Entrar
¿Nuevo usuario? Inscribirme
paraleer · Literatura e Ideas del Mundo Necesario
? ¿Ya estás suscrito? Entra a Yahoo!

Consejos

¿Sabías que...?
Podés cambiar el orden de los mensajes. Simplemente hacé clic en el enlace de columna fecha. Tus preferencias se guardarán, por lo tanto no necesitarás hacerlo otra vez cuando vuelvas a entrar.

Mensajes

  Mensajes Ayuda
Avanzado
[P/L@695] Aquello fue el Mundial...   Lista de mensajes  
Responder | Reenviar Mensaje #727 de 1054 |
[P/L@] Documentos de la Memoria

Aquello fue el Mundial...
Balance a un cuarto de siglo del Mundial '78

Hace exactamente 25 años, el domingo 25 de junio de 1978, la selección
argentina de fútbol obtenía por primera vez el título de campeón del mundo
en el remodelado Monumental. El equipo de Menotti llegaba a la cima en el
Mundial organizado por la Dictadura. En las tribunas, la multitud
celebraba; en el palco oficial, los asesinos también.
A las 17.35 del frío domingo 25 de junio de 1978 el tablero electrónico del
remodelado estadio de River mostró la palabra ¡Campeones!, porque
Argentina, el equipo de Menotti, acababa de ganarle 3-1 a Holanda en la
final del Mundial, desatando en el país el desahogo de una población
sometida a las más oprobiosas presiones políticas y sociales. La causa de
los desaparecidos durante la dictadura que había comenzado en 1976, la
lucha a nivel internacional por la defensa de los derechos humanos y la
presión ejercida a nivel político y social por el logro de un triunfo
deportivo hicieron que el grito del triunfo actuara como válvula de escape
para millones de argentinos.
Esa noche, no solamente en Buenos Aires sino también en muchas ciudades del
interior, la gente se lanzó masivamente a las calles para festejar el
triunfo en el Mundial sin el indispensable requisito, hasta ese momento, de
salir "con documentos por si te paran el ejército o la policía", como era
costumbre en los severos operativos de control de la dictadura. Era tiempo
de terror, de especulación y "plata dulce", pero también de triunfos
deportivos: Monzón, Galíndez, Reutemann y Vilas.
El festejo futbolero fue demorado porque, arrancada la competencia, luego
de los triunfos ante Hungría y Francia vino la derrota ante Italia, y se
alzaron las críticas y las dudas, aunque el pueblo rosarino se mostró
eufórico al recibir al equipo que debió cambiar de sede. Llegaron entonces
el triunfo clave ante Polonia, el empate ante Brasil y la necesidad de una
goleada ante Perú, que se logró, aunque tiempo después, ya en democracia,
muchos la calificarían de sospechosa.
Pero llegó la final y, más allá de cualquier duda, el equipo argentino, con
Mario Kempes como figura excluyente, dio esa fría tarde de junio una
muestra de fútbol brillante ante un equipo que, más allá de la ausencia de
Cruyff, cuatro años antes había deslumbrado con su fútbol total en el
Mundial de Alemania.
Argentina, por primera vez en su historia, era campeón del mundo. A pocas
cuadras del Monumental la ESMA resumía la otra cara del Mundial. Festejaron
los dictadores y festejó casi todo el país.

Pagina12/WEB, 25-06-2003

***

A 25 años del mundial 1978
Centro para la Investigación de la Historia del Fútbol
Boletín CIHF - Año I - Nº 9 - 12/6/2003

La fiesta de pocos

Se cumplen veinticinco años del Mundial '78. El primero que organizó y ganó
nuestro país. Un torneo que casi como nunca estuvo condicionado por la
asfixiante situación política que vivía la Argentina, sometida por un
régimen de facto repudiado internacionalmente por sus ataques a las
libertades democráticas y las violaciones a los derechos humanos. Ese
particular contexto que rodeó el certamen futbolístico más importante y
esperado quizá sólo pueda parangonarse con aquellos en los cuales se habían
desarrollado el Mundial de Italia, en 1934, con el régimen mussoliniano, y
los Juegos Olímpicos de 1936, bajo la égida del nazismo. Todo el proceso
previo a su inicio, las disputas internas derivadas de los fondos que para
su organización se manejaron y el desarrollo del torneo están reseñados en
esta nota.
Por Mariano Buren
(Buenos Aires, Argentina), socio del CIHF.


La tarde del jueves 1º de junio de 1978 era empecinadamente fría, pese al
sol. El medio asueto que el gobierno había obsequiado era retribuido en
todo el país con calles vacías, televisores y radios encendidos como un
coro unísono, y un estadio de River Plate lleno -con casi 80 mil personas-
para presenciar la ceremonia inaugural del undécimo Campeonato Mundial de
Fútbol. Con puntualidad militar, a las 13:15, un grupo de 1.700 jóvenes con
remeras blancas y pantalones azules entraron al césped para realizar
formaciones gimnásticas que integraron las palabras Bienvenidos, Argentina
78 y Mundial FIFA. Tres bandas musicales se unieron en diferentes marchas,
mientras que en la pista de atletismo desfilaban banderas. El agasajo a las
delegaciones participantes culminó con la tradicional suelta de globos y
palomas.
Luego del Himno Nacional, las miradas se centraron en el palco oficial.
Allí, -"vestidos de civil y calurosamente recibidos" -como describió
Clarín-, estaban sentados los miembros de la Junta militar, Jorge Rafael
Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti; además del
presidente de la FIFA, João Havelange; el interventor de la AFA, Alfredo
Cantilo; el titular del Ente Autárquico Mundial 78, Antonio Luis Merlo, y
el arzobispo de Buenos Aires, Juan Carlos Aramburu, que bendijo el torneo y
leyó un texto enviado por el papa Paulo VI, donde abundaban las plegarias
para organizadores, participantes y seguidores.
Con Cantilo se inauguró la lista de oradores: -Bienvenidos a esta tierra de
paz, libertad y justicia, que se siente honrada con vuestra presencia.....
Poco después, con su habitual tono monocorde y protocolar, Havelange
certificó que "en nombre de la FIFA, quiero saludar al gobierno, a los
dirigentes deportivos y al pueblo de la Argentina por la contribución
valiosa que hacen al ofrecernos con su país el escenario maravilloso para
la Copa del Mundo 1978...".
Luego llegó el turno de Videla, que anunció que aquél era -un día de júbilo
para la Nación Argentina, en el marco de esta confrontación deportiva,
caracterizada por su caballerosidad; en el marco de amistad entre los
hombres y los pueblos, poco antes de declarar oficialmente inaugurado el
torneo bajo el signo de la paz.
Aunque sonaron algunos silbidos aislados en las tribunas, las palabras del
dictador tuvieron una discreta aceptación, tal como lo recordaría el ex
futbolista Claudio Morresi. -Estaba en la cancha con mi tío y empecé a
mirar a mi alrededor. En ese momento los policías eran muy fáciles de
descubrir. Y noté la presencia de parejas; no sé si será cierto, pero
percibí que, ante pasajes clave del discurso de Videla, aplaudían al mismo
tiempo, como si estuvieran preparados. Esa actitud contagiaba al resto,
revelaría años más tarde.
El 0 a 0 entre Alemania Federal y Polonia abrió la competencia, que se
desarrollaría durante 25 días en cinco ciudades, con la participación de 16
selecciones. A partir de ese día la Argentina oficial tuvo dos obsesiones:
la suerte del equipo nacional y la necesidad de demostrar al mundo que ésta
era una tierra de ensueño. De la otra Argentina, la que estaba tras
bambalinas, sólo bastará con mencionar que buena parte del torneo se jugó a
quince cuadras de la ESMA, uno de los mayores centros de detención y
tortura, y que dos clases de gritos, bien diferentes, se mezclaron aquel
mes en el barrio de Nuñez.


Cuestiones de Estado

El régimen militar organizó cuidadosamente la Copa, de manera tal que no
quedasen dudas sobre las bondades del país y su gobierno. Sin dudas, el
Mundial '78 fue una cuestión de Estado, un acontecimiento con la fuerza
suficiente para enfrentar la campaña antiargentina orquestada desde el
exterior, según calificaba el autodenominado Proceso de Reorganización
Nacional a las denuncias que se hacían -en especial desde Europa- sobre las
sistemáticas violaciones a los derechos humanos que se realizaban en todo
el país.
Frente al fuego cruzado de acusaciones y refutaciones, la mayoría de los
argentinos aceptó el desafío mundialista como si fuera un símbolo de la
grandeza perdida.
Los militares vislumbraron además la posibilidad de unir laureles
deportivos con gloria personal. Y al final del torneo, el objetivo había
sido alcanzado: la gente tuvo su vuelta olímpica y la dictadura consiguió
oxígeno político, al menos para un par de años más.
Pero la historia de las garras castrenses sobre el Mundial argentino había
comenzado bastante tiempo antes. La Junta Militar, en su primera reunión
-el mismo día del golpe-, comprendió el provecho que podía sacar del evento
y aceptó la idea del jefe de la Armada, Eduardo Massera, que consistía en
poner en marcha el Operativo Copa del Mundo 1978, para asegurarse la
organización del torneo.
La misión tenía una sola premisa: cualquier recurso podía ser útil. Por
ello, entre el comienzo de la dictadura y la ceremonia inaugural, dos años
y dos meses más tarde, hubo una serie de maniobras que no excluyeron
asesinatos, negociados, fraudes y estafas.
La creación del Ente Autárquico Mundial 78 (EAM 78) respondía a la
necesidad oficial de tener un organismo que programara la agenda y manejara
las finanzas. Dirigido por el general Omar Actis -ex interventor de YPF- y
secundado por el capitán Carlos Alberto Lacoste -hombre de confianza de
Massera-, el EAM comenzó sus funciones en julio de 1976.
Muy pronto quedó clara la diferencia de proyectos entre los dos dirigentes:
mientras Actis pretendía una inversión austera, Lacoste quería gastar lo
que fuese necesario para lograr un Mundial faraónico.
Después de una fuerte discusión, el titular del Ente expulsó al marino.
Pero la mañana del 19 de agosto de 1976, un comando subversivo de la
organización Montoneros interceptó el auto de Actis y lo fusiló con ráfagas
de ametralladoras.
Lacoste sería denunciado varios años después como el responsable
intelectual del crimen, aunque por ese entonces ya era un poderoso
integrante del séquito de João Havelange en la FIFA. De esta forma, la
silenciosa batalla entre el Ejército y la Armada por ver quién se quedaba
con el negocio del Mundial comenzó a inclinarse para el lado de Massera y
sus secuaces.
El nuevo presidente del EAM 78 fue el general Antonio Merlo, un hombre
propicio para dejarse influir, a quien Lacoste manejó sin dificultades. Fue
desde su asunción que los costos comenzaron a trepar de modo inaudito,
hasta alcanzar los 520 millones de dólares. Con esa cifra se podrían haber
organizado cuatro mundiales más, si se tienen en cuenta los gastos del
siguiente torneo (España 1982).
Se ordenó la completa remodelación de los estadios de River Plate, Vélez
Sarsfield y Rosario Central, además de los nuevos de Córdoba (Chateau
Carreras), Mar del Plata (Parque Municipal de los Deportes, luego José
Minella) y Mendoza (Parque General San Martín, luego Islas Malvinas), cuya
construcción había comenzado antes de la fundación del EAM 78.
Los aeropuertos y los sistemas de telecomunicaciones fueron puestos a punto
con 200 millones de dólares, además de otro centenar que se invirtió en las
reformas del Canal 7 de televisión, que a partir de la Copa se llamó
Argentina Televisora Color (ATC). También se decidió instalar, en la
localidad bonaerense de Balcarce, una estación satelital para retransmitir
los partidos a todo el mundo.
La infraestructura hotelera fue preparada incluso con la participación de
las azafatas de periodistas extranjeros, un grupo de hermosas mujeres,
bilingües y solícitas, que acompañarían a los hombres de prensa para que
nada les faltase durante su estadía en la Argentina. Por si quedaban dudas
sobre la seriedad del proyecto, el EAM 78 contrató los servicios de la
empresa de seguridad Juncadella, uno de cuyos cerebros era el todavía
desconocido Alfredo Yabrán. También fue de la partida la empresa
norteamericana Burson-Marsteller & Asociados, especializada en el
mejoramiento de la imagen de países y gobiernos.


Despejar el horizonte

La labor de Merlo y Lacoste causaba grandes dolores de cabeza al ministro
de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, quien advirtió a Videla sobre
los desbocados presupuestos. La respuesta del militar fue clara: -Aunque
costara cien millones de dólares más, aún sería beneficioso para la
Argentina. Semejante afirmación delataba el interés político puesto en el
proyecto. Pese a todo, todavía quedaba un problema en el horizonte soñado
por la dictadura: la existencia de Montoneros.
La única organización con capacidad de boicotear el Mundial a fuerza de
atentados estaba comandada desde el exterior por el líder guerrillero Mario
Eduardo Firmenich, un personaje oscuro que ya había colaborado con los
servicios de inteligencia del Ejército, según se afirma en El libro negro
de los mundiales de fútbol (Editorial Planeta, 1994). El almirante Massera
evaluó en su escala de intereses si importaba más la ambición o la
ideología, y no vaciló en entrevistarse con el montonero en la embajada
argentina en París, a fines de 1977.
En la charla se pactó una "garantía de paz durante el torneo", pero sin la
orden de cese el fuego. Elena Holmberg trabajaba en la embajada al momento
de la reunión. Diplomática de carrera y defensora del Proceso, su labor
consistía en ahuyentar la muy mala prensa que tenía la Argentina en
Francia. Cuando se enteró del encuentro entre Massera y Firmenich, le
resultó intolerable que un extremista negociase con el gobierno y amenazó
al marino con hacer público el acuerdo. Poco después regresó, y en enero de
1979 su cadáver apareció flotando en el río Luján.
Con un presupuesto ilimitado, la guerrilla arreglada y la población
expectante, los militares sólo temían al fracaso deportivo de la Selección.
En octubre de 1974, David Lorenzo Bracuto, entonces presidente de la
Asociación del Fútbol Argentino (AFA), le había otorgado al exitoso
entrenador de Huracán, César Luis Menotti la dirección técnica del
seleccionado.
Menotti tenía en sus manos un proceso difícil: lograr que la Argentina
fuese un equipo respetable después de décadas de papelones internacionales.
Finalmente, y a lo largo de casi cuatro años, el ex técnico de Huracán tuvo
que ensayar muchas variantes para armar un conjunto competitivo, capaz de
alzarse con el título.


Adiós Carrascosa

Menotti llegó a la Selección no sólo por sus méritos como entrenador, sino
también por la afinidad que tenía con el poderoso dirigente sindical
Lorenzo Miguel, que no ahorró esfuerzos en convencer a la plana mayor de
AFA sobre lo beneficioso que podría ser ese técnico joven, de aspecto
desganado, pero con conceptos futbolísticos que resaltaban la diversión
sobre el resultado.
Tal vez Menotti no hubiese aceptado la travesía si el gobierno de María
Estela Martínez de Perón hubiera tenido la imperativa necesidad de ganar el
torneo, como sí la tendrían después los militares.
Tal como los rumores presagiaban, llegó la madrugada del fatídico 24 de
marzo de 1976, y pocas horas después el golpe de Estado le fue anunciado al
plantel argentino -que estaba de gira en la Unión Soviética- por el relator
deportivo José María Muñoz con un discurso tan seco como optimista: -Por
suerte no hay que lamentar desgracias personales o derramamientos de
sangre, rubricó. César Menotti confesaría mucho después que aquel día dudó
entre volver al país o el exilio; su afiliación y militancia en el
comunismo local eran una pésima carta de presentación ante los dictadores
de turno.
Después de numerosas cavilaciones, decidió el regreso a Buenos Aires y se
sorprendió al ser confirmado en su cargo por el interventor de la AFA,
Alfredo Cantilo. No sólo tenía asegurado el cumplimiento de su contrato
sino que también se le otorgó plena libertad a su proyecto. Nunca se sabrá
si detrás de ese apoyo también se escondió la orden de ganar el Mundial por
derecha o por las armas.
Si bien la Selección tenía buenos jugadores, como Leopoldo Jacinto Luque
(River), René Orlando Houseman (Huracán), Daniel Alberto Passarella (River)
y Ricardo Daniel Bertoni (Independiente), en conjunto aún no se lograba
alcanzar el nivel de las potencias europeas, que mostraban un juego más
rápido y efectivo. Por eso en el invierno de 1977 se organizó una serie de
siete partidos internacionales en la cancha de Boca Juniors, con el
propósito de lograr al fin una base de juego.
Rápidamente comenzó a circular la versión de que si el equipo no cosechaba
al menos nueve de los catorce puntos en juego, Menotti debería renunciar,
dejando el paso libre para el entrenador de Boca, Juan Carlos Lorenzo. Sin
embargo, en aquella serie de juegos, el equipo logró los puntos necesarios,
y el periodismo y la gente se limitaron a coincidir en dos puntos: que al
equipo argentino todavía le faltaba camino por recorrer y que, sin dudas,
la gran figura había sido el lateral derecho de Huracán, Jorge Carrascosa.
Quizás por eso, su renuncia al seleccionado, cinco meses después, resultó
inexplicable y sospechosa.
-De ninguna manera voy a ser instrumento de esta dictadura militar, cuentan
ciertas crónicas que dijo Carrascosa al anunciar la decisión a sus
compañeros y al cuerpo técnico, aunque hasta el día de hoy sigue negando
esa frase. Otra versión extraoficial es la que une la deserción del jugador
con una solicitada de apoyo de la izquierda peronista al gobierno de Héctor
Cámpora, que Carrascosa firmó en marzo de 1973. Tal vez un jugador con
"semejantes" ideas no debía ser parte del afiche institucional. Lo cierto
es que Menotti tardó meses para encontrar en Jorge Mario Olguín el difícil
reemplazo del defensa.


Los últimos detalles

El cronograma elaborado en conjunto por el Ente y la FIFA para 1978 comenzó
el 14 de enero, cuando en el Centro Municipal San Martín se sorteó el
fixture de la Copa del Mundo. Los bolilleros organizaron a los
participantes en cuatro zonas de cuatro equipos cada una. El seleccionado
de Menotti habría de jugar contra húngaros, franceses e italianos en el
estadio de River Plate. El último campeón, Alemania Federal, fue agrupado
con Polonia y los débiles México y Túnez. Los holandeses, serios aspirantes
al título, tendrían que medir fuerzas con Escocia, Perú e Irán. Y Brasil
encontró en españoles, suecos y austríacos los rivales de su zona.
Poco a poco el fútbol pasó a ser el eje de la vida social argentina, lo que
demuestra la destreza de la dictadura a la hora de tapar la represión. Pero
la capa de maquillaje hubiese sido impracticable sin la ayuda de la prensa,
que alentó la efervescencia con un promedio creciente de páginas o minutos
dedicados al torneo; las noticias sobre enfrentamientos con guerrilleros o
campañas antiargentinas cedieron espacio y, de pronto, el país fue la
versión sudamericana del Edén. Según el libro El director técnico del
Proceso, de Roberto Gasparini y José Luis Ponsico (El Cid Editor, 1983),
las puntas de lanza para edificar un periodismo obsecuente y distractor
fueron -Héctor Drazer desde ATC, Juan de Biase desde Clarín, José María
Muñoz desde Radio Rivadavia y Héctor Vega Onesime desde El Gráfico.
Semanas antes al comienzo de la Copa, todos los medios de prensa argentinos
recibieron una circular oficial en la que se vedaba cualquier clase de
crítica al evento. Como ejemplo, los consejos que recibieron los
periodistas de la revista Goles Match: -La línea política de nuestras
publicaciones debe ser prolijamente encauzada hacia una actitud mesurada y
constructiva, de inteligente apoyo crítico a las instituciones, a las
autoridades y a los hombres que tienen y tendrán la muy compleja tarea de
llevar a buen destino las actuales y futuras etapas del país. En ese
sentido, seremos absolutamente intransigentes con toda manifestación
periodística que apunte irresponsablemente a fomentar descontentos o tienda
a la disociación de la paz social o de la unidad nacional.
Dentro de la misma línea, el personal de Radio Splendid sufrió un
comunicado de tono imperativo: -En consideración al espíritu patriótico que
debe guiar a todos los argentinos ante el mundo, durante los próximos días,
y hasta la finalización del Campeonato Mundial de Fútbol '78, fíjase como
pauta oficial de la emisora la abstención absoluta de comentarios adversos
a nuestra Selección, en forma particular o general, en todos los programas
de la misma, sin excepción.
En tanto, el equipo al que no se podía criticar finalizaba su preparación
con una serie de partidos amistosos ante Rumania, Irlanda y Uruguay. César
Luis Menotti ya había elegido a los 22 jugadores que disputarían el torneo,
y para ello tuvo que dejar fuera del plantel a Diego Armando Maradona, un
joven de Argentinos Juniors que prometía ser el nuevo héroe del fútbol
argentino.
La elección final de futbolistas no fue fácil: Ubaldo Matildo Fillol, el
arquero de River Plate, recién se incorporó en octubre de 1977, luego de
casi dos años de distanciamiento con el técnico. Quien luego fue goleador y
figura del Mundial, el cordobés Mario Alberto Kempes, no era tenido en
cuenta por Menotti, a quien no lo terminaba de convencer pese a su
estrellato en el fútbol español. El secretario técnico Rodolfo Kralj siguió
el rendimiento del delantero durante 40 partidos, y sus conclusiones ante
Menotti fueron decisivas para que al fin fuera convocado. Otro caso que
trajo dificultades fue el defensor Osvaldo Piazza, que jugaba en Francia.
Recién incorporado al plantel se enteró que su esposa se había accidentado,
y debió regresar a Saint-Etienne.
El 23 de mayo la AFA presentó el listado de buena fe para el Mundial:
Norberto Alonso, Osvaldo Ardiles, Héctor Baley, Ricardo Bertoni, Ubaldo
Fillol, Américo Gallego, Luis Galván, Rubén Galván, René Houseman, Mario
Kempes, Daniel Killer, Omar Larrosa, Ricardo La Volpe, Leopoldo Luque,
Jorge Olguín, Oscar Ortiz, Miguel Oviedo, Rubén Pagnanini, Daniel
Passarella, César Tarantini, Daniel Valencia y Ricardo Villa.
El último mes de espera terminó con la visita de la delegación argentina a
la Casa Rosada. En una reunión a puertas cerradas, Videla fue explícito:
obtener la copa era de gran importancia para el país y su imagen ante el
mundo. Además de la defensa patriótica de los colores deportivos, el
dictador puso énfasis en el fair play (juego limpio). Había que demostrar,
mediante el fútbol, que ésta era una nación pacífica, "derecha y humana".
Paralelamente, varios jugadores europeos confesaban que el viaje a la
Argentina les provocaba temor por su seguridad personal. En Francia, los
sectores progresistas intentaron que su representación no participara, e
incluso el entonces jefe del Partido Socialista François Mitterand premió a
los botones del Hotel Meurice que se negaron a llevar las valijas del
almirante Armando Lambruschini.
Johan Cruyff, estrella de Holanda en el Mundial de Alemania '74 y figura en
España, en el club Barcelona, anunció su retiro del seleccionado como
medida de protesta contra la dictadura anfitriona. La respuesta absurda
llegó desde la revista El Gráfico, que publicó una sospechosa carta del
capitán holandés Ruud Krol -dirigida a su hija- en la que afirmaba que los
soldados argentinos sólo "disparan flores de sus fusiles". Años después se
supo que el verdadero redactor de esa carta había sido el periodista
Enrique Romero.
La criticada posición que asumió la revista deportiva más importante del
país fue siempre uno de los puntos más oscuros de sus 84 años de vida. El
periodista Eduardo Rafael recordó aquel momento de la historia de El
Gráfico. "A mí se me acercó el director de la revista y me dijo que, a
partir de ese momento, no se podía criticar al seleccionado. El Mundial ’78
fue el momento empresarial para apoyar a la Selección, de ese modo se
podían vender muchos más ejemplares." Evidentemente la decisión de los
directivos fue la acertada, porque llegaron a vender más de 300 mil
ejemplares por número durante la competencia, con picos de 500 mil.
A la misma hora que comenzó el Mundial, las Madres de Plaza de Mayo
repetían su peregrinaje circular de cada jueves. Calificadas de "locas" por
la publicación femenina Para Ti, este grupo de mujeres encontró sus
primeros ecos en algunos periodistas extranjeros que obviaron la fiesta que
se desarrollaba en River. Dentro de ese contexto sonó el silbatazo de Ángel
Coerezza, el árbitro argentino designado para el partido inaugural, que por
aquellos años también regenteba una cantina en el complejo militar de Campo
de Mayo, de acuerdo con la revista Yo Fui Testigo.


Comienza la fiesta de todos

La Argentina le ganó a Hungría por 2 a 1 en el debut y cuatro días después
repitió el resultado ante Francia; así se aseguró la clasificación para la
siguiente fase. El 10 de junio, cayó 1 a 0 ante Italia y resignó el primer
puesto de su grupo. El equipo de Menotti quedó en la Zona B y debió viajar
a Rosario para enfrentar, entre el 14 y 21 de junio, a Polonia, Brasil y
Perú. Por su parte, alemanes federales, austríacos, holandeses e italianos
también pasaron la etapa inicial y fueron reagrupados en la Zona A, con
sede en Buenos Aires y Córdoba. Los primeros de cada grupo jugarían la
final, mientras que los segundos habrían de hacerlo por la medalla de bronce.
Luego de una noche heroica frente a Polonia, en la que Kempes hizo los dos
goles del partido y Fillol le atajó un penal al talentoso Deyna, hubo un
empate en cero con los brasileños, que tres días después ganaron su último
encuentro por 3 a 1 y obligaron a los locales a ganarle a la selección de
Perú por cuatro goles de diferencia, si es que pretendían jugar la final.
Esa misma semana, los argentinos podían leer en Clarín: -Resulta claro que
la subversión constituyó un brote que tuvo un efímero apoyo político, sin
arraigo en las masas. Es igualmente claro que está derrotada. También la
conciencia de la victoria se encuentra difundida en todos los niveles del
poder y del pueblo. Sólo así puede llevarse adelante, con discreta y eficaz
vigilancia, una serie de espectáculos multitudinarios por naturaleza.


Peligro de gol, peligro

El partido contra Perú y su célebre resultado final quedarán para siempre
envueltos en un contexto de irrealidad. Las decenas de comentarios sobre el
desempeño moral de todos los protagonistas casi han alcanzado el rango de
fábula; ya no se pude distinguir verdad de mentira y toda conjetura parece
desembocar en la máxima "piense mal y acierte", acuñada por aquellos años.
Las estadísticas dicen que la Argentina ganó 6 a 0 y se clasificó para la
final, un resultado que la dictadura necesitaba tanto como cualquier otro
de sus pactos diabólicos.
Todo comenzó a las 19.15. El estadio de Rosario Central estaba desbordado
de gente que ignoraba la visita, minutos antes de empezar el juego, de
Videla al vestuario argentino para desear algo más que éxitos. Una versión
jamás confirmada decía que el gobierno argentino habría repartido 250 mil
dólares entre algunos jugadores peruanos para evitar molestias en el
trámite hacia la copa. Ramón Quiroga, arquero argentino nacionalizado
peruano, figuraba en todas las listas acusatorias, pero él se limitó a
repetir: "Yo no me vendí".
Apenas había transcurrido una hora desde el comienzo y ya se habían anotado
los cuatro goles tan ansiados. El equipo daba la impresión de aplastar a un
rival que, en los primeros quince minutos, había pegado dos remates en los
palos, pero que en ese momento parecía un conjunto de aficionados con mala
predisposición. Se lograron dos goles más y la hazaña quedó consumada. Pero
a más de 300 kilómetros del partido, en la calle Amenábar del barrio
porteño de Belgrano, los festejos por la clasificación a la final se habían
disipado muy rápidamente. Un kilo y medio de trotyl había destruido la casa
de Juan Alemann, secretario de Hacienda de Martínez de Hoz, en el instante
en que Luque lograba el esperado cuarto gol. Alemann había denunciado los
exorbitantes gastos del EAM 78, hechos "a la ligera" y con un responsable
que tenía "nombre y apellido", una alusión clara a Carlos Lacoste. El
atentado no provocó muertes pero el mensaje silenciador estaba cumplido.
La Copa del Mundo llegaba a su fin y sólo dos representaciones quedaban en
pie: los dirigidos por Menotti y Holanda, que había clasificado con
comodidad en su zona. El día previo a la final, Brasil le ganó 2 a 1 a
Italia y se quedó con el tercer puesto y un manojo de denuncias contra
argentinos y peruanos.


O juremos con gloria morir

"De acuerdo con informaciones procedentes de los Países Bajos se ha
desarrollado allí un estado de genuina presión psicológica respecto a cómo
comportarse de cara a las autoridades y a la persona del presidente
argentino. Los medios de difusión de Europa occidental se esforzaron en
señalar que en la Argentina se distrae al pueblo de sus aparentes
sufrimientos bajo un régimen tiránico. Hasta se insistió absurdamente en
comparar la situación actual argentina con la de la Alemania nazi de 1936,
cuando allá se efectuaron los Juegos Olímpicos (...) Nuestro gobierno
actual fue y sigue siendo un régimen imperante en una situación de
emergencia y nunca se buscó ningún espaldarazo en la realización del
mundial de fútbol." (Manfred Schönfeld, La Prensa, 24 de junio de 1978).
Mario Kempes abrió el marcador y casi una hora de juego más tarde, cuando
todos comenzaban a intuir el triunfo argentino, un fulminante ataque
holandés, terminó con un cabezazo de Nanninga y el inesperado empate de los
europeos, a tan sólo nueve minutos del final. Pero lo más alarmante para la
dictadura todavía estaba por pasar. En la última jugada, Rensenbrink se
filtró por detrás de Olguín, enfrentó a Fillol y con el último esfuerzo,
superó la tapada del arquero argentino. Por un instante, mientras la pelota
avanzaba inexorablemente hacia el arco, el sueño megalómano de la dictadura
quedó paralizado y los culos de Videla, Massera y Agosti de pronto fueron
los más cerrados del planeta, como describiría el novelista Juan Sasturain
en el libro La Argentina en los mundiales. Sin embargo, ante el estupor de
70 mil personas enmudecidas, la pelota pegó en el palo, ensimismada, y
regresó al área, como si nada hubiera pasado. Luego, la historia es por
demás conocida: llegó el suplementario y con él, los goles de Kempes y
Bertoni, y el silbatazo final del italiano Gonella, decretando que la
Argentina era, por primera vez, campeón mundial de fútbol.
Un hecho que casi todos vieron como un gesto propio de "malos perdedores"
fue la ausencia del plantel holandés en la entrega de trofeos. Esta actitud
confirmaba la política de desprecio que los europeos tenían respecto de la
dictadura militar argentina. Pero pocos entendieron ese detalle, porque en
esos momentos el capitán Daniel Passarella estaba alzando la copa para
regocijo de todo un pueblo, pero en especial para un grupo de militares que
jamás concibieron otro final posible, como explicó Massera al día siguiente
en el diario La Nación: "¿O acaso no somos capaces de darle al país lo que
somos capaces de darle a un acontecimiento deportivo ?" El marino sentía la
euforia general como un triunfo personal.
El domingo 25 de junio de 1978 entró en la historia popular argentina como
un día de gloria. El Estadio Monumental se transformó en un templo
catártico, lleno de banderas y papelitos que flotaban en el aire. Los
cantos y aplausos se distribuían a lo largo de las tribunas y la escena se
repetía calcada en todas las provincias del país. Era el festejo de
millones de personas que ignoraban su condición de actores secundarios en
una trama escrita bastante tiempo atrás. Mientras el estadio de River Plate
comenzaba a vaciarse lentamente para seguir los festejos en las calles
porteñas, un espectador logró acercarse al palco oficial para compartir su
euforia con Videla. El dictador le agradeció con una sonrisa prolija, casi
geométrica, y respondió: "Claro que estoy contento. Este partido lo ganamos
todos los argentinos, ¿no lo cree usted así ?".

MIERCOLES 25 de Junio de 2003 LA NACION LINE.

***

"No quiero minimizar la dictadura pero no saquemos las cosas de contexto"
Entrevista a Cesar Luis Menotti

-Cuando arrancó su ciclo en el '74, ¿imaginaba que quedaría en la historia?
-No pienso en eso ni me quiero hacer el bueno. Para mí estar en la
Selección, tener la posibilidad de tener los mejores jugadores, de dirigir
un Mundial, era lo que me hacía más feliz. Me acuerdo de un partido contra
Uruguay en la cancha de Vélez, en que la gente sacó pañuelos blancos,
parecía España. De eso sí me acuerdo, del "ole" en ese partido. Les ganamos
en el Centenario después de 25 años; de esas cosas sí me acuerdo.
-¿El título era una obsesión o creyó que era posible con el correr de los
partidos?
-Cada partido era la muerte, sobre todo en la primera ronda. Ya cuando
sortearon el fixture me agarré la cabeza. Cuando salió Francia me quería
morir, me cagué todo porque quedar afuera en la primera ronda era más
terrible que ahora. Los primeros minutos del Mundial fueron durísimos. Pero
lo que vivíamos con la gente fue increíble: no podíamos cruzar la General
Paz con el micro; una vez tuvimos que bajar nosotros a pedirles que nos
dejaran pasar, que llegábamos tarde a jugar. Así todos los partidos. Mi
orgullo es que estábamos representando a todos esos tipos.
-Aclaremos un mito: se buscó la derrota contra Italia para ir a jugar a
Rosario...
-Están locos. El peso de la derrota se siente más cuando te tenés que ir.
No querés, te vas vencido.
-¿El pico futbolístico de ese equipo se dio en la final?
-Jugamos muy bien contra Polonia. Ahí empezamos a asegurar las convicciones
porque ese día el equipo se transformó. Desde mi óptica era un equipo
invencible, no podía perder. Era un plantel muy técnico, riquísimo, muy
especial y muy difícil de ganarle. La prueba fue que cuando terminó el
Mundial salimos de gira e hicimos un desastre. Le dimos un baile a Holanda,
a Italia, a Austria, a Escocia, a Irlanda, a todos.
-¿Kempes era el Distéfano del equipo?
-En el gol de la final él hace el saque del arco... Distéfano me dijo
-antes del Mundial- que después de lo que él había hecho en España, venía
Kempes. Y acá pareciera que Kempes no hubiese jugado, cuando fue un
fenómeno para estar en una pared al lado de Diego y de Sívori. Fue una cosa
seria de verdad, y no le dieron ni bola. El gol que hace en la final, y el
que hace contra Polonia, fueron dos goles para pasarlos toda la vida.
-¿Cuál fue el momento de más tensión?
-Contra Brasil. No sé por qué pero había una bronca bárbara. Era una lucha
medio ideológica, y en vez de jugar fuimos a meter, a luchar.
-¿Y contra Perú?
-Yo contra Perú me jugaba la vida. Ellos venían cansados, y nosotros
estábamos con todo. Me tenía un confianza enorme. Me río cuando dicen que
estaba arreglado, porque el tiro en el palo también lo arreglamos...
-¿Sintió algo especial porque el rival de la final fuera Holanda?
-Yo sufrí mucho viendo a Argentina en el '74. El sueño de mi vida era jugar
con ellos la final. No quería a otro rival. Ellos eran la revolución en
Europa, con jugadores extraordinarios.
-¿Pensó en algún momento del Mundial que necesitaba a Maradona?
-Kempes fue capaz de opacar cualquier otra cosa. Yo estaba seguro de que
Maradona no tenía que estar; en mis planes, lo preparábamos para el Mundial
'79. Si Argentina quedaba afuera con Maradona, yo hubiera sido un boludo
que llevé un pibe de 16 años...
-Lo curioso es que todavía se reclame que tendría que haber estado...
-Eso parte de un sector del periodismo, y porque yo era el entrenador.
Diego era un fenómeno con 16 años. Y yo tenía en ese sector a Kempes, Villa
y Larrosa, porque tenían oficio y físicamente estaban dotados. No quiero
dar nombres, pero por ahí me equivoqué, no en no llevar a Maradona, sino en
reemplazarlo por otro.
-¿Por Alonso? -Eso lo dicen ustedes.
-Pero es la primera vez que lo reconoce.
-Bueno... no sé, en los medios, puede ser. Siempre lo pensé, pero quizá
puede influir todo lo que vi después. Yo odio tanto la vanidad que hasta me
parece vanidoso un tipo que grita mucho los goles -mirá si será boludo...-;
me molesta un tipo que grita un gol de penal. Y a un tipo que me baila una
cumbia después de hacer un gol me dan ganas de romperle los dientes.
-¿Por qué bajó tanto su rendimiento Valencia?
-El realzó su compromiso con el otro mundo, el del pueblo, el de Córdoba,
del whisky y el cigarrillo. El era capaz de tirar un penal afuera para no
ganar por penales... Pero tampoco es así el juego. Si en Valencia hubiera
hecho lo que hizo en Talleres en la cancha de River, hoy estaría al lado de
Sívori.
-¿Usted logra disociar lo que fue el Mundial '78 de lo que se vivía
políticamente en el país?
-Esto es como cuando alguien me preguntó por qué iba a un programa de
Neustadt, y yo le recordé que él -el que me preguntaba- trabajaba en
Clarín. Y ahí no hay mucha diferencia... Yo lo tengo muy claro: para mí, la
política es otra cosa. La revolución no la hacen ni los futbolistas ni los
músicos ni los actores, lo digo en el sentido de revolución como cambio.
Eso se hace de otra manera. A mí también me hubiese gustado ser campeón del
mundo en Cuba, pero tampoco me gusta ganar en una democracia donde la gente
se caga de hambre, y los que la pasan bien son los que tienen guita. Yo
entre la democracia de ese país y la dictadura de Fidel Castro, me quedo
con la dictadura de Fidel.
-¿Pero no lo perturbaba lo que sucedía?
-A mí me duele mi país. Yo me inicié en el Partido Comunista, y en la época
del peronismo mataban a los dirigentes. Yo las persecuciones, la picana y
todo eso lo conozco por amigos míos, dirigentes ferroviarios que vivieron
así todo el tiempo. Pero cuando entro a una cancha de fútbol pienso en lo
que siento ahí, no lo asocio de ninguna manera. Me produce el mismo asco la
cara de estos tipos (los milicos) como la de otros que fueron elegidos. El
daño que hacen es igual, tanto en la muerte como en la desculturalización.
La mentira que vivimos en los últimos diez años, en los noventa, sí que es
grave. No hay que perder la memoria de la dictadura, pero no nos hagamos
los boludos: lo de Menem también era jodido. Esto es discutir los
fusilamientos de Cuba como hechos aislados; entonces, no pongamos a la
dictadura como único ejemplo. La metodología fue mucho más cruel, pero esto
pasa en la Argentina hace 50 o 60 años.
-Es que mucha gente no sabía que cerca de la cancha de River estaba la ESMA.
-Seguro. La gente tampoco sabe las cosas que han pasado a los que les
pasaron. Yo tengo amigos que no saben las cosas que me tocaron vivir a mí.
En Rosario abrían la puerta de tu casa y te mataban de dos tiros. Me parece
que muchos se paran ante esto con una actitud de demócratas, y se hicieron
los boludos en cosas que fueron terribles, como las que pasaron en su
gremio. Eso es lo que me da bronca, como cuando sale Araujo a hablar de la
dictadura, y se olvida de que él escribía en el diario de Massera. Yo
conozco bien lo que pasaba, y no quiero minimizar la dictadura, lo que no
quiero es que saquemos las cosas de contexto. Mejor ayudemos a pensar por
qué pasan estas cosas.
-Si bien él nunca terminó de aclararlo, ¿la decisión de Carrascosa no lo
hizo reflexionar?
-Primero, él no se va; a Carrascosa lo desafecto yo. En enero en Mar del
Plata me dijo que no quería estar en el Mundial. Me dijo que estaba
cansado, que los dirigentes, que la concentración y qué sé yo. Si tenía que
elegir prefería no estar. No es que vino y me dijo: Yo me voy del Mundial
porque está la dictadura. Nada que ver, en absoluto. No tenía una razón.
Estaba podrido de jugar al fútbol, de concentrar, de salir de gira. Si lo
llamaban de River, tampoco iba. Es insólito, pero es así. Entonces le dije
que no. Y Ardiles me dijo lo mismo, porque creía que lo puteaban siempre a
él, que no podía hacer un gol debajo del arco. Le contesté que el único
idiota que pensó que era un crack era yo. El dijo que me iban a echar por
culpa de él. Entonces le aclaré que ése era mi problema, pero que si era un
cagón que se fuera. Y le dije que eso mismo iba a decir. Y Luque era otro
igual.
-Igualmente, el contexto no hace que se pueda festejar un título como
corresponde.
-Eso es algo que a mí no me pasa. Yo me olvidé del Mundial, ya pasó, no me
emociona para nada ahora el festejo. La verdad, sólo me acuerdo de cosas
puntuales. Si me dicen que hace 20 años que murió Troilo no se me mueve un
pelo, pero si lo tengo enfrente es otra cosa. Yo no fui a la tumba de mi
vieja desde que se murió. Pero me parece bien que la gente se reúna para
festejar.
-¿Cuál cree que es el balance?
-Nosotros, en el fútbol argentino, intentamos hacer una revolución.
Logramos hacer diferencia en la prensa, diferenciamos entre una prensa y
otra, en cada paso que dimos. Me acuerdo cuando Pizarotti los echó a César
y a Mónica de la concentración. Tuvimos un sector muy favorable, y otros
mamarrachos que tachaban a los jugadores en las revistas.
-Y en la cancha ¿dónde hicieron la diferencia?
-Nosotros respetamos una idea que sigue siendo válida si contás con los
jugadores. Nosotros pusimos a Ortiz, Bertoni y Luque arriba, y los volantes
eran Ardiles y Kempes. Había un solo volante de marca. Apostamos a eso y
nos salió bien.
-¿Cuál sería la cosa que podría cambiar de aquel proceso?
-Haría exactamente todo lo que hice, armando la Selección en el interior
del país, y haciendo todo lo mismo. Lo del interior fue increíble. Cuando
terminó el Mundial dijeron que no habíamos dejado nada, y con el director
de Clarín le dejamos en la AFA un cheque por un millón de dólares; y
ninguno de los equipos vino gratis.
Para hacer lo de Ezeiza gastaron 200 mil dólares y lo hicieron 10 años
después. De eso nadie dijo nada. Esa plata se la podrían haber repartido
los jugadores. Cuando inauguraron lo de Ezeiza no invitaron a ninguno del '78.
El problema de esta Selección fue que tuvo un entrenador que nunca estuvo
cerca de los poderes. Si yo hubiera laburado para Torneos y Competencias
cuando terminó el Mundial, por ahí hubiera sido la mejor selección del mundo.


La opinión de los jugadores

Los integrantes de la Selección Argentina campeona del mundo en el Mundial
‘78 coincidieron en que la presencia de la dictadura militar en el Gobierno
le quitó brillo a la conquista, pero aclararon que ellos no eran
responsables de que el triunfo se haya dado en ese contexto. -Me parece
totalmente injusto que tengamos que ser culpables por el momento político
de la Argentina. Yo era futbolista y quería ser campeón del mundo. Si el
presidente era democrático o no, era una circunstancia ajena. Es muy
probable que la dictadura nos haya usado para tapar errores y horrores,
pero nosotros no participamos de nada, señaló Ricardo Villa en una charla
con alumnos de DeporTEA. Daniel Bertoni también expresó su descontento: -Se
dijeron muchas barbaridades, pero mis compañeros y yo defendíamos la
camiseta. Dijeron que el campeonato fue facilitado por la dictadura y
seguro que el palo de la final también estuvo arreglado, ironizó el ex
delantero. El goleador del torneo, Mario Kempes, también defendió la
conquista. -Digan lo que digan, el 'niño' cumple 25 años.

Pagina12/WEB, 25-06-2003

***

"Se va a acabar... se va a acabar... la dictadura militar"
(consigna que se cantaba en canchas y concentraciones
populares a fines de la dictadura)

CLEMENTE

En el mundial '78 se libro una batalla cultural entre los "olfas del
establishment", encabezados por el relator de Fútbol de Radio Rivadavia de
Bs.As. Jose Maria Muñoz que queria disimular una postura de Orden y
Limpieza ante los visitantes extranjeros, particularmente el periodismo
extranjero, como parte de la Campaña del Proceso Militar de que "Los
argentinos somos derechos y humanos", (escondiendo la muerte, tortura y
desaparición de compañeros sindicalistas y militantes politicos) y los
cumpas que, con Carlos Loizeau (CALOI) a la cabeza, con las armas que habia
a mano, en este caso, el humor, dieron una Gran Batalla Cultural en la que
el Pueblo se sintio identificado, se expreso y triunfo desde la pasión por
el fubol, el barrio y lo argentino, lo propio, contra la represión,
embozada por entonces.

CARLOS TRILLO
-En el Mundial de Fútbol del año 1978, uno de los personajes de la página,
Clemente, se convirtió en una bandera de oposición extrañísima: mientras el
relator deportivo del régimen militar, José María Muñoz, gritaba que había
que ser prolijos y no ensuciar las canchas porque eso era de malos
argentinos, Clemente pedía que tiraran papelitos. Y la gente coreaba su
nombre y arrojaba papel picado como acto en contra de las directivas del
Poder. Contado así, parece una estupidez, pero puesto en el contexto y en
el momento fue un verdadero acto de resistencia.

Nota de P/L@: En el equipo creativo de Caloi estaban entre otros amigos del
dibujante, el músico y publicista Alejandro Dolina, hoy escritor y
periodista radiofónico, al que se le atribuyen muchos de los jingles del
personaje Clemente.

***

1978: CLEMENTE GOLEÓ A MUÑOZ
(Nota de la NAC Y POP)

José María Muñoz, uno de los más grandes del periodismo deportivo de todos
los tiempos, pedía que durante el mundial no se tiren papelitos porque
ibamos a quedar como un país sucio.
El humorista Caloi, compañero peronista, tomó la posta con su conocidísima
caricatura Clemente y contraatacó: Tiren, tiren papelitos, exclamaba el
muñeco desde el tablero electrónico... Se armó así La Guerra de los papelitos.
Caloi, el padre de Clemente, recuerda así la histórica pelea de su
caricatura contra José María Muñoz por los papelitos que tiraba la hinchada
para recibir a la selección argentina:
-En 1977 el gobierno militar empezó una campaña muy intensa en los medios
para que los argentinos se portaran bien con los extranjeros. Nos trataban
como inadaptados.
-Subido a esta campaña, José María Muñoz, el relator más conocido de la
época, empezó a aconsejar que no tiraran papelitos en los partidos porque
íbamos a parecer un país sucio. Y me la dejó picando: la censura era tan
grande que los humoristas estábamos atentos a ver dónde podíamos colar
algún pensamiento diferente. Y como los papelitos son una manifestación
típica del fútbol, Clemente empezó una campaña para que hubiera más
papelitos que nunca.
-Coincidió con que los tableros electrónicos -toda una novedad en ese
momento- estaban manejados por una empresa que quería hinchar por
Argentina. Como sólo dependían de la FIFA, tenían cierta independencia.
-Me pidieron que diseñara un Clemente para que apareciera en los festejos.
En Rosario, mientras por los altavoces el EAM78 (Ante Autárquico Mundial78)
amenazaba con quitarles puntos a la Argentina por los papeles, en el cartel
Clemente pedía: -tiren papelitos. La lucha llegó a un extremo tal que la
policía incautaba los diarios que llevaban los hinchas. Me asusté cuando al
final el público empezó a cantar: -Muñoz, Muñoz, Clemente te cagó.
-En el 82, Canal 13 me propuso hacer micros de dos minutos. Así nació el
hincha de Camerún. Y tuvo tanto éxito que siguió dos o tres años. En el 86
volvió el micro con canciones de los equipos que participaban. Y ya era un
clásico.


Gracias a nuestros compañeros de la Nac&Pop por esta colaboración.
Sitio web de este número:
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/727
¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬
Para leer por e@mail Año IV - No. 695
Servicio solidario de lecturas por correo electrónico
Literatura e Ideas para el Mundo Necesario
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/files/paraleer.htm
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer
Ultimos números publicados:
[P/L@694] Roberto Juarroz: Poesía vertical (III)
[P/L@693] Armando Hart Dávalos: Un deber con el Che...
[P/L@692] Eduardo Galeano: Lo que el viento se lleva
[P/L@691] El Che cumple 75 años
[P/L@690] Jorge Lanata: Anclao en Tandil
Para leer los últimos números encontralos en:
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/messages
Para consultar el índice de P/L@ entra en:
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/files/Indices/indice600.htm
Visita nuestro Almacén de libros electrónicos en:
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/files/Almacen.htm
Se aguardan con entusiasmo tus aportes con material literario afin así como
tus críticas sugerencias.
Envíalos a paraleer@... (únicamente)
Agradecemos a todos los que solidariamente nos envian valiosos textos para
compartir, por ellos continúa funcionando este servicio.
Invita a tus amigos a sumarse a la red P/L@, diles que se subscriban
enviando un mensaje en blanco a: paraleer-subscribe@yahoogroups.com
Para borrarse: otro mensaje a paraleer-unsubscribe@yahoogroups.com
-----------------------------------
Escucha nuestro programa radial
DAÑOS COLATERALES... (lo que queda es lo que hay...)
Nuestra propuesta para reconstruir lo que nos deconstruyeron
De 9:30 a 11 de la mañana
En la 94.3 FM - Universidad Tecnológica Nacional - Córdoba
Sintonizalo online en: http://www.frc.utn.edu.ar/radio
-----------------------------------
PARA ESCRIBIR POR E@MAIL
Participa en nuestro Ciber-taller literario [P/E@] dirigido por Carlos Scocco
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraescribir/files/paraescribir.htm
Comunicate a: paraescribir@...
-----------------------------------
© Red P/L@ - 1998/2003 - Derechos reservados
Integrante del Foro de Medios Alternativos www.fodema.com.ar
Coordinador: Tonio Blanco - Córdoba, Argentina
¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬¬







Vie, 27 de Jun, 2003 1:09 am

tonio_b
Sin conexión Sin conexión
Enviar correo Enviar correo

Reenviar Mensaje #727 de 1054 |
Desplegar mensajes Autor Ordenar por fecha

[P/L@] Documentos de la Memoria Aquello fue el Mundial... Balance a un cuarto de siglo del Mundial '78 Hace exactamente 25 años, el domingo 25 de junio de...
Para leer por e@mail
tonio_b
Sin conexión Enviar correo
27 de Jun, 2003
1:17 am
Avanzado

Copyright © 2009 Yahoo! de Argentina S.R.L. Todos los derechos reservados.
Política de privacidad - Condiciones del Servicio - Reglas de la comunidad de Yahoo! - Ayuda