Anunciamos a nuestros paralectores oyentes que a partir
del próximo sabado 5 de abril comenzamos un nuevo programa radial...
Del otro lado del parlante comienzan a escucharse los
DAÑOS COLATERALES... (lo que queda es lo que hay...)
Nuestra propuesta para reconstruir lo que nos deconstruyeron
De 9:30 a 11 de la mañana (3:30 PM, hora de Bagdag)
En la 94.3 FM - Universidad Tecnológica Nacional - Córdoba
Sintonizala online en: http://www.frc.utn.edu.ar/radio
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[P/L@] Letras para "salir del molde"
Como para relajarnos un poco de tanta tensión bélica y recuperar un poco el
aliento, o al menos estimularnos por un instante hacia la búsqueda interior
de nuestra definitiva ruptura con la matriz epistemológica que nos
hegemoniza el hemisferio derecho, acudimos nuevamente a las inspiradas
letras de nuestro amigo y gurú uruguayo Leo Maslíah. (Se adjunta biografía
del artista susodicho al final de la presente) Advertimos que estos textos
están saturados de violencia simbólica y que habiendo ascensores que bajan,
no nos responsabilizamos por los accidentes que el precipitado uso de las
escaleras pueda ocasionar. P/L@
"Disfrutá, no te amargués
disfrutá de estos pequeños dolores
disfrutá mientras podés
que ya pronto vendrán tiempos peores."
Leo Maslíah
(La mano viene pesada, 1991)
CADENA
Este mensaje no es una cadena. Por lo tanto, destrúyalo sin reenviarlo a
nadie. Contravenir esta sugerencia solo congestionaría inutilmente las
líneas. Tenga buen criterio. Ni siquiera es necesario que siga leyendo
esto. Sino tiene otra razón para continuar conectado/a a la red, puede
eliminar este mensaje y salir del programa, sin tener que lamentar la
pérdida de ninguna información relevante. Es más, si usted todavía sigue
leyendo esto, francamente, es porque es un ser parasitario, que no tiene
nada que hacer. ¿Por qué no mejor sale a pasear? Le repito que en estas
lineas no va a encontrar absolutamente nada que le sea de utilidad. Doy fe
de ello, puesto que conozco la continuación del texto. Es exactamente del
mismo tenor que cuanto antecede. Vale decir: no dice nada. Así que...
¡Basta de leer, imbécil! ¿Qué estas esperando encontrar? Ya te dije que no
hay nada... ¿no me creés? Bueno, jorobate. Segui leyendo, que no vas a
encontrar nada que no sea la confirmacion de lo anterior, es decir, que en
lo que sigue no se dice nada. Nada de nada. No hay voluntad de diálogo, ni
tan siquiera voluntad de monólogo. Es un texto vacío, y va a seguir así
hasta la última de sus líneas. Se podría lo mismo dejar en blanco las
líneas que faltan, de no ser porque como esta página no tiene renglones, no
se notarían que están. Pero el que estén no significa nada. No están por
nada en especial. Entiendo que la curiosidad te pueda haber llevado a
seguir leyendo hasta acá, pero si seguis... es porque tu pelotudez no tiene
límites. ¡Qué idiota Dios libre y guarde! Ni siquiera para un linguista o
un gramático tiene sentido continuar leyendo esto, porque es una simple
coleccion de frases banales cuyo único objetivo es ratificar la ausencia de
finalidad de todo el resto del texto. (Continuará.)
***
LA BOLSA DE BASURA
Rodríguez iba saliendo de su casa para ir a trabajar, pero volvió para
buscar una bolsa plástica llena de basura, que tenía preparada desde la
víspera para una ocasión así, es decir, una ocasión en la que él, camino
hacia alguna parte, tuviera que pasar por donde estaba el tacho de basura
que se alimentaba de las bolsas de basura producida y envasada en cada uno
de los apartamentos del edificio.
El plan era sencillo y Rodríguez se iba acercando al tacho de basura sin
pensar demasiado en nada relacionado con eso, pensando sí más bien en otras
cosas relacionadas con otras cosas. Pero cuando se encontraba a menos de
siete metros del tacho, Rodríguez detectó la proximidad de un agente
perturbador, un elemento desestabilizador de la posible calma que
acompañaba el automático, necesario, lógico, humano, social, comprensible,
perfectamente justificado, habitual, cívico acto de tirar la basura. Era un
individuo que, arrodillado junto al tacho, extraía de allí restos de
alimentos, los cuales clasificaba y separaba en distintas bolsas que traía
consigo, según el contenido proteínico, el tenor graso o el nivel de
adición vitamínica que tuvieran; pero el individuo no daba la impresión de
ayudarse, en la detección de las gradaciones específicas alcanzadas por
cada uno de estos parámetros, con ningún tipo de instrumental técnico,
excepción hecha de una protuberancia que él llevaba incorporada al rostro y
que le servía para medir con precisión asombrosa el índice de putrefacción
operante en cada residuo alimentario, ya que entre dos mitades de cáscara
de naranja aparentemente iguales, el individuo descartaba una y se quedaba
con la otra, y no era, como se dice vulgarmente, porque estuviere en
condiciones de tirar manteca al techo. En efecto, su nivel de ingresos no
parecía ser muy alto, a juzgar por unas pequeñas roturas visibles en un
costado de su toga de arpillera.
Rodríguez empezó a vacilar. Luego siguió haciéndolo.
No sabía si ignorar al individuo y depositar la bolsa en el interior del
tacho, o ignorar al individuo para dejar la bolsa a unos metros de él, o
tomar otras actitudes cuya descripción se verá momentáneamente demorada por
el análisis de aquellas otras ya mencionadas.
La primera de éstas, es decir, de aquéllas, a saber, ignorar al individuo y
tirar la bolsa en el tacho, era casi imposible de llevar a la práctica,
porque la posición de la cabeza y las manos del perturbacionista era tal
que obligaba a Rodríguez, en caso de decidirse a tirar la bolsa en el
tacho, a decir "con permiso". Esta opción implicaba no ignorar al individuo
y considerar el acto de depositar la bolsa como una entrega, era como
decirle "tomá", y eso requería reconocer previamente en el objeto alguna
cualidad capaz de valorizarlo como obsequio.
Dejar la bolsa a una distancia prudencial del tacho implicaba también,
quisiéralo o no Rodríguez, reconocer el origen humano de la perturbación, y
localizarlo en la persona del espécimen que revisaba la basura, ya que, de
haberse tratado de un perro o una rata, Rodríguez no habría tenido
inconvenientes en tirar la bolsa en el tacho dejando por cuenta del animal
la tarea de defenderse del impacto, y siendo en este caso dicho impacto
únicamente de tipo físico, y no también emocional, social o como quisiera
llamarse a las connotaciones extrafísicas que puede haber en la actitud de
regalarle a alguien una bolsa con basura. La única forma de dejar la bolsa
a pocos metros del tacho y al mismo tiempo ignorar efectivamente la
presencia del foco problematizador era concretar una súbita mudanza al
edificio de al lado, cuyo tacho de basura estaba en ese momento libre de
incursiones extractivas (aunque no por mucho tiempo, ya que en cuatro o
cinco tachos más adelante y con próximo asiento en los tachos sucesivamente
más cercanos había otro qué sé yo). Esa mudanza súbita sólo podía
producirse si llegaban a confluir allí en ese momento una serie de
factores, como el que Rodríguez no fuera miope y pudiera ver en la pizarra
del quiosco de enfrente si su número de lotería había salido favorecido.
Dándose una solución afirmativa a esto, Rodríguez, en la euforia del
triunfo, habría podido cruzar a cobrar portando un tácito perdón por la
distracción consistente en no desprenderse todavía de la bolsa de basura.
Al volver a su vereda, con el dinero en una mano y la bolsa en la otra,
debía pasar el propietario de alguno de los apartamentos vacíos del
edificio vecino al suyo, y Rodríguez podría entonces decirle "tome este
dinero, le compro el apartamento; supongo que ahora puedo hacer uso del
tacho de basura correspondiente a ese edificio". Pero la miopía de
Rodríguez invalidaba todo esto aun cuando su número de lotería hubiese
resultado premiado y el dueño del apartamento vecino vacío estuviese
llegando desde la otra cuadra.
No era posible entonces ignorar la presencia del individuo, había que
tenerla en cuenta. Desde este punto de vista, dejar la bolsa en el tacho
era una descortesía, estando como estaba Rodríguez en conocimiento de que
el otro iba a tomarla y revisarla de todas maneras. Pero dársela en las
manos no dejaba de constituir para él una ofensa, atendiendo al contenido
repugnante de la bolsa. En cuanto a si para el otro ese acto podía resultar
ofensivo o no, era algo difícil de prever. Más allá de sus intenciones de
apropiarse la bolsa, el individuo podía contar con una dosis de orgullo que
superara con creces en intensidad a la que se necesitaba para realizar el
esfuerzo de levantar una bolsa no muy pesada que alguien le deja a uno al
lado, o el de desatar un nudo mas o menos provisorio que alguien hizo en la
boca de una bolsa de nailon. Otra posibilidad era dejarla en el tacho, pero
abierta, dando a entender que no se ignoraban las intenciones del sujeto en
cuanto a revisar la bolsa. Pero todos estos pensamientos pasaron con mucha
rapidez por la mente de Rodríguez. Vencido por la ambigüedad contenida en
el acto de darle a alguien algo que es una porquería, siendo que este
alguien tiene de todas formas mucho interés en recibirla, Rodríguez empezó
a pensar en otro tipo de salidas.
Pensó, por ejemplo, en darle al individuo, no la bolsa de basura, sino una
limosna. Sin embargo el análisis de esta posibilidad le reveló que esto no
habría de librarlo del dilema de qué hacer con la bolsa. Sea cual fuere la
magnitud de la limosna, era evidente que nunca bastaría para consolidar en
el otro una posición económica suficientemente holgada como para abandonar
el hábito de hurgar en los tachos de basura. Entonces el individuo
aceptaría quizá la limosna, pero metería inmediatamente después las manos
en la bolsa. En cuanto a decirle "tome, le doy esto con la condición de que
no revise la bolsa", no parecía esto contener mayor cantidad de urbanidad
que dejar la bolsa ahí nomás y retirarse del lugar sin decir ni siquiera
"bolsa va".
Rodríguez empezó a retroceder. Mientras lo hacía siguió examinando otras
posibles maneras de deshacerse de la bolsa sin entrar en actitudes que
hirieran sus principios.
Consideró el no dejar la bolsa en el tacho, sino sólo su contenido,
vaciándolo en las manos del individuo. También consideró el dejar la bolsa
cerrada y decirle "mire, le dejo esto, y sé que lo va a abrir; no me gusta
la idea pero sé que es lo único que ustéd puede hacer para vivir; yo
quisiera ayudarlo, pero no puedo por razones salariales, etc." Luego pensó
en vaciar la bolsa en el tacho del edificio vecino, pero volver luego y
tirar la bolsa vacía en el otro tacho, mostrando su necesidad de evitar
entregarle basura al otro, pero mostrando al mismo tiempo también que no
era su intención hacerle un desaire ni fingir que no lo había visto ni que
lo había visto pero que no quería roces con él.
Ninguna de estas opciones satisfizo a Rodríguez. Siguió retorciendo hasta
entrar de nuevo en el edificio. Subió las escaleras también retrocediendo,
y sacando la llave de su apartamento consiguió, luego de unos minutos de
esfuerzo, abrir la cerradura permaneciendo él de espaldas a la puerta. Así
entró al apartamento, y siguió retrocediendo hasta que se topó con la
ventana, que estaba abierta. Supo detenerse en ese momento, y permaneció
allí quieto como un muñeco a cuerda detenido en su marcha por algún
obstáculo, siempre de espaldas a la ventana, con la bolsa de basura en la
mano. Y así pasó un rato, hasta que de pronto Rodríguez oyó que desde abajo
el tipo le gritaba "che, loco, aunque sea tirámela por la ventana".
***
LA MAQUINA DEL TIEMPO
- Este es el más directo antecesor de mi máquina del tiempo -explicó el
doctor Dalesius al grupo de estudiantes que realizaba la visita guiada a su
laboratorio. Se detuvo junto a una silla de aspecto corriente.
- A ver, necesito un voluntario. Usted -dijo dirigiéndose a Manuel, uno de
los estudiantes.
Siguiendo instrucciones del doctor, Manuel se sentó en la silla. Dalesius
entonces consultó su reloj.
- Son exactamente las cuatro y diez -dijo-. Ahora les pido un poco de
paciencia, y van a ver lo que sucede.
- Manuel puede correr algún peligro, doctor? -preguntó preocupada una de
las muchachas del grupo, llamada Meredith.
- No, quédese tranquila -contestó el.
- Es seguro que va a poder regresar a nuestro tiempo? - preguntó otro.
- No se preocupen por mí -dijo Manuel-. Quiero hacer esta experiencia. No
me importa si no puedo regresar.
- Eso es seguro -afirmó el doctor Dalesius-: regresar no va a poder.
- Que horrible -dijo Meredith-. No volver a verlo jamás.
- Perdón -le dijo el doctor, poniendo una mano sobre su hombro-, pero esta
máquina funciona al revés de lo que usted piensa. Si el chico regresa al
momento del que partió, entonces usted no va a poder volverlo a ver.
Fíjense en esto. - Manuel -ordenó-, puede levantarse.
El estudiante se puso de pie y caminó unos pasos. Dalesius volvió a
consultar su reloj.
- Ahora son casi las cuatro y doce minutos -dijo a todo el grupo-. Como
pueden ver, este muchacho viajó un poco menos de dos minutos hacia el
futuro. Si hubiera regresado al momento del que partió, no lo veríamos más.
Él estaría pisándonos los talones durante el resto de nuestras vidas, sin
que tuviéramos forma alguna de percibirlo.
- Hola -dijo entonces alguien desde otra de las sillas que había en el
salón. Todos miraron hacia allí y vieron a Meredith, que los saludaba
agitando una mano. Pero Meredith, por otra parte, estaba al lado de Manuel
y del doctor Dalesius. Había dos Meredith en el salón.
- Qué es esto. No entiendo nada -dijo otro de los estudiantes. Y Meredith,
la original (si podía llamársela así), muerta de miedo, se aferró a un
brazo del doctor. No sintiéndose sin embargo suficientemente segura de esta
manera, soltó al doctor y se aferró a Manuel.
- No recuerdan nada de lo que pasó, verdad? -dijo la segunda Meredith,
sonriendo-. No, claro. No pueden recordar algo que todavía no vivieron.
Ustedes recién están en el momento en que Manuel se levantaba de la primera
máquina. Dentro de cinco minutos, más o menos, el doctor Dalesius nos va a
mostrar su segunda máquina, que es ésta en la que estoy sentada -la silla
tenía unos extraños posabrazos llenos de cables- y yo me voy a ofrecer como
voluntaria. Esta máquina me va a transportar unos diez minutos hacia el
pasado, o sea, hasta este momento.
- y yo?- preguntó la Meredith original - Qué va a pasar conmigo?
- Usted puede retirarse -le dijo el doctor Dalesius-. No la necesitamos más.
***
NAVAJO
Yo ser indio navajo. Yo vivir lugar tranquilo hasta que hombre blanco
venir. Todo comenzar asi: navajo conjugar siempre verbos en infinitivo y
así vivir en paz, sin presente ni futuro, sin Kant. Pero hombre blanco
llegar y hablar mismo idioma que nosotros, castellano, pero hombre blanco
empezar a conjugar verbos en modo indicativo y subjuntivo, y tambien
implantar modo imperativo y ordenar nosotros retirar a reservaciones. En
otros lugares hombre blanco hacer indio trabajar para él. Y pagar con
caries dental. Y indio empezar a necesitar escarbadientes. Y hombre blanco
decir que astilla de árbol no servir por no ser esterilizada. Y nosotros
comprar escarbadientes a hombre blanco. Y pagar con oro y plata. Oro y
plata ser nuestra caca, pero hombre blanco no saber y acuñar monedas con
material, y pasar monedas de mano en mano. Y cuando casarse hombre blanco
poner en dedo de novia y en suyo propio sendo anillo fecal. Esto acontecer
en lo que hombre blanco llamar sur. Nosotros no hablar de sur porque pensar
que extremos ser intercambiables, ya que como decir cacique Oreja Cortada
el mundo ser un pañuelo.
Hombre blanco siempre poner cosas de un lado y cosas de otro, y muchas
veces confundirlas. Gran cacique Oreja Cortada siempre decir que Van Gogh
equivocarse de oreja cuando cortársela. Esto ser porque él estar alienado
de tanto mirar sus cuadros, ya que izquierda del cuadro ser derecha de Van
Gogh, y viceversa. Por misma razón ser que biblia de hombre blanco
equivocarse al decir que dios crear hombre a su imagen y semejanza, dios de
hombre blanco crearlo a él desde fuera del mundo (ya que haber creado
también mundo), y entonces para poder verlo a su imagen y semejanza haberlo
creado con corazón a la izquierda, pero él tenerlo a la derecha. Además
corazón de hombre blanco latir, pero corazón de dios de hombre blanco estar
atrofiado, ya que él no necesitarlo para vivir. También pulmones de dios
estar chiquitos y arrugados, ya que él no necesitar respirar. Dios de
hombre blanco ser flaco y tener apariencia raquítica. Dios de hombre blanco
crear niños de nordeste brasileño a su imagen y semejanza de como él verse
en espejo. Pero yo divagar mucho. Yo empezar hablando de caries dental y
terminar hablando de nordeste brasileño. Además yo acabar de emplear
gerundio. Eso ser porque yo estar aculturado. Recibir mucha influencia de
hombre blanco. Mi mujer querer que yo hacerle una peluca con cabellera
arrancada a hombre blanco. Mi mujer querer parecerse a Juan Sebastián Bach.
Y gran cacique Oreja Cortada criticarme también por llevar en cabeza
escamas de pescado en lugar de plumas. Pero esto ser porque yo tener cruza.
Mi padre ser navajo, pero mi madre ser cuchilla de cortar pescado. Cacique
también decir que yo estar aculturado porque querer blanquearme la piel
como Michael Jackson. Pero él no saber que yo hacer eso como táctica de
camuflaje. Yo mimetizarme entre hombres blancos y con medio quilo de caca
comprar apartamento en barrio residencial. Entonces invitar hombres blancos
a tomar licor, y cuando tenerlos alcoholizados traer cuchilla y arrancarles
cuero cabelludo. Luego yo sacar pelos al cuero y hacer artesanías con el.
Vender trabajos en ferias artesanales donde hombre blanco comprar para
adornar casa. Hombre blanco siempre necesitar aditivos para todo: necesitar
collar para cuello, necesitar anillo para dedo, necesitar cuadros para
paredes, necesitar colchón para cama, necesitar sábana para colchón,
necesitar condimento para comida, necesitar edulcorante para café,
necesitar impermeabilizante para techo, necesitar timbres postales para
cartas, necesitar queso rallado para pastas, necesitar herradura para
caballo, necesitar plumas para cabeza de indio. Cuando encontrar indio sin
cabeza hombre blanco quedar desorientado porque no saber donde poner plumas.
Hombre blanco a veces criar gallinas, y zorro de hombre blanco comérselas.
Indio ser más astuto: criar zorros y gallinas que venir no poder
comérselos. Pero hombre blanco acabar por aniquilar navajo. Por eso yo
ahora parar de hablar. Yo ya no ser nada. Gran cacique Oreja Cortada ya
habérmelo dicho muchas noches al mirar firmamento: pucha, no ser nada.
***
¿Y quién es Maslíah?
Leo Maslíah nació en Montevideo, Uruguay en 1954. Trabajó como cerrajero y
en 1978 comenzó su intensa carrera como compositor y músico fusionando lo
popular, lo clásico y el jazz. Artista prolífico, polifacético, único e
inclasificable; conjuga el humor, el absurdo y la ironía inteligente de sus
letras con la gran calidad musical de compositor e intérprete virtuoso del
piano y la guitarra.
Como músico ha editado 35 trabajos desde el año 1979 a la fecha. Se
destacan sus discos Cansiones barias (Ayuí, Montevideo, 1980), Recital
especial (Ayuí, Montevideo, 1983), Desconfíe del prójimo (RCA, Buenos
Aires, 1985), Leo Maslíah en español (Ayuí, Montevideo, 1986), Punc (RCA,
Buenos Aires, 1987), Persianas (Orfeo, Montevideo, 1990), La mano viene
pesada (Barca, Buenos Aires, 1991), Opera, castidad & yogur diet (Barca,
Buenos Aires, 1995), Zanguango (Ayuí, Montevideo, 1996 y Polygram, 1998),
Eslabones (Big World Music, New York, 2000), entre otros. Su trabajo más
reciente se llama "Textualmente 1 y 2" dos álbumes que recopilan
actuaciones en vivo de sus últimos conciertos en Argentina, Uruguay y
España. Dicta clínicas de composición otras asignaturas musicales.
Como escritor ha publicado más de 30 libros, incluyendo novelas, cuentos
cortos, colecciones de poesía y obras de teatro. Hospital especial (poemas
y letras de canciones) (Imago, Montevideo, 1983), El show de José Fin
(novela) (Ediciones de la Flor, Argentina, 1987 ; 2da edición : 1992), El
animal que todos llevamos dentro (cuentos) (Ediciones de la Flor,
Argentina, 1992), La miopía de Rodríguez (cuentos) (Ediciones de la Flor,
Argentina, 1994), No juegues con fuego porque lo podés apagar (Ediciones de
la Flor, Argentina, 1998), Servicio de habitación (Ediciones de la Flor,
Argentina, 2001), Estatutos (Cauce Editorial, Montevideo 2002), Horóscopos
y otras sentencias (Ediciones de la Flor, Argentina, 2002) por nombrar sólo
algunos.
También participó como actor de cine en "Que absurdo es haber crecido"
(Nov. 2000). Allí Maslíah fue co-protagonista y realizó la música del film.
En marzo del 2001, fue invitado al 2do. Encuentro Latinoamericano del
Séptimo Sentido, festival de humor que se celebró en la ciudad de Caracas,
Venezuela.
Para leer algo más de Maslíah podes visitar:
[P/L@162] Leo Maslíah: Biromes y servilletas
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/169
Cuentos tomados de http://www.beingaustinpowers.8k.com/leo_masliah.htm
Sitio web de este número:
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/687
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Para leer por e@mail Año IV - No. 657
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Literatura e Ideas para el Mundo Necesario
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/files/paraleer.htm
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer
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