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[P/L@686] Carlos Herrera: Canción del buen gobierno   Lista de mensajes  
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[P/L@] Poetas de acá

Hoy presentamos un texto de uno de los grandes escritores de estas
geografías argentinas que, además de privilegiarnos formando parte de
nuestra comunidad paralectora, comparte con nosotros este relato que bien
pinta el paisaje del sainete preelectoral que acostumbra mandar por
nuestras provincias. En Córdoba hay elecciones para gobernador el próximo
domingo... como se suele decir, cualquier semejanza con los candidatos
oficiales... y buéh... será de pura "chiripa". *
Agradecemos al amigo "Tata" por su generosidad, su arte y su humor tan
necesarios. P/L@

*De chiripa: (cordobé básico) de puro tarro, de casualidad, de tal suerte,
o sea... de p... (se omiten los sinónimos mas usuales pa'no ofender a las
viejas)


CANCION DEL BUEN GOBIERNO
por Carlos "Tata" Herrera **

Cayó, como suelen caer las malas noticias: de improviso, y en el peor
momento: Víspera de elecciones. Los hombres del Partido se convocaron para
enfrentarla, y con suerte, abatirla. Fue motivo de charla en todos los
corrillos, y lumbre de los mentideros políticos: Don Goyo, el indiscutido
caudillo y sostén del Partido, había hecho conocer por agencia de un
comedido, que se retiraba de la política, lo que era una forma de decir,
pues su participación se limitaba a ordenar que hasta los muertos votaran
por el Partido en su Departamento, pero sobre todo, y esto es lo que
revestía incontrastable importancia, anunciaba que no pondría un patacón
más para ninguna causa y que no fueran a joderlo...
Por la noche los hombres del Partido se reunieron en una sala del Club
Social. Testimonio de lo abigarrado del encuentro, eran las vaharadas de
humo que expelía la sala cada vez que el mozo salía o entraba, portando
sucesivas bandejas con café y copitas de aguardiente. Poco y nada podían
entrever los del Otro Partido, a partir de los comentarios que lograban
sonsacar al mozo, único extranjero que accedía a la sala: "La cosa está que
se le lleva putas, dotores...", o "...parece que Don Goyo se enculó...",
hechos que eran de dominio público.

En la sala, los hombres del Partido estaban acordes en que la casual
presencia del Senador Nacional del Partido en la provincia era providencial
(con perdón de la cacocofonía), pues permitiría recibir sus ponderadas
opiniones, a poco de la amenazante declaración del caudillo. El Senador,
luego de escuchar la exposición de dispares y disparatadas estrategias
destinadas a recuperar el apoyo de Don Goyo, tomó la palabra, suscitando un
silencio equiparable con su prestigio: "Mi profundo conocimiento personal,
los lazos de familia que me unen a Goyo, a quien, hablando en criollo, lo
conozco como si lo hubiera parido, me llevan a la conclusión, de que la
única forma de obtener que persista en su inveterado y desinteresado apoyo
al Partido, es que le ofrezcamos un cargo de la más alta jerarquía." El
sorpresivo derrotero de las palabras del Senador, produjo un intenso abejeo
de comentarios en la sala. El Senador prosiguió: "Estoy dispuesto a hacer
un renunciamiento patriótico: Resignar mi candidatura a la reelección como
Senador, a favor de Goyo. Mi lealtad al Partido, así me lo aconseja en esta
crucial encrucijada..." Se levantaron voces de protesta por el autodespojo,
y de alabanza a la ejemplar conducta partidaria del Senador. Tomó la
palabra el Presidente del Partido, a quien la humareda de los puros sometía
a tortura por su condición de asmático, obligándolo a insuflarse continuos
auxilios con un vaporizador. "Emocionado, escuché el generoso y hasta
heroico renunciamiento de mi amigo y correligionario, nuestro Senador, cuyo
gesto, queda desde hoy inscrito con letras de oro en los anales de nuestro
Partido... pero... su propuesta me parece inviable, por las razones que en
seguida expondré: A Goyo, lo conozco mejor que si lo hubiera parido... Fui
su condiscípulo hasta terminar la escuela primaria, cuando dejó sus
estudios, para dedicarse al manejo de sus extensas y ricas estancias,
minas, etc., etc.. No olvidemos que Goyo es paradigma de rico home
campesino. Que acude a la ciudad, a nuestra pequeña ciudad capital, sólo
cuando le es inevitable. Recuerdo que hace un par de años, a duras penas
logramos llevarle a Córdoba para que se sometiera a una operación de
hernia. A su regreso, desatendiendo todo consejo, pronto montó a caballo,
desgarrándose la herida... Se fajó, se hizo curar con hierbas, hasta
cicatrizar... ¿Lo imaginan a Goyo en Buenos Aires? ¡Ni mamado!" Se produjo
una batahola de opiniones encontradas. Entre ahogos y desesperadas
gesticulaciones, el Presidente prosiguió: "Hay un sólo recurso para que
Goyo regrese a la buena senda. La senda de apoyo al Partido. ¿Se imaginan
una campaña sin qué echar a las brasas en los comités? ¿Sin plata para las
empanadas? ¿Sin unos mangos para los punteros? ¿Sin unas buenas vaquillonas
en la Casa del Partido? ¿Sin un peso para ayudar a los indecisos?" El
silencio provocado por la dramática alocución, hizo audibles hasta las
respiraciones. Continuó el Presidente: "Decía recién que hay un sólo
recurso: (Se mantuvo un momento en silencio, manejando hábilmente la tensa
expectativa.) ¡Hagamos a Goyo, Gobernador de la Provincia!" Los aplausos
que se sucedieron, nunca se supo si fueron de azoro, desesperación, o
aprobación, pero a la postre, se interpretó lo último.

Don Goyo fue gobernador. Hacía muchos años que esacasamente frecuentaba el
alfabeto para leerlo o garrapatearlo, aunque sí se acordaba de firmar,
habilidad que le sería imprescindible para refrendar los decretos y
promulgar las leyes. De la letra menuda se ocuparían eficazmente los
letrados, escribanos y tinterillos de que lo rodearía el Partido.

La primera medida de gobierno de Don Goyo, fue la de hacerse comprar y
enviar por ferrocarril, un enorme automóvil con motor de ocho cilindros en
línea, y la de renovar el uniforme de su chofer -el inmutable Negro
Berrondo- dotándolo de un traje cuasi militar, con botones de oro macizo,
quepis con visera de celuloide, botines y polainas charoladas. Ejerció Don
Goyo el poder aplicando la socarronería aristocrática propia de su
condición social, a la que sumaba empírica zorrería campesina. No pesaba su
gestión excesivamente al erario público, porque las dádivas salían de su
bolsillo inagotable. Demostró agudeza política, al aplicar estrategias que
sumían a sus adversarios y detractores en la impotencia: Cuando alguna
polvareda política se adensaba, Don Goyo manifestaba: "Lo que es yo, me voy
a la mierda...", y se sometía a ostracismo voluntario en alguna de sus
estancias serranas, con preferencia en las más remotas e inaccesibles,
hasta que la polvareda se aplacaba.

Nadie pudo acusarlo de aumentar la ya nutrida masa de cagatintas de la
burocracia de la capital. Don Goyo se dedicó a nombrar ordenanzas y peones
de maestranza en cada municipio, parroquia o remoto juzgado de paz. En este
orden, por ejemplo, el Juez de Paz de Infansón, quien no había dirimido un
conflicto desde tiempos remotos, se encontró de un día para otro con un
ordenanza que le cebaba mate, y un peón general (así lo consignaba el
nombramiento) que el Juez destinó a pastorear su linda majada de cabras.
Pero donde más ordenanzas y peones el Señor Gobernador había concentrado
era en la propia sede del Gobierno. Una veintena de collas recomendados por
caudillos del Partido, oriundos de los departamentos del Oeste, habían
acampado en las catacumbas de la gobernación donde holgaban, pues nadie se
hizo cargo de sus destinos, ni se dio por enterado de su presencia, con
excepción del Señor Gobernador, hasta cuyo despacho trepaban los relentes
de las fogatas de leña de jarilla, y los aromas del matecocido y las
tortillas al rescoldo que los collas cocinaban. Don Goyo interrumpía
cualquier reunión, por protocolar que fuese, para encargar a su Secretario
Letrado: "Che, Josecito, mandáme a buscar un jarro de matecocido y un
pedazo de tortilla, ¡que ya me han hecho dar hambre otra vez, estos collas
del carajo!"
Como buen campesino, era Don Goyo madrugador. Oscuro llegaba a la Casa de
Gobierno. Frente la entrada principal había cedido el empedrado, formando
un profundo y extenso bache. El Negro Berrondo extremaba cuidados al
penetrar en el bache, pero era inevitable que el majestuoso automóvil
quedara estacionado con marcada escora a babor, dificultando el descenso al
Señor Gobernador, quien renegaba con el bache, exclamando: "¡Este pozo de
mierda me tiene cansao... Un día de estos, lo hago sacar!", expresión
repetida cada día de los tres años que a la sazón duraba su gestión, hasta
que un día, una lluvia, acontecimiento nada común en el pago, colmó su
paciencia: El bache se había convertido en un lodazal, el que conmovido por
el automóvil del Señor Gobernador avanzó sobre la acera, de modo que Don
Goyo hubo de embarrarse los botines. Dejando atrás a un grupo de mangueros
que lo aguardaba, se introdujo en la Casa de Gobierno, pero, en vez de
encarar la majestuosa escalinata que lo llevaba a su despacho, a paso
marcial descendió hacia las catacumbas, donde desconsideradamente despertó
a los collas que dormían a pata tendida.
En seguida, emergió conduciendo una cuadrilla armada de palas, picos y
barretas. "¡Corré el auto pal lao la'Catedral, Negro!", ordenó a su chofer.
Giró, dirigiéndose a los collas: "¿Han visto ustedes este pozo, vagos de
mierda?", inquisición a la que respondió un colla viejo, medio adormilado,
aspirando más que emitiendo su respuesta: "Hace años que lo conocimos,
Señor Gobernador." Don Goyo, se mostró satisfecho con la respuesta, dispuso
la cuadrilla alrededor del bache, para istruirla: "Atiendanmé bien: Me van
hacer un pozo al lao de este, y me lo tapan... Me hacen otro pozo al lao, y
me lo tapan... ¡Prosigan así, hasta retirármelo bien lejos de la ciudad,
ande no joda a naides!", expresado lo cual, autogratificado por su
ejecutividad, esta vez a paso reposado y solemne, marchó hacia su despacho.


Del libro "Canciones para lavarle la cara a la ciudad, mientras tomás un
mate" de Carlos Herrera.

** Carlos "Tata" Herrera, nació en San Fernando del valle de Catamarca en
1937. Escritor y poeta. Frecuenta el cuento, la poesía y el teatro. Han
musicalizado sus trabajos los músicos Juan Falú (chacarera "La Donata
Suárez"), Lalo Molina, Delfor Sombra, Daniel Rochi, etc.. Comparte con el
maestro José Luis Bollea (Pro Música de Rosario) las cantatas "Scheypuquíñ
y Juan memoria cantada" y "Con Pablo en Isla Negra". Publicó "Ojos al
Viento" poesía, en Edit. Plus Ultra (1997), y "Ocurrió en Cupajo"
narrativa, en Ediciones Pitanguá (2002). Actualmente la Editorial Shinseken
Ltda. del Japón, publica dos libros suyos vertidos a numerosas lenguas
orientales y occidentales. La mayor parte de su obra permanece inédita.
Escribe en la prensa de la Norpatagonia, Santa Rosa (L. P.), Córdoba,
Catamarca, etc..

Para comunicarse con Tata Herrera: eltataherrera@...


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