Dos observaciones mínimas
recogidas el primero de enero
en un vagabundear sin binoculares
más allá de los límites urbanos
del sector oriente de Santiago
en el entorno de los primeros cerros
que se ubican al sur-oriente
de San Carlos de Apoquindo,
detrás de los sectores Alto La Foresta
y El Remanso de Las Condes.
La primera de ellas trata
de una osada golondrina chilena,
la que ignorando las monumentales
diferencias de escala,
ejecuta vuelos agresivos
emitiendo chirridos que sorprenden
a un perplejo Peuco juvenil
que termina por alejarse del lugar.
La otra observación, más común
entre los avistadores de aves.
La tremenda curiosidad de los Cachuditos.
Un par de ellos saltando
de rama en rama,
se me acercaron
mientras descansaba
bajo la sombra de un Quillay,
al fondo de una quebrada.
Uno de ellos
se me quedó mirando
a una distancia menor
a un brazo extendido,
continuando en el lugar
hasta que me paré
y continué mi camino.
Una buena manera de comenzar el año,
con una soberbia vista en un día glorioso,
dominando buena parte del valle de Santiago.
Lo lamentable es la pérdida continua
de hábitat para la vida silvestre
por el avance inexorable y poco sabio
de barrios que se encaraman ya por los cerros.
Pronto tendremos que recorrer mayores
distancias para observar Canasteros y Tijerales,
Pequenes y Pitíos; Águilas y Aguiluchos;
Gallinas ciegas y Perdices,
o escuchar Turcas y Tapaculos, etc.
Y no sólo aves,
sino también mamíferos
como el Degú, o lagartijas,
que divisé correteando
por entre la hierba seca.
Cordiales saludos a todos
+ un afectuoso abrazo a cada uno(a)
con los mejores deseos
para el año que comienza.
Rafael