló que el pueblo argentino "ha dado pruebas de su apego a los grandes valores, como la honestidad, la justicia, el respeto a la vida desde su concepción hasta la muerte natural. Argentina ha sostenido con empeño esos valores en diversos foros de debate, también internacionales. Frente a una concepción ampliamente difundida, que con frecuencia privilegia actitudes egoístas, poco respetuosas con los principios que protegen el primer y fundamental derecho humano, el derecho a la vida, es de justicia reconocer la clarividente y humanista visión de países soberanos, como el suyo, que son ejemplo de posturas en consonancia con el derecho natural".
Juan Pablo II concluyó reafirmando que no puede haber progreso
cuando se niegan "los valores humanos y morales fundamentales, no se logra
tampoco favoreciendo medidas que puedan atentar a la moralidad pública,
lo cual llevaría a consecuencias negativas no sólo en el
ámbito ético sino en perjuicio de la sociedad misma".
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