[P/L@] Dossier: Cuba y sus condenas
Sobre los recientes acontecimientos en Cuba, venimos acumulado muchísima
información enviada por nuestros siempre atentos paralectores. Cumplimos
con quienes nos requieren material sobre este tema, que ha sido instalado
por la prensa internacional y un sinnúmero de intelectuales y opinadores,
aunque creemos que no es el tema más importante para difundir sobre la
realidad cubana por estos días, si bien es un asunto que despierta
preocupación y atención por la gran promoción que trae desde los medios
masivos, y que eclipsa otros temas no menos importantes.
Para mas información sobre el tema de los condenados por terrorismo en
Cuba, sugerimos visitar esta página:
http://www.cubaminrex.cu/Enfoques/por%20que%20con%20cuba_intro.asp
En el día de ayer la ciudad de Córdoba y su Universidad recibieron la
prestigiosa visita del Dr. Armando Hart Dávalos, quien fuera el Ministro de
Educación cuando el magnífico Plan de Alfabetización de comienzos de la
Revolución y también ministro de Cultura de Cuba (ver síntesis biográfica),
actual miembro del Consejo de Estado y por supuesto una de las más
importantes personalidades de la cultura iberoamericana y las luchas por la
Liberación de nuestros pueblos.
Organizado por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad
Nacional de Córdoba, la Embajada de Cuba en Argentina y nuestros amigos del
CeSARC, Paraleer tuvo el privilegio de presenciar la conferencia sobre el
pensamiento Martiano y la educación, y "Un deber con el Che..." (que pronto
compartiremos aquí). En la rueda de preguntas posterior a su disertación
algunos asistentes interrogaron sobre el tema de los terroristas condenados
en Cuba, sobre este tema el Dr. Hart Dávalos nos dejó su artículo "Con el
mundo siempre" que publicamos hoy, prologada por la nota del prestigioso
intelectual mexicano Pablo González Casanova y el ya conocido llamamiento
"A la conciencia del mundo".
P/L@
***
A la conciencia del mundo
(Mensaje leído por el investigador y sociólogo mexicano Pablo González
Casanova, en la Plaza de la Revolución, ante más de un millón de cubanos)
La invasión a Irak ha tenido como consecuencia el quebranto del orden
internacional. Una sola potencia agravia hoy las normas de entendimiento
entre los pueblos. Esa potencia invocó una serie de causas no verificadas
para justificar su intromisión, provocó la pérdida masiva de vidas humanas
y toleró la devastación de uno de los patrimonios culturales de la humanidad.
Nosotros sólo poseemos nuestra autoridad moral y desde ella hacemos un
llamado a la conciencia del mundo para evitar un nuevo atropello a los
principios que nos rigen. Hoy existe una dura campaña en contra de una
nación de América Latina. El acoso de que es objeto Cuba puede ser el
pretexto para una invasión. Frente a esto, oponemos los principios
universales de soberanía nacional, de respeto a la integridad territorial y
el derecho a la autodeterminación, imprescindibles para la justa
convivencia de las naciones.
México, abril de 2003
Este documento fue firmado inicialmente por: Leopoldo Zea, Adolfo Sánchez
Vázquez, Miguel León Portilla, Andrés Henestrosa, María Rojo, Jaime
Labastida, Víctor Flores Olea, Federico Álvarez, Gilberto López y Rivas,
Pablo González Casanova
A este llamamiento se han adherido los Premios Nobel: Rigoberta Menchú,
Nadine Gordimer, Adolfo Pérez Esquivel, Gabriel García Márquez y más de 600
personalidades de la cultura, la política y el periodismo de America Latina
y el mundo.
***
Con Saramago hasta aquí y con Cuba hasta siempre
por Pablo González Casanova *
Uno siente que la humanidad está en grave peligro. Cuando hay una terrible
carnicería en Iraq con bombas y superbombas que relampaguean a todas horas
en todo el mundo se enjuicia y condena a Cuba por violación a los derechos
humanos. Cuando Estados Unidos hace una guerra de conquista para apoderarse
del país que poseía la primera reserva de petróleo mundial no privatizada,
se condena a Cuba por violación a los derechos humanos. Cuando la mayor
parte de las naciones del mundo padecen crecientes problemas de desempleo,
insalubridad, hambre y educación mientras en Cuba toda la población tiene
empleo, servicios de salud, alimentación y escuelas, se condena a Cuba por
violación a los derechos humanos. Cuando a la anunciada invasión a Iraq se
añaden nuevas amenazas de intervención contra "El Eje del Mal" en el que
Estados Unidos incluye a Cuba al tiempo que acentúa el bloqueo
cincuentenario contra la Isla, se acusa de violación de derechos humanos a
Cuba.
A tan burdos sofismas se añaden otros, en que olvidando las llamadas
"operaciones encubiertas", con "siembra de pruebas" que "confirman" los
cargos, se ve como natural el que en vísperas del "juicio", los "cubanos
desesperados" se roben un día tras otro aviones y barcos, clamando asilo y
apoyo de Estados Unidos, ya no solo para que la inefable "Comisión de
Derechos Humanos" emita un "veredicto" adverso a Cuba, sino para que los
pueblos del Mundo, empezando por el de la vieja España, apoyen una nueva
acción contra Cuba parecida o semejante a la que el Gobierno español
realizó contra Iraq al lado de Inglaterra y Estados Unidos. Piden que
España olvide a España y el mundo su pasado de mentiras coloniales.
Todo olvido útil se respeta. Es más, hay olvidos que se consideran
naturales, prudentes y hasta "necesarios" para defender "los derechos
humanos". La fuerza del olvido es de por sí grande; pero se complementa con
insólitas formas de razonar, como la de Saramago que se pone por un lado a
sí mismo y por otro pone a Cuba y entre los dos pinta una raya.
A esa original razón de la sinrazón, Saramago añade una no menos singular:
muchos estamos contra la pena de muerte en general, y por lo tanto estamos,
en este y cualquier caso, contra la pena de muerte; pero es raro que como
"personas entendidas", por un acto con el que no estamos de acuerdo hagamos
un desplante y deslinde en el teatro del mundo cuando apenas empieza el
nuevo drama mundial, y nos sumemos entre ambigüedades a uno de los juicios
más hipócritas, que pretende justificar una intervención mayor de Estados
Unidos contra Cuba, intervención de tal modo amenazadora e intimidante que
los cubanos se ven obligados a recordar que están dispuestos a morir antes
que a perder su libertad.
Es lamentable que en tan dramáticas condiciones hombres como Saramago
presten su fama, ganada en desiguales batallas, para defender al gigante
intervencionista. Creo que el magnífico escritor es un "comunista
ontológico", como él mismo se definió, y que por eso hoy ha hecho tanto
daño a la lucha por la democracia, la liberación y el socialismo que
encabeza -entre contradicciones- el pueblo y el Gobierno de Cuba.
Cada quien escoge sus contradicciones. El hombre sin contradicciones es una
entelequia. "Los muchos" escogemos nuestras contradicciones con Cuba, su
pueblo y su Gobierno y esperamos ser miles de millones quienes luchemos,
con firmeza, por la defensa de esa pequeña Isla que ha llevado mucho más
lejos que cualquier otro país del mundo la práctica de la liberación, la
democracia y el socialismo. Cuba merece nuestro apoyo contra cualquier
argumento falaz que se sume a las justificaciones del bloqueo y de la
Intervención anunciada. Venceremos.
México a 25 y Madrid a 26 de abril del 2003.
Posdata. Estuve el 18 de marzo en la manifestación de Madrid entre un
millón de gentes que se pronunciaron contra la guerra. Me detuve en la
Plaza del Sol a unos pasos de la plataforma donde José Saramago leyó un
bello discurso en que anunció que "los pueblos lucharán todos los días y en
todas las instancias para que la paz sea una realidad y deje de ser
manipulada como un elemento de chantaje emocional y sentimental con el que
se pretende justificar las guerras". Espero que hoy ni Madrid ni España ni
Saramago apoyen la campaña contra Cuba que es una justificación más de la
"guerra en serie" contra la humanidad.
Tomado de Granma diario, 27 de abril, 2003
* Pablo González Casanova (1922). Nació en Toluca, Estado de México.
Investigador Emérito Doctorado en Sociología, Universidad de París. Realizó
sus estudios en la UNAM, el Colegio de México y la Escuela Nacional de
Antropología. Obtuvo la maestría en Ciencias Históricas con mención magna
cum laude otorgada por la UNAM y por la Escuela Nacional de Antropología y
posteriormente el doctorado, con especialidad en Sociología, de la
Universidad de París. Fue profesor de la Facultad Latinoamericana de
Ciencias Sociales en 1977, profesor titular de la Universidad de Cambridge,
1981-1982 y de la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales.
Desempeñó los cargos de: Secretario General de la Asociación de
Universidades de 1953 a 1954. Director de la Escuela Nacional de Ciencias
Políticas y Sociales de 1957 a 1965.
Presidente del Consejo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales
con sede en Santiago de Chile de 1959 a 1965. Director del Instituto de
Investigaciones Sociales de la UNAM de 1966 a 1970. Rector de la UNAM del 6
de mayo de 1970 al 7 de diciembre de 1972. Durante su rectorado se
profundizó la reforma académica de la Universidad, se crearon los Colegios
de Ciencias y Humanidades y el Sistema de Universidad Abierta. Presidente
de la Asociación Latinoamericana de Sociología de 1969 a 1972 y de 1983 a
1985.
Director del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Humanidades a
partir de 1986. Premio Nacional de Historia, Ciencias Sociales y Filosofía
en 1984. Profesor Emérito por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales
de la UNAM desde 1984. Investigador Emérito por el Instituto de
Investigaciones Sociales de la UNAM desde mayo de 1984. Obras publicadas:
Las categorías del desarrollo económico y la investigación en Ciencias
Sociales (1977), Sociología de la explotación (1980), El estado de los
partidos políticos en México (1983), Imperialismo y liberación en América
Latina (1983), La democracia en México (1984), La hegemonía del pueblo y la
lucha centro-americana (1984), entre otras.
***
Con el mundo siempre
por ARMANDO HART DÁVALOS **
Después de leer el artículo Con Saramago hasta aquí y con Cuba siempre, del
prestigioso intelectual Pablo González Casanova sentí de inmediato la
necesidad de escribir estas líneas que llevan consigo un abrazo cubano,
caribeño y latinoamericano para el entrañable amigo mexicano. Ha sido el
más hermoso regalo que he recibido después de escuchar la intervención
extraordinaria del compañero Fidel Castro explicando en detalle todo este
proceso.
Como se señala muy acertadamente en el mencionado artículo cada cual escoge
sus contradicciones. El valor de las que hemos escogido nosotros está en
que defendemos los intereses de la humanidad frente a los bárbaros
"postmodernos" que están poniendo en grave peligro la supervivencia del
género humano en la tierra y de su milenaria historia.
Vivimos la crisis ética más profunda de la historia de la llamada
civilización occidental desde la caída del imperio romano y quien no asuma
esto con profundidad, pierde las esencias de la cultura que necesita el
mundo de hoy. Lamentablemente esta verdad clave no es comprendida a
plenitud por algunos que, poseyendo alto nivel de instrucción, pasan por
alto el drama que enfrenta la humanidad.
En Cuba no se condena a la pena capital por el simple hecho de discrepar de
nuestras ideas, lo hacemos ante hechos probados de criminalidad manifiesta,
de acuerdo con leyes aprobadas por nuestra Asamblea Nacional. Esto es
aceptado en todo el mundo dentro de una guerra y lo que hay que entender es
que Estados Unidos ha desencadenado una bien prolongada y feroz contra Cuba
y tenemos derecho a defendernos.
El Consejo de Estado tiene facultades para, si lo estima procedente,
conmutar una pena de muerte sustituyéndola por la de prisión también
prevista por la ley. No ejerció esta atribución el máximo organismo de
nuestro Estado por las razones apuntadas en detalle por Fidel en su
intervención. Se trata de terroristas criminales de antecedentes penales
comunes que han puesto en peligro la vida de decenas de personas retenidas
como rehenes y creado las condiciones propicias para un incidente que sirva
de pretexto a Estados Unidos para una escalada en su política agresiva
contra Cuba. Hemos aplicado la única forma culta de ejercer la violencia:
el derecho, y tenemos fundamentos morales y democráticos para hacerlo.
Algunos, que califican de disidentes a vulgares delincuentes y criminales,
no alcanzan a comprender que las dramáticas situaciones creadas en el
socialismo en el siglo XX no pueden ser traspoladas a la Revolución cubana.
Ellas condujeron a la tragedia del llamado "socialismo real", que por no
serlo, perdió toda realidad. Esa no es nuestra historia.
Cuba partió de otras raíces, latinoamericanas y caribeñas. Las ideas del
socialismo se asumieron sin sectarismo, sobre fundamentos universales. En
nuestra América, el "siglo de las luces" y la consigna de Libertad,
Igualdad y Fraternidad, se proyectaron a favor de todos los seres humanos
sin excepción y no de unos pocos. Acá, de este lado del Atlántico tuvo
lugar en el XIX, el "siglo de los fuegos", es decir, de las luchas por
nuestra independencia, y esos fuegos proyectan las luces que necesita el
siglo XXI. Pablo González Casanova las representa, en el plano intelectual,
de una manera muy sobresaliente como un moderno enciclopedista de los pobres.
Resulta paradójico y a la vez dramático que la cúpula derechista que de
manera fraudulenta se hizo del poder en Estados Unidos esté promoviendo su
política guerrerista cuando ha desaparecido el mundo bipolar. Ellos que
responsabilizaban con la carrera armamentista a la Unión Soviética, hoy van
por el mundo buscando pretextos para continuar con esta industria del crimen.
Para rechazar y superar a los canallas que escenificaron las acciones
guerreristas en los Balcanes, Afganistán y lo hacen hoy a la vista de todos
en Irak, hay que enfrentar culturalmente a la barbarie de la civilización
moderna y superar sus atrasos milenarios. Es necesaria una cultura superior
como la que en su esencia posee el pensamiento bolivariano, martiano y
latinoamericano en general.
Contemplamos con horror, los crímenes cometidos contra las torres gemelas y
también la reacción canallesca e hipócrita que frente a este hecho criminal
ha desencadenado la más alta oligarquía norteamericana esgrimiendo el
peligro terrorista como pretexto para sus acciones punitivas en cualquier
"oscuro rincón del mundo".
En los tiempos anteriores a W. Bush, cuando el gobierno norteamericano no
había llegado a estos extremos, quizás se podría explicar que personas
equivocadas o confundidas por los grandes medios de comunicación e
información no comprendiesen a Cuba, pero con el ascenso al poder en el
estado más poderoso del mundo de estos bárbaros, quienes critican nuestra
firmeza y decisión de lucha más consecuente y radical están lindando, ya
sea por dolo o culpa, con el crimen.
Pretenden enjuiciarnos partiendo del llamado pluripartidismo cuando en Cuba
este sistema fracasó y se hizo inoperante porque no supo ni pudo enfrentar
la tiranía de Batista, ni defender la independencia del país convertido en
una neocolonia yanki, murió antes de la Revolución. Pero es más, en otros
países de América y del mundo también anda en crisis profunda. Hay una
quiebra radical de la cultura pluripartidista o de democracia
representativa que exige buscar nuevas formas que garanticen una eficaz
participación popular y que aseguren sus derechos. Basta estudiar la
realidad de algunos países en concreto.
Nuestro sistema político tiene que ser analizado teniendo en cuenta los
condicionantes históricos, económicos y sociales que le han dado vida,
emanado de la más profunda revolución social de este continente y sobre
estos fundamentos estamos en disposición de explicar la legitimidad
democrática que emana de la Constitución de la República.
¿Y cuál es la solución? Hay que sembrar ideas, sembrar conciencia acerca de
los gravísimos peligros que la actual política de la potencia hegemónica
plantea para los pueblos y hallar un camino radicalmente nuevo para
enfrentar los desafíos que tiene ante sí la humanidad.
Lo ha dicho Fidel: las grandes crisis son las que en la historia facilitan
las grandes soluciones y ellas vienen por los movimientos de masas que
están teniendo lugar contra la guerra en todos los confines del planeta,
incluyendo en Estados Unidos, y en los grandes proyectos como el Foro de
Porto Alegre, donde se proclamó "Otro mundo mejor es posible".
Conscientes de sus responsabilidades históricas, la intelectualidad cubana,
sus creadores, agrupados en la Unión de Escritores y Artistas de Cuba han
convocado a un movimiento internacional contra la tiranía fascista que se
nos pretende imponer con alcance planetario. Esa es nuestra posición, la
que defiende en su esclarecido artículo Pablo González Casanova, y es la
que representa los genuinos intereses democráticos de la humanidad.
Los más de seis mil millones de seres humanos que poblamos el planeta
estamos colocados ante la disyuntiva de HUMANIDAD O MUERTE
** Armando Hart Dávalos es uno de los fundadores del Movimiento 26 de
Julio. Al triunfo de la Revolución es designado Ministro de Educación,
cargo que ocupó hasta 1965. Dirigió la Campaña de Alfabetización conocida
como la más vasta y eficaz llevada a cabo en América Latina. Fue Ministro
de Cultura desde la constitución de ese organismo en 1976 hasta 1997,
realizó una fructífera labor al implantar numerosas instituciones
culturales y una articulada red de enseñanza artística. Desde febrero de
1997 es director de la Oficina del Programa Martiano, adscripta al Consejo
de Estado, y preside la Sociedad Cultural José Martí. En la actualidad es
miembro del Consejo de Estado de la República de Cuba.
***
APENDICE
"Buscándole manchas a la oveja
cuando el zorro tiene una pata dentro del corral" P/L@
Reproducimos ahora la tan mentada nota del escritor portugués José Saramago
que, junto a los "resbalosos comentarios" de otros amigos de la Revolución
cubana como Galeano (ver P/L@664), desencadenaron una ola de respuestas y
debates de toda índole. Fuera de las respuestas y generosas explicaciones
brindadas desde la querida isla cubana (que agruparemos en otro número
paraleer), escogimos un par de notas sobre este asunto que ha sido tan
"dramatizado" por algunos intelectuales que parecieran hacer pasar por Cuba
el eje de simetría de sus propios conflictos.
Hasta aquí he llegado
por José Saramago
Hasta aquí he llegado. Desde ahora en adelante Cuba seguirá su camino, yo
me quedo. Disentir es un derecho que se encuentra y se encontrará inscrito
con tinta invisible en todas las declaraciones de derechos humanos pasadas,
presentes y futuras. Disentir es un acto irrenunciable de conciencia.
Puede que disentir conduzca a la traición, pero eso siempre tiene que ser
demostrado con pruebas irrefutables. No creo que se haya actuado sin dejar
lugar a dudas en el juicio reciente de donde salieron condenados a penas
desproporcionadas los cubanos disidentes. Y no se entiende que si hubo
conspiración no haya sido expulsado ya el encargado de la Sección de
Intereses de EE UU en La Habana, la otra parte de la conspiración.
Ahora llegan los fusilamientos. Secuestrar un barco o un avión es crimen
severamente punible en cualquier país del mundo, pero no se condena a
muerte a los secuestradores, sobre todo teniendo en cuenta que no hubo
víctimas.
Cuba no ha ganado ninguna heroica batalla fusilando a esos tres hombres,
pero sí ha perdido mi confianza, ha dañado mis esperanzas, ha defraudado
mis ilusiones. Hasta aquí he llegado
publicado en Diario EL PAIS 14-04-2003
Ver también [P/L@664] Eduardo Galeano: Cuba duele
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/694
***
Un paso adelante, dos atrás
Saramago, Galeano y Fidel Castro
Heinz Dieterich Steffan
Pocos días después de la ruptura pública del premio Nóbel de literatura,
José Saramago, con la revolución cubana, a raíz del fusilamiento de tres
secuestradores de un ferry y de drásticas penas carcelarias de "periodistas
disidentes", Eduardo Galeano se deslinda en el artículo "Cuba duele", de un
"modelo de poder" que está "en decadencia" y que "convierte en mérito
revolucionario la obediencia a las órdenes que bajan...desde las cumbres".
Galeano dice que nunca creyó en la "democracia del partido único", ni en la
omnipotencia del Estado como "respuesta a la omnipotencia del mercado"; que
la revolución ha ido perdiendo el "viento de espontaneidad y de frescura
que desde el principio lo empujó"; que hay "un desastre de los estados
comunistas convertidos en estados policiales", lo que es una "traición al
socialismo" y que el gobierno cubano trató a los grupos que colaboran con
el Jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos, James Cason, "como si
fueran una grave amenaza".
El escritor sí cree en el "sagrado derecho a la autodeterminación de los
pueblos"; que la "apertura democrática" en Cuba es, "más que nunca,
imprescindible"; que han de ser los cubanos, "sin que nadie venga a meter
mano desde afuera, quienes abran nuevos espacios democráticos, y conquisten
las libertades que faltan" y que Rosa Luxemburg tenía razón frente a Lenin,
cuando decía que "libertad es siempre la libertad de quien piensa diferente".
Si Rosa Luxemburg tenía razón frente a Lenin o no, es un largo debate. Lo
que no requiere debate es el status lógico de su célebre afirmación sobre
la libertad del otro. Al igual que el congénito aforismo de Voltaire sobre
la libertad, 150 años antes, y el imperativo categórico de Immanuel Kant,
se trata de enunciados prescriptivos abstractos y generales que no sirven
para resolver una dificultad concreta. Para actuar ante un problema
concreto, se requiere de una ética material, es decir, una ética de
contenidos, no de una axiología formal-abstracta.
En el ámbito de las verdades abstractas existe, sin duda, una gran armonía
cósmica sobre el derecho a la disidencia, a la libertad de opinión y a la
democracia. Richard Nixon, Ronald Reagan, George Bush, Tony Blair y Ariel
Sharon actúan justo en nombre de estos valores, cuando queman a vietnamitas
con napalm, despedazan con bombas de racimo a niños en Palestina o
pulverizan a afganos con bombas de combustión. No, la verdad es concreta y
si se afirma que la "libertad es siempre la libertad del otro", hay que
decir, si este axioma vale cuando el otro se llama Adolf Hitler, o Ariel
Sharon, o George Bush y sus ejecutores subalternos.
Esta es la esencia de la discusión sobre los fusilamientos en Cuba, porque
es el quid de la praxis.
Saramago se ha quedado en el reino de la axiología abstracta, fiel a sus
verdades absolutas, no carcomidas por las incertidumbres, contradicciones y
tragedias de la vida real. "Hasta aquí he llegado", dice, en una
reminiscencia del consummatum est del nazareno: "Cuba seguirá su camino, yo
me quedo". Es el evangelio según Jesucristo, pero no desde el lugar de la
víctima, que sostiene su credo con absolutismo inquebrantable durante toda
la via crucis de su praxis de transformación social, hasta llegar a su
Gólgota; sino desde la posición del intelectual principista parapetado en
la fortaleza de las verdades metafísicas abstractas.
La posición del novelista lusitano es un reducto intelectual de lujo, casi
escolástico, podría decirse, pero consistente. La del escritor uruguayo es
un falso compromiso entre el diagnóstico de la realidad, y la terapia: es
inconsistente. Donde tiene que dar respuestas concretas para el problema
cubano, se refugia en desideratas generales, es decir, combina afirmaciones
críticas con aspiraciones utópicas, que están fuera de la realidad del
problema. Si Saramago es un monasterio en la colina, Galeano es un castillo
en el aire.
Galeano dice que no cree en la "democracia del partido único". El partido
único en Cuba no nace, como él sabe, del leninismo, sino de la comprensión
de José Martí, de que cualquier división política de Cuba termina en el
colonialismo. Abstrayendo de esto: si el autor no cree en la "democracia
del partido único", ¿en qué superestructura política para Cuba cree? ¿En la
democracia del multipartidismo? ¿No, tampoco? Entonces, ¿con qué va a
sustituir a la superestructura política actual de Cuba?
Eduardo Galeano afirma que han de ser los cubanos, "quienes abran nuevos
espacios democráticos, y conquisten las libertades que faltan", "sin que
nadie venga a meter mano desde afuera". ¡Qué bello! George Bush, quien
acaba de meter, no las manos, sino 270 mil agresores armados con tanques y
bombarderos estratégicos a Irak, quien acaba de confirmar en una fábrica de
cazas F-18, que Washington debe mantener todas las ventajas "que tiene en
armas, tecnologías y espionaje", respetará sin duda este deseo del autor de
"Las venas abiertas de América Latina", de que los cubanos puedan construir
su democracia sin injerencia "desde afuera".
Cita afirmativamente a la revolucionaria Rosa Luxemburg, quien fue
asesinada a culatazos en enero de 1919 por las hordas del gran capital
alemán y tirada al Canal Landwehr en Berlín, como si fuera un animal
cuando dice que "sin elecciones generales, sin una libertad de prensa y una
libertad de reunión ilimitadas, la vida vegeta... en todas las
instituciones públicas".
¿Florecería la vida en las instituciones públicas cubanas si tuvieran
elecciones generales, libertad de prensa y de reunión ilimitada, a unas
cuantas millas de Miami y de Washington, donde los Bush se robaron las
elecciones y desde donde han concebido más de 600 intentos de asesinato
contra el presidente cubano, Fidel Castro?
En uno de sus textos, Galeano dice que no pretende ser objetivo, es decir,
se reserva el derecho de ser subjetivo o, lo que es lo mismo, no
científico. Por eso, probablemente, no ve ningún problema en plantear "la
apertura democrática" en Cuba que sustituiría a la superestructura política
cubana con la "democracia nostra" del Tercer Mundo que empiezan a disfrutar
los iraquíes. Claro, todavía no saben manejar la nueva democracia y el
derecho a la disidencia responsablemente, pero la pedagogía de los marines
cambiará esto rápidamente. Hace algunos días, los marines fusilaron a
veinte civiles en Irak en una manifestación pacífica, sin leerles sus
derechos, sin respetar su "libertad de reunión ilimitada" y sin juicio
alguno, ni siquiera sumario.
Frente a la cómoda posición principista de Saramago y la patética posición
subjetivista de Galeano, existe una tercera posición frente a los
fusilamientos: disentir con la pena de muerte y ser solidario con los
heroicos esfuerzos del proyecto cubano, de no caer como "fruta madura en el
seno de Estados Unidos", como predijeron los incubadores de la doctrina
Monroe hace 200 años. El futuro de Cuba no está en la podrida
institucionalidad de la civilización burguesa, ni en el control de sus
corruptas elites. Su futuro está en la apertura hacia la democracia
participativa poscapitalista y de esta no hablan Galeano y Saramago.
***
EL OMBLIGO DE SARAMAGO
por Susana Viau
Periodista. Miembro de conducción de la Utpba.
Nota publicada en Página 12 del 21/04/03
Es triste que los intelectuales, o quienes pasan por serlo en un mundo
generoso para otorgar ese tipo de visados, se dediquen a mirarlo todo desde
la estrechísima ranura del ombligo; que la realidad acabe reducida a sus
embelesos, sus frustraciones o sus rabietas. Y eso, el enojo porque una
decisión de Estado lo pone incómodo, es lo que se transparenta en la
columna de José Saramago publicada en El País y reproducida el martes
último por Página/12. En ella, el Nobel de Literatura anuncia, con el
dramatismo de un torero que se corta la coleta, que "hasta aquí he llegado.
Desde ahora en adelante, Cuba seguirá su camino, yo me quedo".
¡Vaya, por Dios! ¡Qué funesto error el del gobierno cubano que no se detuvo
a consultar a Saramago y a todos los Saramagos de este mundo qué debía
hacer con los tres agentes infiltrados por Bush para desestabilizar la
pequeña isla! ¿Cómo no calculó Fidel el efecto que causaría en el ganador
del premio que lleva el nombre del inventor de la dinamita?
"Cuba -dice Saramago- ha perdido mi confianza, ha dañado mis esperanzas, ha
defraudado mis ilusiones". Tremendo. ¿Y todo esto por qué? "Porque no se
condena a muerte a los secuestradores, sobre todo teniendo en cuenta que no
hubo víctimas". ¡Bien por Saramago! Para ejemplarizar con la pena capital,
Cuba debió esperar a que la sangre la derramara su gente, darle tiempo al
tiempo para una nueva Bahía de los Cochinos, para convertirse en el Irak de
América Latina. Sólo así se justificaría una respuesta de este porte:
poniendo uno las víctimas, bajo una lluvia de bombas, frente al espectáculo
de cadáveres descuartizados, en especial de niños. Porque los niños muertos
estimulan sobremanera a periodistas y escritores, les proveen de razones,
les facilitan los pronunciamientos: al fin, los niños son niños, no son del
partido Baaz, ni trotskistas, ni guerrilleros. Los niños son siempre una
buena coartada.
Es lamentable, pero Fidel no dejó madurar la ocasión, no permitió que estas
condiciones se dieran. ¡Y era tan simple! Apenas una conmutación de pena.
Una llamada telefónica sobre la hora y hubiéramos evitado tantas
contradicciones y desgarramientos a Saramago (y a todos los Saramago de
este mundo). ¿Qué hubieran devuelto ellos a cambio? Poemas, canciones, la
firma en algún manifiesto.
Podría aducirse que la lunática reacción del novelista está explicada en lo
que el mismo León Trotski admitió ante la tumba del suicida Serguei
Essenin: aunque sean revolucionarios, las épocas de revolución no son para
los poetas, son duras, despiadadas, terribles. Las aman los militantes
puesto que son "su patria en el tiempo". La exacerbada sensibilidad de los
artistas sueña con lo que viene después de la tormenta. Pero de entonces a
acá pasó mucha agua bajo los puentes y tampoco el de Saramago parece ser el
caso: el portugués es casi un anciano, vivió las dictaduras de Salazar y de
Caetano, el maravilloso estallido del 25 de abril y su extinción, sin pena
ni gloria; lleva a cuestas años suficientes para no ignorar la desgracia
que se abatió sobre una Nicaragua que se proclamaba "implacable en el
combate, generosa en la victoria", creyendo que había triunfado porque
había tomado el poder.
Saramago, por viejo y por narrador, estaba obligado a intuir cuánto juega
Cuba, ese pequeño país hostigado desde hace casi medio siglo, en cada uno
de sus actos; estaba obligado a imaginar qué compleja debe haber sido la
decisión de no indultar a los tres canallas a sueldo ahora, precisamente
ahora que los marines de Guantánamo ponen de rodillas a jeques, imanes y
reyezuelos; estaba obligado a saber que Fidel Castro no es un aventurero y
la Revolución Cubana no es una aventura. Pero la columna de Saramago, por
lo que dice, por lo que no dice y por la forma en que dice lo que dice, no
es digna de un intelectual de izquierda. A su lado, hasta la toma de
posición del presidente Eduardo Duhalde parece progresista.
Gracias a todos los paralectores que colaboraron en este número.
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