Vienen llegando los 700 Paraleer...
Sumando lecturas para el Mundo Necesario
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[P/L@] Para seguir leyendo a Galeano (segunda entrega)
"Anticipos" del próximo libro de Eduardo Galeano. Sus "Ventanas" por las
que se asomó tantos domingos desde el diario La Jornada de México.
Próximamente en las librerías más queridas. Continuamos mirando por algunas
de ellas. P/L@
Primera entrega: [P/L@687] Las ventanas de Eduardo Galeano (I)
Encontralo en: http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/719
VENTANAS
por Eduardo Galeano
La luz
EN LAS MONTAÑAS más altas de Cajamarca, las que más demoraron en despertar
y levantarse cuando el mundo nació, hay imágenes de la tierra y signos del
cielo. Son figuras pintadas, hace unos cuantos miles de años, por los
artistas sin nombre. Esos tatuajes de colores en las laderas de piedra han
sobrevivido a la intemperie, a pesar de los golpes de la lluvia y los
mordiscones del tiempo.
Las pinturas son y no son, según la hora. Algunas se abren cuando se abre
el día, y al mediodía desaparecen; muchas van cambiando de forma y de color
a lo largo del camino del sol, desde el alba hacia la noche; y otras sólo
se dejan ver cuando el crepúsculo llega. Porque las pinturas han nacido de
la mano humana, pero también son obra de la luz, y están a su mandar. Ella,
la luz, la otra artista, reina y señora, las esconde y las muestra como
quiere y cuando quiere.
1 de Diciembre de 2002
***
Receta de la sopa
EL MENDIGO LLAMÓ a la puerta.
-Yo no pido -dijo-. Vengo a ofrecer.
Ofreció la sopa más sabrosa de la historia de la gastronomía, y lo dejaron
entrar.
Puso una olla en el fuego. Cuando el agua rompió a hervir, echó en la olla
una piedra que traía en el bolsillo. Probó, se chupó los dedos.
-Perfecto -dijo.
Para perfeccionar la perfección, fue pidiendo algunos complementos: un
manojo de espinacas, una cebolla picada y dorada en manteca, sémola,
fideos, un chorro de vino blanco, mucho queso rallado, un toque de pimienta
y un puñado de sal.
El mendigo se comió casi toda la sopa, pero tuvo la gentileza de convidar
alguna cucharada a los dueños de casa. Y les dejó la piedra.
Parece una piedra cualquiera, sin sabor a nada.
La sopa se sigue cocinando a las orillas del lago Léeman, al pie de los
Alpes. Con esa piedra.
24 de Noviembre de 2002
***
Los aplausos
DESDE QUE FEDERICO García Lorca había caído, acribillado a balazos, La
zapatera prodigiosa no aparecía en los escenarios españoles. Los teatreros
del Uruguay llevaron la obra a Madrid.
Actuaron con alma y vida. Al final, no recibieron aplausos. El público se
puso a patear el suelo, a toda furia; y los actores no entendían nada.
China Zorrilla lo contó:
-Nos quedamos pasmados. Un desastre. Era para ponerse a llorar.
Pero después, estalló la ovación. Larga, agradecida. Y los actores seguían
sin entender.
Quizá los españoles habían aplaudido con los pies. Quizás aquel trueno
sobre la tierra había sido para el autor, fusilado por rojo, por marica,
por raro, como una manera de decirle: para que sepas, Federico, lo vivo que
estás.
17 de Noviembre de 2002
***
Historia de la música
Apolo, sol de los griegos, era el dios de la música.
El había inventado la lira, que humillaba a las flautas, y pulsando la lira
transmitía a los mortales los secretos de la vida y de la muerte.
Uno de sus hijos descubrió que las cuerdas de tripa de buey sonaban mejor
que las cuerdas de lino. Cambió el cordaje de la lira de Apolo, y le
ofreció esa sorpresa.
A solas con su lira, Apolo acarició el regalo de su hijo. Hizo vibrar las
nuevas cuerdas y confirmó que eran más melodiosas.
Entonces, el dios celebró el progreso. Se regaló la boca con néctar de
ambrosía, alzó su arco de guerra, salió a los prados del Olimpo, apuntó al
hijo y desde lejos le partió el pecho de un flechazo.
10 de Noviembre de 2002
***
Favores
FICO VOGELIUS ATENDIO la llamada. Del teléfono brotó un chorro incesante de
insultos.
Él no colgó. Dejó el tubo sobre el escritorio, y continuó trabajando.
Mientras el teléfono seguía gritando, truenos que se escuchaban en toda la
oficina, Fico, inmutable, comentó:
-Yo no sé por qué me odia tanto, si nunca le hice ningún favor.
3 de Noviembre de 2002
***
El encapuchado
La dictadura militar de Chile había convertido en cárcel el estadio de
fútbol, el Estadio Nacional. Miles de presos eran el público de un partido
invisible. Sentados en las tribunas, esperaban que se decidiera su destino.
Un encapuchado recorría las gradas. Nadie le veía la cara; él veía las
caras de todos. Esa mirada disparaba balas: el encapuchado, un socialista
arrepentido, caminaba, se detenía y señalaba con el dedo. Los hombres por
él marcados, que habían sido sus compañeros, marchaban a la tortura o iban
al muere.
Los soldados lo llevaban atado, con una soga al cuello.
-Ese encapuchado parece perro -decían los presos.
-Pero no es -decían los perros.
20 de octubre de 2002
***
El ginkgo
EL GINKGO, EL más antiguo de los árboles, está en el mundo desde la época
de los dinosaurios.
Dicen que sus hojas de abanico alivian el asma, el dolor de cabeza y los
achaques de la vejez.
Y está probado que esas hojas son, también, el mejor remedio contra la mala
memoria. Cuando la bomba atómica convirtió a la ciudad de Hiroshima en un
desierto de negrura, un viejo ginkgo cayó fulminado cerca del centro de la
explosión. El árbol quedó tan calcinado como el templo budista que el árbol
protegía. Tres años después, alguien descubrió que una lucecita verde
asomaba en el carbón. El ginkgo muerto había dado un brote. El árbol
renació, abrió sus brazos, floreció. Ese sobreviviente de la matanza sigue
estando ahí.
13 de octubre de 2002
***
El salame
Sarah Tarler Bergholz era muy bajita. Ella no tenía que sentarse para que
sus nietos le cepillaran la melena, que en caracoles caía desde la cara
simpática hasta el ombligo.
Sarah estaba tan gorda que ya ni podía respirar. En un hospital de Chicago,
el médico le dijo lo que era evidente: para recuperar la proporción entre
la estatura y el volumen, debía hacer una dieta rigurosa y eliminar las
grasas.
Ella tenía voz de seda. Sus más enérgicas afirmaciones parecían
confidencias. Hablando como en secreto, miró fijo al médico, y dijo:
-Yo no estoy segura de que la vida valga la pena sin salame.
Murió, abrazada a su perdición, el año siguiente. Le falló el corazón. Para
la ciencia, el caso estaba claro; pero nunca se sabrá si el corazón estaba
harto de salame, o cansado de darse.
6 de octubre de 2002
***
El Cuco
JUGANDO SIN PARAR, todos mezclados con todos, los chiquilines vivían en
alegre revoltijo con los bichos y las plantas.
Pero un mal día, alguien, algún caminante de paso, llegó hasta aquel resto
de estancia en los campos de Paysandú, y trajo el susto:
-¡Cuidado, que viene el Cuco!
-¡Viene el Cuco y te lleva!
-¡Viene el Cuco y te come!
Olga Hughes advirtió los primeros síntomas de la peste del miedo. La
enfermedad que no tiene farmacia había atacado a sus hijos numerosos. Y
entonces eligió, entre sus numerosos perros, al más raquítico, al más
inofensivo y querendón, y lo bautizó Cuco.
29 de Septiembre de 2002
***
Anatomía
AHORA LE PONE los pelos de punta pensar que estuvo metida hasta los pelos
con ese crápula, cómo pudo perder la cabeza en esa historia que nunca tuvo
pies ni cabeza, cómo fue, se pregunta, cómo pudo echarle el ojo a ese
jodido, por qué no fue capaz de ver más allá de sus narices, si yo a este
farsante nunca lo pude tragar, este hijo de puta que me ha dejado con el
corazón en la boca, pero haciendo de tripas corazón dice basta, basta de
hacerme mala sangre, ya bastante bilis me ha hecho tragar este crápula
jodido farsante hijo de puta, este tipo que ella quiso hasta la médula,
este hombre que la ha dejado en carne viva, y con el alma en los pies jura
que sí, ahora sí, ahora por fin pondrá los pies en la tierra, aunque en el
fondo sabe que volverá a meter la pata una vez más, y dos, y siempre.
22 de Septiembre de 2002
***
El conjuro
MIENTRAS NACIA EL nuevo milenio, el ejército abrió paso a la empresa
petrolera Oxy hacia las tierras de los indios u´wa, en las lomas de Samoré.
Los taladros comenzaron su trabajo y los expertos anunciaron que la
perforación iba a rendir mil cuatrocientos millones de barriles.
Al amanecer y al atardecer de cada día, los indios se juntaban para cantar
en la espesura del monte.
Al cabo de un año, la empresa había gastado sesenta millones de dólares y
ni una sola gota de petróleo había aparecido.
Entonces los indios u'wa dijeron que la tierra los había escuchado y había
escondido su sangre, para que no murieran los árboles, ni se secaran las
praderas, ni dieran veneno los manantiales.
La empresa no dijo nada.
15 de Septiembre de 2002
***
El cine
GERALDINE ESTABA EMPEZANDO a trabajar en una película, en una aldea perdida
en las montañas de Turquía.
La primera tarde, salió a caminar. No había nadie, casi nadie, en las
calles. Pocos hombres, mujer ninguna. Pero a la vuelta de una esquina se
topó, de sopetón, con un enjambre de muchachos.
Geraldine miró a los costados, miró hacia atrás: estaba cercada, no tenía
escapatoria. La garganta se negó a gritar. Sin palabras, ofreció lo que
tenía: el reloj, el dinero.
Con gestos, los muchachos le dijeron que no, que no era eso. Y hablando en
algo más o menos parecido al inglés, le preguntaron si de veras ella era la
hija de Chaplin.
Geraldine, atónita, asintió. Y recién entonces advirtió que los muchachos
se habían pintado bigotitos de carbón.
Y empezó la función.
Y todos fueron él.
8 de Septiembre de 2002
***
El susto
CASI LA TRAGA el río. Eufrosina Martínez estaba lavando ropa, cuando la
atrapó la correntada y la arrastró. Ella salvó la vida, después de mucho
manotear entre las rocas; pero perdió el alma. El susto se la llevó: el
alma, espantada, se fue en el agua.
Desde entonces, el cuerpo desalmado de Eufrosina ya no pudo moverse, dejó
de comer, no consiguió dormir, y ya no supo distinguir la noche del día.
La sanó un curandero de la sierra de Puebla. Cuando el alma le volvió al
cuerpo, ella nació de nuevo. El cuerpo y el alma volvieron a encontrarse,
fueron cuerpalma, fueron almuerpo, y Eufrosina se levantó y volvió a
caminar sobre este mundo que a veces te voltea como un río furioso bajo los
pies.
El ritual de la sanación fue largo y secreto. Nunca se supo. Pero el
curandero dijo:
-Para que vuelva el alma perdida, hay que perder el miedo.
1 de Septiembre de 2002
***
El oído secreto
DESDE QUE ERA muy niño, Heitor Villa-Lobos supo que tenía un oído de
adentro. El oído de adentro, que sólo se abría cuando quería, escuchaba las
voces de adentro, que él no compartía con nadie. El oído de afuera, en
cambio, estaba siempre abierto a la estridencia de Río de Janeiro, y por
ahí se metían, sin pedir permiso, los clamores de las calles bullangueras.
En sus años mozos, cuando vivía en un burdel del barrio de Lapa,
Villa-Lobos tocaba el piano, en las madrugadas, para entretener a los
clientes que esperaban a las putas. Gracias a su oído de adentro, podía
componer sus obras maestras, como si tal cosa, en medio de aquella
barahúnda de carcajadas y bebederas.
Después, en sus años maduros, ese oído secreto fue el refugio de
Villa-Lobos contra las voces enemigas que querían condenarlo al
arrepentimiento o al aburrimiento: los insultos del público, los venenos de
los críticos y los zumbidos de los mosquitos humanos que le jodían la
paciencia.
El oído de afuera pertenecía al ruido, pero el oído de adentro era el
silencioso reino donde nacía la música. La música que deliraba, libre,
vagabunda, como el Brasil que ella quería.
25 de agosto de 2002
***
Verderías
CUANDO LA MAR ya era mar, la tierra no era más que roca desnuda.
Los líquenes, venidos de la mar, hicieron las praderas. Ellos invadieron,
conquistaron y verdearon el reino de la piedra.
Eso ocurrió en el ayer de los ayeres, y sigue ocurriendo todavía. Donde
nada vive, los líquenes viven: en las estepas heladas, en los desiertos
ardientes, en lo más alto de las más altas montañas.
Los líquenes viven mientras dura el matrimonio entre las algas y sus hijos,
los hongos. Si el matrimonio se deshace, se deshacen los líquenes.
A veces, las algas y los hongos se divorcian, por riñas y disputas. Según
ellas, ellos las tienen encerradas y no las dejan ver la luz. Según ellos,
ellas los empalagan de tanto darles azúcar noche y día.
18 de agosto de 2002
***
El diálogo verde
PARECEN QUIETOS, PERO respiran y se mueven, buscando luz. Y parecen mudos,
pero hablan.
Poco se sabe. Está probado, al menos, que cuando un árbol sufre golpes o
lastimaduras, se defiende transpirando veneno y lanza una señal de alerta a
los árboles cercanos. Por el aire viajan palabras que en idioma arbolés
dicen: peligro, y dicen: cuidado. Y entonces también los árboles cercanos
se defienden transpirando veneno.
Quizás ha sido así desde que los primeros árboles se irguieron sobre la
tierra, y se multiplicaron, y tan inmensos fueron los bosques que una
ardilla podía recorrer el mundo de rama en rama.
Ahora, entre desierto y desierto, los árboles sobrevivientes mantienen viva
esta antigua costumbre de buenos vecinos.
11 de agosto de 2002
***
Historia clínica
Informó que sufría taquicardia cada vez que la veía, aunque fuera de lejos.
Declaró que se le trababa la lengua y no lograba articular sonidos cuando
ella lo miraba, aunque fuera de refilón.
Admitió una hipersecreción de la glándula sudorípara cada vez que ella le
hablaba, aunque fuera para contestarle el saludo.
Reconoció que padecía graves desequilibrios en la presión sanguínea cuando
ella lo tocaba, aunque fuera por error.
Confesó que por ella padecía mareos, que se le nublaba la visión, que se le
aflojaban las rodillas, que lo desvelaba el insomnio.
-Fue hace mucho tiempo, doctor -dijo-. Yo nunca más sentí nada de eso.
El médico arqueó las cejas:
-¿Nunca más sintió nada de eso?
Y diagnosticó:
-Su caso es grave.
4 de Agosto de 2002
***
El sombrero y él
Cuando se ponía su sombrero, el poeta Manuel Zequeira se miraba al espejo y
no veía nada más que el sombrero puesto.
Con el sombrero puesto, el poeta invisible se metía en cualquier casa y
besaba mujeres ajenas, y en las tabernas comía de todos los platos y
vaciaba todos los vasos de ron. Y en los días de julio, cuando La Habana
hervía de calor, se echaba a caminar por las calles, sin más ropa que el
sombrero, y no prestaba la menor atención a la gente que lo apedreaba.
Mientras no tocaran el sombrero, no le importaba.
Aquel sombrero, que deambulaba en el aire, era la única parte de él que no
iba a morir cuando él muriera
28 de julio de 2002
***
El cortejo
A los muertos se les da por quedarse.
En Haití, donde hay mucha gente y poco sitio, una antigua costumbre manda
que el cortejo de los dolientes no lleve el ataúd en línea recta al
cementerio. Para que el muerto no se haga el vivo, el cortejo da muchas
vueltas, por aquí, por allá, y así despista al difunto, que no podrá
encontrar el camino de regreso a casa
21 de julio de 2002
***
El alma al aire
Según dicen algunas antiguas tradiciones, el árbol de la vida crece al
revés. El tronco y las ramas hacia abajo, las raíces hacia arriba. La copa
se hunde en la tierra, las raíces miran al cielo. No ofrece sus frutos,
sino su origen. No esconde bajo tierra lo más entrañable, lo más
vulnerable, sino que lo arriesga a la intemperie: entrega sus raíces, en
carne viva, a los vientos del mundo.
-Son cosas de la vida -dice el árbol de la vida.
14 de julio de 2002
***
El emperador del mundo
No había nacido en ella, pero en sus calles dormía y reinaba.
Por impresionar a su reina y señora, se había hecho rey de reyes y señor de
señores. Por ella, por promesa de amor, no se había cortado nunca la barba
ni el pelo, que le llegaba a los pies. Y por deber de obediencia, cada dos
por tres cambiaba de castillo: llevándose a cuestas todo su reino, que
cabía en un par de cajas de cartón, se mudaba desde algún banco del Parque
del Cristo hasta las escalinatas de la iglesia del Sagrado Corazón, o hasta
algún recoveco del muelle de Caballería.
Al servicio de ella, y de sus muchos merecimientos, solía convocar su flota
de buques cañoneros y sus ejércitos del alba, del mediodía, del atardecer y
de la medianoche. Y por ella inspirado, declaraba guerras, firmaba paces y
redactaba proclamas, ante los leones del Paseo del Prado, rodeado por su
guardia de alabarderos y algunos súbditos que eran curiosos de paso. Allí,
por complacer a la señora de sus desvelos, perdonó públicamente a los
guerrilleros de la Sierra Maestra, que le habían copiado la barba.
El Caballero de París, gallego venido de Lugo, nunca aceptó limosnas. Para
alimentarse, tenía de sobra con el sol que ella le daba. Y en ella yace,
ahora, bajo el suelo del convento de San Francisco, junto a los obispos,
los arzobispos, los comendadores y los conquistadores. En ella duerme: en
esa dama destartalada y altiva, llamada La Habana, que vela su sueño.
07 de julio de 2002
***
Crónica
Tertuliana Queiroz mora, ora y labora en algún lugar de Ceará.
Esperando, se duerme.
Esperando, se despierta.
Ella espera, sus hijos esperan.
En mejores tiempos, hablaba de corrido. Ahora le cuesta.
Los hijos eran quince.
Me quedan siete, dice. No, dice: seis.
Los otros murieron, de muerte morida o de muerte matada.
Mira al cielo. Tiene ojos de sonámbula.
Dios los llamó, dice.
Ella tiene costumbre.
30 de junio de 2002
***
Irse
Esta mujer quiere trabajar, que es por necesidad y no por tendencia al
vicio, y no tiene más remedio que irse. Se marcha al norte, a riesgo de
morir de bala o sed en la travesía de la frontera, y dice adiós a sus
hijos, queriendo decirles hasta luego.
Ya yéndose de Oaxaca, se arrodilla ante la Virgen de Guadalupe, en un
altarcito de paso, y le ruega el milagro:
-No te pido que me des. Te pido que me pongas donde hay.
23 de junio de 2002
© E.Galeano y LA JORNADA de México
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