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[P/L@640] Homenaje a Augusto Monterroso   Lista de mensajes  
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[P/L@] Homenajes

Febrero 8 de 2003
FALLECIO AUGUSTO "Tito" MONTERROSO (1921-2003)

Gabriel García Márquez, Alvaro Mutis y Elena Poniatowska son algunos de los
autores que despedirán hoy los restos del escritor guatemalteco Augusto
Monterroso, que murió a los 81 de un paro cardíaco en la Ciudad de México,
que lo asiló desde 1944. Desde Montevideo, el escritor uruguayo Eduardo
Galeano y su mujer Helena enviaron a Página/12 un mensaje de despedida:
"Cuando despertemos, el Tito Monterroso seguirá estando aquí".

(Pirulo de Tapa del diario Pág./12. 9/2/03)

***

Augusto Monterroso: el último fabulista

El escritor Augusto Monterroso ha dedicado casi toda su obra a la narración
corta siendo por ello considerado un auténtico fabulista. Su forma de
entender la literatura le ha llevado a conseguir el Premio Principe de
Asturias de las Letras. Un intelectual serio y riguroso sin pretensiones
grandilocuentes que se ha movido entre el humor y la ética para desarrollar
cada uno de sus cuentos.
Nacido en Honduras y guatelmateco por propia voluntad Augusto Monterroso ha
dedicado su vida a la literatura, consiguiendo hacer de las fábulas un
instrumento de comunicación narrativa que ha traspasado fronteras, superado
estilos y recreado mundos cargados de profunada reflexión, coherencia y
humor. Fue profesor de literatura en la Universidad Autónoma de Mejico,
trabajó en la revista La Gaceta de Chile y es miembro de la Asociación de
Mejicana de Escritores.
Escritor y ensayista que se ha convertido en cumbre de la narrativa corta
hispanoamericana de este siglo y que en modo alguno rechaza sus
influencias: Proust, Clarín, Calvino,... y sus propios ascendentes
familiares, de entre los que abiertamente destaca la imborrable memoria de
su padre y la de los escritores e intelectuales que formaron parte del
entorno de éste.
En 1999 publicó en España su último libro, "la vaca", y en el año 2000
recibió el galardón Príncipe de Asturias. De Augusto Monterroso podrán
escribirse tratados y estudios más o menos exhaustivos pero en todos ellos
se destacará su tremenda originalidad, su tesón para hacer valer el relato
corto y por supuesto siempre será recordado popularmente por ser el autor
del cuento más corto de la historia de las letras: "Cuando despertó, el
dinosaurio todavía estaba allí".
Todo un lujo que formará parte indispensable de la literatura hispana y que
se ha visto reconocido por el Premio del Principado, dejando clara de esta
forma la sensibilidad que esta fundación muestra para con los escritores
que huyen de la comercialización por la comercialización . Se ha premiado
la originalidad y la singularidad estética. Se ha reconocido el esfuerzo de
un escritor que a los casi 80 años y a lo largo de su vida y obra ha sabido
ser considerado como un autor de culto entre sus inumerables seguidores.
Las letras hispanas recordarán la memoria de Augusto Monterroso, el último
fabulista.

***

de Augusto Monterroso
La Rana que quería ser una rana auténtica

Había una vez una Rana que quería ser una Rana auténtica, y todos los días
se esforzaba en ello.
Al principio se compró un espejo en el que se miraba largamente buscando su
ansiada autenticidad.
Unas veces parecía encontrarla y otras no, según el humor de ese día o de
la hora, hasta que se cansó de esto y guardó el espejo en un baúl.
Por fin pensó que la única forma de conocer su propio valor estaba en la
opinión de la gente, y comenzó a peinarse y a vestirse y a desvestirse
(cuando no le quedaba otro recurso) para saber si los demás la aprobaban y
reconocían que era una Rana auténtica.
Un día observó que lo que más admiraban de ella era su cuerpo,
especialmente sus piernas, de manera que se dedicó a hacer sentadillas y a
saltar para tener unas ancas cada vez mejores, y sentía que todos la aplaudían.
Y así seguía haciendo esfuerzos hasta que, dispuesta a cualquier cosa para
lograr que la consideraran una Rana auténtica, se dejaba arrancar las
ancas, y los otros se las comían, y ella todavía alcanzaba a oír con
amargura cuando decían que qué buena Rana, que parecía Pollo.

***

"Guatemala nunca ha dejado de ser parte de mi vida"
Entrevista a Augusto Monterroso
por Francisco Alejandro Méndez

En 1991, tuve la oportunidad de visitar México, país que ha brindado cobijo
a exiliados y refugiados de todo el mundo, especialmente, debido a su
vecindad, a guatemaltecos. En esa ocasión, en el mes de octubre, entrevisté
a algunos escritores nacionales radicados en eses país, entre ellos Luis
Cardoza y Aragón, Augusto Monterroso, Marco Antonio Flores, Marió René
Matute, José Luis Perdomo, Otoniel Martínez, Carlos Solórzano y Julia Esquivel.
Con cada uno sostuve conversaciones sobre su vida y trabajo en México. En
esta ocasión, haré remembranza de la conversación que sostuve con
Monterroso, uno de los más grandes escritores vivos que tiene Guatemala.
Monterroso es mundialmente conocido, a pesar de que su producción literaria
no posee más de 10 títulos; sus cuentos y fábulas han sido traducidos al
alemán, finlandés, italiano, polaco y una docena de idiomas más.
Escritores de la talla de Gabriel García Márquez, Italo Calvino, Asimov,
Carlos Fuentes, Roberto Fernández Sastre, José García Nieto, José Miguel
Oviedo, Carlos Monsiváis, entre otros, han hecho elocuentes comentarios a
la obra de Augusto Monterroso, que viven en México desde hace casi 50 años.


Viaje alrededor de Monterroso

Fue un viernes, cuatro de octubre de 1991. Caminé por la empedrada calle de
Chimalistac, hasta que me detuve frente a una casa tipo colonial.
Monterroso me recibió con su característica timidez y me ofreció un fresco
de tamarindo. Me preguntó si era necesaria una grabadora, por lo que le
expliqué que si le molestaba la guardaría dentro de mi mochila negra.
Sonriendo me dijo que no, y me pidió que empezara con las preguntas. Cada
vez que le lanzaba una interrogante, Monterroso se levantaba, silbaba
alguna melodía clásica, tal vez Aída o Romeo y Julieta, volvía a la silla y
me respondía.
Conversar con uno de los autores más importantes de ese siglo, es
reconfortante, pero a la vez riesgoso. Esto último porque la talla de
Augusto Monterroso es tan grande, que es difícil recabar todo lo que de él
se ha escrito y publicado en libros revistas, periódicos y en la Internet
para después no formularle una pregunta repetida o una que él ya haya
respondido cientos de veces.
Guatemala es un país que aparece generalmente en la nota roja de los
diarios de todos los países, pero las pocas veces que se le conoce como un
país digno es cuando la literatura tiene que ver: no es para menos Miguel
Ángel Asturias, Luis Cardoza y Aragón y Augusto Monterroso son responsables
de ello.
Su obra ha opacado lo despiadado que ha sido este país de apenas 108 mil
kilómetros cuadrados, pero con más muertos y sacrificados que ningún otro
en América Latina. Una sociedad convulsa y que apenas es un proyecto de
Nación. Sin embargo, estos tres grandes maestros hacen olvidar por momentos
lo terrible y lo oscuro de esa sociedad.
Monterroso es un autor que ha demostrado que la concisión y la economía
expresiva son los recursos más poderosos de la literatura, pero también los
rasgos que definen su sincera personalidad.
Cuando conversa con él: ese hombre bajito, con las mejillas sonrosadas,
tiene la sencillez de un anónimo, pero la sabiduría de Sócrates. No
solamente en su literatura, el humor y la ironía son elementos comunes,
también en él se refleja ambas características.
Más de alguna vez ha dicho a un periodista que él (Tito Monterroso)
prefiere hacer las preguntas porque seguramente estará más enterado de
otras cosas.
Y como Monterroso es también un hombre de carne y hueso, pues tampoco está
a salvo de los ladrones: en cierta ocasión, cuando estuve de visita en su
casa, me contó que tres cacos habían entrado a asaltar la casa. Maniataron
a todos, pero antes de hacerlo con él, el propio autor de innumerable
obras, llamó a un teléfono de emergencia para avisar del robo. Cuando los
ladrones se percataron de la denuncia huyeron de la casa. Para fortuna de
él y de la literatura, ya que, por lo general, estos delincuentes matan a
su víctima cuando se percatan de lo ocurrido. Afortunadamente este autor
sobrevivió para contarlo.
"Yo me ocupo de las moscas", ha dicho, especialmente cuando realizó una
antología de ese díptero: "Hay tres temas: el amor, la muerte y las
moscas...yo me ocupo de estas últimas", expresó, en especial en su libro
Movimiento Perpetuo, en el que en un juego satírico recorre numerosos
pasajes de la historia de la literatura en que estos insectos aparecen.
Líneas antes se menciona del riesgo de escribir de este autor, ya que él ha
dicho todo lo que tenía que decir y muy bien y publicado; otros también lo
han hecho y en circunstancias bastantes felices.
Estos son algunos fragmentos de la conversación que tuvimos ese día, en que
el autor de La oveja negra debía de partir hacia Estados Unidos, pero por
esta entrevista retrasó el vuelo y me brindó la posibilidad de emprender un
viaje alrededor de él mismo.
Quizá uno de los más grandes recuerdos fue que me mostrara su biblioteca y
su colección de discos. Me hizo ver algo que para él era un tesoro, una
carta de agradecimiento que Yoko Ono, recién le había enviado por el
homenaje que Monterroso le hiciera a los 10 años de la muerte del genial
John Lennon.

- Maestro Monterroso, ¿qué le dice a usted la palabra Guatemala?
- Nunca he dejado de escuchar esa palabra ningún día de mi vida. No es que
alguna vez la escuche y eso desate una serie de recuerdos. Guatemala está
metida en mí, nunca ha dejado de ser parte de mi vida. Como le repito, no
es que de pronto escuche y, como una Magdalena de Proust, me traiga una
gran cantidad de recuerdos. Ahora, si usted quiere que le conteste más
concretamente, le diré que siempre recuerdo mi juventud, mi adolescencia,
los amigos de la Generación del 40. Con ellos empecé a aprender a escribir.
Además, compartí esas mismas inquietudes y entusiasmos. Para mí ninguno ha
dejado de estar presente. Vivo con ellos y ellos viven conmigo. Aunque
algunos no piensen que así sea.
Yo jamás dejaré de recordarles y de quererlos, ya que esa etapa formativa
de mi vida es de impresiones muy fuertes, que jamás se borrarán. Así es que
no necesito escuchar la palabra Guatemala para recordar todo eso. Si
tuviera que elaborar una lista de amigos, sería interminable, y quizá
injusta para algunos.
Ya que me da la oportunidad, quiero decir a mis amigos por este medio que
siempre están conmigo y los llevo en el recuerdo.

- Trasladémonos a Guatemala, específicamente al cerro del Carmen,¿le trae
recuerdos ese lugar?
- Claro que me trae recuerdos. Creo que para todo adolescente guatemalteco,
el cerro del Carmen es un punto de referencia muy importante. Allí se
empieza a escapar hacia la vida, a observar y a meditar. En el caso de los
escritores, viajar al sueño. Además, es un lugar de importancia para mí: yo
iba al cerrito casi todos los domingos. Por aquella época trabajaba en un
lugar que me mantenía ocupado los siete días de la semana y tantas horas
durante todos esos días.
Siendo muy joven, mi refugio era el cerrito del Carmen, donde llegaba con
cinco centavos de quetzal. Esa pequeña cantidad de dinero me servía para
comprar una cantidad de cosas como un cigarro, un dulce o un atol. Tampoco
tomo al cerrito como un recuerdo, sino que es parte intrínseca de mi vida.

- ¿Dónde vivía en esos años de juventud?
- En la 12 Avenida y Callejón del Conejo de la zona uno. No sé si todavía
se llama así ese lugar. Todos los barrios de esa zona eran mis lugares de
expansión los domingos por la tarde. Precisamente todos esos recuerdos los
recopilé en Escritos de infancia y adolescencia. Trabajo en ellos, no para
hacerlos simples recuerdos sentimentales, sino para darles una forma
literaria que valga la pena.
Todos tenemos esos recuerdos, lo difícil es convertirlos en literatura.
Nunca quedo satisfecho a pesar de los cuatro o cinco años que les he
dedicado. Hasta ahora no me gusta lo que he escrito. Lo rompo, lo vuelvo a
hacer y así sucesivamente. Esto no es extraño, ya que así es mi sistema de
trabajo.

- Tomó un tema que me interesa Dígame, ¿cómo es un día de trabajo para usted?
- No tengo días muy estereotipados o rutinarios que se diga. Tampoco
horarios ni disciplina diaria, sino que escribo como puedo. Por ejemplo,
hoy está usted aquí, así que lo que iba a hacer a esta hora lo he
pospuesto. Si en la tarde tengo que suspender lo que tenía previsto, igual
sucede. Lo cierto es que no tengo un horario de trabajo. Lo anterior no
quiere decir que esté atenido a la inspiración. Siempre procuro trabajar en
las mañanas. Cuando son las ocho, probablemente ya he leído dos horas. Me
despierto temprano, pero no me levanto sino que me pongo a leer. El inicio
del día es el único espacio en el que estoy tranquilo. No suena el
teléfono, no hay muchas actividades que hacer, sino solamente leer. De
manera que cuando son las ocho de la mañana, yo ya he trabajado, aunque
parezca mentira.

- ¿Cómo son sus días de trabajo?
- Cada uno de mis días transcurren diferentes. Trabajo en la Universidad.
Además, procuro rescatar el tiempo que queda para mi trabajo literario, el
cual puede ser en la mañana, en la tarde o en la noche. Hago lo que puedo.
No tengo ni la situación económica ni las condiciones de vida que me
permitan encerrarme todo el día. Una vez pensé que eso podría haber hecho,
pero debido a mi forma de vivir, jamás tendré la disciplina para hacerlo.

- ¿Escribe usted a mano, con máquina de escribir o está inmerso en el mundo
de las computadoras?
- Me quedo con las primeras dos, ya que lo hago con máquina de escribir
eléctrica y a lápiz. Empiezo por colocar un papel en la máquina. Pero a la
vez me apoyo en otra hoja de papel, en la cual escribo a mano. Es decir,
cuando una frase no me resulta bien, la escribo primero a lápiz y enseguida
me pongo a trabajarla.
Hasta que está más o menos bien la tecleo. De las dos formas es como escribo.

- He sabido que una de sus pasiones es la música, ¿qué me dice de ello?
- He llegado a pensar que la música me interesa más que la literatura. Le
aclaro que prefiero escucharla, porque no pretendo crear música o
interpretarla. Para mí es una afición muy fuerte y de todos los días. No
podría vivir sin escuchar música de determinada forma o género, me agrada
toda. Lo mismo me gusta una sinfonía que un son o un bolero. Cuando la
música es buena, no necesariamente tiene que estar enmarcada en determinada
forma. Una sinfonía puede ser buena u un bolero también.

- Maestro, ¿cómo está el dinosaurio?
- Bueno, éste es un dinosaurio que está dando la vuelta al mundo y en
ningún momento se está quieto. Mi cuento ha tenido una gran fortuna. Está
traducido a muchos idiomas y he recibido bastantes comentarios sobre él.
Mucha gente solamente me conoce por ese cuento y todos los demás míos al
parecer, ya no les interesan. Creo que está bien, algo es algo.

- "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí", ¿Qué me dice del texto?
- No me gusta explicarlo, más vale dejarlo para la imaginación de cada uno.

- ¿Ha pensado en regresar a vivir alguna vez a Guatemala?
- Sí, es una constante en mí.

- ¿Lo piensa hacer?
- Naturalmente que sí. Lo que pasa es que uno se va enredando
inconteniblemente en los lugares en que vive. Yo, por ejemplo, me he casado
acá, tengo hijas, familia, trabajo. Además, tengo muchas relaciones. Es
difícil pensar en un regreso brusco, pero mi inclinación está dirigida
hacia Guatemala. Siempre estoy pensando en el país y quisiera estar allá.
Es un ideal constante, pero de una realización bastante difícil.

- ¿Será porque Guatemala, en muchos aspectos no ha tenido verdadero cambio,
o al menos es que usted deseaba?
- En efecto. Me parece que desde que yo salí de Guatemala, la situación
política y económica no se ha resuelto. Cada vez son más desposeídos. Creo
que en lugar de avanzar se ha ido de retroceso. Recuerde que la minoría
blanca está a cargo del poder y la mayoría indígena, que no tiene acceso a
la tierra, a pesar de ser la propietaria legal, está en condiciones precarias.

- Cuénteme de su experiencia académica en México
- Ingresé a la universidad de México hace 30 años. Allí he hecho todo. He
sido corrector de pruebas. He dirigido revistas, he impartido clases de
creación literaria y de literatura en general. He trabajado en filosofía,
tengo a mi cargo talleres literarios, he enseñado El Quijote. Es muy vasto
lo que he enseñado en la Universidad.

- ¿Le daría algún consejo a los escritores jóvenes guatemaltecos?
- Creo que dar consejos es muy difícil. He pensado mucho y no los doy. Yo
creo que el escritor, a medida que va madurando, debe ir aprendiendo de los
jóvenes. Uno nunca debe decir que ya sabe. Eso ha estado siempre contra mi
modo de pensar.

- ¿El escritor debe saber cómo se escribe?
- Creo que el escritor nunca debe saber cómo se escribe. Eso es malo. El
saber, casi en cualquier arte determina un anquilosamiento. Lo bello del
arte es el experimento, la aventura, la búsqueda. Quizá por eso es que
todos mis libros son diferentes. El segundo del tercero, el cuarto del
tercero, todos son distintos.
No tengo dos libros que se parezcan. Eso lo hago por un afán que tengo de
experimentar y una forma de ver diferentes las cosas.

- Ocurre que cuando alguien escribe un libro, cree que allí está la
culminación de su obra, ¿qué dice a eso?
- Creo que a partir de que un libro se publica, el escritor debe dejarlo.
Como le decía antes, no puedo dar consejos pero por el contrario me
gustaría recibirlos de unos jóvenes, porque el joven quizá tengo problemas
de expresión, seguridad y otras cosas. Pero le repito que eso es bueno para
el escritor. Así que yo prefiero escuchar consejos de los jóvenes en lugar
de dárselos.

- Bobbie Fischer decía que aprendía más de los ajedrecistas principiantes
que de los consagrados...
- Bueno, imagínese, él fue un campeón mundial y el ajedrez también es
creación. No me siento en ninguna posición como para dar consejos. Creo que
debe haber más intercambio, debería haber más contacto entre jóvenes,
adultos y viejitos, pero lamentablemente eso no siempre ocurre. También eso
lo he aprendido. Uno cuando es joven no quiere saber mucho, personalmente,
de los mayores. Tal vez eso sea bueno ¿no cree? Uno se va haciendo escritor
con la vida y con los propios problemas, frustraciones, trabajo y
encuentros con determinadas personas. Todo eso es parte de la literatura.
Ahora bien, creo que cada joven se aconseja así mismo, porque en cada joven
puede haber dos, tres o cuatro que vivan su propia experiencia. Con su
propio contacto lo pueden hacer. Cuando el escritor tiene contacto con los
clásicos o con los guatemaltecos como Batres Montúfar. O con el más grande
clásico latino o con Cervantes, es cuando vale su propia experiencia.
Si uno compara lo que está haciendo a como lo hicieron ellos es muy
probable que primero tenga un shock. Pero ese shock lo puede inducir a
estudiar más y a abarcar más en el ámbito de la literatura. Esto le da la
idea al escritor que la literatura no es algo pequeño, sino algo
verdaderamente inmenso. Hay tanto que navegar en ese inmenso océano de la
literatura. Uno se da cuenta que no es nada, y que apenas puede llagar a
una playita. Creo que es bueno estar pensando en que ha habido escritores
muy grandes antes, y que uno está tratando de acercarse a ellos.

- ¿Usted como escritor se siente satisfecho de lo que ha alcanzado?
- Primero que nada le diré que quizá como escritor aún no he alcanzado lo
que me propuse. Con esto no le estoy diciendo que estoy frustrado, lo que
ocurre es que en la literatura nunca se hace lo que un verdaderamente desea.

- Aquí en México ¿tiene contacto con los escritores jóvenes?
- Claro. En docencia y en talleres que tengo a mi cargo. Creo que algunos
de los escritores jóvenes han sido discípulos míos, ya sea en la
universidad o en los talleres. Incluso, tengo más contacto con ellos que
con los escritores ya formados. Me interesa más estar cerca de las
generaciones que empiezan a luchar.

- Quisiera saber de sus últimas publicaciones
- Mis libros son constantemente publicados, lo cual no quiere decir que
sean muy vendidos. Creo que he tenido mucha suerte en eso porque desde el
primer libro hasta el último, se han reeditado siempre. Hace algunos años
empezaron a publicarse en España, en varias editoriales como Alianza
Editorial, Cátedra, Seix Barral, Anagrama y otras. Como le repito: creo que
es puramente suerte.
También hay libros míos traducidos en Italia, Alemania, Polonia, pero a
esto último quizá no le doy tanta importancia porque no sé ni quién me está
leyendo.
A mí me gusta saber que me esté leyendo el vecino o la gente de carne y hueso.
Esos que están muy lejos no significan mayor cosa. Por eso es que me
gustaría mucho que en Guatemala se conocieran mis libros. Le diré
sinceramente que es un anhelo que siempre he tenido. Me parece que en mi
país es donde debería yo tener más lectores. Todo lo que eso podría
significar, a mí me haría muy feliz, porque es muy triste que en el país de
uno sea donde menos se le conozca por cualesquiera que sean las
circunstancias: lejanía aparente, o porque los libros no son accesibles.
Pero, como le he dicho antes, a mí me interesa mucho mi país.
Cuando recibo en mi casa un cuento traducido al finlandés o al polaco, es
satisfactorio, pero no es ese el ideal constante que tengo, sino en los que
están más cercanos a mí.

- Para finalizar, ¿qué le interesa más cuando está produciendo literatura?
- Quizá una de mis prioridades es la de capturar al lector. Esto no quiere
decir que necesariamente lo haga mi cómplice sino apoderarme totalmente de
él, especialmente de su imaginación, y ojalá pudiera de sus sentimientos.
Por eso creo que mi literatura posee algo que colinda con la imaginación.


Textos tomados y adaptados de:
http://www.ociototal.com/recopila2/r_news/monterroso.html
http://www.uweb.ucsb.edu/~jce2/famendez10.htm

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