[P/L@] Memoria del 24 de marzo de 1976
Compartimos algunos de los textos leídos ayer en nuestro programa radial
"Del otro lado del parlante", dedicado a la conmemoración de los 26 años
del golpe militar que ensombreció nuestra patria. Compartimos un poema que
nos enviara nuestro amigo Roberto Herrera, maestro y músico, al que
agradecemos muchísimo su sensibilidad, y un texto (de sus últimos) de Jorge Luis
Borges referido al recordado Juicio a las Juntas militares
realizado en 1985. Además agregamos una crónica de las vivencias de esta
fecha desde este lugar de la historia.
Yo no creo en el arte puro
en el arte por el arte.
Creo en el arte
como medio de expresión de los sentimientos,
los deseos... los miedos.
También, creo en el arte
como modo solidario de compromiso con el otro,
el hombre de carne y hueso,
según Unamuno.
Esto nos devuelve mejores como seres humanos
ya que el arte es una manera estética de buscar la verdad.
Por eso, en esta fecha canto
Por eso digo:
Cuerpos de sangre
echados en el mar
Cuerpos de vida, de alegrías,
de polvos e indignaciones...
"Desaparecer se ha hecho costumbre, callarse también"
Ay! porqué estás tan solo ?
Quién te taladró la cara ?
Ay! porqué te han ocultado ?
Quién negó tu identidad ?
"Desaparecer se ha hecho costumbre, callarse también"
Voy a rebuscar en la memoria
voy a revivirte en el corazón,
a caminar tus pasos en la calle, en cada marcha
sin perdon ni olvido.
"Recordar se me ha hecho costumbre, hablarte también"...
Roberto Herrera
***
Testimonios del Juicio a las Juntas
El horror de la dictadura fue denunciado en doloroso detalle cuando sus
víctimas pudieron hablar en el Juicio a las Juntas. Sergio Ciancaglini y
Martín Granovsky recogieron las contundentes crónicas de esos días en "Nada
más que la verdad", su libro sobre el proceso a los responsables de la
masacre. En estos fragmentos, testimonios sobre tortura, negaciones,
crueldades y el horror que sintió Borges al entender la verdad.
El asombro de Borges
El testimonio más largo del juicio duró 5 horas 40 minutos. Fue el 22 de
julio y estuvo a cargo de Víctor Melchor Basterra. Pasó cuatro años
secuestrado en la ESMA, entre 1979 y el final del régimen militar, aunque
siguió siendo vigilado y controlado hasta agosto de 1984, ya en pleno
período democrático.
Había sido obrero gráfico y militante del Peronismo de Base. Tras su
secuestro fue torturado, dijo, durante unas 20 horas. Sufrió dos paros
cardíacos. Luego, aceptó ir con sus captores a citas para señalar a otros
cuatro militantes que también fueron secuestrados. Dos de ellos siguen
desaparecidos. Las defensas intentaron demostrar en todo momento que
Basterra se había convertido en un agente voluntario de la ESMA.
Basterra, en la ESMA, era uno de los encargados de falsificar documentación
(pasaportes, cédulas, permisos de armas) para oficiales y gente allegada a
la Armada. Poco a poco fue robando material (incluyendo fotografías tomadas
en la ESMA) que presentó como pruebas ante el tribunal.
Ese día en la sala estuvo el escritor Jorge Luis Borges. Llegó
silenciosamente, con su bastón, un acompañante, y su eterno gesto de
asombro. Escuchó. Luego decidió escribir una crónica para la agencia
española EFE. Se llamó "Lunes, 22 de julio de 1985". Este es el texto completo:
<<He asistido, por primera y última vez, a un juicio oral. Un juicio oral a
un hombre que había sufrido unos cuatro años de prisión, de azotes, de
vejámenes y de cotidiana tortura. Yo esperaba oír quejas, denuestos y la
indignación de la carne humana interminablemente sometida a ese milagro
atroz que es el dolor físico. Ocurrió algo distinto. Ocurrió algo peor. El
réprobo había entrado enteramente en la rutina de su infierno. Hablaba con
simplicidad, casi con indiferencia, de la picana eléctrica, de la
represión, de la logística, de los turnos, del calabozo, de las esposas y
de los grillos. También de la capucha. No había odio en su voz. Bajo el
suplicio, había delatado a sus camaradas; éstos lo acompañarían después y
le dirían que no se hiciera mala sangre, porque al cabo de unas "sesiones"
cualquier hombre declara cualquier cosa. Ante el fiscal y ante nosotros,
enumeraba con valentía y con precisión los castigos corporales que fueron
su pan nuestro de cada día. Doscientas personas lo oíamos, pero sentí que
estaba en la cárcel. Lo más terrible de una cárcel es que quienes entraron
en ella no pueden salir nunca. De éste o del otro lado de los barrotes
siguen estando presos. El encarcelado y el carcelero acaban por ser uno.
Stevenson creía que la crueldad es el pecado capital; ejercerlo o sufrirlo
es alcanzar una suerte de horrible insensibilidad o inocencia. Los réprobos
se confunden con sus demonios, el mártir con el que ha encendido la pira.
La cárcel es, de hecho, infinita.
De las muchas cosas que oí esa tarde y que espero olvidar, referiré la que
más me marcó, para librarme de ella. Ocurrió un 24 de diciembre. Llevaron a
todos los presos a una sala donde no habían estado nunca. No sin algún
asombro vieron una larga mesa tendida. Vieron manteles, platos de
porcelana, cubiertos y botellas de vino. Después llegaron los manjares
(repito las palabras del huésped). Era la cena de Nochebuena. Habían sido
torturados y no ignoraban que los torturarían al día siguiente. Apareció el
Señor de ese Infierno y les deseó Feliz Navidad. No era una burla, no era
una manifestación de cinismo, no era un remordimiento. Era, como ya dije,
una suerte de inocencia del mal.
¿Qué pensar de todo esto? Yo, personalmente, descreo del libre albedrío.
Descreo de castigos y de premios. Descreo del infierno y del cielo.
Almafuerte escribió:
Somos los anunciados, los previstos
si hay un Dios, si hay un punto Omnisapiente;
¡y antes de ser, ya son, en esa Mente,
los Judas, los Pilatos y los Cristos!
Sin embargo, no juzgar y no condenar el crimen sería fomentar la impunidad
y convertirse, de algún modo, en su cómplice.
Es de curiosa observación que los militares, que abolieron el Código Civil
y prefirieron el secuestro, la tortura y la ejecución clandestina al
ejercicio público de la ley, quieran acogerse ahora a los beneficios de esa
antigualla y busquen buenos defensores. No menos admirable es que haya
abogados que, desinteresadamente sin duda, se dediquen a resguardar de todo
peligro a sus negadores de ayer.>>
***
La crónica hoy
MARCHAS EN TODO EL PAIS A 26 AÑOS DEL GOLPE
Por qué esta vez es distinto ?
Cientos de miles de personas, quizá millones, marcharán en todas las
ciudades del país a 26 años del peor golpe de Estado de la historia, el 24
de marzo de 1976. La situación es inédita: desde el alzamiento de Seineldín
que el fantasma de un golpe no estaba presente, la crisis política es
única, la depresión económica también y hay una tensión entre dos
actitudes, la de expandir las asambleas o la de impulsar una carrera
armamentista de vecinos con pánico.
Por Martín Granovsky
"Perdonar es ser cómplice", decía la bandera. No hablaba de teología sino
de política, estaba colocada en la cancha de San Lorenzo y no frente al
Congreso y todo quedaba claro con la firma de la consigna: "24 de marzo de
2002". El recuerdo de los 26 años del golpe de Estado, que se cumple hoy
con marchas en todo el país, coincide con la peor crisis económica,
política y social de la democracia. Y algo más: por primera vez desde 1983,
con la sensación de que la Argentina no tiene comprado para siempre el
régimen democrático.
En los últimos años, las marchas por el "Nunca más" a un golpe de Estado
fueron creciendo en su canalizada espontaneidad. Estructuradas sobre la
base de los movimientos de derechos humanos, se convirtieron sin embargo en
una cita que combinó columnas de partidos y organizaciones sociales con
mucha, muchísima gente suelta.
A mediados de los '90 los juicios de la verdad y la nueva explosión de la
memoria sobre el horror masificaron cada convocatoria. Los derechos
sociales y la exclusión se incorporaron como nuevos temas. Pero por lo
menos desde que fue aplastada la rebelión de Mohamed Alí Seineldín nunca
había sucedido que un 24 de marzo quedara asociado a los antiguos fantasmas
de golpe.
En realidad, tampoco hoy los escenarios más posibles permiten imaginar un
golpe clásico, al estilo de los del ‘60 y, menos aún, de los del '70. Los
militares quedaron desarticulados por la guerra de Malvinas, el juicio a
las juntas, el ahogo fiscal y la desactivación de la tecla norteamericana,
que solía poner "on" a la intervención castrense. No parece haber planes de
complot ni proyectos cívico-militares serios y sólidos como el de 1976.
Pero fantasías negativas y simples preguntas invaden la conversación de
todos los días:
- Grandes empresarios volvieron a frecuentar a altos oficiales de las tres
fuerzas como parte de su agenda.
- El temor a una "anarquía" que nadie define es parte de las discusiones,
donde por cierto los militares no pierden oportunidad de proclamar su fe
democrática y su obediencia al poder civil.
- Washington aumentó su participación en asesoramiento militar en Colombia
ya no en procedimientos antinarcóticos sino en operaciones
antiguerrilleras. Es una escalada que no conviene subestimar, porque si la
escalada aumenta la presión sobre una participación militar de todo el
continente, empezando por la Argentina, será inevitable.
- Un tablero de desorden y falta de control político sobre el Gran Buenos
Aires, que por ahora ejerce Eduardo Duhalde –el único político argentino
capaz de hacerlo–, podría llevar, en los papeles, a que una clase media
cada vez más asustada termine pidiendo "orden".
- La degradación política, la bordaberrización o cientos de muertos en un
20 de diciembre potenciado también forman parte de las preguntas de la
gente preocupada por el país.
Nada está cerrado. No hay un futuro maravilloso aquí a la vuelta, pero
tampoco las perspectivas más negras tienen su despliegue asegurado. La
espantosa recesión económica de más de cuatro años, la fábrica de pobres
que es este país, la falta de proyecto productivo y la crisis de los
partidos impiden cualquier predicción a más de dos semanas (¿no será mucho?
¿no habrá que decir dos horas?), mientras crecen tensiones que nadie sabe
cómo se resolverán.
Para ponerlo en símbolos, porque la realidad es más entreverada que
cualquier esquema: en la clase media, ¿primarán las asambleas y los
cacerolazos? ¿O prevalecerá la carrera armamentista en countries, barrios
privados y negocios del Gran Buenos Aires?
En una curiosa repolitización en medio del descreimiento hacia los
partidos, las marchas de hoy mezclarán reivindicaciones de cacerola, que
cada vez se alejan más de la corralitis, con el recuerdo del golpe y, por
ejemplo, el pedido de una Justicia independiente que comience con la
remoción legal de la Corte Suprema.
¿Cuál será el futuro de las asambleas, si es que no sucumben saturadas por
el delirio de quienes proponen en ellas la nacionalización de todas las
empresas o la expropiación de los kulaks, los campesinos ricos de la Rusia
de los zares? Es difícil pensar que se transformen en una opción de poder,
pero pueden servir para recuperar el espacio público y discutir cuestiones
concretas, de la educación a la salud, pasando por una idea de la seguridad
que no consista en meter bala al primero que pase con cara de
“negrito”. Si
solo cumplen con esa función, habrán colaborado para que una de las chances
de una situación de caída violenta como ésta –alguna forma de
fascistización– no se concrete.
Como símbolo, las asambleas parecen el opuesto de los intentos de
concentrar en las armas toda respuesta a la crisis social. El sálvese quien
pueda sería, así, la contestación a la idea de que el estallido consistirá
en hordas que asolarán los sitios donde la clase media trata de lamer las
heridas que le está provocando este descenso brusco. ¿Es razonable pensar
que bandas de ladrones saquearán los countries y los barrios privados,
donde enfrentarán seguro grandes bajas por los ejércitos que controlan cada
perímetro? Y si pasa, ¿hay, en serio, posibilidad de salvación? ¿El poder
político no debería articular también allí formas de uso de los espacios
públicos que supongan, al menos, una huida hacia adelante, un escape de la
encerrona de los nuevos Winchester?
En estas condiciones, no está nada mal que cientos de miles, millones
quizá, salgan hoy a la calle, 26 años después del mayor acto de crueldad de
la historia argentina que debería ser el último.
Tomado de:
http://pagina12.feedback.net.ar/secciones/elpais/index.php?id_nota=3203&seccion=\
1
Para leer otros números dedicados a la Memoria del 24/3/76:
[P/L@70] Rodolfo Walsh: Carta abierta a la Junta Militar en
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/78
[P/L@232] Crónicas: A 24 años del 24 de marzo de 1976 en
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/240
[P/L@233] Homenaje a 24 años del 24 en
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/241
[P/L@398] Juan Gelman: La mirada del poeta en
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/419
[P/L@399] Sub. Marcos: Mensaje del 24 de Marzo en
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/420
URL de este número: http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/555
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