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[P/Lx@999] Entrevista a Eduardo Galeano   Lista de mensajes  
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[P/Lx@] Paraleer a Galeano

Eduardo Galeano: "Toda riqueza se nutre de alguna pobreza"

Esta entrevista surgió entre Buenos Aires y
Montevideo, se concretó en Mar del Plata y será
publicada en una revista de Bariloche. Esas son
las coordenadas geográficas pero sin embargo no
tiene una geografía definida ni un tiempo
preciso. En ella, Eduardo Galeano, un escritor y
periodista que excede este recorrido, hablará de
los cafés, de la crisis económica mundial, de
América Latina, Bagdad, la inseguridad, las
palabras traicionadas, los medios de
comunicación, los servicios públicos y otras
tantas cuestiones que nos atraviesan.
Por Luis Zarranz, Florencia y Francisco Silio
24 de diciembre de 2008

Cuando era chico y ser periodista era cosa del
futuro lejano, me dije que entrevistar a quien
ahora baja del ascensor a nuestro encuentro era mi máxima aspiración.
La anécdota sirve, como pocas, para reflejar la
admiración que nos despierta el entrevistado y
sería totalmente injusto omitir el dato, sabiendo
lo fácil que usted se dará cuenta al leer la
entrevista, ajena a todo manual del
entrevistador: ahí donde decía que debíamos
interrumpirlo, lo hemos dejado hablar. Donde
estaba escrito eso de que "un buen periodista no
muestra sus sensaciones", hemos hecho el esfuerzo
para que estuvieran a flor de piel.
La reflexión sobre esta experiencia, cosa que los
manuales tampoco aconsejan hacer, nos arrojó una
interesante conclusión: la subjetivación del
hecho periodístico, ya de una manera
intencionada, nos permitió no sólo saborear el
momento sino merodear la esencia de quien
teníamos enfrente, pero sentimos de nuestro lado.
La puerta del ascensor se abre en la planta baja
de este refinado hotel de pretenciosa
arquitectura y decoración, pero de escaso buen
gusto. De él baja el único pasajero que
transporta, procedente del décimo piso:
pantalones de jeans, camisa azul turquesa. Por
debajo, una camiseta negra. Por encima, un
pulóver en forma de mochila, colgando sobre sus
hombros y cayendo por la espalda.
Camina lento. No hay apuro en él. Las manos
abrazadas por detrás, a la altura de la cintura.
Un paso y otro, mirada marinero hacia el frente.
Uno percibe una armonía entre ese tempo de cada
paso, entre esa manera tan reflexiva de caminar y
el intelectual que es, que ya, a prima vista, se
siente trasladado a otro espacio y no en el anexo
del Hotel Hermitage que lo hospeda en estos
primeros días de la IV Feria del Libro de Mar del
Plata, en la que es uno de los invitados ilustres
y el encargado de la apertura.
Transitamos los quince metros que nos distancian
desde el mostrador del lobby hasta su persona, es
justo reconocerlo, con mucha más prisa, ansiedad
y expectativa que él. Nos saludamos e
intercambiamos las primeras palabras: que el
tiempo está loco, que es extraño para la época el
frío y el viento que hay hoy, y otras vaguedades climáticas.
Caminamos por el hotel, ya metidos en su ritmo,
en busca de un lugar agradable y tranquilo donde
poder sentarnos a conversar, actividad que los
tiempos actuales desprecian. Ese sitio será el
exclusivo café para huéspedes, donde los (pocos)
que están presentes no hablan entre ellos sino
con un alguien vía celular. Ninguno de ellos
repara en la presencia de Eduardo Galeano. Es
probable que, incluso, no sepan de quién se trata ni quieran saberlo.
Hombres de negocios, negocios de hombres: la
presencia femenina es nula. Cada uno de ellos
actúa tal como se espera que actúen en un
ambiente como éste. El salón es, en efecto, una
millonada de clichés, de poses y de gestos
comunes. Somos nosotros y él los únicos que
desentonamos con la geografía y eso más que una pena, genera orgullo.
Antes que el grabador se encienda, uno ya se
siente complacido de estar a punto de cruzas
palabras (de eso se trata) con quien ha hecho de
ellas alquimia de sueños, dolores, alegrías,
tristezas y las ha incorporado a la vida
cotidiana. Este viaje relámpago a la Feliz con el
exclusivo objetivo de entrevistar al escritor de
Las Venas Abiertas de América Latina, El libro de
los Abrazos, Patas Arriba y el reciente Espejos,
entre muchísimos otros a través de los cuales ya
hablamos con él; los intercambios de correos
electrónicos, el llamado al celular para
avisar(nos) que lo habían cambiado de "tapera",
un decir galeanesco para referirse a estos
hoteles de múltiples estrellas: todo queda en el
pasado en el silencio que pregona la primera pregunta.

-Vamos a arrancar, como diría mi abuelo, por el
principio. Dicen que la vida es el reflejo de la
infancia. ¿Cómo fue tu infancia, qué te acordás de aquellos años?
-La verdad que no tengo mucho para contar de mi
infancia porque fue una infancia bastante
silvestre. Yo vivía en un barrio donde ahora en
Montevideo hay rascacielos pero en mis tiempos
eran puro descampado. Mi hermano y yo, la verdad,
que tuvimos una infancia muy libre, con bandas
que se organizaban para pelear, al estilo de la edad.

-Así como cambió tu barrio, ¿cambió mucho Uruguay de aquella época a hoy?
-Sí, cambió. Claro que cambio. Cambio todo,
Uruguay y el mundo han cambiado muchísimo. El
Uruguay que me formó era el Uruguay de los cafés.
Yo soy hijo de los cafés de Montevideo. Yo no
tuve educación formal. Todo lo que sé se lo debo
a los cafés viejos de Montevideo, los que me
formaron. Ahora quedó uno solo vivo, pero había muchos.

-¿Qué se aprende en los cafés que no se aprende en los lugares formales?
-En mi caso una lección de vida que es saber
valorar el tiempo y la posibilidad de perder el
tiempo, tener siempre tiempo para perder el tiempo.

-Esta es otra de las cosas que también se perdió
-Sí, se perdió porque ahora el tiempo tiene un
valor de rentabilidad, que tiene un precio que es
superior al valor y entonces el tiempo se vende,
como todo. En mi caso en particular, aprendí el
arte de narrar en los cafés, escuchando
narradores orales, gente que no sé quiénes eran
pero me colaba en las mesas. En aquel tiempo se
podía andar por Montevideo sin documentos, sin
nada. No había violencia, entonces yo en los
cafés me sentaba y escuchaba: así aprendí el arte de narrar.

-Y ahora que hay menos cafés, ¿dónde se puede aprender el arte de narrar?
-Todavía tengo un café, que me lo habían cerrado
pero ahora me lo reabrieron, el Brasilero. Es un
café de 1887, de las pocas cosas que quedan así
vivas. Y la verdad que el café, hablando de
rentabilidad, no es rentable. Que un tipo esté
tres horas en una mesa con un cortado es
inimaginable en el mundo de hoy. De todos modos
el arte de narrar se aprende escuchando, siempre:
eso no ha cambiado. Para no ser mudo hay que
empezar por no ser sordo. Si vos no sabés
escuchar no vas a saber hablar o en todo caso lo
que digas no va tener interés para los demás
porque los laberintos de tu propio ombligo pueden
ser apasionantes para vos pero para el resto de
la humanidad no tienen porqué ser un tema que
interese demasiado. Entonces creo que para poder
hablar hay que saber escuchar y hay que recibir
esas voces y aprender que las voces que valen la
pena escuchar suenan, a veces, en los lugares
menos presentables. Digamos, no en los foros
universitarios, en los centros donde se reúnen
los expertos para explicar cómo es el mundo, sino
en lugares sencillos simples, por ejemplo las paredes.

-Vos has rescatado mucho los graffitis. ¿Qué admiras de ellos?
-Yo soy un gran lector de paredes, que es la
imprenta de los pobres, el periódico abierto a
todos. Y ahí, en el Río Pinturas, en Argentina,
están los primeros graffitis: son esas manos, que
es un modo de decir 'yo estuve ahí, yo soy algo
más que una mota de polvo en el universo, yo soy
algo más que un instantito de tiempo, estuve
aquí'. Y un poco lo que mueve a la gente a
escribir algo en una pared es eso, aparte de
opinar. A veces opinan estupendamente: "Las
vírgenes tienen muchas navidades pero ninguna
Nochebuena" o "nos mean y la prensa dice llueve".

-Ese es de Buenos Aires
-Ese es de Buenos Aires, el otro es de Montevideo
pero hay millares de maravillas que uno va
encontrando, va rescatando, y después de lo que
uno escucha, la maravilla del relato oral. Se
supone que las voces del pueblo son nada más eco
de las voces del poder, según los técnicos, pero
no es verdad eso. Es verdad que el lenguaje
popular se ha degradado mucho por obra de la
televisión y de los medios masivos que imponen
cierto lenguaje obligatorio. Yo tengo una amiga
canaria, de las Islas Canarias, que se interesa
mucho por estos temas de lenguaje y el lenguaje
rural en las aldeas perdidas de las islas.
Entonces andaba recorriendo por ahí con un
aparatito de estos (señala al grabador) para
recoger las voces de los viejos. Y muchos de los
viejos les decían, 'no, mejor hablé con él que
habla mucho más bonito'. Y él era el nieto, el
bisnieto. Y ellos hablaban como la tele, por eso hablaban más bonito.
Galeano hunde sus labios en el cortado, los
humedece, y luego, lentamente, absorbe su
contenido. No habla sólo con su boca, no. Sus
manos hablan también. Su mirada tiene voces, que
es preciso saber escuchar y también saber mirar.
La boca te mira con la misma pasión con que los
ojos sueltan las palabras. Nos habla a nosotros
pero casi podríamos jurar que le habla al café, a
él mismo, a la historia que será, al futuro que fue.
Le preguntamos en qué cosas América Latina sigue
teniendo las venas abiertas y en cuáles fue
suturando las heridas y no esconde el fastidio
por una pregunta que juzga reiterada en sus
entrevistas. Nos lo dice con la boca pero también
con los ojos, las manos, los gestos. "¿Qué te voy
a contestar, lo mismo que siempre contesto?, que
me encontré con el conde Drácula en una calle de
Buenos Aires, que andaba buscando psicoanalista
por el complejo de inferioridad que le producían
las grandes corporaciones internacionales. Eso
contesto siempre para evadirme", argumenta para
volver a evadirse. "Lo cierto que sí, -agrega- es
una región del mundo que trabaja al servicio de
otra. Sí, es cierto, eso sigue siendo verdad, y
que no hay ninguna riqueza inocente: toda riqueza
se nutre de alguna pobreza y ahora fíjate con
esta crisis mundial el mundo entero está
aceptando con bastante pasividad, y hasta con
aplausos, estos regalitos que van recibiendo los
banqueros, los pobres banqueros que son los
culpables de esta catástrofe financiera", sostiene con ironía.
Luego se explaya sobre el plan de "salvataje" con
que Europa y Estados Unidos hicieron de Papa
Noel: "Los banqueros son los que reciben la
recompensa con que los premian, por lo menos, con
3 millones de millones, que te da una buena
cantidad de ceros. A lo larga lo paga eso que
llaman 'tercer mundo', o sea las naciones
sometidas, que venden lo que venden cada vez más
barato, pagan deudas externas que son como sogas
ahí metidas en el pescuezo con una vuelta de
rosca y otra y otra. Por fin se le ocurrió a
alguien ­Correa, en Ecuador- ver si era legítima
o no. Le vamos a pagar la deuda legítima, pero
primero vamos a ver qué es esa deuda. Argentina
no sabe la deuda qué paga, Uruguay tampoco. Se
supone que son deudas que vienen de alguna parte,
que tienen un fundamento, pero nunca a nadie se
le ocurrió escarbar una por una para decir 'ésta
deuda no la vamos a pagar'", dice mientras escarba el aire con la mano.
"Chile no tendría que pagar los prestamos que le
dieron a Pinochet para que asesinara gente, al
igual que otros asesinos de países que contaron
con auxilio. La mayor deuda se incrementa en la
época de las dictaduras", recita dando cuenta,
una vez más, que ese crisol que es América Latina
tiene también, en lo más horroroso de su historia
reciente, una historia presente.
Estamos tratando de entender, Galeano mediante,
lo inentendible de un sistema que paga lo que no
debe, debe lo que no paga, premia lo que debería
castigar y castiga lo que debe premiar. Semejante
esquizofrenia nos altera y las preguntas se
preguntan si hubo un hecho puntual, algún suceso
concreto, que impulsó a Eduardo a ponerle
palabras a las injusticias, para que sean menos
injustas: "Yo nunca sentí que fuera el
denunciador de nada. Yo simplemente soy un
enamorado de la realidad y trato de contarla, en
lo que tiene de horrendo y en lo que tiene de
maravilloso. Porque si contara nada más lo que
tiene de horrendo, la gente se moriría de
aburrimiento, que es lo que pasa con la mayor
parte de la literatura bien intencionada, que en
lugar de generar indignación genera sueño. No
sueños sino sueño, o sea una irresistible
necesidad de dormir porque es aburridísima y en
efecto estas letanías de dolor incesante no
conducen a ninguna parte porque aburren a todos y
además, justamente, los dolientes del dolor lo
que menos quieren es volver a escuchar el dolor
que padecen, encima que lo están padeciendo.
Entonces hay que saber cómo tratar de acercarse a
estos temas a veces muy espinosos logrando que
sean atractivos y que además estén siempre
acompañados por una contraparte: a veces una
pequeña frase, una pequeña cosita que indique que
en medio de ese desierto hay un trébol de cuatro
hojas, o de cinco, o de seis hojas"
En criollo, diría la abuela, mezclar una de cal
con una de arena. ¿Ejemplos?: "Por ejemplo, en
Espejos, hay unas cuantas referencias a la guerra
de Irak, claro, lógico, una guerra que nació de
una mentira y que mintiendo sigue y que ha matado
no se sabe cuánta gente porque se sabe cuántos
muertos hay entre los invasores pero no entre los
invadidos, de eso no hay la menor idea. Entonces
hay unos cuantos textos que se refieren a eso
pero también hay uno que dice 'cuidado con
confundirse, querido lector, mucho cuidado. En
Irak nació el primer poema de amor de la historia
de la humanidad, en ese mismo lugar que es ahora
ese escenario de horror incesante, y que se
refiere al encuentro de una diosa inmortal y un
pastor mortal'. En mi versión sintetizada lo que
dice ese poema es que 'la diosa amó aquella noche
como si fuera mortal y el pastor fue inmortal mientras duró esa noche'".

-¿Como "las mil y una noches"?
-En Irak nació la escritura, y en Irak la
princesa Sherezade contó las mil y una noches que
es el libro que nos enseñó a todos el arte de
contar, porque yo aprendí lo que aprendí en los
cafés pero también porque Sherezade me enseñó que
si el rey se aburría, le cortaba la cabeza y que
por lo tanto está prohibido aburrir. Y me enseñó
el arte del suspenso porque siempre dejaba los
cuentos sin terminar para que el sultán no la
matase. Entonces para saber cómo terminaba la
historia tenía que llegar a la noche siguiente.
Así te enseña la técnica del tigre en el aire,
cómo se puede lograr mantener la tensión del
lector. Bueno, eso fue escrito en Bagdad, a
partir de una cantidad inmensa de historias que circulaban en la época.
Bagdad era el cruce de todos los caminos, allí se
encontraban las cosas y las palabras: las cosas
porque era un centro comercial importantísimo y
las palabras porque era el centro cultural más
importante del mundo, por lejos. Esta misma
Bagdad ahora bombardeada, despreciada, triturada
por Occidente que, entre otras cosas, aniquila lo
que ignora. Qué nivel de ignorancia. Seguramente
Bush cree que la escritura fue inventada en
Texas, estoy seguro. Qué nivel de brutalidad, qué
nivel de patanería que tienen los amos del mundo, es algo que te deja visco.
Nos reímos, está claro, que para no llorar.
"Tienen el complejo mesiánico de que son los
salvadores del mundo, de blancos, negros, rojos,
violetas. Bush hablaba con Dios, nunca aclaró si
era por fax, por mail y tampoco qué días se
comunicaba, pero él dijo que la orden de invadir
Irak se la había dado Dios", esgrime Eduardo ya
sin café que llevarse a la boca.
"Y quién nos salva a nosotros de ellos", le
preguntamos y nos reímos ya sin saber si para es,
o no, para evitar las lágrimas. "De ese tema Dios
no dio orientaciones", apunta Galeano, marcado
los "olvidos" del Señor. "Lo que quiero decir es
que ellos tienen una vieja costumbre, insana
costumbre, tóxica para la humanidad, peligrosa
para la humanidad, de sentir que tienen que
salvarte. Yo no quiero que me salven, qué mierda.
Además todos los que vienen a salvarte terminan
chupándote hasta la última gota de tu sangre y
exprimiéndote hasta la última gota de tu sudor.
Estos salvadores…", dice meneando la cabeza, que
también habla, de izquierda a derecha.
"Además fíjense la importancia que tienen en
Estados Unidos todas estas sextas evangélicas
desde donde irradian esas ideas que insisten con
la idea de la salvación. Salvar a los otros en
lugar de respetarlos, de escucharlos. En lugar de
decir 'señores, por ahí ustedes tienen algo
interesante que decir', no: el mensaje siempre es
al revés. Es unidireccional, del que manda al
mandado, del que opina al opinado. 'Yo te voy a
decir cómo son las cosas, te voy a explicar cómo
es el mundo, te voy a dar la receta para que te vaya mejor en la vida'".

-¿Por eso el sistema acepta la caridad, de arriba
hacia abajo, y no la solidaridad, que es entre iguales?
-Si, además ahora con los resultados estos
podrían, en un acto de sentido común, decir
'bueno al fin y al cabo esa idolatría del
mercado, que hay dejar que el dinero actúe y que
el Estado no joda, por lo menos es sospechosa'.
El hecho es que hicieron puré el Estado en todo
el sur del mundo. Los servicios públicos están
desechos. Mirá lo que es Aerolíneas Argentinas.
¿Qué quedó? Un pobre resto humeante. Parece que
hubiera sido victima de algún bombardeo: un avión
de guerra que fue victima de un bombardeo. Yo
viajaba en Aerolíneas Argentinas cuando dirigía
la revista Crisis, y era la mejor línea del
mundo. Mirá cómo está ahora. Mira cómo está el
Correo. Yo estoy harto de mandar cartas de
Uruguay a la Argentina que no llegan nunca. Son
servicios religiosos: los entregan cuando Dios
quiere. (Otra vez risas compartidas. Otra vez, para no llorar).

-Bueno, con YPF nos pasó algo muy parecido
-YPF es otro desastre. Y los trenes. Esa
película, "La Próxima Estación", qué gran tarea
hizo Pino Solanas con eso. Todas esas situaciones
son collares de infamias por todas partes para
aniquilar el Estado porque era una molestia, algo
que se interponía entre el progreso y el hombre.
Y lo pulverizaron y ahora que lo necesitamos,
¿qué hacemos? ¿Cómo no va a funcionar el correo? No puede ser.
Acá es especialmente desastroso pero en Uruguay,
fíjense lo que me pasó con Espejos, les cuento
una sola de las muchas experiencias que tuve: en
Montevideo tengo una casilla de correo, la 751,
donde me llegan las cartas, las revistas.
Entonces yo le quería mandar el libro a un gran
amigo mío que es músico y musicólogo y tiene otra
casilla en el mismo lugar, que es el Correo
Central de Montevideo. La casilla de él está a un
metro y medio de la mía. Entonces yo voy con el
libro y le digo a los amigos que atienden ahí,
que me conocen de memoria, 'mirá, ponele este
libro en su casilla'. Y me dicen: 'No, eso no se
puede hacer. Tenés que franquearlo, mandar el
paquete' y entonces… recorrer ese metro y medio, demoró un mes".
La anécdota, por demás gráfica, permite que la
charla se entremeta con el deterioro de los
servicios públicos en todo el mundo, y en
especial en América Latina. Galeano rebalsa en
anécdotas personales que ilustran de qué
hablamos: un libro perdido rumbo a la Argentina,
otro hacia España, paquetes que no llegan. "Esto
es horrible de decir pero en la época de Franco
se decía que 'la única carta que no llega es la
que no se escribe'. Y era verdad. Y este
deterioro de los servicios públicos conspira
contra la democracia porque la desprestigia.
Pareciera ser que los servicios públicos sólo
funcionan bien cuando hay milicos en el poder. Y
ese es un flaco favor que le hacemos a la
democracia, porque también se supone que es un esfuerzo civil"

-Los medios de comunicación también se mueven
como si muchas cosas funcionaran mejor con los
milicos en el Poder, por ejemplo con la
seguridad, que pareciera acechar como una flaqueza de la democracia.
-Sí, yo a veces escucho TN y me da la impresión
de que Buenos Aires debe ser como Irán o Bagdad,
y voy a Buenos Aires y no tiene nada que ver con
lo que cuentan que es. Además se ha dado un
fenómeno, éste también internacional: es
impresionante cómo, en la época de la
globalización, se repite todo. Qué poca
originalidad. Los países tienen menos capacidad
de decir lo suyo, de caminar su camino. Entonces
se dan esas copias universales: los informativos
de la televisión. Empiezan, en casi todos los
países, con temas de seguridad pública, crímenes,
violaciones, asesinatos. Eso es la mitad o más
del informativo, con lo cual la población queda
temblando y diciendo 'estamos en manos de los
delitos, de los delincuentes, de los criminales'.

-Tocan las fibras del miedo…
-Miedo que es el peor de los consejeros, porque
el miedo, ¿qué es lo que te va a aconsejar?: mano
dura. 'Acá lo que se necesita es mano dura' y la
democracia tiene mano blanda, entonces a la
nostalgia de la dictadura militar hay un camino muy chiquito.
Es un tema bárbaro porque hasta ahora la
izquierda no ha podido resolver el tema de la
inseguridad. Quizá porque la inseguridad no
existe, la inseguridad es el resultado de otras
cosas, de la injusticia social, de la cultura del consumo.
Las palabras, quizás felices por ser bien
tratadas, dan una vuelta en el aire antes de
meterse en el grabador, en los oídos, en la boca,
en los ojos. Es extraño expresarlo pero hay una
sensación de comunión, de común-unión, que
parece, también, dar vueltas en el aire.
Es posible, acaso, que nada de eso ocurra y el
sólo hecho de coincidir con lo que este escritor
está escribiendo con la boca, nos genere tal
impresión. El manual dice en ese punto que es el
primer error del "periodista ingenuo" que se deja
convencer con lo que el entrevistado dice. ¿Será así?
"Antonio Machado, el gran poeta español, decía
una frase lindísima: 'ahora cualquier necio
confunde valor y precio'. Y ese es un retrato del
mundo de nuestro tiempo. Entonces la cultura del
consumo, que es lo que se le inyecta a la gente
todos los días sobre todo por los medios, pero
también por el sistema educativo, sostiene la
idea de que el que no consume, no existe. Y esa
cultura se funda en esa confusión del valor y el
precio. Entonces vos valés si tenés ropa más
cara. Y eso es una incitación al delito porque si
vos le metes eso en la cabeza a los chicos de la
villa o la gente más desamparada de la población,
la idea de que ser es tener, y que sino tenés no
sos, es una invitación al delito. Es decirles
'dale, andá con esa vieja que está ahí al pedo, dale, arrancale la cartera'".

-Y eso también lleva a que veamos al otro, como
describe una frase tuya, "como una amenaza y no como una promesa"
-Exactamente. Y hay una dictadura del miedo en
escala universal. Ahí también todo se copia. Hay
una vieja leyenda china, que tiene miles de años,
de un leñador que pierde el hacha. Entonces el
leñador lo mira al vecino, y ve que tiene cara de
ladrón, aspecto de ladrón: '¿usted no vio un
hacha?', le pregunta. 'No, no', contesta el
vecino. 'Me contestó como un ladrón', piensa el
leñador. Le coincidía todo. A las dos o tres
horas encuentra el hacha que se le había caído en
unos árboles, vuelve a mirar al vecino y piensa:
'La verdad que no tiene para nada cara de
ladrón'. Pero mientras el hacha estaba
desaparecida el vecino era el culpable. El tema
de la justicia por mano propia proviene de ese
equívoco, incide en los linchamientos y castigos de muchos que son inocentes.
Es imposible eludir, a esta altura, los intentos
que a ambos lados del Río de la Plata pretenden
bajar la edad de imputabilidad de los menores.
(¿y qué dirán los manuales al respecto?). Las
cejas de Galeano se arquean en forma de
herradura. Los ojos se clavan en un más allá que
no alcanzamos a ver y las manos levantan vuelo.
Todo el cuerpo dice una ironía: "Yo me pregunto,
¿y los bebés? Porque los bebés son bastantes
jodidos. Ya Freud lo tenía estudiado a eso, la
perversidad del bebé, entonces si el bebé es
perverso, bueno, que vaya a la cárcel..."
El manual se enoja pero el humorismo vuelve: "O
mejor, que ya desde el embarazo los metan presos con sus madres".
-Pero no lo repitas porque les das ideas. Van a
meter presa a la que tiene el delincuente en la panza.

-Tarde, ¿no fue eso lo que hicieron los militares genocidas?
-Sí, es así. Incluso muchos se han de haber
contado el cuento que así los salvaron. Supongo,
porque la conciencia culpable siempre necesita
alivio, consuelo, aún en el caso de los tipos más
jodidos. Probablemente disfrazaron ese robo, el
más siniestro de todos, ese botín de niños que
hubo sobre todo en la Argentina. Esta idea de que
el vencedor, quizá recibiendo el trofeo, se
contaba el cuento de que estaba salvando a aquel chico de la corrupción roja.

-Eduardo, vos que sos un escritor que trabaja con
las palabras, ¿te han contado ellas el dolor que
sienten por el cambio de significado que han
tenido? Nombrabas la palabra "mercado" y antes el
mercado era otra cosa, proceso era otra cosa al
"Proceso". ¿Se sienten dolidas las palabras?
-Está lindo eso que me decís. Sí, yo creo que sí.
Hay una responsabilidad en el ejercicio de las
palabras. Aquello que el maestro Onetti me dijo
cuando era chico: 'Las únicas palabras que deben
existir son las palabras mejores que el
silencio'. Pero cuando vos estás peleando para
encontrarlas y aparecen, hay que cuidarlas,
regarlas, acariciarlas. Las palabras están muy
mentidas, manoseadas, prostituidas. Entonces las
cosas no significan lo que son, son lo que
significan. Es un desastre, el diccionario parece
un basurero. Y claro que a las palabras les duele
ser basura. Nacieron para algo mejor, nacieron
para ser manos que tocar, brazos que abrazan.

-En tus libros has rescatado que para los
guaraníes, la palabra era el alma. ¿Cómo era eso?
-Sí, ñeñé, que significa palabra y alma. Toda la
belleza de los mitos de origen guaraníes coincide
en que los paraguayos son hijos de la palabra que
los llamó. Y que sonó de adentro de un Cedro, un
cedro mágico. Ahí sonó la palabra que los llamó.
Es muy hermosa la idea de que la uva está hecha de vino.
La frase se materializa, producto de los gestos
que acompañan el racimo, en la imagen de la uva.
El grabador se apaga pero la conversación no. (En
este punto el manual también es confuso sobre los
pasos a seguir). La charla sigue por los pasillos
del Hotel que, después de largo rato, volvemos a
habitar pese a no haber salido físicamente de él.
Galeano relata, con lujo de detalles, su
experiencia en la frontera entre Brasil y
Venezuela, hace ya unos años, donde se infectó la
malaria. Nos cuenta la experiencia de dormir en
una hamaca paraguaya sobre el río, y ver pasar las serpientes por debajo.
Hablamos de Luis Sepúlveda y "el viejo que leía
poemas de amor"; de aquel negro orgulloso con sus
dientes de oro macizo que Eduardo rescata en uno
de sus textos; algo de fútbol es inevitable;
criticamos en conjunto el mal gusto del hotel, en
conjunto criticamos a los críticos por el mal
gusto de decirnos cómo se debe mirar, elogiamos
un par de sueños de los "Sueños de
Kurosawa"; admiramos a Vicent Van Gogh y el
texto que, para uno de nosotros, constituye uno
de los mejores relatos de los múltiples relatos que constituyen Espejos.
Afuera ha parado de llover pero dentro nuestro
hay un diluvio. El saludo se repite una vez más,
pero esta vez sí es definitivo.
Se aleja unos pasos, a ese ritmo de ver las
cosas, en busca del ascensor que lo trajo a la
planta baja. Antes de perderse en él, nos dice
sonriendo, en esa voz que no alcanza a ser grito
pero que está mucho más elevada del tono medio,
que nos entendemos con el tiempo. Ya no hay tiempo de preguntarle porqué.
Es una buena excusa para inventar un nuevo encuentro.


La elección de Obama
Algunos son negros por fuera y blancos por dentro

-¿Qué nivel de esperanza puede generar la presidencia de Obama?
-Yo no te voy a repetir ahora porque publiqué un artículo, Ojalá

-"Ojala que no se olvide que la Casa Blanca fue hecha por negros"…
-Que no lo olvide nunca. Y es una cosa que nunca
se dice, pero es verdad. La Casa Blanca fue hecha
por negros y nunca jamás se dice y esa es la casa
que va a ocupar. Por eso yo en el artículo decía,
"ojalá no olvide nunca que fue hecha por negros
esa casa, que va a ser su casa". Porque puede
ocurrir al revés, la historia que yo conté en
Espejos sobre Martí y Fernando Ortiz. Fernando
Ortiz fue el más importante antropólogo cubano y
el más profundo investigador de la cultura negra
en Cuba, el que llegó más hondo en la exploración
de las raíces negras de la cultura cubana. Murió
hace ya años. Y cuando era chico, un adolescente
recién llegado a Cuba desde las Canarias, donde
el padre lo había mandado para formarse, ve pasar
un señor muy apurado, un flaquito, peladito,
chiquito que camina apuradísimo. Le dice: 'Mucho
cuidado con ese porque es blanco por fuera y
negro por dentro'. Y ese era José Martí y puede
ocurrir al revés, que haya algunos que son negros
por fuera y blancos por dentro.
El asunto es que esto, en principio, es una buena
noticia porque hay que ver lo es el nivel del
racismo en Estados Unidos, un país donde hasta
hace quince minutos los negros no podían sentarse
en los colectivos, no compartían ni siquiera los
colectivos. En el año 1942 el Pentágono prohibió
las transfusiones de la sangre negra, que no
existe la sangre negra. La idea era que no se
hiciera por inyección la mezcla prohibida en la
cama. Bueno, eso fue hace quince minutos, así que
esta victoria me parece que hay que celebrarla y está bien pero al mismo tiempo

-Sabemos de las limitaciones…
-Claro, no hay que enmascarar las cosas. Rosa
Luxemburgo decía que no hay nada más
revolucionario que decir lo que uno piensa y a
veces lo que uno piensa es una cosa antipática, o
que a la gente no le cae bien pero yo la digo
igual porque siempre me acuerdo, yo soy rosista
pero no de Juan Manuel sino de Rosa Luxemburgo.
Yo escuché todas las polémicas con Mc Cain,
completas, me aburrí…: me dormía por la monotonía
de dos discursos sospechosamente iguales, lo que
no es un buen signo. Los Estados Unidos tienen un
problema de Partido único, disfrazado de dos y la
verdad que no era muy diferente lo que decía uno
que lo que decía otro. Me costaba mucho
distinguirlo. Claro, lo distinguía por el aspecto
físico: Obama mucho más simpático, joven,
atlético, negro. El otro ya muy cascado por los
años. Pero los discursos eran demasiados
parecidos y algunas amenazas guerreristas de
Obama contra Afganistán, Irán, Pakistán yo no sé
hasta dónde fueron impuesto que él pagó a un
sistema que obliga a mentir para conseguir más
votos, o si es de veras lo que opina, lo que no nos anuncia nada bueno.
Y después, otra cosa que decía ahí en el artículo
es que yo lo he seguido muchísimo a él tratando
de ver las cosas como son y no como uno quieren
que sea, y una cosa que a mí me molesta mucho es
la insistencia en el "Leadership" (el liderazgo).
Es una palabra que usó cada cuatro palabras. No,
por favor. ¿Nos van a venir a mandar de nuevo?
Ahora nos estaban dejando más o menos tranquilos
por un rato y éste anuncia la recuperación del leadership

Enviado por nuestros compañeros de la
AGENCIA DE COMUNICACION RODOLFO WALSH

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