[P/L@] Homenajes
29 de mayo de 1969
A 33 años del Cordobazo, recogemos interesantes testimonios aparecidos en
la revista "Los '70" (www.los70.org.ar), agradeciendo a nuestros amigos de
esta valiosa publicación la posibilidad de reproducir parte de sus artículos.
Sugerimos visitar también nuestros anteriores ejemplares [P/L@ 98 y 263]*
dedicados a esta gesta popular y nuestra página dedicada al querido Agustín
Tosco en:
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/files/Tosco/Toscordobazo.htm
P/L@
El jueves 29 de junio de 1969 los obreros cordobeses, apoyados por todo el
pueblo, protagonizaron una protesta que no sólo torció el designio de una
dictadura que había llegado para quedarse mucho tiempo, sino que encarnó en
su seno una protesta contra años de atropello y represión. Desde las
huelgas estudiantiles del 66 hasta los asesinatos de Juan Jose Cabral en
Corrientes y de Adolfo Bello en Rosario, la lucha obrero estudiantil
encontraría en las calles de Córdoba el escenario de su concreción máxima y
con ella la experimentación de nuevas formas de resistencia contra la
burocracia sindical y las viejas estructuras representativas.
El 29 de mayo de 1969 estalló Córdoba. Ese día la acción directa de los
obreros industriales -verdadero músculo de la rebelión-, apoyados por toda
una ciudad, condensó en unas pocas horas una larga acumulación de
experiencias prácticas y de ideas políticas que se fundieron para darle una
nueva forma al protagonismo social.
Si hay un hecho que puede resumir la estética de los 70, ese hecho es el
Cordobazo. Todo lo que hay de irreductible a la institucionalización, de
fugaz, transitorio, inacabado en el proceso político de esos años, estará
anticipado en ese día inolvidable.
El Cordobazo fue puro movimiento, acción, riesgo, asumidos de cuerpo
presente por sus protagonistas. Es lo que el mexicano Jaime Labastida
llamará después "la estética impura de la acción".
La tarde del 29, los manifestantes descubrieron con asombro que la ciudad
era suya. Esa apropiación tuvo un doble contenido: se destruyó todo lo que
representaba opresión e injusticia social -sedes de las compañías
transnacionales, edificios militares, IICANA, la Confitería Oriental- pero
se preservaron celosamente la propiedad de los vecinos y los edificios
públicos que no eran símbolos de represión y autoridad.
Ese día, un numeroso grupo de obreros y estudiantes le prendió fuego a las
oficinas de la compañía estadounidense Xerox, en la Avenida Colón. Pero
cuando las llamas amenzaban envolver todo el edificio y, por lo tanto, a
las viviendas de los pisos superiores, la angustia ganó a los manifestantes.
Una rápida asamblea de barricada decidió enviar una delegación hasta la
sede de los bomberos, en el propio barrio Clínicas, a una cuadra de la
Plaza Colón y al lado de la seccional Tercera. La seccional y los bomberos
se habían encerrado a cal y canto, de modo que los enviados golpearon la
puerta de la Tercera y a los gritos explicaron la situación a los policías.
Poco después, los manifestantes y periodistas que habían quedado a la
espera frente a Xerox, vieron llegar el temible Neptuno conducido por los
bomberos de la policía y rodeado por estudiantes y obreros que le abrían
paso con improvisadas banderas blancas. Las crónicas recuerdan la algarabía
general de ese momento y que, después, cuando el Neptuno hubo apagado el
fuego, una lluvia de piedras lo redujo a chatarra.
La violencia y la solidaridad fueron la pulsión del Cordobazo.
CÓRDOBA INSURGENTE
Los hechos y los protagonistas en una crónica sobre el 29 de mayo de 1969,
las discusiones y los acuerdos en medio de la histórica protesta.
por Angel Stival y Juan Iturburu
En el anochecer del jueves 29 de mayo de 1969, la ciudad de Córdoba estaba
envuelta por un humo de distintos tonos de gris, según el material que
ardía en las hogueras y barricadas. Desde colchones viejos hasta
automóviles fueron a parar a la la furia del fuego antidictatorial,
indiscutible consigna de unidad del Cordobazo a partir de la cual después
se discutiría casi todo acerca de los contenidos del estallido.
A la media tarde de ese día, el fuego comenzaba a atenuarse cuando la IV
Brigada de Infantería, al mando del general Jorge Raúl Carcagno, avanzaba
lentamente por la Avenida Colón para "recuperar" la ciudad tomada.
La tarea no fue fácil porque, en la periferia de los escenarios principales
de la batalla, persistían focos de resistencia que duraron hasta el día
siguiente, cuando en los centros de poder recién lograban recomponerse para
solicitar un escarmiento.
Así, la Bolsa de Comercio de Córdoba hizo sentir su voz indignada
reclamando "severas sanciones para los autores de la depredación y el pillaje".
El gobierno nacional, que encabezaba Juan Carlos Onganía, no varió su
tozuda filosofía represiva y creó, mediante un fulminante decreto, el
Consejo Especial de Guerra que juzgaría sumariamente a quienes "atentaron
contra el orden y la seguridad públicas".
Para el comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, Sánchez Lahoz, quien
había comandado el operativo de represión desde su despacho, los sucesos
eran causados por "la intervención de células comunistas, internas e
internacionales".
Del otro lado de las barricadas, en la noche del 29 quedaban algunos pocos
obreros fabriles, sector que fue la columna vertebral de la impresionante y
arrasadora manifestación de fuerza del pueblo cordobés.
Espontáneo u organizado, oportunista o revolucionario, el Cordobazo plantó
una estaca mortal en el corazón del régimen y, al tiempo que mostró la
fuerza de los trabajadores en pie de lucha, dejó expuestos sus límites para
acceder al poder político.
Pero, en la oscuridad de la noche del 29, comenzaron a brillar las ideas
que presidirían el debate político en la década siguiente.
LAS CARTAS SOBRE LA MESA
La torpe política del gobierno de Onganía había empujado la unidad en la
acción de sectores gremiales que políticamente, tenían muy poco en común.
Por sobre la CGT de los Argentinos --antecedente decisivo del Cordobazo,
aunque en ese momento fuera más una referencia ideológica que un
instrumento concreto de lucha--, legalistas (vandoristas), ortodoxos
(peronistas de derecha) e independientes (comunistas, radicales e izquierda
independiente), coincidieron en lanzar el paro activo del 29 de mayo.
El lucifuercista Agustín Tosco y el mecánico Elpidio Torres fueron las
mayores figuras del Cordobazo, pero en su elaboración y concreción también
estuvo el importante gremio de los choferes (UTA) que encabezaba Atilio
López, además de Miguel Angel Correa (maderero), Héctor Castro (ATE), Jorge
Canelles (UOCRA), Carlos Borelli (petroleros), quienes tuvieron activa
participación en las luchas previas que prepararon el clima de la rebelión.
En rigor, puede decirse que la gestación de este gran movimiento duró casi
tres años, ya que comenzó con las luchas estudiantiles del 66, cuyo
resplandor persistió hasta 1969 y que dejó un movimiento estudiantil
activo, fuertemente influido por las movilizaciones de la CGTA y por sus
propias reivindicaciones.
La conciencia antidictatorial del estudiantado universitario no estaba en
duda. Más aún, en su interior fluía un proceso de incesantes rupturas
políticas y reagrupamientos, reflejo de profundas tendencias de cambio que
latían en la sociedad.
Los obreros de la industria automotriz, por su parte, en especial los de la
planta de Ika Renault, en Santa Isabel, se habían templado en la lucha por
sus propias reivindicaciones, contra el llamado sábado inglés y las quitas
zonales.
Los choferes de la UTA también venían de duros enfrentamientos con las
empresas de transporte urbano de pasajeros, que recién comenzaban a
constituirse tras el desmantelamiento un tanto desprolijo de la Corporación
Argentina del Transporte Automotor (CATA).
Toda la población, en fin, de una Córdoba libertaria, portadora de una
rebeldía legendaria y que ahora atravesaba un momento especial de su
historia, no soportaba el opresivo clima impuesto por la dictadura.
A LAS PIÑAS EN EL CÓRDOBA SPORT
"Ciudad en convulsión: Hoy sin transporte y mañana paro total", titulaba el
vespertino Córdoba su edición del 15 de mayo de 1969. A 14 días del
Cordobazo, no podía pintarse mejor el clima existente en la ciudad.
Detrás de todo, estaban Smata y Uta. El gremio de los choferes de
transporte urbano intensificaba las medidas de fuerza para reclamar la
antigüedad y la estabilidad para los trabajadores de la anterior empresa,
la CATA, que habían pasado a las firmas ganadoras de la licitación hecha
por la Municipalidad.
Por ese motivo, la UTA lanzó un paro para el 5 de mayo que se cumplió en un
clima de violencia, con varios atentados a los ómnibus que circulaban
manejados por sus dueños.
El 12 de mayo, el gobierno nacional dio a conocer la ley 18204 que
establecía un régimen de descanso desde el sábado a las 13 hasta el domingo
a las 24 (sábado inglés).
La reacción no se hizo esperar: las dos CGT lanzaron un paro para el
viernes 16 de mayo, que se convierte en paro de 48 horas, esta vez sí
masivo y contundente, de los choferes que peleaban por el reconocimiento de
su antigüedad.
El miércoles 14, el Smata convocó a una asamblea de afiliados en el mítico
Córdoba Sport Club, una suerte de Luna Park cordobés en el que se
realizaban festivales de boxeo y se disputaban los partidos de básquetbol
más importantes (incluso los de las Olimpíadas Universitarias, por lo que
era un lugar familiar para los estudiantes).
Pese a la prohibición policial, los obreros abandonaron sus puestos de
trabajo, subieron a sus ómnibus y se encaminaron hacia el centro, donde
arribaron como un aluvión.
A las 15.30 había más de 2.500 en el local de la calle Alvear, cerca de la
Avenida Olmos. Afuera, en las calles adyacentes, se concentraban
rápidamente los patrulleros y los carros de asalto de la infantería policial.
Con Elpidio Torres (secretario general del Smata Córdoba) y Dirk
Kloosterman (secretario nacional del gremio) como oradores, la asamblea
aprobó por aclamación el paro de 48 horas, en medio de un tenso clima que
se convirtó en silencio absoluto cuando Torres pidió que se obviara la
lectura de los considerandos porque en cualquier momento entraba la policía.
El pedido, formulado por el propio Torres, de que los asambleístas se
retiraran ordenadamente, fue infructuoso. Los obreros enfrentaron a la
policía en Lima y Alvear (esquina opuesta a la de la avenida Olmos) y la
batalla ocupó el centro de la ciudad, extendiéndose por las calles
Catamarca, Maipú, 25 de Mayo y San Martín. El duelo de piedras y palos
contra gases lacrimógenos y balas, que los estudiantes cordobeses conocían
muy bien, repetía las batallas de 1966.
Precisamente, el 19 de mayo el gobierno cerró la Universidad "por el actual
clima de agitación". Los estudiantes, que habían lanzado las "jornadas de
agitación y lucha", intentaron una marcha que fue prohibida por la policía.
En la iglesia del Pilar se realizó una misa para recordar la muerte de
Santiago Pampillón y nuevamente se enfrentaron policías y estudiantes.
Simultáneamente, los alumnos de la Universidad Católica aparecieron en
escena a través de un paro solidario con sus colegas estatales.
LA FÓRMULA DEL PARO ACTIVO DE 36 HORAS
Agustín Tosco, Elpidio Torres y Atilio López tenían, cada cual, una de las
llaves para abrir las puertas del Cordobazo. Las diferencias políticas,
sobre todo entre Tosco y Torres, eran muchas, pero las bases empujaban
mientras el gobierno, con una ceguera política que pasaría a la historia,
le cerraba caminos a Augusto Timoteo Vandor, quien, por otro lado, apostaba
ahora a golpear la dictadura y negociar en mejor posición.
El guiño del dirigente metalúrgico fue suficiente para decidir a Torres;
Tosco tragó saliva y el contacto fue una célebre cena en que se unieron las
fuerzas de ambos gremios. El documento, redactado en el ámbito del
sindicato mecánico, fue llevado por Tosco a la CGT de los Argentinos, que
funcionaba en el local tradicional de la Avenida Vélez Sársfield (hoy es
sede de una dependencia del Banco Social de Córdoba), en tanto que Elpidio
lo presentó en la CGT vandorista, cerca de la Maternidad Provincial.
El paro activo de 36 horas que se aprobó entonces marcó una nueva modalidad
de lucha que se pondría a prueba en las calles cordobesas.
El plan consistió en mantener el funcionamiento del transporte urbano de
pasajeros para llevar a los obreros a su lugar de trabajo, cumplir
normalmente las tareas hasta media mañana, abandonar las fábricas a partir
de esa hora y encolumnarse para marchar hacia el centro y, finalmente,
realizar un acto de protesta frente al local de la CGT de los Argentinos.
El clima en las fábricas del entorno industrial cordobés era de una enorme
efervescencia. Los obreros, por lo menos quienes estaban al frente de la
movilización, sabían que chocarían con la represión policial. Pero estaban
organizados, los animaba el odio antictatorial y habían acumulado confianza
en su propia fuerza.
El 29 de mayo, desde Materfer, Fiat Concord, Grandes Motores Diesel y
Perkins, por la Ruta 9; desde Perdriel e Ilasa, en las cercanías del
aeropuerto de Pajas Blancas; desde la central de Lima y Maipú de la Empresa
Provincial de Electricidad de Córdoba (EPEC), pero, fundamentalmente, desde
Santa Isabel, por el camino a Alta Gracia, las columnas obreras, sólidas,
compactas, cargadas de fuerza y rebeldía, harían trizas los sucesivos
cordones policiales que esperaban armas en mano.
En su avance hacia el centro, la marcha arrastraba a los trabajadores de
centenares de fábricas pequeñas y talleres que encontraba a su paso.
El arquetipo de las batallas que, ese día, se libraron en distintos
sectores, fue la que protagonizaron, cerca del mediodía, 5.000 obreros
mecánicos frente al Hogar Pablo Pizzurno, en la Avenida Vélez Sársfield.
Los esperaba alli el primer escollo policial, salvado con cuanto elemento
contundente pudiera ser arrojado. La columna de obreros se partió en dos:
una parte se desplazó hacia el centro por la Ciudad Universitaria,
arrastrando a los estudiantes que en ese momento estaban en el comedor
univeristario, y la otra ingresó a los barrios Güemes y Observatorio, donde
los manifestantes se sorprendieron por la solidaridad de un barrio poblado
por estudiantes y trabajadores que se atrincheraron de inmediato para resistir.
A las 12,30, entretanto, una batalla campal hacía retroceder a la policia
en las inmediaciones de la plaza Vélez Sarsfield y, muy cerca de allí, en
Bulevard San Juan y Arturo M. Bas, caía la primera víctima fatal, Máximo Mena.
La reacción fue inmediata y en cadena. Con furia, los manifestantes se
adueñaron de la ciudad, levantando verdaderos muros de contención
(barricadas) contra la policía, que debió replegarse a sus cuarteles
dejando la ciudad en manos de los trabajadores, quienes recibían el apoyo
de los vecinos.
Hitos de esa lucha fueron la toma del Círculo de Suboficiales del Ejército,
en San Luis y La Cañada, los incendios de la firma estadounidense Xerox y
de Citroen, en la avenida Colón, de las oficinas de la Dirección General de
Rentas, en Mariano Moreno y Caseros, de la Aduana, en Chacabuco al 400.
La llegada del Ejército, junto con las sombras de la noche, el allanamiento
a la CGTA, la detención de dirigentes y su juzgamiento y condena por los
Consejos de Guerra (Canelles, 10 años de cárcel; Tosco, 8 años; Elpidio
Torres, 7) fueron la respuesta de una dictadura que acusaba al comunismo
internacional como responsable de semejante pueblada.
"Vengo a cortar la cabeza de la víbora comunista", dijo el gobernador
Uriburu, reemplazante de Caballero. Poco después, una jornada similar al
Cordobazo, que el ingenio popular llamó el Viborazo, terminaría de
convencer a las clases dominantes de que, si querían conservar el poder sin
tamaños sobresaltos, debían buscar un camino distinto al que habían
ensayado con el golpe de 1966.
Tomado de: http://www.los70.org.ar/n03/index.htm
Para leer más sobre el Cordobazo:
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/files/Tosco/Toscordobazo.htm o
[P/L@98] Documentos: A 30 años del Cordobazo -
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/101
[P/L@263] Homenajes: Córdoba, 29 de mayo de 1969 -
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