A propósito de la reciente comunicación de Bruce Bartrug,
quien nos cuenta sobre su infructuosa búsqueda de choroyes (Enicognathus
leptorhynchus) en el Parque Nacional Nahuelbuta, creo oportuno plantear una
discusión al respecto. Todo parece indicar que Mr. Bartrug, así como previos
"birdwatchers", siguen a Mark Pearman y su "Essential Guide to Birding in Chile"
(1995) cuando se menciona a Enicognathus leptorhynchus como una de las especies
a encontrar en ese lugar "con relativa facilidad dentro de 24 a 48 horas"(sic).
Ulteriormente, habrá observadores como Pete Shen (1998) que seguirán reportando
al choroy para el Parque Nahuelbuta, pero la mayoría (Barry Wright 1998, Jon
Hornbuckle 2000, David Cooper 2001, Gruff Dodd 2002) constatarán la presencia
excluyente de su cercana pariente, la Cachaña o Catita (Enicognathus
ferrugineus). En febrero de 2004, permanecí una semana en este Parque,
verificando encuentros sólo con Cachañas. Consultados al respecto, los
guardaparques confirmarían la presencia de ésta y, por el contrario, la
inexistencia del Choroy. ¿Cómo es que, entonces, hay quienes declaran haberle
visto en este lugar? Lejos de ser uno de los acertijos identificatorios
acuciantes dentro de la avifauna chilena, parece, sin embargo, que en el pasado
muchos han confundido catitas y choroyes. El documental televisivo "The Flight
of the Condor"(1982) es un ejemplo al caso; allí se presentan como choroyes a un
grupo de loros que se alimentan entre las ramas de un pehuén, pero a poco
examinar las imágenes con atención se desvela cómo, por el contrario, son
cachañas. Volviendo al caso de Nahuelbuta, es un hecho sintomático que todos
quienes declaran haber visto ahí choroyes no hablen de la otra especie, dando
pie a sospechar que tal identificación fuese meramente presuntiva (¿acaso loros
que pasaron volando a mucha distancia y veloces?). Conviene aclarar que la
presencia de Enicognathus leptorhynchus en la cordillera de Nahuelbuta no es
tanto un asunto de latitud -según no pocos sugerirían- como de habitat y altura
sobre el nivel del mar, pues pude certificar su presencia en Trovolhue,
localidad situada en los dominios bajos de la misma cordillera, en medio de un
paisaje donde se mezclan plantaciones de pino insigne y retazos de bosque
valdiviano. Llegados a este punto, no puedo evitar me asalte una duda: ¿qué hay
de cierto en aquello una y otra vez afirmado (el último en hacerlo es, ni más ni
menos, Alvaro Jaramillo 2003) en el sentido de que el largo pico del choroy es
un artilugio diseñado por la evolución para acceder a los piñones de araucaria?
Si fuera así, ¿cómo se explica que esta especie sea desconocida en Argentina,
siendo continuos los bosques de pehuén de un lado de la frontera al otro? Mi
humilde experiencia en Nahuelbuta y también en Conguillío, me enseña que es la
Cachaña nuestro loro asociado a los "pinares" de Araucaria araucana. Agradeceré
si entre los ilustres lectores de este sitio hay quien
pueda hacerme saber sobre un registro, libre de cualquier sombra de duda,
situando al Choroy como habitante del bosque de araucarias.
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