A menos de un mes de las Olimpiadas
Diocesanas 2007 y llenos de alegría por las pilas
y entusiasmo con el que cada comunidad está preparando sus
equipos para ser parte de esta linda jornada que compartimos año tras
año, nos comunicamos con ustedes para enviarles el nuevo reglamento y el
formulario de inscripción (ver archivos adjuntos).
Como ya sabrán, se realizan el 20 de Agosto
en el Campo de Deportes del colegio Marín a las 9 hs. La
inscripción sigue abierta hasta el lunes 13 de Agosto. A partir del
viernes 17/08 los fixtures de cada deporte estarán
publicados en la página web para que puedan consultar los horarios.
Recuerden por favor traer las cruces que les
entregamos el año pasado para poder hacer el intercambio
nuevamente entre las parroquias durante la oración inicial
presidida por Mñor. Casaretto como gesto
que simboliza la fraternidad entre las comunidades.
En Sintonía con el año jubilar dedicado al apóstol
San Pablo convocado por el Papa Benedicto XVI con motivo de celebrarse los
dos mil años de su nacimiento, el Seminario ofrece un curso breve de
profundización y exégesis bíblica:
“CARTA
A LOS ROMANOS”
a cargo del Prof. Daniel Torino
Los días jueves 6 – 13 y 20 de septiembre de
19.30 a 21.30 hs
Se requiere la inscripción previa por cupos
limitados
Informes e inscripción: Rodríguez Peña 765 Martínez
La
Fundación Antonio Maria Aguirre a traves del Teatro de la Cova continua con el tercer ciclo
didáctico de apreciación musical 2007. El jueves 16 de agosto a las 20.30 hs
MARCELO ARCE presentara
VIVA MOZARTSinfonia N` 40Concierto para Piano y Orquesta N` 23
El Instituto Superior de Catequesis Argentino (ISCA)
puso en marcha el III ISCA semipresencial en la región Platense
en una reunión que tuvo lugar en el obispado de Azul el mes pasado, y en la
diócesis de Río Cuarto presentó el Curso de Agentes Multiplicadores, con
carácter semipresencial, como una nueva modalidad
para la formación de los catequistas.
III ISCA Región
Platense
El martes 30 de Julio se realizó en el obispado de
Azul una reunión para poner en marcha el IIIº ISCA semipresencial en la Región Platense.
Estuvieron presentes el obispo y delegado de los obispos de
la región, monseñor Hugo Salaberry, para acompañar
el proceso; el director de Catequesis de Azul, presbítero José Luis Depascuale; el presbítero Alejandro Boudgouste;
el presbítero José
Luis Quijano, rector del ISCA, y la profesora Laura
de Isla.
El sábado 1° de setiembre
tendrá lugar una jornada para los animadores del Proceso de Admisión a este
nuevo ISCA Regional, un nuevo servicio eclesial en orden a capacitar agentes
para la animación de la pastoral catequística diocesana.
Curso de Agentes
Multiplicadores
Ante la solicitud del obispo de Río Cuarto, monseñor
Eduardo Eliseo Martín, el ISCA inició, a través de su sitio www.catequistas.org,
la puesta en marcha de este curso semipresencial en
la diócesis.
La propuesta formativa combina los encuentros presenciales en esa jurisdicción, coordinados por el
ISCA, con el soporte y la tutoría virtual, desde el sitio web.
La experiencia potencia una valiosa sinergia entre
la pedagogía propia de las clases presenciales y la
formación virtual, favoreciendo una formación de calidad para los
catequistas, que se integrarán a las estructuras diocesanas de animación y
formación.
El Instituto Nacional de Formación de Pastoral de
Juventud, Cardenal Eduardo Francisco Pironio,
relanzó los cursos a distancia sobre Espiritualidad juvenil y Diálogo y
participación ciudadana y anunció que el tercer fin de semana de agosto se
llevarán a cabo un taller sobre Proyecto de vida y el tercer módulo del
programa Acompañar.
Los cursos con modalidad a distancia comenzaron el
1° de agosto y se desarrollarán a lo largo de cuatro meses.
El primero tiene por objetivo formar jóvenes y
asesores en el acompañamiento de procesos personales y comunitarios de los
jóvenes para hacer “crecer la vida en el Espíritu”, y acompañar
los procesos de crecimiento y maduración de la Fe desde una “vida en el
Espíritu” para el seguimiento de Jesucristo.
Con Diálogo y participación ciudadana se busca
promover la formación de jóvenes en la participación, el diálogo y la
animación comunitaria, social y política de manera que sean capaces de
participar protagónicamente en proyectos colectivos
de intervención social, educativa, económica y política, dentro del marco del
pensamiento social de la Iglesia.
Por otro lado, los días 18 y 19 de agosto se llevará
a cabo el taller Proyecto de vida para asesores, jóvenes y animadores de
comunidades juveniles que, con el lema “Camino, verdad y vida”
permite ver el tema “Proyecto de vida” dentro de la simbología
del camino a recorrer.
Y del 18 al 20 de agosto se dictará el tercer módulo
del programa Acompañar, sobre “Vocación de Cristo y misión del
Reino”, para la formación de asesores con el objetivo que descubran
plenamente el llamado que Dios les hace para ejercer el ministerio de
acompañar, en nombre de la Iglesia, los procesos de educación en la fe de los
jóvenes.
Dos nuevas obras que forman parte de su
“Colección Biblia”, puso en circulación la Editorial Claretiana. Se
trata de “Carta a los Hebreos”, de Luís Heriberto Rivas, y
“Judas Iscariote: Verdad y leyenda”, de
Horacio Lona.
En la primera obra monseñor Rivas invita a recorrer
la Carta a los Hebreos en la que se proclama a Jesucristo como la realización
plena del culto del pueblo de Israel.
El autor explica por qué se llama carta a un texto
que no tiene forma de tal, y por qué “a los Hebreos”. Luego se
detiene en explicar quién es el autor, la aceptación de la Iglesia, la fecha
del escrito y sus destinatarios y el plan de la obra. Tras algunas
nociones previas, Rivas divide el libro en seis capítulos: “Hijo y
hermano”, “Sumo Sacerdote”, “El Sacrificio”,
“La fe y la perseverancia”, “Los frutos de la
justicia” y “Bendición y esquela”.
Judas Iscariote
La otra entrega de la “Colección Biblia”,
de Editorial Claretiana es “Judas Iscariote:
verdad y leyenda” (De los evangelios al evangelio de Judas), de Horacio
Lona.
Grande es la atracción que el personaje de Judas Iscariote ha ejercido y sigue ejerciendo, tanto en el
ámbito de la teología como en el de la literatura.
El autor propone, como camino para entender quién
fue Judas, rastrear en las huellas de la tradición cristiana, en el Nuevo
Testamento y en el tiempo posterior. Sólo sobre esta base se podrá hacer una
interpretación de su persona e historia, y determinar los rasgos de alguien
que en un principio era discípulo de Jesús.
La contribución de Editorial Claretiana a la
evangelización mediante la Colección Biblia se completa con otros diez
volúmenes ya aparecidos: “El Evangelio de Lucas”, de Miguel A.
López; “¿Qué es un Evangelio?” y “Evangelios
Apócrifos”, de Luís Heriberto Rivas; “El Evangelio de
Marcos” y “El Evangelio de Mateo”, de Eduardo Cisterna;
“El Evangelio de Juan” y “Las Cartas Apostólicas”, de
Horacio Lona; “Las Cartas de Pablo”, de UgoVanni SJ; “Hechos de los Apóstoles”, de
Eduardo de la Serna; y “El Apocalipsis”, de Andrés Marengo.
Claretiana está en Lima 1360, (1138) Buenos Aires,
tel.(011) 4305-9597/9510, fax:(011) 4305-6552; correo electrónico: ventas@...
; página wew: www.editorialclaretiana.com.ar
y en sus seis sucursales: Rodríguez Peña 898, 1020 Buenos Aires, tel. (011)
4812-3411; Aráoz 2968, 1425 Buenos Aires, tel.
(011) 4806-8266; San Martín 379, 1708 Morón, tel.(011) 4489-5770; Ignacio
Arieta 3045, 1754 San Justo, tel. (011) 4484-6216; Av. Hipólito Irigoyen
8833, 1832 Lomas de Zamora, tel. (011) 4392-0882; Calle 51 Nº 819, 1900 La
Plata, tel. (0221) 482-5373.+
La evolución no responde a todas las preguntas del hombre, reconoce el Papa
Analiza la dificultad de los jóvenes para encontrar el sentido a la vida
CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 27 julio 2007 (ZENIT.org).- La evolución no responde a todas las preguntas del ser humano, en particular, sobre el sentido de la vida, considera Benedicto XVI.
A esta conclusión llegó al responder a la pregunta de un sacerdote sobre la crisis de sentido entre los jóvenes, que en ocasiones termina con el suicidio, en un encuentro con 400 presbíteros, el 24 de julio en Auronzo, localidad de los Dolomitas.
«En un primer momento parece que no tendríamos necesidad de Dios, es más, que sin Dios estaríamos más libres y el mundo sería más grande. Pero después de un cierto tiempo, en nuestras nuevas generaciones, se ve lo que sucede cuando desaparece Dios», respondió el Papa.
«El grande problema es que si Dios no existe y no es el Creador de mi vida, en realidad la vida se convierte en un simple pedazo de la evolución, nada más, no tiene sentido por sí misma», añadió.
«Por el contrario, yo tengo que tratar de dar un sentido a este pedazo de ser», explicó.
«Veo que en Alemania y en los Estados Unidos se da un debate bastante duro entre el así llamado creacionismo y el evolucionismo, presentados como si fueran alternativas que se excluyen: quien cree en el Creador no podría pensar en la evolución y, por el contrario, quien afirma la evolución debería excluir a Dios».
«Esta contraposición es una absurdidad, pues por una parte hay muchas pruebas científicas a favor de una evolución que se presenta como una realidad que tenemos que ver y que enriquece nuestra conciencia de la vida y del ser como tal».
«Pero la doctrina de la evolución no responde a todas estas preguntas y no responde, en particular, a la gran pregunta filosófica: ¿de dónde viene todo? ¿Cómo se ha emprendido todo un camino que llega finalmente hasta el hombre?».
«Me parece muy importante», explicó, «que la razón se abra más, que ciertamente vea estos datos, pero que también vea que no son suficientes para explicar toda la realidad».
«No es suficiente, nuestra razón es más amplia y puede comprender también que nuestra razón en el fondo no es algo irracional, un producto de la irracionalidad, sino que la razón precede todo, la razón creadora, y que somos realmente el reflejo de la razón creadora».
«Hemos sido concebidos y queridos y, por tanto, hay una idea que me precede, un sentido que me precede y que tengo que descubrir, seguir y que en último término da sentido a mi vida», subrayó.
Esta visión, aclaró, es necesaria para comprender también el sentido del dolor.
«En este sentido, diría que es importante hacer que los jóvenes descubran a Dios, hacer que descubran el amor verdadero, que crece precisamente en la renuncia, y hacer que descubran también la bondad interior del sufrimiento, que me hace más libre y más grande», concluyó.
Benedicto XVI afronta con sacerdotes los desafíos pastorales de la Iglesia
«La Iglesia somos nosotros mismos y en este camino todos tenemos que colaborar»
AURONZO, martes, 24 julio 2007 (ZENIT.org).- Algunos de los más apremiantes desafíos pastorales de la Iglesia fueron afrontados este martes por Benedicto XVI en una sesión de preguntas y respuestas con 400 sacerdotes.
Cinco presbíteros de la diócesis de Belluno-Feltre y otros cinco de la de Treviso expusieron al Papa sus interrogantes en la iglesia de Santa Justina Mártir, en Auronzo, cerca de Lorenzago de Cadore, donde el Papa pasa sus vacaciones.
A la salida del encuentro, respondiendo a los periodistas, el mismo Santo Padre explicó que durante el diálogo «hemos hablado de la Iglesia, de Dios, de la humanidad de hoy»
«La Iglesia somos nosotros mismos y en este camino todos tenemos que colaborar», reconoció.
Dado que el encuentro estaba reservado a los sacerdotes, los periodistas no pudieron escuchar las respuestas. Los contenidos han podido conocerse por un resumen hecho por el padre Federico Lombardi, S.I., director de la Oficina de Información de la Santa Sede.
Las preguntas de los sacerdotes ofrecieron al Papa la posibilidad de hablar sobre cuestiones como la evangelización y el diálogo respetuoso con las demás religiones en un contexto de fuerte inmigración.
El pontífice respondió también a la cuestión «siempre delicada que afecta a muchas personas», explica el padre Lombardi, «de los divorciados vueltos a casar».En particular, explicó «cómo conciliar misericordia y verdad».
Otros temas del diálogo fueron la fidelidad al Concilio Vaticano II y a su espíritu, el desafío de la formación de los jóvenes y de su conciencia moral, los problemas de la vida sacerdotal, las prioridades de su ministerio en la situación actual.
«La esencia del cristianismo no puede ser considerada simplemente como un paquete de dogmas», añadió el Papa, según refirió el padre Lombardi. La mejor manera de testimoniar a Dios a los hombres consiste en anunciarle en la vida de todos los días «con amor, fe y esperanza».
Se vive la religión católica «con los pies en la tierra y los ojos dirigidos al cielo», recordó. Por tanto, una buena pastoral «ayuda a ver la belleza de todos los dones», aclaró suscitando un aplauso entre los sacerdotes.
Los católicos, recalcó, deben ser hombres que han recibido y reconocen que la luz de Dios da sentido y esplendor a todo el mundo. Y, por tanto, da sentido a la vida.
«Los sacerdotes presentes no se perdía una palabra de sus labios», refirió el portavoz vaticano.
A la salida del encuentro, el Papa confesó que este período «bellísimo» de vacaciones en la tierra de los Dolomitas ha sido de descanso «no sólo para el corazón, sino también para el alma»
«No sólo he respirado este aire, don del creador, sino también este aire de amistad y de cordialidad del que me siento profundamente agradecido», reconoció.
Tras la visita a Auronzo, el Papa regresó a la casa de Lorenzago di Cadore, donde continúa sus vacaciones hasta el próximo viernes.
Ante la gran difusión del divorcio, el Papa pide prevención y acompañamiento
Respuesta a la pregunta de un sacerdote
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 25 julio 2007 (ZENIT.org).- En una sociedad en la que el divorcio se está convirtiendo en un fenómeno de masa, Benedicto XVI pide a las comunidades católicas responder con «prevención» y «acompañamiento».
Es el consejo que ofreció el martes en una sesión de preguntas y respuestas en la que participaron 400 sacerdotes de las diócesis de Belluno-Feltre y Treviso, en la iglesia de santa Justina Mártir, en Auronzo, localidad cercana a Lorenzago de Cadore, donde pasa las vacaciones.
Para el Papa, la gran novedad del fenómeno, respecto al pasado, es que el divorcio ya forma parte de la vida de muchísimas personas, convirtiéndose en algo normal, y ofuscando la visión del matrimonio indisoluble.
Dos axiomas «El Derecho Canónico supone que el hombre como tal, aunque no tenga una gran educación académica, pretenda contraer matrimonio según la naturaleza humana, como lo indican los primeros capítulos del Génesis. Es hombre, tiene la naturaleza humana, y por tanto sabe qué es el matrimonio».
«Pero hoy este axioma según el cual el hombre pretende hacer lo que es propio de su naturaleza, un matrimonio único, fiel, se transforma en un axioma algo diferente», pues el divorcio se ha convertido en una experiencia «de las demás personas»
«Ya no sólo habla la naturaleza, sino que también hablan los “demás hombres”, lo que hacen los demás», y lo que hacen los demás «es casarse con la idea de que un día el matrimonio pueda fracasar y se pueda pasar a otro, a un tercero, a un cuarto matrimonio».
«Este modelo “como lo hacen todos” se convierte de este modo en un modelo en contraposición con lo que dice la naturaleza».
Por este motivo, el obispo de Roma considera que «para ayudar a vivir realmente el matrimonio no sólo en el sentido en que lo entiende la Iglesia, sino también el Creador, tenemos que reparar la capacidad de escuchar la naturaleza».
«Redescubrir detrás de lo que hacen todos lo que nos dice la misma naturaleza, que habla de una manera diferente a esta costumbre moderna. Nos invita, de hecho, al matrimonio de por vida, en una fidelidad para toda la vida, incluso con los sufrimientos propios de crecer juntos en el amor».
Preparación y acompañamiento El obispo de Roma pidió, por tanto, promover los «cursos preparatorios al matrimonio», «un camino de redescubrimiento para volver a aprender lo que nos dice nuestro ser, ayudar a lograr una verdadera decisión por el matrimonio según el Creador y según el Redentor».
«Pero no basta la preparación, las grandes crisis vienen después», reconoció, subrayando la importancia del acompañamiento «al menos en los primeros diez años» de matrimonio.
«Que los sacerdotes y la familias, que ya han pasado por estas experiencias, que conocen estos sufrimientos, estas tentaciones, estén presentes en los momentos de crisis», pidió.
«Es importante la presencia de una red de familias que se ayuden y hay movimientos que pueden ofrecer una gran contribución», añadió, «en esta situación moderna, en la que todo habla contra la fidelidad de por vida».
Divorciados vueltos a casar En caso de fracaso, el pontífice reconoció que se debe analizar la cuestión de si se dio «realmente la voluntad» que exige el sacramento de vivir el matrimonio indisoluble, «y por este motivo existe eventualmente el proceso para la declaración de nulidad» matrimonial.
«Si se trataba de un verdadero matrimonio y, por tanto, no pueden volver a casarse, la permanente presencia de la Iglesia ayuda a estas personas a soportar otro sufrimiento»: «vivir en un nuevo vínculo, que no es el sacramental y que no permite por tanto la comunión plena en los sacramentos de la Iglesia».
«En este caso, habría que enseñar a aprender a vivir con este sufrimiento», indicó.
También en esta situación, siguió diciendo, «la presencia del sacerdote, de las familias, de los movimientos, la comunión personal y comunitaria, la ayuda del amor al prójimo, un amor muy concreto, son de enorme importancia».
«Y pienso que sólo este amor de la Iglesia, que se concreta con un acompañamiento múltiple, puede ayudar a estas personas a sentirse amadas por Cristo, miembros de la Iglesia aunque atraviesen una situación difícil, y de este modo vivir la fe», concluyó respondiendo a la pregunta de un sacerdote.
Arzobispo Amato: «El Papa recobra un retrato vivo de Jesús»
«A menudo empañado hasta resultar irreconocible»
ARANJUEZ (MADRID), miércoles, 25 julio 2007 (ZENIT.org-Veritas).- El secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe, monseñor AngeloAmatosdb., presentó este martes el libro de Benedicto XVI, «Jesús de Nazaret», en el Curso de Verano sobre el pensamiento del Papa, organizado por la Fundación Universidad Rey Juan Carlos, que está teniendo lugar durante esta semana en Aranjuez.
El arzobispo salesiano resumió el trabajo del Papa como el de un «minero» que encuentra una piedra preciosa y consigue recobrar «un retrato vivo de Jesús, a menudo empañado hasta resultar irreconocible por mil hipótesis diferentes».
Asimismo, invitó «a acercarse al libro, a leerlo atentamente y a descubrir con estupor el rostro de Cristo que revela el Evangelio».
Monseñor Amato dijo que el gran empeño de Benedicto XVI ha sido presentar el «retrato verdadero» de Jesucristo, y añadió que lo ha hecho desde una «reflexión sapiencial sobre Jesús, fruto de la ciencia, la experiencia, y sobre todo, el amor».
El prelado indicó que se trata sencillamente de presentar a «Jesús de Nazaret, el Jesús de los Evangelios y de la Iglesia» y no el Jesús de los diversos autores, el Jesús «que vivió sobre nuestra tierra, que se da a conocer como Hijo de Dios ya antes de la Pascua, el Jesús de la historia y de la fe».
En este contexto, monseñor Amato dijo que el Papa «cumple una indispensable obra de purificación y oxigenación de la investigación contemporánea sobre Jesús».
El secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe dijo que a diferencia de la mejor creatividad artística y de las grandes presentaciones literarias, como las de Dostoievsky, Unamuno, Bernanos o Papini --que a través de distintas narraciones hablaban del mismo Cristo--, «la búsqueda contemporánea pierde el rostro bíblico del Señor reduciéndolo a una figura del pasado» y reconociendo en Él a lo sumo «a un maestro de moral o un revolucionario».
Asimismo, y respecto a lo que ocurre con otros personajes antiguos como Buda o Mahoma, monseñor Amato denunció, en el caso de Cristo, la existencia de un «ensañamiento investigador que disuelve su sentido y valor, arrojando dudas sobre lo dicho y lo hecho por Jesús, y lo que ha transmitido la Iglesia».
El prelado expuso algunas de las claves interpretativas erróneas, unidas todas por el «rechazo de fondo a lo sobrenatural»: desde la racionalista a la fantástica (donde se inventan incluso personajes y hechos nunca narrados por los Evangelios), pasando por la mítica o la escéptica, hasta llegar a la interpretación estética de Renán o las interpretaciones liberal y modernista.
No obstante, monseñor Amato reconoció también «otros enfoques no ideológicos», en los que se dan «desarrollos originales y positivos» que hacen hincapié tanto en el «Jesús de la historia como en el kerygma».
El secretario del dicasterio vaticano dijo que en los Evangelios hay un «sólo protagonista: Jesús» y explicó el carácter de «género biográfico» de los Evangelios, distante de tantas «biografías modernas».
Monseñor Amato dijo que los Evangelios son una «biografía» de Jesús, más que un testimonio de la fe de las primeras comunidades cristianas, que se describe sobre todo en los otros libros del Nuevo Testamento (Hechos de los Apóstoles, Epístolas, Apocalipsis).
Según el prelado, tanto la «validez histórica de los Evangelios» como su «cualidad biográfico» son una base fundamental para toda Cristología, también la que Benedicto XVI desarrolla en «Jesús de Nazaret».
En este contexto, el arzobispo dijo que el empeño del Papa con esta obra es armonizar «la historia y la fe». Desde el punto de vista metodológico, el Papa reconoce el valor de las fuentes bíblicas y armoniza el Jesús de la Historia y el Jesús de la Fe, oponiéndose también a un «fideísmo acrítico».
«La fidessin la historia carece de fundamento, la historia sin fideses insuficiente para afrontar la verdad de Dios en Cristo. Éstos son los pilares de la verdad del cristianismo: la salvación en la historia y en la fe», subrayó monseñor Amato.
Respecto al contenido del libro, el arzobispo dijo que Benedicto XVI presenta a Jesús como el «nuevo Moisés», ya que a diferencia del profeta, Cristo contempla el rostro de Dios, y añadió que este contacto «inmediato» con el Padre es la «clave para una recta comprensión de Jesús». Según monseñor Amato, el libro del Papa ofrece una «síntesis de Cristología prepascual».
Finalmente, monseñor Amato hizo una breve reseña de los capítulos del libro (Bautismo; Tentaciones; Evangelio del Reino; Bienaventuranzas; Llamada a los 12 discípulos; Parábolas; Imágenes joánicas relativas a Jesús; confesión de Pedro y Transfiguración; y Títulos y afirmaciones que se atribuye el propio Jesús).
Los obispos de Brasil explican un documento vaticano
BRASILIA, martes, 17 julio 2007 (ZENIT.org).- La Comisión para el ecumenismo de la Conferencia Episcopal de Brasil hizo pública el pasado 12 de julio una nota firmada por el presidente de la Comisión, monseñor José Alberto Moura, en la que comenta el documento de la Congregación vaticana para la Doctrina de la fe «Respuestas a preguntas relativas a algunos aspectos acerca de la Doctrina sobre la Iglesia».
Según la Comisión, las «Respuestas de Benedicto XVI sobre la Iglesia tienen una finalidad precisa: evitar lo que el Papa considera «relativismo eclesiológico» desde el punto de vista de la teología católica».
Respecto al diálogo con las demás Iglesias y Comunidades cristianas, la Comisión destaca tres puntos.
El primero se refiere a la afirmación de que la Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica.
Esta cuestión, según la Comisión para el Ecumenismo «no niega la identidad cristiana de otras confesiones, como insinuaron erróneamente algunos titulares. La Iglesia católica reconoce que las otras Iglesias y Comunidades expresan su carácter cristiano al proclamar la redención de la humanidad en Cristo, según las Escrituras, y al profesar la fe en la Santísima Trinidad, en cuyo nombre administran el Bautismo».
Para la Comisión, «nuestra fe común en el Evangelio no debe resultar perjudicada por las divergencias doctrinales aún existentes. Al contrario, en nombre del propio Cristo insistimos en dialogar y orar juntos ‘para que todos sean uno’ (Juan 17,21)».
La Comisión de la CNBB también cita en su nota el documento «Temas escogidos de eclesiología» de la Comisión Teológica Internacional, en que reconocía los «auténticos valores eclesiales presentes en las otras Iglesias y comunidades cristianas».
Entre esos valores, «la doctrina católica aprecia: el Bautismo; las virtudes teologales; el culto de alabanza y adoración a Dios; la contemplación de los misterios de Cristo por la meditación bíblica; los dones interiores del Espíritu Santo; las obras de caridad y el testimonio de la justicia», afirma la nota.
Para monseñor José Alberto Moura, en la vivencia de esos valores, verificamos que «la vida de esos hermanos (evangélicos) está alimentada por la fe en Cristo, y fortalecida por la gracia bautismal y por la escucha de la Palabra de Dios» («Unitatisredintegratio» 23). «Además, nmuchos católicos, ortodoxos, anglicanos y evangélicos se unen por el martirio y por la colaboración fraterna para el bien de la humanidad».
Concluyendo la nota, monseñor José Alberto Moura reafirma la estima de la CNBB por los hermanos y hermanas ortodoxos, anglicanos, reformados y evangélicos y se dice consciente de que «aquello que nos une es mucho mayor de lo que todavía nos separa».
Monseñor José Alberto Moura acaba con un llamamiento: «A los hermanos y hermanas católicos, exhortamos a que estudien los pronunciamientos de la Santa Sede de modo integral, para formar agentes cualificados de diálogo ecuménico en las diócesis, pastorales y en los movimientos. A unos y otros invitamos a una renovada intercesión por la reconciliación de los cristianos en el único cuerpo de Cristo, «para que el mundo crea» (Juan 17,21)».
El lunes 6 de agosto comenzarán a recibirse los trabajos para el
concurso creado por el Museo de Arte Contemporáneo Beato Angélico destinado a
profesionales y estudiantes de arquitectura: Distinción "Beato
Angélico", a la Arquitectura y Arte sacros. Los interesados en
participar tendrán tiempo de presentar sus obras hasta el 23 de agosto, de
lunes a viernes de 17.30 a 21.30, en la sede del museo (calle 47, esquina 16
y diagonal 73, La Plata). Informes: concurso2007@...;http://www.ucalp.edu.ar/beato-angelico/index.html
El
ITEPAL-CELAM, anuncia la realización de un Seminario-Taller sobre Aparecida,
del 10 al 21 de septiembre, con obispos y teólogos que participaron en la V Conferencia, con
la finalidad de reflexionar sobre la incidencia del Acontecimiento Aparecida
en la vida pastoral de América Latina y El Caribe, mediante el estudio del
Documento Conclusivo, para impulsar con criterios renovados la animación de
la nueva evangelización y la misión en el continente. Ha sido diseñado para
Obispos y Vicarios de Pastoral, Superioras y Superiores de Congregaciones y
Ordenes Religiosas, Líderes de movimientos laicales y formadores de
Misioneros de América Latina y El Caribe.
Aparecida,
una renovación de la misión evangelizadora de la Iglesia en America Latina
10-21 septiembre, 2007.
OBJETIVO
Reflexionar sobre la incidencia del
acontecimiento Aparecida en la vida pastoral de América Latina y El Caribe,
mediante el estudio del Documento Conclusivo, para impulsar con criterios
renovados la animación de la nueva evangelización y de la misión en el
continente.
DESTINATARIOS
El seminario-taller sobre Aparecida ha sido
diseñado para Obispos y Vicarios de Pastoral, Superioras y Superiores de
Congregaciones y Ordenes Religiosas, Líderes de movimientos laicales y
formadores de Misioneros de América Latina y El Caribe
SYDNEY,
viernes, 20 julio 2007 (ZENIT.org).-Este
20 de julio, cuando falta exactamente un año para la clausura de la Jornada Mundial
de la Juventud de Sydney (Australia), se abrió la posibilidad de inscribirse
individualmente para este acontecimiento que congregará a medio millón de
jóvenes con Benedicto XVI.
«A partir
de este día, gentes de Australia y de todas partes del mundo podrán
inscribirse para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud 2008 (JMJ08) en
Sydney», anuncia la página web oficial.
El 20 de
julio de 2009 Benedicto XVI presidirá la celebración eucarística ante unas
500.000 personas en el Hipódromo de Randwick,
revelan los encargados de la organización.
Los
organizadores ya han recibido inscripciones de grupos que representan a
137.000 personas.
Al
inscribirse es posible reservar alojamiento y paquetes de alimentos para
cubrir los seis días que durará el evento del 15 al 20 de julio de 2008.
«Los
eventos estarán abiertos para el público, pero los peregrinos que se hayan
inscrito tendrán lugares de prioridad en los sitios adonde los espacios sean
limitados», ha explicado DannyCasey,
director ejecutivo de la organización de la Jornada Mundial
de la Juventud.
«Por eso,
quienes quisieran la mejor vista posible deberían llenar su inscripción
cuanto antes», aconseja.
Casey revela que se espera la participación de 125.000
peregrinos procedentes del extranjero, el resto serán australianos. Estados
Unidos e Italia deberían ser los países que enviarán más jóvenes peregrinos.
La
inscripciones pueden hacerse en la página web www.wyd2008.org
CIUDAD DEL
VATICANO, miércoles, 18 julio 2007 (ZENIT.org).- Ya se puede visitar por Internet la Ciudad
del Vaticano, el estado más pequeño del mundo, que acoge a la Santa Sede, con sus
museos, jardines e incluso tiendas.
Un
comunicado distribuido para anunciar el lanzamiento del portal explica que la
iniciativa ha surgido para responder «a la presencia cada vez más numerosa de
peregrinos y turistas en el Vaticano y a la continua petición de información
que llega a las Oficinas del Estado a través de los canales tradicionales».
Realizada
en cinco idiomas --español, italiano, inglés, francés, alemán, y pronto en
portugués--, la página web presenta a través de sus cinco secciones («Estado
y gobierno», «Servicios», «Otras instituciones», «Monumentos», «Tienda») los
organismos del Estado, horarios, e incluso videos.
El portal
está lleno de curiosidades, como la webcam en
tiempo real que permite visitar lugares particulares, como la tumba de Juan
Pablo II, o una galería fotográfica sobre los coches de los papas.
«En un
futuro», anuncia el comunicado, el sitio ofrecerá también «la posibilidad de
comprar los sellos del Vaticano», muy apreciados por los coleccionistas, así
como «artículos y reproducciones de los Museos Vaticanos».
La Santa Sede podrá transmitir radio y televisión con nuevas tecnologías
Corea
regala al Vaticano un codificador para transmisiones digitales multimedia
ROMA,
viernes, 20 julio 2007 (ZENIT.org).-
La República de Corea ha regalado al Vaticano un codificador para
transmisiones digitales multimedia que ofrece a «Radio Vaticano» y al «Centro
Televisivo Vaticano» tecnología de vanguardia.
El
viceministro de Información y Comunicaciones de la República de Corea, YounghwanYoo, fue recibido
este jueves por el cardenal TarcisioBertone, secretario de Estado, con motivo de la entrega
del aparato que permitirá a la
Santa Sede transmitir con la nueva tecnología digital
T-DMB, es decir, «Terrestrial Digital Multimedia Broadcasting».
En el acto
participaron también el padre Federico Lombardi,
director de «Radio Vaticano» y del «Centro Televisivo Vaticano» y el
ingeniero PierCarloCuscianna, director de Telecomunicaciones de la Ciudad
del Vaticano.
El aparato
permite de transmitir en Roma canales de vídeo y audio en la zona de Roma.
El
Ministerio de Comunicaciones de Corea ha entregado también al Vaticano un
centenar de pequeños recibidores de tecnología DMB.
Los
usuarios de esta tecnología van a ser capaces de reproducir en sus terminales
móviles audio estéreo de alta calidad o van a poder reproducir video en
tiempo real mientras se mueven a más de 200 Km/h.
Capacitación a Profesionales de áreas de Salud, Social y
Legal (medicina, psicología, trabajo social, psicopedagogía, docencia,
abogacía, etc.)
Capacitación a
Efectores Sociales , Agentes de Pastoral y estudiantes (interesados y/o
vinculados por su que hacer a estas temáticas)
Objetivo:
Brindar capacitación específica a fin de que con una mirada resiliente e interdisciplinaria distintos actores
sociales puedan planificar e implementarestrategias de abordaje en estos universos temáticos.
Para informes
llamar de lunes a viernes de 9hs. a 14 hs. Tel. 4575-4262 o concurrir a Casa
Pastoral – Ituzaingó 90- San Isidro en el
mismo horario.
LA HABANA, 10 Jul. 07 (ACI).-Los
71 Cardenales y Obispos de América Latina y el Caribe reunidos en la 31°
Asamblea ordinaria del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), en La
Habana (Cuba), eligieron este martes a Mons.
Raymundo Damasceno Assis, Arzobispo de Aparecida(Brasil), nuevo
Presidente del organismo por un periodo de cuatro años.
El nuevo Presidente del CELAM
tiene 70 años de edad y ya se había desempeñado como Secretario General de
este organismo de la
Iglesia Católica hace 15 años.
Los obispos también eligieron
a Mons. Baltazar Porras Cardozo,
Arzobispo de Mérida (Venezuela), Primer Vicepresidente; mientras que el
segundo Vicepresidente es ahora Mons. Andrés Stanovnik,
Obispo de Reconquista, Argentina, quien se desempeñaba como Secretario
General del CELAM.
Los obispos de la región
fueron recibidos el lunes en la Arquidiócesis de La Habana, que preside el
Cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino, donde se
lleva a cabo la reunión hasta el viernes.
El encuentro, que concluirá
con una Misa concelebrada en la Catedral de La Habana, se lleva a cabo en la
casa sacerdotal San Juan María Vianney, construida
en 1917 y recientemente restaurada.
Durante el evento, los
obispos elegirán a los demás miembros de la presidencia del CELAM –que
incluye dos vicepresidentes, un presidente del comité económico y un
secretario general– además de los presidentes
de los diversos departamentos.
Los obispos también definirán
las características de la gran Misión Continental anunciada durante la V Conferencia General
del Episcopado Latinoamericano realizada en Aparecida (Brasil) el pasado mes
de mayo.
Mons. Raymundo Damasceno Assis nació el 15 de febrero de 1937 en la ciudad
de Capela Nova, en el estado brasileño de Minas Gerais.
En 1955 ingresó al Seminario Menor, en Mariana donde cursó la secundaria y el
curso de Filosofía.
En 1961 fue a Roma donde
cursó filosofía y, en 1965 fue a Alemania, donde acompañó el Curso
Superior de Catequesis. Mons. Damasceno Assis fue
ordenado sacerdote en ConselheiroLafaiete, Minas Gerais, el 19
de marzo de 1968. Su ordenación episcopal se realizó el 15 de septiembre de
1986 en Brasilia.
Del
cardenal Jaime Ortega Alamino, arzobispo de La
Habana
LA HABANA,
domingo, 15 julio 2007 (ZENIT.org).-
Clave misionera para todo un continente: es el centro de la homilía
pronunciada el viernes por el cardenal Jaime Ortega Alamino,
arzobispo de La Habana, en la Misa de Clausura de la XXXI Asamblea
ordinaria del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano).
La V
Conferencia General del Episcopado de Latinoamérica y el Caribe (Aparecida,
Brasil, 13-31 de mayo) y su concreción (para lo cual se cuenta ya con el «Documento de Aparecida», recién aprobado por el Papa) ha
sido eje de la XXXI
Asamblea del CELAM, celebrada por primera vez en Cuba.
Fruto de la
Conferencia de Aparecida, es la etapa evangelizadora que inaugura ahora la
Iglesia en Latinoamérica y el Caribe y a la que está convocado todo el Pueblo
de Dios, recordó el purpurado, cuyas palabras publicamos a continuación:
* * *
S.M.I. Catedral de La Habana, 13 de julio de 2007
Queridos
hermanos y hermanas:
Concluía la V Asamblea General
del Episcopado Latinoamericano en Brasil el pasado 31 de mayo a los pies de
Ntra. Sra. Aparecida, en la imponente Basílica que guarda su imagen
bendita. Era la Festividad de la Visitación de la Virgen María a
Isabel, a la cual llega grávida de Dios para proclamar que el Poderoso ha
hecho obras grandes en Ella.
En verdad
la Encarnación del Hijo de Dios en María es la acción culminante de la
Historia de nuestra Salvación. María, que por obra del Espíritu Santo llevaba
en su seno a Jesús, el Salvador, no podía dejar de comunicar su gozo, quería
anunciarlo para que otros participaran de su felicidad; se puso en camino y
subió a la montaña al encuentro de su pariente Isabel. María es figura de la
Iglesia, es decir, la Iglesia se ve reflejada en María y debe llegar a ser
como Ella: portadora de Cristo, que se pone en camino y sube la cuesta de la
historia proclamando el gozo de Jesucristo que vive en nosotros y que nos
envía Él mismo a anunciarlo al mundo entero, hasta los confines de la tierra. De esto tomó
honda conciencia la Iglesia de América Latina y el Caribe reunida en
Aparecida. La Lectio continua nos presenta
justamente hoy a un hombre convocado y enviado por Dios con una misión,
desconocida en sus contornos, misteriosa en su realización final.
Fiarse
de Dios
Nos narra
el libro del Génesis la puesta en marcha de Jacob, a quien Dios le indica que
no tema partir de Canaán para ir a Egipto. Los
antecedentes de esta historia se encuentran en otra partida, cuando Dios dijo
a Abraham, el abuelo de Jacob, que dejara el país de sus padres y fuera a
buscar otras tierras que serían pobladas por su descendencia. Abraham, viejo
y sin hijos, fiado en la promesa de Dios, partió con sus familiares y sus
ganados, y se asentó en Canaán. Allí se cumple la
promesa del Señor y tiene un hijo, Isaac, que fue el padre de Jacob.
Pero he
aquí que Jacob, ya viejo, en medio de una hambruna que devastaba la región,
es invitado por su hijo José, que está en Egipto, a que vaya con sus hermanos
a establecerse a esa tierra. De nuevo interviene Dios para asegurarle a
Jacob: "No temas... yo bajaré contigo a Egipto..." Se le presenta
como "el Dios de tu padre" y le hace una promesa: "yo haré de
ti un gran pueblo". Todo se hace ahora más confuso, pues Jacob se
hallaba viviendo ya en la tierra de Canaán, la que Dios había
prometido a sus antepasados, y debe dejarla para ir a un sitio donde, según
palabras de Dios, su hijo José le cerraría los ojos, ¿Cómo llegarían a
constituir sus descendientes un gran pueblo si su viaje no tenía marcha
atrás? Mas, fiado de nuevo en la promesa de Dios, Jacob partió. Entronca así
la historia de Jacob con el andar impreciso de Abraham. Si recorremos la
historia de la Salvación y la trayectoria bíblica de sus personajes, hallaremos
siempre un continuo partir, un desinstalarse para ir más adelante, fiándose
sólo en la promesa de Dios, en su Palabra.
La
iniciativa desconcertante de Dios, la desinstalación y más tarde la
dispersión jalonarán también la marcha del nuevo
pueblo de Dios que es la Iglesia, comenzando por María que, siendo Virgen,
fiándose en la promesa de Dios, concibió en su seno, por obra del Espíritu
Santo, al Salvador del mundo. Hemos visto como también María, feliz por las
maravillas que Dios obraba en Ella se puso en camino para proclamar el gozo
de la Buena
Noticia. La Iglesia comparte así la herencia de
convocaciones, promesas y marchas del Pueblo de Dios en el Antiguo
Testamento. Ella también se apoya en una Palabra dirigida a sus discípulos
por Jesucristo el Señor, que es promesa y envío: "Yo estaré con ustedes
siempre... vayan al mundo entero y anuncien la Buena Noticia".
En esto halla la Iglesia su realización plena y feliz.
«La
Iglesia de América Latina y el Caribe se ha reencontrado»
Viene aquí
a mi memoria el recuerdo reciente del testimonio que, en la sesión conclusiva
de la Reunión de Aparecida, dio un sacerdote sobre nuestra última Conferencia
General. Se expresó así el presbítero: "en la V Conferencia del
Episcopado Latinoamericano y Caribeño la Iglesia de América Latina y el
Caribe se ha reencontrado". Esto ha sido efectiva y afectivamente cierto
en cuanto a la colegialidad episcopal, pero además
teológicamente exacto, porque la Iglesia se re encuentra cuando vuelve a sus
orígenes y fundamentos. Allí halla su ser profundo. Y en frase de Pablo VI,
tantas veces repetida por Juan Pablo II, se expresa escueta y claramente que
"la Iglesia es misión", etimológicamente misión, que significa
envío, históricamente misión, porque en el largo camino de dos milenios, en
repetidas ocasiones, la Iglesia se ha vuelto sobre sí misma y sobre su ser y
fijando su mirada en Jesucristo, ha acogido su mandato evangelizador y se ha
puesto en marcha de nuevo, escrutando los signos de los tiempos, a fin de
comenzar una y otra vez y comenzar siempre a partir de Jesucristo, que la
envía y a quien tenemos que anunciar. Esto nos lo hemos propuesto
decididamente en Aparecida los Pastores de América Latina y el Caribe.
«La
Cruz marca la vida del evangelizador»
Con cuánta
precisión de situaciones y circunstancias difíciles envía el Señor a sus
discípulos a la misión en la lectura evangélica de San Mateo que hemos
escuchado hoy; Él les diseña incluso una simple estrategia: cuando los
persigan en una ciudad, váyanse a otra. Hay también una invitación de Jesús a
la perseverancia en medio de las pruebas.
En el
momento en que Mateo pone por escrito estas palabras de Jesús, ya mucho de lo
que el Señor había anunciado está produciéndose, se dan persecuciones y
acciones violentas contra la Iglesia que llegan hasta el martirio. De hecho
los discípulos son enviados a correr un riesgo, irán como corderos en medio
de lobos, pero se apoyarán como Jacob y los antiguos patriarcas y profetas en
una promesa del Señor. Cuando se vean cercados y hostigados Dios mismo pondrá
sus palabras en sus labios y podrán resistir al mal sostenidos por el
Espíritu Santo.
Esta fue,
ha sido y será la condición del seguidor auténtico de Cristo. La
conflictividad, a veces violenta, manifiesta el estatuto del discípulo de Jesús,
que no es más que compartir el destino histórico de su Señor. La Cruz marca
la vida del evangelizador. La misión y el anonadamiento del misionero se
reclaman mutuamente.
En esta
etapa evangelizadora que inaugura ahora la Iglesia en América Latina y el
Caribe, fruto de la Conferencia de Aparecida, en que todos, obispos,
sacerdotes, diáconos, personas consagradas y laicos queremos ser, sabemos y
sentimos discípulos de Cristo, debemos aceptar el Código riesgoso del
discipulado. No podemos volver la vista atrás ni mirar hacia otros sitios,
las situaciones de cristiandad, de Iglesia instalada, aceptada y escuchada
con reverencia no existen ya en ningún lugar. Es el momento de dejar falsas
seguridades para partir en misión. No nos reunimos en Aparecida para hacer
declaraciones contundentes, para condenar a unos o a otros, para acopiar
fuerzas y mostrar al Continente algún poder religioso, social o político. Nos
reunimos con el propósito de reconocemos discípulos de Jesucristo, enviados
por Él para que nuestros pueblos tengan vida en Él. Es así como la Iglesia
reencuentra su ser profundo, su misión.
En nuestra
V Conferencia la Iglesia que está en América Latina y el Caribe analizó
situaciones realmente difíciles que pueden hallar los discípulos de Cristo al
desplegar su misión. Los lobos rapaces a que se refiere Jesús, cercan siempre
el rebaño del Señor y pueden cambiar su pelaje según las épocas, pero
permanecen esencialmente los mismos.
Ideología
subjetivista y relativista
Con
persecuciones, violencias o dificultades de estilo tradicional o moderno la
Iglesia deberá lidiar siempre. No se trata en todas partes de eliminación
física de cristianos, aunque la cuota de mártires sigue presente en varios
lugares del mundo. Como regla general no se da tanto hoy una lucha frontal
contra la Iglesia en sí misma, sino más bien un intento incisivo de horadar
la cultura cristiana y las tradiciones de los pueblos que se sustentan en la
fe católica: se pretende así sustituir una concepción del mundo y del hombre
basada en la ley natural por un extraño código de derechos que contiene
paradójicamente la manipulación de la vida humana con fines supuestamente
científicos, la eliminación de la vida que hace eclosión en el seno materno,
según una llamada "libertad para elegir" y, siguiendo esta lógica,
se puede llegar a decidir también sobre la vida de los "inútiles",
ancianos, enfermos terminales, discapacitados, etc. La familia, núcleo fundante de la sociedad, resulta amenazada en su misma
esencia cuando se deja de definir el matrimonio como la unión de un hombre y
una mujer, y así podríamos enunciar un rosario interminable de despropósitos.
Toda esta
orquestación organizada supranacionalmente,
siguiendo al parecer una ideología difusa, tiene una evidente dirección
general que no da a menudo la cara y usa como ejecutores a organismos
internacionales, organizaciones privadas de ayuda, compañías transnacionales,
etc., asociados todos de manera efectiva para influir en parlamentos y
centros de decisión nacionales e internacionales, utilizando ampliamente los
medios de comunicación, de modo que las leyes y ordenamientos jurídicos sean
cambiados a favor de esa encubierta ideología, no ciertamente a favor del
hombre.
La
situación difícil u hostil que Jesús describió a sus discípulos para la
realización de su misión presenta hoy este rostro. Pero es también válida
para estos tiempos la recomendación pastoral que hacía Jesús a sus enviados:
actúen con la cautela de la serpiente y con la mansedumbre de las palomas.
Todo ese
entramado adicional de corte subjetivista y relativista, recomendado o
impulsado por ciertos centros de poder, viene a superponerse en nuestros
países a los problemas propios y no resueltos de nuestros pueblos. Cito estos
últimos con palabras del Papa Benedicto XVI: "desigualdades, creciente
pobreza, explotación de la tierra y de sus recursos, hambre, enfermedades,
choques de culturas". Pretende tal vez esa sobreañadidura
que olvidemos nuestros problemas reales, cuya solución reclama la solidaridad
y el empeño de todos, también de los poderosos.
Dejando
este juicio a los analistas de situación, cito las palabras certeras del Papa
Benedicto XVI sobre el porqué de esos reclamos de falsos derechos contrarios
a la naturaleza humana. Lo expresó el Cardenal Ratzinger
en un discurso pronunciado [poco antes] de ser elegido al solio pontificio,
ante los Benedictinos de Subiaco en ocasión de
recibir un "Premio a la Promoción de la Familia y de la vida en
Europa".
Dice así el
Santo Padre: "Todo esto demuestra que no corresponde al crecimiento de
nuestras posibilidades un igual desarrollo de nuestra energía moral. La
mentalidad técnica confina a la moral a un ámbito subjetivo, mientras que lo
que de verdad necesitamos es una moral pública que sepa hacer frente a las
amenazas que se ciernen sobre las vidas de todos nosotros. El peligro más
verdadero y más grave está, precisamente en este momento, en el desequilibrio
entre posibilidades técnicas y energía moral... Si ésta falta, o escasea, el
poder que el hombre tiene se transforma cada vez más en poder de
destrucción".
Despertar
la conciencia
Por esto,
frente al mutismo ético del pensamiento actual, la Iglesia Católica
emerge como voz que clama en el desierto, porque tiene el deber insoslayable
de seguir alertando y despertando la conciencia del hombre de hoy para que se
afiance la certeza, que afortunadamente parece ya abrirse paso, aunque de
modo titubeante aún, de que el futuro del mundo depende cada vez más de las
decisiones éticas del hombre. Si el laicismo a ultranza saca a Dios de la
escena del mundo, las decisiones humanas pueden quedar a la deriva, sin
referencia ética, pues la ética se debilita al perder su sustentación
trascendente cuando se excluye a Dios. Proclamar la primacía de Dios, tal y
corno Jesucristo nos lo presenta, es misión propia de la Iglesia para que los
pueblos todos tengan vida plena. Esto vale para el continente americano y
para el mundo entero.
De esto se
ocupó nuestra reunión continental de Aparecida y por ello se preocupó ante
todo de poner activamente a Dios en la escena del mundo, en la trama de la
vida familiar y social de los hombres y mujeres de esta parte del planeta.
Sí, es cierto que miramos realidades desafiantes de nuestro tiempo, pero lo
hemos hecho con ojos de Pastores, con mirada de fe que no se detiene en los
obstáculos ni planifica a partir de ellos, como quien prepara un programa de
respuesta a opositores o impugnadores. En Aparecida hemos reflexionado y
proyectado a partir del llamado que nos hace Jesucristo a ser verdaderos
discípulos que, prendados de su persona, acogiendo su Palabra y profundamente
unidos a El, cumplimos su deseo y su mandato de ir "al mundo entero a
proclamar el Evangelio". Y esto lo hacemos apoyados en la promesa del
Señor: "Yo estaré con ustedes siempre hasta el fin del mundo".
El
«Documento de Aparecida»
En
Aparecida hemos elaborado un documento para plasmar en él nuestra fe en
Cristo y nuestra decisión de servirlo, llevando a nuestros pueblos, sedientos
de vida espiritual, la belleza de nuestra fe cristiana y proponiéndoles la
vida en plenitud que sólo Cristo puede dar, capaz de transformar y
engrandecer la realidad personal y social de los hombres y mujeres de
nuestros pueblos. Es un bello documento el de Aparecida, que pone en pie de
misión a la Iglesia toda: obispos, sacerdotes, diáconos, personas consagradas
y fieles laicos. Si los males del mundo son muchos, si al mundo le falta
Dios, si los discípulos de Jesucristo debemos ser los misioneros que anuncien
a nuestros pueblos al Dios que Cristo en su persona nos muestra, debemos
partir corno Abraham, dejando seguridades, hay que ponerse en marcha corno
Jacob, desinstalándonos, para darles a los pueblos de América Latina y el
Caribe lo que les falta: esa vida abundante que Cristo Resucitado alcanzó
para nosotros con su muerte de Cruz. Nadie puede reemplazamos en esta tarea,
y realizándola, sentamos las bases para una humanidad mejor y más feliz en
nuestras tierras latinoamericanas y caribeñas. Nuestra misión no consiste en
imponer, sino en proponer, no es la de arrastrar seguidores, sino la de
invitar a los hombres y mujeres de nuestros pueblos a ser discípulos de
Jesucristo.
Que la Virgen María de
Guadalupe, la primera discípula y misionera de Jesucristo en tierras de
América, inspire nuestros empeños por anunciar a Cristo, camino, verdad y
vida, a todos los hombres y mujeres latinoamericanos y caribeños y ayude y
sostenga a la nueva directiva del CELAM en la preparación y coordinación de la Gran Misión Continental
que iniciará esta nueva etapa evangelizadora de la Iglesia Católica
en América Latina y el Caribe.
Así sea.
[Homilía distribuida por el CELAM. Subtítulos
de Zenit]
A partir del 10 de
julio y durante los próximos 7 meses, Cáritas participará de la Campaña de
Redondeo Solidario que se impulsará en los hipermercados de Jumbo y Easy, ubicados en las diócesis de Avellaneda-Lanús, Buenos Aires, Córdoba, Lomas de Zamora, Mendoza,
Morón, Neuquén, Quilmes, Rosario, San Isidro, San
Juan, San Justo, San Luis, San Martín, Tucumán y Zárate-Campana.
Los fondos recaudados
serán destinados a distintos proyectos de promoción humana, mejoras de
infraestructura y capacitación laboral, entre otros. Esta acción se enmarca
en un proceso de desarrollo de fondos en el que se procura “promover y
animar en toda la sociedad la corresponsabilidad y el compromiso en la
solución de los problemas de las comunidades más pobres y excluidas”.
CIUDAD DEL VATICANO,
viernes, 6 julio 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI aprobó este viernes el decreto
sobre el milagro de curación atribuido a la intercesión del venerable CeferinoNamuncurá, el joven
seglar, alumno de la Sociedad de San Francisco de Sales (Chimpay
1886 - Roma 1905), según informó la Santa Sede.
El Pontífice rubricó la
notificación durante una audiencia que mantuvo con el prefecto para la
Congregación para las Causas de los Santos, cardenal José SaraivaMartins.
La Agencia de
Información Salesiana (ANS) anunció que la ceremonia de beatificación del
«santo indiecito» se realizará el 11 de noviembre, muy probablemente en la
localidad de Chimpay, donde nació el joven mapuche,
pero la decisión debe adoptarla la Conferencia
Episcopal Argentina.
La sesión de cardenales
y obispos que forman parte de la Congregación para las Causas de los Santos
había aprobado por unanimidad, durante la sesión del 15 de mayo, el milagro
atribuido a la intercesión del venerable Siervo de Dios CeferinoNamuncurá, recuerda la agencia de noticias
católica, AICA.
El secretario de la
Congregación, monseñor Michele Di Ruberto, explicó que «es un milagro espléndido, que honra
al próximo santo, a la Iglesia y a toda la familia salesiana».
El milagro que se
aceptó como tal, es el caso de una mujer de Córdoba, que tenía 24 años y que
se curó en forma instantánea e íntegramente de un cáncer de útero, y hasta
pudo concebir nuevamente. Este hecho para la ciencia es absolutamente
inexplicable y esto fue corroborado con estudios médicos anteriores y
posteriores de la mujer, que acreditan la desaparición de la enfermedad.
Este milagro atribuido
a Ceferino se produjo en 2000, año del Jubileo
Cristiano. La familia de esta joven con cáncer de útero pidió intensamente la
intercesión de Ceferino ante Dios para salvarle la vida. Y la mujer se
curó.
La causa llegó a Roma
desde Córdoba, donde durante cuatro años se estudió y altas fuentes de la
iglesia indicaron que fue bastante rápido el tratamiento del caso. El padre EnricoDalCóvolo,
postulador de la causa de Ceferino en Roma, informó
que a principios de diciembre pasado «la consulta médica de la Congregación
para la Causa de los Santos dictaminó que, desde el punto de vista clínico,
la curación sometida a su juicio científico, era inexplicable».
«Se ha avanzado
rápidamente en ella. Yo creo que esto es una señal de la Providencia que
sirve a legitimar un culto tan popular que la gente del pueblo en Argentina
dirige a Ceferino», dijo el sacerdote salesiano.
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 4 julio
2007 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI durante la
audiencia general de este miércoles dedicada a presentar la figura de san
Basilio, obispo de Cesarea en Capadocia, fallecido
en el año 379.
* * *
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy queremos recordar a uno de los
grandes padres de la Iglesia, san Basilio, definido por los textos litúrgicos
bizantinos como una «lumbrera de la Iglesia» Fue un gran obispo del siglo IV,
por el que siente admiración tanto la Iglesia de Oriente como la de Occidente por su
santidad de vida, por la excelencia de su doctrina y por la síntesis
armoniosa de capacidades especulativas y prácticas.
Nació alrededor del año 330 en una
familia de santos, «verdadera Iglesia doméstica», que vivía en un clima de
profunda fe. Estudió con los mejores maestros de Atenas y Constantinopla.
Insatisfecho por los éxitos mundanos, al darse cuenta de que había perdido
mucho tiempo en vanidades, él mismo confiesa: «Un día, como despertando de un
sueño profundo, me dirigí a la admirable luz de la verdad del
Evangelio…, y lloré sobre mi miserable vida» (Cf. Carta 223: PG
32,824a).
Atraído por Cristo, comenzó a tener ojos
sólo para él y a escucharle solo a él (Cf. «Moralia»
80,1: PG 31,860bc). Con determinación se dedicó a la vida monástica en la
oración, en la meditación de las Sagradas Escrituras y de los escritos de los
Padres de la Iglesia y en el ejercicio de la caridad (Cf. Cartas. 2 y 22),
siguiendo también el ejemplo de su hermana, santa Macrina,
quien ya vivía el ascetismo monacal. Después fue ordenado sacerdote y, por
último, en el año 370, consagrado obispo de Cesarea
de Capadocia, en la
actual Turquía.
Con la predicación y los escritos
desarrolló una intensa actividad pastoral, teológica y literaria. Con sabio
equilibrio supo unir al mismo tiempo el servicio a las almas y la entrega a
la oración y a la meditación en la soledad. Sirviéndose
de su experiencia personal, favoreció la fundación de muchas «fraternidades»
o comunidades de cristianos consagrados a Dios, a las que visitaba con
frecuencia (Cf. Gregorio Nacianceno, «Oratio 43,29
in laudemBasilii»: PG
36,536b). Con la palabra y los escritos, muchos de los cuales todavía hoy se
conservan (Cf. «Regulaebreviustractatae», Proemio: PG 31,1080ab), les exhortaba a
vivir y a avanzar en la
perfección. De esos escritos se valieron después no pocos
legisladores de la vida monástica, entre ellos, muy especialmente, San
Benito, que considera a Basilio como su maestro (Cf
«Regula» 73, 5).
En realidad, san Basilio creó un
monaquismo muy particular: no estaba cerrado a la comunidad de la Iglesia
local, sino abierto a ella. Sus monjes formaban parte de la Iglesia local,
eran su núcleo animador que, precediendo a los demás fieles en el seguimiento
de Cristo y no sólo de la fe, mostraba su firme adhesión a él, el amor por
él, sobre todo en las obras de caridad.
Estos monjes, que tenían escuelas y
hospitales, estaban al servicio de los pobres y de este modo mostraron la
vida cristiana de una manera completa. El siervo de Dios Juan Pablo II,
hablando del monaquismo, escribió: «muchos opinan que esa institución tan
importante en toda la Iglesia como es la vida monástica quedó establecida,
para todos los siglos, principalmente por san Basilio o que, al menos, la
naturaleza de la misma no habría quedado tan propiamente definida sin su
decisiva aportación» (carta apostólica «PatresEcclesiae» 2).
Como obispo y pastor de su extendida
diócesis, Basilio se preocupó constantemente por las difíciles condiciones
materiales en las que vivían los fieles; denunció con firmeza el mal; se
comprometió con los pobres y los marginados; intervino ante los gobernantes
para aliviar los sufrimientos de la población, sobre todo en momentos de
calamidad; veló por la libertad de la Iglesia, enfrentándose a los potentes
para defender el derecho de profesar la verdadera fe (Cf. Gregorio
Nacianceno, «Oratio 43,48-51 in laudemBasilii»: PG 36,557c-561c). Dio testimonio de Dios,
que es amor y caridad, con la construcción de varios hospicios para
necesitados (Cf. Basilio, Carta 94: PG 32,488bc), una especie de ciudad de la
misericordia, que tomó su nombre «Basiliade» (Cf. Sozomeno, «Historia Eclesiástica». 6,34: PG 67,1397a). En
ella hunden sus raíces las los modernos hospitales para la atención de los
enfermos.
Consciente de que «la liturgia es la
cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la
fuente de donde mana toda su fuerza» («SacrosanctumConcilium» 10), Basilio, si bien se preocupaba por
vivir la caridad, que es la característica de la fe, fue también un sabio
«reformador litúrgico» (Cf. Gregorio Nacianceno, «Oratio
43,34 in laudemBasilii»:
PG 36,541c). Nos dejó una gran oración eucarística [o anáfora] que toma su
nombre y que ha dado un orden fundamental a la oración y a la salmodia:
gracias a él, el pueblo amó y conoció los Salmos e iba a rezarlos incluso de
noche (Cf. Basilio, «In Psalmum» 1,1-2: PG
29,212a-213c). De este modo, podemos ver cómo liturgia, adoración, oración
están unidas a la caridad, se condicionan recíprocamente.
Con celo y valentía, Basilio supo
oponerse a los herejes, quienes negaban que Jesucristo fuera Dios como el
Padre (Cf. Basilio, Carta 9,3: PG 32,272a; Carta 52,1-3: PG 32,392b-396a; «AdversusEunomium» 1,20: PG
29,556c). Del mismo modo, contra quienes no aceptaban la divinidad del
Espíritu Santo, afirmó que también el Espíritu Santo es Dios y «tiene que ser
colocado y glorificado junto al Padre y el Hijo» (Cf. «De SpirituSancto»: SC 17bis, 348). Por este motivo, Basilio
es uno de los grandes padres que formularon la doctrina sobre la Trinidad: el
único Dios, dado que es Amor, es un Dios en tres Personas, que forman la
unidad más profunda que existe, la unidad divina.
En su amor por Cristo y su Evangelio, el
gran capadocio se comprometió también por sanar las divisiones dentro de la
Iglesia (Cf. Carta 70 y 243), tratando siempre de que todos se convirtieran a
Cristo y a su Palabra (Cf. «De iudicio» 4: PG
31,660b-661a), fuerza unificadora, a la que todos los creyentes tienen que
obedecer (Cf. ibídem 1-3: PG 31,653a-656c).
Concluyendo, Basilio se entregó
totalmente al fiel servicio a la Iglesia en el multiforme servicio del
ministerio episcopal. Según el programa que él mismo trazó, se convirtió en
«apóstol y ministro de Cristo, dispensador de los misterios de Dios, heraldo
del reino, modelo y regla de piedad, ojo del cuerpo de la Iglesia, pastor de
las ovejas de Cristo, médico piadoso, padre y nodriza, cooperador de Dios,
agricultor d Dios, constructor del templo de Dios» (Cf. «Moralia»
80,11-20: PG 31,864b-868b).
Este es el programa que el santo obispo
entrega a los heraldos de la Palabra, tanto ayer como hoy, un programa que él
mismo se comprometió generosamente por vivir.
En el año 379, Basilio, sin haber cumplido
los cincuenta años, agotado por el cansancio y la ascesis, regresó a Dios,
«con la esperanza de la vida eterna, a través de Jesucristo, nuestro Señor»
(«De Bautismo» 1, 2, 9). Fue un hombre que vivió verdaderamente con la mirada
puesta en Cristo, un hombre del amor por el prójimo. Lleno de la esperanza y
de la alegría de la fe, Basilio nos muestra cómo ser realmente cristianos.
[Traducción del original italiano
realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el
Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. Estas fueron sus palabras en
español:]
Queridos hermanos y hermanas:
San Basilio, conocido como una «lumbrera
de la Iglesia», es admirado tanto en la Iglesia de Oriente como de Occidente
por la santidad de su vida, la excelencia de su doctrina y por su sabiduría.
Nació en el siglo cuarto, en una familia de santos que vivían en un clima de
profunda fe. Abandonó sus éxitos mundanos y, atraído por Cristo, abrazó la
vida monástica entregándose a la oración y al ejercicio de la caridad..
Más tarde fue ordenado sacerdote y
después Obispo de Cesarea de Capadocia. Además de
sus escritos teológicos y literarios, desarrolló una gran actividad pastoral
que compartía con la oración y la meditación en soledad. Desde su experiencia
personal, ayudó a la fundación de muchas «fraternidades» o comunidades de
cristianos consagrados a Dios, que visitaba con frecuencia. Como pastor de su
diócesis, intervino ante las autoridades para aliviar los sufrimientos de los
pobres y marginados, para los cuales hizo construir hospicios, dando así un
testimonio elocuente de Dios, que es amor y caridad.
Saludo cordialmente a los visitantes de
lengua española. En particular, a los peregrinos de Toledo, Barcelona y
Murcia, a los numerosos grupos parroquiales y escolares. Saludo también al
Colegio Saint Francis de Costa Rica y a los peregrinos de México y de otros
Países latinoamericanos. Siguiendo las enseñanzas de san Basilio, que tanto
amó a la Iglesia, recemos y trabajemos para que se mantenga siempre unida
como ha querido Cristo. ¡Gracias por vuestra visita!
SYDNEY, jueves, 5 julio 2007 (ZENIT.org).- Sentido teológico,
compositores, intérpretes, letra, partitura y descarga en «mp3»: todos estos
aspectos del himno de la
Jornada Mundial de la Juventud 2008 ya están disponibles en
la web oficial www.wyd2008.org.
«Receive the Power»
(«Recibe la Fuerza»), escrita por GuySepastian y Gary Pinto, es la
composición elegida --entre 120 presentadas-- como tema musical o himno del
gran encuentro de fe y fiesta que vivirán jóvenes de todo el mundo con el
Papa en julio del año que viene en Sydney (Australia).
Su interpretación en inglés corre a cargo de GuySebastian y Paulini. La
versión internacional del himno (con el estribillo en inglés y las estrofas
en italiano, español y francés) incluye la interpretación, además, de RobertGalea, Germán Silva y
Amelia Farrugia respectivamente.
En el enlace http://www.wyd2008.org/index.php/es/wyd08/wyd08_song
se puede conocer a estos «jóvenes de fe y artistas de primera» -describe la
organización-, así como hacer pedidos del CD o del DVD de «Receive the Power».
El lanzamiento oficial de «Receive the Power» tuvo lugar el 1 de julio en el TumbalongPark de DarlingHarbour.
Centro del tema musical es el lema escogido por el Papa para la JMJ de
Sydney: «Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre
vosotros, y seréis mis testigos» (Hechos 1,8).
Para uso no comercial, la versión en inglés y la versión internacional
de la canción se puede descargar, en formato «mp3», en el enlace antes
indicado. Igualmente está disponible la letra y la partitura -ambas, por
ahora, en versión original- en formato «pdf».
En una reflexión teológica sobre «Receive the
Power», el obispo coordinador de la JMJ'08,
monseñor Anthony Fisher, reconoce en la composición
dos partes: en una, Cristo renueva su promesa de enviar el Espíritu Santo y
se lleva a cumplimiento; en otra, Cristo señala la vida que emana de este
don: ser sus testigos.
En la canción, Cristo Resucitado se dirige a los jóvenes del mundo: «¡Aleluya, Aleluya! Recibe la fuerza del Espíritu Santo».
Ellos responden: «Te seguiremos hasta los confines de la tierra»,
«Responderemos a tu voluntad», «Testigos para siempre de tu misericordia y
amor inquebrantable».
«Este diálogo en el Espíritu entre Cristo y el joven discípulo es el
corazón de la
Jornada Mundial de la Juventud», subraya el prelado
australiano.
Uno de los objetivos e indudables frutos de la JMJ es el redescubriendo
de la riqueza de la Palabra de Dios, aspecto también armonizado en el himno,
pues casi toda su letra –constata el obispo Fisher-
procede de las Escrituras.
La composición logra también convocar una reflexión sobre la potencia
del Espíritu Santo en la vida de los jóvenes, y es profundamente cristológica porque el llamamiento –de parte del
Espíritu- a ser testigos se refiere al testimonio de Cristo.
Igualmente se trata de un himno «eucarístico» -prosigue el prelado-,
dado que mueve «a la adoración y a la acción de gracias». Es un extremo
clave, pues, lógicamente, el momento también más importante de toda la JMJ es
la Santa Misa
con el Papa, y otro de sus frutos es una mayor devoción eucarística.
Universal» (o «católica») -por su convocatoria a jóvenes de toda lengua
y nación, y la unidad en el Espíritu- y «escatológica» -por el horizonte
futuro sin divisiones entre pueblos-, la canción de la JMJ'08 además se sitúa
en continuidad catequética con los himnos de las
Jornadas precedentes, respetando la especificidad de la de Sydney, concluye
monseñor Fisher.
CIUDAD DEL VATICANO, 23 JUN 2007 (VIS).-Del 9 al 27 de julio,
el Santo Padre transcurrirá un período de descanso en Lorenzago
di Cadore, en la provincia de Belluno
(Italia), y se alojará en una casa que pertenece a la diócesis de Treviso.
El domingo, 15 de julio, el
Papa rezará el Angelus al mediodía en el Castillo
de Mirabello y el domingo siguiente, 22 de julio,
en la Plaza de Lorenzago di Cadore.
Durante este tiempo, se
suspenden las audiencias generales de los miércoles 11, 18 y 25 de julio.
El viernes, 27 de julio, el
Santo Padre se trasladará al palacio apostólico de Castelgandolfo.
Durante el período estivo se
suspenden todas las audiencias privadas y especiales. Las audiencias
generales se reanudarán regularmente a partir del miércoles, 1 de agosto.
Intervención
en la audiencia general del miércoles
CIUDAD DEL VATICANO,
miércoles, 20 junio 2007 (ZENIT.org).-
Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este
miércoles dedicada a presentar la figura de san Atanasio de Alejandría, padre
de la Iglesia, nacido hacia el año 300 y fallecido en el 373.
* * *
Queridos hermanos y
hermanas:
Continuando nuestro repaso de los grandes maestros de la Iglesia antigua,
queremos dirigir hoy nuestra atención a san Atanasio de Alejandría. Este
auténtico protagonista de la tradición cristiana, ya pocos años antes de su
muerte, era aclamado como «la columna de la Iglesia» por el gran teólogo y
obispo de Constantinopla, Gregorio Nazianceno
(«Discursos» 21, 26), y siempre ha sido considerado como un modelo de
ortodoxia, tanto en Oriente como en Occidente.
No es casualidad, por tanto, que Gian Lorenzo Bernini colocara su estatua entre las de los cuatro
santos doctores de la Iglesia oriental y occidental --Ambrosio, Juan
Crisóstomo, y Agustín--, que en el maravilloso ábside de la Basílica vaticana
rodean la Cátedra de san Pedro.
Atanasio ha sido, sin duda, uno de los Padres de la Iglesia antigua más
importantes y venerados. Pero sobre todo, este gran santo es el apasionado
teólogo de la encarnación del «Logos», el Verbo de
Dios que, como dice el prólogo del cuarto Evangelio, «se hizo carne, y puso
su morada entre nosotros» (Juan 1, 14).
Precisamente por este motivo Atanasio fue también el más importante y tenaz
adversario de la herejía arriana, que entonces era una amenaza para la fe en
Cristo, reducido a una criatura «intermedia» entre Dios y el hombre, según
una tendencia que se repite en la historia y que también hoy constatamos de
diferentes maneras.
Nacido probablemente en Alejandría, en Egipto, hacia el año 300, Atanasio
recibió una buena educación antes de convertirse en diácono y secretario del
obispo de la metrópolis egipcia, Alejandro.
Cercano colaborador de su obispo, el joven eclesiástico participó con él en
el Concilio de Nicea, el primero de carácter
ecuménico, convocado por el emperador Constantino en mayo del año 325 para
asegurar la unidad de la Iglesia. Los Padres de Nicea
pudieron de este modo afrontar varias cuestiones, principalmente el problema
originado unos años antes por la predicación del presbítero de Alejandría, Arrio.
Éste, con su teoría, amenazaba la auténtica fe en Cristo, declarando que el «Logos» no era verdadero Dios, sino un Dios creado, un ser
«intermedio» entre Dios y el hombre y de este modo el verdadero Dios siempre
permanecía inaccesible para nosotros. Los obispos, reunidos en Nicea, respondieron redactando el «Símbolo de la fe», que
completado más tarde por el primer Concilio de Constantinopla, ha quedado en
la tradición de las diferentes confesiones cristianas y en la liturgia como
el «Credo niceno-constantinopolitano».
En este texto fundamental, que expresa la fe de la Iglesia sin división, y
que todavía recitamos hoy, todo domingo, en la celebración eucarística,
aparece el término griego «homooúsios», en latín «consubstantialis»: indica que el Hijo, el «Logos», es «de la misma naturaleza» del Padre, es Dios de
Dios, es su naturaleza, y de este modo se subraya la plena divinidad del
Hijo, que era negada por los arrianos.
Al morir el obispo Alejandro, Atanasio se convirtió en el año 328 en su
sucesor como obispo de Alejandría, e inmediatamente rechazó con decisión todo
compromiso con las teorías arrianas condenadas por el Concilio de Nicea. Su intransigencia, tenaz y a veces muy dura,
aunque necesaria, contra quienes se habían opuesto a su elección episcopal y
sobre todo contra los adversarios del Símbolo de Nicea,
le provocó la implacable hostilidad de los arrianos y de los filo-arrianos.
A pesar del resultado inequívoco del Concilio, que había afirmado con
claridad que el Hijo es de la misma naturaleza del Padre, poco después estas
ideas equivocadas volvieron a prevalecer --incluso Arrio
fue rehabilitado-- y fueron apoyadas por motivos políticos por el mismo
emperador Constantino y después por su hijo Constancio II. Éste, que no se
preocupaba tanto de la verdad teológica sino más bien de la unidad del
Imperio y de sus problemas políticos, quería politizar la fe, haciéndola más
accesible, según su punto de vista, a todos los súbditos del Imperio.
La crisis arriana, que parecía haberse solucionado en Nicea,
continuó durante décadas con vicisitudes difíciles y divisiones dolorosas en la Iglesia. Y en cinco
ocasiones, durante 30 años, entre 336 y 366, Atanasio se vio obligado a
abandonar su ciudad, pasando 17 años en exilio y sufriendo por la fe.
Pero durante sus ausencias forzadas de Alejandría, el
obispo tuvo la posibilidad de sostener y difundir en Occidente, primero en Tréveris y después en Roma, la fe de Nicea
así como los ideales del monaquismo, abrazados en Egipto por el gran eremita,
Antonio, con una opción de vida por la que Atanasio
siempre se sintió cercano.
San Antonio, con su fuerza espiritual, era la persona más importante que
apoyaba la fe de Atanasio. Al volver a tomar posesión definitivamente de su
sede, el obispo de Alejandría pudo dedicarse a la pacificación religiosa y a
la reorganización de las comunidades cristianas Murió el 2 de mayo del año
373, día en el que celebramos su memoria litúrgica.
La obra doctrinal más famosa del santo obispo de Alejandría es el tratado
sobre «La encarnación del Verbo», el «Logos» divino
que se hizo carne, como nosotros, por nuestra salvación. En esta obra,
Atanasio, afirma con una frase que se ha hecho justamente célebre, que el
Verbo de Dios «se hizo hombre para que nosotros nos volviéramos Dios; se hizo
visible corporalmente para que tuviéramos una idea del Padre invisible y
soportó la violencia de los hombres para que heredásemos la
incorruptibilidad» (54, 3). Con su resurrección, el Señor hizo desaparecer la
muerte como si fuera «paja entre el fuego» (8, 4). La idea fundamental de
toda la lucha teológica de san Atanasio era precisamente la de que Dios es
accesible. No es un Dios secundario, es el verdadero Dios, y a través de
nuestra comunión con Cristo, podemos unirnos realmente a Dios. Él se ha hecho
realmente «Dios con nosotros».
Entre las demás obras de este gran Padre de la Iglesia, que en buena parte
están ligadas a las vicisitudes de la crisis arriana, recordamos también las
cuatro cartas que dirigió al amigo Serapión, obispo
de Thmuis, sobre la divinidad del Espíritu Santo,
en las que es afirmada con claridad, y unas treinta cartas «festivas»,
dirigidas al inicio de cada año a las Iglesias y a los monasterios de Egipto
para indicar la fecha de la fiesta de Pascua, pero sobre todo para
intensificar los vínculos entre los fieles, reforzando la fe y preparándoles
para esta gran solemnidad.
Por último, Atanasio es también autor de textos meditativos sobre los Salmos,
muy difundidos, y sobre todo de una obra que constituye el «best seller» de
la antigua literatura cristiana, la
«Vida de Antonio», es decir, la biografía de Antonio abad,
escrita poco después de la muerte de este santo, precisamente mientras el
obispo de Alejandría, en el exilio, vivía con los monjes del desierto
egipcio. Atanasio fue amigo del grande eremita hasta el punto de recibir una
de las dos pieles de oveja dejadas por Antonio como herencia suya, junto al
manto que el mismo obispo de Alejandría le había regalado.
Tras hacerse pronto sumamente popular y traducida inmediatamente dos veces en
latín y en varias lenguas orientales, la biografía ejemplar de esta figura
muy querida por la tradición cristiana contribuyó decisivamente a la difusión
del monaquismo, en Oriente y en Occidente. La lectura de este texto, en Tréveris, forma parte central de una emocionante
narración de la conversión de dos funcionarios imperiales que Agustín
presenta en las «Confesiones» (VIII, 6, 15) como premisa para su misma
conversión.
De hecho, el mismo Atanasio demuestra que tenía clara conciencia de la
influencia que podría ejercer sobre el pueblo cristiano la figura ejemplar de
Antonio. Escribe en la conclusión de esta obra: «El hecho de que llegó a ser
famoso en todas partes, de que encontró admiración universal y de que su
pérdida fue sentida aún por gente que nunca lo vio, subraya su virtud y el
amor que Dios le tenía. Antonio ganó renombre no por sus escritos ni por
sabiduría de palabras ni por ninguna otra cosa, sino sólo por su servicio a
Dios. Y nadie puede negar que esto es don de Dios.
¿Cómo explicar, en efecto, que este hombre, que vivió escondido en la montaña,
fuera conocido en España y Galia, en Roma y África,
sino por Dios, que en todas partes hace conocidos a los suyos, que, más aún,
había dicho esto en los comienzos? Pues aunque hagan sus obras en secreto y
deseen permanecer en la oscuridad, el Señor los muestra públicamente como
lámparas a todo los hombres, y así, los que oyen hablar de ellos, pueden
darse cuenta de que los mandamientos llevan a la perfección, y entonces
cobran valor por la senda que conduce a la virtud» («Vida de Antonio» 93,
5-6).
¡Sí, hermanos y hermanas! Tenemos muchos motivos para dar gracias a san
Atanasio. Su vida, como la
de Antonio y la de otros innumerables santos, nos muestra
que «quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace
realmente cercano a ellos» («Deus caritas est»,
42).
[Traducción del original italiano
realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el
Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas:
San Atanasio, Obispo de
Alejandría, es sin duda uno de los Padres de la Iglesia antigua más
importantes y venerados. Teólogo apasionado de la Encarnación del Verbo de
Dios, fue también el más importante adversario contra la herejía arriana, que
entonces amenazaba la fe en Cristo al minimizar su divinidad. Siendo diácono
participó con su Obispo en el Concilio de Nicea, el
cual subrayó la plena divinidad de Cristo negada por los arrianos. Después de
ser elegido Obispo de Alejandría, padeció la hostilidad de los arrianos; fue
obligado a abandonar la diócesis en cinco ocasiones y sufrió el exilio
durante diecisiete años. De esta manera, pudo difundir en Occidente la fe
proclamada en el Concilio de Nicea. Entre los
diversos escritos de san Atanasio, como cartas y textos de meditación sobre
los salmos, destaca su tratado sobre la Encarnación, en el que afirma que el
Verbo de Dios se hizo hombre para que nosotros llegásemos a ser Dios. Su
biografía sobre san Antonio Abad, del que fue gran amigo, contribuyó de modo
decisivo a la difusión del monaquismo tanto en Occidente como en Oriente.
Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española, venidos de
Latinoamérica y de España. En particular, saludo a los distintos grupos
parroquiales y escolares de España; así como a los peregrinos de Honduras,
México y otros Países Latinoamericanos. Que vuestra visita a Roma consolide
vuestra fe en Cristo, iluminados por el testimonio de vida y del martirio de
los apóstoles Pedro y Pablo, y sintiéndoos cada vez más en comunión con toda
la Iglesia. ¡Que Dios os bendiga!
Mientras el
tercer curso virtual se continúa desarrollando con éxito, habiendo formado a
más de doscientos alumnos, informamos que se encuentra abierta la inscripción
para la cuarta edición del Curso Virtual de Office Eclesial 2.0 para
Parroquias.
Durante el Curso Virtual los alumnos trabajan con el apoyo de más de 60 videodemostraciones (vea
una muestra aquí), junto a los tutores que acompañan el aprendizaje.
Cabe señalar que para hacer el Curso Virtual, de 10 semanas de duración, se
requieren: conocimientos de informática básicos (operador de pc), acceso a Internet de banda ancha, una computadora con
sistema operativo Windows XP disponible para instalar el software y
practicarlo, y sobre todo, tiempo para estudiar, ya sea diaria o
semanalmente, porque el aprendizaje es proporcional al tiempo dedicado al
estudio.
Debido a que el Aula Virtual se encuentra disponible 24 horas al día, 7 días
a la semana, el Curso Virtual no tiene horarios de dictado de clases,
pudiendo cada alumno llevar el ritmo de estudio que sus obligaciones le permitan.
La cuarta edición del Curso Virtual de
Office Eclesial se dictará a partir del 3 de julio de 2007, quedando abiertas
las inscripciones a partir del 11 de junio de 2007.
FIESTA DIOCESANA
SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO
CELEBRACIÓN DE LOS 50 AÑOS DE LA DIÓCESIS DE SAN
ISIDRO
SÁBADO 9 DE JUNIO - COLEGIO MARÍN -
Homilía Monseñor Jorge Casaretto.
Desde el día de ayer la
diócesis cumple 50 años. En la víspera de esta fiesta, Monseñor Aguirre
tomaba posesión de la
diócesis. Hoy, hace cincuenta años recibió su ordenación
episcopal, la diócesis comenzó a tener vida. Recordamos con tanto cariño, con
tanto afecto a Monseñor Aguirre. Está aquí presente Monseñor Laguna que lo
acompañó desde el primer día de su llegada a la diócesis, está Monseñor Bianchi, los dos como testigos de ese primer tiempo de la
vida de la diócesis, junto a algunos sacerdotes, todavía con vida, unos
cuantos laicos que estarán aquí, seguramente, presentes, recordando aquellos
tiempos, algunas religiosas. La diócesis comenzó a vivir hace cincuenta años.
Les agradezco a todos la presencia, de modo particular al señor intendente de
Vicente López, a representantes de otros municipios de la diócesis,
muchísimas gracias a los ministros y fieles de otras confesiones, y todos,
dando gracias al señor.
Tres actitudes les invito
a tener, de una manera activa en esta celebración. Tres actitudes que se
desprenden del mismo misterio que celebramos, el misterio eucarístico. La
primera, y no puede ser de otra manera, la profunda gratitud que a lo largo
de estos cincuenta años el que tomó siempre la iniciativa siempre fue el
Señor. Dios, con su amor, estuvo siempre antes, siempre Él nos precedió.
Recién pedíamos perdón porque, sin duda, nuestra limitación humana, se pone
tan de manifiesto en tantas oportunidades, pero cuánto a primado la acción de
la gracia, cuánto ha primado el amor de Dios, qué fuerza la de ese amor. Un
amor que nos ha llevado y lo llevó mucho a Monseñor Aguirre y a quienes lo
acompañaron en aquél tiempo y a todos nosotros, nos ha llevado siempre al
Misterio Pascual de Jesús. Y por eso, también gracias por las cruces. No hay
posibilidad para una iglesia de crecer sino identificándose con este Cristo
que celebramos en la Eucaristía. Este Cristo Eucarístico es el de la
Pasión, el de la Muerte y el de la Resurrección. La
Resurrección de Jesús no es la superación de la cruz sino
que es la confirmación que el Padre le la da al Hijo de que el camino que
eligió era el camino correcto. Por eso nunca la Resurrección de Jesús va a
eliminar el sendero de la cruz de la vida de los cristianos, mas bien va a
confirmar su gracia, su amor, la vida plena de resucitados que todos por la
gracia de Dios vivimos, es una confirmación que siempre el camino del
cristiano pasa por la cruz para resucitar con Jesús. Por todo esto, gracias
al Señor en esta Eucaristía que es acción de gracias, la celebramos con esta primer actitud.
La segunda es la petición. Tanto
seguimos necesitando de Dios como diócesis, tanto la iglesia sigue
necesitando de su gracia y de su amor. La petición quisiera dirigirla a poder
permanecer en Jesús para poder dar mucho fruto. El lema de esos cincuenta
años surgió en un encuentro, en una reunión y pienso que realmente fue una
inspiración del Espíritu, quien trabajó en el corazón de los que estaban allí
presentes. Si permanecemos en El daremos
mucho fruto. Por eso la petición tiene que ser permanecer en Jesús
apasionadamente enamorados de El. El Papa Juan Pablo II, cuando se refería a
la mirada del presente decía "vivir apasionadamente", con pasión el
presente. Permanecer en la Palabra apasionadamente. Permanecer en la
Eucaristía apasionadamente. Permanecer en los pobres apasionadamente. Esta
gracia la
necesitamos. Todos ustedes y yo sabemos de nuestras
incapacidades de amar como Jesús nos amó. Pero esto que para nosotros, como
el mismo Jesús les dijo a sus apóstoles, es imposible, es posible para Dios.
Dios puede seguir asistiéndonos, dándonos toda la gracia que necesitamos para
vivir en el amor. De qué otra manera podríamos vivir los cristianos sino en
el amor y qué impotencia sentimos por no vivir en el amor. Pero El es capaz
de darnos más fuerzas para permanecer apasionadamente unidos a Jesús y así
poder dar siempre mucho fruto.
La tercera actitud a la
que los invito a poner en el altar y que es una actitud también profundamente
eucarística, es el renovar nuestro ofrecimiento. Ofrecer nuestra vida.
Decirle a Jesús, como nos dice la plegaria eucarística, que nos convierta en
ofrenda permanente. Si estamos ofrecidos a El, El puede conducir nuestra
vida. Si nosotros por nuestra libertad le decimos "aquí estamos
Señor" como lo dijo María Santísima en el momento de la Anunciación, si
esa es nuestra actitud, El puede conducir nuestras vidas, El puede llevar
nuestras vidas de modo tal que den mucho fruto y así, en la medida que nos
ofrecemos, podemos tener esperanza. Si cerramos nuestro corazón y nuestra
vida y no dejamos que Dios actúe y que su espíritu nos conduzca, no hay lugar
para la esperanza. En
cambio si libremente, yo diría magnánimamente ponemos nuestra vida en las
manos de Dios, podemos esperar, debemos esperar. Debemos esperar con certeza
de que El, que empezó la buena obra, la va a llevar hasta el fin. El seguirá
conduciendo esta iglesia en el amor, en la caridad, si nosotros estamos
ofrecidos y nos disponemos a permanecer en Jesucristo.
Que Dios los bendiga
mucho a todos y celebremos con gozo real, desde lo más profundo de nuestros
corazones los cincuenta años. Que el Señor nos siga acompañando. Como María
que podamos disponer nuestra existencia para que El con su espíritu pueda
hacer su obra en nosotros. Le pedimos a María Santísima que sea la mediadora
de todas estas gracias, de nuestra gratitud, de nuestras peticiones, de
nuestro ofrecimiento. Él sabe que ciertamente queremos dar mucho fruto, el
Señor puede hacernos fructificar como solamente El lo puede hacer. Gracias a
todos, que Dios los acompañe mucho, que nos acompañe en esta celebración y en
toda nuestra vida.
El
Obispo de San Isidro, Mons. Jorge Casaretto, dialogó ayer con la prensa local.
En dicha oportunidad, y en el marco de un encuentro distendido y ameno,
presentó la página web de la diócesis.
A
partir de ahora quienes deseen consultar información confiable y actualizada
podrán hacerlo ingresando a la siguiente dirección:
Ante la inminencia del tratamiento de la Ley Provincial de
Educación en la Legislatura, los Obispos de la Provincia de Buenos Aires
creemos oportuno manifestar algunos puntos fundamentales que deberían ser
tenidos en cuenta en el texto legal.
Consideramos que una Ley Provincial requiere de un debate serio,
con tiempo suficiente para lograr una reflexión más acabada a nivel de las
comunidades educativas y de la ciudadanía en general, padres de familia,
docentes, alumnos y organizaciones comprometidas con la educación.
Reiteramos e insistimos en los aportes realizados por el Consejo de
Educación Católica, en especial, los que se han propuesto sobre el
diagnóstico del sistema educativo que el Gobernador Felipe Solá presentó en abril de 2004, los elevados durante los
años 2005 y 2006 en oportunidad de la Consulta sobre la Ley de Educación
Nacional y aún los realizados en el transcurso del 2007.
Consideramos también que el texto de la Ley Provincial de
Educación debiera tener definidos con toda claridad los siguientes
principios:
1-La inclusión de una educación
integral basada en la concepción trascendente de la persona humana y su
dimensión espiritual y religiosa. Al respecto, la Ley Provincial no
deberá contradecir el precepto de la Constitución Provincial
que textualmente en su Artículo 199afirma:
“La educación tendrá por objeto la
formación integral de la persona con dimensión trascendente y el respeto a
los derechos humanos y libertades fundamentales, formando el carácter de los
niños en el culto de las instituciones patrias, en el respeto a los símbolos
nacionales y en los principios de la moral cristiana, respetando la libertad
de conciencia.”
2-Debe garantizar explícitamente el
principio de libertad de enseñanza establecido por la Constitución Nacional,
la
Constitución Provincial y la Ley de Educación Nacional.
3-Debe reconocer plenamente el
derecho inalienable de la familia a elegir para sus hijos una educación
conforme a sus convicciones filosóficas y religiosas, respetando la dimensión
espiritual y trascendente de la persona. Este principio vale tanto para los
padres que envían a sus hijos a las escuelas de gestión estatal como a las de
gestión privada.
4-Con el fin de valorar cabalmente la vocación
docente y la importancia social de su misión, reivindicamos el derecho de la
Iglesia y de otras instituciones de gestión privada, a crear y organizar sus
propios Institutos de Formación Docente que les permitan asegurar el pleno
cumplimiento y aplicación de sus Proyectos Educativos Institucionales.
5-Respetar y garantizar de acuerdo
al marco jurídico vigente el funcionamiento de un único sistema de educación
pública bajo dos gestiones: estatal y privada.
6-Para que el sistema pueda cumplir
su función en forma eficiente y operativa se requiere de organismos
apropiados. Entre ellos, la DIPREGEP, por la importancia que tiene en el
sistema educativo provincial la escuela de gestión privada.
7-Para un pleno ejercicio de la
libertad de enseñanza requerimos que los Institutos de gestión privada
accedan a un financiamiento en condiciones equitativas respecto de las
Instituciones de gestión estatal, sobre todo aquellos que cumplen una función
social en ámbitos de mayor necesidad y riesgo educativo.
Con espíritu propositivo y de diálogo,
sentimos la necesidad de hacer estas aclaraciones con el único objeto de
contribuir al bien de la Educación de la Provincia de Buenos Aires y de la Nación Argentina.
CIUDAD DEL VATICANO,
miércoles, 13 junio 2007 (ZENIT.org).-
Publicamos la intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general de
este miércoles en la que, continuando con el ciclo de catequesis sobre los
Padres Apostólicos de la Iglesia, presentó a Eusebio de Cesarea.
* * *
Queridos hermanos y
hermanas:
En la historia del
cristianismo antiguo es fundamental la distinción entre los primeros tres
siglos y los sucesivos al Concilio de Nicea del año
325, el primero ecuménico. Como «bisagra» entre los dos períodos están el así
llamado «cambio de Constantino» y la paz de la Iglesia, así como la figura de
Eusebio, obispo de Cesarea en Palestina.
Fue el exponente más
cualificado de la cultura cristiana de su tiempo en contextos muy variados,
de la teología a la exégesis, de la historia a la erudición. Eusebio
es conocido sobre todo como el primer historiador del cristianismo, pero
también como el filólogo más grande de la Iglesia antigua.
En Cesarea,
donde probablemente nació en torno al año 260, Orígenes se había refugiado
procedente de Alejandría, y allí había fundado una escuela y una ingente
biblioteca. Precisamente con estos libros se habría formado, alguna década
después, el joven Eusebio. En el año 325, como obispo de Cesarea,
participó con un papel de protagonista en el Concilio de Nicea.
Suscribió el «Credo» y la afirmación de la plena divinidad del Hijo de Dios,
definido por éste con «la misma sustancia» del Padre ( «homooúsiostõPatrí»).
Es prácticamente el mismo «Credo» que nosotros rezamos todos los domingos en
la santa liturgia.
Sincero admirador de
Constantino, que había dado paz a la Iglesia, Eusebio sintió por él estima y
consideración. Celebró al emperador, no sólo en sus obras, sino también en
discursos oficiales, pronunciados en el vigésimo y trigésimo aniversario de
su llegada al trono, y después de su muerte, acaecida en el año 337. Dos o
tres años después también moría Eusebio.
Estudioso incansable,
en sus numerosos escritos, Eusebio busca reflexionar y hacer un balance de
los tres siglos de cristianismo, tres siglos vividos bajo la persecución,
recurriendo en buena parte a las fuentes cristianas y paganas conservadas
sobre todo en la gran biblioteca de Cesarea. De
este modo, a pesar de la importancia objetiva de sus obras apologéticas,
exegéticas y doctrinales, la fama imperecedera de Eusebio sigue estando
ligada en primer lugar a los diez libros de su «Historia eclesiástica». Fue
el primero en escribir una historia de la Iglesia, que sigue siendo
fundamental gracias a las fuentes que Eusebio pone a nuestra disposición para
siempre. Con esta «Historia» logró salvar del olvido seguro numerosos
acontecimientos, personajes y obras literarias de la Iglesia antigua. Se
trata, por tanto, de una fuente primaria para el conocimiento de los primeros
siglos del cristianismo.
Nos podemos preguntar
cómo estructuró y con qué intenciones redactó esta nueva obra. Al inicio del
primer libro, el historiador presenta los argumentos que pretende afrontar en
su obra: «Me he propuesto redactar las sucesiones de los santos apóstoles
desde nuestro Salvador hasta nuestros días; cuántos y cuán grandes fueron los
acontecimientos que tuvieron lugar según la historia de la Iglesia y quiénes
fueron distinguidos en su gobierno y dirección en las comunidades más
notables, incluyendo también aquellos que, en cada generación, fueron
embajadores de la Palabra de Dios, ya sea por medio de la escritura o sin
ella, y los que, impulsados por el deseo de innovación hasta el error, se han
anunciado promotores del falsamente llamado conocimiento, devorando así el
rebaño de Cristo como lobos rapaces… y también el número; el modo y el
tiempo de los paganos que lucharon contra la palabra divina y la grandeza de
los que en su tiempo atravesaron, por ella, la prueba de sangre y tortura;
señalando además los martirios de nuestro tiempo y el auxilio benigno y
favorable para con todos de nuestro Salvador » (1, 1, 1-2).
De esta manera, Eusebio
abarca diferentes sectores: la sucesión de los apóstoles, como estructura de
la Iglesia, la difusión del Mensaje, los errores, las persecuciones por parte
de los paganos y los grandes testimonios que constituyen la luz de esta
«Historia». En todo esto, resplandecen la misericordia y la benevolencia del
Salvador. Eusebio inaugura así la historiografía eclesiástica, abarcando su
narración hasta el año 324, año en el que Constantino, después de la derrota
de Licinio, fue aclamado como emperador único de Roma. Se trata del año
precedente al gran Concilio de Nicea que después
ofrece la «summa» de lo que la Iglesia --doctrinal,
moral e incluso jurídicamente-- había aprendido en esos trescientos años.
La cita que acabamos de
referir del primer libro de la
«Historia eclesiástica» contiene una repetición que
seguramente es intencionada. En pocas líneas repite el título cristológico de «Salvador», y hace referencia explícita a
«su misericordia» y a «su benevolencia». Podemos comprender así la
perspectiva fundamental de la historiografía de Eusebio: es una historia «cristocéntrica», en la que se revela progresivamente el
misterio del amor de Dios por los hombres. Con genuina sorpresa, Eusebio
reconoce que «de todos los hombres de su tiempo y de los que han existido
hasta hoy en toda la tierra, sólo Él es llamado y confesado como Cristo [es
decir “Mesías” y “Salvador del mundo”], y todos dan
testimonio de Él con este nombre, recordándolo así tanto los griegos como los
bárbaros. Además, todavía hoy entre sus seguidores, en toda la tierra, es
honrado como rey, es contemplado como siendo superior a un profeta y es
glorificado como el verdadero y único sumo sacerdote de Dios; y, por encima
de todo esto, es adorado como Dios por ser el Logos
preexistente, anterior a todos los siglos, y habiendo recibido del Padre el
honor de ser objeto de veneración. Y lo más singular de todo es que los que
estamos consagrados a Él no le honramos solamente con la voz o con los
sonidos de nuestras palabras, sino con una completa disposición del alma,
llegando incluso a preferir el martirio por su causa a nuestra propia vida»
(1, 3, 19-20).
De este modo, aparece
en primer lugar otra característica que será una constante en la antigua
historiografía eclesiástica: la «intención moral» que preside la narración. El
análisis histórico nunca es un fin en sí mismo; no sólo busca conocer el
pasado; más bien, apunta con decisión a la conversión, y a un auténtico
testimonio de vida cristiana por parte de los fieles. Es una guía para
nosotros mismos.
De esta manera, Eusebio
interpela vivamente a los creyentes de todos los tiempos sobre su manera de
afrontar las vicisitudes de la historia, y de la Iglesia en particular. Nos
interpela también a nosotros: ¿Cuál es nuestra actitud ante las vicisitudes
de la Iglesia? ¿Es la actitud de quien se interesa por simple curiosidad,
buscando el sensacionalismo y el escandalismo a
todo coste? ¿O es más bien la actitud llena de amor y abierta al misterio de
quien sabe por la fe que puede percibir en la historia de la Iglesia los
signos del amor de Dios y las grandes obras de la salvación por él
realizadas?
Si esta es nuestra
actitud tenemos que sentirnos interpelados para ofrecer una respuesta más
coherente y generosa, un testimonio más cristiano de vida, para dejar los
signos del amor de Dios también a las futuras generaciones.
«Hay un misterio», no
se cansaba de repetir ese eminente estudioso de los Padres, el padre Jean Daniélou: «Hay un contenido escondido en la
historia… El misterio es el de las obras de Dios, que constituyen en el
tiempo la realidad auténtica, escondida detrás de
las apariencias… Pero esta historia que Dios realiza por el hombre, no
la realiza sin Él. Quedarse en la contemplación de las “grandes
cosas” de Dios significaría ver sólo un aspecto de las cosas. Ante ellas
está la respuesta» («Ensayo sobre el misterio de la historia», «Saggiosulmisterodellastoria», Brescia 1963, p. 182).
Tantos siglos después,
también hoy Eusebio de Cesarea invita a los
creyentes, nos invita a sorprendernos a contemplar en la historia las grandes
obras de Dios por la salvación de los hombres. Y con la misma energía nos
invita a la conversión de la
vida. De hecho, ante un Dios que nos ha amado así, no
podemos quedar insensibles. La instancia propia del amor es que toda la vida
se oriente a la imitación del Amado. Hagamos todo lo que esté a nuestro
alcance para dejar en nuestra vida una huella transparente del amor de Dios.
[Traducción
del original italiano realizada por Zenit. Al final
de la audiencia el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español
dijo:]
Queridos hermanos y
hermanas:
Entre las figuras más
destacadas de la Iglesia antigua hay que mencionar a Eusebio, obispo de Cesarea, testigo y protagonista de un cambio de época
para el cristianismo, que alcanza la paz con el emperador Constantino y
celebra el primer concilio de Nicea, en el que
Eusebio suscribió el Credo.
Eusebio es conocido
sobre todo por los diez libros de su Historia Eclesiástica, con una gran
cantidad de noticias de los tres primeros siglos. Pero no es sólo un alarde
de erudición: se trata de narrar los hechos que muestran el progresivo
desarrollo del misterio del amor de Dios por los hombres que se ha
manifestado en Cristo. Al mismo tiempo, es una historia que no sólo atrae la
curiosidad, sino que llama a la conversión, a reconocer en la vida de la
Iglesia los signos del amor de Dios y las magníficas obras que ha hecho para
nuestra salvación. A su vez, este reconocimiento invita a dar una respuesta
generosa y un testimonio claro de vida cristiana, orientada a imitar a quien
tanto nos ha amado y nos ama. Después de tantos siglos, Eusebio de Cesarea nos repite esta invitación.
Saludo cordialmente a
los peregrinos de lengua española, en particular al grupo de la Institución Teresiana,
reunido estos días en Roma, a las Siervas de María Ministras de los Enfermos,
a los colaboradores de las Obras Pontificias Misioneras de México y al grupo
del Colegio San Agustín de Lima, así como a los demás grupos y personas
venidas de España, México, Ecuador, Perú y de otros Países de Latinoamérica.
Invito a todos a ver en la historia y en la vida cotidiana el amor y la
bondad de Dios.
Consideramos que es un
paso extraordinario en la vida de ZENIT y nos satisface que se dé en el
momento crucial de nuestra campaña anual de donativos.
De hecho, con esta novedad
deseamos expresar nuestra gratitud a todos los que de distintos modos nos
están apoyando tanto en estos días, y a todos aquellos que ya lo han hecho
con generosidad.
Les invitamos a conocer el
nuevo sitio. En sus páginas se describe la vida y misión de ZENIT, se muestra
cómo los lectores pueden apoyarla y participar en esta aventura, y sobre todo
se brinda nuestro material informativo.
Se pueden utilizar los
motores de búsqueda: el "sencillo", el "avanzado" y el
del "archivo indexado".
Desde hoy, las noticias de
ZENIT se pueden recibir vía RSS –además del correo electrónico-.
La organización y la
presentación gráfica son fruto de un detallado estudio que se emprendió hace
dos años, cuando convocamos un concurso entre nuestros lectores invitándoles
a proponer un nuevo diseño gráfico del sitio.
La propuesta del lector
ganador del concurso, René Dery -de Canadá-, junto a las ideas de muchas
otras propuestas interesantes, han sido la base de la que partimos hasta
llegar a la presentación actual, que esperamos sea de su agrado.
El antiguo sitio nos ha
acompañado prácticamente sin modificaciones desde el inicio de ZENIT y, dada
la velocidad de progresión de la tecnología en Internet, tratándose de un
sitio concebido hace diez años, podemos con toda razón decir que era
"prehistórico" respecto al que hoy lanzamos...
El nuevo sitio utiliza las
tecnologías más avanzadas.
Hay seguramente aspectos
que podemos mejorar y trataremos de hacerlo diariamente.
Para el correcto
funcionamiento de un sitio como éste, obviamente el sistema técnico que lo
respalda es mucho mayor de lo que se pueda apreciar.
Por ejemplo, se ha rehecho
completamente el sistema de organización, carga y gestión de todo el material
informativo que contiene el sitio.
La realización del
proyecto ha requerido un año de trabajo técnico. Supone una gran inversión en
términos económicos y, sobre todo, en recursos humanos -nuestros traductores,
redactores y técnicos que, en especial en los tres últimos meses, se han
debido empeñar duramente.
Este resultado es fruto de
los sacrificios de quienes nos han dedicado su propio trabajo, ¡pero es
también fruto de la generosidad de todos ustedes, queridos lectores!
El sostenimiento económico
de los lectores es en realidad el único apoyo que permite a ZENIT cubrir los
gastos y, al mismo tiempo, emprender con confianza inversiones de desarrollo
como este nuevo sitio.
Por este motivo, les
recordamos que estamos ya en la fase final de nuestra campaña anual de
donativos.
Quien tenga pendiente aún
el envío de su donativo, y piensa hacerlo, ¡le rogamos que lo haga ahora!
Se puede enviar un
donativo con tarjeta de crédito, cheque o transferencia bancaria, usando la
página:
El lanzamiento del nuevo
sitio no es un punto de llegada.
Estamos convencidos de que
es un punto de partida para un gran desarrollo de ZENIT y de su misión.
Pero para que esto se
realice, como ZENIT carece prácticamente de cualquier financiación fuera de
la ayuda voluntaria de sus lectores, ¡contamos con cada uno de ustedes!
¡Confiamos en que el nuevo
sitio pueda satisfacer sus expectativas!
Un cordial saludo de parte
de todo el equipo de ZENIT.
Gracias a la donación de la fundación Rocca por medio de la organización Techint, ya se han avanzado en los
trabajos de canalización de todo el cableado exterior existente, y a la
brevedad comenzarán los trabajos de pintura de su interior.
Como cada año, la
Colecta Anual de Cáritas nos invita a vivir la solidaridad
de manera creativa, saliendo al encuentro de toda la sociedad. La
realidad de exclusión y de pobreza que impide que muchos hermanos tengan
acceso a una vida digna nos interpela y nos mueve a proponer una solidaridad
transformadora, para seguir promoviendo la comunión cristiana de bienes.
La Colecta nos propone el ejercicio de una solidaridad comprometida
por el bien común, capaz de generar un nuevo modo de entender los vínculos
sociales. Una solidaridad que nos mueve a denunciar la injusticia y la
indiferencia, pero también nos impulsa a transmitir un mensaje de esperanza
renovada, porque creemos que es posible construir una sociedad con igualdad
de oportunidades para todos.
1. Los obispos reunidos
en la V
Conferencia General del Episcopado de América Latina y El
Caribe quieren impulsar, con el acontecimiento celebrado junto a Nuestra
Señora Aparecida en el espíritu de “un nuevo
Pentecostés”, y con el documento final que resume las conclusiones de
su diálogo, una renovación de la acción de la Iglesia. Todos
sus miembros están llamados a ser discípulos y misioneros de Jesucristo,
Camino, Verdad y Vida, para que nuestros pueblos tengan vida en Él. En la
senda abierta por el Concilio Vaticano II y en continuidad creativa con las
anteriores Conferencias de Río de Janeiro, 1955; Medellín, 1968; Puebla,
1979; y Santo Domingo, 1992, han reflexionado sobre el tema Discípulos y
misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida.‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida ' (Jn 14,6) ,
y han procurado trazar en comunión líneas comunes para proseguir la nueva
evangelización a nivel regional.
2. Ellos expresan, junto con el Papa Benedicto XVI,
que el patrimonio más valioso de la cultura de nuestros pueblos es “ la fe en Dios Amor ”.
Reconocen con humildad las luces y las sombras que hay en la vida cristiana y
en la tarea eclesial. Quieren iniciar una nueva etapa pastoral , en las actuales
circunstancias históricas, marcada por un fuerte ardor apostólico y un mayor
compromiso misionero para proponer el Evangelio de Cristo como camino a la
verdadera vida que Dios brinda a los hombres. En diálogo con todos los
cristianos y al servicio de todos los hombres, asumen “la gran tarea de
custodiar y alimentar la fe del Pueblo de Dios, y recordar también a los
fieles de este Continente que, en virtud de su bautismo, están llamados a ser
discípulos y misioneros de Jesucristo” (Benedicto XVI, Discurso
Inaugural, 3). Se han propuesto renovar las comunidades eclesiales y
estructuras pastorales para encontrar los cauces de la trasmisión
de la fe en Cristo como fuente de una vida plena y digna para todos, para que
la fe, la esperanza y el amor renueven la existencia de las personas y
transformen las culturas de los pueblos.
3. En ese contexto y
con ese espíritu ofrecen sus conclusiones abiertas en el Documento final .
El texto tiene tres grandes partes que sigue el
método de reflexión teológico-pastoral “ver, juzgar y actuar”.
Así se mira la realidad con ojos iluminados por la fe y un corazón lleno de
amor, proclama con alegría el Evangelio de Jesucristo para iluminar la meta y
el camino de la vida humana, y busca, mediante un discernimiento comunitario
abierto al soplo del Espíritu Santo, líneas comunes de una acción realmente
misionera, que ponga a todo el Pueblo de Dios en un estado permanente de
misión. Ese esquema tripartito está hilvanado por un hilo conductor en torno
a la vida, en especial la Vida en Cristo, y está recorrido transversalmente
por las palabras de Jesús, el Buen Pastor: “ Yo he venido
para que las ovejas tengan vida y la tengan en abundancia ”
(Jn 10,10).
Dado que en el presente año se cumplen los primeros
noventa años de la primera aparición de la Virgen de Fátima a los tres
pastorcitos, Lucia, Jacinta y Francisco, se llevaran a cabo por dicho motivo
actos de preparación para su festejo el 13 de mayo en nuestra Parroquia.
Invitamos a toda la Comunidad a participar de los
mismos
•Charlas
preparatorias para la Consagración al Inmaculado Corazón de María el martes 8
de mayo en los Salones Parroquiales Alvear 1056 Martínez a las 19 hs
•Rosario
Iluminado en el Atrio del templo, el sábado12de mayo a las 18.15hs
•Consagración
al Inmaculado Corazón de Maríasábado
12 en la misa de 19.30 hs y domingo 13 en lasmisas de 10-12-18.30 y 20 hs
En el TEATRO DE LA COVA Libertador 13900
Martínez.
•4 de mayo viernes a las 20.30 hs.
oProyección de la película“ FATIMA EXPERIENCIA DE FE ”
oActuación de los Coros “
COLONIAL ” Programa Juventud Prolongada de la M.S.I.
y del Belgrano DaySchool
dirigido por el Prof. ReinaldoArena..
•11 de mayo viernesa las
20.30hs.
oDanzas Folklóricas con la actuación
delconjunto “Alegrías
Portuguesas” del ClubPortugués,
dirigido por la Sra.
Ana LauraSimoes.
oCharla“ FATIMA Y LA ACTUALIDAD “ dada
por la Arq..
Carmen Tiscornia
Las consecuencias de la Ley de
Educación, la puesta en práctica del Programa de Educación Sexual, y la
preocupación por las drogas, el juego y las adicciones, serán los ejes de la
93ª Asamblea Plenaria de la Conferencia
Episcopal Argentina, que sesionará del 23 al 28 de abril en
la casa de ejercicios El Cenáculo – La Montonera, de Pilar.
Las deliberaciones comenzarán a las 16 con el habitual intercambio
pastoral y la misa que presidirá, a las 20, el arzobispo de Buenos Aires y
presidente del Episcopado, cardenal Jorge Mario Bergoglio.
El plenario recibirá el martes un informe de la Comisión de Pastoral
Social, que preside el obispo de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto, sobre
“Drogas, adicciones y juego”, a fin de preparar una futura
pastoral sobre el tema. También escucharán otro sobre el plan trienal de la Comisión Nacional
de Justicia y Paz, que preside el laico Eduardo Serantes,
y otro sobre Educación desde la Comisión Episcopal de Catequesis.
El miércoles dedicarán toda la jornada al tema central de la
Educación, evaluación sobre el nuevo marco legal que estará a cargo de la Comisión Episcopal
de Educación Católica, que preside monseñor Guillermo Garlatti,
arzobispo de Bahía Blanca.
El jueves, los obispos escucharán experiencias pastorales diocesanas
que ponen en práctica las líneas trazadas por el documento “Navega mar
adentro”.
El viernes está previsto un informe de la Comisión Episcopal
de Comunicación Social, a cargo de monseñor Mario Maulión,
arzobispo de Paraná, y una conferencia de prensa a las 11.
Las deliberaciones culminarán el sábado.
Visitas a los tres poderes
El obispo de San Miguel y secretario general del Episcopado, monseñor
Sergio Fenoy, dijo en una rueda informal con
periodistas que ni el Senado ni Diputados respondieron al pedido de audiencia
que elevó la
Comisión Ejecutiva.
El prelado lamentó esta actitud y dijo “no conocer” los
porqué, al tiempo que reiteró que tras reunirse con los presidentes de ambas
cámaras, Daniel Scioli y Alberto Balestrini, tienen previsto solicitar una reunión con el
presidente de la Nación, doctor Néstor Kirchner.
La iniciativa se enmarca en la ronda de visita a los tres poderes del
Estado que la
Comisión Ejecutiva inició en diciembre de 2006, al mantener
un contacto con integrantes de la Corte Suprema de Justicia.
Monseñor Fenoy adelantó, además, que el
lunes, previo al comienzo de la Asamblea, habrá una reunión de los nueve
obispo delegados a la V Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano y del Caribe, que se desarrollará del 13 al 31 de mayo en el
santuario mariano de Aparecida, Brasil, que inaugurará el papa Benedicto
XVI.+
Con motivo de cumplir quince años de
vida, "Espacio, Tiempo de Comunicación", la revista sobre temas de
comunicación orientada a los educadores y animadores de pastoral, pone a
disposición de sus lectores parte de sus contenidos en el sitio de Internet http://fmaaba.com.ar/comunicacionEspacio.html.
La revista, de edición bimensual, con
una tirada de mil ejemplares y editada por el Instituto de las Hijas de María
Auxiliadora (Buenos Aires y Patagonia Austral,
Argentina) aborda diferentes aspectos relacionados con la comunicación
humana, especialmente aquellos referidos a los lenguajes juveniles, con una
orientación práctica para ser tratados en ámbitos educativos. Mayor
información: Don Bosco 3950, Buenos Aires; (011)
4981-0418; comunicación@...
Intervención en la audiencia general de este
miércoles
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 25 abril 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de
Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles dedicada a presentar
la figura del padre apostólico Orígenes.
* * *
Queridos hermanos y hermanas:
En nuestras meditaciones sobre las
grandes personalidades de la Iglesia antigua, conocemos hoy a una de las más
relevantes. Orígenes de Alejandría es realmente una de las personalidades
determinantes para todo el desarrollo del pensamiento cristiano. Él recoge la
herencia de Clemente de Alejandría, sobre quien hemos meditado el miércoles
pasado, y la relanza al futuro de manera tan innovadora que imprime un giro
irreversible al desarrollo del pensamiento cristiano. Fue un verdadero
«maestro», y así le recordaban con nostalgia y conmoción sus discípulos: no
sólo un brillante teólogo, sino un testigo ejemplar de la doctrina que
transmitía. «Él enseñó», escribe Eusebio de Cesarea,
su entusiasta biógrafo, «que la conducta debe corresponder exactamente a la
palabra, y fue sobre todo por esto que, ayudado por la gracia de Dios, indujo
a muchos a imitarle» (Hist. Eccl. 6,3,7).
Toda su vida estuvo recorrida por un
incesante anhelo de martirio. Tenía diecisiete años cuando, en el décimo año
del emperador Septimio Severo, se desató en
Alejandría la persecución contra los cristianos. Clemente, su maestro,
abandonó la ciudad, y el padre de Orígenes, Leónidas, fue encarcelado. Su
hijo ansiaba ardientemente el martirio, pero no pudo cumplir este deseo.
Entonces escribió a su padre, exhortándole a no desistir del supremo
testimonio de la fe. Y
cuando Leónidas fue decapitado, el pequeño Orígenes
sintió que debía acoger el ejemplo de su vida. Cuarenta años más tarde,
mientras predicaba en Cesarea, hizo esta confesión:
«De nada me sirve haber tenido un padre mártir si no tengo una buena conducta
y no hago honor a la nobleza de mi estirpe, esto es, al martirio de mi padre
y al testimonio que le hizo ilustre en Cristo» (Hom. Ez. 4,8). En una homilía
sucesiva –cuando, gracias a la extrema tolerancia del emperador Felipe
el Árabe, parecía ya esfumada la eventualidad de un testimonio cruento-
Orígenes exclama: «Si Dios me concediera ser lavado en mi sangre, como para
recibir el segundo bautismo habiendo aceptado la muerte por Cristo, me
alejaría seguro de este mundo... Pero son dichosos los que merecen estas
cosas» (Hom. Iud. 7,12).
Estas expresiones revelan toda la nostalgia de Orígenes por el bautismo de
sangre. Y por fin este irresistible anhelo fue, al menos en parte, complacido.
En 250, durante la persecución de Decio, Orígenes
fue arrestado y torturado cruelmente. Debilitado por los sufrimientos
padecidos, murió algún año después. No tenía aún setenta años.
Hemos aludido a ese «giro irreversible»
que Orígenes imprimió a la historia de la teología y del pensamiento
cristiano. ¿Pero en qué consiste este hito, esta novedad tan llena de
consecuencias? Corresponde en sustancia a la fundación de la teología en la
explicación de las Escrituras. Hacer teología era para él esencialmente
explicar, comprender la Escritura; o podríamos incluso decir que su teología
es la perfecta simbiosis entre teología y exégesis. En verdad, la marca
propia de la doctrina origeniana parece residir
precisamente en la incesante invitación a pasar de la letra al espíritu de
las Escrituras, para progresar en el conocimiento de Dios. Y este llamado
«alegorismo», escribió von Baltasar, coincide
precisamente «con el desarrollo del dogma cristiano obrado por la enseñanza
de los doctores de la Iglesia», los cuales –de una u otra forma-
acogieron la «lección» de Orígenes. Así la tradición y el magisterio,
fundamento y garantía de la investigación teológica, llegan a configurarse
como «Escritura en acto» (cfr. «Origene: il mondo, Cristo e la Chiesa»,
tr. it., Milano 1972, p.
43). Podemos afirmar por ello que el núcleo central de la inmensa obra
literaria de Orígenes consiste en su «triple lectura» de la Biblia. Pero antes
de ilustrar esta «lectura» conviene dar una mirada general a la producción
literaria del alejandrino. San Jerónimo, en su Epístola 33, cita los títulos de 320 libros y de 310
homilías de Orígenes. Lamentablemente la mayor parte de esta obra se perdió,
pero incluso lo poco que queda de ella le convierte en el autor más prolífico
de los primeros tres siglos cristianos. Su radio de intereses se extiende de
la exégesis al dogma, a la filosofía, a la apologética, a la ascética y a la mística. Es
una visión fundamental y global de la vida cristiana.
El núcleo inspirador de esta obra es,
como hemos mencionado, la «triple lectura» de las Escrituras desarrollada por
Orígenes en el arco de su vida. Con esta expresión intentamos aludir a las
tres modalidades más importantes –entre sí no sucesivas, sino más
frecuentemente superpuestas- con las que Orígenes se dedicó al estudio de las
Escrituras. Ante todo él leyó la Biblia con la intención de asegurar el texto
mejor y de ofrecer de ella la edición más fiable. Éste, por ejemplo, es el
primer paso: conocer realmente qué está escrito y conocer lo que esta escritura
quería intencional e inicialmente decir. Realizó un gran estudio con este fin
y redactó una edición de la Biblia con seis columnas paralelas, de izquierda
a derecha, con el texto hebreo en caracteres hebreos –él tuvo también
contactos con los rabinos para comprender bien el texto original hebraico de
la Biblia-, después el texto hebraico transliterado en caracteres griegos y a
continuación cuatro traducciones diferentes en lengua griega, que le
permitían comparar las diversas posibilidades de traducción. De aquí el
título de «Hexapla» («seis columnas») atribuido a
esta enorme sinopsis. Éste es el primer punto: conocer exactamente qué está
escrito, el texto como tal. En segundo lugar Orígenes leyó sistemáticamente
la Biblia con sus célebres Comentarios.
Estos reproducen fielmente las explicaciones que el maestro ofrecía durante
la escuela, en Alejandría como en Cesarea. Orígenes
avanza casi versículo a versículo, de forma minuciosa, amplia y profunda, con
notas de carácter filológico y doctrinal. Él trabaja con gran exactitud para
conocer bien qué querían decir los sagrados autores.
Finalmente, también antes de su
ordenación presbiteral, Orígenes se dedicó muchísimo a la predicación de la
Biblia, adaptándose a un público de composición variada. En cualquier caso,
se advierte también en sus Homilías
al maestro, del todo dedicado a la interpretación sistemática de la perícopa en examen, poco a poco fraccionada en los
sucesivos versículos. También en las Homilías
Orígenes aprovecha todas las ocasiones para recordar las diversas dimensiones
del sentido de la
Sagrada Escritura, que ayudan o expresan un camino en el
crecimiento de la fe: existe el sentido «literal», pero éste oculta
profundidades que no aparecen en un primer momento; la segunda dimensión es
el sentido «moral»: qué debemos hacer viviendo la palabra; y finalmente el
sentido «espiritual», o sea, la unidad de la Escritura, que en todo su
desarrollo habla de Cristo. Es el Espíritu Santo quien nos hace entender el
contenido cristológico y así la unidad de la
Escritura en su diversidad. Sería interesante mostrar esto. He intentado un
poco, en mi libro «Jesús de Nazaret», señalar en la situación actual estas
múltiples dimensiones de la Palabra, de la Sagrada Escritura,
que antes debe ser respetada justamente en el sentido histórico. Pero este
sentido nos trasciende hacia Cristo, en la luz del Espíritu Santo, y nos
muestra el camino, cómo vivir. Se encuentra de ello alusión, por ejemplo, en la novena Homilía sobre los Números, en la que Orígenes
compara la Escritura con las nueces: «Así es la doctrina de la Ley y de los
Profetas en la escuela de Cristo», afirma la homilía; «amarga es la letra,
que es como la corteza; en segundo lugar atraviesas la cáscara, que es la
doctrina moral; en tercer lugar hallarás el sentido de los misterios, del que
se nutren las almas de los santos en la vida presente y en la futura» (Hom. Num. 9,7).
Sobre todo por esta vía Orígenes llega a
promover eficazmente la «lectura cristiana» del Antiguo Testamento,
replicando brillantemente el desafío de aquellos herejes –sobre todo
gnósticos y marcionitas- que oponían entre sí los
dos Testamentos hasta rechazar el Antiguo. Al respecto, en la misma Homilía sobre los Números, el alejandrino
afirma: «Yo no llamo a la Ley un “Antiguo Testamento”, si la
comprendo en el Espíritu. La Ley se convierte en un “Antiguo
Testamento” sólo para los que quieren comprenderla carnalmente», esto
es, quedándose en la letra del texto. Pero «para nosotros, que la
comprendemos y la aplicamos en el Espíritu y en el sentido del Evangelio, la
Ley es siempre nueva, y los dos Testamentos son para nosotros un nuevo
Testamento, no a causa de la fecha temporal, sino de la novedad del
sentido... En cambio, para el pecador y para los que no respetan la condición
de la caridad, también los Evangelios envejecen» (Hom. Num. 9,4).
Os invito –y así concluyo- a
acoger en vuestro corazón la enseñanza de este gran maestro en la fe. Él nos
recuerda con íntimo entusiasmo que, en la lectura orante de la Escritura y en
el coherente compromiso de la vida, la Iglesia siempre se renueva y
rejuvenece. La Palabra de Dios, que no envejece jamás, ni se agota nunca, es
medio privilegiado para tal fin. Es en efecto la Palabra de Dios la que, por
obra del Espíritu Santo, nos guía siempre de nuevo a la verdad completa (cfr. Benedicto XVI, «Aipartecipanti al CongressoInternazionaleperil XL anniversariodellaCostituzionedogmatica “DeiVerbum” », in: «Insegnamenti», vol. I, 2005, pp. 552-553). Y pidamos al Señor que nos dé
hoy pensadores, teólogos, exégetas que encuentren
esta multidimensionalidad, esta actualidad
permanente de la
Sagrada Escritura, para alimentarnos realmente del
verdadero pan de la vida, de su Palabra.
[Traducción del
original italiano realizada por Zenit. Al final de
la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. Estas fueron
sus palabras en español]:
Queridos hermanos y hermanas:
Orígenes, uno de los más grandes
escritores de la Iglesia de los primeros siglos, fue un testigo ejemplar de
la doctrina que transmitía, afirmando que "la conducta debe
corresponderse exactamente con la palabra". Su deseo del martirio,
recordando a su padre que dio la vida por Cristo, se cumple durante la
persecución de Decio, en la cual es arrestado y
torturado cruelmente, muriendo algunos años después.
Orígenes imprime un "cambio
irreversible" al desarrollo del pensamiento teológico, basado en la
explicación de las Escrituras, para progresar en el conocimiento de Dios. La
tradición y el magisterio se configuran como "Escritura en acción".
El núcleo central de su obra consiste en la "triple lectura" de la Biblia. Sus Comentarios reproducen
fielmente las explicaciones que daba, tanto en Alejandría como en Cesarea, y sus Homilías
retoman los diversos significados de las Escrituras. Desde el sentido
literal, a través de la interpretación oral, los fieles deben llegar al
significado espiritual más profundo. Promueve eficazmente la "lectura
cristiana" del Antiguo Testamento, haciendo frente al reto de los
herejes que oponían los dos Testamentos hasta rechazar el Antiguo. "Para
nosotros,-afirma-, los dos Testamentos son un nuevo Testamento".
Saludo a los peregrinos de lengua
española, especialmente a los sacerdotes que participan en un curso de
actualización, a las Religiosas de la Compañía de María, a los fieles de
Palencia, La Coruña, Toledo y Madrid, así como a los de Honduras, México y
otros países de América Latina. Os invito a acoger en vuestros corazones las
enseñanzas de este gran "maestro" en la fe. Él nos recuerda que la
Iglesia siempre se renueva y rejuvenece con la lectura orante de la Sagrada Escritura
y el coherente compromiso de vida.
CIUDAD DEL VATICANO,
martes, 24 abril 2007 (ZENIT.org).-
Publicamos el mensaje que Benedicto XVI ha publicado con motivo de la 44ª
Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebra el 29 de abril
de 2007, IV Domingo de Pascua, sobre el tema «la vocación al servicio de la
Iglesia comunión».
*
* *
Venerados Hermanos en
el Episcopado,
queridos hermanos y
hermanas:
La Jornada Mundial
de Oración por las vocaciones de cada año ofrece una buena oportunidad para
subrayar la importancia de las vocaciones en la vida y en la misión de la
Iglesia, e intensificar la oración para que aumenten en número y en calidad.
Para la próxima
Jornada propongo a la atención de todo el pueblo de Dios
este tema, nunca más actual: «la vocación al servicio de la Iglesia
comunión».
El año pasado, al
comenzar un nuevo ciclo de catequesis en las Audiencias generales de los
miércoles, dedicado a la relación entre Cristo y la Iglesia, señalé que la
primera comunidad cristiana se constituyó, en su núcleo originario, cuando
algunos pescadores de Galilea, habiendo encontrado a Jesús, se dejaron
cautivar por su mirada, por su voz, y acogieron su apremiante invitación:
«Seguidme, os haré pescadores de hombres» (Mc 1,
17; cfMt 4, 19). En
realidad, Dios siempre ha escogido a algunas personas para colaborar de
manera más directa con Él en la realización de su plan de salvación. En el
Antiguo Testamento al comienzo llamó a Abrahán para formar «un gran pueblo» (Gn 12, 2), y luego a Moisés para liberar a Israel de la
esclavitud de Egipto (cf Ex 3, 10). Designó después
a otros personajes, especialmente los profetas, para defender y mantener viva
la alianza con su pueblo. En el Nuevo Testamento, Jesús, el Mesías prometido,
invitó personalmente a los Apóstoles a estar con él (cfMc 3, 14) y compartir su misión. En la Última Cena,
confiándoles el encargo de perpetuar el memorial de su muerte y resurrección
hasta su glorioso retorno al final de los tiempos, dirigió por ellos al Padre
esta ardiente invocación: «Les he dado a conocer quién eres, y continuaré
dándote a conocer, para que el amor con que me amaste pueda estar también en
ellos, y yo mismo esté con ellos» (Jn 17, 26). La
misión de la Iglesia se funda por tanto en una íntima y fiel comunión con
Dios.
La Constitución «Lumen gentium» del Concilio Vaticano II describe la Iglesia
como «un pueblo reunido por la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo» (n. 4), en el cual se refleja el misterio mismo de Dios. Esto comporta
que en él se refleja el amor trinitario y, gracias a la obra del Espíritu
Santo, todos sus miembros forman «un solo cuerpo y un solo espíritu» en
Cristo. Sobre todo cuando se congrega para la Eucaristía ese pueblo, orgánicamente
estructurado bajo la guía de sus Pastores, vive el misterio de la comunión
con Dios y con los hermanos. La Eucaristía es el manantial de aquella unidad
eclesial por la que Jesús
oró en la vigilia de su pasión: «Padre… que también ellos estén unidos
a nosotros; de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado» (Jn 17, 21). Esa intensa comunión favorece el
florecimiento de generosas vocaciones para el servicio de la Iglesia: el
corazón del creyente, lleno de amor divino, se ve empujado a dedicarse
totalmente a la causa del Reino. Para promover vocaciones es por tanto
importante una pastoral atenta al misterio de la Iglesia-comunión, porque
quien vive en una comunidad eclesial concorde, corresponsable, atenta, aprende ciertamente con más
facilidad a discernir la llamada del Señor. El cuidado de las vocaciones,
exige por tanto una constante «educación» para escuchar la voz de Dios, como
hizo Elí que ayudó a Samuel a captar lo que Dios le
pedía y a realizarlo con prontitud (cf 1 Sam 3, 9). La escucha dócil y fiel sólo puede darse en un
clima de íntima comunión con Dios. Que se realiza ante todo en la oración. Según el
explícito mandato del Señor, hemos de implorar el don de la vocación en
primer lugar rezando incansablemente y juntos al «dueño de la mies». La
invitación está en plural: «Rogad por tanto al dueño de la mies que envíe
obreros a su mies» (Mt 9, 38). Esta invitación del
Señor se corresponde plenamente con el estilo del «Padrenuestro» (Mt 9, 38), oración que Él nos enseñó y que constituye una
«síntesis del todo el Evangelio», según la conocida expresión de Tertuliano (cf «De Oratione», 1, 6: CCL 1,
258). En esta perspectiva es iluminadora también otra expresión de Jesús: «Si
dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir cualquier cosa,
la obtendrán de mi Padre celestial» (Mt 18, 19). El
buen Pastor nos invita pues a rezar al Padre celestial, a rezar unidos y con
insistencia, para que Él envíe vocaciones al servició de la Iglesia-comunión.
Recogiendo la
experiencia pastoral de siglos pasados, el Concilio Vaticano II puso de
manifiesto la importancia de educar a los futuros presbíteros en una
auténtica comunión eclesial. Leemos a este propósito en «Presbyterorumordinis»: «Los presbíteros, ejerciendo según su
parte de autoridad el oficio de Cristo Cabeza y Pastor, reúnen, en nombre del
obispo, a la familia de Dios, como una fraternidad unánime, y la conducen a
Dios Padre por medio de Cristo en el Espíritu Santo» (n. 6). Se hace eco de
la afirmación del Concilio, la Exhortación apostólica post-sinodal «Pastores dabovobis», subrayando que el
sacerdote «es servidor de la Iglesia comunión porque -unido al Obispo y en
estrecha relación con el presbiterio- construye la unidad de la comunidad
eclesial en la armonía de las diversas vocaciones, carismas y servicios» (n.
16). Es indispensable que en el pueblo cristiano todo ministerio y carisma
esté orientado hacia la plena comunión, y el obispo y los presbíteros han de
favorecerla en armonía con toda otra vocación y servicio eclesial. Incluso la
vida consagrada, por ejemplo, en su «proprium» está
al servicio de esta comunión, como señala la Exhortación apostólica
post-sinodal «Vitaconsecrata»
de mi venerado Predecesor Juan Pablo II: «La vida consagrada posee
ciertamente el mérito de haber contribuido eficazmente a mantener viva en la
Iglesia la exigencia de la fraternidad como confesión de la Trinidad. Con la
constante promoción del amor fraterno en la forma de vida común, la vida
consagrada pone de manifiesto que la participación en la comunión trinitaria
puede transformar las relaciones humanas, creando un nuevo tipo de
solidaridad» (n. 41).
En el centro de toda
comunidad cristiana está la Eucaristía, fuente y culmen
de la vida de la
Iglesia. Quien se pone al servicio del Evangelio, si vive
de la Eucaristía, avanza en el amor a Dios y al prójimo y contribuye así a
construir la Iglesia como comunión. Cabe afirmar que «el amor eucarístico»
motiva y fundamenta la actividad vocacional de toda la Iglesia, porque como
he escrito en la Encíclica «Deus caritas est», las vocaciones al sacerdocio y a los otros
ministerios y servicios florecen dentro del pueblo de Dios allí donde hay
hombres en los cuales Cristo se vislumbra a través de su Palabra, en los
sacramentos y especialmente en la Eucaristía. Y eso porque «en la liturgia de la
Iglesia, en su oración, en la comunidad viva de los creyentes, experimentamos
el amor de Dios, percibimos su presencia y, de este modo, aprendemos también
a reconocerla en nuestra vida cotidiana. Él nos ha amado primero y sigue
amándonos primero; por eso, nosotros podemos corresponder también con el
amor» (n. 17).
Nos dirigimos,
finalmente, a María, que animó la primera comunidad en la que «todos
perseveraban unánimes en la oración» (cfHch 1, 14), para que ayude a la Iglesia a ser en el mundo
de hoy icono de la Trinidad, signo elocuente del amor divino a todos los
hombres. La Virgen, que respondió con prontitud a la llamada del Padre
diciendo: «Aquí está la esclava del Señor» (Lc 1,
38), interceda para que no falten en el pueblo cristiano servidores de la
alegría divina: sacerdotes que, en comunión con sus Obispos, anuncien
fielmente el Evangelio y celebren los sacramentos, cuidando al pueblo de
Dios, y estén dispuestos a evangelizar a toda la humanidad. Que
ella consiga que también en nuestro tiempo aumente el número de las personas
consagradas, que vayan contracorriente, viviendo los consejos evangélicos de
pobreza, castidad y obediencia, y den testimonio profético de Cristo y de su
mensaje liberador de salvación. Queridos hermanos y hermanas a los que el
Señor llama a vocaciones particulares en la Iglesia, quiero encomendaros de
manera especial a María, para que ella que comprendió mejor que nadie el
sentido de las palabras de Jesús: «Mi madre y mis hermanos son los que escuchan
la palabra de Dios y la ponen en práctica» (Lc 8,
21), os enseñe a escuchar a su divino Hijo. Que os ayude a decir con la vida:
«Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad» (Heb
10, 7). Con estos deseos para cada uno, mi recuerdo especial en la oración y
mi bendición de corazón para todos.
En el marco del Jubileo Diocesano, el
Equipo de Liturgia les acerca una propuesta de guiones de ambientación para
esta Cincuentena Pascual . Esperamos que les san de
utilidad.
EDL
Guiones de ambientación para los
domingos del tiempo pascual. Ciclo C.
2do Domingo:
El tiempo pascual nos presenta distintas
manifestaciones de Jesús Resucitado. Hoy como ayer Él se presenta en medio
nuestro para que nosotros lo anunciemos a todos los hombres que no pueden reconocerlo.
En este tiempo de Jubileo Diocesano renovemos nuestro deseo de anunciar la Buena Nueva a todas
las personas que habitan este suelo.
3er Domingo:
El encuentro con Jesús Resucitado no nos
deja indiferentes. En nuestro corazón sentimos, como los apóstoles, que no
podemos callar este anuncio. Dispongámonos, en este tiempo de Jubileo
Diocesano, a reconocer al Señor en esta Eucaristía para poder vivir
plenamente nuestra misión.
4to Domingo:
Mirar a Jesús como Buen Pastor es
descubrir a un Dios que quiere que todos los hombres se salven. Por eso en
este tiempo de Jubileo Diocesano, estamos llamados a renovar nuestro
compromiso con esta misión. Abramos nuestro corazón para escuchar la voz del
Pastor en esta Eucaristía que comienza.
5to Domingo:
La Iglesia, como comunidad de
resucitados, esta llamada a hacer presente a Jesús en medio del mundo. Será
el amor que nos tengamos los unos a los otros, lo que hará posible cumplir
esta misión.
Introducción al Rito de Aspersión:
Como miembros de la Iglesia Diocesana
que celebra su cincuentenario, volvamos a asumir el compromiso de llevar la Buena Nueva a todos
nuestros hermanos. Por eso, como signo del deseo de renovar nuestra misión,
vamos a bendecir el agua para ser rociados con ella como lo fuimos el día de nuestro
bautismo.
6to Domingo:
Jesús está vivo en medio nuestro. Por
eso no debemos temer ni inquietarnos. Viviendo como hermanos, fieles a su
Palabra, en esta Iglesia Diocesana que celebra su cincuentenario podremos
cumplir nuestra misión de hacerlo presente en el mundo. Preparémonos a
celebrar esta Buena Noticia en esta Misa que comienza.
Ante las intensas lluvias registradas en
diferentes zonas del Litoral, que provocaron inundaciones y situaciones de
emergencias, fundamentalmente en las ciudades de Paraná, Santa Fe y Rosario,
Cáritas Argentina procura coordinar la ayuda solidaria, gestionando recursos
y organizando la logística necesaria para acercar alivio a las personas y
familias afectadas.
A
través del trabajo de las Cáritas parroquiales, diocesanas y nacional, la
tarea se realiza en articulación con otras organizaciones civiles,
gubernamentales y religiosas.
En
el marco de este acompañamiento, hubo encuentros y diversas comunicaciones
con referentes de las Cáritas afectadas, a fin de poder coordinar acciones
frente a la situación de emergencia. Estos espacios están permitiendo el
intercambio de información para alcanzar un diagnóstico que reflejara cuál es
la población total afectada y, de este total, cuál es la población que se
encuentra en situación de riesgo, identificando daños, efectos y necesidades
ocasionadas por el fenómeno.
A
partir de lo realizado por las Cáritas parroquiales y considerando el
pronóstico de nuevas y fuertes tormentas, se solicita que la colaboración se
realice principalmente en dinero, para facilitar el acceso y administración
de fondos desde el mismo lugar donde se realiza la asistencia y evitar así
costos de envío.
"Como
en cada emergencia, para Cáritas es importante pensar en el ‘día
después’, ya que las familias y personas más afectadas padecen,
generalmente, la pérdida de los pocos bienes que poseen. Este momento es muy
importante porque, después de superadas las necesidades inmediatas, es
indispensable crear las condiciones de resurgimiento de la vida comunitaria
desde y junto a los afectados".
Formas
de colaborar: BANCO DE LA NACION ARGENTINA CTA. CTE. Nº 38632/92, a
nombre de Cáritas Argentina, CBU 01105995-20000038632921, sucursal Plaza de
Mayo (085).
El doctor Billings, pionero de los métodos
naturales de fertilidad, ha fallecido
MELBOURNE, martes, 3 abril 2007
(ZENIT.org).- El sábado falleció el doctor John Billings,
cuya labor sirvió para difundir en todo el mundo el método de regulación
natural de la fertilidad al que dio nombre.
Este miércoles «Radio Vaticano» se ha
hecho eco de la noticia, recordando la figura de este especialista y las
claves del método que ideó.
Una breve enfermedad ha precedido la
muerte del doctor Billings a la edad de 89 años.
El médico australiano ejercía en
Melbourne cuando, por invitación de la Oficina católica de asesoramiento
matrimonial en 1953, se dedicó al estudio de este método.
Le mereció, entre otros reconocimientos,
junto su esposa Evelyn, el doctorado Honoris Causa por la Universidad romana de Tor Vergara de Roma.
Ideadores de este
método natural, los cónyuges explicaron en aquella ocasión a la emisora pontificia:
«Fieles a las indicaciones de la Encíclica 'Evangeliumvitae' de Juan Pablo II, seguimos enseñando el
método Billings de la ovulación, en la verdad y en
el amor».
«Enseñamos en la verdad y en el amor,
que son los dos pilares del matrimonio y expresión de la ley natural para
todos», apuntaron.
Con una historia de más de sesenta años
de matrimonio, los esposos fueron recibidos en aquella ocasión por Benedicto
XVI.
Recordando al ginecólogo fallecido, la
directora del Centro de Estudios e Investigación sobre Fertilidad de la Universidad Católica
de Roma, Elena Giacchi, explicó este martes, en la
emisora pontificia, el citado «método natural, que ofrece la posibilidad de
conocer la fase fértil y no fértil del ciclo menstrual mediante la
observación del moco cervical».
«Desde el principio el método siempre se
ha dirigido a la promoción de la familia y de la vida –comenta la
ginecóloga-, y esto en toda cultura y país del mundo, y siempre ha estado
animado por la intención de ofrecer a los cónyuges una ayuda para crecer en
el amor, en el respeto recíproco, para preparar a los cónyuges a acoger la
vida o, conociendo los tiempos fértiles y no fértiles, posponer también esta
posibilidad con responsabilidad».
De acuerdo con la doctora Giacchi,
el método también se puede proponer a las jóvenes generaciones.
«Se trata de una oportunidad para
descubrir la belleza de conocerse» -subraya-, «la belleza de descubrir la
fecundidad como una dimensión preciosa y un valor que hay que salvaguardar
mediante un comportamiento sexual responsable».
«Estudios autorizados, realizados
también por la
Organización Mundial de la Salud, han demostrado la validez
del método y su gran sencillez y posibilidad de aplicación además en los
países en vías de desarrollo», recalca la doctora Giacchi,
situando la eficacia del método entre un 98% y 99% de éxito.
«Esto obviamente si el método se aprende
de formadores cualificados y se aplica con rigor, según sus indicaciones»,
advierte.
El método Billings
además representa «un gran valor para la promoción de la dignidad de la mujer
--recalca la
doctora Giacchi--, y tiene
también una potencialidad diagnóstica respecto algunas patologías
ginecológicas que frecuentemente son asintomáticas».
Más información en la página web de la
WOOMB (Organización Mundial del Método Billings de
Ovulación): http://www.woomb.org/
Intervención en la audiencia general del miércoles
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 4 abril 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de
Benedicto XVI durante la audiencia general de este miércoles dedicada a meditar
sobre el Triduo Santo, que revive la pasión, muerte y resurrección de Cristo.
* * *
Queridos hermanos y hermanas:
Mientras concluye el camino cuaresmal, comenzado con el Miércoles de Ceniza,
la liturgia del Miércoles Santo nos introduce en el clima dramático de los
próximos días, impregnados por el recuerdo de la pasión y de la muerte de
Cristo. En la liturgia de hoy el evangelista Mateo presenta a nuestra
meditación el breve diálogo que tuvo lugar en el cenáculo entre Jesús y
Judas. «¿Soy yo acaso, Rabbí?»,
pregunta el traidor del divino Maestro, que había preanunciado: «Yo os
aseguro que uno de vosotros me entregará». La respuesta del Señor es
lapidaria: «Sí, tú lo has dicho» (Cf. Mateo 26, 14-25). Por su parte, san
Juan concluye la narración del anuncio de la traición de Judas con pocas y
significativas palabras: «era de noche» (Juan 13, 30).
Cuando el traidor abandona el Cenáculo, la oscuridad penetra en su corazón
--es una noche interior--, el desaliento se apodera del espíritu de los demás
discípulos --también ellos penetran en la noche--, mientras las tinieblas del
abandono y del odio se adensan alrededor del Hijo del Hombre que se prepara
para consumar su sacrificio en la
cruz. En los próximos días conmemoraremos el enfrentamiento
supremo entre la Luz y las Tinieblas, entre la Vida y la Muerte. También
nosotros tenemos que situarnos en este contexto, conscientes de nuestra
«noche», de nuestras culpas y responsabilidades, si queremos revivir con
provecho espiritual el Misterio pascual, si queremos llegar a la luz del
corazón, mediante este Misterio, que constituye el fulcro central de nuestra
fe.
El inicio del Triduo Pascual es el Jueves Santo, mañana. Durante la Misa Crismal,
que puede considerarse como el preludio del Triduo Santo, el pastor diocesano
y sus más cercanos colaboradores, los presbíteros, rodeados por el pueblo de
Dios, renuevan las promesas formuladas en el día de la ordenación sacerdotal.
Año tras año, es un momento de intensa comunión eclesial, que subraya el don
del sacerdocio ministerial dejado por Cristo a su Iglesia en la víspera de su
muerte en la cruz. Y
para cada sacerdote es un momento conmovedor en esta vigilia de la Pasión, en
la que el Señor se nos entregó a sí mismo, nos dio el sacramento de la
Eucaristía, nos dio el Sacerdocio.
Es un día que toca todos nuestros corazones. Luego se bendicen los óleos para
la celebración de los sacramentos: el óleo de los catecúmenos, el óleo de los
enfermos, y el Santo Crisma. En la tarde, al entrar en el Triduo Pascual, la
comunidad revive en la misa «in Cena Domini» lo que
sucedió durante la
Última Cena. En el Cenáculo, el Redentor quiso anticipar,
en el Sacramento del pan y del vino convertidos en
su Cuerpo y en su Sangre, el sacrificio de su vida: anticipa su muerte, entrega
libremente su vida, ofrece el don definitivo de sí mismo a la humanidad. Con el
lavatorio de los pies, se repite el gesto con el que Él, al haber amado a los
suyos, los amó hasta el extremo (Cf. Juan 13, 1) y dejó a los discípulos,
como distintivo suyo, este acto de humildad, el amor hasta la muerte Tras la misa
«in Cena Domini», la liturgia invita a los fieles a
permanecer en adoración del Santísimo Sacramento, reviviendo la agonía de
Jesús en Getsemaní. Y vemos cómo los discípulos
durmieron, dejando solo al Señor. También hoy, con frecuencia, nos quedamos
dormidos, nosotros, sus discípulos. En esta noche sagrada de Getsemaní, queremos permanecer en vela, no queremos dejar
solo al Señor en esta hora; de este modo podemos comprender mejor el misterio
del Jueves Santo, que engloba el triple y sumo don del Sacerdocio
ministerial, de la Eucaristía y del Mandamiento nuevo del amor («ágape»).
El Viernes Santo, que conmemora los acontecimientos que van desde la condena
a muerte hasta la crucifixión de Cristo, es una jornada de penitencia, de
ayuno, de oración, de participación en la Pasión del Señor. En la hora
establecida, la asamblea cristiana vuelve a recorrer, con la ayuda de la
Palabra de Dios y de los gestos litúrgicos, la historia de la infidelidad humana
al designio divino, que sin embargo se realizará precisamente de este modo, y
vuelve a escuchar la narración conmovedora de la Pasión dolorosa del Señor.
Luego dirige al Padre celestial una larga «oración de los fieles», que abarca
todas las necesidades de la Iglesia y del mundo. La comunidad adora, por
tanto, la Cruz y se acerca a la Eucaristía, consumando las especies sagradas,
conservadas de la misa «in Cena Domini» del día
precedente. Al comentar el Viernes Santo, san Juan Crisóstomo observa: «Antes
la cruz significaba desprecio, pero hoy es algo venerable, antes era símbolo
de condena, hoy es esperanza de salvación. Se ha convertido verdaderamente en
manantial de bienes infinitos; nos ha liberado del error, ha despejado
nuestras tinieblas, nos ha reconciliado con Dios, de enemigos de Dios nos ha
hecho sus familiares, de extranjeros nos ha hecho sus vecinos: esta cruz es
la destrucción de la enemistad, el manantial de la paz, el cofre de nuestro
tesoro» («De cruce et latrone» I, 1, 4).
Para vivir de una manera más intensa la Pasión del Redentor, la tradición
cristiana ha dado vida a numerosas manifestaciones de piedad popular, entre
las que se encuentran las conocidas procesiones del Viernes Santo, con los
sugerentes ritos que se repiten todos los años. Pero hay un ejercicio de
piedad, el «Via Crucis», que nos ofrece durante
todo el año la posibilidad de imprimir cada vez más profundamente en nuestro
espíritu el misterio de la Cruz, de avanzar con Cristo por este camino y de
este modo conformarnos interiormente con Él. Podríamos decir que el «Vía
Crucis» nos enseña, utilizando una expresión de san León Magno, a «contemplar
con los ojos del corazón de Jesús crucificado de manera que reconozcamos en
su carne nuestra propia carne» (Sermón 15 sobre la Pasión del Señor). En esto
consiste la verdadera sabiduría del cristianismo, que queremos aprender
precisamente en el «Vía Crucis» del Viernes Santo en el Coliseo.
El Sábado Santo es el día en el que la liturgia calla, el día del gran
silencio, e invita a los cristianos a custodiar un recogimiento interior, con
frecuencia difícil de cultivar en nuestro tiempo, para prepararnos mejor a la Vigilia Pascual. En
muchas comunidades se organizan retiros espirituales y encuentros de oración
mariana para unirse a la Madre del Redentor, que espera con trepidante
confianza la resurrección del Hijo crucificado.
Por último, en la
Vigilia Pascual el velo de tristeza que envuelve a la
Iglesia por la muerte y la sepultura del Señor será rasgado por el grito de
victoria: ¡Cristo ha resucitado y ha derrotado para siempre a la muerte!
Entonces podremos comprender verdaderamente el misterio de la Cruz y «cómo
Dios crea prodigios incluso en lo imposible --escribe un autor antiguo-- para
que sepamos que sólo Él puede hacer lo que quiere: de su muerte procede
nuestra vida, de sus llagas nuestra curación, de su caída nuestra
resurrección, de su descenso nuestro resurgimiento» («Anónimo
Cuartodecimano»).
Animados por una fe más sólida en el corazón de la Vigilia Pascual,
acogeremos a los nuevos bautizados y renovaremos las promesas de nuestro
Bautismo. Experimentaremos así que la Iglesia está siempre viva, siempre se
rejuvenece, siempre es bella y santa, porque su fundamento es Cristo que,
tras haber resucitado, ya no muere nunca más.
Queridos hermanos y hermanas: el misterio pascual, que el Triduo Santo nos
permitirá revivir, no es sólo un recuerdo de una realidad pasada, es una
realidad actual: también hoy Cristo vence con su amor el pecado y la muerte. El Mal,
en todas sus formas, no tiene la última palabra. ¡El triunfo final es de
Cristo, de la verdad y del amor! Si con Él estamos dispuestos a sufrir y a
morir, nos recordará san Pablo en la Vigilia Pascual,
su vida se convierte en nuestra vida (Cf. Romanos 6, 9). En esta certeza se
basa y se edifica nuestra existencia cristiana. Al invocar la intercesión de
María Santísima, quien siguió a Jesús por el camino de la Pasión y de la Cruz
y le abrazó después de su deposición, os deseo a todos vosotros que
participéis con fervor en el Triduo Pascual para experimentar la alegría de
la Pascua junto a todos vuestros seres queridos.
[Traducción del original italiano
realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el
Papa saludó a los peregrinos en diez idiomas. En español, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas:
Mañana, día de Jueves Santo, empezamos el triduo pascual. La Iglesia,
recordando la Última
Cena, contempla y celebra la institución del Sacerdocio
ministerial y de la Eucaristía, así como el mandamiento nuevo del Amor. Con
la Eucaristía, Cristo anticipa el sacrificio de su vida, don definitivo de sí
mismo a toda la
humanidad. Con el lavatorio de los pies, el Maestro dejó a
sus discípulos, como distintivo, el amor que llega hasta la muerte.
El Viernes Santo es un día de penitencia, ayuno y oración
en que se conmemora la pasión y crucifixión del Redentor, se adora la Cruz y
se recibe la
Comunión. Para vivir más de cerca este misterio de la
Salvación, en muchos lugares se celebra el piadoso ejercicio del «Vía
Crucis», al que estamos invitados a participar. El Sábado Santo, día de
recogimiento y oración, compañemos a la Virgen María en su
firme esperanza en la resurrección de su Hijo.
En la Vigilia pascual escucharemos con alegría el grito de victoria: ¡Cristo
ha resucitado y ha vencido para siempre la muerte! El cirio pascual nos
recordará que el Señor es la luz del mundo que camina en tinieblas.
Experimentaremos así que la Iglesia está siempre viva, es hermosa y santa,
porque está fundada en Cristo resucitado.
Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En especial, al
grupo de estudiantes universitarios del CEU, de Madrid, y de otros colegios
de España. Sobre todo, saludo al numeroso grupo que participa en la UNIV
2007. Queridos jóvenes: Os invito a celebrar estos días santos, conscientes
de que Cristo ha dado su vida por cada uno de nosotros. Después del gesto
humilde del lavatorio de los pies, él nos dice: «también vosotros debéis
lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho
con vosotros, vosotros también lo hagáis», es decir, amar a los demás cómo él
nos ha amado ¡Feliz Pascua de resurrección para todos!
Mons. Fernando M. Bargalló,
presidente de Cáritas Argentina
. El obispo de Merlo-Moreno, monseñor
Fernando Bargalló, fue elegido presidente de
Cáritas para la
Región América Latina y El Caribe, en el marco del XVI
Congreso Latinoamericano y Caribeño de Cáritas y III Encuentro Continental de
Pastoral Social – Caritas, que se desarrolla en Haití
Asimismo, el laico argentino Gabriel Castelli,
director nacional de Cáritas, fue designado coordinador de la zona Cono Sur, una
de las cuatro en las que se divide la institución a nivel regional.
En la reunión también se anunció que la Argentina será sede del
próximo Congreso Regional, por realizarse dentro de cuatro años.
Monseñor Bargalló, actual titular de Cáritas
Argentina, sucederá en cargo a monseñor Gregorio Rosa Chavez,
obispo auxiliar de San Salvador.
En tanto, la asamblea estatutaria de la entidad eligió como secretario
ejecutivo para Latinoamérica al sacerdote mexicano Antonio Sandoval.
También designó como coordinadores para la zona Caribe a Marcia
Boxill (Cáritas Santa Lucía), para la Bolivariana a
GiorgioPeroni (Cáritas
Ecuador), para la zona Centroamérica México y Panamá al reverendo
Germán Cáliz (Cáritas Honduras), y para la zona Cono Sur al
argentino Gabriel Castelli.+
Cuando hablamos de "Adolescencia y
Fe" nos enfrentamos a un gran desafío. Sabemos que existen estudios y
material bibliográfico sobre el tema, pero en la práctica muchas veces
observamos grandes falencias y carencias.
¿Cuáles son las claves para la
catequesis y la pastoral de adolescentes en nuestro tiempo?
Para responder a éste y a otros
interrogantes acerca de este ámbito catequístico ofrecemos este espacio
eclesial de reflexión y construcción de nuevos aprendizajes, destinado a
catequistas y agentes de pastoral en torno al trabajo con adolescentes.
Durante el primer cuatrimestre estará en
línea el Nivel 1 (destinado a los que no hicieron este taller durante el año
2006) y durante el segundo cuatrimestre, el Nivel 2 (destinado a los que ya
hicieron la experiencia durante el año anterior y a los que cursaron el Nivel
1 durante el primer cuatrimestre de 2007)
A lo largo de este taller nos
proponemos…
Ofrecer un espacio eclesial de
reflexión y construcción de nuevos aprendizajes, destinado a catequistas y
agentes de pastoral en torno al trabajo con adolescentes.
Favorecer el intercambio de
experiencias y el análisis de proyectos que puedan generar una renovación de
la praxis catequística en la escuela media y en espacios eclesiales como
Parroquias, Movimientos, Asociaciones.
Nuclear a personas que se encuentren
insertas en la pastoral de adolescentes y tengan inquietud de profundizar su
formación específica.
EL NIVEL 1 DE ESTE TALLER COMENZARÁ EL
15 DE ABRIL DE 2007
Para mayor información
acerca de esta propuesta, consultar en nuestro sitio web www.isca.org.ar ,
escribir a las siguientes direcciones:formacionadistancia@...
, secretaria@...
o llamar a este número 011 - 4512- 3868, los martes, jueves y viernes de
10:00 a 18:00
21 de marzo de 2007; Tras dos días de
deliberaciones presididas por el cardenal Jorge Bergoglio,
arzobispo de Buenos Aires y presidente de la Conferencia Episcopal,
y a la que asistieron una veintena de prelados, culminó esta tarde la 146ª
Reunión de la
Comisión Permanente del Episcopado.
Las jornadas comenzaron con un intercambio pastoral, y a continuación
los obispos trabajaron sobre la preparación del temario para la próxima Asamblea
Plenaria, prevista del 21 al 28 de abril. También se
abocaron a la puesta en práctica de las líneas pastorales contenidas en el
documento "Navega Mar Adentro" y a analizar cuestiones preparativas
para la V Conferencia,
que tendrá once obispos delegados representando a la Iglesia en la Argentina.
Hoy escucharon un informe del obispo de San Isidro y presidente de la Comisión Episcopal
de Pastoral Social, monseñor Jorge Casaretto, sobre la "Problemática
de la drogadicción y de las adicciones en general", una cuestión a la
que consideran fruto de las marginaciones que provoca la pobreza en el país,
y trazó líneas para una posible pastoral sobre los ejes de la prevención y el
acompañamiento espiritual de los adictos.
También escucharon un informe de la Comisión de Comunicación Social,
que preside el arzobispo de Paraná, monseñor Mario Maulión
y se intercambiaron opiniones sobre el uso de las frecuencias de radio que
están en manos de la Iglesia.+
Monseñor Foley
revela conclusiones de la asamblea del Consejo para las Comunicaciones
Sociales
GAP (FRANCIA), viernes, 23 marzo 2007
(ZENIT.org).- La formación constituye una de las prioridades en el compromiso
de la Iglesia para evangelizar a través de las comunicaciones sociales, ha
revelado el arzobispo John P. Foley.
El presidente del Consejo Pontificio
para las Comunicaciones Sociales lo constata en un mensaje, leído en su
nombre por el señor ThaddeusJones,
de ese dicasterio vaticano, 2007, ante la reunión del la Comisión para los
Medios de Comunicación de los Obispos de Europa que se celebra en el
Santuario di Notre-Dame de Laus,
Gap (Francia) del 23 al 25 marzo 2007.
En su mensaje, monseñor Foley, que en estos momentos se encuentra de visita
pastoral en Sudáfrica, informa sobre las conclusiones de la reciente asamblea
plenaria del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales celebrada en
el Vaticano del 5 al 9 de marzo 2007 sobre el tema «Prioridades en la
comunicación para la Iglesia y para nuestro Consejo».
Según los participantes en el encuentro
del Consejo vaticano, que al final fueron recibidos en audiencia por
Benedicto XVI, las prioridades identificadas para la Iglesia en el campo de
la comunicación son las siguientes:
1. «Formación en la comunicación y
medios de comunicación y entrenamiento para seminarios profesores,
seminaristas, clero, religiosos y laicos»;
2. «Educación en los medios de comunicación
para todas las edades en todas las escuelas»;
3. «Mejorar la presencia en Internet
(educación a distancia, prensa virtual, blogs,
video, libre acceso)»;
4. «Estudiar y utilizar mejor de los
lenguajes de los medios de comunicación en continua evolución, con una
sensibilidad particular por las culturas locales (inculturación) »;
5. «Promoción de las radios locales».
En esa reunión se analizaron también las
prioridades para el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales.
Según las indicaciones de los
participantes en la asamblea, las prioridades para ese dicasterio vaticano
son:
1. «Organizar una jornada de estudio o
crear una organización para proteger y educar a los niños en su relación con
los medios de comunicación»;
2. «Dar más importancia y reconocimiento
a Asia y África»;
3. «Organizar encuentros internacionales
para crear un mejor entendimiento mutuo y posibles sinergias entre los
profesionales de los medios de comunicación católicos»;
4. «Establecer canales permanentes de
intercambio y reflexión con las universidades católicas sobre el tema de la
comunicación y de lo medios de comunicación».
5. «Continuar con la idea de un banco de
programas par la televisión compartidos, y considerar una plataforma de
intercambio de noticias para la televisión».
Monseñor Foley
informa a los participantes en el encuentro europeo de comisiones episcopales
de Europa que el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales en este
último año se ha internacionalizado gracias a sus nuevos oficiales: el sacerdote
boliviano, el padre Ariel Beramendi, y del
sacerdote de Burkina Faso, el padre JanvierYameogo.
Intervención durante la audiencia general del miércoles
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 20 marzo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos
la intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general de este
miércoles dedicada a presentar la figura de san Justino, filósofo y mártir,
nacido en torno al año 100.
* * *
Queridos hermanos y hermanas:
En estas catequesis estamos reflexionando sobre las grandes figuras de
la Iglesia naciente. Hoy hablamos de san Justino, filósofo y mártir, el más
importante de los padres apologistas del siglo II. La palabra «apologista»
hace referencia a esos antiguos escritores cristianos que se proponían
defender la nueva religión de las graves acusaciones de los paganos y de los
judíos, y difundir la doctrina cristiana de una manera adaptada a la cultura
de su tiempo. De este modo, entre los apologistas se da una doble inquietud:
la propiamente apologética, defender el cristianismo naciente («apologhía» en griego significa precisamente «defensa»); y
la de proposición, «misionera», que busca exponer los contenidos de la fe en
un lenguaje y con categorías de pensamiento comprensibles a los
contemporáneos.
Justino había nacido en torno al año 100, en la antigua Siquem,
en Samaría, en Tierra Santa; buscó durante mucho
tiempo la verdad, peregrinando por las diferentes escuelas de la tradición
filosófica griega. Por último, como él mismo cuenta en los primeros capítulos
de su «Diálogo con Trifón», misterio personaje, un
anciano con el que se había encontrado en la playa del mar, primero entró en
crisis, al demostrarle la incapacidad del hombre para satisfacer únicamente
con sus fuerzas la aspiración a lo divino. Después, le indicó en los antiguos
profetas las personas a las que tenía que dirigirse para encontrar el camino
de Dios y la «verdadera filosofía». Al despedirse, el anciano le exhortó a la
oración para que se le abrieran las puertas de la luz.
La narración simboliza el episodio crucial de la vida de Justino: al
final de un largo camino filosófico de búsqueda de la verdad, llegó a la fe
cristiana. Fundó una escuela en Roma, donde iniciaba gratuitamente a los
alumnos en la nueva religión, considerada como la verdadera filosofía. En
ella, de hecho, había encontrado la verdad y por tanto el arte de vivir de
manera recta. Por este motivo fue denunciado y fue decapitado en torno al año
165, bajo el reino de Marco Aurelio, el emperador filósofo a quien Justino
había dirigido su «Apología».
Las dos «Apologías» y el «Diálogo con el judío Trifón»
son las únicas obras que nos quedan de él. En ellas, Justino pretende
ilustrar ante todo el proyecto divino de la creación y de la salvación que se
realiza en Jesucristo, el «Logos», es decir, el
Verbo eterno, la Razón eterna, la Razón creadora. Cada hombre, como criatura
racional, participa del «Logos», lleva en sí una
«semilla» y puede vislumbrar la
verdad. De esta manera, el mismo «Logos»,
que se reveló como figura profética a los judíos en la Ley antigua, también
se manifestó parcialmente, como con «semillas de verdad», en la filosofía
griega. Ahora, concluye Justino, dado que el cristianismo es la manifestación
histórica y personal del «Logos» en su totalidad,
«todo lo bello que ha sido expresado por cualquier persona, nos pertenece a
nosotros, los cristianos» (Segunda Apología 13,4). De este modo, Justino, si bien
reprochaba a la filosofía griega sus contradicciones, orienta con decisión
hacia el «Logos» cualquier verdad filosófica,
motivando desde el punto de vista racional la singular «pretensión» de vedad
y de universalidad de la religión cristiana.
Si el Antiguo Testamento tiende hacia Cristo al igual que una figura se
orienta hacia la realidad que significa, la filosofía griega tiende a su vez
a Cristo y al Evangelio, como la parte tiende a unirse con el todo. Y dice
que estas dos realidades, el Antiguo Testamento y la filosofía griega son
como dos caminos que guían a Cristo, al «Logos».
Por este motivo la filosofía griega no puede oponerse a la verdad evangélica,
y los cristianos pueden recurrir a ella con confianza, como si se tratara de
un propio bien. Por este motivo, mi venerado predecesor, el Papa Juan Pablo
II, definió a Justino como «un pionero del encuentro positivo con el
pensamiento filosófico, aunque bajo el signo de un cauto discernimiento»:
pues Justino, «conservando después de la conversión una gran estima por la
filosofía griega, afirmaba con fuerza y claridad que en el cristianismo había
encontrado “la única filosofía segura y provechosa” («Diálogo con
Trifón» 8,1)» («Fides et
ratio», 38).
En su conjunto, la figura y la obra de Justino marcan la decidida
opción de la Iglesia antigua por la filosofía, por la razón, en lugar de la
religión de los paganos. Con la religión pagana, de hecho, los primeros
cristianos rechazaron acérrimamente todo compromiso. La consideraban como una
idolatría, hasta el punto de correr el riesgo de ser acusados de «impiedad» y
de «ateísmo». En particular, Justino, especialmente en su «Primera Apología»,
hizo una crítica implacable de la religión pagana y de sus mitos, por
considerarlos como «desorientaciones» diabólicas en el camino de la verdad.
La filosofía representó, sin embargo, el área privilegiada del
encuentro entre paganismo, judaísmo y cristianismo, precisamente a nivel de
la crítica a la religión pagana y a sus falsos mitos. «Nuestra
filosofía…»: con estas palabras explícitas llegó a definir la nueva
religión otro apologista contemporáneo a Justino, el obispo Melitón de Sardes («Historia Eclesiástica», 4, 26, 7).
De hecho, la religión pagana no seguía los caminos del «Logos», sino que se empeñaba en seguir los del mito, a
pesar de que éste era reconocido por la filosofía griega como carente de
consistencia en la
verdad. Por este motivo, el ocaso de la religión pagana era
inevitable: era la lógica consecuencia del alejamiento de la religión de la
verdad del ser, reducida a un conjunto artificial de ceremonias, convenciones
y costumbres.
Justino, y con él otros apologistas, firmaron la toma de posición clara
de la fe cristiana por el Dios de los filósofos contra los falsos dioses de
la religión pagana. Era la opción por la verdad del ser contra el mito de la costumbre. Algunas
décadas después de Justino, Tertuliano definió la misma opción de los
cristianos con una sentencia lapidaria que siempre es válida: «DominusnosterChristusveritatem se, non consuetudinem, cognominavit
– Cristo afirmó que era la verdad, no la costumbre» («De virgin. vel».
1,1).
En este sentido, hay que tener en cuenta que el término «consuetudo», que utiliza Tertuliano para hacer referencia
a la religión pagana, puede ser traducido en los idiomas modernos con las
expresiones «moda cultural», «moda del momento».
En una edad como la nuestra, caracterizada por el relativismo en el
debate sobre los valores y sobre la religión --así como en el diálogo
interreligioso--, esta es una lección que no hay que olvidar. Con este
objetivo, y así concluyo, os vuelvo a presentar las últimas palabras del
misterioso anciano, que se encontró con el filósofo Justino a orilla del mar:
«Tú reza ante todo para que se te abran las puertas de la luz, pues nadie
puede ver ni comprender, si Dios y su Cristo no le conceden la comprensión»
(«Diálogo con Trifón» 7,3).
[Traducción del original italiano realizada por Zenit.
Al final de la audiencia el Papa saludó a los peregrinos en diferentes
idiomas. En español, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas:
San Justino, filósofo y mártir, es el más importante entre los Padres
apologistas del siglo segundo. Nació entorno al año 100. Fundó una escuela en
Roma, donde gratuitamente iniciaba a los alumnos en la nueva religión.
Denunciado por este motivo, fue decapitado bajo el reinado de Marco Aurelio.
La palabra «apologista» designa a los antiguos escritores cristianos
que se proponían defender el cristianismo naciente de las graves acusaciones
de los paganos y de los judíos, y difundir la doctrina cristiana exponiendo
los contenidos de la fe en un lenguaje comprensible.
En las obras que conservamos, las dos «Apologías» y el «Diálogo con Trifón», ilustra ante todo el proyecto divino de la
creación y de la salvación que se cumple en Jesucristo, el Logos, el Verbo de Dios, del que participa todo hombre,
como creatura racional. Su primera Apología es una
crítica implacable a la religión pagana y a los mitos de entonces.
Saludo cordialmente a los peregrinos de venidos de España y de América
Latina, especialmente a las Religiosas del Sagrado Corazón, a los miembros
del Colegio de Titulados Mercantiles de Madrid, a los de la Consejería de
Educación de la Junta de Galicia, así como a los fieles de Cádiz, Melilla,
Alcoy, Sabadell y Getafe. En nuestra época, marcada
por el relativismo en el debate sobre los valores, la religión y también en
el diálogo interreligioso, recordemos esta enseñanza de san Justino. Pidamos,
pues, a Dios que ilumine nuestra mente para que comprendamos el gran don de
la salvación y de la verdad recibidas por Cristo.
Los participantes que
concurrimos a la Casita, invitamos a todos los miembros de la comunidad, a
acompañarnos y disfrutar de la experiencia de cultivar momentos de
compañerismo y amistad, compartiendo alrededor de la mesa todas las tardes,
un té con golosinas. o disfrutando de alguna de las actividades en curso
Actividades
Taller de Pintura -
Taller Literario - Manualidades - Documentales - Películas - Taller de Canto
y Opera - Teatro Improvisado - Conferencias - Juegos de Cartas - Tés Musicales - Taller de crochet y artesanías en flores
de papel – Conferencias y otras sugerencias en marcha.
La Casa de los Amigos
está abierta a todos, y dispuesta a llevar adelante cualquier actividad que
se proponga realizar.
Todas estas actividades
sontotalmente gratuitas.
Para mayor información
dirigirse a Trixie o Miguel 4792-0815
Del 5 al 8 de abril se realizará el retiro
espiritual "Pascua Universitaria", en la Casa de Ejercicios
Espirituales Monseñor Aguirre (Santa Rosa 2341, Victoria, Buenos Aires),
organizado por el Equipo de Pastoral Universitaria. Se trata de un retiro
para jóvenes universitarios que se realiza durante la Semana Santa cuyo
objetivo es vivir más plenamente el gran misterio pascual para descubrir la
participación en el morir y resucitar de Jesús. Informes e inscripción: Ituzaingó 90, San Isidro; (011) 4747-0277, 4512-3851; pastuniv@...,
www.pastoraluniversitaria-sanisidro.org
Este año con motivo de las obras de puesta en valor
de la Parroquia de la Catedral de San Isidro, la misa Crismal se celebrará a las 9.30 hs. con el Obispo y con todo el
clero de la diócesis, en la Parroquia del
Huerto de los Olivos, Estrada 2669, Olivos.
BOGOTÁ, miércoles, 14
marzo 2007 (ZENIT.org).- El Centro
Bíblico Pastoral para América Latina (CEBIPAL) del Consejo Episcopal
Latinoamericano (CELAM), anuncia la apertura de las inscripciones y
matrículas para el Curso Virtual titulado: «María Discípula según los
Evangelios: estudio exégetico y proyección
pastoral», que se desarrollará desde el 20 de marzo hasta el 20 de abril.
Este curso tiene como
finalidad ofrecer a la Iglesia de nuestro continente un espacio nuevo de
formación bíblica, partiendo de una iniciativa surgida de las muchas
preguntas que los visitantes a la página en internet
del CEBIPAL, hicieron llegar respecto de la interpretación correcta de los
pasajes bíblicos en los que se habla de María.
Las inscripciones y
pago de matrículas se recibirán hasta el 16 de Marzo; el curso comenzará el
martes 20 y se prolongará hasta el 20 de abril con un breve receso durante la Semana Santa.
CIUDAD DEL
VATICANO, miércoles, 14 marzo 2007 (ZENIT.org).-
Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este
miércoles en la que continuó con la serie de los padres apostólicos. En esta
ocasión, presentó a san Ignacio de Antioquia.
* * *
Queridos hermanos y
hermanas:
Como ya hicimos el
miércoles, estamos hablando de las personalidades de la Iglesia naciente. La
semana pasada habíamos hablado del Papa Clemente I, tercer sucesor de san
Pedro. Hoy hablamos de san Ignacio, que fue el tercer obispo de Antioquia,
del año 70 al 107, fecha de su martirio.
En aquel tiempo, Roma,
Alejandría y Antioquia eran las tres grandes metrópolis del Imperio Romano.
El Concilio de Nicea habla de los tres «primados»:
el de Roma, pero también el de Alejandría y Antioquia participan, en cierto
sentido, en un «primado».
San Ignacio era obispo
de Antioquia, que hoy se encuentra en Turquía. Allí, en Antioquia, como
sabemos por los Hechos de los Apóstoles, surgió una comunidad cristiana
floreciente: el primer obispo fue el apóstol Pedro, como dice la tradición, y
allí «fue donde, por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de
“cristianos”» (Hechos 11, 26).
Eusebio de Cesarea, un historiador del siglo IV, dedica todo un
capítulo de su «Historia Eclesiástica» a la vida y a la obra de Ignacio
(3,36). «De Siria», escribe, «Ignacio fue enviado a Roma para ser pasto de
fieras, a causa del testimonio que dio de Cristo. Viajando por Asia, bajo la
custodia severa de los guardias» (que él llama «diez leopardos» en su Carta a
los Romanos 5,1), «en las ciudades en las que se detenía, reforzaba a las
Iglesias con predicaciones y exhortaciones; sobre todo les alentaba, de todo
corazón, a no caer en las herejías, que entonces comenzaban a pulular, y
recomendaba no separarse de la tradición apostólica».
La primera etapa del
viaje de Ignacio hacia el martirio fue la ciudad de Esmirna,
donde era obispo san Policarpo, discípulo de san Juan. Allí, Ignacio escribió
cuatro cartas, respectivamente a las Iglesias de Éfeso,
e Magnesia, de Tralles y de Roma.
«Al dejar Esmirna», sigue diciendo Eusebio, «Ignacio llegó a Troade, y allí envió nuevas cartas»: dos a las Iglesias
de Filadelfia y de Esmirne, y una al obispo
Policarpo. Eusebio completa así la lista de las cartas, que nos han llegado
de la Iglesia del primer siglo como un tesoro precioso.
Al leer estos textos se
siente la frescura de la fe de la generación que todavía había conocido a los
apóstoles. Se siente también en estas cartas el amor ardiente de un santo.
Finalmente, de Troade el mártir llegó a Roma, donde
en el Anfiteatro Flavio, fue dado en pasto a las fieras feroces.
Ningún Padre de la
Iglesia ha expresado con la intensidad de Ignacio el anhelo por la «unión»
con Cristo y por la «vida» en Él. Por este motivo, hemos leído el pasaje del
Evangelio sobre la viña, que según el Evangelio de Juan, es Jesús. En realidad,
confluyen en Ignacio dos «corrientes» espirituales: la de Pablo, totalmente
orientada a la «unión» con Cristo, y la de Juan, concentrada en la «vida» en Él.
A su vez, estas dos
corrientes desembocan en la «imitación» de Cristo, proclamado en varias
ocasiones por Ignacio como «mi Dios» o «nuestro Dios». De este modo, Ignacio
implora a los cristianos de Roma que no impidan su martirio, pues tiene
impaciencia por «unirse con Jesucristo».
Y explica: «Para mí es
bello morir caminando hacia («eis») Jesucristo, en
vez de poseer un reino que llegue hasta los confines de la tierra. Le busco a
Él, que murió por mí, le quiero a Él, que resucitó por nosotros. ¡Dejad que
imite la Pasión de mi Dios!» (Romanos 5-6). Se puede percibir en estas
expresiones ardientes de amor el agudo «realismo» cristológico
típico de la Iglesia de Antioquia, atento más que nunca a la encarnación del
Hijo de Dios y a su auténtica y concreta humanidad: Jesucristo, escribe
Ignacio a los habitantes de Esmirna, «es realmente
de la estirpe de David», «realmente nación de una virgen», «fue clavado
realmente por nosotros» (1,1).
La irresistible tensión
de Ignacio hacia la unión con Cristo sirve de fundamento para una auténtica
«mística de la unidad». Él mismo se define como «un hombre al que se le ha
confiado la tarea de la unidad» (A los fieles de Filadelfia 8, 1). Para
Ignacio, la unidad es ante todo una prerrogativa de Dios, que existiendo en
tres Personas es Uno en una absoluta unidad.
Repite con frecuencia
que Dios es unidad y que sólo en Dios ésta se encuentra en el estado puro y
originario. La unidad que tienen que realizar sobre esta tierra los
cristianos no es más que una imitación lo más conforme posible con el modelo
divino. De esta manera, Ignacio llega a elaborar una visión de la Iglesia que
recuerda mucho a algunas expresiones de la Carta a los Corintios de Clemente
Romano. «Conviene caminar de acuerdo con el pensamiento de vuestro obispo, lo
cual vosotros ya hacéis --escribe a los cristianos de Éfeso--.
Vuestro presbiterio, justamente reputado, digno de Dios, está conforme con su
obispo como las cuerdas a la
cítara. Así en vuestro sinfónico y armonioso amor es
Jesucristo quien canta. Que cada uno de vosotros también se convierta en coro
a fin de que, en la armonía de vuestra concordia, toméis el tono de Dios en
la unidad y cantéis a una sola voz» (4,1-2).
Y después de recomendar
a los fieles de Esmirna que no hagan nada «que
afecte a la Iglesia sin el obispo» (8,1), confía a Policarpo: «Ofrezco mi
vida por los que están sometidos al obispo, a los presbíteros y a los
diáconos. Que junto a ellos pueda tener parte con Dios. Trabajad unidos los
unos por los otros, luchad juntos, corred juntos, sufrid juntos, dormid y
velad juntos como administradores de Dios, asesores y siervos suyos. Buscad
agradarle a Él por quien militáis y de quien recibís la merced. Que nadie de
vosotros deserte. Que vuestro bautismo sea como un escudo, la fe como un
casco, la caridad como una lanza, la paciencia como una armadura» (6,1-2).
En su conjunto, se
puede percibir en las Cartas de Ignacio una especie de dialéctica constante y
fecunda entre dos aspectos característicos de la vida cristiana: por una
parte la estructura jerárquica de la comunidad eclesial, y por otra la unidad
fundamental que liga entre sí a todos los fieles en Cristo. Por lo tanto, los
papeles no se pueden contraponer. Al contrario, la insistencia de la comunión
de los creyentes entre sí y con sus pastores, se refuerza constantemente
mediante imágenes elocuentes y analogías: la cítara, los instrumentos de
cuerda, la entonación, el concierto, la sinfonía.
Es evidente la peculiar
responsabilidad de los obispos, de los presbíteros y los diáconos en la
edificación de la
comunidad. A ellos se dirige ante todo el llamamiento al
amor y la unidad. «Sed una sola cosa», escribe Ignacio a los Magnesios,
retomando la oración de Jesús en la Última Cena: «Una sola súplica, una sola mente,
una sola esperanza en el amor… Acudid todos a Jesucristo como al único
templo de Dios, como al único altar: él es uno, y al proceder del único
Padre, ha permanecido unido a Él, y a Él ha regresado en la unidad» (7, 1-2).
Ignacio es el primero que en la literatura cristiana atribuye a la Iglesia el
adjetivo «católica», es decir, «universal»: «Donde está Jesucristo», afirma,
«allí está la Iglesia católica» (A los fieles de Esmirna
8, 2). Precisamente en el servicio de unidad a la Iglesia católica, la
comunidad cristiana de Roma ejerce una especie de primado en el amor: «En
Roma, ésta preside, digna de Dios, venerable, digna de ser llamada
bienaventurada… Preside en la caridad, que tiene la ley de Cristo, y
lleva el nombre del Padre» (A los Romanos, «Prólogo»).
Como se puede ver,
Ignacio es verdaderamente el «doctor de la unidad»: unidad de Dios y unidad
de Cristo (en oposición a las diferentes herejías que comenzaban a circular y
que dividían al hombre y a Dios en Cristo), unidad de la Iglesia, unidad de
los fieles, «en la fe y en la caridad, pues no hay nada más excelente que
ella» (A los fieles de Esmirna 6,1).
En definitiva, el
«realismo» de Ignacio es una invitación para los fieles de ayer y de hoy, es
una invitación para todos nosotros a lograr una síntesis progresiva entre
«configuración con Cristo» (unión con Él, vida en Él) y «entrega a su
Iglesia» (unidad con el obispo, servicio generoso a la comunidad y al mundo).
En definitiva, es
necesario lograr una síntesis entre «comunión» de la Iglesia en su interior y
«misión», proclamación del Evangelio a los demás, hasta que una dimensión
hable a través de la otra, y los creyentes tengan cada vez más «ese espíritu
sin divisiones, que es el mismo Jesucristo» (Magnesios 15).
Al implorar del Señor
esta «gracia de unidad», y con la convicción de presidir en la caridad a toda
la Iglesia (Cf. A los Romanos, «Prólogo»), os dirijo
a vosotros el mismo auspicio que cierra la carta de Ignacio a los cristianos
de Tralles: «Amaos los unos a los otros con un
corazón sin divisiones. Mi espíritu se entrega en sacrificio por vosotros no
sólo ahora, sino también cuando alcance a Dios… Que en Cristo podáis
vivir sin mancha» (13). Y recemos para que el Señor nos ayude a alcanzar esta
unidad y vivamos sin mancha, pues el amor purifica las almas.
[Traducción
del original italiano realizada por Zenit. Al final
de la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En
español, dijo:]
Queridos hermanos y
hermanas:
San Ignacio fue Obispo
de Antioquia, ciudad en la que los discípulos recibieron por primera vez el
nombre de cristianos. Durante el camino que le condujo a Roma, para ser
martirizado, escribió siete cartas en las que expresa su anhelo de unión con Cristo y de vida en Él. Los cristianos están
llamados a construir una unidad que sea reflejo de la unidad de Dios. Con
imágenes tomadas de la música, insiste sobre la comunión de los fieles entre
sí y con sus pastores, conciliando así la estructura jerárquica de la
comunidad eclesial con la unidad fundamental que une a todos, evitando
contraponer los respectivos papeles. San Ignacio es el primero que llama a la
Iglesia «católica», universal, destacando el primado en la caridad de la
Iglesia de Roma respecto a la Iglesia universal. Con razón, Ignacio es el
«doctor de la unidad»: unidad de Dios y unidad de Cristo, unidad de la
Iglesia y unidad de los fieles, llamados a realizar una síntesis progresiva
entre configuración con Cristo y compromiso con su Iglesia, entre comunión y
misión.
Saludo cordialmente a
los visitantes de lengua española. En particular a la Hermandad de Veteranos
de las Fuerzas Armadas y Guardia Civil de España, con su consiliario
nacional, Monseñor José Manuel Estepa, un querido amigo mío; a la Delegación
de Pastoral de la Salud, de Santiago de Compostela, acompañados de su
Arzobispo Monseñor Julián Barrio; así como a los demás grupos de España,
México y otros países latinoamericanos. Os animo a estar muy unidos a Cristo,
y a trabajar por la salvación de todos los hombres, superando toda forma de
división. ¡Gracias por vuestra visita!
Al retomar, prácticamente,
todas las actividades que realizamos durante el año, y que quizás, algunas
interrumpimos por el verano, nos encontramos, una vez mas, con el Tiempo de
Cuaresma, tiempo especialmente dedicado para preparar la Pascua. Tiempo
que nos llega como ayuda, soporte, y consuelo frente a tantas situaciones de
injusticia, incertidumbre, mentiras, debilidades, pecados….
Queremos que nuestra
vida se desarrolle, en general, sin contratiempos o sobresaltos
desagradables, llena de alegría y con ausencia de tristezas, pudiendo
disfrutar del tiempo, las personas y las cosas sin tener que esforzarnos
demasiado para conseguir una paz interior. En lo posible deseamos ejercer un
cierto control, sobre la vida y los acontecimientos, y no tener que estar
corriendo para subsanar o tapar errores, propios o ajenos. Esperamos gozar
del amor de los demás y poder brindar el nuestro, sin recriminaciones.
No podemos desconocer
que existe, nos rodea y nos atrapa el egoísmo, la comodidad, la pereza, la
envidia, el rencor, los celos, la sensualidad, la lujuria, la posesión, el
dominio, la despreocupación, el olvido, la mentira, el amor propio, etc, etc., que nos llevan a no ser, y a no hacer, todo de
la mejor manera posible, tratando de hacer y transmitir el bien, la bondad,
el amor en toda circunstancia, a pesar de los buenos propósitos y esfuerzos
que se realicen para conseguirlo.
No siempre estamos tan
atentos a los demás para captar y realizar lo que esperan de nosotros, lo que
necesitan, lo que les hace falta. Muchas veces actuamos equivocadamente y
lastimamos, dañamos, ofendemos, a veces sin querer ni darnos cuenta, y otras
sabiéndolo.
Por eso, el tiempo de
Cuaresma viene en ayuda de nuestras debilidades para ayudarnos a tenerlas mas en cuenta, a descubrirlas, y poder cambiarlas.
Necesitamos crecer en
amor a Dios, para poder crecer en amor a los demás. Necesitamos descubrir
todo lo que significa que Dios nos ama de verdad y sin condiciones, para
poder seguirlo con mayor tolerancia y misericordia frente a los errores
ajenos, necesitamos darnos cuenta de toda la felicidad que el Señor nos
ofrece para vivirla siendo mas solidarios, mas atentos, mas humildes, mas
desinteresados, mas presindentes de las cosas que
nos atrapan, nos esclavizan y nos dañan.
Necesitamos ver y
sentir todo lo que Jesús hizo y hace por nosotros para abrirnos los ojos a la
verdad para tener una mirada mas limpia frente a los
demás, sus intenciones, sus proyectos, sus palabras y gestos.
Estas semanas de
Cuaresma pueden ser de gran ayuda para crecer en estas virtudes, o las que
tenemos mas débiles o descuidadas. La lectura de la Palabra de Dios, un rato
de oración, frente al Santísimo o en casa, el estar mas atentos a nuestros
errores habituales para tratar de disminuirlos, el dejar de lado algunas
cosas que nos aturden o dañan, el tratar de poder perdonar un poco mas, o
dejar pasar los errores sin estar marcándolos tanto, el tratar de ser mas
generosos con nuestro tiempo y con nuestros bienes………..son
aspectos que la Cuaresma nos ofrece para encontrar mas paz interior, mas
felicidad, y estar mas capacitados para transmitirlas con solo vivir.
¡Que la Virgen María,
Nuestra Señora de Fátima, nos acompañe en nuestro camino hacia la Pascua,
para que acompañando la Cruz de su Hijo, nos encontremos con su Resurrección!
"Amar y servir, herencia de
Jesús", será el lema del Encuentro Arquidiocesano
de Catequesis de Buenos Aires (EAC 2007) que se realizará el sábado 10 de
marzo en el Colegio De La Salle, Riobamba 650. Comenzará a las 8.30 y prevé
una charla central a las 10 sobre "Lucas nos enseña la dinámica del
discipulado", a cargo de Fray Miguel Angel López. Luego se trabajará por vicarías y, a las 15,
habrá talleres de catequesis de niños, adultos, pastorales, teológicos y
ámbitos. Tras el plenario de las 17.30 y una dramatización a cargo de Mónica
Gómez, a las 18.30, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Bergoglio, presidirá la misa de clausura. Informes: eac2007@... o en la
página de Internet: www.catequistabaires.org.ar
Mons. Fenoy
tomó posesión de la diócesis de San Miguel:
San Miguel (Buenos Aires), 5 Mar. 07 (AICA)
En una ceremonia en la que los fieles
resistieron la lluvia para dar la bienvenida a su nuevo pastor, monseñor
Sergio Alfredo Fenoy tomó posesión de la sede
diocesana de San Miguel. El nuevo Obispo (el quinto diocesano) presidió la
Eucaristía en la catedral de San Miguel el sábado 3 de marzo por la tarde,
acompañado por más de 15 obispos entre los que se encontraban el cardenal
Jorge Bergoglio, primado de la Argentina, y el
Nuncio Apostólico, monseñor Adriano Bernardini.
Concelebró también todo el clero diocesano y religioso.
ROMA, jueves, 1 marzo 2007 (ZENIT.org).-
El Centro Superior de Producción Cinematográfica (CSPC), «Filmar lo inefable»,
ha convocado un concurso de jóvenes cineastas para participar en la
realización de su primer largometraje: «Amnistía».
Este Centro impulsa la creación de
nuevos lenguajes cinematográficos con técnica digital. En particular, busca
narrar historias desde la dimensión espiritual del ser humano, es decir
«Filmar lo inefable».
Para participar en el concurso es
necesario registrarse y enviar los elementos requeridos por los convocantes del concurso antes del 5 de marzo.
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 7 marzo 2007 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de
Benedicto XVI durante la audiencia general de este miércoles en la que
comenzó un nuevo ciclo de catequesis sobre los padres apostólicos. La primera
figura que ha presentado es la de san Clemente Romano, tercer sucesor de
Pedro.
* * *
Queridos hermanos y hermanas:
Hemos meditado en los meses pasados en
las figuras de cada uno de los apóstoles y en los primeros testigos de la fe
cristiana, mencionados en los escritos del Nuevo Testamento. Ahora,
prestaremos atención a los padres apostólicos, es decir, a la primera y
segunda generación de la Iglesia, después de los apóstoles. De este modo
podemos ver cómo comienza el camino de la Iglesia en la historia.
San Clemente, obispo de Roma en los
últimos años del siglo I, es el tercer sucesor de Pedro, después de Lino y Anacleto. El testimonio más importante sobre su vida es
el de san Ireneo, obispo de Lyón hasta el año 202.
Él atestigua que Clemente «había visto a los apóstoles», «se había encontrado
con ellos» y «todavía resonaba en sus tímpanos su predicación, y tenía ante
los ojos su tradición» («Adversushaereses» 3, 3, 3). Testimonios tardíos, entre los siglos
IV y VI, atribuyen a Clemente el título de mártir.
La autoridad y el prestigio de este
obispo de Roma eran tales que se le atribuyeron varios escritos, pero su
única obra segura es la
«Carta a los Corintios». Eusebio de Cesarea,
el gran «archivero» de los orígenes cristianos, la presenta con estas
palabras: «Nos ha llegado una carta de Clemente reconocida como auténtica,
grande y admirable. Fue escrita por él, de parte de la Iglesia de Roma, a la
Iglesia de Corinto… Sabemos que desde hace mucho tiempo y todavía hoy
es leída públicamente durante la reunión de los fieles » (Historia
Eclesiástica, 3,16). A esta carta se le atribuía un carácter casi canónico.
Al inicio de este texto, escrito en griego, Clemente se lamenta por el hecho
de que «las imprevistas calamidades, acaecidas una después de otra» (1,1), le
hayan impedido una intervención más inmediata. Estas «adversidades» han de
identificarse con la persecución de Domiciano: por
ello, la fecha de composición de la carta hay que remontarla a un tiempo
inmediatamente posterior a la muerte del emperador y al final de la
persecución, es decir, inmediatamente después del año 96.
La intervención de Clemente --estamos
todavía en el siglo I-- era solicitada por los graves problemas por los que
atravesaba la Iglesia de Corinto: los presbíteros de la comunidad, de hecho,
habían sido después por algunos jóvenes contestadores. La penosa situación es
recordada, una vez más, por san Ireneo, que
escribe: «Bajo Clemente, al surgir un gran choque entre los hermanos de
Corinto, la Iglesia de Roma envió a los corintios una carta importantísima
para reconciliarles en la paz, renovar su fe y anunciar la tradición, que
desde hace poco tiempo ella había recibido de los apóstoles» («Adversushaereses» 3,3,3). Podríamos decir que esta carta constituye un primer
ejercicio del Primado romano después de la muerte de san Pedro. La carta de
Clemente retoma temas muy sentidos por san Pablo, que había escrito dos
grandes cartas a los corintios, en particular, la dialéctica teológica,
perennemente actual, entre indicativo
de la salvación e imperativo del
compromiso moral. Ante todo está el alegre anuncio de la gracia que salva. El
Señor nos previene y nos da el perdón, nos da su amor, la gracia de ser
cristianos, hermanos y hermanas suyos. Es un anuncio que llena de alegría
nuestra vida y que da seguridad a nuestro actuar: el Señor nos previene
siempre con su bondad y la bondad es siempre más grande que todos nuestros
pecados. Es necesario, sin embargo, que nos comprometamos de manera coherente
con el don recibido y que respondamos al anuncio de la salvación con un
camino generoso y valiente de conversión. Respecto al modelo de san Pablo, la
novedad está en que Clemente da continuidad a la parte doctrinal y a la parte
práctica, que conformaban todas las cartas de Pablo, con una «gran oración»,
que prácticamente concluye la carta.
La oportunidad inmediata de la carta
abre al obispo de Roma la posibilidad de exponer ampliamente la identidad de
la Iglesia y de su misión. Si en Corinto se han dado abusos, observa
Clemente, el motivo hay que buscarlo en la debilitación de la caridad y de
otras virtudes cristianas indispensables. Por este motivo, invita a los
fieles a la humildad y al amor fraterno, dos virtudes que forman parte
verdaderamente del ser en la Iglesia. «Somos una porción santa», exhorta,
«hagamos, por tanto, todo lo que exige la santidad» (30, 1). En particular,
el obispo de Roma recuerda que el mismo Señor «estableció donde y por quien
quiere que los servicios litúrgicos sean realizados para que todo, cumplido
santamente y con su beneplácito, sea aceptable a su voluntad… Porque el
sumo sacerdote tiene sus peculiares funciones asignadas a él; los levitas
tienen encomendados sus propios servicios, mientras que el laico está
sometido a los preceptos del laico» (40,1-5: obsérvese que en esta carta de
finales del siglo I aparece por primera vez en la literatura cristiana
aparece el término «laikós», que significa «miembro
del laos»,
es decir, «del pueblo de Dios»).
De este modo, al referirse a la liturgia
del antiguo Israel, Clemente revela su ideal de Iglesia. Ésta es congregada
por el «único Espíritu de gracia infundido sobre nosotros», que sopla en los
diversos miembros del Cuerpo de Cristo, en el que todos, unidos sin ninguna
separación, son «miembros los unos de los otros» (46, 6-7). La neta
distinción entre «laico» y la jerarquía no significa para nada una
contraposición, sino sólo esta relación orgánica de un cuerpo, de un
organismo, con las diferentes funciones. La Iglesia, de hecho, no es un lugar
de confusión y de anarquía, donde cada uno puede hacer lo que quiere en todo
momento: cada quien en este organismo, con una estructura articulada, ejerce
su ministerio según su vocación recibida.
Por lo que se refiere a los jefes de las
comunidades, Clemente explicita claramente la doctrina de la sucesión
apostólica. Las normas que la regulan se derivan, en última instancia, del
mismo Dios. El Padre ha enviado a Jesucristo, quien a su vez ha enviado a los
apóstoles. Éstos luego mandaron a los primeros jefes de las comunidades y
establecieron que a ellos les sucedieran otros hombres dignos. Por tanto,
todo procede «ordenadamente de la voluntad de Dios» (42). Con estas palabras,
con estas frases, san Clemente subraya que la Iglesia tiene una estructura
sacramental y no una estructura política. La acción de Dios que sale a
nuestro encuentro en la liturgia precede a nuestras decisiones e ideas. La
Iglesia es sobre todo don de Dios y no una criatura nuestra, y por ello esta
estructura sacramental no garantiza sólo el ordenamiento común, sino también la
precedencia del don de Dios, del que todos tenemos necesidad.
Finalmente, la «gran oración», confiere
una apertura cósmica a los argumentos precedentes. Clemente alaba y da
gracias a Dios por su maravillosa providencia de amor, que ha creado el mundo
y que sigue salvándolo y santificándolo. Particular importancia asume la
invocación para los gobernantes. Después de los textos del Nuevo Testamento,
representa la oración más antigua por las instituciones políticas. De este
modo, tras la persecución, los cristianos, aunque sabían que continuarían las
persecuciones, no dejan de rezar por esas mismas autoridades que les habían
condenado injustamente. El motivo es ante todo de carácter cristológico: es necesario rezar por los perseguidores,
como lo hizo Jesús en la
cruz. Pero esta oración tiene también una enseñanza que
orienta, a través de los siglos, la actitud de los cristianos ante la
política y el Estado. Al rezar por las autoridades, Clemente reconoce la
legitimidad de las instituciones políticas en el orden establecido por Dios;
al mismo tiempo, manifiesta la preocupación que las autoridades sean dóciles
a Dios y «ejerzan el poder que Dios les ha dado con paz y mansedumbre y
piedad» (61,2). César no lo es todo. Emerge otra soberanía, cuyo origen y
esencia no son de este mundo, sino «de lo alto»: es la de la Verdad que tiene
el derecho ante el Estado de ser escuchada.
De este modo, la carta de Clemente
afronta numerosos temas de perenne actualidad. Es aún más significativa, pues
representa desde el silo I la solicitud de la Iglesia de Roma, que preside en
la caridad a todas las demás Iglesias. Con el mismo Espíritu, elevemos
también nosotros las invocaciones de la «gran oración», allí donde el obispo
de Roma asume la voz del mundo entero: «Sí, Señor, haz que resplandezca en
nosotros tu rostro con el bien de la paz; protégenos con tu mano
poderosa… Nosotros te damos gracias, a través del sumo Sacerdote y guía
de nuestras almas, Jesucristo, por medio del cual sea gloria y alabanza a ti,
ahora, y de generación en generación, por los siglos de los siglos. Amén»
(60-61).
[Traducción del
original italiano realizada por Zenit. Al final de
la audeincia, el Papa saludó a los peregrinos en
varios idiomas. En inglés, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas:
Después de reflexionar sobre cada
Apóstol, hoy dedicamos este encuentro a los Padres apostólicos, iniciando con
san Clemente, tercer sucesor de Pedro, después de Lino y Anacleto,
al final del primer siglo. Conservamos su «Carta a los Corintios», sobre
problemas surgidos en aquella Comunidad, mostrando así la solicitud de la
Iglesia de Roma que preside en la caridad a todas las demás. Para Clemente,
la Iglesia no ha de ser un lugar de confusión o anarquía, sino que por el
Espíritu forma un cuerpo ordenado: en ella, cada miembro cumple su misión
según su vocación. Al mismo tiempo, expone con claridad la doctrina de la
sucesión apostólica.
Al pedir oraciones para las
instituciones políticas, Clemente atestigua cómo, poco después de las
persecuciones, los cristianos no dejan de rezar por las mismas autoridades
que los habían condenado injustamente. Rezando por ellas, no sólo se reconoce
la legitimidad de las instituciones políticas en el orden establecido por
Dios, sino que también manifiesta su preocupación para que las autoridades
ejerzan el poder con paz y mansedumbre, teniendo en cuenta que hay otra
soberanía, la de la verdad, que debe ser atendida por el Estado.
Me es grato saludar con afecto a los
visitantes de lengua española. En particular, saludo a los formadores y
seminaristas del Seminario mayor de León, así como a los distintos grupos
parroquiales y asociaciones venidos de España, México y otros países
latinoamericanos. Animo a todos a colaborar para que vuestras comunidades
eclesiales vivan en la unidad y en la caridad. ¡Gracias por vuestra visita!
Después del período de descanso, retomamos con fuerzas renovadas las
actividades de difusión por medio de este espacio.
Agradecemos a todos el acompañamiento a lo largo de todos estos años y
los invitamos recomendarles este servicio a todas aquellas personas que crean
puedan aprovechar de él.
En esta cuaresma
uniéndome a la celebración de nuestro cincuentenario diocesano, quiero
centrar la atención sobre la persona de Jesús. En su nombre nació esta
Iglesia diocesana y su primer obispo, Monseñor Aguirre en su lema episcopal
"En Cristo Jesús" invitaba a todos los fieles a poner a Jesús en el
centro de sus vidas.
Quiero retomar esta
idea. Los invito a todos a preguntarnos y responder si realmente JESUCRISTO
ES EL CENTRO DE NUESTRAS VIDAS.
No es una pregunta
moralista, para saber si estamos haciendo bien las cosas. Es una pregunta
vital, una pregunta a nuestro corazón y a nuestra libertad: ¿Qué es lo que le
da sentido, calor, dirección a mi vida? ¿Estoy yendo por el camino que de
verdad quiero ir?
En tiempos tan
pragmáticos y mediáticos corremos el riesgo de hacer depender nuestra vida
religiosa solo de lo que se ve o lo que se escucha y así encontramos a muchos
que basan el crecimiento o decrecimiento de su fe en las virtudes y defectos
de los miembros de la Iglesia o en la relación de la misma respecto del
Estado...y olvidan que es a Jesucristo, quien se proclamó verdadero Dios, a
quien debemos dar una respuesta sobre la orientación definitiva de nuestras
vidas.
Hace dos mil años que
la Iglesia presenta a Jesucristo e invita a creer en Él. En todas las
circunstancias históricas, la Iglesia enfrentó el desafío de actualizar su
mensaje para hacerlo comprensible a las distintas culturas y costumbres.
También en estos tiempos debemos responder a este desafío histórico.
Ahora bien. ¿Dónde va a
encontrar la Iglesia esas respuestas? ¿Será acaso solo la mente humana la que
podrá actualizar el mensaje?
En la carta de Adviento
recordaba que Jesús está en nuestra Iglesia en su Palabra, en la Eucaristía,
en los pobres, en el Pueblo de Dios.... Jesús está vivo en medio de nosotros.
Lo que nos permitirá dar verdaderos frutos es nuestra permanencia a su lado:
"si permanecen en mí darán mucho fruto" Cf. Juan 15,4
En la medida que acrecentamos
nuestra comunión con Él y entre nosotros estoy seguro que aparecerán los
frutos que esta Iglesia Diocesana debe dar. Quizás, el que más ansiamos los
que tenemos como misión evangelizar, sea justamente ese: que podamos
presentar con nuestro testimonio y nuestra palabra a un Jesús vivo que sea
respuesta verdadera para las personas que vivimos este tiempo histórico
concreto.
Permanecer
en la Palabra
Voy a poner un ejemplo
de lo que acabo de decir. Cuando se creó esta Diócesis yo tenía veinte años, entré
al seminario de San Isidro dos años después. En ese entonces la relación con
quienes practicaban otros credos era de desconfianza y tirantez. A veces,
grupos más radicalizados protagonizaban actitudes agresivas.
¿Qué pasó para que años
después esas relaciones sean no sólo cordiales sino de auténtica búsqueda de
comunión? ¿Por qué hoy rezamos y reflexionamos juntos y hasta emprendemos
acciones caritativas en conjunto?
Si buscamos,
encontraremos protagonistas humanos que fueron precursores de este trabajo
por la unidad. Pero
el gran protagonista de este cambio fu el mismo Señor Jesucristo que por su
Espíritu guió nuestro camino. Nuestros hermanos de las otras Iglesias
cristianas "permanecieron" en torno a la Palabra (Palabra viva que
es el mismo Jesús); nuestros hermanos mayores, los judíos, fueron fieles a la
Torah, nosotros también intentamos permanecer
fieles a la Palabra y a la Eucaristía, y el fruto de esa fidelidad hoy lo
disfrutamos en el diálogo y los intentos de comunión con todos ellos.
Permanecer
junto a Jesús en el pobre
El segundo ejemplo
tiene que ver con la presencia de Jesús en los hermanos y en particular en
los más pobres: "Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más
pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo". Mt
25,40.
Hace muchos años cuando
pertenecía a los jóvenes de la Acción Católica, en la Iglesia estábamos muy
preocupados por la escasa presencia de la Iglesia entre los pobres. La
juventud obrera católica era incipiente y se solía decir que los cristianos
habíamos perdido a la clase obrera. Recuerdo la preocupación de numerosos
sacerdotes y laicos en ese sentido y también haber asistido a innumerables
debates sobre esta cuestión.
Todos esos afanes no
fueron en vano. Desde aquellos años en la Iglesia se desarrolló una fuerte
corriente teológica en este sentido, y se emprendieron innumerables obras
apostólicas, asistenciales y promocionales entre
los pobres.
La Iglesia en el
pos-concilio, tuvo una nueva comprensión de sí misma y se reconoció pobre,
necesitada de la redención que Jesús nos vino a traer. El Vaticano II nos
ayudó a comprender la solidaridad de Jesús, "Ya conocen la generosidad
de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a
fin de enriquecernos con su pobreza" 2 Cor
8,9. La Iglesia, siguiendo el ejemplo de Jesús, y siendo ella misma pobre, se
hizo solidaria con aquellos hermanos más desfavorecidos:
"Cristo fue
enviado por el Padre a "evangelizar a los pobres y levantar a los
oprimidos" (Le., 4,18), "para buscar y salvar lo que estaba perdido"
(Lc., 19,10); de manera semejante la Iglesia abraza
a todos los afligidos por la debilidad humana, más aún, reconoce en los
pobres y en los que sufren la imagen de su Fundador pobre y paciente, se
esfuerza en aliviar sus necesidades y pretende servir en ellos a
Cristo".
Así es, la clave de
todas esas acciones lo daba el espíritu que las animaba: los cristianos
contemplamos a Jesús en cada uno de los pobres, débiles y enfermos.
PERMANECIMOS JUNTO A JESÚS Y LO ENCONTRAMOS, en la medida en que supimos
estar junto a y en la vida de tantos hermanos que manifestaban su debilidad.
Es más, la comunidad
eclesial entendió que desde los pobres brotaba una corriente de salvación a
través de la cual Jesús
evangelizaba también al resto de la Iglesia.
Fue una verdadera
corriente contemplativa y activa que dio sus frutos. Hoy, cincuenta años
después, la Iglesia en nuestra diócesis está presente en toda la geografía y
ciertamente enriquecida por las comunidades de nuestros hermanos más pobres y
sencillos. Esa PERMANENCIA en JESÚS manifestada entre los pobres, a pesar de
todos nuestros límites, ha dado su fruto.
Estos dos ejemplos nos
muestran claramente que la eficacia apostólica necesariamente debe ser
precedida por una corriente espiritual que manifieste la PERMANENCIA EN JESÚS.
Vimos como la
PERMANENCIA EN JESÚS - PALABRA y en JESUS-POBRE, con el
correr del tiempo ha dado sus frutos.
Permanecer
en Jesús- Eucaristía
Hay una presencia
fortísima de Jesús en la
EUCARISTÍA. Y es notable como en estos últimos años en las comunidades
se ha fortalecido la corriente espiritual celebrativa
y contemplativa de la Eucaristía. Personalmente me gustaría alentar y
promocionar aún más esta permanencia de los fieles en torno a
JESÚS-EUCARISTÍA. Estoy convencido que esta corriente dará muchísimos frutos
evangelizadores en nuestra Iglesia diocesana.
Les entrego esta rápida
mirada histórica que pretende iniciar la reflexión cuaresmal invitándolos a
centrar nuestra vida en Jesús. San Pablo es sin duda el apóstol que en sus
escritos refleja profundamente esta visión cristocéntrica.
Tiene expresiones muy contundentes: "para mí la vida es Cristo" (Fil 1,21); "Me amó y se entregó por mí" (Gal 2,20 b); "ya no vivo yo, sino que Cristo vive en
mí" (Gal2,20 a) O el texto de
Romanos donde nos insta a afrontar todas las dificultades de la vida con la
convicción de que nada ni nadie podrá apartarnos del amor de Cristo (Cf. Rom 8,39).
En esos escritos Pablo
manifiesta que la eficacia cristiana sólo se da desde la PERMANENCIA EN JESUS.
Si estamos unidos a Él, como Él lo está al Padre, daremos muchos frutos.
Permanecer
en la cruz con Jesús, para resucitar con Él
Una cuestión final: la
eficacia cristiana pasa siempre por la Cruz. Si permanecemos junto a Jesús-Palabra,
nunca podríamos pasar por alto la pasión y muerte en Cruz que lleva a la
verdadera vida del Resucitado.
Si permanecemos junto a
Jesús-Pobre contemplaremos en la vida de tantos hermanos signos fuertísimos
que manifiestan a un Jesús que sufre su pasión en ellos.
Si contemplamos a
Jesús-Eucaristía el mismo dinamismo del sacramento refleja a Jesús en su
misterio pascual de muerte y resurrección. Toda permanencia real junto a
Jesús es permanencia en su pasión y muerte para resucitar con Él.
Todo intento de
evadirse de este dinamismo, desde el comienzo deja de ser cristiano. Así nos
quiso salvar Jesús. Si permanecemos junto a Él, Él mismo se encargará de que
los signos de su pasión y su cruz aparezcan en nuestra vida. No intentemos
evadirnos de ellos. Por el contrario, sepamos que es la condición de eficacia
de la presencia de su Reino.
Queridos Hermanos,
quisiera que este aniversario no fuera solamente una linda recordación, sino
que nos sirviera a todos para encontrarnos más profundamente con el Señor.
Que María Santísima que
acompañó a Jesús a lo largo de su vida, sea nuestra maestra en el arte de
permanecer en Él
Les deseo una buena y
santa cuaresma, cerca del Señor y una muy feliz Pascua de resurrección,
Jorge Casaretto
Obispo de San Isidro
ORACIÓN POR LOS 50 AÑOS DE LA DIÓCESIS
Queremos permanecer en Ti,
amándote con pasión
y encontrando en ese mismo amor
la fuente inspiradora de todos
nuestros compromisos misioneros.
Queremos dar mucho fruto
sembrando con confianza tu Palabra
mientras caminamos
hacia el encuentro definitivo contigo
en la Vida eterna.
A María, Madre de Dios y Madre
nuestra,
a nuestro patrono San Isidro,
labrador de esta Viña que es tu Pueblo,
confiamos nuestra oración. Amén.
GUÍA DE TRABAJO
Tal
como hicimos en otras cartas pastorales, nos vamos a ayudar con una guía de
trabajo en nuestra reflexión personal y comunitaria.
¿Qué
es una Guía de Trabajo?
Es una serie de
preguntas que nos ayudarán a interiorizar los contenidos de la CARTA PASTORAL. No
se trata de encontrar la "respuesta correcta", sino de preguntarnos
acerca de lo que estamos reflexionando, para ver qué repercusión tienen estas
realidades en la vida de cada uno de nosotros. Sería bueno que escribamos las
respuestas, ya que el ejercicio de escribir nos ayuda a concentrarnos y a
ponernos en contacto con nuestro interior. Si queremos, después podemos
compartir lo que hemos reflexionado, con nuestra familia o comunidad.
Aquí van las preguntas:
Hago una lista de las
personas, actividades, cosas, etc. que son importantes en mi vida. Las pongo
en orden: primero la más importante, luego la segunda en importancia, y así
sucesivamente. ¿Qué es lo que hace importante alguien o algo en mi vida?
Me pongo en presencia
del Señor y en un momento de oración me pregunto: ¿Jesús es el centro de mi
vida? ¿En qué signos veo o no veo esa centralidad?
Leo la Palabra de Dios
cotidianamente ¿Por qué? Si la leo: ¿Qué descubro en esa lectura? ¿Me
gustaría profundizar en el conocimiento de la Sagrada Escritura?
¿Qué podríamos hacer al respecto?
Pobre es todo aquel que
está carente o necesitado no sólo de dinero o bienes materiales, pobres son
también los enfermos, los que están solos, los que están tristes, etc. ¿Me
resulta fácil ver a Jesús en ellos? ¿Cuándo? ¿Por qué? ¿Recuerdo alguna
circunstancia en la que especialmente haya experimentado la presencia de
Jesús en el pobre? ¿Y si el pobre soy yo mismo/a? ¿Me cuesta experimentar la
presencia de Jesús en mis necesidades económicas o en mi falta de trabajo, o
de afecto, o de salud o de algo que realmente es importante para mí?
¿Dedico algún momento del
día o de la semana para estar frente a Jesús Eucaristía? ¿He participado de
algún rato de Adoración en mi parroquia o en alguna otra? ¿Me atrae la
oración frente al Santísimo? ¿Por qué?
Recuerdo los momentos
más difíciles de mi vida, ¿Significó algo en esos momentos la cruz de Jesús?
¿Sentí que estaba unido/a a Él en ese momento?
Hacemos un momento de
oración y le pedimos a Jesús que nos haga percibir su cercanía en la hora de
nuestra muerte. Pedimos por todos los que hoy están sufriendo y hoy morirán,
para que, atravesando la muerte con Jesús, puedan experimentar la fuerza de la resurrección.
La Conferencia Episcopal Argentina
realizará los días 17 y 18 de marzo la 3ª Campaña Nacional sobre el
Sostenimiento de la
Iglesia. El lema es “Todos somos Iglesia. Es tiempo
de compartir”.
Los objetivos son dos: animar la
responsabilidad de cada católico a una mayor participación en el
sostenimiento de la tarea evangelizadora, e informar a los fieles sobre cómo
se sostiene económicamente la Iglesia católica.
Para encontrar más datos sobre la
Campaña e ideas y materiales para su difusión puede acceder a estos enlaces:
La Comisión Episcopal de
Pastoral Universitaria convocó al IV Encuentro Nacional de Docentes
Universitarios Católicos (IV ENDUC). "un encuentro de gran importancia
para los docentes universitarios católicos, especialmente cuando está tan
cerca el horizonte del Bicentenario de la Nación".
Tendrá lugar en la ciudad de Santa Fe
del 18 al 20 de mayo de 2007 con el lema: "Universidad y Nación, camino
al Bicentenario. Realizando la verdad en el amor". El Pbro. Horacio Ortiz,
secretario ejecutivo de la Comisión Episcopal, explicó que la inscripción
está abierta para todos los docentes universitarios de todas las categorías y
de todas las Universidades. Informes: www.enduc.org.ar.
ROMA, lunes, 26 febrero 2007 (ZENIT.org).- En este año 2007 el
movimiento Scout celebra su centenario. Las iniciativas que tendrán lugar en
Europa con este motivo fueron presentadas el 21 de febrero en una rueda de
prensa ofrecida en la sede de «Radio Vaticano».
Al tomar la palabra, MarialuisaFaotto, comisaria general de la Asociación Italiana
de Guías y Scouts Católicos de Europa, explicó que
los actos conmemorativos comenzaron el 22 de febrero, «Jornada del Recuerdo»,
en la que se celebra el nacimiento el fundador del movimiento, Lord RobertBaden Powell
(1857-1941).
La jornada estuvo marcada por el llamado «BP Day»,
la Ceremonia del Penique, ligado a un mensaje de solidaridad. En 1932, una jefe belga, propuso que cada scout diera «un penique
con un pensamiento» y desde entonces la colecta de los «Peniques», para
ayudar al desarrollo del movimiento en los países más pobres, se ha
convertido en una parte importante para alimentar el espíritu de fraternidad
y compartir en la Asociación mundial.
El 23 de abril tendrá lugar la festividad de san Jorge (23 abril),
patrono de los scouts y, en particular, «El Gran
Juego del Centenario», que implicará a toda la Asociación y será vivida
contemporáneamente por todos los distritos y regiones, con el lema «Un Mundo,
una promesa» como hilo conductor.
El 20 de mayo, tendrá lugar el «Centenario en la plaza»: los scouts saldrán a la calle en las diversas realidades
locales para contarse a los otros a través del juego, la aventura y el
servicio.
El culmen de los eventos tendrá lugar el 1 de
agosto, en recuerdo del primer campo scout abierto por Baden
Powell en la isla de Brownsea. Al alba del
centenario, todos los scouts del mundo renovarán
para la ocasión su promesa.
Tres días después, el 4 de agosto, se iniciará la «Euromoot»,
una propuesta educativa internacional que la Federación de Guías y Scouts Católicos de Europa dirigirá a los chicos y chicas
que viven la experiencia del movimiento, en los diversos países de la Unión.
Posteriormente, en los Montes Tatra (Cárpatos), en el corazón de Europa, del 4 al 11 de
agosto, se darán cita más de cinco mil chicos y chicas procedentes de
Francia, Rumanía, Polonia, España, Bélgica, Italia,
Rusia, Hungría, Eslovaquia y Alemania.
En esas tierras, desde siempre cremallera entre la Europa oriental y
occidental, católicos latinos y de rito oriental, ortodoxos, protestantes,
partirán de la ciudad de Levocà, con una ceremonia
de apertura en el santuario mariano, y pasarán por la localidad de Olsztyn, de la que todos juntos se encaminarán con una
peregrinación nocturna al Santuario de Częstochowa.
Intervención en la audiencia general de este miércoles
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 21
febrero 2007 (ZENIT.org ).-Publicamos
la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este miércoles
dedicada al Miércoles de Ceniza.
* * *
Queridos hermanos y hermnas:
El Miércoles de Ceniza que hoy
celebramos, es para nosotros, cristianos, un día particular, caracterizado
por el intenso espíritu de recogimiento y reflexión. Emprendemos, de hecho,
el camino de la Cuaresma, tiempo de escucha de la Palabra de Dios, de oración
y de penitencia. Son cuarenta días en los que la liturgia nos ayudará a
revivir las fases destacadas del misterio de la salvación.
Como sabemos, el hombre ha sido creado
para ser amigo de Dios, pero el pecado de los primeros padres quebró esta
relación de confianza y de amor y, como consecuencia, la humanidad es incapaz
de realizar su vocación originaria.
Gracias, sin embargo, al sacrificio
redentor de Cristo, hemos sido rescatados por el poder del mal: Cristo, de
hecho, escribe el apóstol Juan, ha sido víctima de expiación por nuestros
pecados (Cf. 1 Juan 2, 2); y san Pedro añade: Él ha muerto una vez para
siempre por los pecados (Cf. 1 Pedro 3,18).
Al morir con Cristo al pecado, el
bautizado también renace a una vida nueva y es restablecido gratuitamente en
su dignidad de hijo de Dios. Por este motivo, en la primitiva comunidad cristiana,
el Bautismo era considerado como la «primera resurrección» (Cf. Apocalipsis
20,5; Romanos 6,1–11; Juan 5,25–28).
Desde los orígenes, por tanto, la
Cuaresma se vive como ese tiempo de la inmediata preparación al Bautismo, que
se administra solemnemente durante la Vigilia Pascual. Toda
la Cuaresma era un camino hacia este gran encuentro con Cristo, hacia la
inmersión en Cristo y la renovación de la vida.
Estamos ya bautizados, pero con
frecuencia el Bautismo es muy eficaz en nuestra vida cotidiana. Por este
motivo, también para nosotros la Cuaresma es un «catecumenado» renovado en el
que salimos de nuevo al encuentro de nuestro Bautismo para redescubrirlo y
revivirlo en profundidad, para ser de nuevo realmente cristianos.
Por tanto, la Cuaresma es una
oportunidad para «volver a ser» cristianos, a través de un proceso constante
de cambio interior y de avance en el conocimiento y en el amor de Cristo. La
conversión no tiene lugar nunca una vez para siempre, sino que es un proceso,
un camino interior de toda nuestra vida. Ciertamente este itinerario de
conversión evangélica no puede limitarse a un período particular del año: es
un camino de todos los días, que tiene que abarcar toda la existencia, cada
día de nuestra vida.
Desde este punto de vista, para cada
cristiano y para todas las comunidades eclesiales, la Cuaresma es la estación
espiritual propicia para entrenarse con mayor tenacidad en la búsqueda de
Dios, abriendo el corazón a Cristo.
San Agustín dijo en una ocasión que
nuestra vida es un ejercicio único del deseo de acercarnos a Dios, de ser
capaces de dejar entrar a Dios en nuestro ser. «Toda la vida del cristiano
fervoroso --dice-- es un santo deseo». Si esto es así, en Cuaresma se nos
invita aún más a arrancar «de nuestros deseos las raíces de la vanidad» para
educar el corazón en el deseo, es decir, en el amor de Dios. «Dios --dice san
Agustín-- es todo lo que deseamos» (Cf. «Tract. inIohn.», 4). Y esperamos que
realmente comencemos a desear a Dios, y de este modo desear la verdadera
vida, el amor mismo y la verdad.
Es particularmente oportuna la
exhortación de Jesús, referida por el evangelista Marcos: «Convertíos y creed
en la Buena Nueva»
(Cf. Marcos 1, 15). El deseo sincero de Dios nos lleva a rechazar el mal y a
realizar el bien. Esta conversión del corazón es ante todo un don gratuito de
Dios, que nos ha creado para sí y en Jesucristo nos ha redimido: nuestra
felicidad consiste en permanecer en Él (Cf. Juan 15, 3). Por este motivo, Él
mismo previene con su gracia nuestro deseo y acompaña nuestros esfuerzos de
conversión.
Pero, ¿qué es en realidad convertirse?
Convertirse quiere decir buscar a Dios, caminar con Dios, seguir dócilmente
las enseñanzas de su Hijo, Jesucristo; convertirse no es un esfuerzo para
realizarse uno mismo, porque el ser humano no es el arquitecto del propio
destino. Nosotros no nos hemos hecho a nosotros mismos. Por ello, la
autorrealización es una contradicción y es demasiado poco para nosotros.
Tenemos un destino más alto. Podríamos decir que la conversión consiste
precisamente en no considerarse en «creadores» de sí mismos, descubriendo de
este modo la verdad, porque no somos autores de nosotros mismos.
Conversión consiste en aceptar
libremente y con amor que dependemos totalmente de Dios, nuestro verdadero
Creador, que dependemos del amor. Esto no es dependencia, sino libertad.
Convertirse significa, por tanto, no perseguir el éxito personal, que es algo
que pasa, sino, abandonando toda seguridad humana, seguir con sencillez y
confianza al Señor para que Jesús se convierta para cada uno, como le gustaba
decir a la beata Teresa
de Calcuta, en «mi todo en todo». Quien se deja conquistar por él no tiene
miedo de perder la propia vida, porque en la Cruz Él nos amó y se entregó por
nosotros. Y precisamente, al perder por amor nuestra vida, la volvemos a
encontrar.
He querido subrayar el inmenso amor que
Dios tiene por nosotros en el mensaje con motivo de la Cuaresma publicado
hace unos días para que los cristianos de toda comunidad puedan detenerse
espiritualmente durante el tiempo de la Cuaresma, junto a María y Juan, el
discípulo predilecto, ante Aquel que en la Cruz consumó por la humanidad el
sacrificio de su vida (Cf. Juan 19, 25).
Sí, queridos hermanos y hermanas, la
Cruz también es para nosotros, hombres y mujeres de nuestra época que con
demasiada frecuencia estamos distraídos por las preocupaciones y los
intereses terrenos y momentáneos, la revelación definitiva del amor y de la
misericordia divina. Dios es amor y su amor es el secreto de nuestra felicidad.
Ahora bien, para entrar en este misterio de amor no hay otro camino que el de
perdernos, entregarnos, el camino de la Cruz. «Si alguno quiere venir en pos
de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Marcos 8, 34). Por este
motivo, la liturgia cuaresmal, al invitarnos a reflexionar y rezar, nos
estimula a valorar más la penitencia y el sacrificio para rechazar el pecado
y el mal y vencer el egoísmo y la indiferencia. La oración, el ayuno y la
penitencia, las obras de caridad hacia los hermanos se convierten de este
modo en sendas espirituales que hay que recorrer para regresar a Dios en
respuesta a los repetidos llamamientos a la conversión que hoy hace la
liturgia (Cf. Gálatas 2,12-13; Mateo 6,16-18).
Queridos hermanos y hermanas, que el
período cuaresmal, que hoy emprendemos con el austero y significativo rito de
la imposición de las Cenizas, sea para todos una renovada experiencia del
amor misericordioso de Cristo, quien en la Cruz derramó su sangre por
nosotros.
Pongámonos dócilmente a su escucha para
aprender a «volver a dar» su amor al prójimo, especialmente a los que sufren
y atraviesan dificultades. Esta es la misión de todo discípulo de Cristo,
pero para realizarla es necesario permanecer a la escucha de su Palabra y
alimentarse asiduamente de su Cuerpo y de su Sangre. Que el itinerario
cuaresmal, que en la Iglesia antigua es itinerario hacia la iniciación
cristiana, hacia el Bautismo y la Eucaristía, sea para nosotros, los
bautizados, un tiempo «eucarístico» en el que participemos con mayor fervor
en el sacrificio de la Eucaristía.
Que la Virgen María, tras
haber compartido la pasión dolorosa de su hijo divino, experimentó la alegría
de la resurrección, nos acompañe en esta Cuaresma hacia el misterio de la
Pascua, revelación suprema del amor de Dios.
¡Buena Cuaresma a todos!
[Traducción del
original italiano realizada por Zenit. Al final de
la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. Estas fueron
sus palabras en español:]
Queridos hermanos y hermanas:
Hoy, Miércoles de Ceniza, es un día
particular para nosotros cristianos. Emprendemos el camino Cuaresmal.
Cuarenta días caracterizados por un intenso espíritu de oración y penitencia
durante los cuales la liturgia nos ayudará a revivir el misterio de la salvación. Una
ocasión providencial para convertirnos, para buscar con más tesón a Dios y
volver a Él, abriendo el corazón a Cristo.
Cuán oportuna resuena la exhortación de
Jesús, que leemos en el evangelista san Marcos: "Convertíos y creed en
el Evangelio". Convertirse significa buscar a Cristo, seguir dócilmente
sus enseñanzas, amarlo, con sencillez y confianza.
Para entrar en este misterio de amor no
hay otro camino que el de la
Cruz. La Cruz es la revelación definitiva del amor y de la
misericordia divina. La oración, el ayuno, la penitencia y las obras de
caridad para con los hermanos son los caminos espirituales para retornar a
Dios.
Saludo cordialmente a los peregrinos de
lengua española, especialmente a las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús, que
celebran el Capítulo General; a los fieles de Albacete, Tenerife y Toledo; a
los estudiantes de Cáceres y San Sebastián, así como a los peregrinos de
Argentina, Chile y México. El período cuaresmal, que hoy comenzamos con el
austero y significativo rito de la imposición de la Ceniza, sea para todos
una experiencia renovada del amor misericordioso de Cristo. Aprendamos de Él
a amar al prójimo, especialmente a cuántos sufren. Que la Virgen María nos
acompañe en esta Cuaresma para prepararnos a revivir el misterio de la
Pascua, revelación suprema del amor de Dios. ¡Buena Cuaresma a todos!
Horarios Celebración penitencial
Jueves 21 a
las 20 hs.
Domingo
24
Misas 10 y 12 (corresponde al IV Domingo de Adviento)
Misa de Nochebuena a las 20 hs.
Lunes
25 NAVIDAD
Misas 10, 12 y 20 hs.
Domingo 31 de diciembre y Lunes 1 de enero
Misas 12 y 20 hs.
Secretaría
Enero Permanecerá Cerrada desde martes el 2 hasta el lunes 15
A partir del 16 atenderá los días martes y jueves de 9.30 a 12 hs.
Febrero
Abrirá los días martes y jueves de 9.30 a 12 hs. Indice
Casa de los Amigos
Pone en conocimiento de los miembros de la Comunidad que ha finalizado las
actividades del presente año con una reunión llevada a cabo el viernes 15 del
corriente mes, con una nutrida concurrencia de quienes participan en sus
actividades.
Se leyeron varios villancicos alusivos a la fiesta Navideña,
escritos por miembros del taller de literatura y una oración
Se representaron varios sketches por algunos de los
participantes del taller de teatro improvisado, que fueron muy festejados y
cerraron dicho acto con el canto de varios villancicos Navideños, preparados
por el taller de Canto y acompañados por la concurrencia,
Con posterioridad, se tomó un refrigerio compartiendo como siempre un
encuentro de amistad y compañerismo, que el tiempo ha permitido crecer y
fortalecer.
Durante el mes de enero, la única actividad que se llevará a cabo es el juego
de cartas los días jueves de 15.30 hs. a 19.30 hs.
Deseamos a todos una Feliz Navidad y que el Niño Dios nos acompañe siempre. Indice
Los viernes de 14.30
a 17 horas, durante el mes de diciembre de 2006 y
desde el 3º viernes de febrero de 2007 (en el mismo día y horario) se
realizará la inscripción para el año 2007. Las clases comienzan el 3º viernes de
marzo de 2007.
También se puede hacer la escuela vía Internet, en donde el tiempo lo
organiza cada persona. Esta modalidad a distancia funciona en cualquier
momento y durante todo el año.
Escuela de Catequesis Santa Rosa de Lima
Rivadavia 2350 -Munro - 4762-3832 www.catequesissantarosa.com.ar Indice
ARGENTINA
Javaia
Queridos catequistas
Nos comunicamos con Uds. para invitarlos a compartir un nuevo espacio de
encuentro en nuestro sitio web. Hemos decidido llamarlo “
javaiá” , voz hebrea que significa
“experiencia”, puesto que la propuesta que les hacemos consiste,
precisamente, en la presentación de experiencias catequísticas.
Poco a poco, este espacio se irá enriqueciendo vital y significativamente con
todo lo que ustedes vayan acercando. Cualquier experiencia vivida en plenitud
no nos deja indiferentes. Cala hondo en nuestras vidas y nos transforma y, si
ella es una experiencia positiva y de crecimiento, nos ayuda a encontrarnos
más íntimamente con nosotros mismos, con nuestras opciones y motivaciones más
profundas.
Seguramente, nuestro ministerio catequístico contiene ricas experiencias.
Quizás, alguna vez nos hemos animado a compartirlas en la intimidad de
nuestro equipo de catequistas o, tal vez, las atesoramos en nuestro recuerdo
como una instancia de crecimiento y de iluminación. La propuesta, ahora, es
compartirlas con otros catequistas.
Esto supone una actitud de mucha generosidad por parte del que ofrece,
sencillamente, su experiencia a los otros. Y, por otro lado, supone una
actitud de respeto y de gratitud de quien la recibe y contempla, con la
certeza de que está recibiendo el tesoro de una interioridad abierta al
hermano.
Les proponemos gestar juntos una dinámica acción – reflexión –
acción para pensar juntos la Catequesis; para fundamentar y transformar,
paulatinamente, nuestra praxis catequística y para resignificar
las experiencias presentadas, analizándolas a la luz de otros aportes y de
otras experiencias comunitarias.
El espacio, que les proponemos, estará constituido por cuatro instancias:
La experiencia catequística que
ustedes deseen compartir.
Un texto del Magisterio Catequístico o
de la reflexión catequética actual, que pueda
ayudar a comprender y a analizar la experiencia.
Un foro para compartir las resonancias
que la experiencia presentada vaya suscitando en los catequistas, en
diálogo con el texto y con las diversas experiencias comunitarias.
Un lugar para aportar otras
experiencias que vayan enriqueciendo y dando continuidad al espacio y al
proceso de reflexión.
Los animamos, fraternalmente, a sumarse a esta propuesta haciéndonos
llegar una experiencia catequística a través del formulario que se encuentra
abajo. Para ello, adjuntamos una guía de presentación que los ayudará a
sistematizarla y a comunicarla. Reciban nuestro siempre afectuoso saludo.
El Papa reconoce las virtudes
heroicas del franciscano argentino MamertoEsquiú CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 18 diciembre 2006 (ZENIT.org).-
El pasado sábado 16 de diciembre de 2006 el Santo Padre Benedicto XVI reconoció
las virtudes heroicas del siervo de Dios frayMamertoEsquiú, de la Orden de
los Frailes Menores (franciscanos), obispo de Córdoba (Argentina) y «orador»
de la Constitución argentina.
Nació el 11 de mayo de 1826 en San José de Piedra Blanca (Catamarca-Argentina)
y falleció el 10 de enero de 1883 en Posta del Suncho.
Del comunicado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, emitido
este sábado, se desprende que la causa de canonización del «franciscano
obispo de Córdoba, fiel hijo de la provincia de Catamarca, humilde obispo
dado a los pobres y a la evangelización, en tiempos difíciles de guerras
internas y desunión de los argentinos, y para muchos el inspirado orador de
la Constitución», según lo describió el vicepostuladorFray Jorge Martínez OFM, ha dado un grande e
importante paso que lo acerca a la
beatificación.
Desde ahora será mencionado con el título de «venerable».
FrayMamertoEsquiú nació en la localidad de Piedra Blanca, Provincia
de Catamarca, el 11 de mayo de 1826. Fue hijo de don Santiago Esquiú y Doña María de las Nieves Medina.
Recibió el bautismo el 19 del mismo mes. Se le impuso el nombre de Mamerto de la Ascensión, en homenaje a San Mamerto, en cuya festividad había nacido, y el misterio
de la ascensión del Señor, que ese año había caído el mismo día.
El día 31 de mayo de 1836, siendo aún un niño, ingresó definitivamente al
Convento de San Francisco, el entonces huérfano de madre MamertoEsquiú. Anteriormente había cursado estudios de
latín y humanidades. Luego comenzó la asignatura de Filosofía. Desde el año
1841 al 43, estudió Teología y Derecho Canónico. Terminó sus estudios con
notas sobresalientes, en todos los ramos, cuando sólo contaba la edad de 17
años y algunos meses.
Cinco años tuvo que esperar, después de terminar sus estudios, para recibir
las órdenes sagradas y conseguir el sacerdocio, y habrían sido siete de no
habérsele dispensado dos años. Su ordenación sacerdotal se efectuó el 18 de
octubre de 1848.
Antes de ser ordenado sacerdote, por disposición de los superiores
franciscanos se dedicó a la
docencia. En el año 1844 es nombrado maestro de niños en la
vieja escuela de San Francisco, que desde hacía treinta años era dirigida por
el meritísimo educacionista de primera enseñanza, Fray
José Archeverros. Poco tiempo después sus
superiores le designan catedrático de Filosofía y Teología.
Corría el año 1853. Después de una larga y cruenta guerra civil, se
promulgaba la
Constitución. En medio de la zozobra en que se había
sancionado la
nueva Constitución. Cada provincia, al promulgarla, procura
prestigiarla con la palabra autorizada de un orador de nota.
El gobierno de Catamarca se dirige al Convento de San Francisco, y solicita
al Padre Esquiú para predicar el sermón de
circunstancia. El día 9 de julio de 1853, y ante las autoridades de toda la
Provincia, Esquiú pronunció su célebre discurso.
Tras el discurso, el gobierno de la Confederación Argentina
solicitó datos biográficos del Padre Esquiú, y sus
hermanos franciscanos, padres Achával y Pesado,
escribieron lo siguiente: «Esquiú es un apóstol en
el ejercicio de la Confesión e infatigable en la asistencia de los enfermos».
Con la precisa frase de San Pablo afirmaban: «Se hace todo para todos»,
significando que se daba íntegramente a los demás. Tenía 28 años y deseaba
positivamente vivir «desconocido e ignorado».
FrayMamertoEsquiú fue consagrado obispo de Córdoba el día 12 de
diciembre de 1880, y tomó posesión de su sede episcopal el día 16 de enero
del año siguiente.
En la homilía se preguntó si el haber sido elevado a la dignidad de obispo
sería para su salvación o su condenación. Proponía dedicarse por entero a su
pueblo: «Me gusta la soledad y una vida retirada; sin embargo, mientras tenga
fuerzas me veréis siempre inquieto de una a otra parte, solícito del bien de
todos».
Falleció el día 10 de enero de 1883, en la Posta «El Suncho» (Catamarca).
ZS06121811 Indice
La Iglesia contará con 4
nuevos santos y 78 nuevos beatos CIUDAD DEL VATICANO, lunes, 18 diciembre 2006 (ZENIT.org).-
La Iglesia católica pronto proclamará 4 nuevos santos y 78 nuevos beatos.
Así lo decidió Benedicto XVI al autorizar este sábado, en una audiencia
privada concedida al cardenal José SaraivaMartins, prefecto de la Congregación para las Causas de
los Santos, la promulgación de decretos de reconocimiento de milagros o de
martirio.
Los cuatro futuros santos son:
--Beato Szymon de Lipnica,
polaco, sacerdote de la Orden de los Frailes Menores (1439-1482).
--Beato Antonio de Santa Ana (en el siglo Antonio Galvão
de França), brasileño, sacerdote de la Orden de los
Frailes Menores Alcantarinos o Descalzos y fundador del Monasterio de las
Religiosas Concepcionistas (1739-1822).
-Beato Carlos de San Andrés (en el siglo JohannesAndreasHouben), holandés,
sacerdote de la Congregación de los Pasionistas de Nuestro Señor Jesucristo
(1821-1893).
-Beata María Eugenia de Jesús (en el siglo Anne-EugènieMilleret de Brou), francesa, fundadora del Instituto de las
Religiosas de la Asunción de la Virgen María (1817-1898).
El Papa además ha permitido la publicación de decretos de reconocimiento de
milagros atribuidos a la intercesión de cuatro siervos de Dios, abriéndose
así para ellos las puertas de la beatificación.
Se trata de:
--Monseñor CarloLiviero,
italiano, obispo de Città di Castello
y fundador de la Congregación de las Pequeñas Siervas del Sagrado Corazón
(1866-1932).
--Stanislao de Jesús María (en el siglo Jana Papczynski), polaco, sacerdote y fundador de la
Congregación de los Clérigos Marianos bajo el título de la Inmaculada Concepción
de la Virgen María
(1631-1701).
--Celina Chludzinska, viuda de Borzecka,
polaca, fundadora de la Congregación de las Religiosas de la Resurrección de
Nuestro Señor Jesucristo (1833-1913).
--María Celina de la Presentación (en el siglo Jeanne-GermaineCastang), francesa,
monja de la Segunda
Orden de San Francisco (1878-1897).
Además de estos cuatro beatos, el Papa ha permitido la beatificación de otros
74 siervos de Dios al haber reconocido su martirio, a través de la
publicación del necesario decreto. En el caso de los mártires, para la
beatificación no se necesita el reconocimiento de un milagro atribuido a su
intercesión.
Los 74 mártires que pronto serán beatificados son:
--Manuel Gómez González, español, sacerdote diocesano, nacido en 1877, y AdilioDaronch, brasileño,
laico, nacido en 1908, ambos asesinados en FeijãoMiúdo (Brasil) en 1924.
--AlbertinaBerkenbrock,
brasileña, laica, nacida en 1919 y asesinada en 1931.
--Eufrasio del Niño Jesús (en el siglo Eufrasio Barredo
Fernández), español, nacido en 1897, sacerdote de la Orden de los Carmelitas
Descalzos, asesinado durante la persecución religiosa en España en 1934.
--Lorenzo, Virgilio y 44 compañeros, del Instituto de los Hermanos de las
Escuelas Maristas (españoles), asesinados durante la persecución religiosa en
España en 1936.
--Enrique Izquierdo Palacios y 13 compañeros (españoles), de la Orden de los
Frailes Predicadores, asesinados durante la persecución religiosa en España
en 1936.
--Ovidio Beltrán, Hermenegildo Lorenzo, Luciano Pablo, Estanislao Víctor y
Lorenzo Santiago (españoles), miembros del Instituto de los Hermanos de las
Escuelas Cristianas, y José María Cánovas Martínez,
(español), coadjutor parroquial, asesinados durante la persecución religiosa
en España en 1936.
--María del Carmen, Rosa y Magdalena FraderaFerragutcasas, españolas, religiosas de la Congregación
de las Hijas del Santísimo e Inmaculado Corazón de María, asesinadas durante
la persecución religiosa en España en 1936.
-Lindalva Justo de Oliviera,
brasileña, de la Sociedad de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl,
nacida en 1953 y asesinada en 1993 en Sao Salvador de Bahía (Brasil).
Además, el Papa proclamó las virtudes heroicas, paso decisivo hacia la
beatificación, de los siervos de Dios:
--MamertoEsquiú,
argentino (1826-1883), de la Orden de los Frailes Menores, obispo de Córdoba
(Argentina).
--SalvatoreMicalizzi,
italiano (1856-1937), sacerdote profeso de la Congregación de la Misión.
--José Olallo Valdés, cubano (1820-1889), religioso
profeso de la
Orden Hospitalaria de San Juan de Dios.
--StefanKaszap, húngaro
(1916-1935), candidato de la Compañía de Jesús.
ZS06121808 Indice
ROMA, viernes, 15 diciembre 2006 (ZENIT.org).-
La agencia de noticias televisiva sobre el Vaticano «RomeReports» se lanza desde este jueves a la televisión
por banda ancha en Internet.
La agencia, con sede en Roma, pondrá a disposición
diaria informaciones sobre el Vaticano de tres minutos, documentales de 26
minutos una vez por semana y una vez al mes un reportaje de 52 minutos.
Lo explicó su director, Yago de la Cierva, en el transcurso de una rueda de
prensa en la Sala de la
Prensa Extranjera en Roma.
El servicio, que comienza en español e inglés --próximamente en francés--,
durante un mes y medio será gratuito pasando después a ser de pago.
«Creemos que tiene que ser el mercado quien diga si una iniciativa de este
tipo tiene espacio», dijo de la Cierva en la presentación a la prensa de este
lanzamiento.
El director de la agencia, definió al usuario al que se dirigen como «un
navegante de Internet, con una conexión de banda ancha, y por tanto, europeo,
estadounidense, y quizá de otras zonas que ya están bien conectadas».
Los clientes de este nuevo servicio son personas «que ven al Vaticano con
simpatía pero también con espíritu crítico», aclaró.
Con simpatía «porque sino no pagarían ocho euros al mes y con espíritu
crítico porqué es alguien que lee, ve televisión y sabe que todas las
instituciones cometen errores», observa este periodista.
El director presenta el perfil del usuario con un símil futbolístico:
«hinchas, pero que pueden enfadarse, y que son los que hacen cambiar de
equipo al entrenador».
El tipo de información a disposición no es información religiosa sino
«información política, social y económica desde el punto de vista del
Vaticano», ha precisado el director que también es profesor en la Facultad de
Comunicación Institucional de la Universidad de la Santa Cruz en Roma.
«RomeReports» ofrece
servicios sobre el Vaticano desde 2004 a televisiones comerciales y católicas
que no tienen corresponsal en Roma. Una de sus especificidades es que «no
hacemos noticias que no valgan la pena de aparecer en los diarios porque sólo
afectan a los católicos y a su fe», explicó De la Cierva.
«El Vaticano tiene necesidad de información, pero también
de interpretación », añadió.
Los servicios se podrán ver en distintas modalidades: vídeo a la carta (VOD),
live (en vivo) y en programación. El sistema de recepción
de la señal usado es la «NarrowstepTechnology»
que permite una alta calidad de visión.
«RomeReports» ha hecho
una partnetship con la empresa suiza WBBS,
propietaria de la plataforma televisiva Baobabtv
especializada en televisión por Internet. Baobab permite este lanzamiento de
la agencia y situará a «RomeReports»
como un canal televisivo en un menú en el que el usuario también puede
escoger, por ejemplo, un canal de televisión especializado en golf o en
relojes de marca.
Un abrazo, y nuestras
oraciones.
Selección y compaginación de noticias: Ricardo Pereira (pqfatima@...)
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Jubileo de la Diócesis de San
Isidro Lema: "El que
permanece en mí y yo en él, da mucho fruto" APERTURA EN LA CATEDRAL
DOMINGO 3 DE DICIEMBRE DE 2006
HOMILÍA MONSEÑOR JORGE
CASARETTO
Hemos pedido a
todos los párrocos que en el día de hoy diéramos comienzo, junto con el
primer domingo de adviento, a la celebración del Jubileo Diocesano que durará
todo el año próximo. Hoy empieza justamente el tiempo de espera de Jesús. Y
hoy entonces en toda la diócesis, en las distintas parroquias comenzamos a
celebrar dando gracias a Dios por estos cincuenta años de su presencia en medio
nuestro.
Algunos sacerdotes han querido acompañarnos en esta Eucaristía, les
agradezco mucho su presencia, lo mismo que a algunos fieles de distintas
parroquias que han venido representando a otras comunidades.
El lema que va a guiar todo este jubileo, está aquí, aquí arriba, lo acabamos
de proclamar en el Evangelio, nos habla de la permanencia de Jesús en
nosotros y de nuestra permanencia en Jesucristo. Retomamos, lo hemos dicho en
la Carta Pastoral,
que está saliendo el día de hoy, estas tres dimensiones que Juan Pablo II
invitaba a vivir cuando entrábamos en el Tercer Milenio.
En primer lugar, gratitud por el pasado, y esta gratitud se debe a que Jesús
permaneció junto a nosotros en estos cincuenta años. Es importante ver que,
esa presencia de Jesús fue una presencia eucarística, fue la presencia de El
en su Palabra, su presencia en los pobres, su presencia en el Pueblo de Dios.
Es una presencia dinámica porque Jesucristo está vivo, El está resucitado
junto al Padre, pero desde el momento que la salvación la realizó
encarnándose, al volver junto al Padre resucitado sigue presente en su pueblo
con estas distintas presencias que enumerábamos recién. Pero esas presencias
son presencias vivas y por lo tanto nuestra permanencia en El es una
permanencia que constantemente nos va enriqueciendo. La gratitud es porque de
El lo recibimos todo, el está en el centro de la vida de la iglesia y debe
estar en el centro de la vida de cada uno de nosotros. La iglesia no puede
crecer, no puede recibir riquezas si no es de El, es el único mediador entre
Dios y nosotros y de El seguimos recibiendo todo. Por eso, cuando miramos
estos cincuenta años, brota de nuestro corazón la gratitud, brota también,
mirando nuestra pequeñez, el arrepentimiento, el pedido de perdón, todas
estas dimensiones que la humanidad se tiene que plantear frente a la
trascendencia de Dios y que es bueno que nosotros nos planteemos para pedir
perdón por nuestros pecados. El segundo paso lo daba Juan Pablo II diciendo
que, si vivimos con gratitud el pasado vamos a tener que vivir necesariamente
con pasión el presente. Y por qué los cristianos vivimos apasionadamente el
presente. Justamente porque Jesús está vivo en medio de nosotros. Y la
presencia de Jesús despierta en nosotros los mismos sentimientos que,
haciendo la comparación, podríamos decir, despierta un enamorado a su
enamorada.
La presencia de Jesús es la presencia de todo el amor de Dios. En su Palabra
sigue expresando el amor de Dios, en su Eucaristía sigue muriendo y
resucitando por nosotros, en los hermanos más pobres nos sigue
hablando de su Pasión, y esas presencias, justamente porque Jesús está vivo,
despierta un apasionado amor de respuesta en nosotros, si nosotros nos
apasionamos por Jesucristo qué podemos brindar al mundo de hoy.
La condición necesaria para poder brindar algo distinto, para ser levadura,
para ser sal, para ser luz, para animar a este mundo, esa es la misión de los
cristianos, la condición necesaria es permanecer apasionadamente enamorados
de este Señor que viene a volcar todo el amor de Dios sobre nuestras vidas.
Retomando el pensamiento del Papa, este camino de gratitud por el pasado y de
pasión por el presente es el que nos da confianza hacia el futuro. Este Jesús
que permaneció en todo este tiempo seguirá permaneciendo, este Jesús nos dice
en el Evangelio de hoy, "si realmente ustedes permanecen en mí, pidan lo
que necesitan y el Padre se los va a dar", esta confianza se basa
justamente en el amor total, infinito de Dios sobre nuestras vidas. Por que
Jesús estuvo con nosotros todo este tiempo y estuvo animando nuestra vida,
estamos absolutamente seguros que El va a seguir estando con nosotros, que el
que comenzó la buena obra la llevará a término.
Me gustaría ilustrar con un ejemplo estos tres pasos que hemos dado, que nos
invita a dar el Papa al celebrar estos cincuenta años, que me parece que es
un ejemplo significativo para ver cómo esa presencia de Dios es eficaz.
Muchas veces miramos lo que nos falta, como iglesia está bien que así sea,
pero no reparamos en todo lo que Dios hace crecer a su iglesia. Yo entré al
seminario aquí en la diócesis dos años después de haber sido creada la diócesis. Se creó
en el año 57 y yo entré al seminario en el año 59. Cuando entré, me acuerdo,
por ejemplo, por eso tomo un ejemplo, solamente uno de los aspectos de la
vida eclesial, en aquél tiempo la relación que nosotros católicos con los que
profesaban otra fe y con los protestantes, con los que tenían otra visión de
la vida, era una relación tirante, áspera, desconfiada. Nosotros, Concilio
Vaticano II mediante, revalorizamos la Palabra de Dios, contemplamos a
Jesucristo en su Palabra, nuestros hermanos protestantes contemplaban,
permanecieron viviendo fuertemente el sentido de la Palabra de Dios, y
fíjense como esa doble permanencia, la de ellos y la nuestra, fructifica en
un diálogo fecundo, en un trabajo por la unidad, en un amarnos mutuamente, en
una búsqueda común. Qué fue lo que produjo esa conversión y ese cambio.
Tenemos que decir, la permanencia en la contemplación de Jesús Palabra.
Nuestros hermanos separados y nosotros contemplamos a Jesús en la Palabra y
cambiamos totalmente nuestro modo de vincularnos y de relacionarnos. Yo no
quiero hacer aquí un examen de consciencia de los distintos aspectos de la
vida de la iglesia, pero esto que nos dice Jesús hoy "si permanecen en
mí y yo permanezco en ustedes darán mucho fruto", este es el lema que
hemos elegido para estos cincuenta años y es un lema de una profunda
realidad. Nosotros tenemos que estar absolutamente convencidos, la permanencia
en Jesucristo es una permanencia dinámica y viva, todo lo recibimos de El, El
sigue a nuestro lado, el está dentro nuestro, el está transformando nuestra
existencia, y de esa vitalidad transformadora es desde donde nosotros
personalmente y como iglesia estamos seguros de poder dar mucho fruto. En
esta Eucaristía vamos a poner de manifiesto también uno de los frutos más
importantes en la vida de la iglesia diocesana que es la dimensión misionera.
Han venido representantes de algunos grupos misioneros de los jóvenes que en
el verano salen por distintos lugares del País para llevar la presencia viva
de Jesús en sus personas, con su testimonio y su palabra, pero además por la
gracia de Dios, la iglesia diocesana tiene una presencia misionera en distintas
diócesis de la Argentina y también en el país de Cuba. Hoy vamos a enviar a
dos sacerdotes, uno que va a ofrecer su ministerio los próximos años a la
diócesis de Santiago del Estero y otro que va a ofrecer su ministerio en
Cuba, y al término de esta Misa, con la bendición, vamos a enviarlos,
mostrando así hasta qué punto la permanencia de la iglesia diocesana en
Jesucristo ya muestra frutos, que son frutos de misión y frutos de
evangelización. Por todo esto entonces los invito a dar gracias a Dios y a avanzar
en este camino celebrativo durante todo el año
próximo, con mucha gratitud por el pasado, con mucho apasionamiento por vivir
el Evangelio en el presente y con mucha confianza que el Señor que empezó en
nosotros la buena obra la llevará hasta el fin. Indice
Grupo
Monaguillos San Juan – Santa Rosa Una promesa más.
Un montón de compromisos asumidos, y a la vez, el inicio de muchos
compromisos que vendrán.
Por eso estás invitado a compartir con nosotros la misa de 11 hs el
domingo 17 de diciembre.
Luego festejaremos con un brindis.
Grupo Monaguillos San Juan – Santa Rosa
Parroquia Santa Rosa de Lima (Rivadavia 2350, Munro) Indice
ARGENTINA
Los obispos
expresaron desacuerdo con la aprobación de CEDAW Buenos Aires, DIC 13 (AICA): La Comisión Permanente
del Episcopado expresó su desacuerdo con el “paso innecesario”
que dieron los legisladores al aprobar el protocolo facultativo de la
Convención para la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la
Mujer (CEDAW) y reiteraron que su aplicación “compromete la soberanía
jurídica de la Argentina”. También advirtió que no es sólo una
posibilidad, sino una comprobación, que el comité internacional de aplicación
“ha hecho realidad recomendaciones a favor de la legalización del
aborto” en varios países.
El texto completo de la declaración,
dada a conocer al término de la 145° reunión de la Comisión Permanente
del Episcopado, es el siguiente:
Los Obispos de la Comisión Permanente,
reunidos en la última sesión del año, ante el hecho de la reciente
ratificación por parte de nuestro país del “Protocolo Facultativo de la
Convención para la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la
Mujer” (CEDAW), queremos hacer público nuestro desacuerdo con el paso
innecesario que nuestros legisladores han dado y que compromete la soberanía
jurídica de la Argentina.
Esta preocupación
nos llevó a exponer reiteradamente las razones por las que no era necesario
ni conveniente ratificar el mencionado Protocolo. Nuestra voz y nuestros
aportes, lejos de afectar la legítima promoción de la mujer, intentan
tutelarla y asegurarla. Lamentamos no haber sido escuchados,
y que el voto de los legisladores no haya sido precedido de un debate maduro y
sereno, exento de presiones ideológicas.
El propósito laudable de luchar contra
toda discriminación que afecte a la dignidad y derechos de la mujer, no puede
servir de cobertura para promover cambios negativos en la cultura de nuestro
pueblo, en contra de valores fundamentales que son apreciados por la inmensa
mayoría de los argentinos. Nos referimos concretamente a la defensa de la
vida humana desde la concepción; a la familia fundada en el matrimonio,
entendido como unión estable del varón y la mujer; a la maternidad, que
expresa una vocación propia e insustituible de la mujer en la sociedad.
Nuestra inquietud se
basa en la autoridad legal que el Protocolo de la CEDAW otorga a un Comité
internacional con capacidad de recibir denuncias y hacer recomendaciones a
los países signatarios, en orden a que se introduzcan cambios en sus leyes y
costumbres. Este peligro, que el Episcopado Argentino ya había denunciado en
varias oportunidades, no es sólo una posibilidad. Hemos comprobado, en
efecto, que se han hecho realidad recomendaciones del Comité a diversos
países en favor de la legalización del aborto y en contra de la objeción de
conciencia de los profesionales de la salud. Ese organismo también ha considerado la
maternidad como un estereotipo cultural y ha llegado incluso a recomendar la
supresión del “Día de la Madre” y de aquellas políticas de Estado
que protejan el embarazo y la
maternidad.
Presentamos esta
reflexión a nuestro pueblo y sus autoridades con la esperanza de que la
identidad cultural de la Argentina y la exigencia moral de los valores en
juego no se vean comprometidos por las consecuencias que otros países han
experimentado.
En la proximidad de la Navidad, fiesta
del nacimiento del Redentor del hombre, invocamos la protección de nuestra
Madre, la Virgen de Luján, para que acompañe el camino de nuestra Patria. + Indice
Nuevos obispos para San
Miguel y Santo Tomé (Argentina)
CIUDAD DE VATICANO, martes, 5, diciembre 2006 (ZENIT.org).- El Santo Padre Benedicto XVI
ha designado obispo de San Miguel, en la provincia de Buenos Aires, a
monseñor Sergio Alfredo Fenoy, de 47 años,
secretario general de la Conferencia
Episcopal Argentina y hasta ahora obispo auxiliar de
Rosario; y obispo de Santo Tomé, en la provincia de Corrientes, al presbítero
Hugo Santiago, de 52 años, perteneciente al clero de la diócesis de Rafaela.
La noticia fue anunciada este martes por la Oficina de Prensa de la Santa Sede.
Según informa la agencia de noticias católica de Argentina,
Aica,
monseñor Sergio Alfredo Fenoy nació en Rosario el
19 de mayo de 1959. Cursó sus estudios primarios en la escuela Provincia
de Córdoba Nº 526, los secundarios en el Instituto Privado «Constancio Carlos
Vigil», de la ciudad de Rosario, y los de Filosofía
y Teología en el seminario arquidiocesano San
Carlos Borromeo, de la localidad santafesina de
Capitán Bermúdez.
Fue ordenado sacerdote el 2 de diciembre de 1983, en el estadio cubierto del
Club Atlético Provincial de Rosario.
Obtuvo la Licencia en Derecho Canónico con especialización en Jurisprudencia,
por la
Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.
Ocupó los cargos de vicario parroquial de San Pablo Apóstol, de Villa
Constitución (1983), y vicario cooperador de Santa Rosa de Lima (1984) y San
Ramón Nonato, entre 1991 y 1995, año en que fue nombrado párroco de María
Madre de la Iglesia, las tres en la ciudad de Rosario.
Otros pasos de la vida pastoral de monseñor Fenoy
fueron: 1984: asesor del Consejo Arquidiocesano de
Jóvenes de la Acción
Católica; integrante de la Comisión Arquidiocesana de Liturgia, Música y
Arte Sacro; notario del Tribunal Eclesiástico; 1987, prefecto de Teología y
profesor del seminario arquidiocesano; 1991,
delegado episcopal del área Liturgia, Música y Arte Sacro; 1992, director
espiritual del seminario mayor; administrador parroquial de Nuestra Señora de
los Dolores; 1993, viceasesor de la Junta Arquidiocesana
de la Acción
Católica; 1994, delegado arquidiocesano
para el IX Congreso Eucarístico Nacional; delegado episcopal para el área
Pastoral de Liturgia; 1996, director del Instituto Superior Particular
Incorporado San Carlos Borromeo; 1997, miembro del
Consejo Presbiteral; 1998, administrador parroquial de San Ramón Nonato e
integrante del Consejo de Ordenes y Ministerios.
En 1996 fue designado rector del seminario San Carlos Borromeo.
También fue asesor arquidiocesano de los Jóvenes de
Acción Católica y juez eclesiástico del Tribunal Interdiocesano
de Santa Fe de la
Vera Cruz.
El 3 de abril de 1999 el Santo Padre Juan Pablo II lo
designó obispo titular de Satafis y auxiliar de
Rosario. Recibió la ordenación episcopal el 21 de mayo de 1999 en el Templo Eucarístico
del Santísimo Sacramento de Rosario.
Es secretario general de la Conferencia
Episcopal Argentina, delegado de ésta ante el Consejo
Episcopal Latinoamericano (CELAM) y presidente del Consejo de Asuntos
Jurídicos.
La diócesis de San Miguel
Creada por el papa Pablo VI el 11 de julio de 1978, la diócesis de San Miguel
comprende, en la provincia de Buenos Aires, los partidos de San Miguel,
Malvinas Argentinas y José C. Paz, y parte del partido de Pilar, con una
superficie de 206
kilómetros cuadrados.
Cerca del 90% de los 835.000 habitantes se proclaman católicos. Para la
atención espiritual de ellos la diócesis cuenta con 29 parroquias y un total
de 121 sacerdotes (48 diocesanos y 73 del clero religioso). Las religiosas
son 280; los hermanos religiosos no sacerdotes, 20, y hay 7 diáconos
permanentes. La Iglesia cuenta con 64 centros educativos.
Monseñor Fenoy será el quinto obispo de San Miguel.
Sus predecesores fueron: monseñor Horacio Alberto Bózzoli
(1978-1983), monseñor José Manuel Lorenzo (1984-1994), monseñor Abelardo
Francisco Silva (1994-2000), y monseñor José Luis Mollaghan
(2000-2005).
Monseñor Hugo Santiago
El nuevo obispo de Santo Tomé nació el 12 de abril de 1954 en la localidad de
María Juana, provincia de Santa Fe. Realizó sus estudios primarios en la Escuela Santa María
de los Ángeles, de las Hermanas Capuchinas de la Madre Rubato
(Capuchinas de Loano), en la ciudad de María Juana.
Los secundarios los cursó en el Instituto José Manuel Estrada, de la misma
ciudad.
Recibió la formación filosófica y teológica en el Seminario Arquidiocesano Nuestra Señora de Loreto, de Córdoba.
El 19 de diciembre de 1985 fue ordenado sacerdote por el obispo de Rafaela,
monseñor Héctor Gabino Romero, en una celebración eucarística que tuvo lugar
en la
parroquia Santa Juana Francisca Fremiot
de Chantal, de su ciudad natal.
Ejerció el ministerio sacerdotal como vicario parroquial en Nuestra Señora
del Carmen, de Ceres, y en la catedral de San Rafael, de Rafaela. Más tarde
fue párroco simultáneamente de las parroquias San Fidel, de Vila, y de San
Ramón Nonato, de la localidad de Ramona, y posteriormente fue designado
párroco de Nuestra Señora de Fátima, de Rafaela.
Entre otros trabajos pastorales, fue director espiritual del Movimiento de
Cursillos de Cristiandad, y coordinador diocesano de la
Pastoral Vocacional.
Enviado a Roma para completar sus estudios teológicos,
obtuvo el Bachillerato y la Licenciatura en Teología Espiritual en el
Pontificio Instituto de Espiritualidad "Teresianum",
de los Padres Carmelitas Descalzos.
Durante los años 2002, 2004 y 2006 se desempeñó como director del Curso
Prolongado de Formación Permanente para los Sacerdotes, organizado por la Comisión Episcopal
de Ministerio (CEMIN), de la Conferencia
Episcopal Argentina.
Actualmente es párroco de San Guillermo, en la ciudad de Lehmann,
a escasos 20
kilómetros de Rafaela; Vicario Episcopal de la Zona Sur de la
diócesis; profesor de Teología en la filial Rafaela de
la Universidad
Católica de Santiago del Estero; y director de la Escuela Diocesana
para el Diaconado Permanente.
ZS06120514
«Philosophica», nueva enciclopedia
filosófica «online» ROMA, martes, 5, diciembre 2006 (ZENIT.org).- Acaba de lazarse al
ciberespacio el nuevo portal «Philosophica»,
«enciclopedia filosófica online».
Promovido por profesores de la Facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia
de la Santa Cruz
(Roma, Italia), la iniciativa, según explican sus promotores, «tiene como
aspiración llegar a ser un punto de referencia en campo académico dentro del
ámbito de habla castellana».
En particular, busca ofrecer «a estudiosos de la
Filosofía, y, en general a cualquier persona interesada, una fuente confiable
de información sobre el “status quaestionis”
de los distintos temas y argumentos que componen esta amplia rama del saber».
«Nuestra intención es que sus voces reúnan las características de las obras
enciclopédicas de calidad, es decir: informar del modo más completo,
objetivo, claro, exacto y conciso posible sobre un tema concreto, pero sin
caer en la erudición», añaden sus iniciadores.
Actualmente, la tarea principal del comité de redacción de la enciclopedia
consiste en la búsqueda de autores para el núcleo inicial de voces.
«A la asignación y posterior revisión, edición y gradual publicación de
dichas voces dedicaremos la totalidad del 2007», aclaran.
Durante este periodo, «el portal será accesible en la red, aunque su utilidad
práctica sea casi nula, pues serán contadas las voces que será posible
consultar».
«Nuestro objetivo es poder disponer ya, a inicios del 2008, de un número de
voces discreto», anuncian los creadores de «Philosophica».
El proyecto tiene por editores a Francisco Fernández Labastida,
profesor asociado de Historia de la Filosofía Contemporánea
en la Facultad de Filosofía Universidad Pontificia de la Santa Cruz, y a Juan
Andrés Mercado Montes, profesor asociado de Historia de la Filosofía Moderna,
de esa misma institución.
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 13 diciembre 2006 (ZENIT.org).-
Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este
miércoles dedicada a comentar las figuras de dos de los colaboradores más
cercanos de san Pablo apóstol: Timoteo y Tito.
* * *
Queridos
hermanos y hermanas:
Después de haber hablado ampliamente del gran apóstol Pablo, hoy tomamos en
consideración a dos de sus colaboradores más cercanos: Timoteo y Tito. A
ellos están dirigidas tres cartas tradicionalmente atribuidas a Pablo, de las
que dos están destinadas a Timoteo y una a Tito.
«Timoteo» es un nombre griego y significa «que honra a Dios». Mientras Lucas,
en los Hechos de los Apóstoles, le menciona seis veces, Pablo en sus cartas
le nombra en 17 ocasiones (además aparece una vez en la Carta a los Hebreos).
Podemos deducir que para Pablo gozaba de gran consideración, aunque Lucas no
nos cuenta todo lo que tiene que ver con él. El apóstol, de hecho, le encargó
misiones importantes y vio en él una especie de «alter ego», como se puede
ver en el gran elogio que hace de él en la Carta a los Filipenses. «A nadie
tengo de tan iguales sentimientos («isópsychon»)
que se preocupe sinceramente de vuestros intereses» (2,20).
Timoteo había nacido en Listra (a unos 200 kilómetros al
noroeste de Tarso) de una madre judía y de un padre pagano (Cf. Hechos 16,
1). El hecho de que la madre hubiera contraído un matrimonio mixto y que no
hubiera circuncidado a su hijo hace pensar que Timoteo se crió en una familia
que no era estrictamente observante, aunque se dice que conocía las
Escrituras desde la infancia (Cf. 2 Timoteo 3, 15). Se nos ha transmitido el
nombre de su madre, Eunice, y el de su abuela Loida (Cf. 2 Timoteo 1, 5).
Cuando Pablo pasó por Listra al inicio del segundo
viaje misionero, escogió a Timoteo como compañero, pues «los hermanos de Listra e Iconio daban de él un
buen testimonio» (Hechos 16, 2), pero «le circuncidó a causa de los judíos
que había por aquellos lugares» (Hechos 16, 3). Junto a Pablo y Silas, Timoteo atravesó Asia Menor hasta Tróada, desde donde pasó a Macedonia. Se nos dice que en Filipos, donde Pablo y Silas
fueron acusados de alborotar la ciudad y encarcelados por haberse opuesto a
que algunos individuos sin escrúpulos se aprovecharan de una joven adivina
(Cf. Hechos 16, 16-40), Timoteo quedó libre. Cuando después Pablo se vio
obligado a viajar hasta llegar a Atenas, Timoteo le alcanzó en esa ciudad y
desde allí fue enviado a la
joven Iglesia de Tesalónica para confirmarla en la fe (Cf.
1 Tesalonicenses 3,1-2). Se unió después al apóstol en Corinto, dándole
buenas noticias sobre los tesalonicenses y colaborando con él en la evangelización
de esa ciudad (Cf. 2 Corintios 1, 19).
Volvemos a encontrar a Timoteo en Éfeso, durante el
tercer viaje misionero de Pablo. Desde allí, el apóstol escribió
probablemente a Filemón y a los Filipenses, y ambas
cartas son redactadas junto a Timoteo (Cf. Filemón
1; Filipenses 1, 1). De Éfeso, Pablo le envió a
Macedonia junto a un cierto Erasto (Cf. Hechos
19,22) y después a Corinto, con el encargo de llevar una carta, en la que
recomendaba a los corintios que le dieran buena acogida (Cf. 1 Corintios 4,17;
16,10-11).
Aparece otra vez como co-redactor de la Segunda Carta a
los Corintios, y cuando desde Corintio Pablo escribe la Carta a los Romanos,
transmite los saludos de Timoteo, así como el de los demás (Cf. Romanos
16,21). Desde Corinto, el discípulo volvió a viajar a Tróada,
en la orilla asiática del Mar Egeo, para esperar allí al apóstol que se
dirigía hacia Jerusalén al concluir su tercer viaje misionero (Cf. Hechos 20,
4).
Desde ese momento, en la biografía de Timoteo, las fuentes antiguas sólo nos
ofrecen una mención en la Carta a los Hebreos, donde
puede leerse: «Sabed que nuestro hermano Timoteo ha sido liberado. Si viene
pronto, iré con él a veros» (13, 23).
Concluyendo, podemos decir que la figura de Timoteo destaca como la de un
pastor de gran importancia. Según la posterior «Historia eclesiástica» de
Eusebio, Timoteo fue el primer obispo de Éfeso (Cf.
3, 4). Algunas de sus reliquias se encuentran desde 1239 en Italia, en la
catedral de Termoli, en Molise,
procedentes de Constantinopla.
Por lo que se refiere a la figura de Tito, cuyo nombre es de origen latino,
sabemos que era griego de nacimiento, es decir, pagano (Cf. Gálatas 2, 3). Pablo se lo llevó a Jerusalén con motivo
del así llamado Concilio apostólico, en el que se aceptó solemnemente la
predicación a los paganos del Evangelio sin los condicionamientos de la ley
de Moisés.
En la Carta que le dirige, el apóstol le elogia definiéndole «verdadero hijo
según la fe común» (Tito 1, 4). Después de que Timoteo se fuera de Corinto,
Pablo envió a Tito con la tarea de hacer un llamamiento a la obediencia a esa
comunidad rebelde. Tito llevó la paz entre la Iglesia de Corinto y el apóstol
escribió estas palabras: «el Dios que consuela a los humillados, nos consoló
con la llegada de Tito, y no sólo con su llegada, sino también con el
consuelo que le habíais proporcionado, comunicándonos vuestra añoranza,
vuestro pesar, vuestro celo por mí hasta el punto de colmarme de
alegría… Eso es lo que nos ha consolado. Y mucho más que por este consuelo,
nos hemos alegrado por el gozo de Tito, cuyo espíritu fue tranquilizado por
todos vosotros». (2 Corintios 7,6-7.13). Pablo volvió a enviar Tito --a quien
llama «compañero y colaborador» (2 Corintios 8, 23)-- para organizar la
conclusión de las colectas a favor de los cristianos de Jerusalén (Cf. 2
Corintios 8, 6). Ulteriores noticias que se encuentran en las cartas
pastorales hablan de él como obispo de Creta (Cf. Tito 1, 5), desde donde,
por invitación de Pablo, se unió al apóstol en Nicópolis,
en Epiro, (Cf. Tito 3,12). Más tarde fue también a Dalmacia (Cf. 2 Timoteo 4, 10). No tenemos más
información sobre los viajes sucesivos de Tito ni sobre su muerte.
En definitiva, si consideramos juntas las dos figuras de Timoteo y de Tito,
nos damos cuenta de algunos datos muy significativos. El más importante es
que Pablo se sirvió de colaboradores en el desarrollo de sus misiones. Él es,
ciertamente, el apóstol por antonomasia, fundador y pastor de muchas
Iglesias. De todos modos, queda claro que no lo hacía todo solo, sino que se
apoyaba en personas de confianza, que compartían el esfuerzo y las
responsabilidades.
Cabe destacar además la disponibilidad de estos colaboradores. Las fuentes
con que contamos sobre Timoteo y Tito subrayan su disponibilidad para asumir
las diferentes tareas, que con frecuencia consistían en representar a Pablo
incluso en circunstancias difíciles. Es decir, nos enseñan a servir al
Evangelio con generosidad, sabiendo que esto implica también un servicio a la misma
Iglesia.
Acojamos, por último, la recomendación que el apóstol Pablo
hace a Tito en la carta que le dirige: «Es cierta esta afirmación, y quiero
que en esto te mantengas firme, para que los que creen en Dios traten de
sobresalir en la práctica de las buenas obras. Esto es bueno y provechoso
para los hombres» (Tito 3, 8). Con nuestro compromiso concreto, debemos y
podemos descubrir la verdad de estas palabras, y realizar en este tiempo de
Adviento obras buenas para abrir las puertas del mundo a Cristo, nuestro
Salvador.
[Traducción del original italiano
realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el
Papa saludó en varios idiomas a los peregrinos. En español, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas:
En la catequesis de hoy consideramos las figuras de Timoteo y Tito, dos de
los colaboradores más estrechos de san Pablo. Timoteo fue enviado por el
Apóstol para algunas misiones importantes, lo cual demuestra la gran
consideración en que lo tenía. Al inicio de su segundo viaje misionero, Pablo
lo eligió como compañero, recorriendo juntos Asia Menor, Macedonia, y
llegando hasta Atenas. Durante el tercer viaje apostólico, encontramos a
Timoteo en Éfeso, desde donde fue enviado para
cumplir diversos encargos. Aparece también junto al Apóstol en algunas de sus
Cartas, así como el saludo final en la Carta a los Romanos. En cuanto a Tito,
sabemos que Pablo lo llevó consigo a Jerusalén para participar en el llamado
Concilio apostólico. El Apóstol le dirigió también una Carta y le encargó
varias misiones, como la pacificación en la comunidad de Corinto o la colecta
para los cristianos necesitados de Jerusalén.
La consideración de estas dos figuras nos enseña, en primer lugar, cómo Pablo
se sirve de unos colaboradores de confianza para llevar a cabo su misión. Por
otra parte, destaca la disponibilidad de los mismos y su prontitud a la hora
de asumir diversos encargos, a veces nada fáciles, enseñándonos así a servir
con generosidad la gran causa del Evangelio.
Saludo cordialmente a los visitantes de lengua española. En especial a la parroquia Santa María
Reina de Barcelona, a la Estudiantina de la Universidad Autónoma
de Querétaro (México), - ¡muchas gracias por vuestro canto! - así como a los
demás peregrinos de España y Latinoamérica. Siguiendo el ejemplo de aquellos
primeros colaboradores de los Apóstoles, os animo a anunciar con valentía y
entrega en vuestra vida a Cristo, el único Salvador de los hombres.
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 6, diciembre 2006 (ZENIT.org).-
Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este
miércoles, dedicada a recordar su viaje apostólico a Turquía, que tuvo lugar
del 28 de noviembre al 1 de diciembre.
* * *
Queridos hermanos y hermanas:
Como ya es costumbre después de cada viaje apostólico, quisiera, en esta
audiencia general, recorrer las diferentes etapas de la peregrinación que
hice a Turquía del martes al viernes de la semana pasada.
Una visita que, como sabéis, no parecía fácil desde varios puntos de vista,
pero que Dios ha acompañado desde el inicio y que de este modo ha podido
desarrollarse felizmente. Por tanto, así como había pedido que se preparara y
acompañara con la oración, ahora os pido que os unáis a mí para dar gracias
al Señor por su desarrollo y conclusión.
Le confío a Él los frutos que espero que puedan surgir de ella, ya sea para
las relaciones con nuestros hermanos ortodoxos, ya sea para el diálogo con
los musulmanes.
En primer lugar, siento el deber de renovar mi cordial reconocimiento al
presidente de la República, al primer ministro, y a las demás autoridades,
que me han acogido con tanta cortesía y han asegurado las condiciones
necesarias para que todo se desarrollara de la mejor manera.
Doy las gracias fraternamente a los obispos de la Iglesia católica en Turquía
y a sus colaboradores por todo lo que han hecho.
Un agradecimiento particular dirijo al patriarca Bartolomé I, que me recibió
en su casa, al patriarca armenio Mesrob II, al
metropolita siro-ortodoxo MorFilüksinos
y a las demás autoridades religiosas.
A lo largo del viaje me sentí particularmente apoyado por mis venerados
predecesores, los siervos de Dios Pablo VI y Juan Pablo II, quienes
realizaron una memorable visita a Turquía, y sobre todo el beato Juan XXIII,
que fue representante pontificio en ese noble país de 1935 a 1944, dejando un
recuerdo lleno de afecto.
Remontándome a la visión que el Concilio Vaticano II presenta de la Iglesia
(Cf. constitución «Lumen gentium» 14-16), podría
decir que también los viajes del Papa contribuyen a realizar su misión que se
desarrolla en «círculos concéntricos». En el círculo más interno, el Sucesor
de Pedro confirma a los fieles católicos en la fe, en el intermedio encuentra
a los demás cristianos y en el más exterior se dirige a los no cristianos y a
toda la
humanidad.
La primera jornada de mi visita a Turquía se desarrolló en
el ámbito de este tercer «círculo», el más amplio: encontré al primer
ministro, al presidente de la República y al presidente para los Asuntos
Religiosos, dirigiendo a éste último mi primer discurso; rendí homenaje al
Mausoleo del «padre de la Patria MustafáKemalAtatürk, y después tuve la posibilidad de hablar al
Cuerpo Diplomático en la nunciatura apostólica de Ankara.
Esta intensa serie de encuentros constituyó una parte importante de la visita
sobre todo porque Turquía es un país en su gran mayoría musulmán que se
regula por una constitución que afirma la laicidad del Estado. Es, por lo
tanto, un país que constituye un emblema del gran reto que hoy se plantea a
nivel mundial: por una parte es necesario redescubrir la realidad de Dios y
la importancia pública de la fe religiosa y, por otra, garantizar que la
expresión de esa fe sea libre, sin degeneraciones fundamentalistas y capaz de
repudiar firmemente cualquier forma de violencia.
Por tanto, tuve la oportunidad propicia de renovar mis sentimientos de estima
a los musulmanes y a la civilización islámica. Pude al mismo tiempo insistir
en la importancia de que cristianos y musulmanes se comprometan juntos a
favor del ser humano, la vida, la paz y la justicia, reafirmando que la
distinción entre la esfera civil y la religiosa constituye un valor y que el
Estado debe garantizar al ciudadano y a las comunidades religiosas la
efectiva libertad de culto.
En el ámbito del diálogo interreligioso la divina Providencia
me permitió cumplir, casi al final de mi viaje, un gesto que en un primer
momento no estaba previsto y que se reveló sumamente significativo: la visita
a la Mezquita Azul
de Estambul. Permaneciendo unos minutos en recogimiento en ese lugar de
oración me dirigí al único Señor del cielo y de la tierra, Padre
misericordioso de toda la humanidad. ¡Que todos los creyentes puedan
reconocerse como criaturas y dar testimonio de auténtica fraternidad!
La segunda jornada me llevó a Éfeso, y de este modo
me encontré rápidamente en el «círculo» más interno del viaje, en contacto
directo con la comunidad católica. En Éfeso, de
hecho, en una agradable localidad llamada «Colina del ruiseñor», asomada al
Mar Egeo, se encuentra el Santuario de la Casa de María. Se trata de una
antigua y pequeña capilla surgida en torno a una casita que, según una
antiquísima tradición, el apóstol Juan construyó para la Virgen María,
después de haber ido con ella a Éfeso. El mismo
Jesús les había confiado el uno a la otra y viceversa cuando, antes de morir
en la cruz, le dijo a María: «Mujer, ahí tienes a tu hijo», y a Juan: «Ahí
tienes a tu madre» (Juan 19,26-27). Las investigaciones arqueológicas han
demostrado que ese lugar es desde hace tiempo inmemorable un lugar de culto
mariano, amado también por los musulmanes, que se dirigen habitualmente para
venerar a quien llaman «Meryem Ana», la Madre María. En
el jardín contiguo al Santuario celebré la santa misa para un grupo de fieles
venidos de la cercana
Izmir y de otras partes de Turquía, así como del
extranjero. En la «Casa
de María» nos sentimos verdaderamente «en casa», y en aquel clima de paz
rezamos por la paz en Tierra Santa y en todo el mundo. Allí quise recordar al
padre Andrea Santoro, sacerdote romano, testigo en tierra turca del Evangelio
con su sangre.
El «círculo» intermedio, el de las relaciones ecuménicas, ocupó la parte
central del viaje, con motivo de la fiesta de san Andrés, el 30 de noviembre.
Esta celebración sirvió de contexto ideal para consolidar las relaciones
fraternas entre el obispo de Roma, sucesor de Pedro, y el patriarca ecuménico
de Constantinopla, Iglesia fundada según la tradición por el apóstol san
Andrés, hermano de Simón Pedro. Siguiendo las huellas de Pablo VI, que encontró
al patriarca Atenágoras, y de Juan Pablo II, que
fue acogido por el sucesor de Atenágoras, Dimitiros
I, renové junto a Su Santidad Bartolomé I este gesto de gran valor simbólico
para confirmar el compromiso recíproco de proseguir el camino hacia el
restablecimiento de la comunión plena entre católicos y ortodoxos.
Para sancionar este firme propósito firmé junto al patriarca ecuménico una
«Declaración conjunta» que constituye una etapa ulterior en este camino.
Fue sumamente significativo que este acto tuviera lugar al final de la
solemne liturgia de la fiesta de san Andrés, a la que asistí y que se
concluyó con la doble bendición impartida por el obispo de
Roma y por el patriarca de Constantinopla, sucesores respectivamente
de los apóstoles Pedro y Andrés. De este modo manifestamos que en el
fundamento de todo esfuerzo ecuménico siempre está la oración y la
perseverante invocación del Espíritu Santo.
En este mismo ámbito, en Estambul, tuve la alegría de visitar al patriarca de
la Iglesia Armenia
apostólica, Su Beatitud Mesrob II, y de encontrar
al metropolita siro-ortodoxo. Recuerdo con agrado, en ese contexto, el
coloquio que mantuve con el gran rabino de Turquía.
Mi visita se concluyó, justamente antes del regreso para Roma, regresando al
«círculo» más interno, es decir, encontrando a la comunidad católica presente
con todos sus componentes en la catedral latina del Espíritu Santo, en
Estambul. También asistieron a esa santa misa el patriarca ecuménico, el
patriarca armenio, el metropolita siro-ortodoxo y los representantes de las
Iglesias protestantes. En definitiva estaban reunidos en oración todos los
cristianos, en la diversidad de las tradiciones, ritos e idiomas. Confortados
por la Palabra de Cristo, que promete a los creyentes «ríos de agua viva»
(Juan 7, 38), y por la imagen de los muchos miembros unidos en un solo cuerpo
(Cf. 1 Corintios 12, 12-13), vivimos la experiencia renovada de Pentecostés.
Queridos hermanos y hermanas: he regresado al Vaticano con el espíritu lleno
de gratitud a Dios y con sentimientos de sincero afecto y estima por los
habitantes de la querida nación turca, por quienes me he sentido acogido y
comprendido. La simpatía y la cordialidad que me han rodeado, a pesar de las
dificultades inevitables que ha provocado mi visita al desarrollo normal de
sus actividades cotidianas, me quedan como un recuerdo intenso que me lleva a
orar. Que Dios omnipotente y misericordioso ayude al pueblo turco, a sus
gobernantes, y a los representantes de las religiones a construir juntos un
futuro de paz para que Turquía pueda ser un «puente» de amistad y de
colaboración fraternal entre Occidente y Oriente. Recemos, además, para que
por intercesión de María Santísima, el Espíritu Santo haga fecundo este viaje
apostólico, y aliente en todo el mundo la misión de la Iglesia, instituida
por Cristo para anunciar a todos los pueblos el evangelio de la verdad, de la
paz y del amor.
[Traducción del original italiano
realizada por Zenit. Al final de la audiencia, el
Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]
Queridos hermanos y hermanas:
Doy gracias al Señor por mi reciente viaje a Turquía, durante el cual me
sostuvieron vuestras oraciones. Allí he insistido en la importancia del
compromiso de los cristianos y musulmanes por la causa del hombre, de la
vida, de la paz y de la justicia.
En el ámbito del diálogo interreligioso, al visitar la Mezquita Azul de
Estambul, en silencio me he dirigido al único Señor, Padre misericordioso de
toda la humanidad.
Los encuentros ecuménicos han servido para consolidar las
relaciones fraternas con los ortodoxos. En este sentido, he firmado con el
Patriarca Ecuménico Bartolomé I una Declaración Conjunta. Asimismo me he
reunido con la comunidad católica en la Casa de María, santuario tan querido
también por los musulmanes, que acuden a venerar a la que llaman «Meryem Ana», la Madre María.
He vuelto lleno de gratitud y afecto por los habitantes de
aquella amada nación, así como por todos los musulmanes y la civilización
islámica. Que Dios omnipotente y misericordioso ayude al pueblo turco, a sus
gobernantes y representantes de las diversas religiones, a construir un
futuro de paz, para que Turquía pueda ser un puente de amistad y colaboración
fraterna entre Occidente y Oriente.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, especialmente a las
religiosas de María Inmaculada, a los numerosos fieles de distintas
parroquias, cofradías y colegios de España, así como a los de América Latina.
Pidamos al Espíritu Santo que haga fecundo este viaje apostólico y aliente la
misión de la Iglesia, instituida por Cristo para anunciar a todos los pueblos
el Evangelio de la verdad, de la paz y del amor.
Un abrazo, y nuestras
oraciones.
Selección y compaginación de noticias: Ricardo Pereira (pqfatima@...)
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Para terminar con su suscripción, envíe un mensaje en blanco, con el
"Asunto" también en blanco,
a noticiasparroquiafatima-unsubscribe@eGroups.com Indice
Ciclo de Conciertos de Música Sacra en la Catedral de San Isidro XVIII temporada / octavo concierto
Músicas para María y Jesús
Periferia Vocal
Dirección: Pablo Piccinni
Domingo
10 de diciembre a las 17:00 hs
Parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos *
(Salta y Ricardo Gutiérrez,
frente a la plaza de Olivos, Provincia de Buenos Aires)
Entrada libre
* ATENCIÓN: Por obras de restauración y
puesta en valor de la Catedral de San Isidro, el ciclo tendrá lugar durante
esta temporada en la
Parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos
El domingo 10 de diciembre a las 17:00 hs se
realizará el octavo y último concierto de la XVIII temporada del Ciclo de
Conciertos de Música Sacra en la Catedral de San Isidro. El concierto
denominado "Músicas para María y Jesús" estará a cargo de Periferia
Vocal, dirigido por Pablo Piccinni. Durante el
mismo se escucharán obras de Monteverdi, Duruflé, Pärt, Lauridsen y Górecki. Debido a
las obras de restauración y puesta en valor de la Catedral de San Isidro, el
concierto tendrá lugar en la Parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos
(Salta 2600, esquina Ricardo Gutiérrez, Olivos). Indice
SANTA SEDE
Comunicado de la oficina de prensa de la Santa Sede CIUDAD DEL VATICANO, 2 DIC
2006 (VIS).-La Oficina de Prensa de la Santa Sede hizo público hoy el siguiente
comunicado: "La Santa Sede siente el
deber de dar a conocer su postura con respecto a la ordenación episcopal del
sacerdote John WangRenlei,
que tuvo lugar el jueves, 30 de noviembre en Xuzhou,
provincia de Jiangsu (China continental).
1) El Santo Padre ha recibido la noticia con profundo dolor porque esa
ordenación episcopal se ha conferido sin el mandato pontificio, es decir, sin
respetar la disciplina de la Iglesia Católica sobre la ordenación de los
obispos (cfr. canon 377, párrafo 1 del C.I.C).
2) La de Xuzhou es la última -en orden
cronológico- de las ordenaciones episcopales ilegítimas, que atribulan a
laIglesia católica en China desde
hace algunas décadas, creando divisiones en las comunidades diocesanas y
atormentando la conciencia de muchos eclesiásticos y fieles. Esta serie de
actos extremadamente graves, que ofenden los sentimientos religiosos de todos
y cada uno de los católicos en China y en el resto del mundo, es fruto y
consecuencia de una visión de la Iglesia que no corresponde a la doctrina
católica y subvierte principios fundamentales de su estructura jerárquica.
Dehecho, como precisa el Concilio
Vaticano II, "uno es constituido miembro del cuerpo episcopal en virtud
de la consagración sacramental y por la comunión jerárquica con la Cabeza y
miembros del Colegio" (Lumen gentium, n. 22,
primer párrafo).
3) La Santa Sede,
que se ha enterado en el último momento de la ordenación episcopal programada
en la diócesis de Xuzhou, no ha dejado de dar los
pasos posibles en el breve tiempo disponible para que no se llegase a un acto
que habría producido un nuevo desgarro enla comunión eclesial. Efectivamente, una ordenación episcopal
ilegítima es un acto objetivamente tan grave que el derecho canónico
establece severas sanciones para aquellos que la confieren y la reciben,
siempre que el acto se cumpla en condiciones de verdadera libertad (canon
1382 del C.I.C).
4) Consuela constatar que, a pesar de las dificultades pasadas y presentes,
casi todos los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos en China,
conscientes de ser miembros vivos de la Iglesia universal, han mantenido una
comunión profunda de fe y de vida con el sucesor de Pedro y con todas las
comunidades católicas esparcidas porel mundo entero.
5) La Santa Sede
conoce el drama espiritual y el sufrimiento de aquellos eclesiásticos
-obispos consagrantes y ordenandos-, obligados a
tomar parte activa en ordenaciones episcopales ilegítimas, contraviniendo así
a la tradición católica que en su interior desearían seguir fielmente.
Participa, además, en la inquietud interior de aquellos católicos
-sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos-, que se ven obligados a acoger
a un pastor, que saben que no está en plena comunión jerárquica ni con la
Cabeza del Colegio episcopal ni con los demás obispos esparcidos por todo el
mundo.
6) Por cuanto respecta a las ordenaciones episcopales, la Santa Sede no puede
aceptar encontrarse ante hechos ya consumados. Por lo tanto, deplora la forma
de proceder en la ordenación del sacerdote WangRenlei, que ha tenido lugar en Xuzhou,
y espera queen el futuro no se
repitan incidentes de ese género".
OP/ORDENACION EPISCOPAL ILEGITIMA/CHINAVIS
061204 (530) Indice
DOCUMENTACIÓN
Carta pastoral de Adviento 2006 Permanecer en Jesús. Inicio del año
Jubilar diocesano
Queridos Amigos:
La proximidad de la Navidad nos encuentra este año en el comienzo de una
celebración particular: los 50 años de la Diócesis de San Isidro. Son unas
"bodas de oro" del Señor con su pueblo que peregrina en la diócesis. Sin duda
una ocasión para festejar.
Como todo festejo y acontecimiento
relevante, requiere de los correspondientes preparativos, y nosotros
comenzamos a hacerlo con el tiempo de Adviento, que es, por excelencia el
tiempo litúrgico de preparación; una especial ocasión para abrir el corazón
al Señor que llega.
Sin duda, Jesús viene a nosotros de una manera particular en este jubileo
diocesano, así como ha venido a lo largo de estos cincuenta años y seguirá
viniendo a nosotros en el futuro, hasta que vuelva definitivamente glorioso.
Esa es nuestra fe y de eso habla esta carta: de la fidelidad de Dios y de su
permanencia en nosotros y entre nosotros.
Jesús ha permanecido con nosotros: gratitud
por el pasado
Cuando un cristiano mira el pasado, su historia personal o
comunitaria, surgen dos actitudes: el pedido de perdón y la acción de
gracias. Mirando estos 50 años de Iglesia diocesana, pedimos perdón al Señor
por nuestros pecados, numerosos y muchas veces graves. El jubileo puede ser
una buena ocasión para reconciliarnos con nosotros mismos, con los hermanos y
con Dios. Seguros del perdón de Dios, confiemos en su misericordia.
Creo que con la vida diocesana sucede lo mismo que con la vida personal. Al
mirar hacia atrás en el tiempo, vemos nuestros errores y pecados, pero mucho
más, la misericordia de Dios.
En la historia de nuestra diócesis no podemos sino reconocer la presencia
constante y fiel del Señor. ¿Dónde reconocemos esa presencia?
El Señor estuvo presente en la celebración de cada Eucaristía. Así como el maná alimentó al pueblo de Israel
durante 40 años en el camino hacia la tierra prometida (Cf. Ex 16,35), la
Eucaristía nos alimentó durante los 50 años de vida de nuestra Iglesia
diocesana.
El Misterio Pascual siguió siendo el fundamento más sólido de nuestras vidas.
El renovado sacrificio de la cruz celebrado en el altar nos hizo resucitar
constantemente a la vida nueva de los Hijos de Dios.
La presencia eucarística se fue multiplicando en los sagrarios a medida que
crecían en número las parroquias, capillas y colegios de la Iglesia. Esta
presencia nos fortaleció en nuestras luchas y dificultades personales y
comunitarias, fue nuestro silencioso refugio en el dolor y el lugar por
excelencia para crecer en la oración y en el amor recíproco.
Desde hace algunos años, por medio de la Adoración Permanente
el Santísimo Sacramento expuesto, ha ido recorriendo gran parte de la
diócesis y pudimos ir comprendiendo la misteriosa y continua presencia del
Señor, que nos invita a la entrega generosa.
Gracias, Jesús, por interceder por nosotros y por hacerte pan que nos
acompaña, alimenta y fortalece. Gracias también por todas las personas que
hicieron posible que tu Eucaristía llegara a nosotros: los sacerdotes que las
presiden y las personas que ejercen tantos y tan diversos ministerios
litúrgicos en nuestras comunidades, los y las catequistas que nos prepararon
para la primera comunión. Gracias porque hoy nos seguís acompañando y
alimentando con tu Pan de Vida.
El Señor ha permanecido en Su Palabra,
y a través de Ella, muchas personas han conocido la Buena Noticia del
Señor resucitado. Esa Palabra ha sido anunciada por sacerdotes,
religiosas/os, catequistas, misioneros/as en los barrios, las escuelas, las
capillas… en los lugares más densamente poblados, y en las islas.
Gracias Señor, porque tu Palabra nos ha sido anunciada y en ella te hemos
conocido, gracias por la generosidad de todas las personas que nos la han
trasmitido, con su predicación y con su ejemplo. Gracias porque en ella
seguimos encontrando luz y respuestas en la complejidad de nuestro peregrinar
por esta tierra.
El Señor ha permanecido con nosotros, en este Pueblo de Dios que formamos, en cada uno de las hermanas y
los hermanos que han compartido ese peregrinar diocesano.
Te agradecemos Señor ser Iglesia, ser tu familia, y tu rebaño. Te agradecemos
por el don del bautismo que nos configuró con vos y nos permitió formar parte
del pueblo de Dios. Te agradecemos por cada uno de los hermanos y las hermanas
que nos regalaste en estos 50 años. Te damos gracias por hacernos tan
distintos, por confiarnos diferentes dones y carismas.
Te agradecemos por nuestro primer obispo, Mons. Antonio María Aguirre,
por la generosidad de su ministerio y por su fe inquebrantable. Su episcopado
nació con la creación de la diócesis y la diócesis creció con él. Te
agradecemos también por quien desde el principio fuera su fiel colaborador y
luego su obispo auxiliar, Mons. Justo Laguna.
Gracias por todos los laicos y laicas que han sido "sal de la tierra y
luz del mundo" (Cf. Mt 5, 13-14), por las
familias que son pequeñas iglesias, por sus ancianos, adultos, jóvenes y
niños. Con el Concilio Vaticano II, a poco de comenzar nuestra historia
diocesana, hemos vivido un tiempo pleno de desafíos para tantos hombres y
mujeres que redescubrieron su vocación y misión en la iglesia. Gracias
porque a través de ellos el mensaje de Jesús llegó a muchísimas personas y
realidades. Este inmenso pueblo creyente es el rostro más visible y palpable
de la Iglesia. De
una manera especial los pobres y los enfermos han sido para nosotros la
presencia de Jesús que nos ayudó a crecer y a entregarnos. ¡Cuánto han
contribuido a la construcción de nuestra diócesis!
Te agradecemos también contar con algunos laicos y laicas que prolongaron su
vocación al servicio de la Iglesia argentina. Ellos fueron profetas y
testigos, y nos ayudaron a crecer en comunión.
Gracias por todos los consagrados y consagradas que compartieron sus vidas y
sus carismas con nosotros a lo largo de este camino. Te agradecemos por la
vida y testimonio de los religiosos y religiosas contemplativos de la
diócesis, ellos han sido y son el corazón orante de nuestra Iglesia.
Gracias por los religiosos y religiosas de vida activa: sus carismas florecen
y nos enriquecen con los dones que Dios ha regalado a sus fundadores. Ellos y
ellas son muchas veces, la presencia de la Iglesia, en realidades difíciles y
sufrientes de todo tipo.
Gracias por las vírgenes consagradas y los laicos y laicas consagrados, ellos
son testigos de tu amor en la vida cotidiana.
Gracias, Señor por el ministerio de todos y de cada uno de los sacerdotes y
diáconos que han pasado por nuestra diócesis, compartiendo con nosotros todo
su ministerio o alguna parte de él. Gracias a ellos, tu Palabra y tus
sacramentos han podido llegar a muchísimas personas, que los han recibido a
lo largo de estos 50 años en todo el territorio diocesano. Gracias por el
amor y la generosidad de cada uno de ellos. Entre nosotros sacerdotes, hubo también
muchas situaciones de crisis y dificultades, por eso se ve quizás de un modo
más fuerte que en el resto del pueblo de Dios, lo que dice Pablo:
"Llevamos este tesoro en recipientes de barro…" (2Cor 4,7).
A la vez ha habido grandes regalos que Dios nos ha hecho en relación con la
vocación sacerdotal, de los cuales señalo solo tres: el primer don es que
entre los sacerdotes de nuestra diócesis han sido ordenados varios obispos,
que han ejercido y ejercen su ministerio en distintos lugares del país. El
segundo don es nuestro seminario, preocupación primordial de Mons. Aguirre,
en el que ahora además podemos recibir seminaristas de otras diócesis; y la
tercera gracia es el hecho de poder enviar sacerdotes como misioneros al
interior del país y a Cuba. ¡Gracias Señor por que el amor que nosotros
recibimos puede multiplicarse en tantos lugares!
El último agradecimiento es por la vida de tantos hermanos que han llegado al
cielo. Estoy convencido que en
la eternidad, junto a Dios, nos encontraremos a tantos laicos/as,
consagrados/as diáconos y sacerdotes que peregrinaron en esta vida por
nuestra diócesis. ¡Cuánta gracia nos llega de su intercesión! En esta cadena deintercesores, en la única y eterna mediación de Cristo,
primera está la
Santísima Virgen, que ha sido siempre tan querida en
nuestro pueblo. Una prueba de ello son los innumerables templos colocados
bajo alguna de sus advocaciones. Ella nos ha acompañado muy especialmente con
su mediación maternal.
Siguen nuestro santo patrono San Isidro y su esposa, Santa María de la Cabeza. Que su
ejemplo de amor familiar y de trabajo, sigan inspirando a todos los que
caminan en la
diócesis. Luego, una multitud de santos y santas
desconocidos en los altares pero ¡tan conocidos para nosotros! Son esas
personas colmadas de amor, que nuestra fe nos dice que, ahora que han
concluido su peregrinación, esperan junto al Señor nuestra llegada.
Me detengo aquí para no alargarme y cansarlos, pero ¡Hay tantas cosas para
agradecer! ¡Démosle gracias al Señor por su Amor y pidámosle que no abandone
la obra de Sus Manos! (Cf. Salmo 138,8).
Jesús está con nosotros: pasión por el
presente
Jesús es el "Emmanuel" (Cf. Mt
1,23), el Dios-con-nosotros anunciado al profeta. La presencia y cercanía de
Dios es el gran anhelo del corazón humano, y en un sentido más explícito, lo
es para un creyente. Jesús vino a colmar esta expectativa, al hacerse hombre
ha unido definitivamente su destino con el nuestro. Él nos aseguro su
presencia "todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,20)
En un tiempo de la historia de tanta inseguridad y de tan pocas certezas,
esta es nuestra fe, nuestra confianza y nuestra seguridad: Dios está con
nosotros y sostiene nuestro peregrinar. Esta no es solo nuestra confianza,
sino nuestra paz y nuestra alegría.
Jesús está recorriendo con nosotros el Camino Diocesano, se está manifestando
fuertemente en las Asambleas Parroquiales, verdaderas muestras del espíritu
de discernimiento y búsqueda de la Voluntad de Dios, de nuestras comunidades.
El año jubilar nos pone frente a un tiempo pleno de desafíos, pero por lo
mismo, una etapa apasionante de la historia. En nuestra diócesis hay mucho por
hacer, muchas realidades a las que no ha llegado el Evangelio, en las que
falta la justicia y la dignidad: allí somos enviados. También donde hay
tristeza, dolor y enfermedad, tenemos que llegar con el "gesto y la
palabra oportuna", como dice la liturgia.
Creo que los problemas y las dificultades no deben acobardarnos: la humilde
confianza de la fe, nos guía. Dios, sencillamente nos pide disponibilidad
para poder actuar a través nuestro, y nos confía la siempre difícil tarea de
la unidad, para que el mundo crea.
Jesús permanecerá siempre con nosotros:
esperanza hacia el futuro No sabemos casi nada del futuro, salvo esto: Dios será fiel y
cumplirá sus promesas. Estará con nosotros en cada prueba, en cada desafío y
en cada alegría. Por eso miramos el futuro con paz y esperanza: nosotros no
sabemos, pero Dios sabe y queremos "navegar mar adentro", guiados
por su mano.
Estos 50 años señalan la culminación de un ciclo, pero sería muy bueno que lo
viviéramos como un nuevo comienzo y un relanzamiento de la misión en nuestra
diócesis.
Es lo que hemos profundizado en los tres aspectos de la misión en el Camino
Diocesano: contemplación, comunión y anuncio. Sería interesante que este año
nos propusiéramos fortalecer estas tres dimensiones. Que pudiéramos crecer en
la oración personal y comunitaria y que la contemplación nos ayudara a
profundizar y a tener un espíritu de mayor discernimiento respecto de todas
las personas y tareas que nos son confiadas.
Sería importante ganar en comunión, madurando nuestras relaciones recíprocas,
limando asperezas en nuestras comunidades, reconciliándonos con quienes
estamos distanciados. Sobre esta base de oración y amor recíproco, el anuncio
tendrá otra fuerza y otra repercusión.
Seguramente cada comunidad sabrá dar forma concreta a estas propuestas, para
que podamos celebrar en comunión y con la originalidad propia de cada grupo
de personas, esta fiesta de la fidelidad de Dios en nuestra historia. Es lo
que ya se está concretando en las Asambleas Parroquiales que son un modo
prioritario de cada comunidad de unirse a este Jubileo. Abrimos el Año Jubilar Diocesano para
celebrar a partir del 1er. Domingo de Adviento, los 50 años de nuestra
Diócesis. Nos confiamos a la protección de la Santísima Virgen,
siempre fiel a los designios de Dios a través del tiempo y de las
dificultades. Que Ella, junto con San Isidro y Santa María de la Cabeza,
intercedan por nosotros,
Con mi afecto y
bendición, deseándoles una muy feliz Navidad,
Jorge Casaretto
Obispo de San Isidro
Carta Pastoral de
Adviento 2006
GUÍA DE TRABAJO Tal como hicimos en otras
cartas pastorales, nos vamos a ayudar con una guía de trabajo en nuestra
reflexión personal y comunitaria.
¿Qué es una Guía de Trabajo? Es una serie de preguntas que nos ayudarán a interiorizar los
contenidos de la
CARTA PASTORAL. No se trata de encontrar la "respuesta
correcta", sino de preguntarnos acerca de lo que estamos reflexionando,
para ver qué repercusión tienen estas realidades en la vida de cada uno de
nosotros. Sería bueno que escribamos las respuestas, ya que el ejercicio de
escribir nos ayuda a concentrarnos y a ponernos en contacto con nuestro
interior. Si queremos, después podemos compartir lo que hemos reflexionado,
con nuestra familia o comunidad.
Aquí van las preguntas:
La Navidad coincide con el fin del
año y se nos plantea como un momento adecuado para revisar el año vivido
¿Por qué cosas quisiera pedirle perdón al Señor, al terminar este año?
¿Cuáles quisiera agradecerle?
Hemos hablado también de nuestro
pedido de perdón y agradecimiento como Iglesia diocesana, en estos 50
años de vida. Recorro mi vida personal: ¿Hay algo por lo cual quisiera
pedir perdón al Señor o a algún hermano/a y todavía no lo hice?
Hago una lista de todas las personas, acontecimientos y oportunidades
por las que quiero agradecerle a Dios a lo largo de mi historia. Rezo
por todas las personas que voy recordando, especialmente por las
personas que con su palabra o con su vida me hablaron de Jesús y me
trasmitieron la fe.
3 ¿Qué es
lo que más me preocupa o me duele en este momento de mi vida?
¿Experimento la presencia de Jesús en mi vida? ¿De qué modo? ¿Creo que
me acompaña, que es "el Dios-con-nosotros"? ¿Por qué?
¿Estoy hoy comprometido en alguna actividad eclesial? ¿Cuál? ¿Percibo la
presencia de Jesús en medio nuestro? ¿de qué modo?
En un momento de oración le entrego al Señor mis preocupaciones personales y
familiares. Especialmente pido por mi relación con la comunidad en la que
estoy y me dispongo interiormente a abrirme a la presencia de Jesús en la
Iglesia.
¿Cuál es mi deseo más profundo para
el año que comienza? ¿Miro con esperanza el futuro? ¿Por qué?
Frente al pesebre, en espera del nacimiento de Jesús, (si así lo
deseo), pongo mi vida en manos del Padre y le confío mi futuro, el de mi
familia y el de la
Iglesia. Invoco la protección maternal de María para la
Iglesia diocesana, especialmente para los más pobres, los enfermos y los que
sufren más entre nosotros.
Un abrazo, y nuestras
oraciones.
Selección y compaginación de noticias: Ricardo Pereira (pqfatima@...)
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Para terminar con su suscripción, envíe un mensaje en blanco, con el
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Cambio de Horarios de Misas El SABADO 2 de diciembre, es la última misa de 19.30 hs. ya que pasa
a las 20 hs. hasta el segundo domingo de marzo
El DOMINGO 3 de diciembre, es la última misa de 18.30 hs. que se suspende
hasta el segundo domingo de marzo. Indice
Mantenimiento y arreglos Prácticamente
se completó todo el relevamiento de todos los trabajos que se tienen que
realizar en los salones parroquiales, para mantenerlo.
Necesitamos ayudarlo a
rejuvenecer,
para que pueda seguir
sirviendo de la mejor manera.
La tarea es grande pero no
imposible. Podremos hacerlo de a poco, en la medida de nuestras
posibilidades….y por supuesto…¡con la
generosidad de todos!
María del
Rosario de San Nicolás
vuelve a Victoria en su 10º año 2 al 15 de
diciembre
La comunidad de Nuestra Señora de La Guardia de la
Obra de don Orione, en Victoria,
nuevamente, por décimo año recibe desde el
2 de diciembre hasta el 15 de este mes a la Imagen Procesional
de Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás.
A lo largo de estas dos semanas rezaremos por las diferentes
organizaciones y necesidades de nuestra patria. El día martes 5 de diciembre la
misa de 19hs será animada por la pastoral de trabajadores de la diócesis.
El Acto Central será el día 8 de diciembre en la estación TBA Victoria
a las 19 hs. El día 16 de diciembre una
caravana de micros la acompañará a su Santuario en San Nicolás.
INFORMES:
Parroquia Nuestra Señora de la Guardia
Constitución 3050 - Victoria -
4575-3000
Benedicto
XVI presenta la visión de san Pablo
sobre «La vida en la Iglesia» Intervención en la audiencia general del miércoles
CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 22
noviembre 2006 (ZENIT.org).-
Publicamos la intervención de Benedicto XVI en la audiencia general de este
miércoles dedicada presentar la visión de san Pablo apóstol sobre «La vida en
la Iglesia».
* * *
Queridos hermanos y hermanas:
Concluimos hoy nuestros encuentros con el apóstol Pablo, dedicándole una
última reflexión. No podemos despedirnos de él sin tomar en cuenta uno de los
elementos decisivos de su actividad y uno de los temas más importantes de su
pensamiento: la realidad de la Iglesia. Tenemos que constatar, ante todo, que
su primer contacto con la persona de Jesús tuvo lugar a través del testimonio
de la comunidad cristiana de Jerusalén. Fue un contacto borrascoso. Al
conocer al nuevo grupo de creyentes, se convirtió inmediatamente en su fiero
perseguidor. Lo reconoce él mismo en tres ocasiones en otras tantas cartas:
«he perseguido a la Iglesia de Dios», escribe (1 Corintios 15,9; Gálatas 1,13; Filipenses 3,6), presentando este
comportamiento como el peor crimen.
¡La historia nos demuestra que se llega
normalmente a Jesús pasando a través de la Iglesia! En cierto sentido, es lo
que también le sucedió --como decíamos-- a Pablo, quien encontró a la Iglesia
antes de encontrar a Jesús. Ahora bien, en su caso, este contacto fue
contraproducente: no provocó la adhesión, sino más bien una repulsión
violenta.
Para Pablo, la adhesión a la Iglesia fue
propiciada por una intervención directa de Cristo, quien al revelarse en el
camino de Damasco, se identificó con la Iglesia y le dio a entender que
perseguir a la Iglesia era perseguirle a Él, el Señor. De hecho, el
Resucitado le dijo a Pablo, el perseguidor de la Iglesia: «Saulo, Saulo, ¿por qué me
persigues?» (Hechos 9, 4). Persiguiendo a la Iglesia, perseguía a Cristo.
Entonces, Pablo se convirtió, al mismo tiempo, a Cristo y a la Iglesia. Así se
comprende cómo la Iglesia estuvo tan presente en los pensamientos, en el
corazón y en la actividad de Pablo.
En primer lugar estuvo presente cuando
fundó literalmente muchas Iglesias en varias ciudades a las que llegó como
evangelizador. Cuando habla de «la preocupación por todas las Iglesias» (2
Corintios 11, 28), piensa en las diferentes comunidades cristianas suscitadas
en Galacia, Jonia, Macedonia, y en Acaya. Algunas de esas Iglesias también le dieron
preocupaciones y disgustos, como sucedió por ejemplo con las Iglesias de Galacia, que se pasó «a otro evangelio» (Gálatas 1,6), a lo que se opuso con firme determinación.
No se sentía unido a las comunidades que fundó de manera fría o burocrática,
sino intensa y apasionadamente. Por ejemplo, define a los filipenses
«hermanos míos queridos y añorados, mi gozo y mi corona» (4,1). Otras veces
compara las diferentes comunidades con una carta de recomendación única:
«Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída
por todos los hombres» (2 Corintios 3, 2). Otras veces les de muestra no sólo
un verdadero sentimiento de paternidad sino también de maternidad, como
cuando se dirige a sus destinatarios llamándoles «hijos míos, por quienes
sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros» (Gálatas 4,19; Cf. anche l Corintios 4,14-15; 1
Tesalonicenses 2,7-8).
En sus cartas, Pablo nos ilustra también
su doctrina sobre la Iglesia en cuanto tal. Es muy conocida su original
definición de la Iglesia como «cuerpo de Cristo», que no encontramos en otros
autores cristianos del siglo I (Cf. 1 Corintios 12,27; Efesios 4,12; 5,30;
Colosenses 1,24). La raíz más profunda de esta sorprendente definición de la
Iglesia la encontramos en el Sacramento del cuerpo de Cristo. Dice san Pablo:
« Porque aun siendo muchos, un solo pan y un solo cuerpo somos, pues todos
participamos de un solo pan» (1 Corintios 10, 17). En la misma Eucaristía Cristo
nos da su Cuerpo y nos hace su Cuerpo. En este sentido, san Pablo dice a los Gálatas: «todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3, 28).
Con todo esto, Pablo nos da a entender
que no sólo se da una pertenencia de la Iglesia a Cristo, sino también una
cierta forma de equiparación e identificación de la Iglesia con el mismo
Cristo. De esto, por tanto, se deriva la grandeza y la nobleza de la Iglesia,
es decir, de todos nosotros que formamos parte de ella: del hecho de ser
miembros de Cristo, una especie de extensión de su presencia personal en el
mundo.
Y de aquí se deriva, naturalmente,
nuestro deber de vivir realmente en conformidad con Cristo. De aquí se
derivan también las exhortaciones de Pablo a propósito de los diferentes
carismas que alientan y estructuran la comunidad cristiana. Todos se remontan
a un manantial único, que es el Espíritu del Padre y del Hijo, sabiendo que
en la Iglesia no hay nadie que carezca de ellos, pues, como escribe el apóstol,
«a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común»
(1 Corintios 12, 7). Ahora bien, lo importante es que todos los carismas
cooperen juntos en la edificación de la comunidad y no se conviertan, por el
contrario, en motivo de laceración. En este sentido, Pablo se pregunta
retóricamente: «¿Esta dividido Cristo?» (1 Corintios
1, 13). Sabe bien y nos enseña que es necesario «conservar la unidad del
Espíritu con el vínculo de la
paz. Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la
esperanza a que habéis sido llamados» (Efesios 4, 3-4).
Obviamente, subrayar la exigencia de la
unidad no significa decir que hay que uniformar o achatar la vida eclesial
según una manera única de actuar. En otro pasaje, Pablo invita a «no
extinguir el Espíritu» (1 Tesalonicenses 5,19), es decir, a dejar
generosamente espacio al dinamismo imprevisible de las manifestaciones
carismáticas del Espíritu, que es una fuente de energía y de vitalidad
siempre nueva. Pero si hay un criterio particularmente importante para Pablo
éste es la mutua edificación: «que todo sea para edificación» (1 Corintios
14, 26). Todo debe ayudar a construir ordenadamente el tejido eclesial, no
sólo sin estancamientos, sino también sin fugas ni desgarramientos. Una carta
de Pablo que llega a presentar a la Iglesia como esposa de Cristo (Cf.
Efesios 5, 21-33). Retoma así una antigua metáfora profética, que hacía del
pueblo de Israel la esposa del Dios de la alianza (Cf. Oseas
2,4.21; Isaías 54,5-8): expresa así hasta qué punto son íntimas las
relaciones entre Cristo y su Iglesia, ya sea porque es objeto del más tierno
amor por parte de su Señor, ya sea porque el amor tiene que ser mutuo y que
nosotros, en cuanto miembros de la Iglesia, tenemos que demostrarle una
fidelidad apasionada.
En conclusión, por tanto, está en juego
una relación de comunión: la relación por llamarla de algún modo «vertical»
entre Jesucristo y todos nosotros, pero también la «horizontal» entre todos
los que se distinguen en el mundo por el hecho de de «invocar el nombre de
Jesucristo, Señor nuestro» (1 Corintios 1, 2). Esta es nuestra definición:
formamos parte de los que invocan el nombre del Señor Jesucristo. Se entiende
así hasta qué punto hay que desear la realización de lo que el mismo Pablo
anhela al escribir a los Corintios: «Por el contrario, si todos profetizan y
entra un infiel o un no iniciado, será convencido por todos, juzgado por
todos. Los secretos de su corazón quedarán al descubierto y, postrado rostro
en tierra, adorará a Dios confesando que Dios está verdaderamente entre
vosotros» (1 Corintios 14, 24-25). Así deberían ser nuestros encuentros
litúrgicos. Un no cristiano que entra en una asamblea nuestra al final
debería poder decir: «Verdaderamente Dios está con vosotros». Pidamos al
Señor que vivamos así, en comunión con Cristo y en comunión entre nosotros.
[Traducción del
original italiano realizada por Zenit. Al final de
la audiencia, el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español
dijo:]
Queridos hermanos y hermanas:
Pablo conoció inicialmente a Cristo por
el testimonio de la comunidad creyente, como sucede también hoy normalmente.
Su encuentro personal con Él en el camino de Damasco le transformó después de
persecutor en miembro ferviente y defensor de la Iglesia.
Para el Apóstol, la Iglesia no sólo
pertenece a Cristo, sino que en cierto modo se identifica con Él. En efecto,
los miembros de la Iglesia son también como los miembros de Cristo mismo, que
extienden su presencia personal en el mundo y reciben los diversos carismas,
que han de contribuir a la edificación de una comunidad eclesial y a formar
un sólo Cuerpo, un sólo Espíritu, según la vocación a la que han sido
llamados (cf. Ef 4, 3-4). Pablo utiliza también la
metáfora de la Iglesia como esposa de Cristo, indicando así la íntima
relación de comunión y amor entre ambos. De este modo, la experiencia y la
doctrina de Pablo es una constante invitación a toda la Iglesia para que sea
el ámbito donde se viva intensamente la relación con Cristo y el cauce
propicio para que todos lleguen a Él.
Saludo a los peregrinos de lengua
española, en particular a las Religiosas de la Compañía de Santa Teresa, a
las Siervas del Hogar de la Madre, a los Antiguos Alumnos del Colegio Mayor
San Pablo y a los demás grupos venidos de España, México y otros Países de
Latinoamérica. Invito a todos a amar a la Iglesia y a vivir gozo en su seno
la plena comunión.
Un abrazo, y nuestras
oraciones.
Selección y compaginación de noticias: Ricardo Pereira (pqfatima@...)
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