Para escuchar a Pino Solanas
Documentos únicos: Las grabaciones completas y
editadas de las charlas de Pino Solanas en
Córdoba, del día martes 5 de junio de 2007, en el
estreno de su film ARGENTINA LATENTE en Córdoba.
Puedes descargarlas accediendo a las direcciones que citamos a continuación.
Rueda de Prensa con Pino Solanas - Presentación
de Argentina Latente en Cba. 5-6-07
Duración: 1 h 16 min. Tamaño de archivo: 35.8 Mb
http://www.badongo.com/file/3327224
Conferencia de Pino Solanas en FAMAF Univ.Nac.Cba. 5-6-07 (IMPERDIBLE !!!)
Duración: 1 h 27 min. Tamaño de archivo: 40.8 Mb
http://www.badongo.com/file/3327582
Que las disfrutes y puedas difundir. Son
indispensables para entender nuestro pais, hoy mas que nunca.
Colectivo Colateral
Aguante la Ficción... Soporte la Realidad.
DAÑOS COLATERALES (Lo que queda es lo que hay...)
Sábados 12 a 14 hs. 94.3 FM UTN
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Paraleer por e@mail
Pronto a cumplir los 1000 !
y 9 años liberando palabras...
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[P/Lx@] Remember Cromañón...
Paraleer lamenta la ignorancia política de "la
mitad más uno" de votantes porteños
Malos Aires
Por Juan Sasturain
in memoriam J.L.B.
Ya pasó. La ciudad es como un plano
de nuestras decepciones y fracasos.
Muertos de frío, duchos en ocasos,
hasta el final, aguardamos en vano.
Fue lo que quiso ser, no fue distinto
de lo que han querido en otros casos
estos mismos porteños cuyos pasos
parecen elegir el laberinto.
Aquí, la gente temerosa espera
que un zorro, de la noche a la mañana
le cuide y limpie el gallinero. Vana
ilusión, que los junta a la ligera.
No los une el amor sino el espanto.
Será por eso que les temo tanto.
***
¿El retorno?
Por Eduardo Aliverti
La diferencia sacada por Menem hace pensar en una
consolidación muy fuerte del aire renovado que,
al menos electoralmente, siente la derecha.
Por un lado, podrá ser interesante diseccionar
cuánto de este voto corresponde a lo que se
denomina “por la positiva” (creer en el candidato
o en sus propuestas) y cuánto al instrumento
“descarte” o, sin más ni más, “castigo-anti” (en
este caso, anti K). Pero es casi seguro que eso
servirá no para descubrir sino para ratificar
impresiones o certezas. La principal, por
supuesto, es que una porción asaz significativa
de los votos de Telerman fue a parar a Menem
desde una zona que, en el orden que se quiera,
nuclea gorilismo clásico, disconformismo más o
menos acentuado con el gobierno nacional y,
simplemente, probar con éste a ver qué pasa.
“Este” (sí, y “ésta”, también, que tuvo una
significación no medida por las encuestas y tal
vez no decisiva, pero en cualquier caso muy alta)
es el empresario imaginado como exitoso; el tipo
visto como clave en un ciclo de éxitos
futbolísticos inigualables del equipo más popular
del país; el hombre cuyo pasado no interesa
porque sus negocios con el Estado no son
considerados como “política” ni cosa pública
alguna y el que, si roba como todos, tal vez
haga. Uno ha llegado a escuchar que “como tiene guita no necesita afanar, ¿no?”
La dimensión de la victoria menemista debe ser
contemplada a la luz de que el voto de derecha
giró, históricamente y con matices que bajaron o
subieron el porcentaje poco o mucho, según los
humores temporales, en derredor de un tercio del
electorado porteño. Pero nunca jamás por encima
de la mitad. Los resultados de ayer señalan que
ese piso flotante creció sensiblemente, aun
cuando desee observarse que la concurrencia a las
urnas volvió a ser la más baja de la historia
(elemento numérico que, para completar su obra
maestra de lo bizarro, será mostrado por algunas
tribus como representativo del rechazo a la
política sistémica). Si se lo quiere ver desde
otro lugar que viene a ser más o menos el mismo,
pero quitando cuanto de entusiasmo pudo haber en
el voto a Menem, lo que cayó en forma abrupta fue
el grado de rechazo explícito a una opción de
derecha. Y vaya que no es un dato menor: el
convencimiento de que eso no sucedería fue lo que
llevó al kirchnerismo a jugar la carta de una
opción absolutamente propia, sumando el concurso
por afuera de figuras como Heller e Ibarra, en
lugar de apostar por un “independiente” cercano
pero díscolo, como Telerman, que hasta marzo
nomás encabezaba la intención de voto, con cierta
holgura, en cualquier escenario de ballottage.
¿Esto significa necesariamente que el oficialismo
se equivocó? Depende. Con una lógica numérica
estricta, la respuesta es afirmativa porque se
perdió nada menos que en Buenos Aires. Si, en
cambio, se lo aprecia desde un razonamiento más
ideológico y prospectivo, capaz de tener en
cuenta que arrancaron bastante o muy abajo; que
los votantes porteños se caracterizan
especialmente por sus niveles de histeria y
complejidad; que el Gobierno ya va por su cuarta
temporada, y que el rival no sólo era fuerte sino
que se vio beneficiado por circunstancias tales
como Boca y los problemas con el gas, podría
decirse que la elección de Filmus no estuvo mal y
más aún si se la estima con la cuenta de haber afirmado el tener con qué.
Eso sí: lo primero, lo sólo numérico, el hecho de
que la ciudad cambia de manos, es seguro. Y lo
segundo está por verse. Hoy por hoy, la marcha de
la economía continúa sin presentar perspectivas
de problemas graves, aunque la energética es una
tormenta al parecer mucho más seria que lo
calculado en los despachos oficiales. Y la
oposición no llega a octubre con algún candidato
de fuste. En las provincias importantes pasa otro
tanto, porque ni la afirmación delasotista hacia
derecha ni el éxito tal vez contundente de Binner
hacia izquierda expresan manifestaciones de
cambio profundo, ni mucho menos, respecto del
oficialismo de Casa Rosada. Pero el timón de las
mieles económicas afronta nubarrones como la
inflación y la “inseguridad” recurrente (por
realidad y por estimulación mediática), y el
kirchnerismo muestra torpezas que hasta hace un
tiempo pasaban desapercibidas. Si eso se
profundiza, el triunfo menemista de ayer podría
adquirir otra longitud desde el asentamiento del
nuevo jefe de Gobierno porteño como figura
opositora excluyente. En otras palabras, lo que
ahora todavía se juzga lejano por la ausencia de
estructura nacional de Menem podría acercarse
peligrosamente (inclusive, por el hecho de un
acostumbramiento popular a que la solidez de la
economía está a salvo de sus administradores políticos).
En la Capital, es previsible que asumido Menem, e
incluso antes, se respire un clima denso. Porque
el voto Filmus-Heller, más allá de las porciones
de convicción encendida o moderada que haya
tenido, enuncia un sentimiento o convencimiento
ideológico profundamente antiderechista y se
asienta en los sectores más dinámicos de la
comunidad porteña (“cultura”, arte, referentes
periodísticos, intelectuales, grupos de
militancia social más chicos o más grandes). Los
renacidos significantes menemistas, como los
acordes musicales yanqui-republicanos que se
escuchaban anoche en el búnker del Pro, van a
generar un aire de confrontación pronunciado.
Puede vérselo como una reaparición del
apasionamiento-anti, en alguna medida excitante.
Habrá que ver si se lo aprovecha para construir o
si se queda en folklore contestatario.
Se verá también qué puede hacer Menem sin policía
propia, en la seguridad de que un grueso de sus
votantes “desideologizados” lo apoyó a la
búsqueda de mano dura, rápido, e importando los
costos entre poco y nada. Y además de eso pero no
solamente por eso, debe resaltarse que el ganador
de ayer no es un partido, ni una estructura, ni
un colectivo de militancia, ni una experiencia de
gestión pública. Es la figurita fácil.
Y es cierto que desde una visión de izquierda
clásica (clásica en su necesidad de relectura sin
perder convicciones; no por su anquilosamiento)
puede apuntarse que nada demasiado sustantivo
cambió ayer en Buenos Aires, en cuanto a la
alteración sustantiva de la distribución de la
riqueza. Ni ayer ni de cara a octubre. Sin
embargo, aun considerando el horizonte de lo
“igual o más o menos igual” en el andamiaje
económico, no debería obviarse que el ambiente de
un Estado algo regulador de los desequilibrios
sociales, respetuoso de las libertades civiles,
avanzado frente los derechos de las minorías, de
la mujer, de una salud pública y una educación
con carácter de públicos y no de gerentes de
caja, sufrió un retroceso. Un fuerte retroceso.
Ganó Menem. Que se haga cargo por sus errores el
progresismo sólo declamado. Y que se hagan cargo
los que lo votaron, como en el ’95.
***
La construcción de la derrota
Por José Pablo Feinmann
Tratando de repasar los diversos factores del
triunfo que posibilita al nuevo Alcalde de la
Ciudad posesionarse de su territorio, vigilarlo y
controlarlo habrá que llevar a primer plano algunos factores.
Primero) El factor autodestructivo. Esto le
corresponde al filmusismo, el que desde su nombre
se revela imposible para la política. Si se
analizan los nombres de los políticos exitosos en
el país se verá que el apellido de todos
posibilitó una transformación del mismo en
concepto político. O sirvió para armar consignas
militantes. El grado más alto de esto fue
“Perón”. Todo rima con “Perón”. No hay consigna
que no se pueda hacer con Perón. O casi. Pero
“ón” permite infinitas rimas; “us” (para colmo:
sin acento), casi ninguna, o exiguas en extremo.
“Peronismo” suena formidable. “Menemismo”, ni
hablar. Hasta “kirchnerismo” se impuso y también
ayudó a eso la mano decidida del jefe de la
corriente. No bien uno escribe “filmusismo” sabe
que la cosa no va. Esto significa –tomado desde
un ángulo lateral– que el candidato elegido (una
buena persona, un buen muchacho universitario) no
podía nuclear a un electorado. No tenía algo
esencial para hacerlo: ni el nombre ni el
carisma. Desde que los afiches de Filmus
aparecieron por Buenos Aires uno entendió que
perdía. Miraba con expresión de osito tierno.
Había demasiada ternura en ese rostro. Y esto no
es –para nada, en absoluto– lo que busca el
votante porteño. Tal vez Filmus no entienda que
estoy hablando bien de él. Tal vez vuelva a decir
algún desatino en mi contra. Y si digo esto es
porque Filmus yerra en la elección del enemigo.
Que me haya criticado porque infirió que yo dije
que la clase media es fascista resulta, cuanto
menos, elegir un blanco errado. Eso salió en la
tapa de la revista Barcelona y yo lo dije. Como
dice esa revista (que, es cierto, a mí me gusta
leer) la clase media, con su renovada
prosperidad, recobró su nivel habitual de
fascismo. Filmus dijo que él no creía eso, que la
clase media no es fascista. Pura demagogia y,
para ejercerla, elige a un tipo que, enterate de
algo que ya sabés, Filmus, votó por él las dos
veces. Pero si cuento esto es porque expresa el
error en los blancos elegidos. Filmus y el
kirchnerismo que lo creó equivocaron el enemigo
principal. Error insuperable en política, error
fatal, del que no se vuelve porque mata. ¿Por qué
eligieron a Telerman como enemigo principal? En
un restorán, hace un tiempito, encontré a un gran
tipo. Siempre le hago la misma broma: “Largá la
política y seguí escribiendo que, eso sí, lo
hacés bien”. Sabe, sin duda, hacer política pero
yo lo prefiero escribiendo porque es un tipo
talentoso, ya escribió un montón de buenos libros
y planea una revisión novelada de El Conde de
Montecristo que, algún día, me gustaría leer.
Para decirme que no, que no podía escribir, él,
que es, insisto, muy inteligente, dijo: “No, hay
que frenar a Telerman”. Y así fue: se dedicaron,
los filmusistas (es decir, todos los bravos que
estaban detrás de él, detrás de su carita de
osito bueno, de tipo tierno), a pegarle a
Telerman. Este fue el factor autodestructivo. Por
peleas internas, por rencores más resueltos, por
amores contrariados, por lealtades demasiado
exigentes, por números mal sumados, por
egolatría, por torpeza, por soberbia, por
machismo, se enfrentaron quienes, para darle algo
al pueblo (la ciudad de Buenos Aires, nada menos)
se escindieron malamente, rencorosamente y le
dieron la cancha libre al adversario que no
valoraron, al “pibe” Macri que, según parece,
perdía solo, dado que la cosa (para quienes
protagonizaron esa pelea) habría de dirimirse
entre Filmus y Telerman. No: entre Filmus y
Telerman se construyó la derrota que dio el
triunfo a Macri. ¿Por qué si Kirchner va a hablar
con Macri pocos días después o al día siguiente
de la elección, Filmus no pudo hablar con
Telerman? Desde el interior de la política que se
enceguece a sí misma habrá mil motivos para esto.
Pero desde la óptica de los votantes sólo hay
bronca. Ustedes se pelean y ahora nosotros lo
tenemos a Macri y tenemos, también, una sensación
desagradable, casi una angustia que nos carcome
nuestra carcomida alma: vamos a tener que andar
con la cédula de identidad entre los dientes.
El factor París se refiere a los musulmanes de
Buenos Aires. Sé que no hay musulmanes en Buenos
Aires. Los hay, pero no son ellos “el problema
musulmán”. El “problema musulmán” que aqueja al
votante-Macri son los negros, el conurbano, el
Gran Buenos Aires, la periferia de ciudad
dispendiosa. Si en París los musulmanes son los
que invaden la ciudad-lujo, si los parisinos
eligieron a Sarkozy para que se los quitara de
encima, aquí, en la Reina del Plata, en nuestra
ciudad-lujo, la amenaza latente, los que pueden
transformarse en furiosos musulmanes parisinos
son los negros, la negrada, señores. Vote a Macri
y la negrada no invade Buenos Aires. Y para
impedir eso hay que tener mano dura. Hay que ser
hijo de don Franco y presidente de Boca. El
diario El País tiene razón: Buenos Aires ha
elegido como alcalde al presidente de Boca.
Filmus da River. Macri es Boca. Todos sabemos qué
es Boca. Boca es el equipo de la garra, de la
fuerza. No es el equipo del “jogo bonito”. Es el
equipo del Tano Roma. Del Tanque Rojas. Del Rata
Rattin, que se sentó con los tapones embarrados
en la alfombra de la reina de Inglaterra, la
mismísima Helen Mirren. Ser de Boca y salir con
los tapones de punta a limpiar la ciudad es lo
mismo. Se votó a Macri para que les haga una
plancha definitiva a los negros. Tanto a los
posibles invasores de la periferia como a los que
andan enroñando y afeando este jardín que es la
Atenas del Plata. Fuera con los cartoneros, con
los motoqueros y con los pibes de los deliverys
que andan en esas bicicletas que se meten
zigzagueando entre los coches y uno tiene que
cuidarles la vida, porque si los aplasta “los
tiene que pagar por buenos”. Con lo que hemos
llegado al factor taxi. El votante de Macri es el
taxista al que Radio 10 le hace el bocho todo el
día. Aclaro: no todos los taxistas son así. A
veces uno sube y el tipo está escuchando música
clásica o Piazzolla o la Negra Sosa. Pero el
tachero es un tipo que tiene una verba inflamada,
que le habla a uno le guste a uno o no que
alguien le hable. Uno puede apelar a la lectura y
no. Le habla igual. Y dice lo que dice el factor
taxi. Que hay que limpiar la ciudad. Que hay que
echar o matar a todos los motoqueros, los
cartoneros, a todos esos musulmanes terroristas
que –apenas nos descuidemos– incendian Buenos Aires.
Volvamos al factor autodestructivo. O al
factor-suicida. ¡Qué bien construyó su derrota el
filmusismo! La construyó dos veces. Porque acaso
debió perder una sola. Pero no: se buscó la
segunda piña. Se perdió la elegancia de reconocer
el triunfo claro que su adversario tuvo en la
primera vuelta y salió a buscar el centro del
ring en el segundo round. Paf, otra piña y lona.
Y ahí va a quedar Daniel, nocaut y sin retorno.
Ahora va a subir al ring el poderoso coach. Que
es el verdadero adversario de Macri. Y ese es
Kirchner. Que va a hablar con Macri. Porque si
los que buscan la oposición republicana e
institucional a Kirchner creen que en Macri van a
encontrar su adalid, su Esteban Echeverría, se
equivocan. Macri es peronista. Es bostero. Es
hijo de don Franco. Lo tiene a Ramón Puerta,
peronacho si los hay. ¡Lo tiene a Menem, señores!
Menem votó por Macri. Todos lo saben. Macri es un
buen pibe de las mejores fiestas de los noventa.
Viene para limpiar Buenos Aires. Puede que lo
haga. Pero la oposición no encontró un líder.
Kirchner encontró un interlocutor. Acaso le haga
en Buenos Aires un trabajo (sucio y riesgoso) que
él no quiso ni quiere hacer. Kirchner va a sumar
a Macri. Es imposible que Macri sume a Kirchner.
Los republicanos no encontraron su hombre. Puede
que los verborrágicos protagonistas del voto taxi
tengan a su guardián duro y a su ciudad limpia.
También los porteños fruncidos. Pero, Macri, ojo,
cuidado con el trabajo de limpieza que el rencor
de la ciudad blanca y de los fachos irredentos le
pide: un muerto, en Buenos Aires, es un muerto.
Kirchner no tiene ni uno. Ni uno en cuatro años
de Gobierno. Porque no reprimió, razón por las
que también, él, pierde estas elecciones: porque
el pueblo de la Atenas blanca no le tiene
confianza para la represión. ¿O acaso reprimió a
los piqueteros? Mejor –piensan los fachos del
“que los maten a todos”– se portó Duhalde. Mejor
se va a portar Macri. Cuidado, Macri: sus
votantes le piden limpieza y mano dura. Le están
pidiendo un muerto o más. En rigor, los que haga
falta. Pero (usted, al menos, tiene que saberlo)
le piden, con eso, que deteriore y hasta que
destruya su carrera política. Que construya su
derrota. El problema es: si Macri no les da el
muerto o los muertos o los violentamente
expulsados que le piden, ¿a quién van a empezar a llamar?
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