Daños Colaterales (Todos Somos Terroristas) presenta:
ZEITGEIST, La Película
(El espíritu de nuestro tiempo)
Un documental para replantearse algunas dudas
históricas, religiosas, políticas y económicas, en fin...
Miralo online en Google Video (con subtitulos en
español) y antes de que Rockefeller "te coloque el chip":
http://video.google.com/videoplay?docid=8883910961351786332
Comentarios acerca de esta película en nuestra próxima entrega de Paraleer.
Y la "conspiración" must go on...
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EL NUEVO DIARIO DE LANATA
Paraleer saluda hoy la aparición del nuevo diario
"CRITICA de la Argentina", dirigido por Jorge
Lanata junto a un staff de excelentes periodistas y redactores.
Conozca este nuevo diario en los quioscos o en:
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[P/Lx@] Cuba Va...
En las plumas de Miguel Bonasso, Sandra Russo,
Jorge Halperín e Ignacio Ramonet.
Miguel Bonasso narra la sucesión de Castro desde
el corazón de la Asamblea Nacional
La ausencia omnipresente de Fidel
Bonasso pudo presenciar la histórica sesión que
consagró a Raúl Castro presidente del Consejo de
Estado y de Ministros mezclado en la tribuna con
cientos de militantes. "Fidel es insustituible",
proclamó Raúl. La sesión principal a la que tuvo
acceso fue vedada a la prensa nacional y extranjera.
Por Miguel Bonasso (desde La Habana)
CriticaDigital.com.ar (24/2/08)
Raúl Castro abandonó el salón de la Asamblea al
grito de "Viva Fidel!". Su lugar en las FAR será
ocupado por otro veterano de la Revolución, Julio Casas Regueiro.
Uno de sus colaboradores más cercanos, que
proviene del mundo estudiantil (como el propio
Comandante) me explicó su ausencia en estos
términos: "No vino, porque Fidel hace las cosas
en serio y no quiso que su inevitable
protagonismo empañara su decisión de renunciar a
la jefatura del Estado. No es por razones de salud porque está muy recuperado".
Sin embargo, el líder cubano estuvo presente todo
el tiempo, en ese Palacio de Convenciones donde
lo escuché tantas veces de madrugada. La butaca
vacía en el presidium subrayaba el peso de esa ausencia omnipresente.
Por una especial distinción, que no cesaré de
agradecer, fui el único extranjero que presenció
de cabo a rabo la histórica sesión de la Asamblea
Nacional del Poder Popular donde Raúl Castro fue
elegido presidente del Consejo de Estado y de
Ministros, en reemplazo de su hermano mayor, su
jefe guerrillero en la Sierra Maestra, su mentor
y maestro. "Fidel es Fidel. Fidel es
insustituible", dijo Raúl antes de solicitar
formalmente a los 609 diputados presentes de la
Asamblea que le permitieran seguir consultando
con el "Jefe de la Revolución". Especialmente
aquellas decisiones de especial trascendencia,
"vinculadas con la defensa, la política exterior
y el desarrollo económico del país".
Mezclado en la tribuna entre cientos de
militantes cubanos, pude acceder a lo que resultó
vedado para la prensa nacional y extranjera y aún
para los embajadores acreditados ante La Habana:
el pulso de la reunión y los sentimientos recónditos de muchos dirigentes.
Por un lado, la tristeza inocultable de no ver al
"Gigante" dominando la escena por primera vez en
49 años, por el otro la certidumbre de que el
diputado Fidel Castro Ruz, devenido periodista,
sigue ahora desde un espacio libre de protocolos
y preocupaciones puntuales de gestión,
observando, guiando, soñando o como dijo su
hermano, citando a Raúl Roa: "Oyendo crecer la
hierba y descubriendo lo que no se puede ver en la vuelta de las esquinas".
En la Asamblea, que para Raúl es "la muestra en
pequeña escala de la sociedad cubana", estaban
los cuadros de tres generaciones formados por el
Comandante. Los dirigentes históricos de la
Sierra, la generación intermedia que jugó un
papel decisivo en los duros años del "Período
Especial" y los jóvenes, como esa diputada de 18
años que le tomó juramento a sus pares.
Los observadores que esperaban una perestroika
tropical salieron defraudados. Tanto en las
palabras que improvisó a puertas cerradas ante
los diputados, como en el discurso que pudo
presenciar la prensa, Raúl Castro Ruz, ratificó
que todos los cambios podían discutirse dentro
del socialismo, la revolución y la defensa irrestricta de la soberanía cubana.
Además, la designación como vicepresidente
primero del Consejo de Estado, del médico José
Ramón Machado Ventura, otro combatiente de Sierra
Maestra, que se ha destacado en la organización
del Partido Comunista Cubano, ratifica lo que el
nuevo Jefe de Estado aseguró en su discurso: "El
único heredero de Fidel es el Partido".
Raúl, en cambio, no quiso presentar una lista
para el Consejo de Ministros, con una sola
excepción: su reemplazante al frente del
ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
será el general de Ejército Julio Casas Regueiro,
su mano derecha durante estos últimos años.
Un mensaje inequívoco para los opinadores que
antepusieron "transición" a continuidad del
proceso revolucionario. Vestido de civil, con
traje gris oscuro y corbata clara ("aunque no
desdeño de vez en cuando ponerme el verde
oliva"), Raúl abandonó el gigantesco salón al grito de "¡Viva Fidel!".
49 años y 49 días pensando en el porvenir
"Es horrible saber que lo que uno iba a ser ya sucedió: quedarse sin futuro."
Fidel Castro, la soledad del presente
por Miguel Bonasso
Si Castro hubiera hecho su trabajo, su renuncia sería sólo una anécdota.
Lo imagino en esa rara soledad del hombre que se
ha quedado sin futuro. Él, que basó su vida en la
idea de futuro: que vivió por ella, para ella.
El socialismo supo ser la versión actualizada y
laica del concepto más eficiente de la tradición
judeocristiana: que el mañana nos pertenece, que
estamos mal pero vamos bien, que si hacemos ahora
los sacrificios necesarios todo va a ser
infinitamente mejor en el futuro. La diferencia
entre la promesa socialista y la cristiana fue
que el socialismo, materialista, al fin, no podía
diferir sus logros a otros mundos perfectamente
hipotéticos; precisaba demostrarlos en éste. Para
conseguirlo -porque creían en esa promesa-,
muchos hombres tuvieron la mala suerte y la
fortuna de morir peleando y no tener que realizar
sus hipótesis; sería, en síntesis, la Gran
Guevara. Y unos pocos, muy pocos, vivieron y
vencieron para tener que concretar lo que decían:
de todos ellos, Fidel Castro Ruz es el ejemplo más notorio.
(Fidel Castro Ruz también es la peor refutación
de esa idea socialista de que no son los hombres
aislados sino los pueblos los que hacen la
historia: un caso de individualismo exacerbado,
extremo. Si Castro hubiera hecho su trabajo, su
renuncia de estos días sería pura anécdota. Está
claro que no lo es. Hace cuatro años, Castro se
cayó en un acto y se rompió el brazo y la
rodilla; cuando lo iban a operar, dijo el parte
oficial, Castro "explicó a los médicos que dadas
las circunstancias actuales era necesario evitar
la anestesia general para estar en condiciones de
atender numerosos asuntos importantes (...). Así,
todo el tiempo, continuó recibiendo informaciones
y dando instrucciones sobre el manejo de la
situación". Era patético: un señor mayor que
había gobernado tanto tiempo y no podía darse el
lujo de relajarse -en una mesa de operaciones-
dos o tres horas para que lo curaran; un señor
mayor que había fracasado en organizar un
gobierno y una sociedad para que pudieran
prescindir de su presencia esas dos o tres horas).
En cualquier caso, a pesar de ataques y caídas,
Fidel Castro Ruz se pasó los últimos 49 años y 49
días en el poder construyendo un futuro de su
país. Vivió de eso y para eso, y ahora se le
acabó. Debe ser terrible encontrarse con que tu
compañero más fiel, el sostén de tu vida, ha
desaparecido. Eso es lo que dijo -lo que terminó
de aceptar, tras haberlo negado tanto tiempo-
Castro en estos días pasados: que ya nunca será
más que esto. Que todo el futuro que le queda es
esta zozobra de imaginar qué quedará mañana de
este presente que fue armando a lo largo de todos
esos años -cuando tenía un futuro-. La angustia
de preguntarse cuánto tardará la república de
Cuba en retomar su lugar natural -pequeño,
intrascendente- en el mapa del mundo. Y
preguntarse, si acaso, qué dirán de su vida los
libros del mañana, pero por pura curiosidad
malsana, ya sin ninguna posibilidad de
intervenir, comiéndose las uñas en la impotencia
más perfecta: él, que fue el poder; él, que
siempre pensó que hacía la historia y que la
historia lo absolvería y que el futuro sería suyo.
Para todos es -debe ser- horrible saber que lo
que uno iba a ser ya sucedió: quedarse sin
futuro. Para nadie peor que para su devoto mayor,
su perro fiel, el ex presidente Fidel Castro, que ya es sólo presente fugitivo.
http://www.criticadigital.com.ar
***
Las sorpresas de Fidel
por Miguel Bonasso
Nota de contratapa de Critica de los Argentinos (2/3/08)
El auto se desliza por la Quinta Avenida de La
Habana, con sus casas coloniales o las
residencias blancas y cuadradas de los 50, con
las viejas mansiones devenidas embajadas o sedes oficiales.
La suntuosa avenida, ornada al centro y a los
costados por una vegetación lujuriosa: las altas
palmeras, los jagüeyes fibrosos, con sus raíces
aéreas que descienden junto al tronco. Luego el
silencioso Mercedes de protocolo se zambulle en
el túnel del río Almendares y desemboca en el
Malecón, en la alegría del Caribe.
Es el 25 de febrero; un día antes, he tenido el
privilegio de ser el único extranjero que asistió
de cabo a rabo a la histórica sesión de la
Asamblea Nacional, donde Raúl Castro Ruz
reemplazó a su hermano mayor Fidel como
Presidente del Consejo de Estado y de Ministros.
La calle habanera está tranquila, como lo estaban
ayer los 609 diputados y los cientos de invitados
cubanos que colmaron el salón principal del
Palacio de Convenciones. No hay rostros tensos,
ni preocupados, ni mucho menos manifestaciones
“populares” como las que deliraba algún despistado en Miami.
Todo parece igual a sí mismo en esta continuidad
absoluta en la que no se advierte el menor síntoma de “transición”.
Recuerdo haber hecho el mismo trayecto en un
Mercedes mucho más viejo que los que se destinan
a los invitados especiales y al cuerpo
diplomático. El Mercedes negro y blindado del
Comandante, que una semana antes –podría decirse–
ha renunciado “a los honores pero no a la lucha”
para ser siempre el “compañero Fidel”. Una
reminiscencia obvia, inevitable para el que esto
escribe, de aquel temprano renunciamiento de
Evita, acotada a los 33 años por las desventuras de la biología.
En aquel asiento trasero del Mercedes, conversé
varias veces con el Gigante del traje verde
oliva, mientras mi compañera Ana de Skalon
luchaba contra la muerte en una de esas casas de
los 50, arropada por el cariño de las enfermeras
y los médicos cubanos que no descansaron
–literalmente– hasta el último aliento. Una
noche, mientras me llevaba al Palacio de la
Revolución para una de nuestras infinitas charlas
de madrugada, me dijo con su voz afónica de
conspirador: “Ella va a llegar a la victoria”.
Una de las pocas profecías que no se le cumplieron.
Le había tomado mucho cariño a mi mujer. Tanto
que, en la última visita que le hizo pocos días
antes de morir, la condecoró simbólicamente a manera de despedida:
–Yo sé que tú luchas, Anita, y me parece muy bien
que lo hagas, porque tú y yo pertenecemos a la misma clase de seres humanos.
Ana, desde su agonía, le devolvió una sonrisa y
yo traté de sobrenadar el quiebre con una tontería:
–Además los dos son leoninos. De Leo, quiero decir.
Una vez, en una oficina en el Palacio de
Convenciones, me preguntó si Ana lograba dormir
por las noches. Le dije que no. Echó la cabeza hacia atrás y musitó:
–¿Y qué pensará, eh?
En esa misma oficina, en otra de aquellas noches,
disparó inesperadamente una confesión:
–Lo que me falta es tiempo.
Quería decir tiempo para que Cuba, “que es
militarmente inexpugnable”, sea “económicamente
invencible”, tiempo para corregir los errores,
los defectos, las desviaciones de la Revolución
que prohijó desigualdades en los años terribles
del Período Especial, cuando hizo implosión la
Unión Soviética y de la noche a la mañana se
quedaron sin combustibles y sin alimentos. Tiempo
para cambiar un mundo cruel, atroz, que amenaza con devorar a la propia Tierra.
Por supuesto que en ese privilegio de su amistad
personal, que me brindó inusitadamente una
madrugada de febrero de 2003, hubo muchos
momentos que no estuvieron regidos por la
melancolía o los presagios apocalípticos. Hubo
alegría, exaltación, largas clases de política
como no había recibido en toda mi vida, y hasta
alguna travesura conspirativa a las que suele ser muy aficionado.
Yo quería hablar hace mucho tiempo sobre el Fidel
humano que no aparece ni en las hagiografías, ni
en los denuestos, ni en las biografías
pretendidamente “objetivas”: la carnadura que
motoriza al revolucionario de tiempo completo.
Una vez se lo propuse y le dio largas al asunto.
–Podemos charlar así, de manera informal, sin un
plan preconcebido ni el corsé de las preguntas y
respuestas. Grabamos, transcribimos y luego yo
reviso el texto prolijamente porque tú eres un indiscreto.
Cuando se editó la primera edición de la
gigantesca entrevista con Ignacio Ramonet, Cien
horas con Fidel, no pude contener un comentario
envidioso. Él me lo reprochó con la severidad de
un padre o un hermano mayor. Le contesté que yo
portaba un 50% de herencia española y que, según
Miguel de Unamuno, la envidia era uno de los
pecados capitales del alma hispana.
Curiosamente, la tarea principal a la que se
consagró en los días más inquietantes de su
enfermedad fue corregir a fondo las respuestas
que le había dado a Ramonet en aquella
megaentrevista. Temía que el libro quedara como
su testamento político y no quería dejar una coma librada al azar.
En una ocasión, un senador mexicano del PAN que
lo había tratado y lo respetaba –como muchas
otras personas de la derecha– me dijo que Fidel
era un genio pero que carecía de sentido del
humor. Lo refuté con varias anécdotas. Entre ellas, la que sigue:
Una tarde Fidel vino a buscarme para que lo
acompañara a una recepción en la Embajada china,
adonde celebraríamos un nuevo aniversario de las
relaciones entre Cuba y el coloso asiático.
La cena fue sabrosa y la charla también. A las
dos de la madrugada, el joven canciller Felipe
Pérez Roque le avisó que los chinos querían
“tirarse la foto con él” y abandonó la pequeña
sala privada para dirigirse al salón principal.
Allí había una inmensa escalera, como las de las
películas de Luis César Amadori, donde todo el
personal de la Embajada, militarmente formado de
menor a mayor, con las correspondientes
condecoraciones y banderas, esperaba al dirigente más famoso de la historia.
En la base aguardaba el embajador sonriente y a
su lado se ubicó Fidel. Antes de los flashes, me
hizo señas reiteradas para que posara junto a él.
Por señas también me negué varias veces, hasta
que ahuecó la mano en el llamado y me dijo imperativo:
–Ven, coño.
Posamos, saludamos y en un aparte, me confesó muerto de risa:
–¿Sabes por qué te llamé? Porque algún día,
dentro de 50 años, algún historiador desocupado
revisará viejas fotos de La Habana y se
preguntará: ¿Qué coño estarían haciendo Fidel y
Bonasso con los chinos? Pero a ti y a mí nos
importará tres carajos, porque estaremos muertos.
Por suerte, aún está vivo y todos sus
colaboradores, los históricos, los jóvenes y los
de la generación intermedia sospechan que el
viejo conspirador se apresta a depararnos más de una sorpresa.
***
Fidelidad
Por Sandra Russo
A lo mejor porque él representa, en lo más
íntimo, el máximo exponente de la fidelidad a una
idea, es que me cuesta tanto escribir sobre
Fidel. Tengo una foto que busqué para anclarlo en
mi zona de escritura posible, ya que él pertenece
también a un territorio personal de escritura imposible.
En esa foto, tomada en Santiago de Cuba un
mediodía de sol rabioso, estoy de 26 años y tengo
un pañuelo blanco en el cuello, como las decenas
de miles de personas que había allí. Estoy
dándome vuelta y mirándolo a él, que hablaba y
hablaba como hablaba siempre, tan jugoso. Esa es
mi foto con Fidel. Hay bastantes hileras de
sillas con invitados especiales entre él y yo,
pero es lo más cerca que lo tuve. Esa foto puede
ser enmarcada por alguien que nunca enmarca fotos.
Hace años que Fidel había bajado rengueando desde
el Olimpo, porque uno, ya se ha dicho, ya se ha
escrito, si pudiera elegir, no elegiría Cuba como
lugar de residencia permanente. Pero hay amores
que tampoco son para residencia permanente. Hay
pasiones que incluso de lo que se alimentan es de
entreabrirse y volver a cerrarse.
Hoy no pensamos en Fidel como pensábamos cuando
creíamos en el camino de la revolución. Hoy él ha
dejado de ser el que forjó sobre la mata
espesísima de la Sierra Maestra un modelo
político inimitable, irrepetible, maravilloso,
justo. Pero eso fue lo que fuimos comprendiendo
con los años, mientras él envejecía y los que lo
odiaban iban demostrando que no creían en ninguno de los valores que invocaban.
Cuba es la poesía en un mundo que ha perdido el
habla. La isla ha sido declarada por la Unesco
“país libre de analfabetismo”. Y uno se pregunta:
¿y si fuera ése el objetivo de un pueblo? ¿Y si
todo el poder político fuera utilizado en una
sociedad para que sus niños y sus niñas tengan
padre y madre con trabajo, casa, salud, escuela?
¿Suena descabellado, exagerado, zurdo, y en todo
caso, por qué suena descabellado, exagerado o
zurdo celebrar con emoción y palabras mayores a
una revolución que les dio voz y conciencia a todos sus habitantes?
Y ésa fue su obsesión, su criatura. Fidel fue
fiel como nadie fue fiel en el último siglo a una
intuición ideológica, sostenida racionalmente
pero sustentada desde lo más libidinal de un
pueblo. Fidel soportó. Luchó. Durante décadas
tuvo que seguir haciéndolo en todos los terrenos,
porque estuvo solo en América latina.
Fidelidad, infidelidad. Van a lo íntimo. Pero lo
íntimo no es sólo esa membrana de nosotros sobre
la que van a parar los amores y los amoríos con
otros hombres y mujeres. Lo íntimo incluye, en
uno de sus pilares más escondidos, qué te mueve a
la acción, qué te indigna, qué te es
insoportable, y también qué gusta, qué te tienta,
qué entusiasma. Lo más íntimo de todo debe ser lo
que te deja en paz con tu conciencia.
Fidel fue fiel a sí mismo, y a Fidel le fuimos
fieles los que en lo más íntimo de nuestros
pellejos entendemos que en Cuba hay algo de lo mejor de todos.
Enlace: http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-99704-2008-02-27.html
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Paraleer recomienda:
FIDEL CASTRO Biografía a dos voces.
Entrevistas al Comandante por Ignacio Ramonet.
(2007) Debate. Bs.As. Edit. Sudamericana
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DIALOGO CON IGNACIO RAMONET, DIRECTOR DE LE MONDE DIPLOMATIQUE
“Obama puede provocar un sismo en el futuro de Cuba”
Es el periodista que más horas pasó con Fidel
Castro en los últimos años y que más lo conoce en
la intimidad de su vida y pensamiento. Por eso
resulta significativo que opine que su salida del
poder no cambiará el rumbo del gobierno cubano,
pero que un triunfo de Obama sí podría producir un verdadero quiebre.
Por Jorge Halperín
La salida del poder de Fidel Castro no cambia en
nada el rumbo de la revolución, pero una eventual
elección de Barack Obama en Estados Unidos podría
provocar un pequeño sismo en la evolución de
Cuba. Es lo que piensa Ignacio Ramonet, director
de Le Monde Diplomatique de Francia y autor del
más reciente libro de conversaciones con el
dirigente cubano titulado: Fidel Castro,
biografía a dos voces. En un diálogo concedido
por gentileza de Le Monde Diplomatique, edición
argentina, Ramonet sostuvo que Fidel “no es ni el
monstruo que describen ciertos medios de
comunicación occidentales, ni el Supermán que
presentan a veces algunos medios de comunicación
cubanos”. Citó una encuesta de la Universidad de
Florida, EE.UU., según la cual el sesenta y cinco
por ciento de los cubano-estadounidenses apoya un
diálogo entre los dos gobiernos.
–¿Hasta qué punto Fidel Castro dejará de ser el poder en Cuba?
–Es cierto que seguirá, por ahora, como primer
secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC), y
que ése no es un cargo menor en un sistema
político de partido único. Pero no creo que
conserve ese puesto porque ya ha renunciado
también a ser presidente del Consejo de Ministros
(primer ministro) y al grado de comandante en
jefe. De todos modos, su influencia enorme sobre
la opinión pública cubana va a continuar.
–¿Ahora esa influencia tendrá un carácter más simbólico?
–Bueno, él ha anunciado que ahora se consagrará
al “cuarto poder”: seguirá escribiendo en el
diario de mayor tirada de la isla, Granma,
“órgano central del partido”. El frente en el que
lucha es, como diría Gramsci, el de la hegemonía
cultural por la cual siempre ha batallado. Pero
cualquiera conoce la influencia que ejercen los
medios de comunicación sobre la opinión pública.
En el mundo de hoy, el cuarto poder tiene a veces
más poder que el primero. No me caben dudas de
que tanto los cubanos como los observadores
internacionales seguirán leyéndolo con mucha
atención. ¿Por qué? Porque es obvio que nadie
reemplaza a Fidel Castro como guía ideológico de la revolución.
–¿Realmente usted cree que en la historia de Cuba
habrá un antes y después de Fidel o todo será una larga continuidad?
–En verdad es un antes y un después. En la
historia de Cuba, el recorrido de Fidel es único.
Pero no lo digo únicamente por sus cualidades de
líder, sino también porque las circunstancias
históricas que lo han modelado no volverán a ser
jamás las mismas. Fidel Castro ha pasado por
todo: la guerrilla en Sierra Maestra, la
revolución de 1959, las agresiones armadas de
Estados Unidos, la crisis de los misiles de
octubre de 1962, el apoyo a las guerrillas (entre
ellas la de Che Guevara en Bolivia), la
desaparición de la URSS e infinidad de
enfrentamientos con Estados Unidos. Ese tiempo
excepcional no volverá a darse. Ahora bien, el
hecho de que abandone el Ejecutivo en vida
debería permitir una evolución pacífica.
–¿Pero los cubanos aceptarán ser gobernados por
un personaje tan distinto a Fidel como es su hermano Raúl?
–Yo creo que la mayoría lo acepta, mientras se
mantengan los rumbos y la vía socialista. De
hecho, Raúl Castro tiene las riendas del gobierno
desde hace más de un año y medio, y la vida ha
seguido su curso sin sobresaltos. Y él, con
pragmatismo, ha puesto en el centro de la acción
de su gobierno las cuestiones que preocupan a la
gente: la alimentación, el transporte, la
vivienda, el coste de la vida. Por otro lado, los
ciudadanos han tenido tiempo para habituarse a la
idea de que Fidel Castro no iba a manejar más el Ejecutivo.
–¿Cómo es Fidel observado de cerca?
–No es ni el monstruo que describen ciertos
medios de comunicación occidentales ni el
Superman que presentan a veces algunos medios de
comunicación cubanos. Es un hombre con principios
éticos y morales rigurosos, que lleva un modo de
vida muy austero y frugal. Pocos saben que,
además, es un apasionado por las cuestiones
ecológicas y del medio ambiente. Tiene una
increíble capacidad de trabajo, es sobre todo un
estratega de excepción. Pensemos que, frente a la
potencia norteamericana hostil, ha llevado una
vida entera de resistencia. No cedió ni fue
vencido. Esa es su gran victoria. Aun así, es una
curiosa mezcla de idealismo y pragmatismo. Sueña
con una sociedad perfecta aun sabiendo que las
condiciones materiales son muy difíciles de transformar.
–¿Y cuál va a ser la “agenda” de Fidel como periodista?
–Su preocupación principal hoy no es tanto el
socialismo en su propio país como la mejora de la
vida en un mundo desigual en el que millones de
niños siguen analfabetos, hambrientos y con
enfermedades que podrían fácilmente curarse.
–En la mayoría de los observadores predomina la
impresión de que después de Fidel no habrá
cambios bruscos. ¿Usted también lo cree?
–Es lo que creo: este relevo no debería implicar
reformas espectaculares. A pesar de Washington,
la mayoría de los cubanos, incluso los que
critican algunos aspectos del sistema (por
ejemplo, la limitación de libertades y de
derechos políticos), no contemplan ni desean un cambio de rumbo radical.
–¿Por qué?
–Porque no quieren perder algunas ventajas que el
socialismo les ha ofrecido: educación gratuita,
cobertura médica universal, pleno empleo,
vivienda gratuita, agua, electricidad y teléfono
casi gratuitos, y una vida tranquila, con
seguridad, con poca delincuencia en un país en paz.
–Muchos observadores también piensan que Cuba se
irá pareciendo gradualmente al modelo chino.
–No hay duda de que el socialismo cubano
evolucionará. Pero no creo que ese cambio será a
la manera de China o de Vietnam. Pienso que Cuba
seguirá una vía distinta. Seguramente las nuevas
autoridades introducirán cambios en la economía,
pero es poco probable que asistamos a una
“perestroika cubana”, o a una “apertura política”
o a elecciones multipartidistas. Las autoridades
están convencidas de que este tipo de
“transición” reabriría la vía a una intromisión
norteamericana y a una forma más o menos
disimulada de anexión. Entienden que el
socialismo es la buena elección aunque puede y
debe ser perfeccionado. A corto y medio plazo, su
preocupación principal será mantener la unidad.
–Entre los críticos de la Cuba de Fidel se ha
escuchado decir que el extraordinario
protagonismo de la isla es el gran mérito de la
ceguera de los gobiernos estadounidenses. A su
vez, ¿cuán importante es para Cuba el tema Washington?
–Yo creo que la tarea principal que deben
resolver los herederos de Fidel es remontar el
eterno desafío de las relaciones con Estados
Unidos. Es un asunto determinante, y lo saben. En
muchas ocasiones, Raúl Castro ha anunciado
públicamente que estaba dispuesto a sentarse a
una mesa de negociaciones para discutir con
Washington el conjunto de los contenciosos entre
los dos países. Y es probable que sea de Estados
Unidos de donde pueda venir el signo político más
importante para la evolución en Cuba.
–¿Por qué?
–Pensemos un poco: ¿no ha anunciado claramente el
candidato favorito para la investidura demócrata,
Barack Obama, su intención de discutir con todos
los países considerados como “enemigos” o
“adversarios” de Estados Unidos, entre otros con
Cuba? Ya en 2003, Obama, en calidad de candidato
al Senado, había abogado por levantar el bloqueo
económico y había reclamado rebajar las
restricciones para viajar y enviar fondos a Cuba.
Y él mismo ha reclamado, el 22 de febrero, una
necesaria transición en Estados Unidos, al menos
sobre esta cuestión, declarando que si hay signos
de cambio en la isla “Estados Unidos debe estar
preparado para avanzar hacia la normalización de
las relaciones y atenuar el embargo”. No dudo de
que esto significaría una revolución copernicana
en la política exterior de Estados Unidos desde
1961. Si bien nadie debe esperar un cambio
político radical e inmediato en La Habana, las
elecciones de noviembre próximo en Estados Unidos
podrían modificar la atmósfera de las relaciones
cubano-americanas. Sobre todo si el nuevo
presidente decidiera efectivamente poner fin al
injusto embargo comercial unilateral impuesto a
Cuba desde hace más de cuarenta años.
–¿Se encontrará con la resistencia de la Florida?
–No, no lo creo. Según una encuesta de la
Universidad Internacional de Florida, el sesenta
y cinco por ciento de los cubano-estadounidenses
apoyan un diálogo con el régimen cubano. Fidel
Castro opina que George W. Bush es para Cuba,
pero también para el pueblo norteamericano y para
el mundo, el más nocivo de los diez presidentes
estadounidenses con los que le ha tocado bregar.
Y la salida de Bush en un año debería conducir a
Washington –aleccionado por las desastrosas
lecciones de Irak y de Oriente Próximo– a una
revisión de la política exterior norteamericana y
sin duda a reorientarse hacia América latina.
–¿Cómo reaccionará América latina a un
acercamiento entre los Estados Unidos y Cuba?
–Está claro que los Estados Unidos van a
descubrir una situación drásticamente diferente a
la que ellos mismos moldearon en los años
1960-1990. Cuba ya no está sola. En su política
exterior, los cubanos han reforzado mucho sus
lazos con el conjunto de Estados
latinoamericanos. Por primera vez, La Habana
tiene verdaderos amigos en el poder,
principalmente en Venezuela, pero también en
Brasil, en Argentina, en Uruguay, en Nicaragua,
en Panamá, en Haití, en Ecuador y en Bolivia.
Algunos de estos gobernantes no son
particularmente proestadounidenses. De modo que
será interés de Washington redefinir sus
relaciones con cada uno de ellos. Relaciones que
no pueden ser neocoloniales o basadas en la
explotación, sino basadas en el respeto mutuo.
Cuba ha intensificado en particular sus
intercambios con los países de la organización
política y económica ALBA (Alianza Bolivariana
para las Américas) y ha firmado acuerdos de
partenariado económico con los Estados del Mercosur.
–¿Pero nada de lo que suceda en América latina es
tan gravitante en Cuba como el gran país del Norte?
–La influencia de los Estados Unidos es tan
decisiva que, en gran parte, la evolución interna
en La Habana va a depender de la actitud que
adopte hacia la isla el futuro ocupante de la
Casa Blanca. Fíjese: mientras que, en Cuba, la
retirada, finalmente esperada, de Fidel Castro no
modifica en nada el rumbo de la revolución, una
eventual elección en Estados Unidos de Barack
Obama podría provocar, en la revolución de Cuba, un pequeño sismo.
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