[P/L@] Documentos de Nuestra Historia
1956
Buenos Aires
Decide el gobierno que el peronismo no existe
Mientras fusila obreros en los basurales, la dictadura militar argentina
decreta la inexistencia de Perón, Evita y el peronismo. Queda prohibido
mencionar sus nombres y sus fechas. Sus imágenes son delito. Se manda
demoler la residencia presidencial, hasta la última piedra, como si
contagiara la peste.
Pero, ¿qué hacer con el cadaver embalsamado de Evita? Ella es el símbolo
más peligroso de la soberbia de la chusma, el estandarte de la
soliviantada plebe que durante diez años se ha paseado por el poder como
perico por su casa. Los generales arrojan el cuerpo dentro de una caja,
bajo una etiqueta de "Equipos de radio", y lo mandan al destierro. Adónde,
es secreto. Dicen que dicen que a Europa, o a una isla en medio del mar.
Evita se convierte en una muerta errante, que viaja en secreto por lejanos
cementerios, expulsada del país por los generales que no saben, o no quieren
saber, que ella yace en su gente.
Eduardo Galeano (Memoria del Fuego. III. El siglo del viento)
"Si la historia la escriben los que ganan
eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia,
quien quiera oir que oiga."
Recuerdos del peronismo
LA OTRA HISTORIA
El gobierno constitucional de Juan Domingo Perón es interrumpido por las fuerzas
activas de la sociedad el 16 de Septiembre de 1955. La autodenominada Revolución
Libertadora instaura un largo período represivo y de proscripción (Ley 4161). El
golpe de Estado que pone fin al segundo gobierno peronista, encabezado por el
General Pedro Eugenio Aramburu y el Almirante Isaac Rojas, sumado al exilio del
líder, son factores determinantes en el surgimiento de lo que se conoce como la
resistencia peronista, que empieza a manejarse independientemente de la
dirigencia, ya que ésta se encuentra burocratizada y desorganizada, incluso
partidaria del acuerdismo.
El 9 de Junio de 1956 el Gral. Valle lleva a cabo una revuelta contra las
autoridades de facto sin éxito alguno. Ni el propio Perón había manifestado su
acuerdo porque no estaba seguro de la autenticidad de los móviles de sus
ejecutores. Los principales focos de la revolución son La Plata, Campo de Mayo y
Santa Rosa. Valle y sus compañeros son fusilados antes de que se decrete ley
marcial en el territorio de la nación. Veintisiete son en total los muertos de
ese intento pero seis meses después se entera el joven periodista Rodolfo Walsh
que hay un fusilado que vive: Julio Troxler, luego publicará esta historia en su
magnífico libro "Operación Masacre".
La "Operación Masacre" fue contra un grupo de personas que, mientras escuchaban
"la pelea" o jugaban a las cartas, son llevados detenidos a la comisaría.
Algunos de ellos tenían muchos años de militancia política, pero la mayoría no
tenía la menor idea de por qué se los estaba privando de su libertad.
LOS MARTIRES DEL 9 JUNIO DE 1956
EN EL RECUERDO DE ANDRES FRAMINI Y RODOLFO WALSH
Argenpress.info(Fecha publicación:08/06/2003)
Reproducimos textos sobre la masacre de José León Suárez, sufrida por
peronistas a manos de asesinos de la llamada Revolución Libertadora.
Palabras sobre la Resistencia Peronista de Andrés Framini
(...). A la Resistencia se suman los militares. Qué garantía para nosotros
con la experiencia que tenían los militares para esos casos¡. Teníamos
contacto con los compañeros, con la mayoría que después fueron fusilados,
con Costales, con el Coronel Cogorno, con los hermanos Yrigoyen, con todos
los militares que se habían sumado a esto y que tanta importancia tenían
para la Resistencia. El Gral. Valle estaba preso, preso en un barco, pero
desde ahí ya había empezado a preparar la revolución. Había ido buscando
contactos y cuando salió en libertad, juntamos a todos los sectores que
representaban la Resistencia y resolvimos tres cosas importantes: la
primera, seguir adelante y hasta el fondo para derrocar la dictadura; la
segunda: llegamos al convencimiento de que por la vía democrática no los
sacábamos, entonces el único camino que nos quedaba era el de la revolución
y decidimos prepararnos en el terreno de nuestros enemigos; tercero: se
reconoció como jefe del Movimiento al General Valle y al General Tanco.
Elegimos el día: el 9 de junio. Recuerdo que el 8 estaba con Valle y, en el
café de 'Los Angelitos' nos encontramos con los suboficiales que eran los
encargados de tomar la radio donde íbamos a lanzar la proclama que era el
primer golpe que íbamos a dar para salir a combatir. Y ahora que hablo de
la proclama quiero recordar (ustedes han leído lo que es esa proclama, el
contenido de la proclama que es lo más incruenta posible), que fue revisada
hasta el último momento por dos grandes compañeros peronistas, porque les
teníamos fé y confianza, dos peronistas de raza, dos compañeros
comprometidos hasta el tuétano con la revolución: los compañeros José María
Castiñeira de Dios y Enrique Olmedo.
El comando estaba en la calle Alsina, en Avellaneda, enfrente de la plaza.
La primera resolución del comando fue nombrar una comisión que saldría a
tomar la escuelita que estaba al lado de la cancha de Racing y que, desde
allí se largaría la proclama por radio; entre algunos de la comisión estaba
el gran compañero Costales, Pepe Yrigoyen, Lugo y otros más. A los diez
minutos nos llaman y nos dicen 'Ya tomamos la escuelita', pero a la media
hora nos dicen: 'no hablen más para acá porque estamos rodeados'. Pasa una
hora y el asesino de Rojas anuncia por radio el fusilamiento de los
revolucionarios y da los nombres que eran los de los compañeros que habían
tomado la escuelita. No había pasado una hora cuando aparece otra
información: en Lanús son asesinados otros compañeros entre los que estaban
los hermanos Ross. Por si fuera poco, después nos llega la noticia del
fusilamiento del Coronel Cogorno en La Plata. La única buena pero que no
alcanzaba era que el Capitán Filipaux había tomado Santa Rosa. Por suerte
después él se salvó del fusilamiento.
Lo último fue cuando levantaron a los compañeros que simulaban estar
mirando una pelea, los cargaron, los llevaron a José León Suárez y mientras
bajaban del camión, los mataban fusilándolos por la espalda.
Proclama del 9 de Junio de 1956
-No hacemos cuestión de banderías, porque luchamos por la Patria, que es de
todos. No nos mueve el interés de ningún hombre, ni de ningún partido. Por
ello, sin odios ni rencores, sin deseos de venganza ni discriminaciones
entre hermanos, llamamos a la lucha a todos los argentinos que con limpieza
de conducta y pureza de intenciones, por encima de las diferencias
circunstanciales, de grupos, o partidos, quieran y defiendan lo que no
puede dejar de querer o defender un argentino: la felicidad del pueblo y la
grandeza de la Patria, en una Nación socialmente Justa, económicamente
Libre, y políticamente Soberana.
General Juan José Valle
General Raúl Tanco
De Revista La Maga
Nota del 10 del 6 de 1998.
***
Operación Masacre
por Rodolfo Walsh
La investigación de Rodolfo Walsh relata la detención de diecisiete hombres
reunidos para escucharlas noticias del levantamiento militar del general
Juan José Valle en un domicilio, particular de un barrio obrero de
Boulogne. Todos son obviamente peronistas. Algunos son liberados. Pero el
jefe de la policía bonaerense, coronel Desiderio Fernández Suárez, ordena
verbalmente la ejecución de los doce restantes. Trasladados a un basural de
José León Suárez, siete de ellos, algunos gravemente heridos, sobreviven al
ametrallamiento. Cinco cadáveres quedan tendidos. Son los de Carlos Alberto
Lizazo, Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Mario Brión. y Vicente
Rodríguez.
Epílogo de la edición de 1972 (fragmentos)
Una de mis preocupaciones, al descubrir y relatar esta matanza cuando sus
ejecutores aún estaban en el poder, fue mantenerla separada, en lo posible,
de los otros fusilamientos cuyas víctimas fueron en su mayoría militares.
Aquí había un episodio al que la Revolución Libertadora no podía responder
ni siquiera con sofismas.
Ese método me obligaba a renunciar al encuadre histórico, en beneficio del
alegato particular. Se trataba de presentar a la Revolución Libertadora, y
sus herederos hasta hoy, el caso límite de una atrocidad injustificada, y
preguntarles si la reconocían como suya, o si expresamente la
desautorizaban. La desautorización no podía revestir otras formas que el
castigo de los culpables y la reparación moral y material de las víctimas.
Tres ediciones de este libro, alrededor de cuarenta artículos publicados,
un proyecto presentado al Congreso e innumerables alternativas menores han
servido durante doce años para plantear esa pregunta a cinco gobiernos
sucesivos. La respuesta fue siempre el silencio. La clase que esos
gobiernos representan se solidariza con aquel asesinato, lo acepta como
hechura suya y no lo castiga simplemente porque no está dispuesta a
castigarse a sí misma.
Las ejecuciones de militares en los cuarteles fueron, por supuesto, tan
bárbaras, ilegales y arbitrarias como las de civiles en el basural.
El 12 de junio se entrega el general Valle, a cambio de que cese la
matanza. Lo fusilan esa misma noche.
Suman 27 ejecuciones en menos de 72 horas en seis lugares.
Todas ellas están calificadas por el artículo 18 de la Constitución
Nacional, vigente en ese momento que dice: 'Queda abolida para siempre la
pena de muerte por motivos políticos'.
En algunos casos se aplica retroactivamente la ley marcial. En otros, se
vuelve abusivamente sobre la cosa juzgada. En otros, no se toma en cuenta
el desistimiento de la acción armada que han hecho a la primera intimación
los acusados. Se trata en suma de un vasto asesinato, arbitrario e ilegal,
cuyos responsables máximos son los firmantes de los decretos que
pretendieron convalidarlos: generales Aramburu y Ossorio Arana, almirantes
Rojas y Hartung, brigadier Krause.
Aramburu y el juicio histórico
El 29 de mayo de 1970 un comando montonero secuestró en su domicilio al
teniente general Aramburu. Dos días después esa organización lo condenaba a
muerte y enumeraba los cargos que el pueblo peronista alzaba contra él. Los
dos primeros incluían 'la matanza de 27 argentinos sin juicio previo ni
causa justificada' el 9 de junio de 1956.
El comando llevaba el nombre del fusilado general Valle. Aramburu fue
ejecutado a las 7 de la mañana del 1º de junio.
La ejecución de Aramburu provocó una semana más tarde la caída del general
Onganía, cuya dictadura ya había sido resquebrajada otro 29 de mayo -el año
anterior- por la epopeya popular del Cordobazo, y postergó momentáneamente
los proyectos de los sectores liberales que veían en el general ajusticiado
una solución de recambio para la fracasada Revolución Argentina.
El dramatismo de esa muerte aceleró un proceso que suele llevar años: la
creación de un prócer. En cuestión de meses los doctores liberales, la
pren-sa, los herederos políticos canonizaron a Aramburu mediante el uso
irrestricto del ditirambo y la elegía. Paladín de la democracia, soldado de
la libertad, dilecto hijo de la patria, militar forjado en el molde clásico
de la tradición sanmartiniana, gobernante sencillo y probo que rehuía por
temperamento los excesos de autoridad, son algunos de los conjuros que
escamotean a la historia el perfil verdadero de Aramburu. Dos años después
tenía su Mausoleo, ornado de virtudes.
La matanza de junio ejemplifica pero no agota la perversidad de ese
régimen. El gobierno de Aramburu encarceló a millares de trabajadores,
reprimió cada huelga, arrasó la organización sindical. La tortura se
masificó y se extendió a todo el país. El decreto que prohíbe nombrar a
Perón o la operación clandestina que arrebata el cadáver de su esposa, lo
mutila y lo saca del país, son expresiones de un odio al que no escapan ni
los objetos inanimados, sábanas y cubiertos de la Fundación incinerados y
fundidos porque llevan estampado ese nombre que se concibe como demoníaco.
Toda una obra social se destruye, se llega a cegar piscinas populares que
evocan el 'hecho maldito', el humanismo liberal retrocede a fondos
medievales: pocas veces se ha visto aquí ese odio, pocas veces se han
enfrentado con tanta claridad dos clases sociales.
Pero si este género de violencia pone al descubierto la verdadera sociedad
argentina, fatalmente escindida, otra violencia menos espectacular y más
perniciosa se instala en el país con Aramburu. Su gobierno modela la
segunda década infame, aparecen los Alsogaray, los Krieger, los Verrier que
van a anudar prolijamente los lazos de la dependencia desatados durante el
gobierno de Perón. La República Argentina, uno de los países con más baja
inversión extranjera (5% del total invertido), que apenas remesaba
anualmente al extranjero un dólar por habitante, empieza a gestionar esos
préstamos que sólo benefician al prestamista, a adquirir etiquetas de
colores con el nombre de tecnologías, a radicar capitales extranjeros
formados con el ahorro nacional y a acumular esa deuda que hoy grava el 25%
de nuestras exportaciones. Un solo decreto, el 13.125, despoja al país de 2
mil millones de dólares en depósitos bancarios nacionalizados y los pone a
disposición de la banca internacional que ahora podrá controlar el crédito,
estrangular a la pequeña industria y preparar el ingreso masivo de los
grandes monopolios.
Quince años después será posible hacer el balance de esa política: un país
dependiente y estancado, una clase obrera sumergida, una rebeldía que
estalla por todas partes. Esa rebeldía alcanza finalmente a Aramburu, lo
enfrenta con sus actos, paraliza la mano que firmaba empréstitos,
proscripciones y fusilamientos.
Rodolfo Walsh
***
Los 'fusilados' en sede militar
Por una confusión con los dos de apellido Irigoyen, Walsh registra 27, pero
son 28. Los fusilamientos fueron en la Unidad Regional de Lanús, en el
Regimiento 7 de La Plata y en el Bosque, en Campo de Mayo, en el Regimiento
2 de Palermo y, el general Valle, en el Penal de Las Heras: General de
división Juan José Valle; Coroneles Ricardo Santiago Ibazeta, Alcibiades
Eduardo Cortínez y José Albino Irigoyen; Teniente coronel Oscar Lorenzo
Cogorno; Capitanes Eloy Luis Caro, Dardo Nestor Cano y Jorge Miguel
Costa-les; Tenientes 1º Jorge Leopoldo Noriega y Néstor Marcelo Videla;
Subteniente Alberto Juan Abadie; Suboficiales principales Miguel Ángel
Paolini y Ernesto Gareca; Sargentos ayudantes Isauro Costa y Luis Pugnetti;
Sargentos Hugo Eladio Quiroga y Luis Bagnetti; Cabos Miguel José Rodríguez
y Luciano Isaías Rojas; ciudadanos Clemente Braulio Ross, Norberto Ross,
Osvaldo Alberto Albedro, Dante Hipólito Lugo, Aldo Emir Jofre, Miguel Ángel
Mauriño, Rolando Zanetta, Ramón Raúl Videla y Carlos Irigoyen.
Terrorismo de Estado: Juan José Valle y la Revolución Fusilada
No nos mueve el interés de ningún partido. Por ello, sin odio ni rencores,
sin deseos de venganza ni discriminaciones entre hermanos, llamamos a la
lucha a todos los argentinos que con limpieza de conducta y pureza de
intenciones, por encima de diferencias circunstanciales de grupos o de
partidos, quieren y defienden lo que no puede dejar de querer y defender un
argentino: la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Patria, en una
nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
¡VIVA LA PATRIA!'. La proclama revolucionaria estaba terminada. Una
profunda satisfacción iluminó la mirada de los tres hombres. Discretamente,
Elbia les sirvió café y se retiró. Aquel departamento, 7° piso, de la
Avenida Rivadavia al 2300, habituado al silencio, a la media luz, con
cientos de libros como testigos, era casi el ámbito natural para aquellos
tres hombres que estaban ejerciendo el deber patriótico de resistirse a la
tiranía.
Los tres convocados eran dos generales y un escritor. Juan José Valle, Raúl
Tanco y don Leopoldo Marechal.
La tensión podía palparse en la penumbra. La fecha fijada fue el 9 de
junio. La proclama recién concluida sería el punto de partida. A mediados
de 1956, la Argentina estaba asfixiada de intolerancia y de represión
institucionalizada. Se habían desatado odios y violencia incontenibles.
Eran los tiempos de la autodenominada 'revolución libertadora'. Tiempos de
Aramburu y Rojas. Lonardi había quedado atrás casi como una trágica
anécdota. Más atrás aún el gobierno legítimo y legal del General Perón,
reelecto en el 52 por más del 60% de los electores pero derrocado para
'reestablecer el imperio del derecho '. Eufemismo 'libertador' que
significó la restauración de la Argentina oligárquica, decadente y
dependiente de la 'Década Infame'. Había vuelto la Argentina de las
minorías y el privilegio para postergar a la voluntad transformadora de las
mayorías acaudilladas por Perón. Contra esa dictadura cívico-militar se
alzaron los conjurados de junio de 1956. Es decir, para terminar con un
gobierno sedicioso que había puesto en práctica un plan 'destinado a
retrotraer al país al más crudo coloniaje, mediante la entrega al
capitalismo internacional de los resortes fundamentales de la economía'.
La respuesta de Aramburu y Rojas ante el levantamiento fue concluyente ,
decía un segundo comunicado oficial: Artículo 2°: 'Todo oficial de las
fuerzas armadas de seguridad en actividad y cumpliendo actos de servicio
podrá ordenar juicio sumarísimo con atribuciones para aplicar o no la pena
de muerte por fusilamiento a todo perturbador de la tranquilidad pública'.
Y seguía: 'Artículo 3°: A los fines de la interpretación del artículo 2° se
considerará perturbador a toda persona que: porte armas, desobedezca
órdenes policiales o demuestre actividades sospechosas de cualquier
naturaleza'. Al fracasar la puesta en marcha de la revolución del 9 de
junio, con 'serena energía' , como suele decirse, y con saña feroz. Como
suele ocultarse, la 'libertadora' derramó sobre tierra argentina sangre de
argentinos. En Lanús, en los basurales de José León Suárez, en los
cuarteles de Campo de Mayo, en la Escuela Mecánica del Ejército, en La
Plata y en los sombríos patios de la ex Penitenciaría Nacional de Coronel
Díaz y Las Heras, entre el 10 y 12 de junio de 1956, 27 hombres fueron
víctimas del terrorismo de estado 'libertador'. Fueron pasados por las
armas 27 hombres, entre civiles y militares, por integrar el Movimiento de
Recuperación Nacional. Su delito: haber tomado las armas 'en defensa de la
patria' decididos a pacificar la Nación por el camino de la verdadera
libertad'.
Los antecedentes históricos
Para comprender las causas de los fusilamientos de junio de 1956 hay que
rastrear nuestra historia desde mucho antes que los compatriotas del valle
pusieran en marcha su revolución...Y así encontraríamos en la infausta
jornada de Caseros, el punto de partida de la violencia ejercida desde el
poder contra la voluntad de liberación y de independencia de los sectores
nacionales. Fue por entonces cuando se puso en práctica ese auténtico
'derecho de bestias' que es el terrorismo de Estado. Terrorismo de Estado
que las dictaduras aplican como violencia selectiva. Terrorismo de estado
que funciona desde que el 'ni vencedores ni vencidos' de caseros se
transformó en el asesinato del Coronel Martiniano Chilavert y en la
ferocidad 'ejemplificadora' de la ejecución en masa de casi doscientos
hombres de la división Aquino que fueron colgados como singular adorno de
los jardines de Palermo para el horro de las desprevenidas damitas unitarias.
La puesta en marcha y el fracaso
Cuando los generales Juan José Valle y Raúl Tanco - dos de los 150 jefes y
oficiales de las FFAA que habían sido 'depurados' por 'nacionales' después
del 55- se colocaron a la cabeza de la rebelión de junio, estaban
transformando en hecho algo que silenciosamente latía en la conciencia del
pueblo. Pero tan pronto como el Movimiento de Recuperación Nacional se puso
en marcha fue infiltrado por los servicios de información de la dictadura
aramburista. Porque como tan grandes fueron los objetivos de los
revolucionarios, tan escasas fueron las medidas de seguridad que
implementaron. Así, cuando se fue acercando la hora de la asonada, se
intensificó la vigilancia de los movimientos de los revolucionarios por
medio de los oficiales de inteligencia infiltrados. Es decir que, al tanto
de todo lo que sucedía, el gobierno de ipso pudo haber detenido a Valle y a
sus colaboradores civiles y militares con anterioridad al 9 de junio. Pero
no lo hizo. Porque ya estaba en marcha un siniestro plan; un baño de sangre
ejemplificador como aquel de la División Aquino o el de la cabeza del
'Chacho' exhibida en Olta para terminar con la sorda y terca resistencia de
la chusma peronista.
Muchos indicios abonan la teoría de que la brutal represión estaba
prevista. Prevista hasta tal punto que Aramburu, el presidente de facto,
estaba en Rosario al inicio de los sucesos y había dejado firmado, sin
fecha, el decreto fusilador.
No hacemos cuestión de banderías porque luchamos por la Patria que es de
todos. No nos mueve el interés de ningún hombre ni de ningún partido. No
nos mueve el interés de ningún partido. Por ello, sin odio ni rencores, sin
deseos de venganza ni discriminaciones entre hermanos, llamamos a la lucha
a todos los argentinos que con limpieza de conducta y pureza de
intenciones, por encima de diferencias circunstanciales de grupos o de
partidos, quieren y defienden lo que no puede dejar de querer y defender un
argentino: la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Patria, en una
nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.
¡VIVA LA PATRIA!'.
La proclama revolucionaria estaba terminada. Una profunda satisfacción
iluminó la mirada de los tres hombres. Discretamente, Elbia les sirvió café
y se retiró. Aquel departamento, 7° piso, de la Avenida Rivadavia al 2300,
habituado al silencio, a la media luz, con cientos de libros como testigos,
era casi el ámbito natural para aquellos tres hombres que estaban
ejerciendo el deber patriótico de resistirse a la tiranía. Los tres
convocados eran dos generales y un escritor. Juan José Valle, Raúl Tanco y
don Leopoldo Marechal. La tensión podía palparse en la penumbra. La fecha
fijada fue el 9 de junio. La proclama recién concluida sería el punto de
partida.
A mediados de 1956, la Argentina estaba asfixiada de intolerancia y de
represión institucionalizada. Se habían desatado odios y violencia
incontenibles. Eran los tiempos de la autodenominada 'revolución
libertadora'. Tiempos de Aramburu y Rojas. Lonardi había quedado atrás casi
como una trágica anécdota. Más atrás aún el gobierno legítimo y legal del
General Perón, reelecto en el 52 por más del 60% de los electores pero
derrocado para 'reestablecer el imperio del derecho '. Eufemismo
'libertador' que significó la restauración de la Argentina oligárquica,
decadente y dependiente de la 'Década Infame'. Había vuelto la Argentina de
las minorías y el privilegio para postergar a la voluntad transformadora de
las mayorías acaudilladas por Perón. Contra esa dictadura cívico-militar se
alzaron los conjurados de junio de 1956. Es decir, para terminar con un
gobierno sedicioso que había puesto en práctica un plan 'destinado a
retrotraer al país al más crudo coloniaje, mediante la entrega al
capitalismo internacional de los resortes fundamentales de la economía'.
La respuesta de Aramburu y Rojas ante el levantamiento fue concluyente ,
decía un segundo comunicado oficial: Artículo 2°: 'Todo oficial de las
fuerzas armadas de seguridad en actividad y cumpliendo actos de servicio
podrá ordenar juicio sumarísimo con atribuciones para aplicar o no la pena
de muerte por fusilamiento a todo perturbador de la tranquilidad pública'.
Y seguía: 'Artículo 3°: A los fines de la interpretación del artículo 2° se
considerará perturbador a toda persona que: porte armas, desobedezca
órdenes policiales o demuestre actividades sospechosas de cualquier
naturaleza'. Al fracasar la puesta en marcha de la revolución del 9 de
junio, con 'serena energía' , como suele decirse, y con saña feroz. Como
suele ocultarse, la 'libertadora' derramó sobre tierra argentina sangre de
argentinos.
En Lanús, en los basurales de José León Suárez, en los cuarteles de Campo
de Mayo, en la Escuela Mecánica del Ejército, en La Plata y en los sombríos
patios de la ex Penitenciaría Nacional de Coronel Díaz y Las Heras, entre
el 10 y 12 de junio de 1956, 27 hombres fueron víctimas del terrorismo de
estado 'libertador'. Fueron pasados por las armas 27 hombres, entre civiles
y militares, por integrar el Movimiento de Recuperación Nacional. Su
delito: haber tomado las armas 'en ----defensa de la patria' decididos a
pacificar la Nación por el camino de la verdadera libertad'.
Carta del General J. J. Valle a Aramburu antes de ser fusilado
Dentro de pocas horas usted tendrá la satisfacción de haberme asesinado.
Debo a mi Patria la declaración fidedigna de los acontecimientos. Declaro
que un grupo de marinos y de militares, movidos por ustedes mismos, son los
únicos responsables de lo acaecido. Para liquidar opositores les pareció
digno inducirnos al levantamiento y sacrificarnos luego fríamente. Nos
faltó astucia o perversidad para adivinar la treta. Así se explica que nos
esperaran en los cuarteles, apuntándonos con las ametralladoras, que
avanzaran los tanques de ustedes aun antes de estallar el movimiento, que
capitanearan tropas de represión algunos oficiales comprometidos en nuestra
revolución. Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes,
escarmentar al pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo
Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones,
desvirtuadas al día siguiente en solicitadas de los diarios y desahogar una
vez más su odio al pueblo. De aquí esta inconcebible y monstruosa ola de
asesinatos. Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa
y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado
por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán
asomárseles por los ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los
besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años
sus victimas les seguirán a cualquier rincón del mundo donde pretendan
esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos, bajo el terror
constante de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino,
justificará jamás tantas ejecuciones. La palabra 'monstruos' brota
incontenida de cada argentino a cada paso que da. Conservo toda mi
serenidad ante la muerte. Nuestro fracaso material es un gran triunfo
moral. Nuestro levantamiento es una expresión más de la indignación
incontenible de la inmensa mayoría del pueblo argentino esclavizado. Dirán
de nuestro movimiento que era totalitario o comunista y que programábamos
matanzas en masa. Mienten. Nuestra proclama radial comenzó por exigir
respeto a las Instituciones y templos y personas. En las guarniciones
tomadas no sacrificamos un solo hombre de ustedes. Y hubiéramos procedido
con todo rigor contra quien atentara contra la vida de Rojas, de Bengoa, de
quien fuera. Porque no tenemos alma de verdugos. Sólo buscábamos la
justicia y la libertad del 95% de los argentinos, amordazados, sin prensa,
sin partido político, sin garantías constitucionales, sin derecho obrero,
sin nada. No defendemos la causa de ningún hombre ni de ningún partido. Es
asombroso que ustedes, los más beneficiados por el régimen depuesto, y sus
más fervorosos aduladores, hagan gala ahora de una crueldad como no hay
memoria. Nosotros defendemos al pueblo, al que ustedes le están imponiendo
el libertinaje de una minoría oligárquica, en pugna con la verdadera
libertad de la mayoría, y un liberalismo rancio y laico en contra de las
tradiciones de nuestro país. Todo el mundo sabe que la crueldad en los
castigos la dicta el odio, sólo el odio de clases o el miedo. Como tienen
ustedes los días contados, para librarse del propio terror, siembran
terror. Pero inútilmente. Por este método sólo han logrado hacerse
aborrecer aquí y en el extranjero. Pero no taparán con mentiras la
dramática realidad argentina por más que tengan toda la prensa del país
alineada al servicio de ustedes. Como cristiano me presento ante Dios que
murió ajusticiado, perdonando a mis asesinos, y como argentino, derramo mi
sangre por la causa del pueblo humilde, por la justicia y la libertad de
todos no sólo de minorías privilegiadas. Espero que el pueblo conocerá un
día esta carta y la proclama revolucionaria en las que quedan nuestros
ideales en forma intergiversable. Así nadie podrá ser embaucado por el
cúmulo de mentiras contradictorias y ridículas con que el gobierno trata de
cohonestar esta ola de matanzas y lavarse las manos sucias es sangre. Ruego
a Dios que mi sangre sirva para unir a los argentinos. Viva la patria.'
Juan José Valle.
Buenos Aires, 12 de junio de 1956.
Antecedentes
En 1955, una sucesión de golpes militares terminó con el gobierno
peronista. Primero había sido el levantamiento del 28 de setiembre de 1951,
encabezado por un general retirado -Benjamín Menéndez-, rápidamente
sofocado. Su única víctima fue un cabo leal. Sus consecuencias: la sanción
de una ley que imponía la pena de muerte para hechos similares y una
cantidad de militares arrestados, varios de los cuales adquirirían luego
notoriedad, como Alejandro Agustín Lanusse, Julio Alsogaray, Tomás Sánchez
de Bustamante, Luis M. Prémoli, Rodolfo Larcher y Alcidez López Aufranc,
entre otros.
Fue el 16 de junio de 1955, al mediodía, cuando desde el oeste aparecieron
raudos y a baja altura aviones de la Marina. El bombardeo a la Casa Rosada
dejó varios centenares de muertos y heridos, en su gran mayoría oficinistas
sorprendidos a la hora del intermedio laboral y ocasionales pasajeros del
lugar.
El bombardeo deja 300 muertos y unos mil heridos. El plan era que la Casa
de Gobierno debía ser tomada por la infantería de marina, cosa que no
ocurrió, además Perón no estaba allí en ese momento. Por el intento
golpista fueron detenidas 800 personas y se disolvió la Infantería de
Marina y la Aviación Naval, uno de los responsables del fallido golpe, el
contraalmirante Gargiulo, se suicidó. Durante la tarde del 16 de junio la
CGT convoca una concentración en la Plaza de Mayo y el presidente Perón
anuncia que el intento golpista había sido sofocado.
En respuesta, fueron incendiadas la Curia Eclesiástica, las iglesias de
Santo Domingo, San Francisco, San Nicolás, La Piedad, San Ignacio, San Juan
Bautista, Nuestra Señora de la Merced, Nuestra Señora de las Victorias y
San Miguel.
Por la mañana, se perdieron vidas; por la noche, reliquias y obras de arte
irrecuperables. En eso había derivado la escalada desde que el 11 de junio
se había realizado la tradicional procesión de Corpus Christi, convertida
en la primera manifestación antiperonista desde 1946.
Al día siguiente, domingo, se produjo un ataque a la Catedral por parte de
grupos peronistas, donde hubo heridos y detenidos: 19 sacerdotes y unos 400
feligreses. Fueron expulsados del país monseñor Manuel Tato, obispo
auxiliar de Buenos Aires y Ramón Novoa, vinculado a Acción Católica, cuyos
locales se clausuraron. Como consecuencia de la llamada 'Operación Hoguera'
en la jornada trágica del 16 de junio, la Santa Sede dispuso la excomunión
'contra todos aquellos que han cometido tales delitos', lo que obligó a
Perón, después, a solicitar el fin de la sanción al papa Juan XXIII,
concedido en 1963. Perón reorganizó su gabinete, lanzó una tregua política
y habló, por última vez en Plaza de Mayo, en la que una multitud le pidió
que no renunciara: '...cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de
ellos'.
Los fusilamientos
En junio de 1956 un grupo de civiles y militares progresistas y peronistas
comandados por el general Juan José Valle, intentó un levantamiento armado
en defensa del órden constitucional depuesto por una de las tantas
dictaduras militares surgidas desde la institución de las Fuerzas Armadas
lideradas por el entonces general Aramburu (Ejército) y el almirante Isaac
Rojas (Marina). El primero fue ajusticiado por la organización armada
Montoneros en 1970, ajusticiamiento que en su momento mereció efusivos
festejos y vítores populares. El segundo fue honrado en su lecho de muerte
por el 'pintoresco' presidente Menem, surgido del seno del Partido
Justicialista y transformado en adalid del neoliberalismo. Dicha dictadura,
gustosa de arrogarse el mote de 'revolución libertadora' (aunque la memoria
popular prefiere recordarla como 'revolución fusiladora') había usurpado
autoritaria y violentamente el poder al gobierno constitucional del
presidente Juan Domingo Perón, derogando una Constitución (promulgada en
1949), que en su momento fue la más progresista y avanzada del Occidente
capitalista. Derrotado el levantamiento, sus principales líderes, con el
general Valle a la cabeza, fueron salvajemente fusilados sin previo juicio
en un oscuro basural de José León Suárez, en el conurbano bonaerense.
El odio hacia el pueblo - Prohibición de los emblemas peronistas
Decreto Ley 4161 del 5 de marzo de 1956. Prohibición de elementos de
afirmación ideológica o de propaganda peronista. Publicado en el Boletín
Oficial del 9 de marzo de 1956.
Visto el decreto 3855/55 (6) por el cual se disuelve el Partido Peronista
en sus dos ramas en virtud de su desempeño y su vocación liberticida, y
Considerando: Que en su existencia política el Partido Peronista, actuando
como instrumento del régimen depuesto, se valió de una intensa propaganda
destinada a engañar la conciencia ciudadana, para lo cual creo imágenes,
símbolos, signos y expresiones significativas, doctrina, artículos y obras
artísticas:
Que dichos objetos, que tuvieron por fin la difusión de una doctrina y una
posición política que ofende el sentimiento democrático del pueblo
Argentino, constituyen para este una afrenta que es imprescindible borrar,
porque recuerdan una época de escarnio y de dolor para la población del
país y su utilización es motivo de perturbación de la paz interna de la
Nación y una rémora para al consolidación de la armonía entre los Argentinos.
Que en le campo internacional, también afecta el prestigio de nuestro país
porque esas doctrinas y denominaciones simbólicas, adoptadas por el régimen
depuesto tuvieron el triste merito de convertirse en sinónimo de las
doctrinas y denominaciones similares utilizadas por grandes dictaduras de
este siglo que el régimen depuesto consiguió parangonar.
Que tales fundamentos hacen indispensable la radical supresión de esos
instrumentos o de otros análogos, y esas mismas razones imponen también la
prohibición de su uso al ámbito de las marcas y denominaciones comerciales,
donde también fueron registradas con fines publicitarios y donde su
conservación no se justifica, atento al amplio campo que la fantasía brinda
para la elección de insignias mercantiles.
Por ello, el presidente provisional de la Nación Argentina, en ejercicio
del Poder Legislativo, decreta con fuerza de ley
Art. 1º Queda prohibida en todo el territorio de la Nación
a) La utilización, con fines de afirmación ideológica Peronista, efectuada
públicamente, o propaganda Peronista, por cualquier persona, ya se trate de
individuos aislados o grupos de individuos, asociaciones, sindicatos,
partidos políticos, sociedades, personas jurídicas públicas o privadas de
las imágenes, símbolos, signos, expresiones significativas, doctrina,
artículos y obras artísticas, que pretendan tal carácter o pudieran ser
tenidas por alguien como tales, pertenecientes o empleados por los
individuos representativos u organismos del Peronismo.
Se considerará especialmente violatoria a esta disposición la utilización
de la fotografía, retrato o escultura de los funcionarios Peronistas o sus
parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del
presidente depuesto, el de sus parientes, las expresiones 'peronismo',
'peronista', ' justicialismo', 'Justicialista', 'tercera posición', la
abreviatura PP , las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las
composiciones musicales 'Marcha de los Muchachos Peronista' y 'Evita
Capitana' o fragmentos de las mismas, y los discursos del presidente
depuesto o su esposa, o fragmentos de los mismos.
b) La utilización, por las personas y con los fines establecidos en el
inciso anterior, de las imágenes, símbolos, signos, expresiones
significativas, doctrina, artículos y obras artísticas que pretendan tal
carácter o pudieran ser tenidas por alguien como tales creados o por
crearse, que de alguna manera cupieran ser referidos a los individuos
representativos, organismos o ideología del Peronismo.
c) La reproducción por las personas y con los fines establecidos en el
inciso a), mediante cualquier procedimiento, de las imágenes símbolos y
demás objetos señalados en los dos incisos anteriores.
Art. 2º - Las disposiciones del presente decreto-ley se declaran de orden
público y en consecuencia no podrá alegrarse contra ellas la existencia de
derechos adquiridos. Caducan las marcas de industria, comercio y
agricultura y las denominaciones comerciales o anexas, que consistan en las
imágenes, símbolos y demás objetos señalados en los incs. a) y b) del art. 1º.
Los Ministerios respectivos dispondrán las medidas conducentes a la
cancelación de tales registros.
Art. 3º - El que infrinja el presente decreto-ley será penado:
a) Con prisión de treinta días a seis años y multa de m$n: 500 a m$n. 1.000.000
b) Además, con inhabilitación absoluta por doble tiempo del de la condena
para desempeñarse como funcionario público o dirigente político o gremial;
c) Además, con clausura por quince días, y en caso de reincidencia,
clausura definitiva cuando se trate de empresas comerciales.
Cuando la infracción sea imputable a una persona colectiva, la condena
podrá llevar como pena accesoria la disolución.
Las sanciones del presente decreto-ley será refrendado por el Excmo. Señor
vicepresidente provisional de la Nación y por todos los señores ministros
secretarios de Estado en acuerdo general.
Art. 5º - Comuníquese, etc. - Aramburu - Rojas - Busso - Podestá Costa -
Landaburu - Migone. - Dell´Oro Maini - Martínez - Ygartúa - Mendiondo -
Bonnet - Blanco - Mercier - Alsogaray - Llamazares - Alizón García -
Ossorio Arana - Hartung - Krause.
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