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[P/L@703] Cuba: La Historia del Moncada   Lista de mensajes  
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[P/L@] Documentos
1953 - 26 de julio - 2003
Aniversario 50 del asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba

Presentamos este completo dossier especial con la historia que, hace 50
años, abrió las puertas a la historia de la Revolución cubana.


La Revolución comenzó en un segundo
por Armando Pérez Fernández

El plan únicamente lo conocían Fidel Castro, Abel Santamaría y Renato
Guitart. Sólo en víspera de la Santa Ana, próximo a medianoche, cuando los
combatientes estuvieron reunidos, armados y uniformados, se les dieron a
conocer los pormenores de los asaltos simultáneos a los cuarteles Moncada,
de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo.
Fidel con el grueso de la tropa, trataría de apoderarse del puesto de mando
del Moncada. Previamente, Ramiro Valdés y un grupo de hombres en el auto de
avanzada, se encargarían de aniquilar las postas de la garita número tres y
de bajar las cadenas, para permitir el paso de los vehículos con los otros
asaltantes al interior del cuartel.
Abel, con 22 participantes, debía tomar el contiguo Hospital Civil
Saturnino Lora y un tercer grupo, con seis integrantes y bajo la dirección
de Raúl Castro, tenía como objetivo dominar el Palacio de Justicia.
Este era el plan ideado en el mayor secreto para "la toma del cielo por
asalto" aquel 26 de Julio de 1953, en el que mas de un centenar de jóvenes
se propuso conquistar la dignidad para todos los cubanos. Y lo lograron.
Ese día dejo de ser uno mas, para trocarse símbolo de rebeldía nacional
Cuba es un país prolijo en fechas significativas dentro de su ejemplar
historia. No podía ser menos en una Isla siempre beligerante contra todo
tipo de dominación y patria de hombres valientes, capaces de mente y
esfuerzo, que con sus empeños se encargaron de sumar efemérides relevantes
al almanaque histórico, en revolucionaria continuidad.
Martí dijo: las etapas de los pueblos no se cuentan por sus épocas de
sometimiento infructuoso, sino por sus rafagas de rebelión.
El 10 de octubre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria,
marcó el derrotero libertario cubano alzándose con sus esclavos recién
liberados por el, y otros conspiradores independentistas, después de casi
cuatro siglos de vasallaje colonial.
Desde entonces el grito fue de Independencia o Muerte. Fue el inicio.
Diez años después, cuando la revolución languidecía y estaban a punto de
abortarse los ideales independentistas y antiesclavistas gestados, el 19 de
mayo de 1878 Antonio Maceo se negó a aceptar el bochorno del Zanjón,
protagonizando su histórica Protesta de Baragua. ¿Cómo podía haber paz sin
independencia?. Fue la intransigencia revolucionaria y patriótica.
La Guerra Necesaria estallo el 24 de febrero de 1895, luego de mas de 15
años de tregua. La gesta preparada por José Martí estaba diseñada para ser
el apocalipsis del colonialismo en Cuba. El grito de Baire, esta vez,
extendió la llama libertaria de Oriente a Occidente. Fue la continuidad.
Pero...trunca quedó la Revolución otra vez, no por responsabilidad de los
cubanos de la manigua que ya tenían ganada la guerra a España.
En 1898, cuando la Métropoli gastaba ya sus últimos hombres y sus últimas
pesetas, Estados Unidos alevosamente y con torvos propósitos anexionistas,
sabiendo vencedores a los mambises, se involucró en la guerra.
Cuba dejó de ser colonia para ganar el nada honroso status de neocolonia.
La seudorrepública fue una larga etapa de sombras, de las que al decir de
Martí no cuentan en la vida de los pueblos. Ese período de mas de 50 años
está marcado con la sangre de miles de jóvenes.
Después del zarpazo del 10 de marzo del 52, la hora cero estaba por llegar.
El reloj echó a andar.
El 26 de julio de 1953 fue el hasta aqui de toda una nación maltratada, en
heroica acción protagonizada por 105 jóvenes, entre ellos dos mujeres,
comandados por Fidel.
La fecha fue el inicio de la nueva y definitiva era revolucionaria cubana,
el renovado empuje de un pueblo sacudido por el acontecimiento, en el que
la generación del centenario cerró filas alrededor de aquella figura que en
su alegato de defensa "La Historia me Absolverá", denunció los males
endémicos del pais.
Activado quedó el reloj que contaría las horas al régimen.
La acción fracasó militarmente, pero desde aquel día se hizo evidente que
el tiro de gracia a la depauperacion social que vivía la Isla solo saldría
de la lucha, con el pueblo sobre las armas para tomar el poder y defenderlo.
Con los disparos a la fortaleza militar, el tirano tembló, la cúpula
castrense se asustó, y como toda fiera sorprendida pasó del sobresalto a la
persecursión descarnada. Los días que siguieron fueron de tortura y
asesinato, la intención era cobrar 10 vidas por cada uno de los militares
muertos.
A pesar de la represión, la gente se lanzó a las calles a defender a los
asaltantes. A riesgo de sus propias vidas los habitantes de Santiago
protegieron a algunos de los evadidos del ataque. Fidel fue capturado en
las montañas, camino a La Gran Piedra, donde habían acordado reunirse para
reanudar la lucha.
Además de motivar la lucha y definir un líder, el asalto al cuartel de la
tiranía sirvió para vertebrar los métodos y clarificar los objetivos de la
nueva ola revolucionaria.
No en balde eran las montañas de la Sierra Maestra el punto de reunión
previsto en caso de fracaso, como no era fortuita la idea de armar al
pueblo de la ciudad indómita, después de la toma de la fortaleza militar.
En aquel punto de la historia de Cuba, no bastaba con luchar por la
independencia, era necesario arremeter contra la opresión económica y
cercenarles los tentáculos al hambre, el desempleo, el analfabetismo... como
se subrayaba en La Historia me Absolverá.

http://www.ain.cubaweb.cu/historia/hechos/revolucion.htm

***

Documento especial
Los días del Moncada
por MARTA ROJAS

SANTIAGO DE CUBA, 26 de julio de 1953, Año del Centenario de José Martí: La
ciudad de Santiago se despertó con el tableteo de las ametralladoras y un
intenso tiroteo de armas de distintos calibres que obligó a salir de sus
casas a gran parte de sus habitantes a excepción de los que a esa hora
-cinco y quince de la mañana, aproximadamente- se encontraban en la calle
camino de sus casas después de una noche de carnaval.
Fue domingo de Santa Ana, la víspera se había celebrado la fiesta por el
santo patrón de la ciudad, Santiago Apóstol. Con ese motivo, desde días
anteriores, como es tradicional, habían estado arribando a la ciudad
cientos o quizás miles de personas procedentes de otras provincias, entre
ellas un contingente de 165 jóvenes que venían del occidente de la Isla,
quienes tenían propósitos bien distintos de los de participar en los
carnavales santiagueros; estos jóvenes revolucionarios cuyo heroísmo
trascendería a la historia, asaltaron el cuartel Moncada, la segunda
fortaleza militar en importancia del país.Los atacantes del Moncada habían
decidido reivindicar la memoria del Apóstol José Martí en el año de su
centenario.
Al frente de aquella vanguardia iban Fidel Castro y, como segundo jefe,
Abel Santamaría.Al día siguiente del asalto al Moncada, el primer periódico
que apareció fue Prensa Universal, de Santiago de Cuba, cuyos ejemplares el
pueblo prácticamente arrancaba de las manos de sus vendedores. Algunos
ejemplares, que tenían valor de tres centavos, se vendieron a un peso y
más. El principal cintillo del periódico en primera plana decía: ASALTADO
MONCADA, 48 MUERTOS Y 29 HERIDOS. Transcurridas varias horas más, esas
cifras ya no correspondían a la realidad. Luego veremos.En una de sus
páginas interiores tenía otros títulos donde el diario de provincia
calificaba el hecho como: LOCA AVENTURA DE UN GRUPO DE JOVENES QUE
INTENTARON TOMAR LA FORTALEZA. Y ofrecía detalles como éstos: "Lograron
hacerse fuertes en los primeros momentos. Varias bajas sufre el ejército.
Persecución a los fugitivos...".


LA PREGUNTA QUE SE HACIAN TODOS EN SANTIAGO.

¿Qué es lo que pasa? Esa fue la pregunta que se hacía todo el mundo al
amanecer. Cuando la población comenzó a darse cuenta de que los tiros
provenían del cuartel Moncada, la alarma creció y fue agravándose por la
falta de noticias. El silencio o la negativa descarnada a dar noticias que
mantuvieron los jefes militares y civiles del régimen se prolongó hasta la
entrada la tarde del 26. Ni las estaciones de policía, ni el cuartel, ni el
distrito naval daban una versión exacta de lo que estaba sucediendo. Esto
provocó infinidad de rumores acentuándose el de que se trataba de una lucha
entre soldados, ya que algunos vecinos del cuartel vieron que todos los
contendientes estaban vestidos de caqui amarillo.Las primeras referencias
de una acción revolucionaria protagonizada por jóvenes de La Habana
alertaron al pueblo, que de inmediato comenzó a organizarse de forma
embrionaria para prestar cualquier ayuda posible a esos jóvenes, aún sin
conocerlos.El tiroteo, que al principio se sentía intenso e ininterrumpido,
se mantuvo luego en forma esporádica hasta pasadas las diez de la mañana,
aproximadamente, en que cesó. A partir de ese momento comenzaron a
escucharse descargas aisladas. A esa hora la población comenzó a invadir
los lugares públicos, dirigiéndose al centro de la ciudad en busca de
información. Empezaron a salir algunas patrullas y se efectuaron numerosas
detenciones entre los dirigentes de los partidos políticos de oposición.
Entre los primeros detenidos en Santiago se encontraba José Villa Romero,
"Totico", que había sido jefe de la policía en esa ciudad durante el
gobierno de Carlos Prío Socarrás, a quien ahora el régimen, en su despiste
sobre la identidad de los que encabezaban el movimiento que había asaltado
el Moncada, responsabilizaba de los hechos que acababan de ocurrir.La
mayoría de los detenidos en las primeras horas y los días sucesivos en
Santiago, e incluso en La Habana, eran dirigentes de los partidos Auténtico
y Ortodoxo, así como del Socialista Popular (Comunista) y líderes
estudiantiles conocidos.La prensa local tuvo acceso el día 26 a los centros
hospitalarios donde estaban ingresados algunos heridos por los sucesos del
Moncada y hasta se tomaron fotos, con excepción del Hospital Civil. Las
clínicas privadas Los Angeles, Sagrado Corazón, Colonia Española y Centro
Gallego fueron tomadas militarmente y se registraba e interrogaba a las
personas que a ellas iban. El único centro hospitalario que no se pudo
visitar el 26 de julio fue el Hospital Civil Saturnino Lora, situado
precisamente frente al cuartel Moncada y en parte escenario del combate. La
prohibición absoluta de entrada al hospital emanó de los centros militares
superiores, según se dijo. Esta prohibición fue tan estricta que ni
siquiera los familiares de los enfermos allí recluidos pudieron entrar, ni
salir de él hasta muchas horas después.


CONFERENCIA DE PRENSA

En horas de la tarde, el coronel Alberto del Río Chaviano, que no se
encontraba en el Moncada en el momento de producirse el asalto
revolucionario, ofreció una conferencia de prensa. En su informe oficial
acusaba directamente al ex presidente Carlos Prío, a "Millo" Ochoa,
dirigente del Partido Ortodoxo, y en tercer lugar al doctor Fidel Castro. A
Prío lo acusaba de promotor y financista de la acción (¡La gran mentira!) y
al joven abogado Fidel Castro de jefe del grupo que asaltó el Moncada (¡la
única verdad que dijo Chaviano!). En su informe plagado de falsedades,
Chaviano que tuvo bien ganado el sobrenombre de "El Chacal", atribuyó a los
revolucionarios crímenes que sólo él y sus subalternos -asesinos natos-
cometieron.Después de la conferencia de prensa, Chaviano mostró lo que él
llamaba "el teatro de los hechos", burdamente preparado. La prueba de los
crímenes era evidente: se veían los cadáveres de los revolucionarios
macerados por las torturas. A simple vista se comprendía que los habían
vestido con uniformes nuevos, después de haberles dado muerte; ningún
uniforme tenía huellas de bala.Aun cuando se tomaran numerosas fotos que
evidenciaban el crimen que se pretendía ocultar, se prohibió la publicación
del testimonio gráfico. Casi en su totalidad las fotos fueron requisadas e
igualmente las películas.El propio periódico Prensa Universal, en un cuadro
destacado, decía en su primera edición después de los sucesos del Moncada:
"A nuestros lectores: Con motivo de una disposición superior nos vemos
imposibilitados de ofrecer a nuestros lectores la amplia información
gráfica que obra en nuestro poder, donde recogemos interesantes aspectos de
los trágicos sucesos registrados en el día de ayer en el frustrado asalto
al cuartel Moncada".


DETENIDOS Y LIBERTADOS

Cerca del mediodía, fueron llevados al cuartel Moncada para someterlos a
interrogatorios, entre otros, los profesores Raúl Gutiérrez Serrano, Felipe
Martínez Arango, la señora Alicia Jiménez y el señor Eduardo Cañas Abril.
Luego se dispuso su libertad; algunos de ellos se encontraban de tránsito
en Santiago de Cuba y ninguno tenía vinculación con los hechos.


OPERACIONES DE LIMPIEZA.

Se informó que el centro de mando de los revolucionarios se encontraba en
la granjita Siboney, propiedad del comerciante José Vázquez, quien la
alquiló a unos jóvenes procedentes de La Habana para la instalación de un
negocio de pollos.
En horas de la tarde del día 26 el comandante Andrés Pérez Chaumont, que
llegó al cuartel después del combate, vestido de civil para que no lo
reconocieran, encabezó las "operaciones de limpieza" en las afueras de la
ciudad.Por versiones de vecinos y de algunos empleados del Hospital Civil,
se supo que los militares habían detenido a un grupo de combatientes que
ocuparon el Saturnino Lora, entre ellos dos mujeres y a un médico. Sin
embargo, este punto no fue confirmado por las "autoridades", que dijeron a
los periodistas que en el Moncada "no había prisioneros". Los primeros
combatientes asesinados, sin duda, fueron los del Hospital Civil, detenidos
con Abel Santamaría.
El Saturnino Lora había sido ocupado en acción sincronizada con la toma de
la posta tres, e igualmente de la Audiencia. Mientras el propio jefe de la
acción, Fidel Castro, tomaba la posta con un contingente de sus compañeros,
Abel Santamaría, segundo jefe, ocupaba el Hospital Civil -frente al
Moncada- que constituía la retaguardia. La toma del hospital evitaba que
esa posición estratégica la ocuparan elementos del regimiento y desde allí
atacaran a los combatientes que asaltaron la fortaleza. Un tercer grupo,
dirigido por Raúl, tomó el Palacio de Justicia, flanco izquierdo del Moncada.
Los vecinos del hospital Saturnino Lora vieron cuando a media mañana la
soldadesca inició la "operación limpieza" en las zonas colindantes del
Moncada y sacaron del Hospital Civil al masivo grupo de prisioneros. Eran
veintiún combatientes, incluyendo al médico, doctor Mario Muñoz Monroy, y
las dos mujeres, Melba Hernández y Haydée Santamaría. De ese grupo de
detenidos sólo salvaron la vida las dos mujeres.


II:
Las fuerzas del ejército, la marina y la policía, que mientras se
desarrollaba el combate permanecieron en sus respectivas guarniciones,
salieron después de las once de la mañana y se originaron algunos
incidentes y tiroteos en la ciudad. Todos los establecimientos comerciales
que acostumbraban a abrir los domingos cerraron sus puertas el 26 de
julio.Los ómnibus de servicio urbano que comenzaron a circular en forma
regular suspendieron sus actividades al mediodía, y todos los vehículos que
entraban o salían de la ciudad eran minuciosamente registrados en la
carretera por miembros del Servicio de Inteligencia Militar y fuerzas de la
Guardia Rural.


AVIONES MILITARES.

A la una de la tarde llegaron a la ciudad por el aeropuerto de San Pedrito,
procedentes de La Habana, tres aviones militares al mando del coronel
Tabernilla, hijo del jefe del ejército de la tiranía. Los aviones
sobrevolaron las playas de Siboney y de Daiquirí, antes de aterrizar.Tanto
en la jefatura de la Policía Nacional como en las del Distrito Naval, la
Policía Marítima y la Policía Secreta, se dispuso el acuartelamiento de la
tropa. Los semáforos y otros servicios de tránsito se dejaron
abandonados.En un registro efectuado en la finca Siboney fueron encontrados
uniformes, tarjetas del hotel Perla de Cuba y comprobantes de pasaje en
ómnibus marcados en Artemisa, entre otras cosas.


INFORME DE BAYAMO

Las mismas fuentes oficiales y personas que llegaban de Bayamo dieron a
conocer que simultáneamente con la acción del Moncada, se había producido
el asalto al cuartel Carlos Manuel de Céspedes, de aquella ciudad, por un
grupode idéntica procedencia al que actuó en Santiago. El primer parte
oficial daba dos bajas por muerte en el grupo de los asaltantes, más un
policía muerto y varios militares heridos. Según los informes de los
corresponsales de Bayamo, los combatientes se habían hospedado en el hotel
Gran Casino, situado cerca de la Carretera Central y del cuartel. También
se informó sobre el inicio de "la búsqueda de fugitivos" en el monte.


HERIDOS CIVILES.

Alicia Castillo Ramírez, cobradora de un ómnibus que circulaba por los
alrededores del cuartel Moncada en horas tempranas, fue herida de
bala.También se produjeron otras víctimas civiles en el barrio Sueño y
otros de Santiago cuando los soldados del regimiento asentado en el cuartel
Moncada disparaban a todo el que se le hacía sospechoso.Entre las personas
asistidas el día 26 en el Hospital de Emergencia, heridas a consecuencia de
los sucesos del Moncada, se encontraban Pedro Angel López, de dieciocho
años, vecino de Primera de Portuondo número 14, esquina a San Miguel, quien
recibió un balazo en la región axilar izquierda que le atravesó el pulmón,
de pronóstico grave. Dijo que se encontraba cerca de su casa, cuando se
sintió herido. Quedó recluido en ese centro. Este herido fue asistido por
el doctor Martínez Jústiz y el practicante Marfil.En el propio centro fue
asistida la menor Migdalia Toledano, de diez años de edad, vecina de Hatuey
104, San Pedrito, quien presentaba una herida de bala en la pierna
izquierda, de pronóstico grave. También fue conducido a Emergencia, donde
llegó cadáver, un hombre joven con un balazo en la cabeza y otras heridas
en el rostro. Se le trasladó para el necrocomio sin que se hubiera logrado
su identificación. Los reporteros de Santiago conocieron por
manifestaciones del herido Pedro A. López, también recluido en Emergencia,
que aquel desconocido muerto había sido baleado en la esquina de Primera de
Portuondo y San Miguel, precisamente junto al que daba la
información.(Posteriormente el fallecido fue identificado como Gisel
Chaprón, de veintiocho años, vecino de Primera y Portuondo).


EN LA CASA DE SOCORRO

José Casamayor Caballero, de 48 años, llegó cadáver a ese centro. Murió a
consecuencia de las heridas de bala que sufriera en San Miguel 201. Este
ciudadano perdió la vida al ser alcanzado por proyectiles en uno de los
tiroteos que se produjeron en su barrio cuando los soldados del Moncada
disparaban contra unos sospechosos. Al observar que su hijo, Baudilio
Casamayor Martínez, de once años, se desplomaba sobre el pavimento herido
de bala, José Casamayor se abalanzó hacia él para tratar de auxiliarlo y
cayó mortalmente herido.


MUERTO EL "NIÑO CALA"

En un lugar cercano al matadero municipal de la ciudad fue muerto a tiros
el conocido revolucionario de cuando la lucha contra la tiranía de Gerardo
Machado (1929-1933), Manuel Reyes Cala, "El Niño Cala".
Manuel Reyes, muchos años antes, había pertenecido al ejército, estuvo
envuelto en conspiraciones contra el régimen machadista y había participado
en la acción denominada "La Gallinita".
Posteriormente, fue inspector de sanidad en Santiago de Cuba, y se le
consideraba en 1953 alejado de las actividades revolucionarias. La
confirmación de la muerte de "El Niño Cala" se produjo cuando su esposa se
personó en las oficinas del cementerio de Santa Ifigenia para solicitar le
fuera entregado el cadáver, que era uno de los 35 que permanecían sin
identificar.


OTRA MUJER HERIDA

Se reportó en el Hospital de Emergencia que habían atendido allí a la
anciana de 83 años Felipa Castillo. La anciana recibió una herida en la
rodilla por impacto de bala, frente a su casa, en la Calle Segunda número
405. Según declaró, se encontraba en el medio de la calle rezando, en el
momento en que la fuerza pública originó un tiroteo en el lugar y una bala
le alcanzó.


"INSURRECTOS" HERIDOS: UNA PRUEBA MAS DEL CRIMEN

Bajo el título de "Los insurrectos heridos", el periódico Prensa Universal
insertó la siguiente nota: "Entre los heridos de bala que recibieron
asistencia en la Casa de Socorro de Trocha, se encontraban Ismael Ricondo
Fernández, de 23 años, que dijo ser vecino de la calle República 79,
Artemisa, provincia de Pinar del Río, quien presentaba heridas de bala en
la mano derecha de pronóstico grave, y Guillermo Elizarde Sotolongo,
también de 23 años, que dijo ser residente de Santa Clara (provincia de Las
Villas), pudiendo conocerse que ambos fueron remitidos al cuartel Moncada,
donde quedaron internados por suponérseles participantes del grupo de
presuntos asaltantes a esa guarnición".
(Nota: Ismael Ricondo Fernández, que realmente pertenecía al grupo de los
asaltantes heridos, apareció posteriormente en el parte oficial como muerto
en combate. Con antelación a ese parte se había informado a la prensa "que
las fuerzas al mando del comandante Andrés Pérez Chaumont tienen sitiado un
numeroso grupo de asaltantes en la finca de Pepe Vázquez (granjita) en las
cercanías de Siboney, estimándose que hay numerosos muertos y heridos").


CIVILES ASESINADOS.

Años más tarde se confirmaría una relación de nombres que corresponden a
civiles asesinados en el Moncada o en otros lugares juntamente con los
combatientes de aquella gesta heroica. Además de "El Niño Cala", ya
mencionado, integran esa lista Miguel A. Ravelo Ravelo, Rubén Cordero
Sánchez, Eduardo Ambrosio Hernández, Rolando del Valle, Armando Miranda
Montes de Oca, Pedro Romero Fonseca, Francisco Viera Milián y Raúl Villareal.


FIDEL EN "LA HISTORIA ME ABSOLVERA"

En su histórico alegato "La historia me Absolverá", dijo Fidel refiriéndose
a estos crímenes:
"Terminado el combate se lanzaron como fieras enfurecidas sobre la ciudad
de Santiago de Cuba y contra la población indefensa saciaron las primeras
iras. En plena calle y muy lejos del lugar donde fue la lucha le
atravesaron el pecho de un balazo a un niño inocente que jugaba frente a la
puerta de su casa, y cuando el padre se acercó a recogerlo le atravesaron
la frente con otro balazo.
"Al `Niño Cala' que iba para su casa con un cartucho de pan en las manos,
lo balacearon sin mediar palabra. Sería interminable referir los crímenes y
atropellos que se cometieron contra la población civil. Y si de esta forma
actuaron con los que no habían participado en la acción, ya puede suponerse
la horrible suerte que corrieron los prisioneros participantes o que ellos
creían que habían participado; porque así como en esta causa involucraron a
muchas personas ajenas por completo a los hechos, así también mataron a
muchos de los prisioneros detenidos que no tenían nada que ver con el
ataque; éstos no están incluidos en las cifras de víctimas que han dado,
las cuales se refieren exclusivamente a los hombres nuestros. Algún día se
sabrá el número total de inmolados".


OTROS HECHOS

Desde el interior de la provincia de Oriente, de la que es capital,
llegaron a Santiago de Cuba diversas informaciones sobre la situación en
los distintos municipios, a partir del asalto al Moncada.
El corresponsal de Jiguaní informó que desde que se conoció el hecho del
asalto en horas de la mañana, fueron tomadas militarmente las calles del
municipio y comenzó el registro a todos los vehículos y transeúntes por
parte de la policía. En horas de la tarde estalló un petardo en un solar
yermo en esa localidad, frente al Parque Central, sin que hubiera que
lamentar desgracias personales.
Por su parte, el corresponsal de Manzanillo decía en su despacho que esa
ciudad también era recorrida por patrullas desde horas de la tarde del 26,
y se había desalojado a todos los establecimientos comerciales y otros
centros de reunión. Pudo saberse que unas veinte personas estaban detenidas
en el cuartel de la Guardia Rural, sin que se hubieran dado a conocer sus
nombres.
Un hombre no identificado que se le hizo sospechoso al ejército fue
registrado y al oponer resistencia, recibió un culatazo que le produjo una
grave lesión. Lo recluyeron en el hospital de Manzanillo.


LOS VUELOS DE "CUBANA"

Desde Camagüey se informó que el vuelo 483 de la Compañía Cubana de
Aviación, procedente de Santiago de Cuba, llegó retrasado, y que asimismo
se demoró la salida del vuelo 472, destinado a la citada ciudad, por
instrucción que desde ella se impartió.


ACUARTELAMIENTO GENERAL

De Holguín se reportó la orden de acuartelamiento de las fuerzas del
ejército y la policía, el registro de toda clase de vehículo que transitara
por las calles o carreteras y el arresto de todas las personas señaladas
como oposicionistas o activistas revolucionarios. Esta orden se hizo
extensiva a toda la provincia de Oriente y, en general, a toda la Isla. Las
estaciones de radio y las centrales de servicio telefónico de larga
distancia también fueron tomadas militarmente. Se advertía un movimiento
extraordinario de la fuerza pública.


III: 27 DE JULIO.
CENSURA DE PRENSA.

Por el sistema prewi-radio desde La Habana se conoció en Santiago de Cuba
que el gobierno había establecido la CENSURA DE PRENSA para los periódicos
Pueblo, El Mundo y Prensa Libre, igualmente se informó que fue clausurado
el periódico Hoy, del Partido Socialista Popular (Comunista). Según Valdés
Guerra, corresponsal del Diario de Cuba en La Habana, el ministro de
Información del régimen, Ernesto de la Fe, dio cuenta de estas noticias en
una nota entregada a los periodistas en la capital.
El periódico Pueblo no se publicó el día 27 debido a un incidente ocurrido
con su director; tampoco Pueblo vio la luz el día siguiente, porque se
hacía necesaria la reparación de dos de sus linotipos, rotos por la policía
durante el incidente.
También se reportó desde La Habana que la policía se mantuvo acuartelada.
El periódico Diario de Cuba, de Santiago, publicó una nota en sus páginas
que decía: "La información gráfica: Lamentamos no poder ofrecer a nuestros
lectores una información gráfica más completa de los dolorosos sucesos del
pasado domingo, debido a que las mismas fueron ocupadas".
(Nota: Al fotógrafo del Diario de Cuba, Ocaña, le rompieron la cámara en el
cuartel Moncada en las primeras horas de la mañana del domingo, y,
posteriormente, le ocuparon las fotos que tomó).

SUSPENDIDAS LAS GARANTIAS

El gobierno suspendió las garantías constitucionales por 90 días, a
consecuencia de los sucesos del Moncada. Luego esta suspensión se extendió
por más tiempo.


RELACION DE MILITARES MUERTOS

Los periódicos de Santiago de Cuba publicaron la relación de militares
muertos en los sucesos del Moncada. El ejército tuvo en total 19 muertos y
30 heridos; éstas fueron las cifras del balance total, incluyendo algunos
heridos que murieron con posterioridad al día del asalto. La cifra de los
asaltantes fallecidos (casi todos asesinados) aumentó de 33 el primer día a
43 el segundo, y así progresivamente. El día 27 todavía no se habían dado
los nombres de los revolucionarios caídos. Los heridos por parte de los
combatientes revolucionarios que lograron sobrevivir sólo fueron 5. Las
"autoridades" aseguraban que muchos revolucionarios más habían "muerto en
combate en las afueras de la ciudad y en las proximidades de Bayamo, y que
posteriormente se ofrecerían nuevos partes...".


LOS DETENIDOS PRESENTADOS.

La primera lista de los detenidos por el asalto al cuartel Moncada y de
Bayamo fue dada a conocer cuando los pusieron a disposición del Tribunal de
Urgencia. Esta relación fue suministrada en el vivac municipal.
La lista la encabezaban Melba Hernández y Haydée Santamaría, y continuaba
con José Villa Romero, Oscar Gras Escalona, Mario Burman, Lázara Pérez
Cuesta, Gabriel Gil Alfonso, Ulisis Sarmiento Vargas, Gerardo E. Sosa
Rodríguez, Isidro Peñalver, Humberto Valdés Casañas, Ramón Rodríguez,
Guillermo Elizarde, Gerardo Hernández, Rolando Guerrero Bello, Manuel
Vázquez, Angel Díaz, Carlos A. Merilles, Orlando Cortés Gallardo y Eduardo
Rodríguez Alemán.
(Nota: Algunos de los detenidos habían tenido participación en los hechos;
otros no.).


TRANSPORTE AEREO NORMALIZADO

Los pilotos de la compañía Cubana de Aviación rindieron el viaje del día 27
hasta Santiago de Cuba y recibieron órdenes, en el aeropuerto de Camagüey,
de volar con las luces apagadas por temor a que "los elementos
pertenecientes al grupo atacante, que se han internado en el campo,
dispararan contra los aviones". Se varió la ruta de vuelo, viéndose las
naves obligadas a cruzar por encima de la peligrosa Sierra Maestra, que
bordea la ciudad de Santiago de Cuba.


FOTOS DEL CUARTEL

El periódico Diario de Cuba publicó una foto de los exteriores del cuartel
Moncada. El pie de grabado decía: "En el ala izquierda del cuartel fue
donde se concentró el fuego entre ambas partes, con más intensidad, según
puede verse por los impactos en la presente fotografía. Todos los puntos de
la fachada corresponden a los impactos de los proyectiles. En ese ángulo se
encuentran la barbería, que fue totalmente destruida, y la sección de
operaciones".
También publicó fotos del hospedaje donde durmieron los combatientes en
Bayamo, así como de las ropas militares y armas ocupadas.


IV.
ADMITEN QUE FUE UN EJERCITO REVOLUCIONARIO
En contraste con el calificativo de mercenarios, que les dio Chaviano a los
combatientes del Moncada en su informe oficial del día 26, y en la
conferencia de prensa, los periódicos de Santiago, en una nota oficiosa
sobre el balance de los sucesos, decían: "Los integrantes del ejército
revolucionario que se lanzaron al suicida empeño de lograr el dominio
militar de esta provincia sufrieron la baja de 33 muertos en la acción del
domingo, en esta ciudad; dos en la acción de Bayamo, y cuatro ayer, en
fincas de los términos. Otros cuatro, ayer lunes, fueron muertos en
Santiago-Siboney, en las fincas por las cuales, los que lograron evadirse,
son perseguidos en dirección a la Gran Piedra, y a Ramón de las Yaguas. En
total sus bajas por muerte ascendieron a 43".


LA IDENTIFICACION DE RENATO GUITART

Hasta el día 28, el único de los revolucionarios que asaltaron el Moncada,
cuyo cadáver había sido identificado, era Renato Guitart. Se trataba del
único residente en Santiago de Cuba que participó en el asalto a la segunda
fortaleza del país. Renato era miembro de la Dirección del movimiento
revolucionario.
El levantamiento de los cadáveres se verificó en dos etapas; las fuerzas
armadas recogieron los suyos al cesar el tiroteo; los 33 primeros cadáveres
de los revolucionarios fueron levantados con posterioridad. El juzgado de
instrucción del Norte se hizo cargo de las diligencias judiciales, que se
iniciaron a las once de la noche del día siguiente. Estas actuaciones
estuvieron a cargo del juez, Leoncio Despaigne y Grave de Peralta, con el
secretario Ciro Sánchez del Campo y los médicos forenses doctores Prieto
Aragón, Alipio Rodríguez López y Ramón Cabrales. Todos los cadáveres,
exceptuando el de Renato Guitart -reclamado por sus padres, residentes en
Santiago-, se introdujeron en cajas rústicas de madera, sin forro, ni
pintura, y se enviaron al Necrocomio del cementerio de Santa Ifigenia, en
una rastra. La ruta de este cortejo fue: carretera central, Paseo de Martí
y camino del cementerio. El examen de los cadáveres, por parte de los
forenses, se realizó con gran valentía.
En vista de que las heridas apreciadas en los cadáveres de los
revolucionarios que asaltaron el Moncada, eran mortales por necesidad, los
médicos forenses, después de examinarlos exhaustivamente, prescindieron de
la autopsia, pero consignaron, en los certificados el estado deplorable de
cada uno, la localización y grado de las heridas, las contusiones y
mutilaciones que presentaban, así como las ropas que vestían. Muchos de
ellos llevaban debajo del uniforme ropas de enfermos. Se trataba de
aquellos que se refugiaron en las salas del Hospital Civil donde los
hicieron prisioneros, para después darles muerte, en horrendos asesinatos,
en el Moncada.


OTROS REVOLUCIONARIOS IDENTIFICADOS

Tras la identificación de Renato Guitart, se estableció la identidad de
otros dos revolucionarios muertos: el doctor Mario Muñoz Monroy, de Colón,
provincia de Matanzas, y Víctor Escalona, vecino de La Habana. El cadáver
del doctor Muñoz fue reclamado en el cementerio por el doctor Castellanos
Fonseca, presidente del Colegio Médico, en nombre de esa institución, y se
le entregó al reclamante. En el avión del día 27 habían llegado a Santiago
algunos familiares del doctor Muñoz.


LA OTRA CARA: ASCENSOS Y CONDECORACIONES POSTUMAS

Los miembros de la policía y del ejército que murieron en los sucesos del
Moncada recibieron honores militares post morten. Los prisioneros que aún
estaban en el Moncada a la hora del entierro fueron obligados a presenciar
la ceremonia desde sus celdas.
Fue el general Martín Díaz Tamayo quien impuso las condecoraciones y
ascensos póstumos. El mismo que trajo la orden de que por cada militar
muerto había que matar a 10 revolucionarios. Fidel dijo sobre este mensaje
en La Historia me Absolverá: "Llegó entonces de La Habana el general Martín
Díaz Tamayo, quien trajo instrucciones concretas salidas de una reunión
donde se encontraban Batista, el jefe del Ejército, el jefe del SIM, el
propio Díaz Tamayo y otros. Dijo que era una vergüenza y un deshonor para
el ejército haber tenido en el combate tres veces más bajas que los
atacantes y que había que matar 10 prisioneros por cada soldado muerto".


OCUPARON CAMAS

En una casa situada en la calle 1ra. entre Cuarta y Quinta en el barrio
Sueño, la policía ocupó quince camas pequeñas, así como uniformes del
ejército. Los revolucionarios también se hospedaron en la granjita Siboney,
los hoteles Rex y Perla de Cuba, en la casa de huéspedes La Mejor y en otra
casa de la calle Celda.


REVOLUCIONARIOS INGRESADOS EN LA COLONIA

En la clínica de la Colonia Española fueron hospitalizados los combatientes
heridos José Ponce Díaz, de Artemisa, y Gustavo Arcos. El departamento
donde los recluyeron quedó bajo custodia del ejército. El doctor Posada,
médico de la clínica, no permitió que los soldados se llevaran a los
jóvenes allí ingresados. Se produjo un grave incidente entre los militares
y el médico.
La clínica del Centro Gallego también fue allanada. Allí se encontraba
ingresado el revolucionario Abelardo Crespo, pero el ejército se lo llevó
violentamente y lo trasladó para el Moncada, donde lo torturaron. De allí
lo llevaron al Hospital Militar y, posteriormente, junto con los también
combatientes heridos, Pedro Miret y Fidel Labrador, lo condujeron al
Hospital Civil.


V: 28 DE JULIO.
FOTOS DE LOS DETENIDOS

Por primera vez, el día 28 los periódicos locales publicaron una foto del
grupo de detenidos cuando ingresaba en el Vivac de Santiago de Cuba. La
foto corresponde a los que quedaron puestos a disposición del Tribunal de
Urgencia.


LOS SITIADOS EN SIBONEY

En relación con el grupo de "sediciosos" que se decía estaban sitiados en
Siboney, nada se informó oficialmente, ni el 27 ni el 28, aunque se supo
que el ejército desalojó a las familias residentes en Siboney, "para que no
corrieran peligros", según les dijeron.

TOMADA LA AUDIENCIA

La Audiencia de Santiago de Cuba, uno de los lugares ocupados por los
revolucionarios el 26 de julio, fue tomada por el ejército, por lo que no
se pudo laborar normalmente.

MENCION DE TIZOL

José Vázquez, dueño de la granja Siboney, alquilada por los asaltantes y
donde se estableció el cuartel general de los combatientes de la juventud
del Centenario, fue detenido y quedó sujeto a investigación.
Vázquez declaró en el Vivac que un joven de apellido Tizol (Ernesto Tizol)
le había alquilado el inmueble en abril pasado (1953) para instalar en la
finca una granja de pollos, que el joven se lo había recomendado Renato
Guitart, pero que él ignoraba los verdaderos propósitos que lo animaban.
Todo era cierto.

COMBATE EN SAN RAMON

En la finca San Ramón, en las proximidades de Siboney, continuó "el
combate" de fuerzas del ejército con los "sediciosos fugitivos",
reportándose cinco muertos de los que intentaron la toma del cuartel
Moncada. De parte del ejército no hubo ninguna baja. Las fuerzas estaban al
mando del comandante Andrés Pérez Chaumont.

MUERTOS EN BAYAMO

Entre los muertos registrados en Bayamo en las 48 horas que siguieron al 26
de julio, se identificó a uno de ellos como Rafael Freyre, por una
inscripción encontrada en el pantalón que vestía. Además, el corresponsal
bayamés Rolando Avello informó a Santiago que de acuerdo con el informe
suministrado por las autoridades, en la finca Ceja Limones, a diez
kilómetros de Bayamo, los "rebeldes se batieron" con fuerzas del ejército,
produciéndose cuatro muertos de parte de los "insurrectos" y ninguna baja
por el ejército.
En las ropas interiores de los revolucionarios muertos se observaron el
nombre de Pedro y las iniciales ASR, en el pantalón de otro de los muertos
se leía el nombre de Rafael Freyre.
En la ropa de otro estaba inscrita la dirección Sam. Los Celestinos y
Campa, y las iniciales EQ.
Los cadáveres presentaban heridas de bala, mortales por necesidad, en la
cabeza, cuello y otras regiones del cuerpo. Les fueron ocupados varios
objetos: un cepillo de dientes, un ticket para viajar en vehículos de la
empresa de Autobuses Modernos S.A., una llave, fósforos, cigarros, escasa
cantidad de dinero en efectivo. Con los muertos del 28 sumaban seis los
rebeldes "liquidados" por la fuerza pública de esta ciudad, termina
diciendo el informe censurado del corresponsal.


OTRO MUERTO EN BUEYCITO

Informó también el corresponsal bayamés que en el entronque de Bueycito se
halló el cadáver de un joven como de 25 años, que se estimaba pertenecía a
los asaltantes de Bayamo y Santiago de Cuba. Las autoridades no dieron
ninguna información más al respecto.


OCUPACION DE MATERIAL "ATOMICO" EN UN BARCO QUE VINO DE CANADA.

Bursato de cobalto, "un material radiactivo de índole atómico", miles de
guantes para ocultar huellas digitales y deflagraciones de pólvora y otros
materiales de guerra, fueron ocupados en un barco que, procedente de
Canadá, llegó al puerto de Santiago de Cuba. Estos materiales las
autoridades los relacionaban directamente con los asaltantes del Moncada.
El material estaba destinado a una empresa denominada Can y Compañía, que
decían haber comprobado que era inexistente.
El barco ancló en The Santiago Terminal Company, de esta ciudad. El buque
de bandera canadiense se llamaba Canadian Highlander. (Nota: Esta
información sobre el barco cargado de guantes de goma y "material atómico"
fue ampliamente difundida y propalada con gran estrépito por la tiranía en
Santiago de Cuba. La información se publicó a grandes titulares. Era una de
las cosas más absurdas y ridículas).


MUERTO EN UN "ENCUENTRO" CON EL EJERCITO

En Palo Seco, cerca de Contramaestre, Oriente, en la finca del doctor José
Castellanos, alrededor de las tres de la mañana del 28, fuerzas del
ejército al mando del sargento Vicente Alfonso Cruz, "sostuvieron fuego"
con cuatro desconocidos, del que resultó muerto un joven como de 30 años,
de tez blanca y estatura baja, que vestía pantalón kaki y camisa blanca. No
se ofreció información oficial ampliada sobre este "encuentro", ni fue
identificado el cadáver.


OTROS "ENCUENTROS"

También el día 28 fuerzas del cuartel Moncada sostuvieron otro "encuentro"
en la finca San Enrique, camino de la Gran Piedra, cerca de Siboney, donde
fueron muertos seis revolucionarios. Esas tropas estaban al mando del
comandante Andrés Pérez Chaumont. (Nota: De los combates que dirigió el
comandante Pérez Chaumont, en los alrededores de Santiago, cerca de
Siboney, dijo Fidel en La Historia me Absolverá, refiriéndose al
interrogatorio que él, como abogado, hizo a Chaumont en el juicio: "Le
pregunté cuántos hombres nuestros habían muerto en sus célebres combates de
Siboney. Titubeó. Le insistí, y me dijo por fin que 21. Como yo sé que esos
combates no ocurrieron nunca, le pregunté que cuántos heridos habíamos
tenido. Me contestó que ninguno: todos eran muertos. Por eso, asombrado, le
repuse que si el Ejército estaba usando armas atómicas. Claro que donde hay
asesinatos a boca de jarro no hay heridos. Le pregunté después cuántas
bajas había tenido el Ejército. Me contestó que dos heridos. Le pregunté
por último si alguno de esos heridos había muerto, y me dijo que no.
Esperé. Desfilaron más tarde todos los heridos del Ejército y resultó que
ninguno lo había sido en Siboney".


VI: 29 DE JULIO.
UNA FOTO DE FIDEL CASTRO

El día 29 apareció en los periódicos de Santiago una fotografía de Fidel
Castro, jefe del movimiento revolucionario que asaltó el Moncada. Se
trataba de una fotografía de Fidel adolescente. El título del grabado
decía: "Principal Acusado". Se publicó a una columna. El pie de foto decía:
"Este joven abogado es al que se acusa de haber dirigido el trágico y loco
ataque al cuartel Moncada, al frente de una agrupación titulada "Comandos".
Este individuo, se dice, que vestido con uniforme de comandante del
ejército, dirigió el ataque...".


UNA CASA ALQUILADA POR RENATO

La noticia de que Renato Guitar había alquilado una casa para los
revolucionários fue ampliamente divulgada en la prensa local. Esta
información partía de las actuaciones practicadas por la Policía Secreta
del Gobierno Provincial de Oriente. Se trataba de la casa de Celda número 8
en la barriada de Flores. En este lugar permanecieron varios de los
asaltantes del Moncada y en uno de los registros practicados se ocuparon,
según la policía, una cámara fotográfica, cuatro pantalones de uso, dos
camisas de uso, un pañuelo, dos pares de zapatos, uno de ellos iguales a
los que usaba el ejército, una botella de alcohol, una brocha de afeitar y
otros objetos de uso personal. El dueño de la vivienda era Antonio Romero,
quien declaró que le había alquilado el inmueble a Renato Guitart por la
suma de 25 pesos. También se supo que los ocupantes de la vivienda
alquilaron en la mueblería Barrios 40 colombinas, 40 colchones y 40
almohadas. La cuenta fue pagada por Oscar Alcalde.


ASCIENDE A 10 EL NUMERO DE MUERTOS EN BAYAMO

"Asegúrase que los frustrados asaltantes del cuartel de la Guardia Rural de
Bayamo -decía el parte censurado del corresponsal en esa ciudad-, continúan
por las fincas y montes ubicados en el término municipal de Bayamo y en el
de Jiguaní. En la tarde de ayer, fuerzas al mando del sargento Alfonso,
jefe del puesto militar de Baire, ‘se batieron’ en la finca Las
Viajacas,
del barrio Los Negros, cuatro asaltantes, de los cuales resultó muerto uno
de la raza blanca, como de 28 años; no ha sido identificado". Asimismo se
informó que los demás "insurrectos" están "rodeados". La Guardia Rural
"dice" que espera "capturarlos de un momento a otro".
Además se informó que en la finca Palmira, de este municipio, situada
frente a la arrocera del señor Raud, entre Bueycito y Barrancas, apareció
el cadáver de otro joven no identificado que se estima sea también uno de
los asaltantes "muertos en acción" contra el ejército en horas de la tarde
del 28.
"Por otra parte, en la carretera que conduce al central Sofía, fueron
encontrados dos cadáveres más de los asaltantes -sin identificar-. Con
estos últimos se eleva a diez el total de muertos en Bayamo, hasta el
presente".


TRASLADAN A EL CANEY LOS CADAVERES DE SEIS REVOLUCIONARIOS

Todos los periódicos de Santiago de Cuba publicaron una información sobre
el traslado a El Caney de los cadáveres de seis revolucionarios muertos en
esa zona. Los cadáveres fueron depositados en el necrocomio de ese pueblo,
cercano a Santiago de Cuba, y puestos a disposición del juez municipal "por
ser de su competencia actuar en el caso".
(Nota: se trataba de seis revolucionarios asesinados, aun cuando el parte
oficial decía que "habían muerto en combate". La censura dejó publicar
inexplicablemente tres fotos en el periódico Prensa Universal. En ellas se
observaba el estado de franca descomposición de los cadáveres. En total,
fueron dieciséis los combatientes asesinados que llevaron al cementerio de
El caney. Cuando la atmósfera de repudio de los crímenes por parte de la
ciudadanía se hizo insoportable al régimen, transfirieron a El Caney el
triste honor de abrigar en su suelo los restos de los combatientes
asesinados "para que Santiago no protestara más").


ABEL SANTAMARIA Y BORIS LUIS SANTA COLOMA

La prensa local del día 29 se refiere en forma muy vaga a la posible muerte
de Abel Santamaría y Boris Luis Santa Coloma en el combate del Moncada. Ese
mismo día hay referencia de una declaración hecha en el Vivac de Santiago
de Cuba por Haydée Santamaría, en la que denuncia que su hermano Abel y su
novio entonces, Boris Luis Santa Coloma, habían perecido. Haydée declaró
que ambos habían muerto a manos del ejército después de detenidos, pero la
censura solo dejó pasar que "cayeron en el Moncada", o "murieron a manos de
la fuerza pública", en otro caso.
No obstante después de esas declaraciones, al régimen no le quedó más
remedio que informar en una nota muy ambigua lo siguiente: "Hemos podido
conocer que entre los asaltantes al cuartel Moncada se encontraban Boris
Luis Santa Coloma, de 25 años, a quien le faltaban dos asignaturas para
graduarse de doctor en Ciencias Comerciales; Abel Santamaría, de 25 años, y
Pedro Miret".
"Como estos individuos no figuran en la relación de los detenidos, se
supone que fueron de los que perecieron en la batalla y han sido sepultados
sin identificar."
(Nota: Este suelto apareció en el periódico Diario de Cuba, el 29 de julio
de 1953. Pedro Miret, mencionado en esta información como uno de los
"presuntos" muertos sin identificar, se encontraba herido).


NOTICIAS FALSAS SOBRE FIDEL

También el día 29, pero en el libelo Ataja, de La Habana, se publicó un
cintillo sensacionalista donde se daba por muerto al doctor Fidel Castro
"peleando contra el ejército". La nota decía textualmente: "En los momentos
de entrar en prensa esta edición de Ataja, nuestro director Alberto Salas
Amaro estableció comunicación telefónica con el coronel Alberto del Río
Chaviano. Interrogado el jefe del Regimiento 1 Maceo sobre las últimas
noticias, declaró que aún se continuaba persiguiendo a pequeños grupos
aislados. Y que el orden en toda la región era absoluto".
"Posteriormente fuimos informados por nuestro enviado especial que el
coronel Ugalde Carrillo se encuentra trabajando intensamente en el examen
de las huellas dactilares, estimándose, con toda seguridad, que entre los
civiles enterrados sin identificar que murieron durante el asalto al
cuartel Moncada cayó el jefe de los atacantes, Fidel Castro."
La aviesa nota tenía la clara intención de preparar las condiciones para
darle muerte al líder del movimiento cuando fuera localizado, e incluirlo
en la lista siempre abierta de "asaltantes muertos en combate".
Ya en esos días existía en todo el país una conmoción tal que generaba a su
vez apoyo y solidaridad con los perseguidos, detenidos o heridos por los
sucesos del Moncada. Esta situación tensa, de enérgico rechazo de la
represión brutal y continuada, de los crímenes ya conocidos y de todas las
arbitrariedades y abusos de dos mandos y la soldadesca del Moncada, comenzó
a inquietar al régimen. En esos días se publicaron dos bandos del ejército
"ofreciendo garantías a los perseguidos", y Chaviano aceptaba las gestiones
de paz iniciadas por el arzobispo Pérez Serantes y las llamadas "fuerzas
vivas" de Santiago de Cuba.
En lo adelante los crímenes fueron más encubiertos, pero no se dejaban de
cometer.


VII: 30 DE JULIO.
LA DETENCION DE RAUL CASTRO Y SUS PRIMERAS DECLARACIONES

La noticia más importante que se produjo en toda la prensa el día 30 de
julio en Santiago de Cuba fue la detención del joven Raúl Castro, quien
dirigió la toma del Palacio de Justicia el 26 de julio de 1953, hermano del
jefe del movimiento, Fidel Castro.
El cintillo del periódico Oriente decía: CAPTURADO EN SAN LUIS RAUL CASTRO,
HERMANO DEL DOCTOR FIDEL CASTRO. La noticia se publicó en la primera plana
del periódico con una foto de siete pulgadas de alto por tres columnas de
ancho, donde aparecía Raúl de pie. La cabeza de la fotografía decía: "El
jefe del ataque al Moncada -se refería a Raúl que había asumido la
responsabilidad de aquella acción al saber a Abel muerto y estimar que
Fidel se encontraba en las montañas donde proseguiría la lucha-. El pie de
grabado decía: "Este jovencito, que no aparenta tener más de dieciocho años
de edad, hermano del que se acusa como jefe del movimiento insurreccional,
doctor Fidel Castro, se nombra Raúl Castro Ruiz (es Ruz), fue detenido
ayer, cerca del poblado de San Luis".
"Este individuo", continuaba el pie de grabado -según informes- "fue el que
dirigió personalmente a los atacantes del cuartel Moncada el pasado domingo
y estaba parapetado en el edificio del Palacio de Justicia, logrando huir
en la confusión que se formó al ser repelida la agresión por la guarnición
del Moncada".
En el periódico Prensa Universal, también de Santiago de Cuba, además de la
información de la detención de Raúl aparecieron sus primeras declaraciones,
hechas en el Vivac de Santiago de Cuba, donde fue presentado. Decía Raúl en
las declaraciones:
"Vivo en Neptuno 914, en La Habana, soy estudiante de Ciencias Sociales en
la Universidad; mis padres viven en Birán, cerca de Marcané, en Mayarí, y
me pasan una mesada; llegué a Oriente el sábado por la tarde para
participar en el asalto al cuartel Moncada; salí el viernes por la noche
invitado por mi hermano Fidel. Los planes no los supimos hasta que no
estuvimos en la finca de Siboney, donde nos dijeron que íbamos a tomar el
cuartel Moncada, explicándonos cómo se harían las cosas -dijo, y en otra
parte agregó: las órdenes eran hacer prisioneros y no matar a nadie,
también se nos dijo de las proclamas que se publicarían al terminar el
movimiento en que se dirían de la repartición de tierra a los aparceros con
una verdadera Reforma Agraria; el 25 por ciento de la producción a los
obreros de todas las fábricas y una serie de leyes progresistas.
"Penetramos con cinco compañeros a la Audiencia de Santiago, con el objeto
de tomarla y evitar que los soldados hicieran fuego sobre los compañeros,
guardando la retirada a los encargados de tomar el cuartel Moncada. En los
momentos que llegamos, cruzaba un soldado, le dimos el alto y lo llevamos
para adentro. Personalmente toqué a la puerta, salió el sereno y lo amenacé
con mi escopeta, a la vez que deteníamos a dos soldados que dormían en la
Audiencia en el tercer piso, subimos a la azotea, desde donde no era
posible tirar para el cuartel porque teníamos que sacar mucho el cuerpo por
la altura del muro, optando por bajar. Al poco rato llegaron tres o cuatro
policías y un paisano con una pistola, abrimos la puerta, entraron y los
desarmamos, deteniéndolos. Estuvimos un rato más y al percatarnos que había
fallado el golpe, abandonamos el lugar. No sé si el plan era nacional y no
sabía nada tampoco de lo de Bayamo.
"Apenas llegaron aquí los revolucionarios fueron trasladados para un finca
cerca de Siboney. Una vez allí les repartieron uniformes y armas para el
asalto. No nos habían explicado ningún plan sobre cuestiones sociales,
únicamente las pequeñas explicaciones hechas por Fidel en breves palabras,
lo que ya he dicho.
"Mi afiliación política era ortodoxa, pero la ortodoxia ya no existe.
"A todos los individuos que vinieron, sólo de vista conocía a algunos.
Cuando salí del Palacio de Justicia, me despojé de la ropa militar y me
quedé con un pantalón de civil que tenía. Arrojé las armas y corriendo a
toda velocidad atravesé la calle Garzón, ahí seguí por todas esas calles
hasta que fui a dar a la Terminal y por toda la línea fui caminando hasta
El Cristo, durmiendo en un campo de caña, al día siguiente salí caminando
por la línea hasta Dos Caminos, subí al pueblo, compré pan y tomé agua y al
continuar caminando me detuvieron, me dieron el alto, me pidieron
identificación y dije que era de Marcané, que había venido a los carnavales
y al quedarme sin dinero, me tuve que ir a pie para la casa. Al no poder
identificarme me llevaron para el cuartel de San Luis, desde el martes por
la mañana hasta el miércoles por la tarde; mientras investigaban mi
verdadero nombre. Una vez conocido, me remitieron para Palma y luego para
el Moncada." Hasta aquí las declaraciones formuladas por Raúl Castro, que
fueron facilitadas a los periodistas previa censura del texto.
Ese mismo día fueron presentados también los combatientes Jesús Montané,
Israel Tápanes, Reynaldo Benítez Nápoles, Julio Díaz González y Rosendo
Menéndez García, detenidos en la zona de Sevilla, en una finca cercana a
Siboney, al presentarse a la patrulla, amparados en las gestiones de paz
que se habían iniciado.
Fueron remitidos al Moncada y luego al Vivac.


VIII: 31 DE JULIO.
"GESTIONES DE PAZ"

El 31 de julio ya se había publicado en la prensa de Santiago que el doctor
Baudilio Castellano, abogado de oficio de la Audiencia de Oriente, asumía
la defensa de todos los combatientes del Moncada detenidos hasta ese
momento, Baudilio Castellano se había presentado en el Vivac, donde se
entrevistó con los detenidos, incluyendo a Raúl Castro y a las compañeras
Haydée Santamaría y Melba Hernández, también remitidas al Vivac.
Se anunció ese día que los combatientes estaban excluidos de fianza y se
ratificaba la prisión de todos. La causa recién abierta por el asalto al
cuartel Moncada era la número 37 del Tribunal de Urgencia de Santiago de Cuba.
De nuevo los periódicos hablaban de "gestiones de paz", e incluso hasta el
Bando de Piedad emitía una declaración.
Hasta Santiago de Cuba llegó la noticia de que los periódicos Alerta y
Pueblo habían publicado cintillos donde daban la cifra de 80 muertos como
la del total de bajas por el asalto al Moncada y Bayamo. Como se vio, cada
día aumentaban más y más los "muertos en combate". Aunque el periódico
sumaba las bajas de los soldados del régimen (19), no era menos cierto que
solamente la cifra de los muertos entre los atacantes y la población civil
se acercaba ya a los ochenta.
Otro titular de Pueblo, en La Habana, decía: "Gestiones de paz realizan
altas figuras orientales, piden que se dicte un bando fijando plazo para
que los `fugitivos' se presenten".
Representantes de distintas organizaciones nacionales, como el Colegio de
Abogados, el Frente de Mujeres Martianas, el Colegio Médico y otras
realizaban gestiones encaminadas a garantizar la vida de los prisioneros y
evitar más crímenes. Mientras, la población de Santiago, solidarizada con
los asaltantes del Moncada desde que se conoció que se trataba de una
acción revolucionaria, fortalecía sus embrionarias células clandestinas
para ayudar a los combatientes perseguidos y atender a los heridos
ingresados en los hospitales.
Hasta ese día no se sabía nada del paradero cierto del doctor Fidel Castro
y de otros combatientes que aún lo acompañaban en las montañas. Sin
embargo, nadie tenía duda de que estaba vivo y que se mantenía alzado en
las sierras por los alrededores de Santiago.


IX: 1 DE AGOSTO
SARRIA CONTACTA CON FIDEL EN UN BOHIO Y LO CONDUCE DETENIDO AL VIVAC
Detenido un considerable número de los asaltantes que lograron sobrevivir
de las "operaciones de limpieza" hasta ese día, todas las patrullas del
ejército se dispusieron a la búsqueda incesante de Fidel. El tristemente
célebre comandante Andrés Pérez Chaumont quería para sí ese preso; tenía
instrucciones precisas de darle muerte "en combate". Pero fue un militar
honesto y digno, el teniente Pedro Sarría Tartabull, quien sorprendió,
exhausto y durmiendo en un bohío, al jefe del movimiento, juntamente con
otros de sus compañeros que se mantenían en el monte.
La digna postura de Sarría y el valor de que hizo gala al enfrentarse al
sanguinario Chaumont, que exigía la entrega del prisionero para su traslado
al Moncada, es conocida de todos.
Sarría condujo a Fidel al Vivac de Santiago de Cuba.
En el Vivac, Fidel se responsabilizó con el asalto al Moncada y explicó el
plan que los atacantes llevaron a cabo, así como los propósitos de ese
movimiento que se había gestado en el marco de la conmemoración del
Centenario del Apóstol José Martí, cuyos más grandes ideales se plasmarían
a partir de la empresa revolucionaria, que tras larga y cruenta lucha
culminó en la más absoluta victoria de nuestro pueblo.
Las declaraciones de Fidel fueron trasmitidas por radio en Santiago de Cuba
(estación CMKR) -en versión censurada del periodista Selva Yero-, por una
sola vez, porque el ejército, no obstante la mutilación que se hizo a las
declaraciones, temió a las palabras del joven revolucionario.
Con la detención de Fidel se abría un nuevo capítulo en la historia heroica
que iniciaron los hechos del Moncada, capítulo que marcó un hito el 16 de
octubre con la autodefensa del jefe de aquel movimiento: La Historia me
Absolverá.

(Publicado en Granma Internacional 24/7/96)


***

Relato de Melba Hernández
Setenta y dos horas

"Bajo las mesas de billar los muchachos, ya torturados, se quejaban
sangrando sobre las baldosas. Se los llevaban de cuatro en cuatro, los
arrastraban con ellos y un rato después los traían, desmadejados, para
llevarse cuatro más. ¿Qué les hacían más allá de aquella puerta?..."

El 26 de julio. ¿Las 24 horas del 26 de julio de 1953? No puedo
concentrarme a pensar en un espacio de tiempo tan cerrado. Para mí, el 26
de julio empezó el 25. Desde ese día supimos que estábamos en las últimas
horas antes de una acción de importancia. No sabíamos exactamente lo que
iba a ocurrir, y no lo preguntábamos. Nos limitamos a trabajar. Haydée
Santamaría y yo sabíamos que vendrían muchos automóviles con otros
compañeros, a reunirse en la casa de Siboney.
Nos dedicamos a limpiar el patio, que había quedado lleno de clavos y
pedazos de madera: eran restos de la cerca que se había levantado para que
no se viera lo que ocurría dentro. Temíamos que los automóviles se
poncharan con algún clavo olvidado: limpiamos el patio pulgada por pulgada.
Después, colocamos las colchonetas que nos habían mandado para que
descansaran los muchachos. Y en esto estábamos cuando empezaron a llegar
los primeros: Gómez García venía en un automóvil, agitando en la mano unos
papeles donde había escrito un poema revolucionario.
Ernesto Tizol me puso riendo un paquetico en la mano, como si fuera un
regalo: era una bandera del 4 de septiembre que habían traído como camuflaje.
En unos momentos la casa se llenó de esa actividad concentrada de muchas
personas moviéndose en silencio.
Del fondo del pozo sacaron los uniformes que estaban allí guardados.
Estaban húmedos y arrugados: Haydée y yo empezamos a plancharlos, mientras
Guitart me suplicaba: "Oye, el primero que planchen es para mí". Lo
complacimos, y desde las diez de la noche ya él paseaba por toda la casa,
de completo uniforme, con gorra y todo. Comimos mangos, leche y galleticas.
Como a las once de la noche llegó Fidel, y se repartieron las armas: había
una atmósfera de disciplina como nunca lo he visto antes ni después: un
momento como ése no se puede ni describir... Mientras nosotras terminábamos
de planchar uniformes, los muchachos empezaron a moverse con las armas.
Hubo un momento de terror: alguien vio a un hombre uniformado moviéndose en
la sombra del patio. ¿Sería un oficial de la dictadura? ¿Estaríamos
descubiertos? Alguien se asomó sigilosamente a mirar, mientras los demás
esperábamos. El vigía se echó a reír: era Guitart, el primer uniformado,
que tomaba el fresco de la noche.
Y ése no fue el único susto: Cuando Fidel terminó de repartir las armas, a
uno de los muchachos se le escapó un tiro al aire. Después del disparo,
cayó un gran silencio sobre todo el mundo; era posible que el tiro hubiera
atraído la atención de alguien, pasamos minutos y minutos nada más que
oyendo chillar a los grillos. Después volvimos a respirar: estábamos de
suerte. Nadie había oído.
Haydée y yo nos acercamos a Fidel para pedirle órdenes; nos dijo que
esperáramos por ellos en la casa de Siboney hasta que hubiera noticias del
resultado de la acción. Nosotras nos miramos decepcionadas. Hasta entonces
habíamos estado seguras de que iríamos con ellos, y ahora nos sentimos
echadas a un lado. Yo le protesté a Fidel de que nosotras éramos tan
revolucionarias como cualquiera de los de allí, y que era injusto que nos
discriminaran por ser mujeres. Fidel titubeó: le habíamos tocado un punto
sensible. Nos dijo que él dejaba la responsabilidad en manos de Abel: él
decidiría si su hermana y yo debíamos ir con ellos. Esperamos a Abel con
impaciencia. No podíamos creer que nos dejaran atrás, después de que nos
habíamos considerado parte esencial del grupo. Cuando llegó Abel, lo
flanqueamos enseguida para pedirle su opinión. Pero ya entonces tuvimos un
buen defensor: el doctor Mario Muñoz dijo que podíamos ir en calidad de
enfermeras. Nos reclamó como necesarias. Abel y Fidel nos dieron permiso, y
empezamos a prepararnos.
Como a las cinco de la madrugada, Haydée y yo salimos en el último
automóvil. El trayecto fue sin incidentes; excepto porque vimos algo que
nos asustó de pronto: la máquina de Boris Luis abandonada, y con las
puertas abiertas, en la cuneta. Comprendimos que había ocurrido lo que
temíamos: se había ponchado. Fuimos en tensión el resto del camino y, casi
como a propósito para calmarnos, fue a Boris Luis al primero que vimos
disparando junto a un muro del Moncada. Entre ráfaga y ráfaga, extendió su
mano para saludarnos.
Cuando nos bajamos en el hospital, ya tuvimos que atravesar el espacio
hacia la puerta bajo fuego graneado. La batalla estaba andando. Casi
enseguida que llegamos tuvimos que atender heridos; los dos primeros fueron
soldados de la dictadura que levantamos del suelo inútilmente: estaban
muertos. Más tarde llegó uno de los nuestros herido de bala a sedal en el
vientre. Luego, llegaron más y más. Pero el ruido de los balazos disminuía,
y eso era un signo malísimo.
Entró Abel, y nos hizo notar que los disparos venían de un solo frente de
los que se habían señalado para el ataque al Moncada. Esto era señal de que
habíamos fracasado: por momentos el fuego era menos y menos y menos... Eran
como las ocho de la mañana. Abel nunca perdió la serenidad. Nos llamó a las
dos aparte, y nos dijo: "Estamos perdidos. Ustedes saben, igual que yo, lo
que me va a pasar a mí y, posiblemente, a todos. Pero lo que más me
interesa es que ustedes, las mujeres, no se arriesguen. Escóndanse en el
hospital. Ustedes son las que más oportunidades tienen de salvar la vida.
Conserven la vida de cualquier manera. Tiene que quedar alguien para contar
lo que aquí pasó". No supimos qué contestarle. Se nos fue entre las manos.
Minutos después lo vimos en el patio, cuando lo detuvieron y se lo llevaron
entre varios soldados, a golpes y culatazos. Corrimos por los pasillos del
hospital, y nos refugiamos en la sala de niños, que era un infierno de
chillidos y terror, los niños no habían tomado alimento y gritaban de
hambre y miedo. Ayudamos a las enfermeras a preparar agua de cebada, y eso
nos ayudó a no pensar en lo que podía estar ocurriendo afuera.
A las diez de la mañana nos encontraron en la sala de niños. Nos subieron a
un automóvil, y nos llevaron al cuartel. Allí nos encerraron en una gran
habitación que posiblemente pertenecía al club de oficiales, porque
recuerdo que había mesas de billar. Y bajo las mesas de billar, los
muchachos, ya torturados, se quejaban sangrando sobre las baldosas. Se los
llevaban de cuatro en cuatro, los arrastraban con ellos, y un rato después
los traían, desmadejados, para llevarse cuatro más. ¿Qué les hacían más
allá de aquella puerta? Nunca lo supimos, porque a todos les habían
arrancado los dientes a culatazos, y cuando querían hablarnos, sólo abrían
la boca enseñando las encías ensangrentadas y murmurando cosas que no se
entendían.
A mi lado dejaron caer al muchacho que habíamos atendido en el hospital. El
de la bala a sedal en el vientre. No estoy segura, pero creo que ya estaba
muerto. Había quedado a mitad del camino por donde pasaban los soldados y
traté de levantarlo para que no le pasaran por encima. Con mucho trabajo lo
senté y le apoyé la cabeza en mi hombro, pero pesaba mucho, y se volvió a
resbalar una y otra vez. Por fin, no tuve más fuerza para alzarlo, y los
soldados, sin preocuparse de apartarlo, le pasaron varias veces por encima.
La herida del vientre se abrió completamente y por ella empezaron a
salírsele los intestinos. Cuando nos sacaron de allí, seguía tirado en el
suelo: nunca supe cómo se llamaba.
Varios soldados nos llevaron a la oficina de la comandancia. Por el camino,
uno de ellos nos dijo: "¿Ustedes no querían sangre? Pues vengan, para que
vean sangre".
Nos llevaron a la barbería del cuartel, donde, por lo visto, habían
torturado a muchos. Estaba completamente cubierta de sangre: no sólo el
piso, sino hasta las paredes y el techo. Nos arrastraron hasta un
balconcito estrecho: allí parecía haber un tragante tupido y la sangre se
había estancando en un charco de un centímetro de profundidad. De afuera
soplaba una brisita de mañana, que hacía pequeñas olas en el laguito de
sangre, como un mar muy tranquilo rompiendo en la arena.
Encerradas en la oficina de Sarría pasamos un espacio de tiempo que no sé
cuánto duró. No sé, me acuerdo que un soldado iba y venía, horrorizado,
hablando solo y bajito como un loco, con un sonsonete que no paraba: "Esto
sí que a mí no me gusta. Esto no puede ser". Me acuerdo que Haydée y yo
comenzamos a tener arqueadas secas, con dolorosas contracciones del
estómago vacío. Pedí agua, y me dijeron que: "Ibamos en coche de que no nos
hubieran matado y, de contra, hasta pedíamos agua".
Luego debe haber pasado un día, porque nos llamaron para que viéramos el
entierro de los militares muertos. Nos asomaron por una ventana y vimos
salir los carros fúnebres, con banda militar y banderas del cuatro de
septiembre. Buscamos para ver si veíamos algún ataúd que pudiera ser de los
nuestros. Pero de ellos sí que no volvimos a saber jamás. De afuera nos
llegaban noticias que era mejor no oír. A través de la puerta oímos gritar
a una mujer en el pasillo: "Me mataron a mi marido". Luego nos dijeron: "Al
cabecilla de ustedes, a Fidel Castro, lo hicimos tiritas" y hasta nos
ofrecieron enseñarnos el cadáver.
En la noche un soldado le dijo a otro: "¿Qué se habrá creído ése de los
zapaticos a dos tonos?" Y comprendí que habían atrapado y torturado a Boris
Luis: él llevaba los únicos zapatos de dos tonos. En el fondo creo que las
dos estábamos seguras de que Abel había muerto, pero creíamos que si no lo
decíamos lo mantendríamos vivo. Ni una sola vez habló Haydée de su hermano,
como para no matarlo con el pensamiento. Sólo lo mencionó cuando nos
trasladaron, una eternidad después, al Vivac de Santiago de Cuba.
Bajamos las dos desde la claridad de afuera hasta un sótano donde estaban
hacinados los prisioneros. Y, por primera vez, Haydée dijo, en alta voz, lo
que siempre había temido: "Mira bien. Si Abel no está aquí, es que lo
mataron". Instintivamente nos apretamos las manos en la oscuridad mientras
bajamos la escalera. Uno a uno, empezamos a mirar a los muchachos, buscando
el rostro de Abel. Haydée llegó primero con sus ojos al último de la fila,
porque sentí que la presión de su mano iba disminuyendo hasta cesar: Abel
Santamaría estaba muerto. Después, no sé cómo, alguien me dijo que ya era
el 28 de julio. Así, setenta y dos horas de mi vida desaparecieron. Era el
28 de julio: la larga noche sin día del 26 de julio había terminado.

(Publicado en Granma Internacional 26/7/98)


Por qué Martí autor intelectual del Moncada
por MARTA ROJAS

Bastaría una sola frase de Fidel Castro en los días del Moncada,
pronunciada por él enfáticamente en el alegato de autodefensa de los hechos
del 26 de julio de 1953, conocido como La Historia me absolverá, para
respondernos la pregunta de por qué el Jefe de la Revolución dijo que José
Martí era el único autor intelectual del asalto al Moncada.
La frase a la cual hago referencia es aquella que dice: "Traigo en el
corazón las doctrinas del Maestro y en el pensamiento las nobles ideas de
todos los hombres que han defendido la libertad de los pueblos".
Fue porque Fidel y sus compañeros integrantes de la generación del
centenario habían bebido en la fuente del pensamiento de José Martí,
conocían sus textos y se afiliaron a las concepciones de su apostolado
independentista, que pudieron ver más lejos que los demás de su época, y no
solo ver, sino actuar en forma consecuente, frente a la situación provocada
por el golpe militar del 10 de marzo, antecedida de un período de
corrupción política y administrativa de los gobiernos anteriores a la
asonada militar conocida como madrugonazo por ampararse en la oscuridad de
la noche para darle el tiro de gracia al régimen institucional del
presidente Carlos Prío Socarrás.
Quienquiera que lea La Historia me absolverá y antes el interrogatorio de
los jueces a Fidel, durante el juicio, observará cuántas veces está
mencionado Martí, el Maestro, el Apóstol, no como un recurso oratorio sino
conceptualmente a modo de ejemplo sobre el papel que desempeñó su doctrina
en la formación del pensamiento revolucionario de los que en su nombre
limpiaron el honor de la patria.
Dice Fidel en su alegato: "Para dar a entender que estaba resuelto a luchar
solo contra tanta bajeza, añadí a mi escrito aquel pensamiento del Maestro:
Un principio justo desde el fondo de una cueva puede más que un ejército".

Hoy podríamos decir que la resistencia de la Revolución por su justeza,
frente a un mundo unipolar, podrá más que ese poder absoluto que nos yugula.
No hay otra razón para pensar el porqué se le prohibieron a Fidel en la
cárcel de Boniato los libros de José Martí. De ello él dice: "Parece que la
censura de la prisión los consideró demasiado subversivos".
La entrega en bien de la nación, el sacrificio de intereses personales
propios de la juventud e incluso el sacrificio de sus vidas en los heroicos
combatientes del Moncada y Bayamo; y la postura enhiesta de los
sobrevivientes que supieron, además de defender las ideas por las cuales
lucharon, denunciar los crímenes cometidos con otros compañeros en su
presencia o de los cuales tuvieron conocimiento en Santiago de Cuba en los
días del Moncada, tiene respuesta en el pensamiento martiano de: "...el
verdadero hombre no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está
el deber, y ese es el mismo hombre práctico cuyo sueño de hoy será la ley
de mañana".
Otros ejemplos de Martí pondría Fidel en su pronunciamiento y en un punto
de su exposición dirá: "Que hable por mí el Apóstol". Es que el Apóstol
había dejado sentado que "los cuerpos de los mártires son el altar más
hermoso de la honra"
y no se les puede defraudar.
En aquellos días se celebraba el centenario del nacimiento de José Martí y
la República acababa de cumplir solo 50 años. Las fechas habían sido
humilladas por el golpe militar que llevaba al poder a hombres
desacreditados e incluso a connotados asesinos; de más está decir que sus
autores respondían totalmente a los intereses antinacionales, eran hechura
o materia dúctil de la embajada norteamericana porque ni Washington tenía
que mover un dedo para hacer cumplir su voluntad. La generación del
centenario reivindicaría la memoria del Apóstol en primer lugar, desde el
mismo 28 de enero de 1953.
Fue muy fácil para la Dirección del Movimiento nuclear sus huestes, porque
al igual que cada uno de los que la integraron hasta el más modesto y menos
letrado de aquellos jóvenes vivía orgulloso de la historia de la Patria.
Fidel lo expuso claramente en el juicio: "Vivimos orgullosos de la historia
de nuestra Patria; la aprendimos en la escuela y hemos crecido oyendo
hablar de libertad, de justicia, y de derechos. Se nos enseñó a venerar
desde temprano el ejemplo glorioso de nuestros héroes y de nuestros
mártires, Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez y Martí, fueron los primeros
nombres que se grabaron en nuestro cerebro; se nos enseñó que el Titán
había dicho que la libertad no se mendiga sino se conquista con el filo del
machete", expresó el joven Fidel Castro en nombre propio y de sus compañeros.
Algunas veces me han preguntado qué me parecieron esos jóvenes que vi por
primera vez en la Sala del Pleno de la Audiencia de Santiago de Cuba cuando
se inició el juicio del Moncada y mi respuesta no se ha hecho esperar:
"Creí que estaba viendo a los mambises". Y es que la enseñanza de la
historia caló muy hondo en generaciones de cubanos y siempre que cala tiene
frutos.
Fidel les dijo a quienes lo juzgaban en respuesta al hecho de haber tomado
las armas para hacer una Cuba mejor: "Se nos enseñó a querer y defender la
hermosa bandera de la estrella solitaria y a cantar todas las tardes un
himno cuyos versos dicen que vivir en cadenas es vivir en oprobios y
afrentas sumidos y que morir por la patria es vivir". Por eso vivirán
siempre en el corazón y en las obras que una Cuba diferente ha hecho en su
nombre, aquellos jóvenes de la generación del centenario que abonan la
tierra que quisieron para siempre libre y soberana, ellos cayeron por ese
pueblo que Martí quería cuando dijo: "El pueblo más feliz es el que tenga
mejor educados a sus hijos en la instrucción del pensamiento y en la
dirección de sus sentimientos".

(Publicado en Granma 22/7/92)

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[P/L@627] Cuba: 44 años de Revolución
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[P/L@573] Alejo Carpentier: El juicio del Moncada
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[P/L@578] Homenaje a Fidel
http://ar.groups.yahoo.com/group/paraleer/message/604
y [P/L@124] E. Galeano: 26 de Julio

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