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[P/L@533] Luis Bondone: Regreso de Malvinas   Lista de mensajes  
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[P/L@] Homenajes
1982 - 2 de abril - 2002

A 20 años de la Guerra de Malvinas, conmemoramos esta triste fecha con el
hermoso relato de un escritor cordobés, de la ciudad de Bell Ville, Lucho
Bondone.
"Regreso de Malvinas" cuenta la historia de un soldado que vuelve de la
guerra a su pueblo, y nos parece gran texto para compartir hoy, en forma
exclusiva, en la red. Agradecemos muchisimo al autor por permitirnos
conocer y difundir su obra.
Valga como homenaje a aquellos chicos que fueron enviados al sur para una
guerra absurda e irresponsable, por los trasnochados jerarcas de la
dictadura militar en plena descomposición y creciente rechazo popular, con
el propósito vil de salvar su propio pellejo político y militar, utilizando
una noble excusa como la de los derechos soberanos sobre nuestras islas
contra el colonialismo británico-norteamericano, embarcando así a la Nación
a una lamentable desventura sin retorno.
Dedicado a los que cayeron y los que sobrevivieron, casi todos ninguneados
por una historia oficial argentina que abandona u olvida a sus victimas y
acuerda la impunidad de sus victimarios. P/L@


Luis José Bondone *
REGRESO DE MALVINAS

Llevaba varios días de viaje. Desde aquel extremo sud, del País Austral,
regresaba a mi casa. Nunca antes había sentido como una necesidad
imperiosa, ineludible, urgente, llegar a mis rincones, respirar el aire
tibio del hogar, apretar fuerte a mi madre, a mi padre, a mis hermanos,
pero no como un saludo, sino, para hacerles sentir que la vida todavía me
acompañaba, que no la había dejado enterrada bajo la turba helada de Malvinas.
Ya estaba cerca. Días y noches en que no había hecho otra cosa que bajarme
de un camión para subir a otro, siempre buscando el Norte y explicando "no
tengo plata vuelvo de la guerra soy soldado" y oyendo el "subí pibe
acomodate como puedas", pocas palabras, las necesarias que encierran el
reconocimiento para ese pibe que viene de la experiencia trágica de la
guerra, con ese bautismo feroz de sangre y muerte que lo ha hecho
definitivamente adulto, hombre o casi viejo.
No tenía posición en los asientos. Todo me resultaba incómodo. ¿Por qué me
pasaba esto? Ya no oía las formidables explosiones, el cielo no se teñia de
rojo violento, la noche no se volvía día, no había esquirlas que pasaran
silbando ametrallando lo que fue silencio, no tenía el cuerpo enterrado en
ese suelo helado ni los pies en el agua, no había aviones rasantes, no se
sentía el dolor del hambre, no veía heridos ni cuerpos destrozados.
Entonces... ¿qué me estaba pasando? No lo sé. No podía dormir. A cada rato
un sobresalto, el corazón me parecía estallar, la boca reseca, las manos
mojadas. Pero no me importaba nada, sólo llegar a mi casa, a mi ciudad de
Bell Ville en el centro del país.
Cuando torcí el rumbo me levantó un ómnibus de línea, un chofer gaucho,
generoso como los camioneros. Ahora enfilaba hacia oeste, hacia el país del
trigo, hacia los brazos abiertos que me esperaban.
Con los ojos entreabiertos veía pasar los postes interminables, iguales,
grises, monótonos, comencé a contarlos, de uno en uno, después de dos en
dos hasta que esas figuras inmóviles se fueron transformando: primero, en
la larga fila de soldados argentinos arrojando sus fusiles a una montaña
que iba creciendo como el símbolo de la derrota y la rendición, y luego los
postes y los cruceros me hicieron pensar en que en aquel suelo inhóspito
quedarían incontables tumbas solitarias de soldaditos argentinos que no
regresarían nunca a la casa que yo iba a buscar, que en ellas no se
abrirían la puerta ni los brazos: ni el hijo vivo ni el hijo muerto. Aunque
cargado de eternos fantasmas, yo vivía y viviría. Que con nosotros, los
Soldados de Malvinas, comenzaba a escribirse otra Historia.
El zumbido de la marcha me sonaba como un coro monocorde de voces apagadas,
como las que se oían de noche entre pozo y pozo con tonadas distintas de
todos los rumbos del país.
Dormitaba, cabeceaba y de golpe el grito contenido me despertaba, todo
sudado, como allá. ¿Cuánto tiempo me durará esto?
Sólo pensaba en que iba a mi casa, a la familia y a los amigos. Era un
soldado que había entrado en combate, en una guerra contra la máquina más
perfecta en ese arte maldito de matar y destruir. El mundo había hablado de
nosotros. Fuimos parte en los noticieros y en todos los idiomas. Sentía
algo así como ser conocido universalmente. ¿Quién podría no saber de un
"soldado de Malvinas?" Yo le había oído a mi padre contar cómo fue el
recibimiento a Donato Ghio, un jovencito triple campeón mundial de bochas.
Yo había visto a Marito Kempes, después del mundial del '78, sobre la
motobomba y a todo el pueblo agitando miles de banderitas. Homenaje popular
a su ídolo. Nosotros, los soldados de Malvinas no habíamos jugado con otra
cosa que con nuestras propias vidas. Habíamos gambeteado la muerte... ¿Cómo
nos esperarían...?

Comenzaron a pasar los pueblos de nombres conocidos y por fin el arroyo que
marca el ingreso a la provincia de Córdoba. Pensé que "ya estaba", que era
imposible volver a trás. Me invadió un sentimiento de seguridad, ya no me
podía pasar nada, iba definitivamente rumbo a mi casa, por fin. La fatiga
me impedía la euforia, pero estaba anhelante. Venía cargado de algo tan
diferente que me sentía distinto al de la partida, cuando inicié la marcha
hacia la incertidumbre, como tantos otros con quienes me junté y me hermané
allá, a miles de kilómetros de distancia de nuestras casas, rodeados de
fuego y de mar. No podía alejar de mi mente todo lo patético que pasó ante
mis asombrados ojos acostumbrados a la paz de los trigales. Fue demasiado
impresionante, violento y fugaz para retener imágenes precisas de lo que
sucedió vertiginosamente, sin que antes de la marcha hacia la guerra
tuviésemos razón de lo que íbamos a hacer y cómo hacerlo. ¡Qué sucesión
interminable de pantallazos incoordinados! Sólo el agotamiento me permitía
apagar la proyección por algunos cabeceos de sueño.
El avance sobre la ruta era inexorable, ignorante de mi penuria. ¿Por qué
será que los últimos kilómetros son los más largos, interminables? Tenía la
impresión de que el ómnibus era como un caballo que vuelve a su querencia,
agotado, orejas gachas y que sólo se agita ante la vista del lugar
conocido. La verdad es que ése era yo y no el ómnibus. No aguanté más,
apenas pasamos el puente del canal, todavía lejos, me levanté, acomodé mi
escaso equipaje, una mochila semivacía, y me quedé parado como una forma de
convencerme que ya llegaba.
Salimos de la ruta, vuelta a la izquierda, paso a nivel, el boulevard...
El cielo era un recordatorio, gris plomizo y una fina y fría garúa, como aquél.
El corazón se agitó, jadeaba mi respiración.
La terminal a la vista. Llegamos.
Me agachaba tratando de ver caras conocidas... Era un "soldado de Malvinas"
de regreso de la guerra, había luchado por la Patria... Había jugado mi
vida... Había participado en un acontecimiento histórico... Bajé anhelante,
ansioso...
... En el anden... ¡ En el andén no había nadie...!


Tomado de: Luis Jose Bondone. Cautivo en Fraile Muerto y otros cuentos simples
Edit. Advocatus. Córdoba, Argentina. Diciembre 1992


* Sobre el autor
El Dr. Luis José Bondone vive en la ciudad de Bell Ville, en donde ejerce
su profesión de abogado. En temas de Derecho ha publicado "Desde Alcorta,
50 años de legislación agraria"; "Cartas a los campesinos"; "Comentario al
proyecto de ley agraria (1974)"; "La nueva ley del fuero laboral", y
numerosos artículos periodísticos.
En 1985 se editó su libro testimonial "Con mis hijos en las cárceles del
proceso", -su propia experiencia- sobre la vida de los presos políticos
sometidos a tratamiento especial de represión dentro de las cárceles de la
dictadura militar entre 1976/83.
En Cautivo en Fraile Muerto y otros cuentos simples (1992), Bondone se
muestra como un agudo observador de la realidad, a la que transporta en una
literatura accesible para el lector, que lo ubica en los lugares y
personajes de los sucesos sintiendo que cada relato le propone una
reflexión. "Durante largo tiempo fui recopilando los relatos y cuentos que
presento (comenta Bondone en el prólogo a su trabajo). Son simples y
breves. Todos vienen de una raíz común: personajes, circunstancias y
sucesos, vienen de la realidad. Por cierto que al hecho primitivo y
originario le he agregado la creación literaria, con alguna dosis de
imaginación. En "Regreso de Malvinas" mi intención era distinta, quería
insertar un relato de mayor envergadura, comenzando por el conocimiento que
el soldado tenía de Malvinas y la descripción de su experiencia total. Es
decir, otro tipo que el que presento, distinto. ¡Pero me quedé en la
metáfora del olvido! Ese golpe brutal y despiadado que sufrieron los
heroicos soldados, parte humana de la desmalvinización con que una
dictadura infame trató de tapar y ocultar sus errores e improvisaciones,
tanto como su verdadera intención en el suceso bélico."


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