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[P/L@585] Reportaje a Leon Gieco   Lista de mensajes  
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1998 - 25 de agosto - 2002
Literatura e Ideas del Mundo Necesario
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[P/L@] Reportaje a León Gieco

Gieco cuenta porque hace lo que hace por los demás
"Hay que enseñar solidaridad en las escuelas"
Cada vez que alguien lo necesita, León Gieco aparece; recibe a los
músicos del interior y los difunde; actualmente prepara recitales
para la madre de Miguel Bru, la familia Bordón y los comedores de
Farinello.
Uno de los artistas más comprometidos de la Argentina explica por qué
elige cantar gratis para "la gente que lucha" y para los que menos
tienen.
Por Reynaldo Sietecase

Yo repartía carne en mi pueblo y un día me di cuenta de que todos los
martes y jueves había dos linyeras que bajaban del tren, cuando iban
para Tucumán y cuando venían. Venían, bajaban y tenían las latitas
para hacerse algo de comer. Entonces se me ocurrió, entre todos los
paquetes, robarle al carnicero un cacho de carne con hueso y
llevárselo a los linyeras para ver cómo reaccionaban. Yo manejaba una
bicicleta con un cajón adelante con los paquetes. "¿Qué tal, cómo les
va", les decía yo. Y enseguida les dejaba la bolsita. "¡Carne!",
gritaban los tipos. Con eso se hacían un asadito o un pucherito y
parecían felices..."

León Gieco entrecierra los ojos y vuelve a ver a ese niño de 7 años
que cruza veloz con su bicicleta las calles polvorientas de Cañada
Rosquín y sonríe. Tal vez en ese gesto infantil haya nacido su
extraordinario compromiso por los demás, la vocación solidaria que lo
distingue entre sus pares. Eso y que pasó hambre. "Hambre en serio",
me advierte.
La charla con León en la planta alta del teatro ND/Ateneo -posterior
a la conferencia de prensa donde se anunció un ciclo de conciertos
destinados a obtener alimentos para los comedores de Luis Farinello-
deriva hacia el tema que se ha convertido en su obsesión desde hace
años: ¿qué hacer? ¿Cómo ayudar?

"Lo único que te salva es la cultura -dice Gieco-, la cultura nunca
defraudó a nadie, los artistas no son corruptos. La cultura siempre
está pero en este momento se destaca mucho más porque hay una
impunidad, una injusticia total y un gran desastre social..."
-¿Cómo decidís a quién ayudás?
-El año que viene quiero hacer un grupo de gente, dos o tres personas que puedan
atender los pedidos que me hacen. Yo me desvivo para ir a
tocar gratis para alguien que lo necesite o alguien que tuvo un dolor
fuerte pero que transformó ese dolor en otra cosa. Por ejemplo, ahora
vamos a ir a tocar para los Bordón, que al hijo se lo mataron en
Mendoza y ellos de alguna forma u otra quisieron que ese pibe siga
teniendo vida y formaron un comedor infantil que se llama como su
hijo. O para Rosa Bru, a quien le mataron a su hijo pero luchó y
logró mandar a la cárcel a los culpables. El martes pasado fui a La
Plata a apadrinar la Asociación Miguel Bru donde ella va a tener
inclusive un teléfono nocturno para que una madre a la que le
detuvieron a un hijo o lo están torturando pueda llamar y conseguir
un abogado. No puedo dividirme en diez para cumplir con todos los
pedidos, pero trato de relacionarme especialmente con la gente que
lucha. No puedo escuchar todos los demos que me acercan ni leer todos
los libros que me regalan, pero no me quiero perder la oportunidad de
hacer contacto con toda esa gente que está luchando, esa red
solidaria, que dignifica la vida.

-Le dedicás gran parte de tu tiempo a esa tarea. ¿Cuál es el límite
de la solidaridad?
-Siempre dije que tengo una meta. Y se lo debo a uno de mis maestros musicales
que se llama Pete Seeger. Yo tengo varios maestros
musicales, como Atahualpa Yupanqui, Bob Dylan, Silvio Rodríguez...
maestros de los que aprendí muchas cosas. Una vez traje a tocar a
Pete Seeger acá a la Argentina, tocó gratis, no le pudimos pagar
porque era la época de Alfonsín donde una entrada costaba un dólar y
se fue todo en gastos. Apenas quedó una ganancia de 400 pesos que
eran 400 dólares, y le dije: "Mire, Pete, usted que ahora se va a
Nicaragua -su hija vivía allí y tiene un nieto nicaragüense, un día
en que me acuerdo que había un eclipse de luna-, usted esta noche va a viajar en
el avión y va a ver el eclipse mucho mejor que nosotros.
Yo le doy la ganancia de los tres recitales que hicimos en el Opera y
usted déselo a un hospital en Nicaragua". Entonces Pete llevó eso a
un hospital de Nicaragua y al tiempo me llegó una carta con una hoja
de un árbol pegada en la carta. Era una hoja de árbol de ese
hospital. Pete me decía: "Este es el recibo del hospital que recibió
la plata". Pasaron unos seis o siete años de ese día y volvió al país
auspiciado por la embajada de Estados Unidos a hacer unas clínicas
didácticas en el Colegio Nacional y en el Teatro San Martín. Yo
aproveché para ir a verlo y le propuse hacer una gira por el
interior "porque ahora sí podíamos ganar algo de plata". Después de
escuchar mi propuesta, Pete me dijo: "No, yo no cobro más las
presentaciones". Yo no lo podía creer. Y agregó: "No, si vos querés
hacemos una gira sin cobrar. Ya saqué el cálculo de que puedo vivir
con la plata que gané y a partir de ahora las presentaciones mías son
gratis". De los maestros hay que aprender. Entonces, yo tomé muy
seriamente eso y me di cuenta de que me hace mucho mejor tener como
meta decir: quiero establecerme económicamente para poder tocar para
la gente que lo necesita y nada más.
-Pero esa actividad tan intensa, ¿no te quita tiempo para crear?
-No estoy de acuerdo... me puede sacar tiempo para crear pero no
creatividad. En realidad la creatividad es una cosa rara porque vos
podés componer estando en el baño de un tren... Yo compuse La Navidad
de Luis sentado en un inodoro. Me llevaba la guitarra ahí cada vez
que iba al baño porque tenía reverberancia. Así salió la canción. Y
en un día salió Sólo le pido a Dios y Cachito campeón de Corrientes.
Una vez le preguntaron a Lito Nebbia cuánto tiempo le llevó componer
Sólo se trata de vivir, uno de sus temas más hermosos, y dijo: "La
compuse en un día, en un día y 35 años".
-Pero también dejás de ganar dinero...
-Respecto de no ganar dinero, tengo otras cosas a nivel profesional
para hacerlo. Sería mucho más valioso para mí seguir el camino de un
médico como Esteban Maradona, que se quedó en el Chaco para atender a
los indios o el de la hermana Pelloni, con esa mezcla de solidaridad
y política que tiene y que es tan esclarecedora.
-¿Participarías en política?
-No, porque esa es una materia específica y hay que estudiar para
hacerlo bien. Además hay que tratar con gente despreciable. No, la
verdad que no haría política. Si algún día cambiara el país, si este
país tuviese un tipo como Salvador Allende a lo mejor podría ser su
secretario de Cultura, pero así no, para nada.
-¿Por qué siempre son los mismos los artistas que apoyan este tipo de causas?
-Pasa lo siguiente: la solidaridad se debería incentivar. Por eso
propongo que se enseñe como materia en los colegios. Explicarles a
los pibes desde chiquitos qué es la solidaridad. Explicarles que se
trata de ocuparse del vecino, del que está al lado. Entonces el día
de mañana, por ejemplo, cuando venga un policía a buscar a su vecino,
saldrán a la calle y dirán: "¿Por qué venís a buscar a mi vecino?", y
no se callarán cuando el policía o el militar les muestren sus
uniformes. "¿Y a mí qué me importa que vos seas policía?", dirán.
-No todos los músicos son tan solidarios.
-Mirá, hace un tiempo yo estaba grabando en los Estados Unidos y me
llegó un afiche de Aerolíneas Argentinas cuando la empresa se calcinó
y me enteré de la cantidad increíble de músicos que iban a tocar para
los empleados de Aerolíneas. Qué bueno, dije, qué bueno que todos
estos músicos toquen también para las Madres de Plaza de Mayo, para
HIJOS, que vayan a tocar frente a la ESMA... porque si no nos
solidarizamos con la lucha de las diferentes entidades que luchan no
podemos lograr nada. Yo en ese momento le hubiese hecho un pedido a
esos trabajadores: Okey, no se olviden de Cabezas, de las Madres, de
todos los demás, que también a ustedes, que estaban tranquilos con su
trabajo, les tocó la malaria. Yo quiero demostrar que la tragedia no
se siente hasta que no llega a tu puerta.
-Hablás con una convicción que impresiona. ¿Qué te mueve? ¿Dios?
-No, no. No sé qué es Dios.
-¿Nunca te cansás de la gente? Parece agobiante que te paren mil
veces y que te pidan cantar aquí y allá.
-La verdad es que no sé... A veces uno siente como que hay alguien
que va delante de uno, que le pertenece a uno, que es como un ente
que va adelante y hace cosas y después viene éste a bancársela, y que
ese que va adelante tiene la personalidad y el sentimiento del que
viene atrás. Por ejemplo, cuando te vas a tu casa en auto después de
un recital y pensás: "Qué bueno, estos pibes van a comer una semana
más", ahí está la conciencia, pero antes yo no fui consciente de que
un recital permitiría lograr eso.
-¿Cuándo descubriste esa vocación por ayudar a los demás?
-Yo tenía seis o siete años y repartía carne en la carnicería de mi
pueblo. Trabajaba de 6 a 10 repartiendo carne y de 10 a 12 trabajaba
con una señora imposibilitada. Como ella no podía salir a la calle,
yo le hacía los mandados. Por la tarde iba al colegio. Con lo que
ganaba les pagaba las cuentas a mi vieja y a mi viejo. Llegué a ganar
más plata que mi papá a los siete años y mi vieja se lo recriminaba.
Eso por un lado me ponía orgulloso y por el otro me ponía triste,
aunque mi viejo no era un tipo para tenerle lástima, era un tipo muy
creativo, pintaba casas, era una especie de albañil. Ahora cuando yo
le pagaba las cuentas a mi vieja sentía una satisfacción total. Me
encantaba ver cuando la dueña de la despensa, el panadero o el tipo
del almacén de ramos generales abrían la libreta y yo les
decía: "Tache el 40, el 30 y el 70"... y el tipo hacía pim, pim, pim
y yo le daba la plata. Sentía una satisfacción total.
-¿Qué otra cosa de tu infancia te marcó?
-Tengo otro recuerdo de esos años. Yo repartía carne y un día me di
cuenta de que todos los martes y jueves había dos linyeras que
bajaban del tren, cuando iban para Tucumán y cuando venían. Eran
linyeras. Venían, bajaban y tenían las latitas para hacerse algo de
comer. Entonces se me ocurrió, entre todos los paquetes de la carne,
robarle al carnicero un cacho de carne con hueso y llevárselo al
tachito a los linyeras para ver cómo reaccionaban. Yo manejaba una
bicicleta con un cajón adelante con los paquetes. "¿Qué tal, cómo les
va", les decía yo. Y enseguida les dejaba la bolsita. "¡Carne!",
gritaban los tipos. Con eso se hacían un asadito o un pucherito y
parecían felices...
-Eras una especie de Robin Hood.
-Todos los martes y los viernes me afanaba un cacho de huesos y carne para esos
tipos. Me esperaban. Yo aparecía a las nueve y media con la
bici y ellos se paraban, tenían un hambre loco. Y yo sabía lo que era
eso. El año anterior a trabajar en la carnicería, con mi familia
pasamos hambre. Mi viejo tenía el problema del alcoholismo y se venía
en sulky del campo al pueblo para tomar y jugar a las cartas... y de
pronto lo subían al sulky y le ataban las riendas y el caballo lo
traía solo al campo. Entonces mi viejo dormía en ese momento.
Llegaba, se ponía a ordeñar las vacas y puteaba. Entonces en un
momento se cansó del campo y nos llevó a todos al pueblo. En realidad
nos llevó a todos al bar. Ese año fue muy difícil para mi familia, mi
padre no trabajaba y realmente no morfábamos.
-Es decir que a diferencia mía, por ejemplo, cuando hablás del hambre sabés de
qué se trata...
-Sé lo que es el hambre. Me cagué de hambre dos veces en mi vida.
Durante ese año y pico y me cagué de hambre cuando vine a Buenos
Aires. En esta ciudad adelgacé 25 kilos. Sé del hambre porque
entonces no comía. Partíamos el dinero y comíamos cuando podíamos un
plato de fideos dividido entre dos, Horacio y yo. Horacio era el
bajista de Los Moscos. Nos habíamos venido acá y nos cagamos de
hambre tanto que él, en un momento, a los tres meses consiguió
trabajo en La Vascongada y se robaba las bolsas de fruta cortada para
el yogur y comíamos sólo eso. Me despertaba a las cinco y media de la
mañana, cuando llegaba de trabajar, para comer la bolsa de frutas del
yogur. Conozco el hambre.
-Te pregunté por qué hacés lo que hacés y me contaste dos situaciones de tu
vida. ¿Sos solidario por lo que te pasó?
-Sólo te lo comento, pero si hay algo atrás de eso no lo sé. Igual
creo que la solidaridad es algo que se puede incentivar.
-A vos te hace feliz...
-A mí me hace bárbaro, no me cansa, todo lo contrario. ¿Y vos me
preguntás cuál es el límite? ¿Sabés cuál es el límite? No hay límite.
¿Cuál es el límite? Cuando te enfermás y creés que todo lo podés
hacer vos y cuando tenés la culpa de que esto sucede porque no podés
ayudar. No. Eso no va. Hay que hacer lo que uno puede hacer, como yo
le dije a Rosa Bru el martes pasado. Ella está organizando una red de
ayuda para madres de chicos que pueden ser víctimas de la brutalidad
policial. Rosa me preguntó: "León, ¿en qué lío nos vamos a meter?", y
yo le respondí: "Mirá, Rosa, con que defiendas a alguna madre ya
ponete contenta, si defendés a dos ponete feliz, si defendés a tres,
empezá a saltar de alegría. No creas que vas a poder hacer todo”.
Estamos de paso en la vida y tenemos que hacer algo porque no hay
nada más hermoso que hacer algo por alguien y nada más pelotudo y
aburrido que nunca hacer nada por nadie.
-Cuando se haga la Universidad de la Solidaridad te voy a proponer
como decano. ¿Qué te parece?
-Cómo no.
-Después de Bandidos rurales, ¿cuál es el proyecto que más te
entusiasma?
-Quisiera dejar algo. Por ejemplo tengo en mente convertirme en
trashumante y buscar el día de mañana hacer bien lo que se llamó De
Ushuaia a La Quiaca. La cosa sería instalar un micro en Jujuy durante
cinco meses y en esos meses recopilar una cosa general de la cultura
de Jujuy, por ejemplo los paisajes, los escritores, los poetas, la
música, los escultores, los pintores, y recopilar todas esas imágenes
y esos sonidos. Hacer esto provincia por provincia. Cosa que el día
de mañana un pibe diga: “Necesito información sobre la cultura del
noroeste argentino” y entonces pueda ir a Internet y con sólo
teclear: De Ushuaia a La Quiaca se encuentre con un completo trabajo
que hizo un tal León Gieco, quien ya falleció hace 50 años. Me
encantaría dejar eso y es un proyecto que me llevará tres o cuatro
años hacerlo y creo que ya lo puedo hacer y autofinanciar porque voy
a montar un espectáculo unipersonal como para poder bancarlo cuando
no tengamos guita para comer.
-Ya hablamos de lo que te entusiasma. ¿Cuáles son las cosas que te
dan bronca?
-Quizás haga esto para no tener bronca, porque si no hiciera todo
este trabajo solidario me moriría de impotencia. No sé que me
pasaría, me picaría todo el cuerpo. ¿Qué haría yo con la impotencia?
¿Cómo podría ver tanta impunidad, tanta injusticia sin hacer nada? Es
muy difícil eso, esa injusticia, esa impunidad, las mentiras
políticas. Menem está hablando otra vez del uno a uno cuando ya se
sabe que es un discurso viejísimo y que no sirve para nada porque el
uno a uno permite que una camisa norteamericana valga tres veces
menos que una camisa argentina, es un desastre el uno a uno.
-En un momento se dijo que Daniel Hadad te había ofrecido hacer toda la
programación musical de La Mega...
-No fue Daniel Hadad. Fue la gente de la radio La Mega. No sé qué
relación tiene La Mega con Hadad, si es la misma radio, puede ser,
pero no tengo ninguna relación con Hadad. Todo lo contrario, estoy
totalmente alejado de su ideología, él no me puede ofrecer
absolutamente nada ni yo aceptaría nada de él. El que me lo vino a
ofrecer fue un americano que no me acuerdo cómo se llama, fue el que
creó La Mega para difundir rock nacional. ¡A un americano se le
ocurrió eso! Ese mismo tipo fue el que me vino a ofrecer un programa
dentro de La Mega. Consistía en que pasáramos los demos que recibo
todo el tiempo en la radio.
-Harías el programa aun sabiendo que la radio es de Hadad...
-No sé, lo que pasa es que yo no sabía que era de Hadad. Sé que las
radios a veces tienen diferentes programaciones. Primero no lo voy a
hacer porque no puedo. Después, no sé si él es de la idea de hacer un
programa de rock nacional. No lo creo. Además, yo no relacionaba a La
Mega con Hadad. Ahora es como que te escrachen por tener un programa
en Radio Nacional y te escrachen con Duhalde.
León vuelve a abrir su sonrisa para cerrar la nota. Ofrece una taza
de té. En la planta baja del teatro lo espera una decena de tipos
que, como él, encuentran alegría en medio de la pelea.


El museo de león

La casa de León Gieco en Cañada Rosquín se convertirá en breve en
museo. Desde que apareció en la portada del CD Bandidos rurales, el
lugar se convirtió en un sitio de peregrinación de sus fans. Gieco
quiere aprovechar para colocar allí la enorme cantidad de objetos de
arte e instrumentos que le regalan en cada una de sus giras. "Me dan
demos, libros, ropa, instrumentos, artesanías... me regalan cuadros,
cosas trabajadas en metal, esculturas, tallas de madera. Entonces se
me ocurrió que así les puedo dar utilidad y exponerlos en una suerte
de museo o como se llame en mi pueblo, para que la gente las pueda
ver", asegura.

Tomado de: Revista Veintitres Nro. 216
http://www.data54.com/xxiii/216/Nota03.htm
URL de este número:
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