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[P/L@691] El Che cumple 75 años   Lista de mensajes  
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[P/L@] Homenajes
14 de junio de 1928. Nace Ernesto Guevara de la Serna en Rosario, Argentina.


ORLANDO BORREGO, ASISTENTE Y CONFIDENTE DEL CHE GUEVARA
"El objetivo estratégico de Bolivia era la Argentina"

El guerrillero argentino ayer hubiera cumplido 75 años. Página/12 habló con
el autor de dos libros sobre sus ideas y vida, que combatió con él en la
Sierra, fue su viceministro, su compañero de seminario sobre "El Capital"
-con Fidel también de alumno- y nunca pudo cumplir el encargo de crearle
"una fuercita aérea" en Bolivia. Un diálogo que aclara algunos mitos y
malentendidos y describe al hombre y al comandante.
Por Miguel Bonasso

Cuando Orlando Borrego recibió los materiales para un futuro libro que le
enviaba su jefe, el Che Guevara, desde Praga, estaba muy lejos de imaginar
que contenían una terrible profecía: la implosión hacia el capitalismo de
la Unión Soviética. El Che, a quien Borrego había secundado en la creación
y desarrollo del famoso Ministerio de Industrias, colocaba la lente sobre
el famoso Manual de Economía Política ordenado por Stalin y llegaba a
conclusiones sorprendentes para la época (1965): "El estudio sereno de la
teoría marxista y de los hechos recientes nos colocan en críticos de la
URSS (...) Creemos importante la tarea (del libro) porque la investigación
marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos
derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin, ha sucedido
un pragmatismo inconsistente. Y, lo que es más trágico, esto no se refiere
solamente a un campo de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida
de los pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas
pero cuyos resultados finales son incalculables. (...) La superestructura
capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones
de producción y los conflictos provocados por la hibridación que significó
la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura: se está
regresando al capitalismo".
El documento guevarista, de gran valor teórico e histórico, está contenido
en el libro Che: el camino de fuego (Ediciones Hombre Nuevo, Buenos Aires,
2001) del cubano Orlando Borrego, junto con otros aportes fundamentales
sobre la reflexión teórica que iba procesando el Che mientras trabajaba en
la construcción práctica del socialismo cubano. El próximo martes, 17 de
junio, Borrego presentará en Buenos Aires su nuevo libro Che, recuerdos en
ráfaga que complementa, desde el terreno anecdótico, el nuevo abordaje
sobre la rica personalidad del Comandante Guevara iniciado con El camino
del fuego.
En vísperas de la presentación, Borrego dialogó con Página/12 y el cineasta
Tristán Bauer -un especialista en el tema guevarista- acerca de esos años
decisivos (1959 a 1965), en que vivió día a día junto a su famoso jefe las
etapas fundacionales de la Revolución Cubana. Desde aquel día lejano en que
el joven estudiante y militante del 26 de Julio se integró a la columna 8
"Ciro Redondo", al mando de un argentino irónico, aparentemente despectivo,
que en un almuerzo inaugural le dijo para pincharlo: "Los estudianticos no
sirven para combatientes". Y luego, de postre, le cuestionó su afición
"burguesita" por los Lucky Strike, hasta que el "estudiantico" reaccionó y
el Che se disculpó con una carcajada: “Bueno, no te pongas bravo” y,
en
relación a los cigarrillos, "los americanos también producen buenas cosas".
Vendrían después los entrenamientos y combates, hasta la histórica toma de
Santa Clara, en la que Orlando Borrego participó "modestamente", según sus
palabras. Sin embargo, para su frustración, no pudo marchar con el Che a La
Habana y permaneció en Santa Clara como ayudante de regimiento. Hasta que
Guevara, establecido ya en La Cabaña, debió reemplazar a un general de
Fulgencio Batista que comandaba la junta económico-militar de la fortaleza.
Suárez Gayol, uno de los colaboradores del Che, le sugirió que designara a
Borrego, que era contador. Entonces, el joven primer teniente de la
revolución pasó a sustituir a un general de intendencia en aquel cuartel
maestre de gran complejidad en el que la dictadura de Batista había metido
hasta cines y tiendas de lujo para los oficiales superiores. Paralelamente
a sus tareas administrativas, Borrego fue nombrado jefe de los tribunales
que sentenciaron a los torturadores batistianos.
En agosto de 1959, en una reunión informal, el comandante Guevara le
preguntó si quería trabajar con él en "la aventura de la industrialización"
y no lo pensó dos veces. Cuando al Che lo nombraron presidente del Banco
Nacional de Cuba, Borrego quedó como jefe del Departamento de
Industrialización, "aunque para nada entendía de aquello". A partir de ese
momento se convertiría en el segundo de Guevara y en el hombre que habría
de reemplazarlo en los viajes, hasta quedar a cargo de la decisiva
industria azucarera y no poder acompañar al jefe en la lucha del Congo y en
la encrucijada final de Bolivia.
Entre el '59 y el '63 vivieron una odisea muy bien relatada en los dos
libros de Borrego: "Los nuevos administradores no sabían nada. Una vez
nombramos a un muchacho de las FAR que todavía no había cumplido los veinte
años. Cuando armamos el Ministerio de Industrias ya había cientos de
fábricas y la cosa se volvía inmanejable: trabajábamos desde las nueve de
la mañana hasta las tres o cuatro de la madrugada. Yo despachaba todas las
noches con el Comandante, hasta que en una de esas desveladas me dijo:
'Oye, nos estamos agotando demasiado, hagamos un pacto, no nos quedemos más
allá de la una de la madrugada'".
-¿Cómo era el Che en la jefatura? ¿Tan duro como algunos lo pintan?
-Esa es una parte que yo quiero desmitificar, porque se lo ha pintado como
el jefe guerrillero superduro. Si bien un jefe militar no puede ser nunca
muy blando, supo ser con todos nosotros afectuoso y bromista. Como
cualquier ser humano tenía contradicciones, era superorganizado en la
dirección del trabajo en el ministerio y desorganizado para sus documentos
personales. Lo veo frente a su escritorio, con un lío de papeles, donde sin
embargo sabía dónde estaba cada cosa. ¿Tal carpeta? Para allá, le decía al
secretario.
-¿Quién era el secretario?
-Es interesante, porque de ese hombre no se ha hablado nunca, José Manuel
Manresa, que murió hace poco tiempo. Había sido soldado de Batista y el
Che, que calaba a la gente, se olvidó que ese hombre había sido soldado de
Batista y lo mantuvo a su lado, primero como mecanógrafo y luego como el
hombre total de confianza que incluso lo inyectaba cuando le daban los
ataques de asma. Manresa se manejaba muy bien en el desorden del escritorio
y sabía dónde estaba cada cosa. Había tal empatía con el Che que ya se
entendían por señas. A veces bastaba un gruñido, un sonido ininteligible y
Manresa sabía que debía buscar la carpeta azul.
-¿Cómo hablaba el Che? ¿Con un acento híbrido entre argentino y cubano?
-No, no, otra mentira, otra leyenda. El Che asimiló el lenguaje cubano. Ya
cuando fue a la Sierra Maestra, hablaba como cubano. Ahora sí, es verdad
que cuando se irritaba por algo le salía el acento argentino, las palabras
argentinas.
-¿Cómo lo definiría, dejando las hipérboles, en aquella etapa de construcción?
-Jamás se me ocurren elogios desmesurados en relación al Che. Pero sí
considero que es un clásico de la ciencia de la dirección. Que se apegó a
estudiar como un salvaje, no sólo la experiencia socialista sino también la
capitalista, con autores de las escuelas más conocidas de aquella época. La
organización del ministerio, que estuvo a cargo de Enrique Oltuski, es un
precedente muy importante en Cuba...
-Según diversas biografías, Oltuski sería uno de los hombres claves del Che.
-Sí. Un personaje: polaco, judío, formado en Estados Unidos. Durante la
lucha guerrillera, Oltuski (que era el jefe de Las Villas) tuvo broncas
horribles con el Che, pero el comandante lo nombró jefe del proyecto de
organización del Ministerio de Industrias. Y Oltuski hizo una gran tarea
apoyado en especialistas, incluso algunos que habían sido asesores de
organización de grandes empresas norteamericanas. Trabajó en ese proyecto
durante meses. Mientras seguíamos en el Departamento de Industrialización
que funcionaba en la Plaza de la Revolución, en el edificio donde ahora
está el Ministerio de las Fuerzas Armadas. Hasta que nos asignaron el
edificio donde ahora está el Ministerio del Interior. El Che iba
revisandoel proyecto cada tanto tiempo. Cuando Oltuski terminó fuimos al
ministerio y el Che comenzó su inspección por el comedor, preparado ya para
recibir a toda la gente, con el menú semanal incluido. En las oficinas
estaban todos los detalles cuidados: los documentos, los papeles, las
lapiceras, los lapicitos afilados, todo eso. Nunca se ha hecho en Cuba
después una organización con semejante detalle, en la que bastaba con
trasladarse y ponerse a trabajar. Ayudamos todos pero el que dirigió ese
proyecto fue Oltuski, el polaco, un tipo riguroso, que había trabajado en
la Shell y sabía de organización. O sea que la selección del Che fue
excelente. Cuando llegamos al despacho del ministro, el Comandante dijo al
abrirse la puerta, "esto sí que no lo acepto". Porque se habían puesto unos
muebles que no eran lujosos, pero él consideró lujosos porque tenían mucho
color.
-Era muy duro en la ideología de las costumbres, ¿no? Muy austero.
-Superaustero. En todo, en la comida, en todo, de no aceptar nada que el
pueblo no tuviera también, de no tener ninguna distinción porque era jefe.
Por eso, cambió los muebles que le parecían para señoritos y hoy el
despacho se conserva tal cual, como museo. Bien, cuando pasamos al nuevo
edificio se armó el equipo de viceministros, y él me nombró viceministro de
Industrias Básicas y luego su segundo (viceministro primero) para coordinar
todo el trabajo de los viceministros, despachar con él y aliviarle la
carga, porque era además jefe de una región militar y atendía la Junta
Central de Planificación.
-¿En qué etapa?
-Desde el '61 hasta el '64. Hasta que se fue al Congo. Durante ese tiempo
estuve yo como viceministro primero y después, cuando le dio la gana, me
nombró ministro del Azúcar. ¿Eso tú sabes cómo fue? Yo estaba en la casa,
me había acostado a las 3 o 4 de mañana y llamó como a las 6 y pico. El era
muy afónico cuando llamaba por teléfono, tenía una voz muy especial, y me
dice: "Bueno, estate acá dentro de unos minutos, en la casa". Y salí para
su casa. Y me abrió la puerta y me dice con esa cara de ironía: "Buenos
días, señor ministro". Y nada más. Y yo dije: "Bueno, se va de viaje otra
vez". Porque yo me quedaba de ministro. Y me dice: "No, no me voy de viaje,
pasa para acá". Y nos sentamos. Y me dice: "Anoche te designamos ministro
de la Industria Azucarera". Y dije: "¿Cómo?". Se había decidido la famosa
zafra de los diez millones. Esto fue muy duro porque yo había soñado con
que cuando el Che se fuera de Cuba, yo sabía que se iba a ir, y entonces yo
iría con él.
-¿Usted ya sabía que se iba a ir a otro lado?
-Sí, ya sabía. Lo sabíamos desde México, porque en México le dijo a Fidel
que cuando se encaminara la Revolución Cubana quería irse a luchar a
América latina, por supuesto a Argentina, y que no quería ningún tipo de
limitación y eso fue un compromiso personal de Fidel. Sobre este tema se
han escrito muchas mentiras y toda esta infamia de que el Che se fue de
Cuba disgustado con Fidel. Así que volviendo a lo del ministerio, me dijo:
"Sí, se te designó anoche". Y yo: "Es una broma, ¿no?". "No, broma no, se
te designó anoche". "Oye, ven p'acá, ¿yo soy una mesa o una silla?" "No,
¿por qué dices eso?" "¿Es que a mí se me puede mover como un objeto? ¿Y si
no estoy de acuerdo con ser ministro?" "Vamos, vamos... que un carguito de
ministro le gusta a cualquiera". Yo tenía 26 años entonces y no sabía nada
del sector azucarero.
(En ese punto del diálogo interviene Tristán Bauer para recordarle a su
amigo Borrego que no nos ha contado todavía cómo funcionaba el grupo de
jefes revolucionarios que se puso a estudiar El Capital de Carlos Marx.)
-Al tercer año del triunfo de la revolución, se decide en el Consejo de
Ministros crear un seminario sobre marxismo, y empezar a estudiar El
Capital. En el grupo estaban Fidel, el Che y otros compañeros. Entonces les
piden a los soviéticos que manden alguien especializado en El Capital y los
soviéticos designan a un compañero que se llama Anastasio Mansilla, que era
uno de aquellos muchachos españoles que cuando la guerra de España sus
madres los mandaron para la Unión Soviética porque tenían miedo que los
mataran. Mansilla llegó a la URSS a los nueve o diez años, creció y estudió
allí, se hizo economista y después doctor especialista en El Capital. Ese
era el profesor enviado por Moscú para darle clases al Consejo de Ministros
de Cuba. Dicen que el seminario era tremendo, Mansilla cuenta las
discusiones. Allí en el libro yo cuento que Fidel y el Che eran los alumnos
más difíciles. Me lo contó Mansilla, con quien nos hicimos amigos. El me
ayudó con el profesorado que hice en la Unión Soviética, murió ya. Me
contaba que las discusiones eran tremendas, aunque con mucho respeto por el
profesor que trataba a los comandantes como simples alumnos. Un día
discutían el capítulo sobre las formas de reproducción ampliada del
capital. Y Fidel Castro le dijo al profesor, con todo respeto: "Quiero que
usted revise, porque yo me he encontrado con un error de traducción en ese
capítulo". Trabajaban sobre la edición clásica del Fondo de Cultura de
México. Y el profesor replicaba: "Comandante, yo soy profesor especialista
en El Capital, y allí no hay ningún error". Al otro día vuelve Fidel y le
dice: "Mire, profesor, yo le ruego revise, tómese el tiempo, si usted
quiere se pasa a un despacho el tiempo que quiera, porque hay un error". Y
Mansilla se pone a estudiar y efectivamente había un error. Cuando terminó
el seminario, el Che le dice a Mansilla, que había ido a Cuba contratado
por un año: "Yo quiero trasladar el seminario éste al Ministerio de
Industria, para continuar más a fondo con el estudio de El Capital, con el
equipo mío de dirección". Y Mansilla dice: "Bueno, Comandante, yo vine por
un cierto tiempo a Cuba, eso hay que hablarlo con la Unión Soviética, con
el partido". Hablan con el partido, y Mansilla regresa a Cuba, por otros
dos años, para el seminario en el Ministerio de Industrias. Donde participó
el Che y todos los viceministros. Empezábamos a las nueve de la noche y a
veces uno amanecía con el profesor estudiando. Con mucho rigor y mucha
polémica. Porque había mucha polémica entre el Che y el profesor, por como
pensaba el Che y como pensaban los soviéticos. Aunque el Che discutía de
manera diplomática. No así Oltuski. Una noche se produjo una discusión,
Oltuski no pudo más y dijo: "Mire Mansilla, ya no joda más que éstas son
mariconadas de Nikita (Kruschov)". Mansilla se enojó y le dijo: "Altuski
-no le salía decirle Oltuski- yo no jodo más y no le permito que diga eso".
El Che lo regañó a Oltuski y cuando se fue Mansilla le dijo: "Eres una
mierda tú, es una falta de respeto... pero es verdad que Nikita es
maricón". (Risas.)
-Lo cual nos lleva a ese documento clave en su libro El camino del fuego,
que es el análisis que le envía desde Praga en 1964.
-Con el Che teníamos una correspondencia clandestina cuando él estaba en
Praga. El estudiaba aquel Manual de Economía Política de la Academia de
Ciencias de la Unión Soviética y me manda algunos manuscritos con Aleida
(March, la mujer de Guevara). El me sugería en aquella correspondencia que
trabajáramos en un libro sobre ese tema, del cual me mandó el prólogo.
Entonces qué hizo: tomó el manual que había encargado Stalin, le hizo
algunas marquitas y notas al margen y empezó a escribir la crítica a cada
parte. La idea era que yo lo trabajara con un par de compañeros para hacer
un libro.
-Ese texto le otorga un valor trascendente a su libro, porque allí se
profetiza la implosión de la Unión Soviética un cuarto de siglo antes de
que ocurra.
-Una herejía... tan herejía, que cuando yo recibo los cuadernos de Praga y
me los empiezo a leer no lo podía creer. Imaginate tú, yo que estaba
intoxicado de materialismo histórico, dialéctico, decir que aquello se
derrumba, imaginate tú... (Interviene Tristán: "En 1965. ¿Quién decía eso
en la izquierda en aquel momento?")
-Nadie. Una herejía. Los que habíamos estudiado, materialismo histórico
sobre todo, no concebíamos que un régimen social pueda regresar atrás, que
el socialismo retorne al capitalismo. Es una herejía... y es la verdad.
Fidel dijo hace poco en relación con eso: "El Che era el único adivino que
había entre nosotros".
-O sea que el Che no tenía una visión dogmática del marxismo.
-Para nada, el marxismo para él es una guía para la acción. Como lo es para
marxistas lúcidos como Mariátegui o Gramsci. Distinto en cada país, Perú,
Cuba. El Che caracterizó a Cuba como un país subdesarrollado pero con
ciertos niveles de desarrollo, con su sector industrial azucarero,
carretera central, teléfonos, radio hasta en la Sierra Maestra, diarios y
revistas, una producción cultural.
-¿Cómo fue la despedida? ¿Usted supo lo del Congo y luego lo de Bolivia?
­Yo sabía que se iba a algún lugar, pero no me dijo me voy para Africa tal
día ni nada de eso. Pero hubo un encuentro con él que a mí me llamó mucho
la atención, porque unos días antes de marcharse, yo estaba en el
Ministerio del Azúcar y me llama, y me da una serie de consejos: "Estamos
en tiempos difíciles, tienes que trabajar con mucho cuidado, siempre tienes
que alertar a Fidel de cualquier cosa que pienses, siempre dile la verdad",
porque el plan era muy difícil, el de la zafra de los diez millones. Yo
pensé: "¿Por qué me dirá todo esto?" Y me sigue diciendo, "me voy a cortar
caña unos días a Camagüey. Me voy a pasar un mes cortando caña". Le dije,
"déjeme saber adónde va a estar" y me contestó "déjame eso. Eso lo organizo
yo, no te preocupes por nada". Del Congo no me dijo absolutamente nada. Esa
es la verdad histórica. El se va al Congo, termina el Congo, viene Praga,
allí empezamos los carteos, yo no tenía idea de que iba a volver a ver al
Che y le ofrecí irme con él. Le hago una carta diciéndole que me mande a
buscar y me envía una carta que reproduzco parcialmente en el libro, porque
hay otra parte muy personal que no quiero publicar por el momento. Pero yo
sabía que se acercaba la ida del Che por un hecho muy concreto que es la
guerrilla de Salta, viene (Jorge Ricardo) Masetti, para acá, para la
guerrilla de Salta. Y con él salen para acá, para Argentina, dos
entrañables hermanos míos que eran dos escoltas del Che. Eso al Che lo
golpea tremendamente. Yo sé que el Che está al irse.
-Su objetivo estratégico era Argentina, Bolivia era un paso...
-El objetivo estratégico de la guerrilla de Bolivia era la Argentina. Esa
es la historia. Después de lo Praga yo decía, dónde estará este argentino
ahora, y soñaba acompañarlo, ya en la carta me dice: "Para la segunda etapa
harán falta hombres. Esa etapa va a ser muy difícil. Cuando haya la
oportunidad, tú serás bienvenido. Todo depende de ti y de nuestro jefe".
Pero Fidel no me autoriza y por eso yo no caigo en Bolivia. Me quedé allí
trabajando en el ministerio y estuve un año muy mal después de la muerte
del Che. No podía aceptar que el Che estuviera muerto. Tuve problemas
psicológicos. Soñaba con el Che haciendo un discurso.
-Hay una foto muy elocuente en el libro: están ustedes dos sentados,
sonrientes, distendidos. Sin embargo, el epígrafe dice: "En San Andrés,
Pinar del Río, semanas antes de su partida a Bolivia. La foto fue tomada
por el propio Che con una cámara automática (agosto 1966)". Lo que primero
salta a la vista es que el Che ya no tiene barba. Ha comenzado su
transformación. Pero todavía no se ha afeitado el pelo, ni se ha
caracterizado de viejo. ¿Cómo fue la despedida?
-Un buen día llega Ariel Carretero, quien me traía las cartas del Che
cuando lo de Praga, y se me aparece y me dice que viene con una noticia
importante para darme: "¿Tu jefe está aquí?" "¿Qué jefe?" "El Che. Y te
acaba de mandar a buscar y que vayas a verlo enseguida." Entonces Celia
Sánchez arregló las cosas y salimos enseguida. En una operación
supersecreta, imaginate, la vida de él. Allí yo insisto en que me voy a
Bolivia. El me dice "que tú estás en el ministerio" y luego concede:
“Bueno, sí habla con Fidel, si Fidel acepta, descuéntalo" y "me vas a
ayudar a organizar una fuercita aérea en Bolivia”. Lo decía porque él y yo
nos hicimos pilotos de aviación juntos. También dijo: "Y te vas a ir con tu
cuñadito", Enriquito Acevedo, que era uno que él quería mucho, que siempre
estaban fajados. "Si Fidel aprueba lo de Enriquito sí, si no no". Entonces
yo voy y hablo con Fidel y por supuesto le meto un discurso, y me dice
"Borrego, Borrego, si el Che fue el que insistió que fueras ministro de
Azúcar. Ahora vas a dejar ese ministerio embarcado". "Mira, cuando esté eso
más consolidado yo voy a estar de acuerdo". Y acepta que yo me vaya cuando
el Che esté consolidado en Bolivia. Luego fue a mi casa y le dijo a mi
mujer, Martica, con quien se llevaba muy bien: "Martica, para que sepas que
en algún momento éste se va a ir para afuera, porque éste es un ave
migratoria", entonces, Marta le dice "yo ya me imaginaba". Quedamos en ese
acuerdo. Se va el Che para Bolivia y yo ya le cuento a Enrique de esa
posibilidad. Saltaba como un niño chiquito, saltaba frente a un espejo,
contento con irse con el Che para Bolivia.

Aparecido en Página/12.
http://200.61.159.98/diario/elpais/1-21445.html

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